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Para todos los públicos Informe Semanal - 27/10/18 - ver ahora
Transcripción completa

Clientes, bancos, administraciones

todos pendientes de la decisión final del Supremo

sobre quién debe pagar los impuestos de las hipotecas.

El 18 de octubre, un tribunal de la sala de los contencioso

sentenció que lo tenían que hacer los bancos.

Pero, horas después, el presidente de la sala,

convocaba un pleno para estudiar, a posteriori

la sentencia ya emitida.

Una situación insólita que ha causado perplejidad

y también duras críticas al poder judicial.

Bienvenidos a Informe Semanal.

Hoy también hablaremos del clamor internacional

por el asesinato de Kashogui, el periodista saudí

y del ingreso en prisión de Rodrigo Rato.

Será en unos minutos, porque comenzamos con las hipotecas,

los bancos y la Justicia.

El jueves, el Tribunal Supremo abría sus puertas.

Sus pasillos y salas se llenaban de escolares y de ciudadanos

interesados en ver el palacio y en conocer

cómo se administra la justicia.

A mí me han sorprendido cosas, cosas novedosas.

Muy bonito, una sillería muy bonita, por cierto la madera de caoba

traída de Cuba, pero lo que ahí se juzga es, fuerte,

sí sí fuerte para lo bonitas que son las salas.

Han explicado varias sentencias, salía en el audiovisual

lo de las hipotecas, pero, de pasada,

no han explicado nada.

La casualidad hacía que las jornadas

coincidieran este año con un momento difícil

para el Supremo.

Cuando muchos han cuestionado que el presidente de la sala III,

haya paralizado demandas y convocado al pleno para estudiar

el cambio de criterio de una sentencia que obliga al banco

a pagar el impuesto de las hipoteca, en lugar de al cliente,

como ocurría hasta ahora.

La confusión creada ha sido tal que ha llevado a su presidente

a algo inédito, pedir disculpas públicas.

Se ha producido un daño, se ha producido

una desconfianza indebida en el alto tribunal

y no puedo por más que sentirlo sin ninguna duda lo sentimos todos

y yo lo que puedo decirles en este momento

es que pedimos disculpas a aquellos ciudadanos

que se hayan podido sentir perjudicados

por esta deficiente gestión.

Incertidumbre, presiones, descrédito son palabras

repetidas estos días mientras los bancos perdían en bolsa

más de nueve mil millones.

Todo empezó el día 18.

La sección especializada en tributos,

dictaminaba que es el banco, quien se beneficia de la inscripción

en el registro de una hipoteca que es para su garantía

y que por tanto, debe ser él

quien pague el impuesto.

Al anular un artículo del reglamento actual,

se entendió que podía abrir la puerta

a miles de reclamaciones.

El banco es el único interesado que esto se firme ante un notario

y se eleve a escritura pública.

Por tanto, en aplicación de las leyes tributarias

es el banco el que tiene que pagar el impuesto

y ahí se abre el melón, porque esto supone

que todos aquellos a los que se les había obligado

a pagar los gastos, incluido el impuesto,

tienen derecho a verse resarcidos, a que se le reintegre el importe

del impuesto.

Los bancos no han cobrado en el pasado

ninguna cantidad de sus clientes, precisamente por ese impuesto,

es Hacienda la que lo cobra, entonces no tiene

ningún sentido pensar que haya retroactividad

en algo que no han cobrado.

Penalizar a los bancos por cumplir la ley,

no tiene sentido.

De momento, nada está claro.

La sentencia, no concreta la retroactividad

y habrá que esperar al día 5.

El presidente de la sala tercera, Luis Díez-Picazo,

convocó al pleno tras enterarse por la prensa

del cambio de criterio.

Dijo, que por sus graves consecuencias.

Algo habitual antes de publicarse una sentencia así,

pero no después.

Eso ha provocado tensiones, incluso que se pidiera su dimisión.

Como aquí nos hemos encontrado ante pronunciamientos

contradictorios, entra en funcionamiento

este mecanismo de la reunión del pleno de la sala

que está previsto expresamente en el artículo 264

de la Ley Orgánica del Poder Judicial

y esa es la reunión de magistrados que está prevista

para el próximo 5 de noviembre.

Lo que pasa es que esta es la primera vez

que en una sentencia que da la razón a los consumidores

en menos de 24 horas, se convoca el pleno

y se trata de revisar ese criterio.

Eso trasmite una imagen muy negativa de la justicia,

porque lo que hace es instalar en la ciudadanía que la justicia

es permeable a las presiones de los poderes económicos

muy influenciable y hombre, nosotros estamos

muy preocupados por el descrédito del tribunal supremo.

El alcalde de Rivas, no oculta su satisfacción,

ni su perplejidad.

Ellos han sido quienes han ganado la batalla.

Su sentencia, en realidad, son tres.

Son ya firmes y se ahorraran 2,5 millones

de impuestos en los créditos que pidieron

para promover vivienda.

Lo que no entiende es que se intente poner en duda

que esa sentencia es para todos.

Si los propios jueces están escandalizados

de lo que está pasando en el Supremo,

imagínate las familias de este país, que se les ha reconocido un derecho

y ahora se ven otra vez abandonadas a su suerte.

Entonces, los bancos no las van a amparar,

no esperamos que los bancos amparen a las familias

y les devuelvan religiosamente el dinero.

Pero el Ministerio de Hacienda, las Comunidades Autónomas,

los gobiernos autonómicos, eso tendría que tener ya

una articulación.

Como propietario de una gran hipoteca,

la verdad es que estamos un poco a la expectativa,

a ver qué pasa.

Quiero creer que va a ser a favor nuestro

y no de los bancos.

Sin esperar respuesta, las asociaciones

de consumidores, preparan sus demandas.

ADICAE no quiere plantearlo como una cuestión tributaria

que afecte solo al millón de hipotecas

de los últimos cuatro años, sino como otra cláusula abusiva

que afectaría a ocho millones de contratos,

a una media de unos 2.500 euros.

Nadie quiere que la banca quiebre,

los consumidores no queremos que la banca quiebre,

pero desde luego, lo que no puede ser

es que la banca se mantenga en una determinada posición

a costa del abuso del incumplimiento de normas de protección

a los consumidores solo con esa perspectivas

y con ese argumento.

Nosotros entendemos que en modo alguno,

las cláusulas contractuales que recogen esa asunción de gastos

por el prestatario eran abusivas, porque el prestatario

no estaba asumiendo algo que no fuera ley.

Conforme a la norma vigente en ese momento,

el sujeto pasivo era el prestatario,

con lo cual, estaba asumiendo un gasto

que la propia normativa le imponía.

Comprarse una casa y embarcarse en una hipoteca

por muchos años es siempre una decisión importante,

pero estos días, además complicada.

Ante las dudas, algunos bancos y notarios han preferido retrasar

la firma, las inmobiliarias calculan que 8000 operaciones

han quedado paralizadas.

Está afectando, sobre todo, a la imagen del sector.

Está afectando a que no todos los bancos

están actuando igual.

Nos están paralizando, otros están haciendo

lo mismo que se hacía antes y el ciudadano podrá reclamar o no.

Lo que nadie duda y los bancos así ratifican es que de confirmarse

la sentencia y pagar ellos el impuesto,

se encarecerán las hipotecas.

Bankinter estima que la subida puede ser de más del 1 %.

Si hay un cambio en las características

de la formalización de hipoteca, cabe considerar

que puede haber cambios en las condiciones de financiación.

Pero, al final y como tiene que ser,

va a depender de cada entidad, que tome la decisión

en función de la estrategia comercial que tenga.

Si la banca quiere incrementar los intereses de las hipotecas,

si quiere limitar el acceso a la financiación hipotecaria

que lo haga y veremos cual es

la competencia real en el sector financiero.

Cláusulas suelo y gastos hipotecarios

acumulan miles de demandas en los juzgados.

Que se aclare la situación con el impuesto

y se garantice la seguridad jurídica es urgente para todos.

31 jueces del Supremo, tendrán el día 5

la responsabilidad de hacerlo.

En el futuro, lo decía su presidente,

habrá que enmendar errores si se quiere devolver la confianza

a un tribunal con 206 años de historia

y que tendrá que afrontar en los próximos meses

juicios muy importantes.

El asesinato del periodista saudí Jamal Kashogui

en el consulado de Arabia en Estambul

ha provocado un clamor internacional.

No solo por los detalles escabrosos de su tortura y muerte,

según Turquía descuartizado en vida.

También porque Occidente vende cantidades ingentes de armas

a un régimen que viola los derechos humanos

y lidera una guerra contra su vecino Yemen.

Es una polémica que ha llegado al Congreso

y que se ha vivido con especial preocupación

en los astilleros de Cádiz.

A orillas del Bósforo, dividida entre Oriente y Occidente,

antes de que Estambul fuera Estambul,

su nombre era Constantinopla.

Uno de sus sellos distintivos era la sofisticación

de las intrigas de la corte bizantina.

Un modus operandi que pervivió hasta hace cien años,

cuando los espías se movían por las calles del barrio de Pera,

en el lado europeo,

tramando sobre los despojos del Imperio Otomano,

y en la Segunda Guerra Mundial, y en la Guerra Fría.

Como las últimas semanas, desde el dos de octubre,

cuando el periodista saudí, Jamal Khashoggi,

desapareciera en el vecino distrito de Beksitas,

entre Pera y la nueva ciudad financiera de Estambul.

Llega al consulado, y hay 15 personas esperándole

incluyendo personas de la Guardia Real de Arabia Saudí.

Pero el heredero Muhamed Bin Salman y el resto de la élite saudí

a su alrededor decidieron hacer un muro de piedra

dando a entender que nada había ocurrido.

Para que fuera creíble esa cortina de humo

tenían incluso un doble de Jamal Khashoggi

saliendo por la parte de atrás del edificio.

Después de dos semanas de historias contradictorias

los saudíes admitieron haber asesinado a Jamal Khashoggi.

El porqué del ensañamiento

podría ser su plan de crear una entidad de derechos humanos

con el presidente del país

que se disputa la primacía del Islam político sunnita.

El patrón de la organización

iba a ser el mismo Recep Tayip Erdogan.

También iba a contar con el apoyo

de importantes personalidades musulmanasde todo el mundo.

Esta fue la razón fatal

para que los sauditas quisieran arrestarlo, secuestrarlo, matarlo.

Así que creo que su relación con Erdogan,

con los Hermanos Musulmanes,

apareciendo regularmente en la televisión

de los Hermanos Musulmanes en Estambul

Todo esto empujó a los sauditas a la acción.

Saben que Turquía, Estambul en particular,

es un país donde han tenido lugar muchos secuestros

y asesinatos políticos,

así que creían que podían hacerlo y que no iba a pasar nada,

que nadie les castigaría por ello.

Esto es un asesinato perpetrado en un consulado,

cierto que en suelo saudita

pero no olvidemos que estas instalaciones

están dentro de la frontera de la República de Turquía.

Los detalles espeluznantes del crimen

hacían incluso que el hecho

de que Turquía sea el país del mundo con mayor número de periodistas

encarcelados, esperando juicio, o exiliados

pasara a un segundo plano.

Los torpes intentos de encubrimiento saudíes

llegaban a la Casa Blanca.

Algunos analistas han llegado a hablar de un Watergate a la saudí.

Con el príncipe heredero en el papel estelar del presidente Nixon.

Arabia Saudí no es una democracia.

Arabia Saudí es una monarquía primitiva.

Esto no es como el Watergate.

Si se parece a algo es a Juego de Tronos,

con todo lo que lleva implícito.

El Parlamento Europeo, y países como Alemania o Francia

decidían paralizar la venta de armas a Arabia Saudí.

El debate llegaba al Parlamento de España,

donde el presidente del Gobierno,

con el apoyo del Partido Popular y Ciudadanos,

decidía cumplir con los contratos ya firmados.

Si me piden donde tengo que estar hoy y aquí es, señorías,

en la defensa de los intereses de España.

Del trabajo de sectores estratégicos,

muchos de ellos situados en zonas muy afectadas

por el drama del desempleo.

Habla mucho de Arabia Saudí pero no habla de Venezuela.

Por tanto, como decía el otro día,

los derechos humanos están por encima de la ideología,

esa es su frase,

pues tenga usted dignidad y defensa por los derechos humanos.

Sí a los contratos vigentes, somos un país serio,

pero sí al debate de futuro sobre venta de armas,

tal y como se condiciona

en el cumplimiento de los derechos humanos.

¿Hay que dejar de vender armas a Arabia Saudí?

Sólo hay una respuesta, un monosílabo: Sí,

hay que dejar de vender armas ya

Coincidiendo con estas discusiones, en el Foro de Inversiones Saudí,

conocido como Davos del Desierto,

se reunía en Riad, con la firma de contratos,

sólo el primer día, superior a los 50.000 millones de dólares.

Arabia Saudí es muy, muy rica, y él controla el gasto.

Si quieres hacer un negocio de mil millones, o más,

en Arabia Saudí,

tienes que pasar por el príncipe heredero y él lo sabe.

Por eso cuando habló en la conferencia

lo aplaudió todo el mundo.

El presidente turco tiene de tiempo hasta diciembre

para consolidar una franja de seguridad en el norte de Siria

que interrumpa la continuidad geográfica de los kurdos

y se limpie la zona de Idlib

de rebeldes respaldados por Arabia Saudí.

Mientras, Erdogan amenaza con nuevos detalles del asesinato

de Jamal Khashoggi.

Todo el mundo está ahora en una situación de regateo

y cuando se hace esto,

se trata de sacar el mayor partido de estos crímenes.

Si lo consiguen, nos vamos a olvidar de Jamal Khashoggi.

Su sangre habrá sido derramada en vano.

Es una situación trágica.

Todo el mundo sale ganando como se hace en el mundo

de los negocios, con la sabiduría del dinero,

la de los petrodólares.

Sólo hay futuro para los que sueñan

reza la leyenda de uno de los anuncios

que protagoniza el príncipe heredero de Arabia Saudí,

con un mensaje de modernización a ultranza,

en las calles de Riad.

El hotel Pera Palace de Estambul fue hogar de espías

como Mata Hari o Goebbels.

Agatha Christie, pergeñó en él su Asesinato en el Oriente Express,

o ídem en Mesopotamia.

Jamal Khashoggi fue sacrificado

en el crimen típicamente medio oriental

de acabar en un Gran Juego que supera al propio protagonista.

Cae otra noche sobre el Bósforo.

Rodrigo Rato,

el exvicepresidente del Gobierno

y durante tres años gerente del Fondo Monetario Internacional

está desde el jueves en la cárcel.

Tiene que cumplir cuatro años y medio de condena

por apropiación indebida en el caso de las tarjetas black.

Pero su periplo judicial no termina aquí.

Fue vicepresidente y ministro de Economía,

el icono de aquella España que alcanzó la meta

de entrar en la zona euro,

aunque para ello tuviera que hacer caja

con la venta de empresas públicas

o una ley de liberalización del suelo

que alimentó la burbuja del ladrillo.

El apellido Rato era sinónimo de milagro económico.

Pudo haber sido el sucesor de Aznar,

pero prefirió tocar la cima

como gerente del Fondo Monetario Internacional.

Aquél político que derivó en banquero,

que tuvo en sus manos todo el poder político y económico

que un hombre puede tener,

acaba de entrar en la cárcel

por usar y repartir unas tarjetas

del mismo color que el dinero que estaba gastando a su antojo.

Pido perdón a la sociedad

y a quienes se hayan sentido afectados.

Las tarjetas Black, en cierta medida,

es quizás la expresión o la muestra de la miseria humana,

de la avaricia callejera,

lo realmente grave es el daño que produjeron

las normas legales

y el ordenamiento económico financiero y jurídico

que Rodrigo Rato

y el conjunto de los gobernantes

llevaron el boletín oficial del Estado

para permitir que se produjera

una burbuja inmobiliaria extraordinaria.

Las tarjetas Black tienen un contenido dramático

muy importante,

y es que podíamos ver por todo el listado de gastos

que se hicieron públicos en todos los medios de comunicación

en que se habían ido gastando el dinero los directivos

de Caja Madrid,

en un contexto en el que la gente se estaba apretando el cinturón

con políticas de ajuste muy duro.

El sistema de tarjetas opacas funcionó entre los años 2003 y 2012.

La sentencia dice que se trataba de un plan

para disponer de dinero de la caja

en beneficio de los máximos responsables de la entidad,

primero el fallecido Miguel Blesa y luego Rodrigo Rato,

que a su vez repartieron tarjetas a otros 63 ex directivos

y consejeros.

Éstos han sido condenados entre cuatro meses y cuatro años,

en función del dinero gastado.

Rato ha sido condenado a 4 años y medio

por un delito continuado de apropiación indebida.

El Tribunal le hace responsable de todo el dinero gastado

durante su etapa al frente de Caja Madrid y luego de Bankia:

casi tres millones de euros.

Si se cuenta la etapa de su antecesor

la cantidad suma 12 millones y medio.

Son una muestra de ese momento en el que esas personas

muchos altos cargos,

muchos representantes políticos actuaban o pensaban

que actuaban con total impunidad,

que iba ser imposible que pudieran ser

finalmente sancionados

y hay que tener en cuenta algo,

ese dinero no era un dinero de Bankia,

es un dinero que finalmente hemos pagado todos

los que pagamos impuestos.

Cuando se supo que entre los casi 100.000 euros

gastados por Rato había ropa, perfume, alcohol

y discotecas de lujo,

el mito económico se derrumbó

y la corrupción se convirtió en una de las mayores preocupaciones

en las encuestas del CIS.

Y Rato no había sido el único,

entre las 14 personas que más gastaron

y que han sido condenados a las mayores penas

hay personas que fueron consejeros a propuesta de partidos políticos,

PP, PSOE e Izquierda Unida, de la patronal

y de los sindicatos mayoritarios UGT y Comisiones Obreras.

Yo creo que Rodrigo rato es el icono

de lo que algunos economistas han llamado

el capitalismo clientelar

o el capitalismo de amiguetes.

Y Rodrigo rato no era el único,

hace falta más piezas,

en la judicatura en las demás instituciones,

y los sindicatos,

y eso es lo que desgraciadamente crea

un entorno social de una corrupción que no es que sea universalmente

generalizada,

pero si desgraciadamente muy extendida.

En la sentencia,

el Tribunal Supremo advierte de que ninguna persona

con una formación mínima,

lo que se podría identificar con el hombre medio,

podría entender que la utilización de las tarjetas black

estaba justificada.

Más difícil de explicar es como una persona como Rodrigo Rato,

que lo había conseguido todo,

pudo actuar como lo hizo.

En buena medida,

la ambición económica que tiene mucha gente

depende también de los círculos sociales

en los que se mueva.

A veces no sabemos cuanto dinero es suficiente

para tener, digamos, una vida en paz.

Depende de la gente que te rodea y del tren de vida que lleves

como eso te va presionando

así a que busques también formas de mantener ese tren de vida.

Juan March,

el banquero pirata que financió a Franco

y que creó un emporio

eligió una frase que puede hacer entender esto.

él decía: "lo que nos gusta no es tener dinero sino ganarlo"

eso indica como lo que se busca permanentemente es tener más,

tener más, y tener más.

Se ha publicado que Rodrigo Rato rechazó dos veces

el ofrecimiento de Aznar

para sucederle al frente del Partido Popular.

En su lugar optó por el máximo honor

al frente del Fondo Monetario Internacional.

Un puesto con rango de Jefe de Estado al que fue aupado

gracias a importantes apoyos políticos

como el del expresidente Zapatero.

Sorprendentemente,

Rato dimitiría del FMI tres años antes de tiempo

alegando motivos personales.

Nunca se aclaró definitivamente porque fue aquella salida,

se habló de motivos personales,

se ha publicado que hubo una auditoría interna

y que el fondo descubrió operaciones que podrían no ser tan lícitas

en cuanto a su patrimonio.

Habremos visto en el caso de la investigación de su patrimonio

que bueno, pueden haberse cometido presuntamente

delitos fiscales de blanqueo

y quizás todo esto pudo ser el motivo por el cual salió

del Fondo Monetario Internacional.

El regreso de Rodrigo Rato defraudó a quienes esperaban su posible

retorno a la política.

En lugar de eso se refugió en el mundo de los negocios

hasta que en 2010

y en plena disputa con el candidato de Esperanza Aguirre,

Rajoy le señaló para la presidencia de Caja Madrid.

Eran tiempos de crisis

y de concentraciones financieras que Rato quiso gestionar

mediante la salida a bolsa de Bankia.

Una operación que los tribunales investigan si fue un engaño

a los 300.000 inversores que acudieron a ella.

La insatisfacción de los consumidores de Bankia

y de todos los consumidores de las cajas de ahorros quebradas

es porque las tarjetas Black,

un escándalo enorme,

han causado digamos un impacto también enorme,

pero no son más que una mínima parte de la punta del iceberg

de la enorme roto que le han hecho a los ciudadanos

y a la economía española.

La última etapa de Rodrigo Rato está plagada de idas

y venidas a los juzgados y de instantáneas como ésta,

cuando permaneció detenido ocho horas,

mientras la Agencia Tributaria registraba su domicilio.

Ni siquiera en los peores momentos pareció perder la compostura.

Más bien al contrario,

decidió arremeter contra todos los que, a su juicio,

tenían la culpa de la crisis financiera.

Eso es el mercado, amigo...

Pero no ha sido su gestión económica,

sino el uso de unas tarjetas lo que ha conducido a Rato

a pisar la cárcel

y a marcar, quizás, un punto de inflexión

en la cultura de corrupción que había arraigado en España.

Puede ser un antes y un después.

Hombre si fuera sólo el caso de Rato

no valdría para mucho

si eso vemos que traer consecuencias negativas

para quienes actuaron de esa manera, realmente desde luego

que cambia el clima de opinión,

del esto funciona así,

barra libre para todos

pasamos ahora esto no funciona así

cuando la haces la pagas.

Desgraciadamente yo creo que la entrada en prisión de Rato

no significa un fin de ciclo,

porque todo indica que el enorme poder

que han tenido los jefes del Rato,

les ha permitido eludir la responsabilidad

por lo que habían hecho antes y durante la crisis,

que no se han tomado las medidas

que podrían haber saneado la economía

y las finanzas internacionales

y desgraciadamente,

estamos incluso a las puertas de tener

nuevos problemas financieros por causas muy parecidas.

A las que ya provocaron la crisis de 2007 y 2008.

La entrada en prisión de Rodrigo Rato llenará tertulias

y portadas.

Se hablará del hombre que llegó a lo más alto

y de las circunstancias que propiciaron su caída.

Mientras,

la justicia dirá si sus causas pendientes

por salida a bolsa de Bankia y un posible blanqueo de capitales,

suponen el final de un ciclo o el principio de otro Vía Crucis

para lo que podía ser el protagonista de una novela Black.

Hasta aquí el programa de hoy.

Pueden ver de nuevo los reportajes de Informe Semanal

en la web de RTVE.es

Gracias.

Y hasta la próxima semana.

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Informe Semanal - 27/10/18

27 oct 2018

Justicia hipotecada
Clientes, bancos y las administraciones central y autonómica están pendientes de la decisión final del Supremo sobre quién debe pagar los impuestos de las hipotecas. El 18 de octubre un tribunal especializado en tributos de la Sala de los Contencioso acordó modificar la doctrina hasta entonces vigente y cargar el coste sobre las entidades bancarias.
Asesinato en el Bósforo
El 2 de octubre un periodista saudí entró en el consulado de su país en Estambul para recoger los papeles para poder casarse. No se le volvió a ver. Después de tres semanas negando saber nada, el gobierno de Riad reconoció en un primer momento que había muerto en "una pelea" en su sede diplomática. Turquía dice que lo asesinaron los servicios secretos saudíes.
Rato, ¿fin de ciclo?
Rodrigo Rato, el exvicepresidente del gobierno y durante tres años gerente del Fondo Monetario Internacional, ya está en la cárcel. Ha empezado a cumplir la pena de cuatro años y medio de condena por apropiación indebida en el escándalo de las "tarjetas black".

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