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Historia de nuestro cine - Aventuras del barbero de Sevilla - ver ahora
Transcripción completa

(Música dramática)

Ay, barbero, barbero, barbero...

Fígaro me puso un no sé qué...

Y al nacer un primero de enero

mi padrino quiso ponerme Manuel.

Sevillano, cantor y soltero,

díganme, señores, qué más puedo ser...

Todos vienen a mi barbería,

los unos se quieren pelar, los otros se quieren sangrar,

y yo pelo y hago unas sangrías.

Una barba pongo a remojar...

Lo mismo arranco una muela,

que peino y rizo un tupé.

Que aplico una sanguijuela

a un viejo con bisoñé.

Tengo aquí la mejor clientela

yo he nacido de pie.

Ya lo ves...

Ay, barbero, barbero, barbero...

Fígaro me puso un no sé qué...

Y al nacer un primero de enero

mi padrino quiso ponerme Manuel.

(Bulerías)

Sevillano, cantor y soltero,

díganme, señores, qué más puedo ser...

Todo el mundo me pide consejo,

Fígaro te tengo que hablar, me vas a salvar...

Y con brocha, navaja y espejo

de todos los chismes me llego a enterar.

En busca de mis ungüentos

vienen las damas aquí...

Y yo estoy en mi elemento

porque me buscan a mí.

No me dejan parar un momento,

la fortuna será...

para mí...

Ay, barbero, barbero, barbero...

Fígaro me puso un no sé qué...

Y al nacer un primero de enero

mi padrino me quiso ponerme Manuel.

(Bulerías)

Sevillano, cantor y soltero,

díganme, señores, qué más puedo ser...

Díganme...

¡Muy bien, Fígaro, muy bien!

Gracias.

Ya va, hombre, ya va.

¡Ánimo, hombre!

Si te duele la picada, arrancamos una sana y en paz.

Ahora vas a cantar conmigo.

Venga, por lo flamenco.

Ay, ay, ay, ay, ay...

Pero mucho más fuerte, hombre, más fuerte.

Gracias, Fígaro.

Fígaro, va.

Aféitame. Enseguida.

Denle un sitio al señor. No, aféitame ahora mismo.

¿Ahora mismo?

¿Quién deja el turno a este caballero?

No, no, Fifí, no puede esperar.

Parece que no se animan, tendrá que esperar la vez.

¿Sabes con quién estás hablando?

Sí, con Bartolo Segura. Pero ya sabe mi refrán:

"Siempre afeita el barbero de Sevilla al primero

que se sienta en esta silla".

¡Maldito sacamuelas!

Cuando hablo con un majadero no cedo jamás.

Pues yo sí.

¡Bah!

¡Barbero!

Ay, barbero, barbero, barbero...

Fígaro me puso un no sé qué...

Y al nacer un primero de enero

mi padrino quiso ponerme Manuel.

(Bulerías)

Sevillano, cantor y soltero,

díganme, señores, qué más puedo ser...

Todo el mundo me pide consejo,

Fígaro te tengo que hablar, me vas a salvar...

Y con brocha, navaja y espejo

de todos los chismes me llego a enterar.

En busca de mis ungüentos

vienen las damas aquí...

Cuidado, imbécil, ya me has cortado dos veces.

Perdone, pero esa cancioncilla me pone tan nervioso...

¡Pues cierra la puerta, animal!

La fortuna será... Y la ventana.

para mí...

Tampoco al señor le gusta el canto de Fígaro.

Ese bargante...

Algún día tendrá que vérselas conmigo.

(Llaman a la puerta)

Quien sea que vuelva mañana.

¡Abre o echamos la puerta abajo!

(Llaman con insistencia)

¿Qué es lo que queréis? Que vengas con nosotros.

No. Ya dije la última vez que no volvería más.

Pobre Fígaro, tan joven y... -Ay, cantaba tan bien...

Lo encontraron con dos balas en la barriga.

Y un cuchillo clavado en mitad del corazón.

No somos nadie. -Sí, señor.

Y Fígaro menos que eso todavía.

No me asustáis. Buenas noches.

(Música dramática)

Claro que bien mirado,

con vosotros da gusto hablar.

Tenéis unas razones que...

Ha sido una fiesta maravillosa. Sí, qué fiesta,

qué casa y qué hombre.

Doña Rosa, no son cosas para que las oiga Rosina.

A los 17 años siendo tan atractiva y sin un padre que vele por ella...

Y con una madre tan joven.

Es verdad.

En nuestra casa tiene que haber un hombre.

¿Y qué soy yo? Dígame.

Un tutor.

Opino que Rosina es muy joven para casarse.

Mamá, ¿a qué edad te casaste? ¿A los 15?

Y tu padre tenía 16.

Éramos dos niños.

El matrimonio no es cosa de niños.

Supongo, Rosina, que no habrás pensado todavía...

Oh, sí. ¡Ah! ¿Pero hay alguien?

Oh, no. ¿Cómo "oh, no"?

¿Me dejas ver tu carné de baile?

Mira el mío, tiene nombres hasta en las pastas.

A lo mejor tenemos alguno repetido.

¡Alto...

a las estrellas, al viento y al sol!

Solo por cantar...

¿Oyes, Rosina? Es maravilloso.

Sin ti...

Por los caminos de la sierra voy sin ti...

Niña, no enseño donde voy porque sin ti la libertad

lo más bonito que he tenido no vale ná...

Sin ti...

Por los caminos de la sierra voy sin ti...

Mejor quisiera estar sin vida que sin ti.

La libertad

cuando está así... no vale ná.

Me voy donde se pueda hablar

la calasana que compré en Benamejí.

Benamejí, te tienes que acordar

de aquella serrana que una noche canté así.

Ay, mi serrana...

Por ti...

vivo...

cautivo, rosa temprana...

Ay, eres...

El motivo...

de mis quereres...

Ay, mi serrana...

Por...

ti...

muero...

lucero de la mañana...

Ay, eres...

la que más quiero...

de las mujeres.

Sin ti...

Por los caminos de la sierra voy sin ti...

Ya no sé ni donde voy porque sin ti la libertad,

lo más bonito que te di, no vale ná.

Sin ti... Qué maravillosa voz.

¿Quién puede cantar así?

Detén el coche. ¿Estás loca?

En plana sierra y sabiendo que hay bandoleros.

No tenga miedo, mi amigo el corregidor me ha asegurado

que ya no queda un solo bandido en la sierra, no.

¡Quieto!

...donde se pueda hablar...

La calasana que compré en Benamejí.

Benamejí, te tienes que acordar

de aquella serrana te tendrás

que acordar...

(Disparos)

¡Vamos, deprisa! -¡Tú, por la derecha!

(Gritos)

¡La bolsa o la vida!

(Relincho)

Una palabra o un movimiento y puede ser la muerte.

Registra el coche. -¡Abajo enseguida!

Venga, deprisita...

¡Es imposible! ¡El corregidor me dijo que había terminado con los bandidos!

Y tenía razón el señor corregidor,

no somos bandidos, sino pobres huérfanos sin trabajo.

Y están los tiempos tan malos...

¡Tú, posesiónate de las alhajas de esa señora!

¡No me toque usted!

A sus pies. -Qué fino.

No, digo a que a sus pies tiene que tirar todas sus alhajas.

Venga, venga...

Pero si es una muchacha.

Que no le hagan nada o... ¿O qué?

No le harán nada,

mi padre siempre ha sido fino con las señoras.

Uy, pero si es una cacatúa.

¿Tú te has fijado en el pescuezo que tiene?

¿Es que te ha gustado?

Ahora mismo le digo que le pegue un trabucazo.

No.

Le advierto, señor bandido, que esa esmeralda es falsa.

No me insulte, señora,

pase lo de señor bandido, pero ¿creer que no entiendo de joyas?

Usted es el jefe, ¿verdad?

No tiene valor alguno,

pero perteneció a mi padre, no me lo quiten.

Señorita, este es uno de los momentos más duros del oficio de ladrón,

el reglamento es terminante,

no podemos dejar nada a nuestros favorecedores.

Por favor, me lo entregó antes de morir.

En paz descanse.

Ea, ya hemos hablado bastante.

A la paz de Dios y buen viaje.

Nosotros a casita. ¡Vamos! -¡Guía!

Pero si el corregidor me prometió que no encontraríamos bandidos.

(Relincho)

(Relincho)

¿Me puedo ir ya? Espera, que tú también tienes parte.

Yo no quiero nada que sea robado. ¿Robado?

Es el precio justo por haberte oído cantar.

Tanta cancioncilla hace 10 años que no matamos a nadie,

nos convertimos en bandoleros de ópera.

Id buscando a otro porque este cuento se ha acabado ya.

Fígaro, no te vayas tan pronto.

Estoy haciendo un gazpacho como te gusta.

Para gazpachos estoy yo. Eh, Cartujano,

ahora sí que quiero llevarme algo.

Hombre, menos mal. Esta sortija.

Esta sortija, no. -¿Por qué no, pequeña?

Es para devolvérsela a la cacatúa.

¿Por eso? Sí.

No va a poder ser. Si admitiéramos devoluciones

ande iríamos a parar. Ea, entonces me voy.

Todavía no.

Aún no has hecho lo principal, Barbero.

Mira, Pepilla...

¡Tú las barbas a remojar!

Ozú, mira qué cara tiene, si parece un bandolero.

(Relincho)

(Relincho)

No te enfades conmigo.

Me gusta tanto verte a mi lado...

¿Quieres cantar para mí?

¿Para mí sola? No.

Que no y que no, que ese no canta para ti.

Algún día cantará.

Ya lo verá.

¿Qué, hoy no cantas? No.

¿Por qué te pones de mal humor cuando hay asalto en la sierra?

¿Qué quiere decir? Esos robos te ponen de mal talante.

Sí, ¿y qué? Nada, hombre.

En eso se ve que eres honrado. Ah, bueno.

¡Eh, que me cortas!

Si no te estás quieto te haré lonchas.

Sí, sí, como tú quieras.

(Corneta)

(Corneta)

¡Sois todos unos canallas! ¡Cobardes!

¡No sois más que unos cobardes!

¡Granujas!

Es la hija del Cartujano. -Y la tiene sin bautizar...

¿Bautizar? ¿Qué bautizar?

(GRITA)

(Música solemne de trompetas)

Oye, Bartolo, ¿por qué tienes tanto interés

en el bandido que cantaba?

Porque me ha parecido oír esa voz en otra parte.

Pues les haremos cantar a todos.

A ver, uno cualquiera.

Tú.

Padre,

no descubriría a Fígaro, ¿verdad?

Él no tiene culpa de nada.

Ni con la soga al cuello dirá nadie su nombre.

¿Por qué no imitáis a Fígaro al cantar?

Así no sospecharán de nadie.

Buena idea, Pepilla, se lo digo a todos.

¡Silencio! ¿Quién habla ahí?

Señor corregidor, es esa chiquilla, la hija del Cartujano.

¿La hija del Cartujano?

¿Una mujer en la cárcel de hombres?

¿Estáis locos? ¡Llevárosla enseguida a la de mujeres!

Adiós, padre. Pepilla...

Hija, ¿qué será ahora de mí sin ti?

Padre, abríguese

y no salga de noche que el relente le hace daño.

Y póngase algo al cuello.

¿Al cuello? Maldita sea...

Adiós, padre.

Después veremos a la chica.

Tu nombre. El Saltamontes.

Pregunto por tu nombre, el apellido.

¿Y eso qué es? ¡Ah!

¡Ay!

¿Qué tienes, chiquilla?

...qué vergüenza una muchacha inocente...

Me llevan con si fuera una ladrona o una asesina.

¿Tengo yo cara de asesina?

Pero qué le vamos a hacer...

Adelante. Adelante.

Cabo, mira, estas cuerdas se me clavan en la carne.

Yo ya sé que es la ley,

pero, ¿no puedes aflojarla un poquitillo, mi arma?

Tú eres bueno y me hacen tanto daño...

Gracias.

¡Ay! ¡Ay, cabo!

¿Qué te pasa ahora, hija mía?

Se me están cayendo, se me están cayendo...

¿Quieres que te ayude? Nada de eso.

Mire, entro en ese porche

y en un segundo ya está, ¿eh? Bien.

Por favor, volverse un momento.

¿Qué?

¡Se ha escapado! ¡Todos conmigo!

Fígaro, ven. Ven.

Pero... Pero ¿qué has hecho?

Escaparme. ¿Y qué vienes a hacer aquí?

Avisar que vienen a por ti.

Saben que alguien cantaba anoche en la sierra.

Pero ¿cómo han podido delatarme?

Le han sacado el secreto a uno poniéndolo en el potro.

Yo he oído cómo le crujían los huesos.

Qué horror. ¿Y qué voy a hacer?

Vente conmigo.

Nos esconderemos en el monte.

Viviremos en los sitios que conozco. ¿Vivir de qué?

Robando como hasta ahora.

No, Pepilla, yo no puedo.

¿Qué no puedes? Te digo que vienen por ti.

¡Ahí está! ¿Lo ves?

¿Me crees ahora?

Me van a arrestar. ¿Por qué?

Por cantar después de las 0. Has hecho bien.

Increíble. -Aquí está.

-¡No, cada uno a su turno!

-¡Oiga!

-¡Espere el turno como los demás! -¡Fuera!

(Música de tensión)

¡Ahí están! ¡Bajen en nombre de la ley!

¡Por aquí!

¡Cuidado!

¡Vámonos, Pepilla! ¡Vámonos, corre!

(Gritos)

(Música dramática)

Dos clientes. Tengo dos clientes.

Si hablas te degüello.

(Gritos)

Tengo siete clientes... -¡Vamos!

Eh... Canta.

Olé, torero... Márchate.

Otro.

A ver tú.

Yo, ¿qué? A cantar.

Santa María, madre del salvador... Márchate.

Un momento.

Pero si están afeitados.

Ya está, señor corregidor, ya tengo al hombre.

Es Fígaro, Fígaro el Barbero, estoy seguro.

¿El Barbero? ¿Fígaro bandolero?

¡Que me traigan inmediatamente al Barbero Fígaro!

¡Mi burro!

¡Payasos, deteneos!

(Gritos)

(Música de tensión)

Las mujeres no pueden entrar, cuarteles de infantería.

No es posible, ¿te alistas?

Toma, el compromiso, fírmalo.

Mi capitán, ¿pueden detener a un soldado suyo?

De ninguna manera.

Entonces firmo. No firmes.

Todo era mentira.

Nadie te persigue, me buscan a mí, pero quería tenerte conmigo siempre,

siempre, que nos fuéramos a la sierra los dos.

Porque estoy enamorada de ti.

¿Enamorada a los 15 años?

A ti no te han pegado todavía la paliza que te mereces.

No firmo. ¡Fígaro!

Date preso en nombre del corregidor.

¿Yo por qué? Eres el cantor de la sierra.

Firmo.

Oiga, ¿no podría quedarme dentro sin ser soldado?

Nada, no, no, no, no.

¿Dónde firmo? Aquí.

Una cosa, ¿y Pepilla no puede firmar?

No, ella no.

¡Capitán, ese hombre nos pertenece!

O nos lo entrega o entramos a la fuerza.

¿Sí? Prueba a entrar.

-¡Todos al asalto!

¡Fuera de aquí todos!

¡Fuera de aquí!

(Gritos)

-¡Se ha vuelto a escapar la chica!

¡Todos a ella! ¡Vamos!

Qué manera de luchar.

Es el mejor soldado que tendré en Puerto Rico.

¿En Puerto qué? Rico.

Acabas de firmar cinco años en las colonias.

¿Cinco años en las colo...?

Firme.

Si ya he firmado. No, firme de derecho.

Bueno, te voy a explicar esto que es muy conveniente

que es cómo se carga el fusil.

Se hace en 2 partes de 17 tiempos.

Primero, mete la estopa bien metida.

Y lo aprietas por lo delgadín que es esto.

Después muerdes el cartucho

con los dientes de arriba que son los más fuertes.

Echa la mitad de la pólvora y la otra mitad la guardas

por si matas a otro, para que tengas.

Después metes más estopa.

Tú por estopa no te preocupes, que hay.

Después metes la bala que es lo pequeñito

con punta, lo metes ahí.

Metes más estopa,

aprietas con lo delgadito como te he dicho antes.

Y luego después más estopa.

Hasta que te hartes.

Y después ya esto lo guardas en este sitio,

en su fundita que la tiene aquí.

No lo dejes aquí, porque luego lo tiras y no lo puedes traer.

Y ya está, es la primera parte. Después viene la segunda

que parece más fácil, pero es liosa. -¡Basta!

Si tuviera diez soldados como este.

Los demás capitanes tienen su compañía.

¿Pero yo como me presento

en Puerto Rico con un soldado nada más?

Diga que los voluntarios acudieron como un solo hombre y que fui yo.

¡Fígaro!

¡Pepilla! ¡Ven!

¿Me permitís un momento?

Así no hay manera de terminar nunca.

Se nos echa la guerra encima y está igual.

Déjele, sargento, a los voluntarios no se les niega nada.

Bueno, vete, pero aunque tardes date prisa.

¿Todavía andas huyendo? Ya no.

Me han vuelto a coger.

El corregidor ha dicho que no soy responsable.

Eso creo yo.

Tú qué vas a ser responsable, estás medio loca.

Fígaro, te lo suplico, mi padre va a morir.

Le cuelgan en una hora con todos los demás.

¿Le van a colgar?

Pobre Pepilla.

Tú que eres tan bueno y tan listo,

piensa en algo para salvarlo.

¿Pero yo qué voy a hacer?

Espera un momento.

(Música dramática)

Suspendida la ejecución.

Señores, vamos a colgaros,

pero antes os ofrecemos una última oportunidad.

El perdón de la vida si aceptáis alistaros por cinco años

en el ejército del rey.

¡Que nos cuelguen!

-¡Que nos cuelguen! -¡Que nos cuelguen!

He hecho lo que he podido.

Padre, piensa lo que haces.

Si solo son cinco años.

¿Toda la vida luchando contra los soldados

y ahora pasarnos al enemigo?

¡Nunca! -¡Nunca!

¡Jamás! Padre, piensa en mí...

Egoísta,

con tal de conservar a tu padre no te importa verlo de soldado.

Y a lo mejor nos mandan a la sierra a matar compañeros.

No, iremos a Puerto Rico a luchar contra corsarios ingleses.

Hombre, eso es más divertido. Puerto Rico es maravilloso.

Hay muchas mujeres, y qué mujeres.

Mujeres en Sevilla. Si es por eso...

Los corsarios son ricos y se autorizará el saqueo.

No. -¿Podemos robar a los ingleses o no?

Sí, hijo, sí, el que roba a un ladrón...

¡Firmamos! -¡Firmamos!

Podremos elegir sargento entre esta canalla.

A ver si somos más finos que si no deserto.

Están acostumbrados a obedecer las órdenes del Cartujano.

No quiero galones, qué vergüenza.

Fígaro no es bandolero, que sea nuestro sargento.

(Gritos)

Me parece muy bien.

Llegarás lejos, Fígaro.

(Marcha militar)

Ay, morena...

Carita de Macarena.

No llores por tu hermanillo

que aunque es un chiquillo, soldado se va.

Cuando se busca la guerra

te falta tierra para la voluntad.

Qué bonita es mi bandera, mi bandera...

Qué bonita es mi bandera...

...del ejército español.

(Música folclórica)

Y defender mi bandera...

...de España.

Van detrás de mi bandera

que se puso por montera la tierra entera.

Quiero vencer...

Camino de gloria

van detrás de mi bandera

que se puso por montera la tierra entera.

Quiero vencer...

¡Los corsarios!

(Corneta)

(Gritos)

(Corneta)

Primera, conmigo.

A paso ligero.

Estrategia de ataque a la diligencia.

¡Hala! -¡Vamos!

(Música de acción)

(Gritos)

(Gritos)

(Disparos)

¡Ahora!

(Gritos)

(Gritos)

(Disparos)

(Disparos)

(Música animada)

(Corneta)

(Música folclórica)

En nombre de su majestad

y del virrey de las Antillas Españolas.

(Tambores)

No es la primera vez que nos hemos honrado

elogiando a este puñado de valientes.

Desde su llegada hace dos años a Puerto Rico

se ha distinguido en cuanto acciones han tomado parte.

Utilizando una táctica nueva,

el arte de la guerra. ¡Enhorabuena!

(Corneta)

¡Primera! -(TODOS) ¡Antes morir que rendirse!

-¡Segunda! -(TODOS) ¡Luchar por nuestra bandera!

-¡Tercera! -(TODOS) ¡Con honor siempre adelante!

-¡Cuarta! -(TODOS) ¡La bolsa o la vida!

¿Qué?

¿Qué han dicho vuestros hombres, sargento?

La bolsa o la vida.

Es... Es una frase que suelen emplear los bandidos de la sierra.

¡Rompan filas!

Tío grande del mundo, sí, señor.

-Fíjate qué pronto nos vamos a ir a España.

Es preciso que os curéis pronto.

Pero estaréis a tiempo de una nueva tentativa

contra los ingleses.

Estoy seguro que si los desalojáramos de la fortaleza que tomaron

acabaría su resistencia.

¡No se ataca el fuerte de San Bernardo!

Disponemos de pocos hombres

y los corsarios lo tienen bien defendido.

Allí guardan el oro que nos robaron y sus pillerías por mares.

El número serían diez contra uno.

Es imposible apoderarse de la fortaleza.

Por la fuerza no, claro, pero...

¿Qué tramas, Fígaro? Te prohíbo que intentes nada.

A sus órdenes mi capitán.

Como tu capitán está herido

y tienes que reemplazarle provisionalmente...

Mi almirante...

Haz lo que quieras, Fígaro. Quién pudiera seguirte.

Todo saldrá bien. Os explico mi plan.

Hemos hecho prisioneros a dos corsarios ingleses.

Los trasladaré aquí.

Y como quiera que entienden un poquitillo el español...

Dentro de dos meses estaremos en España, Cartujano.

Y para entonces no quedará un solo inglés en Puerto Rico.

Estás loco, mientras tengan la fortaleza...

Ah, ¿pero no lo sabe?

Nuestras tropas la reconquistaron ayer precisamente.

¿Que el fuerte ya es nuestro?

Entonces.... Pero no, en que así sea.

El barco que les protege es otra fortaleza.

Tiene lo menos 20 cañones. Lo menos.

Pero no le servirá de nada.

Mañana el barco querrá acercarse a la fortaleza como todos los días.

Y cuando esté bien cerca...

Bing, bang, todos los cañones del fuerte tirarán.

El barco se irá a pique y seremos de nuevo los dueños de Puerto Rico.

¡Fígaro, vaya faena! Pero callarse,

que pueden escucharnos.

(HABLA INGLÉS)

Sé buena...

¿Dónde está el mar? -Allí.

Cuidado, no vayan a oírles.

Lo has hecho muy bien, Cholita.

Oye, ¿los ves ya? ¡Sí!

¿Están en la playa? Allí están.

¿Sabes si han encontrado la piragua? ¡Sí!

¿Cómo quieres que la encuentren?

La hemos puesto para que se den de narices.

Dentro de dos horas estarán en el barco.

Bueno, el primer acto ha terminado.

Vamos con el segundo.

Oíd, al amanecer tenemos que estar en la fortaleza.

Sí. Escuchad...

(Gritos)

(Música dramática)

(Grito)

¡No tiréis! ¡Dont fire! Que no tiréis, vamos.

(GRITA EN INGLÉS) Dont fire, que nos rendimos.

¿Qué queréis? Entregarnos.

¿Cómo? No se entregan nunca.

Mi lord, hemos comprendido que es inútil toda lucha.

Sabemos que vencéis en todas las islas.

Tomadnos como prisioneros, por favor.

Bueno, pasad, pero cuidado con las bromitas.

(Música dramática)

Por aquí, voy a haceros unas preguntas.

¿Quién es el que manda? Yo soy, mi lord.

¿Por qué os rendís?

Estamos cansados de luchar sin resultado.

¿Solo por eso? Y es por algo más, mi lord.

Es que mis compañeros y yo

queríamos conocer de cerca la civilización inglesa.

Desayunar huevos fritos,

tomar té y ser corsarios.

Os comprendo, podéis quedaros aquí.

Y puesto que sabéis reconocer la supremacía británica,

os vamos a enseñar ahora muchas vuestras.

¡Preparados!

¿Qué ha querido decir? No sé.

Esto no me gusta ná.

Los ingleses te cuelgan en cuanto te descuides.

No te digo...

No me gusta nada.

No me gusta ná.

No es para nosotros, no hay sitio para 12.

Mira.

Ahora hay todo el sitio que se quiera.

Una cosa es pensar que se engaña al enemigo,

y otra que salga bien el engaño.

El barco llegará en un momento. O no llegará.

Aunque llegue no disparará así como así.

Es preciso que dispare. ¿Y qué harás para que disparen?

Eso no lo sé aún, pero haré algo.

Para eso hemos venido. Hemos venido para que nos ahorquen.

¿Not tenéis confianza en mí? Hombre, sí.

Pero mira que hacer un viaje tan largo para un...

Hubiera preferido que fuera en Sevilla,

así por lo menos me ahorcaba un paisano.

Id a colocaros allí. Mi lord, es que...

¡Silencio!

Esto es un momento muy serio. -Lo mismo...

Vamos, deprisa.

(Redoble de tambor)

No me gusta ná.

No me gusta ná. -Cállate ya.

Ay...

Esto no me gusta ná.

(Corneta)

Los verdugos.

Y tocamos... -Todos.

(Corneta)

(Gritos)

Ahora con una pelota, luego con nuestras cabezas.

Caballeros, esta es la última palabra de la civilización.

(Gritos)

(Gritos)

¿Y quién gana?

El bando que más veces consigue meter la pelota entre los postes.

¿Los postes? Pero si eso es la horca.

Es verdad.

Parece una horca.

Puede servir para vosotros.

No lo había pensado.

No lo había pensado...

(Gritos)

Tengo una idea.

Pero si eso es muy fácil.

Eso lo hace cualquiera. ¿Fácil?

Qué estúpidos y pretenciosos sois los latinos.

No podríais meter ni una vez la pelota.

Mi lord, todos somos andaluces y el honor de España está en juego.

Mis compañeros y yo os desafiamos. ¿Cómo?

¡Hello, boys! ¡Los españoles nos desafían!

Vais a actuar enseguida. Un momento, mi lord.

Puesto que el honor de España está de por medio,

¿ponéis la bandera en el mástil, si conseguimos un tanto?

¿Pero creéis que vais a meter un tanto?

Pues claro que se usará la bandera española.

Pero no tengo ninguna. Por casualidad la traemos nosotros.

¡Jim! -¡Mi lord!

Prepara la bandera española. -Sí, mi lord.

Voy a echar cara cruz para ver quienes empiezan.

Es el viento, no importa.

Caballeros, dejemos que saquen los españoles.

Parte quiero. -Está bien, jefe.

(Corneta)

(Gritos)

(Música dramática)

¿Qué historia es esa que tienen la fortaleza?

Veo nuestra bandera.

Quizás sea una trampa, señor.

Pronto vamos a saberlo. Zafarrancho de combate.

¡Barco a la vista!

¿Qué barco?

Ya están ahí.

¡El Invencible, sir!

Podéis seguir jugando. Vamos, vamos.

Hay que marcar ese tanto ahora mismo.

¡Hala!

¡Penalti, penalti!

Qué pronto han aprendido la regla.

¡Hala!

¡Fuera!

¡Un tanto sea como sea! ¡Vamos! ¡Hala!

(Gritos)

(Corneta)

(Música dramática)

Tienes razón, los españoles han conquistado el fuerte. ¡Fuego!

¡Traición con los españoles! ¡A los cañones!

(Explosiones)

¿Lo veis? Salvados. Lo has conseguido, Fígaro.

¡Ingleses contra ingleses!

Así quedarán menos, nosotros intervendremos después.

¡Olé!

¿Ya? Aún quedan muchos.

¡El barco ha sido alcanzado!

¡Victoria!

¡Adelante por el rey! ¡Vamos!

(Gritos)

(Corneta)

Muchachos, vuestra hazaña lo merece todo.

Pero vamos a ver, ¿dónde está el tesoro de los corsarios?

¡Ah! Aquí, aquí.

Ha desaparecido.

Nuestra victoria no es completa. Lo es, señor almirante.

¡Vaciad los bolsillos!

Amigos, os admiro, qué valentía y qué honradez.

Vais a volver a la patria.

Y seréis vosotros mismos los que llevéis el cofre a Madrid.

(TODOS) ¡Olé!

¿Qué vas a hacer en Sevilla? Qué sé yo.

Me habéis enseñado a ser honrado y eso es mal negocio.

Además, tengo una hija. Pepilla...

Qué ganas tengo de verla. Y ella.

Si te sigue guardando la ley que te tenía de chiquitilla.

¿Cómo me gustaría saber lo que hace ahora?

¿Ahora? Está durmiendo.

¿Cómo?

Sí, hombre, a estas horas es noche en Sevilla.

Estoy seguro que está soñando que volvemos.

Eso es lo más hermoso de la ausencia,

saber que hay alguien que nos espera al otro lado del mar.

Al otro lado del mar...

Al otro lado del mar

todas las noches llegará mi cantar,

en una vela que se echó a navegar,

al otro lado del mar.

Al otro lado del mar

se va la estrella que me ha visto llorar,

es esa misma que adormece el palmar,

cuando te canto en esta orilla.

En la cabaña

que hay junto al café...

le digo a España

un canto tropical.

Al otro lado del mar

de Puerto Rico he de llevarte un collar,

con los paisajes que he venido a buscar,

al otro lado del mar.

(TODOS)Al otro lado del mar...

Al otro lado del mar

todas las noches llegará mi cantar,

en una vela que se echó a navegar

al otro lado del mar.

Viento del sur lleva esa vela

Al otro lado

del mar...

(Música animada)

¿Cuándo podemos volver a Sevilla? No lo sé.

Estaremos el tiempo necesario para entregar el tesoro.

(Disparo)

¡Alto! ¡Alto! ¡Alto!

¡Nadie se mueva, la bolsa o la vida!

¡He dicho que nadie se mueva, la bolsa o la vida!

¡No se ría nadie, he dicho la bolsa o la vida!

¿Habéis oído?

Ha dicho: "La bolsa o la vida".

¡A por ellos!

-¡Fuera de aquí! -¡Vamos, fuera!

Con que protegiendo a los viajeros, ¿eh?

Nos habéis vencido.

¿Qué vais a hacer con nosotros? Marcharos ya.

No merecéis ni un castigo.

¿Cómo vamos a dejar que se vayan así?

Si no aprenden mejor el oficio se mueren de hambre.

Seguro, Cartujano.

Cartujano...

El famoso Cartujano.

Maestro... -Hombre, tanto como maestro.

¿Pero vosotros dónde habéis aprendido, desgraciado?

No se puede atacar en grupo y de frente,

no acercarse tanto a la víctima.

Un centinela, muy adelantado.

De dos en dos hasta cercar el camino y atacad por todas partes.

Gracias, maestro.

Pero para eso necesitamos una diligencia.

Todas las mañanas al despertaros debéis pedirle a Dios

la diligencia de cada día, dánosla hoy.

Ah, ya. -Mira, ya nos ha oído.

¿Me dejas una demostración a este aprendiz de ratero?

Haz lo que quieras. ¡Fuera!

(Música dramática)

(Silbido)

No está mal.

No está mal.

Ahora que bajen los viajeros y...

-¡Abajo!

Son damas.

¡Basta ya de bromas!

Vienen. ¡Que vienen! Mira, los soldados.

¡Bribones, fuera!

¿Has visto, mamá? ¿Has visto?

Muchas gracias, señor. Qué hombre.

Aparece y huyen todos los bandoleros.

Hace algunos años nos atacaron de la misma manera.

¿Recuerdas, mamá?

Ya decía yo que conocía a esta señora.

¿Puedo saber el nombre de nuestro salvador?

Fígaro, mi señora. Qué modesto es mi señor.

Nunca quiere usar su título.

Es marqués de Lucena, de Ronda, de las Siete Campanas.

Oye, ¿qué te parece si cargáramos con el oro?

Con todo, no.

Con un poquito, ¿quién puede saberlo?

La conciencia. -Hombre, que hablamos en serio.

Si esta dama se encuentra mejor podríamos continuar.

Si nos lo permite las escoltaremos a puertas de Madrid.

Gracias, marqués.

Con vuestra protección no tengo miedo a nada.

Perdonadme, marqués, me parece que conozco esa sortija que lleváis.

Ah, sí, se la acabo de arrebatar al jefe de los bandidos

que os asaltaron. La misma.

Ellos me la robaron, era un recuerdo de familia.

Y lo sigue siendo, porque tengo gusto en devolvérosla.

Ni mi madre ni yo olvidaremos lo que habéis hecho.

Cuando lleguemos a Madrid el prometido de mi hija iráa presentarle sus respetos.

¿Estáis prometida? Al conde Almaviva.

La única que está libre soy yo.

¿Ah, sí? En ese caso: ¡viva la libertad!

¡El sargento Manuel Rosales!

Es un honor.

Un honor estrechar la mano del héroe de Puerto Rico

y felicitarle en nombre de su majestad.

Muchas gracias, señor corregidor? ¿Corregidor? Tú ere sevillano.

A ver, no te conozco.

He tenido el honor de afeitar todos los días tres años

su ilustre barba.

¡Fígaro!

Como pone Manuel Rosales, cualquiera podría adivinar...

¿Y tus compañeros? Todos en Madrid.

Ganaron San Bernardo.

Conquistaron el tesoro y lo traen a la corona.

Increíble, condenados muchachos.

Condenados y perdonados por vuesencia.

A vuestra generosidad lo deben.

Y a ellos debo yo mi cargo.

Enterado de la captura de la banda del Cartujano,

su majestad me mandó venir a Madrid. "Faustino", me dijo el rey,

"todo el mundo me roba.

Puesto que estás tan acostumbrado a atrapar bandoleros

te voy a hacer ministros.

A mi alrededor encontrarás más que en la tierra".

Y aquí estoy.

Entre las satisfacciones de mi cargo ninguna tan grande

como la de recompensaros.

¿Recompensarnos? Sí.

Puedes decir entre tus soldados

que es deseo de su majestad repartir entre ellos

la quinta parte de lo capturado.

¿Con impuesto o sin impuesto?

En cuanto a ti, aquí tienes

el nombramiento de capitán del ejército.

Y si quieres seguir la carrera militar

podrás llegar muy lejos.

Yo quiero volver a Sevilla y abrir mi barbería, excelencia.

¡Sevilla, Sevilla!

¡Sevilla es lo más grande del mundo!

¿Verdad, paisano?

¿Te quedarás unos días en Madrid?

Sí, excelencia, por lo menos hasta que cobre.

Tienes que venir a un baile que doy dentro de unos días.

Te presentaré a toda la sociedad madrileña.

Para todos serás un gran capitán y un aristócrata si quieres.

Pero por favor, en estos días si tienes tiempo

podrías venir a darme una pasadita.

(Música folclórica)

¡Voy a llamar a los alguaciles! -Cállate,

también asaltado posadas muy buenas.

Vamos a darle una lección.

(TODOS) ¡La bolsa o la vida!

¡Socorro! ¡Basta!

Si no os vais a Sevilla os meten en la cárcel.

Adiós, Fígaro. Adiós, muchacho.

Que vengas pronto. Adiós.

Adiós, amigo. Hasta la vista.

Fígaro, hijo mío...

Adiós, Cartujano, y no olvides decirle a Pepilla que...

¿Qué?

Que te he cuidado mucho y que le toca a ella.

¡Ale, ale! Adiós.

-Hasta la vista. -Adiós.

Adiós.

¡Adiós, Fígaro! -¡Con Dios, amigo!

-¡Hasta Sevilla!

Bueno, se han ido, ya puedes estar tranquilo.

Anda, sirve unos vasos.

Un buen trago hace olvidar y hace de todo.

Eh, casa. -Mande.

El coche. -Sí, excelencia.

No, Juan, no hagas eso, te lo ruego, por favor.

¡El coche de su excelencia!

No podemos separarnos así. -¿Y qué quieres que haga?

No te cases, prométemelo. -Estoy arruinado.

No tengo más remedio... -¿Y qué será de mí?

No volveré a verte. -Sí, mujer, sí.

Ya sabes cómo te quiero. -Soy capaz de todo.

Si te casas no respondo de mí.

Sí, mujer.

Juan, nos ha visto, me ha oído.

Y qué más da si no le volveremos a ver.

El coche, excelencia.

¡Eh, posadero!

¡Eh!

Invítale en mi nombre.

Tomad, señor.

Todavía no estoy arruinado.

Y si un día me ocurre me buscaré una novia rica

y provinciana, estoy aprendiendo.

Insolente.

Perdón, todavía me quedaba un trago.

¡Federico, venid, venid!

¡Imbéciles! -¡Juan!

Señor, señor...

¿Quién es ese hombre? Un cliente.

¿Y ella? Una señora.

A clientes de esa categoría no se les pregunta el nombre.

Pero yo lo sabré.

Su excelencia os está esperando.

Señoras, caballeros, el capitán Rosales,

de quien tanto se habla en estos días.

Ah, perdón.

La duquesa de San Tirso.

Dama de la reina. Uno de los atractivos de la corte.

Viuda, ese es su mayor atractivo.

Tenía mucho interés en conoceros, capitán.

Resulta tranquilizador para nosotras, pobres mujeres

saber que todavía existen héroes de leyenda.

Temo, duquesa, no ser digno de la leyenda que se me atribuye.

Y eso que no conocéis toda la historia del capitán.

Con lo que sé, ya me basta.

¿Y en Madrid? ¿Todavía no os ha ocurrido nada importante?

Sí, duquesa.

¿Os parece poco importante el haberos conocido?

Eso.

Marqués, qué alegría volver a veros.

Mamá, mamá.

Nuestro amigo.

Don Bartolo, es... Encantado, señor.

¿Señor? Y marqués de no sé cuántas cosas.

Marqués de... Marqués de...

Marqués de Lucena.

Marqués de Lucena, ¿me permitís agradeceros los magníficos servicios

que nos habéis prestado? ¡Juan!

Mira, nuestro salvador.

Mi prometido, el conde Almaviva.

Nos conocemos ya.

¿Ah, sí? Sí.

No sé de dónde pero creo recordaros.

Os felicito.

Tenéis la novia más encantadora que he visto.

(Golpes)

¡Damas y caballeros, el ballet de su excelencia!

(Música folclórica)

Gracias, señor, sois un caballero.

Habéis podido decir a Rosina que me conocéis de...

Bueno, sabéis de dónde.

No lo haría por nada del mundo.

¿Guardaréis siempre esta discreción? Naturalmente.

Pero a cambio de ello os pediré

que desistáis de vuestro matrimonio con Rosina.

¿Cómo? Ya lo habéis oído.

¿Y por qué?

Hace unos días he librado a Rosina de unos bandoleros

y no quiero que vuelva a caer en otro asalta menos limpio.

No os permitiré... Lo haré sin vuestro permiso.

Me casaré con Rosina.

No os casaréis, Almaviva.

No os casaréis.

(Continúa la música)

No soy más que un soldado,

pero quisiera ser poeta para expresar lo que siento.

Conociendo nuestro secreto...

¿No será compasión lo que sentís? ¿Qué dice?

¿Creéis que esos ojos y esa boca inspiran compasión?

Por poco os tenéis.

Es pasión, duquesa, no compasión.

Para ser soldado no os expresáis del todo mal.

Bueno, es que acaban de licenciarme.

Veo que la condesa ha hecho una nueva conquista.

¿Tú crees? Todos los hombres se enamoran.

Menos tú.

Nos están mirando.

No me importa, os quiero. Más bajo.

Os quiero.

Tenéis razón, hablemos a solas, aquí es una locura.

¿A solas? ¿Dónde? En el jardín, junto a la fuente.

¿Ahora? Ahora mismo.

Nadie nos verá, iré enseguida. Pero es que...

¿O delante de todos? No, no.

Allí os espero.

Eh, conde, ocurre algo muy grave.

¿Qué es?

Mañana la duquesa se presentará en casa de doña Rosa

y la pondrá al corriente de todo. Está loca.

Su nombre, su reputación... No tiene miedo al escándalo.

¿Por qué me prevenís de un peligro que entra en vuestros proyectos?

Yo quería impedir la boda pero no a costa de un escándalo

que perjudique a Rosina. Hablaré con la duquesa. ¿Dónde está?

En el cenador del jardín, junto a la fuente.

No veo a la duquesa.

Tampoco veo al capitán. -¿Es posible?

Si se han conocido esta noche. Un hombre tan fino, tan educado...

Pues por eso, por eso.

También la duquesa está muy bien... educada.

María Antonia, ¿no harás ese disparate?

¿Qué disparate? -Sabes a lo que me refiero.

No lo harás. -No te consiento...

Si quieres impedir mi felicidad... -Suelta o grito.

Grite, duquesa, que gritaremos todos.

¡Miserable!

Sabías que estaba esperándome y vienes a quitármela.

¡Esa mujer es mía, mía! ¡Defiéndete!

¡Duquesa, voy a matar a este hombre y es por vuestro amor!

(Música dramática)

¿Quiénes son los que se baten? -Almaviva y el capitán Fígaro.

-La duquesa ha conseguido un nuevo duelo para su colección.

Juan se está batiendo por esa mujer...

Vámonos, mamá.

Vámonos a Sevilla.

No te casas, Almaviva, no te casas.

Rosina, esta ha sido la única forma de demostrarte que no te merecía.

Perdóname. Rosina.

(Música animada)

¡Adiós!

¡Adiós! ¡Por fin ha venido!

-¡Ha llegado Fígaro!

-¡Fígaro!

-¡Hola, Fígaro!

¡Capitán Fígaro! ¡Hola!

¿Qué hay? ¿Cómo estás?

Hola. ¿Qué hay?

Con Dios.

¡María, jamón y manzanilla!

Hombre, si estás como Juan de Austria.

Cartujano, has puesto el mejor negocio.

El caso es seguir robando. -Sentarse.

Vamos a sentarnos.

Bueno, bueno.

Sabíamos que estabas aquí.

(Música folclórica)

Murmura la gente...

La gente murmura ahora.

Que hay un mocito valiente

que te visita a deshoras.

Los hierros

de tus balcones

son los que pueden hablar.

Y tienen tantas razones

para poderse

callar...

Ay, Lola, Lola marinera,

con tu bata de cola

es mi ventolera.

Ay, Lola, Lola, marinera,

cuando bailas sola...

olé tu solera.

Solera española...

Ay, Lola, Lola, Lolita,

Lola, marinera.

Murmura de ti la gente,

y no sabe qué murmura.

Porque el mocito valiente

va contigo a ver al cura.

Ay, padre...

quiero a Lola...

la niña de Puerto Real.

La que cuando baila sola,

la gloria, padre,

asoma...

Ay, Lola, Lola, marinera,

tu bata de cola

es mi ventolera.

Ay, Lola, Lola, marinera,

cuando baila sola...

olé tu solera...

Solera española.

Ay, Lola, Lola, Lolita,

Lola, marinera...

Ay, ay...

Lola, marinera...

¿Pero eses tú, chiquillo, o eres una aparición?

¿Sabes que has crecido mucho?

¿Nada más que para decirme eso has venido de Puerto Rico?

Ven.

¡Hola, Fígaro! Hola.

Pero qué guapa estás. Olé.

Cualquiera diría que aquella chiquilla sea esta mujer.

Natural. ¿Querías que tomara aguardiente

para quedarme como un comino?

Y sin necesitar una vuelta por las Américas.

Bueno, ¿y qué ha sido de ti?

¿Cómo has vivido estos años?

Durmiendo en tu barbería y comiéndole.

¿A elegir?

Si comía los lunes, miércoles y viernes,

o los martes, jueves y sábados.

Al principio estuve en las monjitas.

Aprendí a leer, coser, cantar,

y luego... Bueno, luego...

Luego vinieron los hombres... ¿Qué hombres?

Mis pretendientes. Cuatro o cinco todos los días.

Pepilla por aquí, Pepilla por allá...

Ay, qué de brillantes.

Las manos se doblaban al peso de los brillantes.

¿Y cuándo despertaste?

¿Es que no te lo crees?

Como que te iba a estar esperando, tonta de mí.

Hasta te di una sortija como recuerdo.

¿Dónde la tienes?

En... La he perdido.

¿Que la has perdido?

¿Que has perdido mi sortija?

¿Cómo te atreves a ponerte delante?

No la he perdido, he tenido que dársela a otra mujer.

¿A otra? Ladrón, que te has casado

y tienes cuatro o cinco chiquillos negros.

Qué disparate. ¿Entonces?

¿A quién se la has dado? A tu novia.

Oye...

He barrido todos los días tu barbería.

He ido descalza detrás de Jesús en Semana Santa.

Que te he esperado...

sin hombre ni brillante. Mira, Pepilla...

¡Cállate! Escúchame.

¡Calla te digo! Déjala.

Ha salido a su madre.

Como se le dispare el zapato comes suela hasta el Corpus.

¿Cómo voy a ir ahora a buscar la sortija?

Todas tus intervenciones en mi vida son una sorpresa.

Me salvas de los bandoleros, después de un pretendiente desleal,

me das la sortija que me robaron y ahora me la vuelves a pedir.

¿Por qué?

Durante tres años la tuviste perdida,

para ti ya no significa nada,

pero si me la das...

para mí podrá ser mi felicidad.

Pero Fígaro...

yo no sé si podré quererte.

¿Quererme?

Quién sabe, a lo mejor eras tú el hombre que debía esperar.

No, Rosina.

Estuviste enamorada y volverás a estarlo.

Pero no de mí.

Pero, ¿no has querido decirme qué?

Eres demasiado buena.

Por exceso de bondad quieres las cosas que no debieras querer.

¡Ahí lo tienes!

¿No te recuerda nada su voz?

¿Qué decís?

La que oíste hace tres años cuando nos atacaron.

Jesús, María, José, tenéis razón.

La voz de la sierra...

Precisamente, y este miserable barbero

se permite hacerte la corte.

¿Crees que debo defenderme?

No, Fígaro.

Quien seas o como te llames te doy las gracias.

¿Seguís pensando en casaros conmigo?

Rosina, ¿qué dices?

Rosina, ¿qué vas a hacer?

Si me falla el corazón, ahora no me falla la conveniencia.

Con él tendré al menos respeto y comprensión.

(Música flamenca)

Padre, más vino.

Pepilla, hija, que la vas a coger.

Quiero echar mis penas al olvido. Pues parece que a remojo.

Mira que si entrara Fígaro... ¿Qué?

Si entrara, por estas que le matamos.

¿Tanto le quieres? Quererle...

Ya sé a quien quiere, a la cacatúa del coche.

Porque ella es una señorita y él se ha convertido en caballero.

Y todo por América, que maldito sea Cristóbal Colón.

Pepilla... Ni Pepilla, ni ná.

Tú también has vuelto sin sangre de aquellas tierras.

Si esto ocurre cuando eras bandolero prendes Sevilla

y mandas al Guadalquivir a Coruña.

Hombre, aquí estás.

Pepilla. Buen mozo,

la taberna está cerrada

y la familia celebra en la intimidad.

A la calle. Tengo que hablarte.

Ahora imposible, tendrá que ser el año que viene, voy a ensayar.

(Música flamenca)

Mi tormento le dará a los cuatro vientos...

porque siento que no me puedo callar.

El talento es guardar el pensamiento

y no hablar de casamiento aunque se beban los vientos...

A ti no te importa ná.

La Giralda es muy poco en Sevilla

cuando sale a la calle Pepilla.

Para ti no he sido más que una chiquilla.

Y se va a acabar...

Vuelve a mí tu mirada, bonita,

y agradece mejor al visita.

No me largues, anda y vete...

Mujer, no te pongas así...

sin saber...

Barbero, ay, que te llamas "caballero".

Primero, me llamé "bandolero".

No quiero que ningún embustero

me venga a camelar,

de eso ni hablar. -No me digas cara a cara

que no me puedes ni ver. -No tengo que decirte

con que lárgate. -¿Dónde quieres que me vaya

si no tengo para ti? -Cerrado para ti...

¿Y cuándo lo abrirás? -Después del Juicio Final...

¿Qué quieres? Dime lo que prefieres.

Ingleses meterán sus parneses

y si quiero me darán las llaves del Peñón de Gibraltar.

No me digas cara a cara que no me puedes ver.

No tengo nada que decirte, con que lárgate.

¿Dónde quieres que me vaya si no tengo dónde ir?

Se ha cerrado para ti.

¿Y cuándo lo abrirás?

Después del Juicio Final.

¡Punto final!

Yo te mato y te mato. ¡No!

De eso me encargo yo.

Pepilla, tenemos que hablar.

No estamos para bromas. Sobre todo tú.

No será como en Madrid, granuja. ¿Granuja?

¡Así se hace!

¡Dele su merecido, caballero!

¡Fantoche!

No podrás quitar la novia a nadie.

De modo que era su novia, ¿eh?

Duro con él.

Te enseñaré a meterte en mis asuntos.

¡Y yo a casarte por dinero!

¿Quién te ha dicho eso? Tú mismo.

¡Qué tontería!

¿Le iba a decir que estaba enamorado de Rosina?

Para esta. ¡Y tú para esta!

Me sobra dinero para los dos. Mejor, Rosina está arruinada.

Cuánto me alegro, la quiero a ella, solo a ella.

¿Es verdad? Naturalmente, imbécil.

Entonces qué he hecho yo.

Lo mismo que yo hubiera hecho.

Hay que darse prisa, Bartolo quiere casarse con Rosina.

De modo que os ha dado calabazas a los dos.

Hay que impedirlo sea como sea. -Como se lo proponga se casa mañana.

Si le dejamos nosotros. Cartujano, tienes que ayudarme.

Necesito la banda, inmediatamente.

¿Dónde están los otros?

No han querido venir.

Saber para lo que es y prefieren no decirte que no.

¿Y vosotros? Nosotros hemos venido...

¡A decirme que no!

Eso es.

Está bien.

¿No crees que nos hemos ganado la tranquilidad?

Si es para volver al camino no cuentes con nosotros.

Que no cuente con vosotros...

Debí dejar que os ahorcaran.

Os pido que seáis bandidos una vez.

¡Solo una vez más! ¡Que os estoy hablando!

Está bien.

Ya no sois los de antes.

(Música animada)

(Campanadas)

¡Adelante sin parar o te mato!

(Relincho)

(Gritos)

Yo creo que todo esto es inútil.

Ella no puede quererme ya.

Señor conde, adelante.

¡Atrás, cobardes!

¡Fuera!

(Disparos)

¡Huid! ¡No voy a dejar uno con vida!

¡Vais a morir!

¡Dejad libre a quien quiera que llevéis!

¡Juan! ¡Atrás!

¡Bandidos, vais a morir!

¡Y otro bandido menos!

A cuántos peligros te has expuesto por mí...

Sabía que tenías que volver.

Si nos damos prisa llegamos a la iglesia.

Y das tú el sí o lo doy yo.

No se puede pasar un día más sin un hombre en casa. Vamos.

¿Seguro que no estás muerto? No estoy muy seguro.

¿Qué te duele? Al caerme se me clavó aquí...

¿Eh? Oh, era esto...

¿Es para mí?

Sí, para ti.

¿Para mí de verdad?

Ajá.

¡Que me da algo!

Ay, barbero, barbero, barbero...

Fígaro me puso un no sé qué...

Y al nacer un primero de enero

mi padrino quiso ponerme Manuel.

¡Eh! Oiga usted, las señoras por aquí.

Sevillano, cantor y soltero,

díganme, señores, qué más,

qué más puedo ser...

¡Díganme!

(Música dramática)

Historia de nuestro cine - Aventuras del barbero de Sevilla

07 may 2018

Fígaro, famoso barbero de Sevilla, es utilizado por la banda del Cartujano para atraer a los viajeros con sus canciones y, de esta manera, desvalijarlos. Perseguido por ser cómplice de los bandoleros, consigue escapar de la justicia a cambio de alistarse en el ejército que combatirá en Puerto Rico.

Contenido disponible hasta el 14 de mayo de 2018.

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