Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - El tiempo y las cosas. Toni Catany - Ver ahora
Transcripción completa

No se puede fechar una foto de Tony Catany.

Podría haberse hecho en el siglo XIX o ayer mismo.

Él, no pertenece a ninguna escuela.

-Una ansia de materialidad en sus fotos de una realidad física.

Toni es diferente no se parece a ningún otro.

Es un transmisor de la belleza, la transmite como un mensajero.

Quién puede decir que una rosa no es bella.

He aprendido a diferenciar

aquello que es fotogénico de lo que no lo es.

De hecho, hay cosas que me gustan pero que, fotográficamente,

no tienen ningún interés.

Aunque forman parte de mí,

comprendo que no tienen suficiente entidad.

Así que, nunca las convertiré en fotografía.

El hombre iba haciendo esas cosas que son una maravilla.

Esto y los retratos.

-Podría ser un autorretrato de él, fíjate lo que te digo,

porque esta imagen me habla de Toni.

-Un tío de esa sensibilidad, hay pocos, hay pocos.

En el primer viaje a Marruecos,

descubrí mi interés por el Mediterráneo.

Magdalena de Proust, es un melocotón.

Un bocado y aquel sabor que hacia años que no probaba,

me trajo mil recuerdos de infancia.

Cuando me asomo a la ventana me sumerjo en el Mediterráneo.

Para mí Mallorca es su centro, aunque no sea así.

Desde la azotea de mi casa en Llucmajor, se divisa Cabrera.

Sé que más allá hay otras tierras,

la costa de África, que nos invita a soñar.

En el año 1966, tuve mi primer contacto con otro mediterráneo.

Había terminado la Guerra de Los Seis Días,

entre Israel y Egipto.

Fue entonces, cuando visité aquellos lugares.

Preparaba un reportaje con Baltasar Porcel,

para la revista Destino.

Tenía que tomar fotos de los dos países;

todo me resultaba sorprendente.

Algunas cosas me chocaban porque, me eran desconocidas.

En cambio, otras me sorprendían por su familiaridad.

Así descubrí la relatividad de las cosas.

Y nació en mí el interés por viajar.

Después y en sucesivas ocasiones, visité Italia y Francia.

Fui a Túnez, al Sáhara argelino, a Libia, Egipto, Jordania, Siria...

La fotografía de Toni está tan ligada a su vida diaria

a sus grandes ideas sobre la poesía y la música,

que todo está presente en cada una de sus fotografías.

-He buscado ésta, porque me parece que nos puede hablar muy bien

de cómo es él.

Aquí hay un jinete que va cabalgando solo por el desierto,

pero al lado de unas ruinas maravillosas de otras culturas

que es Petra.

Y yo me lo imagino así, como un caballero, como un fotógrafo,

viajero, que ha ido a investigar otras culturas,

desconocidas para los europeos,

y que se ha encontrado con tanta belleza

que se ha quedado deslumbrado.

-El universo de Catany es único.

Está hecho de sus viajes, de su vida.

Una vida que gira alrededor del Mediterráneo,

pero también alrededor del mundo.

Un buen día me enamoré de Marruecos,

y acto seguido de Túnez.

Un amor, plenamente justificado.

En El Magreb, todavía he hallado playas vírgenes,

aguas transparentes y fruta sabrosa.

En otros países,

a causa de la especulación, del turismo,

y un determinado progreso,

todo eso ha dejado de existir.

Recuerdo la playa de Llucmajor, vírgen de hoteles.

Su arena, estaba llena de algas y conchas

y florecían lirios perfumadísimos.

Y el pinar, llegaba casi a la orilla.

Ahora, estas aguas son turbias,

y la arena, limpísima de algas y conchas, tiene un color mortecino.

Y allá donde había pinos, ahora siembran palmeras.

Poco a poco, fui tomando conciencia de la complejidad cultural

del mundo mediterráneo.

Eso es lo que trato de reflejar.

Isla de Jarba, 23 de enero de 1989.

Hablo con un joven pescador.

Me cuenta, que su padre es empleado del gobierno.

Que su hermano mayor estudia en la universidad.

Y que él y el resto de sus hermanos, trabajan como pescadores,

para ayudar a pagarle los estudios.

Me explica que tienen cuatro temporadas de pesca:

Los meses de enero y febrero pescan el pulpo, después el mero.

Continúan con el atún,

y finalmente llega la temporada de la gamba.

Van cambiando de pesquería.

Cuando pueda, dice, se casará.

Quiere tener cuatro hijos.

Le hago un retrato.

Los retratos quizás a mí me gustan por lo directos que son.

Y también por lo exquisito.

Y cómo va pasando de una forma de hacer a otra,

aunque siempre hay como una pátina del tiempo,

como algo que los hace irreal,

que los hace, como seres casi que no existen.

El viaje al Oriente, el gran tour,

que pusieron de moda ingleses y franceses,

a mediados del siglo XIX,

dio origen a la palabra "turismo".

La idea del viaje inspiró a escritores como Goethe,

Lord Byron, Flaubert, Gérard de Nerval.

Además,

descubrió imágenes documentales y exóticas a la burguesía.

Fue posible gracias a la fotografía recién inventada.

Restos arqueológicos, monumentos, gentes y costumbres.

Los países visitados en el gran tour,

eran: Italia, Grecia, Egipto y Tierra Santa.

Tierras míticas.

Más adelante, el mar cobró importancia.

El turismo de masas se inició en los años sesenta.

Viví este fenómeno en Mallorca.

Venían y vienen, a tomar el sol y a bañarse en la mar salada.

Pero pocos practican lo que considero fundamental en un viaje:

Un determinado estado de ánimo,

para descubrir y comprender el país visitado,

la gente, la cultura.

El viaje, es un medio para adquirir conocimientos.

Un viaje es una búsqueda

y una huida.

Y a la vez estás buscando algo, estás buscando al otro

y te estás buscando a ti mismo.

-Se volvía como un niño cuando encontraba una tele en Siria,

que le recordaba una de Llucmajor.

Aquí está la esencia de La Meva mediterránea.

Dediqué un segundo libro al Mediterráneo: "Oscura memoria".

Es producto de la fascinación que me provocan las ruinas clásicas

de este vasto espacio.

Y que no experimenté, por ejemplo, ante los restos Mayas del Yucatán.

Allí, casi no hice fotos.

Los sentimientos son incontrolables.

La fotografía tiene tres bloques:

el primer bloque que es un poco pensar la serie,

pensar el trabajo,

pensar la historia que le vas a contar al espectador.

La otra es el disparo, momento clave también.

Y la tercera...

que en algunas ocasiones tiene mucha importancia y en otras no

es realmente la realización del objeto.

La fotografía puede quedar en una pantalla,

puede quedar virtual, pero...

es necesario el objeto también en la fotografía,

porque de ir trabajando esos diferentes procesos,

produce también una creatividad.

El fotógrafo acaba por necesitar la parte física del objeto

y eso era algo que el Toni no se lo enseñó a nadie

y lo tenía clarísimo desde el primer minuto.

Se apartaba, se acercaba, cogía un objeto, lo quitaba,

ponía otro;

ponía una bolita, sacaba una concha, le pinchaba un alfiler,

y empezaba a crear su universo particular

con la música de fondo y con su sentimiento de aquel día.

-Le llamaba mucho la atención la pintura,

entonces intentaba reproducir la pintura en la fotografía.

Claro, en la fotografía tú pones luz donde tú quieres,

pues el ponía luz donde él quería.

-Cuando entramos en la casa de Catany en Barcelona,

en la calle Nou de la Rambla, aparece inmediatamente su mundo.

Creo que nunca he visto tan manifiesto

el universo de un artista en el lugar en que vive.

Los bodegones suelen surgir,

a partir de objetos que tengo en casa

y que he ido recogiendo durante mis viajes,

como si fuesen souvenirs.

Recogí unas conchas en una playa del Caribe,

y al cabo de unos meses, en Barcelona,

sentí nostalgia de aquel mar.

Aquello me llevó a hacer algunos bodegones.

Tengo una fotografía en la que aparece una concha desgastada,

que recogí en Isla Margarita,

muy parecida a una almendra que me regalaron en la India.

En mis fotos, mezclo recuerdos y experiencias.

Lo verdaderamente difícil es crear una atmósfera.

El universo que habitaba Toni estaba lleno de objetos.

Una mezcla heterogénea, pero mágica, de piezas muy valiosas,

junto a otras ordinarias a las que concebía la misma importancia.

Me parece que de todos los temas que abordó,

el de las naturalezas muertas fue con el que más se identificó.

Aunque fotografiara paisajes, retratos, desnudos,

siempre volvía a las naturalezas muertas.

Creo que este género es el autorretrato perfecto

de Toni Catany.

Cuando empecé en los años sesenta,

no recuerdo que nadie hiciera bodegones,

solo se veían naturalezas muertas,

en los calendarios de las tiendas de ultramarinos.

El conejo colgado junto a una escopeta,

o un jarrón de flores, terrible.

Me atreví.

Y pasé incluso un poco de vergüenza.

Nunca hemos dado con el término correcto

para definir estos montajes.

Los ingleses, lo llaman "Still life", naturaleza quieta.

Aquí a veces lo llamamos Bodegones.

Los franceses, se refieren a ellos de otra manera.

No es que esté muerta,

son objetos que ya han sido.

Flores que ya han sido cortadas.

Piedras que ya han sido recogidas.

Las naturalezas muertas de Toni no están nada muertas.

Yo creo que es un pretexto

para hablar de lo que ha sido siempre su obsesión,

y lo que ha sido siempre su vida, ¿no?

Que es el ser humano, la sensualidad, la piel.

Si te fijas, los objetos que fotografía de repente los separa

y son espaldas, son cuerpos...

-Toni Catany para mí es la sensibilidad.

Tenía un mundo interior muy importante...

-Cuando tú sientes la pasión que sentía Toni,

es parte de tu vida.

-La sensibilidad que hay en sus desnudos,

exactamente igual que en sus naturalezas muertas,

son las dos cosas maravillosas.

Y los viajes...

Me acordaba menos de los viajes, pero también está muy bien hecho.

-Es muy sutil, Toni.

Decides expresar un sentimiento.

Entonces puedes buscar un paisaje que refleje tu estado de ánimo,

o, coger cosas que tienes en casa y fotografiarlas

como una naturaleza muerta.

Puedes escoger, unos colores, unos objetos,

que traduzcan aquel estado de ánimo.

Primero viene el sentimiento,

después, buscas los objetos que te ayuden a transmitirlo.

A veces utilizo una tela de algodón

que usábamos en el campo para recoger almendras.

De pequeño, en mi casa, me obligaban a hacerlo.

Y es un trabajo durísimo.

Conservo una de estas telas,

siempre manchadas de hierbas, insectos y tierra,

de tanto arrastrarlas.

Ahora, he terminado un libro que es un ejemplar único.

Bueno, en realidad son dos:

uno para Miquel Barceló y otro para mí.

En algunas páginas,

está la misma foto en blanco y negro y en color.

A veces el color no es necesario.

Miquel y yo, somos de dos pueblos vecinos

y hemos compartido el mismo mundo.

Por eso, retrato sus cerámicas con la tela de recoger almendras.

Cuando se inventó la fotografía, querían que fuese en color,

pero no se consiguió.

El blanco y negro requiere un contraste de luz muy preciso.

Es más difícil conseguir buenas fotos en color,

porque, no necesita contrastes,

la luz, mata el color.

Las dos cosas me interesan.

En su libro Oscuro,

hay cerámicas negras sobre fondo negro.

Tiene gracia, ¿eh?

Estuvo aquí unas semanas, en invierno,

haciendo estas fotos de los rincones más oscuros del tejar.

Un día, a partir de un cuadro que había visto,

quise fotografiar un pescado rojo.

Un pescado rojo, solitario, solo uno.

Ya veremos.

Otro elemento fantástico es la sandía, sin semillas.

En cuanto a los tomates, creo que no los he fotografiado nunca.

No me interesan.

Cerezas, albaricoques, me gustan o no.

Prefiero retratar las cosas que me gustan,

sea por su aspecto, por su sabor...

Y los membrillos, me fascinan, por muchos motivos.

Me interesa la historia del arte, pero no recuerdo influencias.

Creo que en un artista, todo ha de surgir en su interior.

Hay momentos en la vida en que te vas formando:

música, libros, imágenes... cultura, todo suma.

Después estas vivencias se mezclan con el estado de ánimo,

los sentimientos,

y la necesidad de expresar todo aquello.

De ahí puede surgir algo, aunque sin pensar en nadie, necesariamente.

Me gustan mucho los bodegones flamencos,

me parecen fantásticos.

Las naturalezas muertas permiten reflejar el paso del tiempo

Realicé tres, con una calavera.

Una de ellas, en el Museo Antropológico de Méjico.

Parecía que la hubiera montado yo.

Empecé con las naturalezas muertas de manera casual.

Usaba la técnica del calotipo que necesita exposiciones largas.

Debía escoger objetos inmóviles,

lo que me llevó a los bodegones.

Me di cuenta, de que elegía objetos

que tenían un significado especial para mí

y que me permitían expresarme a través de ellos.

Alguien me dijo que se parecían

a los bodegones de un fotógrafo checo, Sudek.

Por entonces no sabía quién era.

Cuando lo descubrí, le hice un homenaje.

Si calotipo viene de caló, que significa bello, pues yo creo

que es un hombre profundamente preocupado por la belleza.

No solo por la belleza que él encuentra,

sino por la belleza que han intentado descubrir los demás

de pintores, de arquitectos, de escultores, de tejedores,

de artesanos....

Es un constructor de la belleza sin tiempo.

Me obsesiona el tiempo.

Escoger una flor mustia, unas frutas podridas, o unas conchas

es la manera que tengo de referirme al tiempo.

En realidad, todo empezó cuando compré una máquina antigua

que ni siquiera tenía obturador.

Las exposiciones de aquellos calotipos, eran tan prolongadas,

que empecé a hacer bodegones.

El resultado fue muy interesante.

Así surgieron los matices, la selección de objetos,

el cuidado en la composición,

el uso de objetos que tienen un significado muy especial para mí.

Un vaso de agua con una flor,

es muy diferente a un vaso de agua con un limón.

Una pera, no es un membrillo.

Una rosa, no es un clavel.

Lo primero que me interesó de Toni fue su faceta totalmente intemporal.

No podemos fechar una foto de Toni.

Podría haberse tomado en el siglo XIX o ayer mismo.

Él, no pertenece a ninguna escuela o tendencia.

Después de varios años de fotografiar naturalezas muertas,

me encontraba un poco cansado de los objetos estáticos

y de componer dentro de un cuadrado.

Un trabajo de encargo sobre el cuerpo humano

que finalmente no realicé,

unido a mi afición por la cultura del Mediterráneo

y a la admiración por las estatuarias griega y romana,

me llevaron a la serie de desnudos masculinos "Soñar Dioses".

El título, me lo sugirió un poema de Blai Bonet.

Dar vida a las estatuas.

Esta fotografía también es muy famosa.

Tienen esa sensibilidad... hay pocos.

¿Cómo podía fotografiar el cuerpo desnudo

sin que pareciera artificial?

Los griegos, a través de la escultura,

divinizaron el cuerpo humano.

¿Por qué no podía hacer lo mismo con la fotografía?

Además el desnudo masculino es un poco difícil.

Vamos, yo nunca lo he hecho,

pero supongo que es mucho más difícil que el femenino.

La expresividad del cuerpo en movimiento.

Tratarlo como un rostro, como un paisaje,

o como aquello que es capaz de provocar

y de experimentar emociones.

Divinizar el cuerpo.

Había pensado que la colección de desnudos fuera en color.

Pero me condicionaba porque,

todos tenemos el cuerpo muy asimilado.

Sabemos cómo funciona y lo que es.

Pero en color, para hacerlo más decorativo,

tenía que añadir unas telas,

un fondo, que no necesitaba para nada.

Entonces decidí que las haría en blanco y negro,

aunque aplicaba un poco de selenio

que confería a la foto un tono sanguina

que sugería, además, la cualidad del color del cuerpo.

Años después, hice "Polaroid transportado",

otra técnica que es muy pictórica.

También me atreví a hacer una serie de desnudos,

ya desde otra concepción.

En la que sí entraba en juego el color.

Toni mas que mostrar, evoca.

-El paisaje humano,

el cuerpo con todas sus formas, ¿no?

Yo creo que es casi un escultor con su mirada,

en cómo busca ese arqueamiento del cuerpo,

o a veces también la sutileza y la delicadeza de una mano, o de un pie.

-Su "interismo" era el cuerpo por el cuerpo,

sino lo que contaba ese cuerpo.

Por eso, no me gusta separar nada de la obra de Toni,

porque su obra es como un círculo,

porque no sabes dónde empieza o dónde termina, ¿no?

A veces sus esculturas se convierten en piel.

Se toca no solo con las manos, se toca también con los ojos.

Él lo tenía muy claro. Es una preciosidad.

Pero, es parte también de esto.

Podría ser una piedra, podría ser un mármol,

podría ser lo que él quiso que fuera.

¡Es genial!

Le conocí hace 24 años.

Tuve la oportunidad de exponer en el Mes de la Foto en París.

Era el único fotógrafo español que estaba allí.

Me lo presentaron y bueno,

y como si nos hubiéramos conocido de toda la vida, me protegió....

Entonces fue el principio de algunas cosas.

-Vi por primera vez las obras de Toni durante mis estudios de Bellas Artes.

Tenía veintitantos años,

cuando las descubrí en un libro de fotografías.

Lo que más me impresionó fue,

su intento de unir la fotografía y la pintura.

Como yo estudiaba pintura sentí mucha simpatía por su trabajo.

-Fue en 1984, en los encuentros de Arles.

Aunque ya había fotos de Toni no lo conocía personalmente.

Y lo que es la vida,

desde el primer momento entablamos una gran amistad.

-Creo que Toni Catany ponía énfasis en lo que los japoneses llamamos:

"sensibilidad por lo efímero".

Esa actitud hacia los objetos que colocaba ante su cámara,

me agradó siempre.

-Toni había nacido artista.

Vivía como artista.

El lugar donde vivía era un museo.

Si él no hubiese fotógrafo, y hubiese estudiado música o pintura,

sería pintor o músico.

Y si no hubiera estudiado nada de eso,

hubiera sido un gran cocinero.

Cartier Bresson decía,

que la composición es muy importante.

Existen muchas maneras de componer la misma cosa.

O de hacerse una composición, descompuesta.

Me gusta mucho descompensar las cosas.

Y por supuesto tengo manías.

Me gusta fotografiar las cosas de frente.

Igual que cuando hago un retrato, me gusta que miren a cámara.

Hay toda una serie de fotografías de Toni,

en la que el instante era primordial.

Un segundo antes o después ya no era la misma foto.

Él, tenía el sentido del instante.

Sus retratos son verdaderamente intemporales,

por la elección del modelo, pero también por el tratamiento.

Y me parece que los retratos intemporales,

son bastante raros.

Una de las características interesantes del retrato,

es que se pueden situar en el tiempo.

Por la pose, el peinado, o el maquillaje.

Cuando era pequeño,

uno de mis entretenimientos preferidos

era mirar una y otra vez las fotografías de la familia,

que estaban guardadas en un cajón de mi casa.

Cuando pasaron los años

y la fotografía se convirtió en mi profesión,

me interesé cada día más, por todo lo que tenía relación con ella.

Tomàs Montserrat, nació en 1873 en Llucmajor, mi pueblo.

Era un sacerdote que se dedicaba a muchas cosas.

Trabajaba la madera, embalsamaba animales.

Había fabricado un gasómetro, un reloj...

Y había grabado en un disco,

la voz de sus padres mientras rezaban el rosario.

Le gustaba conversar con la gente, también retratarla.

Con sus sobrinas, encontramos cerca de 150 placas,

datadas entre 1900 y 1925.

Tomás Montserrat, se sitúa al margen de cualquier corriente estética.

De principio a final,

en su trabajo de aficionado a la fotografía,

mantuvo, el mismo encuadre.

Siempre hacia las fotos en un mismo rincón del patio.

Con los mismos elementos decorativos y a una determinada hora del día:

a primera hora de la tarde.

Primera invitación de una exposición importante en Europa,

la galería Bischofberger,

es una foto de Toni Catany, en París, en el año 84.

Y es un retrato mío, muy sucio, de pintura,

delante de un cuadro de libros,

y con un color verdoso.

-Otra cosa que destaca de los retratos de Toni,

es la búsqueda de la belleza.

Se sentía muy atraído por la belleza.

Fuera cual fuera la forma en que se manifestara.

Un hermoso joven, una chica bonita, una mujer madura.

Pero también un granada o una ciruela.

Soy muy tímido.

Normalmente me aproximo al retrato cuando viajo.

Y nunca viajo solo, no me gusta.

Como la gente que me acompaña es mucho más lanzada que yo,

les digo: "quiero retratar a aquel de allá",

y ellos se lo piden.

En esencia, hay que ser rápido, de lo contrario, se ponen nerviosos.

Les digo: "por favor, mire a cámara, no sonría, póngase serio",

es mi manera de actuar tan rápidamente como puedo.

Los ojos a veces, dicen demasiado y lo dicen todo

y los ojos no mienten.

Él necesitaba esa verdad, ¿no?

Necesitaba meterse en el corazón de esa persona.

Y yo creo que él lo que pensaba es que si lo hacía rápido,

esa persona no tenía, a lo mejor,

ese tiempo que a veces tienes para seducir a la cámara.

-No pensabas que tenías a un fotógrafo al lado.

Ni la gente lo apercibía como un fotógrafo que iba a retratarles.

-Era un gran campo de trabajo para Toni,

cualquier país, cualquier sitio donde estuviéramos.

-Yo, andaba por allí distraía y cuando me daba cuenta,

me encontraba a Toni Catany que estaba rodeado de gente,

hablando con ellos;

Toni no hablaba ni una palabra de inglés,

por tanto no sé que les contaba,

pero parece ser que se entendían.

-Sacaba mucho provecho fotográfico productivo a los viajes que hacía.

Especialmente desde que empezó a trabajar en digital,

hacía muchísimas,

lo que después le traía, muchísimas horas más de trabajo

en el ordenador en casa para seleccionar.

-Los distribuía, los hacía poner en un sitio,

buscaba una pared, allí los fotografiaba

y todo el mundo estaba contento.

Después, nos marchábamos y era como si no hubiera pasado nadie.

Siempre estaba pensando, dónde sacar la fotografía,

a qué esquina llegar,

recorríamos todos los templos, recorríamos todas las calles,

nos parábamos a la orilla del Ganges.

Viajar en un motivo para hacer fotos y experimentar viviendas.

Yo no tengo coche ni conduzco.

Pero, nunca se me ocurriría pedirle al conductor,

que pare para hacer un foto.

Puede que las mejores fotos sean las que nunca he hecho.

En la India había un adolescente pintado de azul

que iba en bicicleta con un amigo.

Me hubiera encantado retratarlos, pero no pudo ser.

Aquella foto, está en mi cabeza.

El primer viaje fue a Irán.

Yo soy escritora y tengo un punto de vista

y me fijo en unas cosas,

pero Toni Catany se fijaba en otras cosas, sorprendentemente.

Y lo que era divertido era ver

que los dos llevábamos una cámara de fotos.

Yo hacia las mismas fotos que hacía él.

Pero sus fotos, eran diferentes.

En las suyas siempre pasaba un perro,

siempre llegaba un sacerdote que entraba por la puerta...

en las mías, no pasaba nada.

El paisaje que más me gusta es el que habita el hombre.

El paisaje lo es todo,

y dentro de este todo puedes elegir es que prefieras.

Puede ser un paisaje virgen,

o un paisaje, donde se perciba la intervención del hombre.

Es todo un género y muy diferente.

No puedes comparar un árbol con una manzana,

ambos, son un producto de la naturaleza.

Pero uno está manipulado.

No puedes meter un paisaje dentro de un estudio.

El viaje de aventuras no me interesa,

no tengo espíritu aventurero.

Aunque el viaje, también significa alegría.

Satisfacer la curiosidad, conocer lo desconocido,

conocerse, a través del conocimiento de los demás.

Esto le permitía,

expresar mucho mejor que en una imagen suelta,

su visión del mundo.

-"El artista en su paraíso",

publicado con motivo de la gran retrospectiva

en el museo Internacional de Cataluña en el año 2000,

es hoy en día, el libro más completo sobre Toni.

-Se publica en un momento en que él ya es un artista consagrado,

ha ganado el premio Nacional de Fotografía,

tanto de la Generalitat como el del Ministerio de Cultura,

y efectivamente a pesar de que los últimos trabajos

no están en este libro,

yo diría que es el gran libro

de que alguien que no conozca el trabajo de Toni

y quiera aproximarse a él,

es el libro esencial, es el libro fundamental.

En el mar de Ulises,

cada vez hay más cemento y menos zonas vírgenes.

Recubren las rocas con hormigón y baldosas,

para que el paseante camine mejor junto al mar.

No sea cosa que se moje los pies, o le entre arena en los zapatos.

No tengo nada en contra de las palmeras,

pero prefiero las que crecen salvajes en las playas del Caribe.

Unos amigos me llevaron a conocer la costa venezolana:

Choroní, la península de Paria, Morrocoy, Paraguaná, isla Margarita.

Entré en contacto con un paisaje virgen y natural.

El clima y aquella vegetación exuberante, me fascinaron.

Allí encuentro siempre mi verano:

las flores, las frutas,

y las sencillas y sabias arquitecturas sin arquitecto,

llenas de color,

habitadas por gente amable y acogedora.

En isla Margarita, me duermo pensando que lo único que me falta,

es el olor a sal y a pinaza.

Soy un enamorado de Venecia.

Desde el primer momento que la visité, hacia 1969.

No me instalaría definitivamente,

pero me gusta visitarla de vez en cuando.

Puedo partir hacia Venecia en cualquier momento.

Me pasan las horas volando.

Es algo que me ocurre también en Formentera.

Me atrevería a decir que Venecia es el único lugar del mundo

donde he perdido la noción del tiempo.

Y solo me he encontrado con niebla en una ocasión,

en esto he tenido mala suerte.

Formaba parte de su vida.

Venecia era un lugar recurrente, recurrente siempre,

y buscaba Venecia en todas partes.

-Toni sentía nostalgia de la Mallorca de su infancia, juventud.

Le parecía encontrar un paraíso en el Caribe.

Principalmente en Venezuela, en determinados rincones reservados,

a donde no había llegado la locura humana.

Su casa era un paraíso y él se sentía como Dios en su Edén.

Y luego estaba Venecia,

una ciudad que fue esencial en su vida.

Venecia estaba hecha para él y él estaba hecho para Venecia.

Debemos saber qué queremos.

Puedo pasarme largas temporadas sin fotografiar nada

porque no encuentro ninguna razón para hacerlo.

He trabajado en todos los formatos clásicos:

bodegón, retrato, desnudo, paisaje.

Intento captar mis vivencias y mis sentimientos.

De pequeño, ya quería una cámara fotográfica.

Y de muy joven, me suscribí a una academia por correspondencia,

porque me enviaban los fascículos, la ampliadora y todo el material.

Después ya pude continuar solo.

La fotografía es como un gran árbol,

con muchas ramas diferentes y múltiples miradas.

Es la forma que he escogido para expresarme.

-Lo que siempre me ha encantado son las macetas.

Estas pequeñas naturalezas muertas que parecen insignificantes.

-Un cactus del jardín de su madre,

que yo reconozco, porque mi madre tiene los mismos.

Estas caracolas con un cactus dentro, sabes con...

-Él busca objetos muy sencillos pero llenos de vida,

llenos de sugerencias.

-Pienso que Toni y yo, compartíamos la idea de la equivalencia.

Todas las cosas tienen el mismo valor

y deben ser tratadas con la misma importancia,

sean personas, sean frutas, insectos o flores.

Todas las cosas que existen en este mundo, son iguales.

Si nos fijamos en el modo de pensar Zen,

también el ser humano forma parte de la naturaleza.

Es algo a lo que doy mucha importancia.

E imagino que Toni, también era obstinado en eso.

-Era mediterráneo, pero a veces podía ser japonés también.

Soy una persona de secano.

En mi pueblo, a 12 kilómetros de la costa,

decimos: "El mar abre y tapa agujeros".

Puede que por eso intencionadamente el mar, salga poco en mis fotos.

Me gusta contemplarlo sentado bajo un pino,

leyendo un libro, escuchando las olas.

Mis fotos son autobiográficas,

tanto si se trata de un cuerpo como de un melocotón.

Cuando necesito expresarme las fotos me salen del corazón.

Mi pretensión, en definitiva,

es despertar alguna sensación en la gente.

Tan simple como la que puede provocar

el perfume de un jazmín oculto tras una tapia.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

Imprescindibles - El tiempo y las cosas. Toni Catany

56:53 29 may 2015

Documental que repasa la trayectoria profesional del fotógrafo y su ámbito personal: naturalezas muertas, retratos, desnudos, paisajes… Todas las fotografías de Toni Catany son tomadas de una manera particular, sin pertenecer a ninguna escuela. Este documental se adentra en la vida más íntima del fotógrafo, una persona reservada y obsesionada con el porqué de las cosas y el paso del tiempo. Un viajero incansable que recorre los cinco continentes en busca de la esencia de aquel Mediterráneo que marcó su infancia en Mallorca.

Este trabajo surge a raíz de una conversación que mantiene el director y guionista, Cesc Mulet, con el fotógrafo en su pueblo natal, Llucmajor (Mallorca), y se ha filmado en diferentes ciudades de todo el mundo en las que pervive la huella de Toni Catany: Llucmajor, Vilafranca de Bonany, Ibiza, Barcelona, Madrid, París, Mumbai y Adana.

 

Documental que repasa la trayectoria profesional del fotógrafo y su ámbito personal: naturalezas muertas, retratos, desnudos, paisajes… Todas las fotografías de Toni Catany son tomadas de una manera particular, sin pertenecer a ninguna escuela. Este documental se adentra en la vida más íntima del fotógrafo, una persona reservada y obsesionada con el porqué de las cosas y el paso del tiempo. Un viajero incansable que recorre los cinco continentes en busca de la esencia de aquel Mediterráneo que marcó su infancia en Mallorca.

Este trabajo surge a raíz de una conversación que mantiene el director y guionista, Cesc Mulet, con el fotógrafo en su pueblo natal, Llucmajor (Mallorca), y se ha filmado en diferentes ciudades de todo el mundo en las que pervive la huella de Toni Catany: Llucmajor, Vilafranca de Bonany, Ibiza, Barcelona, Madrid, París, Mumbai y Adana.

 

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Añadir comentario ↓

  1. Joan Mas

    El mejor documental que se ha hecho de Toni, gracias por dedicárselo. Excelente trabajo !!!

    07 dic 2016