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Para todos los públicos Jara y sedal - La llamada del otoño - ver ahora
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(Música cabecera)

(Música)

Al compás de esta banda sonora,

los montones revelan sus colores otoñales.

Las primeras lluvias y el descenso de las temperaturas

refrescan estas tierras de encinas y alcornoques.

Cada año, cuando los días comienzan a ser más cortos,

tras el equinoccio de otoño,

se desencadena uno de los espectáculos

más maravillosos de nuestra fauna.

Con el cambio de estación,

los venados lucen sus cornamentas,

y se hacen notar a los cuatro vientos con sus bramidos.

Resuenan vigorosos en diversas áreas de la península ibérica,

desde las llanuras, hasta las zonas de alta montaña.

(Música)

Llegados estos días otoñales,

los frutos están maduros y los pastos brotan verdes de la tierra

que tan árida fue durante los meses de verano.

Las reses se alimentan con las primeras luces del día,

cuando el sol aún no calienta.

Especialmente las hembras se concentran

en las zonas con mayor disponibilidad de frutos y pastos.

La vegetación de estos terrenos será su fuente de energía

para los meses venideros.

Deben conseguir estar fuertes y sanas

para afrontar la etapa reproductiva y los ocho meses de gestación

que les esperan.

La entrada en celo de "las pepas",

como se conoce comúnmente a las hembras,

desencadenará la berrea.

Los machos lucen orgullosos de grandes cuerdas

en un intento por cotejar cuantas hembras sea posible.

Ambos sexos conviven durante esta época del año.

Tras un verano al refugio de las altas temperaturas,

los machos acuden a las zonas donde se concentran las hembras,

llamados por su gran instinto reproductor.

En esta sierra cordobesa de Cardeña y Montoro,

Pedro recorre la dehesa acompañado de su hijo.

Siempre con cuidado de no revelar su presencia,

ambos son testigos de esta ceremonia de apareamiento

que les ofrece la naturaleza.

Mira dónde está la cierva.

Despacio, hijo.

Pégate aquí, que no nos vean.

Qué bonito el venado ese.

Vaya macho. ¿Has visto la cantidad de ciervas que tiene?

Míralo, míralo, míralo. Va a salir, va a salir, va a salir.

Míralo, míralo, míralo. Qué bonito.

¿Te has dado cuenta cómo no lo echa?

-Sí.

Ellos marcan su territorio y no quieren ningún tipo de competencia.

Mira, mira cómo saca la lengua. Qué bonito.

Reunirles es la tarea principal de los venados

en esta época del año

para encubrir el mayor número de hembras posible

para asegurar su descendencia.

Los venados más fuertes de estos montes marcan su propio territorio

y lo defienden ante los posibles intrusos.

Son los adultos de entre siete y nueve años

los encargados de la mayor parte de la actividad reproductora.

Aún así, los más jóvenes no pierden la esperanza

de participar en el cortejo.

Buscan su oportunidad,

esperando que el cansancio se haga con el macho dominante

y se produzca un momento de descuido.

Los berridos sirven para denotar su vigor frente a las hembras,

demostrando que son los mejores padres para sus crías.

Pero, sobre todo, los machos berrea amparada anunciar al enemigo

que ese terreno ya tiene dueño.

Blas, guarda de la finca en la sierra de Cardeña y Montoro

conoce a la perfección que la defensa del territorio

es parte importante de la berrea.

Los venados orinan, escodan y segregan hormonas

gracias a diferentes glándulas.

Mediante estas huellas visuales y olorosas,

advertirán al enemigo que no es bienvenido en la zona.

Rodeado de este admirable paisaje de la sierra de Cameros en La Rioja,

José Carlos observa cómo dos venados se retan por un grupo de hembras.

Al macho más débil no le quedará otro remedio

más que admitir la supremacía de su rival

y buscar otro territorio.

Concentrados en esta actividad sin descanso,

los machos se dejan ver más durante esta época del año.

La berrea es uno de los momentos clave para la caza mayor.

La berrea es fundamental para la gestión de un coto.

Por un lado,

porque gestionas las densidades de población

porque las reses se dejan ver.

Puedes contar el número de machos, hembras, planificar montería...

Y después porque es una forma de abatir los animales que no sirven,

e inclusive, de generar ingresos para el coto.

Hay a monteros que les gusta cazar en la berrea.

Es una caza selectiva. Se caza al que se debe.

A parte, que es preciso verlos berrear.

-La verdad es que sí.

-Date cuenta el venado viejo cómo defiende el territorio,

defiende su harén.

-Mira, mira, mira. Mira cómo echa al venado pequeño.

Bueno, vamos a seguir.

Me gustaría ver a un venado para ver si mañana lo podemos tirar con gas.

-Vale. -Vamos a ir por allá.

(Música)

El rececho requiere tener los sentidos alerta.

Durante las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde,

las reses entran en actividad

y los berridos inundan el monte sin descanso.

Este sonido tan característico puede ayudar

en la búsqueda de un buen ejemplar.

Incluso el más leve crujir de la hojarasca

y los pastos resecos que han dejado el verano

puede delatar la presencia de los cazadores.

A pesar de que los machos estén concentrados en el apareamiento,

no se debe bajar la guardia nunca.

Las hembras siguen siempre alerta de lo que sucede en su entorno,

y pueden echar a perder un largo día de esfuerzo.

Es imprescindible saber moverse en armonía con la naturaleza

para no incomodar al animal.

Tanto si es para fotografiarle o para darle caza.

La fotografía de la berrea,

una vez que tienes acceso o localizadas las zonas públicas,

en las que puedas tener acceso donde se encuentran los venados,

es muy parecido a un rececho de caza.

Lo más fácil aquí es guiarse por el sonido de macho berreando.

El viento también es fundamental.

Las reses enseguida lo primero que detectan

es tu olor corporal y además, a bastante distancia.

Si te vas acercando poquito a poco sin que se pongan nerviosos,

dejándote ver, incluso,

porque no todo el mundo está de acuerdo con eso.

Pero mi experiencia es que los ciervos se ponen

mucho más nerviosos cuando huelen a una persona y no la ven.

Pero si te ven a una cierta distancia que ellos no les supone peligro

y puedes tardar una hora, a lo mejor, para acercarte a 20 metros más.

Se puede llegar a una distancia buena para la fotografía.

Javier Milla, fotógrafo de naturaleza,

recorre cada otoño en el parque natural de la sierra de Andújar

con el fin de capturar imágenes de la berrea.

La caza y la fotografía en la naturaleza

tienen bastante en común hasta el fin último.

De hecho, coincidimos en muchísimas cosas en el monte.

Los medios son muy parecidos. El equipo es muy parecido.

Las formas de aproximación prácticamente son iguales.

Hay una diferencia y es que normalmente nosotros

nos tenemos que acercar más al objeto,

al objetivo, al animal que queremos fotografiar,

siempre hablando de fauna, no hablamos de paisajes.

Hablando de fauna, nosotros nos tenemos que aproximar más,

porque la única forma de conseguir una foto con calidad está muy cerca.

Muchas veces ganarle 5 metros a un animal

puede parecer una tontería,

pero cada animal tiene su distancia de seguridad

y cuando lo sobrepasas, es muy difícil mantenerse ahí

y que, sobre todo, el animal esté tranquilo, relajado,

que es cuando se le puede hacer una buena foto.

Al despuntar el sol,

Ramón y Lázaro comienzan sigilosos la jornada

en la Dehesa de Castelseras.

(Música)

Bueno, Ramón, ¿qué calibre has traído hoy?

-El 270.

Es un rifle muy bueno con un calibre muy bueno

para toda la fauna española. A ver si hay suerte.

-A ver si hay suerte esta mañana.

-A ver si tenemos suerte. -Vamos para adelante.

(Música)

Tenemos bien el aire.

-Sí, ya se escucha a algunos animales.

-Una cosa. Vamos a aguantar un poquito.

Que haya un poquito más de luz. -Sí.

-Si no vamos a espantarlos

y como se nos metan en el monte, no vamos a poder tirar, ¿eh?

-Sí, porque también es bastante temprano todavía.

Lo mejor es llegar con tiempo, pero muy despacio.

-Sí, sí.

>Buenos días, Blas. -Buenos días, Pedro.

-¿Me echas una mano? Venga.

Voy a cerrar aquí. Vámonos. ¿Qué tal se presenta el día?

-Bueno, vamos a ver, que están berreando.

-Bien. Vamos a ver...

-A ver si tenemos suerte, ¿no? -A ver si tenemos suerte.

(Música)

José Carlos y Hugo caminan por estas escarpadas montañas riojanas

con el objetivo de localizar un buen venado.

A ver, Hugo.

(Berridos)

Es una cierva.

(MURMULLAN)

A ver si se ve algún venado.

-Tiene que haberles, porque no están ya.

Están solas.

El macho siempre está cerca.

-Nos han visto. Están pendientes de nosotros, ¿eh?

Cómo está de alto el pasto, ¿eh?

Este año tienen comida a montón.

Ha sido un buen año. Buen año de comida para ellos.

-Mira, mira, mira.

Oye, Blas, ese venado solamente tiene un cuerno.

-Es defectuoso. -¿Es defectuoso?

Vale, vale. -Es de nacimiento.

Habría que sacarlo este año.

Vámonos, Blas. Qué bonito.

Tenemos un macho, lo que pasa es que parece pequeño.

Más que nada para que no se asuste. En las encinas.

Donde están las piedras. Justo en la esquina.

Ahí está.

-Se le echa porque yo creo que están los venados ahí abajo

y tienes que mirar...

(Pasos)

Vente paca.

-Se están acercando. Los perros. Mira el pájaro.

Están los venados berreando aquí abajo, a ver.

-Ahí se ve uno.

(Berridos)

-Lorenzo, despacio, despacio que los venados están muy cerca.

(Berrido)

-Vamos, ¿no?

-Sígueme. Tírale que no nos va a ver Chema, que está para irse.

Tírale cuanto antes.

(Berridos)

Con nada que se le vea le tiras, ¿eh?

-Que se va a tapar con la encina.

-Está detrás de la encina.

En el momento que salga le tiro.

Haber si se para, a ver si se para.

Ahora, ahora, ahora, voy a tirar ya.

(Pájaro)

(Tiro)

-Le he pegado, tío. Le ha entrado.

-¿Le has dado? Sí, señor. Vaya...

-Al menos le he dado. -Venga, ya está.

-Quieto, que nos está mirando.

Quieto, quieto.

(Berridos)

-Vamos a echar para adelante, Pedro.

(Pasos)

(Berridos)

A ver, sin que te vean llegar.

-Un poquito se ha girado.

-Vale, ahora va a salir.

-Vale, vale, vale.

Voy.

Voy, Pedro.

Voy a por él. ¡Lo tengo! -Pedro, no lo tenemos, se ha girado.

-Vale, pero no se girado. Pero lo tengo.

-Ahora vamos para adelante, ahora vamos para adelante.

(Berrido)

(Tiro)

-Enhorabuena, enhorabuena.

(RÍEN)

¿Qué tal?

Perdona, tío Murphy.

Ha costado, pero lo hemos conseguido.

-Ha costado, pero un tiro muy bonito, un tiro muy bonito.

-Ahí lo tienes. -Ya lo veo, ya lo veo.

-¿Lo ves? -Lo tengo, sí.

-Lo puedes disparar cuando quieras ya, ¿eh?

-Espera un poco que se mejore que está un poco cruzado.

(Gatillo)

(Tiro)

-Sí, ya le he visto. Ha pegado un salto, ¿eh?

-¿Lo sigues? -Enhorabuena, ¿eh?

-Gracias. -Por fin.

-Muy bueno. -Qué bueno, ¿eh?

Tú fíjate, tú fíjate qué venado.

-Precioso, fíjate, anchura y larguísimo.

El animal es grueso y largo, ¿eh?

Es precioso. -16 puntas, un poquito.

-16 puntas.

Como manda todo buen cazador hay que cobrar la pieza abatida.

En algunas ocasiones por muy duro que pueda resultar

es necesario hacer un pisteo.

(Música)

Ahí, mira. Vamos.

-Ya le ha cogido.

-¿Qué te ha parecido el tiro, Blas? -Muy bonito.

Sí, ha sido muy bonito.

-Ahí está. -Ahí está. Míralo.

-Enhorabuena, Pedro.

-Aquí. Aquí sí que había sangre. Por donde ha pasado el perro había.

El pisteo se alarga durante horas y muchas veces obliga a retroceder

sobre sus propios pasos.

(Música)

¡Ale con él!

¡Ale con él!

¡Juega con él, Tom! -Lo hemos conseguido.

-¡Juega con él, hombre! Ya lo tenemos, ya es nuestro.

-¡Ahí estamos! -Muchas gracias.

-Artista, que eres un fiera.

(Música)

(Berrido)

(Berrido)

(Música)

Es tu instinto.

Es tu refugio.

Es tu futuro.

Es tu gente.

Es tu vida.

Es tu desafío.

"Jara y Sedal", la revista de los cazadores.

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Jara y sedal - La llamada del otoño

24 feb 2017

En este capítulo de Jara y Sedal nos centramos en el apasionante mundo de la berrea. Recorreremos diferentes puntos de España para conocer sus peculiaridades y descubrir los aspectos más importantes de este espectáculo natural que todos los otoños se puede disfrutar en los montes españoles.

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