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Las complicaciones surgidas en el quirófano dejaron a Antonio Meño en estado vegetativo cuando solo tenía 21 años. Fue en 1989 y desde entonces sus padres han llevado una larga y dura lucha intentando demostrar el error médico. Han vivido durante un año en una tienda de campaña levantada en el centro de Madrid para hacer visible su denuncia. Y ahora, veinte años después de aquella operación, la aparición de un testigo ha hecho que el Tribunal Supremo ordene reabrir el caso. El número de este tipo de denuncias es pequeño en nuestra sanidad, pero quien se enfrenta a ellas vive casi siempre un largo calvario.