Presentado por: Pilar García Muñiz Dirigido por: Óscar González

El programa más veterano de la televisión nacional y el más antiguo de su género en Europa ofrece la emisión de reportajes de la actualidad internacional, nacional, social o cultural.

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No recomendado para menores de 7 años Informe Semanal - 20/04/19 - ver ahora
Transcripción completa

Con incredulidad e impotencia veían este lunes los parisinos,

los turistas y el mundo entero como las llamas devoraban

la catedral de Notre Dame, un icono de Francia y de Europa.

El impacto causado por la caída de la aguja

y la imagen en directo del fuego

consumiendo más de 850 años de historia ha generado

una oleada de solidaridad y donaciones privadas

pero también una polémica sobre la repentina generosidad

para reconstruir la catedral en un país

con graves urgencias sociales.

Bienvenidos a Informe Semanal.

Hoy además conoceremos cuál es la realidad de la infancia

en una de las zonas más castigadas por la violencia y la pobreza

en Colombia.

Y veremos cómo la cultura está devolviendo la vida

a muchos pueblos de nuestro país

Pero antes vamos con el incendio de todo un símbolo

la catedral de Notre Dame.

El 15 de abril,

la Catedral de Notre Dame sufrió el incendio más devastador

de su historia.

Las llamas devoraron la Aguja y arrasaron la cubierta de madera,

una joya del siglo XIII.

Los cañones de agua de los bomberos, no alcanzaban suficiente altura.

Miles de personas a orillas del Sena y millones más,

a través de televisiones y redes sociales,

asistían incrédulas e impotentes a una lucha contrarreloj,

por evitar el desplome del templo

que había sobrevivido a revoluciones, saqueos y guerras.

Por primera vez en 850 años, lo impensable, era posible.

Evaluados los daños,

los técnicos han concluido

que la estructura de Notre Dame resistirá.

Pero ha habido que reforzar algunos puntos: el campanario sur,

los hastiales occidental y norte,

y las enormes cavidades abiertas en la bóveda.

Consolidar el edificio y protegerlo de la lluvia,

es prioritario.

El fuego devoró con insultante simpleza la fôret,

la cubierta construida con madera de 1.300 robles,

todo un bosque de 21 hectáreas.

Cedió la "fleche",

la aguja de roble cubierta de plomo

con la que, en el siglo XIX,

el arquitecto Eugéne Viollet le Duc quería tocar el cielo.

Aguantaron las torres y sus 10 campanas, entre ellas,

y con 13.200 kilos, Emmanuel, del siglo XVII.

En el interior,

la nave central es un paisaje de escombros, viento y cenizas.

Sucumbieron las vidrieras,

aunque no los rosetones del siglo XIII,

símbolo de un Medievo que quería ser luminoso.

Y se logró rescatar a tiempo el tesoro de la Catedral,

reliquias de extraordinario valor para los católicos:

la Corona de espinas de Cristo,

un fragmento de la cruz y la túnica de San Luis.

A salvo, aunque con algunos daños, la Piedad de Nicolás Coustou,

los 13 enormes cuadros que cada mes de mayo,

en los siglos XVII y XVIII,

los orfebres parisinos regalaban a la Catedral.

Y, bajo el Rosetón oeste,

protegido por un saliente en piedra,

el gran órgano, con sus cinco teclados y 7.374 tubos.

Cuatro días antes del incendio,

una grúa trasladaba para su restauración

a los 12 Apóstoles

y 4 Evangelistas que rodeaban la aguja.

Un vuelo que les salvó de las llamas.

El día 15,

la alarma sonó dos veces en Notre Dame,

pero fue tras la segunda,

a las 6 y media,

cuando el fuego asomó por la cubierta.

600 bomberos movilizaron todos los medios disponibles

en una operación muy arriesgada.

Dando la cubierta por perdida,

concentraron los esfuerzos en controlar el fuego

en la torre norte.

Si se desplomaba,

arrastraría a su gemela,

destruyendo la fachada.

En el interior,

un grupo de bomberos puso a salvo las obras de mayor valor

y cuando la situación fue más peligrosa,

el robot Colossus, tomó el relevo.

Con la estructura de la Catedral muy debilitada,

los bomberos trabajaron con constancia y dosificación.

Notre Dame se jugó su supervivencia en 30 minutos.

El incendio constará en los Archivos Nacionales.

Creados durante la Revolución Francesa,

aquí se ordenan y clasifican libros, documentos, grabados, discursos,

anotaciones...

Su precisión desafía veleidades históricas.

Ghislain Brunel, especialista en el Medievo

y conservador de los Archivos,

muestra copias de grabados donde se aprecian las modificaciones

arquitectónicas de Notre Dame,

en diferentes períodos.

Pero siempre ahí.

En ella se auto coronó emperador Napoleón.

Saqueada durante la Revolución Francesa,

sirvió de almacén,

y a punto estuvo de ser demolida hasta que, en 1831, Victor Hugo

la puso en el centro de su novela "Notre Dame de Paris".

"Notre Dame recuperó totalmente el honor con Victor Hugo,

que denunció que estaba en muy mal estado

e hizo mucho por la renovación de la Catedral.

A partir de aquel momento,

los parisinos primero,

y después todos los franceses,

y se dieron cuenta de que tenían un patrimonio monumental

e histórico muy importante,

y que había que salvarlo".

Notre Dame, iglesia de fieles y reyes,

es desde entonces parte del imaginario colectivo.

Sufrió las grandes Guerras.

Y fueron sus campanas

las que anunciaron la liberación de Paris, tras la ocupaciónnazi.

Es un icono con el que conectan millones de personas,

por encima de creencias religiosas o nacionalidades.

Mientras la Fiscalía investiga las causas del siniestro,

bajo la hipótesis del incendio accidental, la colecta

para la reconstrucción de Notre Dame sigue sumando ceros,

rozando los mil millones de euros.

La mitad de esa cantidad,

aportada por las tres familias más ricas del país: los Pinaud,

los Arnaud y los Bettencourt.

Pero no sólo.

Numerosas empresas francesas, extranjeras,

administraciones regionales,

el Ayuntamiento de Paris

y miles de ciudadanos,

se han volcado con Notre Dame.

La repentina lluvia de millones ha levantado ampollas en un país

golpeado por la crisis de los chalecos amarillos,

y donde el 14% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

La emoción se ha superpuesto a la razón.

Y ese será el gran problema en los próximos meses.

Cómo ayudar a la reconstrucción de Notre Dame,

sin perjudicar a las otras causas, sociales, médicas, o simplemente,

la restauración de monumentos.

La reconstrucción de Notre Dame también genera polémica.

El Presidente Macron pretende terminarla en 2024,

pero los expertos creen que, rehacerla tal cual,

requeriría entre 10 y 20 años.

Dependerá, en cualquier caso, del proyecto.

Y ahí también hay división,

entre los partidarios de volver a utilizar madera,

por lealtad a su historia,

y los que apuestan por una cubierta de material más resistente,

como se han hecho en otras reconstrucciones.

La pregunta es qué hacemos en 5 años.

En 5 años se puede hacer una cubierta, reparar una bóveda,

pero ¿tendremos tiempo de hacerlo con la fineza que la situacion

y el edificio exigen?

Para reparar la aguja y los arcos de la bóveda,

el proyecto debería durar 10 años

y costaría 130 millones de euros.

Hay una presión enorme sobre esta Catedral

y lamentablemente yo me pregunto si de verdad tenemos tiempo

de reflexionar, pensar y analizar el edificio,

para orientar las obras correctamente.

Para encontrar quien reconstruya la aguja de le Duc,

se convocará un concurso internacional de arquitectos.

Y será necesario reclutar todo un ejército de artesanos,

que no abundan, planificando su minucioso trabajo,

en un largo período de silencio y paciencia.

Para los católicos, Notre Dame es, por encima de todo,

su templo espiritual y religioso.

Miles de ellos estaban en Paris,

para asistir a las celebraciones de Semana Santa en la Catedral.

Ahora lo harán en la Iglesia de San Sulpice,

donde se han trasladado los Oficios.

Mientras dure la reconstrucción,

la Catedral podría tener, frente a ella,

una réplica temporal.

Trabajamos ahora para levantar una Catedral efímera

en la explanada de la Catedral,

para acoger gente cuanto antes,

y poder contemplar la fachada desde el interior.

Vamos a lograrlo, eso es cierto, la gente nos apoya

y para nosotros nunca ha habido rutina,

en Notre Dame cada día era uno nuevo.

En vísperas de Semana Santa,

la Pasión según san Mateo de Bach,

había sonado en la Catedral.

El templo que algunos escritores del XIX consideraban poético,

y otros, una construcción anclada gravemente a la tierra,

sin ligereza.

Los monumentos son memoria.

Y con más de VIII siglos,

en Notre Dame, lo bello,

lo religioso o lo identitario,

subyacen como estratos unidos por un hilo invisible.

Salvada del fuego,

pasarán años hasta que sus puertas vuelvan a abrirse

para volver a acoger sin distinciones,

la curiosidad,

la admiración,

el rezo o la rabia.

Aunque los acuerdos de paz significaron el fin de las FARC,

otros grupos guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes

siguen operativos en Colombia en diferentes territorios

como en La Guajira, donde los niños y adolescentes

continúan siendo la población más vulnerable.

Un equipo de Informe Semanal ha recorrido, entre otras,

esta zona, una de las más pobres del país donde la malnutrición

convive con los abusos y la amenaza

de reclutamiento forzoso por grupos armados.

Yo vivía con mi papá y mi mamá en provincia,

con mis cuatro hermanos, y entonces lo mataron,

había la guerrilla.

Fue algo que marcó mi vida, el hecho de que yo lo vi

como lo hicieron.

Silvia tenía cinco años cuando el asesinato

de su padre, quedó grabado en su retina.

Ha cumplido 24 en la aldea de Floridablanca, Santander,

en el noreste de Colombia.

Un programa de la ONG Aldeas Infantiles

para menores víctimas del conflicto armado

que sufrió el país entre 1990 y 2015

y que aún no ha terminado de cerrarse,

a pesar del alto el fuego con la guerrilla de las FARC.

Mi mamá me dio a una tía que vivía acá, en Bucaramanga

y con ella, no me daba estudios y me ponía a trabajar

a las cuatro de la madrugada.

Una noche, el esposo de ella me tocó sin que yo quisiera

y todas esas cosas.

Y salí corriendo y fue algo como muy de Dios,

porque en ese momento, salió como una patrulla

y me subieron al sitio de los policías.

Silvia lleva once años aquí en esta comunidad juvenil,

donde 36 adolescentes y jóvenes se preparan

para encarar la vida.

Acaba de terminar sus estudios de gastronomía

y ya ha encontrado trabajo en un restaurante.

Por eso, hoy no cena con sus seis compañeros de casa.

Una trabajadora social, vive con ellos.

La llaman "mamá".

La ayuda una "tía".

Pasa como en todas las familias, a veces tenemos diferencias,

hay cosas, pero los chicos son chicos.

Ellos son mi familia también.

Ser mamá, eso es lo que soy, ser mamá.

No es tristeza, no, es algo muy bonito,

que la aldea nos brinda.

El hecho de que podamos contar las cosas sin resentimientos

y que me ha hecho a mí fortalecerme como persona.

Mi corazón, no guarda rencor ni hacia mi tía,

ni hacia las personas que me hicieron ese daño,

ni mucho menos a las personas que mataron a mi papá.

Porque son cosas que tienen que pasar,

el destino es así.

También se llama Silvia.

También se crió aquí, en Floridablanca.

Como sus hermanos: Isabela, de 12 años, David, de 14

y Alejandra, de 19.

Madre de Jerónimo, de solo tres semanas.

Alejandra canta:

Yo te esperaba.

Hijos de padre ausente y madre drogodependiente.

Como primer momento bien solita, venía sin mis hermanos,

venía con ese momento de angustia, ellos están fuera,

solitos y yo estoy aquí.

Fue un proceso, aceptar primero, yo debía prender aquí,

estar aquí en familia, para luego darles la oportunidad

de que ellos también pudiesen ingresar

y desde el momento en que yo ingresé

a aldeas infantiles, siempre luché

para que mis hermanos pudieran estar conmigo.

Se iba la luz y empezábamos a jugar al escondite

en la casa y jugábamos todos

y mamá contaba y salíamos todos corriendo.

Silvia es psicóloga infantil.

Aquí encontró su vocación, cuidar de otros

como otros cuidaron de ella.

Es supremamente importante garantizarle al niño

crecer en un entorno protector, un lugar donde al niño se le brinde

ese calor de hogar, esa seguridad.

En el propósito y en el decir si soy querido,

si soy valorado y si le importo a alguien

en el mundo.

Cartagena de Indias, la joya colombiana del Caribe.

Hay una Cartagena donde las adolescentes

celebran la fiesta de los 15 por todo lo alto.

Otra que no ven los turistas.

La Cartagena de Rosa y sus cinco hijos.

Llegaron hace seis años de la costa del Pacífico.

Exiliados de la violencia, como otros siete millones

de desplazados del conflicto armado.

Se puso la cosa difícil, allá no tenía casa

por la violencia y todo eso .

Y aquí yo vine embarazada y se me murió un bebé,

y desde que se murió el bebé, el bienestar cogió a los niños,

Y yo me quedé ya sola.

El padre los abandonó en la calle.

Sin casa, sin trabajo, los servicios sociales colombianos

se hicieron cargo de los niños.

Yo no comía, no hacía nada, yo me quedé zonza, zonza,

ni medio plátano me podía comer porque no me llenaba.

Y así me enfermé, pero Dios me ayudó a salir adelante.

Son tantas emociones que no sé ni cómo decírselas.

Salió adelante vendiendo fruta y reciclando

lo que otros no querían.

Nunca dejó de visitar a sus hijos.

Y los ha recuperado.

Viven en una chabola de madera y chapa, en una calle de tierra,

pero todos van al colegio.

Rosa hija quiere ser enfermera.

He abierto mis alas para votar con mis hijos,

con mis hijos y por mis hijos.

No estoy como una reina, pero yo me siento una princesa,

y como la mujer más feliz, la madre más feliz.

José Ángel, de cuatro años, dejará hoy la casa

de Érica y Alexis, en la Cartagena acomodada.

Localizaron a un familiar y el familiar

se va a hacer cargo de él.

Entonces, anoche nos daba mucha penar saber

que era la última que iba a pasar en su camita

y lo mirábamos con mucha pena, con Érika, ya no va a estar

con nosotros.

Luego les daré las orientaciones también para hacer

la despedida del niño.

Alexis, chileno, tiene un agencia de publicidad.

Érica, es enfermera en excedencia.

En la casa se queda por ahora, Yerlis Vanessa,

una niña de cinco meses.

Yerlis venía con una escabiosis sobreinfectada

en todo el cuerpo, no había un lugar donde no tuviera.

Un brote de su piel, muy infectada, venía con problemas

de desnutrición, muy baja de peso, me la entregan

a las 6.30 de la tarde y yo a las 8.30,

la estoy hospitalizando.

Quiero para ella lo mejor, me gustaría

que si su familia la vuelve a recuperar, que sea para bien.

Pero sí me dolería muchísimo.

La Guajira, uno de los últimos reductos

del conflicto armado y una de las regiones más pobres

de Colombia.

La mortalidad infantil es el doble de la media nacional.

La mitad de los niños, sufren malnutrición.

Siguen bajo la amenaza de ser reclutados a la fuerza

por paramilitares, guerrilleros y traficantes.

Con la presión añadida del éxodo venezolano

a través de la frontera común.

Al principio nos fue bien, trabajábamos, todo chévere allá

pero luego, con Maduro, no me alcanzaba

sino para los pasajes nada más.

Colombia, por su connotación es una situación

donde las familias están en riesgo social

y las que más son los niños jóvenes y adolescentes,

que a pesar de que existe una ley de infancia en el país

que ha empezado a regir en el 2006.

En todo el mundo, 700 millones de niños

y niñas han visto como los conflictos armados,

la violencia sexual, la explotación laboral,

les arrebataban la infancia.

A pesar de su incierto futuro, los de la comunidad Simón Bolívar,

no renuncian a disfrutar del presente.

Mientras en las grandes ciudades se cierran cada vez más

salas de cine,

en algunos pueblos están recuperando el placer

de ver películas en la gran pantalla.

Y lo hacen gracias a iniciativas

como las de un empresario de Salamanca

que lleva los últimos estrenos a 17 pequeñas localidades

de toda España.

Y no es el único.

Hay compañías de teatro y otros espectáculos

que luchan por reanimar la vida de los pueblos y pequeñas ciudades.

Va cuéntame, para ahora "Lo dejo cuando quieras".

Son numeradas.

En esta fila o más adelante.

Vale me vas a poner donde haya menos gente.

Fila ocho, dos y cuatro.

¿Cuántas? -Cinco.

Vale pues muchas gracias.

¿Cuándo empieza? -A las ocho en punto

¿Según entramos a la derecha? -Exactamente.

Dame unas palomitas.

Nací en un cine de verano en Piedralaves,

en la provincia de Ávila,

y en los años sesenta ayudaba a mi padre, entre comillas,

con cinco añitos.

Mi padre llevaba un proyector de cine de dieciséis milímetros.

La pantalla era una sábana,

la butaca cada uno tenía que llevar la suya,

y la calefacción un ladrillo envuelto en una manta.

Con esa escuela y mucha ilusión tiene cine Peñaranda de Bracamonte.

Joaquín ha dedicado toda su vida a llevar el cine

a localidades pequeñas.

Este teatro del s. XIX en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca,

fue el primero que abrió en 1991.

En estos años no todo han sido éxitos;

la llegada de Internet a finales de los noventa

le obligó a cerrar salas en muchos pueblos.

Pero este empresario salmantino siguió luchando

para acercar la cultura a los entornos rurales.

Nosotros en los pueblos por qué resistimos,

porque ofrecemos cine de actualidad.

Gracias al cine digital,

las distribuidoras confían en nosotros

en darnos la película lo más pronto posible

entonces los habitantes del pueblo eso lo aprecian

y podemos tirar para adelante.

Si el público no viene tendríamos que cerrar.

Con sesiones de viernes a lunes,

los seis mil quinientos vecinos de Peñaranda

tienen acceso a las últimas novedades de la cartelera.

Pero no todos valoran el esfuerzo

que supone llevar iniciativas culturales

a poblaciones pequeños.

Los servicios culturales los disfruta

un sector de la población.

Hay otro sector de la población que si no se involucra

en estas actividades, van a desaparecer de por vida,

está claro.

Es el diminuto estudio ambulante y prácticamente lo que hace

es recuperar el oficio del fotógrafo minutero.

Básicamente es la figura de los fotógrafos

que hace cien años, a principios del siglo pasado

iban por los pueblos, en concreto por los pueblos,

haciendo retratos de sus habitantes.

Eva es una de las treinta fotógrafas minuteras que hay en nuestro país.

Vive de su trabajo pueblo a pueblo, adonde lleva su cámara

para fotografiar a los habitantes de la España vacía.

En el último año ha conocido lugares prácticamente abandonados

donde hay poca población que demanda iniciativas como la suya

que le aporten algo de vida.

Un pueblo sin cultura es como un álbum de fotos sin fotos.

Veo muchas situaciones.

Veo lugares por ejemplo sin ir más lejos, éste en Fresnedillas,

que están cerca de núcleos urbanos donde sí que veo un resurgir

y un fermento interesante de gente

que está eligiendo vivir en el campo, más que en la ciudad.

Hay zonas y zonas,

hay otras que por supuesto están mucho más abandonadas.

Precisamente los lugares donde hay poca población

proyectos como estos son muy bien recibidos.

Sabéis cómo funciona esto,

sabéis que vamos a hacer una foto como se hacían hace cien anos.

Es ciencia pero parece magia.

No te muevas.

Juntaros un poquito más.

Tienes que quedarte aquí parado mirando a la lente

pensando en tu abuela, ¿vale?

Crees que podrás hacerlo?

No se me ve el escudo. -¿Cómo qué no?

Es en blanco y negro.

A unos cincuenta kilómetros de Madrid,

en este pueblo de la sierra

los vecinos también pueden disfrutar de sesiones de micro teatro.

Y la abuela que quería ser, payasa,

se puso los pantalones del abuelo, la camiseta del abuelo,

la nariz del abuelo y salió a la pista.

Y aquel día el público rió como nunca.

Todavía somos muy poquitas,

pero cada día que pasa hay más mujeres que se dedican al humor.

Así que que vivan las payasas.

Esta compañía de teatro decidió ponerse unas ruedas

para llevar sus funciones a las zonas rurales.

La idea era llevar un teatro ambulante

a sitios donde no llega el teatro.

Donde no hay salas de teatro,

entonces nosotros poder llevar una infraestructura

y montar nosotros el teatro.

Y sí, nos ha funcionado muy bien, estrenamos el año pasado

y de repente fue un exitazo.

Pero es difícil, falta dinero,

yo sí que veo que hay bastante abandono

y que la cultura es normalmente lo primero que se quita del medio.

Hoy toca actuar en Fresnedillas de la Oliva,

un pueblo de mil quinientos habitantes

que sigue ganando población.

Aquí conviven vecinos de cincuenta y dos nacionalidades

que comparten el interés por tener acceso a la cultura.

Hay sectores muy diferentes en este pueblo.

Igual hay niños y niñas que tienen unas familias

que se pueden permitir salir fuera a Madrid a poder consumir cultura

y hay otros peques que si no se viene aquí

estas iniciativas, no se podría hacer nada

y no podrían ver nada.

Hoy en la plaza del pueblo de doce y media a dos;

la cosa -el centro organizado de sonido ambulante-

estará grabando a la vecindad.

Pasen a cantar, a contar a recitar, de doce y media a dos,

en Bustarviejo.

Es un poco como el carrito de los helados

o los oficios ambulantes que había en el pasado

que de alguna manera generaban expectación.

De alguna manera llevar la música

y las herramientas de la grabación musical

a lugares donde quizás no está tan a mano.

Y sobre todo se genera una situación de creatividad

y de reencuentro entre los vecinos y vecinas muy potente.

¿A quién le toca? Vamos.

Candela, Lucía y Naia son amigas del colegio.

Viven y estudian en Bustarviejo, una localidad madrileña

de cerca de dos mil quinientos habitantes.

Aunque aquí las actividades culturales

son más esporádicas que en la ciudad,

ellas no cambiarían el pueblo.

Te da más libertad y como que nos conocemos todos más.

Porque en la ciudad va, cada uno hace su vida

y en el pueblo somos todos amigos, una familia.

Varios grupos se van formando alrededor de la caravana

para dar vida a una plaza

que hace unos minutos estaba prácticamente vacía.

En los últimos años la población de Bustarviejo ha aumentado.

Sus vecinos reivindican la cultura como método

para devolver la vida a los pueblos.

Viene mucha gente,

porque sabe que aquí hay asociaciones culturales

que están fomentando la música, el teatro, el arte en general

y hay mucha gente artista que se ha venido aquí

por ese efecto atracción.

A doscientos cincuenta kilómetros de Bustarviejo,

los vecinos de Daimiel en Ciudad Real

empiezan a salir a la calle.

Hace un mes que pueden disfrutar de una nueva actividad cultural;

treinta años después el cine ha vuelto a esta localidad.

A mí me encantaban las películas del oeste

y hacía muchos años que no iba al cine aquí

y ahora me encanta porque puedo ir al cine a ver películas de estreno

y además muy bien, fenomenal.

¡Hombre! Si Dios quiere, cómo no lo vamos a estrenar,

estábamos deseando que pusieran cine en Daimiel

y ahora no vamos a ir ¿adónde?

A lo nuestro.

El mismo empresario que puso en marcha

el cine de Peñaranda de Bracamonte

es el que ha abierto la sala de Daimiel,

aquí se estrena la última película de Almodóvar.

La novedad ayuda a que se anime la gente,

pero para que sobreviva la gran pantalla hará falta mucho mas.

Creo que tendríamos que concienciarnos

y vivir de nuestros pueblos,

luchar porque los pueblos no se hundan,

pero somos los primeros nosotros los que tenemos que luchar.

No que venga el maná ni que vengan subvenciones.

Yo siempre digo que la mejor subvención

es que la gente saque una entrada en la taquilla

y disfruten de la película.

Hasta aquí el programa de hoy.

Recuerden que pueden ver de nuevo los reportajes de Informe Semanal

en la web de RTVE.

Gracias por acompañarnos.

Hasta la próxima semana.

Informe Semanal - 20/04/19

20 abr 2019

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