Presentado por: Pilar Garcia Muñiz Dirigido por: Öscar Gonzalez

El programa más veterano de la televisión nacional y el más antiguo de su género en Europa ofrece la emisión de reportajes de la actualidad internacional, nacional, social o cultural.

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Para todos los públicos Informe Semanal - 15/12/18 - ver ahora
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Los chalecos amarillos mantienen su pulso en Francia.

Lo que empezó hace cuatro semanas

como un movimiento contra la subida del combustible

se ha convertido en una revuelta que no solo critica la economía.

Quiere ser la voz de los que se sienten al margen.

Un diciembre francés

que a algunos recuerda a aquel mayo de hace 50 años.

El presidente se ha visto obligado a desdecirse y pedir perdón.

La cólera amarilla ha coincidido

con una semana dramática para Francia,

por el sangriento atentado del martes en Estrasburgo.

Su autor, un joven delincuente

que se había radicalizado en la cárcel,

cayó abatido por la Policía dos días después.

Bienvenidos a Informe Semanal.

En unos minutos hablaremos también

de la inmigración desde la costa africana

y de una tragedia silenciosa e invisible

que mata al doble de españoles que los accidentes de tráfico:

el suicidio.

Ahora empezamos en Francia.

Barricadas, de nuevo, en las calles de París.

Medio siglo después del mayo del 68,

la capital francesa vive un diciembre caliente.

Pero esta vez no hay flores bajo los adoquines.

Esta vez, miles de manifestantes llegados de toda Francia,

de todas las edades, lleva chalecos amarillos,

la prenda obligatoria en los vehículos.

Solo llevamos un chaleco amarillo.

¿Qué tenemos que hacer contra esto?

Solo somos ganado para ellos.

Nos tratan peor que a la mierda.

No es normal.

Nuestra Francia no es así.

La cólera de los indignados franceses estalla

el primer sábado de diciembre en pleno corazón de París,

sitia el Arco del Triunfo

y convierte los Campos Elíseos en campo de batalla.

El detonante de la cólera que nadie vio venir

es la ecotasa de los carburantes anunciada para enero.

El catalizador,

un profundo malestar social que nadie supo diagnosticar.

Impuestos, impuestos y más impuestos,

reivindicamos lo mismo.

En la diana del descontento,

el joven presidente de la República, Emmanuel Macron,

distante y sordo a sus reclamaciones.

Una semana después vuelven los disturbios,

pero un despliegue policial sin precedentes

y cientos de detenciones preventivas

impide que los chalecos amarillos se hagan fuertes

en el centro de París.

La protesta se extiende a Toulouse, Biarritz, Caen, Marsella, Avignon

La cólera que hoy se expresa es justa en muchos aspectos.

El martes, un Macron solemne como siempre y humilde como nunca,

intenta aplacar la ira amarilla con medidas

como mayor salario mínimo, menor tributación de las horas extra

y exenciones fiscales a los jubilados.

Asumo mi parte de responsabilidad.

He comprendido que ustedes sentían que no eran mi preocupación,

que tenía otras prioridades.

Sé también que a veces he herido a algunos de ustedes

con mis palabras.

Para muchos no es suficiente.

Después de seis muertos, casi 400 heridos,

más de 2.000 detenidos, cientos de coches incendiados

y daños aún por cuantificar, los chalecos siguen en alto.

A las afueras de Nevers, a 250 kilómetros de París,

un grupo de chalecos amarillos hace guardia

en una de las cientos de rotondas ocupadas en todo el país.

Se turnan 24 horas para controlar, en teoría, el paso de vehículos.

Me manifiesto contra el señor Macron.

¿Por qué? Porque no le importamos nada.

Y nos trata como idiotas.

El rechazo a Emmanuel Macron hermana a Gerard,

camionero jubilado, y a Cassandre,

estudiante de enfermería.

El presidente tampoco han convencido a Michel, cocinero sin trabajo,

ni a Benoît, panadero también en paro.

No nos ha dado nada. La situación no ha avanzado.

Tiene que restablecer el impuesto a las grandes fortunas.

Los dos llevan tres semanas durmiendo en la cabaña

que el grupo ha construido en la rotonda.

Michel ha ido dos veces a manifestarse a París.

Y piensa volver.

-Los antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos,

nos acordonaron, no dejaban salir la manifestación,

y alguna gente desquiciada, respondió lanzándoles adoquines.

La mayoría de los manifestantes éramos chalecos amarillos,

pero no todos.

Anochece, cuando Christianne, dependienta jubilada,

se une al grupo.

Combate el frío nocturno ante un bidón convertido en estufa.

Por dentro arde de indignación.

-Tengo una jubilación bajísima,

pero no tengo derecho a ninguna ayuda.

Estoy enfadada por todo, por los impuestos,

por lo cara que está la vida.

No me faltan razones para estar aquí.

Y es la primera vez en mi vida que me manifiesto.

El amanecer desvela una aparentemente tranquila ciudad

junto al Loira.

Pero Nevers, en el centro de Francia,

es una de las cunas de la revuelta que ha convulsionado el país.

Su catedral y su palacio ducal

recuerdan que conoció tiempos mejores.

La bella durmiente del Loira tuvo un despertar amargo.

Sus 38.000 habitantes son una cuarta parte menos que hace dos décadas.

Una de cada cinco casas del centro histórico está deshabitada.

La crisis obligó a echar el cierre a decenas de comercios.

-Es una de esas pequeñas ciudades que se sienten marginadas,

excluidas de la modernidad y la globalización.

Wilfrid Sejou no tiró la toalla.

Hace once años se hizo cargo de una librería en bancarrota.

Los ingresos aumentan año a año.

Es concejal ecologista en el Ayuntamiento de Nevers.

Crítico con la reivindicación original de los chalecos amarillos,

cree que han mutado

hacia un movimiento a favor de más democracia e igualdad.

-Creo que Emmanuel Macron no ha entendido del todo el movimiento.

Ha anunciado unas medidas que, sin duda, son importantes

para los más desfavorecidos,

pero sin invocar en ningún momento la justicia social.

En Francia, como en otros países del mundo o de la Unión Europea,

nos damos cuenta de que la desigualdad va ganando terreno.

Los ricos son cada vez más ricos;

nunca ha habido tantos millonarios en Francia,

pero no se les exige ningún esfuerzo,

ninguna contribución particular, ni para redistribuir la riqueza,

ni para la transición ecológica.

Es cierto que cabría esperar

que fueran los principales contaminadores,

o sea, las grandes multinacionales,

los primeros en financiar la transición ecológica,

y no la gente con menos recursos,

a quien precisamente hay que ayudar a cambiar de hábitos.

José Riera, de padre mallorquín,

volvió a Nevers hace año y medio para abrir Le Mancini,

un bar que es también la galería de Arte

donde expone su obra pictórica.

Como siete de cada diez franceses, según las encuestas,

comprende y comparte

las reivindicaciones de los chalecos amarillos.

-Un presidente tiene que ser amado, querido,

y ahora no es el caso.

Los alquileres son caros, la vida es cara.

Pues el pueblo ahora dice: queremos resultados, es normal.

Hace año y medio, José votó a Macron

en la segunda vuelta de las presidenciales,

como el 72 % de sus vecinos.

Nevers es un bastión socialista

donde la extrema derecha gana votos en cada cita con las urnas.

-Hubo un presidente de la República, creo que fue Pompidou, que dijo:

"Se le puede hacer de todo a un francés

menos tocarle el coche".

Jean François Daguin, periodista de la radio local,

opina que la subida de los carburantes

solo ha sido el desencadenante de una revuelta

más profunda que la de mayo del 68.

-Esta semana ha habido una matanza en Estrasburgo, de origen islamista,

pero fue en un mercado de navidad, con varios muertos,

numerosos heridos, y puede que el Gobierno creyera

que lo sucedido iba a distraer la atención de los franceses,

pero evidentemente no.

Un problema es que hay ciertos grupos no identificados,

tanto desde la extrema izquierda como desde la extrema derecha,

que se han acoplado al movimiento, como hemos visto en París,

no para protestar y dar voz a unas reivindicaciones justas,

sino para romper cosas, algo que no se había visto,

o muy poco, en mayo del 68.

Camino de París encontramos otra rotonda

ocupada por los chalecos amarillos en la Charité-Sur-Loire,

una pequeña localidad junto al río.

Arnaud, profesor de Formación Profesional, nos cuenta

que han decidido presentarse

a las próximas elecciones municipales.

-Todas las facciones políticas se han unido

porque todos defendemos una misma cosa:

nuestro poder adquisitivo.

Sea cual sea nuestra clase social,

no tenemos dinero para llegar a fin de mes.

Ni más ni menos.

Ya sea de izquierdas o de derechas, si no llegas a fin de mes,

el problema es el mismo.

Estamos unidos por una misma causa.

Cinco de los seis fallecidos durante las protestas

han muerto en accidentes de tráfico, algunos en bloqueos como este.

La sexta víctima,

a causa de una granada lacrimógena en Marsella.

El principal problema con el que se encuentra el Gobierno

para negociar con los chalecos amarillos

es que es un movimiento sin portavoces

ni representantes oficiales, que nació a causa del descontento

por la subida del impuesto del diesel

pero ha derivado en una protesta generalizada

contra la carestía de la vida

y el abandono de las pequeñas ciudades.

Una protesta que ha vuelto esta tarde a las calles de Francia.

En París, con el toque rojo y plata de un grupo de mujeres

personificando a Marianne, el símbolo de la República francesa.

La Policía ha vuelto a dispersar a los grupos más numerosos.

Pero han venido menos manifestantes.

Los disturbios y la oferta de Macron

han abierto las primeras brechas entre los chalecos amarillos.

Han aflojado la presión, pero mantienen el pulso.

La Cumbre de Marraquech

nos ha dejado esta semana un pacto mundial,

firmado por casi todos los países de la ONU

para dar una respuesta coordinada a las migraciones.

Se trata de ordenar y regular los flujos

de forma conjunta "sin sucumbir al miedo",

en palabras del secretario general de Naciones Unidas.

Cerca de 700 migrantes han muerto ahogados este año en el Estrecho.

Una tragedia que tiene otra cara, la de los supervivientes.

Yo, una vez que están a bordo, intento mimarlos

mientras están conmigo, desde luego dándoles mantas, agua, de comer

y ayudándoles en lo que pueda mientras estén en el barco.

Luego, ya fuera, se te escapa, ya no puedes hacer nada.

¿Cuántas personas?

¿A qué hora salió?

¿Cuántas mujeres?

¿De dónde salió?

Es difícil ubicarlas,

los datos que nos suelen dar es el tipo de embarcación,

el motor que llevan; hacemos cálculos de la velocidad

que pueden llevar.

En el momento en que sabemos que ha salido de Marruecos,

ya sabemos que están en peligro inminente.

Porque están sobrecargadas, porque son de un material pésimo,

porque no tienen conocimiento para pilotar eso,

porque no llevan elemento de comunicaciones

para hacer una llamada de socorro.

¡Tenemos salida, nos vamos!

En pocos minutos, todos a sus puestos.

La Guardamar Caliope suelta amarras y se echa al mar.

Son ocho en la tripulación.

Aquí no hay horarios.

Durante el mes que dura su turno,

están disponibles veinticuatro horas.

Hay un aviso de la salida, desde el norte de Marruecos,

de una embarcación de inmigración.

Entonces nos han activado para proceder al rescate.

Nuestros tiempos son de veinte minutos,

desde que recibimos la llamada del centro de coordinación

hasta que salimos.

Por eso, la tripulación nunca puede alejarse mucho del barco.

Faltan todavía unas sesenta millas para estar en zona,

más de cien kilómetros.

Cuando lleguen, los migrantes habrán hecho, como mínimo,

diez horas de travesía.

No saben en qué condiciones los encontrarán.

Si los encuentran.

Tenemos dos aeronaves que van a realizar la búsqueda.

Un avión, un helicóptero es fundamental para la localización.

En cuanto el avión da la posición, arrumban y comienzan a prepararse.

Tienen que usar estas protecciones por seguridad,

para evitar contagios.

Faltan veinte minutos para llegar al punto marcado.

La patera ha parado el motor para que no la pierdan,

es muy complicado verla,

es del tamaño de la cabeza de un alfiler, explica el capitán.

Está allí, a treinta grados, dice.

Nosotros solo vemos esto,

mientras ellos ya la distinguen a lo lejos, sin prismáticos.

Salvamento ha rescatado este año 2200 pateras así, a la deriva.

En teoría, son dos pateras, son entre 30 o 40 personas,

no lo sabemos.

El mismo operativo de siempre.

¿Saltas tú a la patera?

¿Sí, vale?

¡Listo!

Nunca lo tienes controlado del todo,

no hay dos situaciones iguales, no hay dos momentos iguales.

Evidentemente, tienes que estar muy atento

muy seguro de ti mismo, tiene que ser una maniobra muy precisa,

no caben errores, el mínimo error, en ese momento,

con una embarcación de esta envergadura,

sobre una embarcación tan pequeña, tan frágil,

tan sobrecargada de personas se puede traducir en un desastre.

Ha sido una experiencia muy dura; estar en el agua así no es fácil.

Es muy estresante no saber si vas a vivir o morir.

Por eso lloré.

Luego os vimos llegar, y me alegré.

Lloré de alegría.

Han pasado tanto miedo que ninguno volvería a repetir, nos cuentan.

El móvil es su único equipaje.

Es lo primero que hacen, buscar cobertura.

Pero no hay a tantas millas de tierra.

Algunos se han hecho selfies y hasta han grabado vídeos.

Nos lo enseña Aisha: su hija, su tierra, Costa de Marfil,

los días que pasó en Nador, escondida en el bosque

durmiendo en el suelo esperando la patera.

Mi madre ha fallecido.

Está muerta.

Vivo con mi padre y mis diez hermanos.

Me he ido de casa porque me querían casar con un anciano,

para que fuese su tercera mujer.

Una sardina y un pan.

Es todo lo que hemos comido hoy.

He pasado tres días sin comer.

Escondí dos panes, dos panes, para mi sobrino,

por si no nos encontraba Salvamento Marítimo,

darle de comer por la noche en el barco.

Souleymane viaja con su sobrino porque ya no puede mantenerlo.

No hay trabajo.

Con lo que ahorró dice que pagó 7000 euros por los dos,

otros entre 500 o 400...

y a otros les da miedo decirlo.

Vienen de Chad, de Guinea Conakri, de Mali.

No conoces al hombre, no puedes verlo.

Sólo hablas con él por teléfono y te dice ven,

trae el dinero y vete.

Vosotros sabéis lo que vale la vida humana;

pero en África no se sabe.

Soulymane es periodista.

Más tarde nos cuenta que si él hiciera el reportaje

tiene claro el título.

20 horas de pesadilla.

Después de una jornada relativamente tranquila

porque no habido muertos la Guardamar calíope

navega rumbo a Almería para que puedan descansar.

Hoy han sido 101 personas rescatadas

pero en los días más duros de esta campaña

se han llegado a hacer más de 20 horas de trabajo,

rescatando una patera tras otra.

La Calíope llegó a Almería

entre los medios de refuerzo con los que se ha hecho frente

a unas cifras históricas de llegadas:

46000 hasta noviembre.

Las ONG se alarman ante palabras

como crisis migratoria, colapso, avalancha,

creen que favorecen los discursos xenófobos.

Y matizan: en realidad las llegadas en toda Europa

han bajado un 30 por ciento según los datos de Frontex.

Pero una buena forma de combatir la xenofobia es escuchar a Serafín.

Intento crear vínculos aunque sean pocas horas

sonreír, guiñar ojo a uno a otro que estas bien no estas bien

que vean algo porque de donde vienen la etapa anterior

se que ha sido dura.

Cuando los ves tan indefensos solos con la mirada perdida,

en ese momento te preguntas qué va a ser de esa persona

que va a pasar.

Una carga emocional que tienen que gestionar.

Saben que ellos también se la juegan,

sobre todo si tienen que tirarse al mar.

Yo estoy dispuesto siempre en el inconsciente

si me tengo que tirar yo no le voy a dejar a nadie que se vaya abajo

yo no le voy a dejar.

A ellos los localizaron in extremis.

A punto de caer la noche.

Más de 300 no tuvieron esa suerte,

las cifras de desaparecidos o muertos de 2018, según Salvamento.

Para la Organización internacional de las migraciones

han sido más de 700.

Para las ong muchos más... que están sin registrar.

En algunos casos no se encuentran, bien porque han llegado a tierra,

o bien porque han sufrido percance, un abordaje un naufragio

y evidentemente no se llegan a localizar

Lo más complicado es cuando las cosas

los rescates no sale bien, porque el día a día se lleva bien,

es mi segunda familia paso la mitad del año con ello, conviviendo,

pero lo peor lo peor es cuando no salen bien

cuando hay fallecidos, cuando hay gente que no hemos encontrado.

Esto no va a parar en muchísimo tiempo,

porque los que tienen que tomar soluciones no las están tomando

se pasan la pelota uno a otro.

Las soluciones creo que estamos de acuerdo

se tendrían que tomar en la tierra de ellos mismos

y no se les esta dando y pienso además de que la culpa

la tenemos los blanquitos, nosotros

En francés a la patera le llaman embarcación de fortuna.

Y así es como se sienten, afortunados,

porque han conseguido llegar a tierra.

Las ONG insisten: es necesaria una migración ordenada,

vías seguras en las que no se jueguen la vida.

Y ayudar en sus países para que no tengan que huir.

Detrás de esta imagen de Salvamento está la otra cara de la fortuna.

Muchas llegadas a puerto de vacío, horas de búsquedas infructuosas,

muchas preguntas.

¿Aparecerán?

¿Quién sabe cuántos se ha tragado el mar?

Embarca un equipo de informativos

al objeto de realizar un reportaje para el programa Informe Semanal

Se informa de la salida de la unidad.

Libre de puntas arrumbamos hacia la isla de Alborán.

Se habla poco de ello,

porque siempre se ha considerado un tabú

pero el suicido es la principal causa no natural de muerte

en España.

Unas 10 personas se suicidan cada día en nuestro país,

3600 al año,

casi el doble de fallecidos que en accidentes de tráfico.

Sin embargo en este tema no hay campañas de sensibilización

o de prevención.

Es lo que reclaman desde las asociaciones

donde creen que informar del suicidio

de manera responsable y adecuada es una de las medidas

que pueden ayudar a evitarlo.

Cuando yo he pensado en el suicidio

yo no quería irme de esta vida, digamos.

Yo no quería abandonar esta vida,

yo lo que quería es dejar de sufrir que es diferente,

porque claro yo tenía un sufrimiento continuo.

Concha Fernández tiene 61 años

y cinco intentos de suicidio en su mochila

de mujer marcada por el destino.

Es la suya una novela triste,

aunque con la fortuna de que todos sus intentos de quitarse la vida

resultaron fallidos.

Durante treinta años coqueteó con la idea del adiós prematuro.

No tenía valor la vida, y no tenía amistades,

no tenía familia, no podía estar con mi hijo.

Se me juntaba todo.

Entonces claro a mí se me pasó por la cabeza,

¿para qué estoy yo en este mundo? Para sufrir.

No tengo nada en este mundo.

Entonces se me pasó por la cabeza eso

y me vestí con las mejores ropas que tenía, con los mejores zapatos,

con el mejor bolso.

Cuando a mí me ocurrió esto, yo no tenía ni 25 años.

El suicidio, estigma y tabú, un tema del que no se habla,

una realidad invisible y demoledora.

3600 personas se suicidaron en España en 2016,

una cifra que varía muy poco desde hace años.

10 suicidios de media cada día.

Las mujeres intentan suicidarse tres veces más que los hombres,

aunque de las diez personas

que se quitan la vida al día en España, siete son hombres.

Por edades, el mayor número de muertes voluntarias

se produce, proporcionalmente, entre los mayores de setenta años.

Por estado civil, se observa una mayor tasa de suicidios

en hombres y mujeres solteras, divorciadas o viudos.

Asturias y Galicia

son las Comunidades Autónomas con más suicidios,

y por provincias, Málaga.

La prevención del suicidio hay que hacerla.

Además es una necesidad ya sea por los números en crudo

o si nos ponemos por el sufrimiento que acarrea el suicidio.

No hay programas de prevención cuando se ha demostrado en estudios

que el suicidio se puede prevenir.

Hay un porcentaje bastante importante

de personas que se quitan la vida

que son tratables esa idea de suicidio.

El número de personas fallecidas por suicidio

es el más alto entre las muertes por causas no naturales.

Y todo ello en medio de una capa de silencio y oscurantismo.

Nosotros hace quince años

estábamos hablando de seis mil muertos por accidentes de tráfico.

Ahora estamos por debajo de los dos mil.

Ha habido una reducción importante.

También las políticas de violencia de género no sólo reducen muertes,

de 65 a 44, el año 2016.

Sin embargo las muertes por suicidio se mantienen en unas estadísticas

que son bastante estables durante todos estos años.

Eso significa probablemente

que haya políticas de seguridad ciudadana,

de seguridad vial, de violencia de género,

que vienen a prevenir esto.

Esto no existe en materia de prevención del suicidio

y las muertes por suicidio se mantienen.

Hay una vieja regla en el mundo del periodismo

y es que del suicidio no debe hablarse.

Se parte de la idea del llamado efecto Werther o emulación,

según el cual la información sobre el suicidio

provoca más suicidios.

Sin embargo, este principio se ha quedado anticuado.

La Organización Mundial de la Salud considera

que debe hablarse del suicidio en los medios de comunicación,

eso sí, de manera responsable y evitando el todo vale.

Se debe informar,

lo que pasa es que se debe informar bien,

como se informó del sida.

Lo que no sale a la calle, lo que no se visibiliza no existe

y si no existe no hacen falta planes de prevención.

Lo que pasa es que hay que informar de una manera adecuada,

lo que no nos podemos centrar es en el morbo.

En Málaga capital,

el Ayuntamiento, en colaboración con la Fundación Justa Alegría

y el Teléfono de la Esperanza

trabaja desde hace varios años en el programa Alienta,

que persigue disminuir el número de suicidios,

a la vez que dar voz a los supervivientes,

así se llama a las personas afectadas por el suicidio

de familiares directos.

Pensé que había fallado yo como madre, cómo no me di yo cuenta,

qué me pasó a mí que no me di cuenta de que estaba mal y yo no lo noté.

Entonces de la culpa me costó mucho salir, claro que sí,

de la culpa, de la vergüenza, de estar etiquetada,

de tantas cosas que no sabes.

Lloro todos los días, sí, porque es que tengo que llorar,

porque son muchos momentos, muchos años,

te acuerdas cuando nació, dos años, tres años,

todos los recuerdos pero, después digo no,

mi hijo quería que yo fuera positiva, venga positiva

y me viene la sonrisa y me río de las cosas que decía él.

Vega y Miguel Ángel perdieron a su hijo Alejandro de 20 años.

De eso hace seis, pero ni el tiempo ni la vida

han corrido igual para ellos desde aquel día de pesadilla.

Tienen otro hijo, Miguel.

Una familia que intenta recomponerse desde el dolor compartido

y la superación de la angustia.

Suele salir muchos días, espontáneamente.

Pues Alejandro esto, si comemos sopa,

que a él le gustaba la sopa, sabemos todos que falta un plato.

Al principio sí que se suele poner, sin querer

la mesa con los cuatro platos, los cuatro vasos

luego poco a poco se corrige.

Él desaparece.

Desaparece del buzón de correos, desaparece su móvil,

pero él no desaparece,

pero a nosotros sí nos gusta hablar de él.

Al dolor por la desaparición de un hijo en la flor de la vida,

en casos como el de Miguel Ángel y Vega,

se añade la sombra del estigma que cae sobre ellos.

Y me acuerdo que fui a mi tienda de retales,

ya habían pasado dos años, yo antes cosía mucho.

Era carnaval y me preguntó: ¿Y tus hijos?

Y tienes dos opciones, mentir o decir pues uno murió,

¿Por accidente? Y dije no, por suicidio.

Y claro, si hubiera sido por accidente hubiera sido:

qué pena.

Si hubiera sido por cáncer, hubiera sido: qué pena,

pero al decir por suicidio me dijo: ¿Y no te diste cuenta?

La muerte del hijo obliga a los padres a empezar otra vida.

Todo es nuevo, todo más complicado y más triste.

Yo estoy muy abierto a sentimientos, a empatías

y en eso procuro concentrarme.

Todos los que alrededor me demuestran algún tipo de afecto

los recojo y los que no los aparto.

La tristeza es que pesa tanto, pesa demasiado a veces.

Pero sí, te incorporas a la vida, poco a poco, y vas haciendo cositas.

Quien, como Concha, jugó a la ruleta rusa durante años,

percibe hoy las bondades de la vida y tiene muy claro

que nadie debe aventurarse

por el camino de casi imposible retorno

en el que ella se adentró.

Que a nadie por favor se le ocurra hacer lo que yo hice,

que cuando tenga una mala inspiración,

un mal pensamiento de esos,

que acuda a profesionales, si puede ser, o a su familia,

pero que sean personas que los escuchas,

porque hay familias que no lo hacen, y a sus amistades,

pero que no se lo queden ellos,

que no se vayan a la cama pensando en eso

y se levanten pensando en eso.

Vivir es una aventura emocionante y comprometida,

un camino hecho de desafíos y encuentros,

de tristezas y aspiraciones.

Contra el desánimo, la esperanza

y siempre la búsqueda de alguien con quien compartir

los malos pensamientos.

Aunque el suicidio es tan viejo como el hombre,

los expertos coinciden en que el número de los suicidas

puede y debe reducirse.

Hasta aquí el programa de hoy.

Pueden ver de nuevo los reportajes de Informe Semanal

en la web de RTVE.

Gracias, y hasta la próxima semana.

Informe Semanal - 15/12/18

15 dic 2018

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