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Para todos los públicos Imprescindibles - Lo profundo es el aire (Chillida) - ver ahora
Transcripción completa

(Música suave)

(Grillos)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Ruido metálico)

¿Cómo recuerdo a mi padre?

Ahora tengo una escultura de él en mis manos,

pero a mí de niña lo que me gustaba tener en mis manos eran sus manos.

Me chiflaban, tengo muchas fotos en las que salgo

y estoy cogiéndole la mano y mordiéndome la lengua

porque me producían un placer...

Tenía una mano tan noble,

tan deliciosamente mullida, potente, caliente...

Sus manos eran la berza.

Y puedo decir de su muerte que,

porque estuvo enfermo, era anticipar,

yo pensé en su muerte antes, no me cogió de sopetón,

me pude despedir muy bien de él, pero

lo que más temía era la quietud y el frío

de la muerte, ¿no? Y cuando murió

no me asustó, o sea, se había ido ya antes,

se había elevado, o sea...,

y cuando le vi muerto volví a tener su mano en mi mano

y no me asustó, no sentí el frío de la muerte.

Seguí sintiendo la maravilla de su mano

y la felicidad de haberla tenido viva y muerta también.

Y cantamos el "Gure Aita"

juntos y yo con su mano y no sé,

como que se me quitó un poco el miedo,

algún tipo de miedo.

(CANTA EN EUSKERA CANCIÓN: Txoria Txori)

¿Cómo se hacen las esculturas de Eduardo Chillida?

-Pues mira, yo no sé tampoco, como no lo sabe nadie.

Te quiero decir que yo creo que tienen en común eso,

que son cuestiones, son preguntas, yo creo que son un poco preguntas

que yo me hago en un terreno que es el que me es más apto

para conocer y entender los problemas del espacio, del tiempo,

de la materia, y de miles de otras cosas.

Y después, es el proceso natural de mi persona

expresada en el deseo de comunicación con los demás.

-Eduardo una obra no la empieza nunca saliendo de verdad lo que va a hacer.

Ni cuál va a ser su fin ni para quién va a ser.

Todos esas son cosas que no le importa nada.

Y eso es lo que yo hago o he hecho toda mi vida,

dejarle la libertad absoluta.

Teniendo ocho hijos el lío que teníamos de movimiento de todo

que Eduardo pudiera ir a su estudio cada mañana

liberado absolutamente de ningún problema

que no tuviera que ver nada más que en lo suyo.

-Bueno, tuvo en toda su vida momentos muy...

No diría difíciles, pero sí muy importantes

y que marcaron mucho su vida y que él dice además

que fue la primera vez que realmente tuvo

que tomar una decisión de ese tipo

y se dio cuenta de que eso iba a ser siempre así, ¿no?

Cuando llegó a la academia, a Madrid, estaba haciendo modelos, ¿no?

Allí iba mucha gente, artistas y no artistas,

y él sobresalía, sobresalía muchísimo, ¿no?

Tanto que todos los profesores, los propios alumnos:

"Eduardo, eres maravilloso" "¡Qué artista!"

Y él se iba de allí a casa y supongo que al principio le haría

incluso cierta ilusión, ¿no? Pero eso el primer día.

Pero todos los días lo mismo, todos los días lo mismo

y él hacia dibujos como por un tubo,

tenemos muchos aquí de esa época también,

y entonces, se planteó que eso no podía ser,

que eso no es ser artista ni eso es arte

porque si el arte se reduce a eso pues menuda porquería, ¿no?

-Yo notaba que mi mano era demasiado hábil, mi mano derecha,

y se quedaba detrás la sensibilidad y la razón.

Entonces, decidí dibujar con la mano izquierda.

Es una idea elemental y fue muy útil para mí

y que, incluso, ha marcado mi carrera

porque ya no es un problema de la mano,

es un problema de saber que la facilidad puede ser un peligro.

(Música suave)

-Mi padre empezó a dibujar con la mano izquierda,

pero él cambió de mano y porque él pensaba

que la facilidad era contraproducente.

Y...

Y yo no lo hice como mi padre,

yo lo hice obligado a vender porque me quede sin derecha.

(Música suave)

Yo soy el pequeño de ocho hermanos,

y entonces siempre se tiene ahí una baza

para entrar, y además, yo era el único que mantenía

a toda la mesa de mi casa, con todos mis hermanos,

y mis padres y tal,

escuchándome a mí contando chistes o historias

y tal...

Eso hasta que tuve el accidente

porque luego, me quedé sin habla

y paralítico completamente.

Y se...

Y se me olvidaron todas las historias.

Esa mano y la otra le encantaron a mi padre.

Se la llevé, se la puse en la mesa y se quedó flipado.

-A mí él me modeló.

Con mi hermano no hizo lo mismo,

no porque le gustara ni más ni menos lo que hacía, ¿eh?

No tiene que ver con eso.

Tiene que ver con que él no veía a Edu modelable.

Y a mí sí.

De alguna manera, él orientaba al principio mi proceso

hasta que se lo prohibí porque llegó un momento

en que pensé: "Joé..., sí, me sale bien porque no me deja fallar,

así le sale bien a cualquiera,

tengo que enterarme si me sale bien a mí solo,

porque si no, no tiene sentido esto".

Entonces, sí, él me formó Yo soy obra suya.

Si él ha tenido un discípulo, soy yo.

No digo que eso sea...

Estoy puede levantar ampollas en casa.

No digo que eso sea

porque valorará ni más ni menos lo que yo hacía,

sino porque podía,

podía usarme de esa manera.

Teníamos una pelota en mano, muy buena,

y él siempre, toda la vida,

en el salón, en casa, a mi madre le llevaban los demonios

porque empezamos a pasarnos

y al final siempre acabábamos dándola una hostia a algo,

era blocar. Él era portero. Fue portero.

El tema era blocar.

Siempre nos hacía... Nos tiraba: "Venga, tú".

"El cuerpo tiene que estar detrás."

"Las manos así, con los dedos gordos para recibir

y el cuerpo detrás por si se escapa la pelota,

que te pegue a ti y no se meta en la portería, ¿no?"

Los hijos de los militares son muy así,

y él era hijo, nieto y biznieto de militar.

Y hay cuadros míos llenos de leches,

o sea, con unas de estas por detrás, de los pelotazos que...

porque claro, estos cuadros puestos por ahí no,

al final, los cuadros se las llevaban, claro.

Le encantaba hacer esas bobadas. (RÍE)

Esto era muy "aita". Esto era muy "aita".

Esto..., hubiera disfrutado aquí.

¿Ves? Siempre se escapa alguna.

Tenían, yo me acuerdo cuando era niño

y estaba conduciendo le solía mirar la mano.

Me parece que tenía una mano fantástica,

seguro que mi hermana Susi os ha hablado de ella

porque a Susi le encantaban las manos de "aita"

y, sí, bueno, era tipo la mía.

Una mano...

La suya era mejor que la mía, yo creo.

Y bueno, esa y las otras también, ¿eh?

Mejor que la mía esa y las otras. Las que hacía él.

Y bueno, este mundo de las manos es algo...

yo he hecho unas cuantas, ¿eh?

pero es algo que de alguna manera, me he solido prohibir

porque es como muy de él y ya me jode porque

de las cosas más interesantes del cuerpo humano

desde luego es la mano.

-Pues era una delicia de nieve que, como siempre,

es una sorpresa en San Sebastián cuando nieva

y bueno, pues tuve la suerte de encontrarme con esta escena

y con nuestra perra.

Edu, que todavía no había tenido su accidente.

Pedro.

Un silencio precioso y la cara que se le ve a él de cachondeo ahí...

-Es que era un niño.

Tenía lo del niño que hablábamos el otro día...

-Mucho, tenía un humor muy fino.

-Sí, nunca hería a nadie, no hablaba mal de nadie.

-No. -Bueno, salvo una vez.

A ese le daría una... -Un mamporro.

-A ese le pegaría un mamporro...

Por eso le gustaba el boxeo.

-Nunca me había fijado en ese hueco que queda,

es "chillidesco" también, ¿eh?

-Estaba aquí al lado, a tu lado. -¿Sí?

-Sí. -Pues a ti no te recuerdo nada.

-Es que delante de tu padre y tus hermanos,

no tenía nada que hacer. (RÍE)

Cómo le ficharon es muy bonito porque él estaba en la playa,

jugaba en la playa en playeros y claro, era un tío que volaba.

Y dijeron: "Ahí hay un chaval, un tal Chillida,

que es buenísimo y tal..."

Y entonces, el entrenador de La Real era el que se inventó el jugar atrás,

casi antes que los italianos, no recuerdo ahora el nombre,

y le llamó

y dice que estaba todo embarrado, como siempre, claro,

y que fue con las zapatillas y le dijeron: "Chaval, ponte ahí."

Tenía 18 o 19 años.

"Ponte ahí que te vamos a tirar unos cuantos tiros".

Se puso en la portería

y empezaron a tirar tiros y dijo: "Fichadlo".

Eduardo se aparta del fútbol por una lesión.

Creo que además era el primer año que jugaba en La Real

y le fastidió las dos rodillas

y vamos, dejó el fútbol porque tenía todos los ligamentos afectados

y no se arreglaban.

-Un periodista estaba un poco escandalizado

de que yo, siendo escultor, que hubiera sido portero de fútbol.

Qué cosa más absurda, ¿verdad?

No veía una relación entre una cosa y otra.

Y yo le convencí de que estaba en un error.

En las porterías, entre el marco y el área,

es un espacio tridimensional, es un diedro

y ahí es donde está el portero

que es donde ocurren todos los fenómenos activos del fútbol.

Por lo tanto, el portero tiene que desarrollar una serie de relaciones

con estos dos misterios, espacio y tiempo,

que me hacen pensar que,

probablemente, las condiciones que hacen falta para ser

un buen portero y un buen escultor son las mismas.

El torso. Aquí llegamos a Grecia.

Al periodo de formación en París.

Y llegamos a algo que

fue el principio del trabajo

basado en el arte griego preclásico de cosas que veía,

que no había visto hasta entonces.

El propio material, el yeso.

Pero el yeso no utilizado como un material blando para moldear,

utilizado como un bloque, como una piedra para tallar.

"Forma" es la primera escultura.

A pesar de tener esa parte

de un cuerpo desfigurativo,

sí tiene ya una serie de vacíos, de espacios.

Y también creo que para él tenía algo que era demasiado bello.

Era algo contra lo que luego luchó muchísimo toda su vida.

Una vez a Miguel Ángel le preguntaron,

le preguntó su discípulo el que era también su amante,

el que le acompañaba a final de su vida, ¿no?

Le preguntó: "Maestro, ¿cómo sé yo qué es lo esencial en una escultura?"

Y Miguel Ángel dijo:

"Tíralo por una cuesta y lo que llegue abajo es lo esencial".

Pues eso, esto es la vida.

Los siglos las han tirado por la cuesta y llega lo que llega.

Y "Aita" llegó al arte por esos caminos.

Pero luego resultaba que no le funcionaba

como él pensaba que podía funcionarles, ¿no?

Que todo ese mundo claro del Mediterráneo

no era un mundo donde él pudiera pescar.

-Entonces, yo rechazo radicalmente el arte griego.

Conocía de memoria todo lo que había en el Louvre,

todo el arte griego que yo había visto no conocía de memoria,

estaba metido de lleno.

Pero decido que aquello es malo para mí.

Y entonces cuando iba el Louvre pasaba al lado de

las salas de arte griego

y prácticamente me ponía la mano así para no ver aquello.

Aquello me hacía daño. Y así estuve muchos años.

Rechazando aquello totalmente.

Hasta que un día me encuentro de sopetón con una mano

que se dijo que era una mano de la Victoria de Samotracia

que acababa de aparecer y estaba en una vitrina.

Me quedo extasiado viéndola

y me doy cuenta de que ya no me hace daño.

-Él siempre decía que las manos

es el lugar más multidimensional del cuerpo

porque con los dedos

se forman espacios internos y cosas

que no hay otros lugares del cuerpo donde eso pase con facilidad, ¿no?

Pues él lo que hacía,

era muy bonito ver la dibujar porque se ponía...,

ponía la mano en la postura que fuera

y normalmente cogía un rotring del tres o algo así

e iba completamente vertical.

No cogía el lápiz así... e iba así...

y empezaba desde una esquina y salía la mano entera, ¿eh?

No paraba en ningún momento...

Y la sacaba entera.

Era momentos... yo siempre pensé

que hasta los pájaros se callaban cuando hacía eso.

Era mágico completamente ver cómo iba surgiendo aquello.

A mí me impresionaba mucho más eso que ninguna otra cosa

que le haya visto hacer.

(Tráfico)

(Tren)

Pues en un tren como este, viniendo de París,

es donde él viendo el mar, acercándose al País Vasco francés,

de repente, fue consciente de que lo que no le dejaba progresar,

lo que le impedía

entregarse al arte griego o a cosas por el estilo

o a la claridad de un Brancusi o de un Medardo Rosso,

que eran artistas que él admiraba y eso,

pues era la luz, una luz diferente.

La suya era una luz más oscura, más atlántica,

de otro orden, menos recortada.

Dio como solución con el hierro como material.

También era una vuelta, en cierta medida, a lo vasco.

A la tradición, a los instrumentos.

Le daba ese tipo de luz negra que buscaba.

(Música suave)

Yo vuelvo aquí

y me encierro en un pueblo en Hernani y conozco a este herrero.

Y cuando yo entro en esa fragua,

es decir, el hierro que yo conocía a través de los museos,

quizá por el entorno donde se ven las esculturas,

al hierro de verdad, el hierro de una herradura,

el olor que había en aquella fragua...

Todo esto me hace descubrir un mundo telúrico

distinto absolutamente al que yo había visto en los museos

y en galerías.

(Sonidos metálicos)

(Continúan sonidos metálicos)

Las otras obras de antes de París

son obras que están centradas en la forma,

en el torso, en la concreción. Era un trabajo formal.

Aquí, la propia escultura, su título "Redondo alrededor",

nos indica que la escultura no son estás hoces,

esto no es la propia escultura.

La escultura es todo lo que hay dentro, fuera,

lo que la rodea... Finalmente, ¿qué es? El espacio.

Y yo creo que en esta obra podemos ver prácticamente

todas las obras posteriores a ella.

Aquí estaría "Tindaya",

"Lo profundo es el aire", "Mendi Huts"...

Él solía decir que su trabajo era como una espiral,

una espiral en la cual por los mismos sitios y lugares

pasaba muchas veces, pero cada vez a una altura.

A una altura diferente en cuanto a formación, compromiso, trabajo

y todo ello fue creando las diferentes obras.

(Sonidos metálicos)

(Pájaros)

Desde pequeño, desde chaval,

ya con mi madre, con todos, siempre era, en el Paseo Nuevo:

"¿Qué te parece? ¿Crees que puedo saltar y subir a la barandilla

y quedarme así y tal...?",

donde hay 12 o 15 m para abajo, a las rocas,

y mi madre: "¡Pues claro!" -Siempre decía ella que sí.

-Y le decía "aita" "¿pero cómo puedes..."

"Un día me voy a matar por tu culpa". Entonces, saltaba y ¡pam!

Y se quedaba en equilibrio

y jugándose la vida de tonterías así. -En el hotel.

En el hotel entraba por el hueco del ascensor,

bajando por el alambre, para abrir la puerta

para que entraran todos.

-Tenía las piernas destrozadas, los tobillos.

-La columna... -Como un "Madelman".

Claro, a gorrazo está la vida.

-Pero con este y conmigo siempre eran pruebas de esfuerzo

y menos mal que nos hemos llevado siempre muy bien porque

si no hubiera sido un problema...

"A ver quién está más tiempo colgado de una barra".

¡Joder, y qué coño importa eso! Pues a él no.

Nos tenía allí como chorizos hasta ver quién caía.

Está buena, ¿no?

-Sí, sí.

Sí me puedo acordar.

Lo que sí que recuerdo es que por las mañanas

cuando no teníamos cole, entrábamos en su habitación.

Entonces nos ponía y nos decía:

"A ver, ¿quién hace la voltereta lateral?

¿Quién hace el pino? ¿Quién hace no sé qué?"

O sea, le gustaba... Nos fomentaba mucho, muchísimo.

Y luego, nos apuntaban a todo lo que podían.

Y bueno, todos hemos ido haciendo deporte, más o menos,

y luego, cuando empecé yo con el tenis

era pasión lo que tenía con mi tenis.

Le encantaba que yo jugara.

Me enseñaba, porque él había jugado al tenis también de pequeño,

y me decía cómo tenía que hacer, me presionaba bastante.

Me venía a ver alguna vez a San Sebastián cuando jugaba

y yo me ponía tan nerviosa que lo acababa echando.

Entonces, se ponía en la primera curva de Igueldo

para verme desde lejos.

Y ya, decidió que no me venía a ver más.

Hasta que fui mayor que ya, entonces, no me importaba.

-La faceta de la economía es una faceta de todo nuestro mundo,

que es real, y que está allí, y que la tiene que coger alguien.

Y claro, eso me ha tocado a mí.

Lo que pasa es que ya antes de casarme

yo sabía que no íbamos a ganar nada en mucho tiempo.

Mi madre quería hacer mantelería bordadas y no se qué...

y yo le decía "pero, mamá, si no voy a tener ni qué poner encima,

olvídate de esto..."

O sea, que ya me casé consciente de dónde me metía.

Yo estaba convencida porque yo no he dudado jamás en mi vida

que Eduardo iba a ser un gran escultor.

-Me sentaba allí fumando mi pipa en un rincón, a oscuras,

en una nave enorme y veo una máquina terrible

que quieren mover de lugar con unas grúas.

Yo veo aquel espacio de la nave, que es enorme,

gravitando sobre la pieza aquella, sobre la máquina,

aplastando a aquella máquina contra el suelo.

Es una lectura absolutamente irracional, aparentemente,

y de repente, veo que se tensan los cables,

se separa del suelo

y todo ese espacio que está aplastando a la máquina

se pasa a abajo y le ayuda a levantarse.

-¿Qué tal, Lorenzo? -¿Qué tal, Luis?

-Muy bien. -Bien.

-Estaba pensando que plantearse romper la gravedad...

es lo más... una de las cosas más...

porque a todos nos une la gravedad.

Y de repente, esta es una pieza que se libera de ella.

-De buscar, de pelear, era muy peleón.

Esas peleas contra Newton, que lo llamaba él.

Newton al final era la razón,

eso que todos nos une que vamos para abajo.

Recuerdo que "aita" cuando hablaba de hormigón

decía que eran obras que nacían de dentro hacia fuera,

como se han hecho las rocas en la naturaleza.

Una roca se ha hecho en millones de años

rellenando un hueco que se ha acabado haciendo piedra.

-Es como si la materia estuviera trabajando para Chillida,

más que Chillida formando la materia.

Mira, ¿cuánto son? Son 9 toneladas, ¿no?

-La podemos llevar entre los dos. (RÍEN)

Ahora la levantamos un poco y nos la llevamos.

-Sí, prueba, prueba.

Yo era el artista más joven de la galería.

Entonces, el más joven, con mucho.

Porque, imagínate, allí estaba Miró,

estaban Braque, Chagall, Giacometti,

todos eran mayores que yo.

(HABLAN EN FRANCÉS)

-Sí, hemos hecho papel de esta y es muy bonito,

tiene mucha transparencia.

Todas estas finas filminas que tiene la planta

si las eliminas te quedan las fibras limpias.

Pues este es el papel que le gustó a Chillida

para hacer las gravitaciones.

Y resulta que teníamos una malla antigua, hecha a mano,

y ese lo vimos factible para hacerle un marco de papel

para nuestro hijo pequeño.

Y lo teníamos, lo acababa de hacer en la mesa cuando llegó él.

Y resulta que le gustó mucho y claro, entiendo por qué le gustó.

Las líneas están tan armonizadamente puestas que

tienen una libertad, un ritmo, una musicalidad, muy muy bonita.

Había veces que los errores eran tan buenos

que quería que reprodujéramos los errores y eso es lo más difícil.

(Trueno)

(Lluvia intensa)

(Grillos, campanas)

(Pajarillos)

(Campanas)

Estas puertas...,

en aquel momento fue una aventura considerable

porque se reían de él cuando hizo estas puertas.

Le decían "Oh, has abandonado al hombre".

No le gustaba nada.

Yo para sentirle a él, me basta con tocarme a mí.

No me hace falta tocar esculturas.

(Sonidos metálicos)

-Usted tiene dudas respecto a esa fundación

que quiere crear en Zabalaga y que quiere legar al pueblo vasco.

¿Todavía se está a tiempo de poder superar esos problemas

que harían inviable eso? -No lo sé.

No tengo ninguna seguridad sobre este tema.

Yo lo he pretendido hacer y ahora estoy bastante desilusionado con esto

porque me da la impresión que no es respuesta.

Hay respuesta, sí, por supuesto. En el pueblo, sí.

Mucha gente me dice "¿cómo va eso?"...

Pero los que podrían darse cuenta

de lo que yo quiero hacer ahí y apoyarlo,

esos no se han dado cuenta de nada.

-Carne y uña eran los dos.

"Eduardo, ¿dónde vas?" le decía, "¿dónde vas? ¿qué haces?"

Hola, Joaquín.

Solían estar hablando los dos.

(RÍE)

Me parece que no estoy sola.

Le tengo al señor y a Joaquín ahí enterrados, los dos.

Y cuando me encuentro así, cualquiera se reirá de mí,

pero cuando me encuentro así como un poco apurada,

les llamo a los.

Algo de mi hija,

también unas cenizas de mis hijos están ahí.

Y les llamo a todos. Y ya no tengo miedo de nada.

(Sonidos metálicos)

(Sonidos metálicos)

(Sonidos metálicos)

(Grillos)

(Motor)

(HABLAN EN EUSKERA)

(Música suave)

Una montaña que en su interior esconde algo.

Un espacio para todos los hombres.

Yo tenía esa idea que creí utópica,

e incluso muchos de estos alabastros eran primeras ideas o proyectos

para poder un día hallar una montaña,

pero eso me parecía una utopía de tal calibre...

Y un día me desperté por la noche, lo he contado alguna vez...

Yo me despierto siempre por la noche y se me ocurren

todas las ideas a las 4:00 de la mañana o por ahí.

Y entonces, de repente, dije:

"Pero ¿por qué va a ser una utopía esto?"

Si esa montaña que yo elijo es con una piedra como Dios manda,

con una piedra buena, y da la casualidad

que los que trabajan en las canteras y sacan la piedra,

lo que quieren es la piedra, yo lo que quiero es el espacio,

¿por quéno nos vamos a poner de acuerdo?

-Aquí tengo los restos de los ensayos que hicimos del "Tindaya".

Esto es un testigo de una piedra que quemamos a principio.

El máximo problema para sostener la montaña

es que tiene fisuras de este tipo, tiene diaclasas.

Y funciona como una especie

de castillo de azucarillos

que está gobernado por las discontinuidades.

-Sí, al final su propia presión que ejerce la montaña

es la que hace que estén unidas. -Eso es. Eso es.

Ahora mismo hay una presión subyacente ahí

y nosotros, cuando excavemos,

lo que tenemos que hacer es conservar esa presión.

-Era lo que comentabas de los libros. -Exactamente.

-Si coges varios libros y los estás apretando, no se caen.

Y cuando sueltas la fuerza el del medio, puf. Se cae enseguida.

-Exactamente.

-Para la naturaleza las cosas pequeñas,

para nosotros, los hombres, son enormes.

Para "aita", ¿qué era grande o qué pequeño?

Son términos tan relativos...

Una pequeña proporción de montaña que se extrae

que para los hombres sería un espacio de tal dimensión,

como decía "aita", entraría Santa Sofía ahí dentro.

Tú te imaginas en ese agujerito que vemos aquí

el Santa Sofía de Estambul ahí metido.

-Mira, aquí si se ve bien el espacio que queda dentro.

Estos son los diques que cortan

y luego la posición de este valle es maravillosa.

Cómo se ve su vida por el valle Hasta entrar por la montaña.

-Lo que era la cantera que estaba aquí arriba.

Lo que era el aprovechamiento de esa cantera que ya existía.

Y luego la luz. -Claro.

La luz entrando por las embocaduras.

-Claro, esto cuando ves la montaña te das cuenta en la escala real

de una montaña... Claro, es que esto...

Estamos viendo aquí como un agujerito pequeño,

y esto es un agujero de 20 por 20 metros.

-Sí. -Nosotros seríamos... nada.

Un puntito ahí dentro.

Y eso es una responsabilidad para nosotros.

No cabe duda. -Sí.

-Pero bueno, es lo que nos ha tocado. -Sí, es lo que nos ha tocado.

-Yo he vivido siempre muy asilado. En cierto modo.

Yo tengo muchos amigos. Conozco muchísima gente.

Pero yo vivo muy aislado.

Yo con quien de verdad he tenido una relación muy especial

ha sido con Pili, toda mi vida.

Con Pili, eso sí: Pili y yo hemos estado juntos toda la vida.

-A mí me quería Eduardo muchísimo...

Nunca, nunca le dije nada de nada.

Yo voy ayudándole, creyendo en él.

Yo decía: "Eduardo, si esto que estás haciendo ahora..."

Porque era una cosa que no tenía nada que ver con el cuerpo humano,

eran otras historias,

y de eso no había habido nada de nada...

Y yo decía: "Eduardo, si lo haces y te gusta, hazlo.

"A mí también me gusta." "Pues vale".

O sea, que tuvimos una suerte de habernos encontrado.

Desde niños.

-Es una mujer que yo la he sentido siempre,

que ha estado ahí en el momento más exacto,

con una visión... -Adelantándose.

-Mientras no tenían dinero valía...

Antes nos quitaba a nosotros la calefacción que a "aita" el hierro.

Al principio. Completamente. -Totalmente.

-Y de pequeñita, ¿quién sería? Pues cualquiera o todos...

En el jardín, al solecito y empieza a llover,

y de repente: "¿Dónde está Marutxita?"

No, porque todavía no estabas... "¿Dónde está Susanita?"

Y Susanita estaba... chupando gotas de lluvia.

(RÍE)

-Menudos mocos y catarros que nos cogíamos allí,

en la casa de Hernani.

Porque creo que pasamos un frío en aquella etapa...

-Claro, no teníamos calefacción. La casa se la habían prestado.

-Nos prestaron la casa, nos daba la comida.

Y ella aguantó todo eso...

-Gestionó su orgullo con gran dignidad

porque aprender a... Eso le marcó muchísimo.

-Era austera. -Muy austera.

-Han sido muy austeros los dos siempre.

-En todo.

-¿De dónde vendrán las olas?

Me iba a casa y cogía los mapas

y calculaba la dirección y decía:

"Esto tiene que venir de la Península del Labrador".

Las olas, de la Península del Labrador... por la dirección.

Claro, yo era pequeño,

pero estaba emocionado queriendo saber de dónde venían las olas.

Es decir, que ya estaba trabajando

en el "Peine del viento" en cierto modo.

Sin saber ni que existía el "Peine del viento"

ni casi la escultura, pero yo soy un discípulo de la mar.

-Hubo una anécdota con el mar.

Estábamos en un barco en el Mediterráneo

y amarramos junto a la isla de Mikonos

y durante una noche "aita" desapareció.

Se levantó y desapareció.

Y hubo un momento en el que pensamos que se lo había tragado la mar,

que se había ido al mar, o qué había vuelto al mar,

no sabíamos bien lo que había pasado.

Fue un momento muy tenso y muy duro porque no le encontrábamos

por ningún lado y finalmente, apareció.

Había desembarcado, se había ido a tierra.

Vino algo magullado, se había dado unos golpes con una rocas,

debió de estar a la noche o al amanecer visitando

los acantilados en la isla de Mikonos.

No sabemos bien porque no nos contó lo que había pasado,

pero sí que venía magullado.

Era una persona que despertaba, normalmente, pronto.

Le gustaba madrugar y ver la mar. Se bajaba al "Peine".

A las rocas en los amaneceres. Creo que fue algo que le llamó.

Le llamó el mar, le llamaron los acantilados de esa isla

y fue un momento en el cual intentamos saber que algo serio

le estaba pasado.

-Antes de este acontecimiento,

estábamos cenando en un sitio precioso, ahí al borde del mar,

y de repente, se levantó y dijo: "me voy a casa".

Y dijimos: "¿Cómo que te vas a casa si estamos en Grecia?"

Decía: "No, si mi casa está ahí".

Ahí fue donde empezamos de verdad... -Yo dije: "¿cómo?"

¡Ay, Dios mío! Pobrecito.

-Ahí es cuando si nos cabía alguna duda,

empezamos a estar mosqueados.

Pero si cabía alguna duda de que algo no iba bien, ahí se disipó.

-Le notábamos muy despistado y muy triste.

-Repetitivo.

-Leía mucho sobre sí mismo para saber quién era,

Porque luego, si no no sabía quién era.

O sea, leía para saber quién era.

(Sonidos metálicos)

(Música suave)

Aquí,aquí Eduardo ya había fallecido.

Yo ya no era la Pili de siempre.

Pasan los años pero yo no sé vivir.

Y no aprendió, no aprendió. -Hasta que se olvidó.

Hasta que ya no tenía recuerdos.

(Música suave)

(Viento)

Ya desde la primera obra, "Forma", que acogía en su interior,

en la zona del vientre, un vacío, un hueco,

luego han seguido muchas.

Ahí apareció el verso de Jorge Guillén "Lo profundo es el aire",

y todas ellas buscaban ese hueco, ese interior.

Ese espacio que acogen y luego está la escala.

Aquí en ojeo del horizonte la escala nos dice mucho.

La escala nos pone en nuestro sitio.

No solo respecto al horizonte, también respecto al cosmos,

respecto al cielo.

Es una escala que quizás aunque la obra sea enorme o imponente

cuando la ves, no lo parece.

Porque todo lo que le rodea es inmenso,

es la inmensidad del horizonte

que para "aita" era la patria de todos los hombres.

(Música suave)

(Música créditos)

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Imprescindibles - Lo profundo es el aire (Chillida)

03 oct 2016

A los 19 años, Eduardo Chillida (1924-2002) era un atleta superdotado encaminado a convertirse en leyenda del fútbol. Pero una lesión brutal durante un partido le apartó para siempre del deporte profesional. Nadie excepto Pilar Belzunce, su compañera de vida, sospechaba en aquel momento que el joven portero de Hernani se disponía a reescribir su destino y a morir unas décadas más tarde como uno de los mayores escultores del siglo XX.

'Lo profundo es el aire' no es una biografía convencional, sino una evocación poética y trepidante de un artista incomparable. Una personalidad que sigue viva a través de sus obras, de sus ocho hijos y de algunos de sus más estrechos colaboradores.

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