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Para todos los públicos Imprescindibles - Extraña forma de vida. Retrato literario - ver ahora
Transcripción completa

(Música suave)

(HABLAN FRANCÉS)

(Continúa la música)

(HABLAN FRANCÉS)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

París no se acaba nunca.

Sí.

Pero hay que distinguir entre lo que escribí en el libro

y lo que podríamos llamar la realidad modesta de la vida.

Yo vine aquí no para ser escritor, para probarme a mí mismo.

Vine aquí porque no tenía casa en Barcelona.

Y vine a ver a unos amigos de Madrid, Adolfo Arrieta y Javier Grandes,

que eran cineastas que vivían en París

y viene con el escaso dinero que tenía en aquella época,

con el dinero justo para visitarlos, por hacer algo.

Literalmente, muy perdido en la vida y fantásticamente bien perdido.

Y Javier Grandes me dijo que me iba a enseñar

los cuadros que pintaba en su buhardilla.

Y esa buhardilla resulta que estaba en el cinco de la Saint-Benoît,

que fui a subir los seis pisos pero, en la tercera planta,

no había ascensor,

en la tercera planta abrió la puerta Marguerite Duras

y habló con nosotros.

Me preguntó qué hacía yo, a qué me dedicaba.

Le dije que no me dedicaba nada, no había escrito un solo libro,

pero que no sabía lo que haría en la vida.

Y al oír que no tenía casa,

me ofreció el alquiler de la buhardilla

al lado de la de Javier Grandes.

Entre no tener casa en Barcelona y tener una casa aquí

a un precio que yo creí que era simbólico

pero que, en todo caso, simbólico no, era mínimo,

pues decidí quedarme.

Entendí que era tan simbólico que no era importante que le pagara.

Más bien son esas mentes que trabajan en la juventud

de una manera muy especial.

No es que consideraba que fuera un honor

que me tuvieran en la buhardilla, pero casi.

(Música)

Yo llegué a París en el 74.

En el 73 había publicado un librito llamado

"Mujer en el espejo contemplando el paisaje"

que era una novela escrita en el servicio militar en Melilla.

En Marruecos, en el 70. Y 71.

Escrita en un colmado militar cuando podía, por las tardes.

Sin la intención de publicarla.

Yo había trabajado en la revista "Fotogramas" del 68 al 70.

Había dejado la revista "Fotogramas"

porque dije que quería ser director de cine.

En la directora, Elisenda Nadal, me dijo: "¿Pero qué vas a dirigir?".

Le dije: "un cortometraje".

Y me preguntó que cuánto tiempo iba a tardar en rodar este cortometraje

y le dije "tres días" y me dijo:

"Entonces, ¿puedes volver a trabajar, no?

Ruedas el cortometraje y vuelves aquí,

te esperamos como redactor de "Fotogramas".

Y le dije "No, porque yo ya estoy por encima de esto,

ya soy director de cine en realidad".

Entonces, ella enfureció ante la tontería notable de mi decisión

y, de hecho, rodé el cortometraje en Cadaqués.

Se llamaba "Fin del verano"

y le presenté al festival de Benalmádena.

Quedó clasificado el último por votación popular,

aunque todo el mundo aplaudía mucho porque era el mejor,

pero era demasiado minoritario.

Volví a Elisenda y le dije: "mira, vuelvo", como era previsible.

Y tuve una segunda etapa en "Fotogramas"

que tuve que compartir ya con Cristina Fernández Cubas,

muy buena amiga mía, que era la que había llegado,

la que me había sustituido, ¿no?

(Música)

-Él en aquel momento quería ser director de cine.

Rodó un corto: "Fin de verano".

Un corto..., creo que se rodaba en Cadaqués,

como estaba mandado en la época.

Sí, bueno, pero luego se puso escribir.

Ya llevaba tres novelas, creo,

pero su primer libro de cuentos se llama, precisamente,

"Nunca voy al cine".

O sea, que son cosas... de Vila Matas.

-Por un lado, llevaba una sección que se llamaba "Cine joven",

que era una concesión que me había hecho Elisenda Nadal,

ya que yo consideraba a la revista demasiado comercial,

en la que hablaba del cine que hacía Philipe Garrel

y otros cineastas "undergrounds", como Jonas Mekas, etc. de la época.

Aparte, esto lo compaginaba con anécdotas famosas

de haber traducido del inglés una entrevista con Marlon Brando,

que por temor a no confesar la verdad,

que era que no sabía inglés y no podía traducirla,

le hacía decir a Marlon Brando cosas muy interesantes

pero que supongo que no tenía mucho que ver

con la personalidad de Brando

y, después, recuerdo que por la noche,

en un bar de Barcelona, personas que entonces no conocía,

Terenci Moix y Gil de Biedma conversaban,

y, de repente, oía a mi lado que Terenci le decía a Jaime:

"¿Has visto las tonterías que dice Marlon Brando en el 'Fotogramas'?"

Entonces, claro, yo no me podía dar a conocer en aquel momento.

Después, les conocería a los dos, pero me pareció

una insolencia hacia lo que había escrito enorme, ¿no?

-Yo creo que es una etapa muy interesante

para los estudiosos de Enrique

porque, sí, él tenía que traducir unas entrevistas

y como no sabía inglés, se las inventaba completamente.

Y eran entrevistas con

directores de cine, bailarines..., extranjeros,

y la verdad es que le salían muy bien.

Entonces nadie protestó pero es que yo entiendo muy bien que,

primero, no se debieron enterar, porque en aquella época

pues estaba todo muy aislado, ¿no?

Pero, si se hubiese enterado, yo creo que para qué protestar,

si contestaban como Einstein, ¿no?

Una cosa fantástica porque las preguntas eran muy buenas,

inventadas, y las respuestas eran maravillosas.

O sea, que yo creo ahí su juego... este vals o tango

o lo que sea que mantiene entre ficción y realidad pues empezó ahí.

-Todo esto continuó después con la entrevista que inventé de Nureyev

porque tenía cita con él en un hotel de Barcelona, el bailarín,

pero por la noche, la anterior,

discutimos en un bar de Barcelona unos amigos míos y sus amigos

de una forma en la que casi llegamos a las manos por una tontería

y al día siguiente, tenía que ir al hotel a entrevistarlo.

Pensé: "si entro en la habitación de hotel de Nureyev para entrevistarlo

me va a matar porque no me acompaña la pandilla de la noche, ¿no?"

De modo que opté por inventarla y así se publicó.

Y volvió a repetirse el rumor de que en "Fotogramas"

se publicaban entrevistas en la que los personajes

decían cosas insólitas.

En concreto, Nureyev decía que el baile le recordaba a los toros.

Que también se las traía y era el titular.

El problema fue también que inventé entrevistas con personas

que luego compraban "Fotogramas", como me pasó

con Rovira i Beleta y con Juan Antonio Bardem.

Los entrevisté realmente y luego,

como no me gustaba lo que opinaban del cine,

les ponía algunas frases que eran revolucionarias para mí.

Y estos enviaban cartas al director y me complicaron la vida

más que Marlon Brando o que Nureyev.

Trataba de modificar el cine español

a través de las entrevistas que hacía en "Fotogramas".

Como empresa era muy quijotesca

y me llevaba a la ruina, a mi ruina personal.

(Música)

-Bueno, aquí dice:

"Enrique Vila Matas nació en Barcelona hace 25 años.

Estudió Derecho y abandonó la carrera para dedicarse al cine.

Hizo dos cortometrajes y trabajó unos meses

como redactor en la revista 'Fotogramas"

y como crítico de cine en 'Bocaccio'.

Esta es su primera creación literaria.

Ha decidido dedicarse "full time" a la literatura

aunque no sería de extrañar verle un día de director,

de actor, de saltimbanqui o poeta".

Aunque yo, la verdad, el primer libro que leí suyo fue este.

Me acuerdo, estaba en Zaragoza, me iba a venir aquí.

Había terminado la carrera e iba a venir aquí.

Y quería estar al día de lo que se escribía aquí.

Y lo que me llamó la atención fue su biografía.

Dice: "Enrique Vila-Matas nació en el año 1948 en Barcelona,

ciudad donde ha residido de modo permanente

con paréntesis de largas temporadas en Milán, París y Zembla".

Me parece todo tan exótico y cosmopolita,

que dije: "Me lo voy a comprar".

Me compré el libro, me lo leí,

y me acuerdo que hubo dos o tres cuentos

que me gustaron tanto que los marqué.

Un par de años o tres después, cuando conocí a Enrique,

le dije: "Me encantaron tres cuentos de 'Nunca voy al cine'.

Hasta tal punto me encantaron,

que subrayé los títulos en el índice".

Enrique se quedó un poco así, y al cabo de un rato dice:

"O sea que no te han gustado los otros siete".

Digo: "No, no, no.

Hubo tres que me gustaron tanto que los destaqué".

Luego nos hicimos amigos y discutimos por eso,

y eso nos hizo más amigos,

porque Enrique tenía una táctica particular,

que era cómo ganar amigos,

pero previamente había que convertirlos en enemigos.

Había que discutir un poco con ellos y, a partir de ahí,

ver hasta dónde podía llegar el cabreo

y, simultáneamente, hasta dónde podía llegar la amistad.

Curiosamente, los grandes amigos de Enrique

han surgido siempre de algún cabreo previo.

(Música)

-Lo que me ha ocurrido siempre

es que a mí me fascinaba lo extranjero,

lo diferente, lo extraño, lo que no había visto nunca.

Por tanto, trataba de llevarlo a cabo cuando escribía.

Mi fascinación por lo extranjero venía de Cadaqués,

que es el lugar donde empecé a ver personas que no eran de mi país.

Personas que eran artistas. Entiendo que tengo que escribir algo

que no ha escrito nunca nadie diferente.

Lo intento en "La asesina ilustrada",

que es un libro que asesina al lector de una forma casi verídica,

aunque luego descubro que lo había hecho Agatha Christie.

Pero, en un primer momento, aquello me parecía original.

Como si fuera posible ser original.

Pero siempre he tratado de distinguirme

de lo que se hacía en su momento,

al menos en el panorama de las letras de mi país.

-Me costaría mucho decir: "Es como tal escritor".

Mucho.

Bueno, en todo es distinto, en todo.

Incluso en eso de la invención de la literatura que hace él,

o de la recreación de la literatura.

En España no hay otros referentes, Enrique está solo.

Solo ante el peligro.

No creo que pueda tener imitadores.

Cada libro suyo es una nueva indagación

siempre en torno a escritores,

una cosa que sus enemigos le critican,

que por qué tanto escritor.

Yo, como siempre digo, el "Quijote" es un libro

de escritores y para escritores.

El señor enloquece porque está leyendo libros.

Es un libro literario.

En el caso de Enrique creo que también,

que sabe reinventar a los escritores.

A muchos de ellos les conocemos gracias a él.

-Gombrowicz era, por ejemplo, para mí un faro

en lo que quería hacer sin haberle leído.

Lo sorprendente es que no le había leído para nada.

Solo había visto una fotografía

y una entrevista en la revista "Quimera".

(Música)

Decía cosas extrañas, cosas originalísimas,

que no tenían nada que ver con lo que decían los escritores,

los poetas españoles.

Pensé: "Bueno, esto es...

Creo que yo escribo como Gombrowicz".

Durante muchos años estuve publicando libros pensando, entrecomillado,

que escribía como Gombrowicz.

Hasta que un día decidí leer a Gombrowicz,

yo ya tenía cinco libros publicados,

y descubrí que no tenía nada que ver con Gombrowicz.

Sin embargo, al haber imaginado a un escritor extraño, singular,

que escribía de una forma diferente a los otros,

me había creado mi propio estilo gracias a este truco.

Y así se va creando, digamos, el maestro.

El maestro es un maestro que creas tú mismo.

(Música)

Esa ansia de ser radical toma cuerpo en el libro

"Historia abreviada de la literatura portátil".

Era totalmente algo mío.

De alguna forma, yo pensaba: "Esto va a quedar muy raro".

Era tan mío, y tan sincero de otra forma,

que quizás ahí radicó el que despertara el interés.

Quiero decir que cuanto más me he atrevido a hacer algo

que teóricamente va a caer como "qué extraño" y "qué absurdo"

y "qué horror",

cuanto más me he atrevido a hacer algo muy mío,

me ha ido mejor.

-Era el escritor, ¿no? Tenía incluso la pose de escritor.

Aunque era un escritor desconocido para la mayoría de la gente,

era un escritor que publicaba libros que se leían muy poco.

Era un escritor que salía en los suplementos literarios,

pero tampoco le dedicaban grandes páginas.

Sin embargo, tenía aspecto de escritor

y la gente lo consideraba un escritor,

y de hecho era un escritor.

Estábamos pendientes de ver qué decían los periódicos,

porque era la época en que habían inventado

aquella cosa de la nueva narrativa española.

Entonces, igual te ensalzaban

que te pegaban un bofetón en un suplemento.

Los periódicos llegaban a las tres de la mañana.

Muchas veces esperábamos a que llegara "El País"

del día siguiente para leer el suplemento,

para leer las críticas.

Lo cual te exponía a un final muy amargo de la noche

si de repente Leopoldo Azancot, por ejemplo,

que era el crítico oficial en "El País", te pegaba un palo,

porque te ibas a la cama con mucho disgusto.

Eso le ocurrió a Enrique, y le ocurrió con...

Ahora no me acuerdo con qué libro fue.

Con "Una casa para siempre".

Y cogió un disgusto tremendo esa noche.

No voy a contar lo que pasó.

(Música)

-Le costó mucho más a Enrique.

Tardó mucho en ser un escritor reconocido.

Mucho tiempo.

Ahora ya es...

la cumbre, ¿no?

Pero muchos años que no...

Incluso se enfadaba porque no le hacían caso.

Hay escritores que han jugado a estar en el establishment,

y Enrique no ha jugado.

Enrique de pronto se ha visto allí porque le han puesto.

No había más remedio.

Pero es un escritor que...

no estaba dentro de la sociedad literaria.

Y es fundamental estarlo.

-¿No os ha gustado, piensas, este libro?

Pues ahora voy a hacerlo más. Vais a tener más de esto,

y además más difícil para vosotros aún.

Y eso es un motor.

La incomprensión también es un gran motor

si se tienen ganas de lucha.

Ese motor creativo que conduce a: "Voy a hacer otro libro y verás".

Te refugias en el nuevo libro, la obra va creciendo,

y al final necesitas de la incomprensión para continuar,

porque si te encontraras con la aceptación,

como les ha pasado a otros escritores que conozco,

puedes quedar prisionero de una trampa inmensa,

que es la trampa misma de la literatura.

Si la literatura llega a un estado estable algún día,

estará muerta, estará acabada.

Por eso soy partidario de la crisis en literatura siempre,

de ponerla en entredicho, de negarla,

de partir de la negación de la escritura

para escribir sobre la literatura negada

o la literatura en su final.

Es lo mismo que nosotros, que citamos siempre la crisis.

Si no, seríamos bacterias aún.

-Parece que esté en un reto constante consigo mismo y con su ingenio,

porque continuamente va abriendo frentes.

Por ejemplo, el último libro publicado, "Kassel",

a mí me sorprendió mucho y muy agradablemente.

Creo que ha abierto ahí otro frente.

Creo.

Es un abridor de frentes este hombre.

-Efectivamente, el libro que le lanza como el escritor original,

no el que le lanza, sino el que le descubre,

el que hace que un público importante diga: "Este escritor es especial.

Ha construido algo que no todos pueden hacer.

Es un tipo que ha hecho no un libro bueno,

sino ha inventado un género propio". Y creo que eso fue "Bartleby".

Pero a partir de "Bartleby", también libros suyos anteriores

fueron leídos de otra manera.

Cuando empezamos a ser amigos, por ejemplo,

ese año sacó "Historia abreviada de la literatura portátil",

que con ese libro estaba fundando su credo literario.

Muchas de las cosas que ha escrito después, las raíces,

las puedes buscar en ese primer libro.

Un primer libro que pasó inadvertido, porque llamó la atención el título,

que era gracioso, pero no lo leyó mucha gente.

Curiosamente, se ha convertido en un pequeño clásico después,

porque ilumina bastantes de las cosas que ha hecho Enrique con el tiempo.

-A partir de ahí, ya no se iba a parecer a nadie.

O sea que yo creo que ahí encontró su camino, su libertad.

Es un canto a la libertad, a su libertad,

y ahí se forjó lo que es ahora.

Era un libre deslumbrante, rompedor,

pero no estaba al gusto de todos los paladares.

Eso, clarísimo. Pero eso es una buena cosa.

-Ahora nieva, vale. ¿Ahora qué hacemos?

¿Cambia la conversación?

(Risas)

Como está nevando, vamos a cambiar de conversación.

Varsovia, por ejemplo.

En el año 73, yo estaba en Varsovia.

La pregunta sería qué hacía en Varsovia.

Fue un viaje iniciático. Realmente, el gran viaje.

Este viaje consistía en que yo me iba con Marisa Paredes,

una amiga que había conocido, actriz, en "Fotogramas".

Decidimos juntos ir a El Cairo.

En realidad, a Alejandría,

porque a ella le gustaba "El cuarteto de Alejandría",

y yo dije que también me gustaba para hacer el viaje.

Nunca llegamos a Alejandría. Es un viaje extraño,

porque fuimos en realidad...

Marisa logró un pasaje en líneas polacas...

Pasando una noche en Varsovia,

teníamos que hacer puente allí para ir a El Cairo.

Pasamos la noche en Varsovia. Yo llamé a Sergio Pitol,

al que no conocía, pero tenía su teléfono.

La noche se convirtió en un mes entero en casa de Sergio Pitol,

y luego, una sola noche en El Cairo.

Fue un viaje iniciático.

Fue el primer escritor de relieve importante que me hizo caso,

que se interesó por lo que yo quería escribir.

Como yo no quería escribir casi nada,

me había obligado a contarle lo que quería escribir.

Al hacerme caso, me facilitó las cosas

y me condujo por el camino de la literatura de alguna forma.

Y Pitol fue fundamental.

Por eso, siempre que tengo que hablar de un maestro,

considero que el maestro es Sergio Pitol.

La estancia en Varsovia de un mes fue...

una cantidad imparable de anécdotas extraordinaria.

Empezando por un hijo natural de Lenin que me presentó Pitol,

que venía por la casa de Sergio

y que realmente era fruto de una relación...

de Lenin cuando había estado en Polonia,

pero que hasta los 15 años no supo que era hijo de Lenin.

Su madre le dijo: "Tú eres hijo de Lenin",

y él dijo: "Ya lo sé, todos somos hijos del fundador,

del héroe de la patria". Le dijo: "No, idiota.

Eres hijo de Lenin".

Y este hombre, que se parecía mucho a Lenin,

se ganaba la vida dando discursos...

Por ejemplo, iba a un manicomio y decía que la locura no existía,

que los locos eran los de fuera.

Tenía un gran éxito y aplaudía todo el mundo.

Iba una cárcel y decía que la libertad

estaba en la cárcel y no afuera. Y tenía un éxito enorme.

Se ganaba la vida de una manera pintoresca,

que era diciendo lo que la gente quería oír en todos los lugares.

Y cuando fuimos al aeropuerto camino de El Cairo,

en la despedida Marisa y yo estábamos impresionados,

porque en realidad nos despidió el hijo de Lenin.

Y cuando llegamos a El Cairo, a mí El Cairo me horrorizó.

Me había entusiasmado tanto

el mundo de lo que entonces era el telón de acero,

me había gustado muchísimo Varsovia, el lugar, Europa...

Estaba muy pesado, y Marisa me lo decía,

porque realmente...

era terrorífico para mí El Cairo. Insistía en volver a Europa,

lo cual, cuando dices tantas veces: "Quiero volver a Europa",

al final dices: "Cállate, niño".

Era muy pequeño, por otra parte. Tal como dijo Marisa,

creo que era muy pequeño en ese viaje.

Llegamos a un acuerdo muy absurdo,

no contar nada del viaje cuando nos separamos.

Después, cada uno llegó a su sitio y empezó...

Sergio Pitol me preguntaba todos los días después de comer...

qué pensaba escribir.

En fin, era la primera vez que me preguntaban sobre esto,

y de alguna manera me hacía hablar.

No había tenido muchas opciones de hablar nunca...

en general. Es decir, no era muy hablador.

Por lo tanto, empecé a hablar en Varsovia.

De mis salidas nocturnas me acuerdo que...

con mi amigo Gonzalo éramos conocidos

por prácticamente no decir nunca nada.

En cuanto a temer el silencio...

¿Sabes qué pasa?

Que me recuerda a la pregunta que me hizo...

Emmanuel Carrère hace poco. Esto fue en Florencia.

En un momento determinado, se produjo un breve silencio,

y él me preguntó:

"¿Te da miedo el silencio?".

Pensé que se refería, por su pasado cristiano,

a que había pasado un ángel,

y si me interesaba el tema de los ángeles.

No tenía nada que ver, creo.

Creo que me preguntaba porque me conoce como escritor

por "Bartleby y compañía",

y me preguntaba si me daba miedo el silencio.

Luego me hizo pensar,

y llegué a la conclusión de que ese miedo

mueve mucho toda mi escritura de alguna manera.

Tengo miedo más bien al silencio que llega con la muerte.

Tengo miedo al silencio futuro.

Eso siempre me ha mantenido en vilo y vivo para escribir,

y tratar de hablar, y de creer en la palabra

dentro de las limitaciones del propio lenguaje.

Por eso a veces insisto en que "Bartleby y compañía",

contrariamente a lo que se cree,

no habla exactamente de escritores que dejan de escribir,

sino de personas que viven y un día mueren.

De gente que lee y de gente que un día deja de leer.

Y de gente que muere sin haber leído nada.

Y de gente que ama y deja de amar, o amar sin ser amada.

De oleadas y oleadas incesantes de seres inútiles y malolientes

que vienen desde el fondo de los tiempos a hundirse,

a hundirse aquí,

que es a lo que venimos a este mundo,

donde el instinto silencioso, el instinto de muerte,

no necesita ni compañía de tanta que tiene.

(Música)

-Un artista moderno.

-Hola. -Hola.

(Música)

(Música)

-De niño, escribí a los tres o cuatro años

un cuaderno con dibujos.

Dibujaba y escribía al mismo tiempo, y fue muy celebrado en familia.

Aparte, escribí un poema a mi madre. Lo tiene mi madre aún.

Y después, a los 12 años, escribí una novela policiaca.

Se titulaba "Sus dos tíos",

y consistía en una novela policiaca basada casi en "El halcón maltés".

Había un tío que era bueno y un tío que era malo,

así de sencillo, y acababa en el Congo belga.

Por lo tanto, se me consideraba una promesa de la literatura

a los 12 años.

Y a los 14 cambié de estilo, de tema, de todo.

Influenciado por "Los cipreses creen en Dios",

escribí un libro que se llamaba "La llamada de Dios".

Ni más ni menos. La pasaron a...

En mi familia había varios jesuitas,

y la pasaron a un profesor de literatura de los jesuitas

de la calle Caspe de Barcelona

para que opinara sobre mis facultades como escritor.

Y conservo aún la primera crítica,

que fue una crítica muy dura

en la que se me acusaba de no ser realista.

-Esta es la primera crítica que se ha hecho a Enrique.

"La llamada de Dios".

Qué gracia.

¿Y lo conoce eso Enrique?

¿Lo ha escrito él? -No, no, no.

-Bueno, que Dios conoce la realidad de nuestro mundo...

No es una crítica, es una realidad.

Qué gracia.

"Dado que el chico tiene ya capacidad,

debería ser iniciado en la realidad social de nuestro mundo,

realidad que desconoce, como demuestran las páginas 25 y 38.

Todo lo que contribuye a darle sentido de la realidad

es un elemento que le capacita

para una más afectiva labor de la sociedad.

Efectiva labor de la sociedad".

En parte tiene razón.

Caray, qué lectura. Empieza a gustarme el jesuita.

Y Enrique ya era entonces así.

-Para el crítico jesuítico no era realista

porque el niño protagonista de la historia

tenía con facilidad una bicicleta.

Creo que fue exagerada la...

La manera de enfocar mi falta de realismo.

En todo caso, parece que era un crítico

muy poco favorable a la imaginación.

Pero después quedó interrumpido esto

por la edad adolescente pura en la que entré en otras historias,

incluso, jugaba al tenis.

Y, luego, volví a...

A la literatura a través de fotogramas un poco.

Y el cine.

Había la idea de ser artista.

Muy vaga, pero escapar un poco de mi destino,

que era estudiar derecho, ser abogado,

y, al final, un político,

no diré corrupto, porque no lo habría sido,

pero un político gris

y sin interés.

(HABLA EN FRANCÉS)

Y escapar al destino, elegir la literatura.

Como dice Bob Dylan: "Busco mi hogar en el camino"

y en mi caso encontré en la literatura ese camino,

y en él estoy todavía.

A veces me han preguntado:

"¿Hay que pasarlo muy mal para escribir?"

Yo pienso que hay que pasarlo muy bien.

Me acordaba ayer de una frase de Casares que decía:

"Siempre que soy feliz, escribo novelas".

Es decir, un poco es así.

Escribo libros porque soy feliz.

(Música)

Esa es la clave.

Enlaza con algo que yo hice de Marcel Duchamp.

Hay que tener fe en algo.

Estaba hablando de fe

y él elige tener fe en el arte.

-Es curioso que solo últimamente empieza a aceptar

que se interesa mucho por la pintura.

Está, naturalmente, el libro de Kassel,

ahora ha sacado una cosa de "Marienbad eléctrico"

sobre también un artista de instalaciones.

De pronto, trazando hacia atrás,

digo, si Enrique de Duchamp ha hablado miles y miles de veces.

Y Duchamp está muy cerca de él.

Está muy cerca de ver un objeto y darle otra lectura.

Entonces, Enrique hace diferentes lecturas de todo.

Marcel ha reinventado una Barcelona, pero hay una cierta crónica allí.

Guinardó estaba allí.

Cuando hablaba de El Carmelo, era El Carmelo.

Pero Enrique no.

Además, por el paseo de San Juan

parece que estás por una avenida francesa.

Esto ya no es Barcelona. Es mucho más.

(Música)

Mi madre me educó siempre en decir la verdad.

Tanto es así, que nunca me he atrevido decir algo que fuera mentira

delante de mi madre. Siendo así.

Mi madre habla en catalán

y, cuando hablamos en catalán, siempre digo la verdad.

Y cuando hablo en castellano, es el lenguaje de la ficción.

Soy absolutamente contradictorio.

Como decía Duchamp: "Soy contradictorio, ¿y qué pasa?"

La frase no es de Duchamp, es de Walt Whitman.

"Soy contradictorio, ¿y qué?"

Sí, pues...

-Tiene una capacidad,

un oportunismo para sacar las citas que le conviene.

Muchas veces hay cosas que están montadas sobre citas.

Algunas son inventadas porque le van mejor para el conjunto.

Pero otras son citas que se acuerda.

Lo sé porque hablas con él y, de pronto: "Dijo no sé quién..."

Pues que...

Tiene una memoria como la de Gimferrer,

que también es como para llevarlo al circo.

Pero que es más creativa que la de Gimferrer.

Gimferrer notas que hay escritores detrás de él,

pero él no le ha reinventado como persona.

A Enrique le hubiese interesado como persona.

Dónde está la parte extravagante.

Porque una cosa que le interesa mucho a Enrique

es la gente extravagante.

Le fascina.

-Venía de una tradición que no era la mía.

La mía es una tradición más de novelista de toda la vida.

Él venía de una tradición en la que se juntaba lo pop

con lo punk, con lo situacionista, no sé qué...

De repente, con Dalí.

Con Andy Warhol también.

Mezclaba muchas tradiciones

y sabía que era muy importante también

aparecer como escritor.

Su obra no era solamente lo que escribiera.

Su obra iba a ser también su vida, su figura.

Y, efectivamente, creo que,

mientras todavía como escritor no era muy leído,

hacía esfuerzos para redoblados

para aparecer como escritor.

Precisamente, en cuanto ha sido más celebrado como escritor,

a partir de los años 90, no ha tenido que hacer ese esfuerzo.

-En la vida se dice también

que hago mucha literatura y actúo literariamente.

De alguna forma tengo que contar

que, cuando me llamaron para la primera conferencia,

me creó como un problema inmenso

porque escribía para no tener que hablar en público.

Me he creado un personaje distinto del que escribe.

Si hablo en países donde no me conocen de nada,

creo un personaje nuevo totalmente.

Un personaje pavoroso, un personaje terrorífico.

A veces, un personaje maravilloso.

Encantador, simpático, que es lo que nunca he sido.

Y aparezco simpático de repente en Noruega.

O sea...

Yo he odiado siempre los simpáticos. Los he odiado desde niño

porque yo era silencioso y callado y serio.

Bueno, supongamos que estamos, ¿por qué no?, en el más allá.

¿Y si hay otra vida y otra muerte?

No puedo ser más misterioso en la respuesta.

No alcanzo a...

Digamos que puede que estemos en lo mejor de lo peor.

(TRADUCE AL FRANCÉS)

O, como creen otros, en lo peor de lo mejor.

(HABLA EN FRANCÉS)

Por lo tanto, aparezco simpático en Noruega,

aparezco malvado en Escocia de repente este verano pasado.

Malvado, absolutamente convertido en un escritor escocés

a lo Walter Scott.

Y con éxito total porque era igual que Walter Scott y gustó.

Además, finalmente, dije que mi autor preferido era Walter Scott.

Y el moderador de Edimburgo dijo:

"Un aplauso para este caballero

porque es un admirador de Walter Scott".

Y todo el público, jamás sabré si en coña o realmente,

me aplaudió todo el mundo.

Lo decido sobre la marcha, depende de las circunstancias,

aparezco de una manera u otra, según también el público que veo,

las circunstancias.

Lo hago impunemente sí.

(Música)

El traductor pensaba que yo era diabólico, ¿no?

Le habían dicho que no me tradujera, porque yo era diabólico.

Trataba de apoyar la obra encarnando

a un personaje llamativo en la noche,

de alguna forma, para que me leyeran.

En el momento que empezaron a leerme dejé de cultivar el personaje.

Yo creo que es lícito intentar llamar la atención para que me leyeran.

Una vez lo conseguí.

Quedan varios sacrificados, esto sí,

varias personas sacrificadas,

pero aparte de esto, di la lata a muchos,

pero, en todo caso, el fin justifica los medios.

Esto queda muy bien porque la sonrisa...

Estaba, el que me odia, dice: "Ves qué gilipollas".

Entonces, cuando me río...

-Yo creo que él es un personaje de su obra.

A ratos, el personaje se confunde con el autor.

Realmente aquí hay unos intercambios y unos préstamos

entre los personajes de Enrique y Enrique

y hay veces que Enrique hace cosas que perfectamente

las puede hacer un personaje suyo y al revés.

Hay como un intercambio de funciones.

Yo no sé si era premeditado, yo creo que no.

Él es su mejor personaje, su gran personaje.

Le gusta jugar y le gusta llevar las situaciones

a sus últimas consecuencias, ¿no?

-Bueno, somos amigos

desde hace 30 años ya, desde el 85.

La verdad es que esa cosa que se dice que Enrique es raro,

es que en una época le gustaba a él aparentar cierta rareza.

Pero luego tiene, por ejemplo, esas cosas básicas del ser humano,

por ejemplo, la amatad, la lealtad.

Tiene como una serie de valores básicos

que son como las películas de John Ford, ¿no?

La lealtad, los amigos, la lealtad a Paula.

Es curioso, porque eso no encaja en esos juegos diabólicos

que en aquella época hacía sobre sí mismo,

el palíndromo con su nombre,

ese interés, esa pasión suya, por los escritores,

que no es que fueran los raros, si no los maléficos.

Curiosamente le gustaba mucho ese lado diabólico

yla verdad es que no se ajusta a su personalidad.

(Trompeta)

Me pasan cosas extrañas.

A principios de este siglo,

colaboraba mucho en el país de Cataluña,

y empecé a decir que me pasaban cosas raras.

Entonces se hizo famoso que me pasaban cosas raras,

que las contaba, hasta el punto que otros escritores molestos

que también estaban en mi sección, dijeron:

"A mí también me pasaban cosas raras".

Yo pensaba que no era lo mismo.

El que ha inventado que le pasan cosas raras es a mí.

Otro amigo, un amigo me dijo:

"A ti no te pasan cosas raras, el raro eres tú".

El hecho es que pasarme cosas raras, extrañas,

ha seguido ocurriendo y siempre ocurren

cuando no pienso en eso.

Cuando más despistado estoy sobre el tema, suceden.

-Muchas veces lo que los escritores realistas vemos

y sabemos interpretarlo de una manera,

los escritores como Enrique ven cosas que no vemos,

que los demás no vemos, y a partir de ahí construyen.

A él le gusta buscar en la realidad esa parte menos realista

y en la que se reconoce mejor

y en la que se está buscando también material para sus libros,

porque muchos de sus libros surgen de pequeñas experiencias cotidianas

que otro no aprovecharía y él sí.

-Un día Enrique estaba aburrido en su casa,

cambiando las direcciones de una agenda a otra nueva

y de repente se le ocurrió inventarse un nombre,

Dolores Mackenzie, pongamos, un teléfono,

y con la idea posible, probable, de dejarlo por ahí

como que no quiere la cosa, para que Paula, su mujer,

lo mirara y se preguntara: "¿Quién es esa Dolores Mackenzie,

subrayada en rojo y con letras mayúsculas?",

sí, esto es muy Enrique.

¿Entonces qué hizo?

No llegó a dejarla por ahí como que no quiere la cosa,

sino que de repente necesitó el impulso de llamar por teléfono

a ese teléfono que se acababa de inventar.

¿Qué se espera? Que ella se equivoca, o que salga la voz de Telefónica

diciendo: "Este número...", pues no, sale una señora.

-¿Sí? -¿Dolores Mackenzie?

-Cuando ella iba a colgar, dice: "Un momento, que ahora se pone".

Entonces, Enrique contaba,

bueno, hay muchas versiones, todas inventadas por él.

Enrique contaba que sintió miedo feroz,

porque de repente le pareció oír una voz con eco,

una casa sin muebles,

en la que se podían oír los latidos de su corazón.

Encontrarse, colgó inmediatamente,

encontrarse ante la sensación de que había una casa,

que solo existía, estaba en letargo.

Solo existía si a alguien como él se le ocurría invocarla

y tocar el número.

Es un poco la historia de la literatura, si quieres.

-Hubo un momento en que me di cuenta que todo lo que me ocurría

lo podía pasar también pasar por lo que escribo,

y todo era raro, es decir, extraño.

Esto es una manera de contarlo, es la forma de contarlo.

En un viaje que hice de retorno, de regreso de París a Barcelona,

en aquellos trenes de cuatro camas masculinas en un vagón,

me tocaron tres camas.

Una de ellas estaba vacía, porque el pasajero subió en Lyon.

Otros pasajeros, era un tipo de 25 años

que llevaba un papagayo.

Me dijo, cuando empezó el viaje, se había...

Él estaba enamorado de ese papagayo.

Le dije enamorado y me dijo que sí.

El anterior papagayo que tuvo tuvo que darlo, prestarlo,

porque no le quería, pero este sí le quería.

Lo más absurdo del asunto es

que el papagayo estaba en una jaula, a sus pies,

y de vez en cuando, el papagayo le decía: "Je t'aime".

Por la noche, cuando estábamos durmiendo, tapó al papagayo.

Entró el pasajero de Lyon.

El pasajero de Lyon subió a la litera de arriba.

Cuando ya se había subido y se había tapado con las mantas

se oyó: "Je t'aime, je t'aime".

Los dos pensamos: "Cuidado, que no piense que soy yo".

Siguió el viaje.

Entonces, yo llevaba una Polaroid y le pedí al llegar a Barcelona

al papagayo si le podía hacer una foto.

Le hice una foto con el papagayo

y fui hasta La Garriga donde estaba mi familia, donde estaba mi madre,

y le conté la historia del papagayo.

Mi madre dijo: "Como siempre, tú inventándolo todo".

Dije: "Perdona, aquí está la foto del papagayo, la acabo de hacer".

Me dijo: "Evidentemente, tú lo inventas todo,

¿cómo es posible que me enseñes esta foto falsa?"

-Yo, como escritor realista español,

te diré que Enrique no es acertado en nuestro grupo.

Yo creo, además, que escritores realistas

lo primero que tiene que hacer es hablar de sus padres

y de sus problemas en la realidad.

Enrique nunca habla de su padre, de su madre, en su libro.

De hecho, Paula de Parma está en todas las dedicatorias de sus libros

pero no está Paula de Parma, Paula en sus libros.

El libro donde hay más de Enrique es el libro parisino.

También él hace una especie de caricatura de sí mismo

y se inventa un joven, un artista que lo fue a medias.

Pero, claro, luego es una parte mítica de su vida,

porque el haber sido un realquilado de Marguerite Duras

es una cosa bonita.

A cualquiera le gustaría tenerlo en su currículum

y poder contar las anécdotas de no pagarle el alquiler

y esas cosas que cuenta Enrique.

Yo creo que también muchas de ellas son cosas que le gusta contar

para reírse un poco de sí mismo

de su época legendaria, la época legendaria

le inspira muy poco respeto a él mismo,

le gusta mucho contar eso, pero al mismo tiempo

trata con un poco de desparpajo.

-Lo que acabo de ver es una sorpresa, y es que hay ascensor.

Para mí es increíble saberlo, porque son seis pisos

los que tenía que remontar cada día cuando llegaba a la casa

y ahora veo que, con buen tino, ha puesto ascensor.

Para subir seis pisos. En fin, todo ha cambiado.

-Si uno tenía vocación, no tanto de escritor, sino de artista,

realmente París era en ese momento un sitio interesante,

o el sitio interesante en Europa,

sobre todo viniendo de la España provinciana del franquismo.

Su estancia en París tampoco fue muy larga,

pero fue lo suficientemente provechosa para él

para decir ya me he aireado, he vuelto

y me he convertido en otra persona.

Tuvo algo de viaje inicial.

(Trompeta)

Me gusta sentarme en las terrazas de los cafés de París

y también me gusta mucho andar por esta ciudad.

Andar, a veces, durante toda una tarde, sin rumbo preciso,

aunque tampoco exactamente al azar ni a la aventura,

pero tratando de dejarme llevar.

A veces tomando el primer autobús que se detiene ante mí.

Como decía Pereck, no se puede tomar un autobús al vuelo.

O bien caminando deliberadamente por la Rue de Seine,

para asomarme al arco que da al Quai de Conti,

y ahí descubrir la silueta delgada de mi amiga la maga,

detenida en el pretil de hierro de Pont des Arts.

(Música)

Me gusta Paris, la Place de Furstenberg,

el 27 de una calle, el Museo Moreau,

la tumba de Tristan Tzara,

las rosadas arcadas, el barco,

la fachada azul de un hotel Basss,

los puestos de libros en los muelles,

y sobre todo una carretera secundaria, cerca del castillo,

en el que hay un modesto y antiguo letrero como un poste

que señala como si acabáramos de llegar a un pueblo,

que vamos a entrar en París.

Me gusta mucho en esta ciudad pasar por un sitio

que no he visto hace tiempo, pero también lo contrario,

pasar por uno por el que acabo de pasar.

Me gusta tanto lo que hay en París que la ciudad no se acaba nunca.

Me gusta mucho París, porque no tiene catedrales

ni casas de Gaudí.

(Música)

Es el centro neurálgico,

uno de los cuatros puntos cardinales del surrealismo en París,

la Place de Furstenberg.

Habían hecho un mapa esotérico de la villa.

Había cuatro puntos por donde cruzaba el azar

y las situaciones decisivas sin darnos cuenta.

He hecho fotografías en esta plaza

y siempre quedo diferente de lo que soy, de una manera notable.

Supongo que ahora que también se está rodando

va a sorprender el aspecto.

A mí, al menos, me sorprenderá el aspecto.

Es como si la plaza interviniera

en mi forma de ser visto por mí mismo.

Sí, si fuera verano, os invitaría a estar más tiempo

y a lo mejor también os pasaba a vosotros.

Bueno, como anochece, creo que llegó el momento de retirarse,

porque ya todo se está enturbiando en la oscuridad, ¿no?

Creo que es mejor retirarse.

Hay que tener en cuenta

que lo correcto, pase lo que pase, lo correcto es marcharse.

(Música créditos)

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Imprescindibles - Extraña forma de vida. Retrato literario (Enrique Vila-Matas)

24 jun 2016

El documental recorre la trayectoria vital y profesional del escritor catalán Enrique Vila-Matas. Desde los inicios de su vocación artística, orientada primero hacia el cine, a su voluntad de constituirse en un escritor original y diferente, pasando por sus lecturas influyentes y los encuentros decisivos. La estancia en París permitirá el nacimiento de nuevas amistades, como la del pintor Miquel Barceló, que le invitará a visitar sus talleres parisinos y realizará su retrato.
Este documental refleja esta particular manera de habitar el mundo del escritor barcelonés, artífice de una obra que explora las fronteras que delimitan ficción y realidad. Con la participación de amigos del escritor, entre ellos, Miquel Barceló, Ignacio Martínez de Pisón, Cristina Fernández Cubas y Juan Antonio Masoliver Ródenas.

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