Presentado por: Elena S. Sánchez Dirigido por: Francisco Quintanar

'Historia de nuestro cine' hace un repaso por lo mejor del cine español desde los años 30 hasta nuestros días, con la intención de revisar sus grandes títulos. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo habitual de expertos que introducirán cada película. La emisión de las cinco películas cada semana se completará con un coloquio en el que participarán los colaboradores fijos junto a figuras relevantes del cine que tengan relación con las películas a emitir esa semana.

Las películas se programarán en bloques temporales. Los lunes será el turno de las películas de la década de los 30 y 40; los martes de los 50 y 60; miércoles de los 70, jueves de los 80 y viernes de los 90.

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Historia de nuestro cine - A los que aman - ver ahora
Transcripción completa

"Dicen que a través de las palabras el dolor se hace más tangible,

que podemos mirarlo como a una criatura oscura,

tanto más ajena a nosotros cuando más cerca la sentimos.

Si uno de estos pequeños granitos enferma,

el resto del organismo enferma también.

Pero yo siempre he creído

que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado

es el más cruel, el más hondo, el más injusto".

(Música)

"Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro que no le amaba a ella,

sino a otra de la que nunca supo si le correspondía.

Era este un tiempo en el que todavía podía mirar el futuro

con más esperanza que miedo".

(Música)

Eso no es un caballo, es un perro. Esos son dos peces que se besan.

Se besan por las agallas.

(Música)

Yo veo un señor con una espada grandísima,

más grande que él.

Es una mujer muy, muy hermosa y muy triste.

Esa es igual que la roca que hay junto al lago.

Yo solo veo nubes.

(Música)

(Música cabecera)

Entonces, el maestro vendrá.

-Qué pesadez con mi hermano. Pues claro que vendrá.

¿Dónde iría, si no?

¿Ha caído en este espacio de tiempo en el que hablamos

alguna tormenta cuyos rayos hayan podido alcanzarle?

¿No, verdad?

Y fieras peligrosas tampoco hay por los alrededores,

a excepción de mí, según los vecinos.

Yo no me he movido de aquí tampoco.

Hablemos de cosas serias, mi buen muchacho.

¿Has leído la "Divina comedia"? -¿La obra de Dante?

No, aunque he estado a punto varias veces.

-Yo he dedicado mi vida al estudio de esa obra.

Cada día de los últimos 48 años he estudiado un verso.

Algunos días, incluso dos.

-Debéis saberla de memoria, entonces.

-Pues no, todo se olvida.

Es un descanso saber que día a día

no recuerdo lo que supe el día anterior.

¿A quién decís que esperáis? -Al maestro, vuestro hermano.

-Claro, claro.

Qué raro, había aquí hace un rato un joven que te esperaba.

Debe haberse ido.

¿Me esperáis? Os esperaba, sí.

Desde hace un tiempo, vivo en la casa...

Sí, sé dónde vivís.

Sabéis quién era mi madre, entonces. Lo supongo.

Mi mujer está muy enferma.

La han visto todos los doctores de los alrededores

y nadie acierta con un diagnóstico claro.

La han sangrado, recetado pócimas, puesto del revés sin resultado.

Lo siento,

pero ¿qué es lo que queréis de mí?

Mi madre me habló de vos.

Me dijo que en otro tiempo fuiste médico

y que si alguna vez os necesitaba, os llamara.

Armancia, vuestra madre, no os informó bien.

Yo era un pésimo doctor y 40 años sin ejercer

no creo que hayan mejorado mis conocimientos.

Haced un esfuerzo, intentadlo al menos.

Creo que es grave.

Martín, ¿porque os llamáis Martín, verdad?

A veces una intervención equivocada

es peor que ninguna intervención en absoluto.

De nada serviría que yo viera a vuestra esposa.

Ya no soy médico.

Mi madre se hubiera sentido muy decepcionada de saber esto.

Si mal no recuerdo, no era fácil decepcionar a vuestra madre.

Adiós, pues.

-¿Os marcháis? Mi hermano no tardará en volver.

¿Médico?

(SORBE)

Un joven encantador el de esta tarde.

Deseoso de leer la "Divina comedia".

¿Eso te dijo?

Parecía preocupado, empero.

Algo de su madre comentó.

Jonás, no voy a volver a esa casa.

¿Eh? Que no voy a volver a esa casa.

¿Quién te pide algo? A ver, ¿quién?

-No sabéis cuánto os agradezco.

Guardaos los agradecimientos,

quizás os arrepintáis de haber acudido a mí.

Que preparen un caldo ligero de gallina con hinojo

y dáselo tú mismo a pequeñas cucharadas.

Todas las que ella pueda tomar.

Ponedle también un par de frazadas más

y calentar la habitación. Hay que procurar que sude.

Mi madre me habló siempre de cómo les ayudasteis a ella y a su hermana

al morir sus padres. Yo fui incapaz de ayudarlas.

Hubiera dado mi vida por ello, pero no, no fui yo.

¿Puedo preguntaros por qué abandonasteis la medicina?

Ah, eso.

Más bien la medicina me abandonó a mí.

¿Y por qué perder el tiempo con mocosos que apenas entienden

de qué les estáis hablando?

La mayor parte del tiempo

yo no entiendo de qué hablan mis semejantes.

Esos mocosos como les llamáis

preguntan porqués más estimulantes que los vuestros.

¿Os importa si salimos al jardín?

Veo que vais a querer hablar y todavía no me siento

como esos ancianos que les gusta relatar batallas pasadas.

El aire fresco me sentará bien.

No os impacientéis.

Hasta el amanecer, no sabremos nada de vuestra esposa.

Yo confío en vos.

Confiad, confiad, claro que sí, ¿por qué no?

Si habéis decidido confiar, confiad.

Hace más de 30 años que no me había acercado por aquí.

¿Y ahora, qué efectos produce ahora?

¿Ahora? Nostalgia.

Nostalgia del dolor de otro tiempo.

Ya veis, estáis ante alguien que echa de menos la pena.

La hermana de vuestra madre, Matilde, solía hablar del dolor.

Incluso cuando era feliz.

¿Y sois por fin feliz, Matilde?

Qué pregunta tan estúpida, os veo radiante,

como si la felicidad anidase en cada uno de vuestros rasgos.

Entonces tiene que ser cierto.

No estoy soñando este estremecimiento

que me invade al despertar como diciéndome.

Es verdad.

(RÍE) Es verdad.

¿Tanto le amáis? ¿Amarle?

Siento como si en las letras de esa palabra

no pudiera caber ni en mil años lo que siento por él.

Imaginar que algo pudiera pasarle me causa tal dolor

que pienso que moriría si algo le ocurriera

no en mi imaginación, sino en la realidad.

Cuando eres un niño, nadie te dice que el amor pueda ser tan...

Devastador. Sí, como mil tormentas juntas.

Doctor, decidme que durará siempre.

Decidme que no es un sueño, un espejismo

que desaparecerá cuando extienda mis manos hacia él.

No desaparecerá, tenéis que ahuyentar esos miedos.

El amor... ¡Shhh!

Es su caballo.

Se acerca. Tómame el pulso.

Sentir cómo se desboca mi vida que él se aproxima.

Es cierto.

¿No queréis tomar mi pulso? Claro.

Mi pulso también está desbocado, ¿verdad?

Algo rápido anda, Armancia.

¿Sabéis por qué?

Habéis cantado demasiado y corrido mucho.

No, no es eso. Acercarlo a vuestro corazón.

Es por vos.

-¿Sabéis? Mi madre se casó cuatro veces

y siempre la recuerdo como una mujer feliz.

La más feliz que yo he conocido nunca.

Sí, en el reparto de felicidad, algunos copan las cantidades

que otros echarán de menos durante toda su existencia.

Ya de niña, vuestra madre estaba entre los primeros.

¿Y su hermana Matilde? ¿Matilde?

Yo deseé su felicidad más que la mía propia.

(Música)

Entonces, ¿la amabais?

¿La amabais?

Ella os correspondía. ¿Supo lo que sentíais por ella?

Lo supo. Sí.

(Música tensión)

Claro, queréis saberlo todo. El porqué, el cómo, cuándo empezó.

Queréis una historia, ¿no es verdad?

Un cúmulo de jocosas anécdotas para contar a vuestros amigos

en una larga noche ante la chimenea jugando a las cartas.

Ya no juego a las cartas

y carezco de amigos en los alrededores.

Queréis la historia, sin embargo.

¿Hay algo mejor que una buena historia?

No, supongo que no.

Vayamos hacia el pabellón. Creo que sabré encontrarlo todavía.

"Todo empezó hace... Dios, ni me acuerdo el tiempo.

De repente, de la región

que siempre había tenido fama por su caza

esta empezó a desaparecer misteriosamente".

(Música tensión)

(LADRIDOS)

(Música tensión)

(Disparo)

"Fue por esas fechas también cuando mi hermano,

hasta entonces un muchacho

que a mí se me antojaba hasta aburrido

por lo anodino de su comportamiento, tras un terrible accidente,

decidió dedicar su vida al estudio de la 'Divina comedia',

aunque eso es ya otra historia.

Cuando la caza desapareció de la región,

los hacendados de estos contornos se aburrían".

Decídmelo a mí.

Entonces, uno de ellos,

vuestro abuelo, el padre de Matilde y Armancia,

decidió convertir este pabellón de caza en una sala de esgrima

y contratar para ello a un preceptor italiano de renombre.

(Música)

"El preceptor llegó un día de otoño acompañado de una niña

a la que jamás, durante su infancia, nadie oyó pronunciar una palabra.

Al parecer, su madre había muerto al dar a luz".

Bueno, espero que rayéis todo de vuestro gusto.

El pabellón tiene también unas habitaciones

para que vos y vuestra hija podáis acomodaros.

(Música)

¿Hay algo que pueda ofreceros? Hay que bruñir el suelo, claro está.

-Un espejo. Hace falta un gran espejo.

¿Qué es la esgrima sin espejo, "monsieur"?

-¿Un espejo?

Ciertamente, ciertamente, un espejo.

¿Cómo no se me había ocurrido? Resulta imperdonable.

Voy enseguida a ocuparme del espejo.

(Música)

Ese brazo está ocupando el lugar de una pierna.

El brazo debe dirigirse hacia arriba,

solo abajo en los momentos que estemos seguros.

Lo que sintamos que es el momento adecuado.

Sentir el momento, ese es el fundamento del arte de la esgrima.

El espejo no está aquí para que os arregléis los mechones rebeldes.

Este espejo tiene como función que sepáis sentir

la línea del cuerpo,

el que podáis adivinar qué ve vuestro enemigo cuando os tiene delante.

Que desarrolléis la coordinación entre vuestro cerebro

y vuestro brazo.

El de las figuras griegas,

¿os creéis que la esgrima es solo un ajedrez de posturas

con el que exhibiros y derretir el corazón de las damas?

Nada más alejado de este noble arte

que exhibís orgullosa

de las plumas de un pavo real del nuevo continente.

-¿Y vuestra esgrima qué tal era?

Mi padre se empeñó a que acudiera al pabellón

y llegó a comprarme un pequeño florete,

pero a mí la esgrima me aburría.

¿A dónde vas?

Yo tenía mi forma particular de aburrirme.

Un ogro de siete cabezas, un caballo con alas,

la cara de mi hermano.

"Un día llamaron a mi padre, que era médico,

a la casa del jardín.

Como no había nubes en el cielo, decidí acompañarle".

(Música)

"Cuando Matilde me sonrió,

sentí cómo a cada pequeño movimiento de sus labios

se me calentaba un corazón

que había estado todos mis 11 años en invierno.

Era una sonrisa que me hablaba a mí, a mí solo,

separándome del resto de los mortales

y a la vez uniéndome con más fuerza a ellos.

Mi padre consiguió salvarle la vida".

(Música)

"A partir de entonces y ante el asombro y contento de mi padre,

decidí que sería médico".

(Música)

Empuja, empuja.

(Música)

(Lloros)

(Música)

Los años empezaron a pasar rápidamente.

¿Es que alguna vez pasan despacio?

-"Ayer, mañana, para más detalles, eché pie atrás.

En la angustia aquella, él vino a traerme su buena estrella.

Con la angustia aquella, este vino a traerme a buenas calles.

Y él añadió".

¿Armancia?

Armancia.

"Fuerza la faltó a la fantasía,

pero mi voluntad tras de sus huellas,

tras las rueda del engranaje ya movía.

Amor que mueve el sol y las estrellas.

Amor que mueve el sol y las estrellas".

No tengáis miedo, es mi hermano. Le gusta recitar en voz alta.

Yo estaba buscando a mi hermana. ¿Armancia?

Si queréis, podemos buscarla juntos.

¿Armancia?

No os acordáis de mí, ¿verdad?

No.

Mi padre es médico, vine con él cuando estuvisteis enferma.

Vuestro padre me salvó la vida. Yo también voy a ser médico.

Médico.

Entonces, podréis curarme.

¿Acaso estáis enferma?

No es sencillo de explicar.

A veces me despierto pensando

que algo terrible y maravilloso está a punto de ocurrirme.

Y otras veces río y lloro al mismo tiempo.

Mi hermana dice que estoy loca.

En ese caso, comparto vuestra locura.

Ella sí que está loca.

Vuestro hermano también. Todos locos.

¿Qué os pasa? ¿De qué os reís?

(Música)

"Nos enamoramos de una voz, de unos rasgos, de un gesto.

¿Por qué de una combinación de entre todas las del mundo?

¿Qué extraña alquimia hace que sea esa y no otra?

¿Qué oculta un alma que se abre camino hacia la nuestra?"

(Música)

"El preceptor había enfermado y era ahora su hija Valeria

la que se encargaba de las clases.

Al principio, yo había chocado a la gente de los alrededores,

pero la conducta retraída, huraña e irreprochable de Valeria

y la continua presencia de su padre,

habían acallado pronto los comentarios".

(Música)

"Un día, tus abuelos, los padres de Matilde y Armancia,

recibieron un mensaje de Nueva Escocia.

Debían pasar unos meses allí para poner orden

en los asuntos y herencia de un familiar que acababa de fallecer.

Como era costumbre entonces, dejaron a sus hijas

bajo la custodia de la abadesa de un convento cercano".

Yo vi mi oportunidad de acercarme de nuevo a Matilde.

Ideé una infantil estratagema que ahora parecerá ridícula,

pero en aquellos momentos se me antojó genial.

"Cada día, las monjas salían sobre las tres de la tarde

a dar un paseo cruzando la colina y bordeando el lago,

donde yo sabía que Matilde se detenía siempre

en una roca de curiosa forma y que ella había adoptado".

(Música)

Otro día, Matilde, abierto en vuestra ausencia.

Si por un funesto milagro, no estuvierais en mi pensamiento...

Me sentiría tan vacío como una calabaza llena de nieve.

-¿Qué haces, Armancia? -Me como una carta de amor.

-¿Y a qué sabe?

A mí nunca me han escrito una, como estoy casada con Dios

y él no escribe cartas.

-¿Cuántas monjas hay en este convento?

Somos 23 y la madre abadesa.

-¿Y todas estáis casadas con Dios? -Todas.

-Yo nunca seré monja. -¿Y si Dios te llama?

-No le escucharé.

(Música)

Sé lo que estás pensando. ¿En qué?

En los ramos de la roca. No, no pienso en los ramos.

Mentirosa.

Es verdad, pensaba en la mano que escribieron sobre vacío mi nombre.

¿Siempre está vacío? Sí.

¿Seguro que no me ocultas las cartas?

Ojalá hubiera cartas que ocultarte.

No sé si entiendes, de Beatriz te hablo.

Arriba, en la cima de ese monte la verás dichosa y sonriendo.

Dichosa y sonriendo.

-¿Quién es Beatriz?

-¿Beatriz? No lo sé.

-Y vos, ¿quién sois?

-Armancia, yo soy Armancia.

¿Y si el que te escribe fuera Jonás?

(Música)

"Aquella tarde, tuve que acompañar a mi padre

a atender una epidemia de viruela en un pueblo cercano

y no pude depositar mi ofrenda diaria".

(Música)

(LLORA)

(Música)

"Aquel emisario, un gentil hombre francés

que había probado fortuna sin suerte traía malas nuevas.

Los padres de Matilde y Armancia

habían fallecido en extrañas circunstancias".

No dejo de pensar en el enviado, Armancia.

Ya no encuentro consuelo en el rezo. -Quizá no debiste escuchar a Dios.

-Ahora sé que hay otras voces.

Les hemos arrebatado sus gritos, sus pinturas, sus dioses. ¿Para qué?

Os aseguro que nunca he encontrado mayor ejemplo de bondad.

Y todo porque no siguen otras normas

que las que les dictan sus sentimientos.

¿Y eso les hace más felices? Sí, Matilde.

Creo que no hay peor atadura que la culpa.

Ser libre es serlo siempre.

Dicen que no hay cadenas más pesadas que las del amor.

Solo ama el que lo hace por libertad.

Pues yo cuando ame a alguien, lo encerraré para siempre en una jaula.

Pero Armancia, si encierras a alguien en una jaula,

dejará de amarte.

"Cuando me llamaron por unas fiebres que el emisario padecía,

supe por el rostro de Matilde que mi batalla estaba perdida.

La alquimia que se había producido entre ellos en unos pocos días

nunca podía ser igualada por la pasión que yo había cultivado

todos aquellos años.

Lo más irónico es que a partir de aquel día

Matilde me consideró como su mejor amigo,

confiándome todas las inquietudes de su corazón

y toda su felicidad.

Me dije entonces que con tal de estar cerca de ella,

no me importaba el nombre que pronunciaran sus labios".

(Campanas)

(Música)

A pesar de todo, me cambiaría por ti.

(Música)

"Amor que mueve el sol y las estrellas".

Amor,

amor que mueve

el sol y las estrellas.

Amor que mueve

el sol y las estrellas.

Amor que mueve el sol y las estrellas".

(Relincho)

"Tenía que alejarme de allí

y era una buena ocasión para ampliar mis estudios de medina,

aunque en aquellos días todo me parecía fútil y sin sentido.

Comprendí mejor que nunca la locura de mi hermano,

que le envolvía como un manto protector

que llegué a envidiar.

"Por mí se va a la ciudad oliente,

por mí se va a la gente condenada,

por mí se va al eterno tormento".

No, "por mí se va al eterno sufrimiento".

(Puerta)

-Disculpadme, parece que me necesitan.

¿Ocurre algo? No, no.

¿No tienes apetito? No.

La inactividad me quita el hambre.

A mí cualquier cosa me da hambre.

Lo había olvidado, todavía no conoces el pabellón

que nuestro padre coinvirtió en salón de esgrima.

El preceptor sigue ahí dando clases,

quizás eso te sirva de distracción.

Sí, puede que me acerque más tarde.

¿Cuándo compraremos vestidos nuevos? ¿Y la fiesta?

Dijiste que haríamos una gran fiesta para celebrar vuestra boda.

Ya, Armancia, pero nuestros padres...

Sí, ya lo sé, pero es que nunca he visto una fiesta en mi vida.

Se hará una fiesta, Armancia, y bailaremos

hasta que se gaste el mármol del suelo.

(Truenos)

(RÍE)

Buenos días.

Buen día para los caracoles.

Me han dicho que hay un profesor de esgrima.

(Música)

(Música)

León, ¿me amas?

¿Me amas todavía?

Claro que te amo todavía.

Y cuando no estás conmigo, ¿me amas también?

Pero si siempre estoy contigo.

Cuando sueñas o solo cuando duermes,

¿crees que me amas entonces?

Porque yo sé que te amo cuando duermo.

Porque al despertarme y verte a mi lado,

creo que sigo soñando.

Los primeros invitados están llegando.

Anuncia.

Sí.

¡León! ¡León!

¿Me viste bailar anoche? ¿Viste cómo bailé?

He gastado todo el mármol del suelo, como dijiste.

(RÍE) ¿Eso hiciste, pequeño demonio?

Qué sorpresa que hayas venido.

¿Sabías que esta es mi roca?

Desde aquí te vi por primera vez.

Sí, lo recuerdo. Matilde tenía muchos ramos entonces.

¿Es eso cierto?

Me siento culpable, porque yo jamás te he regalado ninguno.

Tú me das mucho más.

Muchísimo más que eso.

¿Viajaremos pronto? ¿Muy pronto?

Quiero ver las ciudades, todas las ciudades del mundo.

¿Te gustaría salir de aquí?

¿Que viajemos?

(HABLA EN FRANCÉS)

(LLORA)

(Música)

Parece que hubierais librado alguna batalla.

(RÍE) No, he... He venido corriendo. Ya...

Y estabais tan deseosos de conocer el devenir de mi pobre existencia

que usáis despertarme justo...

cuando había conseguido quedarme dormido.

Aún tenéis mucha vida por delante para dormir.

Sí, y toda una muerte.

¿Por dónde andábamos?

(Ladridos)

¿Sois, acaso, un enviado del averno venido de tan lejos para tentarme

y abrazar mis pensamientos oscuros?

¿Estás seguro

de que el texto dice "tentarme y abrazar mis pensamientos oscuros"?

Ah, no te preocupes. No lo dije de memoria.

Me lo escribí en el puño de la camisa.

Para impresionarte.

"Podéis imaginaros que lo primero que hice,

aunque era lo último que me había prometido a hacer,

fue llegarme a la casa del jardín a presentar mis respetos a Matilde".

¿Y bien?

¿Debo preguntaros si seguís siendo tan feliz como lo eráis?

Aunque, probablemente, la demanda está de más.

Sí.

Claro que lo soy.

¿Cómo podría no serlo?

Aunque sois vos el que tiene que explicarme cosas de la ciudad,

de vuestros estudios, de...

De las mujeres que hayáis conocido. (RÍE) ¿Mujeres?

Os puedo asegurar que, en lo que a mí concierne,

la ciudad estaba tan solo poblada por...

estudiantes de medicina, sesudos profesores

y, disculpadme, pero... cadáveres.

¿Y vuestro esposo? ¿Le ha tomado gusto a la región?

Sí.

Apenas le veo, ya sabéis.

Está todo el día en el pabellón practicando esgrima.

Parece que está haciendo grandes progresos.

El pobre andaba algo aburrido, así que...

Me complace que tenga algo en que ocupar el tiempo.

Matilde,

¿contaréis conmigo como vuestro más fiel amigo

para cuánto necesitéis?

Prometédmelo.

"Matilde no era feliz como afirmaba,

y me sorprendí a mí mismo rezando para que nada malo le ocurriera.

Me di cuenta de que la amaba más que nunca

con un amor desconocido para mí.

Hubiera dado cualquier cosa para devolverle la felicidad,

aunque fuera al lado de otro hombre".

(Música)

El hecho de que seáis su padre no os da derecho

para tratarle de esta manera.

Os lo advierto,

la próxima vez no dudaré en denunciaros.

(Cacareos)

Habéis podido causarle heridas mucho más graves.

"Empecé a ejercer mi profesión,

aunque a veces, y ya entonces,

me sentía más un maestro de escuela que un médico.

Sanar no es solo una cuestión de aplicar vendajes,

sino de cambiar las ideas que se pudren

en las cabezas de las gentes.

Y eso, es más difícil".

(Música)

"Hay nubes grises que cogen su color al estar cerca de la luna.

Hay nubes sin sombra.

Hay nubes densas, blancas y brillantes cuyos bordes se tocan.

Hay velos blanquecinos formados por cristales de hielo.

Nubes como rebaños.

Hay nubes negras como montañas oscuras, que en unos instantes

cubren el cielo y anegan la tierra de lluvia".

(Continúa la música)

(HABLAN EN FRANCÉS)

Hay lugares...

Que encierran de una manera especial

los momentos que hemos vivido en ellos.

(Música)

Y cuando regresamos, ahí están.

Listos para ser revividos.

Intactos.

(Continúa la música)

¿Vos sabéis...

(SOLLOZA) ¿Cuándo la pasión se transforma en amor?

¿Y cuándo el amor en pasión?

¿Cuándo cruzamos la frontera que separa nuestro ser del otro

y ya no podemos regresar?

Matilde, os lo ruego...

(SOLLOZA) ¿En qué momento cristaliza?

¿En qué momento cualquier voluntad nos abandona?

¿En qué momento el amor y el dolor se mezclan tanto,

que nadie, ni uno mismo,

puede distinguir dónde empieza uno y acaba el otro?

El hambre del otro...

No me torturéis más con vuestras palabras, Matilde.

Vuestro dolor es lo único que yo no puedo soportar.

(Truenos)

¿Creéis que el amor es una enfermedad incurable?

(Pasos)

León, vuestra esposa está enferma.

Tiene bastante fiebre.

Estoy seguro que está en buenas manos.

Qué mejor que las vuestras, que salvaron mi vida.

Yo...

Ella os está llamando, León, y pensé...

Creo que os necesita a su lado.

Hay cosas que la medicina no puede aliviar.

Iré enseguida.

En cuanto pueda.

Ya que me encontráis mejor,

hay algo que me gustaría pediros.

Sabéis que haré cuanto me pidáis.

Eso me dijisteis un día, lo recuerdo.

Se trata del pabellón.

(Música)

¿Del pabellón? Sí.

He oído decir que mi esposo y la hija del preceptor

se enfrentan cada día.

Y que resulta hermoso verles luchar.

Que están alcanzando la perfección en el noble arte de la esgrima.

Quisiera contemplarlos, por favor.

Matilde, no sabéis lo que me pedís.

No puedo consentir en que salgáis de la casa,

ni puedo ser cómplice

de algo que pudiera perjudicar vuestro estado.

Matilde, os lo ruego, olvidad el pabellón,

no hay nada que pueda, que atraiga vuestro interés.

¿Y sabéis? De niño, mi padre me llevó allí,

y lo único que conseguí fueron cardenales.

Matilde, os lo ruego.

Prometedme que desistiréis de esa descabellada idea.

¿Tan grave es lo que allí sucede,

que su sola visión perjudicaría mi estado?

Prometédmelo, Matilde.

Bien, entonces.

(Continúa la música)

Volveré esta noche.

Descansad, y decid a los criados que enciendan la chimenea.

(SUSURRA) Desde esta noche.

Adiós, Armancia, cuidad a vuestra hermana.

(Pasos)

Yo iré contigo.

Yo te ayudaré a ir al pabellón.

¿Por qué me he resignado, Jonás?

¿Por qué he aceptado sin luchar que ella amara a otro?

Me gustaba salir a cazar.

Si al menos le hubiera dicho cuánto la amaba...

Perderme por el bosque, siguiendo un rastro.

¿Qué puedo hacer ahora?

¿Por qué nunca me has preguntado qué pasó aquel día,

en el bosque?

Dijiste que fue un accidente.

No.

No fue un accidente.

(RESPIRA PROFUNDO)

Jonás...

Yo no pude hacer nada para evitarlo, lo de esa pobre niña.

¿Y qué querías que hiciera?

Fue de justicia.

Y me alegro de haber sido capaz.

Desde entonces, ya no tengo nada que ver

ni con nada ni con nadie.

Jonás...

Ese día, vi volar, fuerzas, no tiene,

si no es que al poco, y yo, la mente mía,

un fulgor que

a aclarar su duda viene.

A aclarar su duda viene.

(Entrechocar espadas)

Quiero aprender esgrima, Matilde. Es hermoso, ¿verdad?

(Entrechocar espadas)

(Pasos)

¡Matilde, Matilde!

¿Pero qué ha pasado, qué habéis hecho?

(CON DIFICULTAD) Tenía que hacerlo,

tenía que entender.

A veces no hay que ir tan lejos para entender.

No hay que andar ni un paso.

También lo sé.

Y lo siento. No debéis sentirlo,

ahora no os conviene ningún esfuerzo.

Os equivocáis.

Me conviene.

(Música dramática)

He querido vivir una vida diáfana

y estaba rodeada de niebla.

Y en esa niebla os he arrastrado.

(Continúa la música)

¿Cómo pude no ver el dolor en vuestros ojos?

Cuando yo solo tenía mi pasajera alegría.

Nunca fui amada como soñaba ser amada,

salvo por vos.

Y por eso, mi vida no ha sido tan en vano.

Tenéis que luchar.

Hacedlo por mí, no hay nada que debáis reprocharos, nada.

Otra vez os equivocáis, doctor.

Como os equivocasteis amándome,

el día que vinisteis con vuestro padre,

a esta misma habitación.

No, no me equivoqué, Matilde.

El corazón no se equivoca, y no es demasiado tarde.

Tenéis que seguir luchando, esta vez me tendréis a vuestro lado.

Prometedme dos cosas.

Os prometo las que queráis.

Cuando muera... No vais a morir.

¡No podéis morir!

Quiero que abráis el baúl

que se halla a los pies de mi lecho.

Y que...

Cuando muera...

Antes de que mi cuerpo se enfríe,

besadme,

para que pueda llevarme vuestro calor allá donde voy.

¿Por qué no os he amado?

(Continúa la música)

¡Matilde!

(SOLLOZA)

(Continúa la música)

"Aquella misma noche quemé todos mis libros de medicina

y decidí no volver a ejercer nunca más".

(Campanas)

"No hubo nubes en el cielo ni ese día ni los que siguieron,

aunque quizás, si hubiera habido, yo no me habría dado cuenta".

¿Y qué ocurrió con León y con Valeria?

No lo sé, abandonaron la casa, creo. Yo no supe nada más de ellos.

Me parece que uno murió poco después,

bueno, eso creo recordar.

(Música)

(Entrechocar espadas)

Podría mataros.

¿Por qué no lo hacéis?

Solo me detiene la idea de que para vos sería una liberación.

Liberadme, entonces.

Yo olvidaré a León, y habrá otros León en mi vida.

Para vos, no habrá otra como ella.

El corazón es nuestro órgano principal.

Estos vasos llevan la sangre al resto del cuerpo.

Y de la misma manera, las cavidades que están aquí,

aquí, aquí y aquí, y las arterias,

impulsan y conducen la sangre

que se nos sube a la cabeza cuando nos enfadamos

y se nos baja a los pies cuando estamos tristes.

¿Y cuando estamos alegres?

Cuando estamos alegres,

no lo sé.

(RÍEN)

(Risas)

He venido a despedirme de vos.

¿Os vais, Armancia? Sí.

Quiero ver todas las ciudades del mundo,

además, Valeria va a enseñarme esgrima.

Espero...

Espero que seáis muy feliz.

Sé que voy a serlo, lo sé.

Algún día volveré a buscaros.

Adiós. Adiós.

(Música dramática)

¡Escribidme, vuestras cartas eran preciosas!

(Continúa la música)

No es desprecio, les dije,

sino pena lo que me inspira vuestro triste espacio, estado.

Y tal, y tal...

Y tal que no tan fácil...

Y tal que no tan fácil se serena

cuando mi señor me dio...

Me dio...

Recado.

No es desprecio, les dije, sino pena...

(Continúa la música)

(Pasos)

La señora ha despertado y ha preguntado por vos.

¿No vais a entrar? No.

Seguramente os necesita a vos más que a mí.

Confío en que alguna vez vendréis a visitarnos.

Si queréis confiar en eso...

¿Qué le dijisteis al oído a mi esposa, antes, esta noche?

Ah, le mentí. Le dice que la amabais.

"Hay nubes como velos de cristal

y nubes pesadas como castillos.

Nubes que nos recuerdan la cara del ser que amamos,

y nubes con rostros que no queremos recordar.

Siempre viví mirando al cielo,

y nunca encontré dos nubes idénticas.

Así quiero morir, mirando las nubes,

y buscando la pregunta a una respuesta que no conozco".

(Trinos)

(Música dramática)

Historia de nuestro cine - A los que aman

24 mar 2017

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