Jara y sedal La 2

Jara y sedal

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Para todos los públicos Jara y sedal - Rececho en la tierra del agua - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Música)

Un simple vistazo desde un alto no es suficiente

para conocer los secretos que esconde la comarca cántabra

de Campoo-Los Valles.

(Música)

En pocos kilómetros, se pueden descubrir

las cotas más altas de la estación de esquí de Alto Campoo

o descender al nacimiento del río Ebro, en Fontibre.

El lugar exacto donde el río inicia su andadura de más 900 km

es controvertido, puesto que el agua que emana

en este lugar procede, en su mayor parte,

de unas fuentes que se encuentran monte arriba,

en el pico de los Tres Mares.

Sin embargo, este monolito de piedra,

coronado por una estatua de la Virgen del Pilar,

se ha considerado, tradicionalmente, el nacimiento del Ebro,

el segundo río más largo, después del Nilo,

de cuantos desembocan en el Mediterráneo.

(Música)

Aguas abajo, el Ebro visita Reinosa,

el centro administrativo y económico de la comarca.

La iglesia de San Sebastián, el Teatro Principal

y las numerosas casonas son sus edificios más representativos.

Soportales, puentes y plazas trazan un recorrido urbano

que da abrigo a sus habitantes durante largos y duros inviernos.

El sol se abre camino a duras penas entre la espesa capa de nubes.

La lluvia y el viento dan forma y color a este paisaje

y a los animales que habitan en él.

El recio pelaje de estos caballos les protege de un invierno

que ya se acerca a su fin.

Y los rebaños de vacas empiezan a aprovechar

la primera hierba fresca de la primavera.

El pequeño embalse de Alsa, en San Miguel de Aguayo,

nos va acercando al lugar que veníamos buscando.

Robles y pinos ceden espacio aquí y allá

a pequeñas aldeas y prados empapados por el agua del deshielo,

por la lluvia y la niebla, que se alternan en esta época.

(Música)

En este paisaje, el ojo del cazador buscará

instintivamente a un animal, el corzo.

Lo cierto es que escoger un lugar en España

donde recechar un corzo es cada vez menos complicado.

Este pequeño cérvido ha experimentado

un rápido aumento demográfico en las últimas décadas.

Y en la mayor parte de la Cordillera Cantábrica,

alimentados por los buenos pastos y con el cobijo

de sus extensos bosques, los corzos encuentran

el mejor ecosistema donde expandirse.

Los machos pierden su cuerna al final del otoño.

Por eso, ahora, al inicio de la temporada de caza,

es fácil verlos escodar, rascarse para eliminar la borra,

ese tejido aterciopelado que sirve para formar la masa ósea

y que se desprende de la nueva cornamenta

cuando esta ya ha terminado de crecer.

(Música)

Otro rasgo particular del corzo es su amplio periodo de reproducción.

El celo del corzo tiene lugar unos meses antes

que el de sus primos lejanos, los ciervos.

Según este calendario, las crías del corzo

nacerían durante el invierno y serían pocas

las que sobrevivirían al frío.

Más aún, cuando sus madres disponen de menos alimento.

Para evitar que esto ocurra, las corzas han desarrollado

un ingenioso sistema.

Una vez fecundado el óvulo, el desarrollo embrionario

se detiene durante unos meses. Luego, al comienzo del invierno,

el embrión reinicia su desarrollo, de manera que su nacimiento

coincide con la primavera.

(Música)

(Pájaros)

El rápido crecimiento de las poblaciones de corzo

y su sensibilidad a distintos parásitos

obliga a un control constante de sus poblaciones

en determinadas zonas.

La caza y, especialmente, la modalidad del rececho

es la mejor manera de controlar estas poblaciones.

Son muchos los motivos.

Para recechar un corzo son imprescindibles meses

o, incluso, años de trabajo previo.

Un tiempo en el que cazadores y guardas observan el desarrollo

de sus poblaciones, sus querencias, sus amenazas

y sus fortalezas.

(SUSURRA) Vamos a acercarnos, que ya estamos en una hora muy buena.

Y yo veo que por aquí es la zona que me dijiste.

-Hay que ir muy atento mirando todos los rincones.

-Vale, vale, perfecto.

Quien tiene una idea global de lo que es la caza en España,

sin duda, es Ángel López,

presidente de la Real Federación Española de Caza.

Ya compartimos con él unos cuantos días cazando un corzo

en Asturias. Esta vez, nos acompaña en Cantabria,

donde tomará parte en el rececho de un macho

que, como todo cazador sabe, empieza bastante antes

de que el sol despunte en el horizonte.

Bueno, vamos a empezar... Verás qué horitas mañana.

-Comienzo de la aventura. Hemos madrugado y bastante frío.

Tenemos el cazadero muy cerca, lo tenemos muy bien.

Vamos a llegar bastante rapidito, así que se porte bien el tiempo.

Mecachis en la mar.

(Música)

Quinín, Ángel y Joaquín salen de San Miguel de Aguayo

con la esperanza de que el viento, la lluvia o el frío

no trastoque en las rutinas de los corzos,

ya por sí esquivos.

El agua caída durante la noche ha borrado las huellas viejas

y muestra las más recientes de forma nítida.

(Música)

(SUSURRA) El que vimos ayer, Quinín. Sí, el primero que vieron estos.

Los primeros pasos del rececho les conducen

a los prados más querenciosos, donde se suele ver a los corzos

salir en busca del sol y la hierba.

Pero a medida que sale el sol, aumenta el viento.

(Viento)

Si el viento le permite estar aquí hoy.

El viento impide a los corzos escuchar con claridad.

(Berridos)

Con toda seguridad... Sí...

Se vuelven aún más desconfiados.

Y ante la sospecha de estar en peligro,

no dudan en alertar al resto del grupo con sonoros ladridos.

(MURMURAN)

A ver si tenemos suerte y le tenemos... Si no, no hay forma.

-Como antes.

Vamos a mirar aquí a ver. -Con mucho cuidadito

porque nos puede sorprender en cualquier esquina

de la manera más inocente.

-Vamos a mirar... -El prado de la derecha del árbol,

sube por arriba. -Sí, sí.

-¿Ves que corta la mitad? -Sí.

-Corta la mitad como una especie de camino.

-Sí, hay una línea. -Por encima de la línea, ¿vale?

-Sí. -Tirando hacia donde hace el vértice.

Hace el vértice por la parte de arriba. Ahí está.

-Es que ahora lo he perdido de vista.

(Viento)

Bueno, tenemos el pequeño problema del viento,

que es un factor climático... Posiblemente, lo más adverso

para la caza del corzo. -Sí, sí.

-Ellos, al prescindir del oído, se sienten inseguros...

y eso les hace estar inquietos, violentos...

(Música)

Porque la verdad es que el tiempo...

se está poniendo complicado.

La caza del corzo tiene tantos aficionados

gracias también a su dificultad y a que hay que saber ganarse

el lance. Durante un rececho, el cazador debe agudizar

su ingenio para convertir la adversidad en una oportunidad

de tiro.

La paciencia y la resistencia, también al frío y a la lluvia,

dan forma al espíritu corcero de los cazadores.

Es un macho...

(Lluvia)

Sí, es pequeñito, es pequeñito.

-Sí, es pequeñito de puntas. Tiene altura...

Puede ser una promesa. -Sí, vamos a dejarle...

-Para dentro de un par de años. Porque altura tiene ya.

Fíjate, está sin formar la cuerna,

y, sin embargo, ya pasa la cuerna por encima de las orejas.

(Música)

(MURMURAN)

En el fondo de la vaguada y ya con las últimas luces del día,

los tres cazadores intentan hacer la entrada a otro grupo de corzos.

(Continúa la música)

La dirección y la intensidad del viento condicionan

la manera de entrar, puesto que el oído de los corzos

compite en agudeza con su olfato.

No le veo. Allí no está.

-Ah, sí, sí. Hay uno tapado. Es posible que haya uno,

pero no lo veo yo. -Han ido para allá.

-Hay uno, queda uno.

A ver qué es... ¿Macho o hembra?

(Música)

La falta de luz y la espesa vegetación

hacen imposible valorar bien al ejemplar y jamás tirarán

sin saber que el animal encaja en lo que están buscando.

El macho se ha ido a la izquierda. -Sí. Yo, al macho, lo he visto.

-El macho se ha ido a la izquierda, se ha tapado a la izquierda.

No se trata de abatir un gran trofeo,

ni tampoco un selectivo. La intención de los tres cazadores

es encontrar un macho representativo de la zona.

(Música)

La jornada comienza con algo menos de viento,

pero la misma amenaza de lluvia,

la que garantiza la hierba fresca y el cobijo que necesitan los corzos

para vivir.

Las palomas torcaces están criando todas.

Algún grupo de hembras pasta despreocupadamente en los claros,

pero avanza la mañana sin que ningún corzo reseñable

se pasee frente a sus prismáticos.

(Música)

(Pájaros)

(Continúa la música)

Nos sentamos aquí un poquitín.

A ver si tenemos suerte y quiere salir alguno.

Antes de que empiece llover.

(Graznidos)

(Música)

Ahora ya, ¿no?

La lluvia vuelve a aparecer

y, con ella, un macho recién llegado a la edad adulta,

aún demasiado joven para lo que están buscando.

(Canto)

Nada, nada... -La lluvia se nos instaura y...

-Cantabria verde, Cantabria infinita...

(RÍE) Cantabria mojada.

Dios santo... Mañana, tarde y noche Cantabria mojada.

-Pues es esto. -Con nuestros queridos

parajes verdes, este es el precio de los parajes verdes.

Y que no nos falten, Dios mío, que no nos falten

absolutamente nunca.

(VOZ LEJANA) Es macho, yo creo.

-Vamos a dejarlo... -Va ser un macho para dos años.

-Vamos a continuar caminando por aquí, por el camino.

-Sí, sí... A ver un poquito... -Vamos a ver si tranquilamente

lo vamos dejando... -A ver, a ver...

Se nos marcha, se nos marcha, se nos marcha...

Se nos marcha. Bueno, no importa.

-No pasa nada. -No pasa nada.

-Nosotros vamos a ir tranquilos. -Es un machete.

Para dentro de dos años. Mira qué listo, mira qué listo.

(Música)

(Pájaros)

La suerte llega para que la sabe buscar.

Esta frase cobra todo su sentido cuando una mañana de intensa lluvia,

que obliga a los corzos a buscar refugio,

termina con unos rayos de sol. Lo mejor que le podía pasar

a Joaquín, a Ángel y a Quinín.

Con el pelaje mojado, los corzos buscarán el sol

para secarse y moverse un poco de sus encames.

Parece que la cosa se está poniendo muy bonita.

-Sí, al menos, sin viento. -Sí.

-Sin viento, que ya es importante. -Por lo menos...

-Joder, qué rachas. -Mira, aquí parece que marcan, ¿no?

-Sí.

-Aquí hay huellas de corzo. -Ahí tenemos cuyas de corzo,

sí, señor. -Por lo menos, este sendero

está transitado, ya es importante. Eso ya es importante.

-Por supuesto que sí. -Esta es la zona que nos interesa.

-Vamos a mirar un poco hacia la zona de allá.

-Sí, otra asomada, otra asomada. -Esto de aquí.

(SUSURRA) Luego, vamos bordeando por allí, para abajo, ¿no?

Nos movemos, a la hora, a ver si sale ahí,

al prado de la arena. -Estupendo. Joaquín, prepárate.

-Sí, sí. Perfecto. -Cambiamos, cambiemos.

Vamos para allá, ¿no? -Sí, perfecto.

Por lo menos, tener esto un poquitín cogido, todo ello.

(Música)

Aun recorriendo unas cuantas laderas más,

el corzo que buscan no asoma por ningún lado,

así que tendrán que cambiar de estrategia.

Bueno, Joaquín, pues yo creo que vamos a poner en marcha

la idea de separarnos, ¿eh? Porque así tenemos dos oportunidades.

Yo voy a tirar por esa zona de allí, hacia los pinos,

hacia el pantano. -Y yo creo que es la buena zona,

pero sin más. Ángel, mírate esta zona,

y Quinín y yo miramos esta. -Sí. Miramos a la izquierda.

-Suerte. -Suerte.

-A las rinconeras, venga. -Vamos para allá.

A ver si hay suerte. -Venga, Quinín.

(Música)

Ángel no ha tardado en encontrar un macho exactamente

como el que buscan.

Pero el animal no tarda en advertir su presencia.

Su objetivo ahora es no perderlo de vista

y encontrar otra manera de llegar a él.

Mientras tanto, Quinín y Joaquín siguen buscando por las vaguadas

en las que en otras ocasiones han visto corzos...,

pero con escaso resultado esta vez.

Sí...

(Música)

(MURMURAN)

(Continúa la música)

(Respiración)

A ver, Joaquín, Quinín, ¿mi copiáis?

(INTERCOMUNICADOR) "Alto y claro".

"Vamos a ver, estoy en la zona del Llugón, ¿me copias?".

"Sí, perfecto".

(Pitido)

Vamos a ver, estoy viendo aquí un corzo, en la zona del Llugón,

que no tiene mala pinta. -No te muevas,

que ahora te me llevo para allá a Quinín.

"No te muevas de ahí. No le delates,

que estamos ahí en una hora de tiempo.

Aguanta tranquilito".

De nuevo, el viento... y el cielo cargado de agua.

O se mueven rápido o perderán la última ocasión de cazar un corzo.

Vamos, vamos...

-Desde aquí tienes un buen tiro. -Mucho cuidado.

(RESPIRAN AGITADAMENTE)

¿Le tiro? -Sí.

(Disparo)

Cagüen... No me lo puedo creer, no me lo puedo creer.

(Disparo)

¡No me lo puedo creer! ¿Qué ha pasado con el primer tiro?

-Ya está. -¿Qué ha pasado con el primer tiro?

Dios santo... ¿Dónde se ha quedado el primer tiro?

-Bueno, ya está. -¿Me ha hecho sangrar?

-Sí. -Sí, un poquitín.

La alegría de los tres cazadores es imposible de disimular.

Tras tantos esfuerzos y horas de frío y agua, al fin,

obtienen la recompensa. ¿Qué tal?

-Bueno, aquí, de la tierra. -Es de la tierra, representativo...

-Sí. -Oye, enhorabuena, ¿eh?

-Cagüen... diez... -Tiene rosetilla,

pero tiene una rosetita ya bonita, ¿eh?

-De esta forma, eh. -Sí.

-Las seis puntitas marcadas. -Sí, perfecto.

-Mira, echando la borra. -Sí, sí...

-Mira, echando la borra. -Bueno, sí, bien.

-Me alegro, oye. -Muchísimas gracias...

-Muchísimas gracias a vosotros por este momento.

Gracias, de verdad, Quinín. Muchas gracias. Ya está.

Perfectamente. -Venga...

-La cosa más guapa del mundo. -No está nada mal.

-Ya está. -Bonito.

-Precioso el animal.

Todo esto forma parte de la caza.

Y lo que hace interesante los recechos es que ponen a prueba

los conocimientos y la destreza del cazador,

su resistencia física y su capacidad de esfuerzo.

Mientras tanto, la buena gestión del corzo

está haciendo que las poblaciones sigan creciendo,

lo que, sin duda, es una gran noticia.

(Canción en inglés)

Es tu instinto.

Es tu refugio.

Es tu futuro.

Es tu gente.

Es tu vida.

Es tu desafío.

"Jara y sedal", la revista de los cazadores.

(Música créditos)

  • Rececho en la tierra del agua

Jara y sedal - Rececho en la tierra del agua

02 feb 2018

Programa dedicado a la caza del corzo al sur de Cantabria. Un rececho en el que el agua y el viento obligan a los cazadores a agudizar el ingenio para localizar y cazar un corzo representativo.

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