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Hacer de comer

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Para todos los públicos Hacer de comer - Sopa de tomate y callos con garbanzos - ver ahora
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(Sintonía)

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Ya está la fotito... ¡Buenos días a todos!

Vaya invento lo de las aplicaciones de compra y venta por Internet,

le estoy dando salida a trastos viejos que tenía por ahí.

De la misma manera que yo valoro la cocina de toda la vida,

hay mucha gente que quiere los objetos de toda la vida.

Y, precisamente, hoy cocinaremos un menú muy tradicional,

bueno, o "vintage", como dicen ahora:

sopa de tomate y callos con garbanzos.

Para cocinar el segundo plato vendrá Noelia,

una espectadora del programa que subió una foto a redes sociales

de sus callos con garbanzos con el "hashtag" #hacerdecomer

y tenían una pinta espectacular;

así que pensé en que viniera a hacerlos aquí.

Mientras me lavo las manos os voy a decir los ingredientes

de esta sopa de tomate.

Para la sopa de tomate vamos a necesitar

zanahoria, pimiento rojo, tomate pera, laurel, hierbabuena,

sal, pimienta, caldo de verduras, ajo, cebolla y aceite de oliva.

Quiero llevaros a la perfección y a la mejor sopa de tomate

que jamás hayáis probado; quitaremos la piel y las pepitas.

¿Cómo lo hago? Le quito la raíz con la puntillita, mirad,

la meto así, un poquito, y quito lo que es la raíz;

es fundamental, ahora, hacerle una cruz,

y, ahora, veréis porqué. Así, la crucecita por aquí...

Lo haré con todos los tomates y los voy a escaldar en un rato,

y, luego, le vamos a quitar las pepitas.

De toda la vida se han quitado las pepitas para cocinar,

pero es cierto que en la cocina moderna,

en la alta cocina, se decidió utilizar

y descubrimos que tenía esa textura

como semigelatinosa mágica; así que le quitaré las pepitas

pero la guardaré para otras elaboraciones,

para una ensalada, por ejemplo, podemos utilizarlas.

En este caso, para la sopa de tomate,

como la haremos a la vieja usanza, se las voy a quitar.

Agua hirviendo, ¿vale? Meto los tomatitos...

Lo que se consigue con la cruz es, básicamente,

hacer que se despegue la piel y poder quitarla de forma sencilla.

No se necesita mucho tiempo, hay que poner el agua hirviendo

pero os haré la vida más fácil con este truquito

que, al final, es de toda la vida y, como os digo,

fue de lo primero que aprendí en la Escuela de Hostelería.

Lo hacíamos para hacer mucha cantidad de salsa de tomate,

pero, evidentemente, se puede utilizar para hacer,

en este caso, esta sopita de tomate.

Cuando veáis que la piel se despega, un poquito,

los metéis en el agua con hielo; no quiero que se cocine ahora,

quiero que se cocine en la propia sopa de tomate.

¿Qué hemos tardado? 30 segundos, no necesito nada más.

Y ya tengo por aquí mi tomatito.

Siguiente paso, voy a sacar una tablita

y me preparo para quitarle la piel.

Yo soy muy curioso y necesito ponerme cosas a mi alrededor

para poder trabajar de una manera más sencilla;

así que me pondré este bol para echar las pieles

y me voy a poner otro para guardar esas pepitas.

Fijaos qué fácil, incluso, por este lado.

Quitamos la piel de una manera perfecta.

Os digo una cosa, se me está ocurriendo ahora,

a veces, se me ocurren cosas mientras cocino.

Esta piel, por ejemplo, la podríamos secar en un horno,

lo usamos y, apagado, metemos las pieles para secarlas,

nos pueden servir, crujientes, para una ensalada.

Tendríamos las pepitas, que podríamos hacer una vinagreta,

y por otro lado, las pieles crujientes,

que nos vienen perfectas para una ensalada.

Estoy pensando que con mostaza y con aceite de oliva

tenemos una maravillosa vinagreta de pepitas de tomate, ¿por qué no?

Nunca lo he visto ni lo he escuchado, pero bueno...

Para eso estamos, para daros ideas y para enseñaros cosas buenas,

sobre todo, para no tirar nada y reutilizar, absolutamente, todo.

Fijaos adónde llegó la sopa de tomate,

que se hizo superfamosa la lata de la sopa de tomate,

la que se vende ya hecha, con ese cuadro de Andy Warhol,

tan, sumamente, famoso.

Esa era precocinada, no como la que haremos hoy,

con productos naturales y hecha en casa.

Y, por favor, los que estáis pensando

que la sopa de tomate es igual a un gazpacho caliente,

no me habléis más en la vida, de verdad, ¿eh?

Esas cosas no se dicen ni se hacen, ni siquiera se piensan,

porque no tiene nada que ver un gazpacho con una sopa de tomate.

La sopa de tomate tiene que saber a tomate cocinado,

y eso no tiene nada que ver con el gazpacho,

que el único calor que ve es la fricción del triturado,

porque aporta calor, pero nada más.

Momento, ahora, de picar el tomatito en cuadritos,

fijaos qué fácil es tener el tomate totalmente limpio.

Otra cosa que hacía en la Escuela de Hostelería

era aplastarlos, los ponía así y, ahora, los aplastaba.

Ponía otro y los aplastaba, otro y los aplastaba;

así me ahorraba ir uno a uno.

Un truquito de cocinero que ha hecho mucho tomate picado.

Y así, de una tirada, estoy picando, no sé...

Tranquilamente, dos tomatitos.

Ahí... Picadlos bien, ¿vale?

Como ya os he enseñado el truco para picar los tomates,

voy a continuar picando y, de paso, haré lo mismo

con el pimiento y la zanahoria, y tendremos todo preparado

para empezar nuestra sopa de tomate.

Con todo troceado me dispongo a hacer esta sopita de tomate.

Estaba pensando en el concepto "sopa de tomate",

deberíamos llamarla crema de tomate,

me gusta que tenga un poco de cuerpo.

Le he echado el aceite de oliva, está calentito; echo el ajo;

y, ahora, añadiré el laurel, lo voy a echar ahora,

pero no lo dejéis dentro, dejadlo hasta triturarlo

y antes de triturarlo, lo sacáis.

Voy a ir echando la cebollita, que ya está el ajito bailando,

y ponemos a fondear a un fuego medio-alto,

si vamos a estar pegados; que no estaremos pegados,

porque tenemos más cosas que hacer y vamos, relativamente,

bien de tiempo, lo pondría a fuego medio,

que se vaya pochando bien y tranquilamente la cebolla.

Lo que voy a hacer es añadir, en este caso, un poco de caldo,

sabéis que añado un poco de agua, ese agua evapora,

y así se va cociendo y fondeando, también, la cebolla.

Yo lo que voy a echar, que tengo caldo de verduras,

es este poco de caldo de verduras, que se irá concentrando el sabor.

Cebolla lista, es el momento de añadir el pimiento rojo.

Mirad que se llegó a hacer popular la sopa de tomate,

gracias al cuadro de Andy Warhol.

¿Sabéis cuál es, no? En ese que salen cuatro, creo;

primero salía una y, luego, se han hecho cuatro del mismo.

Soy fan del arte y lo comparo con el mundo de la alta cocina;

es, más o menos, comprensible, como la alta cocina,

pero es cierto que cada cocinero expresa su personalidad a su forma.

Lo importante en cualquier arte es que te llegue y emocione, ¿no?

Cuando me preguntaban "¿la cocina es arte?",

decía que no sabía, el arte es todo lo que emociona,

la cocina, si te emociona, puede llegar a ser arte.

Cuando hacía mi cocina pensaba en esa pregunta mucho,

voy a echar la zanahoria, si la cocina era o no era arte.

A mí, sobre todo, me interesaba transmitir felicidad,

pero sí es cierto que definir la cocina como arte

es complicado, yo siempre he dicho que no.

Voy a echar otro poquito de caldito,

quiero que vaya cociendo con la verdurita

y vaya reduciendo, poquito a poco.

De verdad, en esta sopa de tomate no quiero extracocer el sofrito

ni, aún menos, extracocer el tomate,

ahora voy a echar el tomatito.

Voy a darle un hervor y, entonces, añado el caldo,

mientras tanto, quiero aprovechar que nuestros espectadores

han colgado fotos y quiero que las veáis.

Por ejemplo, esta foto de @alicia.olivares_56,

no sé si se inspiró en el hojaldre de piña y coco

pero qué pintaza tiene, te voy a decir por qué.

Fíjate en los bordes, como ha subido

y cómo se separan las capas, es decir, está perfectamente hecho

y eso me encanta. Al final, tiene ese punto de hojaldre,

por eso se llama "milhojas", ¿no?

Tiene ese objetivo de tener mil capas, entre comillas,

esa textura es maravillosa. ¡Enhorabuena!

Echo el caldo al sofrito, ahora que ha soltado el agua

y el tomate ha cocido unos dos o tres minutos.

Caldito de verduras dentro...

Ahora, volveremos a dejar hervir unos minutitos y trituramos,

no hace falta muchísimo más.

Laurel fuera, sopa triturada y, ahora, voy a ponerla a punto

de sal, de pimienta y le echaré la hierbabuena,

que con el hervor, al calentarla, será más que suficiente.

Aquí tenemos, también, alguna que otra opción.

¿Qué quiere decir? Podemos colarla y dejarla fina, fina, fina,

yo la voy a dejar así,

o podemos, por ejemplo, añadir un poquito de nata agria,

un chorreoncito de nata y hacerla como más cremosa,

pero también os digo que eso nos alejará del Mediterráneo,

de nuestra cocina pura y dura, más fresca y mediterránea

y nos acercará a Francia. Nos la hará más cremosa,

pero también un poquito más pesada.

Importante en este tipo de sopa mirar también el punto de acidez,

sabe a laurel, perfectamente, aun no mucho a hierba buena,

pero lo va a saber y le falta un poquito de sal

y, sobre todo, un poquito de pimienta, pero no mucho.

Y lo que sí podéis hacer también, en el último momento,

como yo voy a hacer, un chorreoncito

de aceite de oliva virgen extra.

Si es alguna variedad más aromática y afrutada, mejor.

Yo soy el mayor defensor del arbequina que es una variedad

que me flipa para hacer esto que voy a hacer ahora mismo.

Con este último hervor nos aseguramos un poco ya

que la hierbabuena está ahí, ya sacamos su sabor

y yo, la verdad, soy de los que al echar la sal,

pimienta y aceite de oliva, me gusta que todo se integre

y este último hervor integrará, absolutamente, toda la sopa.

Aquí ya voy a echarla poquito a poco.

La verdad que mojar pan aquí no tiene que ser mala idea

e, incluso, si queréis hacer unos costroncitos de pan frito,

sería brutal, pero es que todas las ideas que tengo son calóricas,

así que mejor dejarla así que es mucho mejor, más saludable

y menuda receta vegana que acabamos de hacer.

Aquí, voy a...

Tirar toda la sopita de tomate.

Bueno, si tenéis por casa cuatro o cinco tomates

y no sabéis qué hacer con ellos,

no me digáis que no os di una idea maravillosa.

Aquí está la sopa de tomate.

(Música)

¿Estás nerviosa o qué? No.

¿No, seguro? Seguro.

Para mí, maravilloso que vinieras conmigo a cocinar

tus callos con garbanzos. Para mí, un placer.

Como veis, estoy con Noelia, la espectadora que subió una foto

a las redes sociales con el hashstag #hacerdecomer

y al verlo, digo: "Tiene que venir a hacer

esos callos con garbanzos". Y aquí estoy.

Lávate las manos, mientras explico los ingrediente. Para estos callos

con garbanzos necesitaremos: garbanzos, callos,

pimentón, ajo, cebolla, tomate, zanahoria, chorizo,

pimiento verde, tomate y cebolla, sal, comino, ajo,

aceite de oliva y un poquito de pimienta.

Yo lo que he hecho es añadirle las manitas,

en tu receta había como hueso. Sí.

La gelatinosidad como la manita, nada,

creo que es ese típico ingrediente que se usa también

para algunas preparaciones como hacer un poquito de socarrat.

Claro. Lo que es el socarrat del arroz,

si metes en el caldo un poquito de manita de cerdo

ya te aporta una gelatinosidad que es genial para eso.

Y dentro del recetario español las manitas.

Bueno, en todos lados. También es verdad.

Yo aprendí desde muy pequeño cuando empecé en la cocina

a hacer manitas de cerdo rellenas y os puedo decir que cociné manitas

a punta pala y, sobre todo, limpiado y rulado,

¿Sí? Sí, bueno, tú me dirás,

yo soy tu pinche. Nada.

Explícame, primero, cómo lo haces. Vamos a empezar blanqueando

los callitos un poco en una ollita.

Que ya están porque se compran así ya limpios, pero estoy,

totalmente, de acuerdo que tengamos que, llénalo de agua,

de que tengamos que blanquearlos. Mira, tenemos por aquí

un poquito de agua con hielo.

Blanquear, básicamente, es pasar por agua hirviendo un poquito.

¿Echo más? No, así está bien, yo creo.

Venga. Y lo que conseguimos, básicamente,

es eliminar impurezas. Bueno, más cositas, cuéntame.

Primero, haremos un sofrito con cebolla, tomate y zanahoria,

unos ajitos y un poquito de pimentón,

que se lo incorporaremos a la olla con los garbancitos y la manita,

ya que la has metido, y los callos.

Y los callos, sí. Y luego, lo cerramos y la tenemos

unos 45 minutos. ¿Aproximadamente?

Sí. Pues con qué quieres empezar.

No sé, la verdurita, ¿no?

Verdurita, pero cuál prefieres, a cuál le tienes más coraje.

La cebolla. Para ti la cebolla,

para mí el tomatito. Noelia, a qué te dedicas.

A un poco de todo, Dani. (SONRÍE)

Vivo la vida. Bueno, eso es lo más importante,

vivir la vida y ser feliz,

que no se nos olvide nunca, la verdad.

Ya, mi pareja tiene una finca aquí

y en la temporada venimos a recoger el fruto

y luego, seguimos en... ¿Y dónde exactamente?

Pues, normalmente, en el sur de Inglaterra, en Devon,

que es precioso, tiene unas playas maravillosas.

¿Sí? No te da la impresión que en Inglaterra haya playas.

Hay un frío que no es lo mismo. Pero se pasea por las playas.

Sí. Y en Inglaterra,

cuando trabajas, ¿qué haces? Cocina.

¿Cocina? ¿Y haces callos? A ver si te hinchas de hacer callos

allí para los ingleses en el sur. Pues, son un poco tiquismiquis,

pero creo que son los más valientes,

trabajo en un hotel. En un hotel,

¿y hacéis el famoso "Sunday roast"? Sí, hacemos, de vez en cuando

porque según, en el hotel, sí. Luego, voy viajando

por diferentes puntos de Inglaterra para conocer

cada provincia y región. Sí, como en España, claro.

Eso te iba a decir, en unos sitios se hace el "Sunday roast",

pero en otros, el típico "fish and chips".

"Sunday roast" es una comida muy familiar típica

donde se asa carne y se hacen, cómo se llaman...

"Yorkshire". "Yorkshire", pudding, digamos,

que es una especie de pan que se moja también

en la misma salsa. Bueno, aquello es para comerlo

el domingo y pegarse una fiesta de cinco horas.

Como mínimo. Porque es más pesado, creo,

que los callos, mira qué te digo. Luego te compensan las verdurillas

que le ponen ahí. Bueno, pero es para disimular.

Sí, creo que la gente lo va dejando al lado,

pero aporta algo más al plato. La cebolla ya está.

Tenemos esto casi ya también.

Y los callos para darle el blanqueadillo.

Ahí está, está todo preparado

para empezar a blanquear los callos.

Al final cogí la cebolla y ya estoy aquí.

¿Ya estás llorando? La cebolla.

Pues, nada, mira, tú vas echando si tú quieres, aceite de oliva

yo voy a echar los callitos aquí.

Ve echando el aceite, puedes, ¿no? Sí.

Aquí jugamos a dos bandas sin problema.

Como hace la gente en casa, no te cortes.

Yo no y más cuando estás ahí en una cocinilla.

Bueno, a ver, vas muy rápido. La cebolla primero.

Yo doy de echar el ajo siempre. Antes lo hacía hasta que me dijeron

que no hiciera nunca el ajo primero

que se me quemaba el aceite. Se te quema si no estás atento.

Da sabor al aceite. Claro, tú lo has dicho,

al final, lo importante es que suelte todo su aroma.

Has ido muy rápida, abro aquí un hueco,

pongo el aceite y ahora echo el ajito aquí.

Ahora, ya sí que vemos que empieza a dorar,

pues mezclamos, pero, al menos, conseguimos que soltase su aroma

si no, se nos queda ahí como semicrudo.

¿Le metemos ya el tomate también? No, esperamos que se haga,

eres muy rápida, muy... Es la olla exprés, Dani,

Ya que vienes a cocinar conmigo, al menos, relájate, relájate,

las cosas que se hagan poco a poco.

Vale, lento. Ajito, cebolla...

Venga, guay. Que vaya todo cayendo.

Oye, ¿te fuiste a Inglaterra a buscar trabajo

porque te apetecía o no encontrabas nada aquí?

No, por vivir la experiencia, aprender el idioma,

conocer personas nuevas. ¿Y hablas inglés

con ese acento granadino? Totalmente.

Soy muy de cortar palabras y muchas veces...

¿En vez de "hello" dices "hell"? "Hi".

Y ya la lías ahí, ¿no?

Escaldado, aquí voy a meter ya

que ya se han escaldado los callos.

Lo enfrío, sobre todo, para darle una limpiada.

Ahora, sí, seguimos, ¿tomatito y zanahoria?

Sí, le damos caña. Venga, tírale.

Venga.

Ahí, zanahoria.

Perfecto, yo ya creo que se puede echar junto.

Sí, dale caña. Y ahora haremos un huequecito

también, en la sartén antes de echar lo demás.

¿Me vas escurriendo el...?

Luego le echamos los garbanzos

y las manitas, los vas escurriendo. Venga.

Los garbanzos los tuvimos ocho horas en remojo antes

que a mí me gusta este tipo de garbanzos chiquititos,

me parece mucho más agradable, es verdad que la gente más pura

que come callos, come sin garbanzos

porque los callos a la madrileña son sin garbanzos

y luego, con el trozo de callo como mucho más pronunciado.

Sí, incluso, morcillita le echo yo.

Sí, ¿no o qué? Le doy ahí a mi padre contundente.

¿Le gusta no? Sí.

Vamos a escurrir también estos callitos por aquí,

¿tú me los escurres o no? Bueno, ¿no tienes un colador?

¿Quieres un colador? Aquí hay de todo, lo que quieras.

Bueno, chica cómoda y operativa, eso está muy bien.

Bueno, le echo el pimentón y haré lo siguiente,

igual que hicimos con el ajito,

en este caso, dejamos un huequecito aquí.

Así, en ese hueco vamos a añadir aceite de oliva.

Voy a tostar un poquito el pimentón

porque es fundamental que no sepa ni a crudo,

le pasa como al ajo, que no sepa ni a crudo,

pero que tampoco se pase, ¿no?

Ahí, bueno, Noelia, ¿quién te enseñó a cocinar?

Pues si te digo la verdad he sido autodidacta desde chica.

Tú sola ahí, ¿no? Me pegaba un montón a mi madre

y siempre me metía yo,

si no me salía bien, a la siguiente.

Y así he ido tirando.

Y así constantemente, ¿no? Sí, sí.

Bueno, pues ya que tenemos esto,

echamos los callitos, los garbanzos.

Aquí. La manita de cerdo que, en este caso,

ya está limpia también.

Podíamos haberla escaldado

y haberle quitado las impurezas,

pero, como veis, está impoluta y limpia.

Bueno, vamos a ir cortando ahora el siguiente sofrito, ¿vale?

Venga. Bueno, echo los garbanzos.

Voy a echarle agua. Voy a cubrir un par de deditos.

Y yo, bueno, tengo una duda...

Que imagino, ¿no? Tú le añades dos sofritos

por multiplicar, ¿no? Me encanta explicar aquí

eso de multiplicar los sabores.

Sumar, multiplicar. Claro.

Le potencia, además. Aquí hacemos ahora

un segundo sofrito aparte,

que luego le vamos a añadir. Sí.

Le añade ahí un gustillo. Aquí.

Bueno, multiplicamos sabores que yo creo que, como digo,

es lo importante. Bueno, ponemos ahora

el fuego a toda pastilla.

Nunca se cierra una olla exprés

sin que lo de dentro haya hervido

Así que vamos a esperar que hierva.

Además, siempre podemos limpiar

una última impureza en ese primer hervor.

A ver. ¿Me toca ahora la cebolla? Sí, "por fa".

Finita, ¿no? Sí.

Me gusta mucho el pañuelito que llevas en la cabeza.

Me encanta cocinar con los pañuelos en la cabeza.

¿Sí? ¿Lo haces para cocinar siempre? Lo llevas

para que no se te caiga el pelo. Sí.

Usan gorros y yo el pañuelo.

Claro. La chica del pañuelo.

Tu seña de identidad. Sí, sí.

La verdad es que sí, porque siempre me decían:

"¿Dónde está la del pañuelo?" Y mira.

Bueno, vámonos. Aquí ya está hirviendo.

Ya estamos aquí hirviendo. Vemos espumita,

que se la vamos a quitar.

¿Te gusta la casquería? Un riñoncito de cordero lechal

es absolutamente maravilloso, de verdad.

De pequeña recuerdo que mi madre nos hacía riñoncitos de pollo.

También. En ajillo.

Al ajillo, ¿no? Bueno. Y luego, eso ya

no se podía encontrar. En nuestra tierra,

ahí todo encebollado,

se ha hecho casquería de toda la vida.

Y luego, ojito, que es barata, buena, rica.

La asadura. La asadura, exactamente.

La sangre encebollada también está buena.

Sí, sí. Bueno, le voy a quitar

un poquito de la espumita que tiene aquí, ¿vale?

Mirad lo que os decía antes.

Os pueden aparecer impurezas.

Es importante no cerrar la olla exprés,

porque eso me permite ahora poder hacer

lo que estoy haciendo, que, además,

lo voy a echar en esta misma agua.

Hemos quitado ya todo. Y ahora sí que es el momento

de cerrarlo, ¿vale?

Lo tenemos que dejar 45 minutos, habías dicho.

45 minutillos. No tenedle miedo a la olla exprés.

Que siempre con el miedo a la olla exprés.

Miedo hay que tenerle a todo. Sobre todo, un poco de respeto.

Pero no dejéis de cocinar con olla exprés.

Sí. Siempre es más cómodo.

Simplemente, nunca la abráis cuando esté pitando.

Básicamente. Y cerradla bien, evidentemente.

Así que, bueno, ya tenemos aquí nuestra olla exprés.

Hemos dicho que vamos a estar 45 minutos.

45 minutos. La gente que nos esté viendo,

que no es que sea por pánico,

sino que no quieran utilizar una olla exprés,

o que no tenga, una horita y media.

Claro. Aproximadamente, una hora y media.

Hasta que los callitos... Estén tiernos.

Mientras dejamos cocer los callos con garbanzos,

vamos haciendo un sofrito a la vieja usanza,

como hemos hecho antes.

Aceite, ajito, cebolla. Luego, pimiento.

Y, luego, tomate. Venga.

Pásame ya el ajito. El ajillo.

Vamos a ello.

Bueno, Noelia.

Esto no solo huele bien, sino que, además, tiene

esa textura que me gusta y, además,

es la que tienen que tener los callos.

Hemos apartado el sofrito por aquí hace un ratito.

Y ahora vamos a añadirle

el choricito. Sí, sí.

Y el comino, ¿no? ¿Se lo añado yo, si tú quieres?

Sí. El comino. Y ahora, el chorizo.

Ahora voy a volver a darle

un poco de candela a este sofrito.

¿Y cómo cortamos el chorizo? En rodajitas.

En rodajitas. Perfecto.

Venga, ve cortándolo tú, si quieres.

Y yo añado aquí ese poquito de comino

a este segundo sofrito.

¿Cuándo pruebas el punto de sal? Al final.

Al final, ¿no? Eres de las mías. Sí, sí.

Yo también soy de los del final, eh.

Además, con este tipo de cosas, que hay choricito,

que hay sofrito, que hay reducciones.

Pero, bueno, a priori, también es verdad

que no hay cosas que estén saladas.

Hay gente que le echa huesos salados.

¿Solo echamos uno? ¿Le echamos los dos? Venga.

Y aquí vamos a hacer lo siguiente, que a mí me gusta,

que es darle candelita y que suelte aquí toda su grasita.

¿Te parece? Sí.

Echamos aquí.

Que suelte ahí. Un poco.

Los callos, tal y como están,

se pueden comer perfectamente. Lo que vamos a hacer,

es... Un extra.

Un extra. Un puntillo.

Bola extra. En este caso, la bola extra es...

El chorizo. Un sofritillo ahí

con cominito y el chorizo.

Me encanta el comino. Te gusta, ¿no?

Es de los ingredientes que llamo "invasivo".

La verdad es que tengo una serie de ingredientes

que llamo "invasivos", porque son geniales,

pero en su proporción. Sí.

Que si nos pasamos... Me pasa con el pepino también.

¿Sí? Me parece un ingrediente

totalmente invasivo. Mi gazpacho no lleva pepino.

Lo siento por el pepino, pero soy incapaz totalmente

de echarle pepino al gazpacho.

Fijaos aquí cómo no hemos echado apenas aceite.

Y ya está soltando... Ya está soltando el aceite.

Podíamos haber escaldado también el chorizo, que se hace mucho

para quitar grasa. Sí.

Nosotros, lo que vamos a hacer hoy, es utilizar nuestra grasita.

Donde hay grasa, hay alegría. Donde hay grasa, hay alegría.

Qué frase más bonita. Estoy totalmente de acuerdo.

Esto lo voy a decir. Claro que sí.

A partir de ahora... Te la cedo.

Ahora ya mezclo aquí. El sofrito se va a comer

también un poco de esa grasita.

Como decimos, esto es una parte mucho más extra

de lo que son los callos.

Bueno, esto está ya casi. Vamos a echarlo ahora ya todo

y ponemos un poco a punto de sal. Aquí todo para adentro.

Mira. ¿Cómo lo ves?

Esto está ya, prácticamente. Yo le doy el visto bueno, Dani.

Vamos a probarlo. Sí. Te doy un aprobado.

No. Aprobado no. A probar.

Vamos a probarlo ahí. Eso sí.

Es que entre andaluces... Ya ves tú.

Bueno, a ver qué tal. Mira. Por lo pronto,

a mí el color me gusta mucho. Sí, sí.

Y la caída que tiene. ¿Veis cómo suena?

Exacto. Esa caída, esas gotas,

que vemos que tiene un poco esa gelatinosidad,

que es genial y que es necesaria en unos callos.

Me gusta.

Me gusta mucho.

Muchas veces tiene un poco ese punto de acidez

típico en los callos,

que, en muchas ocasiones,

podemos añadir un poco de azúcar.

No quería decirlo, pero es verdad.

Hay mucha gente que le añade.

Yo no lo haría. Yo tampoco.

Yo no lo haría. Un poquito de sal sí.

Sal sí le falta. Sí que le hace faltita.

Sí. Pero ese punto de acidez,

intentad siempre utilizar el tomate que le hemos echado

a los dos sofritos, que sea un tomate muy maduro.

¿Vale? Y muy cargado en azúcares.

El puntito del comino también se nota al final.

Eso sí que se nota, el aromático.

Los aromas te llenan muchísimo la boca.

Se integran muchísimo.

Bueno. A ver, aquí podemos hacer una cosa también,

que es un poco sacar los huesos grandes

de lo que es la manita, que es este que está aquí.

Aquí. Vamos a sacarle. Tú le sacas el huesecito.

Pon dos cucharitas, si quieres. Vale.

A mí los huesos no me gustan absolutamente nada

y, menos, en un plato como este.

Te puedes atragantar. Tenedlo en cuenta

porque puede ser peligroso.

Intentad siempre ser bastante limpios

en este tipo de situaciones.

Aquí están los dos huesos.

Mirad aquí todo lo que vamos a desechar.

Y luego, esta parte gelatinosa absolutamente genial

de la manita. Pero, de verdad, sed

muy prudentes en esto.

Y aquí voy a echar el resto. Ahí.

Y esto ya lo desechamos. Pero ojito, eh,

que lo del fondo está para mojar.

Bueno, ya tenemos nuestros callos 100% limpios

y 100% listos

para añadir aquí en la ollita,

con mucho cuidado. ¡Madre mía,

qué pinta tiene eso! Ahí.

Muy bien.

Bueno, yo le saco por aquí unos choricitos.

Que se vea bien. Yo creo que la presentación

siempre es importante.

¿Te quedas a comer conmigo? De primero, he hecho

una sopa de tomate muy mediterránea

para compensar estos callitos con chorizo.

Cuchareo total. ¿Pero te quedas o no?

Sí, por supuesto. ¿No me voy a quedar contigo?

Pues nada. Estás en tu casa. Mientras tanto, aquí os dejamos

estos callos con garbanzos.

(Canción "Dogs Days Are Over")

Qué dos platos hemos hecho.

¿Echas de menos estas recetas cuando estás en Inglaterra?

Para nada. Me los preparo yo.

Bueno, eso está bien. Y a mis amigas,

que las madres me lo tienen agradecidísimo.

Claro que sí. Haces muy bien.

Hay que alimentarse bien allá donde estemos.

Claro. Y estos dos platos

son maravillosos.

Sopa de tomate y callos con garbanzos.

Dos recetas de toda la vida que, además, saben muy económicas.

¿Piensas renunciar al placer de prepararlas?

Espero que no. Haz la comida y mejora tu vida.

Sírvete. Venga, vamos a ello.

Yo voy a empezar por los callos. Yo por la sopa.

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Hacer de comer - Sopa de tomate y callos con garbanzos

18 jul 2019

Hoy Dani García cocina un menú muy tradicional. En primer lugar, prepara una sopa de tomate. Después, Dani García abre las puertas de su cocina a Noelia, una seguidora del programa que viene a enseñarnos su receta de callos con garbanzos, que compartió en las redes sociales del programa.

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