Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - Joana Biarnés, una entre todos - ver ahora
Transcripción completa

Yo nunca fui aficionada a la fotografía.

Todo fue por la necesidad de que mi padre estuviera orgulloso de mí.

Y el sentimiento de decir "quiero ser fotógrafa"

vino por casualidad.

(Música animada)

Automáticamente, me decían:

"¿Usted sabe dónde se quiere meter?".

"Yo sí, quiero ser fotógrafo de prensa".

"Niña, esto es un trabajo de hombres".

Y aquí se acababa el diálogo.

No me derrumbaba, no me hundía, pero me decía:

"Ostras, ¿dónde me he metido?".

Había un punto de amor propio,

de pensar: "Lo que no puedo es darles la razón".

(Música)

Juana no se dejaba pisar, no se dejaba vencer.

-Los demás que la miraban decían: "¿Tú qué haces aquí haciendo fotos?

Si tú lo que tienes que estar es en tu casa".

-Y ganaba la batalla siempre.

-Se adaptó a su tiempo.

En España no se puede comparar con nadie.

-Marcó un estilo, una época. Era una periodista completa.

-Es la primera mujer que yo había conocido

en el sector del reporterismo.

(Catalán)

-Era algo que no habíamos conocido, que no habíamos visto.

Era la única mujer fotógrafa

entre una cantidad de fotógrafos hombres.

-Alguien dijo: "El trabajo de Joana

parece el trabajo de una agencia fotográfica,

no de un fotógrafo".

-Hacía fútbol, hacía reportaje, hacía portadas de discos,

hacía moda, hacía excelentes retratos.

Era la fotógrafa de Raphael.

-A mí me ha hecho fotos históricas.

-Se metía en todos los fregaos. Era una lanzada.

-Tenía mucha habilidad para hacerse con el personaje.

-No tengo la menor idea de por qué dejó de hacer fotografías,

por qué dejó el periodismo.

-Se podía haber convertido en una gran fotógrafa de referencia

y desapareció.

(Música emotiva)

Yo he tenido la suerte o la desgracia

de haber nacido en la época de la guerra.

Pero nunca pasé hambre,

porque mi madre guisaba todos los días lo mismo

y nunca sabía igual.

Soy de las que fue a un colegio municipal.

Como en casa se hablaba catalán, cuando yo llegaba al colegio,

si no me acordaba, decía: "Bon dia".

¡Pumba! Bofetada contra la pared.

Porque se tenía que decir "buenos días".

(Campanadas)

Mi madre trabajaba en una fábrica de género de punto.

Era remalladora, muy buena remalladora.

Y mi padre trabajaba en la mina pública de Aguas de Tarrasa.

(Música)

Los domingos, en mi casa,

mi padre cogía la máquina de retratar y el trípode;

mi madre, su cesto con la butifarra, unos tomates y todo esto;

e íbamos al campo.

Y allí cada uno hacía lo que quería.

Mi padre hacía fotografías del paisaje.

Y yo me quedaba allí con mi madre.

Es decir, yo la fotografía la he vivido siempre.

Yo fui creciendo, y los gastos aumentaban en casa.

Y mi padre decide, en una de las habitaciones de la casa,

montar un laboratorio fotográfico.

Y así empezó un pequeño negocio casero.

(Música)

El hecho de entrar en el laboratorio de mi padre

para mí era un mundo aparte.

Todo a oscuras, las luces rojas...

Unas cubetas donde entraba un papel blanco y, poco a poco,

iban apareciendo unas imágenes. Parecía magia, ¿no?

Mi padre se había hecho la ilusión

de que yo había entrado en el tema fotografía.

Al menos en el laboratorio.

En el fondo a mí me entraba por una oreja

y me salía por la otra.

Yo estaba allí por estar. Pero sin ningún interés.

No tenía interés en la fotografía porque yo quería ser otra cosa.

De entrada, quería ser telefonista.

"Aló. Sí".

"Ahora le paso, espere".

"Hay 15 minutos de retraso".

"Un segundo, le paso. ¿Oiga? Le paso".

A mí este diálogo me hacía una gracia...

Fíjate, en un momento estaba en Badajoz,

en un momento, Gerona.

Y mi padre, cuando le dije que quería ser telefonista,

ahí ya no. Ahí ya se puso serio.

Me dijo: "Esto no es un futuro. Debes pensar en otra cosa".

Mi padre me dijo: "Algo tienes que hacer".

Era muy mala estudiante.

Por eso le dije: "Pensándolo bien, quizás podría ser dibujante".

"Bueno, ¿quieres aprender a dibujar? ¿Quieres iniciarte aquí?".

"Sí, yo pienso que sí. Porque la fotografía, el dibujo...".

El primer día que fui a clase, el profesor me puso un botijo.

Y el botijo fue un desastre.

El profesor le dijo: "Tu hija no va por este camino".

Cuando llegué a casa,

le dije: "Padre, quiero estudiar. Quiero ser algo".

(Música)

Nunca había hecho una foto.

Pero un día llegaron a casa unos excursionistas

que venían a buscar a mi padre, porque hubo un perro,

que se llamaba Llest, que había descubierto una sima.

Mi padre les dijo: "Chicos, lo siento en el alma,

pero no os puedo acompañar porque tengo fútbol,

tengo ciclismo".

A mí esto me dolió por los chicos y también me dolió por mi padre.

Les dije: "Venidme a buscar a mí".

Bajé la cima con un flash Blaupunkt, una de las Leicas de mi padre,

e hice el reportaje.

El hecho de que cogiera la cámara

para mi padre fue como un aire fresco que le llegaba.

Ya me veía como su ayudanta.

Cuando revelamos, tal como iban saliendo las imágenes,

mi padre se emocionó muchísimo.

Le hizo tanta ilusión que las fotos las llevó

al "Mundo deportivo", donde él era corresponsal

para la comarca del Vallés.

Efectivamente, se publicaron las fotos.

La primera vez que yo publicaba como, podríamos decir,

como fotoperiodista.

Siempre quise que mi padre estuviera orgulloso de mí.

Me había portado tan mal, lo había hecho tan mal,

le había hecho sufrir tanto...

Porque a él, en el fondo, le hubiera gustado

que yo me pareciera un poco a él.

Así que siempre estaba en deuda con mi padre.

(Música)

Bueno, yo lo ayudé en carreras de bicicletas,

en hockey...

Pero el día que tocó ayudarle en el fútbol,

esto ya fue el desastre.

(Silbidos)

Salgo al campo y empiezan a silbarme.

Yo me voy a la portaría, me siento, y viene el árbitro.

Y me dice que qué hago allí.

Yo le digo: "Mire, instalarme para hacer las fotos".

Me dice: "No, eso es para fotógrafos".

Digo: "Y yo soy fotógrafo".

"No, no, no. Pero usted es una mujer".

"Sí, pero no me voy a mover de aquí, porque además le quiero enseñar

que yo estoy autorizada por la Real Federación Española de Fútbol.

¿Qué pone aquí? Juanita Biarnés, fotógrafo.

Estoy autorizada".

Mientras tanto, el público era: "¡A fregar platos!

¿Que buscas novio?". Era espantoso, horroroso.

Pero todo el campo, ¿eh?

Menos guapa, me llamaron de todo.

Y yo tenía una cosa aquí dentro, que decía: "'Em cago en dena'.

Lo que tengo que aguantar".

El árbitro llamó al director de campo.

El director de campo vino y dijo: "No, esta señorita está autorizada.

La Federación la reconoce como fotógrafo.

Tiene que estar aquí".

Porque yo siempre quise que pusieran fotógrafo

más que fotógrafa.

Yo quise invadir el terreno fotógrafo.

Su falda de tubo, sus tacones y su cámara.

Monísima.

-La fotografía deportiva es muy difícil de hacer.

Hoy día incluso,

con cámaras que disparan 12-14 fotogramas por segundo,

y con motor,

y con unas lentes que enfocan a una velocidad tremenda,

es difícil,

pues imaginemos cómo era hacer esa fotografía sin motor.

Coger el momento, digamos,

plásticamente más importante con un solo disparo.

(Música)

Yo aprendí un poco lo que es la fotografía artística

de la mano de Ramón Masats.

Yo fui a revelar mis negativos y positivar,

y allí fue donde conocí a Juana.

Él venía a casa y pedía consejos a mi padre.

Era joven, era moderna.

Tenía mucha afición y tenía buen ojo.

Los domingos salíamos con un motocarro horroroso

que tenía yo.

Salíamos por los alrededores de Tarrasa a hacer fotografías.

Hacíamos naturalezas muertas, luces, sombras...

Todo lo que había aprendido de él.

De vez en cuando, me decía: "Para, que quiero hacer una foto",

y otras veces paraba yo.

(Música)

Ramón era impactante.

Me gustaba observar cómo se movía,

cómo se agachaba para coger un efecto de una luz

que calaba entre unas ramas.

Pero yo no era una apasionada de la fotografía artística.

Me gustaba mucho lo que hacía Ramón, pero lo que me interesaba

y me atraía de verdad era lo que hacía mi padre.

Un día mi padre me dijo: "Me acabo de enterar

de que se abre la Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona.

¿Te atreves?". Y me presenté.

(NO-DO) "Se inaugura en Barcelona

el nuevo curso de la Escuela Oficial de Periodismo.

Preside el acto el ministro de Información y Turismo".

Alumnos de segundo y tercero

dan la bienvenida a los recién ingresados".

El primer día de curso teníamos una entrevista con cada profesor.

Y a mí me tocó Del Arco, que era profesor de periodismo,

y me dijo: "Bueno, usted quiere ser fotógrafo".

Digo: "Pues sí".

"¿Y a usted le gustan los toros?". Dije: "No, no me gustan".

"Pero ¿por qué?".

Digo: "No es un problema del toro, es un problema de la sangre".

"Ah, muy bien. Pues nada, hemos terminado".

El primer día de clase, cuando me tocó con Del Arco,

dijo: "¿Quién es Juanita Biarnés?". "Soy yo".

Dice: "En el matadero de Barcelona

los miércoles matan toda clase de animales,

y es el trabajo que me tiene que presentar".

Para mí esto fue, de verdad, como una puñalada.

(Chillidos)

No os podéis imaginar lo que era yo, una chica joven.

Los matarifes te miraban como si fueras allí a divertirte.

Eran unos olores horrorosos. Una peste espantosa.

Los gritos de los animales.

Pero yo tenía que aguantar.

Era insoportable, pero tenía que demostrar que podía hacerlo.

Yo creo que mi cerebro se impregnó de todo aquel bullicio.

Al encargado del matadero le dije: "¿Qué más hay ahora?".

Dice: "Si quiere ir al museo de los horrores...".

Digo: "Pues vamos al museo de los horrores".

El día que me tocaba otra vez clase con Del Arco,

yo llevaba ya mi trabajo hecho.

Al terminar la clase, me llamó.

"Juanita Biarnés, venga. Muy bien su trabajo.

La felicito.

Y también le debo decir que hay un veterinario

que está escribiendo un libro

sobre la manera de matar actualmente en Cataluña

y le compra las fotos".

Y me hizo muchísima ilusión. Claro, por supuesto.

Cuando ya me iba a marchar, me dijo: "Ah, un momento,

y usted será una gran reportera".

Cuando acabé Periodismo,

se me cerraron todas las puertas de los periódicos.

En algún sitio me dijeron: "Es que una mujer...

Esto no se ha visto nunca, ¿eh?".

Yo, un día,

dije a mi padre que tenía que hablar con él.

Los dos, sentados frente a frente.

Y le dije: "Tarrasa se me queda pequeña.

¿Qué voy a hacer en Tarrasa?

Lo que le pido es que me gustaría irme a vivir a Barcelona".

Y hubo un silencio muy grande,

que se me pone la piel de gallina aún cuando lo recuerdo.

Y mi padre, mirándome a los ojos, me dijo:

"Te entiendo perfectamente.

Te entiendo perfectamente, pero te tengo que pedir un favor.

Que no me hagas bajar nunca la mirada.

Nunca me hagas bajar la cabeza".

Y esto me ha acompañado toda la vida.

Siempre que..., y he tenido momentos,

de verdad, de...,

digo peligro por decir, pero que sí,

podía haberle hecho bajar la cabeza, y no lo he hecho nunca.

Porque no me lo hubiera perdonado yo nunca en la vida hacerle esto.

Se lo prometí, y ha sido mi leitmotiv

que me ha acompañado todo el tiempo que he estado trabajando.

Incluso ahora, con mis 80 años, me sigue acompañando

lo que me dijo mi padre. Tan importante ha sido en mi vida.

(Trueno)

Cuando llegamos a casa, que vivía en la calle Pitágoras,

se fue la luz, empezamos a oír ruidos,

relámpagos, truenos, y mi padre dijo:

"Si la luz no vuelve, yo cogeré la cámara, saldré.

Tú te quedas en casa".

Cuando mi padre volvió, dijo: "Está ocurriendo algo muy gordo.

De manera que, a las 5:00 de la mañana, cuando amanezca,

nos vamos a dividir.

Tú te vas a ir a las Ramblas y Can Palet,

y yo me iré hacia otra parte.

De manera que cubramos al máximo

la información de lo que está pasando".

(Música)

Hacía las fotos y se me caían las lágrimas,

porque había familias completamente desaparecidas.

Hubo una familia que solo quedó un niño pequeño.

Los demás se los había llevado el agua.

La tragedia me tocó muy profundamente.

Mientras estuve con toda la actividad, fue bien,

pero cuando se terminó y llegué a casa,

me derrumbé completamente. No recuerdo nada más.

No recuerdo ni el cementerio, ni la llegada de las autoridades.

No recuerdo nada de lo que pasó.

Fue un golpe tan tremendo, una experiencia tan dura para mí,

que no la puedo olvidar.

Y creo que a partir de este momento es cuando me dije:

"Ya puedo aguantar muchísimas cosas".

Mi padre me mandó a Madrid

para hacer el Campeonato de España de motociclismo.

De repente se me acerca un señor y me pregunta si soy maniquí.

Yo le dije: "¿Maniquí? No, yo soy fotógrafo".

Dice: "¿Cómo?". "Sí, soy fotógrafo".

"Pero ¿de verdad?". "Sí, sí".

Entonces, dice: "Muy bien, porque yo voy a Barcelona

para la final de un concurso del diario 'Pueblo',

que se llama La Cenicienta de 'Pueblo'.

Voy a necesitar un fotógrafo.

Si puedes hacer este trabajo, pues ya está, adjudicado".

Dije: "Pues sí".

Yo mandé los rollos, y al día siguiente...

recibo una llamada del diario "Pueblo"

diciendo que el reportaje había gustado mucho al director,

a don Emilio Romero, que había preguntado quién lo hizo.

Este señor le dijo a una chica:

"Manda un billete, yo quiero hablar con ella".

Fui a ver a don Emilio Romero y me dijo que estaba sorprendido

de que fuera una mujer fotógrafo, que él creía en las mujeres

y que si a mí me interesaba podía empezar a trabajar en "Pueblo".

Era un salto tremendo, de Barcelona a Madrid.

Pero al fin y al cabo era lo que yo buscaba,

trabajar en un periódico, demostrar de lo que podía ser capaz.

(Música)

Hay una leyenda del periodismo, que es la redacción de "Pueblo.

La redacción de los grandes reporteros.

En esa leyenda hay una leyenda añadida,

que es Juana Biarnés.

-Muy atractiva, muy simpática,

con mucha energía, con mucho coraje.

Yo me encontré no con un ambiente hostil,

la verdad que no, pero sí había mosqueo.

"¿Esta chica de qué va? ¿A qué viene aquí?".

Era avanzada en sus costumbres, en su vida, en su manera de vivir.

Pues venía de la Cataluña, en ese momento,

en la vanguardia de las costumbres, de las libertades.

-Nosotros éramos figuritas.

Nos conocían por la calle, efectivamente.

Era el periódico que más se vendía,

más veces que todos los demás juntos.

-Una foto en primera página, o un reportaje firmado

en primera página, era alcanzar la gloria.

Para nosotros era más que una conquista amorosa,

más que cualquier cosa.

Teníamos esa mística que ahora el periodismo no la vive así.

-A todos nos gustaba leer "Pueblo".

A todos nos gustaba que llegase la tarde

y comprar "Pueblo".

-Era como más asequible a todas las mentalidades

que los periódicos de la mañana, que eran más serios.

Y más trascendentales, digamos.

"Pueblo" era simpático.

Yo entré en "Pueblo" en 1963.

Hasta 1967, fui la única mujer fotógrafo.

Cuando me enviaban a las Cortes,

yo iba con mi carné del diario "Pueblo".

Yo tenía todos los carnés. Al principio era horroroso.

Donde había un gris, este gris venía para mí.

Me decía: "Fuera. Aquí no puede estar".

"No me mire como una mujer,

míreme como un fotógrafo que viene a trabajar".

La discriminaban. En cierto modo, la echaban hacia atrás.

Luego, ya no sé, creo que Juana se acostumbró

a ser una entre todos.

(Música)

Poco después de entrar en "Pueblo",

conocí al que hoy es mi marido, Jean Michel.

Él venía de París y venía para producir,

junto a Alberto Oliveras, un programa radiofónico

que se llamó "Ustedes son formidables".

Alberto me lo presentó.

"Oye, a este francés...".

"Sal con él. Enséñale un poco Madrid".

La amistad se transformó en una unión entre los dos,

y yo creo que he hecho una muy buena elección.

Como ella también ha hecho muy buena elección conmigo.

Para mí Jean Michel fue la salvación,

porque yo estaba convencida de que con un español

no me entendería.

Y tuve la suerte de encontrar a Jean Michel, de origen francés,

de manera que nos entendimos enseguida.

Admiraba su manera de luchar contra el machismo

tan tan fuerte que había aquel entonces.

(Música)

Tuvimos una gran química profesional, personal...

y todo.

Una gran ayuda el uno por el otro, ¿verdad?

Y hasta la fecha.

Hasta la fecha. 44 años y algo más.

Pero, en fin, bien, bien. Yo volvería a repetir.

Yo también. Sin pensármelo, ¿eh?

Directamente. Ah, bueno.

Yo me lo tendría que pensar quizá. Acabas de decir que no, a ver.

Es para darle...

Suspense.

("Love me do", The Beatles)

El redactor jefe del periódico nos mandó a Jesús Hermida y a mí

a cubrir la rueda de prensa de los Beatles.

Yo hice las fotos que hacían todos.

Intenté hacer algo diferente.

Sobre todo porque mi padre siempre me decía:

"En un reportaje, por grande que sea,

por fotos que se hagan, siempre tiene que haber 'la foto'".

Y con los Beatles se me hacía muy difícil

porque todo el mundo estaba allí y todos hacíamos lo mismo.

Pero a mí me quedó el gusanillo dentro.

Me fui a ver al relaciones públicas de Iberia: Ceballos, señor Ceballos,

y le dije: "Escucha, me tienes que ayudar.

Quiero ir en el avión donde van los Beatles a Barcelona.

Me tienes que conseguir un billete como sea".

Como era un viejito un poco verde

y se le iban los ojitos con las chicas,

yo exploté un poquito esto. "Ay, José Luis".

Bueno, me fui al aeropuerto.

Subí al avión con los Beatles dentro y pasé por delante de ellos.

"Ringo está a la izquierda, el otro la derecha...".

Digo: "Ya más o menos me monto el plan de ataque".

Y me metí en el cuarto de baño,

que era de aquellos de acordeón, con clips.

Abrí los corchetes de la puerta para poder meter la cámara.

Empiezo a tirar fotos.

Me voy animando, porque ya estaba contentísima.

Me sentía yo allí la reina del mambo,

que me vieron los guardaespaldas, me vio todo el mundo.

Y me echaron. Me dijeron: "¿Qué está haciendo usted?

Fuera, fuera".

Pero yo "la foto" ya la tenía.

Llegamos a Barcelona. También hice la foto de la bajada.

Ellos volvieron a subir para bajar con la montera.

(Música)

A mí me quedó este gusanillo, esta cosa de decir:

"¿Y si pudiera conseguir algo más?".

Entonces me fui a la avenida Palace.

Bueno, llego al hotel, voy directamente a la recepción...

Los recepcionistas me dijeron: "No hay nada que hacer.

Está todo muy controlado. Hay un guardaespaldas

en la puerta del ascensor de la planta de ellos

y no creo que puedas hacer nada".

Digo: "¿Y en el montacargas también hay alguien?".

Dice: "Ahí no lo sabemos".

Subí por el montacargas...

Me fui directamente a la puerta de la suite...

Llamé, y me abrió Ringo Starr.

"You?". Yo le dije: "Sí. It's me.

I take one picture only, please. One picture".

Miró dentro, se ve que los otros ya se reían,

y dice: "Venga, pasa". Y ahí estuve tres horas con ellos.

El ambiente era curioso,

porque tenían una mesita con bebidas no alcohólicas.

Había Coca-Colas, aguas minerales...

Ringo Starr estaba tumbado en la cama.

Y los otros, charlando entre ellos.

Ni en un momento se me pasó por la cabeza

estar delante de aquellos fenómenos.

Hasta que ya hubo un momento que vino Paul McCartney

y me dice: "¿Cómo es las palmas del flamenco".

"Pues bueno, sí...

Es muy importante, porque es:

una, dos y tres, cuatro, cinco y seis.

Una, dos y tres, cuatro, cinco y seis".

Ellos repetían lo que yo les decía de las palmas y comentaban.

Y luego entramos con el tema comida.

"En Cataluña tenemos el pan tumaca con jamón".

"Oh, the bread with tomato with ham. Yes.

Oh, Ok".

Bueno, cuando entraron las novias de los guardaespaldas a la suite,

yo ya me fui.

Cogí el avión para Madrid y entregué el material en el diario.

Me dijeron en el periódico: "Si esto ya lo publicamos ayer".

Pero dije: "Oye, traigo material que es una exclusiva mundial.

¿Cómo no vais a publicar esto?".

Luego me enteré de que habían dado órdenes a los medios de comunicación

que su paso por Madrid sí se dijera, pero nada más.

Entonces, lo ofrecí. Lo regalé a la revista "Ondas".

No cobré ni un céntimo, pero al menos se publicó.

(Música)

Creo que hay fotografías de Joana que constituyen una crónica

de aquello que ya no se podrá conseguir nunca más.

Es la proximidad extrema, la naturalidad,

con lo que sería celebridades, cantantes, actores, la familia real,

esta entrada tan natural, tan próxima,

hoy en día, es irrealizable,

sería impensable poder conseguir este tipo de imágenes.

(Música)

Yo siempre tuve la suerte que a la gente, no sé por qué,

les inspiraba confianza.

Me decían: "Escucha, esto te lo confieso a ti,

te lo digo a ti, pero no para que lo publiques

o para que lo digas".

Este hecho también me ayudaba mucho a que, cuando los necesitaba

o cuando quería hacer un reportaje sobre ellos,

me daban todas las facilidades del mundo.

Sara Montiel, única.

Ella dirigía dónde te tenías que poner,

cosa que yo nunca obedecí, porque le decía:

"O me tienes confianza o no me tienes".

A la duquesa de Alba le tuve mucho cariño y ella a mí

y le hice muchas fotos de toda la familia.

Sammy Davis Jr. vino a España

y Palomo Linares lo invitó a su finca, a una capea.

Le enseñó cómo se brindaba al público,

cómo se cogía el capote,

y hay una foto, que yo llamo "Blanco y negro",

porque Palomo Linares iba de blanco

y Sammy Davis Jr. ya no hace falta decirlo.

Lola Flores era un trueno.

Te podías volver loca haciéndole fotos.

Todo lo que te diga de Lola Flores, es poco.

Una persona encantadora, buena gente, buena gente a fondo.

Cuando tocaba el escenario,

cuando se ponía un vestido para actuar,

fotográficamente, era espectacular.

A Audrey Hepburn la conocí

en una fiesta en casa de Lola Flores,

con Yul Brynner.

Me hizo mucha ilusión,

porque era exactamente igual que en la pantalla.

Con esta especie de cara que tenía, un poco cuadrada,

con unos ojos fantásticos.

Vino Tom Jones

a actuar para los americanos en Torrejón de Ardoz.

Entre los soldados que había, que también había sus mujeres y yo,

le hacía más gracia yo.

Y casi la actuación, me la dedicó a mí.

Y al acabar, me dicen:

"Pasaremos a su camerino para hacerle una entrevista".

Entramos en el camerino

y había una mesa con bebidas, refrescos, en fin, de todo,

y Tom Jones me pregunta qué quiero tomar.

Yo, en aquella época, era muy aficionada a gin tonic,

había la Giró, la Larios...

Y vi allí una ginebra de una marca que no sé si aún existe,

que era Fockink, y yo: "Gin and tonic, please".

Y me dice: "¿Alguna marca, quiere alguna marca?",

y dije: "Sí, Fockink me, please",

y me dice: "Ah... Con muchísimo gusto".

Con El Cordobés, tuvimos una gran amistad.

El Cordobés, muy simpático, dispuesto a todo.

Ignorando el riesgo.

Por ejemplo, cuando pilotaba su avioneta,

era capaz de hacer unas cosas

que asustaba al instructor que estaba su lado.

El Cordobés me llevó de Córdoba a Madrid en su avioneta.

Con el piloto, ¿eh? Él iba de copiloto.

Yo ya me estaba aburriendo un poco

y, de repente, veo en los mandos de arriba

una manivela que iba hacia delante, hacia detrás,

hacia delante, hacia detrás, y a mí se me ocurre decir:

"Y esta manivela, ¿qué es lo que hace?",

y El Cordobés dice: "Esto no es 'ná'"

y empieza a darle con la manivela y, de repente, la avioneta hace...

¡Un susto! Fue espantoso. Él se asustó también, ¿eh?

Y el piloto le echó una bronca mortal.

Jean Michel le enseñó a comer con cuchillo y tenedor.

Me dijo un día: "Oye, francés", porque me llama francés,

"Francés, enséñame a comer".

Porque lo comía todo con cuchara, fuera carne, pescado, patatas,

todo lo comía con su cuchara.

(RÍE) Entonces, intenté enseñarle cómo se utilizaba un cuchillo,

cómo se llevaba el tenedor...

"Nos mandan su lluvia acompañando a Massiel.

Quizá todo sea debido a que los británicos, esta vez,

no puedan 'congratulation-arse', ya que nuestra cantante venció

al también sobresaliente Cliff Richard".

(Música)

Massiel, cuando salió nominada para Eurovisión,

la casa de discos me dijo que la acompañara a París

para comprar el vestido de la actuación.

Bueno, fuimos a París

y ella tenía la idea de vestirse de Christian Dior.

Yo quería quitárselo de la cabeza, porque ella era muy joven,

la canción juvenil, muy fresca, muy graciosa...

Dior, en aquel momento, era la súper alta costura

y yo no los veía, pero bueno, fuimos a Dior.

Y en Dior, las vendedoras se la miraron... de arriba abajo

y le dijeron: "No creo que tengamos nada que le pueda ir bien a usted".

Entonces, nos fuimos y le dije:

"Escucha, ¿por qué no vamos a Courrèges?".

Y fuimos a Courrèges, efectivamente.

Yo creo que el primer traje que le sacaron,

creo recordar que fue este, y se lo probó y es que era perfecto.

Creo que entonces me dijeron que se vendieron una burrada,

que todo el mundo quería el traje del "La, la, la".

(Música)

Juana Biarnés fue, creo recordar, la primera persona

que yo me encontré en Madrid

con la cual yo hice amistad.

Enseguida tuvimos muy buena química.

Él no conocía a nadie en Madrid,

pero ya había mucho interés en saber quién era aquel chico del Poble-sec.

Era una persona que rompía las distancias

con una extraordinaria simpatía.

Para Juana, la risa es un arma que utiliza

para acercarse el mundo

y para rechazarlo también.

-Pasaron los años,

cuando Serrat estaba entre Nueva York y México.

Era la época de Franco y, claro, él hizo un comentario,

un comentario que no gustó a España ni a Franco,

entonces, le cerraron la frontera.

Le dijeron que estaba prohibido entrar en España.

La época de exilio, para mí, fue una época de...

una terrible soledad y sufrimiento.

Sabíamos que estaba muy mal,

entonces, tenía aquella actuación en Nueva York,

yo me llevé pan, me llevé jamón, para hacer un buen "pan tumaca"

y animarlo un poco.

(Música)

A Dalí, yo le hacía mucha gracia.

Claro, una chica, y a él siempre le han gustado mucho las mujeres...

O sea, yo podía llamarle y decirle:

"Maestro, que me he enterado que vas a Madrid, quiero estar,

pero quiero estar a tu lado, no ahí, detrás de todo".

Siempre tenía una exclusiva para mí, porque me tenía un cariño especial.

Y con Dalí siempre había un motivo y si no lo había, se lo inventaba

y sino, lo provocábamos nosotros.

Yo le admiré muchísimo.

Era un loco. Un loco divino, un loco precioso.

Era el día anterior a Sorteo de Navidad

y el jefe de redacción me dice:

"Ves al Hotel Palace, que está Dalí,

y pregúntale qué número saldrá de la Lotería de Navidad"

y me fui hacia allí.

Coge los pinceles, una especie de lápiz que tenía,

y puso 60 000... ya no me acuerdo, y puso: "¡Sí!", y lo firmó.

Cuando llegué al periódico, el jefe de redacción me dijo:

"Oye, que Dalí no sepa los números que hay en el bombo, es perdonable,

ahora, que tú no lo sepas, es imperdonable".

Y volví al hotel y le dije...

Le vuelvo a dar el papel, tacha el 60, tacha el sí,

escribe el numero que él creyó debajo,

firma con la fecha 1964.

Cuando me dio el papel, me dijo...

Tenía la facilidad de, al ser mujer, hacerse pasar, en momento dado,

por otra persona que no era la reportera.

-Estoy recordando un reportaje que hicimos con Polanski

en el que nos pasamos por matrimonio

para engañar a Polanski y llevárnoslo a casa.

El periódico nos enviaba cada verano a los puntos más turísticos del país

y a José Luis Navas y a mí nos tocó Marbella.

Los padres de José Luis

tenían un chalet entre Marbella y Torremolinos,

y allí montamos nuestro cuartel general.

Nos enteramos de que llegaba un avión que era del propietario de "Playboy"

y vimos descender del avión a Polanski

y era, justo, cuando se celebraba

el primer aniversario del asesinato de Sharon Tate.

Seguimos el coche que le llevaba, se fue al Hilton...

Y escuchamos cómo le decía a un camarero

si sabía dónde podía alquilar barcas para hacer esquí náutico.

Me acerqué yo y le dije que yo era muy aficionado al esquí náutico

y que le presentaba a mi mujer, que era Juanita Biarnés.

Y, precisamente, tenemos unos amigos que van a hacer esquí náutico

y son una familia francesa que van con sus hijas.

Que teníamos mucho gusto en invitarle porque, además,

allí no habría periodistas, era un sitio muy escondido.

Y entonces, a partir de aquí, montamos el escenario.

La barca existía, los amigos franceses

y las hijas, que eran dos joyas, porque eran monísimas,

o sea, que el clima estaba perfectamente preparado.

Fuimos allí, le presenté al francés y tal

y entonces, hizo esquí náutico allí.

Hice las fotos desde el jardín, llegando a la playa,

atracando la barca, subiéndola no sé dónde,

y entonces, José Luis dijo:

"Mi mujer ha hecho una paella, si quiere comer con nosotros...",

y dijo: "Oh, sí, sí, 'paela', muy bien".

Pero entonces, para la comida, yo ya había mirado,

desde la ventana de la cocina, cómo hacer las fotos de la mesa.

Mientras Juana le fotografiaba, yo tomaba nota de la conversación

y tirándole de la lengua, claro, para que me contara cosas.

Todo estaba estudiado, la mesa para comer, todo, todo.

Y bueno, para acabar,

nos hicimos una foto todos en la escalera

a la que yo llamo "El grupo de los actores",

porque claro, todo el mundo estaba al corriente, menos él.

Me entero que Nuréyev viene a Madrid y me entero

porque Antonio, el bailarín, al que yo había hecho muchas fotos,

un día me dijo: "Dentro de poco viene Nuréyev,

pero no quiere prensa, no quiere nada",

"Bueno, Antonio, algo hay que hacer, esto así no se puede quedar,

¿por qué no me haces pasar por tu secretaria?".

Entonces dice: "Ah, muy bien", a él le encantó este juego.

Yo llegué antes a la casa.

De repente, yo salía, de vez en cuando,

"¿Les puedo servir algo? ¿Les hace falta algo?",

"No, no, Juanita, te puede retirar". (RÍE)

Hasta que llegó un momento que me llama Antonio:

"Juanita, ven aquí, tíranos una foto".

Yo a ellos no les interesaba ni la foto tampoco,

ellos estaban a su aire, a gustito,

y solo hacía falta apretar el botón y salían unas fotos magníficas.

(Música)

En "Pueblo" había una página dedicada a la moda

y ahí sí que yo miraba mucho las revistas extranjeras

como "Vogue", "Elle",

y entonces, yo siempre quería hacer este tipo de fotografía de moda.

(Música)

El espíritu curioso de Joana

y su espíritu, como una documentalista,

hace que, en casi todos sus trabajos, se vea esta naturalidad,

esta curiosidad innata por el ser humano.

(Continúa la música)

Yo estaba en el Festival de Lugano y estando allí,

me avisan de que mi padre está muy muy mal.

Para poder llegar a Barcelona, tardé más de un día.

Cuando llegué a Tarrasa, mi padre ya había muerto

y fue un golpe muy fuerte para mí, muy fuerte.

¿Sabes qué me compensó?

Ver la gran estima que se le tenía a mi padre,

porque había cuatro coches de coronas.

(Música)

A mí me ha hecho fotos históricas.

Yo estoy ahora grabando y las portadas,

procuro que se parezcan a aquellas que me hacía Juana.

Era una foto muy real, nada retocada, era una foto

de instantáneas que, a lo mejor, otros fotógrafos no veían.

-Juana empieza a viajar con Raphael y yo, como lectora de "Pueblo",

veía todos esos reportajes

de "Raphael llega a Chile, llega a México,

llega a cualquier sitio, luego, a Rusia...",

y Juana al lado, siempre.

Han vivido toda clase de anécdotas y de aventuras y de cosas que cuentan

y que yo no me canso de escucharles todavía.

En Moscú, pasó algo muy divertido.

Él cumplía años.

Yo dije: "Para no hacer la foto de siempre cantando

y la gente aplaudiendo...",

tenía que buscar un tema para "La foto".

Y, me sacan de pronto al escenario del Palacio de Deportes de Moscú

una inmensa tarta, que yo no sé de dónde salió,

porque tampoco pregunté.

Pero entonces, como siempre he sido yo,

"Ostras, qué pena no aprovechar esto".

Este escenario puede ser Moscú, pero también puede ser Valladolid

o puede ser La Coruña, yo que sé, aquí no pone Moscú.

La cara de la gente, es la cara de la gente.

"No, no, a mí esta foto no me vale".

Después de la noche de éxito,

nos fuimos a celebrarlo, con el pastel, a la Plaza Roja.

Para mí, esta era "La foto",

esto era el cumpleaños de Rafael en Moscú.

Viajé tanto con Raphael por todo el mundo

que dejé de trabajar en "Pueblo".

Al cabo de un tiempo,

Luis María Anson me fichó para "ABC".

Un día, Raphael me dice que se ha enamorado.

"Qué bien, bueno, ¿y de quién?", "De Natalia Figueroa".

Y le digo: "Un momento, ¿eh?

Que Natalia es un personaje muy grande,

es una chica cultísima, una chica preparadísima",

todos los tíos se enamoraba de ella, todos.

Juana le decía a Natalia: "No te portes mal, ¿eh?".

Porque ella nunca se comprometía con nadie.

"Bueno, a ver esta, a ver esta Natalia,

a ver qué hace, a ver cómo se porta y a ver cómo actúa,

porque el que haga daño a Raphael, le puedo partir la cara".

-Y entonces, se empieza a rumorear que Raphael se va a casar,

pero nadie sabe dónde se van a casar.

-Para estar seguros de que nadie se iba a enterar, era no contarlo.

Lo sabía Juana.

Empezamos a buscar una serie de sitios,

los descartábamos, y se quedó Venecia.

Raphael me pidió lo que se conoce como un "pool",

yo hago todas las fotos

y luego, estas fotos se distribuyen a todos los medios.

Todas las revistas estaban ansiosas

porque aquello era una gran exclusiva,

de mucho valor,

y trabajando con un periodista de la época, Yale,

llegamos a poner el tema en manos de un detective.

-Yale lo pusimos, un poco, el ejemplo de toda la prensa

que queríamos que no llegase.

-Y llegó un momento en que nos enteramos

dónde se van a casar y cuándo.

Habían llegado unos periodistas, no sé cómo se habían enterado,

habían llegado Yale con César Lucas.

Con lo cual, la exclusiva de Juana,

que hubiera sido un pelotazo en aquellos momentos,

se destruyó completamente.

Y Yale dice: "Mira, ya la hemos jodido la exclusiva a la Biarnés",

y yo lo escuché.

Yale publicaba en un diario de por la tarde,

yo en "ABC", Juana, también.

Llamamos corriendo a "ABC",

a Luis María Anson, que era el director,

le dimos la noticia,

y salió ese día, antes en "ABC" que en el diario de Yale.

Lo publicaron y todos fueron corriendo a coger aviones

y llegaron a tiempo,

y llegaron todos los que pudieron encontrar billete.

Entonces, yo le dije a Yale:

"Para joderme a mí, hay que correr mucho.

Ahora, el que está jodido eres tú".

(Música)

Con un grupo de compañeros,

montamos una empresa que se llamó "Sincro Press".

Joana llega a los años 80 muy segura de sí misma,

con un buen trabajo, siendo bien considerada,

trabajando para muchas revistas.

-Ya empezaba a ponerse muy difícil, ya había los paparazzi,

ya se mataban por conseguir la noticia sensacionalista.

Podía haber tenido muchas noticias de estas, sensacionalistas,

porque tenía unos amigos muy importantes

y unas puertas abiertas de esa gente, de esos amigos, y no lo hacía.

Hice un reportaje gráfico precioso

de un señor que se había curado de cáncer de garganta,

que se brindaba a dar terapia a gente que tenía el mismo problema.

Yo hice el reportaje, y entonces pensé:

"Sería una buena promoción para este señor,

si esto se publica en una revista del corazón".

Cuando lo llevé a la revista, el director lo miró,

lo echó a un lado, y me dijo: "Esto no vende, nena.

Mira, te enseñaré lo que vende y cómo lo tienes que hacer".

Y sacó una carpeta con Lola Flores

y sus hijas vestidas de Reyes Magos y a mí se me cayó el cielo encima.

Fue, probablemente, uno de los días más tristes de su vida.

Cuando llegué a casa, le dije:

"Jean Michel, me tengo que ir de esta profesión,

porque si yo tengo que hacer este periodismo,

si tengo que vivir de estos inventos,

no, no sé lo que haremos, pero no quiero seguir más".

(Música)

Juana se compró, con su marido, una casita de payeses en Ibiza

para pasar las vacaciones

y empezó a hacer lo de las comidas de una manera como jugando,

como aficionada, en verano.

-La gente venía a comer a casa,

puesto que a Juana siempre le ha gustado cocinar.

Venían los famosos y todos los que venían a Ibiza,

"Vamos a casa de Juanita, que nos hará una cena".

Le decíamos: "No seas tonta, por qué no canalizas esto,

por qué no le buscas una forma, una vía de hacer esto

de una manera profesional".

Entonces, con Jean Michel, dijimos:

"Escucha, ¿por qué no nos atrevemos y abrimos Cana Joana en casa?

Y si funciona, ya lo haremos más grande",

y así empezamos.

Y me asocié a Juana, con lo cual, me hacía mucha ilusión,

porque era uno de mis sueños, también, un día tener un restaurante.

Empezamos en el año 1985.

El éxito que tuvimos

es porque hacíamos cosas que no hacían los demás.

"Ah, vas a Ibiza, no dejes de ir a Cana Joana.

¿Vas a Ibiza? Cana Joana".

Se le llenaba.

-Y era como comida de kilómetro cero, tenía sus proveedores...

Era como comida ibicenca total.

Además, llegabas allí y estabas como en otro mundo.

Pasaba primero por la cocina,

hablaba con ella y sus cocineras filipinas.

Arzak venía a cenar a casa

y terminábamos, a las tres de la madrugada,

gin tonic va, gin tonic viene.

Un día, le dije:

"Yo no voy demasiado paralela a lo que vosotros estáis haciendo".

"Haz tu cocina, lo que a ti te sale de dentro,

eso es lo que tienes que hacer.

Cuando nos transmites eso, nos transmite sublimación".

-Yo veía encantada, estaba encantada de la vida.

La veías aparecer con su bata blanca,

salía siempre ella como de relaciones públicas

y la verdad es que fue muy feliz, porque fueron 20 años fantásticos,

de Juana, poner el restauran en Ibiza, como a la cabeza de todos.

Gracias a Ibiza, hemos tenido una gran paz interior,

por eso, cuando dejamos Ibiza,

vinimos al pequeño pueblo de Viladecavalls,

y esto ha sido como una continuidad de la paz que nos dio Ibiza.

Es una auténtica desconocida

y el hecho de no publicar durante 30 años,

evidentemente, la mandó a una especie de bodega de reserva.

-Llevaba mucho tiempo buscando fotos de todos los fotógrafos de Tarrasa

sobre la riada,

que era el 50 aniversario de las riadas en Tarrasa.

Cuando veo su archivo, alucino.

-Cómo puede ser que tengamos una fotoperiodista de pura cepa

y el sector casi no hable de ella.

-Ella me iba enseñando: "Mira, una foto de los Beatles,

una foto de Raphael...".

Cuando Cristóbal dijo:

"Aquí hay un material increíble, tienes que hacer una exposición".

"Que no, Cristóbal, creo que no tengo material,

que yo no soy artista".

No creí nunca en mi trabajo.

Ella no quería, pero la fui convenciendo,

me iba dejando los negativos y yo miraba lo que era interesante,

le devolvía, me dejaba más...

(Música)

Para mí, era como una cosa sagrada,

coger los negativos, ponerme los guantes,

poner la mesa de luz, ponerme la radio...

He visto unas 35 000 fotos o por ahí y para mí que aún tiene muchas más.

Un día llego a que me deje más negativos y tal,

y veo que está muy contenta, muy feliz,

y dice: "Mira lo que me he comprado",

se había comprado una trituradora e iba triturando originales de época.

(Música)

Porque yo decía: "Si me está ocupando espacio, pues fuera".

Entre todos, hemos conseguido hacer entender a Joana

que tiene un gran trabajo, que no puede triturarlo,

y que vamos a intentar que todo este trabajo

que merece ser reconocido,

que merece ser difundido, compartido, disfrutado,

por fin, llegue a los sitios donde tiene que llegar.

-Un año más, Albarracín

se ha convertido en cuna de la fotografía.

200 participantes se han inscrito en la nueva edición del seminario

dirigido por el fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez.

Este seminario, una de las conferencias más emotivas

la ha pronunciado Joana Biarnés.

La gente joven me impresionó muchísimo

y verlos ahí de pie, aplaudiéndome...

Hubo algunos que lloraron de emoción.

Y oye, al salir, me venían a dar besos.

Una acogida tan bonita...

Es combinación, personaje y fotógrafa,

que no hay ningún fotógrafo en España como ella.

-Realmente, el seminario de fotografía,

yo creo que cambió su vida.

(Campanas)

Siempre ha sido modesta y el día que le comunicaron

que le otorgaban la Cruz de San Jordi,

decía: "Es que no me lo merezco,

hay gente muchísimo más importante que yo".

Pensaba que era una broma y le dije:

"Oiga, esto me lo va a mandar por escrito, ¿verdad?",

"Por supuesto".

Hice un ridículo tan espantoso...

(Música)

(Aplausos)

Yo he tenido mi trabajo, mi vida, encerrada en un cajón metálico.

Pero ahora, al salir a la luz, es cuando lo estoy valorando

y digo: "Pues sí",

pero también porque me acompaña todo un entorno.

(Aplausos)

Yo ahora estoy viviendo un momento muy dulce,

un momento increíble,

un momento que no había esperado nunca.

Yo no me podía imaginar una jubilación tan feliz.

Hace que, en vez de dar años a la vida,

damos vida a nuestros años.

Desgraciadamente, tengo una maculopatía degenerativa

que me diagnosticaron hace más de 15 años.

En este momento, tengo un 30 % de visión

y esto me da una impotencia tremenda,

porque no puedo ver bien las fotos.

A vosotros veo completamente desenfocadas,

como si tuviera el objetivo sucio.

Muy bien.

Tú con flash, yo sin flash.

Pensé que tenía que volver a la fotografía

y que, dentro de mis posibilidades y de lo que me queda de imaginación,

no me podía ir.

(Aplausos, música)

Ahora que estoy con un 30 % de visión,

se confirma lo que siempre he dicho,

que los fotógrafos disparamos con el corazón.

(Música)

Ha valido la pena

todo lo que me ha pasado en mi vida, todo.

Lo bueno y lo malo,

lo malo ya lo he borrado de mi mente,

me he quedado con lo positivo,

y lo positivo es lo que me ha dado y me da fuerza para seguir.

(Música créditos)

Imprescindibles - Joana Biarnés, una entre todos

59:18 03 jun 2016

La fotógrafa Joana Biarnés fue una mujer en un mundo de hombres, superó los prejuicios de su época, triunfó en su profesión, conoció e inmortalizó a las grandes personalidades históricas.
Joana inmortalizó, con proximidad y naturalidad, a las principales personalidades de la cultura española de los años setenta, y también a todos aquellos creadores famosos que nos visitaban por aquellos días.
Fue la única fotoperiodista que consiguió estar cerca de los Beatles, acompañó a Massiel al Festival de Eurovisión de 1968, fue la fotógrafa oficial de Raphael durante una década y fue amiga íntima del cantante Joan Manuel Serrat, del gran director de orquesta Xavier Cugat, de pintor Salvador Dalí, del actor Fernando Rey, del torero El Cordobés, de la tonadillera Lola Flores, y hasta de la Duquesa de Alba.
Una entre todos' es un retrato íntimo y único de una mujer, de un tiempo y de un país, y constituye la recuperación de un personaje imprescindible de la cultura española del siglo XX.

La fotógrafa Joana Biarnés fue una mujer en un mundo de hombres, superó los prejuicios de su época, triunfó en su profesión, conoció e inmortalizó a las grandes personalidades históricas.
Joana inmortalizó, con proximidad y naturalidad, a las principales personalidades de la cultura española de los años setenta, y también a todos aquellos creadores famosos que nos visitaban por aquellos días.
Fue la única fotoperiodista que consiguió estar cerca de los Beatles, acompañó a Massiel al Festival de Eurovisión de 1968, fue la fotógrafa oficial de Raphael durante una década y fue amiga íntima del cantante Joan Manuel Serrat, del gran director de orquesta Xavier Cugat, de pintor Salvador Dalí, del actor Fernando Rey, del torero El Cordobés, de la tonadillera Lola Flores, y hasta de la Duquesa de Alba.
Una entre todos' es un retrato íntimo y único de una mujer, de un tiempo y de un país, y constituye la recuperación de un personaje imprescindible de la cultura española del siglo XX.

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  1. Bernarda

    Me encantó conocer a esta fotógrafa! Muy bueno el video (Y)

    13 mar 2017
  2. Ángel Cubero

    La técnica no es nada sin el filtro del corazón. Juan a Biarnés nos lo demuestra en este precioso documental.

    28 oct 2016
  3. Annalisa

    Muy buen documental, una persona linda, cuanta felicidad y alegria y serenidad.... ser positivos es possible...! Annalisa - Italia

    22 oct 2016
  4. Elsa Ortalda

    Una maravilla !!!!!! Mujer a pleno con un compañero de la vida extraordinario!!!! El documental impecable ...solamente que, en mi caso y de otros amigos, la reproducción no ha sido fluida...se detuvo infinidad de veces para "cargar"... sería ideal poder tener la posibilidad de guardarlo... Pertenezco a un grupo independiente de fotografía y este es un material muy valioso para aquellos que nos gusta capturar instantes.... Muchas gracias ....desde las Sierras de Córdoba Elsa Ortalda

    11 oct 2016
  5. Fabián Luque

    GUauuuu.... Felicidades por esta grandísimo documental. Felicidades a esta espectacular mujer!!!! Gracias, mil gracias!!!!! Fabián Luque...

    20 ago 2016
  6. Diego

    Un documental increíble de una persona más que increíble.

    06 jun 2016
  7. paz

    muy buen documental......felicitaciones

    05 jun 2016

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