'Héroes invisibles' es una serie documental cuyo protagonista es un español que abandonó su cómoda vida en España para intentar mejorar las condiciones de los más desfavorecidos en el extranjero. Violencia, narcotráfico, inmigración, terrorismo o pobreza extrema son algunos de los temas que se retratan en los diferentes destinos: Kenia, Camboya, Honduras, Mauritania, México, Costa Rica, Jordania, Nepal, India, Mediterráneo Central, el Líbano, Etiopía, Ecuador, Estados Unidos, República Dominicana y Zambia.

La serie de documentales está dirigida por Víctor Cerdán y cuenta con los reporteros, Merche Forner, Omar Razzak y Tábata Peregrín, y con los operadores de cámara, Elena Fernández y Alberto González. Un equipo con larga experiencia en la elaboración de este tipo de documentales bajo la dirección de producción de Marta Manzano y la producción ejecutiva del periodista y escritor Manuel Cerdán.

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Para todos los públicos Héroes invisibles - Honduras - ver ahora
Transcripción completa

Trabajas con gente de todos los países,

de todo tipo de lugares, con todo tipo de perfil.

Hay una cosa importante que es la humanidad.

Podemos estar en conflicto armado,

en una situación de violencia como la de Honduras.

Estamos más o menos de acuerdo, pero esa parte humana

es lo que prevalece y me hace seguir trabajando

en una organización como esta.

(Megafonía en inglés)

Yo empecé en el mundo de la cooperación

tras ser voluntario en la Cruz Roja.

Yo entré como voluntario... Yo tendría 14 años

cuando entré en Cruz Roja española, Cruz Roja Juventud.

Estuve como voluntario en las ambulancias.

A raíz de participar, fue tras la Operación Paso del Estrecho.

Ahí tuve contactos con la Media Luna Roja de Marruecos

y me llamó la atención dedicarme un poco más al tema de cooperación.

¿Ventana o pasillo prefiere? Ventana.

¿Equipaje y documentación?

Con 20 años me fui a mi primera misión,

que fue a la desmovilización de la guerrilla guatemalteca, la URNG.

Imagínate que a una madre le dices con 20 años:

"Adiós, me voy a Guatemala a desmovilizar la guerrilla".

(RÍE) Pues, evidentemente, no fue nada fácil.

Es complicado que ellos entendieran

que yo quería dedicarme a trabajar en el mundo humanitario.

Finalmente, se han dado cuenta. Después de Guatemala,

me fui con 22 años a Burundi, Ruanda, que por aquellos momentos

era después del genocidio. Y fui desarrollando mi acción

en Cruz Roja en muchos países, desde los grandes lagos en África,

a trabajar en el Congo, a las hambrunas de África en Malawi.

Y, posteriormente, me interesó más el trabajo a nivel

de un organismo más fuerte de la Cruz Roja,

la parte más internacional.

Y es cuando trabajo por el Comité Internacional.

Yo donde trabajo ahora mismo es donde siempre quise trabajar.

Empecé como voluntario de la Cruz Roja.

Y, para un voluntario, trabajar en el Comité Internacional

de la Cruz Roja para mí era un sueño y era difícil, es decir,

el nivel que se exige en estas organizaciones es elevado.

Es un organismo internacional donde el acceso es complicado.

Son pruebas a nivel psicológico, a nivel de motivación.

Decía que parecía que, más que entrando en

un Organismo Internacional, me presentaba a la NASA.

(MEGAFONÍA) Les invitamos a bajar su equipaje

de su compartimento superior con cuidado.

Si necesita ayuda, por favor, contacte a un tripulante de cabina.

(Megafonía en inglés)

(MEGAFONÍA) Señores pasajeros, bienvenidos a Tegucigalpa.

Por favor, manténganse sentados hasta que el avión

esté parado completamente en tierra. Muchas gracias.

Yo he sufrido incidentes de seguridad en diferentes contextos.

Más o menos graves, algunos importantes

de encontrarme en situaciones donde nos han disparado,

hemos sido objetivo de grupos armados y con mucho miedo.

A los que trabajamos en estas organizaciones

nos gusta un poco el mambo.

Cuando uno trabaja en el mundo humanitario

tiene que poner en la balanza lo que quiere.

Para mí es importante poder dedicarme a esto

y poder aportar algo a la sociedad y a los países donde trabajo.

En la contrabalanza están los riesgos de seguridad,

los riesgos de enfermedad. Trabajamos en contexto

de conflicto armado o situaciones de violencia

que llevan su complicación. No puedes estar en familia,

son contextos duros, condiciones de vida complejas.

Mucha gente finalmente no aguanta ese proceso

y, como digo yo, al final quedamos los que realmente

tenemos una motivación humanitaria.

Vamos a poner la radio.

Yo llego a Tegucigalpa. Me encuentro en un país

inmerso en una situación muy compleja, ¿no?

Una violencia generada por pandillas,

grupos armados, narcotráfico.

Cuando se habla de las ciudades más violentas del mundo,

tanto San Pedro Sula, en Honduras, como Tegucigalpa,

aparecen en el mapa. Y me encuentro una ciudad

y un país inmerso en muchas dificultades

por cómo esta violencia afecta a todos los niveles.

Las maras o las pandillas lo que hacen es pedir

a los pequeños comercios, los dueños de un taxi,

los dueños de transporte público que les dan parte de sus ingresos

como contribución al grupo y por brindarles la seguridad.

Eso se conoce como extorsión o el impuesto de guerra

que se aplica aquí y que es lo que está haciendo

que muchas personas tengan que cerrar los negocios.

El hecho de no pagarlos genera ser asesinado.

La situación de violencia y criminalidad en Honduras

sí es un problema.

Lo dicen los datos objetivos

que el Observatorio Nacional de la Violencia presenta

cuando hay en promedio 14 personas que pierden la vida diariamente.

Y eso hace que haya una violencia

que la gente percibe como de alto impacto.

Dentro de todos los problemas también está el acceso

a las armas de fuego, tenemos un problema en el país

que permite la tenencia y la aportación

de cinco armas de fuego a una persona y, muchas veces,

sin un perfil psicológico.

Eso hace que haya mucho comercio interno.

Y es estatal, una institución de las Fuerzas Armadas

es la que vende las armas de fuego.

También hay un comercio ilícito que es el doble de

lo que está registrado, es decir, que hay un promedio

de un millón a un 1 200 000 armas de fuego en manos de la población.

Y una población que no necesita estar armada.

Estas armas se vuelven un trueque entre armas y drogas.

De Sudamérica viene la droga.

Y de Norteamérica vienen las armas de fuego.

En una ciudad como Tegucigalpa, hablamos de una ciudad

con un tamaño un poco más pequeño que Barcelona,

diariamente llegan al Hospital Central de Tegucigalpa

unas 30 y tantas personas afectadas directamente por armas de fuego.

Podemos llegar a tener día donde cinco, seis,

siete personas son asesinadas. De noche casi no hay vehículos

por el miedo que genera una ciudad donde hay tanta violencia.

La extorsión es un hecho frecuente.

Andar por las calles no es muy seguro.

O algo que vemos, fenómenos como que los vecinos

cierran las calles con verjas, ¿no?

La inseguridad es muy general

y toda vinculada a esa violencia.

En Honduras los organismos internacionales ayudan

a desarrollar experiencias o a avanzar temas

que es necesario que el país desarrolle.

Por ejemplo, la Cruz Roja Internacional se ha desarrollado

en evidenciar las armas de fuego

como un principal problema en el país.

Y con estas heridas y este tipo de armas

pareciera que se está en un tema de una guerra internacional

por la letalidad y la crueldad con que se están desarrollando

estas muertes violentas.

Se habla de ciudades violentas.

No es perceptible cuando uno vive aquí.

Es muy curioso, uno escucha que ha habido

asesinatos pero no los ve en la calle,

no se percibe esa situación de violencia.

Pero está ahí, y las cifras están.

Solo hay que irse a un hospital como el de Tegucigalpa

para darse cuenta del volumen de heridos de armas de fuego.

O irse a los servicios médicos forenses para ver

la cantidad de cadáveres que aparecen.

(Sonido de alarmas y tráfico)

(Se oye una sirena de ambulancia)

Últimamente está muy de moda lo de las masacres.

Hubo casos donde hemos atendido alrededor de 20 a 30 presentes

heridos por armas de fuego.

Cuando son todo producto, obviamente, del pleito

del territorio de diferentes grupos ilícitos.

Nos hemos visto un poco, eh...

diríamos, estresados de la cantidad de pacientes de violencia

que se presentan en este país.

¿Pero qué tipo de arma?

Son de alto calibre. Alto calibre.

Y la situación es bien compleja en ese sentido.

Porque nos toca trabajar con poco.

Con la violencia es más complicado.

Sí, porque es que eso agota los recursos, porque...

por ejemplo, ayer hubo una masacre en un barrio, entonces,

los que llegan vivos igual consumen muchos recursos, porque...

son cirugías complejas a la larga.

-Ya desde menores de edad, desde los 13 o 12 años,

ya empiezan a estar en pandillas. -En pandillas, vienen...

Y, como es una pelea entre drogas.

Vienen a rematarlos aquí también.

Viene a rematarlos a hospital. Ya ha ocurrido.

Se van los insumos, se gasta todo el presupuesto

que tiene el hospital escuela en este tipo de pacientes.

Y los que deberíamos de operar de una manera de emergencia,

pero que no es trauma, quedan relegados.

Aquí se atiende por orden de emergencia.

La prioridad es salvar la vida. Quien viene herido

por arma de fuego es un paciente grave

y es el que tenemos que resolver primero.

Antes hablábamos de la cantidad de heridos que ya llegan

en unas condiciones muy malas.

¿Existe una red de transportes de servicios de urgencia correcto?

(TODOS) No. No existe.

¿La gente en las colonias...? Fui hace poco a la de San Francisco

y le preguntaba a una señora si disparaban de noche qué hacían.

Uf. Actualmente vamos a avanzar con un programa de formación

de primeros auxilios y transporte sanitario

en varias colonias de la ciudad

con intención de mejorar y, cuando llegue el paciente aquí,

estén en mejor condiciones. O, por ejemplo,

actividades a favor de comunidades,

como el médico que trabaja en las de las colonias.

Hay muchos médicos que me decían que no querían trabajar aquí.

Salen corriendo, salen corriendo. Eh...

¿Por qué salen corriendo? ¿Cuáles son las medidas

que el médico tiene de autoprotección?

Yo le pregunté a un médico qué pasaba si recibían un paciente

por arma de fuego de la mara X. Entonces me dice:

"Tendría que comunicarlo. Pero, si lo hago, mañana soy yo el...".

El que está en la camilla. Y entonces me dijo que se callaba.

"Me callo".

Eh, una pregunta.

Porque nosotros aquí lo hacemos desde qué, ¿desde 2002?

Desde que yo soy residente, de 98.

Aquí hemos tenido desastres. Y una anécdota que siempre cuento

es cuando se agarraron 20 de la mara Salvatrucha

y 20 de la 18, donde yo tenía que decidir quién vivía y quién no.

Venían 40 heridos.

Entonces, se me murieron ¿qué, 10?

No sé, ¿tendrían que venir para decirme qué tengo que hacer

cuando yo ya lo tengo hecho desde el 98?

Lo que no tenemos tal vez nosotros son más cirujanos,

queremos más cirujanos.

Yo recuerdo que, en ese día,

o sea, era un día de sábado,

que acabé operando el domingo, hasta el lunes, perdón.

La responsabilidad no es de las instituciones internacionales.

Nosotros tenemos un trabajo para hacer

y es parte del trabajo político que hacemos,

la diplomacia humanitaria,

que es recordar a las autoridades en todo momento

las necesidades que tienen.

Y eso es parte de mi función como jefe de misión.

Nosotros venimos al hospital escuela cuando nos dicen:

"Oye, es que tenemos una situación complicada".

En el Observatorio de la Violencia me enseñaban

un 26% de heridos por arma de fuego adicional.

Aquí es donde nosotros decimos:

"Entendemos las dificultades que tienen.

Nosotros esto lo hemos vivido

desde hace 150 años en mil sitios.

Traemos una experiencia al final de trabajo.

Lo nuevo que vamos a introducir es

el tema del transporte de heridos por arma de fuego.

Que las comunidades estén preparadas

para saber cómo reaccionar, desde primeros auxilios,

que tengan los materiales para que derivar al paciente

de la colonia al hospital escuela

para poder atender a las víctimas de violencia.

Y el tema de la protección también para los voluntarios

que vienen de parte de Cruz Roja.

Evidentemente. Pero ahí tenemos que implementar los programas

de acceso seguro para que el voluntario sepa

cómo tiene que trabajar en este tipo de colonias,

aparte de la complicación que tienen de acceso.

Estas zonas de alrededor de Tegucigalpa

son muy similares a las favelas.

Son zonas más alejadas del centro urbano

donde se concentran muchos niveles de violencia, de delincuencia.

Y son zonas con una fuerte presencia

de grupo armados, ¿no?

En este caso, las famosas pandillas o maras, ¿no?

Que actúan y que generan toda esta situación de violencia.

Lo importante es que, desde el primer momento,

se nos está observando, ¿no?

Hay que pensar que la mayoría de la migración,

hacia EE.UU. principalmente,

sigue siendo por motivos económicos.

Cuando uno ve muchas veces las condiciones de vida

que tienen las personas, entiendes que quieran buscar

y quieran darle un mejor futuro a su familia.

Y, a la vez, se suma ahora la violencia.

Es decir, las personas que tienen problemas

de seguridad, porque son amenazadas,

o han sido extorsionadas, o no han pagado ese impuesto

que los grupos, las pandillas le exigen.

Y que pueden ser asesinadas aquí en el país.

Con lo cual deciden también

irse en la ruta migratoria y huir.

Esto hace que en Honduras hay 9 millones de hondureños

viviendo en Honduras, pero tenemos 2 millones

de hondureños viviendo en Estados Unidos.

Honduras se ha convertido

en una fábrica de migración irregular.

Debido al menos a cuatro engranajes, ¿no?,

que es la pobreza, la falta de oportunidades,

los niveles tan altos de violencia

a las que está expuesta la niñez y la juventud;

más la corrupción que ha debilitado

el aparato estatal hace que la gente no encuentre

aquí una respuesta y quiera irse.

Y por eso es que niños de 14

emprenden también el camino, ¿no?

Solos o acompañados de algún familiar.

O llevados por algún coyote, como se menciona aquí

a las personas que trafican con las personas.

Y éramos seis. Me acuerdo que entrando a...

Yo iba a subirme al tren.

Porque el tren va rápido.

Hay una parte que va despacio, pero siempre va rápido.

Entonces me subí.

Cuando estábamos ahí sentados nos tuvimos que subir al techo

porque había gente abajo que nos querían golpear y todo.

Yo era joven, estaba más chavalo.

Y ahora me acuerdo que nos tuvimos que tirar

porque había unos hombres con machete y todo.

Entonces nos tiramos.

Me acuerdo que me raspé todo.

Yo estaba pequeño, tenía 14 años.

Lo que hice yo fue que venía una patrulla de Migración.

Entonces nos fuimos a que nos agarraran.

Y nos regresaron.

¿Y luego por dónde regresaron? Nos mandaron en avión.

¿En avión hasta San Pedro?

Sí. Mis papás me fueron a traer.

Cuando vi a mis padres me alegré bastante.

Lloré, me acuerdo.

Sí.

Hay que reconocer que muchos de los niños y las niñas

que migran no están buscando el sueño americano,

están huyendo de la pesadilla hondureña.

Una pesadilla de pobreza,

violencia, falta de oportunidades.

Entonces cuando regresan si les ofreces

una oportunidad para estudiar, entonces se quedan.

Si les ofreces una oportunidad para que aprendan

una disciplina artística,

una disciplina cultural, un oficio, se quedan.

Eso es lo que motiva a los chicos a quedarse:

sentirse seguro y tener oportunidades.

El joven que se va también es por problemas acá.

Yo fue por necesidad.

Porque mis papás, mi familia, no tenía un empleo.

Y yo era el único que estaba de mi edad ya para poder irme.

Entonces yo busqué la forma de irme.

Gracias a Dios ahora estoy mejor.

Pero sí pienso irme otra vez. ¿Sí?

Por lo mismo, por la falta de trabajo.

¿Aún con todos los riesgos del camino?

Me voy, porque es difícil, la verdad.

Si uno no encuentra empleo se muere de hambre.

Entonces uno tiene que buscar la manera.

Estamos criando una generación sobreexpuesta a la violencia.

Y entonces eso está generando

que la niñez pierda la esperanza.

Y eso es terrible decirlo, que un niño, que un joven

no tenga esperanza, es terrible escuchar.

Dicen: "Es que yo aquí no voy a poder hacer nada."

Mi papá murió cuando yo estaba joven.

Yo nunca lo conocí, sólo lo conocí por foto.

De ahí mi mamá se mudó para San Lorenzo Valle.

Después se fue para Guatemala

y dejó a otros hermanos pequeños míos abandonados.

Yo tuve problemas con mi familia.

Mi mamá me maltrataba, mi padrastro me maltrataba,

me corrían de la casa y...

Y yo andaba en malos pasos con las pandillas.

Porque ahora los cipotes a los 15 o 12 años

ya están metidos en las pandillas

y han matado a personas.

Después salí a las calles, empecé a andar en drogas.

Empecé a andar con amigos que en realidad

no eran buenos amigos porque sólo droga le ofrecían,

no le ofrecían un plato de comida.

Las pandillas a los niños les ofrecen vender droga.

Los cipotes ya andan con sus armas,

ya andan tatuados...

Caminan pistola, algunos caminan robando,

o matando gente, secuestrando.

Bueno, en este país hay de todo.

Si en este país no hubiera eso este país fuera bonito para mí.

Tengo una tía que está en los Estados Unidos.

"Yo te pago el coyote", me dice.

"Y te vas para los Estados Unidos."

Pero yo tengo miedo, ¿me entiendes?

Porque en México también hay pandillas.

Tengo miedo de irme yo sólo

porque me vayan a matar en el camino.

Yo creo que en el tema de migración

todavía necesitamos entender más el problema.

Creo que el gobierno ha ido más despacio

en el entendimiento del problema.

Se ha mejorado en cuando a recibir niños deportados.

Pero necesitamos caminar hacia cómo reinsertarlos

en la sociedad y reintegrarlos en su familia.

Y esta es la labor del estado. Tiene que encaminar hacia eso.

Ha mejorado en cuanto a recibirlos.

Necesita mejorar en cuanto a estabilizarlos.

Pero sobre todo necesita prevenir que tengan que salir

por violencia, pobreza o falta de oportunidades.

Por este punto fronterizo a diario pasan aproximadamente

entre 4, 5, o 6 autobuses lleno de personas

que vienen retornadas de otros países.

Principalmente vienen de México.

Son unas 400 o 500 personas a diario que pasan

por este punto en ese proceso de retorno, ¿no?

El viaje terminó en México

y vuelven a entrar al país por aquí.

Vienen de viaje que es bastante largo.

Vienen de un viaje que puede durar

entre 12, 14 y a veces más horas.

Muchos de los migrantes actualmente están siendo

detenidos en la parte sur de México principalmente.

Cuando son repatriados los adultos

a finales del año pasado se abrió un nuevo centro

de atención al migrante en el sector de Omoa,

que queda al norte de Honduras.

Y ahí son recibidos por las autoridades.

Y ahí pues se le facilita el transporte

para llegar a sus comunidades.

Aunque muchos de ellos

seguro que van a retornar de nuevo a la ruta.

(Trueno)

Salí del país el año pasado.

¿Por qué? Porque mi vida corría peligro.

Tuve amenazas de muerte.

Vives más tranquilo alejado de las pandillas,

alejado de la delincuencia, alejado de personas malas.

Tomé la decisión de agarrar para Estados Unidos.

Desafortunadamente mi suerte se me acabó hasta cierto punto.

Me agarró migración y pues acá estoy deportado.

Ahora estoy en mi país.

En Honduras, en cualquier parte

de tu país no vas a vivir tranquilo.

Vivimos una vida de tristeza.

Y nos lleva a un punto que mejor salir del país

e ir a buscar un sueño americano.

El viaje es muy largo, es extremadamente peligroso:

grupos armados que hay en el camino

vinculados al narcotráfico, a las pandillas.

Se busca muchas veces pues extorsionar al migrante,

es sujeto de abusos.

Cualquier ruta que tú busques

en México hay probabilidades de un 90% que...

que pierdas la vida. ¿Por qué?

Porque es un peligro inminente el que encuentras.

Llegas a un punto donde simplemente caes en malas manos

y si no tienes dinero para pagar te quitan la vida.

Tienes o no tienes dinero, te quitan la vida.

Le agradezco a Migración cuando nos detiene.

Porque nos mantiene a salvo.

Nos corta las alas de llegar a Estados Unidos,

pero nos mantiene a salvo

del peligro que hay en la calle,

del peligro que hay en las vías del tren

y de lo que te pude pasar en el camino.

(Silbato del tren)

Viajar desde aquí hasta la frontera

con Estados Unidos son muchísimos kilómetros,

que muchas veces lo hacen subidos encima de un tren, ¿no?

Es conocido como "La Bestia", que viaja por México,

donde muchos caen y se amputan las piernas.

Las personas migrantes

tratan de abordar los trenes de carga.

Muchas veces afronta accidentes

al momento de abordar, en las vías del tren.

Muchas veces son amputadas o mutiladas sus extremidades.

Esa es una de las consecuencias

más graves del proceso migratorio.

Buenos días. Con permiso. ¿Cómo están?

Pasen.

Adelante.

Qué tal.

¿El tren? Sí.

Yo salí el 10 de enero con rumbo a Estados Unidos.

Porque en Estados Unidos tengo dos hermanos

que ellos ya son ciudadanos.

Y por el amor de ellos pues yo iba buscando

a ver si llegaba adonde estaban ellos.

Nosotros estábamos ahí en México esperando el tren

cuando iba una mujer en el tren,

porque nosotros no lo agarramos ese tren.

Iba una mujer con una niña. Lo agarró.

Anticipó antes de nosotros y agarró el tren.

Porque nosotros demasiada

carrera llevaba el tren para agarrarlo. Muy rápido.

Y la iba a matar a la niña con todo y la mamá,

cuando yo expuse mi vida a salvar la niña.

Porque era una niña de 4 años.

Yo vine de frente y tomé la niña en mis brazos

cuando fue que tuve el accidente

que me agarró el tren por aquí.

Traía un pantalón ancho y el aire del tren

me envolvió el pantalón así en el riel.

Y fue cuando me agarró así.

Pero la vida a la niña sí pude salvarla.

Mi madre no quería que me fuera.

Pero fue una decisión que yo tomé y...

y esto es la consecuencia de lo que me pasó.

Para mí un héroe es mucho más un migrante que se juega

la vida por su familia subiéndose a un tren

e intenta emprender una aventura hacia EE.UU.

Para mí un héroe será mucho más un médico forense

que está trabajando en unas condiciones

extremadamente complejas

para intentar identificar una persona

donde detrás hay una familia.

Para mí sí que son esas historias

los verdaderos héroes, ¿no?

de mi trabajo y con los que trabajo todos los días.

Mi trabajo es muy variado.

Mucho trabajo de lo que nosotros llamamos

la diplomacia humanitaria:

ver a ministros, ver a autoridades del país.

Para un poquito trasladar cuáles son nuestras inquietudes

y poder tener un diálogo a nivel muy franco,

tanto con las autoridades del gobierno

como las instituciones internacionales.

Ese es mucho trabajo de traje y corbata.

Que cambia un poco con la visión que se tiene

a veces del mundo humanitario, donde se nos ve igual

con una camiseta un poco sucia

y trabajando arreglando una escuela.

Y no, es mucho más que eso.

Aquí toca ir a reunirse a niveles de gobierno.

A todos los niveles, ¿no?

Lo que requiere ir vestido con traje y corbata.

Nosotros tenemos toda la voluntad de poder trabajar.

Pero hace falta que haya

una apertura por parte de las autoridades.

Que en el caso de Honduras es muy muy positiva,

pero no siempre como nosotros querríamos, ¿no?

Y ahí sí que es importante

que ellos vayan siguiendo todos los procesos.

Porque si no hay una voluntad política detrás,

por mucho que hagamos va a ser poner pequeños parches.

Y lo que hace falta es no sólo hacer acciones humanitarias,

sino cambiar políticas, buscar marcos legales.

Y esa para nosotros es la principal dificultad.

Nuestra preocupación principal

está la discriminación positiva.

Porque el migrante,

que cuando llega a Honduras es un ciudadano hondureño,

tiene que tener una prioridad sobre un joven

que ha tenido un accidente de tránsito.

Es una población sumamente vulnerable

que tenemos que apoyar. Tenemos este fondo.

Tenemos que ejecutarlo, para eso está.

Y lo importante es identificar esos proyectos que realmente...

Bueno, yo al llegar a Tegucigalpa me encuentro

primero muy buen equipo de trabajo.

No trabajo solo, trabajo con un equipo de personas,

que es lo que hace posible que todo funcione

y que podamos atender a la población.

Cuando tienes un equipo de personas de varios países

que viven aquí en un contexto bastante violento

hay que saber gestionar también esos equipos.

Es decir, cuando uno trabaja

en contextos de conflicto lo más difícil

es que el equipo aguante esa situación.

Yo decidí migrar hace un par de años fuera del país,

cansado también por parte de esta violencia

que nos afecta a los hondureños.

Fui asaltado un par de veces.

La última vez me asaltaron a mano armada...

saliendo específicamente de mi casa.

Y llegó un punto que yo dije: "No, no puedo más.

Necesito un descanso de este contexto."

Esto fue uno de los motivos

que a mí me llevó a querer emigrar

y buscar oportunidades fuera del país, ¿no?

Ahora he regresado.

Porque se me presentó este reto profesional

de poder integrar una institución

como es Cruz Roja Internacional.

Y dije: "Okey, vamos a darle una oportunidad.

Vamos a regresar.

Y vamos a regresar desde esta trinchera

a ver qué podemos nosotros aportar."

Hola, María Isabel. -Hola. Mucho gusto.

¿Cómo está? Gusto verla. -Todo bien, gracias.

¿Todo bien? -Todo bien, gracias a Dios.

¿Han identificado algunas cuestiones

que nosotros como CICR podamos brindarles apoyo

más adelante, más a futuro?

Mire, a mí como presidenta del grupo

hay personas que de avocan a mi persona.

Mire, a mí me duele en el alma

yo a veces no poder ayudar a la gente.

Hay varios casos que se reciben,

que vienen de deportados y vienen mutilados.

Se reciben en el aeropuerto.

Estos casos no solamente son recibirlos,

también hay que darles seguimiento.

Porque cuando uno viene, viene destrozado.

Viene destrozado. Y ese es un proceso.

Nosotros crecimos, prácticamente, en un ambiente,

se puede decir, de extrema pobreza.

Antes no había maras ni cuestiones así.

Nosotros jugábamos pelota en la calle

hasta las nueve o diez de la noche.

Y a medida fue pasando el tiempo, esas cosas ya no se podían hacer.

Y lo que a mí me impulsa a seguir el sueño americano,

es lo mismo.

Lo económico. La extrema pobreza en la que nosotros hemos vivido.

Y yo quería darles un futuro mejor a mis hijos.

Yo decido emigrar un 5 de enero del 2007.

El viaje hacia la ruta migratoria es una odisea,

se puede decir.

Porque unos días, comes. Días que no comes.

Se duerme donde le agarra la noche.

Y si no, pues no se duerme.

Expuesto a violaciones, a robos, a secuestros.

Yo estuve secuestrada dos meses.

Me obligaban a trabajar, me obligaban a beber,

a hacer cosas ilícitas.

Entonces, yo no sé. Gracias a mi Dios,

yo logré escapar de ahí, de ese lugar.

Tuve la dicha de poder salir con vida.

Y seguir mi ruta, porque ese era mi sueño, llegar a EE.UU.

Yo no quería quedarme en Méjico.

Logré salir de ahí y me acuerdo que el día

que yo tuve el accidente,

fue el 17 de marzo, a las cuatro y media de la tarde.

Nosotros íbamos en el tren

y nos dice un muchacho de los que iban en el tren,

que teníamos que tirarnos

porque estaba migración, había un retén.

Yo no me quería tirar, porque siempre tuve miedo al tren.

Volteé a ver los extremos y le dije: "No me voy a tirar,

porque a mí me da miedo".

Agarré mi mochila y me volví a sentar.

Pero al ver que todo el mundo se estaba tirando

y el tren se quedaba solo, decidí hacer lo mismo.

Entonces, empecé a descender por la gravita,

porque yo iba en un vagón

de los que les dicen las pipas, los redondos.

Entonces, estaba lloviendo. El tren estaba mojado, estaba liso.

Y cuando puse el pie en la última grava, me resbalé.

Fue cuando yo caí, pero yo nunca me imaginé

que el tren a mí me había mutilado las piernas.

O sea, yo estoy consciente de que yo caí,

pero nunca me imaginé hasta que otro compañero...

Pero yo no sentía el valor como para poder levantarme

y poder caminar. Yo sentía aquella debilidad.

Y yo le decía al muchacho: "Levántame,

porque tenemos que seguir. Migración nos va a agarrar".

Entonces, ya él me dijo: "Yo no puedo. Mírate las piernas".

Fue cuando...

Yo me volteé a ver mis piernas y la verdad,

que, en ese momento, solo le dije a mi Dios:

"Gracias, porque me quitaste las piernas,

pero no me quitaste la vida".

Yo digo que si nosotros tuviéramos las oportunidades

que hay en otros países, nadie tendría la necesidad

de emigrar a un país totalmente desconocido.

Uno no sabe a qué va a enfrentarse en otro lugar.

De hecho, una de mis hijas, ayer estuvo hablando conmigo.

Que a ella le gustaría irse para EE.UU.

Le digo yo que la forma en que yo me fui, no.

Nosotros tenemos familia que ha viajado

y que ha podido lograr sus sueños.

Que, incluso, algunos ya regresaron, están estables.

Tienen sus propios negocios.

Cuando uno ve esas situaciones así, uno cree que la misma suerte

la tenemos todos. Y, la verdad, es mentira.

No todos tenemos la misma suerte.

(LLORA)

¿Había sido deportado recientemente?

Él estuvo viviendo 20 años en EE.UU.

Fue deportado dos veces.

Y ya resistió en EE.UU. Decidió trabajar allí.

Pero ustedes saben que aquí, en Honduras,

lo que menos hay, son oportunidades de trabajo.

Nosotros somos del área de odontología

y queremos saber las características de los dientes

del desaparecido. Usted tiene que dar

la características exactas de cómo lo recuerda.

-Se le reventó el diente. -Se le reventó un diente.

Y la característica más clara de él,

es la manchita que tiene acá.

¿Las manchas de qué color son?

-Blancas. -¿En qué partes del cuerpo?

Tiene acá, tiene acá, acá y tiene en las piernas.

-¿Él usaba o tenía tatuajes? -No.

-Ninguno. -Tenía unas quemaduras,

que de niño se quemó las piernas.

Nosotros vamos a ir a corroborar la información

que usted nos dio aquí, con la del cuerpo que tenemos,

para ver si las características que usted nos dio,

con el trabajo que hace el odontólogo

en la sala de autopsias.

El Comité Internacional de la Cruz Roja mira

con preocupación cuando vemos los miles de personas

que mueren en la ruta migratoria.

A partir de ahí, empezamos a ver por qué un hondureño

que se va por Guatemala, sube a Méjico y, finalmente,

o un accidente, o atacado

por un grupo armado, fallece en el camino,

por qué no somos capaces de juntar

la información forense con las familias.

Nos damos cuenta de un problema.

Cada uno utiliza un sistema diferente.

Y nos damos cuenta que hay que empezar a tener

un sistema de identificación a nivel forense,

que sea el mismo para todos

y haya una red común para identificar a las personas.

Muchas veces, los restos óseos que vienen a medicina forense,

son que han sido hallazgos accidentales,

encontrados por gente de la misma comunidad.

Los reportan y los mandan para medicina forense,

para que se le pueda hacer un estudio antropológico

y poder establecer el sexo, la edad

y la probable causa de muerte.

Nosotros trabajamos en muchísimos aspectos.

Desde cosas sencillas, fotografía forense,

llevarnos a expertos forenses de Honduras

a otros contextos para que puedan aprender,

sobre todo, en antropología forense.

Y mejorar las infraestructuras de los servicios médicos forenses.

Yo siempre lo digo. Hasta hace poco tiempo,

en Honduras, toda persona tiene un registro de personas

donde se toma la huella dactilar.

Y, finalmente, cuando aparecía un cadáver,

no se tomaba muchas veces esa huella para vincularla

con ese registro. Actualmente, se está haciendo,

ha mejorado mucho la identificación de los cadáveres.

Pero hacía falta que viniera un organismo

que pudiera analizar el problema y sentar

a las diferentes estructuras del estado

para buscar la solución, que es lo que intentamos hacer.

En ocasiones, los familiares de los cuerpos

que se conservan en morgue, son de gente del interior del país,

que no tienen los recursos suficientes

para venir a reclamar el cuerpo,

en vista de que tienen que conseguir un vehículo.

También son gente que no tienen la facilidad

para comunicarse con su familiar

y, por eso, pasa desapercibida su ausencia.

En vista de eso, medicina forense lo que hace,

es que inhuma estos cuerpos con un código respectivo

para que, posteriormente, si la familia viene en busca

de ese familiar, pueda ser identificado.

Medicina forense da un plazo para que estas personas

puedan evocarse a la sede y poder reclamar el cuerpo.

Al momento de hacer una inhumación, se avisa con tiempo

por medio de difusión, de radio, de televisión,

que puedan tener alcance en esas comunidades

dentro del interior del país,

para que los familiares puedan llamar y hacer la consulta

para ver si dentro de los cuerpos que van a ser inhumados,

se encuentran sus familiares.

Gracias al apoyo de la Cruz Roja Internacional,

de la alcaldía municipal y el ministerio público,

hoy se está realizando el entierro de 14 cuerpos.

Nueve de ellos, en calidad de desconocidos,

un recién nacido, un feto y tres identificados,

pero, lastimosamente, sus familiares

no se acercaron a las oficinas forenses.

Es importante que la gestión de cadáveres

no se haga como se hacía antiguamente,

donde todos iban a una fosa común.

Lo importante es que se pueda gestionar

de una forma más sencilla, lo que permitirá, también,

que los procesos de identificación de las personas,

ya de una forma posterior, se pueda organizar más cómodamente.

Incluso, se puede observar que es un lugar más bonito,

que como se hacía antes, en un hoyo.

Evidentemente. Tiene toda esta parte de dignidad.

Pero no olvidarnos que, sobre todo, va a facilitar

esta gestión de los cadáveres.

Antes era muy complicado recuperar un cadáver,

después tener que abrir la fosa.

Aquí se hace de una forma más cómoda

y, sobre todo, con más dignidad

para el cuerpo. Gracias.

A ustedes.

No hay que olvidar que hay unos índices de violencia

que son importantes y es lo que genera

que haya un montón de personas sin identificar

o cuerpos no reclamados.

Hay que seguir trabajando, evidentemente.

La situación de violencia no termina de un día para otro.

Y vamos a seguir teniendo este tipo de casos.

Con lo cual, hay que estar preparado para ello.

Honduras está inmersa en violencia.

Eso no es desconocido para nadie. Miles de familias llegan

a nuestra morgue a reclamar cadáveres.

Hay otro grupo importante que no los reclaman.

Se queda allí. Estaba pensando

que esos cadáveres, ¿sabes por qué se quedaban ahí?

Porque no los identificábamos.

Ahora estamos mejorando la identificación.

Pero, por ejemplo, a mí me preocupa ver

que hay un montón de cadáveres que ya están identificados,

pero no son reclamados. Hay una familia detrás

que, o no lo sabe que el cadáver está,

o no lo quiere reclamar. ¿Esto por qué se da?

Es preocupante ver que seguimos enterrando

a personas con nombre y apellidos,

pero sin saber dónde está la familia.

¿Qué nos pasó el otro día, Eduardo?

Vino una madre a pedir a su hijo.

"Yo lo vi en la lista y lo vengo a reclamar".

Pues en medio de su tristeza,

ella quería llevarse a su pueblo el cadáver del hijo.

Pero mire qué satisfacción la de nosotros,

decirle: "Señora, ¿sabe qué?

Con mucho gusto, se lo vamos a dar".

Pero ya no estábamos con aquello de que había que ir a abrir

una fosa común y sacar un cuerpo y otro. Dios mío.

Sino que ya sabíamos en qué lugar estaba ubicado.

Él es mi hijo, el que está desaparecido en Méjico.

Me hace mucha falta.

Lo extraño.

Uno extraña a sus hijos, sea como sea.

Si uno tiene una tortilla que hago, fríjoles y arrocito,

pero cuando él se fue, ese plato de comida

siempre yo lo ponía a un lado,

esperando que él viniera.

Ahora tengo tres años con cuatro meses

de que yo no lo miro ni sé nada de él.

Él era motorista aquí. Pero al ver tanta cosa

que a los motoristas los estaban matando

y los siguen matando por el impuesto de guerra...

Se les pide dinero un día, otro día para otra mara.

Aquí hay policías, también,

que se dedican a la mordida.

Mordida es dinero para soltarlo y que sigan trabajando.

No se puede salir adelante en esa forma.

Se trabaja solamente para las maras.

Y él decidió irse para mejorar la condición de vida de él

y de su mujer y de su hija.

Si una persona se defiende de una marero,

a esa persona la persiguen.

Pero si un marero mata a otra persona,

a ese marero no lo tocan.

Antes, yo me acuerdo que la gente salía a trabajar libremente,

sin esa preocupación de que en el camino lo iban a asaltar.

Pero ahora, como dicen muchas personas,

uno sabe dónde nace, pero uno no sabe dónde va a morir.

Y cuando yo era pequeña, yo nunca conocí nombres de maras.

Ni tampoco, a una persona descuartizada.

Y ahora, todo eso se está viendo.

Si lo que yo estoy viendo, es cruel,

¿cómo va a ser más adelante?

Y para esta juventud, para estos niños que están creciendo,

digo yo que va a ser más difícil.

Cuando yo estaba en el colegio, recién estaban comenzando

a ingresar y a fortalecerse las maras y pandillas.

Yo estuve a punto de ser integrante de una pandilla.

Me hacían bastante bullying.

Yo tenía unos compañeros que estaban comenzando a integrarse

en una de las pandillas locales.

Entonces, yo sentía que con ellos,

al aliarme con ellos, podía estar protegido.

Al final, terminé desistiendo de quererme integrar.

Pero las pandillas no tenían esa forma de actuar

como hay ahora, de todos estos grupos tan violentos.

Y, aparte, que ahora han cambiado.

Muchos de los pandilleros ya no se visten como antes.

No utilizan aquellos tatuajes

que tenían en uno y otro brazo, o tatuados en el pecho,

o las cejas. Ahora, han cambiado.

Muchos de ellos, ya no solamente son jóvenes

de familias desintegradas, aunque la mayoría sí que son.

Pero ahora hay muchas personas de esas maras

que son profesionales universitarios.

Anoche, estando en casa, sonó al fondo

el ruido de un arma.

Eh... ¡Pam, pam, pam, pam!

Lo que vimos, apenas llegando.

Salimos y vimos... Ah, eso fue fuerte.

Un enfrentamiento en plena calle.

El tipo de armas que tenían, ¿no?, que portaban,

a mí me recuerda muchísimo a una situación de conflicto.

Vaya bienvenida, ¿no? Sí.

Pero, también, me llamó la atención eso. Hubo disparos,

hubo gente corriendo. Pero la gente no se movió.

La violencia se ha convertido en algo normal, ¿no?

Y les preguntaba a las personas: "¿No han visto?"

"Sí. Pero estamos acostumbrados". Pasa todos los días.

Y me decían: "Es normal". No es normal.

Es decir, lo que es anormal, es acostumbrarse a vivir

una situación de violencia.

Héroes invisibles - Honduras

55:52 25 sep 2016

Eduardo Ubierna en misión humanitaria en Honduras , en la ciudad más peligrosa del mundo. Es el jefe de operaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja.(CICR).

Eduardo Ubierna en misión humanitaria en Honduras , en la ciudad más peligrosa del mundo. Es el jefe de operaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja.(CICR).

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  1. josé

    Estupenda persona, igual que Álvaro Pérez Pla, un joven emprendedor que ayuda a los niños huérfanos de Kenia. Trabaja en Kibera, el segundo asentamiento de África. (ver doc. de RTVE) Deberían sacar más estos ejemplos de varones, que hay muchos, para los varones jóvenes pues los referentes que muchas veces tienen y se les ofrece son hombres violentos-egoistas y muchos jovenes terminan asociando virilidad y violencia cuando esta claro que no es así o no debe serlo. Este mensaje también es para muchos colectivos que solo ven estos valores ( caridad, emprender para ayudar a los pobres, etc.) como principalmente femeninos cuando son valores humanos. Gracias.

    18 oct 2016
  2. María Elena

    Muchas gracias Javier, me alegro de que te gustará!

    30 sep 2016
  3. Javier Santos

    Un reportaje estupendo. Es una maravilla ver en la televisión ejemplos de gente trabajando por y para los demás en los tiempos que corren. Interesante,diferente y motivador. Enhorabuena por el programa.

    29 sep 2016

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