Presentado por: Elena S. Sánchez Dirigido por: Francisco Quintanar

'Historia de nuestro cine' hace un repaso por lo mejor del cine español desde los años 30 hasta nuestros días, con la intención de revisar sus grandes títulos. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo habitual de expertos que introducirán cada película. La emisión de las cinco películas cada semana se completará con un coloquio en el que participarán los colaboradores fijos junto a figuras relevantes del cine que tengan relación con las películas a emitir esa semana.

Las películas se programarán en bloques temporales. Los lunes será el turno de las películas de la década de los 30 y 40; los martes de los 50 y 60; miércoles de los 70, jueves de los 80 y viernes de los 90.

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Historia de nuestro cine - Juventud a la intemperie - ver ahora
Transcripción completa

(B.S.O de Enrique Escobar)

(OFF) (HOMBRE) "He aquí el escenario,

la urbidumbre de cualquier gran ciudad del mundo".

"Entre sus tentáculos de cemento,

entre el humo y el estrépito,

la aglomeración y el desasosiego,

acosada y tentada por las más bajas solicitudes

de la corrupción espiritual,

alientan extensos núcleos de una juventud sin ideales".

"Los esfuerzos realizados por los estadistas

y las entidades seculares

para arropar el desangelamiento moral

de las nuevas generaciones

sin amor al pasado ni fe en futuro,

que viven como en un estado de angustia

nacido del caos que provocó la última contienda universal,

no han bastado para evitar

que junto a una juventud

que se prepara animosa para construir un mundo mejor,

enardecida de nobles ambiciones,

se agite y se consuma

en el nirvana de su desaliento

y en los percances morbosos de cada día

otra juventud que vive a la intemperie".

(Derrape de neumáticos)

(Claxon)

(Claxon)

(Claxon)

¡Hilda!

(SILBA)

¿Qué?

Que te está esperando tu banquero.

(Música de Enrique Escobar)

(Claxon)

(Claxon)

Parece que el tipo está impaciente, ¿eh?

A mí qué me importa.

Eso está bien, tú tranquila.

Déjale que sufra,

pero no me hagas sufrir a mí, que soy tu hermano,

vamos, desde que nací.

Oye, guapa, ¿crees que voy a salir a la calle con esto?

Pues te vas a tener que conformar, Rico,

estoy harta de mantener tus vicios.

¿Y qué quieres que haga?

Trabajar. ¿Trabajar?

¿Ves? Eso tiene gracia.

¿Gracia por qué?

¿De qué me sirve entonces tener una hermana tan bonita?

¡Sinvergüenza!

Acabarás en la cárcel.

Mientras tú tengas dinero, no hay peligro.

¿Estamos, monería?

¡Ah!

¿Sabes que tener un hermano como tú es una bonita ganga?

¡Adiós, tacaña!

(Puerta abriéndose)

Ya podía usted llamar.

¡Vaya! Encima con humos.

Me está bien empleado.

Espero arreglar pronto mis cosas y poderle liquidar mi cuenta.

Tenga un poco de paciencia.

¿Más? Ya estoy harta de que me tomes el pelo

o me pagas hoy mismo o no vuelves a dormir aquí.

Dentro de unos días, son los exámenes.

-¡Déjame de cuentos!

¿Crees que voy a esperar a que te den una plaza en Correos?

Si quisieras trabajar, lo habrías solucionado,

pero es más cómodo vivir a costa mía y pasarte la vida al teléfono

y venir a dormir a las tantas de la madrugada

No se apure usted, mi vida va a cambiar.

Claro, mujer, lo único que importa es el dinero

y tú podrías tenerlo a manos llenas.

¿Cómo puede una chica tan guapa como tú pasar calamidades?

Mira la pulsera que acaban de mandarte.

Tienes a don Ramón loco por ti.

Devuélvasela, yo no soy una cualquiera

y tengo mis ideas sobre todo esto.

Además, estoy enamorada y él me quiere.

Haga el favor de dejarme en paz

y no vuelva a hablarme de ese viejo estúpido.

Muy bien, pues ya estás advertida,

o me das el dinero esta noche o no vengas a dormir.

¿Estamos?

¡Ah!

Y no pienses que te vas a llevar las maletas.

Buenos días.

(Teléfono)

(Teléfono)

Debe de ser para mí.

¿Y cuándo no es para ti?

Diga.

No, señor, no está.

¿Es que hablo chino?

Señorita Susana, no se enfade. -Le he entendido, Susana.

Pues no está. -Acéptelo.

No vea en mí malas intenciones,

solo quisiera que fuéramos buenos amigos

y poder ayudarla en algo.

Bueno, espere un momento, voy a mirar mejor.

¿Quieres ponerte al teléfono? Es Alberto el que llama.

Creí que era Fernando.

Buenas tardes.

(Música instrumental suave)

Oye, Alberto, ¿por qué no vienes con nosotros mañana?

Nos entrenamos para las pruebas de 40 metros pista libre.

¿Te gustaría verlo? No me interesan esos cacharros,

tengo otras cosas que pensar.

Si supieras lo emocionante que es...

Eso será para ti.

Claro, para ti, lo único emocionante es Susana, Susana y Susana.

Oiga, ¿quiere ponerme con la señorita Loreta?

No, trabaja ahí de modelo.

(Música de piano)

Señorita Loreta, al teléfono.

¿Quién?

Hola, Loreta.

¿No has visto a Susana?

Hace tres días que no consigo hablar con ella, estoy desesperado.

Sí, eso es muy fácil decirlo,

pero es que tú no sabes cómo la quiero.

"Sí, ya lo sé,"

pero no basta con que la quieras tú,

ella es libre de hacer lo que quiera.

Además, compréndelo, Alberto,

tú eres muy joven todavía y ella está llena de problemas.

"¿Y por eso tiene que salir con otros?".

¿Y a ti qué te importa?

Podéis ser buenos amigos, pero sin que le amargues la vida.

Te advierto que si me sigue huyendo,

terminaré por cometer una locura.

"Qué cosas dices". Oye,

¿le has dado ya mi carta?

"Pero ¿cómo tengo que decirte que no la he visto?".

Está bien.

Ya veo que tú también estás en contra mía. Adiós.

¿Adónde vas, hijo?

Volveré pronto.

A ver si es verdad,

no debes disgustar a tu padre en un día como hoy.

Ah, pero ¿es esta noche? Claro.

¿Todavía no te has enterado?

(Timbre)

Hoy hace 20 años que nos casamos. -Voy yo.

¿Y eso es lo que vamos a celebrar? ¿Te parece poco?

Está bien, mamá, hasta luego.

No tardes.

Qué preciosidad, ¿verdad, Alberto? Sí.

Huele. Muy preciosas.

A este solo le gusta hablar por teléfono.

Qué casualidad.

Hasta luego, tú.

Ayer estuve en la residencia y no fuiste a dormir.

¿Dónde has pasado la noche?

Dormí en casa de esta porque estoy harta de decirte

que no quiero que vengas a verme donde vivo.

¿Y eso por qué?

Te lo he dicho mil veces,

porque no quiero dar que hablar ni que se entere mi familia.

Me importa tres pitos tu familia.

A mí solo me importas tú.

A ti no te importa nadie.

No te importan más que tus vicios

y no sabes la rabia que me da el haberte querido.

Ah, pero ¿es que ya no me quieres?

No.

¡Canalla!

Espera un momento, todavía tengo algo que decirte.

¡No quiero escuchar nada porque eres un miserable y un vago

y no vuelvas a acercarte a mí, te costaría caro!

Si estás loca por mí...

¡Chulo!

(CANTAN EN INGLÉS)

¡Estate quieto!

¡Pesado!

Hoy estás fenomenal.

¿Cuándo quieres que te haga unas fotos?

¿A mí? ¿Para qué?

Son fotos de arte.

Sí, claro, y después las venderás como hiciste con las de Rosita.

De algo hay que vivir, pero ya sabes que suelo pagar bien.

Pues búscate otra que conmigo no tienes nada que hacer.

No me digas que te vendría mal un billete verde.

Ya, comprendo,

desde hace algún tiempo, picas más alto.

Me han dicho que quieres casarte.

Será con Fernando que tiene coche, ¿no?

-¡Estúpido!

Hola, chivata.

Te traigo un regalo.

A ver si es lo que me imagino.

Una cremallera para los labios.

Clavado.

¡Me das asco!

(Música rocanrol)

¿Qué piensas hacer con Alberto?

Nada, ya se cansará de perseguirme.

No lo creas, esta tarde ha vuelto a llamarme.

Te advierto que ya no sé qué decir.

Pues mándalo a paseo cuando te dé la lata.

Es que, en el fondo, me da lástima.

Pues a mí no me da ninguna, no le he dado pie para creerse nada,

pero es un impulsivo, hasta ha llegado a amenazarme.

¿Amenazarte?

Toma, lee.

Después de esto, no pienso aguantar más sus rollos.

¡Vaya con el niño!

Lo comprendes, ¿verdad?

Vamos, acompáñame.

(SIN AUDIO)

(Cisterna)

¿Se me nota mucho?

Un poco.

No sabes las ganas que tengo

de perder de vista a toda esta gente.

En ti me lo explico porque eres una ingenua.

¿Qué sabes tú de la vida? Poquísimo,

pero todo tiene su atractivo, a veces hasta una bofetada.

No sé, yo tengo otro modo de ver las cosas.

Si no me hubieras llamado para darme la carta,

no hubiera vuelto a venir aquí.

Chica, no es para tanto.

Lo que te pasa es que tienes miedo a que se enfade Fernando.

¿Qué tal vas con él?

Le quiero con locura.

Es el único hombre que haría de mí lo que quisiera,

pero tengo la suerte de que es un gran muchacho y me quiere bien.

Lo que me preocupa de veras es sentirme culpable

de todo lo que está pasando.

¿Y cómo se te ocurrió llevarle a la cabaña de Mauricio?

Ya sabes mis apuros, necesitaba dinero.

Claro, entonces aún no le querías.

Pero ahora sí y estoy decidida a contarle toda la verdad

esta misma noche.

A las 8 ya estará en su casa y le llamaré por teléfono.

¿Sabes a lo que te expones?

Fernando, con la influencia que tiene,

es capaz de armar un lío y los otros se vengarían de ti.

No les conoces bien.

No me importa,

estoy decidida pase lo que pase.

Escucha, Susana, piénsalo bien antes de llamarle,

creo que te vas a meter en un lío. No te preocupes.

¿Te importa mucho lo que tengo que hablar con esta?

Simple curiosidad.

Es que nos estorbas, guapa.

Está bien.

(Risas y música de piano)

Si te parece, os mando al camarero.

Quiero darte un consejo. -No me interesa.

Algunas mujeres lo estropean todo cuando abren la boca.

Sería una pena que nos lleváramos una desilusión contigo.

No sé de qué me estás hablando.

De Fernando y de Mauricio.

A este tienes mucho que agradecerle.

¿Quién te saca de apuros?

¡Estoy harta de todos vosotros!

Eso no nos importa

y si lo que quieres es más dinero, lo pides y en paz,

pero que no te pase por esa cabecita llamar a Fernando para decirle

por qué le ganan el dinero en la cabaña de Mauricio.

¡Haré lo que me dé la gana! -¡Y te arrepentirás!

¡No me importa, sé lo que debo hacer y ojalá vayáis a la cárcel!

¡No te pongas histérica!

¡Qué románticos!

Vaya sitio que habéis elegido.

Yo diría que te has equivocado de lavabo, niño.

No me he equivocado.

Ah, claro, es verdad, el otro es para caballeros.

(Música jazz)

(CANTA EN INGLÉS)

Susana, ¿qué es lo que quería?

Por esta vez, me ha perdonado la vida.

Esta cabra loca nos va a fastidiar.

Si la dejamos.

Está enamorada como una idiota.

(AFEMINAD) Es que los hombres guapos no traen más que disgustos.

Pero ¿qué dices?

Ay, chico, ya no digo nada.

El que faltaba.

El rival de Fernando, pero qué diferencia de hombre.

¡Calla, idiota!

¡Ay, chico, estás insoportable!

Ponme un doble de coñac.

¡Loreta!

¡Hombre, Alberto!

¿Has visto por fin a Susana?

No, no la he visto. Hasta luego.

Entonces, devuélveme la carta.

Es que la he dejado en casa.

Eres una embustera.

¿Sí? Y tú, muy galante.

Chao.

No consentiré que hagas de Susana lo que tú eres.

¡Suelta!

Oye, tú, ¿qué pasa con ese coñac?

Pues... pues que tiene una cuenta pendiente...

y ya está bien.

¿Y si te lo pago?

Ah.

Hola.

Si me invitas, te hago un regalo.

¿Me vas a regalar una fotografía de tu abuela?

No,

algo que te va a animar más.

Oye, tú, ponme un cubalibre, este paga.

-¡Bravo!

(Aplausos y vítores)

(Música de rocanrol)

¿Con quién estás hablando?

¿A ti qué te importa?

¿Que qué me importa?

¡Cuelga el teléfono!

¡Y yo como un tonto esperándote abajo!

¡Ah!

Ya estarás contento, ¿verdad?

Os acordaréis de mí.

Ponme otro coñac.

(CANTA EN INGLÉS)

(Aplausos)

¡Bravo!

(MUJER) ¡Ah! ¡Corre!

-¿Qué pasa?

¡Ahí hay un cadáver!

(Bullicio)

¿Qué dice el parte de la casa de socorro?

(HOMBRE) En general, heridas leves,

menos la muchacha que ha quedado hospitalizada.

-¿Alguno tiene antecedentes?

-Ninguno, señor comisario.

En realidad, son gente de orden

a pesa de los arañazos en la cara de la mujer de uno de ellos

y del hematoma de la ceja del marido de la otra.

Lo de siempre, discusiones entre realquilados.

Viven como sardinas arenques

y de vez en cuando les entran ganas de desahogarse.

Se excitan los nervios y a sacudirse.

Sí, como no se arregle

el terrible problema de la vivienda...

-Cuando lleve unos días en este distrito,

ya verá que el 90 % de los líos que aquí tenemos

son por este motivo. -Bien, pase el asunto al juzgado.

-A sus órdenes.

(Puerta)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Diga? (CHICHA) "¿Eres tú, papá?".

Sí, qué quieres ahora.

-"Es mamá quien quiere hablar contigo".

Espera un momento, papito.

¡Corre!

Oye, Alberto, ¿vas a tardar mucho?

-"No, dentro de un rato estaré con vosotros".

"Ya iba a marcharme". -Está bien.

¡Ah! Acaban de traer la tarta.

Es estupenda.

Demasiado grande, ¿no crees?

¿Grande?

Esas fieras necesitan una para cada uno.

-Con permiso, señor comisario. -Espera.

¿Qué ocurre?

Acaba de llegar Ramírez con unos detenidos.

¿Más vecinos?

No, esta vez es grave.

Han apuñalado a una chica.

Voy enseguida.

Espera un momento, María, no cuelgues.

Ya le he avisado.

Está bien.

Recoja la documentación de todos ellos.

Que pasen.

Ya pueden entrar.

Adelante.

Venga.

Usted colóquese aquí.

Y usted.

¿Qué ha ocurrido?

Pasábamos con el coche de servicio por la calle del Arco

y vimos que del Bongo Club salía la gente corriendo.

Han agredido a una chica en la cabina telefónica.

Por lo visto, tuvo una discusión

con uno que se ha herido en una mano.

¿Le han detenido? -Sí, señor.

Ese es.

A ver, ¿cómo te llamas?

Te he preguntado que cómo te llamas.

Se llama Alberto Torres.

Es mi hijo.

María,

contra lo que acabo de decirte,

no sé a qué hora podré ir esta noche.

-"¿Por qué?".

Es algo muy importante.

-"Ven cuanto antes".

"Alberto no ha vuelto todavía,

tú trabajas demasiado

y deberías preocuparte un poco de la vida que lleva".

Por esta vez, no debes inquietarte.

Está aquí, conmigo.

Acompáñame.

(Mecanografiado)

¿Su madre?

¿Viven los dos?

-Regístrelo, Garrido.

-No creo, comisario, que... -Haga lo que le ordeno.

Deje encima de la mesa todo lo que lleve.

-Sí, señor.

-Déjenos solos.

-A sus órdenes.

Te aseguro, papá, que nada tengo que ver con todo esto.

¡Contesta nada más a lo que te pregunte!

¿Cómo te has hecho eso?

Casualmente.

No tiene importancia.

Dime cómo te has hecho esa herida.

Me corté con un cristal.

¿Dónde?

En la cabina del teléfono.

¿Qué hacías tú allí? ¿Qué tienes tú que ver con esa chica?

Nada.

La conocía del club,

de bailar con ella.

¿Fumas tú esto?

No.

Eh...

Me los han dado.

¿Sabes que son de grifa?

¡Contéstame!

Nunca los he fumado.

Me los dieron esta tarde.

¡Hasta drogas!

¡Eres mi vergüenza!

¿Sabes lo que representaba la noche de hoy en nuestra casa?

Dime, ¿qué tienes tú que ver con todo esto?

¡Contéstame!

¡Habla de una vez o tendré que emplear contigo

los mismos procedimientos que con un maleante!

Di,

¿quién agredió a esa chica?

¿Fuiste tú? -¿Da usted su permiso?

Déjeme, ahora no puedo.

-Es que es muy importante, comisario.

Acaban de traer esta carta.

Estaba en el bolso de la víctima.

"Pero te advierto que estoy desesperado

y me siento capaz de todo,

hasta de matarte".

Puede retirarse. -Perdone, pero he creído oportuno...

Ha hecho usted lo que debía.

Tú un asesino.

¿Por qué lo has hecho?

Yo no he sido.

Yo la quería mucho.

La querías mucho y la has apuñalado, ¿no es eso?

No.

Yo no he sido.

¡Te lo juro! ¡Mientes!

¡Yo la quería mucho! ¡Mientes!

Yo no he sido.

¿Sabe si la víctima salía con otros individuos?

-Yo la he visto con varios,

sobre todo, con ese chico que se ha herido en la mano.

-Y estando tan cerca de la cabina,

¿no observó a ningún tipo que le resultara sospechoso?

-Había un individuo sentado en la primera mesa,

junto a la escalera.

-¿Le conocía usted?

-No, desde luego.

¿Has dicho que en la primera mesa estaba sentado un individuo?

Sí, señor.

-¿Qué hacía? ¿Habló con alguien?

Creo que no, pero me llamó la atención

que estuviese medio oculto.

Dime, ¿cómo era?

Lo siento, señor, pero yo no me fijo en los hombres.

Yo se lo diré, señor comisario.

Tenía los ojos negros,

delgado, pero con unas espaldas así

y una cara de cínico estupenda.

-¿Has vuelto a ver esa cara después de la agresión?

No, señor, y lo siento.

-Está bien.

(Derrape de neumáticos)

¡Eh, paleto!

Iba distraído.

Distraído...

¡Lo que lleva usted es una cogorza que no ve!

¿Qué? Pero ¿qué mira, hombre?

A ver si encima me va a pegar.

¡Paleto!

¡Más que paleto!

# Guapa, más de un suspiro se me escapa

# cuando caminas por la playa

# y yo voy de tras de ti, tras de ti, tras de ti.

# Vela,

# tengo un barquito con su vela

# y, al navegar, su blanca estela

# te dirá de mi amor hacia ti, hacia ti hay.

# Óyeme, "my darling".

# Óyeme, "adorata".

# Oye, oye, "mon cheri".

# Seas lo que seas, óyeme, mi guapa,

# que yo canto para ti.

# Guapa,

# dime por señas sobre un mapa

# dónde naciste tú tan guapa

# y yo voy hacia allí tras de ti, tras de ti. #

¡Ahora!

¿Dónde está el teléfono?

Arriba.

# Óyeme, "my darling".

# Óyeme, "adorata".

# Oye, oye, "mon cheri".

# Seas lo que seas... #

Buenas noches, don Alberto. -Buenas noches.

Vamos a ver.

Primera mesa entrando detrás de una columna.

¿Sabe usted quién estaba sentado en ese sofá

momentos antes de la agresión?

No, señor comisario.

Es muy importante.

Hablaré con el camarero.

# Tengo un barquito con su vela

# y, al navegar, su blanca estela

# te dirá de mi amor hacia ti, hacia ti. #

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Diga?

Sí, señor, ingresó a eso de las 21:30.

¿Quién pregunta, por favor?

Voy a avisarle, espere un momento.

¡Ramírez!

¿Qué?

No puede precisar si estuvo alguien sentado,

lo que sí es seguro es que él no sirvió nada en la mesa.

Pues había alguien.

Le llama por teléfono el comisario. -Gracias.

¿Qué hay, Alberto?

Imposible, acabo de intervenirla ahora mismo.

No podrás interrogarla

hasta que pasen los efectos de la anestesia.

Es un caso bastante grave.

Presenta herida que interesa tejido pulmonar.

Sí, algo dijo.

Verás, cuando la trajeron,

repetía el nombre de "Mauricio" de una manera obsesiva.

¿Mauricio?

¿Estás seguro de que decía Mauricio?

Con toda seguridad, lo dijo varias veces.

De nada, hombre.

Llámame un poco más tarde a ver si entonces es posible complacerte,

aunque la verdad, dudo que llegues a interrogarla.

Hasta luego.

(MUJER) ¿Que si me debe? ¡Ja! Más de dos meses de pensión.

No sé lo que se creen estas niñas.

Vienen a la ciudad a vivir del cuento,

de la trampa o de lo que sea.

No me extraña que luego les ocurran estas cosas.

Esta es su cama.

¿Y cree usted que es grave?

¿Le afecta mucho?

Me daba al corazón que no iba a pagarme.

-Ya...

¿Quién duerme en esta otra cama?

Elena, una amiga de Susana que trabaja en la Telefónica.

Esa sí que es buena pagadora.

Con todo mi cariño, Fernando.

¿Quién es Fernando? -El novio de turno.

¿Viene por aquí? -¡Oiga! Esta es una casa decente.

Buena soy yo para permitir aquí líos amorosos.

-¿Qué vida hace esta Susana?

Vaya usted a saber... -¿Tenía llamadas telefónicas?

¡Huy! Eso era terrible,

que si Fernando, que si Alberto... Un rollo diario,

sobre todo, Alberto, todas las tardes.

Hablaba con ella largamente.

No, con ese no, nunca quería ponerse.

Al que ella quería o quiere es a este.

Se pasa las horas enteras colgada del teléfono.

Dígame, ¿dónde puedo encontrar a Elena?

Hoy tiene su turno de noche, saldrá a las 12.

Oye, tú, bebé, dice el conserje

que hay abajo un señor esperándote hace un rato.

¿Un señor? ¿A mí?

Digo.

Eso cuéntaselo a tu tía.

Cuéntaselo tú, rica, encima de que te subo el recado...

Y no te hagas ilusiones, flores no trae.

Además, podría ser tu padre.

¡El tuyo, idiota! (RÍE)

Si le parece, podemos hablar mientras vamos hacia mi casa.

No me gusta trasnochar, ¿sabe?

Me parece bien, solo quiero hacerle unas preguntas.

Ya sé que Susana y usted son íntimas amigas.

(Música jazz)

(Cesa la música)

¿Cómo ha podido ocurrir?

¡Dios mío!

Pobre Susana.

¿Y ha declarado?

¿Han detenido ya al culpable?

Hasta ahora, solo hay un culpable aparente,

mi hijo,

por eso tengo necesidad de hablar con usted.

Sí, señor.

Usted conocerá las amistades de Susana.

En el hospital, la única palabra

que ella ha pronunciado ha sido "Mauricio".

¿Sabe quién es?

Aunque le parezca extraño, no sé quién es.

Nunca le he oído pronunciar ese nombre.

Por favor, dígame dónde está, quisiera ayudarla.

Es inútil todo, en estos momentos, ya habrá dejado de existir.

(Música jazz)

(Cesa la música)

Es extraño,

Mauricio fue sin duda

algo importante en la vida de Susana.

No comprendo cómo viviendo juntas nunca le hiciera esta confidencia.

No le extrañe, Susana era bastante reservada.

Yo tampoco entiendo su vida ni muchas de las cosas que hacía.

Algunas veces hemos discutido por todo esto.

(Música jazz)

(Cea la música)

Óigame, Elena, no debe ocultarme nada.

Lo dejo a su conciencia.

Le he dicho todo lo que sé.

Comprendo que es muy poco, pero ya ve,

mi vida es tan distinta...

Siempre metida en la central.

Piense, Elena, que hay dos víctimas en todo esto, Susana y mi hijo,

acusado de un crimen que estoy seguro no ha cometido.

Olvídese que soy policía porque le estoy hablando como padre.

Créame que lo siento, señor.

Quisiera ayudarle, pero...

ya hemos llegado a la pensión.

Bien.

Muchas gracias de todos modos y buenas noches.

Buenas noches.

(Música jazz)

(SILBA)

¡Vaya monumento!

¡Que se te van a salir los ojos!

Dime, ¿has traído la lupa?

Casi.

-Bueno, es que son unos ejemplares...

Yo no voy a dormir esta noche.

(Risas)

Por favor, que me estoy jugando el físico.

Trae.

Bueno, págaselas y ya las contemplarás en su despacho.

Por tratarse de usted, se las dejaré en 300 pesetas.

¡Hala, hala, a lo loco!

Ni que estuvieran vivas.

No paga usted ni el material.

¿Y las chicas qué?

¿O es que se cree que se dejan retratar por mi cara bonita?

Granuja... ¡Menudo oficio has elegido!

Toma, toma 40 duros y vas que ardes.

Oye, a mí me juró

que hacía las fotos para un calendario americano.

Si es un embustero.

Espera, ahora verás.

Crespo,

ya estoy decidida,

mañana mismo iré a tu estudio

para que me hagas unas fotos como estas.

Eso está bien. -¿Tú? ¡No fastidies!

¿Qué hay de malo? Me pondré un antifaz.

Ah, bueno, si es sí...

No sabes el éxito que vas a tener.

¿A qué hora vendrás? Para esperarte.

A las 8. ¿Tan tarde?

Pues claro, antes no me lo habrán terminado.

¿El qué? ¿Qué va a ser?

¡El traje de buzo que me están haciendo!

Ya me extrañaba a mí. -Eres un demonio.

Qué gracia.

(Risas)

Vaya guasa que tiene la hermanita de Toni.

Pero va en coche.

(Música jazz)

Con permiso.

-Les he mandado llamar porque quería hacerles unas preguntas.

Usted dirá, señor comisario.

¿Conocen a un muchacho llamado Alberto Torres?

Cómo no, es muy amigo mío. -Le gusta mucho la música moderna.

-¿Saben que está detenido?

Sí, señor.

¿Qué opinión tiene de él?

Me parece un buen chico.

¿Conoce usted a la muchacha que han herido?

También, sí, señor.

¿Por qué cree que la agredió Alberto?

Yo no creo eso.

Al contrario, esta tarde estaba desesperado después de lo ocurrido.

Y díganme, ¿conocen ustedes a algún cliente de aquí

que se llame Mauricio?

No, señor, no le conozco.

Yo he oído hablar de él alguna vez,

sobre todo, a Crespo, el fotógrafo ese que viene por aquí.

-¿Estuvo aquí esta tarde ese fotógrafo?

Sí, señor. -¿Dónde podría encontrarlo?

Con toda seguridad, a partir de las 12,

en otro club que hay en esta acera un poco más arriba.

-¿Cómo se llama?

La Barra Roja.

-Gracias por sus informaciones.

¿Me quedo aquí o le acompaño?

Averigüe todo lo que pueda sobre ese Mauricio.

Si lo localiza, telefonee a la brigada y que lo detengan.

A sus órdenes.

(Música animada)

# Escucha, nene,

# nenito mío,

# mi sangre hierve al cantar este cha.

# ¡Ay, ay, ay!

# Escucha, nene,

# este latido

# que marca el ritmo valiente del cha.

# Ay, ay, ay.

# Escucha, nene,

# nenito mío,

# mi sangre hierve al cantar este cha.

# ¡Ay, ay, ay!

# ¡Ay, ay, ay!

# ¡Ay, ay, ay!

# ¡Ay, ay, ay!

# ¡Ay! #

¡Quién fuera calvo!

(Risas)

-¡Envidioso!

(Aplausos y risas)

(Música de piano)

Póngame una cerveza.

-Enseguida, señor.

¿Me da fuego?

Gracias.

¿Por qué no me invita a una copa?

¿Cómo te llamas?

Llámeme Azucena si quiere.

¿Cuántos años tienes?

¿Y qué más da?

No creo que para divertirnos tenga que hacer usted el padrón.

Claro.

Oye, ¿conoces a un fotógrafo que se llama Gresco?

¿Es ese?

¿Ese...? No sé.

No conozco a ningún Crespo.

¿No le gusta bailar?

¿Y tampoco conoces a un individuo que se lama Mauricio?

Menos.

Ahora vuelvo, he de llamar por teléfono.

(HOMBRE) Bueno, ¿qué? ¿Y ahora adónde vamos?

-¿Cómo que dónde vamos?

¡Donde siempre!

(MUJER) Claro, tú a perder.

Mejor sería que me dieras a mí el dinero.

-Ella siempre tan romántica.

(Risas)

-¿Quieres la máquina?

Guárdame esto.

-¡Voy a ganar y os invitaré a champán!

No tengas tanta prisa, Crespo, iremos juntos.

¿Quiere tabaco, señor? -No, no.

¡Tabaco!

¡Cerillas! -No, ya tenemos.

-¡Cómpreme algo, señor!

¿Dónde quiere que vaya con usted? -¡Ande!

Vas a acompañarme a casa de Mauricio, ¿te enteras?

¡A casa de Mauricio!

Pero ¿si yo no conozco a ningún Mauricio?

¿Que no le conoces?

¡Acompáñame si no quieres dormir en el calabozo!

Ya le he dicho que no conozco a ningún Mauricio.

-¡Cerillas!

¡Cómpreme algo, señor!

Mira, nena, ese tan rubio es el cajero.

¿Ah, sí?

¡Ah!

¡Sinvergüenza!

(Risas)

Fernando, ¿sabes lo que te digo?

Que sois tan bestias que no saldré más con vosotros.

-¡El angelito!

¡Huy!

¡Mira, uno de propulsión a chorro!

(Risas)

¡Pero, hombre, Alberto! ¿Qué es de tu vida?

Cuántos años sin saber de ti.

Oye, ¿has visto pasar a un tipo corriendo?

No, no he visto a nadie.

Pero ¿qué te ocurre?

Ah, claro, estás de servicio.

Ven, tomaremos una copa.

Vamos a recordar nuestros buenos tiempos.

No puedo.

¿Cuándo se ha visto a un legionario rechazar una copa?

Créeme, no estoy para bromas. -Si no es una broma, es una orden.

Recuerda que tú eras teniente y yo, tu capitán.

Es algo muy grave lo que me sucede.

Tú no entiendes una palabra de eso.

La Copa de Europa se la llevarán los míos.

Sí, sí, ya lo verás.

(Música instrumental animada)

¿Y qué piensas hacer?

Creo que la clave está en Mauricio.

Tengo que encontrarle esta noche sea como sea.

Bueno, perdóname.

Esas copas las tomaremos otro día.

Ah, pero ¿crees que te voy a dejar en un momento como este

y perder la oportunidad de pegar un par de tortas si hace falta

como en nuestros buenos tiempos?

Ni hablar, hombre.

(Música ambiental)

¡Oh!

Sí, hombre, ahora cámbiame el vaso. -¿No es tu cerilla?

¡Ah!

(Risa)

¡Bestia!

Oye, monada, que yo no he sido.

¿Ah, no? ¡Pues quién ha sido!

Adivínalo, hale.

-¡Dámelo!

Muy bonito...

Qué malos son.

(Risas)

¡Suéltame, canalla!

¡Suéltame!

¡Os juro que me la vais a pagar!

¡Suéltame!

(Risas)

¡Vaya aterrizaje!

¡Anda, si acaba de llegar su padre!

Pues parece don Quijote.

-¡Esto se ha terminado!

¡Cuidado!

Anda, ríete ahora. -¡Ya está bien de broncas!

¿Adónde vas? -¡Ah!

¡Os abrasaré a tiros, gamberros!

Llame a la comisaría,

que vengan inmediatamente dos guardias y un agente.

Haga lo que le ordeno, soy el comisario del distrito.

-Sí, señor.

-Poneos ahí, granujas. Pasa.

¿Es que no me has oído?

Si alguno es amigo de estos, que pase.

Los demás a beber o a la calle. -Yo no tengo sed.

-Vamos.

¿Quién de vosotros se llama Fernando?

Yo.

Dame tu documentación.

Susana es tu novia, ¿no es así?

No sé de qué Susana me habla.

-Señor comisario,

no es este.

Al novio de Susana le conozco bien, le he visto con ella muchas veces.

-Ya.

¿En qué trabajas tú?

¿Yo?

Sí, tú. -Mi madre gana lo bastante.

¿De qué manera? -¡Y yo qué sé! Rifa cosas.

Entonces, tú no trabajas.

¿Para qué?

¿Y tú qué haces?

¿Cuál es tu profesión?

¿Yo?

Soy modista, señor comisario.

Modista...

O sea que tampoco tienes profesión.

He dicho que soy modista y lo soy.

El vestido que lleva puesta esa... bueno, no sé cómo llamarla,

se lo he cosido yo y además no me lo ha pagado.

-¡Embustero, yo te lo pagué!

Ahora es cuando me las vas a pagar.

¿Quién, yo?

Pero ¿tú te has creído que yo soy como esa pobre chica?

¡Criminales!

Conmigo no vais a hacer lo mismo.

¿No preguntaba usted por Mauricio?

Este le puede decir quién es.

¡Vaya, hombre!

De manera que amigo de Mauricio.

-¿Amigo? ¡Eso es una venganza!

Y has sido tú quien apuñaló a esa chica, ¿no es así?

¿Quién, yo?

¿No dice usted que es el comisario del distrito?

Pues pregúnteselo a su hijo.

¿Qué tiene que ver mi hijo? -¿Que qué tiene que ver?

Era su novio, estaba celoso y la había amenazado.

¿Le parece poco?

¡Canalla!

Dime dónde puedo encontrar a Mauricio o te estrangulo.

Yo no le conozco.

¡Dímelo de una vez, tú eres de su pandilla!

-¡Yo no le conozco! Solo conozco a Loren.

¡Dime dónde puedo encontrarlo!

Solo conozco a Loren, se lo juro, no puedo más.

-¿Quién es Loren? -Un amigo de él.

-¿Dónde puedo encontrarlo?

En La Solera, anda con los flamencos.

Buenas noches. A sus órdenes, don Alberto.

Llévense detenidos a estos cinco individuos

y pidan sus antecedentes. -Sí, señor.

¡Vamos!

Tú debes irte a tu casa, no te pasará nada.

Carlos, no podemos perder ni un minuto.

Vámonos.

Fuera tengo el furgón.

Perdone. -¿Eh?

-Es el hijo del comisario Torres.

Quiere verla.

Ya puede usted pasar.

(Música jazz)

(Campanadas)

(Música instrumental animada)

¿Me permite hablar desde aquí?

¿Qué número desea?

¿Puede dejarme la guía, por favor?

Yo se lo buscaré.

Es una finca que se llama Los Álamos.

Mauricio...

No recuerdo el apellido, está en la autopista del sur.

¿Es el 2 42 34 17?

Espere un momento.

Ya puede usted hablar, señor.

Gracias.

Oiga, ¿quiere decirle a Loren que se ponga?

Espere un momento.

(Música ambiental)

(Risas)

Oye,

no le des más güisqui.

Escucha, rica, el que bebe soy yo, la boca es mía...

y el que paga es Mauricio.

La última copa y a dormir.

¿Dormirías tú?

¡Cuidado!

Preguntan al teléfono por Loren.

¿Quién es? No dijo el nombre.

¿Cuántas veces tengo que decirte

que preguntes siempre de parte de quién?

Está bien.

Contesta que no ha venido y que no vendrá esta noche.

Sí, señor.

Te he dicho la verdad.

Ha venido a esperarme a la Telefónica

y se ha empeñado en acompañarme a casa.

Estoy segura de que mi tío

ha venido solo para enterarse de lo que hago.

Mañana tendré que almorzar con él

y cuando regrese a Cáceres,

le dirá a mi madre que soy una ursulina.

¿Qué miras?

Puede que sea verdad

y también puede ser que me estés engañando.

Nunca sé qué pensar de ti.

Te gusta mentir como a mí me gusta jugar al póquer.

Pero me quieres así, ¿verdad?

¡Oye!

¿Por qué te estorbaba a ti Susana?

¡Eres un estúpido!

A mí no me estorbaba, si acaso a ti.

¿Es que no comprendes que habríamos terminado todos en la cárcel?

Tú no sabes quién es Fernando.

¿Y tú sí?

Claro que lo sé.

Tiene una influencia fenomenal.

Está bien.

Voy a la sala de juego.

Tengo la impresión de que esta vez me has metido en un buen lío.

(EBRIO) Oye, ¿qué crees que diría Fernando

si llegara a enterarse de lo que hemos hecho?

¡Chist!

Por mí, no sabrá nada.

¿Sabes que tenías razón

cuando decías que Susana iba a traicionarnos?

Tiene lo que se merece.

Bueno y entre nosotros, se acabó tu rival.

Gracias.

Tres cartas.

¿Qué tal va eso?

-Que sean 10 000.

Veo esas 10 000 pesetas.

"Full" de jotas.

Ahí tiene usted, me pisan todas las jugadas.

Ya veo que llego en mal momento, pero anda, dame 1000 pesetas,

las necesito para pagar una cuenta.

¿Por dónde andas?

Con esos amigos tuyos que son unos pelmazos.

Gracias, cariño.

(Música de piano)

(Música flamenca)

(Taconeo)

¡Ole!

¡Que no tiene novia! ¿Quién lo quiere?

(HABLA EN INGLÉS)

¡Toma!

¡Caña!

¡Viva!

# Por la noche y por el día,

# que un santito le quite de mi memoria. #

(Risas)

(Música flamenca)

Me parece que estoy viviendo una pesadilla.

-¿Y cómo se ha metido tu chico en este lío?

Yo qué sé.

Es un inconsciente

como tantos otros de esta generación anodina.

Pienso que, en el fondo, somos nosotros los culpables.

¿Los culpables? ¿Por qué?

Nosotros luchamos para que todo fuese de otra manera.

Pero el mundo ha cambiado.

Para ellos solo cuenta el dinero

y divertirse como sea y a costa de lo que sea.

Este clima lo han encontrado así y es obra nuestra.

Estás en un error, Alberto,

son momentos en quiebra de la humanidad.

Nosotros pudimos resolverlo a tiros, pero ¿pueden ellos hacerlo?

El problema es universal y ya el valor del hombre no puede decidir

porque estamos en manos de cuatro científicos paranoicos.

¿Por qué crees que vivo en el campo?

Porque estoy harto.

No es ese el camino, Carlos.

Es nuestro ejemplo el que debe guiarles.

Si tuvieras hijos, no hablarías así.

¡Y tú quién eres para llamarme la atención!

¡Anda, vete a paseo! -¡Vete tú, caramba!

Perdone, señor comisario, ha habido una confusión.

Loren está aquí.

Acabo de verle en un reservado.

¿Y cómo no me lo ha dicho?

Discúlpele, está siempre un poco...

-Acompáñenos. -Sí, señor.

(Música flamenca)

# Por la noche y por el día,

# que un santito le quite de mi memoria.

# Que un santito le quite de mi memoria.

(Palmas)

# Ya perdí mi persona.

# No tiene cabaré, cabaré mi persona.

# Anoche en el cabaré... #

¡Oye, tú! ¿Dónde vas?

(MUJER) ¡Suéltame, no me da la gana de estar ahí!

¡Diviértete con esa zorra si quieres, pero delante de mí no!

¿Te enteras? -¡No seas estúpida!

Vivimos de los clientes, ¿no? -Pero a esa no la aguanto,

que ya os conozco. -¿A mí qué me importa esa mujer?

Esta noche nos íbamos a marchar tú y yo a Portugal.

-¡Conmigo no cuentes! -¿Que no cuente?

-¡Puedes marcharte con quien quieras,

pero aquí no entres más porque se acabó todo entre nosotros!

-¿Quieres no ser tan bestia? Venga, arregla esa maleta

y te vienes conmigo

porque me conviene y porque me da la gana.

-¡Tú lo que eres es un mangante!

-¡Que ya no te aguanto más insultos!

¿Qué buscan aquí?

Esto es zona privada.

Lárguense.

-Soy comisario de Policía y te busco a ti.

¿A mí? -Sí, a ti.

Niña, sal fuera un momento. -Tengo que vestirme.

¡Te he dicho que salgas!

Tira ese cigarrillo.

¿Quién ha apuñalado esta tarde a Susana?

No sé de qué me habla.

No, ¿verdad?

¿Qué clase de amistad tienes tú con Mauricio?

¿Mauricio? -Sí, Mauricio.

Pero ¿Mauricio qué?

Ya sabes a quién me refiero.

No te hagas el loco, que va a ser peor.

¿Qué relación tienes con él?

Le conozco de haber ido a su cabaña.

Pues vas a llevarnos allí ahora mismo. ¡Vamos!

¿Y qué tengo yo que ver con ese Mauricio?

Él tiene sus asuntos y yo tengo los míos.

Eso ya lo veremos. ¡Andando!

-Qué guantazo tienes.

(Trinos)

(Ladridos)

¡Fernando!

Hola.

Si llego a saber que ibas a venir, me ahorro el taxi.

¿Has visto a Susana?

Eh... No. ¿Por qué?

Es que me ha llamado por teléfono a las 8

y cuando me he puesto, ha ocurrido algo raro.

He llamado a la pensión y no estaba.

¿La quieres mucho?

Sí, vamos a casarnos.

¿Por qué me lo preguntas?

No, por nada, simple curiosidad.

Hola, Juan. -Buenas noches.

Hasta luego, ya nos veremos. Buena suerte, Fernando.

Fernando.

Ya creí que no venías.

¿Quieres tomar una copa conmigo?

Lo siento, me están esperando ahí dentro.

Con este, pinchas en hueso.

No te valdrá de nada todo lo que has hecho.

¿Cómo es posible que seas tan perversa?

Has quitado a Susana del medio

porque estás como loca por su novio,

pero ya tendrás tu castigo,

Fernando será el primero en odiarte

y si a Toni le pasa algo por tu culpa,

te juro que tú irás por delante.

Toni ha hecho lo que debía...

y tú lleva cuidado.

¡Criminal!

(Música de piano)

(CANTA EN FRANCÉS)

¿Por qué has hecho esto?

Yo te quiero, Toni,

a pesar de todo lo que te dije esta tarde,

pero tienes que cambiar de vida.

Puede que todavía estés a tiempo.

Me aburres.

(CANTA EN FRANCÉS)

(HOMBRE) ¿Quieres levantarte de ahí? -No, no quiere.

No hablo con usted.

Pero yo le digo que lo estamos pasando fenómeno,

conque está usted estorbando.

Pero ¿es que no tenéis vergüenza ninguno?

Pero ¿usted se ha mirado al espejo?

¡Váyase!

¡Quieto, amigo, no se excite!

(EBRIA) Pero, chico, tampoco es para ponerse así.

Le sirvo un güisqui y aquí no ha pasado nada.

Oye, tú, Richard Widmark,

¿te has olvidado de que esa es mi hermana

y de que estoy yo aquí?

Te estás jugando el cocido, loca.

¡Mmm!

(Derrape de neumáticos)

(CARLOS) ¡Fíjate en ese loco! ¡Fíjate cómo va!

¡Ten cuidado!

(Discusión)

¡Vamos, desembarca ya! -¡No me toques!

-¡Eso, que te rifen, que te rifen!

¡Eso, hale, a la "rue"! -¡Ah!

(Risas)

Es lo que se merecen esas locas. -¡Toma, rica, el equipaje!

-¡Canallas!

¡Ya podréis con una chica entre tres cobardes!

¿Y a usted qué le importa?

Siga su camino que le traerá más cuenta.

¡Ah!

Me parece que va a haber tomate.

¡Vamos, con los valientes! El anciano tiene ganas de bronca.

-Venga ya, a por él. -¡Ven pa' acá, flamenco!

Déjamelo a mí.

-¡Dale!

(Disparo)

-¡Hala, a correr!

¡Carlos, déjalos!

Ya recibirán su merecido.

Vamos, ya pasó todo.

Llévala a la casa de socorro.

Pero ¿cómo te voy a dejar solo?

No, si no me quedo solo, tengo a este que mehará compañía.

Oye, Alberto, espérame aquí mismo, tardo poquísimo en volver.

Vamos.

-¿Dónde me lleva?

¿Se... se ha vuelto usted loco?

¿Qué va usted a hacer conmigo?

Yo no he sido. -Quiero saber toda la verdad.

Yo soy inocente, se lo juro. -¡Habla de una vez!

Si antes de que regrese la furgoneta,

no me has dicho la verdad,

no vas a contarlo.

Se lo diré todo.

Han sido los amigos de Mauricio. -¿Cuál de ellos?

No lo sé. -¡Mentira!

¿Por qué la apuñalaron?

Porque iba a denunciarles. -¿Qué es lo que iba a denunciar?

¡Contesta!

Que a su novio le están robando el dinero al póquer

en la cabaña de Mauricio.

¿Fernando o Alberto?

Fernando.

Entonces, ¿qué ha ocurrido con Alberto esta tarde?

Susana y él discutieron.

Él tiene unos celos de Fernando que se muere.

Paso.

Abro a 100 duros.

-Paso. -Yo también.

Yo tengo que ir.

Yo no voy.

Yo tampoco.

-¿Cartas?

A mí una.

Dame tres.

Cien duros más.

Ha de ser mi resto.

Cuéntalo, ¿quieres?

Siete mil pesetas.

Voy a eso.

Nada, proyecto de escalera de color.

Entonces, yo gano, llevo dos jotas.

Buena corazonada.

He ganado yo, ¿no?

Sí, dos jotas le ganan a un proyecto,

pero antes de llevarte el dinero,

me vas a explicar cómo se pueden querer 7000 pesetas con dos jotas

a un jugador que abre y que va a por una sola carta.

¿Qué quieres que te diga?

Te habré conocido el farol en los ojos.

¿En los míos o en los del mirón que está detrás?

¡Cuidado con lo que dices!

¡Digo que en esta casa me estáis robando el dinero!

-Pero ¿qué estás diciendo?

Tú estás borracho.

¡Que esto es un garito y que me estáis haciendo trampas!

No le hagan caso, es una broma de Fernando.

Cuando bebe demasiado, le da por decir estupideces.

Hay una señorita esperándole en el vestíbulo.

Ya hablaremos de esto más despacio.

¿Dónde está la señorita Susana?

Yo no la he visto entrar. Era yo quien quería hablar contigo.

Siento haberte decepcionado.

Acompáñame.

Supongo que vendrás a decirme que estoy en un error,

que Mauricio es un santo y que está rodeado de angelitos, ¿verdad?

Ahora sí que no te escapas de tomar una copa conmigo.

Debes comprenderlo, mujer, hay cosas que no están bien.

¿Que Paco no está bien?

Menudo...

¡Si no es eso, Hilda!

¿Sabes lo que te digo? ¡Que te vayas a paseo!

¡Hilda!

Espera, mujer.

Estas chicas...

Estás muy equivocada.

Ya sé que Susana ha pasado últimamente

por trances muy difíciles,

pero no me negarás que tiene mucho mérito

que no haya seguido por el camino de otras.

¿Ah, sí?

Entonces, ¿quién te trajo a esta casa?

Pero ese es su pasado

del que, en el fondo, nada tiene que reprocharse.

Su soledad, su vida sin caminos...

Por eso la quiero y voy a hacerla mi mujer.

Escucha, Fernando,

nunca me has hecho caso,

pero no puedo más,

tengo que decírtelo.

Por ti, sería otra,

sería la mujer que tú sueñas,

la única mujer que te haría feliz.

Pero bueno, ¿y Mauricio qué?

Te quiero.

Te quiero más que nadie.

No puedes imaginar lo que he tenido que sufrir

viendo tu retrato en manos de otra mujer

noche tras noche

y teniendo que soportar constantemente

la confidencia de que la querías.

Fernando,

¿por qué no nos vamos ahora mismo de aquí?

Llévame contigo, ¿quieres?

No te arrepentirás nunca.

Lo siento.

(Música ambiental)

Vienen todos.

Hola, Mauricio.

¿Qué hay, Loren?

¿Qué te trae por aquí?

Presentarte a estos amigos.

Don Antonio es ganadero, ¿sabes?

Le conozco desde hace mucho tiempo.

Cuando viene a la ciudad,

le gusta divertirse y, sobre todo, jugar.

Encantado.

Aquí, su amigo. -Hola.

Como todo estaba cerrado, pues los he traído.

Muy bien, mi casa está a su disposición.

Juan, el abrigo.

Vamos a tomar unas copas.

Claro que ustedes preferirían echar una partidita de póquer,

¿a que sí?

Estoy pensando que, para ser una cabaña, no está nada mal.

Bah, solo quedan las paredes.

(Trinos)

(Ladridos)

Se juega fuerte, pero son partidas entre amigos

y, desde luego, personas de toda confianza.

Perdonen un momento.

Tengo que hablar contigo.

¿Permiten?

(Risas femeninas)

(MUJER) ¡Venga!

(Risas)

¡Hombre!

Pero ¿te ha dejado salir tu papá?

(RÍE)

Vamos a beber juntos.

¿Por... quién brindamos?

(Cristales rotos)

Por lo visto, te ha sentado mal el biberón.

¿Quién de vosotros ha hecho esa canallada?

¿Qué canallada y quiénes somos nosotros?

¡Los que estabais en el club!

Tú, el Loren y Totó.

A lo mejor los tres al mismo tiempo

o ninguno.

(Música ambiental)

Loren, acompaña a los señores a la sala de juego.

Enseguida estoy con ustedes, ¿eh?

Tienes ganas de bronca, ¿no?

¿Quién es ese?

El novio de Susana.

Ya me parecía.

Avisa a Mauricio, no vuelvas la cabeza.

Ese que ha llegado es policía.

¿El que te acompañó a tu casa? Mmm.

¡Estoy harto de que me interrogues!

¡Ya que quieres saberlo, he sido yo!

¿Qué pasa?

(Música de Enrique Escobar)

¿Qué dinero reclamas?

Un hombre debe saber perder.

¡Quiero lo que me habéis robado desde que vengo!

¡Sabes muy bien que nadie te ha robado!

Lo que intentas hacer es un chantaje

sabiendo que no podemos permitir que nos denuncies.

Pues lo voy a hacer ahora mismo.

Aconséjale que se aparte.

¡Ah!

¡Ah!

Di que abran.

(Música ambiental)

-¡Mauricio, abre!

Con permiso.

Abre un momento, Mauricio, soy Ernesto.

(MAURICIO) Ahora no puedo.

Oiga, pollo, ¿quieres dejarnos en paz?

Tengo que entrar.

¿Entrar?

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Oh!

¡Ah!

(Cesa la música)

(CARLOS) Y ustedes, señores, sigan divirtiéndose,

si no pasa nada.

Usted, baile.

Sí, señor, sí.

Sí, señor, sí.

¡No! -No

Solo.

Como quiera.

¡Ah!

¿Qué quiere usted?

Es mejor que no meta las narices donde no le llaman.

-¡Mmm!

¡Ah!

¡Ah!

¡Quieto!

Quedáis detenido, Mauricio.

¿Va usted a hacer caso de...?

Eso es una venganza. ¡Me estaba exigiendo dinero!

Ahora no se trata de su cabaña clandestina.

Es por el asesinato de Susana Foret.

¿Qué está usted diciendo?

Sí, la han apuñalado esta tarde.

¡Yo no he sido! ¡Te lo juro!

¡Ah!

¡Ah! ¡Ah!

¿Qué esperáis para marcharos?

Hasta luego, Elena.

-¡Apártense!

¡Vamos, quítense del medio!

¡Vamos, fuera!

¡Ah!

¿Qué has hecho con Toni? Apártese.

¡Contesta!

¡Contesta, asesino! ¿Qué has hecho con Toni?

(LLORA)

(LLORA)

¿Qué haces tú aquí?

(LLORA)

(LLORANDO) Toni...

Hola, monería.

Cuando me lleves tabaco,

yo fumo americano.

(LLORANDO) Toni...

Ahí tienes lo que buscabas.

(LLORA)

Buen trabajo, teniente.

(LLORA)

(Marcado telefónico)

¿Es la brigada?

Aquí el comisario Torres.

Oiga, Ramírez, puede marcharse a casa, asunto concluido.

No, si ya sé que no se puede salir.

¡Ah!

No se preocupe,

el juez será mucho más duro que yo.

(Sirena policial)

(Música instrumental suave)

Historia de nuestro cine - Juventud a la intemperie

12 ene 2019

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