Dirigido por: Ana María Peláez

Serie de documentales sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX cada semana en La 2 y en RTVE.es. Dirigido por Ana María Peláez

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Para todos los públicos Imprescindibles - El Brujo - ver ahora
Transcripción completa

Porque si no, pierdo un día de ensayo; y tengo 20 nada más.

Para mí, perder un día de ensayo es muy perjudicado.

No: digo que no sería fingir el ensayo.

Nosotros estamos ensayando y... Y nosotros grabamos, efectivamente.

-Nosotros te pillamos. -Ah, vale.

-Os pillamos. -Claro. Ni interrumpimos...

-En el momento en que moleste me dices: "Apártate".

Así no molesto. Yo me voy a mover como parte del entorno.

Es que ensayar con una cámara así, tampoco te creas que no es...

Estás ensayando. No es... Es que molestas ya.

(Risas)

... en el convento, ¿no?

-¿Qué? -Tercera.

-Capaz que pudiera traerme... -Veinte San Juan, volvéis de...

-Si no te molesto yo aquí... -No.

-Yo había pensado en ir de San Juan para que fuera más...

¿Tú te crees que se puede ensayar...?

(RÍE) Dice: "No, yo soy discreto, yo soy discreto",

¿Sabes? "¿Molesto, molesto?

(Música)

(Fuerte respiración)

Alguien que me quería mucho me dijo: "Haces siempre de rotito".

Que era una persona... Rotito en México se le dice

a los pordioseros, los mendigos, los excluidos, los muertos de hambre.

Personajes perdedores, Etc. ¿Por qué será?

Porque esos personajes, yo mentiría si dijera:

"No, porque me gustan, porque elijo la contraparte

del héroe, el antihéroe; porque me gusta ver el otro lado".

Mentira. Los hago porque no tengo más cojones.

Porque ellos me han elegido a mí.

¡Eh, Juan, Juanito, ven, mira!

¡Mira, ven aquí! ¡Mira, chico, tiene agua este pozo!

¡Un pozo sin brocal, rapaz!

-Luz.

Aquí está, ¿no? (SUSURRA) Es el pozo un espejo.

-¡Mira Cuánta agua!

-¡Mira, Juan, cuánta agua! Acércate. Es el pozo un espejo, mira.

Se ve la cabeza. ¡Ay va, qué cabezón! Si eso es así de estrecha,

abajo se ensancha. Al sur se hace estrecha.

Pero ¡acércate! Si te quedas ahí no ves la cabeza.

Vamos, ¡acércate, acércate! Juanito se acerca.

-Descúbrelo.

-La luz oscura de la fe es una luz que es del intelecto,

no es una luz física.

Pero es una luz en la que se ve todo muy negro, muy negro.

Llega un punto de negrura tan grande que aparece la luz.

Pero ¡acércate más! Se acerca más, casi al borde.

¡Mira a ver, la cabeza! Si haces así, ¡Uy, qué ancha!

¡Súbela!, le dicen desde atrás. ¡Bájala!

Esta mesa es para escribir los textos y esta para todo lo relacionado

solamente con extractos del banco, derechos de autor...

Todo lo que es la pasta. Lo que es perturbador.

Los dineros y la lista de ayuntamientos que no pagan.

Esto es un mosqueo. Por eso esta mesa es la más armoniosa.

Por eso esta mesa está con sus flores, con sus velas,

La madre Teresa de Calcuta,

el monasterio de Silos que está allí, el claustro, en fin.

Protegido de energías que neutralizan la perturbación.

Porque esto de los extractos del banco es perturbador,

altamente perturbador.

Y en esta mesa es donde me siento para escribir los textos,

estudiar los temas y preparar los guiones técnicos

y todo lo que es previo a los ensayos,

para hacer un nuevo espectáculo. Aquí están los colores:

los ángeles inspiradores; el agua, las flores, mis hijos y mis apuntes.

¡Un pozo si brocal, rapaz! Luz. Aquí está, ¿no?

Eso es el mundo, ¡un pozo sin brocal!

-Eso es el mundo.

Un pozo sin brocal.

-¡Tiene miedo Juanito , el cagón!

¿Y ahora?

-Pero Juanito se acerca muy despacio. -¡Pero Juanito se acerca despacio!

Y Juanito tiene miedo.

Juanito, ¡tiene miedo, Juanito, el cagón!

Pero Juanito se acerca muy despacio.

Tiene miedo pero se acerca. Y Juanito, mejor que "el pero", ¿no?

El pero ahí no... ¡Tiene miedo Juanito, el cagón!

Pero Juanito se acerca. O, ¡tiene miedo Juanito, el cagón!

¡Tiene miedo Juanito, el cagón! Y Juanito se acerca.

Una duda que me ha entrado... -Por un pero.

-Por un pero y un y. ¡Tiene miedo Juanito de Yepes!

¡Es un cagueta, Juanito de Yepes!!

-Fue hace muchos, mucho años.

Teníamos entonces el pelo negro los dos.

Y ahora lo tenemos blanco.

En el colegio mayor San Juan Evangelista me llamaron

a una comisión de alumnos, y de allí, del colegio mayor,

para poner en marcha el teatro del San Juan.

Y uno de la comisión, que estaba interesado en el teatro,

era Rafael Álvarez, el brujo, que entonces tenía 18 o 19 años.

Acababa de llegar de Jaén.

Mi padre decidió que yo estudiara Derecho porque...

yo creo que era porque la licenciatura en Derecho

era un símbolo del hombre letrado, en aquella época.

De hecho, si tú cogías los libros de Literatura, tú veías que,

casi todos los escritores, habían estudiado Derecho:

Azorín; estudió Derecho y luego lo dejó y no sé qué.

Camilo José Cela; estudió derecho en Galicia y luego lo dejó y no sé...

La primera obra fue El juego de los insectos, de los hermanos "Capet",

además en pleno Estado de Excepción,

con problemas policiales y con líos grandes allí por hacer la obra,

y él hacía un papel pequeñito, porque estaba empezando.

-El papel de mosca. Era una cabrona, la mosca.

Se comía a todos los insectos más pequeñitos que ella.

Era una especia de fábula con contenido social.

Una alegoría con una pedagogía o supuesta.

Pedagogía o enseñanza social sobre: el pez grande se comía al chico

y todo esto de los hermanos "Capet". Esa fue la primera obra que yo hice

y en la que yo descubrí que, cuando yo abría la boca,

la gente se reía, en el escenario. Y yo me mosqueaba porque decía:

"Pero, ¿de qué se ríen?" Y entonces, José Carlos Plaza, o José Luis,

No recuerdo, me dijeron: "Es que eres un actor cómico.

¿No te has dado cuenta?" Dije: "¡Aaaaah!". Lo asumí.

¿Tiene miedo? ¡Tiene miedo, Juanito de Yepes!

¡Tiene miedo, tiene miedo, Juanito, el cagón!

-Y ahora el niño malo.

El plano del niño malo. -¡¡No, Juan, no vengas!!!

¡Harías muy mal en venir! ¡Yo que tú, no lo haría!

(RÍE BURLÓN)

¡Hay un duende ahí, en este pozo!

¡¡Mira!, mira, Juanito! ¡Brrr! ¡Sale, brrr, brrr, te come!

Juanito se va. Desde el remolino viene y se acerca.

Súbela, súbela. Bájala, bájala.

Súbala. Bájala, súbela, súbela. ¡pum!

Al agua.

(RÍE)

"Arenosa umo in amnis uicinia, sempiterna contexi".

Si pudiera hacer toda la obra entera en latín, y con el 21% de IVA,

ya lo único que hace falta es hacer las obras en latín.

(Risa)

Rafael, cuando monta una obra, tarda años.

Parece que es una cosa que se hace en poco tiempo,

pero él a veces madura durante años una obra.

"Ui as laitum pro tempore. Conmite miselum.

¡Arenosa humo in amnis uicuinia, recata!" ¡Fla, fla!

"Sempiterna contexi".

Vámonos con los libros.

A ver si yo encuentro aquí una cosa que es importante,

acerca de la psicología de la religión occidental

y de la religión oriental.

Carlos Gustavo Jung.

Ensayo de interpretación psicológica del dogma de la trinidad.

Esto lo he estudiado yo y estoy mejor.

Surge una idea, que generalmente me la cuenta,

"se podría hacer una obra de teatro sobre"...

Cualquier cosa, que a veces parece un disparate.

Pero él sigue, empieza a estudiar, a leer,

profundizar en el tema, y vamos hablando,

me va contando cosas y vamos comentando.

El alma, llevándose en pos de sí, el alma su cuerpo.

Agarrada y alerta.

¡Detente cierzo muerto! Ven, Austru, que recuerdas amores.

¡Aspira por mi huerto y corran los olores,

y pacerá el amado entre las floooooores!

-Y cuando además ese texto es para un actor,

como el caso de Rafael Álvarez, que de alguna forma

se dispara en escena...

-Yo, como creo que además los textos son para dispararse con ellos,

eso que has dicho antes de que yo era el autor,

yo soy el autor inicial de la idea y del primer texto,

el cual ha destrozado ya 200 000 veces...

-Qué bien, ¿verdad?

-Pues muy bien, sí. Esto es falso todo, mentira.

Esto es teatro, esto es televisión... esto es una batería.

Esto no es un libro de conferencias, es un libro de cuentas, pone mayor,

porque la deuda que tengo es mayor, mire la funeraria,

tengo aquí apuntado lo que debo, aquí lo que me van a pagar en producción,

y voy ahorrando para el entierro. ¡y pensar que los romanos se mataban

por nada, por practicar! Pero bueno, esto ya es filosofía.

Mi padre nunca supo que dejé Derecho.

Yo decía que iba sacando las asignaturas.

"Me queda una, pero voy a cuarto. Me quedan dos de tercero".

En este plan. Entonces, pasaron muchos años,

mi padre se iba a morir ya, y decía: "¿Pero no acabas?"

Yo decía: "Ya, ya, estoy a punto de acabar".

"Pero esto del teatro y tal, no sé que, y el cine, esto no.

Esto a ti te distrae. Tú termina la carrera de Derecho".

¡¡Yo quiero que saquen tres conclusiones de esta conferencia!!

Primera: Los datos son (...).

Segunda: la vida es un paso;

si alguno patina, rompe un (...), se cuelga,

y los otros lo llevan en volandas.

¡Y tercera: el buen romano nace, no se hace!

(Tambores)

(Tarareos)

Entonces, ya un día le dije que no la había terminado,

pero que había hecho dos películas.

"Bueno, si has hecho dos películas, al fin y al cabo,

ya me puedo morir tranquilo.

Porque, aunque no hayas acabado la carrera de Derecho..."

Y me dio tanta culpabilidad de estar mintiéndole a mi padre,

porque yo vi que mi padre había leído

inmediatamente que yo había hecho el protagonista de las películas.

Y antes de que cerrara los ojos yo le dije:

"pero dos papeles pequeñitos, de dos sesiones cada uno en cada película".

Y mi padre estaba así, y abrió los ojos y dice:

"Ya me has jodido del todo". Y los volvió acerrar.

(Música)

Nos juntamos y empezamos a producir espectáculos que la base era:

Rafa de actor, Gerardo de director y yo de autor.

O mezclándolo un poco. Pero esa era la base.

El primer montaje que hicimos con "Pentación" fue Pares y Nines,

que era una obra que había escrito yo, y Gerardo Maya la dirigía

y era uno de los intérpretes, y Rafa era el otro.

Y con esa obra, que fue la primera,tuvimos un gran éxito

y lo pasamos muy bien. Fue muy divertido.

También tuvimos momentos de dificultades económicas

porque es que, ya digo, que las compañías

era muy complicado mantener un negocio;

y es muy complicado mantener un negocio de ese tipo en España.

No había modelo teatral, y estábamos ya sumidos en una gran crisis.

Estábamos en otro momento de guerra en crisis;

entonces trabajaban todos los días, prácticamente, del años en bolos,

pero la rentabilidad del espectáculo era nula.

No se llegaba a cubrir los gastos de oficina y de producción.

Entonces había que recomponer todo el modelo económico

para que aquello funcionase.

Rafa fue desarrollando también su... ese carácter,

esa columna que tiene de creador, se fue decantando ya en esa época.

Y sobre todo después de terminar "Pentación",

hacia el monólogo personal.

Pero ni siquiera es un monólogo; hacia la creación personal

y única que hace Rafael Álvarez, el brujo, solo en un escenario.

¡Eh, Juan, ven aquí, mira, ven! Tiene agua este pozo.

Pasa ya al grano. Tiene agua este pozo.

Aquí lo importante de esta frase es el "Ven aquí".

Porque señala un sitio en el escenario.

"Tiene agua este pozo" es importante, porque es lo que comunica.

Mira: esta ya sobra. Ya la puse ahí como dudosa.

Taché, tal, no sé qué. ¡Ven, mira, Juanito, no tengas miedo!

Tira una piedra. ¿Ves? Ahí va. ¡Chof! Aquí ya son muchos miras.

Como tú te descuides, llegas aquí 14 miras.

Mira, mira, mira. Como: Tío, qué rollo, qué rollo.

Mucho rollo, mucho rollo.

Entonces estás, en el lenguaje de la comedia madrileña.

Que es: "Mola mucho, macho".

Yo estoy como un ciego cantando un romance.

Solo que se complica el romance;

y dentro del ciego que canta el romance, aparecen personajes.

Y dentro de la música del romance hay personajes que hablan,

personajes que contestan. Pero la unidad total,

la perspectiva total es el romance.

Golpes de ocho sílabas, golpes rítmicos,

y, si los rompes, los rompes con ritmo también.

Eso es lo que produce un efecto hipnótico en la sensibilidad

del espectador que hace que enfoque, poco a poco,

su atención solo en esa prosodia,

en esa forma particular de decir.

¡Allá en el fondo del río!

¡Arranca fuerte!

Esto es como, de repente es un ballet.

¡De allá, del fondo del río!

Más, todavía. Más, más. Más aire.

¡Allá, del fondo del río! Más, más.

Si el efecto no tiene proporcionalidad,

proporcionalidad en su duración con el otro segmento, no...

Pero no es una cuestión de volumen.

No tiene que ver con el volumen.

Es una cuestión de proporcionalidad del efecto ahí.

(Instrumento de viento)

Por lo menos. ¿Vale? Para que se vea la brisa.

-Yo procuro escuchar y traducir, de alguna manera.

Yo casi más que un compositor me considero un traductor

a música de las ideas que surgen.

(Música)

Ven, dame la mano, Juan. No temas.

¡No, Señora. Tengo miedo! ¿De qué?

¿Tengo miedo de mancharle el vestido!

(RÍE) Vamos, Juanito, no hay fango en el mundo que pueda mancharme.

Un, dos y...

Ya está el niño arriba; en la superficie del agua.

¡Qué agusto estoy aquí, señora. Me duermo, me duermo.

¡Qué sueño, señora, qué sueño! ¡¡Me duermo!!

Pues duerme. Juanito, duerme.

Y el niño cierra los ojos y se duerme en el agua.

Entonces así tenemos dos puntales, dos.

Este es un momento que recordará al otro y viceversa...

Sí, después de salir de la cárcel. De la cárcel y todo eso.

Bien. Pues lo voy a apuntar. Lo voy a apuntar.

Pero lo bueno es no apuntarlo. ¿Para qué?

Para que, cuando lo hagamos nos equivoquemos

y estemos obligados por fuerza a hacer otra cosa.

-Claro.

-Se apunta después. Pues no lo apunto.

Se apunta después, cuando se haya repetido tres o cuatro veces,

lo apuntamos. -De acuerdo.

-A la idea de apuntar hay que decirle: ¡Detente, cierzo, muerto!

¡Ven, Austro! Que es la inspiración.

Decía Arthur Miller una frase muy buena, que se me quedó para siempre.

En una entrevista o en un libro o algo: "Exprime un limón.

La última gota, esa es esencialmente dramática".

Todo el resto no me interesa. Entonces yo tengo que contar

de la vida de San Juan de la Cruz, de una biografía de 600 páginas,

cuatro o cinco momentos, pero que sean representativos de toda su vida.

No, señora, no puedo.

(SUSURRA) Toma, coge la mía.

(SUSURRA) No. Tengo miedo de mancharle el vestido.

Las formas rítmicas de la poesía de San Juan de la Cruz

recogen toda esa tradición de formas poéticas que tienen mucha conexión

con lo popular.

Llevo fango en mis manos, señora.

¡Vamos, Juan, no hay fango en el mundo que pueda mancharme!

Y ahí es el gozo.

Y esto tiene también conexión con el flamenco.

Con las letras del flamenco. (SUSURRA) ¡Vamos, apúrate!

Ya, el gozo es el sufrimiento comprendido.

El sufrimiento trascendido y cantado.

(Canta)

Cuando corren los cerrojos

y arma de nuevo...

Cuando me dieron el guion, leí la primera frase y la oí.

Cerré los ojos y la oí.

No diciéndola yo, como si yo le oyera a él. Y oía otra voz.

Oí la voz de ese personaje que, obviamente no era la mía y yo pensé:

"nunca lo podré hacer porque este personaje, fielmente es esta voz".

(Música)

Maricón que me toque el transistor,

me está tocando al mismo tiempo a mí los cataplines.

Es tu palpitar, tu recuerdo...

Si tiene lo que dice, píncheme.

¡Cabronazo!

Recuerdo que, al día del estreno,

y cada vez que salía a escena, yo salía completamente borracho,

era la primera secuencia, era una borrachera inmensa,

que tenía que ir creciendo hasta el final.

Y yo me acuerdo que yo invocaba a ese espíritu,

a ese personaje. Que sabía que había estado en algún sitio.

Y que había vivido en algún sitio. Y que había muerto de esa manera.

Y yo le decía: "Ven y revive esto, si quieres".

(EBRIO) Mis padres iban con un carro valenciano precioso.

¡De aquí 'pa' allá, por Segovia, por El Escorial!

Ya ves, yo, una criatura.

Pues yo, sin despreciar a nadie.

Yo, ¡¡el rey del mundo!!

Yo te presto mi cuerpo para que vivas todavía,

aunque sea en el teatro, dos horas más;

de la vida aquella que perdiste. Por el navajazo ese.

Y aquello me costó caro.

Porque entró tanto que luego no quería salir.

(Guitarra)

(Instrumentos de cuerda)

La verdad es verdad. La zapatilla es más moderna

de lo que él cree.

No es la zapatilla original con la que se estrenó

El Lazarillo hace 25 años. -¡Óscar!

Pero si me viera diciendo, "¡Ósccar! Es que es un gesto muy mío.

¡Óscar!

Las que lleva realmente son unas zapatillas de hace...

Hombre, ya tienen sus 15 o 16 años y un montón de funciones, claro.

Están destrozadas.

-Mira. Vete ahí y yo digo: "Óscar, Óscar! ¿Por qué no no vienes, Óscar?

¡No me abandones!

-Destrozadas, que la suela es de esparto y ya no hay forma

de recomponer eso y tienen agujeros por todas partes

y le faltan todas las cintas.

-25 años de hambre y caminos.

25 años ha estado en el Paso, Texas, en México, en Colombia,

en Ecuador, en Argentina, en Paraguay, en Uruguay,

en París, en Israel, ¿dónde más? En Navalcarnero.

-Y están llenas de remiendos, de remiendos apañados.

Para unir dos cintas no se cosen, se le hace un nudo

y otro nudo más que tiene la zapatilla.

-¡Mira esto, esto!

Esto es que el puto Ministerio de Cultura,

nos tienen en estas condiciones.

(Risas)

El Lazarillo es Rafa y Rafa es El Lazarillo.

De hecho, si te vas a un libro de texto, que estudian los escolares,

cuando llega la hora de estudiar El Lazarillo,

está allí la foto de Rafa, vestido de Lazarillo.

No hay otro. No hay otro.

Es como cuando Fernando Fernán Gómez hizo la adaptación de este montaje.

Y cuando lo estrenó, me contaba Rafa que salió Fernando

porque fue la primera vez que Rafa decidió que, en vez de irse

en el intermedio, iba a hacer el intermedio en el teatro.

-¿Cómo está el público, Óscar?

-Pues no he preguntado. -Esta es la pregunta.

¿Cómo está el público?

Fernando Fernán Gómez venía a verme.

Bueno, venía a verme... vino dos veces.

Porque sacar a Fernando Fernán Gómez de su casa para llevarlo al teatro...

A él no le gustaba ir al teatro ni cuando trabajaba él.

A él no le gustaba. Él decía que le jodía el teatro

porque no le gustaba que le miraran cuando estaba trabajando.

Le ponía nervioso.

¿Cómo está el público?

Respetuosos y atentos.

Llegó al centro del escenario y dice:

"¡Es la primera vez, en una obra de teatro..."

Y yo dije: "Va a decir que ha visto un desaguisado".

Y dice: "Me gusta más el descanso que la propia obra de teatro.

Porque el descanso es un descanso que yo hago, entre comillas,

que no me voy a descansar, que cuento otras cosas con el público".

Y llegó a decir, de su propia versión, fíjate qué grandeza,

que en su propia versión que él firmaba,

alguien que había metido tal cantidad de morcillas como yo,

que había hecho un descanso compartido con el público,

que le gustaba más el descanso que la propia obra de teatro.

Ya hace falta ser grande, magnánimo, generoso

y estar por encima de las cosas, para decir esto.

¡¡Ey, Óscar!!! Soy el técnico de luces.

¡¡Efecto lluvia!! Ahí lo tienen.

Esto es la lluvia para Óscar.

(Risas del público)

Cuatro focos azules y otros cuatro. Y para él eso es la lluvia.

Y además son de María Luisa Merlo, los focos, que no son nuestros.

Son... Pero, si pones los focos azules

para la lluvia, ahora, cuando yo diga: "Y era de noche",

¿qué pones para el efecto noche?

¡Y era de noche!

A ver: pues lo que le queda. Lo único que hay. Ahí lo tienen.

(Risas del público)

Cuando el público tiene imaginación, la lluvia es un foco azul.

Cuando el público no tiene imaginación,

se va a ver El Rey León.

(Risas con el público)

(Aplausos)

No, no.

Es una broma, ¿eh? Yo no he ido, pero voy a ir.

(Risas)

Son fieras los actores. Pensemos que son fieras, ¿no?

Pero fieras maravillosas.

Para domar a las fieras, hay dos sistemas:

Uno es el azucarillo, y otro es el látigo.

(Campanadas)

Señorita, ¿me da usted algo para el niño?

Al niño me lo comía yo con tomate. Tomate te daría yo, "Bajío".

¡Qué poca filosofía tienen los pobres!

Yo estuve una temporada en Lucena, con una prima hermana mía viviendo,

y entonces iba con sus amigas a tomar café a una cafetería

que se llamaba cafetería Regio.

Y yo, como estaba allí sin amigos y tal, estaba allí con ella,

sentado allí, en la cafetería, aburrido, haciendo así,

esas cosas que hacen los niños con los papeles,

las servilletas y tal, mientras ellas hablaban y eran solteras.

No "onas", casi.

Y de repente un día para en la cafetería Regio

un coche deportivo rojo, que no había en el pueblo muchos,

descapotable, y sale un personaje allí con un sombrero de ala ancha,

así, tal, alto...

Toda la gente se quedó mirándole, y ellas se quedaron mirándole.

Mi prima y su amiga. Y yo dije: "¿Quién es?"

Me dijeron: "Paco Rabal". Y yo dije: "¡Ah!, ¿y quién es este hombre?"

Dicen: "Es actor. Es Paco Rabal". Y yo dije:

"¡Joder, cómo le han mirado!

Ya me gustaría a mí que algún día a mí me miraran así".

Y de esto yo me acuerdo. Se lo conté a Paco muchas veces.

Y se reía mucho y me decía: "Cuenta, cuenta lo de tu prima,

cómo me miró y tal".

Cuando yo ya rodé Juncal con él. Y realmente este es el trasfondo

de la escena cuando Juncal dice: cuenta lo del puerto de Santa María.

Era: Brujo, "cuenta cómo me miró tu prima cuando llegué

a la cafetería Regio de Lucena".

-¡Cuéntame lo del puerto de Santa María, búfalo.

-Pero si eso se lo he contado ya 40 pares de veces, hombre.

-Para refrescar la memoria.

-Bueno, pues... Yo tenía siete añitos,

cuando me llevó mi padre a ver los toros por primera vez,

al puerto de Santa María.

Y toreaba un torero muy grande, muy grande. José Álvarez Juncal.

-¿Y cómo iba yo vestido búfalo de mi alma?

-De nazareno y oro. -¡Ole!

-De luto. Por la muerte de mi madre, que en paz descanse.

-Cuando tocaron a matar, en el quinto toro.

-Que se llamaba Bocanegra y que era burraco.

-Maestro: ¿me lo cuenta usted o se lo cuento yo?

-Tú, búfalo, tú.

-Aparecieron Sancho Gracia y Paco Rabal, en aquel bar.

Y se sentaron conmigo.

Y entonces me empezaron a preguntar si yo tenía algo pensado

para televisión o no sé qué.

Que habían pensado hacer una serie de toros para Paco.

Ellos pensaban que hiciera un ganadero, un viejo ganadero

que vive en su cortijo, que tiene una ganadería maravillosa.

Entonces, a mí me pareció que aquello era una vulgaridad,

y no sé por qué se me ocurrió.

Y dije: "¿Y si hiciéramos una historia de un derrotado,

de un torero derrotado, herido, viejo, sin un duro, pero maravilloso?

Y a Paco se le pusieron los ojos cuadrados porque,

mucho mejor que ser un buen ganadero es ser un buen perdedor, ¿no?

(Música)

Vamos.

(Música)

¿Listo?

Qué bonito es el decorado de Shakespeare.

¿Es shakesperiano, verdad?

Y sencillo. Nunca tomó el poeta su pluma para escribir.

Nunca, si antes su tinta no fue atemperada

con los suspiros de amor.

Entonces sí. Entonces amor, arrobarían, ¡oh!,

sus versos, los oídos más salvajes,

e implantarían en los tiranos dulce humildad.

Esta des la doctrina que saco yo de los ojos de las mujeres.

Que centellean siempre con el sueño de Prometeo.

¿Quién po...? Se me ha ido el texto.

-¡Vale Rafa, está!

-Esa es la vocación, cámara delante y no puedes evitar...

No puedes evitarlo.

Tiene mi hijo, también, el pequeño. El otro día me dice.

"Papi, enséñame el monólogo de Hamlet aunque sean tres líneas".

Sí. Le enseñé tres líneas.

Le enseñé tres líneas y se las aprendió.

Eso de "Ser o no ser. ¿Qué es más..." No recuerdo.

"¿Qué es más... ser no sé qué, golpes del destino, tal".

Se aprendió tres líneas. Dice: "Grábamelo con un móvil".

Se lo grabé con el móvil, y yo decía: "¡Acción!"

Y decía: "Joder, en cuanto coges el móvil,

se me ponen unos nervios en el estómago...".

(Música)

Yo nací en un pueblecito, que era Lucena, donde la gente seseaba.

Y llegué a Torre don Jimeno y ceceaban.

Y decía: "Senisero". Y me decían:"Se dice Cenicero, niño".

Los niños hablaban como hablaba la gente en Torre don Jimeno, con c.

Y yo era un niño que seseaba. Por lo tanto era un inadaptado.

"Senisero, cenicero". Entonces yo, a partir de eso

construí ese punto de que las palabras tenían forma o volumen,

y yo me imaginaba un "senisero" redondito,

porque la s es sinuosa, y que si te tiraban un "senisero" a la cabeza,

no te hacía tanto daño como si te tiraban un cenicero.

Porque el cenicero yo lo veía con picos.

Pero si te tiraban un "senisero", te iba a dar ¡pun!

e iba a hacer "ssssenisero".

Y se iba por el otro lado.

El otro, el cenicero se te podía clavar por una ¡c!

O sea, que las palabras puede uno alucinar con las palabras.

Una puerta abierta a toda la fabulación,

a la imaginación y al disparate, por supuesto.

(Música)

(Hablan a lo lejos)

Ponla, Quevedo. Que ese sí es un personaje.

Es que yo no hago Shakespeare ya. Yo, de verdad que esto ya no lo hago.

El crítico ""Harold Bloom" quien fue realmente.

¿Fue Shakespeare o fue la naturaleza la que inventó la inferioridad

emocional del hombre ante la mujer? Fíjense qué sutil es "Harold Bloom".

¿Quien fue realmente, fue Shakespeare o fue la naturaleza

quien inventó la inferioridad emocional del hombre?

(Risas)

¡Fue Shakespeare, ¿no? Porque Shakespeare es naturaleza.

Esta función trata de eso. De Shakespeare,

del mundo femenino de Shakespeare, pero de interior.

Quién escribió estas comedias, ¿no? O sea, quién es Rosalinda.

-Fue escrita en una habitación de mi casa en Cuba

en unas vacaciones de Navidades. Nació Mujeres de Shakespeare.

"Harold Bloom" habla de que esta Rosalinda, de todas las comedias,

probablemente era una amante de Shakespeare que era dama oscura,

que era una chica mulata, que vino del Caribe,

llegó como Pocahontas. En un galeón llevado ...

¿Te acuerdas de la película?

Y Shakespeare se enamora de ella, y esta es la que le enseña

todo a Shakespeare.

Una negra del Caribe. -Fui al teatro a ver al técnico,

que es amigo desde Cuba, porque está casado con una amiga cubana,

actriz también, y ahí lo conocí.

Le pidió el teléfono a Naomi.

Le pidió el teléfono al técnico, nos hablamos,

quedamos para cenar una noche, y esa noche se hizo extensa, extensa.

Y esa noche lleva 13 años. Y ha sido un periodo fructífero.

Y lo que sí, a partir de este periodo,

que casualmente viene, que comenzamos nosotros una andadura juntos,

como pareja,

También este periodo ha venido a que Rafael se ha hecho...

escribe sus obras, lo hace prácticamente todo.

No llora por haberle amor llagado, que no se pena en verse así afligido

aunque, en el corazón, está herido.

¡El pecho del amor, muy lastimado!

-Ese es el centro. -Sí.

-Mas llora por pensar que está olvidado.

-Mas llora por pensar que está olvidado. ¡Pom, pom!

¡Ha de la casa!, dice uno. Porque eran varios los que venían.

¡Ha de la casa!

Y dice otro: "Traemos orden de prendimiento de la parte

del señor vicario general de la orden, que nos manda.

Y lo visten por fuerza, lo visten con el otro hábito.

El de fraile calzado.

-Es decir, lo calzan. -Es decir, lo calzan.

Y ahí fue cuando San Juan dijo aquello de:

"Podéis calzarme los pies, pero no el corazón,

que lo llevo siempre del todo descalzo".

¡Podréis calzarme los pies; pero no el corazón,

que lo llevo siempre del todo descalzo!

Y entra el tambor.

(Tambores)

-Yo creo que Rafael es un hombre

que me inspira la reencarnación.

O sea: es la reencarnación de un comediante del Siglo de Oro.

Casi, empiezo a creer en la reencarnación cuando yo lo veo.

Él es un hombre que se apoya muy fuertemente en el pasado.

Por los temas y por la forma.

Pero, de la tradición, con todos esos elementos que aporta la tradición,

construye una pieza absolutamente actual,

y la mirada sobre los acontecimientos es una mirada

de una enorme singularidad, porque muchas veces es,

casi diríamos, la mirada del sentido común.

-Él ha inventado un género. Que tiene algo de monólogo,

porque está solo, que tiene algo de show, porque es él, conectando,

por medio de la conexión directa con el espectador,

pero también tenía algo de crear espacios mágicos,

porque él es un hombre que conecta mucho con la magia,

con el ritual, con los tempos especiales,

también es algo que tiene una dimensión filosófica,

y también es algo de un ser contando sus ideas a los demás.

Luego es algo de mitin, ¿no?

-¡Qué más da lo que hay y lo que deja de haber!

¡Todo está en el interior!

¡“Dario Fo” es un gran juglar!

¡Un hombre con una imaginación portentosa, amigos míos!

Y de repente, en sus investigaciones sobre la magnética y carismática

figura de San Francisco, descubre, qué curioso, qué sorpresa,

qué sorpresa, que en un momento de su vida Francisco de Asís

(ahí es donde están las coincidencias, ¿se dan cuenta?),

también Francisco de Asís dijo que era un juglar.

Que era un comediante.

Y lo mantuvo y lo sostuvo. Dijo: “Soy juglar de Dios”.

Pero lo dijo en italiano. Suena bellísimo, ¿eh?

Io sono iuglare de dio. Es como una canción.

-Se fue a Italia a ver a Dario Fo, y Dario Fo salió hacia San Francisco,

en vaqueros y con una camisa.

Y hizo el San Francisco, y el teatro se calló.

Y entonces dijo: “Esto es lo que yo quiero hacer”.

Hablamos él y yo, al principio, de cómo crear ese espacio.

Qué, realmente, es el espacio donde él se va a mover.

Entonces yo le propuse un bosque de bombillas.

Entonces, esa especie de espacio escénico,

con bombillas, eran caminos.

Él se trasladaba, digamos, de alguna manera, espiritualmente,

dentro de ese camino.

-¡Vanguardia pura! Luz y escenografía, lo mismo.

La idea de un brillantísimo iluminador que se llama

Miguel Ángel Camacho, que diseñó esto, que tiene un Max, Premio Max,

no por esta escenografía, desde luego, sinceramente.

Pero lo tiene.

-Él dice que hay un antes y un después de Dario Fo.

De San Francisco, juglar de Dios. En él como creador.

Como actor, como director, como escritor.

Que hay un antes y un después. Ahí viene la simbiosis,

un poco, de ellos dos.

(Música)

-Yo no hubiera llegado al entendimiento de esta obra

de San Juan, si no hubiera sido por todo ese proceso vital, personal,

en el que el monasterio de Silos para mí ha sido un hito.

Cuando tenía 33 años, yo estaba en un momento de mi vida

en que decidí hacer un retiro allí.

Cogí, en un coche, con dos compañeros míos y una chica alemana,

y fuimos al monasterio, el coche,

a la altura de Aranda del Duero, se salió de la carretera,

y murieron dos en el acto.

Y yo volé, durante unos instantes, que los recuerdo,

creo que ocho o diez metros, me acojoné tanto con el monasterio

de Silos que no quería oír ni hablar de él.

Y al cabo de 20 años es que decidí coger un taxi

e ir al monasterio de Silos.

Y cuando llegué allí, estaban cantando los monjes, allí,

porque los monjes no hacían más que cantar, y el vinillo,

cantan y el vinillo, llega un momento que cantan los monjes,

los pájaros, los pájaros, los monjes,

solo silencio, y llega un momento que tú no sabes cuáles son los monjes

y cuáles son los pájaros, si los pájaros son monjes,

o los monjes son unos... ¡pájaros!

¡Pero de vuelo alto!

¡Y estaban allí cantando!

Y yo llegué, en el silencio ese de la tarde,

y me quedé allí, y se me saltaban las lágrimas,

porque fue un momento de conmoción de estética: el gregoriano.

Las luces que entraban en el Románico...

Todo.

-¡Óscar! ¿Dónde está Óscar? ¿Dónde está Óscar?

¡Óscar!

¡Es que esta zapatilla no es!

¡Óscar!

Se siente muy juglar. Se siente siente muy bufón

en el sentido profundo del término. En lo que tú absorbes de la calle,

en lo que oyes, en lo que lees, y cómo, de alguna forma,

lo pasas por la Turmix de tu personalidad y lo lanzas,

en un romance de ciegos, o en una plaza, o en un teatro, donde quieras.

Y te conviertes en el gran altavoz, donde la gente se identifica contigo

y se engancha y se ríe...

La primera vez que yo vine aquí fue hace como 10 o 12 años,

con una crisis sentimental, que vine, que venimos...,

venimos a refugiarnos todos aquí en la hospedería,

y a aprender de vosotros, que no tenéis crisis sentimentales.

No las... explayamos.

Y entonces, por la noche, después de la cena, el padre Abad,

que en aquel momento era el padre Clemente,

me invitó a representar un fragmento del Lazarillo de Tormes,

delante de los monjes de la abadía de Silos.

Y para mí fue una cosa sensacional.

¿Por qué? Porque la forma de escuchar de ellos

era un regalo para cualquier artista que pretende ser escuchado.

Saca un maravedí de la bolsa y me dice: “Toma, Lázaro.

Ve por vino a la taberna.

Ya se sabe que la ocasión hace al ladrón.

Por eso hay que ser compasivo con los cargos públicos”.

De manera que, habiéndome aumentado este mi constante apetito

el olor de la longaniza, en lo que el ciego

sacaba de su bolsa el dinero, la saco del asador la longaniza,

y muy presto en su lugar metí el nabo.

Fui por el vino, fui por el vino, y en el camino, me comí la longaniza.

¡Fue tal el coraje de este perverso ciego que,

si al ruido no acudieran gentes, no me dejara con vida!

Me sacaron de entre sus manos, dejándoselas llenas de los pocos

cabellos que tenía, y arañada la cara y llenos de rasguños...!

¡Mmm, qué luz tan bella! ¡Mira aquel atardecer!

¡Una admirable disposición de la sabiduría!

Todas las criaturas, todas y cada una en particular,

estaban dotadas de una cierta correspondencia con su creador.

Esa es la magia del Brujo. El Brujo cree, o capta realmente,

el ánimo, el espíritu común que se establece en un público unido,

y les ofrece lo que en este momento siente que el público quiere.

Y lo hace con tal arte y con tal gracia y con tal maestría

y con tal sorpresa, porque es que lo bueno,

una de las cosas que tiene buenas, buenísimas,

el brujo es que es impredecible, en escena.

O sea: es que sorprende al espectador porque no sabes por dónde va a petar.

O sea... Y de pronto, está por una ruta,

y hace un tirabuzón y se lanza hacia otro territorio.

Y eso, claro: eso es..., es tenerte en ascuas en el asiento.

¡Gocémonos, amado, y vámonos a ver en tu hermosura!

Al monte y al collado, do mana el agua pura,

entremos más adentro en la espesura.

Allí me mostrarás aquello que mi alma pretendía, y luego me darás,

allí, tú, vida mía,

aquello que me diste el otro día.

En fin: el ciego...

(Risas)

El ciego le dio una paliza al pobre Lazarillo, y Lazarillo tenía hambre,

mucha hambre.

Esa hambre es la gran metáfora de la existencia.

Por eso esta obra tiene cinco siglos y es siempre actual.

Porque el hambre es el motor que mueve al mundo.

El hambre de divinidad.

El hambre de eternidad. Felices sois, enhorabuena.

Seguid sin opinar.

(Risas)

(Aplausos)

(Música)

Rafael Álvarez, el Brujo, es como una luz que se apaga

cuando no hay espectadores, y se ilumina cuando siente

la mirada de los espectadores.

Si tú lo ves por la calle, parece un ser más.

Parece una mezcla de judío, árabe, godo, gitano, hasta egipciaco,

o sea, deambulando, como un buhonero, como un maragato, como...

Y de pronto sube ahí, y es como si adquiriera una dimensión...

ultraterrenal.

En ese sentido, yo creo que se merece absolutamente el autobautismo

este de “El Brujo”.

Porque realmente embruja. Y lo ha conseguido a través de mucho

esfuerzo, mucha soledad, mucha inteligencia y..., y mucha entrega.

Al público, por supuesto. O sea que un aplauso para el Brujo.

(Aplausos)

(Golpes)

¡Hombre, Óscar! ¡Eres tú! ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido todo?

¡Bienvenido!

Muy bien. ¿Me levanto?

Ahí, ahí. Vale.

Lo tenemos.

¿Vale?

Bajo.

¿Qué número es?

¡Este, el 11!

Es un 26, me parece.

- 26 grados. Sí.

Ahí lo has sacado.

-Vamos a hablar de una cosa. Tenemos un problema.

Y es que yo a las 12 y media tengo que ensayar.

La obra. Porque, si yo no...

Si pasamos de las 12 y media y nos liamos con la luz,

se nos va la noche, y yo tengo que ensayar la obra, aunque sea hoy.

Pasarla entera. Con la música y tal.

Tú me dijiste que a la media podríamos hacer un ensayo.

-Lo que pasa que a la media no va a estar.

Va retrasado.

-Pues tenemos que hacer para que esté.

-Puede ser el margen que nos quede entre media hora

y una hora como mucho.

Sí. -Las botas y eso van rápido.

Lo que queda es par y los recortes...

-Porque además también quiero ver la luz que vamos a hacer mañana.

Aunque sea muy sencilla, pero hay que verla.

(Música)

Muy, muy estrecha. Aquí está.

Aquí está esta.

-¡Rafa!

¿Vemos los poemas?

-Venga. -Los vemos, y así ganamos tiempo.

-Sí, claro.

-Es su pastora firme el pensamiento.

-Claro. -Falta eso.

-Sí. Ahora sí.

Eso es. Cuando yo lo marque.

Aunque en el corazón está herido.

El pecho...

¡No!

Mas llora por pensar que está olvidado.

¡Agua del tajo que bajaba por entre los riscos de la montaña!

(Música)

El agua del tajo que se despeñaba por entre los riscos...

Bajaba el agua, el agua, por entre los riscos de la montaña.

(Música)

Y se quedó, en una noche oscura, con ansias en amores inflamados.

¡Oh dichosa aventura! Salí, sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada.

En mi pecho florido, que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido, y yo le regalaba...

Y yo le regalaba...,

y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almeda,

cuando yo sus cabellos esparcía con su mano serena,

en mi cuello hería, y todos mis sentidos suspendía.

En mi cuello hería, ¡y todos mis sentidos suspendía!

Quedeme. Quedeme. Quedeme y olvideme,

el rostro recliné sobre el amado, cesó...

(Campanadas)

todo, y dejeme,

dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.

(Aplausos)

(SUSPIRA)

Cesó todo, y dejeme, dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

Salió el duende, ¿eh? Entre las azucenas, olvidado.

(IMITANDO A UN PERRO)

(LADRA)

(LADRA)

(LADRA)

Un perro que había allí .

¿El saxo?

(Música: saxo y piano)

Una vez, en Barcelona, haciendo una obra de Dario Fo,

tenía dos pistolas de..., de ojos blancos y negros.

Y yo estaba muy mal en la obra.

De esto que no encuentras por dónde, ¿no?

Hacía un papel de policía, un Comisario, en clave de humor,

pero complicado. Una cosa complicada.

Y un día, me fui a la playa de la Barceloneta,

y estaba paseando por allí, y le di una patada a una piedra.

¡Pa! Y se quedó así, boca arriba, era una piedra plana,

y cuando se quedó boca arriba, era una máscara. Perfectamente.

Tenía una línea así, como una nariz, un ojo así y el otro así.

Yo recuerdo que tenía este gesto. O sea: yo vi eso.

Y entonces, cogí la piedra y dije: “Este es el gesto de este personaje”.

Empezamos a hacer la obra el día del estreno,

y en un momento determinado estaba diciendo a otros policías

(yo era el Comisario) cómo tenían que comportarse para entrar en un cabaré,

como cabareteras, y detener a unos mafiosos.

Y en un momento determinado, les tenía que decir: “Así no. ¡Así”.

Y entonces dije: “Así no. ¡Así!”.

Hice el gesto justo de la piedra. Que yo la tenía aquí.

¡Pa! Y yo no sé: el magnetismo; la electricidad.

Porque eso no era ni un gag ni un nada.

Era: ¡Pa!

Un gesto y el de la piedra. Y el teatro rompió a aplaudir.

Da vértigo esto, ¿eh?

Y una vez, en una escuela de arte dramático, en Murcia,

expliqué esto de la piedra. Y dice el profesor: “Vale, vale.

Vale. De acuerdo. Brujo, vale”. Pero eso es para aquellos

a los que las piedras les hablan.

Pero di algo para los que las piedras no les hablan.

Dije: “Esos, que no se dediquen al teatro”.

Me dijo: “Has sido muy duro”.

Y digo: “Bueno. O te hablan las piedras,

o mejor te dedicas a otra cosa”.

(Aplausos)

¡Bravo!

¡Gracias!

Tan, tan, tarán, tarán. ¡Tan!

Eso es.

Y siguen, no sé qué, y todos descojonándose.

¡Pam, pam, pam...!

Van al teatro, ¿no? Es cuando van al teatro.

Y el siguiente es cuando tú te quedas ya con la risa.

Ah, sí. ¡Arriba y abajo!

¡Por todas partes, todos! ¡Quedaban! ¡Quedaban... descojonándose!

Plaaaan...

Vale.

Sí. Que hacías risas.

(RÍE)

Imprescindibles - El Brujo

58:50 12 dic 2014

El documental Rafael Álvarez "El Brujo" ha sido testigo del proceso creativo de su última obra "La luz oscura de la fe", una buena ocasión para hablar de su vida y de su trayectoria como actor, donde nos ha dado a conocer ese otro teatro invisible en el que se representan las obras del Brujo.

El documental Rafael Álvarez "El Brujo" ha sido testigo del proceso creativo de su última obra "La luz oscura de la fe", una buena ocasión para hablar de su vida y de su trayectoria como actor, donde nos ha dado a conocer ese otro teatro invisible en el que se representan las obras del Brujo.

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  1. Sp

    Se interrumpe muchas veces. Me encantaría que lo colgaráis sin pausas. Es un artista impresionante e imprescindible; de ahí, que sería una pena, no lo visionaran cómo es debido los que aún no le conocen. Muchas gracias.

    03 nov 2015
  2. antonio orgaz

    un genio, fabuloso

    18 ene 2015
  3. Xosé

    El video se interrumpe antes de llegar a la mitad, para comenzar de nuevo.

    13 dic 2014

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