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Para todos los públicos Imprescindibles - Antonio Muñoz Molina, el oficio de escritor - ver ahora reproducir video 57.56 min
Transcripción completa

Yo, cuando voy a estar en una cosa pública,

cuando voy a hablar de literatura y todo eso...

lo que pienso es... nosotros nos dedicamos a un oficio

en el que es fácil, es muy fácil el fraude.

En las ciencias, las ciencias duras, las ciencias, para qué engañarnos...

hay un control estricto en el que el fraude...

el fraude no puede ir muy lejos.

Pero lo que nosotros hacemos, la comprobación,

es mucho más difícil.

Es decir, se podía desarrollar una teoría

que dijera hasta dónde se puede llegar en las artes

siendo un completo fraude.

No digo un fraude a tiempo parcial, no... digo un fraude completo.

Digo un mamarracho, ¿no?

Un engaño. Un camelo, ¿no?

¿Hasta dónde...?

¿Cómo se pude saber...

dónde está el camelo?

Reunido en Oviedo el jurado

del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013,

acuerda conceder el Premio Príncipe de Asturias

al escritor español don Antonio Muñoz Molina

por la hondura y la brillantez

con que ha narrado fragmentos relevantes de la historia de su país,

episodios cruciales del mundo contemporáneo

y aspectos significativos de su experiencia personal.

Oviedo, 5 de junio del año 2013. Se levanta la sesión.

-En tu discurso del Premio Príncipe de Asturias

hiciste una defensa y una loa al mismo oficio del escritor.

Tú has comentado en algunas ocasiones, que más que oficio,

siempre has hablado de la escritura más ligada al oficio del artesano.

Sí. Sí, porque escribir tiene una parte muy grande de oficio.

Oficio en el sentido de "algo que uno aprende a hacer".

Algo que uno hace humildemente.

Humildemente en el sentido de que...

de que tú estás ahí subordinado a eso

y no hay nada más importante que eso a lo largo de mucho tiempo.

Y tienes que sentarte todos los días.

Todos los días...

Tranquilo. En una...

En un sitio. En un rincón. En un estudio.

Esto no es un caprichito que te ha dado.

Esto no es que tú quieres ser famoso.

Esto no es que tú quieres salir en "Operación triunfo".

Esto es una cosa que es tu vida entera.

(Música suave)

Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho,

o una vocación imaginaria.

Pero el sueño, el deseo, el capricho...,

no llegan a cuajar en nada si no se convierten en un oficio.

Un oficio, cualquier oficio, requiere una inclinación poderosa

y un largo aprendizaje.

Un oficio es una tarea

que unas veces resulta agotadora o tediosa

por la paciencia y el esfuerzo sostenido que exige,

pero que también depara, cuando las cosas salen bien,

momentos de plenitud

y permite entonces la recompensa de un descanso

que es más placentero porque se siente bien ganado,

al menos hasta cierto punto.

(Música suave)

"Me acuerdo del invierno y del frío,

del azul absoluto en las mañanas de diciembre

y el sol helado en la cal de las paredes

y en las piedras amarillas de la Casa de las Torres,

me acuerdo del vértigo de asomarme a los miradores de la muralla

y ver delante de mis ojos toda la hondura de los precipicios

y la extensión ilimitada del mundo,

las terrazas de las huertas,

las lomas de los olivares,

el brillo quebrado y distante del río,

el azul oscuro de las estribaciones de la sierra,

el perfil de estatua derribada del monte Aznaitín".

También es que la vida, a parte de la literatura,

te va reconciliando con el pasado, con el propio pasado, ¿no?

Porque yo te he visto recordar más tu infancia...

de niño en Úbeda más tarde

y recordarla como una época muy feliz de tu vida.

Yo tardé mucho en darme cuenta de hasta qué punto

una parte de la vida que yo había tenido cuando era niño

era una vida perfecta para un niño.

Una vida perfecta para mí.

Y lo pensaba en términos muy materiales y muy reales,

no a través de categorías políticas ni literarias ni nada de eso,

sino como un hecho cierto.

(Música suave)

Enseguida te dicen

"con lo ideologizado que está todo ahora en España..."

y dicen que estás justificando el franquismo, estás idealizándolo,

y no... Estoy contando la vida tal como yo la veía.

Y la vida de un niño de clase trabajadora en esa época

es una vida que te deja un capital... extraordinario.

Ya en la adolescencia,

que es cuando uno se da verdaderamente cuenta de estas cosas,

¿cómo vivías tú las diferencias sociales

tan grandes que había en una provincia como Jaén?

Eso era muy...

Porque era como de pronto ver personas de otra casta, ¿no?

Yo recuerdo que había, cuando...

cuando estabas en el mundo del campo tú veías a los mayores,

a tus padres, a tus abuelos... la seguridad con la que actuaban...

pero cuando tú ibas con ellos a una oficina

o veías que tenían que tratar con gente que tuviera

cualquier clase de poder...

pero se nos ha olvidado lo agresivos y los despectivos

que eran las personas que tenían algo de autoridad en España.

¿Y eso te hizo... tener una incipiente...

conciencia social?

Sí. La rebeldía a mí me coincidió...

la rebeldía adolescente con la toma de conciencia política

de una manera muy inocente o ignorante

pero me acuerdo que esa furia de decir

que quería tener otra vida y ser de otra manera...

para mí estaba muy relacionado el rechazo a la autoridad,

el rechazo sobre todo a la autoridad de los curas,

al fanatismo ese que querían imponernos...

Ese rechazo se asociaba enseguida con el amor por ciertas cosas, ¿no?

Con el amor por la música pop, por ejemplo.

(Música pop)

La religión era el régimen de Franco.

Y revelarnos contra el régimen...

y revelarnos contra la religión era exactamente lo mismo.

No había separación entre esas cosas.

Yo, por ejemplo, de todo aquello, en ningún momento era algo serio

o afectó al desarrollo de mi personalidad.

Porque no había un cura que llegara

y te dijera que te iba a condenar para toda la eternidad

y que te pusiera el dedo encima de una vela y te dijera...

"¿A que no puedes aguantar ni un segundo?

Pues imagínate miles de años".

Es que era una cosa horrorosa.

Es que le amargaban la vida a un niño.

Era un mundo... Era un mundo muy feo.

Y hay una cosa que ocurrió en esa época...

un poco antes de que tú nacieras...,

que es que de pronto desapareció el miedo.

El miedo era algo con lo que nosotros habíamos nacido.

El miedo era algo que nosotros veíamos en nuestra familia.

El miedo y la cautela.

Cuando eras niño decían que no había que hablar.

Hablaban de gente que se había buscado una ruina

porque decían que eran "de ideas".

La expresión "de ideas" era muy llamativa.

Decían: "no, ese era de ideas".

Los mayores sabían...

Cuando los de nuestra generación empezamos a ir a manifestaciones

o cosas así se asustaban muchísimo.

Sabes que...

yo digo que mi lucha antifranquista duró quince minutos,

porque llego a Madrid,

al mes siguiente participo en la primera manifestación de mi vida

y a los cinco minutos de participar en esa primera manifestación

me detiene la Policía y me lleva a la DGS.

Qué miedo, ¿no?

Y me ponen una multa administrativa de 5000 pesetas...

Si tienes en cuenta que mi beca total eran 25 000 pesetas...

Entonces yo pasaba algunas veces...

es que no podía permitirme el comedor universitario...

(Música animada)

Y sin embargo no eras muy radical políticamente.

Era radical en el pensamiento.

Porque a mi aquello me había...

Yo recuerdo cuando estaba allí, en aquel calabozo,

sin saber cuándo me iban a soltar ni qué me iba a pasar...

esperando para ser interrogado...

Yo pensaba: "yo no tengo valor para esto".

Entonces yo veía a la gente en Granada, mis amigos,

que estaban en el Partido Comunista y todo eso

y yo me sentía muy culpable por no participar en eso,

pero si yo perdía la beca, ¿qué hacía?

Me tenía que volver al campo con mi padre.

Pero lo principal era el miedo,

el miedo físico que yo no podía superar...

No podía superarlo.

(RADIO) "Sigue el buen tiempo en Granada.

Genial para "La noche en blanco" de hoy. ¿Qué tal? Buenos días...".

-Justo después de terminar la carrera te presentaste a las oposiciones

para administrativo en el Ayuntamiento de Granada.

Auxiliar administrativo. Organizando conciertos sobre todo.

Conciertos y exposiciones sobre todo.

Y fue una experiencia muy educativa para mí.

Me vi organizando conciertos de muchos tipos...

Me vi viendo música clásica, jazz, pop, flamenco... mucho flamenco.

Y tú estabas allí como auxiliar organizando lo de los demás,

pero al mismo tiempo estabas escribiendo en tus ratos libres.

Sí, en mis ratos libres escribía artículos y escribía...

Porque te habías ofrecido a un periódico en Granada

para escribir artículos. Al "Diario de Granada".

Yo conocía... Eso fue...

Fue una época también... Ahí tuve mucha suerte.

(Música suave)

Yo estaba en el Ayuntamiento y tenía en ese momento 26 años, me parece.

Y llevaba escribiendo toda mi vida pero no...

nunca había publicado nada ni nada.

Y entonces se fundó este periódico.

Como el periódico era nuevo admitían cualquier cosa...

y yo me presenté allí. Y fíjate tú ahora eso, ¿no?

Un chico con 26 años que no lo conoce nadie de nada.

Y llegas y te dicen que escribas una columna semanal.

¿No?

Y ahí empecé. Y eso fue muy importante para mí.

Todo estaba sin hacer... No había tradiciones, no había nada.

Tú piensa ahora, por ejemplo, que yo empecé a publicar artículos

en el "Diario de Granada" en el 82...

Era un periódico que acabada de nacer y a mí no me conocía nadie.

Yo llegué allí y me puse a hablar con el redactor jefe

y me dio una columna semanal. Lo piensas ahora...

Ahora es imposible. ¡Una persona de 26 años!

Una persona de 26 años que intenta entrar a trabajar a un periódico...

lo colocan de becario, no le pagan nada y lo explotan y...

No, a mí tampoco me pagaban nada,

pero yo tampoco buscaba que me pagaran.

Pero quiero decir que había como una sensación de comienzo..

Y eso... Y luego, cuando al poco tiempo, el año 85, por ejemplo,

cuando se publicó la primera novela de Julio Llamazares, "Luna de lobos"

y un poco antes se había publicado, un par de años antes,

la primera novela de Jesús Ferrero.

Ahí estaba empezando a tener éxito Eduardo Mendoza.

Esas columnas semanales

se convirtieron luego en "El Robinson urbano", ¿no?

Sí. Eso fue, claro. Eso fue mi primer libro.

(RÍE) Que te autoeditaste... Eso es una cosa tan moderna ahora...

Pero eso es de siempre... y era de lo menos moderno...

Era superrancio, era lo último.

Estos libros así, de provincia, que paga el autor y que...

que no hace caso nadie...

Sí, pero bueno, te hicieron caso.

Sí, claro, tuve una suerte inaudita.

Es el libro que le dieron a Pere Gimferrer.

(Música)

Gimferrer fue allí a Granada, dio una conferencia,

y este amigo mío, Mariano Maresca, que estaba en la organización,

le regaló mi libro que había salido unos meses antes.

Y Gimferrer se lo leyó.

Justo se lo dio a una persona que se lee los libros.

Trabajaba en una oficina que era un tercer o cuarto piso

que no tenía ascensor y mi amigo llegó sin aliento.

Y me dijo: "Fíjate lo que me ha pasado,

me ha llamado este hombre y me ha dicho...

que le ha gustado mucho el libro

y que quiere saber si estás escribiendo una novela".

Fíjate... Y tú estás allí en tu oficina...

y te llegan con eso.

Fue una cosa... A ti te empezó a...

Hombre, yo estaba terminando "Beatus Ille"

y esa tarde me fui a mi casa y creo que hice diez páginas...

Su novela "Beatus Ille" ha tenido una trayectoria muy poco común

dentro de la joven narrativa española.

Se ha asentado como una sólida escritura

dentro de las grandes líneas tradicionales de la novela española

y que aspira y pretende convertirse en una escritura

que recrea particularmente un mundo muy peculiar

y que tiene mucho que ver con la propia historia del autor.

"Beatus Ille" creemos que puede tener interés desde ese punto de vista...

-Y cuando ibas a Madrid para promocionar, por ejemplo,

para promocionar la novela, etcétera,

¿cómo te sentías tú con otros escritores?

Es que siempre...

Yo veía que los demás

estaban más seguros que yo de pertenecer a ese mundo.

Entonces yo, la primera vez que fui a un acto con escritores en Madrid,

que fue a los pocos meses de sacar "Beatus Ille",

hicieron un programa en La 2 sobre nuevos narradores o no sé qué,

y yo fui uno de los que invitaron y me monté por primera vez en avión

y fue para eso y fue tremendo, entonces llegué en el avión,

me recogió un coche, ¡me recogió un coche!

y me llevó nada menos que al hotel Wellington.

A lo mejor. ¡Como a los toreros! (RÍE) ¡Como a los toreros!

Y entonces entré al bar del hotel Wellington, que estaba en penumbra,

y había allí una mesa baja con otros escritores y yo no conocía a ninguno

y yo veía que hablaban como escritores,

y a mí eso me impresionaba mucho...

porque yo no me sentía escritor. Vamos, me sentía escritor...

No sé, no tenía esa...

Yo les veía decir: "Es que el escritor..."

Me acuerdo de Ferrero que decía: "Yo soy escritor

y tengo derecho a ir a las 5 de la mañana

a estar de copas y no sé qué

porque necesito vivir experiencias..."

Y... y yo pensaba...

"Yo a las 5 de la mañana estoy en mi casa".

No se me ocurría... No se me ocurría...

Yo pensaba que los escritores...,

que los que llevaban "vida de escritor", eran otros.

(Música animada)

El éxito de...

Las dos formas de éxito que me parecen las más razonables.

Por una parte, el éxito que supone que lo lean a uno, y que lo lean,

no mayoritariamente,

porque es una cosa muy difícil que no sé si se puede conseguir,

y por otra parte, con la posibilidad y la ilusión...

Esa es la verdadera fantasía privada, digamos,

ese tipo de fantasía que tú estás en tu casa

y empiezas a imaginarlo con detalles reales,

el fantasear con la idea de vivir de...

no ya de la literatura o de una novela, sino vivir de la pluma.

(Aplausos)

Para mí que... el vuelco completo a tu carrera

lo diste con "El jinete polaco", ¿no?

En sentido literario, dices.

Bueno, de todo, o sea... Hablaba del sentido literario,

pero, no sé, también ganaste el Premio Nacional,

ganaste el Premio Planeta... Te fuiste medio a vivir a Madrid...

Sí, ese fue un gran momento de cambio.

Y literariamente. Y literariamente también.

Han fallado dos nuevos premios,

uno ha sido para el novelista jienense Antonio Muñoz Molina,

que ha recibido por segunda vez en su carrera

el Nacional de Narrativa.

Antes fue por "El invierno en Lisboa"...

-¿Lo que escribes ahora

tiene más que ver con el autor del "El jinete polaco"

que con el autor de "Beltenebros" o de "El invierno en Lisboa"?

Sí, muy probablemente.

Yo creo que ahí encontré... Uno tiene que encontrar,

y es muy difícil, tienen que encontrar

cuál es su punto de relación natural con la escritura.

Y ahí empezaste a escribir de una manera más natural.

Sí.

Mucho más natural.

Mucho más natural con menos...

menos púdica, menos controlada, menos culturalista también.

Tú crees que por eso hay tanta gente, por esa naturalidad,

hay tanta gente que la considera una novela generacional, es decir,

que describe cómo fue su vida, su juventud y...

Bueno, es que... es una novela generacional,

pero a mí lo que más me llama la atención,

vamos, lo que me gusta, es el descubrir que...

puede ser una novela generacional pero no solo de esa generación.

Sí, de una maduración.

De algo que le pasa a todo el mundo en cualquier época.

Que es el salto a la edad adulta,

el salto del pueblo al mundo en grande.

Poder reconocerse en un joven que sale de su pueblo.

Claro, es la historia más antigua que hay.

Y se hace una persona independiente y cosmopolita.

Y se asoma al mundo y se siente perdido y...

(Música suave)

"En las noches de temporal,

cuando el viento y la lluvia

sacudían todos los cristales y los postigos de la casa,

me imaginaba que vivía en un faro junto al mar,

y me gustaba acordarme,

encogido y caliente bajo las mantas

y la piel de oveja que cubría la colcha,

de la noche de invierno en que me contaron que nací.

Llegaba al hotel de una ciudad fronteriza y nadie sabía mi nombre

ni podía averiguar mi origen.

No oía el tráfico ni las sirenas de la policía,

sino los clamores de los pavos en los corrales de la vecindad

y los llamadores en las casas de la plaza,

no barrían el techo y las paredes los faros de los coches

que pasaban como ráfagas por una autopista cercana,

pero si cerraba los ojos y me dejaba adormecer por el tabaco

y graduaba el volumen del tocadiscos podía escuchar truenos lejanos

y un rumor de tormenta y cascos de caballos".

Antonio Muñoz Molina, escritor granadino de 39 años,

es, desde hace poco más de una hora,

el más joven de los 46 miembros de la Real Academia Española.

(Aplausos)

En la Academia en la que Max Aub imaginó que ingresaba

en diciembre de 1956, faltaba Antonio Machado

que no habría muerto en el invierno atroz de 1939...

Y después de eso en Madrid vinieron muchos libros.

"Sefarad", "El viento de la Luna"...

En fin, que después has hecho... "La noche de los tiempos"...

Y cuántas páginas...

De las 50 que te dijo Pere Gimferrer que le quitaras a "Beatus Ille"...

Todas las que han salido...

A "La noche de los tiempos", que es una novela muy larga.

Tremendo. Me da como cargo de conciencia...

¿Sí? Pero... ¿por qué? ¿Por el peso?

Porque digo... mira que si me dejé llevar demasiado por...

por la proliferación, ¿no?

No lo sé. Es siempre...

Nunca sabes...

(RÍE) Siento muchas veces la necesidad de pedir disculpas...

¿Tú tienes algún secreto propósito cuando escribes? ¿Escribes para algo?

No, yo escribo porque me gusta mucho...

y porque me divierto más escribiendo que haciendo otras cosas.

Pero también por eso, por la búsqueda esa,

que para mí ha sido una revelación desde que empecé a publicar,

el lector desconocido. Por encontrar al lector desconocido. Siempre.

"Antonio Muñoz Molina...

necesita pocas presentaciones como generalmente ocurre...".

-"El escritor académico Antonio Muñoz Molina

nació en Úbeda en lo que sus padres llamaban

el cuarto de la vida, una buhardilla...".

-"Uno de los mejores escritores de este país,

miembro de la Real Academia Española, premio Nacional de Literatura...".

-"Prepara la donación de su archivo personal

para que se conserve su legado...".

-"'El invierno en Lisboa',

'El jinete polaco', 'Los misterios de Madrid'...".

-"Ha cosechado casi 30 años de éxito...".

-"Premio de las Letras, don Antonio Muñoz Molina,

buenos días, señor premiado. Enhorabuena".

Lo que el lector debe notar, lo que el lector debe ser,

es conmovido por una historia.

La técnica es un arma, una trampa, una argucia que se utiliza,

que está bien utilizar, pero que no puede convertirse en el...

en un mérito explicito.

Como en las primeras novelas hay periodos oracionales muy largos

y ha ido, de alguna forma,

escribiendo novelas mucho más concisas

con una forma de escribir más directa. Intentando...

de alguna forma, con menos, decir mucho mas.

Sí, eso lo veo yo...

con los estudiantes de escritura creativa.

Uno de los principales problemas que tiene uno

no es tanto lo que escribe sino lo que no tiene que escribir.

Si tú te pones a dar demasiados detalles sobre una habitación,

o sobre una cara o algo,

hay un momento en que la imaginación del lector...

desconecta.

Porque no sirven.

Porque la lengua no es específica.

La fotografía es específica. Una cámara de cine es específica.

Ahí están los detalles.

Pero las palabras no son específicas

porque tienes que elegir un detalle significativo.

Uno, o dos como máximo.

Y luego el lector lo pone todo.

El modo, por ejemplo,

en que Borges describe a Beatriz Viterbo en "El Aleph"...

"Beatriz era alta, grácil, ligeramente inclinada..."

Es que no dice nada.

Es que no dice nada.

(Música suave)

Hay un aspecto muy interesante en tus novelas y es que...

por ejemplo, los colores, nunca son colores puros, ¿no?

Siempre... algo es casi negro. Todo son valores aproximados.

Es la utilización de palabras que tú haces como...

"casi", "como" o incluso del verbo "parecer".

Quizá tiene que ver con la idea de que no podemos tener

un conocimiento... completo de las cosas.

En el fondo la novela, la novela como arte,

lo que plantea muchas veces es un problema cognitivo, ¿no?

¿Qué se puede saber?

Y además me gusta ver... Me gusta que en la novela o...

se vea el propio proceso.

La gran diferencia entre el arte moderno y el arte clásico

es que en el arte moderno tú ves el proceso.

O en la música jazz,

que estás asistiendo siempre al proceso de invención.

No estás asistiendo a la ejecución de una obra completa que preexistía.

Estás asistiendo al proceso de creación.

Y cuando tú lees por ejemplo a Cervantes, o lees a Onetti,

y muchas veces a Borges y todos esos o a Foster,

muchas veces lo que estás viendo... O a Joyce..., en "Ulises"...

tienes la sensación de que estás viendo la frase hacerse.

Las estás viendo hacerse.

(Música suave)

En mi caso yo creo que lo que se repite casi siempre es...

el sentido del choque, es decir, del sentido de la confluencia

entre cosas que de entrada eran muy distintas, es decir,

campos de experiencia o imágenes o ideas

que parecían muy separadas entre sí,

de pronto parece que cristalizan en una sola cosa.

Hay una frase de Pessoa

en el "Libro del desasosiego" que es extraordinaria.

Dice: "Todo comienzo es inesperado".

Entonces a mí lo que me pasa con mucha frecuencia es que tengo

un proyecto en el que estoy trabajando

que tiene mucha...

Que lleva mucho elaborado y todo eso

y entonces llega un momento en que se produce un quiebro

y todo eso que tengo elaborado o no sirve o cambia de dirección.

Sin que tú lo hayas previsto, sin que haya plan...

Siempre es una cosa inesperada.

Eso se parece también

a un momento en que uno cuando está tanteando la escritura,

en el que muchos elementos que estaban dispersos por ahí

cobran forma repentina.

Ese momento que es que podemos llamar de la inspiración.

A mí me gusta mucho verlo,

enterarme de cómo han sido esos momentos para gente distinta.

Hay un momento extraordinario que es cuando Wagner

de pronto encuentra...

Al despertarse por la mañana de pronto encuentra

el acorde del principio de "El anillo del Nibelungo"

que va a generar

toda la música de "El anillo del Nibelungo".

Toda la música, las 15 horas de música

están generadas por ese primer acorde.

Y ese acorde de pronto le dio unidad

a todo el proyecto que él tenía,

que era una cosa asombrosa.

Eso psicológicamente,

dejando aparte su interés literario o artístico

eso es una cosa muy muy llamativa.

Y está en el centro del proceso creativo.

Muchas veces yo creo que cuando se estudia la literatura

no se tiene en cuenta eso.

Se niega el talento individual y el momento de revelación solitaria.

Se niega el hecho de que el libro lo escribe una persona

y que el libro no estaba destinado a existir.

La literatura de ficción crea modelos del mundo

que sirven para interpretarlo igual que la ciencia,

otro tipo de interpretación

que sin conocer el mundo,

sin conocer la realidad no podemos tomar decisiones sobre la realidad.

Entonces, la Humanidades son una parte del equipaje

que necesitamos para comprender y aparte de eso

son una parte del equipaje que tenemos para ser felices,

para poder vivir,

para desarrollar nuestras mejores capacidades de cada uno.

Y todo el mundo tiene posibilidades de algo,

de algo extraordinario, de algo satisfactorio para sí mismo

y de algo útil para la comunidad.

Todo el mundo tiene esas posibilidades.

Y que lo que ahora damos por supuesto hace nada no existía.

Esto está lleno de mujeres.

En Arabia Saudí apenas pueden conducir.

Para eso nos sirve.

Para saber que esto no ha existido siempre

y como no ha existido siempre, pues puede dejar de existir.

Yo creo que uno de los problemas de la democracia española

es que no ha creado conscientemente una cultura democrática.

Y una parte de la cultura democrática

es la reverencia pública por el conocimiento.

Porque no puede haber ciudadanía ignorante.

Un ciudadano no puede ser ignorante.

Y de hecho la educación pública, la escuela pública,

se funda justo cuando se fundan los sistemas democráticos.

No se funda antes.

Porque en un sistema absolutista,

en un sistema controlado por la Iglesia,

no hace ninguna falta que la gente sepa leer y escribir.

Entonces esa conversión de España en una sociedad inculta

ha sido y es uno de los problemas más graves que tenemos.

(GRITAN) ¡Tontos! ¡Mediocres!

-Una sociedad seguro muy superficial

en la que parece que lo que se valora es lo efímero

y probablemente lo que se hayan perdido son ciertos valores

de la intelectualidad o valores de la educación

y valores de la cultura, de la importancia de la cultura.

Y eso se junta a algo que hemos hablado otras veces

que es la falta de consideración que hay en España

hacia los trabajos relacionados con la inteligencia

o hacia los trabajos artísticos.

Y además ahí se juntan los presuntamente más radicales

de izquierdas con los intereses comerciales más oscuros.

El radical que dice que los derechos de autor son un robo

está en perfecta sintonía con multinacionales

que dominan el mundo, que no pagan impuestos,

que se ríen de los estados.

Eso es muy triste,

pero no hay más remedio que seguir defendiéndolo.

Sobre todo, porque no se trata de defender la creatividad,

que es una cosa abstracta,

sino que se trata de defender el trabajo

y la forma de vida de mucha gente.

(Música)

Los que tenemos cierta edad sabemos

que las cosas no han sido siempre así

y sabemos que no son así en la mayor parte del mundo.

Los derechos no son un privilegio de nacimiento,

los derechos son cosas que se conquistan y se conservan.

Hay que conservar la democracia

y hay que conservar el Estado de bienestar,

la educación pública y la sanidad pública

y la igualdad ante la ley,

porque da la casualidad que eso no es natural.

Sé lo que es no tener libertad de expresión

y me da mucha rabia al ver cómo la libertad de expresión

nos la hemos limitado nosotros mismos.

"Si mi oficio es mirar el mundo para poder contarlo,

¿cómo es que no me fijé en lo que sucedía,

en lo que tenía delante de los ojos?

Lo que se publicaba en el periódico que yo compraba

y creía leer fielmente cada mañana cuando estaba en España.

Algo intuía, pero no lo suficiente ni mucho menos.

Me fijaba demasiado en la superficie política y psicológica del delirio

como para reparar en lo que hubiera debido saltarme a la vista,

la cualidad delirante de la economía misma".

A mí me hace mucha gracia cuando en una sociedad democrática

se dice que un escritor tiene mucha valentía.

No, donde hay que tener valentía es en una sociedad totalitaria.

Porque valentía es que haciendo lo que tú haces

corras el peligro de que la Policía vaya a tu casa y te encierre.

O valentía es, o era hasta hace muy poco,

en el País Vasco decir que se está abiertamente contra el terrorismo

y te podían pegar un tiro. Eso es valentía.

Todo lo demás no es valentía.

Todo lo demás es vida democrática normal.

Hoy en día los valores de la sociedad española

son valores puramente europeos y son europeos,

porque me refiero, por ejemplo,

a cuestiones como la posición de la figura de la mujer,

las posibilidades que tiene hoy en día una mujer profesional para...

Y es cierto que eso es muy palpable.

Es muy palpable en gente de tu generación que yo conozco

y que además se siente muy identificados con tu literatura,

porque esa evolución personal que tú reflejas bien en muchos libros

pero por otra parte, notas que son personas anacrónicas,

que no es tu caso.

Yo cada vez estoy más convencido de que las grandes revoluciones

son revoluciones que ocurren, que empiezan,

en el ámbito de lo particular.

Son revoluciones de actitud.

La revolución, por ejemplo, la revolución democrática europea

de la igualdad de las mujeres ha sido una revolución

que ha sucedido y que sucede en ámbitos particulares.

Cuando yo era niño y yo era adolescente

a nadie que yo conociera, a nadie,

se le ocurría que la mujer y el hombre eran iguales.

Pero a nadie.

Es decir, que no.

Y los que éramos de izquierdas tampoco.

Yo a los 20 años llegaba a mi casa en Úbeda

con mi maleta cargada de libros revolucionarios.

Y yo estaba allí leyendo el manifiesto comunista,

me levantaba y por supuesto yo no hacía la cama.

Entonces había escupideras, yo no retiraba la escupidera.

Es que es repugnante ahora que lo piensas.

Fíjate que el ecologismo y el feminismo han tenido

una virtud extraordinaria que ha sido que han forzado a llevar

las convicciones a la vida diaria.

Tú tienes que... Que ponerlo en práctica.

Tú tienes que ponerlo en práctica.

Y tienes que ponerlo en práctica

y tienes que aprender a poner en práctica cosas que son pequeñas

y que tienen que convertirse en hábito.

El hecho de que ya no se pueden llevar dobles vidas.

¿Has escrito ya la novela

por la que vas a ser recordado siempre?

A mí pensar en eso me va a dar mucho miedo.

No me gusta, no me gusta esa cosa de decir:

"No, es que él escribió su gran novela y luego tal...".

Eso no quiero pensarlo.

¿Cómo quieres ser considerado?

¿Qué tipo de escritor? ¿Cómo quieres ser visto?

Porque hemos hablado muchas veces de escritores que se convierten

casi en embajadores internacionales. Nunca me he visto como un escritor.

Un ciudadano que escribe, un particular.

No quiero ser un escritor representativo

de mi época ni de mi país ni de mi origen...

Quiero ser un escritor.

Sin embargo, tú podías haber sido... Podías elegir ser otra cosa,

porque te han dado dos veces el premio nacional,

el Príncipe de Asturias, que tiene mucho protocolo.

Podrías haber sido o podrías elegir ser un tipo de escritor

como más rodeado siempre de personas célebres e importantes.

Pero es que a mí lo que me gusta en la vida

son unas cuantas cosas muy sencillas.

A ver, vamos a...

Me gusta hacer mi trabajo,

me gusta vivir mi vida amorosa y familiar.

Me gusta estar contigo, me gusta estar con nuestro hijo,

me gusta estar con unos cuantos amigos.

Me gusta poder ir a escuchar música.

Me gusta dar paseos en bicicleta.

Me gusta el oficio,

me gusta sentarme en la biblioteca pública, como tú sabes,

y sentarme en una mesa en la que hay gente, hay barullo y todo eso,

y sentarme ahí a escribir o a consultar cosas.

Eso es lo que a mí me gusta.

Todo lo demás,

la dimensión pública, la pompa, todo eso, todo lo demás...

me da mucho por culo.

Cuando bucea en ese niño,

en ese joven que se crió aquí en el barrio,

que soñaba con escribir...

¿Has conseguido ese sueño hoy por hoy cuando echas la vista atrás?

Yo nunca soñé tanto.

(Risas)

Los sueños son graduales.

Tú quieres escribir.

El primer sueño que tienes es que quieres escribir un libro.

Luego lo escribes, lo estás escribiendo

y ahora quieres publicarlo.

Cuando lo publicas, quieres que tenga lectores.

Es una cosa gradual.

Igual que hay una cosa

que me parece muy digna de agradecer

que es eso que dicen de que nadie es profeta en su tierra y todo eso.

Una de las cosas que más me caldean por dentro,

que más alegría me dan por dentro,

es ver el cariño que recibo cuando vengo aquí.

El modo en que esa lealtad que yo tengo hacia este sitio

y hacia mi memoria y hacia la gente que he querido aquí,

esa lealtad es correspondida.

(Música suave)

¿Y cómo quieres que te llegue el reconocimiento?

Yo tengo el reconocimiento que...

Tengo mucho más reconocimiento que el que esperé tener nunca.

Yo creo que es un pecado

al que nadie es insensible, del que nadie está libre.

Es un pecado no conformarse con lo que uno...

Quiero decir que cómo quieres que te llegue:

en forma de buenas críticas,

en forma de buenas cartas de lectores,

en forma de cariño, de afecto...

Bueno, todo se junta.

Sobre todo las reacciones de los lectores

o cierto reconocimiento crítico en cierto sitio

que a mí me parece muy respetable.

Ese tipo de cosas.

Y por supuesto, yo quiero tener lectores, claro.

No quiero...

¿Cuantos más, mejor?

Sí, sinceramente.

No necesito tener millones de lectores,

pero sí me gusta tener lectores.

(Música)

Yo creo que la diferencia entre escribir bien

y escribir demasiado bien es mínima.

¿Y tú no quieres escribir demasiado bien?

No.

De todas formas...

tienes que reconocer tu talento o tu don para la escritura.

Yo lo que quiero es... No lo sé.

Lo que quiero es...

hacer algo que de verdad esté bien, pero bueno.

Pero sabes que tienes talento para escribir.

Tengo facilidad.

(Música)

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Imprescindibles - Antonio Muñoz Molina, el oficio de escritor

30 oct 2015

El documental es un retrato del escritor Antonio Muñoz Molina (Jaén, 1956), una de las grandes figuras de la literatura contemporánea en habla hispana. Aborda la trayectoria vital y literaria del autor de El invierno en Lisboa y El jinete polaco, ganador de premios tan prestigiosos como el Príncipe de Asturias de las Letras, el Nacional de Narrativa y el Premio Planeta y miembro de la Real Academia Española.

El prestigioso escritor reside desde hace muchos años entre Madrid y Nueva York. En España está su familia, su tierra, el lugar donde creció y que nunca abandonó; en Nueva York las ilusiones, el anonimato de sus calles y la vida pública sosegada. Allí ha trabajado en la Universidad de Nueva York como profesor de literatura y como director del Cervantes durante dos años . Es uno de los embajadores de nuestro idioma y nuestra literatura.

Rodado entre Madrid, Nueva York y Úbeda, el documental recoge tres extensas conversaciones entre Antonio Muñoz Molina y su esposa, la reputada escritora y articulista Elvira Lindo, su amigo y filólogo Pablo Valdivia, y su hijo y abogado de la propiedad intelectual, Antonio Muñoz Vico. El escritor repasa su infancia en Úbeda, su paso universitario por Madrid, sus veinte años en Granada, y su itinerante vida actual a medio camino entre la capital española y Nueva York.

Muñoz Molina nos explica los motores que impulsan sus proyectos, el proceso creativo y su predisposición a seguir investigando en géneros tan variados como la novela, la poesía y el ensayo.
Por último, y no por ello menos importante, el documental realiza una aproximación al pensamiento político y social de un escritor comprometido y contestatario, siempre dispuesto a alzar la voz ante las múltiples injusticias que asolan nuestro día a día.

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