Presentado por: Elena S. Sánchez Dirigido por: Francisco Quintanar

'Historia de nuestro cine' hace un repaso por lo mejor del cine español desde los años 30 hasta nuestros días, con la intención de revisar sus grandes títulos. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo habitual de expertos que introducirán cada película. La emisión de las cinco películas cada semana se completará con un coloquio en el que participarán los colaboradores fijos junto a figuras relevantes del cine que tengan relación con las películas a emitir esa semana.

Las películas se programarán en bloques temporales. Los lunes será el turno de las películas de la década de los 30 y 40; los martes de los 50 y 60; miércoles de los 70, jueves de los 80 y viernes de los 90.

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Historia de nuestro cine - La loba y la paloma - ver ahora
Transcripción completa

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Continúa la música)

(Graznidos)

(Graznidos)

(Graznidos)

(Graznidos)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

¡Zayas!, ¿dónde estás?

(Música dramática)

¿Hay algo ahí?

¡Vamos, date prisa!

¡Está subiendo la marea!

¡Zayas, vuelve!

¡Vuelve!

(RÍE)

(RÍE)

¡Zayas!

La encontramos. ¡Acebo, Acebo, la encontramos!

¡La encontramos!

(Risas)

¡Zayas!, ¿qué ocurre?

(Risas)

Es fea como un demonio, pero estás hecha de oro,

de oro, Acebo...

Oro...

¡Acebo!

(Risas)

(RÍE) ¡La encontramos!

(RÍE) La encontramos.

(Risas)

Tenemos que...

(Golpe)

¡Mi pierna, me he roto la pierna!

Ayúdame, Acebo.

¡No puedo moverme!

Acebo, ¿estás ahí?

¡Sácame de aquí, bastardo!

¡Acebo!

¡Acebo!

¡Ayúdame!

¡Ayúdame!

¡Acebo!

(Música dramática)

¿Te gustaría que nos fuésemos a vivir a otro sitio?

¿A dónde? A la ciudad.

Allí podrías jugar con otras niñas,

tendríamos una casa nueva,

y lo pasaríamos muy bien,

ya verás.

No, quiero quedarme aquí.

¿Pero por qué?

Aquello te gustaría mucho más.

¡Ayúdame!

(Música de tensión)

(Continúa la música)

Zayas, ¿eres tú?

Ayúdame.

Te esperé fuera de la gruta, pero las olas arrastraron el bote.

Zayas, créeme, perdí un remo y quedé a la deriva.

No pude hacer nada.

Te lo juro, Zayas, no pude.

No pude...

Siéntate. Siéntate, Zayas.

Y echa un trago... Quiero la estatua.

Quiero la estatua. Está bien, está bien.

Te la daré.

Te la daré.

Aquí está.

¿Dónde está? La puse aquí mismo.

Tenía que estar aquí... Acebo, me quieres engañar.

Debía estar aquí... Acebo, me quieres engañar...

Si la dejé aquí mismo... Me quieres engañar Acebo.

¿Dónde está?

Tenía que estar aquí.

¡Acebo!

¡Dámela! Tenía que estar aquí.

¡Dámela!

¡Escúchame!

¡Maldito bastardo!

¡No, Zayas! ¡No!

¡Asqueroso embustero!

(Música de tensión)

(Continúa la música)

(Estruendo)

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Música dramática)

(Continúa la música)

¿Quién eres?

¿Eh?

Huele bien.

¿Qué estás guisando?

¡Quiero comer!

¡Pan!

¡Pan!

¿Quién es?

Te he preguntado quién es este hombre,

y qué hace sentado en mi mesa.

No lo sé, creí que tú le conocías.

Vino, pidió algo de comer y yo se lo he dado.

Eh, tú, ¿es que no me oyes?

¿Dónde está la niña?

¿Qué niña? La hija de Acebo.

¿Para qué quieres saberlo?

Es Martín Zayas.

Ja, deberían tenerte encerrado todavía.

¿Dónde está?

No sé lo que has venido a buscar aquí, pero sea lo que sea,

te advierto que esta casa ahora es mía.

¿Te enteras? ¿Y quién eres tú?

En primer lugar levántate de mi mesa, luego hablaremos.

Perdona.

Escucha,

¿no crees que es mejor comer primero antes de que se enfríe?

Eso lo decidiré yo.

Pues dime lo que decides.

Tú eres Sandra, la sobrina de Juan Acebo.

¿Ese es tu marido?

¿Y este quién es?

Es mi hermano.

Se llama Bodo.

Es un buen cocinero.

¿Cuándo has salido de la cárcel? Ayer.

Te has dado prisa en venir.

Sí. Ninguno esperabais que volviera, ¿verdad?

No.

¿Y tú qué diablos piensas? Nada.

Nunca piensa en nada.

Ah, eso está muy bien.

Bien.

La próxima vez que estés a solas con tu hermanito

explícale quien soy yo.

Y dile las razonas por las que debe seguir no pensando en nada.

Sí, señor.

Yo maté a Acebo,

y volveré a matar si alguien quiere engañarme.

He vuelto para hablar con la niña.

Pierdes el tiempo, no podrás hablar con María.

¿Por qué, ha muerto?

No, no ha muerto.

Pero no podrás hablar con ella.

María se volvió loca.

Se la llevaron a un manicomio y allí sigue.

¿Quién la encontró?

Tardaron dos días en encontrarla.

Estaba entre las rocas,

muerta de hambre y de frío.

¿Y encontraron algo más?

¿A qué te refieres?

Pues algunas... de sus cosas,

algo que la chica hubiera podido llevar en la mano.

¿Qué podía llevar?

Nada.

Bueno, entonces ¿qué es lo que buscas?

Quiero hablar con la hija de Juan Acebo.

¿Para qué?

Está loca. Ni habla siquiera.

No han conseguido que diga una sola palabra.

Zayas, nos estás ocultando algo.

Y si no confías en nosotros jamás podrás ver a María.

Somos su única familia,

y ya sabes que solo nosotros podemos sacarla de allí.

Hagamos un trato.

¿Qué clase de trato?

La misma clase de trato que hice con Acebo.

Si me ayudáis podréis tener la mitad de un tesoro fantástico.

(TITUBEA) Una estatua de oro macizo con piedras preciosas,

y diamantes tan grandes como huevos de gaviota.

¿Una estatua? Sí.

Acebo y yo la encontramos en una cueva,

en la isla de Roca Negra.

La habíamos estado buscando toda la vida.

Sabíamos donde estaba

porque un pescador nos lo dijo antes de morir.

Pero oídme bien,

si alguno de vosotros me engaña,

sea quien sea,

ya sabéis lo que le espera.

Lo primero es sacar a la niña del manicomio.

Es la única que sabe donde está lo que busco.

Pero si ha estado tantos años sin hablar,

¿cómo nos va decir nada ahora?

Hablará.

(Música dramática)

(Continúa la música)

(Ruido estridente)

(Ruido muy estridente)

(Continúa el ruido más fuerte)

(Continúa le ruido más fuerte)

(Continúa el ruido más fuerte)

María.

(Canto de pájaros)

(Música de tensión)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Música dramática)

¿Dónde andabas? Te estábamos esperando.

¿Ha habido problemas? No, ninguno.

¿Dónde está la muchacha?

Esta desgraciada no hablará.

Tiene una expresión muy... rara.

Claro, de loca.

¿Y si María hubiera hablado mientras tú estabas en la playa?

Nos entendemos muy bien. Quedamos que no habla, ¿no?

¿Y si hubiera hablado?

Bueno, pues si hubiese hablado

sabríamos mucho más de lo que sabemos.

Nosotros sí.

¿Por qué dices esas tonterías?

Quiero demostrarle que no es tan listo como se cree.

O quizás que estás dispuesta a engañarme...

a la primera ocasión que tengas.

Quiero demostrarte que tienes miedo.

¿Miedo yo? ¿De qué?

De ella.

Oye, ¿por qué no le dices que cierre la boca.

No sé lo que quiere decir pero no me gusta.

Es una broma. No me gustan las bromas.

Nos viste llegar.

Tienes miedo de enfrentarte a la chica,

de que te reconozca.

Sandra, cállate.

Digo lo que siento.

Eres una zorra.

Ya ves que digo lo que pienso.

¿Por qué no te muerdes la lengua antes de hablar, asesino?

Oye, ¿y tú, por qué no utilizas la cabeza?

¿No te das cuenta de que lo que ella quiere

es enfrentarnos a los dos?

No, yo no lo veo así y te voy a romper la crisma.

Si haces eso ella te creerá más hombre,

pero en cambio yo creeré que eres tonto de remate.

(Golpe)

(Música dramática)

¡Eh, Bodo, ven a ayudarme!

¡Bodo!, ¿es que no me oyes? ¡Ven a ayudarme!

¿Estás sordo, imbécil?

Maldita sea... Enano estúpido...

Cuando le pille le voy a...

Ayer te enfadaste conmigo.

Me llamaste zorra.

¿Es verdad que piensas que soy una zorra?

¿Dónde está tu marido?

¿A ti qué te importa?

Se lo dieron a la chica en el manicomio.

Es curioso, nadie lo ha abierto.

No creerás que está ahí lo que buscas.

Tendría gracia que las monjitas

lo devolvieran creyendo que es un juguete.

¿No creas que no me doy cuenta de tus trucos?

Sé que puedes comprenderme perfectamente.

Entiendes todo lo que te digo.

Y yo... yo voy a hacerte hablar.

¡Voy a hacerte hablar!

¿Me oyes? ¿Has oído?

Sí, ¿lo ves?

¿Ves como me entiendes?

Vamos, cálmate, no voy a hacerte daño.

Aquella noche...

Escucha,

aquella noche tenías una estatua de oro muy bonita.

Una muñeca... una muñeca de oro en tus manos.

¿Recuerdas? Pues ahora he vuelto a encontrarte,

y no pienso dejar que te vayas...

hasta que me digas...

dónde está.

La has asustado, Zayas.

No creo que sea la manera de hacerla hablar.

Así no.

Me gustaría saber lo que te pasa por la cabeza.

Yo no estoy loca y... pienso cosas que si te las dijera...

creerías que estoy más loca que tú.

Tiene gracia que te lo esté contando a ti,

como si pudieras comprenderme.

¿Pero a quién se lo puedo contar?

Bodo se puso el otro día un vestido mío para jugar,

y Atrilio le dio una paliza.

Tampoco Atrilio es un hombre.

Quisiera serlo, pero no puede.

Zayas es distinto,

pero viene buscando otra cosa.

Estabas mejor en el manicomio.

Son cerdos.

Créeme,

todos son cerdos.

¿Ha hablado?

¿Y a ti qué te importa?

Yo creo que no hablará nunca.

Los locos solamente dicen estupideces.

No creo que nos sirva nada de lo que ella diga.

Tú crees muchas cosas.

A mí me da lo mismo.

Pero si ella llega a decir algo,

sería mejor que Zayas no lo supiera.

¿Ah sí?

Eso es lo que creo.

Ya ves, hasta Bodo piensa.

Estoy segura de que tú también piensas.

¿Pero en qué?

¿Dónde están las mujeres?

Están allá, en la playa.

¿Cuándo van a volver?

Pronto estará de vuelta.

Conque eres contrabandista, ¿eh?

Algún alijo de vez en cuando, nada de particular.

¿Por qué no ha ido Bodo contigo a recoger los paquetes?

Prefiero no meterlo en estas cosas.

Si no tienes confianza en tu cuñado,

¿por qué me dejaste hablar delante de él?

Eso es distinto.

Bodo no puede pensar, es como un niño.

Hace lo que se le dice y... y ya está.

Pero no es bueno que se meta en el trabajo de los hombres.

¿Ha hablado la chica?

Yo creo que no hablará nunca.

Nadie te pregunta lo que crees,

sino lo que hace allí con Sandra.

Porque si la chica no ha hablado, ¿qué demonios están haciendo?

Jugando.

¿Y a qué juegan?

Me parece que eso no lo sé.

¡Basta de risas!

Sube estos paquetes ahora mismo al desván.

(Golpe)

(TARAREA)

¿Qué haces?

Le voy a arreglar un poco la habitación a María.

Fíjate en los juguetes que he encontrado en el desván.

Quédate con ella.

María, mira qué cosas te he traído y qué bonitas, ¿eh?

Y así el Gran Bodo,

debido a sus grandes conocimientos y su personalidad,

fue nombrado rey de los Siete Mares

y custodio de los Mil Vientos.

(VOZ FEMENINA) Quiero conocer al Gran Bodo.

Oh, no, ¿cómo puedes decir tal cosa?

No puedo empezar ni a describírtelo.

Silencioso,

tímido, humilde.

Nadie le ve y tampoco le oye.

Pero él lo ve y lo sabe todo.

¿Has oído eso, muñeca?

Todo.

Y algún día

vendrá con su capa invisible de armiño

y te llevará con él a su gran palacio de cristal.

¡Oh, yo quiero conocer al Gran Bodo!

¿Y tú, María,

quieres conocer también al Gran Bodo?

¡Sí, quiere! ¡Sí, quiere! Dice que quiere conocerle también.

¡Eh!

Gran Bodo, ven aquí.

¿Eh?

Érase una vez...

una maravillosa tierra junto al mar.

Donde vivían un padre...

y una hija.

Y el nombre de la niña era María,

y era linda y hermosa como un ángel.

Vivieron muy felices.

Hasta que un día el padre de María

encontró una preciosa muñeca de oro

en el fondo del océano.

(VOZ FINGIDA) Yo me llevaré esta muñeca de oro

y la esconderé en mi casa.

Pero María,

descubrió el sitio donde su padre había escondido la muñeca

y se la llevó consigo para jugar.

(VOZ INFANTIL) Yo jugaré con ella, y nadie lo sabrá jamás,

y luego se la devolveré a mi padre.

(Música dramática)

(VOZ MALÉFICA) Yo soy Zayas.

¡Je!

¿Dónde está la hermosa muñeca de oro

que saqué del mar con mi amigo?

(VOZ FINGIDA) Amigo mío, la tengo guardada en casa en lugar seguro.

Ven conmigo y allí te la daré.

No está aquí, ¿quién se la habrá llevado?

(VOZ DIABÓLICA) ¡Traidor! ¡Traidor!

Me has engañado.

(VOZ FINGIDA) No te he engañado, lo juro, la escondí aquí.

(VOZ DIABÓLICA) ¡Ladrón, te daré tu merecido! ¡Toma eso!

¡Y eso! ¡Y eso! ¡Y eso! ¡Y eso!

¡Y eso! ¡Y eso! ¡Y eso!

¡Toma! ¡Toma!

¡Y eso! ¡Y eso!

¡Toma, toma!

¡Toma! Ya basta por hoy.

Y eso...

(Música dramática)

¿Por qué no le dices a tu amigo, el Gran Bodo,

de los Siete Mares y los Mil Vientos,

dónde ocultó María...

la preciosa muñeca de oro?

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

¿Qué haces? Esperando.

Sí...

en la cárcel aprendí a esperar.

¿Esperar qué?

Cualquier cosa que llegue.

Si es buena la cojo con ambas manos,

y si es mala, pues... la dejo pasar.

¿Y si es un mujer? ¿Es bueno o es malo?

Hombre, si... si la mujer es casada y...

y yo estoy viviendo en casa de su marido,

y su marido y yo tenemos un negocio al 50 por ciento,

entonces creo que lo mejor es que la deje...

La dejo.

Si la mujer está casada y vives en casa del marido,

y no quieres acostarte con ella...

puedes tener dos razones,

que ella no te gusta o...

o que eres un cobarde.

Piensa lo que quieras.

No, no eres un cobarde.

Atrilio y Bodo sí lo son.

Pero tú tienes más miedo que los dos juntos.

(Risas)

¡Ahora verás! ¡Hijo de perra!

¡Maldito enano!

(RÍE)

Te voy a partir la cabeza.

¿Dónde estás? ¿Dónde estás?

(RÍE)

(Ventisca)

(Grillar de grillos)

(Continúa el grillar)

(Pasos)

(Pasos)

(Verdi "La Donna E Mobile")

# È sempre misero

# chi a lei s'affida.

# Chi le confida

# mal cauto il core.

# Pur mai non sentesi

# felice appieno.

# Chi su quel seno

# non liba amore.

# La donna è mobil

# qual piuma al vento.

# Muta d'...

# accento...

# e di pensier.

(Continúa la música)

# E di pensier.

(Continúa la música)

# E...

# E...

# E... #

¡Cállate!

Tu padre y yo...

éramos viejos amigos.

Desde muy niños oímos hablar

del tesoro de la isla de Roca Negra.

Acostumbrábamos a ir a la isla, siempre juntos,

hasta que un día lo encontramos.

La estatua de oro de Roca Negra.

Pero el mar empezó a embravecerse.

Tu padre me dejó...

Quedé atrapado, me rompí un pie.

De pronto vi un destello de luz al fondo de la cueva.

Y yo pude salvar la vida nadando.

Cuando volví a casa de tu padre,

pensé que me había engañado, me volví loco y...

Bueno, lo maté.

Luego te vi a ti

con la estatua de oro en las manos.

La habías cogido para jugar con ella,

como si fuera... una muñeca.

Así que sin quererlo...

tú tienes tanta culpa como yo...

en la muerte de tu padre.

Los dos hemos pagado por ello.

Yo en la cárcel y tú... en ese sitio tan horrible.

¿Uh?

¿Qué haces? Ya ves, pelando patatas.

Ayudando al chef,

tu hermanito.

En la cárcel aprendí muchas cosas.

Nunca encontrarás a mi marido haciendo cosas de mujer.

Alguien me ha dicho

que tampoco veré a tu marido haciendo un trabajo de hombre.

¡Ja!

¡Vaca!

¡Eh!

(Música de tensión)

¡Eh! ¿Qué es esto?

Lo encontré en la habitación de Zayas,

pudiera ser interesante.

Es la estatua. Debe haberla dibujado en la cárcel.

¿Cómo sabes tú que es la estatua?

¿Qué otra cosa puede ser?

Bueno, es igual,

devuélvele eso, ponlo donde lo encontraste.

Solo son dibujos, no sirven.

Sí, pero es que pensé...

¿Ah, sí, qué pensaste?

Oh, está bien, Atrilio, lo pondré donde estaba,

antes de que note su desaparición.

Dime, ¿qué pensaste?

No, nada,

solo que si le pudiera enseñar estos dibujos a María

a lo mejor recordaba.

Anda, ahora vuelve a ponerlo en su sitio.

Vamos.

(TARAREA)

(Graznido) (GRITA)

¡Uh, ah!

(GRITA) ¡Atrilio!

¡Un monstruo!

¿Qué pasa ahora?

Un animal extraño.

¿Qué, un animal?

¡Es un... pájaro!

Se ha metido en la habitación de Zayas.

Idiota, ¿desde cuándo te asustas de un pájaro?

¡Es un pájaro negro, ven!

Un pájaro negro y feo.

Con... con garras muy afiladas, es un demonio.

Bueno, iré yo mismo a ver ese monstruo.

¡Mátalo!

(Disparo)

Ahí tienes tu monstruo.

¿Lo ves? Una gallina vieja.

Un pájaro.

Una gallina es un pájaro.

Y una gallina negra es un pájaro negro.

Estaba pensando,

cuando consigamos el oro, ¿qué haremos con María?

¿Llevarla otra vez al manicomio?

Si puede recordar, querrá decir que se ha curado,

y si está curada hablará. ¡Claro que hablará!

Lo dirá todo y tendremos que entregar el oro.

Esa es la ley, lo estuve mirando.

De modo que cuando hable María tendremos que hacer algo.

Dices que lo miraste.

Bueno, ya veremos.

Nadie va a venir preguntando por una loca.

(RÍE)

(Graznidos)

(Graznidos)

Dulce princesa, tus servidores te solicitan una larga audiencia

para hablarte de estos valiosos pergaminos orientales.

¡Basta ya de majaderías!

Mira, estúpida, fíjate bien.

Fíjate en esta figurita

porque vamos a hacer que nos lo digas todo, ¿entiendes?

No puedes hablarle de esa forma. ¡Cállate tú!

Es una princesa. Sé como tengo que hablar con ella.

Vamos, ven aquí.

¿Ves esto? ¡Basta ya!

¡De esa manera no hablará, Atrilio! ¿Es que tampoco ves?

Esa no es forma de tratar a una princesa.

Yo la enseñaré a dibujar. ¡Vamos!

¡Maldita loca!

María, María,

mira. ¿Ves?

Así.

Es divertido. Eso es.

Así...

Es muy fácil. Eso.

Sí, puedes hacerlo.

Vamos...

Bueno, ya aprenderás.

Buenas noches, dulce princesa.

(Balanceo de madera)

(Continúa el balanceo)

(Música suave de violín)

(Continúa la música)

(Graznido)

(Graznido)

(Graznidos)

(Graznido)

(Graznidos)

El Gran Bodo viene a despertar a su princesa durmiente

y a darle la bienvenida en este maravilloso... día.

¿Cuándo hizo estos dibujos mi hermosa princesa?

El Gran Bodo

suplica a su princesa que le revele el secreto que hay en este misterio.

¿Por qué pinta siempre María la misma figura?

¿Qué representan estos bonitos dibujos?

¿Será quizá algún fabuloso animal de los Siete Mares?

¿No?

Yo los he visto todos, y ninguno se parece a este.

¿O será tal vez un velero impulsado por los Mil Vientos?

¿No?

No es ningún fabuloso animal de los Siete Mares,

ni un velero impulsado por los Mil Vientos.

Entonces ¿qué podrá ser?

Ya...

Claro, naturalmente.

¿Y si fuera la famosa estatua de oro que todos estamos buscando?

¿Eh?

Sí, eso debe ser, podemos encontrarla.

¡La encontraremos! ¿Eh?

Tú recuerdas donde la escondiste, ¿no es cierto?

¿Por qué no le dices al Gran Bodo dónde está y vamos a buscarla? ¿Eh?

Eh, Bodo,

¿qué hacéis aquí los dos?

¿Qué me estáis ocultando?

Miren lo que ha dibujado la loca esta.

Si es capaz de hacer eso también podrá hablar.

Lo recuerda todo.

Puede hablar.

¡Quita esas manos de encima! ¡Se está burlando de nosotros!

¡Deja a María!

Yo no soy Martín Zayas.

Y si has creído que te van a dar resultado tus trucos,

yo te enseñaré lo equivocada que estás.

Escúchame bien, niña idiota.

Si no pronuncias una palabra, la que tú quieras, una palabra,

te arrancaré el pellejo pedazo a pedazo.

Puede hablar, Atrilio, sé que puede.

Se ha estado burlando de nosotros.

¡Dale su merecido, Atrilio!

¡Dale fuerte! -(GRITA)

(Música dramática)

(TOSE)

Señor Zayas,

quiero decirle que yo no he tenido nada que ver con esto.

Yo... yo estaba cuidando de la niña tal y como usted me dijo.

Yo odio la violencia.

Sé que el comportamiento de mi cuñado es cruel

y además, no lo apruebo en absoluto.

Escucha, escúchame bien.

Quiero que le digas a tu familia una sola cosa.

Sé que sois sus tutores legales, lo sé.

Hicimos un trato,

y yo os daré la mitad de todo lo que consiga, pero...

si alguien vuelve a tocar a la chica,

se acabó el trato.

¿Entendido?

Quiero que vayas ahora mismo y se lo digas a los dos.

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Continúa la música)

(OFF) "El viento soplaba tan fuerte

que tu padre y yo nos tuvimos que atar al mástil.

Y cantábamos,

cantábamos y cantábamos con todas nuestras fuerzas,

para que supiera la tempestad que no teníamos miedo a morir.

El mástil, con un enorme chasquido, voló en pedazos por el aire.

Todo el barco parecía que se elevaba hacia las nubes,

arrojado por las olas gigantescas.

Y tu padre y yo seguíamos cantando.

Cantábamos y cantábamos para no morir.

Teníamos que hacerlo así.

Sabíamos que si dejábamos de cantar, aunque fuera un momento,

llegaría nuestro final.

Y gritábamos tanto

que conseguimos que amainara la tempestad.

El barco estuvo muchas horas a la deriva,

hasta que por fin, vimos tierra.

Era una isla que no aparecía en nuestros mapas.

Desembarcamos en ella,

y durante dos días no vimos a nadie.

Pero de repente,

apareció una criatura muy extraña.

Iba completamente desnudo.

A tu padre y a mí nos sorprendió ver

que toda la piel de su cuerpo

estaba cubierta de palabras tatuadas,

y que también los árboles, y las rocas, y su choza,

y todo lo que poseía

estaba cubierto de palabras.

Lo había hecho así

para no volverse loco en su soledad.

Sabía que si dejaba de escribir moriría,

igual que hubiéramos muerto nosotros

si hubiésemos dejado de cantar".

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Truenos)

(Truenos)

Vamos.

Ven acá.

Ven.

Eso es.

Ven. Vamos allá.

Fíjate, la vieja iglesia.

Más vieja que yo.

No sirve absolutamente para nada pero ahí sigue.

Bueno, en realidad antes sí servía para algo,

para que tú jugaras cuando eras niña.

(Truenos)

¡María!

¡Eh, espérame!

¡Espera!

(Truenos)

(Truenos)

(Truenos)

(Truenos)

(GRITA)

Calma, María, cálmate.

¡No, no, no! Tranquilízate.

No es nada. ¡No!

Solo es la tormenta.

Calma, calma.

No tengas miedo, María.

Eso es. Cálmate.

No es nada, solo es la tormenta.

Escúchame, María. Puedes hablar.

Puedes hablar. Sé que puedes hablar.

Yo fui la culpable. Sí...

¡Habla!

¡Habla, María!

Habla. Habla, María.

Sigue hablando, sigue hablando.

Habla, María. Sigue hablando. Habla.

(Truenos)

Sigue hablando... No puedo acordarme.

Yo estaba allí, yo estaba allí. ¿No te acuerdas?

Creí que tu padre me había engañado.

Yo me enfadé mucho con él.

Me volví loco cuando volví a la casa.

¡No! Estabas con la estatua en la mano.

¿No te acuerdas? No, no...

Sí... No puedo.

Sí... No puedo recordarlo.

¡No puedo!

¡Sí! ¡No!

Te acuerdas...

Yo maté a tu padre.

Yo maté a tu padre.

Tengo frío...

Yo no me acuerdo... Sí te acuerdas.

¡Sí!

(OFF) "Continúa, María.

Continúa".

Escucha. Escúchame.

(Truenos)

Estabas allí. Estabas allí con la estatua en la mano.

¡No! ¿Lo has olvidado?

Sí, tú lo viste todo. ¡No!

(Truenos)

¿Por qué no hablas?

Mi padre ha muerto. Es culpa mía.

Es culpa mía.

No...

Es culpa mía...

Te lo prometo, te lo prometo, María.

Nadie te volverá a hacer daño.

No quiero que me encierren.

Ayúdame. No volverán a encerrarte.

Yo te ayudaré, María. Ayúdame.

Te lo prometo, te ayudaré. Ayúdame.

No volverás a aquel lugar. Nunca volverán a encerrarte, María.

(Ruido estridente)

No, María.

Nadie volverá a hacerte daño.

Y tú nunca volverás a aquel lugar.

Te lo prometo.

Te lo prometo, María. Pero tienes que seguir hablando.

Tienes que seguir hablando. Habla, sigue.

Sigue hablando, María.

Habla.

(Truenos)

¿Te encuentras bien?

¿Te encuentras bien, María, eh?

María...

Sí.

Bien, pues escucha con atención lo que voy a decirte.

Nadie debe saber

que estás curada, que puedes hablar, nadie.

Cuando recuerdes

dónde está escondida la estatua de oro

yo diré que la he encontrado solo,

sin tu ayuda.

Les daré a ellos su parte del dinero,

y luego tú y yo nos iremos juntos, lejos, muy lejos de aquí.

Yo ya soy bastante viejo, pero sabré cuidar de ti.

Cuando salí de la cárcel solamente pensaba en el oro.

Pero luego empecé a olvidarlo.

Quería...

no sé... otra cosa.

Quería... tus palabras.

Quería... que hablaras.

(Canto de pájaros)

(Canto de pájaros)

¡Ah!

Mi princesita había olvidado

que el Gran Bodo lo ve todo y lo sabe todo.

De ahora en adelante solo tendrás un amo,

y le servirás solamente a él.

Le dirás el secreto de dónde tienes escondida

la preciosa muñeca de oro.

(RÍE)

¿Dónde está Bodo? Fue a buscarles.

No los encontrará, Zayas se ha ido. Rata asquerosa, se ha burlado...

Tienes la culpa. No eres un hombre y nunca lo has sido.

Tenías que haberte impuesto.

¿Sabes lo que me hizo anoche...? ¡Cállate!

¿Cómo un cobarde impotente que no se acuesta con su mujer,

puede tener celos?

¡Zorra!

(Ruido)

(Canto de pájaros)

¡María!

¡Bodo!, ¿dónde te habías metido?

Ven conmigo, princesa.

¿Dónde está Zayas?

La dejó abandonada en la antigua iglesia.

Se ha largado con el tesoro, nos ha engañado.

Hijo de perra.

Le mataré.

¡Sí, mátale!

Se lo merece, violó a María.

Yo lo vi. ¡Mentira!

(Música dramática)

A... a... aguarda un momento, yo no lo sabía.

(GRITA)

De modo que te estabas burlando de nosotros, ahora verás.

¡Ya sé lo que tienes que hacer para conseguir que hable!

¡Sí, yo también!

¡Sandra dice que no eres un hombre!

(GRITA)

Ven...

¡No!

Ven...

¡No!

(Gritos)

¡No! ¡No!

(Gritos)

(Música dramática)

¡María!

¡María!

¡Cerdo, ábreme!

¡Ábreme!

(Golpes)

¡Canalla!

(Golpes)

¡Hijo de perra!

(Golpes)

(Golpes)

Voy a matarte, Atrilio, voy a matarte.

Escucha, Sandra, espera un momento.

Eres un cerdo y voy a matarte.

He hecho con ella lo mismo que Zayas hizo contigo.

¿Crees que no lo sabía?

De todas formas voy a matarte.

No, no lo harás.

Era solo un chiquilla.

¿Ah, una niña...?

Bueno, pues no lo parece.

Lo ha hecho con Zayas.

¿Tampoco lo sabías?

¿Y sabes lo que hizo Zayas para conseguir que hablara?

Pregúntaselo a Bodo, él lo vio.

María...

no es una niña, es una mujer, lo mismo que tú.

¿Me vas a matar por eso?

Dame esa pistola y deja de decir tonterías.

Acércate si te atreves, acércate,

ahora que eres un hombre.

Toma tu pistola, Atrilio, tómala.

(Música dramática)

(Música suave de saxofón)

(Continúa la música)

¿Qué vas a hacer ahora, Sandra?

(VOZ FEMENINA) Me iré muy lejos de aquí.

¿Y a dónde irás, a buscar a Zayas?

(VOZ FEMENINA) No quiero a Zayas, ni su tesoro, ni esta casa,

ni lo que hay en ella, todo es tuyo, Bodo.

Puedes jugar con ello cuanto quieras.

¿De veras lo dices?

(VOZ FEMENINA) Sí, me voy a ir muy lejos de aquí.

Te dejo con María, la casa y todo lo que hay.

Yo debí marcharme hace mucho tiempo.

Pero no tuve valor para hacerlo.

¿Y no vas a volver?

(VOZ FEMENINA) No.

(Continúa la música)

¡Adiós, Sandra!

(RÍE)

(RÍE)

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Continúa la música)

No...

(Pasos)

Princesa, somos libres.

Princesa mía...

Atrilio ha muerto,

y Sandra se ha ido, no volverá nunca.

Así que... estamos solos.

De todos modos era gente muy vulgar.

Jamás hubieran comprendido

al Gran Bodo de los Siete Mares y los Mil Vientos,

ni a su hermosa princesa.

Ahora ya podemos irnos juntos.

Y yo te vestiré con pieles, y sedas, y joyas preciosas,

y viviremos en un palacio.

Pero antes,

mi hermosa princesa, ha de decirle a Bodo

dónde escondió la estatua de oro.

Recuerda que el Gran Bodo te salvó la vida.

Debes hablar solamente con él.

Debes confiar solo en el Gran Bodo.

(Graznido)

¡Zayas!

¡Mejor será que no entres!

¿Oyes, Zayas?

¡Haz lo que te digo, vete de aquí inmediatamente!

¡Tengo aquí a la chica!

¡Y si te acercas la mataré!

¡No te muevas! ¡Atrilio ha muerto!

¡Ahora todos estáis en poder del Gran Bodo!

¡Tenéis que hacer lo que yo diga!

(Risas)

¡Todo es mío! ¡Mío!

¡María vivirá con el Gran Bodo!

¡Si quieres que ella viva, vete!

(Ruido)

María, despierta.

María, escúchame.

Quédate aquí, quédate aquí, no salgas de esta habitación.

Yo volveré, te recogeré y los dos nos volveremos juntos.

Yo te llevaré muy lejos de aquí,

para no volver nunca.

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

Ah, Zayas, te he engañado.

Eres hombre muerto.

Te he engañado, Zayas.

(Música dramática)

(Continúa la música)

(Música de tensión)

Maldito...

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Continúa la música)

Es... escúchame... María,

escúchame bien.

Tienes que escucharme,

y hacer lo que te diga.

Te marcharás de aquí sin mí.

No... no... no puedo puedo ir contigo.

Tienes que irte sola.

Pero si me escuchas y haces todo...

lo que yo te diga, no te encerrarán.

No te encerrarán...

nunca...

Cuando ten encuentren

todos querrán saber lo que ha pasado.

Habla con ellos, María.

Habla con ellos, por favor.

Habla con ellos, pero no... no... no les digas la verdad.

Dile que peleamos por Sandra.

Entiéndelo, no digas nada de la estatua de oro.

Debes engañarlos, debes mentirles.

Hazlo, María.

Habla con ellos, pero engáñalos.

Miénteles.

Escucha... escucha...

¿No oyes el viento, María?

Cómo sopla...

Tu padre y yo tuvimos que atarnos al mástil...

Sí, y cantar.

Es curioso, ya no me acuerdo,

cómo era la canción que cantábamos...

en el...

Voy a morir, María.

Ya puedes decirme...

lo que hiciste...

con la muñeca de oro,

con la que jugabas...

cuando eras niña.

La tiré al mar.

(Lockyer BSO "La loba y la paloma")

(Continúa la música)

Historia de nuestro cine - La loba y la paloma

25 sep 2018

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