Presentado por: Elena S. Sánchez Dirigido por: Francisco Quintanar

'Historia de nuestro cine' hace un repaso por lo mejor del cine español desde los años 30 hasta nuestros días, con la intención de revisar sus grandes títulos. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo habitual de expertos que introducirán cada película. La emisión de las cinco películas cada semana se completará con un coloquio en el que participarán los colaboradores fijos junto a figuras relevantes del cine que tengan relación con las películas a emitir esa semana.

Las películas se programarán en bloques temporales. Los lunes será el turno de las películas de la década de los 30 y 40; los martes de los 50 y 60; miércoles de los 70, jueves de los 80 y viernes de los 90.

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Historia de nuestro cine - La patrulla - ver ahora
Transcripción completa

Yo tenía un camarada,

entre todos, el mejor,

siempre juntos caminábamos,

siempre juntos avanzábamos

al redoble del tambor,

al redoble del tambor.

Cerca suena una descarga,

va por ti o va por mí,

a mis pies cayó herido

el amigo más querido

y en su faz la muerte vi.

En su faz la muerte vi.

¡Gloria, gloria,

gloria y victoria!

Con el cuerpo y con el alma, con las armas en la mano,

por la patria.

Nuestros cantos que vuelan,

el viento los lleva por ahí,

en España, en España,

hermoso amanecer, amanecer.

En España, en España,

hermoso amanecer.

(Música)

¡Eh, tú, chaval, ven aquí!

A la orden, mi cabo. -Ponte aquí.

-¿Me puedo retratar con vosotros? -Claro que sí, hombre.

¿Pero Matías, este mocoso? ¿Por qué no? Es casi un veterano.

Toma, y de las clandestinas. De las clandestinas.

Venga ya, pesado, que maniobras más que Baliño.

Sí, hombre, encima que estoy buscando el encuadre de película...

¿Tienes frío? -¿Quién, yo?

-Oye, ¿sabes que tengo un hijo casi como tú?

-¿Sí? Pues mi padre es mucho mayor que usted.

¡Un momento!

Pero hijo, ¿ahora tú? Ponte en facha.

Bueno, ya está bien. Bueno, qué, yo prefiero retratarme

de señorito.

Venga, quieto, un momento.

Ya está.

-(GRITO) ¡A formar! -Venga muchachos, a formar.

-Vamos, a formar. -Aquí, la cabeza.

Nuestro anhelo es tu grandeza que seas noble y fuerte.

Nuestro anhelo es tu grandeza que seas noble y fuerte

y por verte temida y honrada

contentos tus hijos irán a la muerte.

Y por verte temida y honrada

contentos tus hijos irán a la muerte.

Cabo Matías.

-A la orden de usted, mi capitán.

-¿Os aburríais, no? Pues os traigo un entretenimiento.

Hay que salir a patrullar una zona.

Este irá de guía. El sargento le arme.

-A sus órdenes. -Cabo Parra.

(Disparos)

(SUSURRA) Venga.

Eh, tú, chaval, a la pared.

(Disparo)

(Música acción)

Cúbreme.

(Música, disparos)

(Música)

Aquí es. Anda, pasa.

Venga.

(Maquinaria)

Buenos días. ¿Está el señor?

Sí, ¿qué desean? Dígale qué están aquí dos amigos

de su hijo. Eso.

Ah, pasen, pasen.

Esperen un momento, es que como el señor

ha estado enfermo estos días...

Dos soldados, amigos del señorito Eugenio,

preguntan por usted. ¿Dónde les has dejado?

Ahí fuera. Que pasen.

Sí, señorita.

(A LA VEZ) Buenos días.

-Lucía, hija, haz el favor de salir. ¿Dónde está mi hermano?

Lucía, por Dios, sal un momento, te lo ruego.

No, papá, quiero estar contigo.

Pues bien, no se irá. Así que digan lo que sea.

Falta de casa desde la noche del 25.

Creo que su intención era llegar a las líneas nacionales.

Fue así. ¿Lo consiguió?

(A LA VEZ) Sí, señor.

¿Y qué?

Tenemos que imaginarnos lo peor.

Sí, señor, por desgracia.

Me lo temía.

Toda la guerra he estado esperando esta noticia.

Hoy en cambio, no la esperaba.

Palabra que no la esperaba.

La llevaba en el cuello.

(SOLLOZA) La medalla de mamá.

Pobre gente.

¿Pero qué te pasa, se te ha olvidado hablar?

Sería mejor, para lo que voy pensando...

¿Es algo malo? Hombre, malo, malo, no.

Inoportuno.

Así es la vida.

Iba pensando en la hermanita, vaya un guayabo.

¿Ah, sí? ¿Qué pasa, a ti no te lo parece?

A mi lo que me parece es que eres una acémila irresponsable.

A lo mejor, pero tú no me andas muy lejos.

Son los tremendos contrastes,

la vida, la muerte, el sol, la sombra,

la aviación, la marina...

En fin, pobre muchacha, me gustaría volverla a ver.

Decirle algo, conseguir que riese, que riese enseguida.

Eso mismo se me había ocurrido a mí.

Pobre chica, tan mona...

Ya veo, ya, valiente hipócrita estás tú hecho.

Bueno, ¿pero dónde vamos? Eso digo yo.

Si es por allí, hombre.

España,

hermoso amanecer, amanecer.

España, España,

que empieza a amanecer.

2, 3 , 4, 5, y una que se llevaron, y las copas de antes,

a pesar de todo, no hay mucha alegría.

Pululan los fantasmas.

La verdad es que estamos, bueno, estoy lo que se dice asustado.

Tanto como he deseado volver a casa,

reunirme con mi mujer, con mi hijo,

volver a casa después de tres años es una cosa muy seria.

Más que un asalto.

Bah, no lo tomes tan a pecho, ya conoces mi lema.

"Lo mejor es hacer siempre lo que hay que hacer".

Bravo, muy bien.

Ahora nos dicen "Cada mochuelo a su olivo",

y basta con volver a hacer lo que hacíamos antes,

empalmar y seguir trabajando. Quiá. Lo que es yo,

no pienso volver al pueblo a echarle vino a los gamberros

ni a escardar la huerta, yo he ganado la guerra, ¿sabes?

Algo habrá para mí. Pues estamos listos.

¿Y vosotros qué pensáis hacer?

A mí, dentro de unos meses me tendréis a vuestra disposición

para cualquier pleito, abriré bufete.

Pues yo quizás escriba un libro fenomenal,

o encuentre un buen árbol y me pase la vida tumbado a su sombra.

O me haga secretario de este, que se va a comer Madrid.

Os he traído un regalo.

¿Quién sabe cuándo volveremos a vernos?

Sin tango, Matías, venga el regalo.

¿Os acordáis? Es la foto de aquella mañana.

Hice cinco copias porque pensé que alguno de vosotros

puede ver a la hermana de aquel muchacho.

Eugenio. Eugenio.

Yo se la llevaré, te lo agradecerá mucho.

Mañana nos toca guardia, así que si te parece,

se la puede llevar mi hermana, se han hecho muy amigas, ya sabes.

Por Dios, ¿para qué va a molestarse? No, si...

Quiero que firméis todos mi foto.

Venga, sí, vamos a firmarlo, trae.

Pon también la fecha, 28 de marzo de 1939.

Chicos, no puedo remediarlo.

Quien quiera saber de mí el 28 de marzo de 1949,

me encontrará en este mismo sitio,

si el sitio existe, y si existo yo.

Estaré a cualquier hora y recibiré a mis amigos.

Buena idea, yo también iré. Si puedo.

¿Tú crees que cabrá allí el cochazo que voy a tener?

Yo iré.

(Silbato de tren)

(Música)

(Música)

No sé lo que dirá tu madre cuando vea esto,

pero la quiero tener ahí para siempre.

-Enrique es el de la izquierda, ¿verdad?

-Ese es, un jabato propuesto para la individual.

El mejor de todos nosotros.

(Continúa la música)

Ahí está.

(Continúa la música)

Veo que no se te ha olvidado nada.

Anda, hijo, vete a dormir.

-Hombre, no.

Déjame un ratito más. -Nada, nada, a dormir,

que mañana tienes que levantarte temprano.

-Está bien.

-Vaya con el mimoso este. Hala, a dormir.

-Buenas noches, papá.

(Continúa la música)

(Trinos)

(Música)

(Silbido)

(Música militar)

(Música animada)

(RÍE)

Hija, qué exageración, no sé si me atrevería a bailar eso.

-Pues yo sí, que he sido provisional. ¿Quieres bailar, Charo?

(Continúa la música)

¿Y tú, Lucía, no quieres bailar? No, no, yo no sé apenas.

Pues el que creo que baila fenomenalmente esto es Enrique.

No le hagas caso. Bueno, supongo que el más desgraciado

querrá bailar conmigo, ¿no? Sería ridículo que no bailaras,

hay que animarse. Eso, eso, hay que animarse.

¿Me permite, señorita? Qué gracioso.

Vamos a bailar, Mary.

(Continúa la música)

Ya has bailado bastante, ahora me toca a mí.

(Música romántica)

Oye, Lucía, no sé si este será el lugar apropiado

para lo que voy a decirte,

pero es que creo que me he enamorado de ti.

Si así fuera, ¿qué te parecería?

(Continúa la música)

¿No contestas? Te ayudaré.

Me parecería muy bien, Enrique.

Voy a abrir mi despacho,

nos podríamos casar dentro de un año o de dos.

O mañana, si quieres.

Mi madre no lo tomaría muy a mal.

Ni creo que tu padre tampoco.

¿No dices nada?

Si tratas de que me desenamore con tu silencio, te equivocas,

me subyugan las mujeres silenciosas.

(Continúa la música)

¿Me podrás querer?

Y cuando me quieras un poco,

¿te querrás casar conmigo?

No sé...

Lo pensaré.

(Continúa la música)

Tengo la vez.

¿Tomamos una copa o bailamos?

Prefiero la copa al baile.

(Música)

Un favor, amigo, ¿no podría usted estirar la pieza un poquito?

Todo lo que quiera.

Es que tengo que hablar contigo,

y ese Enrique estará a nuestro lado

en cuanto se calle la orquesta, le conozco.

Es que, ¿sabes, Lucía?

Me ha dado por pensar estos días en cuando yo sea un viejecito.

¿No te daría lástima de un viejecito?

Falta mucho para eso. No, no, no, no.

Ya me tiemblan un poco las manos, hija.

Y tengo una cana mucho más larga que el Canal de Isabel II.

También he pensado que para entonces me gustaría tener a alguien

que me encendiera la manta eléctrica, sí,

porque esto del servicio se está poniendo imposible.

En resumen, Lucía, que te contrato para toda la vida

con el mismo sueldo que tengo yo, ¿te hace?

Qué buen humor tienes. Sí, soy un humorista.

Solo que estoy seguro que si te hablo en serio,

te reirás mucho más. ¿Por qué?

Porque entonces tendré que decirte que te amo,

y que sin ti, la vida es una náusea, y que...

Maldita sea. En serio, Lucía, dime algo.

He empezado a escribir en un periódico,

si me dices que sí, sacaré fuerzas de gigante

y seré capaz de emular a los Álvarez Quintero,

y sino, me largo con viento fresco al extranjero.

Hablaremos otro día, nunca se sabe si dices las cosas en serio.

¿Qué? Mañana voy a tu casa cargado con un notario. Eso.

(Continúa la música)

¿A que no sabéis quién está ahí en una mesa?

Arrea, si es Paulino.

Vamos, oye, vamos, es un chico muy gracioso.

Ni hablar. No está apto.

Iré yo solo.

¿Qué hay?

Oye, tú, ¿por qué no vienen los otros?

Estoy ahí con mi hermana y con otras personas formales,

también está el capitán Silvio. Ya le he visto.

Ese tipo, tan estirado como siempre. Bueno, Paulino, bueno.

¿Cómo van las cosas, tienes ya coche?

Aún no.

Pero por qué no me he echado a robar como la mayor parte

de los que están aquí. Claro, hijo, como yo.

Cuando quieras, nos decidimos y nos establecemos

por nuestra cuenta con estas señoritas en Sierra Morena.

Para eso no hace falta irse tan lejos.

Claro, lo que yo te decía.

Bueno, chato, me alegro mucho verte.

Que se te llene de talento la cabeza esa misma noche.

"Y con este pasodoble, nos despedimos de ustedes hasta mañana.

Señoras y señores, muy buenas noches".

¿Qué tal? Ahí está el hombre,

con sus dos unidades de combate.

Bastante borracho, además.

¿Quién es? -Un soldado de nuestra compañía.

Un gamberro, echado para adelante, eso sí.

Está deslumbrado, en cuanto vuelva a su pueblo, será otra vez

un hombre. Eso que vendió ya sus cuatro cosas,

no me hizo caso. Bueno, vámonos.

Ya cerramos, señor.

Otra copa, camarada. ¿No ves que las chicas tienen frío?

Es imposible, señor, tenemos orden de cerrar ahora mismo.

¿Y para eso hemos ganado la guerra? Venga, la cuenta.

Que aquí lo que hay es mucho rojo, ¿verdad, tú?

Sí.

(Música)

Toma y venga la vuelta.

Bueno, chico, nos vamos, que se nos va a hacer de día.

¿Qué os vais? ¿Para eso me he soltado yo 50 duros?

Pero qué quieres, marqués, si estás sin blanca.

(Ladridos)

(Música)

No muy lejos de aquí debí andar yo pegando tiros.

Pues qué bien.

Entonces yo era feliz y tenía más esperanzas que nadie.

Anda, este, tú y todos.

Pero perdimos la guerra, que no es lo mismo que perder una huelga.

Allá vosotros.

Yo en cambio, soy de los que la ganaron.

(Música)

¿Se nota? ¿Y tienes la documentación?

¿Te importa mucho? No tengas miedo, hombre,

el chico quiere ayudarte.

¿Y a ti quién te mete en esto?

(SUSURRA) Ese es el señorito.

Vamos a ver, ¿tienes o no documentación de excombatiente?

(Música)

La tengo, ¿y qué?

(Continúa la música)

Esto puede ser tu suerte. Acompáñame.

Pero... Anda, vamos, vamos.

Te conviene.

-Eh, tú, ten cuidado con ese tipo, no te fíes, es peligroso.

Hola, buenos días. ¿Documentación, por favor?

Está bien, sigan. Adiós.

¿Lo ves?

¿Qué hay?

Todo arreglado.

¿Algo nuevo?

Sí, la combinación de que te hablé

ya está preparada.

En menos de un mes podremos hacer el mejor negocio de nuestra vida.

-Esos se llevan algo gordo entre manos y no quieren

darnos parte, pero yo te juro que...

-El riesgo es grande, pero con serenidad y vista,

podemos sacar de este asunto una buena tajada.

Y ahora, cuidado con esos, que están con la mosca detrás de la oreja.

¿Esos? Bah, son inofensivos.

Sí, sí, pero no hay que fiarse.

Fenómeno, en esto, eres un maestro. En esto y en todo.

¿Con quién te crees tú que te gastas los cuartos, socio?

Bueno, bueno, déjate de faroles y al grano.

No hables tan alto.

Esta noche lo sabré.

Tiene que ser por la frontera francesa,

habrá que tantear allí el terreno para ir un poco más seguro.

Por Francia...

Ese terreno ya está tanteado.

Que la sitúen por Canfranc.

En Jaca yo tengo un amigo.

(Música)

Bueno, está bien.

Sí, gracias a ti, todo ha salido bien hasta ahora.

Bueno, qué, ¿hasta Madrid?

No sé, ya has visto que Victoria está reacia.

Eso es una tontería. Ya sabes que en unos meses,

triplicas el dinero que metas en el asunto.

¿Estás seguro? No lo dudes.

¿Te acuerdas que os prometí que yo tendría coche?

Pues ya lo ves.

Por lo demás, ya te he dicho que mis negocios son legales.

Y no te preocupes por eso. No, también quiero salir de aquí.

Buscar un porvenir para el chico.

Trataré de convencer a Victoria.

Estupendo. Adiós, Matías.

Gracias por todo. Adiós, muchacho.

Espero dentro de poco verte por Madrid.

Ya veremos.

Adiós, Matías. Adiós, buen viaje.

Adiós. Adiós.

(Música)

Oye, que faltaba esto.

-Tú te fías mucho de Paulino, ¿verdad?

-Claro, mujer, ya lo sabes.

-Pues si vieras que a mí no me es demasiado simpático.

Tiene algo, no sé, algo que no me gusta.

-Bah, aprensiones tuyas.

Las mujeres desconfiáis siempre de los amigos del marido.

Ya verás como en Madrid todo marcha como la seda.

-Dios quiera que salga así.

Ya puedes cerrar la maleta.

Oye, tú, que esto va en serio, hay lo menos cuatro guardias.

Es que hay mucho desaprensivo por las carreteras.

Buenos días.

¿La documentación, por favor?

Ahí va.

-(SUSURRA) Este es, la matrícula coincide con la de la denuncia.

-Sí, la documentación también.

¿Tiene usted la bondad de bajar?

¿Ocurre algo? Nada, una pequeña comprobación,

cumplimos órdenes. Todos sabemos lo que es eso.

¿Excombatiente? Sí, ¿y usted?

Algo.

¿Hace un pitillo? No, no hace.

¿Qué demonios le pasa a ustedes hoy? Aquí está.

-A nosotros no nos pasa nada, a ustedes dos sí,

que quedan detenidos. Usted se ha vuelto loco.

¿Detenido, yo, por qué? Yo soy... No chilles, salao.

Reserva tus fuerzas para explicarte en la inspección.

¡Esto es un atropello asqueroso! Sí, hombre, sí,

un atropello asqueroso, lo que tú digas.

-Con que un atropello, ¿eh?

¿Y este paquetito es también de insulina?

Naturalmente, las muestras. Venga, regístralo.

-Nada. -Venga, arriba.

-Vamos, deprisa. -Tú, conductor,

en marcha y sigue la primera moto, sin hacer tonterías, ¿eh?

La cita, la cita,

hacia el centro se encamina por las mañanas...

Qué bonita serenata,

Carrascal, Carrascal,

que me estás dando la lata.

Mi caballo se fue a pasear,

tuve que pasar la ría de día,

la ría que es puerto de mar...

(Música tensión)

(Teléfono)

Padre, yo quería brindar por la felicidad

de Enrique y Lucía. -Muy bien, hijo, brindemos todos.

Brindo para que Enrique... A eso vengo yo.

¿No hay una copa para mí? Toma, Vicente.

Muchas gracias, señora, es usted un ángel.

¿No habrá gatos, verdad? Es que me he dejado las bombas

en el perchero. Anda, anda, bebe y calla, tarambana.

A la orden, mi cabo. Por vuestra felicidad.

Por la felicidad de todos.

Tarda Paulino.

Hace tiempo que está un poco raro, pero hoy no creo que falte.

¿Paulino?

No vendrá. No, no es por nada.

Es que está...

detenido. No gastes bromas.

¿Está detenido?

Lucía, ponme otro trago y os contaré el notición.

Gracias.

Pues nada, ese insensato, como era de prever,

se ha metido en un lío gordo.

Cubría el tráfico de antibióticos y estupefacientes

con importaciones legales de insulina y sulfamidas.

Le han cogido con las manos en la masa,

y a estas horas está entrampillado.

Nos ha salido un perdulario de tomo y lomo,

Yo los conozco peores que van en coche.

¿Se podría hacer algo por él? Como no sea mandarle tabaco...

Es un asunto muy feo.

Todos los detenidos están incomunicados.

¿Era este el negocio que te propuso?

No, era otra cosa también de medicinas.

Me habló de otros asuntos con más riesgos y ganancias,

pero no quise saber nada.

¿Verdad, Victoria?

-¿Queréis pasar al comedor? Como las balas.

Los duelos con pan son menos.

Escucha.

Qué bonito. ¿Te gusta?

Tanto que si me alcanza te la regalo.

Eres algo así como una maravilla. Suéltame, Enrique.

¿Qué van a decir esos señores? Probablemente nada,

porque no nos hacen maldito el caso.

Podría darte una docena de besos sin que se enteraran.

Enrique, estate quieto, no seas así. ¿Cómo quieres que sea,

más alto o más bajo? Anda, no seas ganso. Llámales.

¡Eh, oiga, por favor! ¡Buenos días!

Buenos días. Buenos días.

Perdonen ustedes, pero con este jaleo...

¿Jaleo? Sí, ya veo que no dan ustedes abasto.

No, es por lo del periódico, lo de la guerra con Rusia.

¿Con Rusia? ¿Qué pasa?

¿Pero es posible que no lo sepan?

La guerra con Rusia...

¿Qué desea, señorita?

Esta tabaquera. Además, quisiéramos ver ese jarrón.

¿No es así, Enrique? Justo, sí. Perdona un momento.

La guerra con Rusia. ¡Bah!

Tanto jaleo por una guerra con Rusia.

(RADIO) "Los corresponsales extranjeros señalan

cómo los voluntarios acuden incesantemente

a los banderines de enganche abiertos en todas las provincias españolas.

Por nuestra parte, subrayamos el enorme desinterés

con que España se alista en esta empresa,

llevada tan solo por el ánimo de seguir batiendo al comunismo

donde quiera que se encuentre, con igual entusiasmo,

con el mismo espíritu de sacrificio con que acudió

a todas las grandes gestas de la historia del mundo

en defensa de la cultura y la civilización cristianas.

Todavía sufre España

las consecuencias de una feroz invasión comunista

y su independencia recién ganada

le impulsa a ver en esta guerra trágica

que se abate sobre el mundo,

un solo enemigo común a todos los pueblos,

incluso a los que entre sí se combate,

incluso también al pueblo ruso, el comunismo".

(Barullo)

Perdón. Perdón.

Enrique. ¿Qué?

Creí que habías salido con la primera expedición.

Menudo susto me he llevado. ¿Susto? ¿Por qué?

Porque quiero que me cueles en tu vagón.

Pero, hombre, que esto no es un cine. Además...

¿Además qué? ¿A quién le pediste permiso tú

para irte voluntario cuando la guerra?

Era otro caso. ¿Y a quién se lo has pedido ahora?

¿Crees tú que no sé el disgusto de Lucía?

Debes ayudarme. ¿Has visto a Lucía?

Yo no, pero papá sí la ha visto.

Bueno, no te preocupes por eso.

En medio de todo, a las chicas les gusta eso

de que los novios nos vayamos a la guerra.

No seas tonto, eso no le puede gustar a nadie.

Además, esto se hace por aquello de que...

Siempre hay que hacer lo que hay que hacer.

Esa es mi opinión y mi lema. Me ayudas, ¿no?

Si pudiera, lo haría.

¡Listos para embarcar! ¡Listos para embarcar!

¡Listos para embarcar!

Venga, arriba.

Vamos.

Pasa allí.

(Barullo)

Bueno, me parece que nos vamos.

Asómate, a lo mejor está por ahí Lucía.

No lo creo.

Seguramente estará con mi madre pendiente de la radio.

(Silbato tren)

(CANTAN) "Adiós, España,

España de mi querer, mi querer.

Adiós, España,

¿cuándo te volveré a ver?

No me marcho por las chicas,

que las chicas guapas son, guapas son,

me marcho porque me llama

la gloriosa división".

(CANTAN) "...España sola se quedó,

llorando mi marcha la niña de mi amor.

Cuando partía el tren de allí,

le dijo así mi corazón:

'Me voy pensando en ti.

Adiós, Lili Marlen'.

Aunque la distancia vive entre los dos,

yo siempre estoy cerca de tu claro sol.

Cuando tu carta llegue a mí,

se alegrará mi corazón,

que solo piensa en ti,

soñando con tu amor".

(LEE) "Entramos en línea. ¡Ya era hora!

El río se llama Wolchow".

(Cánticos lejanos)

"El cacao de hoy ha sido de bigote.

Recibí carta de mamá".

(Disparos)

"Fiesta de la patrona. 40° bajo cero.

(SILBA) Llegó el paquete de la Sección 'Celemina',

coñac en abundancia".

(Ventisca)

(Guitarra)

(Disparos lejanos)

(Ametralladora)

(Disparos lejanos)

Buenas tardes, Carobo. ¿Sudando?

-Sí, tú verás, por la nariz.

-¿Queda coñac? -Si te das prisa,

la juerga está por todo lo alto. -Voy rápido.

Y no te duermas, que ahí enfrente están los rusos.

-Si vienen, me los como.

-Suerte.

-Venga, dale ya. -¡Hala, hala!

-¡Ole! -¡Hala, hala!

¿Qué tal?

(CANTA) "Tengo una novia en España más bonita que un lucero,

que en todas las cartas me dice...". Toma un trago.

"'Yo te quiero'". -¡Dale ahí!

-"Pero yo no le hago caso, que otra vez ya me pasó,

y otra me dijo lo mismo

y después se me casó".

-Venga. -Venga, Calatayud,

tú, que eres de Aragón, cántanos la jota.

¡Venga, macho, arráncate por jotas bravías!

Eso está hecho. ¡Vamos a verlo!

¡Vamos, fuera, gente, hombre! -He dicho cantar, no empujar.

Bueno, este tío es la monda.

¡Venga, dale ya! Tú, dale ya.

(Música)

(CANTA) "Porque vio un cuadro de Goya".

Eh, tú, Soñador.

Ni cantas ni bebes, ¿qué haces? Estoy en el cine con Mary.

Dan una película floja, pero la verdad es que...

no prestamos mucha atención.

Lo estoy pasando bárbaro.

Bueno, hombre, que aproveche. Ya me contarás en qué queda eso.

(CANTA) -"Leyó un trozo de 'El Quijote'

y oyó cantar una jota.

Y oyó cantar una jota.

Conoció a España sin verla".

¡Bueno, muy bien, ahora otro trago y a cantar todos!

(CANTA) "Eres alta y delgada...". (CANTAN) "Como tu madre,

morena salada,

como tu madre.

Pero tienes bigote, como tu padre,

morena salada,

como tu padre.

Bendita sea la rama que al tronco sale...".

(Explosiones)

"Morena salada,

que al tronco sale.

Toda la noche estoy,

niña, pensando en ti". "Pensando en ti".

"Yo de amores me muero desde que te vi,

morena salada,

desde que te vi.

Desde que te vi con la pata de palo, dije:

'Para mí, malo, malo, malo, malo'.

Desde que te vi...". -¡Enrique, el capitán te llama!

"Fuera, fuera, fuera, fuera".

(CANTAN) "No hay quien pueda, no hay quien pueda

con la gente marinera.

Marinera, pescadora, no hay quien pueda...".

A tus órdenes, mi capitán. Ven, mira.

Vas a reconocer el bosquecillo. Llévate tres o cuatro hombres.

No paséis más lejos. En cuanto volváis, me informas.

Entendido, mi capitán. A tus órdenes.

Vamos, preparados para salir a tomar el fresco un ratito.

Tú, tú y tú, Soñador, venís conmigo,

los demás, quedaos en la trinchera hasta que volvamos.

¡Venga, vamos, deprisa! (MURMURAN)

Espera un momento, Mary, ahora vuelvo.

(Ventisca)

Venga, "pa'lante". (MURMURA) -Ya, hombre.

Mucho cuidado y, sobre todo, nada de ruido.

(SUSURRA) ¿Puedo ir? Anda, ven.

(Silbido)

(Explosión)

-Con lo bien que estaría en la procesión

de la Purísima de mi pueblo. -Eso también es verdad.

-Dímelo a mí.

-Venga, vamos deprisa, que me espera Mary en el cine.

(MURMURA) -Padre nuestro, que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos...

Preparados.

Armad bayonetas.

Los cogeremos por la espalda.

(Ametralladora)

(Disparos)

(Explosiones)

(Silbido)

(Explosiones, disparos)

(SUSURRA) Ahí vienen. Traen prisioneros.

(Disparos)

¿Y Matías?

Seguid, voy a buscarlo.

(Explosiones, disparos)

¿Qué pasa?

Vamos, deprisa, que nos van a asar.

Matías, ánimo, hombre.

Malditos. No te preocupes, Enrique.

Dile a mamá

que hice...

lo que... lo que tenía que hacer.

(Ametralladora)

(Disparo)

(Explosiones)

(Disparos)

(Música tensión)

(Coro en latín)

(SILBA)

"Fin de la primera parte.

Y así, a punto de abandonar Roma,

escribo acaso mi última crónica

frente a una antigua y querida fotografía.

Son mis camaradas de patrulla

el día que entramos en Madrid, ahora hace seis años.

¿Qué pensarán hoy ante la situación que crea el fin de la guerra

estos dispersos camaradas míos?

Mi viejo cabo Matías,

con la pesadumbre del hijo que, por creer en Dios,

sería hoy considerado criminal de guerra.

Dolor del que le libró la muerte.

¿Qué pensará Enrique, muerto en Rusia?

Muerto por su hermosa y desprendida fe,

muerto por no dudar en hacer siempre lo que hay que hacer.

¿Qué pensará Paulino?

Perdido en cualquiera sabe qué mundos turbios,

arrastrado por el tiempo.

¿Qué pensará Eugenio?

Aquel que solo vio de Madrid la oscuridad,

aquel que con su vida dio la luz a la ciudad prisionera".

El final de la guerra no ha llegado aún.

Más bien, si me lo permitís,

diré que solamente ha llegado el fin de la primera parte.

Punto final, muchacho.

Ponme a los pies del director,

si es que lleva los zapatos más limpios que antes.

Distribuye las comas y las haches con arreglo a tu criterio, caimán,

porque yo tengo mucha prisa.

(SUSURRA) Espera.

No.

No me espera nadie del Vaticano. Adiós.

(HABLA EN ITALIANO) (RESPONDE EN ITALIANO)

¿Qué te pasa?

¿Y por qué vuelves a España precisamente ahora?

Porque precisamente ahora se ha acabado la guerra

y porque mi periódico no está en condiciones

de sufragar otra para yo se la cuente a sus lectores.

Dime...

¿Es tu novia esa chica del retrato que tienes en casa?

Anda, dímelo.

No.

Fue la novia de Enrique.

¿De verdad? Sí.

Nos enamoramos los dos de ella, pero... Enrique ganó la partida.

Te casarás con ella.

¿Cuántos días nos quedan a nosotros hasta que regreses a Madrid?

No lo sé. Hasta que me den plaza en el avión.

Eso puede ser cuestión de años.

Hola. Hola.

¿Han empezado la despedida? -No.

Hacemos planes para el porvenir. -¿Están secos?

Ahí viene el convoy.

(HABLA EN ITALIANO)

Señor Vicente, ¿me permite invitarle "per su ritorno" a España?

Gracias.

"Salute".

-¿Va a España? Sí.

¡Vaya! Lo siento.

No tanto como yo, imagínese.

Ahora la última copa. No, la última nunca.

Le digo que beba la última copa.

No puedo beber la última copa

sin consultar con mi astrólogo particular, señor.

Usted se lo pierde.

Está todo acabado, ¿eh?

No, no está todo acabado.

Aún queda España. (RÍE)

Eso es, España. ¿Se han dado ustedes cuenta?

Pero nosotros haremos algo para liquidar este asunto.

Así.

(Música tensión)

Esto haremos.

¿Y qué consigue usted con esto?

¡Déjale!

-No tenías razón. -¡Va, déjame en paz!

-Es más hombre que tú.

Gracias, Johnny.

De todas maneras, el marrajo ya estaba bastante toreado.

Y aunque el marrajo ya estaba bastante toreado,

me lanzó un directo a la mandíbula que casi me cuesta la vida.

Pero chicos, me levanté, me fui hacia él...

Le hice una finta al estómago, se me descubrió la jeta...

Le lancé un puñetazo a las narices que...

Bueno, creo que todavía estará dentro del hoyo

que hizo en el parqué. Una cosa.

Precisamente, el americano que tumbó definitivamente

al que me golpeó a mí, es el que estuvo en Rusia

y al que yo encargué que investigara sobre el paradero de Enrique.

La verdad es que ya no tengo la menor esperanza.

Hijo, yo la esperanza no puedo perderla,

pero comprendo que es un sentimiento de madre

más que un razonamiento lógico.

Se sabe que algunos compatriotas nuestros

se salvaron trabajando como cartógrafos

al servicio de la aviación soviética

y hasta de otros que lograron escapar.

En fin, ¿quién sabe?

Yo creo que la esperanza no debemos perderla aún.

No cabe ya la menor esperanza.

Enrique ha muerto casi con toda seguridad.

¿Te acuerdas cuando te conocimos y los dos queríamos protegerte?

Qué tipos éramos.

Yo no sé quién será feliz en este mundo,

pero te juro que me gustaría conocerlo.

Para enjaularlo.

A mí todo me sale al revés. No digas eso, puede castigarte Dios.

Claro que...

Tú podrías impedirlo.

Eso ya...

Bueno, me marcho, es muy tarde. Sí, tardísimo.

(Música emotiva)

Oye, Lucía,

¿puedo contar con que de vez en cuando te acordarás de mí?

Bueno, si me lo merezco.

Me hará falta verte.

¿Podré verte? ¿Por qué no?

De vez en cuando, sí.

(Continúa la música)

Si te barren los pies, no te puedes casar.

¿De veras? Claro.

Bueno, sigue. Te decía que la "bambina"

tenía pinta de ser una muchacha de las que yo llamo una mujer fatal

y que son todo lo contrario de las de las películas,

porque entiendo que la verdadera mujer fatal

es aquella con la cual uno se casa. Qué cosas dices.

No es un chiste, es la realidad. La mujer que nos está destinada,

¿por qué no ha de ser nuestra mujer fatal?

¿Por qué no te casaste con Julie?

Lucía, yo solo he querido casarme con una mujer.

Ven, vamos a sentarnos.

(Claxon)

(Música emotiva)

Lucía, ya no soy muy joven.

Me duele tener la piel como el cuero de una maleta.

No quiero emplear demasiados circunloquios

en decirte lo que pienso.

Tú, de una forma o de otra, siempre has estado conmigo.

Sobre mi mesa de trabajo, dos cosas para mí muy queridas

no han faltado nunca: la foto de la vieja patrulla...

y la tuya.

Naturalmente, como que yo también soy de la patrulla.

¿Recuerdas que hace siete u ocho años

te dije que te necesitaría cuando fuese viejecito?

Pues bien, ya lo soy.

¿Qué dices ahora?

Entonces me parecía a mí que aquello de la manta eléctrica era gracioso.

Ahora veo la manta eléctrica de otra manera,

pero igual de necesaria.

Preciso algo que me dé la fe que me falta,

el optimismo que requiere mi oficio, una razón para seguir adelante.

Lucía, te necesito a ti.

(Música emotiva)

(Música intriga)

(HABLA EN RUSO)

(SUSURRA) Oye, pregúntale lo que dice ese tío.

-¿Qué dice ese tío? ¿Que qué dice ese fulano?

¡Soñador! -¿Eh?

-¿Que qué dice?

(REPITE EN RUSO)

Útil.

Útil, inútil.

Útil, inútil. -Útil, inútil.

-Dios Santo, de esta no se escapa.

(HABLA EN RUSO)

(HABLA EN RUSO)

(HABLAN EN RUSO)

(Música suspense)

(HABLA EN RUSO)

(Toses)

¿Qué le dijiste?

Me agarré a que soy intérprete.

De todos modos, hace falta mucha barba

para interrumpir a uno de esos bestias.

-A Enrique ya todo le daba igual.

-De cualquier manera, todo ya igual para nosotros.

Hoy, mañana... Otro día hemos de caer.

En fin, tú hoy has tenido suerte. Es posible.

¿A dónde nos llevarán ahora?

Porque no hay duda de que nos trasladan.

Oí a un soldado algo de unas nuevas pistas de aviación

que se construyen por el sur.

A ver si allí hay alguna posibilidad de largarse.

-Las mismas que de poder afeitarle los bigotes a Stalin.

-Otros lo han hecho.

-Sí, algunos han intentado traspasar las alambradas.

¿Y después qué?

-Te digo que trabajar en un campo de aviación

tiene que tener sus ventajas.

Pronto lo veremos.

Si hubiera la menor posibilidad...

Si alguno de nosotros consiguiera escapar...

-Sí, claro, si alguno de nosotros consiguiera escapar

y allí en España hablara con nuestras familias...

-¡Calla, imbécil, me vas a volver loco!

-Más te vale dormir. -Tienes razón.

Se vive tan bien dormido...

Hace unas noches soñé que estaba de vuelta en casa,

en Madrid.

Me gustaría hoy repetir el sueño.

-Cuando despiertes, ya me contarás qué tiempo hace en los Madriles.

-Frío aún.

Pero abril está ya encima.

Al mejor, la rosaleda del Retiro ha cuajado ya en flor.

Puede que aún esté la castañera en la esquina de mi casa.

Me gustaría subir castañas calentitas a mi madre.

¿A vosotros no?

En la mesa leo el periódico y todos me riñen.

Y luego nos reímos cuando les cuento cualquier bobada.

Pero aún hace frío.

Claro que en el cine se está bien.

¿Con quién irá Mary ahora al cine?

(Ametralladora)

Los inútiles.

(Disparos)

(SOLLOZA)

(Disparos)

(Silbato tren)

(Disparos)

(Música)

(Avión)

(Música)

¡Bazofia! Sí, sí, es una bazofia, ya lo sé.

Sin embargo, yo me reenganchaba.

(Avión)

Ese es americano.

Esta noche estará en Francia.

Si nos pudiéramos colar en uno.

No duermo dándole vueltas a esa idea.

Es la única posibilidad de escapar de aquí.

Hemos perdido al Soñador y vosotros lleváis el mismo camino.

Estas cosas siempre salen mal.

O te pegan un tiro los centinelas o te descubren los tripulantes.

Y entonces, ya sabes, la cebada al ramo.

-Oye, ¿y a ti por qué te llaman el Optimista?

(Avión)

Ese es ruso.

¿Quién? ¿El centinela? El avión, chalado.

El centinela es un hijo de perra. Y me quedo corto.

El aparato es americano.

¡El hijo de perra lo serás tú!

¡Y a callar!

(Música tensión)

Oye, este tío es español.

¡También es casualidad!

¡Quieto!

¡Conmigo!

¡Vamos!

(SUSURRA) -Oye. Calla.

¡Venga!

¡Alto!

Interprete, te pondrás a las órdenes del piloto de ese avión americano

que acaba de llegar averiado.

Y... cuidado con lo que se hace.

¡Vamos!

(Tos)

(Avión)

Ese tampoco es.

Ojalá hubiera sido. Yo cada vez tengo más pánico.

Prescindid de mí, yo voy a ser un estorbo.

-¡No empieces otra vez!

Hay que intentarlo juntos.

Si algo falla, el que pueda que se largue

sin preocuparse de los demás.

Yo, de todas formas, lo intento.

Y que sea lo que Dios quiera.

Esta pelleja miserable se cansa de esperar.

Si es que ahora es, precisamente, el peor momento. Con ese hijo de...

En cuanto nos vean, nos fríen.

(Silbatos)

(Alboroto)

(GRITA EN RUSO)

(GRITAN EN RUSO)

(GRITAN EN RUSO)

(GRITA EN RUSO)

¿Y Calatayud? ¿Por qué no está contigo?

Lo llevaron a hormigonar la pista K.

Esto no puede salir bien. ¡Calla! ¡Vamos, sígueme!

Vete tú, nos están vigilando.

¡No pierdas tiempo!

Adiós.

¿Adónde vas?

A España.

Buena suerte.

(HABLAN EN RUSO)

(RESOPLA)

(HABLA EN RUSO)

(Avión)

¡Eh!

(Música tensión)

Desde hace unos años vivo de propina.

He perdido un brazo.

Tantas cosas he perdido...

Simplemente el estar aquí hablando con usted

ya me parece un milagro.

No puede figurarse qué es ser prisionero de los rusos,

esperando la muerte cada día, cada momento.

Parece, de repente,

como si Dios hubiera muerto para uno.

(ACENTO AMERICANO) Tiene usted mi simpatía y la de mi tripulación.

Es más, personalmente, estimo que es usted un héroe,

pero no puedo olvidar mis deberes.

Soy el comandante de esta nave, y aún en contra de mi deseo,

estoy obligado a entregarle al control militar del campo

en cuanto aterricemos.

¿Un cigarrillo? Gracias.

Hacía mil años que no fumaba un Lucky.

¿Ve? Esto solo ya vale la pena.

(CHISTA)

Ya estamos en Francia.

Con estos pingajos tendrá demasiado frío.

Échese esto por los hombros.

Hasta tanto que le entregue, será usted mi huésped.

Tomorrow we are leaving early. I'll be in depart".

¿Vamos?

(Música animada)

"Hello, boy".

"A whisky, please". -"Oui, monsieur".

-¿Bocadillo?

Gracias.

De aquí a su frontera hay 200 km.

Muy infinito para recorrerlos a pie, sin medios.

200 km.

Son tantas las ganas que tengo de llegar,

de estar entre los míos,

que eso me parece un paseo.

Además, todos los pasos fronterizos están cerrados.

No tienen ustedes relaciones diplomáticas con Francia.

¡Es igual!

Eche un trago y coma más,

creo que le esperan momentos difíciles.

Los momentos difíciles ya han quedado atrás.

(Música animada)

Ahora voy a firmar la llegada.

Tardaré cinco minutos.

Cinco minutos.

Después no tengo más remedio que entregarle al control del campo.

(Música animada)

Tenga.

(Música animada)

(CARGA)

¡Alto! ¿Quién vive?

(SUSPIRA)

¡Alto! ¿Quién vive?

¡España!

(Música triunfal)

Pero ¿vamos a Jaca? Sí. Allí está el mando divisionario.

Gracias, Victoria.

Me abrumáis.

Pero levántate, mujer.

Uhm, qué bobo.

Para mí es como si hubiera vuelto...

mi hijo.

Ahora tendría 23 años.

Sí.

El que ha cambiado totalmente es su padre.

Parece otro hombre.

Ah, ¿sí?

¿Y eso?

Ahí está.

-Todo a pedir de boca.

Tu madre está bien, he hablado con ella.

Le he contado todo lo tuyo en la forma que habíamos quedado.

-¿Ves, tonto?

¿Le has dicho...? ¿Le has dicho que estaba con vosotros?

No, no. Por supuesto.

¿Y ella no te ha dicho nada de... Vicente, de Lucía?

No, de eso no hemos hablado.

¡Ah! He arreglado lo del coche.

Podemos salir cuando quieras.

Gracias, por mí ahora mismo.

(Música emotiva)

Ahí lo tienes, donde siempre.

(Música emotiva)

(Música emotiva)

De todos modos, el problema es el mismo.

No puedes ocultarles que estás aquí.

Eso sería tan inútil, como cobarde.

-Y tú nunca has sido cobarde, hijo. Creo que debo dejarles en libertad.

Bueno, pues también para eso es necesario que les hables.

-Además, al fin y al cabo, no se han casado todavía.

(TOCA)

Debes ir, hijo.

¿No decías tú que hay hacer siempre lo que hay que hacer?

Pues bien, iré.

Iré ahora mismo.

(LLAMA AL TIMBRE)

(SUSPIRA)

¿Está el señor? No.

¿Y la señorita Lucía? Sí, señor. Pase usted.

¿A quién debo anunciar?

Dígale que...

Será mejor que me anuncie yo mismo.

(Tictac)

(SOLLOZA)

(LLORA)

Acaso no debiera haber venido sin avisarte.

Te parezco un resucitado.

Eso soy, efectivamente.

¿Cuándo has llegado?

Esta misma mañana.

He venido desde Jaca con Matías.

¿Y Vicente?

Ahora vendrá.

Le estoy esperando.

(LLORA)

(Caja de música)

(LLORA)

Gracias.

(Cesa la música)

¡Chist! ¡Chist!

Pasa, Vicente.

¡Enrique!

¡Pero, muchacho!

¡Es asombroso, Enrique!

¡Asombroso!

Tú sigues como siempre. (RÍE)

Bueno, eso en mí no tiene nada de particular.

Ven, sentémonos.

Ven.

(Tictac)

Toma. ¿Quieres?

(RÍE)

¡Qué llegada la tuya!

Reconozco, y perdóname, que me hubiera gustado para mí.

Tendrás qué contar sin parar.

Figúrate.

¿Te fugaste desde la misma Rusia?

No, de la zona rusa de Alemania.

Tuve suerte.

Luego, un piloto americano facilitó las cosas.

Pero ahora prefiero no recordar nada.

Claro, se comprende.

Yo mismo no sé qué decir.

(RÍE) Te pensé tantas veces...

Y ahora no me salen las palabras.

Perdona, chico,

la sorpresa ha sido enorme.

Me parece lo mejor dejaros aquí a Lucía y a ti.

Y...

Venía a decirte que tengo trabajo.

(RÍE)

Nos veremos mañana, ¿eh?

No, Vicente.

Te lo suplico, Enrique, iros los dos.

Vosotros os haréis cargo de mi estado de ánimo.

(RÍE) No me gustaría desmayarme delante de vosotros.

Lo siento, Lucía, pero debía venir.

Y he venido.

Me voy con Vicente, sí.

Estarás mejor sola.

Por los hombros.

Gracias.

Perdóname, Enrique.

Mañana nos veremos. Adiós.

Sí, mañana.

(Música)

¿Qué tal nos vendría ahora un trago?

No, Vicente, gracias.

Estoy fatigado y nos queda mucho tiempo para copas.

Pero ahora, ¿qué quieres?, no valgo ni para eso.

Prefiero irme así hasta casa.

Mañana nos veremos.

¿Te das cuenta de que por vez primera

lo dejamos todo para mañana?

Como prefieras.

Yo tenía un camarada,

de entre todos, el mejor.

Siempre juntos, siempre juntos,

avanzábamos...

Vicente es un gran muchacho

al cual yo he admirado desde mucho antes que tú misma.

El tiempo nos ayudará a todos.

Solo deseo que los dos seáis muy felices.

Nada más, Lucía.

Adiós.

(Música)

Nada, nada, que sois unos informales todos.

Aquí tengo el telegrama de Vicente.

Oye lo que dice:

"Imposible acudir. Stop. Aún hay Pirineos. Stop".

Bueno, verás, es que yo soy el que no puedo ir.

Bueno, sí que podría ir, pero es que...

¿Se lo digo? -Anda, tonto, díselo.

Pues verás,

es que Victoria no está nada bien.

(SUSPIRA) Bueno, hombre, no es que no esté nada bien, pero...

Ahí acaban todos tus remilgos sobre el porvenir.

Igualmente, Matías.

Muchos recuerdos a Victoria.

Y... ¡oye, oye!

Que contéis conmigo para padrino.

Adiós.

Un notición, mamá.

Matías y Victoria esperan un nuevo hijo.

Pero ¿cuándo? Pronto.

Ella ya no está para viajes, por eso no ha podido venir Matías.

También él ha vuelto a la vida.

En fin, a la cita de los 10 años iré yo por todos.

(RÍE)

Tu patrulla.

Vicente saltando de sitio en sitio.

Matías en Jaca.

Aquel Paulino...

Dios sabe dónde.

Cómo pasa el tiempo y destruye las cosas.

No, mamá.

Mi patrulla está de servicio, funcionando.

Vicente está cumpliendo con su deber en el extranjero.

Ahora él se bate por todos.

Matías va a tener otro hijo.

Ha vencido su angustia y su pesimismo.

Recobra la fe.

Ya verás como se convierte en otro hombre.

¿Y aquel chiquito? Eugenio.

(Música emotiva)

Aquel cumplió también.

Y, sobre todo...

¿quién te dice que desde el cielo no nos está ayudando?

Yo mismo trabajo.

Me noto casi rehecho a tu lado...

después de tan terribles cosas.

¿Y Paulino?

Si, al menos, este acudiese hoy a la cita...

No. Mira, madre,

todas las patrullas se exponen a tener bajas.

A veces pienso si no hicimos bastante por él.

Si no le abandonamos cuando más nos necesitaba.

Si por cada cinco españoles solo se perdiese uno...

¿Tú irás?

Sí.

Yo iré por todos.

Por los vivos.

Por los muertos.

Por los desaparecidos.

Será hermoso recordarlos allí.

(SUSPIRA)

En todo caso,

volveré pronto, que es lo que a ti te preocupa.

Hasta luego, mamá.

(Pájaros)

(Música animada)

(Pájaros)

(SUSPIRA) Como en la vida hay que hacer lo que hay que hacer,

yo también tenía que venir hoy aquí, Enrique.

¿Habías olvidado que pertenezco a la patrulla por derecho propio?

Creí...

que ninguno de vosotros acudiría.

¿Seguro?

¿De verdad no esperabas encontrar a nadie aquí?

(RÍE)

Esperaba encontrarte a ti.

¡Gloria!

¡Gloria y victoria!

Con el cuerpo y con el alma, con las armas en la mano,

¡por la patria!

Historia de nuestro cine - La patrulla

22 ago 2017

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