Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - Julio Cortázar - Ver ahora
Transcripción completa

Uno de todos nosotros tiene que escribir,

si es que esto va a ser contado.

Mejor que sea yo que estoy muerto,

que estoy menos comprometido que el resto;

yo que no veo más que las nubes y puedo pensar sin distraerme,

escribir sin distraerme

(ahí pasa otra, con un borde gris)

y acordarme sin distraerme.

Ya sé que lo más difícil va a ser encontrar la manera de contarlo.

Va a ser difícil porque nadie sabe quién es el que verdaderamente

está contando,

si soy yo o eso que ha ocurrido,

o lo que estoy viendo

(nubes, y a veces una paloma)

o si sencillamente cuento una verdad

que es solamente mi verdad.

Esto lo he leído mientras miraba el árbol del patio,

que ya es un esqueleto negro contra este cielo gris y bajo

y con nieve de París en diciembre,

y que nadie, creo, pintó mejor que Marquet.

Es un día para no moverse de casa.

Para inventar ceremonias de interior.

Tango.

De pibes la llamamos vereda

y a ella le gustó que la quisiéramos,

en su lomo sufrido

dibujamos

tantas rayuelas.

Después,

ya más compadres,

taconeando,

dimos vuelta manzana

con la barra

silbando fuerte

para que la rubia del almacén

saliera con sus lindas trenzas

a la ventana.

A mi me tocó un día

irme muy lejos,

pero no me olvidé

de las veredas.

Pero no me olvidé

de las veredas.

Aquí o allá las siento en los tamangos

como la fiel caricia de mi tierra.

La cantaré por ahí

hasta que pueda

volver a verla.

Usted y yo somos...

somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos.

Una anulación de esos tiempos y esos espacios,

y eso es siempre la...

la palabra y la poesía.

Las circunstancias de mi nacimiento

fueron nada extraordinarias, pero un tanto pintorescas,

porque fue un nacimiento que se produjo en Bruselas,

pero que podía haberse producido en Helsinki o en Guatemala.

Todo dependía de la función que le hubieran dado a mi padre

en ese momento, y el hecho de que él

acababa de casarse y llegó prácticamente

en viaje de bodas a Bélgica, hizo que yo naciera en esa ciudad

en el mismo momento en que el káiser y sus tropas

se lanzaban a la conquista de Bélgica,

que tomaron en los días de mi nacimiento.

Explosiones.

Disparos.

Mi nacimiento fue un nacimiento sumamente bélico,

lo cual dio como resultado a uno de los hombres más pacifistas

que hay en este planeta.

De manera que buenas noches, che Bandoneón,

qué bueno verte bien y en tan buenas manos.

Bandoneón.

No se ponga modesto don Fuelle;

hágame escuchar su música

mientras yo lo acompaño con vino y tabaco

y tantas nostalgias...

Todo eso que lleva a los muchos nombres

que usted tiene. Porque usted se llama

Ciriaco Ortiz, se llama Federico, se llaman Laurens,

se llaman Piazzolla, se llama Pichuco,

se llama tantos otros...

Y esta noche se llama Juan José Mosalini.

Ya ve si lo conozco.

Suspire a fondo y dele.

Cuénteme...

cuénteme de ese Buenos Aires tan lejano ahora para mí.

Cuénteme de mi propia vida, de pibe y de muchacho.

Y, gracias,

che Bandoneón.

Yo tenía... seis años

cuando mi padre se fue de mi casa para siempre

y en circunstancias que dejaron a mi madre

en una muy mala situación económica

y con dos niños: una hermana mía, que tiene un año menos que yo,

mi única... mí única hermano, hermana,

y yo al cuidado de ella.

Entonces, tuvo que educarnos

con... con dificultades, con problemas económicos

muy grandes, y mi padre desapareció

en ese momento y ya no volvía a verlo nunca más.

Mi madre, sólo yo lo sé por ella,

me ha dicho que desde los nueve años,

ocho o nueve años, había que pescarme por aquí

y sacarme un poco al sol, porque yo leía y escribía

demasiado. Incluso hubo por ahí un médico

que recetó que había que había que prohibirme

los libros durante cuatro o cinco meses,

lo cual fue un sufrimiento tan grande que mi madre,

que es una mujer sensible e inteligente,

pues me los devolvió, pidiéndome simplemente que leyera

menos, cosa que yo hice en ese momento.

Sin duda era necesario que hubiera un mayor equilibrio.

Entones, sí, es verdad que a los nueve años

yo escribí una novela. (RÍE)

No tengo ni la menor idea de lo que es,

pero sí que era una cosa muy lacrimosa, muy romántica,

en la que todo el mundo moría al final.

Yo he sido siempre muy sentimental y lo sigo siendo.

Tengo muy mal gusto en materia...

en materia de sentimientos. Soy fácilmente sentimental.

Soy de los que lloran en el cine

y... y luego salen disimulando la cara.

Y, entonces, esa novela era muy lacrimosa.

Lo mismo que los poemas. Escribía sonetos

a mis compañeras de la escuela primaria,

esas niñas con trencitas de las que yo me enamoraba

fatalmente, con un amor que sólo podía terminar

en la muerte, ¿comprendes?

Gritos de niños jugando.

Yo entré en una escuela normal,

que a los dieciocho años me dio un título de maestro.

Maestro normal. Y, luego, tres años más

de profesorado, que me dio un título de profesor.

Ese título de profesor era una cosa totalmente absurda

porque el título era profesor en Letras,

no de, sino en letras.

Vaya a saber por qué.

Y era un título que te facultaba para enseñar en los colegios

secundarios realmente cualquier cosa:

Gramática, Geografía, Lógica, Instrucción cívica,

Historia... Realmente era un hombre orquesta.

A mí me nombraron en el año... Soy muy malo para las cronologías.

En el año... 39.

Sí, en el 39.

Y estuve hasta el año 45, lo cual hace seis años

enseñando en un pueblo de provincias.

En una escuela normal. Primero en Bolívar

y luego en Chivilcoy. Pequeñas ciudades,

son más que pueblos, ¿no? Pequeñas ciudades

de la provincia de Buenos Aires.

Y, luego, durante un año y medio, en una universidad de frontera,

la Universidad de Cuyo, en Mendoza.

Hasta que llegó el primer gobierno de Perón y yo me marché.

-En la mañana del 17 de octubre, a cinco años de la histórica fecha

en que retornara para su pueblo y por su pueblo

el constructor de la nueva Argentina,

general Juan Perón, la nacionalidad se dispone a...

"Esos tiempos... El peronismo ensordeciéndome

a puro altoparlante del centro.

El gallego portero llegando a mi oficina con una foto de Evita

y pidiéndome de manera nada amable que tuviera la amabilidad

de fijarla en la pared (traía las cuatro chinches

para que no hubiera pretextos). Walter Gieseking daba una serie

de admirables recitales en el Colón, y José María Gatica

caía como una bolsa de papas en un ring de Estados Unidos.

En mis ratos libres yo traducía "Vida y cartas de John Keats",

de Lord Houghton; en los todavía más libres

pasaba buenos ratos en La Fragata casi enfrente de mi oficina,

con amigos abogados a quienes también les gustaba

el Demaría bien batido".

(RÍE) Desde luego, cuando tengo la mala idea

de escuchar estas cintas que a veces grabo en mi casa

para oír cómo suena lo que escribo,

me doy cuenta de que mi pronunciación del español

consternaría a cualquier a cualquier foniatra.

(RÍE) Nunca me olvidaré que cuando vine a París

de las 'Actualités Françaises'. Yo tenía que describir

un match the box con gran entusiasmo,

como si estuviera en el ringside. Y, claro, el juego me llamaron,

el box para mí, ya se sabe, entonces me entusiasme

de tal manera viendo las imágenes que el resultado fue que en México

no entendieron una palabra y supongo que en la Argentina

muy poco y eso me costó el empleo.

Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan.

Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas,

te encajan la biaba. Andá, andá, qué venís

con consuelos vos. Te conozco, mascarita.

Cada vez que pienso en eso, salí de ahí, salí.

Vos te creés que yo me desespero, lo que pasa es que no doy más aquí

tumbado todo el día. Pucha que son largas las noches

de invierno, te acordás del pibe del almacén

cómo lo cantaba. Pucha que son largas...

Y es así, ñato. Más largas que esperanza'e pobre.

Fijáte que yo a la noche casi no la conozco,

y venir a encontrarla ahora... Siempre a la cama temprano,

a las nueve o a las diez. El patrón me decía:

"Pibe, andate al sobre, mañana hay que meterle

duro y parejo". Una noche que me le escapaba

era una casualidad. El patrón... Y ahora todo el tiempo así,

mirando el techo. Ahí tenés otra cosa

que no sé hacer, mirar p'arriba. Todos dijeron

que me hubiera convenido, que hice la gran macana

de levantarme a los dos segundos, cabrero como la gran flauta.

Tienen razón, si me quedo hasta los ocho

no me agarra tan mal el rubio.

Y bueno, es así. Pa peor la tos.

Después te vienen con el jarabe y los pinchazos.

Pobre la hermanita, el trabajo que le doy.

Ni mear solo puedo. Es buena la hermanita

me da leche caliente y me cuenta cosas.

Quién te iba a decir, pibe. El patrón me llamaba siempre pibe.

Dale áperca, pibe. A la cocina, pibe.

Mirá como uno se ensarta, al principio me pareció

que el rubio iba a ser más fácil. Lo que es la confianza, ñato.

Me barajó de una piña que te la debo.

Me agarró en frío el maula. Pobre patrón, no quería creer.

Con qué bronca me levanté. Ni sentía las piernas,

me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte, pibe.

Todo el mundo cobra al final.

Qué biaba, hermano. Ahora no vas a andar disimulando.

Te fajó y se acabó. Lo malo que yo no quería creer.

Estaba acostado en el hotel, y el patrón fumaba y fumaba,

casi no había luz. Me acuerdo que hacía calor.

Después me pusieron hielo, fijate un poco yo con hielo.

El trompa no decía nada, lo malo que no decía nada.

Te juro que tenía ganas de llorar, como cuando ella...

Pero para qué te vas a hacer mala sangre.

Fue suerte dormirme. Como ahora, cada vez que agarro

el sueño me saco la lotería. De día tenés la radio

que trajo la hermanita, a radio que...

Parece mentira, ñato. Bueno, te oís unos tanguitos

y las transmisiones de los teatros.

Pero a la noche qué lata, viejo. Ni la radio, ni la hermanita,

y en una de esas te agarra la tos, y dale que dale, y por ahí uno

de otra cama se rechifla y te pega un grito.

Pensar que antes... Fijáte que ahora me cabreo

más que antes. En los diarios salía que yo de pibe

los peleaba a los carreros en la Quema.

Puras macanas, che, nunca me agarré a trompadas en la calle.

Una o dos veces, y no por mi culpa, te juro. Me podés creer.

Cosas que pasan, estás con la barra, caen otros

en una de esas se arma. No me gustaba.

Pero cuando me metí la primera vez me di cuenta que era lindo.

Claro, cómo no va a ser lindo si el que cobraba era el otro.

De pibe yo peleaba de zurda, no sabés lo que me gustaba

fajar de zurda. Mi vieja se descompuso

la primera vez que me vio pelearme con uno

que tenía como treinta años. Se creía que me iba a matar,

pobre vieja. Cuando el tipo se vino al suelo

no lo quería creer. Te voy a decir que yo tampoco,

creéme que las primeras veces me parecía cosa de suerte.

Hasta que el amigo del trompa me fue a ver al club

y me dijo que había que seguir. La noche que me dio veinte pesos,

qué alegrón. Si me llego a sospechar

lo del rubio... Vos creés que tenés la pera

de fierro, y en eso te la hacen sonar

de una piña. Qué fierro ni que ocho cuartos.

Veinte pesos, pibe, imagínate un poco.

Le di cinco a la vieja, te juro que de compadre,

pa mostrarle. La pobre me quería poner

agua de azahar en la muñeca resentida.

Cosas de la vieja, pobre. Si te fijás, fue la única

que tenía esas atenciones, porque la otra...

ahí tenés, apenas pienso en la otra, ya estoy de vuelta en Nueva York.

Toses.

Toses.

¿Vos nunca te viste en foto? Te hace impresión la primera vez,

vos pensás pero ése soy yo, con esa cara.

Yo a veces no podía creer que era cierto,

de noche antes de dormirme me decía que estaba soñando.

Cuando le compré el terreno a la vieja,

qué barullo que hacían todos. El trompa era el único

que se quedaba tranquilo. "Hacés bien, pibe", decía,

y dale al tabaco. Me parece estarlo viendo

la primera vez, en el club de la calle Lima.

No, era en Chacabuco, esperá que no me acuerdo,

pero si era en Lima, infeliz, no te acordás del vestuario

todo de verde, con más mugre...

Esa noche el entrenador me presentó al patrón,

resultaba que eran amigos, cuando me dijo el nombre

casi me agarro de las sogas, apenas lo vi que me miraba

yo pensé: "Vino para verme pelear",

y cuando el entrenador me lo presentó me quería morir.

Él no me había dicho nunca nada, de puro rana,

hizo bien, así yo iba subiendo despacio, sin engolosinarme.

En ese entonces no era macana, pibe.

Te venía cada tano de Italia, cada gallego que te daba miedo,

y no te digo nada de los rubios.

Claro que a veces la gozabas. Vos sabés que me habían hecho

un tango y todo. Todavía me acuerdo un cacho,

de Mataderos al centro, y del centro a Nueva York...

Me lo cantaban por todos lados, en los asados, por la radio...

Era lindo oírse en la radio, che, la vieja me escuchaba

todas las peleas.

Y vos sabés que ella también me escuchaba,

n día me dijo que me había conocido por la radio,

porque el hermano puso la pelea con uno de los tanos...

Qué tiempos, pibe, aquí sí era lindo pelear,

con toda la barra que venía, te acordás de los carteles

y las bocinas de auto, che, qué lío que armaban

en la popular... Una vez leí que el boxeador

no oye nada cuando está peleando, qué macana, pibe.

Claro que oye, vos te creés que yo no oía distinto

entre los gringos, menos mal que lo tenía al trompa

en el rincón, áperca, pibe, dale áperca.

en el hotel, y los cafés, qué cosa tan rara, che,

no te hallabas ahí. Después, el gimnasio,

con esos tipos que te hablaban y no les pescabas ni medio.

Meta señas, pibe, como los mudos. Pensaba todo el tiempo

en Buenos Aires, y el patrón ponía los discos

de Carlitos y los de Pedro Maffia, y el tango que me hicieron.

No te creas que podía divertirme mucho, siempre con el entrenamiento

y la comida cuidada y nada que hacer.

El Trompa no me sacaba los ojos. "Ya te vas a dar el gusto,

pibe", me decía el Trompa.

Menos mal que me dejaba matear un poco,

pero siempre me quedaba con sed de verde.

Y vuelta a empezar todos los días, tené cuidado con la derecha,

tirás muy abierta, mirá que el coso coso no es macana.

Te creés que yo no lo sabía.

Lástima esta tos, te agarra descuidado

y te dobla. Y bueno, ahora hay que cuidarse,

mucha leche y estar quieto, qué le vas a hacer.

Una cosa que me duele es que no te dejan levantar,

a las cinco estoy despierto y meta mirar p'arriba.

Pensás y pensás, y siempre lo malo, claro.

Y los sueños igual, la otra noche

estaba peleando de nuevo con Peralta.

Por qué justo tengo que venir a embocarla en esa pelea,

pensá lo que fue, pibe, mejor no acordarse.

Vos sabés lo que es toda labarra ahí,

todo de nuevo como antes, o como en Nueva York,

con los gringos... Y la barra del ringside,

toda la hinchada, y unas ganas de ganar

para que vieran que... Otra que ganar,

si no me salía nada, y vos sabés cómo pegaba Víctor.

a sé, ya sé, yo le ganaba con una mano,

pero a la vuelta era distinto. No tenía ánimo, che,

el patrón menos todavía, qué te vas a entrenar bien

si estás triste.

Y bueno, yo aquí era el campeón y él me desafió, tenía derecho.

No le voy a disparar, no te parece.

El patrón pensaba que le podía ganar por puntos,

no te abrás mucho y no te cansés... de entrada, mirá que aquel

e va a boxear todo el tiempo. Y claro, se me iba

para todos lados, después que yo no estaba bien,

con la barra ahí y todo te juro que tenía un cansancio

en el cuerpo Como modorra, entendés,

no te puedo explicar. A la mitad de la pelea la empecé

a pasar mal, después no me acuerdo mucho.

Mejor no acordarse, no te parece. Son cosas que para qué.

Me quisiera olvidar de todo. Mejor dormirse, total aunque soñés

con las peleas a veces le acertás una linda y la gozás de nuevo.

Como cuando el príncipe, qué plato. Pero mejor cuando no soñás, pibe,

y estás durmiendo que es un gusto y no tosés ni nada,

meta dormir nomás toda la noche dale que dale.

Silbidos y golpes.

Topo, ¿compraste todo lo que necesitaba?

-Sí. ¿Conseguiste todo?

¿Trajiste el diario?

(TOSE) Ahora me doy cuenta que dejé el grabador abierto.

Esto que oíste no es un diálogo que tenga nada que ver

con la película. Unas preguntas que le hice

a Aurora, que está haciendo la cama en la otra pieza.

(RÍE)

"Hechos concretos me han movido en los últimos cinco años

a reanudar un contacto personal con Latinoamérica.

Y ese contacto se ha hecho por Cuba y desde Cuba.

De mi país se alejó un escritor para quien la realidad,

como la imaginaba Mallarmé, debía culminar en un libro.

En París nació un hombre para quien los libros

deberán culminar en la realidad.

Este proceso comportó muchas batallas, derrotas,

traiciones y logros parciales.

En 1957 empecé a tomar conciencia

de lo que pasaba en Cuba.

Antes había noticias periodísticas de cuando en cuando,

vaga noción de una dictadura sangrienta, como tantas otras,

ninguna participación afectiva, a pesar de la adhesión

en el plano de los principios.

El triunfo de la revolución cubana,

los primeros años del gobierno,

no fueron ya una mera satisfacción histórica o política.

de pronto sentí otra cosa,

comprendí que el socialismo, que hasta entonces

me había parecido una corriente histórica aceptable

e incluso necesaria,

era la única corriente de los tiempos modernos

que se basaba en el hecho humano esencial,

en el simple principio de que la humanidad

empezará verdaderamente a merecer su nombre

el día en que haya cesado la explotación

del hombre por el hombre".

Es así, Rocamadour: En París somos como hongos

que nacemos en los pasamanos de las escaleras,

en piezas oscuras donde huele a sebo,

donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos

y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos

y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo,

Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs.

Y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire

y eso empieza con un gorrión o una gotera,

llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo,

y las cosas se herrumbran, las canaletas,

las patas de las palomas, los alambres con que Horacio

fabrica esculturas. Casi no tenemos ropa,

nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo,

unos zapatos en los que no entre el agua,

somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio

y hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche

y a sueño pesado. Yo no te podría tener aquí,

aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte,

te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso

me pongo a llorar, Horacio no entiende,

cree que soy mala, que hago mal en no traerte,

aunque sé que no te aguantaría mucho tiempo.

Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo,

hay que vivir combatiéndose, es la ley,

la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour,

y es sucio y amargo. Horacio tiene razón,

no me importa nada de ti a veces, y creo que eso me lo agradecerás

un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena

que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour,

y te escribo esta carta porque no sé,

porque a lo mejor me equivoco, porque a lo mejor

soy muy mala o estoy enferma o un poco idiota.

Te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour,

dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar,

arbolito, caballito de juguete...

A mí se me ocurrió, y sé muy bien que era una cosa

difícil, realmente muy, muy difícil,

escribir... intentar escribir un libro

en donde el lector en vez de leer la novela

consecutivamente, tuviera en primer lugar

diferentes opciones. Lo cual lo situaba

ya casi en un pie de igualdad con el autor.

Porque el autor también había tomado diferentes opciones

al escribir el libro. Este libro es una tentativa

para ir hasta el fondo de un largo camino

de negación de la realidad cotidiana

y de admisión de otras posibles realidades,

de otras posibles aperturas.

Bueno, y para mi gran sorpresa y mi gran maravilla,

yo pensé cuando terminé "Rayuela" que había escrito un libro

de un hombre de mi edad para lectores de mi edad.

Y la gran maravilla fue que ese libro,

cuando se publicó en la Argentina y se conoció

en toda América Latina, encontró sus lectores

en los jóvenes.

En quienes yo no había pensado directamente jamás

al escribir ese libro.

Entonces la gran maravilla para un escritor

es haber escrito un libro pensando que hacía una cosa

que correspondía a su edad, a su tiempo,

a su clima, y de golpe descubrir que en realidad

planteó problemas que son problemas de la generación siguiente.

Me parece una recompensa maravillosa y...

sigue siendo para mí la justificación del libro.

(HABLAN EN FRANCÉS)

"Nada piden los estudiantes que no sea de alguna manera

una nueva definición del hombre y la sociedad,

del hombre en la sociedad.

Piden, en la única forma en que es posible pedirlo,

reivindicaciones parciales, sin nuevos esquemas

que pretendan sustituir a los vigentes.

Lo piden con una entrega total de su persona,

con el gesto elemental e incuestionable

de salir a la calle y gritar contra la maquinaria aplastante

de un orden desvitalizado y anacrónico.

Los estudiantes están haciendo el amor con el único mundo

que aman y que los ama.

Su rebelión es el abrazo primordial del encuentro en lo más alto

de las pulsiones vitales".

Disparos.

"En el pabellón de la Argentina, ¿cómo no iba a manifestarse

ese salto hacia una realidad auténtica cuando bajo su techo

se venía reiterando la injusticia, la discriminación,

la estafa moral, que no eran más que el reflejo

de lo que sucede allá en la patria,

allá en tantos países de América Latina?

¿Cómo no comprender entonces el sentido más profundo

que tiene hoy, aquí, entre nosotros,

la evocación del ejemplo vivo del Che?

¿Cómo no comprender que lo sintamos tan cerca

de los jóvenes que se baten en las calles

y dialogan en los anfiteatros? Para el Che sólo podía

y sólo puede haber un homenaje: el de alzarse como lo hizo él

contra la alienación del hombre, contra su colonización

física y moral. Todos los estudiantes del mundo

que luchan en este mismo momento son de alguna manera el Che.

-Porque esta gran humanidad ha dicho "basta"

y ha echado a andar.

Y su marcha de gigante ya no se detendrá...

Yo tuve un hermano no nos vimos nunca

pero no importaba.

Yo tuve un hermano que iba por los montes

mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo

le tomé su voz libre como el agua.

Camine de a ratos cerca de su sombra

no nos vimos nunca pero no importaba.

Mi hermano despierto mientras yo dormía.

Mi hermano mostrándome detrás de la noche

su estrella elegida.

Yo lo que creo es que si uno tiene una especie de visión

panorámica de la historia de la literatura,

los momentos... los momentos de cumbre,

los momentos más altos de la literatura fluctúan

geográficamente y culturalmente. Entonces sería una ingenuidad

y una tontería, imaginar que eso que se ha llamado

boom en América Latina sea un fenómeno, una garantía,

un fenómeno duradero, una especie de certificado

de madurez. No lo es, no lo es.

Es un muy buen principio, es una cosa muy hermosa,

y yo estoy contento de haber participado

en ese momento, pero quienes se hagan ilusiones

de que eso significa ya la mayoría de edad literaria,

yo creo que se equivocan.

Yo creo que el boom responde al azar,

ese azar que hace tan bien las cosas.

El azar hace muy bien las cosas en la historia,

lo hace mucho mejor que la lógica. En un momento histórico

importante para América Latina, en que está dominada

por un imperialismo que la quiere convertir

en una factoría, en una colonia, pues el azar haga que aparezcan

cinco, seis, ocho excelentes escritores

que lanzan un montón de libros y de golpe crean un estado

de conciencia que abarca todo el continente.

Mi obra personal fue hecha en la soledad,

fue hecha en la pobreza, fue hecha sin el menor apoyo

editorial, y que cuando los editores

se despertaron a mis libros, a los libros de Fuentes,

a los de García Márquez, a los de Vargas Llosa,

se despertaron porque las primeras, precarias y difíciles ediciones

habían sido bruscamente leídas por un montón de gente

que se las pasó de mano en mano y los editores,

que no son tontos y que están ahí para ganar dinero,

comprendieron perfectamente que esos escritores

había que editarlos. Ellos no nos inventaron

a nosotros. Nosotros escribimos solos,

además, lejos de América Latina.

García Márquez escribió lejos, Vargas Llosa escribió lejos,

Asturias escribió lejos y yo también.

No teníamos amigos editores, no teníamos editores.

Los editores vinieron después, y es una tentativa

de deformar la realidad sostener que el boom

es una maniobra hecha con fines de promoción.

Porque la verdad es que ninguna promoción editorial

ha salvado a un autor o a una literatura.

Yo pertenezco a una generación que no leía a los escritores

a los escritores latinoamericanos sino con cuentagotas.

Teníamos a Borges, teníamos a Borges, a Haroldo...

Teníamos a dos o tres y ahí se acababa.

Estábamos vueltos a Europa. Y en diez años de eso

que llaman el boom, sucede que hay millones

de latinoamericanos que se han despertado

a ese hecho maravilloso de tener confianza

en sí mismos, porque si yo tengo confianza en un escritor argentino

estoy teniendo confianza en mí mismo.

Tengo confianza como perteneciente a una sociedad, a una cultura,

a un ritmo histórico. Entonces, de golpe tenemos

un continente que nos lee a nosotros.

Y, entonces, fíjate lo que eso significa

como signo revolucionario, como búsqueda de una identidad.

Sabemos cada vez mejor que somos latinoamericanos.

Hace años, en una librería de lujo, vi un álbum

también de lujo

con fotos de viejos y de niños del tercer mundo.

Viejos y niños que sin duda no se verán a sí mismos

en ese álbum, del que ni siquiera sospechan la existencia.

El texto se llama "Álbum con fotos",

edición 1967, después de Cristo.

La verdadera cara de los ángeles es que hay napalm y hay niebla

y hay tortura. La cara verdadera es el zapato

entre la mierda, el lunes de mañana, el diario.

La verdadera cara cuelga de perchas y liquidación de saldos.

De los ángeles la cara verdadera es un álbum que cuesta 30 francos

y está lleno de caras: las verdaderas caras

de los ángeles.

La cara de un negrito hambriento, la cara de un cholito mendigando,

un vietnamita, un argentino, un español,

la cara verde del hambre verdadera de los ángeles.

Por 30 francos la emoción en casa.

La cara verdadera de los ángeles,

a cara verdadera de los hombres, la verdadera cara de los ángeles.

Todo es distante y diferente y parece inconciliable.

Si a la vez todo se da simultáneamente

en este momento, y todavía no existe para mí,

y que es sin embargo el momento en que usted

escucha estas palabras que yo grabé en el pasado,

es decir, en un tiempo que para mí

ahora es el futuro. (RÍE) "Juegos de la imaginación",

dirá el señor sensato que nunca falta entre los locos.

Como si eso fuera a decir algo, como si supiéramos

lo que es un juego en el fondo y, sobre todo,

lo que es la imaginación.

Aquí, por ejemplo, esta cantidad de carteles,

de afiches que se van amontonando.

En general la gente pasa y mira el último,

el que está pegado encima.

Yo no sé, para mí es... algo así como una...

una pared llena de carteles

es... es... tiene algo siempre de mensaje,

es como una especie de poema anónimo,

porque ha sido hecho por todos, por montones

de pegadores de carteles que fueron superponiendo

palabras que fueron acumulando imágenes y luego algunas caen

y otras quedan y los colores se van combinando y...

Ahí arriba, por ejemplo, hay un verdadero cuadro

que se va a seguir perfeccionando todavía, porque cuando ese cartel

se caiga en pedazos va a ser todavía más hermoso.

Pero este tipo de cosas

lo que da a mí,

lo que siempre me dio cuando yo aprendí

lo que es caminar verdaderamente y perderse en una ciudad,

es, sobre todo, signos.

Además de eso que yo llamo el poema anónimo,

por darle un nombre, es que ese poema tiene un sentido,

tiene... hay palabras, hay cosas que continuamente

te echan hacia adelante o te echan hacia atrás.

Por ejemplo, aquí, por pura casualidad,

ese cartel de ahí. Dillinger.

Bueno...

Dillinger, para mí, es irme inmediatamente

treinta o treinta y cinco años atrás, en Buenos Aires,

cuando en los diarios se hablaba todo el tiempo

del verdadero Dillinger, no de este actor que lo represita

ahora, de aquel que era el enemigo público número uno

en Estados Unidos y que se lo buscaba

por todos lados.

Ahora, eso crea como una especia de coágulo, porque ahora yo sigo

caminando, andando, pero creo que durante mucho rato

voy a estar viviendo todavía treinta años atrás.

Lo cual supone todo un juego

de recuerdos, de sentimientos.

Vos ves la Cruz del Sur y respirás el verano con su olor

a duraznos y caminás de noche mi pequeño

fantasma silencioso por ese Buenos Aires,

por ese siempre mismo Buenos Aires.

Extraño la Cruz del Sur

cuando la sed me hace alzar la cabeza

para beber tu vino negro medianoche.

Y extraño

las esquinas

con almacenes dormilones

donde el perfume de la yerba

tiembla en la piel del aire.

Extraño tu voz,

tu caminar conmigo

por la ciudad.

Comprender que eso está siempre allá

como un bolsillo donde a cada rato

la mano busca una moneda,

el peine, llaves,

la mano infatigable de una oscura memoria

que recuenta sus muertos.

La Cruz del Sur,

el mate amargo

y las voces de amigos

usándose con otros.

Me duele un tiempo amargo

lleno de perros y desgracia

la agazapada convicción

de que volver es vano.

Comprender que un mar es más que un mar,

que la muerte se viste de distancia

para llegar de a poco,

lenta, interminable,

como una melodía que se resuelve al fin

en humo de silencio.

Extraño ese callejón

que se perdía en el campo y el cielo

con sauces y caballos

y algo, como un sueño.

Y me duelen los nombres

de cada cosa que hoy me falta,

como me duele estar tan lejos

de tu caricias y de tus labios.

Extraño tu voz, tu caminar

conmigo por la ciudad.

A lo largo de veintiocho años yo he vivido en Europa

y nunca me sentí exilado porque era una decisión personal,

yo podía volver a mi patria cuando quería.

Desde hace cinco años no puedo volver.

Desde hace cinco años soy un exilado

como todos los demás.

Pero el exilio es doble. El exilio físico,

bueno, es mi problema. Yo lo puedo tomar bien,

lo puedo tomar mal. Pero es mi problema personal.

Lo que es terrible es el exilio cultural.

El hecho de que la Junta de Videla en la Argentina

haya prohibido la publicación de mi último libro de cuentos

porque en ese libro había dos cuentos

que les molestaban, eso significa un exilio cultural,

es decir, veintidós millones de compatriotas míos

se han visto privados de leerme. Bueno, en sí que me lean

o no me lean, es una cuestión de vanidad,

pero si quienes me oyen y me conocen,

me conocen realmente saben muy bien

que ese tipo de vanidad no la tengo y que en cambio siento

que ese corte, que ese exilio, es terrible.

Porque en unos pocos años el hecho de que esos países,

Chile, Argentina o Uruguay, estén separados

de la producción científica, artística e intelectual

de sus mejores hombres, de sus mejores creadores,

va a dar en esos países una especie de desierto espiritual

en donde es perfectamente fácil lavar los cerebros

y condicionar a los jóvenes y crear lo que los regímenes

de esos países buscan, que es crear robots.

crear gente incapaz de pensar por sí misma.

"Y, después, dormimos, cosita,

y ya entrada la mañana seguías durmiendo

y sólo a mí me fue dado ver el fin de la noche,

el sol rasante que resbalaba entre las cortinas laterales

para meterse con nosotros en la cama,

empezar a jugar con tu pelo, con tus senos,

con tus pestañas,

que siempre parecen más, que siempre parecen

muchísimas más

cuando estás dormida".

Aplausos.

(TOSE)

Qué miedo me dan estas cosas.

(RÍE)

Ay...

Risas.

(TOSE) -Dale, dale, Corty.

Yo voy a llegar hacia el... hacia el 20 de enero

a Managua y será mi sexto viaje a Nicaragua

porque creo que es un país que está cada día

en una situación más grave por motivos

que no les voy a explicar ni a ustedes ni a los lectores,

porque los conocen de sobra, y pienso que la solidaridad

y todo lo que se pueda hacer por el pueblo nicaragüense

es cada día más necesario y más urgente.

Desde luego, yo en persona no es mucho lo que puedo hacer,

pero de todas maneras tengo una máquina de escribir

y de ahí van saliendo artículos e impresiones

sobre Nicaragua que se difunden y que luego, espero,

sirven para poner en claro algunas cosas que otro tipo

de prensa niega o falsea o cambia.

"Si todo es corazón y rienda suelta

y en las caras hay luz de mediodía,

si en una selva de armas juegan niños

y cada calle la ganó la vida,

no estás en Asunción ni en Buenos Aires,

no te has equivocado de aeropuerto.

No se llama Santiago el fin de etapa.

Su nombre es otro que Montevideo.

Viento de libertad fue tu piloto

y brújula de pueblo te dio el norte.

Cuántas manos tendidas esperándote,

cuántas mujeres, cuántos niños

y hombres al fin alzando juntos el futuro.

Al fin transfigurados en sí mismos

mientras la larga noche de la infamia

se pierde en el desprecio del olvido.

La viste desde el aire.

Esta es Managua de pie entre ruinas,

bella en sus baldíos,

pobre como las armas combatientes,

rica como la sangre de sus hijos.

Ya ves, viajero,

está su puerta abierta,

todo el país es una inmensa casa.

Entra nomás,

estás en Nicaragua.

Yo no sé, es terrible como llueve.

Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris,

aquí contra el balcón con goterones cuajados

y duros que hacen... ¡paf! y se aplastan como bofetadas

uno detrás de otro, qué hastío.

Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana,

se queda temblequeando contra el cielo que la triza

en mil brillos apagados,

va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae,

todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas,

no quiere caerse y se la ve que se agarra

con los dientes mientras le crece la barriga,

ya es una gotaza que cuelga majestuosa

y de pronto zup ahí va, paf, deshecha, nada,

una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida,

brotan en el marco y ahí mismo se tiran,

me parece ver la vibración del salto,

sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha

en esa nada del caer y aniquilarse.

Tristes gotas, redondas inocentes gotas.

Adiós gotas. Adiós.

"Julio, el Lobo,

termina y ordena solo este libro que fue vivido y escrito

por la Osita y por él

como un pianista toca una sonata,

las manos unidas en una sola búsqueda

de ritmo y melodía.

Apenas terminada la expedición, volvimos a nuestra vida militante

y partimos una vez más a Nicaragua

donde había y hay tanto que hacer.

también allí encontramos felicidad,

a no solos en los paraderos del París-Marsella,

sino en el contacto cotidiano

con mujeres, hombres y niños

que miraban como nosotros hacia delante.

Allí la Osita empezó a declinar

víctima de un mal que creímos pasajero, porque en ella

la voluntad de la vida era más fuerte

que todo los pronósticos. Y yo compartía su coraje

como siempre compartí su luz, su sonrisa,

su enamorada vivencia del sol, del mar

y de la esperanza en un futuro más hermoso.

Volvimos a París llenos de planes:

terminar juntos el libro, dar sus derechos de autor

al pueblo nicaragüense, vivir, vivir todavía

más intensamente.

Siguieron dos meses que nuestros amigos

llenaron de cariño. Dos meses en que rodeamos

a la Osita de ternura y en que ella nos dio cada día

ese valor

que nos iba abandonando.

La vi emprender su viaje solitario,

donde yo no podía ya acompañarla

y el dos de noviembre se me fue de entre las manos

como un hilito de agua.

Sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra.

Ella, que tanto los había desafiado y combatido

en estas páginas".

"A ella le debo,

como le debo lo mejor de mis últimos años,

terminar solo este relato.

Bien sé, Osita,

que habrías hecho lo mismo si me hubiera tocado precederte

en la partida,

y que tu mano escribe, junto con la mía,

estas últimas palabras en las que el dolor no es,

no será nunca más fuerte

que la vida que me enseñaste a vivir

como acaso hemos llegado a mostrarlo en esta aventura

que toca aquí a su término,

pero que sigue, sigue

en nuestro dragón,

sigue para siempre en nuestra autopista".

Tango.

Nos quedaremos solos y será ya de noche.

Nos quedaremos solos mi almohada y mi silencio.

Y estará la ventana mirando inútilmente

los barcos y los puentes que enhebran sus agujas.

Yo diré: "Ya es muy tarde".

No me contestarán

ni mis guantes ni el peine

solamente tu olor,

tu perfume olvidado

como una carta

puesta boca abajo

en la mesa.

(CANTA EN FRANCÉS)

Morderé una manzana y fumaré un cigarrillo

viendo bajar los cuernos de la noche medusa,

su vasto caracol forrado en terciopelo,

donde duermen tus senos quemados por la luna.

Y diré: "Ya es de noche".

Y estaremos de acuerdo.

Oh, muebles, oh, ceniza,

con el organillero

que remonta en la esquina

sus títeres de luna

para los niños pobres.

(CANTA EN FRANCÉS)

Es justo, corazón, la canta el que se queda.

La canta el que se queda para cuidar la casa.

(TARAREA)

Los famas son capaces de gestos de una gran generosidad,

como por ejemplo cuando este fama encuentra a una pobre esperanza

caída al pie de un cocotero, y alzándola en su automóvil

la lleva a su casa y se ocupa de nutrirla

y ofrecerle esparcimiento hasta que la esperanza

tiene fuerza y se atreve a subir otra vez.

El fama se siente muy bueno después de este gesto,

y en realidad es muy bueno, pero no se le ocurre pensar

que en pocos días la esperanza va a caerse otra vez del cocotero.

Mientras la esperanza está de nuevo caída al pie del cocotero,

este fama en su club se siente muy bueno y piensa en la forma

en que ayudó a la pobre esperanza cuando la encontró caída.

Los cronopios no son generosos por principio.

Pasan al lado de las cosas más conmovedoras,

como ser una pobre esperanza que no sabe atarse el zapato

y gime, sentada en el cordón de la vereda.

Estos cronopios ni miran a la esperanza,

ocupadísimos en seguir con la vista una baba del diablo.

Con seres así no se puede practicar coherentemente la beneficencia,

por eso en las sociedades filantrópicas las autoridades

son todas famas, y la bibliotecaria es una esperanza.

Desde sus puestos los famas ayudan muchísimo a los cronopios,

que se ne fregan.

Los argentinos han sufrido demasiado en este espantoso

periodo que han vivido, tanto los que estaban aquí

como los que tuvieron que irse como para que esto caiga

en el olvido o caiga en la indiferencia.

Estoy convencido de que estas experiencias negativas

pueden traducirse en historia positiva.

Pero todo depende de nosotros. Una vez más no hay que andar

buscando... figuras que puedan salvarnos.

Si no nos salvamos nosotros como pueblo, no nos salvaremos más.

Es hermoso volver después de diez años de no haber podido

volver, y caminar de nuevo por las viejas calles

de Buenos Aires, que tanto significan

para un porteño como yo, y volver a sentir los olores

y descubrir que las veredas están estropeadas como siempre,

que no han cambiado, pero que tampoco han cambiado

las cosas que me gustan. Es curioso como uno está unido

a la... digamos, al aspecto sensual de una ciudad.

Yo llego a Buenos Aires puesto, como otros llevan los zapatos,

y lo paseo conmigo en cualquier lugar,

como emigrado, como exilado o como turista,

da lo mismo, yo no cambio en ese sentido.

La mejor prueba es que he vivido en Francia ya treinta y dos años.

Treinta y dos años bastan para que el 90% de la gente

cambie de idioma, incluso los escritores,

que empiecen a escribir en el idioma de su nuevo país.

Yo sigo escribiendo en español. Y un español muy argentino, además.

Sigo escribiendo en él y escribiré en español

hasta que me muera.

Mecanografía.

Este último texto creo que no necesita comentario.

En todo caso, no es un adiós entre el que habla

y los que lo escuchan, sino todo lo contrario,

una voluntad de seguir estando ahí,

cerca, esperando, ayudando a la esperanza

con todo lo que se tiene.

"Empieza por no ser,

por ser no.

El caos es negro,

como es negra la nada.

Nace la claridad,

iza el cielo,

se esponjan los colores vanidosos.

Pero el negro se ahínca primigenio.

Toda luz se abisma en el carbón,

en el basalto.

Socavón en la sangre, en la memoria.

Lo negro sube a la palabra,

es la tormenta rabiosa de los odios y los celos.

Othello es blackamoor, el moro negro

siempre, para el lívido Yago.

Su palacio nocturno:

el sueño, el párpado,

sedosa guillotina del diurno pavorreal

para que sólo las similitudes

desplieguen sus tapices de morado,

de púrpura y de óxidos".

"Harem del negro, esperma de los sueños.

Padre profundo, pez abismal de los orígenes,

retorno a qué comienzo, Estigia contra el sol

y sus espejos, término de los cambios,

última estela de las mutaciones,

palabra del silencio.

Se diría que le gusta que lo aplanen,

lo espatulen, lo tiendan en lisas superficies,

como se hace aquí.

Se diría que ama ser el trampolín

desde donde saltan los colores, su callado sostén.

Todo es más contra el negro;

todo es menos cuando falta.

Cedes a estas metamorfosis que una mano enamorada

cumple en ti, e llenas de ritmos, hendeduras,

te vuelves tablero, reloj de luna, muralla de aspilleras abiertas

a lo que acecha siempre del otro lado,

máquina de contar cifras fuera de las cifras,

astrolabio y portulano para tierras nunca abordadas,

mar petrificado en el que resbala el pez de la mirada.

Caballo negro de las pesadillas,

hacha del sacrificio,

tinta de la palabra escrita,

pulmón del que diseña,

serigrafía de la noche,

negro el diez, ruleta de la muerte,

que se juega viviendo.

Tu sombra espera tras de toda luz".

Tango.

De pibes la llamamos vereda

y a ella le gustó que la quisiéramos,

en su lomo sufrido

dibujamos

tantas rayuelas.

Después,

ya más compadres,

taconeando,

dimos vuelta manzana

con la barra

silbando fuerte

para que la rubia del almacén

saliera con sus lindas trenzas

a la ventana.

A mi me tocó un día

irme muy lejos,

pero no me olvidé

de las veredas.

Pero no me olvidé

de las veredas.

Aquí o allá las siento en los tamangos

como la fiel caricia de mi tierra.

La cantaré por ahí

hasta que pueda

volver a verla.

Anoche me contaron un buen chiste. (RÍE)

Este, es así: sale una nueva marca de hojitas de afeitar.

¿Y sabés cuál es el eslogan de propaganda?

Dice: "No hace falta ni agua ni jabón,

con las lágrimas basta". (RÍE)

Imprescindibles - Julio Cortázar

01:17:08 20 may 2012

Biografía de Julio Cortázar contada por él mismo con textos suyos y viajes por diversos paises. 

Su estancia en París y su encomiable viaje a Nicaragua para reivindicar en sus escritos, los derechos de libertad del pueblo nicaragüense.

Biografía de Julio Cortázar contada por él mismo con textos suyos y viajes por diversos paises. 

Su estancia en París y su encomiable viaje a Nicaragua para reivindicar en sus escritos, los derechos de libertad del pueblo nicaragüense.

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