Tras la emisión de cada capítulo de 'Víctor Ros', La 1 presenta la serie documental 'La España de Víctor Ros', guiada por Jerónimo Tristante, que ofrecerá la oportunidad de conocer una España repleta de curiosidades y transportar al espectador a una época en la que se gestó el cambio de mentalidad que ha llegado a nuestros días.

Con imágenes de archivo, grabaciones en enclaves históricos, escenas de la serie y con expertos: cronistas, historiadores, periodistas y todo aquel con autoridad en la materia, la serie indagará en el nacimiento de la policía, la hipnosis, las leyendas de casas encantadas y espíritus, los orígenes de la prensa, la lucha feminista, los primeros pasos de la investigación criminalística, la catalepsia, los duelos secretos, los crímenes con veneno, los sueños premonitorios, o los terribles crímenes de los primeros asesinos en serie y los “hombres del saco”, son algunos de los temas de la serie.

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No recomendado para menores de 12 años La España de Víctor Ros - Programa 6 - ver ahora
Transcripción completa

Soy Jerónimo Tristante, creador de Víctor Ros.

En aquella época, los asesinos, los delincuentes

se veían cada vez más acechados por la policía.

Los policías utilizaban nuevos métodos y técnicas.

La ciencia había llegado para ayudar a resolver crímenes

con la huella dactilar, o el análisis forense.

En las ciudades, la revolución industrial llegó tarde a España.

Se crearon bolsas de marginación, de pobreza

donde abundaban los descontentos.

Los más buenos simplemente se drogaban,

otros, soñaban con asesinar a los poderosos.

Había nidos de delincuencia en Madrid,

fruto de la miseria, de la marginación, la pobreza.

-Prim no hacía pronunciamientos para ocupar el poder,

hacía pronunciamientos contra los Borbones.

-Cánovas, según a quién preguntes te dirá que es Dios o el Diablo.

-Tienen que pasar 4660 siglos

para que se repita una huella dactilar.

-Un hueso nos puede contar gran cantidad de cosas

y siempre nos dicen la verdad.

-La letra de cada persona es única.

Es imposible encontrar dos escrituras idénticas.

Los inmigrantes de zonas rurales llegaban por riadas.

Y surgieron muchos delincuentes. Pequeños y grandes.

¡Alto, policía!

Venga, chaval, baja.

-Había nidos de delincuentes

fruto de la marginación y pobreza que existía en Madrid.

Había una clase media acomodada, una burguesía muy escasa,

que vivía en el centro y después en el barrio de Salamanca.

Y la mayoría, la clase deprimida, vivía en los barrios bajos,

en Lavapiés y las orillas del Manzanares.

La enseñanza no era obligatoria. No había recursos para escolarizar,

necesitaban que el niño trabajara desde muy pequeño

y algunos de ellos se dedicaban al mundo de la delincuencia

en bandas no organizadas, pero si en grupos, en peñas

para poder sobrevivir porque no había otra manera de sobrevivir.

La familia era consciente de que los niños robaban,

a veces eran enviados por la familia para poder subsistir

y no tenían problema para esconder el botín:

Había dos posibilidades, en las alcantarillas

evidentemente, fuera de servicio.

Y había también los desmontes, en las afueras de Madrid

construidos a base de acumular escombros

y tenían una especie de guaridas

que les protegían y escondían.

Y a veces, si se trataba de dinero, en el zapato.

No eran grandes botines, era comida o unos cuantos dineritos.

Eran los delincuentes de la época que se estaban forjando

en la universidad de la calle.

Ahí empezaron a forjarse delincuentes

para una vez en la adolescencia

convertirse en unos profesionales del "guinde", como ellos decían.

No había centros de atención a menores, evidentemente.

Había correccionales, unos centros de internamiento

muy parecidos a una cárcel para menores.

En algún sainete se habla de los ratillas,

delincuentes menudos a los que era difícil dar caza.

Pero si conseguían imputarles algún delito,

los correccionales eran el lugar para mantenerlos.

Estaban sometidos a una disciplina muy estricta

donde intentaban siempre escapar

y donde muchos en el intento morían.

En el Madrid del XIX se producía el hecho del amparo.

El delincuente juvenil, casi infantil,

que mostraba arrepentimiento, que tenía facultades,

que se le apreciaba cierto nivel, podía ser tutelado

a veces por los propios policías, se daban cuenta:

"Es un chaval muy despierto, a ver si lo encauzamos

por derroteros positivos y no lo lanzamos otra vez a la calle".

-He hablado con tu madre y le he pedido que te deje bajo mi tutela.

A cambio le conseguiré un trabajo digno con un sueldo.

-Era generalmente gente que pertenecía a grupos de beneficencia,

los que estaban al tanto, recorrían estos centros de menores

e intentaban a los que veían que era carne de salvamento.

-Carteristas ayudando a la mano izquierda, lo nunca visto.

-Los pajaritos disparando escopetas.

-Pero a estas pequeñas bandas, a estos delincuentes,

les bastaba con una navaja o un arma cortante.

Incluso fabricaban su propio armamento.

-Es un ladrón, no un asesino. -Es un chirlero, lleva navaja.

-Dos de cada tres madrileños la llevan.

-Era frecuente el uso de la navaja en los madrileños.

No para delinquir, sino para cortar, para comer.

Los obreros comían siempre a pie de obra

y era la herramienta para hacerse el bocadillo.

A veces al asaltar a las víctimas les desposeían también de ellas.

Pero si hablamos de armas más sofisticadas, de fuego,

eso no abundaba entre la clase delictiva juvenil más popular.

No utilizaban más allá de la navaja o del vidrio roto.

-¡Alto! ¡Alto, policía!

(Disparos cruzados)

Los chirleros utilizaban la navaja para sus actos delictivos.

Es un término del argot castizo

o de la jerga carcelaria.

Yo me inclino por que viene de la jerga carcelaria

y ese argot carcelario se aplicaba

a todos los chavales que utilizaban la navaja

para sus actos delictivos.

-¿Piensas robarme la cartera?

-No, no tranquilo. Toma.

-El carterista era el artesano del "guinde".

Aquella persona tan diestra, el malabarista,

que era capaz de quitarte la cartera sin que te dieras cuenta.

Actuaban en las verbenas, en las romerías, etc.,

en los mercadillos de Navidad que se ponían en la puerta del Sol,

y estaban formados por cuatro o cinco personas con un jefe.

Actuaban los sábados, que era cuando la gente cobraba el dinero

del trabajo e iban con el sobre.

Era una tradición, de una clase muy especializada

y que de ello ha sobrevivido y hoy siguen actuando.

-Así que te persigue la policía, muy bien.

Has vuelto a tus orígenes. -Eso parece.

Los timos más habituales de esta época

de finales del XIX es el timo del entierro.

El timo del entierro se da desde la cárcel y consiste

en mandar cartas a curas italianos diciendo que eran depositarios

de una cantidad de dinero porque eran cajeros

de un regimiento carlista capturado por el gobierno.

Que habían huido con esos fondos y los habían enterrado cerca

del pueblo del cura y a cambio de mandarle 500 pesetas

ellos le enviarían a una hija suya de 18 años

para que les llevara un plano de donde estaba enterrado el tesoro.

Por eso era el timo del entierro, porque el dinero estaba enterrado.

-Un timo muy de moda en el s. XIX era el timo de la teta.

Prostitutas callejeras que estaban en torno a la calle San Luis

a la calle Montera, muy aparentemente vestidas

con un escote muy generoso y se ponían provocando

a través del escote al que pasaba por allí.

Se acercaba un individuo, atribulado por el espectáculo

del balcón generoso y concertaba un precio con la prostituta.

Cuando el hombre depositaba la cantidad concertada antes de irse

a consumar el acto, aparecía otra prostituta

que daba la voz de alarma y se acercaba la Guardia Civil.

Entonces la prostituta decía: "Nos vemos en un cuarto de hora,

hay que poner pies en polvorosa". Desaparecía y no volvía.

-Baldomera Larra era la hija pequeña del escritor.

Tenía seis años cuando se mató su padre de un tiro en su despacho.

Su marido se fue a Cuba enrolado en el ejército.

Ella se vio en una necesidad tremenda y tuvo que pedir préstamos.

Y de esas peticiones le vino la idea de decirle a una vecina

que si le daba una onza de oro ella le devolvería dos en un mes.

La vecina le dio la onza para probar

y efectivamente se la devolvió.

Y la vecina corrió la voz de que se daba una onza por dos.

Y hubo labradores de un pueblo de Toledo, de Esquivias

que vendieron hasta sus aperos

para ponerlo en la caja de imposiciones.

Ella ya sabía que esos intereses del 30%

era imposible generarlos, luego estafaba a sus impositores.

Porque a estos de Esquivias que vendieron sus aperos

sus ganados y todo, al final se quedaron sin nada,

porque no puedo devolverles nada del capital.

-A ver...

-El crimen de la calle Fuencarral fue uno de los grandes crímenes

del siglo XIX.

Todavía hoy, pasados más de cien años,

sigue siendo uno de los clásicos.

En las universidades sigue estudiándose,

tanto desde el punto de vista de su repercusión mediática

como del procedimiento judicial y la instrucción.

-En la madrugada del 2 de julio de 1888

los vecinos de la calle Fuencarral del número 109

se despiertan alertados por un olor a carne quemada.

-Supuso un bombazo,

una conmoción social, incluso política.

Aunque en realidad era un crimen vulgar por decirlo de alguna forma.

Lo que sucedió es que un día de julio de 1888

de un piso de la calle de Fuencarral

salía humo, entonces los vecinos llamaron a la policía,

llegó la policía y derribó la puerta de la vivienda.

La vivienda la ocupaba una señora que era doña Luciana,

una señora con posibles, de dinero.

-Cuando tiran la puerta encuentran a Luciana Borcino

en el suelo con los brazos y la cabeza quemados.

Tenía el cuerpo cubierto de paños impregnados en petróleo

y al mismo tiempo encuentran a su perro y a su criada

aparentemente narcotizados.

-Higinia Balaguer era una sirvienta que apenas llevaba seis días

trabajando para doña Luciana.

En casa de doña Luciana, aparte de ella y de su sirvienta

solía vivir el hijo de doña Luciana,

conocido como el Pollo Valera,

un señorito un tanto calavera, un joven con poca cabeza.

Que cuando ocurrió el asesinato de su madre

estaba en la prisión de Madrid

por pequeños delitos, estaba cumpliendo condena.

-El juez se dio cuenta de que su criada Higinia

parecía fingir un desfallecimiento, no estaba narcotizada realmente.

Entonces la llevan a comisaría

y esa noche ingresa en prisión, en la cárcel Modelo de Madrid.

-La autopsia que practican a la víctima

determina que la causa de la muerte había sido agresión con arma blanca,

en concreto recibió tres cuchilladas en la zona torácica.

Una le había afectado el corazón

por lo que era mortal de necesidad.

-Supuestamente por las presiones

declaró que la había matado por venganza.

Dijo que había apuñalado a Luciana porque aquella mañana

ella rompió un jarrón y se enfadó mucho con ella.

-Higinia, después de ser juzgada fue condenada

y la condena conllevaba la pena capital.

-Higinia pensó que al declararse culpable se libraría

de la pena de muerte, pero fue todo lo contrario.

-Durante la instrucción sumarial

y durante las sesiones del juicio,

los directores de los principales periódicos de Madrid

se habían constituido en acusación pública,

porque creen que el crimen no está tan claro

como da aparentemente la justicia

por zanjarlo simplemente con que ha sido Higinia

movida por el afán de lucro, por el robo,

y los periódicos creen que el hijo de la víctima

el Pollo Varela podía haber estado implicado en el asesinato.

Toda la instrucción y las sesiones del juicio

son muy convulsas y cuando se conoce la sentencia

consideran que la justicia

no ha ahondado todo lo debido en el caso.

Dicen las crónicas del momento que alrededor de 20 000 personas

estuvieron pendientes del resultado del juicio.

Higinia, tras ser condenada acaba siendo ajusticiada

en una explanada delante de la cárcel modelo de Madrid

en una ejecución pública, la última que hubo en Madrid.

-Dios santo.

Vivir en aquella época era un riesgo

y más si se era presidente de gobierno.

Hasta cinco murieron asesinados.

El primero Prim, que murió en extrañas circunstancias.

Y luego Cánovas, Canalejas, Dato y más recientemente Carrero Blanco.

El general Prim empezó sin ningún conocimiento militar,

que ascendió a teniente en solo un año,

que se convirtió en héroe popular porque tenía fama de ser inmortal,

tenía fama de que tenía piel de serpiente

y que había nacido vestido. Y él confiaba mucho en sí mismo.

Confiaba tanto que ante una protesta en su pueblo, en Reus,

se plantó en su caballo y les dijo a sus vecinos:

"En el sitio donde estoy haréis un monumento

que perpetúe mi memoria".

Y efectivamente, en ese sitio hay una estatua

dedicada al general Prim.

El general Prim pertenecía al grupo de militares

que fue tremendamente, llamémosle "golpista".

Estuvo en una docena de pronunciamientos.

Pero no hacía pronunciamientos para ocupar el poder,

no era un espadón,

hacía pronunciamientos contra los Borbones.

Él quería una monarquía constitucional,

pero sin Borbones. y fue el artífice fundamental

para traer a un rey extranjero, a Amadeo de Saboya.

El general Prim salía del Congreso de los Diputados.

Había una nevada tremenda sobre Madrid

y enfocó el coche en dirección a su casa,

que es donde estamos ahora, el cuartel general del ejército.

Y se encontró en la calle del Turco, así llamada entonces

con dos coches atravesados en la calle.

El lacayo le dice: "Mi general,

salga del coche, que vienen hombres armados".

Prim, seguramente se fió demasiado de su buena suerte

y no se bajó del coche y se protegió con la mano.

Le dispararon por ambos lados del coche,

le hirieron en una mano, prácticamente se la perforaron,

le tuvieron que cortar un dedo y salió con una herida de 6 cm

en un hombro. La leyenda dice que subió a pie las escaleras.

A partir de ahí empiezan los misterios.

Médicos que lo venían y decían que lo encontraban bien,

y sin embargo murió, pero tardó tres días en morir.

¿Quién urdió el plan para asesinar a Prim?

Ciertamente, en el sumario se apunta a Montpensier.

Ese pudo ser el actor intelectual e incluso el financiador.

Las investigaciones posteriores apuntan directamente

a Serrano sin ninguna implicación de Montpensier.

¿Por qué Serrano pensó en matar a Prim?

Pudo ser porque Serrano aspiraba a ser rey de España

en aquel momento.

Es un misterio.

Por no haber, no hubo ni siquiera... Aunque hay una lista

de personas que dispararon contra el coche,

no hubo ningún condenado.

Aparentemente murió desangrado.

Sin embargo, en la autopsia que se ha hecho de su momia

recientemente, se descubre que tiene unas marcas en el cuello

de un tamaño más o menos que correspondería a un cinturón.

En ese momento se dice que pudo haber sido estrangulado a lazo.

Ese es uno de los grandes misterios de la historia de España.

-¡Ya sé que me quieren asesinar!

Todos los anarquistas quieren mi cabeza.

-Todo el siglo XIX español es un espanto de tensiones

y sobre todo, como yo digo, en España, los radicalismos

siempre han hecho dificilísimo

el progreso de las posiciones racionales y templadas.

-¿Y sabe de qué trataban esos documentos?

-Se trataba de un complot para asesinar a Cánovas.

-Cánovas del Castillo, según quién, te dirá que es Dios o el diablo.

Es posiblemente la personalidad política, gigantesca,

que ha sido observada de manera más pasional

desde dos puntos de vista.

-¿Qué es para usted la política?

-La política es el arte de aplicar en cada momento de la historia

aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible.

En política lo que no es posible es falso.

-Los sectores conservadores le atribuyen todas las virtudes.

La estabilidad que se permitió España

en el último tercio del s. XIX como consecuencia

del invento de los turnos, que permitió gobernar

ora a Cánovas ora a Sagasta, a los conservadores o liberales,

y a la consolidación de una constitución de 1976

que permitió firmar la paz entre la política y el rey

y también la estabilidad.

Lo malo es que a cambio de estabilizar las cosas

estabilizó también la corrupción, el caciquismo...

Las elecciones eran una farsa, estaban trucadas

para que se mantuviera esa rueda de turnos

que aseguraba que se mantuvieran los viejos caciquismos.

No avanzó la democracia, fue extremadamente centralista:

se cargó los fueros del País Vasco,

impuso la lengua castellana de manera absoluta,

también desde el punto de vista religioso, muy tradicional...

Y luego jugó un papel determinante en un momento en el que se vivía

una gran efervescencia con el tema Cuba,

cuando él estaba en contra de modernizar la relación con Cuba

y el mantenimiento del esclavismo.

-Ya sabía que me preguntaría por la esclavitud.

-Es lógico.

Su apoyo a la Liga Nacional

que defiende el tráfico de esclavos es muy criticado.

-¿Por Inglaterra? ¿Por Francia? ¿Por Holanda?

Todos se enriquecieron con los esclavos.

-Es un hombre decisivo porque proporciona estabilidad.

Muchos dirán que la modernización del país. Algo se modernizó,

menos de lo que se hubiera debido, pero sobre todo estabilizó

y falsificó la democracia.

-Ha sido un honor, presidente Cánovas. Gracias.

-Espero dárselas cuando lea que ha escrito lo que he dicho,

sin inventar nada. -Esté tranquilo.

-Fue asesinado en Guipúzcoa, en Mondragón,

en el balneario de Sta. Águeda, que luego fue manicomio.

Estaba leyendo el periódico en el mes de agosto

y le mató un terrorista anarquista llamado Angiolillo,

que fue ejecutado once días después.

-¿Asesinar a Cánovas en medio de una guerra?

-Qué mejor manera de ganar a España que matar al presidente.

-Forma parte de la trágica secuencia de asesinatos

a presidentes del gobierno en el s. XIX y comienzos del XX.

Matan a Prim, luego matan a Cánovas, Canalejas,

y Eduardo Dato.

No se sabe qué pasó en el caso de Prim. En el caso de Canalejas,

su asesino no quería matar a Canalejas,

quería atentar contra el rey.

Y vio a Canalejas mirando un escaparate de una librería

en la calle Carretas, esquina Puerta del Sol y lo mató.

El caso de Eduardo Dato es también curioso

porque le mataron en la puerta de Alcalá

con una moto con "side car".

Una moto, otro sentado detrás y un "side car".

Entonces dispararon y qué curioso, porque detuvieron a dos,

un tercero se escapó y se supo que se había ido a Rusia.

Los otros fueron condenados a muerte pero se les conmutó la pena.

Y finalmente salieron cuando llegó la República.

Si añadimos a esos cuatro, el asesinato de Carrero Blanco

en los años 70 del siglo XX,

España se coloca en la cabeza del pódium

de los crímenes de Estado de ese nivel.

En pocos años tuvimos más crímenes que EE.UU. en toda su historia.

-¿Tardará mucho? Tengo que gobernar un país.

-No se preocupe, será un segundo.

(Disparos)

Los métodos policiales cambiaban con las innovaciones de la ciencia.

En el siglo XIX hubo una auténtica revolución policial

gracias a un método para identificar sospechosos,

la huella dactilar.

-¿Se puede descubrir a un asesino por la huella de un dedo?

-Sí y es solo el principio de una nueva policía.

-La huella dactilar aparece en el feto

al tercer mes de vida intrauterina, aparecen las crestas.

Y la huella queda formada en el sexto mes.

Tienen tres características, que son perennes

inmutables y diversiformes.

No hay posibilidad de cambiarlas y todos las tenemos diferentes.

Según el cálculo de probabilidades de los puntos característicos

tienen que pasar 4660 siglos

para que se repita una huella dactilar.

Nadie ha conseguido cambiar una huella.

El profesor de la universidad de Lyon, Locard,

metió su dedo en agua hirviendo, se le pelaron.

Y a los 15 o 20 días se habían regenerado otra vez.

Lo puso en una plancha quemando,

al poco tiempo se le habían regenerado.

Se los raspó, se le regeneraron nuevamente.

Se ha demostrado a lo largo del tiempo

que las huellas son inmutables y es imposible quitárselas.

-Ha venido un argentino a darnos un curso sobre huellas dactilares.

-¿Marcelo Picorelli?

-Es la mano derecha de Vucetich de la policía de Buenos Aires.

-Sí, el primero que ha solucionado un caso de asesinato

con huellas dactilares.

-Juan Vucetich nació en Lesina, en Croacia,

emigró a Argentina y con 30 años entró a la policía.

-Con 33 le hicieron jefe del servicio de identificación

en la provincia de Buenos Aires.

Él estaba utilizando el sistema antropométrico de Bertillon

basado en mediciones del cuerpo.

Él veía que ese sistema no era infalible.

En 1891

llegó a sus manos un número de la "Revue Scientifique"

donde Galton, un inglés,

que fueron los primeros en identificar las huellas dactilares.

Y descubrió que debía haber otro sistema diferente

al antropométrico de Bertillón.

Se puso a estudiarlo y ese año publicó

su dactiloscopia comparada,

el sistema dactiloscópico argentino o sistema Vucetich.

-En 1892, dirigido por el Sr. Vucetich,

descubrimos que una mujer mató a sus dos hijos.

Se había autoinfligido una herida para culpar a otro.

-¿Cómo descubrieron que era ella?

-Dejó la huella de un dedo en la mancha de sangre de su puerta.

-El gobierno era reticente a usar el sistema de identificación.

Sin embargo la suerte se alía con él

cuando aparecen asesinados dos niños hijos de una madre soltera.

Hace la inspección un alumno de Vucetich

y descubre en una puerta una huella ensangrentada.

El autor del asesinato se había manchado de sangre

y el pulgar derecho de esa huella quedó en el marco de la puerta.

El policía sospecha de la madre, Francisca de Roja.

Y el alumno de Vucetich le toma las huellas dactilares

y comprueba que su pulgar derecho

coincide con el del marco de la puerta.

La interrogan y confiesa que había matado a sus hijos.

-Necesito su ayuda.

Yo no he matado a don Fernando y Ud. puede demostrarlo.

-Un español que confía en la ciencia, es un milagro.

-Este maletín similar a los de primeros de siglo

tiene lo imprescindible: los reveladores físicos

el pincel de pelo muy fino,

que suele ser de camello. Actualmente son de fibra de vidrio.

También aquí otro tipo de reveladores.

En el interior una pequeña linterna y una cámara

para fotografiar las huellas.

-Efectivamente, en la ropa hay huellas que no son de Ud.

ni de sus compañeros ni de don Fernando.

-Solo falta saber a quién pertenecen.

-En el siglo XIX, como actualmente,

para identificar a una persona tiene que estar reseñada.

Tenemos las reseñas de personas que han cometido delitos

en una base de datos. Antiguamente lo tenían en un fichero.

Se fotografiaba la huella, como en esta fotografía,

se la ponían las telecopistas apoyada en algo para verla bien,

cogían la ficha y manualmente las pasaban

hasta que un dactilograma coincidían los mismos puntos de la huella.

Y la tenían identificada, pero todo manualmente.

-No me dé órdenes.

-Yo juzgo por las pruebas y por lo que yo veo.

Y aquí no veo nada.

-Entonces vuelva a graduarse los anteojos.

¿En qué siglo vive? ¿El XVIII? -¿Le detengo por desacato?

-¡La concha de su madre, no puede ser más burro!

-A España llegó la identificación dactilar con el Dr. Olóriz.

En 1903 es nombrado inspector del servicio de investigación judicial.

Cuando fue nombrado inspector se celebra en Madrid

un congreso internacional de medicina.

Se sienta al lado de un argentino, el doctor Domingo Cabred.

y le habla al doctor Olóriz

de un sistema que están implantando en Argentina

por parte de Juan Vucetich.

El Dr. Olóriz lo estudia, lo modifica y lo simplifica

y en 1908 hace público el sistema dactiloscópico español.

-El juez no ha aceptado las huellas como pruebas.

-¿Cree que le maté? -No, claro que no.

Las huellas demuestran lo contrario.

-Me alegra que esté abierto.

-Hay métodos para identificar a las personas por la piel:

el canto del escritor, las crestas capilares de las manos,

y los labios tienen unos surcos que son únicos en cada persona.

También estudiamos a veces las huellas dejadas por el pie.

Son datos que se están incorporando al documento de identidad.

-Seguro que otro juez aceptaría las pruebas.

(RÍE) ¿Admitir pruebas dactilares? ¡Por favor, Ros, esto es España!

Eso lo verán sus nietos.

-En el siglo XIX se identificaba a través de su filiación.

La filiación de aquella época. Consistía en nombre, apellidos,

el hecho de que era hijo de fulano o mengano

y a través de cualquier marca que tuviera en el cuerpo

o en la piel.

La identificación de personas por la piel se solía hacer

a través del color de la piel, es decir: la raza de la persona.

También a través de alguna mancha que tuviera en la piel,

alguna cicatriz o malformación de la piel

o incluso algún tatuaje.

Los tatuajes en el s. XIX eran bastante corrientes.

Se tatuaban el mundo carcelario, el mundo marginal y del lumpen...

Y luego también otras profesiones que sin ser marginales

lo tenían a gala, como era el mundo de los marinos.

Y también el caso de la milicia, algunas unidades militares.

Esto ofrecía a la policía ventajas.

No solo podían catalogar y fichar en su reseña policial

a los delincuentes tatuados,

sino que los tatuajes hablaban por sí mismos.

Los que procedían del mundo carcelario

ponían tres puntos en la mano.

Solían poner también la frase que ha persistido hasta hoy:

"Amor de madre", y otro tipo de cuestiones

que aludían a su origen marginal.

Los marineros ponían motivos de la marina como anclas,

como el contorno de su chica, de su amada.

Y en la milicia normalmente se decantaban

por emblemas de sus brigadas, de sus unidades,

de sus cuerpos castrenses.

A través del propio tatuaje pero sobre todo

cuando lo incorporaban a la ficha policial

ya era una marca que identificaba a ese ser humano.

El problema que tenían es que ya no podían quitarse el tatuaje

y si se lo quitaban era a través de métodos peligrosos

como con algún producto agresivo

o incluso con un pequeño hierro o aguja incandescente

lograban quitárselo,

pero siempre dejaba un rastro.

Se quitaba el tatuaje y quedaba una cicatriz,

con lo cual a nivel policial y criminalístico

allí donde había un tatuaje y luego ya no, quedaba una cicatriz.

Era uno de los métodos habituales puesto que era singular

y el tatuaje no venía, nadie nacía con un tatuaje.

Se podía nacer con un capricho de la naturaleza, una marca,

pero los tatuajes se incorporaban por voluntad propia

y por tanto indicaba mucho el origen,

y también por el motivo y el dibujo

que se reproducía en la piel del delincuente.

El estudio de los huesos aportó otro sistema de identificación,

en este caso de cadáveres.

Hoy en día utilizamos radiografías de la dentadura,

pero ¿cómo se hacía esto hace cien años?

A través del análisis de los huesos

se puede conocer muchísimo.

Los huesos son elementos que nos indican

con absoluta veracidad lo que le ha sucedido a esa persona

Y el medio que lo ha rodeado,

cuál ha sido su acontecer a lo largo de la vida.

Nos muestra sus enfermedades, muestra su nutrición,

cómo fue su entorno...

Nos muestra su manera de vivir y también su manera de morir.

En el s. XIX los huesos se estudiaban de manera diferente.

Se actuaba para hacer la identificación

a base de estudio anatómico comparativo

entre un cráneo y otro.

Se hacía analizando distintos segmentos

para ver la estatura de la persona, pero no se llegaba mucho más lejos.

No era posible alcanzar lo que hoy tenemos.

Las identificaciones se hacían mucho más complicadas

y todavía quedan de aquella época

algunos casos que no se han podido resolver.

Los estudios que se conservan de aquellos sabios científicos

del siglo XIX en cuanto a identificación humana

son realmente asombrosos por la minuciosidad,

por la precisión en la descripción de los caracteres,

por el interés que ponían en estudiar esto...

Realmente eran limitados

porque no tenían otras herramientas que pudiesen llegar más lejos.

Llegaban donde llegaban

y era realmente espectacular su calidad.

En el s.XIX se intentó hacer superposiciones craneofaciales:

a una fotografía superponer la fotografía de un cráneo.

Pero la tecnología todavía no estaba avanzada en ese sentido

y lo que hay son tímidos esbozos que se han continuado

y que ahora se emplean de manera bastante rutinaria.

El panorama es radicalmente distinto.

Hoy podemos saber por un fragmento de hueso

de poco más de 2 cm el sexo del sujeto,

o conocer la edad con una precisión de más o menos dos años.

Es decir, tenemos ahora mismo una serie de conocimientos

y de técnicas que son impensables

en el siglo XIX, pero también lo eran hace 20 años.

El análisis forense del hueso se utiliza

para llegar en última instancia a la identificación humana.

Pero también usamos el análisis de los huesos y las momias

y de los restos mal conservados para poder conocer

las enfermedades que tuvo.

O también para poder conocer las manipulaciones

que sufrió la persona en el momento de la muerte.

Es decir: traumatismos, cortes, marcas de machete,

o marcas de proyectil.

La historia del Dr. Velasco es apasionante.

Se trata de un médico famoso

que ganó muchísimo dinero, muy conocido en Madrid.

Y que tenía una casa

que hoy es Museo Nacional de Antropología.

Y ahí comenzó a hacer una colección

de objetos curiosos de antropología,

esqueletos curiosos... Como tenían fama le iban regalando.

Se carteaba con Darwin incluso.

Era un hombre muy culto y muy conocido en la época.

Su hija murió y él quiso conservarla. Y se cuenta

no sé si será verdad, porque llega un poco al mito,

que la paseaba por la calle en su coche

o que la tenía en su casa en una habitación sentada.

Probablemente sea cierto

pero no se conserva ningún documento fehaciente al respecto.

Estudié los huesos de Colón desde el punto de vista antropológico

y fue una experiencia impresionante en todos los sentidos.

Desde el punto de vista científico y personal.

Cuando se sacó la urna

que contenía los restos de Colón de la catedral de Sevilla

había muchísima televisión, muchos periodistas,

gente expectante...

Y cuando me dicen: "Profesor, abra usted la urna",

todo el mundo esperaba que saldría Colón prácticamente caminando.

Había poco más de 150 gramos de hueso

muy destruido.

Fue el momento de un antropólogo que no sabe qué decir,

porque aquello fue tremendo, me veía obligado a decir algo.

y finalmente vinieron a Granada sus huesos.

Los tuvimos en este departamento seis días

y ahí pudimos hacer que hablara un poco.

Y ya nos dijo que esos huesos eran de una sola persona,

que eran de un hombre entre 50 y 70 años

que había sido descarnado, tenía marcas de cortes en los huesos.

Porque como murió en 1506,

en Valladolid, y en 1509 lo sacaron para llevarlo a Sevilla

seguramente limpiaron los restos, con un cuchillo y dejaron marcas.

Finalmente supimos que esos restos tan escasos

y poco llamativos eran los huesos de Colón.

Un hueso nos puede contar gran cantidad de cosas,

pero lo importante es que los huesos

siempre nos dicen la verdad.

Si los huesos hablan, la letra de cada persona, aún más.

La forma de escribir de cada uno es única,

y desde el s. XIX se investiga qué rasgos

nos permiten decir quién es quién, sea vivo o muerto.

Inspector Carballo, de la brigada metropolitana.

¿Puede enseñarme una carta en la que pueda ver su letra?

-La letra de cada persona es única.

Y de hecho es imposible encontrar dos escrituras idénticas.

En el s. XIX fue cuando empezó la grafología

y la pericia caligráfica a diseñar perfiles criminológicos,

al estudio de falsificaciones.

Se perfecciona la técnica y nace la grafología,

que es la psicología de la escritura

y ayuda a diseñar perfiles criminales.

El que más revolucionó las ciencias forenses

y la criminalística fue el caso de Jack el Destripador.

Se hicieron investigaciones, se diseñó el perfil criminal

y, en cuanto a su escritura, tenía la habilidad

que determina el carácter falto de sentimientos que tenía,

era un especialista en imitar la escritura de imprenta.

Por el análisis de la letra no podemos adivinar

quién es el autor. Lo que hacemos es un cotejo

entre una escritura cuestionada de esa persona

y documentos que ha reconocido como propios

o que sean documentos oficiales que no están cuestionados.

A través de la letra podemos ver todo de la persona.

Es como si fuera nuestro propio retrato,

teniendo en cuenta que la escritura refleja el momento presente,

tanto en cuanto a su carácter y su personalidad

como en cuanto a las emociones que vive en ese momento.

Incluso podemos ver que la persona está mintiendo.

Vemos las motivaciones, sentimientos, emociones...

La actitud que tiene una persona ante la vida...

En general, para identificar la escritura de una persona

los peritos calígrafos y grafólogos

hacemos un estudio completo. No nos basamos

en rasgos aislados.

Lo que pasa es que hay determinados rasgos característicos

de cada persona donde vas al grano a mirarlos.

Uno muy característico puede ser la forma,

la colocación y la altura del punto de la i.

Y uno muy importante es la zona de cierre de los óvalos.

Dónde cierra la o, por ejemplo.

No todos cerramos la o por el mismo sitio.

Tenemos dos muestras de escritura de una persona del s. XIX,

de mediados, finales como fue el general Prim,

el presidente del gobierno tristemente asesinado.

Y tenemos una escritura muy clásica

del s. XIX, de una persona tan pasional en esa época.

Y contrariamente a lo que se pueda pensar de un personaje

en apariencia tan serio y valiente,

de hecho era hasta temerario, se pasaba de valentía,

y era un sentimental.

Prim escribía continuamente cartas a su madre

y en ellas se refleja el sentimiento

del hombre vulnerable,

contrariamente a lo que manifestaba de cara afuera,

a lo social, que era un general incluso temerario.

Tanto si se moría de forma violenta, por enfermedad o vejez

la forma de vida del s. XIX tenía mucho que ver.

¿Cómo vivían y morían nuestros antepasados?

En el s. XIX la medicina estaba empezando a despegar.

En España no se sigue el ritmo de otros países,

y algunos grandes investigadores

tienen que irse del país a trabajar en otros lugares.

Hay novedades que se incorporan, por ejemplo la anestesia,

pero llega a poca gente.

La vida media era muy inferior a la que se puede esperar ahora,

casi se podría reducir a un 50% de la expectativa actual.

No debía sobrepasar los 45 años.

-¿Qué le pasa?

-Pulmonía.

Si hubiese tenido un buen médico, no sé.

-Crespo, encuentre un buen médico, el mejor.

Como si es Ramón y Cajal, pero que venga de inmediato.

-Aunque hubiera personas que llegaran a edades provectas,

había una gran mortalidad infantil.

Y en edad laboral había también una gran mortalidad.

El trabajo condicionaba mucho porque no había ningún tipo

de estrategia de prevención

y el trabajo era la manera de sobrevivir,

de forma que cualquier cosa se daba por buena

con tal de poder llevar un jornal.

-Toda la vida trabajando allí y cuando caes enfermo

te tiran a la puta calle.

-Los trabajos en la construcción producían muchísimas víctimas

y los lapidarios, los que trabajaban con industrias químicas,

los tintoreros tenían su propia patología,

pero a la que no se llegaba a poner remedio.

La alimentación condicionaba bastante el modo de enfermar.

En las clases altas era característico,

lo recoge la literatura:

los ricos mueren de apoplejía.

Pero la apoplejía en sentido genérico,

lo mismo puede definir un infarto de miocardio que un ictus,

era muy típico de clases elevadas.

-¿Se puede saber qué está haciendo aquí?

-Venir a hablar con usted. Y de paso cuidar a su marido.

-Váyase.

-Las clases populares no corrían esos riesgos,

y uno puede sentirse tentado a pensar

que tenían mejores hábitos alimentarios o más naturales.

No es exactamente así, comían lo que podían.

En torno a la mitad del siglo, un trabajador

se podía gastar todo el jornal

en pagar el alquiler de una habitación

humildísima y muy poco sana

y la ración de pan para un día. Punto.

-Malos tiempos los que vivimos.

-Cierto. Y aún pueden ser peores.

-Las enfermedades más comunes y más peligrosas

eran sin ninguna duda las infecciosas.

No había ningún tipo

de tratamiento específico para ellas,

no existía la idea ni el nombre de "antibiótico".

La salubridad da las viviendas, de las personas,

de la vestimenta era normalmente muy pobre.

Y la infección era muy frecuente y difícil de remediar..

Lo más peligroso era beber agua.

Las enfermedades de transmisión hídrica mataban

o enfermaban gravemente a muchísima gente.

Como ocurre ahora en el tercer mundo.

Las diarreas infantiles mataban niños a mansalva,

los brotes casi continuos de fiebre tifoidea

afectaban a todas las edades.

Y el hecho de que el cólera sea la gran epidemia del siglo

tiene que ver con lo mismo.

Las enfermedades venéreas también representaban una patología

muy presente, pero muy poco visible.

Cabe imaginar que la población de sifilíticos

de una ciudad de un millón de habitantes era la tercera parte.

-La sífilis no se contagia en las bibliotecas.

-Habrá que evitar que se propague.

-Sería más fácil encontrar un remedio, una medicina.

-En el siglo XIX hubo lo que hoy llamaríamos adicciones.

Se fumaba. Y en épocas anteriores, en el s. XIX

solo algún médico muy arcaico lo utilizaba,

pero el tabaco se había usado como medicamento

porque hacía expectorar.

-Cuidado con el anís, que es de garrafa.

-Ya lo noto.

Pero como yo nunca salgo, un poco de alegría nos sentará bien.

-El alcohol tenía un prestigio del que carece ahora.

Desde la Edad Media se consideraba un alimento.

En el camino de Santiago, en los monasterios

se daba a los peregrinos alcohol como parte de su sustento.

Tenía mala fama el alcohólico, el borracho

que perdía el control por pasarse,

pero no se le tenía un miedo al alcohol

como algo productor de enfermedades si se consumía con moderación.

Pero su idea de moderación es como la actual.

-Por el futuro.

-Por el futuro, Lewis Osborne. (CORRIJE LA PRONUNCIACIÓN)

-Lo mejor que dejó el s. XIX en relación con la medicina,

con la ciencia y en la vida en general fue el optimismo.

Hizo que la sociedad del XIX tuviera una fe

extraordinaria y en buena medida errónea

en que las cosas solo podían ir a mejor.

España, qué país tan peculiar y tan diverso;

tan cuerdo y tan loco.

De la mano de Víctor Ros hemos conocido una época,

de allí venimos, aunque ya no lo recordamos.

Hemos conocido historias de policías y criminales.

de ciencia y de misterio;

historias de ayer que llegan a hoy,

historias de personas que ya no están,

pero cuya sangre corre por nuestras venas.

Vamos a cambiar el mundo y Ud. estará en el lado equivocado.

-Yo no quiero cambiar el mundo,

me conformo con limpiar el patio de mi casa.

Y sin usted estará resplandeciente.

La España de Víctor Ros - Programa 6

50:55 16 feb 2015

Es un programa  que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX.

 

Es un programa  que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX.

 

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    Programa 4

    50:01 02 feb 2015

    50:01 02 feb 2015 'La España de Víctor Ros' aborda la relación entre las creencias y la ciencia. Para una gran parte de la sociedad española del siglo XIX, tradicional y católica, el demonio y su acción sobre el mundo y el hombre era una realidad. Los endemoniados estaban a la orden del día. Los exorcismos se practicaban desde hacía siglos, con un ritual de oraciones que la Iglesia y los sacerdotes exorcistas tenían como manual de lucha contra el maligno. Pero en esa misma época, el estudio de la mente humana empezaba a ofrecer una explicación alternativa: no había, para la ciencia, posesiones ni influencias diabólicas; se trataba de enfermedades mentales que debían ser tratadas como tales, en los manicomios.La muerte, el crimen, las enfermedades, hacen presa de los habitantes sobre todo en las ciudades, que han crecido por efecto de la industrialización y de los ricos burgueses, que generan una masa de proletarios y sirvientes. La medicina avanza a toda velocidad, desarrollando técnicas como la autopsia, en la vanguardia científica de la época. 

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    49:42 26 ene 2015 Programa que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX.

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    50:53 19 ene 2015 Programa que repasa los hechos reales en los que se basa la serie ""Victor Ros"" y describe como era laEspaña de finales del siglo XIX.

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    Programa 1

    50:08 12 ene 2015

    50:08 12 ene 2015 Programa que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX. En este capítulo hablamos de casas encantadas, espiritismo, hipnosis, fenómenos paranormales y los métodos policiales de finales del XIX.A finales de ese siglo abundaban las leyendas sobre fantasmas y casas encantadas. Visitamos algunas de las más famosas de Madrid y sabremos que hay fenómenos paranormales que han llegado hasta nuestros días; La hipnosis triunfaba en los teatros y el espirítismo estaba de moda y era seguido por reconocidos científicos. En este capítulo recreamos una sesión espiritista como se hacían en aquellos años; Además sabremos como trabajaba la policía en unos años en los que intentaba modernizarse y adaptarse al crimen y a los primeros asesinos en serie.

  • 2:18 07 feb 2015 Morir en la España de Víctor Ros era muy fácil. Sobre todo si eras un niño sin recursos. Jerónimo Tristante, el creador de Víctor Ros, nos introduce esta semana en los frecuentes robos de niños a finales del siglo XIX, Porque... 'El hombre del saco' o el 'Sacamantecas' forman parte de la Historia real y no de la ficción. En el capitulo se abordan también: el terrorismo anarquista, el fin de un Imperio y la curiosidad científica por la mente de los asesinos. Emisión: lunes en La 1 tras el capítulo de la serie de ficción.

  • 00:57 26 ene 2015 El lunes 26 de enero a partir de las 23.45 h tenemos una cita con la versión más entretenida de la Historia de finales del siglo XIX. La tercera entrega de La España de Víctor Ros bascula entre los grandes cambios que aportaron los avances en la ciencia y la medicina y las rémoras de un pasado oscurantista que se resistía a desaparecer. En ella comparten protagonistmo el origen de la actual policía científica, los protocolizados rituales de los duelos a muerte, la aparición de los grandes inventos que cambiaron el rumbo de la humanidad o el nacimiento de la ciencia-ficción.

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