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Hacer de comer

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Para todos los públicos Hacer de comer - Pollo a la miel y tarta de queso, miel y almendras - ver ahora
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Entonces por eso son de diferentes colores.

Claro, las monoflorales. Monoflorales,

luego están las mil flores. Sí.

Perfecto, bueno, lo que se aprende.

Muy buenos días, estoy aquí con Clementina

que ha venido desde Valencia para traerme todas estas mieles

porque hoy la protagonista de las dos recetas

que vamos a hacer hoy es la miel.

Primero, cocinaremos un pollo a la miel y después

haremos una tarta de queso, miel y almendras.

Pero quería que viniese alguien como Clementina que tiene nombre

de mandarina en el fondo, no de miel.

De Valencia. Exactamente, ¿sabes qué pasa?

Que aquí, clementina, mi madre siempre decía:

"Tómate las clementinas",

perdóname, se me fue el santo al cielo,

pero me acordé de eso. Bueno, lo que os decía,

lo que quería es que viniera Clementina

para que nos contara un poquito más sobre esta maravilla

que es la miel. Primero de todo, la miel, ¿cómo se hace?

A ver, la miel la hacen las abejas, entonces,

las abejas liban de las flores y la flor que haya en abundancia

en ese momento, en diferentes sierras de España,

cogen el néctar y el néctar con unas secreciones suyas,

propias, que mezcladas con agua, en su casa, en la colmena

lo almacenan convirtiéndose ya en miel cuando con un aleteo

muy fuerte le quitan la humedad al producto

que luego será la miel almacenada

en las celdillas que también, ellas crean.

Y son de cera. Son cera de abeja que es suya.

Y son comestibles también. Es comestible.

Bueno, es una auténtica maravilla, un monumento, una obra de arte,

lo que es la naturaleza, lo que es la naturaleza.

Bueno, estamos hablando de que, a veces,

vemos en el mercado mieles de diferentes colores

como las que me has traído tú aquí. Cuéntame cuál es la diferencia

entre esta, esta y esta.

Bueno, aquí tenemos una miel de romero que sería

como el comienzo de la primavera cuando hay flor en abundancia

en el campo y es una miel típica valenciana.

Han libado de la flor del romero

y entonces es una miel monofloral de romero.

En este caso, por ejemplo, tiene los beneficios propios

de la miel, más lo del romero Sí.

Entendido, esta oscura. Esta oscura es miel de castaño

y melazas, son del norte de España, viene de Burgos

y entonces, de castaño oscuro. Eso lo decía mi madre

y lo decía por la miel por la oscuridad de la miel,

¿puede ser, no? Te estás pasando de castaño oscuro,

me decía mi madre siempre. Y en Valencia decimos...

(HABLA EN VALENCIANO) Que es cuando una cosa

está muy buena. ¿Sí o qué?

Claro. Esta es de castaño,

hablamos de castaño, romero y... Espliego.

Espliego. Es una miel muy tradicional

con su Denominación de Origen Guadalajara.

Vale, sabores, gustativamente, son diferentes.

Cambian muchísimo en la boca tanto el sabor o la textura

es lo que más notaremos y entonces, el romero es una miel

muy suave, el espliego, allí, es una miel muy aromática

que viene de la lavanda, de las familias de la lavanda,

y el castaño con todo lo que son lácteos,

los quesos, las cuajadas, el matón, yogur.

¿Cuánto aguanta la miel, cómo la conservamos

a la hora de comprarla? Dinos un poco

cuando vas a un supermercado, ¿qué elegir, qué no elegir,

las diferentes calidades? Para empezar, en cuanto a envase

es fundamental que el envase sea de cristal

para la conservación del alimento es mucho mejor y la miel...

Y transparente. Bueno...

Yo, casi siempre, la veo transparente,

como en el aceite que en el fondo es mejor

que sea oscuro. Es mejor que no le dé la luz solar.

Vale. Y en cuanto a conservación

la miel se autoconserva sola y no caduca de por vida.

Oye, Clementina, muchas gracias por venir,

recuerda: "Si tomas la miel como alimento,

no la tomarás como medicamento". Ahí estamos,

alimento medicinal, sí. Alimento medicinal,

bueno, pues un besito, muchas gracias, un auténtico placer

y gracias por enseñarme estas cosas, de verdad.

Igualmente. A cuidarse, gracias.

Bueno, qué interesante, ya con todo esto que aprendí hoy

de la miel, podemos empezar con la primera receta de hoy.

Voy a ir lavándome las manos y mientras os cuento

los ingredientes para el pollo a la miel.

Vamos a necesitar: Sal, pimienta, aceite de oliva,

hierbabuena, piparra, tomillo fresco, laurel,

jengibre, cebolleta, caldo de carne, aceite de oliva,

miel, contramuslo de pollo y vino blanco.

Voy a poner ya por aquí la miel que me ha traído Clementina

y vamos a empezar a cocinar. Bueno, lo primero,

voy a sacarme una tablita.

Esto va a ser sencillito,

vamos a hacer alguna que otra cosa curiosa

como el hecho de freír un encurtido que, seguramente,

no lo hayáis visto nunca porque no es lo usual.

Pero, bueno, tengo por aquí la sartencita.

Haremos lo siguiente, voy a explicarlo rápidamente.

Vamos a marcar, como siempre, las proteínas, en este caso,

el pollo y la vamos a marcar por la parte de la piel,

siempre, quiero esa piel dorada a pesar de que luego,

vamos a glasear, ligeramente,

y se nos quedará un poquito más húmeda.

Por otro lado, voy a sacarme ya un cuchillito y picaré la verdura.

Tenemos por aquí la cebolleta, tenemos el jengibre, el laurel

y el tomillo fresco. Va a ser relativamente, fácil y sencillo.

Bueno, una cosita del contramuslo, como veis, he pedido al pollero,

al carnicero, que me lo deshuese.

Probablemente, sea una de las partes

que más me motiva, tengo que decir,

porque tiene una capacidad de textura muy agradable

y además, el error en la cocción es mucho menor, o sea,

quiero decir que el paréntesis que hay entres que se seque o no

es bastante amplio y es algo que queda siempre jugoso.

Cosa que no pasa con la pechuga que en muchas otras ocasiones

hemos explicado aquí cómo hacer una pechuga jugosa,

pero hoy nos toca la parte sencilla.

Contramuslo, sal por un lado y pimienta.

Cómo no, y a mí aquí, en el pollo me gusta la pimienta

a rabiar y os digo una cosa, ese punto apimentado

de una miel es, absolutamente, genial.

Me encanta cocinar con miel, tengo muy buenos recuerdos,

me gusta en una torrija, en parte dulce,

me gusta en la parte salada y me gusta en la parte medicinal

que mi madre me daba miel

siempre que estaba un poco acatarrado.

Creo que en todas las casas de España

nos han dado miel sí o sí. Bueno, ya sabéis aceitito de oliva,

pero, bueno, ya sabéis que dentro de las propiedades de la miel

hay muchas, no solo estimular el sistema inmunológico

sino que es bueno, pues, no sé, para el estrés metabólico,

reducir el colesterol, la presión sanguínea...

Dicen que es bueno hasta para la piel y el cabello

yo no lo sé, pero, vaya, con 43 añitos y no se me ha caído

ni un pelo. Mis amigos, perdonadme, pero tienen menos pelo que yo.

¿Será por la miel? No lo sé, pero bueno, ahí voy,

voy a marcar esto por aquí. Siempre, primero por la piel.

Bueno, nos vamos con la cebolleta,

lo que voy a hacer es cortarla en pequeñito

porque después, lo que haremos será una salsita

de miel y además, la miel va a ir caramelizando,

me gusta mucho, luego quiero notar esa sensación

de textura amielada y que quede graciosa, melosa,

brillante, lo estoy viendo venir, caramelizada, vaya.

Quiero muy marcadito el pollo, quiero darle una cocción

que luego, solo tenga que, básicamente,

terminarla en la salsa. Hablando de la miel, la abejas,

abejorros, hay una teoría que a mí me emociona muchísimo

porque me resulta supercuriosa.

Se supone que por la Ley de la Aerodinámica

el abejorro no podría volar, no cumple con las condiciones

que hacen que algo pueda volar y, sin embargo, vuela.

De hecho, incluso en la NASA, en las instalaciones de la NASA,

antes de entrar hay un cartel que dice, literalmente:

Está demostrado, aerodinámicamente,

que es imposible que el abejorro pueda volar

por su tamaño, por su peso y cuerpo, pero él no lo sabe.

Para que veáis que en la vida

no hay nada, absolutamente, imposible.

Para eso estamos aquí también, para echaros una manita.

Voy a sacar ya el pollito, como digo, por el centro

todavía sigue bastante crudo.

No hay límites, no tenemos que ponernos límites,

imaginaos el abejorro. Bueno, pongo por aquí

el jengibre que lo he roto un poquito, pongo por aquí

el laurel que siempre me salta.

Aquí, sin miedo, ahí, un poquito, ya sabéis

que siempre salta ahora

la cebolleta, cómo me gusta el olor del jengibre, el aroma.

Y a la miel le viene genial, ese punto cítrico a la miel

lo cítrico, lo picante le viene, absolutamente, bien.

Bueno, voy dejando aquí y me quito estas cositas de aquí.

Ya está, prácticamente, la cebolleta, así que,

el siguiente paso

va a ser añadir el vino.

Tenemos vino blanco, ¿y qué hacemos?

Lo de siempre, añadimos el vino y lo vamos a reducir a la mitad.

Echamos vino blanco, buscamos un poco esa sensación,

también, ácida, en cuanto hay miel, hay dulzor y si en esos momentos

hay como un poco esa parte

más de ese punto de acidez, de frescura...

Que nos lo va a aportar el vino blanco y el jengibre.

¿Echarle pimienta? Sin miedo.

Ese punto picante le viene superbién a la miel.

Mirad qué fácil y qué rapidito se nos reduce.

Nos quedaría, prácticamente, lo que es la miel,

que la tenemos aquí, y el caldo; primero voy a echar la miel.

Vamos a dejar que hierva un poco.

Voy a mezclar, ligeramente, y voy a esperar un hervor.

Mientras, voy a aprovechar para poner un poquito

de aceite de oliva aquí, en este caso, un 0,4; suave,

y vamos a freír, tranquilamente, las piparras.

Cuando me hablan de miel me acuerdo de las lunas de miel;

no sé por qué se dice luna de miel.

Estoy pensando dónde fui y no me acuerdo, la verdad.

Voy a hacer una cosa, porque hoy estoy en plan fino.

Ya que el tomillo ha hecho su trabajo,

me encanta cocinar con ingredientes, pero, también,

cada ingrediente tiene su razón de ser

y cada ingrediente tiene su momento.

En este caso, tanto la cebolleta como el jengibre,

todo lo que hemos añadido, como el tomillo fresco

o como el laurel han hecho su trabajo;

por lo tanto, es el momento de hacer esto.

Ahora, lo que voy a necesitar es que el pollo

se termine de cocer en esta salsita de miel,

que huele que alimenta.

Aquí voy.

Meto el pollito.

Según vaya reduciendo, con una cucharita,

voy a ir ayudándolo, ¿vale? Voy a ir glaseándolo;

como se dice en la cocina, glasear un producto.

Voy a dejar cocer el pollo, aproximadamente, seis minutos,

aquí, en esta salsa, que irá reduciendo

y cogiendo, un poco, ese punto acaramelado que me gusta;

y, mientras, voy a coger las piparritas

y las voy a ir friendo.

(Música)

(Música)

Piparras encurtidas fritas, que no tiene nada que ver,

a mí me encantan las frescas, pero estas tienen... su rollito,

su rollito más acidito; pero, también, tiene su peligro,

porque, al final, están más húmedas y te saltan.

Además, todos los pimientos saltan en el aceite;

así que, por favor, cuidadito. Mirad, mirad, ahora...

Cuando hablo de pollo a la miel, hablo de pollo a la miel,

con todas sus consecuencias,

y su consecuencia es esta maravillosa textura melosa;

necesito que la dejéis reducir hasta conseguir este puntito

tan sumamente genial, brillante, meloso.

Que es algo rápido, ¿eh?, porque ha estado nada de tiempo;

seis minutos, exactamente, para dejarla con esta pinta,

casi lo ha lacado. Pero tened mucho cuidado,

porque, si lo dejo más, sigue caramelizando y se quema.

¿Qué tenemos? Contramuslos listos; la miel está por ahí; piparritas,

vamos a ponerlas de una manera que quede lo más estética posible.

¿Qué nos falta? Nos falta un toque de frescura,

y, cuando hablo de frescura, se me ocurre la hierbabuena;

así que voy a coger esta hierbabuena,

que, además, está frondosa, y nos va a aportar algo

tan sumamente importante en un plato así, como la frescura;

y ya sabéis que, muchas veces, me gusta más romperla.

Encontrar en este punto meloso y dulce

este contraste y este frescor de la hierbabuena,

nos hace que el plato sea maravilloso e increíble.

Aquí está el pollo a la miel.

# Como la miel, como la miel,

# como la miel...

# ¡Como la miel! #

Ahora llega el momento de la parte dulce,

vamos a hacer una tarta de queso con miel y almendras.

Os voy a decir, primero, los ingredientes que necesitaremos.

Miel de castaña, almendra, zumo de limón, masa quebrada,

queso picón, queso crema, harina, huevo, nata y azúcar.

Lo primero que haremos es empezar a trabajar la masa, a darle forma.

Me encantan estos moldes. Tengo el papel de horno cortado

y este tipo de molde, que me hace la vida más sencilla,

que, además, le da esta forma ondulada que me gusta muchísimo.

Lo segundo que hacemos es, siempre, fijaos cómo lo hago yo,

intento hacerlo de una manera, relativamente, más cómoda.

Me gusta el rodillo, me gusta, no darle, ahora, con el rodillo,

sino, romperla al final, tal y como lo vais a ver ahora.

La intención es tocar la masa lo mínimo posible,

siempre que trabajamos con masas quebradas, brisas, hojaldres...

A las masas compradas es mejor darle el mínimo calor posible;

así que lo que hago es esto, lo que estáis viendo,

la cojo con una mano, para elevarla un poco,

para que llegue abajo pero sin que se estire,

para hacer la pared, así que le ayudo desde aquí, ¿veis?

Y la voy metiendo, poquito a poco.

Una vez aquí, voy a meter bien los deditos,

así, hasta el final, y, ahora, es la parte en la cual

utilizo el rodillo para quitar

los restos de masa.

Estos restos de masa los podemos usar para otras cosas.

Mirad qué facilito, ya, casi, tenemos la base hecha.

Ahora, vamos a meterla en el horno, porque necesita una precocción.

Primero, como siempre, vamos a hacerle los agujeritos,

para que no nos suba la masa.

Ahora, el papel grasa.

Cojo unos garbanzos

y el horno, mientras tanto, a 180 grados, está precalentándose;

lo he puesto por arriba, por abajo y con ventilador.

Me escribís mucho en redes sociales que no tenéis ventilador,

pues, no pasa nada, ponedlo por arriba y por abajo;

pero si tenéis ventilador, mejor con ventilador,

porque es una ayuda para que el calor se regularice

y esté por todos los lados de la misma manera.

Vamos para el horno y, mientras esperamos

a que pasen estos quince minutos, para que vaya precociendo la masa,

nos vamos a poner con el interior, con el relleno.

Voy a coger, por aquí, un bol grande.

En este caso, tenemos dos tipos de queso:

queso crema y queso picón.

En este caso, el queso picón tiene mucha más personalidad,

ya lo estáis viendo, y tiene mucho más sabor,

pero es que hay que darle un poco de chispa, ¿no?

Habéis visto que hemos hecho varios tipos de tartas de queso

y esta, la de hoy, tiene algo más de personalidad.

Pero es cierto que lo que añadimos es, casi, un tercio

o una cuarta parte de lo que añadimos de queso crema;

pero bueno, a mí me gusta.

Que no queréis queso picón, porque no os gusta,

pues echadle la misma cantidad que de queso picón, queso crema,

o echadle otro tipo de queso más suave, pero con personalidad.

Por aquí tenemos el queso crema,

vamos a ir varillándolo

y haciendo que sea, todavía, mucho más crema.

Tengo que reconocer una cosa con la miel;

creo que es por culpa de la película «Mi chica»

que le tengo miedo a las abejas.

No sé si os acordáis de esa película,

creo que es de los años noventa y yo era pequeñito,

había muchas abejas y le cogí un poco de miedo;

también, me pasó con «Tiburón», me daba pánico entrar en la bañera.

Cómo son las fobias, ¿eh?

Os diré que, hasta, existe un miedo

que es el miedo... ¡a cocinar!, ¿a que no lo sabíais?

Se llama mageirocofobia.

Casi nada, ¿eh? ¿Qué os parece? Miedo a cocinar...

Para eso estamos aquí nosotros, para quitaros ese miedo.

Más que miedo a cocinar supongo que será el miedo

a sufrir alguna herida, al aceite, a que te cortes, etcétera;

o a que te salga mal, también,

a que te hartes de trabajar para que salga mal.

Para que salga bien estamos aquí.

Por cierto, ¿sabéis con qué podéis seguir las recetas paso a paso

para que os salgan perfectas?

Con el libro «Hacer de comer», las mejores recetas.

De verdad, está todo contado de una forma muy facilita,

paso a paso, sencillo; podéis hacer todas las recetas

para que os salgan como me salen, exactamente, a mí.

Así que nada de miedo a cocinar.

Ya tengo la mezcla del queso crema y del queso picón,

lo siguiente que voy a añadir va a ser el huevo.

Un huevecito entero, voy a darle otra vuelta con el huevo.

Hay otra fobia que me sorprende, que es la lacanofobia;

o sea... casi nada.

No sé si sabéis que es miedo hacia los vegetales.

¡Pobres vegetales!

Yo tengo fobia a comer verduras pasadas de cocción.

¿Cómo podríamos llamarle a eso? "Sobrecocciónfobia".

Una cosa así, vaya. Bueno, mira...

Ya tenemos aquí también el huevo integrado.

Siguiente paso: voy a añadir ya el azúcar y la harina.

Así. Harina por aquí.

Integro también primero...

Azúcar. Como estáis viendo, la receta es

tremendamente sencilla.

Un poquito de paciencia, poquito a poco...

Y darle a cada ingrediente lo que necesita.

Importante el orden de los factores,

como estamos haciendo hasta ahora mismo, eh.

Muchas veces, la gente tiene un poco esa manía...

"Es que no me ha salido como a él.

Pero he empezado a echar las cosas y tal..."

El orden de los factores en la cocina

siempre altera un pelín el producto.

Nata... Para adentro. Esto tiene una pinta brutal.

Y con la miel, ya ni te digo.

Es como comerte una tabla de quesos,

porque tenemos queso crema, queso Picón,

la miel, frutos secos... ¿No?

Tiene todo su sentido.

Es importante que rompamos esta barrera.

Yo me acuerdo siempre de Albert Adrià,

grandísimo cocinero, de los tíos más creativos

que hay en este mundo.

Y él nunca veía barreras entre el dulce y el salado.

Siempre pensaba que, al final, todo era dulce y todo era salado.

Y él se dedicaba a la repostería, pero absolutamente genial.

Hoy día, hace absolutamente de todo, también.

Crema perfecta, bien mezclada, textura idónea.

Así que esto ya lo voy a dejar.

Voy a esperar a que salga la masa del horno

y así continuamos con nuestra tarta de queso,

miel y almendras.

Como veis, voy a quitar los garbancitos.

Yo soy práctico, eh. No me atrevo a pasarlos

de aquí al bote.

Con los garbancitos, nos aseguramos

de que el peso en la tarta sea perfecto.

Así. Bueno, quito el papel.

Bueno, hemos conseguido que la masa no suba

en ningún momento, porque no nos interesa.

Ahora, siguiente paso, que es añadir

esta crema de queso Picón y queso crema.

Así... Mezcla ideal.

En proporciones ideales, de verdad. Probadlo.

Os lo pido por favor. Que no os dé miedo

un poco por el queso Picón, por ese tipo de queso,

porque hemos hecho una receta que salga suavita.

Que ni para uno, ni para otro. Así, confortable.

Aunque sea este tipo de queso más azul,

lleva el queso justo para que sea agradable para todos.

Pero, a ver, tampoco os voy a mentir.

Saber a queso Picón, va a saber,

pero de una forma más elegante y más sutil

de la que, a lo mejor, tenéis en la cabeza.

Así que nos lo llevamos otra vez al horno.

Y, en esta ocasión, hemos subido la temperatura,

200 grados.

Y lo vamos a tener entre 18... o 20 minutitos.

Así que tenéis que ir viendo que se nos quede

un tono tostadete, dorado, como nos gusta a todos.

La pinta que os imagináis, así.

Voy a aprovechar para contestar preguntas

que me habéis hecho en redes sociales.

Una es: "¿Cuándo echar la sal

en la pescado, antes o después de pasarlo por la plancha?"

A ver. Todo tiene sus pros y sus contras.

La verdad, lo ideal para nosotros, siempre,

y lo hemos hecho alguna vez en el programa,

es meterlo en una salmuera unos minutitos, agua y sal.

Con siete minutitos, tendríamos de sobra.

Es lo que más me gusta para no añadir sal,

ni al principio, ni al final.

Esta es la respuesta ideal, la pro,

la que deberíais, de verdad, intentar hacer en casa.

Luego, si yo, por ejemplo, lo tengo que hacer en mi casa

y no voy a hacer una salmuera,

sinceramente, si lo voy a hacer directamente seguido,

le echo la sal y lo hago. Lo que no me gusta,

es echarle la sal y dejarlo ahí un tiempo,

porque el poro se va abriendo, suelta jugos y no me apetece.

Pero si la vais a echar justo al momento

de echarlo a la plancha, podéis hacerlo.

Si no, no lo hagáis. Simplemente, plancháis

y cuando sacáis, un poquito de sal de escamas.

Ahora sí, como he dicho, la respuesta pro es

la de meterla en un poco de salmuera.

Por otro lado, me preguntáis si siente mal comer

postres calientes.

A ver. No hay una respuesta científica como tal.

Pero es cierto que las abuelas, de toda la vida,

han dicho que no te tomes las tartas recién hechas,

que cuidado con las magdalenas,

que se te van a hinchar en la tripa...

Científicamente, no está probado.

Pero yo recuerdo así, como postres calientes

tipo suflé o "coulant", que te los comes calientes

y están absolutamente geniales y no dejan de ser

bizcochos, entre comillas. O el "apple strudel".

Imaginaos un "apple strudel" calentito.

Una tarta de manzana recién salida del horno, también.

Así que, como científicamente no hay respuestas

y aunque las abuelas saben mucho, en esta ocasión,

un beso a todas las abuelas,

pero podéis comeros postres calientes sin problema.

Vamos a esperar a que salga la tartita del horno y seguimos.

¡Mirad qué pinta!

Por cierto, no os he dicho antes que vamos a dejarla reposar

durante dos o tres horitas. ¿Vale?

Eso es importante. Pero si lo queréis dejar

de un día para otro, todavía mejor.

Esto es como unas fabes.

Al día siguiente, va a estar mejor. Así son las cosas.

Pero, bueno, me traigo por aquí...

Recordáis que le vamos a poner todavía una capa, que es la miel.

Precisamente, no lo hemos hecho todavía

y ahora es el momento.

Tengo aquí una sartencita caliente.

Recordad que teníamos un poquito de zumo de lima,

miel de castaño y esta almendra fileteada.

Yo aquí ya, que estoy calentando esto,

voy a añadir, primero, la miel...

Una vez que la almendra coja nada, un pelín de color,

añado la miel y, luego, el zumo de lima.

Mientras tanto, voy a ir sacándola del molde.

Mirad qué sencillito.

Me encanta trabajar con cosas operativas como esta.

Y seguro que vosotros, en vuestra casa, también.

Bueno, espatulita por aquí.

Meto así... Aquí.

Aquí. Perfecto.

Bueno... Lo bueno de este glaseado,

que no es una cuestión que le vaya a dar

un brillo por encima y tal, sin más,

sino que forma parte de la tarta en sí.

Le va a aportar un poco ese contraste que necesitamos

y ese punto dulce de frutos secos.

De hecho, ya voy a ir mezclando la miel y la lima.

Miel por aquí...

Así. Hay que ver cómo es el refranero popular.

Ya lo he dicho antes.

Si tomas la miel como alimento, no la tomarás como medicamento.

Bueno, esto está ya, prácticamente, hecho.

Si el refranero popular dice eso...

Es por algo.

Voy a mezclar aquí un poquito la miel y la lima.

Así, poquito a poco...

Hoy, la protagonista era la miel de abeja

y hemos querido hacer estos dos platos con miel de abeja,

en este caso, de castaño.

Pero también podéis utilizarlo con miel de caña,

que, también, le va perfectamente. Mirad.

Ya que lo tenemos, más o menos, disuelta,

la voy a disolver del todo rápidamente aquí, nada,

una cuestión de segundos.

Que se integre bien... Hay que tener mucho cuidado

con la miel y con el azúcar, porque...

Vamos, de estar perfecto a estar quemado,

la diferencia es una cuestión de segundos.

Por eso es tan importante

que estemos controlándolo continuamente.

La pasamos al otro lado. Pero lo que sí hemos conseguido,

es que esté totalmente integrada.

Así. Si es que yo, en el fondo, me gusta mucho lo dulce.

Tengo ese punto golosón. No sé si se dice así, pero bueno...

Ahí. Luego va a coger un poquito más de cuerpo.

Ahora está un poquito más líquido,

pero a medida que vaya reposando, irá cogiendo un poco más de cuerpo.

Ya sabéis que la miel va cambiando de estado.

Tiene su peculiaridad. Si la calientas,

se integra perfectamente, que es lo que hemos hecho...

Y en cuanto coja un poco más de temperatura ambiente,

se vuelve más sólida.

Así. Y esta almendrita es lo perfecto.

Punto de textura... Como si estuvieras comiéndote

una tabla de quesos con un poco de miel y frutos secos.

Le faltaría ya el membrillo para ser mi preferido.

Me encanta el membrillo con el queso.

Combinación brutal. Bueno...

Aquí tenéis nuestra segunda receta con miel del día.

Tarta de queso, miel y almendras.

(Canción "Honey Pie")

Obreras, reinas y hasta algún zángano.

A todos los debemos un poquito del menú que hemos elaborado hoy.

Una melosa y deliciosa propuesta.

Pollo a la miel y tarta de queso, miel y almendras.

Espero que hayáis disfrutado viendo cómo se hacen estas recetas

y os animo a que lo intentéis en vuestra cocina.

Nunca me cansaré de decirlo porque, más que un lema,

es una verdad como un templo.

Haz la comida y mejora tu vida.

Bueno, vamos a ver esa piparrita, que ya he dicho antes

que ese puntito frito...

del encurtido tiene su gracia.

Es diferente. Suben los picantes, sube la acidez...

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Hacer de comer - Pollo a la miel y tarta de queso, miel y almendras

21 nov 2019

Hoy, en Hacer de Comer, la gran protagonista será la miel. Dani García dará el paso a dos recetas con las que demostrará cómo se puede utilizar el dulce y el salado en la gastronomía. Cocinará pollo a la miel y, de postre, preparará una tarta de queso, miel y almendras.

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