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Historia de nuestro cine - La semana del asesino - Ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(TOSE)

(Música de radio)

(Ambiente callejero)

Que me toca a mí. -¿Otra vez?

-Mira la raya, la raya. ¿No lo ves?

-¡Oye, tráeme otra frasca! -Enseguida.

(TV) "El ministro, secretario general del movimiento,

y vicepresidente del consejo nacional, señor Fernández Miranda".

-¿Qué juerga tienes preparada para luego?

Pues la de todos los domingos.

Llevaré a la niña al cine, nos daremos un garbeo

y después ya se sabe.

A ver cuándo te buscas a una mujer para casarte.

Que ya va siendo hora. -¡Venga, Rosa!

No te enrolles que hay mucho que hacer.

¿No me oyes o qué? -¡Ya voy, ya voy!

Luego dice que sea amable con el cliente.

Hola. Ya era hora, ¿no?

Hemos acabado muy tarde de comer. Si fuera a buscarte a casa,

no tendría que esperarte tonto. Te lo he dicho mil veces.

Creen que salgo con chicos de mi edad.

No sabes cómo se pondrían

si supieran que salgo con un hombre como tú.

Venga, habla, di qué piensas.

Si te estás aburriendo, dilo.

Pero habla.

A veces pienso que no nos casaremos nunca.

Los hombres de tu edad salen con una chica más joven

para casarse enseguida, pero tú no hablas de eso.

Solo hablas de la fábrica, de tu trabajo...

No de que ganarás más y nos casaremos.

Si quieres romper, dilo.

Paula, yo... Pero yo te quiero, Marcos.

Nos casaremos.

Me darán un puesto mejor en la fábrica.

Confía en mí.

Sí, Marcos, sí.

Estamos muy lejos del metro. ¿Qué hacemos?

Es muy tarde. No te preocupes, cogeremos un taxi.

Mira, por ahí viene uno.

¡Taxi! ¡Taxi!

¡Taxi!

Buenas. Buenas noches.

¡El tercer gol del Madrid! ¡Están chupados!

Pues mira tú qué bien.

(RADIO) "3-0 gana el Real Madrid y ahora vemos ya cómo Miguel Muñoz

va a dar satisfacción a la hinchada,

porque va a dar entrada en el cuadro merengue a Fleitas,

jugador querido y esperado por todos los seguidores del equipo merengue.

Le dice el señor Santana que se retire...".

-Hasta aquí hemos llegado.

Pero ¿qué pasa? ¿Cómo que qué pasa?

¿Que os habéis creído que es mi taxi? Para eso tenéis todo el campo.

Oiga, que con usted no se ha metido nadie.

Es que encima estaría bueno que encima os metierais conmigo.

¿Es que usted nunca ha tenido novia o qué?

¿Qué hacían, jugaban al parchís?

¿Y a usted qué le importa? Mira este.

Tampoco le importa a usted lo que hagamos nosotros.

Es que da la casualidad de que están en mi taxi.

Por favor, Marcos, vámonos, no discutas.

¡Eso, largo! Aún pueden aprovechar la noche.

Si fuera hija mía, te iba a dar yo...

Si aún fuera con un chico de su edad. Vale, ya, vale.

Vamos y métase el taxi por donde le quepa.

Un momento, menos prisas, que aquí el taxímetro marca 23 pesetas.

No pretenderán que encima les haya dado el paseo gratis, ¿no?

Pues habernos llevado donde le dijimos.

Oiga, usted o tú, que ya no sé cómo tratarle.

¿Qué dice, que no piensa pagarme? Ni un céntimo.

Y tráteme de usted, de usted, que aún no hemos comido juntos.

Págale, Marcos, no busques líos. Vamos.

Es un buen consejo, ¿sabes?

A lo mejor te queda un mal recuerdo de esta noche.

Le va a pagar a usted su padre, ¿entiende? Su padre.

¡Bestia! ¡Ahora verás!

Te voy a sacudir todas las bofetadas que no te dio a tiempo tu padre.

¡Marcos!

¡Marcos!

¡Vámonos, rápido!

¿Tú crees? Seguro, un golpe sin importancia.

No me acompañes más. Puede vernos alguien de mi familia.

Tranquila.

A la gente solo se les mata así de fácil en las películas.

¿Me ha quedado alguna señal en la cara?

No.

Menuda bronca me van a echar por llegar tarde.

¿Te voy a buscar mañana al supermercado?

No, no, espérame en la parada del autobús.

Bueno, te esperaré en la parada.

No voy a poder dormir de los nervios.

No seas tonta.

Adiós.

Ven, vamos.

Hola.

¿Qué, paseando al perro? Ya ves, como todas las noches.

Creí que no estaría usted aquí.

Ayer me dijo su muchacha que se iban de vacaciones.

Sí, mis padres se han marchado. Nos hemos quedado solo él y yo.

¿Y usted cómo se ha quedado aquí con este calor?

No me apetecía ir.

Oye, siempre me tratas de usted. ¿Por qué?

Es la costumbre.

Hace tanto tiempo que nos encontramos

cuando saco al perro, que casi se puede decir que somos amigos.

¿Fumas?

Gracias.

Pareces bastante cansado, ¿no?

No, estoy un poco nervioso.

Me voy a dormir, buenas noches. Hasta mañana.

(Sirena)

Marcos, deja eso. El jefe de personal quiere hablarte.

¿A mí? ¿Para qué?

No lo sé, sube y te enterarás.

¿Diga?

Sí, sí, sí.

No, no, eso lo debe resolver control.

Claro, de nada, querido amigo.

Así que...

¿Por dónde íbamos?

-En lo de que la empresa ha decidido.

-¿Y qué ha decidido?

Muy simple.

Muy sencillo.

Diáfano.

Concederte el ascenso.

Porque esta fábrica, lo creas o no, es tan tuya como mía,

como del director general.

Todos la hemos creado.

Todos la hemos aupado.

¿Me sigues?

Me sigues, ¿verdad? Bien.

Bueno, abreviando.

Han llegado las máquinas.

Sí, han llegado.

Pero no, no, no se trata de máquinas como las demás.

No, no, son tan exactas, tan perfectas,

que dirías que los cerebros de cien sabios han sido colocados

en ellas estrujados, ubicados, en sus sitios exactos.

Pero como toda obra perfecta,

la maquinaria necesita un gran mimo, un gran cuidado.

Su mecanismo es tan delicado, tan justo, tan...

¿Cómo diríamos? -Sincronizado.

Tan sincronizado que no se debe poner en manos de una persona cualquiera.

Necesitamos un hombre con gran experiencia.

¿Me sigues?

Bueno, pues esa máquina será tu nuevo jefe.

Juntos podréis realizar una labor interesante,

justa,

competitiva.

¿Cómo diríamos? -Sincronizada.

-Eso, sincronizada. Gracias, hija.

Y es que no solo hemos tenido en cuenta los 15 años

que llevas al servicio de la empresa,

sino que a esto hemos aunado el siempre presente recuerdo

de aquella gran operaria que fue tu madre.

Tu madre...

Toda una vida de completa dedicación a esta sociedad

hasta que aquel desgraciado, imprevisible accidente quemó su vida.

Es cierto que la empresa en su día

no solo abonó lo que prevé para tales casos

el sindicato vertical del gremio,

sino que abonó por su cuenta una espléndida indemnización,

e incluso pagó la inserción de una esquela de cuarto de página

en el diario "ABC".

Hala, hijo, a la máquina.

Y que nadie tenga que decir que no eres digno de ella.

Que pase otro.

Marcos, ¿qué pasa? ¿Viene algo?

No, no viene nada. No me engañes.

Sí, sí viene.

Le he matado.

Te ibas a enterar de todas formas.

Si él llega a acertarme con el rodillazo,

a lo mejor era yo el muerto.

Además, cuando vi que te pegaba, no pude contenerme.

Anda, no llores.

Venga, vámonos.

¿Dónde me llevas? A mi casa.

Es el único sitio donde podemos hablar tranquilamente.

¿Y tu hermano? Anda con el camión.

No viene hasta pasado mañana.

Hemos venido para hablar.

Deja de dar vueltas a ese paquete. ¿Qué es eso?

Son bolsas de plástico para el cubo de la basura.

Me las encargó mi madre.

Ya.

Tengo miedo, Marcos.

¿Miedo de qué?

Nadie sabe que cogimos ese taxi.

Nadie nos vio.

Acabarán enterándose. Por mí, no.

Pero si tú sigues poniendo esa cara, acabará enterándose todo el mundo.

No seas tonta.

Confía en mí.

¿No nos pasará nada de verdad?

Nada.

(Reloj)

¿Quieres fumar?

Todavía piensas en aquello.

¿Lloras por eso?

Lloras por esto.

¿Ves como eres una niña?

(Reloj)

¿Por qué no le contamos todo a la Policía?

¿El qué? ¿Lo que acabamos de hacer?

No te hagas encima el gracioso.

De veras, Marcos, vamos a la comisaría.

Hemos quedado en que me vas a dejar hacer todo a mí.

Sí, pero, después de eso,

debemos hacer todo juntos.

Nadie irá a la Policía.

Pero les podemos contar cómo pasó.

Que te pegó y que me pegó a mí.

No creerán nada.

¿Y tu familia?

Ni siquiera saben que sales con un hombre de mi edad.

Pero hay que decírselo.

Porque tú te querrás casar conmigo, ¿verdad?

Pues claro que sí, tonta.

Pues vamos a la Policía. ¡No seas imbécil!

Si vamos a la Policía, lo vamos a estropear todo.

¿Sabes qué hora es?

Cerca de las diez, se ha hecho muy tarde.

Ya verás como mañana piensas de otra manera.

Seguiré pensando igual. Y yo también.

No quiero que me encierren.

Si tú no quieres, iré yo sola.

¡Pero qué vas a ir! Cada vez te muestras más cría.

Tú acabas de conseguir que deje de ser una niña.

Mira, Paula, aunque es muy tarde ya, vamos a volver a casa.

Tenemos que seguir hablando, vamos.

Podemos hablar todo lo que quieras.

Pero no me vas a hacer cambiar de opinión.

Por lo menos escúchame, ¿no?

Yo no soy un chico de tu edad, ¿entiendes?

Y cuando digo que no es que no.

Eso es lo malo, si fueras joven, le echarías más valor.

¡Pues haber elegido mejor! ¡Sobran chavales por ahí!

¡Que me haces daño, déjame! Pero no te das cuenta, Paula.

Si vamos a la comisaría, si me llevan a la cárcel,

cuando me suelten, seré un viejo.

Cuánto miedo tienes de ir a la cárcel.

Y tú parece que lo estás deseando.

No, pero no quiero pasar la vida teniendo miedo.

No tienes por qué tener miedo.

Confía en mí.

¿Que confíe en ti? Claro.

El hombre maduro, fuerte, seguro... (RÍE)

¿Sabes lo que eres? Un fracasado lleno de miedo.

No sé por qué tienes tanto miedo a la cárcel.

Total, solo para vivir en esta chabola

y seguir toda tu vida siendo un obrero.

¿Eso es lo que piensas?

Sí.

Entonces vete a la Policía o vete donde quieras.

Marcos... No.

No me salgas ahora con eso de que a pesar de todo me quieres.

No sería verdad.

(Reloj)

(Música de tensión)

¿Así que tú eres el hijo de la Juana? Sí, ¿la conocía usted?

¿Que si la conocía?

Yo estaba cerca de ella el día del accidente.

Mira, un momento antes, estaba tan normal.

Tan frescachona.

Y de pronto...

se convirtió en una antorcha humana.

Y cómo corría.

Corría no, ¡volaba!

Tropezó con un taburete y el taburete se quemó.

Se agarró a una estantería

y la estantería parecía un leño ardiendo.

Y menos mal que no llegó a las garrafas de ácido porque si no,

la fábrica se va a hacer gárgaras.

Y no quieras ver tú cómo chillaba.

Chillaba no, ¡aullaba!

Cómo sería,

que los de la nave de al lado, al oírla,

creyeron que era la sirena de la fábrica y dejaron de trabajar.

Y olía...

Madre, si olía.

Cómo sería,

que al cabo de un mes, en aquella sala, aún olía a tu madre.

Es mejor olvidar esas cosas. Sí, vamos a dejarlo.

Bueno, esta es la máquina.

¿Qué te parece?

Parece complicada. ¿Complicada?

¡Si no hay que hacer nada!

¡Ella lo hace todo!

Mira.

Cada cinco minutos,

tienes que echar una carga por la tolva.

La máquina hace el resto.

Cuece,

tritura,

y finalmente convierte todo en pulpa.

Bastante fácil. Y eso es todo.

Ya ves.

Si en aquellos tiempos hubiéramos tenido máquinas así,

estaría la Juana vivita y coleando.

Ay.

Bueno, ya sabes,

cuando quieras echar un parrafito sobre tu madre, me buscas.

Por mí, encantado.

(SILBA)

Hola, Esteban.

Hola, Marcos.

Me han fastidiado bien, macho.

Al final se ha estropeado el viaje a Burgos.

Por eso he venido un día antes.

¿Has cenado? No.

¿Hay algo fresco para beber? No queda nada, ni siquiera vino.

Bueno, pues vamos a la tasca de Rosa.

He estado seis horas sin bajar del camión.

Y como se empeñó en tener un regalo de pedida,

la he comprado un reloj de pulsera que me ha costado 2000 calás.

Así que entre eso y los gastos de la boda,

no me he podido comer una rosca.

Claro, a partir de ahora se te han acabado las juergas.

¡Ahí va! Será por lo mucho que te diviertes de soltero.

De la fábrica a la casa y de la casa a la fábrica.

Hombre, cada uno se divierte como puede.

Calla, calla, que eres un tipo más raro.

Parece mentira que yo sea tu hermano.

-Toma, el seis para que te doble.

-¿Muchos días por aquí, Esteban? -Pocos.

Me caso la semana que viene.

Y tendré que ir a correrla por Levante.

-Es cierto, la Carmen me dijo algo de eso.

Trátamela bien, que es una buena chica.

No me la asustes. -Esa no se asusta de nada.

-Vaya, a ver si el que te vas a asustar eres tú.

-Oye, ¿os podría dejar el camión en el cobertizo?

-¿No te lo llevas? -Si, ya.

Y a pasar la noche de bodas en la cabina, ¿no?

-Pues mira así la Carmen no se echaría a correr.

-Oye, Rosa.

¿Qué das a mi hermana para que esté tan mustio?

-¿Qué le voy a dar? Nada.

-Quiero decir de comer, claro. -Ah, bueno.

-¿Te pasa algo?

Sí. Venga.

Pues suéltalo, hombre. Para algo somos hermanos, ¿no?

Se trata de mi novia.

La novia, ¿eh?

Pues ya eres mayorcito para ser tan torpe.

No, no es eso.

Es algo más complicado. Venga, hombre, pues cuéntamelo.

Vamos para casa, allí hablaremos mejor.

Oye, Rosa. -Ya va.

-Luego vuelvo.

¿Echa la partida esta noche el Agustín?

-El Agustín se pone a roncar apenas da de comer a la gente.

Pero vente si quieres, podemos jugar tú y yo.

-¿Al mus o la oca?

Y tiro porque me toca.

¿Pero tú estás loco?

¿Qué pasó, que no se dejaba o qué? Podías haberte aguantado.

No, no es eso. No fue así.

Ya, quisiste darle miedo y se te fue la mano.

Si te hubieras traído a la Rosa,

no habría pasado nada.

¡Y hubieras comido gratis toda tu vida!

Luego te lo contaré todo, pero hay que hacer algo.

Tienes que ayudarme.

Iremos a la Policía los dos juntos.

Inventaremos cualquier cosa. No, no, no quiero ir a la Policía.

Podemos meterla en el camión y luego...

Pero ¿tú estás chalado? De eso nada.

No quiero ver a los grises rondando por aquí.

¿Tú qué crees, que no van a buscar a la chica?

Pero tú, tú no querrás que me metan en la cárcel.

Tú...

Si ya, y en cambio a ti no te importa que eche a rodar la entrada del piso

que he pagado, la boda y todo lo demás.

Pero, Esteban, si no me ayudas tú, ¿quién me va a ayudar?

Marcos.

Estás enredado en un buen lío y en estos casos,

no hay más remedio que dar la cara.

No iré.

Nunca se me ha pasado por la cabeza ponerte las manos encima,

pero te voy a llevar a la comisaría aunque tenga que hacerlo a rastras.

Si quieres que vaya, iré.

No hace falta que nos peguemos tú y yo.

Venga, Marcos.

Cuanto más tiempo pase, peor.

(Música romántica)

Son de Paula.

Se engancharon aquí cuando llevaba su cadáver.

No pienses más en eso.

Lo importante es que lo cuentes todo lo antes posible.

Sí.

Mira, Marcos, sería una tontería que ahora te pusieras a llorar.

(Música)

¿Acabaste ya el trabajo? Sí, ahora salgo de la fábrica.

Debe oler alguna perra.

¿No conoces a nadie que tenga una hembra de bóxer?

No, por aquí lo que hay son perros callejeros.

No valen, ha de ser otra bóxer.

Pues este no es muy guapo que digamos.

Tienes razón.

Me parece que esta noche le dejaré suelto y que haga lo que pueda.

Ten cuidado, no te lo vayan a comer.

Los perros por aquí andan muertos de hambre.

No hay miedo, siempre es más fuerte un animal bien alimentado.

Bueno, eso nunca se sabe.

No hay cosa que dé más fuerza que el hambre.

No me seas demagogo.

¿Que no sea qué?

Nada, hombre, nada, no te enfades.

No es un insulto. Hasta luego. Adiós.

Llevo una hora aquí de plantón. ¿Dónde se ha metido tu hermano?

Todavía no ha regresado. ¿Que no ha regresado de dónde?

Ayer me telefoneó diciendo que estaba a punto de llegar.

Bueno, del viaje sí ha vuelto, pero salió a hacer unos recados.

Es el colmo, no me ha llamado en todo el día.

Falta menos de una semana para la boda

y aún nos queda un montón que arreglar.

Venga, Carmen, no te pongas nerviosa.

¿Quieres entrar? Hombre.

Si te parece, me quedo aquí esperando.

Porque supongo que no tardará mucho.

Van a ser las 10.

¿Dónde se habrá metido este golfo?

Pues yo no me voy de aquí hasta que vuelva ¡y me va a oír!

Oye, tenéis la casa sucísima.

Huele fatal.

Lo malo es que mi padre me estará esperando para cenar.

Pues que se vaya acostumbrando a cenar solo.

En cuanto te cases... ¡Uy! No lo sabes bien.

Todavía no se ha hecho a la idea de que me voy a casar.

No acaba de resignarse.

Claro, que se va a quedar tan solo... Si se te hace tarde, vete a casa.

En cuanto llegue Esteban, le diré que te llame.

El muy gamberro.

Menuda despedida de soltero se debe estar corriendo.

La verdad, si una no estuviera tan enamorada...

Menuda alhaja me llevo.

Oye, Marcos, ¿sabes si me ha traído el regalo que me prometió?

Pues...

Pues no.

¿Qué era? Un reloj de pulsera.

Seguro que lo tiene en su cuarto, voy a ver.

No, no, no entres en el cuarto.

Pero, hombre...

¿Qué te ocurre?

Ah, bueno, quiere darme una sorpresa.

Qué tonto es...

a pesar de lo bestia que parece.

Anda, déjame ver. Te he dicho que no entres.

Bueno, bueno.

No te pongas así.

Qué fiel eres con los secretos de tu hermanito.

Perdona, Carmen, verás, es que...

Él me lo dijo, quiere darte una sorpresa

y para qué vamos a estropearle la ilusión.

Bueno, bueno, bueno.

Uy, qué dolor de cabeza me está entrando.

¿No tienes por ahí una aspirina?

Pues no sé, creo que habrá alguna en la cocina.

Anda, Marcos, sé bueno.

Tráeme un vaso de agua y mira a ver si das con la aspirina.

¿De verdad quieres que vaya a por la aspirina?

Sí, me duele mucho la cabeza.

Como quieras.

(Música de tensión)

Aquí tienes el vaso de agua.

Créeme que lo siento, Carmen, pero...

no he encontrado la aspirina.

De verdad que lo siento.

Toma el agua.

(Ladridos)

¿Qué hay? ¿Tomando el fresco?

Pues sí.

¿Acabaste ya con esa chica?

Anda, pillín.

Que vi que te estaba esperando una chica cuando venías hacia casa.

Y estaba bastante bien.

A ver si me la presentas.

No, no, no, no es lo que tú crees.

Además, se acaba de ir.

Por eso estás tú tan cansado.

Sí, debe ser el calor, no sé, el calor.

Hace una noche horrible.

¿Sabes una cosa?

He soltado al perro.

Lo voy a dejar dos horas alternando.

¿Te apetece dar una vuelta?

No...

Es muy tarde ya.

Venga, hombre.

¿No vas a hacerme esperar a que Trotsky vuelva?

Es curioso.

Durante mucho tiempo nos hemos visto cada noche

y ni siquiera sabemos nuestros nombres.

Yo me llamo Néstor ¿y tú?

Marcos.

Pues ya nos conocemos un poco más.

¿Qué interés puedes tener en conocer a alguien como yo?

Tú tendrás amigos de tu edad, gente importante.

La gente importante es muy aburrida.

Siempre tienes soluciones para todo.

Debe de ser estupendo eso de tener soluciones para todo.

¿Sabes una cosa?

Vas a pensar que soy tonto, pero...

en medio de tanta oscuridad me está entrando miedo.

¿Miedo?

¿Por qué? No sé, es fácil tener miedo.

Sobre todo de noche.

Ya te dije que me ibas a tomar por tonto.

Mira, detrás de la explanada hay un puesto de refrescos.

Vamos allá, tengo la boca seca.

Estoy pensando que somos dos tipos raros.

¿Sí?

¿Por qué?

Es evidente.

Yo debería estar, como tú decías, con gente de mi edad.

Bailando en una discoteca,

pasando el verano en Torremolinos

y corriendo por las autopistas a 140.

Y tú deberías estar casado...

con una mujer que empiece a ponerse llenita, un par de críos,

pendiente de pagar la letra de la lavadora...

y con la ilusión de que algún día podrás comprar un 600.

Es curioso.

Sin saber por qué, de pronto,

me da la impresión de que todas mis preocupaciones,

pues no sé...

que han desaparecido como...

cuando uno despierta de un sueño...

y se pone contento porque...

Porque todo aquello tan horrible es mentira y...

que no ha pasado nada

y se pone a desayunar tan tranquilo.

Tienes razón.

Somos dos tipos bastante raros.

Tengo un amigo con mucha barba y gafas muy gruesas

que diría que tú y yo somos dos desclasados.

¿Cómo? ¿Dos qué?

Nada.

Líos de intelectuales.

Policía.

Documentación, por favor.

Sí, sí, enseguida.

Me gusta tu casa, quedan pocas así.

A mí no.

Entonces, ¿por qué vives aquí?

Me han dicho que casi todos los que vivían en estas casas

se han ido a esas colonias que han construido allí atrás.

Algún día lo harán aquí también y me tendré que ir.

Es una pena.

Por cierto, me tienes que enseñar tu casa por dentro.

Hay muy poco que ver.

Trastos viejos, paredes húmedas y sucias...

Si no la dejo es porque...

está llena de recuerdos.

Entiérralos. ¿Cómo?

Que entierres los recuerdos.

Aquí viene este.

Hola, Trotsky.

¿Te has divertido?

Bueno, me voy.

Es muy tarde para mí. Trotsky y yo también nos vamos.

Hasta mañana.

Adiós. ¡Oye! Gracias por la compañía.

De nada, hombre, a ti.

(Gallo)

¿Cómo usted a estas horas, señor Ambrosio?

¿Dónde está su hermano?

Ya sabe, con el camión.

Aún no ha vuelto.

Pues ayer la Carmen vino a verle.

Me dijo que ya estaba aquí.

¿Quiere? No.

Qué raro. La Carmen ha debido confundirse.

Mire usted, a ver si nos entendemos.

Ayer mi hija salió de casa a las cinco de la tarde.

Son las seis de la mañana y aún no ha vuelto.

Pues... se habrá entretenido.

Oiga. Cachondeos conmigo no, ¿eh?

A ver si encima va a quedarse conmigo.

Verá...

Su hermano y usted es un espabilado. Pero conmigo no les sirve.

Hombre, van a casarse la semana que viene.

Pues más fácil que me lo pone.

Que más hembra que la Carmen era mi difunta

y yo me aguanté.

Además, que hagan lo que quieran en horas hábiles,

pero a las 11 en punto en casa.

Verá, señor Ambrosio.

¿Quiere fumar?

No, no quiero fumar.

Y conmigo no vacile usted más.

Me va a decir de una vez dónde están la Carmen

y su hermano.

Pues... no lo sé.

Me extraña que no lo sepa.

¿No estarán aquí, en la casa?

Su hermano de usted...

Tiene cara para eso y para mucho más.

¿Cómo se le ocurre pensar que pueden estar aquí?

Escuche, señor Ambrosio.

Quítese de la puerta. Déjeme entrar.

No.

Ya...

La Carmen sabe que al casarse me voy a quedar más solo que la una.

Pero no debió importarle mucho, cuando no ha sabido esperar

los días que le quedan, la muy...

Hombre, que no es para tanto.

¡Ay! Si mi difunta levantara la cabeza.

Si yo tuviera diez años menos

no me impediría entrar en ese cuarto.

Iban a saber usted y el Esteban quién soy yo.

Pero cuidado...

Esto no se va a quedar así.

¡Señor Ambrosio!

¿Qué pasa?

Bueno, pase usted si quiere al cuarto.

A ver si así...

se tranquiliza.

(Zumbido)

¿Qué?

¿Os da vergüenza mirarme a la cara?

(Tren)

(Música de suspense)

"Iniciamos nuestro programa con simpatía, buen humor

y música alegre en la mañana".

(Pasodoble)

(Ruido de motores)

(Despertador)

Hoy hay poca cosa.

Es que a la gente le ha dado por no comer carne esta semana.

Bueno, tampoco el perro come como un tigre.

Buenos días. Un café con leche.

Ahora va, Marcos.

¿Qué, al trabajo? Pues sí.

Oye, no sabía que tú también madrugaras tanto.

No, no estoy madrugando. Estoy trasnochando.

Aún no me he acostado. Gracias.

¿De juerga? No.

Me he pasado la noche escribiendo.

¿A quién, a tus padres? No...

Escribo un guión para cine.

Es muy divertido.

¿Haces películas?

Bueno... A lo mejor algún día hago una.

No sé. Tal vez cuando herede.

Bueno, me tengo que marchar.

Rosa, aquí tienes. Vale, vale...

A ver si se te ve más el pelo por aquí, majo.

¿Haces deporte?

Sí, voy al gimnasio.

Pesa mucho, ¿eh? ¿Te dedicas a levantar piedras?

No, es que he metido las cosas del trabajo.

Hasta luego.

Cualquier día te acompaño a hacer deporte.

Eso endurece los huesos.

Trotsky, no te pongas pesado.

Me voy, que llego tarde.

¿Nos veremos luego, no?

Es posible, hasta luego.

Quieto...

Gracias.

¿Y usted?

Quiero de eso que se echa para que huela bien una casa.

Lo que echan en los cines. Un purificador de ambiente.

Eso.

Deme seis.

Los hay de varias clases y tamaños.

Pero este lo tenemos muy ajustado de precio

y huele a pinos que da gloria.

¿Alguna cosita más? Colonia.

¿De qué clase?

De una que huela mucho.

Ya.

En colonias hay más variedad.

Pero tengo una muy fresca, muy perfumada

y de fuerte graduación.

Ponga diez frascos.

¿Cómo? ¿Diez?

¡Jesús! Ni que fuera a perfumar un cuartel.

No, así no.

Huela.

¿Le agrada?

Se llama "Aromas del Harén". ¿Vale?

Sí.

¿Alguna cosita más? No, nada más.

Su esposa se va a poner muy contenta.

Porque va a tener colonia para una larga temporada.

No estoy casado.

Ah, ¿no? Pues hace usted muy requetebién.

Además, le advierto, que esta colonia la puede utilizar

también un caballero sin el menor reparo.

¿Qué le debo?

500 pesetitas justas.

Gracias y a mandar.

¿No se lleva usted los cuponcitos?

(Grillos)

Vamos, largo.

¡Fuera de aquí! ¡Fuera!

¡Fuera!

¡Fuera de aquí!

(Maullidos)

¿Vienes a cenar?

Sí, pero es igual.

Tomaré un bocadillo en cualquier parte.

Espera, yo tampoco he cenado.

Anda, ven.

¿Te has quedado bien?

¿Y el Agustín?

Roncando como siempre.

¿Y tu hermano? ¿Dónde se mete?

Ha ido al pueblo.

Tenía que arreglar unos papeles para la boda.

Ya me extrañaba no verlo.

Es curioso. También llevo unos días sin ver a la Carmen

y a su padre.

Claro, ya sabes.

Como la Carmen y su padre viven solos...

Se lo tendrán que hacer todo ellos.

¿Te apetece comer algo más?

No, no tengo más hambre.

Te voy a preparar un vaso de leche con un par de yemas dentro.

De verdad que no. No tengo apetito.

Eso entra sin sentir.

Venga, toma.

Acábatelo, que estos días se te está poniendo muy mala cara.

A saber lo que andarás haciendo.

Vaya.

Perdona, hombre. Ahora mismo lo arreglamos.

Pero si no tiene importancia. Es la ropa de trabajo.

Ya está.

En cuanto se seque, listo.

Gracias por atenderme estando cerrado. ¿Qué te debo?

Nada.

Hoy invita la casa.

Pero Rosa...

No seas tonto. Te he dicho que te invito y ya está.

Gracias, Rosa.

(Motor, claxon)

Hola, ¿te has asustado?

Pues... Francamente, sí.

Perdona, era una broma. ¿Qué haces?

Pues acabo de cenar y me iba a casa.

¿Te apetece darte un baño?

¿Un baño? ¿Dónde?

Conozco una piscina que está abierta hasta la madrugada.

¿Te vienes?

(Música suave)

¡Eh, venga!

Ya hemos llegado.

Me he dormido completamente. No es raro.

Madrugando tanto...

Ya lo creo que es raro.

Debería estar desvelado, sin sueño y...

Me he dormido como un niño.

Si fuera curioso, te preguntaría qué te ocurre...

pero no soy curioso.

Me voy.

Me ha gustado mucho conocer el sitio ese.

Que descanses. Aprovecha las horas de sueño que te quedan.

Hasta mañana.

(Guitarra)

Mira, ahí viene.

¿Haces deporte ahora, macho?

Sí, boxeo.

Míralo. La bolsa es pistonuda.

¿Llevas guantes?

¡Joroba, qué mirado se ha vuelto aquí el veterano!

No te la vamos a estropear.

Anda, saca los guantes y nos calentamos un poco, hombre.

¡Dejaros de bromas que ya es la hora!

¡No seáis críos!

¡Ahí te va!

-¡Venga, cógela!

-Aquí, aquí. ¡Manolo, aquí!

-Toma.

-¡A mí, a mí, arriba!

-¡Toma, que pesa mucho!

-Oye, macho, ¿qué llevas aquí?

No veas lo que pesa esto.

Huele a colonia y a podrido.

¡Toma la bolsa, rico!

Y guárdatela, no te la vayan a quitar.

Nos ha fastidiado con el veterano este.

Desde que le han hecho obrero especializado...

¡Anda ya!

(Sirena)

Bueno, voy a pasear por la nave.

Si no me ven zascandilear por ahí no dan golpe.

-Oye, ¿por qué el obrero de la trituradora

viene todos los días con una bolsa?

-Pues no lo sé.

-Es raro.

-Tú lo que sospechas es que se esté llevando herramientas o algo.

Me extraña. Lleva muchos años en la fábrica.

-Ya. De todas formas no estaría demás que echaras una ojeada.

-Bueno, voy a darme un garbeo.

Todos los objetos que no se utilizan en el trabajo

hay que dejarlos en el vestuario.

No.

La bolsa estaba vacía.

-Pues hay que seguir vigilando.

-¿Ocurre algo raro?

-Pues sí.

Esta máquina trituradora está todavía en prueba.

Y del laboratorio ha venido un informe diciendo que encuentran

un elemento extraño en la mezcla.

-Bueno, seguiremos atentos.

(Guitarra)

¿Marcos?

Ya tienes la mesa.

(Flamenco)

No la dejes enfriar, que esta sopa no es como la de los otros días.

En cuanto se enfría, no sé...

Se pone espesa y uno hay quién la coma.

No te gusta mucho, ¿verdad?

-¿Pero qué le pasa a este?

Tampoco es tan mala como para eso, hombre.

-¿Qué pasa, te encuentras mal?

Me voy. No voy a cenar.

Toma aunque sea unos sexitos rebozados

que tenemos de segundo plato.

Eso lo toman hasta los enfermos.

Mañana, que estaré mejor.

Anda, vete a casa.

Y acuéstate.

(Arcadas)

(Campanas)

Hasta luego.

-¿Dónde vas?

-¿No lo ves? A misa.

-¿A misa?

Pero si tú no has pisado una iglesia desde que murió el Faustino.

-Pues mira, hoy voy a ir, corcho.

Es que hoy hace 8 años que murió mi madre.

Adiós.

-Oye, ¿y el velo?

-¡Anda! Pero si ya no se lleva velo.

-Bueno, pues en cuanto te suelte la bendición te vuelves,

porque no voy a pintar solo los rótulos, cocinar las tapas,

estar...

(Puerta)

¿Quién es?

Abre, Marcos. Soy yo, Rosa.

¿Qué hay, Marcos? ¿Cómo te encuentras?

Bien...

Ya me pasó.

Me alegro. Es que pasaba por aquí y pensé que si seguías peor,

alguien tendría que traerte la comida.

No, no... Ya me encuentro perfectamente.

Me alegro, hombre. ¿No me invitas a entrar?

Bueno...

Si quieres...

¡Hay que ver cómo tiene la casa un hombre que vive solo!

¿Has desayunado?

No. Acabo de despertarme.

Échate otra vez mientras te preparo el desayuno.

Te he traído una ensaimada.

Oye, ¿a qué huele aquí?

¿Huele?

¡Ah, sí, claro que huele!

Es una cañería que se ha reventado.

¿Tienes leche en casa?

Por ahí debe haber algún bote.

Pero échate de una vez.

Si no hace falta, ya me encuentro mejor.

¡No seas tonto!

Preparo más de 100 desayunos todos los días.

Por uno más.

El olor viene de ahí.

A saber la cantidad de porquerías que tendrás metidas en ese cuarto.

El señor tiene su desayuno preparado.

Gracias, Rosa. Eres muy buena.

No. No te levantes. Estás mejor tumbado.

¿No te comes la ensaimada? Luego...

Ahora no tengo ganas.

Ahora me dejarás venir de vez en cuando

para arreglarte todo este desastre.

En una casa es necesaria una mujer.

Ahora mismo te voy a arreglar esa habitación.

De ahí sale un olor que tumba.

No, no... No hagas nada.

Es que no la utilizamos casi y está poco ventilada.

Además, ya te dije que el olor es de una cañería.

No, no, no... No es el olor de una cañería.

Ya verás. Ahora mismo te arreglo la habitación, la limpio

y que entre el aire.

Es que si no vas a coger una infección.

¿Pero es que no lo entiendes?

No quiero que entres ahí.

Bueno, majo, allá tú. Encima...

Perdona, Rosa, pero...

no quisiera que llegaras a sospechar que...

¿Sospechar?

¿Sospechar qué?

(Zumbido)

Perdona, Marcos. Pero tengo que irme.

¡Caray, llevo aquí más de una hora!

No sé qué historia le voy a contar al Agustín.

Es que hoy tenemos mucho trabajo en el bar, como es domingo...

Pues claro, ya se sabe.

No me dejes solo, Rosa.

Sí, ya sé que no huele bien aquí, pero...

Pero mira...

Quitaremos el mal olor.

Solo tú puedes limpiarme esa habitación, ¿comprendes?

Me he alegrado tanto cuando has traído para mí

esa ensaimada.

Nunca desayuno en casa, tú lo sabes.

Y yo, pues... estaba tan contento...

que cuando dijiste que ibas a ayudarme a limpiarlo todo...

¡Mañana!

Sí, sí. Mañana.

Mañana vendré y arreglaré toda la casa.

Es que llevo la ropa de los domingos y podría mancharme.

Mañana volveré y...

¿Ves, ves?

Ya está.

Ya no huele.

Bueno, aún huele un poco, pero muy poco.

Mañana compraré más frascos.

Son muy baratos, ¿sabes? Huelen a pino.

¿Tú no hueles a pino? ¿A pino?

Pero todavía sigue el otro olor.

Muy poco, pero sigue, ¿verdad?

Es muy raro, ¿sabes?

Hay momentos en que no noto que huela mal.

Es como cuando uno trabaja mucho y suda.

El sudor huele, pero uno no lo nota porque lo lleva dentro de sí mismo.

¿Te das cuenta?

Pues con esto ocurre igual.

Y de repente huele...

huele...

huele...

Sí, sí. Lo comprendo.

Hasta luego, Marcos.

¿Vendrás a comer, verdad?

Hoy tenemos una paella riquísima.

¿Por qué has tenido que venir esta mañana, Rosa?

¿Por qué? ¡Marcos!

¡¡Marcos!!

(Conversaciones superpuestas)

(Zumbido)

(Guitarra)

(Batería)

¿Qué le pasa? -Tiene la patita rota.

-Pobre.

-¿Qué podríamos hacer? -Se podría avisar a alguien.

Lo mejor es llamar a un veterinario, ¿no?

-Eso sería estupendo, pero... -A saber si querrán venir.

(Música)

¡Vamos, largo de aquí!

¡Venga, largo!

(Ladridos, gemidos)

¿Qué haces?

No sé.

Te veo muy solo.

Casi siempre lo estoy.

Pero hoy más que nunca.

¿Por qué no entras en tu casa?

No tengo ganas de entrar.

Pues entonces ven a la mía.

¿A la tuya?

¿Por qué no?

Podemos tomar una copa, charlar...

Aburrirnos juntos.

He encerrado al perro, así estaremos más tranquilos.

¿Quieres sifón?

Bueno.

(Televisión)

¿Te gusta el fútbol?

Algo.

"Luis ha centrado.

Tito lo envió a córner. Es el primer córner.

Se cumplen cinco minutos".

Una vista bonita, ¿sabes?

Son unos buenos prismáticos, tienen muchos aumentos.

Mira, ahora estoy viendo tu casa.

La ventana pequeña con su cortina de flores,

el ventanal del saloncito, la claraboya.

Por cierto, te has dejado la luz encendida.

Mira.

Gira la ruedecita hacia los lados para que lo veas bien.

¿Te has fijado?

Se ve todo perfectamente.

"No ha podido aprovechar el envío, porque José Luis...

el defensa izquierdo canario envió fuera, como vieron".

¿Y miras mucho por esos prismáticos? Sí.

Resulta muy excitante.

"El rebote estuvo a punto de ir a parar a su bota.

El rebote del tiro de Filiberto.

Y Luis, que estaba en punta, no ha podido aprovechar el envío.

Porque José Luis envió fuera.

¡Entiérralos!

¡Entiérralos!

¿Te ocurre algo, Marcos?

Pero ¿qué haces?

"Ha introducido el balón en su propia puerta.

Es el segundo gol que marca en la Liga Ugarte.

El extremo derecho".

(SOLLOZA)

Toma.

Lo necesitas.

Y no lo rompas.

¿Te he asustado mucho?

Hombre...

A uno no intentan degollarle todos los días.

Pero tú no tenías miedo...

El miedo se nota...

Se palpa como...

como algo espeso.

Y tú... Tú no tenías miedo.

Sí...

Es curioso, no tenía miedo.

Tal vez ya te lo dije, porque soy un tipo extraño.

O tal vez porque crea que tú no seas un asesino.

Aunque lo más probable es que no me importe demasiado morir.

Es bueno este whisky. No es que yo entienda mucho, pero...

pero me gusta.

¿Qué has visto por esos prismáticos?

¿Qué es lo que sabes de mí?

Poca cosa.

Estás solo.

Estás triste y...

que necesitas ayuda.

Yo quiero ayudarte.

¿Por qué?

¿Por qué? No sé...

¿Es que tiene que haber una razón?

Siempre la hay.

A mí nunca me han ayudado gratis.

¿Nunca? Nunca.

Pues yo sí quisiera ayudarte y gratis.

¿No me crees?

Sí,

te creo.

Me voy.

¿Por qué te vas?

Sí, Néstor. Me voy...

No hace falta que me acompañes hasta la puerta.

Recuerdo el camino.

Gracias por el Whisky...

y gracias por...

por todo.

¿Policía?

He matado a seis personas.

Les espero a la puerta de mi casa.

Tome nota...

de mi dirección.

(Música suave)

(Música)

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Historia de nuestro cine - La semana del asesino

20 may 2015

Elena S. Sánchez y Luis E. Parés presentan la película "La semana del asesino"

 

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