Presentado por: Elena S. Sánchez Dirigido por: Francisco Quintanar

'Historia de nuestro cine' hace un repaso por lo mejor del cine español desde los años 30 hasta nuestros días, con la intención de revisar sus grandes títulos. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo habitual de expertos que introducirán cada película. La emisión de las cinco películas cada semana se completará con un coloquio en el que participarán los colaboradores fijos junto a figuras relevantes del cine que tengan relación con las películas a emitir esa semana.

Las películas se programarán en bloques temporales. Los lunes será el turno de las películas de la década de los 30 y 40; los martes de los 50 y 60; miércoles de los 70, jueves de los 80 y viernes de los 90.

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Historia de nuestro cine - Manos sucias - ver ahora
Transcripción completa

(Música de Roberto Nicolosi)

(Para la música)

(Claxon)

(Claxon)

Eh, Avelino, ¿pensaste en lo que te dije?

Sí, lo pensé. Entonces ¿me vendes la estación?

La vendo, pero es que quiero cobrarla.

Bueno, yo te la pago. Me la pagas...

Cuatro perras en la mano ¿y el resto cuándo?

Si ni tú mismo lo sabes. ¿Cómo que no?

Lo siento, tengo los pasajes y a primeros embarco con la familia.

Necesito en el bolsillo lo que vale la estación.

Cecilio,

llévate tu petróleo. Yo tengo palabra, Avelino.

Y si te digo que te mando los cuartos a América,

es que te los mando.

¿No te fías de mí? Claro, pero no es eso.

¿Traes el dinero?

Está igual y no le entra en la cabeza

que, si no cobro, ¿cómo diablos nos vamos a Venezuela?

Entonces ¿por qué discutís?

Y eso que encima le pienso dar la moto.

Se puede hacer un arreglo. Anda, cóbrale

al chico. Oye, Avelino...,

tengo 8000 pesetas. Esas te las doy enseguida.

Y, luego, 5000 más que puedo sacar de mis apaños.

Ya queda menos. ¿No te parece?

Bah, si eso no es nada, tengo mejores ofertas.

(PACO) ¡Eh, Miguel! ¡Voy!

Que se va a achicharrar el camión.

Espérate.

Dame un poco de tiempo para que saque el dinero.

¿De dónde vas a sacarlo? ¿Qué importa?

Pero no la vendas antes del sábado.

¿El sábado? Sí.

¿Tanto te interesa esta barraca? Siempre he pensado que fuera mía.

Está bien. Te voy a dar de tiempo hasta el sábado,

pero, como falles, no quiero saber nada.

Se lo cuentas a mi mujer. Está bien.

(PACO) ¡Eh, Miguel! Ya voy, hombre.

No te preocupes, el sábado estaré aquí con todo el dinero.

Y a ver cómo cuidas mi estación, ¿eh? (RÍE)

Tira cuando quieras.

¿No pensarás venderla a ese pelagatos?

Si la paga, ¿por qué no?

Está tan encaprichado...

Me gustaría que encontrase los cuartos.

Bueno.

(Ruidos del tráfico)

(Cláxones)

(Claxon)

(Claxon)

Descarga tú, Paco.

Hola, Nano. Hola, Miguel.

¿Por dónde anda el patrón? En la oficina.

¿Y de qué humor está?

Como siempre. Voy a ver.

Espera, échame un autógrafo. De acuerdo.

Vale. Adiós. Adiós.

Hola, Pedro. ¿Qué hay?

Vamos, hombre, no hay forma de ajustar más ese precio.

Es otra cosa.

Pues claro, claro que lo he mirado.

Bueno, no discutamos. Si otros lo hacen, yo no puedo hacerlo.

Lo lamento mucho, hasta la vista.

Dios, dame fuerzas.

¿Y a ti qué te sucede?

Señor Valero, es que quiero comprarme

una estación de servicio.

¿Una estación de servicio? Sí.

Ah, no sabía que tuvieras tanta pasta.

Pues ahí está. ¿Ahí está qué?

Que tengo algo, pero no todo. Y quieres que te lo dé yo.

No, lo único que querría es que la sociedad me prestara.

¡Ah! Pues sí que has escogido el momento justo.

Haría doble turno a medio jornal, el trabajo no me asusta.

Conque doble turno, ¿eh?

Pues como las cosas vayan así, vas a hacer un solo viaje

a la semana y todavía gracias. ¿Por qué?

¿Sabes lo que es esto?

Un camión frigorífico de diez toneladas.

Hace los 100 cargado hasta los topes.

¿Es para nosotros? Para nosotros...

De los de ahí, de los de enfrente.

Ah, sí, he visto que tienen uno. Y nosotros hemos pedido dos.

Han dicho que nos los darán dentro de tres meses... ¡Bah!

Y cuando llegue el verano, se habrá terminado.

Vaya una gracia.

Piensa que estaban en la ruina y ahora, con el camión frigorífico,

se permiten ofrecer contratos al mismo precio

que nosotros. Resultado, eso,

más de 20 aplazamientos de transporte.

Y tú me vienes a pedir un préstamo.

Como no se arreglen las cosas...,

ya puedo ir pensando en cerrar.

Claro que, si no fuera por ese maldito camión...

Señor Valero. -¿Eh?

Aquí le traigo... -Sí, ya sé de lo que se trata.

Anda, deme, déjeme.

Entonces, si no fuera por ese camión...,

No te comprendo.

...me prestaría usted el dinero, ¿no?

Bah, qué sé yo.

A lo mejor...

¿Por qué me dices eso?

Es que...

un camión, si estorba, se puede echar a la cuneta.

Mira que eres animal. Pero ¿qué dices?

Al fin y al cabo, ellos nos están haciendo una faena.

Pues nosotros se la hacemos a ellos y en paz.

Va...,

tú puedes hacer lo que quieras, pero nosotros,

nosotros no hacemos nada.

Está bien. Mejor que no sigamos hablando.

De acuerdo.

Miguel...,

¿en qué estamos de acuerdo?

¿No irás a meterme en un lío?

¿Está claro? Muy claro, señor Valero.

(Música dramática)

(Para la música)

Listo, cuando quieras.

Llevas media carga, pero bien apuntalada.

Chica nueva para hoy. (RÍE)

Adiós. (HOMBRE) Adiós.

(Música dramática)

(Cláxones)

(Motor acelerando)

(Cláxones)

(Claxon)

¿Por qué aprietas tanto?

Voy a por ese.

(Claxon)

(Cláxones)

(Cláxones)

(Cláxones)

Ahora verás.

(Cláxones)

(Cláxones)

¿Has visto qué animal? Ten cuidado.

(Cláxones)

(Cláxones)

(Cláxones)

¿Eh?

¿Qué pasa? Nada.

¿Quieres que conduzca yo? No, es igual.

¿Sabes que dejo esto...

y que voy a comprar la estación de Avelino?

¿Por qué paramos? Comemos aquí.

¿Por qué? Porque quiero, encarga la comida.

Voy a mirar el motor. Si está bien.

Como tú dormías, no te has dado cuenta

de que fallaba un pistón. Bueno, hombre.

Entonces paella para dos, bistec y ensalada.

Sí, vale, vale.

(Música dramática)

(Para la música)

(Claxon)

(Música dramática)

(MUJER) ¡Teresa!

(Motor apagándose)

(Conversaciones indistintas)

¿Por qué no te quedas de entremés, chata?

Bueno, si quieres, de plato fuerte. Las manos, quietas.

(Conversaciones indistintas)

Madre mía, cómo está. Vamos que...

(Conversaciones indistintas)

(Conversaciones indistintas)

¿Te estás volviendo sordo, Miguel?

¿Me oyes? Es a ti.

Perdona, chico, pero no podía dejarte pasar en la curva.

Me hubiera ido a la cuneta. Tiene razón.

Adiós. Por poco nos tira y todavía dices

que tiene razón. Déjalo. Anda, vamos.

¿Qué querían esos? Nada.

Apúntame siempre para comer aquí.

Mira que estar diez años pasando de largo...

¿Blanco o tinto? Tinto.

¿Quién te dio el chivatazo?

Ahora comprendo el cambio de cocina.

Está buenísima.

(Motor arrancando)

(Motor acelerando)

¿Qué miras?

Nada.

Nada más.

Mira que echar a esa preciosidad...

¿Se te ha perdido algo?

¿Eh? No, nada.

(Música dramática)

(POLICÍA) Despacio, despacio.

Despacio. Siga, siga, pero sin parar.

(Música dramática)

¡Eres un bestia, Miguel, un bestia!

Ahí lo tienes.

Un hombre muerto y otro,

gravemente herido.

¿Quién iba a pensarlo?

Cuando yo caí por el barranco, ¿se acuerda?,

el camión se hizo polvo.

Yo, en cambio, solo salí con arañazos.

¿Cómo iba a suponer que pasaría eso?

Miguel, por lo que veo,

ni siquiera te has dado cuenta de lo que has hecho.

Pero ¿tú sabes lo que podría pasarte si te descubrieran?

No, no me descubrirán.

Está bien. Ya sé por dónde va.

Y yo no diré nada.

Pero puede darse cuenta la Policía...

y eso complicaría las cosas.

Bueno, dejémoslo.

He estado pensando en tu asunto, Miguel.

Voy a despedirte.

¿Cómo? ¿Que me despide?

La casa no tiene motivo.

Por eso te paga voluntariamente una indemnización

y quedamos en paz. No le comprendo.

No me hagas reír.

¿Cuándo has comprendido algo?

Te pago la liquidación sin discutir.

A los demás puedes decirles lo que quieras,

que has ahorrado y te compras la estación.

Es lo que vas a hacer, ¿no?

Sí, claro. Bien.

Entonces firma ese recibo.

No, no, no, no. Yo no firmo nada.

Firma eso, pedazo de animal.

Por mí, puedes irte tranquilo y no volver más.

Es lo mejor para los dos.

Y si no te han visto, nadie lo sabrá.

No me ha visto nadie.

Nadie.

(Música dramática)

(Para la música)

(Conversación indistinta en la TV)

¿A cenar? No.

¿Quiere beber algo? No, gracias.

Estaba buscando a la chica esa, Teresa.

No está. Ha ido al baile del pueblo.

Eche un vistazo por allí. Gracias.

(Música de salón)

(Sin audio, sigue la música)

(Sin audio, sigue la música)

(Sigue la música de fondo)

(Para la música)

Déjame.

Déjame, estate quieto.

Tengo que volver a casa.

Me gustaría que nunca tuvieras que marcharte.

¿Y tú, cuándo te vas?

No sé, pero, al paso que vamos,

ese puente no se acaba antes de un mes.

¿Te parece mucho tiempo?

Estarás deseando perder de vista esta ciudad.

No digas eso.

¿Por qué cuando acabe la obra no te vienes conmigo?

Porque no me interesa.

¿Tú crees?

Tú no me quieres, Juan.

Únicamente me deseas, eso es todo.

Y no te cansas de mí porque no cedo

y porque tu trabajo te obliga a estar aquí.

Si yo ahora me fuese contigo,

después te irías y nunca volvería a verte.

¿Qué quieres entonces?

Quiero casarme.

Mi madre no pudo casarse.

Y yo juré que a mí no me pasaría lo mismo que a ella.

Tengo derecho. Sí, pero tú sabes

que eso es imposible... para mí, claro.

Pues por eso te he dicho que no me convienes.

¿Y si te dijera que me gustas demasiado para dejarte marchar?

¡Suéltame! Vamos, no seas tonta.

¡Te digo que me sueltes! ¡Ven aquí!

¡Teresa!

¡A ver quién carga contigo!

(Música de salón)

(Conversaciones indistintas)

(Música de salón)

(Sin audio, sigue la música)

(Para la música)

(APLAUDEN)

(Conversaciones indistintas)

(Música de salón)

(Sin audio, sigue la música)

(Sin audio, sigue la música)

(Para la música)

(APLAUDEN)

Hola, Teresa. ¿Qué haces tú por aquí?

Nada, iba a un asunto,

bajé en el parador y me dijeron que estabas aquí.

Bien, ¿y qué? Ya te lo diré.

¿Quieres que vayamos a tomar algo? Bueno.

(Música de salón)

(Música de fondo)

¿Nos sentamos? Como quieras.

Chico.

¿Qué va a ser? Una limonada.

Dos. Enseguida.

Tú dirás, ¿para qué querías verme? No sé.

De repente me gustó pensar que podía hablar contigo otra vez.

No me digas.

Desde que te vi en aquella ventana

cuando estaba con mi camión, ¿te acuerdas?...,

y luego en el comedor, empecé a pensar cosas que...

¿Qué clase de mujer te has creído que soy?

¿Tú?

Pues muy guapa.

¿Y qué pensarías si te dijera que me gustas de cara...

y de todo lo demás?

Me molesta que siempre me tratéis así,

tú, tus amigotes y todos los que pasan por el parador.

Creéis que, con unas palabras y un refresco,

podéis reíros a mi costa y tomarme el pelo.

Es eso lo que andas buscando, ¿verdad?

Veo que tienes mal carácter.

Será mejor para ti que no lo pruebes.

Pero ¿por qué te pones así?

Yo solo quería verte, pero, si no te gusta, de camino y en paz.

Chico.

Cobra. Ya está bien. Gracias.

No quería molestarte.

No estoy enfadada.

Si me necesitas para algo... Gracias por la limonada.

Pero tengo que volver al parador. ¿Puedo acompañarte?

Bueno.

¿Sabes que ya no llevo el camión? ¿Es que te han despedido?

No, es que me cansé de la carretera.

Voy a comprarme una estación. Eso cuesta mucho dinero.

Lo tengo. Hace bastante que quería comprarme

una estación de servicio.

Da poco trabajo y es negocio seguro.

¿Tienes novia? No pierdo el tiempo con mujeres.

Es que no las entiendo, pero contigo es distinto.

Me di cuenta en cuanto te vi.

Fue algo extraño.

Yo estaba junto a mi camión,

intentaba arreglarlo.

No sé qué les pasaba a los frenos.

Al levantar la cabeza, te vi en la ventana.

¿Por qué me mirabas de aquel modo? No lo sé.

Nunca te había visto.

Pero, luego, en el comedor, ni siquiera me hiciste caso.

¿Recuerdas aquel chófer con el que estabas discutiendo?

Se mató.

¿Lo sabías? Sí.

A lo mejor por eso te retiras. ¿Es que tienes miedo

de que te suceda lo mismo? No, no,

hace ya muchísimos años que deseaba tener una estación.

La que voy a quedarme es bastante vieja.

Tendré que pintarla de nuevo, comprar muebles,

varias herramientas, un compresor.

Nadie la reconocerá.

Dime, ¿puedes pensar en algo que no sea tu estación?

Oh, sí, ahora tendré que buscarme una mujer.

Me estoy haciendo viejo.

¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza al decir "mujer"?

Boda, habitaciones limpias, ropa limpia.

Pequeños, naturalmente.

Risas, buena comida, una cama caliente, muchísimas cosas.

¿De qué te ríes? ¿De qué va a ser?

De que eres un niño con facha de hombre.

¿No te burlas? No, hombre.

Es que quería decirte que, cuando esté arreglada la estación,

si quieres verla, vente a buscarme, ¿de acuerdo?

De acuerdo.

No creí volver tan bien acompañada.

Gracias por todo. No hay de qué.

Adiós.

(Música dramática)

(Música dramática)

(Para la música)

(Música alegre)

(CHICO) ¡Eh! ¿No hay nadie por ahí? ¡Voy!

Hola, pequeño.

¿Qué quieres? Petróleo, la lata llena.

Bien.

¿Cómo te llamas? Cecilio.

Y yo, Miguel.

Así que ya estamos presentados.

¿Sabes que soy el nuevo amo de la estación?

Yo solo sabía que Avelino se marchaba.

Toma.

Deja eso, el primer cliente no paga.

Trae buena suerte. Gracias. ¿Ha visto a Pilar?

¿Quién? Mi hermana, ¿aún no ha venido?

No. Es la que traía la fruta.

Pues que venga Pilar.

Muchas gracias. Adiós.

Adiós. Adiós.

(Sigue la música)

¡So!

(Música alegre de fondo)

¡Eh!

Buenos días.

¿No está Avelino?

No, Pilar, Avelino se marchó.

¿Y cómo es que sabe usted mi nombre?

Y también sé que traes la fruta y la verdura.

Puedes continuar trayéndola.

Soy el nuevo dueño y me llamo Miguel.

Gracias, señor Miguel.

Entonces aquí tiene, 20 huevos, judías, fruta, berenjenas...

Pero si aquí hay comida para un regimiento.

Bueno, si no lo quiere... No tiene importancia.

Por esta vez, me quedo con todo.

¿Y está usted solo?

No, con el perro. (RÍE)

Quería decir si no tiene mujer.

No, por ahora, no. ¿Quién le hace la comida?

¡Yo, yo mismo! Ah...

¿Más preguntas?

No, perdón.

No hay de qué.

A mí me gusta el olor de la bencina.

Y los automóviles, también.

Estas cosas...

Antonio no las comprende. ¿Quién es

Antonio? Un muchacho

que quiere casarse conmigo. ¿Y tú?

No, yo... Bueno, no hay que tener prisa.

Lo importante es encontrar un buen marido o una buena mujer.

¿Cuánto te debo?

Si quiere, lo haremos como con Avelino.

Págueme a final de semana.

¿Le va bien? Muy bien.

¡Arre!

¡So!

Me alegro de que sea usted el nuevo dueño de la estación,

señor Miguel. Avelino era un bruto y, además, feo.

Adiós. (RÍE) Hasta otro día.

Hasta la vista.

¡Arre!

(Música dramática)

(Para la música)

¡Adiós!

Hola, Teresa. Hola.

¿Qué haces aquí?

Pues...

Estás muy elegante.

¿Ya te has comprado la estación?

Sí. Si has venido a verme,

tendrás que esperar un poco porque tengo mucho trabajo.

Es que lo que tengo que decirte

es muy importante.

Después me lo dirás. No, no,

ahora. Estuve pensando, ¿sabes?

La estación quedará bien cuando compre los muebles,

y ha de ser ya, porque así no puedo estar.

Y me gustaría que fuese mi mujer la que pudiera escogerlos.

Es natural.

Entonces...

¿podrías escogerlos?

Pero, Miguel, ¿me lo dices en serio?

No te burles. Si no quieres, dímelo.

No me burlo.

Es la cosa más seria y más bonita

que un hombre me ha dicho en mucho tiempo.

Y quisiera...,

me gustaría mucho...

Me gustaría mucho que fuesen...,

eso es, que fueran claros

y forrados de cretona.

¿A ti no?

(Música dramática)

(Para la música)

Anda, no seas niño, vamos. Sí.

Qué guapa eres.

(Claxon)

Sal. ¿No oyes que te están llamando?

Que esperen. Vamos a ver qué desayuno me prepara mi mujer.

(Cláxones)

Déjelo, déjelo. Gracias, señor.

(Aceite crepitando)

¡Suéltame, hombre! ¿Cómo quieres que te prepare el desayuno?

Oye, quería... Anda, acaba de poner la mesa.

Está bien.

Quería decirte que estuve hablando

con el dueño del terreno de enfrente.

Podríamos comprarle una parcela.

Bueno...,

¿qué te parece?

¿Y tú para qué quieres comprar ese terreno?

Pues, verás, he pensado que con el tiempo y si todo marcha bien,

podríamos montar ahí un parador.

Por aquí no hay ninguno y tengo muchos amigos que serían clientes.

En el fondo, se trata de cuatro paredes

y una cocina.

Pero ¿lo dices en serio?

Claro que lo digo en serio.

¿Es que no te parece bien?

Yo creía que iba a darte una alegría y me sales con eso.

Pues te advierto que el terreno es muy barato, casi regalado.

Claro, ¿por un pedazo de desierto qué te van a pedir?

Todo es construir. Luego, quién sabe la gente que vendrá.

¿Aquí? Solo un par de infelices como nosotros.

No digas tonterías.

Montar enfrente un parador siempre es un buen negocio.

Pero si aquí no hay ser humano que resista.

Sin una casa,

sin un árbol, sin alguien con quien hablar.

Para ir al pueblo, más de una hora metida en un autobús dando tumbos

y con un sol que abrasa.

¿No se te ocurre que alguna vez me gustaría divertirme?

Oh... Daría cualquier cosa por ir a la playa.

¿A la playa? En el parador

te divertirás más. Sí, naturalmente,

sirviendo de criada a tus amigotes.

¿Para eso me he casado contigo?

Primero, un taller al lado, ahora, un parador enfrente.

Pero ¿es posible que no se te ocurra nada mejor?

Dímelo tú.

Que busques una estación en la ciudad

y la compres. (RÍE)

¿De qué te ríes? Magnífico, estupendo.

Dame el dinero.

¿Es que no lo tienes tú? No me...

(Claxon)

No me queda ni un céntimo.

Pagué la estación, los muebles, los vestidos.

¿Por qué te crees que quiero ese taller?

(Cláxones)

¡Voy!

(Música dramática)

(Sin audio)

¿Tiene agua fresca? Sí, señor. Y vino también.

No, no, solo agua para la señorita.

Enseguida. Teresa, trae un vaso de agua.

¿Me has oído?

¿Viven aquí solos?

Sí, señor. Ya. Tranquilos, ¿eh?

Pues sí.

Siempre lo he dicho, vivir en la ciudad no es vivir.

Tenga. Lo mejor es un sitio como este.

Soleado, fresco... El señor bromea.

¡No, no bromeo! Se lo aseguro.

Le felicito, amigo.

Hasta otra. Gracias.

A esa gente no le duele el dinero.

Te ha dejado una buena propina. ¡Bah!

(Canto de grillos)

No molestes más con esas luces.

(Motor acercándose)

(Claxon)

(Claxon)

(Cláxones)

Hola, Paco.

¡Hola, Miguel! ¿De dónde sales, granuja?

(RÍEN)

Creí que habías dejado el oficio.

(ACENTO GALLEGO) No tengo tu suerte.

Vamos a tomar un trago. Llevo retraso.

Ni siquiera iba a pararme. ¿Te hubieras atrevido?

¿Y tu mujer, cómo está? Bien, bien.

Un trabajo rápido, ¿eh?

¿Qué tal por la casa?

El patrón, como siempre, protestando.

Y eso que ya tiene dos frigoríficos.

A ver si le va mejor que a los de enfrente.

¿Qué hay del chico que conducía? ¿Andrés?

Mal.

Quedó cojo, le echaron y ahora nadie le da trabajo.

Abrimos una suscripción para ayudarle.

¿Das algo? Sí.

Se pasa el día en el café para no dejar de verlo.

Lástima de tipo, está acabado. Toma.

¿Qué te devuelvo? Nada, nada.

(SILBA)

Caramba, prosperas en los negocios. Vamos tirando.

Me voy. Pasaré más a menudo. Me alegro.

Adiós, Miguel. Adiós, Paco, adiós.

Suerte con tus chicas.

Una, ahora una, pero de verdad. Adiós.

Adiós.

Adiós.

¿Qué miras?

¿Te gustaría volver a conducir? No.

Bien pensado,

si vendiéramos esto, podríamos poner un piso en la ciudad.

Sí, ya lo sé, y bañarnos en la playa.

Déjame en paz con tu maldita ciudad.

(Bullicio)

(Ruidos del tráfico)

(CAMARERO) De parte de don Ramón.

Adiós, Rubén. ¡Vaya!

¡Hola! ¿Cómo va? ¡Si aún vive!

Hola, granuja. ¿Qué hay, muchacho?

Mira qué burgués viene. Hola, chaval.

Un café frío.

Hola, Andrés, ¿cómo te va? Bah...

Ya me enteré de eso.

Mala suerte, chico, pero en el fondo te libraste de una buena.

Sí.

Me libré de una buena.

No trabajo, mis compañeros me invitan, hablan conmigo...

y yo solo tengo que dar las gracias.

Para envidiarme, ¿no te parece?

Bueno, tampoco es para tomárselo así.

No me hagas caso.

¿Qué tal tu estación? Bien, muy bien.

Poca gente alrededor,

pero los coches paran y eso es muy importante.

También me casé, ¿lo sabías? Eso he oído.

Es buena muchacha, tú la conoces. Sí.

Oye, Andrés, por eso he venido.

Necesito un ayudante, alguien que pueda quedarse en casa

si algún día salimos.

Tendrías cama, comida abundante y un sueldo,

naturalmente.

¿Qué te parece?

Ayer me dio Paco tu dinero. Gracias.

¿No crees que ya está bien de limosnas?

No te comprendo.

Búscate a otro que de verdad pueda ayudarte,

no un lisiado,

un tipo que mata a su compañero y despeña su camión.

Yo.

Ya no sirvo para nada.

Está bien, como quieras.

Yo vine a buscarte porque necesitaba un buen mecánico

y me dijeron que estabas sin trabajo.

Lo que no sabía es que prefieres vivir de caridad.

Por mí, quédate sentado.

Cóbrese. Miguel...

¿Qué?

¿Es verdad que has venido por mí? Naturalmente.

¿Y tú crees que puedo servirte de algo?

Yo no cargo con estorbos.

Si vienes, tendrás que arrimar el hombro.

Quiero ir. Saldremos dentro de media hora.

Antes, voy a comprarle algo a mi mujer.

Oye...,

desde que ocurrió aquello,

nadie me había vuelto a hablar en ese tono.

No sabes lo que te lo agradezco.

(Música flamenca)

(HOMBRE) ¡Teresa!

Teresa...

¿Qué buscas aquí?

Vengo a por ti, Teresa. Quieto.

Qué casualidad.

El día que se marcha mi marido, ¿eh?

Has tenido paciencia para esperar

el momento. Bastante.

Y, entre tanto, ¿qué has hecho

de tu amiguita? ¿No se estará aburriendo

la pobrecilla? Bah, esa mujer

no me importa.

Pero te importaba restregármela por las narices.

Estaba celoso.

Perdona. No te muevas.

¿Por qué? Yo sigo siendo el mismo.

Escucha, estoy a punto de terminar

mi trabajo. Regreso a la ciudad.

No volveré más, nunca más, pero quiero que vengas conmigo.

Quería decirte que te has convertido

en una pesadilla para mí.

¿Es que quieres volverme loco?

Está bien.

Ya lo has dicho.

Vete.

Pero, Teresa...

Vete.

(Canto de chicharras)

(Canto de chicharras)

Estamos llegando.

(Motor acelerando)

(Claxon)

(Motor acercándose)

Hola.

(RÍE) ¿Has pasado miedo? Suelta, déjame.

No seas bruto. Tengo una sorpresa

para ti.

Ya conoces a Andrés, ¿no? Viene para quedarse con nosotros.

¿Es la sorpresa? No, mujer.

Aparta, tú.

¿Qué te parece? La mejor máquina de coser que existe.

Dos años de garantía.

¿Estás contenta?

Sí, es muy bonita. Ya sabía yo que te gustaría.

Anda, coge tu maleta. Te enseñaré tu cuarto.

Se empeñó en que viniera.

Él cree que yo le puedo ayudar,

pero también me gustaría serte útil en algo.

Gracias.

Miguel te está esperando.

Por aquí. Sube, Andrés.

Sube, es aquí.

Un poco estrecho y sucio, pero no tengo otra cosa.

Ya lo ves. No te preocupes, estaré bien.

Dame. Le diré a Teresa que suba a prepararte la cama.

No, no, no faltaba más.

La haré yo mismo. Como quieras.

Y ya sabes, si necesitas algo, me lo pides.

Ahora estás en tu casa. Gracias.

¡Teresa!

¡Eh, Teresa!

Pondremos ahí la máquina de coser, ¿eh?

Anda, arréglate. ¿Por qué?

Vamos al pueblo, esta noche hay cine.

No te preocupes, Andrés se quedará.

No tengo ganas. Pero si estabas deseando salir.

Déjate de bobadas,

¿quieres hacerme creer que lo has traído por mí?

Por ti y por mí. Yo necesitaba una criada.

¿Para qué? Con Andrés ganaremos más.

Sí, nos vamos a convertir en millonarios.

Lo que no miras es que para mí el trabajo es doble,

porque supongo que ese no se hará la comida,

ni se zurcirá los calcetines ni se lavará la ropa,

pero, como es lógico, alguien tendrá que hacerlo.

Yo, naturalmente. Cállate.

No estoy dispuesta a servir de criada a ese cojitranco estúpido.

¡No vuelvas a llamarlo así! ¿Quién te has creído que eres?

Si hay que lavar y zurcir, lavarás y zurcirás.

Lo mío y también lo suyo. Y harás todo lo que yo te ordene.

Y ahora, arréglate, que vamos a ir al cine.

(Música dramática)

¡Eh, tú! ¿Qué haces ahí?

Ven un momento.

Has madrugado mucho esta mañana.

¿Es tuyo este terreno?

Sí, pero hasta esa piedra.

Ya basta.

Se podría hacer un taller.

No debe haber muchas estaciones con taller por aquí.

Sí, pero costará mucho dinero.

Solo de mano de obra... ¿Qué mano de obra?

Esto nos lo hacemos tú y yo durmiendo.

¿Tú crees?

Estuve echando un vistazo.

Fíjate en la marquesina y en esas paredes, podríamos pintarlas.

Tenías razón cuando me dijiste que había que arrimar el hombro.

Pero vale la pena.

Vamos a medir.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.

¿Está bien? No, más, más.

Me marcho, Miguel. Oye, Teresa,

espera.

Estoy montando la ducha, ¿no quieres verla?

Voy al pueblo, a casa de la modista, a probar.

¿Otro vestido? No querrás que vaya desnuda.

No, pero, con la máquina de coser, creí que podrías hacerlos tú.

¿Para ir como una facha?

No, gracias. Señor Miguel.

Esto ya está listo. Ahora voy.

(Motor acercándose)

¡So, so!

¡Cecilio!

Espera un poco.

Hola, Pilar. Anda...

Buenos días, señor Miguel. Pero, Cecilio...,

vuelve a casa enseguida, que padre te está buscando.

Ya voy, mujer, ya voy.

Déjame.

¿No le molesta Cecilio? Está siempre metido aquí.

No me molesta.

Sujeta aquí.

En cambio, ¿qué dirá tu padre de que te pares aquí a charlar?

¿No se enfada? Ah, no,

no dice nada. Además, ya he terminado mi trabajo.

Sujeta.

(Motor acelerando)

(SUSPIRA) Yo me estaría siempre aquí.

¿Y a que no sabe usted por qué?

Sí, porque te gustan los coches y el olor a bencina.

¿Usted sueña por las noches?

Yo, por las noches, duermo. Me acuesto muy cansado.

Ya.

Yo sueño casi siempre.

¿Sabe qué? La última vez soñé que venía aquí

y traía en el carro la fruta y la verdura

que usted me había encargado la semana anterior.

Había para un regimiento. ¿Y qué pasó?

Entonces, al llegar aquí,

el carro había desaparecido. (RÍE)

Y yo estaba sentada en un camión.

Después, se convirtió en un automóvil.

Yo era una gran señora y le pedí que me pusiera bencina.

(RÍE) Eres un crío, Pilar.

Oye, voy a hacerte un regalo. ¿A mí?

Una máquina de coser para cuando te cases.

Yo no me casaré nunca. Antonio no me gusta.

Antonio o cualquier otro.

Algún día te casarás. ¿No quieres la máquina?

Sí, pero ¿qué dirá su mujer? ¿Mi mujer? Je, lo agradecerá.

Será un trasto menos dentro de casa. Ven conmigo.

Ayúdame a traerla.

Anda, ven. Vale.

Hola, Andrés. ¿Adónde la llevas?

Se la he regalado.

Pero ¿y Teresa? ¿Crees que se dará cuenta?

Ni siquiera la había estrenado.

Vamos, Pilar, arriba.

Bueno...

Adiós, Miguel.

Muchas gracias.

¡Arre! ¡Arre!

Hola.

Hola.

Por mí está listo. Puedes telefonear.

De acuerdo.

¿No llevas medias?

Pero ¿qué te pasa? Nada.

Teresa, escucha. Suelta.

Escúchame. Déjame.

¿Por qué?

Acercarte a mí de ese modo, como si fuera una basura...

¡Me das asco!

¡Dímelo otra vez! ¡Dime otra vez que te doy asco!

¡Dímelo! (LLORA)

Asesino...

(Música dramática)

Yo sé que eres un asesino.

Calla.

Cállate.

Miguel.

Buenas noches, Miguel.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Sí? Ah...

Pueden traerlos enseguida.

Sí, cuanto antes, mejor.

Gracias.

Buenos días, Miguel. Nos mandan el cemento.

¿Te parece que empecemos esta mañana?

Cuando te dé la gana.

¿Qué es lo que piensas hacer? Nada.

Tengo que saberlo.

No puedes denunciarme, nadie te creería.

¿Hacemos la prueba?

Tú no sabes nada de lo que ocurrió.

No, ni lo habría sabido nunca

si no hubieses ido al pueblo a buscarle.

Te vi junto a la rueda

del frigorífico y sabía que no era tu camión.

Pero no sospeché lo que estabas haciendo,

ni siquiera después del accidente.

Solo al ver que te tomabas tanto interés por mí.

Luego, el dinero.

Fui atando cabos y, cuando vi que te traías a Andrés,

ya no me quedó la menor duda. Eres mi mujer.

No puedes hacer nada contra mí. Tu mujer,

eso es lo que me repugna, pero será por poco tiempo.

Me marcho. ¿Te marchas?

¿Adónde te vas? ¿Qué te importa?

Con otro, ¿no?

Mira, Miguel, tú no tuviste escrúpulos para conseguir

lo que querías.

Pues no creas que yo soy mejor que tú.

Déjame en paz y yo te dejaré a ti también.

Eres una perra.

¿Y tú? ¿Te repito lo que eres tú?

Métete en la cabeza que puedo hacer lo que me dé la gana.

¿Quién es ese hombre? ¿Quién es? ¡Suéltame!

¡Suéltame!

Siempre fuiste un cobarde. ¿No se come hoy aquí?

Me muero de hambre. ¿Qué hacías escuchando?

¿Qué te importa lo que hablamos ella y yo?

¿Qué te importa?

Aguántate todo ese miedo o acabarás por decírselo tú mismo.

Sería muy divertido.

Tenga. Gracias.

¿Pasa algo? No, nada, pero por si acaso.

(Música dramática)

No tienes sueño.

A mí, tampoco me deja dormir este calor.

Miguel...

¿Qué quieres? Escucha.

No me gusta meterme en lo que no me importa

y menos aún en asuntos entre marido y mujer.

Pero tú eres mi amigo.

Más que un amigo, porque lo que hiciste por mí...

nunca te lo agradeceré bastante. Cállate. Cállate, Andrés.

Por eso, todo lo que te pueda pasar

es como si yo lo pasara también, ¿entiendes?

Te veo estos días sin ánimo para nada.

La veo a ella...

No sé, no te ofendas, Miguel,

pero si crees que diciéndome algo...

No puedo.

No puedo decirte nada.

Déjame. Déjame solo, por favor.

Como quieras.

(Música dramática)

(Para la música)

(Música dramática)

(Sin audio)

(Sin audio, sigue la música)

¿Qué le estabas diciendo? Nada.

No mientas. ¿Para qué iba a mentir?

Tu amigo Andrés quería convencerme

de que me portara mejor contigo.

Tiene gracia, ¿verdad?

Oye, ¿cuándo te vas? Esta misma mañana.

Me llamará por teléfono desde el pueblo.

Por fin respirarás tranquilo. ¿Quién se fía de ti?

Eres capaz de denunciarme. ¿Para qué?

Quédate con tu estación. En el fondo no sería justo.

Pagaste un buen precio por ella.

Es lo que querías, ¿no?

Solo me pierdes a mí.

Pero no vas a hacerme creer que te importo algo.

Puedes creer lo que quieras.

Muy bien.

Entonces me iré pensando que solo te casaste conmigo

para ahorrar una criada.

¿No es eso?

Y que tu viaje al parador fue para saber

si te había visto o no aflojando la rueda del camión.

Parece el balance de un negocio, ¿no?

(SUSURRANDO) Necesitas odiar, completar tu obra,

dejarlo todo bien destruido.

Quiero que no quede nada entre los dos.

De ti para mí,

¿no es mejor? Sí, mucho mejor.

¿Pediste por fin ese cemento?

Claro que sí, ahí está.

Iba a empezar esta mañana a levantar pared.

Si te parece bien. Sí, muy bien.

Anoche te hubiera hablado, pero no sabía cierta cosa.

A lo mejor, desde mañana, tú y yo nos quedamos solos aquí.

No te puedo decir por qué, es difícil de entender,

pero tiene su explicación.

(Cláxones)

Al principio, no será muy cómodo.

Más adelante, puede que venga otra mujer.

No lo he pensado, ¿comprendes?, pero quería que lo supieras

por si te importaba. No me importa.

Te dije que contaras siempre conmigo.

Hemos hecho muchas cosas juntos y podemos hacer más.

¿No te parece? No esperaba menos. Gracias.

(Claxon)

Déjalo, ya está bien.

Vamos a comer. Un momento, enseguida acabo.

Como quieras.

Parece que no viene. Lo sentiría por ti.

¿Por qué? ¿Piensas quedarte? ¿Contigo? Nunca.

Entonces márchate y déjanos en paz.

Sí, me marcharé,

pero, si me voy sola, necesitaré dinero.

Tendrías que vender la estación. Ja, venderla...

Te tengo bien cogido, Miguel. Ten cuidado.

Mira bien lo que haces.

¿Por qué te pones así? No vale la pena.

Andrés, necesitaría que me llevaras al pueblo con la moto.

Y mete también las maletas.

No...,

mejor que no las pongas.

Son muy grandes y me arrugarían el vestido.

Pasaré a recogerlas con el coche.

Así verás con quién me marcho.

(Motor arrancando)

Más allá, en la plaza. No, aquí es mejor.

¿Qué te pasa ahora?

Esta mañana, aún creía que iba a convencerte.

Ahora veo que es imposible.

Muy bien. Entonces vámonos. No quiero hablar.

No, antes quiero advertirte algo.

Márchate si quieres,

pero no vuelvas. ¿Y quién eres tú para impedirlo?

No tienes derecho a amargar la vida de un hombre como Miguel.

Vaya, es lo último que me quedaba por oír.

Hubieses oído cosas peores si hubieses dado conmigo.

Te equivocas. Hubiese ocurrido lo mismo.

Pero ¿quién te crees tú que es Miguel?

Lo has tomado por tonto. Ya lo sé.

Te has aprovechado de su bondad para hacer lo que te dio la gana.

Pero ¿te imaginas que no vas a tener tu castigo?

Tarde o temprano, te verás en la calle,

arrastrada como la perdida que eres.

Desgraciado. ¿No ves que si no hablo es porque me das lástima?

No quiero tu lástima. Pues vives de ella.

¿Me oyes? ¡Vives de ella! ¡Mentira!

¿Mentira? Ja.

Si hablara, serías tú el primero en revolverte contra Miguel.

¿Quieres que te diga quién es Miguel?

¿Quieres saber qué calla Miguel,

por qué aguanta tu gran hombre?

¿Crees que, si pudiera,

no me hubiese estrellado contra la pared?

Pero no puede.

Tu ídolo, tu hermano, tan caritativo y tan bueno,

el hombre que te ha ayudado...

¿Ayudado a qué? ¡A convertirte en un inválido!

¿Qué estás diciendo?

¿No querías saber?

¿No estabas tan seguro?

Pues, anda, ve y pregúntale por qué se estrelló tu camión.

Anda, pregúntaselo.

Dile que te explique de dónde sacó el dinero

para comprar la estación y llámale asesino.

¿Me oyes bien? ¡Asesino!

Ya se lo dije una vez y tuvo que callarse.

Pero me gustaría ver la cara que pone ese desgraciado

cuando se lo digas tú. Anda, ¿a qué esperas?

(Motor arrancando)

No guardes la moto, habrá que volver al pueblo.

Hay que ir a buscar comida.

¡Andrés!

¿Qué te pasa?

¿Se puede saber lo que estás haciendo?

Fuiste tú, ¿verdad?

Oye. Déjame, no quiero saberlo.

Tienes que escucharme. Puedo explicártelo.

No me di cuenta de lo que hacía.

No podía suponer que iba a pasar aquello. Te lo juro.

Pero tenía que suprimir tu camión. No quería hacerte daño.

A ti, nada, solo al camión.

Has tenido otros accidentes, como yo, como todos,

y nunca ha pasado nada.

Hazte cargo, Andrés, necesitaba el dinero.

Si no, perdía la estación.

Avelino se marchaba.

Yo siento lo tuyo, créeme.

Por el otro no podía hacer nada.

Pero fui en tu busca y te di trabajo.

No me costaba dejar que te pudrieras en aquel café,

pero te traje a mi casa y eso significa algo, ¿no?

Déjame.

No sé decir bien

lo que siento, pero quiero que te quedes.

Ella no me importa, es una mala mujer, necesita destruir,

hacer daño solo por gusto.

Quería que te marchases.

¿Vas a dejar que por fin se salga con la suya?

Andrés, no fui a buscarte por caridad, te lo juro.

Hemos hecho muchas cosas juntos y vamos a hacer más.

Tú mismo lo dijiste. Di algo, ¿no me oyes?

No quiero pensar hasta que me haya ido.

¿Qué vas a ganar marchándote? ¿Dónde irás?

¿Quién te va a querer así?

Aquí tienes un sitio, tu sito, y te doy lo que me pidas.

Tienes derecho, ¿crees que te lo iba a negar?

Di algo, pégame si quieres, pero pórtate como un hombre.

¿Te crees un hombre?

¿No te cabe en la cabeza que me conforme marchándome?

¿Qué te creías, que te iba a matar?

No, no eres siquiera un ser humano.

No puedo imaginar que lo seas, no puedo hacerme a la idea

de que exista alguien como tú.

No me hiciste tanto daño entonces,

cuando volcaste mi camión, como ahora,

ahora que me has hecho creer que servía para algo,

que podía confiar en alguien, que valía la pena seguir viviendo.

Ahora que me has engañado

del modo más bajo que se puede engañar a un hombre.

Si ella te ha destruido...,

tú puedes ufanarte de haberme destrozado a mí.

¡Andrés! Tienes razón, haré lo que tú quieras, pero no te vayas.

Te daré parte de la estación, será de los dos.

¿No me oyes? Será tuya también. Quédate con tu maldita estación.

¿No es lo que querías? Ahí la tienes para ti.

Para ti solo.

Sé por qué te vas. Quieres vengarte, denunciarme.

¿Denunciarte? ¿Para qué?

¿Ibas a pasarlo peor?

¡Espera!

¡Andrés!

¡Andrés!

¡Andrés!

(Motor arrancando)

(Chirrido de ruedas)

(Claxon)

(Claxon)

(Música dramática)

¿Por qué has entrado mis maletas? ¿Es que no quieres que me vaya?

¿Por qué se lo has dicho? ¡Déjame!

¿Por qué se lo has dicho? Lo has hecho porque eres así...,

¡Déjame! ...una perdida.

¡Asesino!

(Música dramática)

(HOMBRE) "Diga". Con la Guardia Civil.

Acabo de matar a mi mujer.

(Música dramática)

Historia de nuestro cine - Manos sucias

16 mar 2019

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