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Para todos los públicos Jara y sedal - Chivera baja - ver ahora
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Estamos en uno de los parques naturales

más importantes de la provincia de Córdoba.

Toma su nombre de dos ilustres localidades:

la de Montoro y la de Cardeña.

Y dentro de este maravilloso entorno encontramos la finca de Chivera baja

Viejos caminos atraviesan el parque natural.

Las 250 hectáreas que conforman Chivera baja,

están dentro de lo que los lugareños conocen como: camino de la onza,

el itinerario más directo entre Cardeña y Montoro.

Las extensas masas de pino piñonero que hay en la finca

provienen de repoblaciones que se hicieron

a principios de la década de los 80,

por un incendio que arrasó gran parte de esta valiosa sierra.

Jaras, retamas y grandes extensiones de encinas,

dan cobijo a innumerables especies de gran valor ecológico.

A mediados de septiembre,

los rigores del verano dejan paso a las primeras lluvias.

Es tiempo de berrea en Chivera baja

y los grandes machos se hacen oír por toda la sierra.

Es lógico pensar que los machos son los protagonistas de la berrea.

Ellos son los que ponen banda sonora al monte en otoño,

los que se enfrentan a otros machos para poder perpetuar la especie.

Lucen altivos y orgullosos sus imponentes cuernas,

a sabiendas de que las hembras están preparadas para concebir.

Las hembras parece que no prestan atención

a lo que ocurre a su alrededor.

La mayoría del tiempo lo pasan comiendo tranquilamente,

pero en realidad son las verdaderas responsables

de casi todo lo que pasa en el campo en esta época del año.

Las hembras ajustan su reloj biológico para que la berrea sea

entre septiembre y octubre,

así aseguran que al final de la gestación

y el principio de la lactancia,

coincide con los últimos días de la primavera,

cuando el campo ofrece abundancia de alimento.

Los ciervos no solo braman para mostrar su poderío.

Durante el período de celo marcan su territorio con la orina

y remueven la tierra.

Otra forma de hacerse notar es

frotando sus cuernas contra las cortezas de los árboles y arbustos.

Unas glándulas odoríferas que tienen en los lagrimales de los ojos,

esparcen su olor para que los posibles rivales

sepan de su existencia.

Por lo general, los machos que tienen entre los 5 y 9 años,

son los que más éxito reproductivo tienen.

Gran parte del tiempo lo dedican en mantener unidos su grupo de hembras,

lejos de posibles adversarios.

Los más jóvenes, como éste de la imagen,

buscan cualquier descuido del macho dominante

para buscar su oportunidad e intentar montar a las ciervas.

Pero todo esto, no es tarea fácil.

Los deseos del joven ciervo tendrán que esperar.

No ha conseguido burlar la vigilancia del gran macho

que inmediatamente reúne a sus hembras

y las pone lejos de otros dependientes.

Con la tarde cayendo sobre Chivera baja,

es hora de retirarse y preparar el rececho de mañana.

-Venga. Hace fresquito, ¿eh? -Está amaneciendo ya.

Vamos a pasar tú frío o yo calor. -Pues sí, algo de eso va a pasar.

Con las primeras luces, Hipólito y su hijo Alfonso,

inician el rececho de un selectivo de venado.

Vamos a dar la vuelta por aquí atrás.

Bajamos y luego subimos arriba.

Y despacio que no nos vean que hacemos mucho ruido.

El venado estaba ahí en el alto.

Vamos a dar la vuelta por aquí y subimos arriba,

desde allí podemos tirar. -Todo recto.

A estas horas de la mañana con la fresca,

la berrea está en su apogeo.

En su camino hacia una de las partes altas de la finca,

padre e hijo, no dejan de cruzarse con buenos ejemplares.

Durante esta época con los machos encelados,

las 24 horas del día,

es de las hembras de quien hay que tener cuidado

si se quiere tener éxito en el rececho.

Pero en la finca, no solo los venados campan a sus anchas.

-Es un muflón.

-Fíjate, buscamos ciervos y nos encontramos muflones.

-Vamos a dejarlo tranquilo y vamos a seguir.

Hace 14 años que Hipólito compró Chivera baja.

Desde entonces no ha vuelto a coger un rifle

y se dedica, en cuerpo y alma, a la gestión de la finca.

Los largos paseos que se da le permiten

conocer a las mil maravillas cada recoveco del terreno.

Y todos esos conocimientos se los pasa a Alfonso,

que ha heredado de su padre el amor por el campo y la caza.

Ambos tienen claro que hoy en día una buena gestión es crucial

para tener buenos ejemplares,

y que no se puede dejar nada,

absolutamente nada, a la improvisación.

Recuerdan los primeros años aquí,

cuando la finca tenía una densidad baja de ciervos.

Tanto esfuerzo y tenacidad está empezando a dar sus frutos.

En una de esas caminatas han visto un venado

al que le faltan la contraluchadera,

y hoy, van en su búsqueda.

-Estamos echando un buen día, ¿eh? -Sí.

-Reses estamos viendo... -Ya hay berrea, ya hay berrea.

-Mira, ahí está el que estaba berreando.

-El que berreaba, sí. -Ahí está.

Es un buen venado. Está ahí con su cierva ya.

Míralo va a berrear.

Va a berrear.

Mira, mira, mira...

-Tranquilo, que lo imitan en su territorio.

-Qué bonito.

Mira, ya se va. -Ya se va, sí.

Dejamos a nuestros dos amigos seguir su marcha

y disfrutar de esta bonita finca,

en el mismísimo corazón de Sierra Morena.

Nosotros, aprovechamos para bajar hasta Montoro

y empaparnos de la hospitalidad

de uno de los pueblos más bellos de Andalucía.

En un abrazo de enamorados, el Guadalquivir y Montoro,

forman uno de los meandros más espectaculares

de nuestra Península Ibérica.

La majestuosa torre de San Bartolomé,

destaca por encima de las casas blancas

que dan color a esta población de olivareros y agricultores,

de gente de bien y hospitalario trato.

En la Plaza de España,

la estatua de la segadora, vigila, un día sí y otro también,

todo lo que pasa en las calles montoreñas.

No hay que dejar pasar la oportunidad

de disfrutar del placer de los patios cordobeses.

Aquí, al igual que en toda la provincia,

el patio se ha convertido en el rincón favorito

donde dejar escapar la imaginación.

Pero Montoro sigue siendo fiel a sus tradiciones

y vecinos de toda la vida como Manuel,

se encargan de mantener vivos los viejos oficios de antaño.

Esta es la cuarta generación que con sus manos,

consiguen domar la piel en forma de zapato, bolsa,

o funda para la escopeta.

Cualquier cosa es posible con tal de hacer feliz a sus clientes.

Ya es hora de abandonar Montoro y volver hasta Chivera baja

en busca de Hipólito y Alfonso.

A sus 68 años, Hipólito baja hasta aquí

en cuanto tiene oportunidad y su trabajo se lo permite.

Cada vez más, disfruta de este fantástico entorno

que es el parque natural de la sierra de Cardeña y Montoro.

Amante, tanto de la mayor como de la menor,

su verdadera pasión siempre ha sido la montería.

Antaño, era la familia al completo

la que le acompañaba en sus viajes de caza.

Hoy, las tornas han cambiado y es él el que se une a su hijo

en jornadas como las de hoy.

Mira, allí hay un venado.

-Ese es bueno. -Sí, parece bueno.

Está berreando, ese no nos vale. -Vamos.

Las extensas masas de pino, fina y monte bajo,

dan cobijo en la actualidad a jabalíes, muflones y ciervos

que campan a sus anchas por estas 250 hectáreas de sierra cordobesa.

Alfonso e Hipólito están llegando hasta uno de sus lugares preferidos:

un alto desde donde es posible dominar gran parte de la finca.

Desde aquí, es imposible que algo pase desapercibido

a los ojos de cazador y acompañante.

Una pareja de muflones, ajenos a la presencia de nuestros dos amigos

cruzan un claro del monte.

Vamos a darle la vuelta a esto.

Si quieren llegar hasta el venado que tienen localizado,

van a tener que sudar la gota gorda;

el terreno cada vez es más exigente y abrupto,

lo que dificulta pasar desapercibido durante todo el rececho.

Agáchate, agáchate.

-Ahí está. -Yo creo que no ha visto.

Espérate, vamos a ver... si podemos verlo bien desde aquí.

A ver si es el que estamos buscando.

-Ese es el venado. La cuerna izquierda la tiene sin terminar.

Yo creo que es un defecto.

Es el que vimos ayer. Hay que entrarle por el otro lado.

-Vamos a bajar por ahí muy despacio porque está detrás de las hierbas,

pero está pendiente. -Vale.

-Desde aquí es imposible.

Vamos a bajar por aquí, entramos despacio...

-Y le entramos por abajo. -Nos está viendo ya.

Vamos muy despacio.

-Cuidado con las ramas.

El bicho está por aquí. -Ahí está, ya lo veo.

-Ponte aquí, que desde aquí no lo veo bien.

-Pero despacio, despacio. Agáchate, agáchate.

-Agáchate que ya nos ha visto.

-Tengo que ver que sea el que hemos visto esta mañana.

-Qué hay, ¿unos 200 metros? Está clavado.

-Sí 210, más o menos. 210, 220.

-Ya no has visto.

-Espera, espera, ya la tengo. -Calma.

No te pongas nervioso.

Oye, el venado está lejos, sigue estando lejos.

-Ya, pero... ¿a cuánto está, más o menos?

-Te lo digo exacto. 210 metros.

-Ha caído, pero vamos, como una pelota. ¡Enhorabuena!

-Vamos a por él. -Esto lo podemos dejar aquí.

-Sí, déjalo aquí. -En el ventisco...

-Lo recogemos a la vuelta.

Con la amenaza de las últimos luces del sol,

Alfonso e Hipólito deben darse prisa en llegar hasta el animal,

antes de que se eche la noche.

El terreno no les va a ayudar absolutamente nada.

Esta es una de las partes más quebradas de toda esta serranía.

-Llevamos media hora subiendo, eh.

Vamos a llegar de noche. -Vamos a llegar tarde, pero...

-A medias luces, pero bueno.

Cógete las chaparreras aquellas que se ve el tronco más negro

del chaparro aquel... -Sí.

Entonces bajamos por aquí subimos por el canalizo aquel

y vamos a coger de referencia los chaparros aquellos. -Correcto.

-Vamos que se nos hace de noche. -Vamos.

Siempre tirando hacia arriba,

los constantes cambios de terreno y de vegetación,

dificultan la subida con cada paso que dan.

Todo ello añadido a la dura jornada

que ya llevan acumulada en sus piernas.

-No debe quedar mucho. -Estaba por aquí.

-Aquí está. Aquí está. -Hombre, ahí está el bicho.

Buen tiro, eh, buen tiro.

-Oye tío, enhorabuena. Oye, ha sido un tirazcazo.

-Lo que me ha costado, macho. -Madre mía.

-Buen bicho. Está bien matado.

Ha llegado a su momento. -Le falta la contra, el candil,

arriba no remata y... -Bueno, lo sacaremos por aquí arriba.

-Sí, lo mejor es... -Ir por la pica.

Todavía les queda un rato a Hipólito y Alfonso

para dar por terminada la jornada.

Nosotros, dejamos estas tierras cordobesas

después de haber sido testigos de la dureza y la belleza de esta sierra.

Es tu instinto.

Es, tu refugio.

Es, tu futuro.

Es, tu gente.

Es, tu vida.

Es, tu desafío.

Jara y sedal, la revista de los cazadores.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

  • Chivera baja

Jara y sedal - Chivera baja

10 nov 2017

La berrea del ciervo es la mejor época para ver los grandes machos. En este programa se hace un rececho en chivera baja, una finca dentro del parque natural de Cardeña y Montoro, de la mano de Hipólito y su hijo haremos un rececho a un venado.

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