'Ingeniería romana' es una serie documental sobre las prodigiosas obras que se construyeron en las ciudades del Imperio romano. El acueducto de Nimes, el teatro de Cartagena o los magníficos monumentos de Roma son algunas de las infraestructuras que permiten comprender los desafíos a los que se enfrentaron los ingenieros romanos.

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Para todos los públicos Ingeniería romana - Las ciudades II. Las semillas del Imperio - ver ahora
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Roma triunfa y el imperio se expande.

Las ciudades progresan y crecen.

La romanización se impone.

Las ciudades conquistadas son transformadas y ampliadas

y, cientos de nuevas ciudades son construidas.

La suma del conocimiento, la ingeniería puesta

al servicio del pueblo y el afán por imitar a la Ciudad Eterna,

hace que muchas de estas ciudades...

lleven el progreso y el bienestar de sus ciudadanos

a un nivel jamás alcanzado por ninguna otra civilización.

En la primera parte de “Ingeniería romana, ciudades”

vimos los condicionantes que determinaban

dónde y cómo los romanos fundaban sus ciudades.

Describimos cual era el modelo ideal de ciudad romana

y como algunas ciudades se adaptaban a este modelo

y otras se apartaban enormemente de él.

También conocimos cuáles eran sus principales

construcciones y edificaciones.

En este nuevo episodio... vamos a tratar importantes facetas

de la ingeniería romana que fueron aplicadas a las ciudades

y que nos quedaron por ver.

Y lo haremos nuevamente, interpretando los restos

que de algunas ciudades, han logrado perdurar hasta nuestros días.

Vamos a comenzar nuestro viaje...

por uno de los lugares más alejados, modestos y desconocidos del imperio;

Los Bañales.

Un lugar situado muy cerca de la localidad de Sádaba,

al norte de la península ibérica.

Dado que el clima en este lugar no es benigno

y no hay grandes recursos mineros o agrícolas,

seguramente su existencia y progreso se debió a que fue punto de tránsito

en la vía romana que comunicaba Caesaraugusta

con la región francesa del Bearn.

Aquí, a unos 100 kilómetros al noroeste

de la gran ciudad romana de Caesaraugusta,

existía una pequeña y discreta ciudad romana,

cuyo nombre no ha trascendido.

Desconocemos prácticamente todo de ella.

En una colina cercana hay vestigios de un poblado indígena preromano.

Pero en este caso los romanos, cuando ocuparon este lugar,

ignoraron esta ubicación y se establecieron junto a ella.

Bajo estos campos se encuentran completamente cubiertos

los restos de la ciudad; esperando a ser excavados y estudiados.

Pero las excavaciones ya han comenzado...

sacando a la luz esta pequeña ciudad.

Sin embargo, de esta ciudad,

perduró, misteriosamente y, sin cubrir,

algo relevante... y en un estado de conservación

relativamente bueno.

Se trata de un edificio notable, conocido como lugar de baño

por la erudición de los siglos pasados,

que ha dado el nombre de “los Bañales”

a este interesante yacimiento.

Los romanos adoraban el bienestar y la higiene

y, todas las ciudades, incluso las más pequeñas,

tenían baños públicos. Baños dotados de agua caliente.

El usuario de los baños... entraba en el establecimiento

por este recibidor.

Y en este lugar... encontraba la taquilla

o lugar de cobro de la tarifa del baño.

Luego se accedía al vestuario o “apodyterium”.

En estas hornacinas... se dejaban los efectos personales.

Desde aquí... se accedía a una sala de temperatura templada,

llamada “tepidarium”.

Aquí en el “tepidarium” podían hacerse algunos ejercicios,

darse masajes o ungüentos varios.

Esta sala estaba calefactada.

Para ello, el suelo... estaba elevado sobre pilarcetes

que dejaban pasar el aire caliente.

Esta técnica recibía el nombre de “hipocaustum”.

También contaban con las paredes recubiertas de piezas de cerámica

llamadas “tegula mammata”,

que formaban una cámara por donde pasaba el aire caliente.

A la derecha de esta sala se encontraba el “caldarium”.

Esta habitación... también estaba calefactada

y, disponía de una pequeña piscina de agua caliente.

Junto a esta estancia, había una habitación

que servía como sauna llamada “sudatio”.

Su ubicación no es caprichosa.

Responde a que es la más cercana al lugar de la fuente de calor.

Por lo tanto, aquí cerca, debía encontrarse la caldera.

La caldera solía estar formada por tres cuerpos cilíndricos

por los que circulaba el agua.

El agua fría entraba por la parte alta

al depósito superior.

Desde allí pasaba al siguiente, al que le llegaba bastante calor

y mantenía el agua templada.

Abajo del todo estaba el que directamente

contactaba con el fuego alimentado por los operarios.

Esta agua caliente era la destinada al caldarium.

Además, el mismo fuego calentaba el hipocaustum

y las cámaras verticales de las paredes.

El calor atravesaba los espacios bajo el suelo y las paredes,

dando calor a las estancias.

En el lado opuesto, a la izquierda de la sala templada

o “tepidairum”, estaba el lugar de los baños fríos

o “frigidarium”.

Esta estancia no estaba calefactada

y, la piscina era de mayores dimensiones.

Aún quedaba en el exterior otra estancia de uso público

a la que podía accederse de forma independiente:

las letrinas.

Las letrinas son los retretes romanos.

Nos sorprenden lo arcaico de su diseño y la falta de intimidad

en comparación con nuestros retretes modernos;

sin embargo, representaron uno de los avances sanitarios

más notables del mundo clásico. Los excrementos humanos

son fuente de enfermedades y epidemias.

Algo bien sabido por los romanos. Así que era fundamental

desalojar las excreciones fuera de la ciudad,

rápida y eficazmente. Bajo estas letrinas,

circulaba un gran caudal de agua que arrastraba los excrementos.

Las termas romanas...

eran de los servicios fundamentales para el ocio del pueblo.

Era un equipamiento imprescindible para toda ciudad,

dimensionado al tamaño de esta.

Si las termas de Los Bañales pertenecían a una ciudad

pequeña y modesta, ¿cómo serían las termas

de las ciudades más grandes e importantes?

Para comprobarlo viajaremos hasta Itálica,

en el sur de la península ibérica.

Año 206 antes de Cristo.

Publio Cornelio Escipión sigue acosando

al ejército cartaginés en Hispania.

Para ello, se lanza a conquistar sus últimos reductos

en el valle del Betis.

La gran batalla final va a tener lugar.

La batalla de Ilipa.

El comandante cartaginés, Asdrúbal Giscón,

dirige un ejército superior en número

al ejército romano.

Pero la estrategia de Publio Cornelio Escipión

se impone.

El ejército romano vence contundentemente.

Los cartagineses se retiran de Hispania

y, Escipión regresa a Roma como un héroe.

Antes de partir,

Escipión ordena la construcción de una ciudad

para sus soldados heridos y para los veteranos de guerra.

Una ciudad que se llamará Itálica.

Itálica se encuentra en el municipio de Santiponce,

cerca de la bella e importante ciudad española de Sevilla.

Sus restos han permanecido aquí,

abandonados desde la época musulmana hasta hace bien poco.

En todo este tiempo han sido objeto de visita,

admiración y, sobretodo expolio.

En el siglo XVIII, incluso se procedió

a demoliciones y voladuras para extraer materiales

y aprovecharlos en caminos, diques y otras construcciones.

Afortunadamente, hoy es un bien protegido y muy apreciado.

Itálica fue fundada sobre un lugar despejado

y, es fundación de nueva planta y, por lo tanto,

de diseño hipodámico. Es decir,

pudo seguir el modelo ideal de la ciudad romana.

Su extensión alcanzó unas 52 hectáreas.

Su anfiteatro, situado fuera de las murallas,

era uno de los más grandes del imperio.

Con tres niveles de graderío,

tenía una capacidad para unos 25.000 espectadores.

El teatro, más modesto,

permitía un aforo de unos 3000 espectadores.

Itálica tenía al menos, dos complejos termales

de carácter público. Estos restos que vemos aquí

corresponden a uno de ellos, las llamadas “termas mayores”.

A las termas se llegaba por esta calle, el decumanus;

una de las calles principales de la ciudad.

Se entraba al edificio por unas escalinatas

que daban acceso al vestíbulo principal.

El vestíbulo daba a una piscina con forma de T;

y también a las demás habitaciones de baño;

entre ellas el caldarium, tepidarium y frigidarium.

El edificio albergaba además habitaciones de servicios,

sala de masajes, sauna,

vestuarios, e incluso una biblioteca.

Contiguo a esta zona de las termas se encontraba la palestra,

unas instalaciones habituales en termas de cierto tamaño.

De planta rectangular, consistía en un patio porticado.

La palestra era un espacio donde el ciudadano romano

podía practicar lucha o bien realizar

diferentes ejercicios físicos e incluso actividades ecuestres.

Las estancias adyacentes al porticado

daban logística a estas actividades, albergando vestuarios,

almacenes o salas de masaje.

La palestra de Itálica ocupaba otras dos manzanas completas,

sumando otros 16.000 m2.

La superficie total, pues, de las termas mayores de Itálica

era de cuatro manzanas de la ciudad;

unos 32.000 m2.

Los baños públicos, y su presencia incluso en ciudades más pequeñas,

son un buen ejemplo de la importancia que los romanos

daban a la higiene. Pero no solo a la higiene,

sino también al bienestar. Uno de los valores más apreciados

en la Antigua Roma.

Esta búsqueda del bienestar romano se manifiesta con toda su fuerza

en el diseño de las zonas residenciales de las ciudades

y en las propias casas de sus ciudadanos.

Viajemos ahora al yacimiento arqueológico de Ampurias,

en el noreste de la península ibérica.

Año 218 antes de Cristo.

En su estrategia de lucha contra Cartago,

Roma decide desembarcar en Hispania.

El lugar escogido es Emporion,

una ciudad griega aliada

situada en la costa noreste de la península ibérica.

Los griegos de Emporion se veían amenazados por los cartagineses

y, habían pedido ayuda a Roma.

Los romanos deciden levantar al lado de Emporion

un campamento estable del ejército,

que durante mucho tiempo convivirá con la ciudad griega.

Con el transcurso de los años...

ese campamento se convirtió en una nueva ciudad.

Una ciudad que se llamó Emporiae.

Hoy, el legado de Emporion,

es el rico yacimiento arqueológico de Ampurias,

en el noreste de Cataluña.

Venir a Ampurias es apasionante,

ya que podemos visitar las dos ciudades: la griega

y la romana.

Fue una ciudad de nueva planta, construida en un sitio despejado,

al lado de la ciudad griega que ya existía.

Pudo así planificarse una estructura ideal de ciudad romana.

Es decir, de planta hipodámica.

Este es el foro de Ampurias. Ocupa unos 10.000 m2.

En él, los gestores del yacimiento

han realizado una reconstrucción parcial

que permite al visitante hacerse una idea

del tamaño y elegancia que esta plaza debió tener.

A pesar de ser una ciudad pequeña, esta plaza sobrecoge.

Un buen indicativo de la importancia que los romanos daban

a las zonas públicas de sus ciudades.

Aquí, cerca del foro, estaban las termas públicas.

Ocupaban unos 2450 metros cuadrados.

Son mucho más grandes que las termas de Los Bañales,

pero bastante más pequeñas que las termas mayores de Itálica.

En el noreste del yacimiento, en el lado mejor orientado,

encontramos estos restos.

Corresponden con una de las casas más importantes de la ciudad;

una domus romana.

Se accedía a ella, desde la calle,

a través de este pasillo.

Las domus... estaban articuladas en torno a un patio central

como este, llamado atrio.

Al rededor del atrio había diversas estancias.

Muchas de estas estancias se pavimentaban con bellos

y trabajados mosaicos.

Los mosaicos se realizaban

con pequeñas piezas de piedra de colores llamadas teselas.

Combinándolas, se obtenían bellos dibujos

y diseños.

En esta domus tenemos magníficos ejemplos de mosaicos.

Aquí, las paredes...

nos delatan que estaban enfoscadas con cal... y pintadas.

Las pinturas decoraban las paredes,

representando motivos naturales, escenas de caza,

y otros elementos representativos de la vida,

costumbres y creencias romanas.

Las estancias que rodeaban el atrio

estaban dedicadas a la recepción de convidados, comedores

y dormitorios.

Esta casa disponía de zonas y estancias anexas,

como cocinas, lugares de limpieza, talleres y almacenes,

donde los sirvientes desarrollaban sus labores.

También disponía además de un lugar rodeado de un pórtico de columnas

llamado peristilo.

Se trataba de un jardín particular con estanques y fuentes.

Con toda probabilidad los propietarios de esta domus

debieron de mantener libre el espacio ocupado por esos árboles

con el fin de disponer de vistas al mar.

Unas vistas maravillosas.

Las grandes y lujosas domus eran habituales

en las ciudades romanas de cierto tamaño;

pero la mayor parte de las domus que componían estas ciudades

eran más pequeñas y modestas.

Hacia el centro del yacimiento, podemos apreciar...

una calle que ha sido excavada... y que nos ayuda a imaginarnos

cómo era una típica y modesta calle romana.

Interpretemos los restos.

A cada lado, podemos ver claramente la base de unas paredes.

Corresponden a construcciones que se levantaban

a lo largo de toda la calle.

Llaman la atención... numerosos canales

de distintos tamaños que provienen de las edificaciones.

Si nos fijamos,

vemos que descienden hacia ese canal central.

Estos canales desaguaban las aguas residuales

de las edificaciones laterales.

El agua se recogía en el canal central, la cloaca,

que era el principal del alcantarillado de la calle.

Este elemento de aquí...

es un sumidero destinado a recoger el agua de lluvia

que caía de los tejados y de la propia calle.

Estos sumideros estaban repartidos regularmente por toda la calle

y, desaguaban también en la cloaca.

Todos los canales estaban cubiertos.

El central con grandes losas de piedra.

Sobre ellos, se encontraba el enlosado de la calle

y a ambos lados, un bordillo.

Las edificaciones de este tipo de calles

solían albergar locales comerciales en la planta baja

y viviendas en las plantas superiores.

La cloaca central de la calle,

tras recoger el agua del resto de canales menores,

se unía a otras, para formar una completa red de alcantarillado

que extraía las aguas residuales de la ciudad desaguándolas;

en este caso, en el mar.

Ampurias era una ciudad pequeña,

pero ya tenía un buen sistema de alcantarillado.

Esto era habitual incluso en las ciudades más pequeñas.

Las terribles epidemias de peste que asolaron occidente

durante los muchos siglos de la Edad Media,

pudieron evitarse así en la civilización romana.

Para poder comprender cómo funcionaban

los sistemas de alcantarillado en ciudades más grandes y complejas,

viajaremos hasta Caesaraugusta,

la actual ciudad española de Zaragoza.

Año 27 antes de Cristo.

Roma está a punto de culminar la conquista total

de la península ibérica.

Solo queda un pequeño territorio del noroeste peninsular.

Pero el noroeste peninsular es montañoso, abrupto y hostil.

En él, las legiones romanas no pueden imponer

su estrategia de combate de campo abierto.

Los soldados se ven obligados a penetrar en los espesos bosques.

Allí, cántabros y astures

practican una estrategia de guerra de guerrillas.

Los soldados romanos sufren terribles emboscadas

y continuas derrotas.

Los continuos fracasos impacientan al emperador Augusto,

quien decide desplegar por tierra y por mar

una descomunal fuerza militar.

Los pueblos del norte son definitivamente aplastados.

Caesar Augusto, reorganiza las provincias de Hispania

y manda construir una nueva e importante ciudad

para sus veteranos de guerra.

Una ciudad que recibirá su propio nombre,

Caesaraugusta.

Caesaraugusta no fue capital de provincia,

pero fue una ciudad muy importante.

Al igual que Tarraco,

el emplazamiento estratégico escogido para Caesaraugusta

era muy ventajoso y, tras la desaparición del imperio,

una ciudad perduró en el mismo lugar a lo largo de los siglos.

Hoy en día, esa ciudad es

la actual ciudad española de Zaragoza.

Aquí, en el centro de Zaragoza,

encontramos esta moderna y espaciosa plaza.

En ella se encuentra la famosa basílica de Nuestra Señora del Pilar

Al igual que esta enorme plaza está en el corazón de la ciudad

y es uno de los centros populares más concurridos de Zaragoza,

el equivalente a este lugar en Caesaraugusta era el foro romano.

Así que si la actual Zaragoza está sobre la antigua ciudad,

en estos momentos... nos encontramos...

sobre el foro romano de la antigua Caesaraugusta.

Los restos del foro de Caesaraugusta fueron localizados

en unas excavaciones que tuvieron lugar en 1988.

Estamos bajo las calles y edificios de la actual Zaragoza,

pero también por debajo del nivel del suelo del foro.

Justo aquí arriba... se encontraba la curia,

donde se reunían ciudadanos de elevado rango

que dirigían y administraban la ciudad.

Como estamos por debajo del nivel del suelo del foro,

tenemos una magnífica oportunidad para comprender las infraestructuras

que bajo él se encontraban.

Esos grandes bloques de hormigón...

son las cimentaciones de las columnas

de los pórticos del foro.

También encontramos algunas de las tuberías de plomo

pertenecientes al sistema de distribución de agua

para las fuentes y para algunos locales comerciales.

Y este es un punto extraordinario para comprender

cómo funcionaba el alcantarillado de la ciudad.

Podemos observar una cloaca superior de cierto tamaño

que debía de pertenecer a la red de alcantarillado del foro.

Y vemos aquí abajo otra mucho mayor,

que pertenecería seguramente

a la red de alcantarillado de la ciudad.

La de arriba, de menor tamaño, aprovecha la intersección

para desaguar, en esta de abajo, que es mucho mayor.

Y esta era la regla del sistema del alcantarillado de la ciudad.

Toda el agua se conducía por gravedad;

de cloaca a cloaca;

acumulando los caudales en otras mayores.

Los restos que hemos visto se encuentran justo aquí abajo.

Son restos protegidos para su estudio,

no accesibles al ciudadano.

Se trata de los restos del lado sureste...

del foro de Caesaragusta. Los restos del lado oeste...

se pusieron en valor mediante la construcción

de un museo subterráneo. Un museo moderno y atractivo

de visita obligada.

Este gran colector, conservado y visitable

en el Museo del Foro de Caesaraugusta,

recogía las aguas de toda la zona del foro y de las termas cercanas.

Tiene casi tres metros de altura y más de dos metros de ancho,

lo que nos da una idea... del enorme caudal de agua

que antaño debió conducir.

Está construido todo él de hormigón romano

y, en algunas paredes se conserva todavía, perfectamente,

la huella del encofrado que sirvió para construirlo.

Nuestra imagen de Caesaraugusta es ahora, más completa;

y podemos valorar mucho mejor

los esfuerzos constructivos y de ingeniería

que esconden las ciudades romanas.

Como hemos visto, una compleja red de tuberías

se encargaba de distribuir el agua de manantial por toda la ciudad.

Estas redes de distribución apenas se han conservado.

Las partes metálicas,

especialmente por el espolio sufrido tras la desaparición del imperio.

Las partes cerámicas, por su fragilidad

y algunas que eran de madera,

por la propia naturaleza del material.

Afortunadamente, aunque muy dispersos,

han perdurado piezas y restos suficientes

para hacernos una idea, muy aproximada,

de cómo debieron ser las redes de distribución.

En el Museo de Conimbriga, en Portugal, hay una interesante

variedad de tuberías, empalmes y codos de cerámica y de plomo.

Las tuberías cerámicas eran muy frecuentes.

Conservada en el Museo de Arlés hay un ánfora de cerámica

que, claramente, fue empleada para hacer un codo de 90 grados;

y se han encontrado también contrarrestos

para evitar que la presión del agua desenchufara los codos.

En el Museo Británico, en Londres,

tenemos un espectacular ejemplo de tuberías de arcilla

empalmadas con plomo.

Se sabe que muchas ciudades tenían tuberías de madera de varias formas,

aunque solo algunas, excepcionalmente,

se han podido conservar; como algunos ejemplares

del Museo de Burdeos. La excelente colección

Ròmul Gavarróç y otras repartidas en muchos museos,

conservan impresionantes ejemplos de válvulas de paso,

destinadas a regular o cortar el caudal.

Destacan también una gran variedad de caños de fuentes,

de piscinas y de baños públicos;

y también de grifos, especialmente empleados en las casas

La belleza y refinamiento que muestran estas piezas

maravillan a entendidos y profanos.

Ahora podemos entender, aún mejor,

el bienestar y lujo de las casas romanas,

imaginando cómo estos elegantes caños adornaban las piscinas

y las fuentes, o cómo los grifos

permitían disponer de agua a voluntad,

tal y como ocurre hoy en día en las casas modernas.

Extraordinario ejemplo de esta afirmación

es el calderín calentador que se expone

en el Museo de Arlés Antiguo.

La demostración de que ciertas casas romanas disponían incluso

de suministro de agua caliente.

Pero la distribución del agua y los sistemas de alcantarillado,

no son las únicas infraestructuras de ingeniería

que se esconden bajo una ciudad romana.

Acondicionar el terreno para poder construir sobre él

podía requerir mucho ingenio y esfuerzo.

Viajaremos hasta la actual capital de Portugal, Lisboa,

la antigua Olissipo, para realizar una visita sorprendente.

Lisboa es una ciudad bella y moderna

situada en un emplazamiento muy privilegiado.

Un lugar donde la desembocadura del río Tajo

forma un espectacular estuario que ofrece

un magnifico puerto natural.

Los pueblos celtas fundaron aquí una ciudad

que más tarde atrajo a los fenicios,

los grandes mercaderes de la antigüedad.

La ciudad se alió con Roma cuando el imperio

comenzó a conquistar el oeste de la península ibérica,

por lo que sus habitantes recibieron la ciudadanía romana

y Olissipo obtuvo una gran autonomía como municipio romano.

Tras los romanos, Lisboa tuvo una historia muy intensa.

Árabes y vikingos, musulmanes y cristianos,

conquistaron, saquearon, construyeron

o reconstruyeron la ciudad, borrando la huella de la Olissipo romana

y dejando escasos restos de lo que debió de ser

aquella gran ciudad.

Lisboa tiene un día muy triste en su historia.

El 1 de noviembre de 1755,

día de Todos los Santos, por la mañana, a la hora de misa,

un terrible terremoto sacudió toda la ciudad;

y prácticamente, todos los edificios de Lisboa

se vinieron abajo.

Esta... era la mayor iglesia gótica de la ciudad

y, es uno... de los principales recuerdos

de aquel terrible día, ya que no fue reconstruida.

Hoy en día, estas ruinas permanecen aquí para su visita

en el Museo Arqueológico do Carmo,

como testimonio de aquel terrible día.

Lisboa quedó destruida prácticamente en su totalidad

y, ningún edificio quedó en pie.

Durante los trabajos de reconstrucción de la ciudad

se encontró una estructura desconocida y misteriosa

que había logrado sobrevivir a la catástrofe.

Esa estructura... todavía existe y se encuentra aquí,

debajo de las actuales calles y edificios de la actual Lisboa.

Cuando los lisboetas descendieron aquí,

descubrieron unas galerías formadas por unas estructuras de bóvedas.

Sorprendentemente, estas galerías habían resistido el terremoto.

Ellos no sabían... cuándo ni por qué habían sido construidas,

pero se dieron cuenta de que, sin que nadie lo supiera,

habían estado sosteniendo gran parte de las construcciones de la ciudad.

Ahora sabemos que estas galerías tienen 2000 años.

Fueron diseñadas... por los ingenieros romanos

cuando construyeron Olissipo.

Estamos muy cerca del rio Tajo,

y aquí, el nivel freático, el nivel del agua,

cambia constantemente. De hecho,...

normalmente, estas galerías están inundadas.

Los romanos decidieron que, con el objetivo

de evitar inundaciones,... la base del foro

estuviera por encima de las variaciones

del nivel freático del rio Tajo.

Para lograrlo, era necesario construir una estructura

que permitiera levantar el nivel del foro.

La solución que adoptaron fue el diseño y construcción

de un gran recinto de bóvedas.

Pero esta obra no era fácil de diseñar ni ejecutar;

debido a la saturación del suelo, el terreno es muy blando

e inconsistente en este lugar.

Los ingenieros romanos sabían

que las cimentaciones de las construcciones,

sometidas a un peso enorme, se hundirían.

Para resolverlo, esperaron al momento

en que el nivel freático fuera mínimo.

Hicieron una gran excavación

y, construyeron una enorme losa de hormigón.

Sobre la losa, pudieron entonces levantar

la gran estructura abovedada;

y sobre ella, las edificaciones.

De esta forma, el conjunto flota sobre los blandos terrenos

como un barco sobre el agua.

Estas estructuras abovedadas,

para construir sobre ellas en terrenos blandos o poco adecuados

reciben el nombre de criptopórticos.

Ocultos y desconocidos, los criptopórticos de Lisboa,

o mejor dicho, los criptopórticos de Olissipo,

merecen toda nuestra admiración.

Para nuestro asombro y fascinación,

no solo resistieron el terrible terremoto de 1755,

sino también el gran terremoto de 1531.

Dos de los terremotos más violentos conocidos por el ser humano.

Tras 2000 años de historia, hoy en día,

estas estructuras, todavía cumplen perfectamente su misión,

soportando parte de la Lisboa actual.

Los criptopórticos fueron empleados a menudo por los romanos

para adecuar el terreno sobre el que deseaban edificar.

El hecho de que fueran unas construcciónes subterráneas

o semisubterráneas y que el material empleado fuera el hormigón,

facilitó mucho su supervivencia en el tiempo;

pero también facilitó mucho su supervivencia la eficacia

y la utilidad que siguieron ofreciendo,

ya que supusieron unas cimentaciones extraordinarias

sobre las que construir. Por ello, no es difícil encontrar

ciudades medievales y modernas

sostenidas por criptopórticos romanos.

Encontramos un excelente ejemplo en Coimbra,

a tan solo 200 kilómetros de Lisboa.

Coimbra es una universitaria y acogedora ciudad

situada a orillas del rio Mondego.

Actualmente, sus monumentos y su relevante legado histórico,

son un importante atractivo turístico.

El centro de la ciudad ha sido construido en esa colina,

la misma colina que fue escogida para situar la ciudad romana

de Aeminium. Por lo tanto,... allí arriba...

fue situado el foro de la ciudad.

Para poder resolver la pendiente de la colina

y poder construir un foro amplio y plano,

los técnicos romanos planificaron un gran criptopórtico

destinado a sujetar la enorme construcción.

Aeminium desapareció y en su lugar se construyeron otras ciudades,

pero todas conservaron y aprovecharon el criptopórtico

para sostener sus construcciones.

La Coimbra actual utiliza el criptopórtico

para sostener gran parte del Museo Nacional Machado de Castro

Estos criptopórticos son de los mejor conservados del imperio

Gracias a que han sido integrados en el museo,

actualmente, constituyen un gran reclamo turístico.

Estos espacios estaban disponibles para su uso

y, probablemente eran aprovechados;

pero no para usos importantes, ya que aquí la humedad es alta

y la luz escasa.

Estos criptopórticos están basados

en bóvedas construidas en hormigón romano.

La resistencia y capacidad portante de estas estructuras es enorme,

ya que antaño tenían que soportar todo el peso del foro de Aeminium

y, hoy en día soportan buena parte del museo.

Los criptopórticos fueron utilizados por los ingenieros romanos

continuamente y de forma habitual,

para acondicionar el terreno y poder levantar edificaciones

encima de ellos. Pero no fue la única solución.

Para nuestra sorpresa, unas excavaciones en Caesaraugusta

han puesto al descubierto un manto de ánforas en el subsuelo,

colocadas ordenadamente y bocabajo.

Se clavaron en un terreno blando,

sobre el que luego se terraplenó con sucesivas capas de gravas,

ofreciendo así una plataforma estable.

Sobre ella se construyó parte de la ciudad.

Y en Arlés, en el sureste de Francia,

se han descubierto multitud de pilotes clavados en el suelo,

realizados con troncos de roble y pino.

Las investigaciones han arrojado que fueron empleados

muchos miles de ellos para sostener al circo de Arles.

Después de clavarse en el terreno se vaciaba parte de él

rellenando el espacio vacío con opus caementicium.

De esta manera, hormigón y pilotes quedaban unidos

en una misma estructura de cimentación.

La construcción medía 450 metros de largo y 101 de ancho,

y podía alojar a unos 20.000 espectadores.

La cimentación de pilotes

impedía que el edificio se hundiera en los terrenos pantanosos.

Para desarrollar nuestras explicaciones didácticas

sobre la ingeniería que encierran las ciudades romanas,

nos hemos centrado especialmente en ciudades de la península ibérica.

Lo hemos hecho buscando a veces

lugares discretos y desconocidos, pero desde luego,

dignos de ser valorados y mostrados al mundo.

Pero... cientos de grandes ciudades

de las que se conservan impresionantes vestigios,

han quedado fuera de nuestros episodios dedicados

a las ciudades romanas.

Algunas de ellas en la propia península ibérica,

pero otras muchas fuera de ella.

En la antigua provincia Narbonensis

hay espectaculares restos de importantes ciudades.

Narbo, Arelate, Nemausus y Arausio

recibieron el nombre de “la pequeña Roma”

por su grandeza y esplendor.

En la misma Francia existen ruinas de otras muchas ciudades

como Augustodunum, actual Autun;

y Durocortorum, hoy conocida como Reims.

En Britania, la actual Gran Bretaña,

hay excelentes restos de grandes ciudades como Londinium,

que dio nombre a Londres; Aquae Sulis,

hoy la moderna ciudad de Bath; o Ratae, actual Leicester.

Muchas más se extendieron por todo el centro de Europa,

como Augusta Treverorum, la actual ciudad alemana de Trier.

O fuertes militares como el que hoy conocemos como Saalburg,

que además de puestos de vigilancia de la frontera germánica

también sirvieron como ciudades.

Más al sur, en la actual Croacia y antigua región de Iliria,

encontramos restos de otras importantes ciudades

como Pula y Salonae.

En la actual Albania están, entre otras,

las ruinas de Apollonia.

En la zona oriental y helenística del imperio,

tenemos un espectáculo soberbio de ciudades,

la mayor parte de ellas sorprendentemente bien conservadas.

En Atenas, las ruinas del templo de Zeus Olímpico,

que fue, en su momento, el mayor de toda Grecia.

En la actual Turquía: Éfesos,

con su majestuosa biblioteca;

Sagalassos, con un monumental ninfeo;

o Aspendos, con uno de los teatros mejor conservados del imperio.

El espectáculo continúa por el sur.

En el Líbano la gran Heliópolis, actual Baalbek,

con sus construcciones ciclópeas, colosales e inconcebibles.

Y cerca, la gran Gadara;

Pella, Gerasa,

o la mítica Petra; todas en la actual Jordania.

Al oeste encontramos a Cyrene,

Leptis Magna, o la maravillosa Sabratha, en Libia.

La antigua Thysdrus con su sobrecogedor anfiteatro;

o la gran Carthago; ambas en Túnez.

La magnífica Thamugadi en Argelia;

y en Marruecos la sorprendente Volubilis.

Y como no, las numerosas ciudades de la actual Italia,

como Caralis, en Cerdeña;

la famosa Siracusa en Sicilia;

la bella Verona,

o la extraordinaria Pompeya.

Y faltarían por añadir cientos de ciudades no nombradas,

todas soñando e intentando competir con Roma,

la Ciudad Eterna, donde el espectáculo y grandeza,

aún hoy en día, desbordan lo imaginable.

Las cifras y dimensiones de Roma son sobrecogedoras.

Precisaríamos de muchas horas de documental...

para conocer en detalle la Ciudad Eterna.

Sus estructuras y construcciones más espectaculares

las trataremos en algunos de los episodios...

que nos quedan por ver.

Estamos al final del episodio. En él hemos puesto de manifiesto

la pasión de los romanos por la higiene y el bienestar.

Lo hemos visto conociendo las termas romanas

y la ingeniería que se esconde en ellas;

y cómo incluso las ciudades más pequeñas

disponían de este tipo de servicios.

También hemos visto cómo eran las casas romanas.

Las más lujosas y esplendidas;

y las más humildes.

Y cómo muchas de ellas, disponían de agua potable

y sistema de evacuación y alcantarillado.

Hemos comprendido que grandes cantidades de agua de manantial

llegaban a las ciudades romanas.

Un agua que se distribuía a toda la ciudad

a través de sofisticadas redes de distribución,...

y que una vez usada, se desalojaba de la ciudad

a través de una compleja y eficaz red de alcantarillado,

arrastrando fuera de la ciudad los excrementos y la suciedad.

Hemos entendido así la imponente ingeniería

que se oculta bajo las ciudades romanas y, al tiempo,

el ingenio y los esfuerzos que fueron necesarios

para adecuar los terrenos sobre los que fueron construidas.

Las ciudades romanas precisaban

de grandes cantidades de agua de excelente calidad.

Un agua que era captada en los ricos manantiales de las montañas

y trasladada hasta las ciudades gracias a ingeniosos acueductos.

Obras complejas y admirables, a menudo muy desconocidas,

que trataremos en el próximo episodio.

Nos vemos en "Ingeniería romana: acueductos".

Ingeniería romana - Las ciudades II. Las semillas del Imperio

54:57 14 feb 2019

Ingeniería romana: Las ciudades romanas eran vivos ejemplos de prosperidad. En este episodio se recoge gran parte del territorio que abarcaba el imperio romano mostrando diversos y variados ejemplos de ciudades y como fue el proceso de romanización.

Ingeniería romana: Las ciudades romanas eran vivos ejemplos de prosperidad. En este episodio se recoge gran parte del territorio que abarcaba el imperio romano mostrando diversos y variados ejemplos de ciudades y como fue el proceso de romanización.

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  1. orionhcg

    cuando se emiten nuevos capitulos? solo se han emitido 2 capitulos, pensaba que cada semana habría nuevos capitulos

    27 feb 2019
  2. Jose María

    Maravillosa producción española. La infografía es genial. A la altura de los de National Geografic o la BBC. Gracias.

    23 feb 2019
  3. Rafael

    Gracias por haber reconstruido el paisaje de mi infancia. Os merecéis mi respeto, mi gratitud y mi aplauso más sincero. Óle.

    18 feb 2019
  4. patricia

    Increibles documentales de ingenieria romana! Por favor continuen con su emision, mi enhorabuena a los que han contribuido a hacerlos realidad

    16 feb 2019

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