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La forja de un rebelde - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

Muy cerca de la casa del tío Granizo

que era el dueño de los lavaderos,

había un puente hecho con dos raíles del tren

atravesados y cubiertos de tablones,

con su barandilla y todo.

Por debajo salía un río negro que disparaba el agua a borbotones.

Todas las pelotas que perdían los chicos de las calles de Madrid

porque se les colaban por las bocas de las alcantarillas

bajaban flotando hasta allí

y nosotros las esperábamos durante horas o durante días.

Y cuando llegaban las pescábamos con una manga

hecha con un palo muy largo y la alambrera vieja de un brasero.

Me llamo Arturo Barea Ogazón.

En 1907 era un niño de casi diez años

y estudiaba como pobre en las escuelas pías de San Fernando

que llevaban los escolapios al final de la calle

del Mesón de Paredes en el barrio de Lavapiés.

Si este barrio suena y resuena en mí

sobre todos los demás ecos de mi vida es por dos razones:

allí aprendí todo lo que sé, bueno o malo,

a rezar a Dios y a maldecirlo, a querer y a odiar,

a ver la vida cruda y desnuda, como es,

y a sentir el ansia de subir y de ayudar a subir a todos

el escalón de más arriba.

Campanas. Esa es una razón.

La otra es que allí vivió mi madre,

pero esta razón es mía y solo mía.

Campanas. Siga usted, señor Manuel, no tardo.

Coro cantando un "Ave María".

-Eso es, ahí.

Muy bien.

Naturalidad, naturalidad.

Quieto... quieto, quieto.

Disparo del flash.

-¡Ha salido "El Heraldo", "Heraldo"!

¡"Heraldo", ha salido "El Heraldo"!

(SILBA FUERTE DOS VECES)

Voy bajando, tía.

-¡Arturo, Arturo!

-¡Ha salido "El Heraldo", "Heraldo"!

-¡Ha salido "El Heraldo"!

¡"Heraldo", "Heraldo"! -"Heraldo", ha salido "El Heraldo!

¡Ha salido "El Heraldo", "Heraldo"! -"Heraldo", ha salido "El Heraldo".

¡Compren "El Heraldo"!

¡Heraldo!

"Heraldo de Madrid". -¡"Heraldo", el periódico de Madrid!

¡Ha salido "El Heraldo"! ¡"Heraldo", Heraldo"!

Dos palmadas.

Afinan los instrumentos.

Dos palmadas.

-"Heraldo". -Chaval.

El "Heraldo de Madrid".

Dejan de afinar.

Dos palmadas.

Vamos, devuelve los periódicos a Angelito,

los tíos están a punto de llegar.

Anda...

-Arturo...

Sí, señor Ramiro...

(RÍE) -Hoy te has puesto la chalina azul, ¿verdad?

¿Cómo lo puede saber si no me ve?

-Ah, también sé que eres un chico muy guapo,

yo veo las cosas a mi manera.

Tiene ojos en la punta de los dedos.

Dos palmadas. (RÍE) -Sí, algo así, algo así.

Comienzan a tocar.

-¿Tu madre no sirve en casa de tus tíos?

Sí. -¿Y allí no puedes darle un beso?

Es que la tía se cela y como es mayor...

-¿Se cela de tu madre? Se enfada mucho si beso a mi madre

porque quiere que solo la bese a ella.

Cuando se enfada me dice que soy un desgraciado

porque es ella quien me mantiene.

Después regaña a mi madre y le dice que parece que tema que me roben,

así que mi madre y yo cuando nos queremos besar nos escondemos.

-No sé por qué tienes que salir de estampida cuando venimos aquí

para callejear con ese golfo.

Conversaciones.

-Ha llegado el momento de las vacas flacas.

-Como siempre.

-Naturalmente, todos sabemos con quien están en Madrid.

-Como todo el mundo, no se me sulfure.

(TODOS HABLAN ENTRE ELLOS)

Le advierto que en Barcelona se va a armar la gorda.

-Harta me tiene con la dichosa política.

Dale que te pedo todo el día, como si no hubiera otro tema.

-Mujer, los hombres ya se sabe,

¿de qué quiere que hablen? De política o de mujeres.

Y de mujeres en presencia del padre, ya me contará, mejor de política

y así se hacen la ilusión de que arreglan el mundo, déjelos.

-Muy bien, Arturito. Cuéntanos que estudias, anda.

Estudio logaritmos, ecuaciones de primer y segundo grado,

el binomio de Newton, las curvas parabólicas,

trigonometría.

-¡Qué maravilla de niño!

-¿Y qué quieres ser de mayor? Ingeniero.

Música clásica.

Acaba la pieza musical.

-Coge lo que quieras, ¿eh?

Dos palmadas. -Se ha confirmado que Titta Ruffo

canta esta temporada en el Real.

A ninguno de los dos nos gustaría dejar esta vida sin oírle,

se lo digo con tiempo, señor, consiga que podamos escucharle.

Hable usted con quien sea, pero tráiganos los billetes.

Usted es el jefe de la clac del teatro

y sabrá cómo conseguirlo,

a cambio nos pide lo que quiera.

-Si Titta Ruffo viene a Madrid ustedes le oirán, se lo aseguro.

No pongo precio,

solo querría tocar un poco, necesito practicar.

-Claro, hombre, pues póngase por ahí y toque, faltaría más.

-¿Te han gustado los regalos, Arturo?

Sí, señor Encinas.

-¿Y cómo le ha dado por el tambor y no por otro instrumento?

-La técnica, amigo mío, la técnica.

Yo nací para la música,

pero no pude permitirme el lujo de tomar lecciones hasta hace nada.

Había echado panza y mis dedos estaban deformados de trabajar,

para el piano, ya me dirán ustedes con estas manos.

Y con los instrumentos de viento se me saldrían las muelas.

Dos palmadas. Así que me decidí por el tambor.

Ahora ahorro para un xilófono que se toca lo mismo.

-Ah, muy bien.

Chillidos de protesta.

Aporrea el tambor.

Misa en latín.

-Con la fundación de la escuela de traductores,

Toledo se convierte en un lugar privilegiado

en el que conviven las tres culturas fundamentales.

Y allí revivirán los viejos saberes de la antigüedad

que permanecían olvidados

y que por eso mismo llegaron a parecer nuevos.

Recordad lo que decía el sabio Salomón:

"Nada hay nuevo, solo lo olvidado".

Vamos a ver, ¿a qué tres culturas me refiero?

Tú.

La cristiana, la islámica y...

y... (BAJITO) -La judía.

...y la de los judíos. -¡Muy bien, muy bien!

Risas. (LE BESA CON RUIDO)

Y ahora vamos a preparar un análisis gramatical.

Voy a dictarles.

Voces de los niños.

Risas.

Golpetazo.

Voy a dictarles.

"Dar la vida por la patria...".

(BAJITO) -Está loco, ¿no lo ves?

-"Dar la vida por la patria...".

No está loco, tiene fiebres que le queman,

me lo ha dicho el portero.

Se cierra en su cuarto con llave y se acuesta en el suelo.

No pega ojo en toda la noche porque tiene tentaciones.

-¿Tiene qué? Tentaciones.

-Eso se le quita con una buena tía, seguro.

-"...gran virtud".

-En cuanto haga lo que hace el padre Pinilla se le pasa.

-"...como el muchacho lombardo,

es una gran virtud". ¿Qué hace el padre Pinilla?

Risas. -Por la noche se quita la sotana

y vestido de hombre se va por ahí de juerga con señoras.

Risas.

Risas.

-Debe haber algún dato equivocado,

esto no tiene solución. Los datos son correctos, padre.

-¿Tú eres capaz de resolverlo?

Creo que sí.

Voces bajitas.

-¿Está usted seguro?

Sí, padre.

-Pues yo no lo estoy tanto,

pero en fin, pasemos a otra cosa.

-¿Amas y respetas a tus padres y a tus maestros y profesores?

¿Mientes?

¿Sabes qué manda el sexto mandamiento?

Sí, padre, el sexto: "No fornicar".

-Explícame lo que es fornicar.

No lo sé, no puedo explicarlo.

Sé que es algo malo entre hombres y mujeres, pero no sé más.

(ENFADADO) -¿Cosas entre hombres y mujeres, eh?

¿Y qué es lo que hacen los hombres y las mujeres, sinvergüenza?

No lo sé, padre, yo no he fornicado nunca.

-¡Estaría bonito, mocoso!

Pero no te he preguntado si has fornicado o no,

lo que yo te pregunto es si sabes lo que es fornicar.

Los chicos de la escuela dicen

que es hacer hijos los hombres a las mujeres.

Cuando están casados no es pecado,

cuando no lo están, sí lo es.

(ENFADADO) -Lo que yo necesito saber es cómo hacen los hijos

los hombres a las mujeres.

Es que no lo sé.

-¡Pero lo que sí sabrás es tocarte tus partes!

Algunas veces, padre.

-¡Pues eso, eso es fornicar!

-Mira, lo que quiero saber es cómo te las arreglas para estudiar.

Yo estoy harto de que me castiguen y quiero hacer las cosas bien.

A cambio, nadie se meterá contigo,

si quieres, puedes jugar con nosotros.

No te lo puedo decir, porque yo no estudio.

Esto es verdad, explican la lección y ya no se me olvida.

Y si la leo una vez tampoco, se me queda para siempre.

-Yo en cambio me las estudio 20 veces y me las aprendo de memoria,

con puntos y comas, pero como si nada.

Lo que sí puedo hacer es ayudarte.

-¿Me vas a ayudar?

Claro.

-Anda, vente a jugar con nosotros.

¿Y ellos?

-Ellos también. (SILBA)

(GRITANDO) -¡Vamos, fuera!

¡Fuera!

¡Fuera!

¡Fuera, fuera, fuera!

¡Hoy no le doy la absolución

hasta que no bese cien veces las piedras del altar!

-Pero, padre... -¡Che, no hay padre que valga!

Haga, haga lo que le digo.

Hágalo, hágalo.

Hágalo.

Voces de niños.

(MUY DOLORIDO) -¡Aaaaay!

¿Quién ha sido?

¿Quién ha sido?

¡Quiero saberlo!

-He sido yo.

(FURIOSO) -¿Tú, y por qué, eh?

-Porque es usted un tío ladrón, nos tuvo castigados sin motivo

hasta que se hizo de noche y por su culpa mi padre me dio una paliza.

(RESOPLA) -Mira...

-Como me ponga las manos encima, le juro por estas

que en cuanto le coja por la calle de una pedrada lo dejo en el sitio.

-¡Sal de aquí ahora mismo y tráete a tu padre!

¡Si no vienes con él no se te ocurra volver!

¡Venga, fuera!

-Tú, lee para todos.

Los demás escuchen.

-"Al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento

y sus discípulos le preguntaron:

Maestro, ¿qué pecados son la causa de que este haya nacido ciego,

los suyos, o los de sus padres?

Respondió Jesús:

No es por culpa de este ni de sus padres,

sino para que las obras de Dios resplandezcan en él.

Conviene que yo haga las obras de aquel que me ha enviado

mientras dura el día,

viene la noche cuando nadie puede trabajar.

Mientras estoy en el mundo...". -"Reparad en los cuervos,

que ni siembran, ni siegan y no tienen (SE TRABA)...

troje ni granero, y sin embargo Dios los alimenta.

Ahora bien, cuanto más valéis vosotros que ellos".

Tocan a la puerta.

-¿Quería usted verme?

-Sí, señor.

(CARRASPEA) ¿Quiere hacer el favor?

-¿Le ha puesto al corriente su hijo de lo que ha pasado?

¿No se lo ha contado?

Murmullos. -No me ha contado nada.

-Cuéntaselo, ¡cuéntaselo, anda, cuéntaselo!

-Yo no he hecho nada.

-¡¿No has hecho nada, sinvergüenza?!

Se ha vuelto contra mí,

¡contra su profesor!

¡Me ha agredido, ha agredido a su profesor!

Cachetes. -¡Ah, aaay!

Cachetes y quejas.

Murmullos y cachetes.

Cachetes.

-¡Aaay, aay!

Cachetes.

Toses.

-He aquí al réprobo.

¡que hasta su propio padre tiene que repudiar

como a la mala semilla!

¡Un hijo de Satán...

indigno de vivir entre los humanos!

Continúa leyendo.

Griterío de los niños.

Lloriqueo del perro.

Hola, Tobi.

Ruido de vajillas.

-Siéntate.

¿Quieres un vaso de recuelo? Anda, sí, estará calentito.

¿Ves a tu madre?

La veo poco.

-¿Y a tus hermanos?

Poco también.

-Tu madre y tú sois los únicos que os acercáis a besarme,

por eso yo digo por todas partes que somos familia.

Lo digo tanto que yo misma me lo he creído.

Vosotros y Tobi es todo lo que tengo...

y es mucho...

mucho.

Come.

Jaleo de voces.

(GRITANDO) -¡Barea!

¡Barea!

Mira, papá, este es Barea.

-Ah, el muchacho que te ayuda.

Gracias, Barea.

¿Qué hace tu padre?

No tengo padre.

-¿Y tu madre? Trabaja.

En el río.

-Aprende de él, que buenos cuartos me cuestas

para que luego seas más burro que los que estudian de caridad.

-Aquí son los dos iguales.

Es más, si por mí fuera,

el que estudia de caridad sería mucho más

que el hijo de cualquier propietario por mucho dinero que tenga.

-Usted me ha entendido mal,

yo no he querido meterme con el chico, hablo de su condición.

-Venga, a la calle,

el domingo es día para jugar y pasarlo bien.

Clarinete.

Graznidos sobre la música.

Campanas.

Te tienes que salir de aquí, si no, habrá drama, ya verás.

-Te estoy esperando para el rosario, Arturo.

Tan creía que estabas estudiando.

Maullido.

¿No es muy tarde, Leonor?

Sí, tía, termino.

Se cierra la puerta.

-...de tu vientre Jesús.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

-Dios te salve, María, llena eres de gracia, el señor es contigo,

bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre,

Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega

por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

(SIGUE REZANDO)

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

(SIGUE REZANDO)

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

La buhardilla donde vivía mi madre estaba en la calle de las Urosas

en una casa muy grande.

Abajo había unas cocheras

con las cuadras de los caballos y unas habitaciones pequeñas

donde vivían los empleados.

Arriba del todo, el piso más alto,

era un pasillo largo y esquinado con varios cuartos

y un retrete común.

Doña Leonor compartía aquella planta con la señora Pascuala,

la portera, una polvorista llamada Engracia, la señora Segunda,

y varias vecinas más que se dedicaban a pedir por las calles

y a las que yo veía poco.

-Estábamos esperando y nos pidió que le echáramos una mano.

Pájaro cantando.

-Hola, madre.

Hola.

-Gracias, señora Leonor, me han estado ayudando.

Ya le regalaré a Arturo unos buscapiés

en cuanto acabe esta mano.

No hay de qué, señora Engracia, no se moleste usted.

Cuando murió mi padre éramos cuatro hermanos y yo tenía dos meses.

Al mayor se lo llevó a trabajar a Córdoba un hermano de mi madre.

A mi hermana Concha le daban de comer en el colegio de monjas

y Rafael, mi otro hermano,

estaba interno en el colegio de San Idelfonso,

que es para los chicos huérfanos que han nacido en Madrid.

Los dos me veían como un ser lleno de privilegios

y envidiaban mi forma de vivir.

-¡Siempre igual!

Los sacos los entramos Rafael y yo, la señora Engracia te da las gracias

y a Arturo le ofrece unos buscapiés.

¿Quién diría que sois hermanos?

Os veis una vez a la semana si os veis y solo os falta pegaros.

-Es a él al que no le gusta vernos.

-Madre, ¿por qué no nos llevó a la inclusa?

¿Quién te habla a ti de esas cosas, criatura?

-La señora Pascuala, la portera.

Dice que cuando padre murió este solo tenía dos meses

y que lo normal hubiera sido llevarnos a la inclusa

porque usted no podía... Ya...

¿Y quién es ella para meter esas cosas en la cabeza de un chiquillo?

Termino de freír estas sardinas y cenamos los 4 tan ricamente.

Y tú olvida lo que te contaron.

-Madre, un día le sacaré de trabajar.

Ya lo sé, hijo.

¿Tú también quieres retirarme del lavadero?

Estudio solo para eso.

Pues, nada, creced deprisa,

a ver si me convertís en una señora sin nada que hacer.

-Como la tía Baldomera.

Un poco más de respeto a la tía,

recogió a tu hermano y a mí me da trabajo y el almuerzo.

-Lo quiere convertir en un señorito.

¡Mentira, yo no quiero estar con ella!

A mí me gusta que llegue el sábado para estar con vosotros.

-¡Eso no es verdad! ¡Sí es verdad!

¡No quiero voces! ¡Chis!

Empezad a comer y que no os oiga.

Si no... mañana mismo nos vamos todos a la inclusa...

para no llevarle la contraria a la señora Pascuala.

-¡Heraldo!

¡"Heraldo", ha salido "Heraldo"!

¡"Heraldo"!

-Niño, dame uno.

Hoy me voy a quedar en el café.

El señor Encinas, el del tambor,

ha corrido la voz de que esta noche ocurrirá algo gordo.

¿Algo gordo, y qué es algo gordo?

-Ahí está, nadie lo sabe, solo el señor Encinas.

Está muy ido, el señor Encinas.

-¡"Heraldo", "Heraldo"! ¡"Heraldo", "Heraldo"!

-¡Ha salido el "Heraldo"!

-¡"Heraldo", "Heraldo"! ¡"Heraldo", "Heraldo"!

-¡Ha salido el "Heraldo"! ¡Heraldo!

Música en directo.

Conversaciones.

(SILBA)

(BAJITO) -Dejadlo.

Dejadlo.

Tenéis que tocar el prólogo de "Payasos", ¿eh?

-¿Qué? -El prólogo de "Payasos".

Comienzan a tocar.

(CANTA CON VOZ DE TENOR EN ITALIANO)

Canción del interior.

-Es Titta Ruffo. -¿Titta Ruffo?

-Titta Ruffo, está en el Real con el "Rigoletto".

-Canta para nosotros. No, canta para ellos.

Tintineo de los cristales.

Aplausos y vítores.

-¡Bravo! -¡Bravo!

Como mañana nos vamos, quiero dormir con mi madre.

-Bueno, puedes irte con ella.

-El niño se acostará en su cama como siempre.

-Pero mujer... -No hay mujer que valga.

El niño duerme mejor solo.

-Bueno, eso lo dices porque se te antoja.

¿No ha dormido un montón de noches con nosotros sin importarte nada?

-¡He dicho que no y es no!

Esto no se le ocurre al niño, seguro que ella lo ha aleccionado.

¡Leonor, Leonor!

Él niño duerme en su cama porque lo mando yo

y se acabó la historia.

Bien, ya la tiene preparada.

-Pues como si no, ahora yo digo que el niño duerme con nosotros.

-Estás loca, Baldomera,

estás loca y nos vas a volver locos a todos.

-¡Sereno!

Pasos apresurados.

(RESPIRA FATIGADO)

Lo conseguí, el tío me ayudó.

Enseguida nos acostamos.

Ruidos.

¿Qué ruido es ese?

El marido de la señora Rosa que sube la escalera.

¿Por qué le distingues?

Porque cada uno anda diferente.

Patas de caballo y bufidos.

¿Y ese?

Los caballos de las cocheras que se remueven en el suelo.

Ruido.

El carro de los aguadores.

Ladridos.

El señor Paco, que trabaja de noche y su perro.

Ruidos.

Los caballos otra vez.

Déjame a mí.

Ruidos.

Un carro en la calle.

-¡A ver ese perro, señor Paco, ya está haciendo escándalo!

La señora Pascuala que protesta.

Ahora no suena nada.

Ruidos.

Eso debe de ser un ratón.

(ADORMILADA) No, es una ventana que está batiendo un poco.

Ahora solo oigo tu corazón,

no hay más ruido.

Anda...

duerme.

Grillos.

Grillos.

Ruido del carruaje.

Gritos de alto a los caballos.

Ladridos.

¡Abuela! (RÍE) -¡Ay, mi niño!

Salir de las faldas de la tía y tomar un poco el aire

eso es lo que necesitas.

que con tanto cura y tanto rezo te van a convertir en un suspiro.

-Lo que darías por que saliera un descreído como tú,

pero al chico no le falta de nada.

Y no sé qué puedes decir de su educación,

más valiera que fueras pensando en ponerte a bien con Dios.

que ya eres un vejestorio

y si sigues así, el día menos pensado...

te verás en el infierno.

-Mejor, más caliente.

Además, mira, al infierno la gente va de buen humor

y al cielo todas las beatas aburridas como tú

y francamente prefiero la gente divertida.

-Tú y tus blasfemias. -Las blasfemias solo las digo

cuando me pisan un callo.

Lo que no soy, ni quiero que lo sea mi nieto

es una espiritada como tú

que no sabes salir de entre las faldas de los curas.

Mira, Baldomera, yo sé que eres buena,

y que el chico está la mar de bien en tu casa,

pero lo estás volviendo idiota.

Tú reza lo que quieras,

pero a él déjale que juegue.

¿Verdad que lo que quieres es jugar?

A mí me gusta mucho la iglesia

y rezar a Dios.

-Cuando tu madre se quedó viuda

lo único que Dios hizo por ella fue dejarla en la calle

con cuatro hijos y cinco pesetas en el bolsillo.

Después se conoce que le dio lástima

y la hizo criada y lavandera,

y todavía hay que rezarle y darle las gracias.

Si tu padre te oye se muere otra vez.

Llanto de Arturo.

¡Pero qué burra soy!

Hablo demasiado, pero es porque me gustaría verte crecido

y a salvo de tantas barbaridades que yo sé que no son.

No te enfades conmigo, porque me llevo un buen disgusto.

(LLOROSO) No estoy enfadado.

-¡Al coche, vamos!

-Cuando pases de vuelta, te quedas unos días...

(ALEGRE) y tendremos tiempo de hablar.

Golpes metálicos.

El tiempo que duraban las vacaciones de verano

yo lo pasaba en tres pueblos distintos.

Primero 15 días en Brunete donde nacieron mis tíos y mi padre.

El último era Navalcarnero donde vivía la abuela grande,

allí pasaba con ella los últimos diez días de mis vacaciones.

Pero donde más disfrutaba era en Méntrida

con la abuela chica y los hermanos de mi madre.

En este pueblo permanecía un mes en compañía de Concha y de Rafael,

a los que no había forma de quitar de la cabeza

de que yo disfrutaba de un trato especial.

-Tú eres Arturo, el pequeño de mi Leonor.

Sí, abuela.

-Eres él último.

(TOSE AHOGADO)

(SUSPIRA ALIVIADO) -Ah...

-Vamos, Arturo que se te va a juntar el desayuno con el almuerzo.

(RÍE)

(RÍE Y SUFRE UN ATAQUE DE TOS)

-En cuanto salgamos a la calle te voy a hinchar los morros.

¿Por qué? -Por señorito,

todos pendientes de ti y a nosotros no nos hacen ni caso.

Gallo cacareando.

(SUFRE UN ATAQUE DE TOS)

-Esta maldita tos...

Tu tía se empeña en que no fume cuando es lo único que me la calma.

(TOSE)

¿Eh?

Enciende la cerilla.

(RÍE)

-¡Virgen santísima, ¿pero cómo se te ocurre?!

El tabaco le está matando,

y no se lo prohíbo yo, se lo prohíbe el médico.

Anda, atrévete a negarlo.

-¡Pero no ves que ya no toso! Es el no fumar lo que me hace mal.

-Con que ya estáis todos aquí.

¿Te parece bonito no haber pasado por casa?

-Llegó anoche, mujer, y todavía no ha pisado la calle.

-Luego paso a recogerlo.

Comerás con nosotros, ¿eh, madrileño?

Hasta luego.

Cacareos y ladridos.

(TOSE)

(TIENE UN ATAQUE DE TOS)

-No te preocupes, si no me va a pasar nada.

Total, para los años que me quedan.

Gritos de los niños.

-¿Es el niño de tu hermana? -Sí, el pequeño de la Leonor. (RÍE)

A tomar el aire y a descansar. Estudia con los curas

que no saben dónde meterlo porque es el más listo del colegio.

-Qué bien. Bueno, guapo, salado, adiós.

-Adiós.

Rebuznos.

-¿Qué, el sobrino de Madrid? -Sí, el pequeño de Leonor,

Arturo, un talento.

Don Justo...

Aquí tiene a mi sobrino, ¿se acuerda de él?

-No, no me acuerdo, no.

¿Cómo te llamas? Arturo.

-Va a pasar unos días con nosotros.

Este invierno ha estudiado mucho

y le ha llegado el momento de su descanso.

-¿Te gustan los animales y las plantas?

Sí.

-Pues ven a buscarme un día y damos un paseo.

Adiós, Arturo. -Adiós, adiós.

-Niño...

Anda, dale.

Eso es.

La herradura con siete agujeros.

Y así si alguien la encuentra... será que ha encontrado la fortuna.

Agua hirviendo.

Vamos a celebrar tu llegada, madrileño.

Bebe, que es bueno para la sangre.

-Esta misma tarde te voy a comprar una cocota de peón

y te voy a hacer una punta retorneada.

¿Sí?

-Aquí debías pasar las vacaciones, en la fragua,

de aprendiz conmigo, ¿te gustaría?

Griterío de niños.

¿A qué esperas?

Anda, vete a jugar con ellos.

Dicen algo.

Griterío del otro grupo de niños.

(GRUPO) -¡Guerra, guerra, guerra!

Gritos de los niños.

Silbido fuerte.

-¡Vámonos!

-Eh, ayuda.

-¡Está fría! -¡Venga, venga!

(HABLAN A LA VEZ)

-¡Vamos, más rápido, venga!

-¡Venga, venga, vamos!

Campanas.

-Come, gorrión.

Después vas a correr por la alameda, a tirar del fuelle y a divertirte.

Lo que te hace falta son buenas magras y moverte.

(RÍE) Mirándote esas pantorrillas que gastas

no sé para qué sirve tanto estudio.

-Pobrecillo.

-Hay que clavarla exactamente en el centro,

porque si no, la peonza al bailar nunca se quedará dormida.

Ya sé, escarabajea.

Si la quieres coger para bailar en la mano te la acaba agujereando.

Grillos.

-No, no hay faldas para esconderse, señorito.

La tía no te oirá por mucho que grites cuando te sacuda.

¿Pero quién te crees que eres, eh?

Pues lo mismo que nosotros,

te voy a hinchar los morros para que lo aprendas.

Suéltale, que se defienda.

¡Anda, cobarde, gallina!

-¡Dale fuerte, que no se escape! -¡Arréale!

-¡Deja a tu hermano grandullón!

Gritan todos.

-¿No os da vergüenza, los dos contra el hermano pequeño?

Vaya un par de valientes.

-¡Es un descastado! -¿Cómo?

-Un descastado, no quiere nada de nosotros.

¡No es verdad!

-Hala, a lavaros.

Arturo...

ven a ver qué te has hecho, hijo.

Ruido del agua.

Chupará la sangre y te curará la herida.

Déjalo, ¿eh? Déjalo ahí.

Cencerros.

Mugidos.

Y ahora mismo estáis haciendo las paces,

ya os habéis calentado bastante.

Y la próxima vez que os zurréis os doy un azotazo a cada uno

que andaréis cojos toda la semana.

Vamos, estoy esperando.

Cencerros.

Jaleo de voces y gritos.

-¡Esto ya vale a 35 céntimos, ha subido!

-¡Pimientos, tomates, lechuga!

¡Señores, señores!

¡Pimientos, tomates, lechugas!

-¿Me da diez céntimos de petardos, por favor?

¿Cómo los encendemos?

Aún me quedan cinco céntimos.

-Para una caja de cerillas

Ya sé lo que vamos a hacer.

Compramos pitillos de anís y le pedimos lumbre a alguien.

Con tres cigarrillos encendidos

podemos tirar petardos toda la tarde.

Petardos.

-¡Eh, sinvergüenzas!

¿No os da vergüenza a los tres,

la burla de una anciana?

Petardos.

-¡Sinvergüenzas, canallas, hijos de perra!

-¡¿Pero qué pasa?! -¡Sinvergüenzas!

¡Hijos de perra! -¡Pero qué susto, por Dios!

Petardos.

¡Ahí van a la carrera! ¡Sinvergüenzas!

(RÍEN)

(DOLORIDA) -¡Ay, ay, ayyy!

-¡Habéis tenido al vecindario en un grito!

¡Venga, ya estás sacando todo lo que llevas en los bolsillos!

¡Habrase visto los mocosos,

dando sustos de muerte y paseando con el pitillo en la boca!

-¿Pero qué hace, tía?

Petardos. (ASUSTADA) -¡Aaaay, aaaaay!

(GRITAN ASUSTADOS)

Ave piando.

-Mira, mira.

¿Qué es?

-Un halcón peregrino.

Míralo bien.

Con tanto estudio y tantas matrículas,

¿a dónde quieres llegar, qué te gustaría ser?

Ingeniero o escritor.

-¿Escritor, para contar qué?

Lo que vea, las cosas que pasan.

Graznidos.

¿Y ese qué nombre tiene?

-Esa es una corneja.

Yo quería ser un gran profesor,

pero de eso hace tanto tiempo que me parece un sueño.

He quedado solo para enseñar a leer a los niños

y apenas han aprendido, muy jóvenes, a los ocho o nueve años,

se van al trabajo del campo y ya no vuelven a la escuela.

Todo el tiempo que me queda libre lo dedico a mirar los pájaros,

los árboles,

y atiendo a los animales que me traen los vecinos:

perros, gatos, mulas, lo que sea.

Arreglo patas rotas y pongo remedio a cualquier enfermedad.

No me hacen caso como maestro,

pero como veterinario no me cambian por uno de verdad.

(SUSPIRA) Ay...

Tienes suerte de poder estudiar,

nadie debe renunciar a aprender todo lo que pueda,

no es bueno vivir en la ignorancia.

Todos los males vienen de ahí, de esa limitación,

de no saber.

Pájaros cantando.

Aquellos paseos con el maestro eran lo mejor de las vacaciones.

Me contaba su vida y me enseñaba todo lo que teniéndolo tan cerca

yo no sabía ver.

Lagartos, galápagos, camaleones,

pájaros y toda clase de bichos. -Puede tener 35 o 40 años,

por lo desgastados que tiene los dientes.

Le hemos cogido tan fácilmente... Me explicaban cómo son,

lo que comen y cómo viven.

Yo podía escucharle durante tardes enteras

intentando aprender todo lo que me contaba.

Fue, sin duda, la asignatura mejor explicada y más grande

que yo tuve en todos aquellos años.

Campanas y jaleo de voces.

-¡Chis!

-¡Chis! -¡Silencio, hombre!

Se callan casi todos. -¿Queréis callaros ya?

-Como todos los años...

en el día en que la iglesia de Cristo

celebra la festividad de nuestra santísima Madre.

el pueblo de Méntrida pujará por las andas de nuestra Señora.

-50 reales.

Protestas. -¡Un ciento!

Comentarios.

-¡200!

Alegría. -¡100 más!

-¡400!

Aplausos y felicitaciones.

-¡500! -¡Mil!

Aplausos y vítores.

Música de la banda.

Voces de niños.

-¡Aquí, aquí!

Cánticos religiosos.

-¡Más alto, los hombres también!

Siempre seremos tus fieles hijos

tal es el grito de nuestra fe,

responde, oh, Virgen,

desde tu trono,

yo vuestra madre siempre seré.

-¡Todos, que se oiga hasta en Toledo capital!

...desde tu trono,

yo vuestra madre siempre seré.

Siempre seremos tus fieles hijos,

tal es el grito de nuestra fe,

responde, oh, Virgen, desde tu trono,

Música de la banda.

Sigue la música de banda.

-¡Eh, ahí arriba, ¿qué estáis haciendo ahí?

(RÍE) Mira cómo corren, mira.

¡¿Qué, estáis dándole ya, o qué?!

¡Huy, huy, miran cómo corren!

¡¿Qué hacéis ahí?! ¡Vamos arriba!

(GRITA ASUSTÁNDOLES)

(RÍE) ¡Mira otros ahí!

¡Está lleno esto! (RÍE)

Grillos.

Gritos de admiración y aplausos.

-Cuando yo era como tú ya tenía que ganarme el pan.

Llevaba la comida a mi padre y a mis hermanos

a donde estaban labrando

y me ocupaba de que el botijo tuviera siempre agua fresca.

En la noche, me levantaba a la luz de las estrellas

para dar de beber a las bestias

y muchas veces dormía con las mulas cubierto con una manta.

Fui soldado porque buscaba algo lejos del pueblo,

algo que aprender.

Tenía 20 años cuando empecé a hacer lo que haces tú ahora,

estudiar.

Lloraba de rabia de no poder escribir,

con aquellos dedos gordos y duros de callos,

pero aprendí las letras y los números.

Desde entonces me aficioné a leer

y todavía busco en los libros la explicación de la vida,

porque en ellos tiene que estar.

Cada libro cuenta la experiencia y la memoria de un hombre,

y todos ellos juntos son la historia del mundo.

¿No es así?

Creo que sí.

-Vaya, caballerete, con que lee usted a Honorato de Balzac.

Sí, padre,

mi tío me compra libros en los puestos de lance

para que los lea.

-Y yo lo aplaudo, señor Barea,

aunque sea francés no está mal el señor Balzac...

para personas formadas, claro es.

Lo perverso de esta publicación no está en Balzac,

que la escribió, sino en quien la editó,

Vicente Blasco Ibáñez,

un impío contumaz condenado por el santo padre.

Un ateo sacrílego que se ha propuesto con su editorial

la corrupción de las conciencias.

Si en su casa, o donde quiera que sea, ven libros como este,

destrúyanlos se enfade quien se enfade.

¡Dios está con vosotros!

Usted, Barea, seguirá la clase de rodillas durante todo el mes,

eso le enseñará a escoger sus lecturas.

Música de violín.

Siempre, para cualquier cosa, se aludía a Dios.

Yo hasta entonces había creído en él como me lo habían enseñado,

como un señor muy bueno que todo lo mira y lo resuelve bien.

Pero empecé a pensar, que, por ejemplo, el Dios de Ángel,

que se levantaba a las cinco de la mañana a vender periódicos

y después dormía bajo la taquilla del teatro

para poder vender por la mañana el primer puesto de la cola,

no era el mismo que el de otras personas que tenían dinero

y la mejor de las vidas.

Tampoco el de mi madre era muy bueno, ni el de mis hermanos,

ni el de la señora Segunda.

Llegué a la conclusión de que el único problema

era llegar a ser rico.

Cuando uno llegaba a tener dinero

Dios le trataba mejor y se podía conseguir todo,

hasta el cielo.

Grititos del perro.

-¿Qué es?

Gusanos de seda.

Me los regaló el maestro...

ahora están en el capullo.

Y aquí he plantado semillas, ya están saliendo.

-¿Qué plantaste?

Semillas.

-La tía está un poco disgustada, se acaba de acostar.

Ya lo sé.

-No has querido acompañarla.

Me ha dicho que... Piensa que no quería acompañarla,

iba a la parroquia, a rezar el rosario.

A cualquier otra parte hubiera ido.

-¿Por qué?

Ya no puedo rezar.

-Vaya, creí que no te encontrabas bien.

¿Vas a quedarte mucho rato? No.

Maullido.

Cierra la puerta.

-¿Cuántos dioses hay?

-Uno. -Uno sí, pero no es eso.

-Tres. -Sí, tres, pero tampoco es eso.

-Hay tres dioses, Padre, Hijo y Espíritu Santo,

pero un solo Dios verdadero.

-Muy bien, eso es lo que yo quería oír.

¿Y cuál de los tres es el verdadero?

-¿Y cuál crees tú que sea?

Yo no lo sé, ni usted.

-Os cuento una historia.

Escucha.

Un hombre santo

paseaba por la orilla del mar

y en la playa encontró a un niño

que llenaba una concha con el agua del mar

que vertía en un hoyo en la arena.

"¿Qué haces?", le preguntó el hombre santo.

"Verter todo el agua del mar en este hoyo", le respondió el niño.

"¿Cómo quieres que quepa todo el agua del mar, que es infinito,

en un hoyo tan pequeño?

Es imposible", le replicó el hpmbre santo.

"Más imposible es averiguar por qué Dios es uno...

y a la vez trino", concluyó el niño.

"y tú te empeñas en averiguarlo".

En esto comprendió el hombre santo que hablaba con un ángel

y que la que salía de sus labios era la palabra de Dios.

¿Está claro, Barea?

-Ninguno sabemos nada de nada,

lo único cierto es que existimos.

Que existen el sol y la luna, las estrellas,

y los pájaros y los peces y las plantas,

y nosotros mismos, todo.

Y que todo vive y muere.

Alguna vez tuvo que ser la primera.

La primera gallina o el primer huevo, no lo sé,

el primer árbol y el primer pájaro,

alguien los hizo.

Después todo marcha bajo una ley.

Los mundos se mueven por una camino trazado siglos y siglos

y todos los seres nacen y mueren bajo esta misma ley.

A esto le llamo yo Dios,

en el que creo, el que ordena esto.

Lluvia fuerte.

¿Cómo se te ha ocurrido acercarte con esta noche?

Truenos. Le dije al tío que venía.

¿Y no dijo nada?

Le pareció bien. El tío y tú, qué par de ellos.

Sécate la cabeza.

Lluvia.

Esta noche solo tenemos un ruido.

Todos creemos en algo, hijo,

unos en unas cosas, otros en otras.

El pájaro, los geranios,

o las piedras del río no creen en nada,

pero las personas sí...

todos creemos.

Ese cantante tan famoso que fue al café cree en la música...

si no, no hubiera podido cantar como lo hizo aquella noche.

El tío Luis... cree en la fuerza,

en su oficio,

en sus chicos.

y hasta en las comidas que la tía Aquilina le prepara.

Tu padre creía en la República,

luchó por ella.

Luchó y perdió.

Lo pagó muy caro...

pero eso es lo de menos, aunque duela tanto.

Lo de más es que luchó por lo que le parecía justo.

Que tú dejes de creer en algo de lo que te enseñaron de pequeño

es normal,

la vida no se detiene por ello.

Te quedarás vacío un tiempo

y luego descubrirás cosas nuevas en las que pondrás tu confianza,

y alguna, ya lo verás,

te hará entender mejor todo esto.

Deja que pase el tiempo y no te preocupes más,

yo estoy aquí...

contigo.

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La forja de un rebelde - Capítulo 1

03 jul 2017

Madrid, verano de 1907. Arturo Barea es un niño de nueve años que estudia como pobre en las Escuelas Pías de San Fernando, en el barrio de Lavapiés. Vive con su madre Leonor, viuda que trabaja como lavandera en el río Manzanares para sacar adelante a sus cuatro hijos, de los que Arturo es el benjamín.

Histórico de emisiones:
30/03/1990
12/07/2012
03/08/2014

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