www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.0.0/js
3332991
Para todos los públicos Imprescindibles - Gervasio Sánchez - Ver ahora
Transcripción completa

La guerra no se puede contar.

Da igual lo fina que tengas

la capacidad analítica,

lo bien que puedas enfocar, encuadrar,

lo bien que seas capaz de entender lo que ocurre,

es imposible contarla.

Porque la guerra no dura

un fotograma,

no dura una crónica,

no dura un párrafo,

no dura un travelling,

dura 24 horas del día,

de muchos días, de muchos meses,

de muchos años, a veces, de muchas décadas.

Tú fotografías protegido por una lente.

Esa lente crea una distancia sobre lo que tú estás fotografiando

o filmando.

Te da la sensación de que no te mancha, que eso no te afecta.

Pero no tienes ninguna capacidad de proceder,

de procesar, mejor dicho, esas imágenes.

Se te duplican en el cerebro, como dice Capa.

Nosotros somos cruzadores de puentes,

personas que cruzan el puente y vamos a esa realidad que no queremos ver.

Oración en árabe

Hablan en inglés

Cuando uno va o viene tantas veces a un lugar como este,

está intentando

buscar respuestas a preguntas

que casi nunca tienen respuesta.

Uno sabe la cantidad de muertos que ha habido en esta ciudad.

En muchos casos,

yo fui testigo de sus muertes.

Incluso vi sus cadáveres en la morgue o en los hospitales,

o en la calle.

Y uno acaba un poco buscando

ese personaje

que simboliza todo

el desastre, la tragedia,

el magnicidio, ¿no?

De alguna manera, es el rostro de la guerra.

Tuve

la desgracia de verla moribunda

en el hospital de Sarajevo,

justo el día después de que una granada

de la artillería que bombardeaba la ciudad

la hiriese en su casa.

Y me fui al hospital,

y fotografié a esta niña,

a este bebé,

que tenía dos meses, tenía exactamente 81 días.

Y justo al día siguiente murió.

La tuvieron que enterrar aquí, prácticamente, de noche.

Porque en aquel tiempo los sitiadores de la ciudad,

los radicales que sitiaban la ciudad,

bombardeaban los cementerios cuando se producía la ceremonia,

los funerales.

Y en el año 94, siempre que venía a Sarajevo,

venía a este lugar, durante muchos años vine aquí.

Nunca encontré flores en esta tumba.

Y decidí que no me costaba nada colocar unas flores,

como si fuera el familiar más cercano.

En este tipo de historias,

está un poco la simiente que permite

que los que trabajamos en estos lugares no nos volvamos locos.

He elegido una fotografía del libro de Sarajevo.

Porque está en el corazón de Europa, cerca de casa.

Y porque esa guerra demostró cómo estamos todos amenazados,

cuando los odios se desencadenan, a terminar así.

Esta foto me impresiona porque el horror de los niños es máximo.

Y el de esta niña que vemos aquí,

que tenía dos meses y murió al día siguiente de tomar esta foto.

Es muy poco frecuente que Gervasio acerque tanto su cámara

a un plano corto.

Busca los planos en que las cosas y su entorno se explican

sin necesidad de buscar ese detalle morboso.

Le impresionó esta foto, como me impresiona a mí.

Si el horror se puede fotografiar,

podría esta fotografía valer como imagen del horror.

Algunos no tienen recuerdos ni memoria.

Yo tengo recuerdo de ese viaje, lo tengo grabado en mi cabeza.

Quizá porque era una mujer con sus tres hijos pequeños,

el mayor de tres años y la pequeña de meses,

que salen de una ciudad y se van a otra,

en otra parte del país en el que viven.

Cuando uno, a los tres años,

empieza a viajar en viajes,

que hoy día parecen ridículos,

ir de Córdoba a Barcelona se hace en un puñado de horas,

pero en aquel tiempo duraba una jornada,

cargados de bultos...

Silbato del tren

No son sueños ni invenciones, son recuerdos nítidos,

de mirar por la ventana, de ver a mi madre con cara de preocupación.

Iba llorando.

Porque cuando nos despedimos de los abuelos,

ella lloraba, y lloró durante el viaje,

me acuerdo perfectamente.

Entonces, creo yo, que ese primer viaje

hace un poco que

tu vida vaya por otros derroteros.

Yo entré en Sarajevo el 6 de junio del 92, un sábado.

A las 11,30 de la mañana, por la línea de los francotiradores.

Me encuentro que hay una guerra allí.

Dicen que es étnica, pero no veo el problema étnico por ninguna parte.

Es religiosa.

Las guerras de religión acabaron en Europa hace doscientos años.

Además, la gente se mata con muchas ganas.

Los bombardeos de la aviación serbia y la artillería serbia

eran con ganas.

Había gente que se estaba divirtiendo matando,

bombardeando a los civiles,

asesinando a los civiles.

Quería mostrar

el conflicto de una manera distinta.

Llevaba una cámara con motor, en color, con diapositivas.

Y llevaba una cámara sin motor,

en la que ponía película en blanco y negro.

Y empecé a hacer fotografías el mismo día 6 de junio del 92.

Tomé mi primera fotografía en Sarajevo.

Esos tres primeros días fueron increíbles.

La ciudad fue bombardeada salvajemente.

Tres mil proyectiles diarios.

Había muertos y heridos por todas partes.

Yo trabajaba como freelance.

Pero estaba con un fotógrafo de "ABC", Santiago Olallo.

Cada día, las dos o tres fotos que hacía él

eran portada de los principales diarios del mundo.

Porque aquí pasaba algo que cubríamos muy poca gente,

apenas había periodistas.

Es curioso, porque estamos haciendo esta entrevista en Madrid,

y una de las cosas que más me impresionaron en Sarajevo

fue que sentía como, si a través de un túnel del tiempo,

apareciera en el Madrid de la Guerra Civil.

Con Gervasio, cuando paseamos por Sarajevo,

quizá porque los bosnios se parecen físicamente a nosotros,

y porque las guerras civiles son todas especialmente dramáticas

y amargas,

porque enfrenta a gente que días antes compartían muchas cosas,

incluso las familias,

pues hacía que nuestra percepción de lo que la guerra era

nos retrotrayera a lo que pudo ser la Guerra Civil en España.

Y eso hacía que lo viviéramos con más intensidad.

Había una frase que ponía:

"Mis hijos violarán a tus hijas".

Y "wellcome to hell", la que está en todos los muros.

Estaba todo lleno de pintadas, de amenazas entre ellos.

Y

también vimos un día, que estábamos rodando,

a unas niñas jugando al lado del aeropuerto,

entre los escombros.

Estaba todo cercado, no se podía pasar a los escombros.

Pero jugaban allí.

Les decíamos: "hay minas, pueden explotar".

"No, nosotros sabemos dónde están". Dónde están.

Hablan en inglés

Mi abuelo materno, el padre de mi madre,

vivía en un pueblo, Hinojosa del Duque, en Córdoba.

Y durante unas vacaciones,

se vino con mi abuela a Tarragona.

En aquel tiempo vivíamos en un pueblo, Hospitalet del Infante.

Y se instalaron en nuestra casa.

Un día me dijo,

dijo en casa:

"Me han ofrecido la cartería de Hospitalet".

"Y me parece interesante, igual acepto".

Yo tenía entonces diez años.

Me dijo que le ayudara.

Y yo dije: "vale".

Al principio yo era el que mataba los sellos.

La gente ahora no lo entiende.

Ibas a recoger el correo con sus sacas.

Y lo hacías automáticamente.

Y tenías que matar sellos.

Yo he matado decenas de miles de veces

al Sr. Franco en forma de sello.

Lo mataba matando.

Mi abuelo Álvaro era un hombre muy correcto.

Me pagaba cinco pesetas diarias. Y cada sábado me daba cien pesetas.

En aquel tiempo era una cantidad de dinero importante.

Había muchísimos turistas.

Y las cartas llegaban de muchos lugares raros.

Y me traía un puñado de sellos.

Los coleccionaba.

Este tema de los sellos me llevó a los viajes.

Desde muy pequeño quería ser periodista para viajar.

-El primer diario que tengo es el del viaje a Marruecos.

El viaje a Marruecos, estuvimos un mes viajando por Marruecos

cuando yo tenía un año, un año de edad.

Me decía: "¿qué hemos visto hoy?". "He visto un burro".

"¿De qué color era?".

"Era un burro de color marrón".

Claro, en primera persona.

A mí me parecía como un juego,

un juego.

Y desde allí he seguido haciendo los diarios.

Y poquito a poco...

Yo no conozco Boston.

No me importaría llevar a Diego a conocer Boston,

Nueva York, que ya conocemos, pero siempre hay cosas que ver,

bajar por Washington a Carolina, y llegar a Florida.

-Me gustaría hacer la ruta 66.

-Hay que hacerlo por aquí. La ruta 66, claro...

-Desde Chicago hasta Los Ángeles.

-Si voy a EE. UU., quiero ir a sitios que no conozco.

La ruta 66 la conozco. Cuando seas mayor ya irás.

-Nos llevas a sitios que ya conoces.

-Pero siempre estamos repitiendo viajes.

Porque él no conoce.

-Hay que buscar viajes nuevos.

Y está también ese viaje que quería con Diego a Irán y a Turquía.

-Ese no. -¿A Irán no?

-A países en guerra no.

-No está en guerra todavía. -Me da igual, no.

No quiero ir a Irán, además me cabreo.

Es un país muy interesante, pero todavía no.

Parece que vaya siempre nervioso.

Porque hay tantas cosas que visitar y que ver,

que va todo el rato moviéndose.

Y es un poco pesado a veces, un poquito.

-Él tiene la necesidad de cerrar esos ciclos de trabajo

y de dureza que ha vivido con nosotros.

Quiere mostrarnos y quiere que conozcamos con él esos sitios

donde ha sentido, donde ha trabajado, donde ha sufrido,

donde ha visto sufrir y donde ha hecho grandes amigos.

Uno fue Balcanes.

Y ocurrió lo mismo con Sierra Leona.

-Lo que caracteriza a un chico que ha sido soldado,

a pesar de que hayan pasado diez años desde que terminó la guerra,

es la mirada, parece que ha descendido a los infiernos,

a lo más bajo del ser humano.

Y nunca olvida lo vivido,

aunque haya rehecho su vida.

Esa mirada dura se ve en todos estos chavales.

Me hace revolver tanto las entrañas,

recordar el sufrimiento de estos chavales.

-Sierra Leona es un país muy cansado de la guerra.

La gente había sufrido mucho, una guerra brutal.

Aunque el número de muertos no sea tan grande como en otros conflictos,

pero la mitad de la población estaba desplazada,

refugiada en otros países,

miles de mujeres fueron violadas,

niños y niñas secuestrados como soldados o esclavas sexuales,

los miles de amputados que había. Una violencia demasiado fuerte.

-"Son chicos que él ha ayudado a salir adelante,

cuando eran un poco mayores que yo los raptaban de sus aldeas,

los llevaban a la selva y los entrenaban para matar".

"Gracias a Chema y a sus colaboradores,

han salido adelante".

-La gente estaba cansada, quería volver a sus aldeas.

"Hicieron ese esfuerzo por perdonar".

"No por odiar, por perdonar".

Nos costó mucho convencer a la sociedad

de que estos niños son verdugos y víctimas.

Terminó la guerra.

Llegó la paz, y nadie volvió a hablar de Sierra Leona.

Solo Gervasio volvió a ver qué pasaba.

-Yo regresé en mayo del año 2000.

Quería quedarme en Sierra Leona,

no solo para hacer el trabajo de actualidad, que hice dos semanas,

sino que me quedé otras dos semanas para trabajar

en el proyecto en el que estaba vinculado Chema Caballero.

Me parecía interesante mostrar

la rehabilitación de niños soldados,

que hacían atrocidades en Sierra Leona.

Estaba allí con los niños soldados.

Dormía en el centro, comía con nosotros.

Íbamos a todos lados rodeados de menores soldados.

Él estaba a voces. Les ponía en fila y les decía:

"He sido militar antes que vosotros, hice la mili en paracaídas".

Cuando empezamos a elaborar un trabajo más en profundidad

y planteé hacer un libro, él me dejó leer sus diarios.

Todos.

Sus diarios eran canela en rama.

-Gervasio nunca se ceba en la violencia.

Sus fotografías muestran el horror de la guerra,

porque sus temas tienen que ver con la guerra,

pero no se ceba en la violencia.

Y lo que más me gusta de él es que la contextualiza siempre.

-Parece que está suspendido todo.

Me gusta porque el personaje parece

como si fuese Mary Poppins,

sujeto por el paraguas que se lo lleva,

en un momento en que ha habido guerra.

Entonces, alguien, un joven, de espaldas,

como que se lo lleva el viento.

Es una foto muy casual, como cazar el azar.

Y una mujer le dice algo, como alertándole.

Antes de esto, que parece que había calma,

todo se suspende,

pero si el paraguas te lleva más allá de la línea de seguridad,

una bala de un francotirador puede matarte.

La suspensión trae reflexión.

Y hay algo que me recuerda a esos personajes de Goya que salen volando

arriba,

y abajo, el horror,

como si quisiéramos volar y largarnos de ahí.

Hablan en inglés

¡Joder!

Fuera los zapatos.

Me encanta esta imagen

por la mirada de los protagonistas.

Y por la mano.

Porque se ve que la mano de ella

sujeta una mano ortopédica,

que es la mano de él.

Un día le dije que me recordaba a Capa.

Capa no era el mejor fotógrafo de su generación,

el mejor era Cartier-Bresson, un pintor que hacía fotos.

Pero las fotos de Capa son un puñetazo en la mesa.

Gervasio es lo mismo.

La fotografía es proximidad porque te implicas en lo que vives.

No te quedas alejada en un segundo plano,

y que desde ahí cubres o documentas.

¿Qué le interesa?

Contar lo más cerca posible.

Una condición fundamental, que condiciona y que define

la calidad de un fotógrafo, es la cercanía.

Si la foto no es buena, es que no te has acercado bastante.

Él no saca la cámara hasta que no hay un momento realmente fuerte,

que considere que esa foto pueda impactar

y que sea importante tomar esa imagen.

Sobre todo, es muy respetuoso con las personas a las que va a fotografiar.

Quiere contar las historias

de las personas que sufren más.

Y sin ningún tipo de duda, las defiende.

¿Quieres que analicemos su voz, su sintaxis?

¿Qué quieres que analicemos...?

Incluso las fotografías superlativas que ha hecho,

las analizamos desde la perspectiva de la luz, de la composición,

y también, pero con eso no se explica Gervasio.

Aquí, lo que decía,

hay un aspecto saliníceo en todos los bloques.

Son unos textos autobiográficos.

Yo pude estudiar en la universidad

porque me lo pagué de mi propio bolsillo,

de mi trabajo durante los veranos,

de camarero en un restaurante de Tarragona, con 15 años.

Bajaba todos los días, sin ningún día de descanso.

Servía comidas, paellas sobre todo, a comisión en la playa.

En la antigua Yugoslavia,

aquí están tres historias...

Durante los cinco años de universidad leí muchos periódicos.

Y recorté muchísimos artículos.

En aquel tiempo la prensa española era muy buena.

Se hacían muy buenos seriales.

Mandaban a un periodista a un sitio un mes.

Volvía y escribía un serial de siete capítulos sobre Albania.

Yo, 19 años después, en Albania, utilicé esos artículos

ya recortados.

Cuando acudía a un país,

preparando el equipaje, metía mis carpetas.

Llegabas al país,

y de repente encontrabas

a los periodistas que habías leído sobre el terreno.

El primer viaje serio que hice fue de tres meses.

Fueron, en realidad, 81 días,

para no exagerar.

Del 1 de octubre del 84

al 21 de diciembre del 84.

Fue a México, desde Madrid a México.

Atravesé todo México hacia el sur.

Entré en Guatemala en plena guerra civil.

Y estuve en Nicaragua cuando las elecciones del 4 de noviembre del 84,

que ganaron los sandinistas.

Hice un viaje de casi tres meses,

en los que aprendí muchísimo.

Aprendí muchísimo.

Pero no publiqué nada.

Aprendí muchísimo, no publiqué nada

y no recuperé un solo dólar de lo que gasté.

Aprendí que tenía que ser cada vez mejor fotografiando,

cada vez mejor escribiendo,

que lo fatuo en el periodismo es muy importante, en la fotografía,

que hay que arriesgarse,

que no hay que contemporizar,

que hay que caminar, a veces, por las carreteras secundarias.

-¿Cuál sería el camino que emprende una persona que desaparece?

Esto se inicia en los campos de detención.

¿Dónde está la última presencia de la persona?

Ahí se inicia el viaje.

¿Cómo se desarrolla ese itinerario?

Cómo los familiares custodian los objetos.

Cómo se llevan a cabo las exhumaciones

y la localización de las fosas.

Cómo se sacan los restos,

dónde se guardan.

Cómo ponemos nombres a estos restos

encontrados en una fosa común.

Es un tema que marca

toda su trayectoria.

No lo ha documentado de forma seguida,

pero sí ha dedicado doce años,

de forma intensa, a hacer un seguimiento

de lo que sería la desaparición en diez países del mundo.

Y para él ha sido el trabajo más duro y el más ingrato,

en el sentido de que,

así como las víctimas de las minas antipersona pueden rehacerse,

han rehecho sus vidas,

han sido ejemplos de superación,

la desaparición te deja

con un

con una

pesadumbre permanente, la incógnita del no saber.

Da igual que sean bosnios, kurdos, afganos,

chilenos, colombianos,

guatemaltecos o españoles,

da igual que haya ocurrido hace diez años,

veinte, treinta o setenta y cinco años, da igual,

para el familiar directo,

sea el padre, la madre, el hermano, el hijo, el nieto, el bisnieto,

es lo mismo.

Es qué ocurrió,

dónde está,

quiero saber,

tengo derecho a saber, a que se imponga la memoria.

Me quedé muy impresionado.

Pero quiero saber por qué lo hiciste, a qué se debió,

cómo empezó el proyecto.

-No tenía más misterio:

La fotografía y qué nos sugiere.

Cuando ves las fotos, tú sabes la historia real.

Sin embargo, viene una historia ficticia.

Pero que en el fondo tiene más realismo.

-Cuando las leía, me daba la sensación

de que los alumnos describían sus vidas.

Habían visto las fotos.

Y habían dicho: "esta historia tiene que ver con algo que he vivido".

"Aunque no sean los protagonistas".

-Solo sabían que eran fotos tuyas.

Pero no tenían ni idea de lo que había en esas fotos.

Por lo que proyectaban lo que ellos conocen de sí mismos,

de trozos de sus vidas, lo proyectaban en la foto.

Porque no tenían información.

-Pues vamos a las aulas.

Y hablamos más en profundidad de todo esto.

Venga, os acompaño.

¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres?

-Soy de Marruecos. -Muy bien.

¿De qué parte? -De Benissa.

-¿Y qué foto elegiste?

-De un niño en un hospital. -A ver, bueno, muy bien.

Lee.

-Vale. "Esta historia fue hace poco en Palestina,

en la guerra contra Israel, donde mueren miles de personas cada día,

entre ellos, este niño, bombardeado en su casa,

mientras dormía con su familia".

"Esa noche fue un infierno, perdió a su familia y sus propios ojos".

-Muy bien.

A ver la foto.

¿Por qué?

¿Te interesa mucho lo que pasa en Palestina?

¿Por qué? -Me da pena.

-Te da mucha pena.

Este niño podría ser palestino, iraquí, afgano...

-Pasa lo mismo ahí también. -Sí.

-Los niños cada vez son más.

-Pues mira, a este niño yo lo conocí

en marzo del año

96.

El 18 de marzo fue herido.

Tenía trece años.

Es una historia muy dura.

Había sobrevivido a la guerra.

Cuando la guerra había acabado,

él estaba jugando con sus amigos al fútbol,

como a ti le gusta el fútbol,

vio la mina en el suelo,

y pensó que alguien la podría pisar.

Y no se le ocurrió otra cosa que cogerla para apartarla del camino.

Y al colocarla, estalló.

Estas son las primeras fotos que le tomé a Adis.

Hacía muchos años que no las miraba.

Había llegado a Sarajevo

y pregunté a uno de los médicos que conocí durante el cerco

si tenían noticia de algún civil

que hubiera sido herido por minas.

Y fue cuando me dijo que al hospital había llegado,

dos días o un día antes,

un muchacho

que, posiblemente ya había muerto, porque estaba muy malherido.

Y lo que hice fue acercarme al hospital.

Hablé con uno de los médicos que conocía.

Y me lo presentaron.

La verdad es que me quedé muy sorprendido.

Porque él estaba tirado en la cama.

Había perdido un ojo, iba a perder el otro ojo.

Le faltaba una mano, tenía el cuerpo lleno de metralla.

Y a pesar de su juventud, trece años,

ya era un veterano de guerra.

Había sufrido el cerco de Sarajevo

desde los nueve hasta los trece años.

Primero le hice una fotografía solo.

Una fotografía en la que estaba él solo.

Después, veo aquí que hay un par de fotos de la doctora

mirándole uno de los ojos.

Al final, llegó su madre.

Y le hice varias fotografías.

Y una de las fotografías fue esta,

en la que el muchacho

es besado

por su madre.

Esta es una imagen de su última operación.

Fue en el 2004.

Y lo que todavía impresionaba al doctor que le operó,

uno de los principales cirujanos estéticos que hay en España,

el doctor Tapia,

trabaja en la Clínica Quirón, de Barcelona,

era que todavía sacaba de la cara

pequeños, minúsculos trozos de metralla.

Los colocaba en un platillo pequeño.

Y me decía: "todas las veces que le sigo operando,

sigo sacando metralla de su cara".

Las vas viendo ahora.

Conoce a una chica, se enamora.

La chica es de una integridad y de una fortaleza ética y moral

increíble.

Y ves que él

es feliz.

Y ahora, imagínate, un hijo.

Quiero ver la cara que va a poner cuando tenga en los brazos

al crío, ¿no?, que va a tener.

¿Cómo lo va a coger, sabrá cogerlo o no?

Esta foto es preciosa.

La mirada.

Preséntate.

Mira, está allí.

-Está allí.

-Premio Cirilo Rodríguez en esta XXIX edición,

Mónica Bernabé.

Quería mencionar especialmente a Gervasio Sánchez,

al periodista y fotógrafo Gervasio Sánchez,

que me llenó la cabeza de pajaritos para establecerme en Afganistán,

que me ha apoyado todos estos años,

con el que tengo mis más y mis menos,

porque también discutimos.

Recuerdo que la primera imagen que vi de Gervasio,

que iba como loco,

él es muy nervioso, iba como corriendo,

y cuando le vi, pensé: ¿Este es Gervasio Sánchez?".

"¿El que yo pensaba que era el dios del periodismo?".

Porque físicamente parece un hombre de la calle.

A Gerva, o lo quieres o lo odias.

Tiene una personalidad tan fuerte,

que te arrastra.

Tiene ideas muy claras y sabe lo que quiere.

Él tira adelante.

-Nos agota a todos.

Gervasio tiene algo,

lo he comentado mucho con Ramón Lobo,

esa especie de capacidad para sobreponerse al agotamiento.

Hasta el punto de que puede llegar a ser abrasivo.

Hay cosas que son comunes, tanto en el trabajo como en su vida personal,

ese torbellino de energía, una capacidad de trabajo increíble.

Pero sobre el terreno es una persona,

yo diría, un pelín estresada.

Creo que Gervasio es un periodista

con el que sus responsables, redactores jefes, directores

pueden trabajar bien.

De todas maneras, discutir con él es inútil.

Porque sabes que se va a salir con la suya.

No sabéis cómo es discutiendo.

Lo mejor es dejar que haga lo que le dé la gana.

Yo empecé a trabajar con Eduardo Aragón en marzo del 87.

Vivía en Zaragoza por imperativo del amor.

A mi mujer la conocí fuera de Zaragoza.

Pero regresó a Zaragoza a trabajar, como buena maña.

Yo acababa de regresar de un largo viaje a Chile,

tras el atentado de Pinochet.

Pregunté qué periódicos había aquí.

Alguien me dijo que había un diario progresista,

que vendía muy poco,

y un diario conservador que vendía mucho.

Dije que quería publicar en el diario que vende mucho.

Si es conservador, mejor todavía.

Porque puedo presentarle historias sobre el Chile de Pinochet.

La gente progresista lo entenderá.

Quiero llegar a mucha gente.

"El Heraldo de Aragón" ha conseguido con Gervasio tener

a uno de los corresponsales o periodistas de conflictos

más prestigiosos de España

y con proyección internacional.

Ha cambio "El Heraldo" le ha facilitado a Gervasio

gran libertad de prensa para moverse donde ha querido.

No es un fotógrafo amarillista, sensacionalista.

Defino sus fotografías bajo el criterio de la serenidad.

Son fotos rotundas, serenas.

Los elementos gráficos responden a lo que quieren contar.

Qué bien ha quedado.

-Yo le conocí desde que llegó a la redacción de "El Heraldo".

Las primeas colaboraciones fueron hace 25 años.

Yo estaba al frente de la sección de Nacional e Internacional.

Yo era la que estaba en contacto directo con él.

Me llamaba y me decía: "envío la crónica".

Aprendí rápido a determinar cuál era sus situación anímica.

Entonces no había posibilidad de tener otra comunicación.

Y él no podía hablar con su familia.

Recibía noticias de cómo estaba Gerva a través de "El Heraldo".

Yo estaba pegada al teléfono para que me llamasen.

Recibía la llamada de Picos, de Javier también,

era la que me decía:

"Hemos hablado con Gerva, estaba muy bien".

Esta historia personal...

Yo aprendí a ver esas carencias en su tono,

a saber si estaba más triste,

más cansado,

más deprimido,

más agobiado con la situación que vivía.

Él siempre me decía que llamara a Choco.

Yo tenía que hablar con su mujer.

-Creo que Picos es la hermana que Gervasio hubiera querido tener.

No voy a decir la pareja, porque, evidentemente,

no les ha cogido a ninguno de los dos en la época.

Pero el gran apoyo de Gerva en los viajes

y el gran paño de lágrimas,

a la que realmente le ha contado siempre las cosas,

ha sido a Picos.

-Creo que podemos hacer las tres páginas.

-¿Sí? Bueno, gracias.

Era una pena cortar tanto.

-Gerva es muy intimista consigo mismo,

muy dado a guardar todas las emociones

y a no contar si lo ha pasado mal.

Me he enterado de cosas cuando estamos con otros compañeros.

Empiezan a contar las batallitas.

"Esto nunca me lo contaste".

"¿Para hacerte sufrir?".

La característica esencial de Gervasio Sánchez es

la implicación que tiene en cada uno de sus trabajos.

Cuando digo trabajo, es con las personas,

con las situaciones,

y las lleva hasta el final.

No es que coja protagonistas en sus crónicas.

Él va a la calle ve lo que hay y lo cuenta.

Si conoce a una persona, no la deja jamás de la mano.

Gervasio tiene una memoria de elefante.

Recuerda el día en que nos conocimos en Sarajevo.

Yo no recuerdo el día exacto.

Sé que era verano y que era el año

92.

Recuerdo mucho ese viaje

porque era mi primera guerra.

Y fue un flechazo casi desde el primer momento.

Él había cubierto varias guerras, yo ninguna.

Se estableció una química.

Pensé, para mí:

"¿Qué hace un tío como tú en un lugar como este?".

Con sus gafas, parecía un intelectual

en un lugar equivocado.

Cuando estableces una amistad en circunstancias dramáticas,

como una guerra,

los lazos quizá son más profundos.

Compartes muchas cosas, incluido el miedo.

Pensé: "¿Qué hace un tío como tú en un lugar como este?".

Si me tuviese que ir a un lugar con alguien, sería con Alfonso Armada,

al infierno.

Al principio, los ciudadanos

te abrían las puertas, te lo daban todo.

Era raro que llegases a una casa y no te dieran un café,

si tenían comida, te la daban.

Si podían, te ayudaban.

Si ocurría algo, te abrían sus puertas.

Algunas personas se emocionaban

al ver que alguien estaba a su lado.

Pero el cerco se fue eternizando.

Pasaron los meses.

Pasaron los años.

Y llegó un momento en que

la gente decía: "¿de qué sirve todo esto?".

¿"De qué sirve que cuenten lo que pasa aquí

si nuestras vidas no cambian?".

Yo vivía en una casa donde había vecinos serbios, musulmanes,

había familias, croatas, judías.

Y ellos te decían que eso no era vida.

Llegó u momento en que muchos ciudadanos

ya no se protegían.

Los veías en las calles.

Y les decías: "cuidado, están disparando".

"Si me toca, me tocará".

Y te dabas cuenta de lo frágil que era todo en esta ciudad.

-Los serbios decidieron

tirar contra la biblioteca y destruirla, con morteros.

El mortero no tiene precisión. cae una granada aquí...

Para que cayeran sobre la biblioteca,

tuvieron que barrer la zona de alrededor.

Él estaba en una casa al lado de la biblioteca.

Hay una foto con gente en una casa,

con una vela,

y están todos suspendidos.

Es lo que más me gusta de sus fotos.

Están suspendidos esperando a ver si la vida se acaba ahí o continúa.

Eso es lo que él capta.

-Siempre que yo estaba en esta zona

y me apetecía sentarme en un sitio tranquilamente

a reflexionar, a pensar o a escribir notas,

porque preparaba la crónica, siempre utilizaba este lugar.

porque me parecía un lugar, en el que estaba a salvo de bombas,

tenía una fuerza visual tremenda,

significaba muchas cosas para mí y, evidentemente para la ciudad.

Los serbios radicales bombardearon y destruyeron

uno de los símbolos de la ciudad, era la biblioteca.

Era una de las mejores de la antigua Yugoslavia.

Con documentos que hablaban de la historia,

sobre todo, de lo mejor de Sarajevo,

esa capacidad de convivencia entre religiones y etnias distintas.

La biblioteca era el mejor lugar donde la sabiduría,

el conocimiento, las miradas de tantas personas distintas

convivían en armonía.

Recuerdo cuando entré en esta biblioteca por primera vez

con Alfonso Armada, días después de que la quemaran con bombas,

cómo un renacuajo, llamado Edo,

que habíamos conocido aquí al lado,

de cinco años,

nos guió,

nos guió por la biblioteca totalmente destruida.

Hay momentos muy emotivos en aquella entrada.

Nos encontrábamos los estantes, los anaqueles,

con los libros

colocados

como si estuviesen vivos.

Cuando los tocabas eran ceniza, se desmoronaban para siempre.

Empecé a hacer fotografías.

Miré el reloj, me di cuenta de que estaba justo de tiempo.

para quedar con Alfonso.

Y al hacer una foto me di cuenta de que algo fallaba.

Erraba la posición:

"Las fotografías que he hecho dentro han salido mal".

Volví a entrar, me puse ahí enfrente, mirando hacia este lado.

Y, de repente, me encuentro que el haz de luz entra.

La supervivencia es algo que tiene que ver con la dignidad.

Y los que vivimos el cerco de Sarajevo,

estamos, digamos, absorbidos por este cerco.

Pasarán años y décadas y no lo olvidaremos nunca.

Porque aquí vivimos la dignidad

de las personas que se enfrentan a la violencia,

que se enfrentan al pasotismo de la comunidad europea,

a la pasividad, a la hipocresía de la comunidad europea.

No solo de los políticos, de la población europea.

En 2003 salimos en España a gritar contra la guerra de Iraq.

¿Cuántos gritaron en los 90 contra esta guerra?

¿Cuántos gritaron en España contra la guerra de Bosnia?

¿Cuántos partidos políticos salieron a gritar?

El comportamiento de Izquierda Unida fue vergonzoso.

Como Milosevic era comunista,

la relación con el conflicto era vergonzosa.

La relación del PP y del PSOE con el conflicto fue una vergüenza.

La del Gobierno de González, una vergüenza.

El comportamiento de Javier Solana fue obsceno en todos los sentidos.

Los que estuvimos aquí lo sabemos, lo sabemos.

Sabemos cuál fue el comportamiento de la diplomacia, la política

y los ciudadanos europeos.

Todos somos culpables de lo que pasó.

Me siento culpable y vengo aquí para intentar

de alguna manera

encontrar mis propios equilibrios.

Por eso me gusta volver a Sarajevo.

Cuanto más vuelvo a Sarajevo, más me limpio

en mis responsabilidades como ciudadano y como periodista.

Fuimos incapaces los periodistas de poner fin a la guerra.

Algunos de ellos murieron, murieron compañeros, fueron heridos.

Sufren shock postraumático.

Y fuimos incapaces de parar la guerra.

A pesar de que los mejores periodistas del mundo estaban aquí,

hicimos una gran cobertura por una vez,

fuimos incapaces.

¿De qué sirve nuestro trabajo?

Muchas veces me lo pregunto.

De poco, de casi nada.

Fuimos incapaces de parar a los radicales,

de parar la hipocresía de la diplomacia europea.

La guerra se acabó por cansancio,

por puro cansancio.

Una aportación de Gervasio en los últimos años

ese trabajo de fotografía más pausada, más documental,

de construir proyectos a largo plazo.

"Vidas minadas" fue el primero, marca un punto de inflexión.

Lo inició en el año 95.

Ha perseverado en esta historia por el vínculo personal

que establece con los protagonistas.

-Él ha hecho una cosa magnífica:

Una serie de aspectos transversales de los conflictos que ha recorrido

en todo este tiempo,

fijarse en estos aspectos transversales,

las minas antipersona, los niños soldados,

los desaparecidos,

y los ha ido siguiendo en distintos espacios geográficos,

a lo largo de lustros y de decenios.

-Envidio a Gervasio por su capacidad de hacer temas

y seguir esos temas,

como ha hecho en el proyecto de las minas o de desaparecidos.

Trabajos que realiza una y otra vez hasta conseguir

una ventana de esperanza.

Son ventanas de esperanza.

-Estamos hablando de una pequeña mina,

que costaría cinco, seis, siete dólares, cuatro o cinco euros,

que destrozó a un muchacho.

Y si tuviésemos que sumar el coste de todas las operaciones

que se le han hecho, sería una cantidad tan increíble

que nadie la podría pagar de su bolsillo.

Esto es lo más desesperante de estas historias.

-A fin de cuentas trata de contar en qué consiste la vida,

a través de varias vidas,

a las que se asoma con mucho cariño

y mucho respeto.

-Las fotos que me gustan de él son las de la vida:

El trabajo de "Vidas minadas",

con el seguimiento de las familias, de Sofía, de Adis.

Porque es un seguimiento muy bonito.

Marca lo mejor de las personas.

Es ver, como él dice,

cómo una persona

busca la felicidad,

una víctima busca la felicidad.

Hay que ver de la guerra

lo que queda.

Cuando todo el mundo empieza a marcharse,

yo quiero estar y seguir documentando lo que ocurre.

¿Cómo estás?

-Más o menos.

Ahí tenía nueve años y cuatro meses,

cuando empezó el cerco de Sarajevo.

Ahí tenía nueve años y seis meses cuando su padre murió en ese cerco.

Adis tenía trece años

y seis meses

cuando la mina le destrozó la adolescencia.

Y Adis va a tener casi 32 años

cuando su primer hijo llegue al mundo.

No hay nada que explique mejor la guerra

y sus consecuencias que una historia como esta.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Gervasio Sánchez, testigo de guerra

Imprescindibles - Gervasio Sánchez, testigo de guerra

23 oct 2015

Documental, reconocido con el Delfín de Oro al mejor Docudrama en los Cannes Corporate Media & TV Awardsse, que recoge un viaje a Sarajevo de la mano de Gervasio Sánchez para conocer a Adis Smajic, herido por una mina anti persona cuando tenía trece años.

Gervasio Sánchez lleva tres décadas recorriendo los países en conflicto acompañado de su cámara fotográfica documentando el dolor de las víctimas. Es un periodista que se ha mantenido independiente para poder denunciar en cualquier foro la implicación política y económica que los estados tienen en las guerras. A través de sus fotografías ha reflejado la fragilidad, indefensión y brutalidad a las que son expuestas las víctimas de cualquier conflicto bélico.
Su recorrido profesional arranca en 1984 y cubre la mayor parte de los conflictos armados, la guerra del golfo, Balcanes, África, Asia y América Latina. En su primer libro en 1994 “El cerco de Sarajevo” muestra la difícil vida de los civiles en la capital sitiada. En 1995 con su proyecto “Vidas minadas” documenta las vidas de víctimas de minas antipersona durante casi veinte años.

Histórico de emisiones:
25/04/2014

ver más sobre "Imprescindibles - Gervasio Sánchez, testigo de guerra" ver menos sobre "Imprescindibles - Gervasio Sánchez, testigo de guerra"

Los últimos 314 programas de Imprescindibles

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios