'Ingeniería romana' es una serie documental sobre las prodigiosas obras que se construyeron en las ciudades del Imperio romano. El acueducto de Nimes, el teatro de Cartagena o los magníficos monumentos de Roma son algunas de las infraestructuras que permiten comprender los desafíos a los que se enfrentaron los ingenieros romanos.

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Para todos los públicos Ingeniería romana - Los acueductos II - ver ahora
Transcripción completa

La obstinación de los romanos por suministrar a sus ciudades

agua en abundancia y de máxima calidad,

obligó a sus ingenieros a diseñar y calcular acueductos

de una envergadura tan asombrosa como admirable.

A medida que el imperio crecía y con él sus ciudades,

estas obras alcanzaron unas magnitudes asombrosas.

Capaces de sobrecoger a los mejores ingenieros modernos.

En la primera parte de ingeniería romana: Acueductos

pudimos comprender gracias al acueducto de Nimes

como se proyectaba y se planificaba un acueducto romano.

La solución para asegurar el suministro de agua

a una gran ciudad como fue la antigua Nemarsus.

Gracias a los acueductos de Tiermes pudimos ver como incluso ciudades

muy modestas que estaban dotadas de grandes acueductos

lo que nos confirma la idea de que toda ciudad romana

debía disponer de un caudal continuo y abundante

de agua de calidad.

Los misterios que encierran los acueductos de muchas ciudades

son hoy en día numerosos.

Desentrañar alguno de ellos supone un desafío

para arqueólogos e ingenieros modernos.

Algunos de tal alcance que no permiten ni siquiera

poner de acuerdo a los actuales investigadores.

200 kms al norte de Cella se encuentra

la sorprendente ciudad romana de Bilbilis

famoso por ser la patria del poeta Marcial.

Bílbilis fue una ciudad de tamaño medio, en la vía romana de Caesar

Augusta a Complutum.

Bílbilis tenía cierta singularidad.

Situada en una empinada ladera,

se apartaba del concepto habitual de una ciudad romana.

¿Quién sabe las razones que hicieron, de esta ubicación,

la escogida para fundar Bílbilis?

Quizás sean obvias.

Las vistas aquí son realmente sobrecogedoras,

y esta orientación es la mejor para este clima.

Sea como sea, esta decisión representaba un extraordinario reto

para los ingenieros que debían dotarla de agua.

Porque, ¿cómo hacer llegar el agua hasta esta altura?

A Bílbilis, se la conoce por sus numerosas cisternas.

Cerca de una veintena de cisternas como esta,

se desperdigan por toda la ciudad.

Todas ellas a diferentes alturas.

Hay varias teorías que explican la presencia de tantas cisternas.

Pero, ¿cómo creer que los romanos bebían de la lluvia,

después de los esfuerzos que hemos visto

para transportar las agua en Nimes, Tiermes o Cella?

Además, en este territorio llueve muy poco.

Su pluviometría es prácticamente de desierto

y las cisternas están en los puntos altos de las crestas.

Las cisternas nunca se llenarían con la lluvia.

Bílbilis, no era una gran ciudad como Nimes.

Pero era una ciudad importante.

Desde luego era mucho mayor que otras que hemos visto,

como Tiermes, o Cella.

El teatro de Bílbilis

tenía una capacidad cercana a los 4.500 espectadores.

También las termas tenían unas dimensiones respetables.

Pero si no fue para almacenar agua, ¿Por qué tantas cisternas?

Observemos una de ellas detenidamente.

Aquí tenemos una cisterna construida con el hormigón romano

e impermeabilizada con el mortero empleado habitualmente.

Podemos ver aquí el lugar por donde entraba el agua.

Pero en estas cisternas, no se ve salida allí abajo en la base.

Sin embargo, sí que puede verse aquí el orificio de salida,

ligeramente por debajo del nivel de entrada.

Esto significa que esta cisterna no puede vaciarse por gravedad

y se dispone de muy poca cantidad de agua entre la diferencia de niveles.

Cualquier depósito que pretenda almacenar tiene una salida

en la parte inferior.

Entonces, esto no es un depósito.

Pero, si no es un depósito, ¿cuál es la misión de tantas cisternas?.

Para contestar a esta pregunta, vamos a desplazarnos a Itálica,

ciudad de la Bética cerca de la actual Sevilla, en España.

Itálica era una ciudad importante y tenía un buen acueducto.

Un acueducto de 35 kilómetros y medio de recorrido total y,

según los estudios, de un diseño y trazado impecables.

Cerca de la ciudad se encontró este impresionante grupo de cisternas.

Aquí podemos ver el canal de entrada del agua que venía del acueducto.

Y vemos, que al igual que ocurría en las cisternas de Bílbilis,

la salida de agua para el abastecimiento

está en la parte superior.

Así que esto tampoco parece un depósito de almacenamiento.

Pero, ¿si no es un depósito, por qué un tamaño tan grande?

¿Cuál era su función?

Recordemos los pequeños areneros de los pozos de registro de Tiermes.

Allí gracias al rebaje en el fondo de los pozos se recogía la arena

y otras partículas en suspensión que el agua trasportaba.

Las cisternas de Bílbilis,

y en general las de todas las ciudades romanas,

tienen precisamente esta función, pero a una escala mucho mayor.

Veámoslo en la de Itálica.

El agua entraba por la parte superior

y circulaba por la cisterna.

Gracias al gran tamaño de la cisterna,

el agua disminuía su velocidad hasta ser casi nula.

Esto permitía que todas las partículas en suspensión

se precipitasen al fondo por acción de la gravedad.

Es decir, sedimentaban,

quedando el agua limpia de sólidos en suspensión.

A este proceso se le llama decantación.

Así que, en realidad, estas cisternas son decantadores.

No sirven para almacenar el agua, sino para depurarla.

El agua más limpia es la superficial y, por esta razón,

la salida del agua se encuentra en la parte superior.

Apenas ligeramente por debajo del nivel de entrada.

Los decantadores se sitúan a veces al principio del acueducto,

pero normalmente se emplazan al final, cerca de las ciudades.

Su tamaño se determina en función de la calidad del agua

que llega a través del acueducto.

Es decir, de la cantidad de arena y partículas en suspensión

que el agua arrastra.

Y también proporcionalmente al caudal de agua que debe procesar.

Pero, en Bílbilis, no hay un solo gran depósito de distribución,

como suele ser lo habitual.

Hay prácticamente 20. ¿Por qué?

Esta es la cisterna más elevada encontrada en Bílbilis.

Cómo ya sabemos,

toda la ciudad debe encontrarse por debajo de su cota

para que el agua sea distribuida por efecto de la gravedad.

Pero Bílbilis es una ciudad

que tiene un importante gradiente de altura.

Es decir, hay una gran diferencia de altura entre esta cisterna

y las casas de la ciudad que están en la parte más baja.

El peso del agua, la presión aquí abajo, es enorme.

Sería suficiente para reventar las tuberías, sobretodo las de plomo.

Esto, lo sabían perfectamente los técnicos romanos.

Así que para evitarlo, ingeniaron una red de cisternas,

más o menos equidistantes en altura,

de forma que nunca se produjera una presión superior

a lo que equivale una atmósfera, unos 10 m de altura.

De esta forma, el agua, al llegar

a la primera cisterna era decantada y quedaba a presión atmosférica.

Después, por gravedad, el agua se conducía

hasta la siguiente cisterna, donde se volvía decantar

y a quedar nuevamente sin presión.

Y así sucesivamente. Una cisterna detrás de otra.

Un ingenioso sistema de decantación y fragmentación de presiones,

al que se le debió de unir

un complejo sistema de distribución del agua

a todos los rincones de la ciudad.

Esta hipótesis se corresponde con la idea de mantener

un caudal de agua de calidad continuo y permanente.

La exigencia romana para el abastecimiento a sus ciudades.

Pero recordemos.

Bílbilis se encuentra en una ladera muy inclinada.

Así que la primera cisterna que tiene que recibir el agua,

se encuentra en una cota muy elevada.

¿Cómo hacer llegar el agua hasta ella?

¿Disponían los romanos de una fuente de suficiente caudal

y calidad por encima de esta cota?

La respuesta es sí.

Al norte de Bílbilis, a unos diez kilómetros,

se encuentra la Sierra de la Virgen,

con importantes manantiales situados sobradamente

por encima de la cota necesaria y cuya agua podía ser captada

y trasladada por un canal apoyado en el suelo

hasta las cercanías de Bílbilis.

Sin embargo, una vaguada se interpone entre los dos puntos.

Para mantener la poquísima pendiente

que requiere un canal sería necesario construir

unas enormes arquerías.

Unas arquerías de más de cien metros de altura

y más de mil metros de longitud.

Unas arquerías de estas características

son absolutamente inviables.

¿Cómo resolverlo?

Los ingenieros romanos

tenían poderosos conocimientos de hidráulica

y por supuesto conocían perfectamente

el principio de los vasos comunicantes.

Este principio físico,

nos dice que recipientes comunicados por su parte inferior

por un conducto cerrado,

mantendrán el líquido que contienen al mismo nivel,

independientemente de la forma de dichos recipientes.

Con este principio,

los ingenieros romanos planificaron en Bílbilis lo que conocemos

como un sifón invertido.

Un sifón invertido consiste en una estructura en forma de U,

en la que por el principio de los vasos comunicantes el agua

que entra en un extremo, alcanza el mismo nivel en el otro extremo.

Recientemente, siguiendo esta hipótesis,

hemos encontrado estos restos al otro lado de la vaguada.

Sorprendentemente, lejos de Bilbilis,

y en la cima de esta escarpada colina,

hemos encontrado este depósito de hormigón romano.

Bilbilis está en aquella colina y el depósito más alto de la ciudad

está justamente en esa cresta que podemos ver desde aquí

y está 7 metros más bajo que este depósito que acabamos de ver.

Por lo tanto, entre ambos se desarrollaba un sifón

que salvaba toda esta vaguada.

Los sifones son los grandes elementos desconocidos

de los acueductos a pesar de que su uso fue muy habitual

y reiterado en ingeniería romana.

Para comprobarlo iniciaremos

un viaje a lo largo y ancho del imperio.

Comenzaremos por el noreste, la actual Turquía.

Año 330 a. C.

Alejandro Magno controla su vasto imperio

dividiendo y encomendando el control a sus generales más próximos.

El general Lisímaco recibe el control de Tracia.

Lisímaco manda custodiar sus tesoros en la ciudadela de Pérgamo.

Situada sobre un promontorio rocoso,

esta ciudadela se convertirá en una importante ciudad,

capital de un reino y un gran centro intelectual

que rivalizará con Alejandría.

Pérgamo tendrá su propia escuela de pensamiento

y su biblioteca llegará a albergar más de 200.000 rollos de papiro.

Tras el reinado de varios reyes, Pérgamo pasa a dominio romano.

Pérgamo tuvo entre 7 y 8 acueductos de diversas épocas.

De ellos, el llamado “acueducto de Madradag” fue,

sin duda, el más famoso.

Este acueducto captaba el agua de varias fuentes

de los flancos del Madradag,

montañas situadas a más de 30 kilómetros de Pérgamo.

La primera fuente se encontraba a 1.230 metros de altura.

Una tubería trasladaba el agua a una segunda fuente,

situada en la cota 1.158 metros.

El caudal de ambas fuentes se juntaba,

aumentando considerablemente.

Por ello, a partir de este punto,

los constructores del acueducto

decidieron emplear dos tuberías paralelas.

Estas, trascurrían durante 12 kilómetros

hasta una tercera fuente en la cota 650 metros.

El nuevo incremento de caudal obligo a abrir una 3 tubería.

Las tres transcurrían juntas,

en paralelo, durante 25 kilómetros

hasta llegar a un depósito decantador instalado

en la cota 368 metros en el Monte Hagios Georgios.

En total, un recorrido de 40 kms de tubería enterrada

salvando una diferencia de altura de 862 metros.

Así que decidieron emplear tramos

de tubería de bronce de 30 cm. de diámetro.

Los tramos fueron conectados mediante sillares de piedra

taladrados y sellados con plomo.

Y todo el conjunto se fijó

al terreno fuertemente mediante largos puentes de apoyo.

Miles de tuberías descendían el valle

resistiendo una enorme presión y las grandes fuerzas que el agua ejercía.

Luego atravesaban su fondo protegidas

y suspendidas por unas arquerías.

Y finalmente ascendían la ladera del valle para alcanzar la ciudad

desde Pérgamo en la cota 322.

En total, un sifón de bronce de 3 kilómetros y medio.

El acueducto de Madradag ya suministraba agua

a la acrópolis de Pérgamo hacia finales del siglo III a. C.

Mucho antes del dominio romano.

Este es un buen dato para certificar

que la principal fuente de conocimiento

que los ingenieros romanos atesoraron

para la construcción de sus acueductos,

fue de origen griego y nos recuerda que los griegos

ya hicieron obras prodigiosas con anterioridad.

El sifón de Bílbilis dataría del año cero aproximadamente,

año estimado de la fundación de la ciudad,

unos doscientos años más tarde

que la construcción del acueducto de Madradag.

Parece pues, evidente y probado

que los técnicos romanos poseían un gran conocimiento sobre el diseño

y construcción de los sifones en el momento

en que Bilbilis fue construida.

El acueducto de Madradag es de origen helenístico,

pero fue ampliado, modificado y mantenido por los romanos

cuando la ciudad entró bajo su dominio.

Esta capacidad

para recoger el conocimiento, ampliarlo y perfeccionarlo,

es una de las grandes cualidades de la civilización romana.

Así que, la ingeniería griega para la ejecución de sifones,

fue ampliamente superada por los técnicos romanos.

Tenemos excelentes ejemplos en Lugdunum,

capital de la provincia romana de la Galia Lugdunensis.

La actual e importante ciudad francesa de Lyon.

Lugdunum fue, durante tres siglos,

la ciudad más importante del imperio noroccidental.

El enorme caudal de agua que demandaba Lugdunum

obligó a la construcción de cuatro grandes acueductos.

Todos ellos estaban dotados de imponentes sifones.

De estos acueductos el más impresionante

fue el acueducto del Gier,

conocido por el nombre del valle del que tomaba las aguas.

El acueducto del Gier tenía una longitud total de 87 km de canal.

Un canal que unía las fuentes escogidas

con los depósitos decantadores

que se conservan en lo alto de la colina de Lyon.

87 kilómetros de canal para salvar una distancia de 42 kms

en línea recta.

Fue necesario construir 11 túneles y unos cuarenta grupos de arquerías.

Uno de ellos es este, las arquerías de llegada al sifón de Beaunant,

el mayor de los cuatro sifones que el acueducto del Gier tenía.

Este grupo de arquerías tiene 250 arcos

que se extienden a lo largo de 1.650 metros.

Y aunque parezca sorprendente, no es el más largo.

Más adelante, cerca de la ciudad,

había otro de 300 arcos y 1.900 metros de longitud.

Estas arquerías no fueron construidas

para cruzar obstáculos ni valles.

Su sentido es otro distinto.

Frente a nosotros tenemos el obstáculo a salvar.

El valle de Beaunant.

La cota a este lado del valle,

a ras de suelo es demasiado baja para lograr que el agua

alcance el depósito de salida que se encuentra al otro lado del valle.

Para alcanzar la otra punta del valle era necesario

incrementar la presión del agua,

aumentando la altura de la canalización varios metros

sobre el suelo.

Y este es el sentido de estas arquerías.

Mantener elevado el depósito de entrada al sifón.

Allá arriba estaba el depósito de entrada del sifón

y de él salían 11 tuberías de plomo.

La misión de tantas tuberías era dividir la fuerza del agua.

Las tuberías se apoyaban sobre estas rampas

y se cubrían con un buen espesor de hormigón.

Luego, discurrían por el terreno ladera abajo del valle,

enterradas y cubiertas con hormigón que ayudaba a resistir la presión.

Tras 1.200 metros, las tuberías lograban descender

de la cota 313 a la 191 donde se encontraban con el venter.

El venter era un puente que permitía mantener las tuberías elevadas

respecto el fondo del valle, salvando los caminos,

los ríos y las riadas.

El venter del sifón de Beaunant medía 320 metros

y estaba construido con una impresionante estructura,

que en buena parte, hoy en día, todavía se conserva.

Estas arquerías tienen un revestimiento

de los paramentos muy peculiar,

de gran belleza, llamado opus reticulatum.

En él, se alternan los colores de las pequeñas piedras,

en forma de rombo, talladas una a una.

Los enormes volúmenes de fábricas estaban construidos en hormigón,

alternando con ladrillo

y revestidos concretamente de esa retícula.

Una prueba contundente de que buscaban, además de la eficacia

y lo funcional, la belleza.

Esta búsqueda de funcionalidad

y belleza hizo planificar estas arquerías con arcos transversales

en las pilas para aligeramiento.

Sin embargo, los arcos más altos fueron cegados. ¿Por qué?

Cuando el sifón se ponía en carga,

el golpe del agua sobre las tuberías del venter era enorme,

trasmitiendo violentos esfuerzos a los arcos.

El puente sufría así enormes tensiones y acusados movimientos.

Tal vez, la primera vez que esto ocurrió, estas arquerías vibraron,

y se agitaron tan violenta

y amenazadoramente que los ingenieros decidieron reforzarlas

macizando los arcos laterales de las pilas.

Se debió de sacrificar así, esbeltez por seguridad.

Al final del venter,

el agua era empujada por la enorme presión ladera arriba.

Este punto era realmente crítico.

A la enorme presión se añadía la sedimentación y la acumulación

de la arena que arrastrase el agua.

Esto podría provocar el taponamiento del sifón,

dejando al acueducto fuera de servicio.

Así que era necesario que, el agua, llegara limpia al sifón,

libre de arena y de partículas en suspensión.

Lugdunum tenía grandes decantadores en la llegada a la ciudad.

Pero estaban situados después de los sifones.

Y no había ningún gran decantador al inicio del acueducto.

¿Entonces como lograban que el agua

que llegaba a los sifones estuviera suficientemente limpia?

Además del arenero de la propia cámara de entrada de los sifones,

el acueducto del Gier tenía unos 1000 pozos de registro.

Alternativamente,

estos pozos de registro disponían de un pequeño arenero en su fondo.

En total 500 areneros.

La labor de estos 500 areneros a lo largo del recorrido resolvía

el problema de limpiar el agua suficientemente

para evitar problemas en los sifones.

Tras superar el venter y empujada por la presión,

el agua ascendía la ladera del valle,

recorriendo otros 1.100 metros

y alcanzando el depósito de salida en la cota 305,

ocho metros por debajo de la cota del depósito de entrada del sifón.

A partir de ese punto, el agua era conducida por el canal,

ya sin presión, hacia los decantadores

situados en la colina de la ciudad.

El impresionante sifón de Beaunant salvaba un valle

de 2.660 metros de anchura y tenía una altura de más de 120 metros.

El plomo fue saqueado del acueducto del Gier,

seguramente en las primeras épocas tras la caída de la ciudad,

hasta no dejar prácticamente ni rastro.

Lo mismo ocurrió con el metal en el acueducto de Pérgamo.

Los metales era muy preciados y codiciados en todas las épocas

y el saqueo fue generalizado.

Esta es una explicación de porqué no ha quedado ni rastro,

de cualquier tubería que hubiera existido en el sifón de Bílbilis.

Según algunos cálculos realizados,

la cantidad de plomo necesaria para la construcción

de los sifones del acueducto del Gier ascendía

a la increíble cantidad de 10.000 toneladas.

Y recordemos que el acueducto del Gier era solo uno

de los cuatro acueductos

que suministraban a la ciudad de Lugdunum.

Por suerte, algunas tuberías si que han logrado conservarse

en otras partes del imperio.

Aquí, en el museo de Arlés Antiguo,

también en Francia, se conservan estos estupendos ejemplares.

Observando éstas detenidamente, podemos ver muy claro,

como fue la técnica de fabricación.

Los romanos hacían las tuberías partiendo de una plancha de plomo

que curvaban alrededor de un núcleo de madera hasta formar un tubo.

Después, el núcleo se retiraba

y los bordes se soldaban con un cordón de plomo,

quedando una sección oval y dejando a la vista una costura longitudinal.

La unión entre tuberías se hacía con un grueso enchufe,

que también se soldaba.

Nos trasladaremos hasta la antigua Tarraco,

capital de la provincia romana de la Hispania Citerior,

actual ciudad para hacer una interesante reflexión

sobre esta cuestión.

Se desconoce el recorrido general del acueducto de Tarraco.

Se sospecha que las fuentes estaban situadas

no muy lejos del municipio de Alió, a unos 20 kilómetros de la ciudad.

Cuatro kilómetros antes de llegar a la ciudad,

el acueducto tuvo que enfrentarse a una vaguada de unos 200 metros,

donde la construcción de un sifón hubiera sido lo más indicado.

Sin embargo, aquí tenemos unas impresionantes y bellas arquerías,

de las mejore conservadas del imperio.

Con 217 metros de largo y una altura que llega a los 27 metros

es una obra costosa y compleja

que podría haber sido evitada construyendo

con menos esfuerzo un modesto sifón.

¿Por qué los romanos optaron por unas espectaculares

pero costosas arquerías en lugar de por un eficaz

pero más económico sifón?

Muchas de las obras de las ciudades y de sus cercanías

eran patrocinadas por personajes de alto rango socioeconómico.

Este tipo de acciones proporcionaban una buena imagen y alto prestigio

su patrocinador.

El espectáculo que ofrecen unas bellas arquerías

no tiene nada que ver con la imagen discreta que ofrece un sifón,

que aunque es una obra de ingeniería

admirable no se presta a la publicidad.

Este lugar estaba cerca de la ciudad y seguramente al lado

de una importante calzada que comunicaba con Tarraco.

Así que, muy probablemente se decidió la construcción

de estas imponentes arquerías

para lograr un efecto publicitario y de espectáculo.

El imperio está lleno de estos ejemplos.

Otro ejemplo significativo de esto,

son las sobrecogedoras arquerías del acueducto de Segovia,

bella ciudad del centro de España.

Se desconoce prácticamente todo del acueducto de Segovia,

incluso la fecha en la que fue construido.

Sí que se sabe que suministraba agua a una ciudad muy humilde y,

por el tamaño del cajero que transportaba el agua,

sabemos que su caudal era realmente modesto.

Si recordamos el cajero del acueducto de Nimes

y lo comparamos con el cajero de este acueducto nos daremos cuenta

enseguida de la diferencia de caudales

que ambos acueductos movían.

En cualquier caso, muy cerca de la ciudad fue necesario

salvar una importante depresión del terreno.

Para trasladar un caudal de agua tan pequeño,

la construcción de una tubería a presión, es decir,

un sifón, hubiera sido lo más eficaz y sencillo.

Sin embargo, se decidió la construcción de esta maravilla.

Construido en grandes bloques de granito,

que se sujetan únicamente por el equilibrio

que aporta su sobrecogedor y admirable diseño,

alcanza los 28 metros de altura.

24.400 bloques de piedra para construir 167 arcos.

7.500 metros cúbicos de duro granito.

Los sentimientos de poder

y grandeza que despierta una obra como esta se sienten

con toda su fuerza aún hoy en día, a pesar de lo acostumbrados

que estamos a las grandes obras de ingeniería modernas.

El efecto propagandístico y la búsqueda del espectáculo

es la causa de estas colosales arquerías,

como demuestra la cartela con letras que aún se conserva en lo más alto,

anunciando al benefactor de la obra.

El aprovechamiento de la fuerza de la gravedad para conducir el agua,

es la clave de todo acueducto romano.

El agua discurre por los canales y atraviesa los sifones empujada

por su propio peso.

Por eso, las ciudades deben de construirse por debajo

de la cota de llegada del acueducto.

Esto también ocurre en la ciudad romana de Uxama,

ciudad de la Celtiberia Hispana.

Pero en Uxama encontramos algo particular

y excepcional que merece una visita.

Uxama tuvo una cierta importancia en época romana.

En gran medida por estar situada en la importante calzada romana

que unía Caesar Augusta y Asturica Augusta,

que atravesaba toda la Celtiberia.

Se la dotó de agua de excelente calidad desde las fuentes

que constituyen el nacimiento del río Ucero.

Se construyó una canalización de 46 kilómetros

que llegaba a la ciudad a una cota tan solo 12,20 metros

más baja que la cota de las fuentes.

La mayor parte de Uxama está actualmente por excavar y estudiar.

Varias cisternas similares a las de Bílbilis

repartían el agua a toda la ciudad.

Pero algunas cisternas,

entre ellas ésta, se encuentran por encima de la cota de llegada

del acueducto. ¿Por qué?.

En esta colina se descubrió algo inesperado y sorprendente.

En la cumbre de esta colina,

se encontró esta gran cisterna subterránea que en realidad

es un decantador y lo extraordinario de este decantador

es que está 40 metros por encima de la cota de llegada del acueducto.

Por alguna razón nada habitual,

parte de la ciudad precisó estar a una elevación mayor

que el acueducto y no podía ser suministrada por éste.

La solución a este problema fue construir un decantador

en lo alto de la colina,

y distribuir el agua desde allí a los sitios

donde el agua del acueducto no podía llegar por gravedad.

Pero, ¿Cómo llegaba el agua hasta esta cisterna?

La hipótesis más plausible es que salió del propio acueducto

y que se usó un sistema de elevación, basado en una noria,

conocida hoy, como de rosario.

Una noria de rosario consiste en una gran rueda que arrastra una cadena,

dotada de pequeñas bolas o elementos similares,

que arrastran el agua dentro de una tubería.

De esta manera se podría haber elevado parte del caudal

del acueducto al decantador de la colina.

La rueda bien podría haber sido traccionada por fuerza animal,

por la del viento,

o quizás por combinación de ambas según las circunstancias.

Las norias de rosario eran utilizadas

también por los ingenieros romanos en las explotaciones mineras,

para realizar el achique del agua de las galerías.

Muchas de las explotaciones mineras requirieron la construcción

de importantes acueductos.

No solo para evacuar el agua desde las minas hacia el exterior,

sino para llevar el agua desde el exterior hacia ellas.

Las explotaciones auríferas requirieron ingentes

cantidades de agua para la remoción de tierras y el lavado minucioso

del material para la extracción del oro.

Esto puede sorprender porque la imagen habitual

que tenemos de los acueductos es el del abastecimiento

de agua a las ciudades.

Pero los acueductos tenían otras muchas aplicaciones.

La minería y la agricultura eran algunas de ellas.

En el acueducto de Arlés, importante ciudad de la Galia Narbonense,

encontramos un bonito y original ejemplo.

Arlés era alimentada principalmente por dos acueductos procedentes

de la próxima cordillera de los Alpilles.

Ambos de longitudes modestas, en torno los 20-30 kilómetros,

convergían aquí, a unos 10 kilómetros de Arlés.

Este es el lugar donde se unían los dos acueductos

en una gran arqueta de distribución de la que salían

estos dos nuevos canales.

El objetivo de esa arqueta era el control independiente

de los caudales de ambas canalizaciones.

En estos restos, podemos ver estupendamente

el impresionante grosor de mortero impermeabilizante (opus signinum)

con que fueron dotadas estas canalizaciones.

En esta pieza caída se puede ver perfectamente

el mortero de opus igninum en el fondo y el vocel bien pulido.

Y esta placa es concreción calcárea.

Recordemos que la concreción calcárea es la precipitación de cal

que se produjo durante los cientos de años de funcionamiento

del acueducto.

En este punto podemos ver como una de las canalizaciones

giraba hacia el oeste

para suministrar de agua a la ciudad de Arles y la otra continuaba recta,

hacia una empinada ladera.

Y en esta ladera, podemos ver la cimentacion de una construcción

cuyo evidente objetivo era aprovechar la fuerza del agua.

Por los restos encontrados en las excavaciones,

podremos reconstruir estas instalaciones.

Un impresionante complejo de molienda harinera,

compuesto de 16 ruedas de casi 3 metros de diámetro.

Las ruedas eran movidas

por la fuerza del agua al bajar por la pendiente.

El movimiento se transmitía mediante diversos engranajes

a los rodillos de piedra que trituraban el grano.

Se ha calculado

que este molino podía moler 3 toneladas de cereal por hora,

suficiente para abastecer la demanda de 80.000 personas.

En esta serie documental hemos escogido los ejemplos

de acueductos del imperio que hemos considerado más adecuados

desde el punto de vista didáctico.

El principal objetivo ha sido transmitir,

de la mejor forma posible,

los conceptos fundamentales

y más importantes de la ingeniería de los acueductos romanos.

También hemos querido escoger algunos de ellos

por ser poco conocidos, permitiendo así,

que admirables obras, muchas de ellas tan olvidadas,

tengan la oportunidad de obtener, al menos,

parte del reconocimiento que merecen.

Pero el imperio tiene cientos de acueductos que no hemos tratado.

Algunos más impresionantes en diseño y audacia que los que hemos visto

y que son dignos de ser nombrados.

Como el acueducto de Cherchel en Argelia o el de Aix en Provence

y el de Metz en Francia, que rondan los 50 kilómetros.

O el de Brévenne con 70 km

y el espléndido de Frejús con 45 también en Francia.

Muchos rondan los 100 kilómetros de longitud,

como el de Gades al sur de España y el de Colonia,

en el centro de Alemania.

El maravilloso acueducto de Aspendos, en la actual Turquía,

que resolvía la enorme carga de presión

a la que se enfrentaba en su tramo final,

gracias a dos torres intermedias y tres sifones contiguos.

Todo ello sobre un gran venter continuo,

realizado sobre grandes arquerías.

El gran acueducto de Cártago se alimentaba de varias fuentes,

la más lejana a más de 130 kilómetros.

Precisó de 16 kilómetros de arquerías

para que el canal mantuviera la cota adecuada que requería la ciudad.

Sus colosales decantadores eran más grandes que un campo de futbol

y decantaban simultáneamente unos 60 millones de litros de agua.

El colosal acueducto de Valente suministró agua

a la antigua Constantinopla.

Con más de 400 kilómetros de canal,

fue una de las mayores obras hidráulicas del mundo antiguo.

En la colosal explotación minera aurífera de las médulas, en España,

se construyeron diversos acueductos cuyos canales

superaban en conjunto la increíble cifra de 600 kilómetros de longitud.

Allí, la fuerza del agua fue utilizada, literalmente,

para disolver las montañas.

Pero, seguramente,

el sistema de abastecimiento más espectacular de todos,

como no podía ser de otra manera, fue el de Roma.

Roma, era suministrada, al menos, por once grandes acueductos.

Algunos de ellos con recorridos cercanos a los 100 kilómetros.

Los once acueductos de Roma suministraban

cerca de 1.000 millones de litros de agua por día a la ciudad.

Los acueductos de Roma son un espectáculo en todos los sentidos.

Sorprendentes e ingeniosas soluciones técnicas.

Multitud de túneles y galerías.

Infinitas y elegantes combinaciones de fábricas en sillares y ladrillos.

Canalizaciones dobles e incluso triples superpuestas.

Y valles atravesados por kilómetros y kilómetros de arquerías.

Hemos llegado al final de nuestro episodio.

En él hemos conocido nuevos y apasionantes ejemplos

de suministro de agua.

Hemos comprendido los sistemas de decantación del agua

y la técnica del uso de los sifones como alternativa a las arquerías.

Y como única e ingeniosa solución

para salvar grandes valles y vaguadas.

Y finalmente hemos visto que el uso de los acueductos

no se limitaba únicamente al suministro de las ciudades

sino también a usos industriales y mineros.

En nuestro próximo episodio conoceremos la prodigiosa ingeniería

que se esconde tras las vías de comunicación

que los ingenieros romanos proyectaron y construyeron.

Nos vemos en ingeniería romana: carreteras.

Ingeniería romana - Los acueductos II

48:56 14 feb 2019

Ingeniería romana: Documental sobre los avances tecnológicos del imperio romano en relación a la construcción de los acueductos.

Ingeniería romana: Documental sobre los avances tecnológicos del imperio romano en relación a la construcción de los acueductos.

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  1. Un ibero

    Me gustaría imaginar que tras la buena acogida que muestra el publico y con semejante trabajo de documentación histórica y gusto en la utilización de las técnicas infográficas, TV2 continúe en esta linea pedagógica tan necesaria para el conocimiento de nuestra Historia, espero que esto no sea más que una anécdota que de vez en cuando muestra al mundo lo que en este País también sabemos hacer. Felicidades!!! seguid así.

    10 mar 2019
  2. adrián

    Felicitaciones. Tan sólo lamento que no esté disponible para descargarlos (la primera temporada sí se podían decargar)

    19 feb 2019
  3. Pilar

    Enhorabuena por este programa. Había visto la parte I en su momento y esperaba esta segunda parte, que no me ha defraudado. Un trabajo excelente.

    17 feb 2019
  4. belen

    son unos documentales fantásticos. Ojalá hagan más y sean un ejemplo

    17 feb 2019
  5. patricia

    Maravilloso documental!! Debería ser una referencia como producción didáctica y objetiva! Enhorabuena a los que lo han hecho posible

    16 feb 2019
  6. Gustavo

    Excelente documental. Muy buen uso de las tecnologías de la información. Felicitaciones al equipo de producción.

    16 feb 2019
  7. Javier

    ¿Es posible que haya personas que le pongas pegas a esta magnífica producción? Pues sí, las hay, como el tal Manuel, que si no sacan el acueducto de su pueblo, no se da por satisfecho. Extraordinaria producción digna de ser conocida internacionalmente.

    15 feb 2019
  8. Miguel

    Me ha encantado,haceunos dias me.interés por elacueducto de segovia. Y ha sido muy esclarecedor este documental. Gracias

    15 feb 2019
  9. Manuel

    Gran programa aunquecon omisiones notables.Increible no mencionar a Emerita Augusta,una ciudad con extensa ingenieria romana,dos acueductos y dos grandes embalses,y en la cual aun esta en uso la conduccion de Rabo de Buey desde Proserpina

    15 feb 2019
  10. Antuan

    Increible documental. Gracias por ponerlo online para poder verlo en su totalidad!

    15 feb 2019

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  • Los acueductos II

    Los acueductos II

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