Hacer de comer La 1

Hacer de comer

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Para todos los públicos Hacer de comer - Arroz a la cubana y tortitas de plátano con sirope de fresa - ver ahora
Transcripción completa

(Sintonía)

Bueno, Andrés, un pedazo de músico como tú que siempre lleva la batuta

no puede dejarse derrotar así. Bueno, aquí estamos

a ver qué tal este escenario.

Esto me lo pongo, ¿no, Dani? Sí, déjame que te lo arreglo.

Buenos días a todos, aquí estoy muy bien acompañado

por el maestro Andrés Salado. Músico, director de orquesta

que muchos conoceréis por ser jurado en "Prodigios",

ese estupendo programa de talentos musicales infantiles.

Ahí estamos. Pero me dice que no le sale

las puntillas en los huevos fritos, algo que pasa a mucha gente.

Imposible. No serás el primero ni el último.

No lo sé, pero no me sale. Ya que haremos un huevo frito,

haremos el plato que mejor acompaña al huevo,

un arroz a la cubana. Después, clásico de las meriendas,

unas tortitas que acompañaremos además,

con muchos toppings diferentes. Lávate las manos que digo

los ingredientes de la primera receta,

el arroz a la cubana. Necesitamos: arroz, cebolla,

azúcar, orégano, ajo, tomate,

laurel, sal, pimienta, aceite de oliva y huevos.

Me lavo las manos. ¿En tu casa también te servían

el arroz a la cubana como una montañita en un cubito?

Exactamente, con el vasito de antes típico este que lo ponías al revés.

El recuerdo que tengo del arroz a la cubana

es mi madre poniéndolo en el vasito y luego, que no se destruyera.

No se destruye. Claro, pues para hacer este arroz

necesitamos dos cosas, el arroz por un lado

y la salsa de tomate por otro. Hoy voy a usar un arroz

de grano largo, pero recuerdo que mi madre y en las casas

se usaba siempre un arroz bomba, ahora estamos más modernizados

y ahora es más fácil encontrar ese tipo de grano

que es un poco más suelto. ¿Tiene que ver con el basmati?

Sí, son arroces de grano largo que tienen la tendencia,

sobre todo, tailandesa, son arroces asiáticos.

Echa un poco más, sin miedo, ahí está.

Que no me salía el grifo, ¿así está bien, Dani?

Perfecto, solo se trata de cocinar arroz en agua.

Una pregunta, ¿no le echas un pelín de aceite?

Le echaré ahora un poco de aceite, pero estas cosas son muy polémicas

en el programa porque cada maestrillo,

nunca mejor dicho, cada maestro en el mundo musical,

cada maestrillo tiene su librillo. Sabiendo que el aceite,

se echa, entre comillas, para que quede

como un poco más suelto, Voy a poner otra ollita

para hacer la salsa de tomate, una salsa, relativamente, sencilla.

Lo que haremos ahora es ir rallando el tomate.

Sacamos aquí y te lo rallé casi todo.

Lo rallo dentro. Te lo pondré fácil,

te saco otro cacharrito. No me lo pongas fácil tampoco,

esto es como el escenario nuestro.

Siempre me pregunté un director de orquesta,

está de espaldas al público.

Estás de espaldas al público, pero está dentro de ti.

Sí, ¿no? Sí, es como la cuarta pared,

la dimensión que está detrás. Tú notas, creo,

el peso de la responsabilidad de tener a todos atrás.

Hay auditorios que tienen mucho público delante.

¿Sí? Mucho más bonito. Como una pista de basket.

Estoy más nervioso que en un escenario de música.

Mira, ahí está. Aquí, la verdad que el arroz

a la cubana es una cosa mía que quería hacer,

pero tu parte donde más nervioso te pondrás es al hacer el huevo.

Y ni te lo imaginas. ¿De verdad?

Como cuando echo un huevo frito me cojo medio metro.

Pero si eso es peor, salta mucho más

Yo sigo haciéndolo. Echo aquí un poco

de aceite de oliva para comenzar a hacer

nuestra salsa de tomate. Importante a la hora de hacer

salsa de tomate, pues buen tomate, pero aparte, que esté maduro

y eso es lo que nos hará que una salsa de tomate

sea mejor o peor, eso y reducirla bien.

Te veo con mucha maña Tú no sabes, Dani,

yo soy percusionista y hay un instrumento

que se llama güiro, que es parecido a esto,

pero en vez de tomate hay una varita.

¿Tiene las mismas...? Sí, claro, además

es como afrocubano, o sea, le va, perfectamente

a la receta. Pues nada, arroz a la güiro.

Arroz al güiro. (RÍEN)

Perfecto, podría estar bien también.

Quiero hacerte una pregunta a nivel personal,

me empieza a gustar mucho la música, reggaetón y demás,

¿la consideras música? Imagino que sí.

Por supuesto, toda música tiene una labor

y está hecha para algo y funciona con un fin específico

que es, además, lo que gusta a la gente y cada uno que disfrute

con la música que le gusta. Claro que es música

y tiene una labor: emocionar

y a cada uno le emociona como quiere.

Yo pienso que arte es lo que emociona y soy

de los que dice que un plato de tres estrellas Michelin

puede ser genial, pero cualquier otro plato

también puede serlo sin tener que ser alta cocina

pura y dura que creo que es lo más parecido

a lo sinfónico, a la orquesta o a lo clásico.

Te apetece una hamburguesa o un plato sofisticado.

Totalmente, de acuerdo. A veces, las hamburguesas

son sofisticadas también. Totalmente, de acuerdo.

Bueno, tengo el aceite caliente, me pongo aquí con este sofritito,

ya sabéis que siempre me gusta echar el ajito primero.

Te veo con maña. Bueno, mi chica

que me tiene en la cocina a tope. ¿Eres el pinche de casa?

Más o menos, luego, friego yo. Sí, ¿no?

En las parejas muchas veces existe el rol

el que cocina, no friega, a mí me pasa en casa,

como me hinche de cocinar, luego, soy el último

que se levanta de la mesa, pero, bueno, una cuestión

de equilibrio, ¿te pasa igual? Y es muy importante.

Voy a echar ya el arroz a cocer, este arroz, en concreto,

estará unos 10 minutos. Voy a echar el laurel aquí

al aceite y a la cebollita. Yo te llevo todo esto, fíjate,

como soy quien friego en casa. Perfecto.

¿En tu casa cocinas? Lo básico, viajo mucho,

entonces, lo básico por eso estoy tan nervioso hoy

con un chef como tú. ¿Cuál es el sitio

más impresionante que has dirigido?

Pues hay muchos sitios guays, pero me quedo con el palacio

de Bellas Artes de Méjico. Es inmenso además.

Inmenso y tiene una cortina de Tiffany, es enorme,

maravillosa, preciosa. ¿Y en Cuba has estado?

Nunca, mira que es uno de mis platos favoritos

y nunca estuve en Cuba. Lo gracioso es que el arroz

a la cubana no es cubano, ahora te cuento, antes echaré,

que ya tenemos aquí, como veis, bien fondeadito.

Cómo huele. El ajito... Es fundamental

cada ingrediente en su momento que suelte su aroma. Aquí, ahora,

el tomatito y dejamos cocer bien.

Una pregunta, ¿cuánto aceite

le echas, normalmente, a los sofritos?

Los sofritos es una de las cosas que absorbe muy bien el aceite.

El aceite no evapora, es importante saberlo,

el aceite estará ahí siempre de una manera u otra, o sea,

que siempre hay que echar la cantidad justa.

Aquí vemos que queda un poco por arriba y no más,

si luego vemos que necesita, pues se le echa.

Huele rico, rico. Como te decía antes,

el arroz a la cubana no es cubano. ¿Estas cosas por qué pasan?

No lo sé, la verdad, es curioso quien le puso

arroz a la cubana... ¿Pero sabes de dónde es?

No lo sé. Una de estas recetas tradicionales

que pululan. Oye, si sabéis de dónde viene,

muy fácil, en redes sociales, @hacerdecomertve,

pues no lo contáis. También quiero saberlo.

Con el hashtag #hacerdecomer, así lo veo yo siempre.

No sé cómo lo visteis vosotros, pero viendo "Prodigios"

alucinaba con los niños. Son auténticos chavales

con talento, se ponen delante de cámaras con 10-11 años,

con todo el público, es una cosa tremenda.

Yo me pongo más nervioso. Y hemos sufrido mucho.

Vuestras caras demostraban... Horror.

Han pasado tantas cosas. Pasión, amor, de todo,

además, los chicos no tienen filtro entonces, cuando le dices algo

ellos no saben cómo disimular, ellos según lo reciben,

te lo comunican con su cara. Son 100% como aparecen.

Como el tomate, natural. Maestro, ahora nos queda tener

un poquitín de paciencia, esperamos a que termine

de cocerse el arroz y a que reduzca la salsa de tomate.

(Música)

Estamos colando el arroz por un lado y por este lado,

como veis, ya tengo reducida la salsa de tomate.

¿Cómo lo llevas? Apurando los granitos de arroz.

Ahora es cuando llega el momento de echar la sal,

el azúcar y el orégano a la salsa de tomate.

El tema del azúcar, estamos acostumbrados a añadir

azúcar a la salsa de tomate para compensar la acidez.

Si usáis el tomate bien maduro como dije al principio,

pues necesitaremos echarle mucho menos azúcar

o, en muchos casos, ni siquiera echarle azúcar.

Le echo un poco de sal primero, echo muy poco azúcar

porque sé que usamos tomates muy maduros y lo redijimos

mucho que es donde se concentra un poco ese azúcar y ese aroma

del tomate, así. Siempre digo lo mismo

tú coges 10 cocineros, les das, exactamente,

los 10 mismos ingredientes para hacer una paella

y salen 10 paellas, totalmente, diferentes.

Igual que la música. ¿Igual, no?

Igual que la música, exactamente, lo mismo.

Claro, porque vuestro cometido es que todo suene, exactamente...

Bueno, esta energía que tú tienes y esta pasión al hablar de cocina

es lo mismo en el podio al dirigir una orquesta.

Al final, es todo energía y cómo comunicas

esa energía a los músicos. ¿Y con la batuta...?

La batuta es una extensión de tu cuerpo, muchos directores

que dirigen sin batuta. O sea, es mucho más ahora aquí.

Me molan mucho esos movimientos. La primera batuta de la historia

fue un bastón, un palo que daban en el suelo

y el primer director de orquesta que murió se dio en su pie,

se le gangrenó el pie y murió. Es un compositor muy famoso, Lully,

muerto en acto de servicio. Pobrecillo.

¿Ha pasado alguna vez algo con algún cocinero?

Imagino que algo pasaría,

alguien se cortaría, antiguamente, Sí.

Son profesiones de riesgo. También.

Yo todavía estoy asustado por lo de los huevos

que vienen después. Estoy intentando canalizarlo.

Ya queda poco para que lleguen tus huevos fritos.

Pero antes, voy a echar los aromáticos.

A lo mejor, os preguntáis:

¿Por qué no lo ha echado antes, aunque sea seco?

La verdad es que, en este caso, no es necesario.

Llega el momento de retirar al laurel

antes de triturar la salsa.

Pero, sobre todo, se está acercando el momento de los huevos fritos.

Sé que hay gente en casa que se apiadará de mí

al echar los huevos. Solo falta ponerse una escafandra.

Me encanta el ritual de la salsa de tomate.

Tengo que decir que el color cambia radicalmente.

Y es una de las pocas cosas que no me gusta

del hecho de triturar una salsa de tomate.

Lo digo porque también, que la salsa se quede así,

es totalmente válido. Está como más rústica.

Exacto. Estos trocitos también son textura.

Y esta textura, en muchos casos, es agradable.

¿Sabes que en música también hay texturas?

Oye, que mundo el vuestro. Increíble.

Es un mundo bonito. Además, tiene mucha relación

con la comida. Yo creo que sí, la verdad.

Los canelones. Canelones Rossini.

Sí. Fue él, que es un gran compositor. Claro.

Cuéntalo. Cuéntalo tú. Era un compositor muy famoso,

muy talentoso, pero le gustaba mucho comer.

Vamos a triturar la salsita.

Vais a ver que palidece un poquito.

¿Te quito el platito este? Venga. Aprovecha ya.

Qué maravilla que a los directores de orquesta

se os llame "maestros".

Sí. Igual que a vosotros "chef". A nivel personal, es una cosa

que yo he visto como muy afrancesada,

que me llamen "chef". ¿A ti te gusta? ¿Te molesta?

No. ¿Es algo tradicional?

Al principio, no me gustaba nada.

Te sonaba raro. Cuando tú vas a una orquesta,

no te van a llamar por tu nombre gente que no te conoce.

Al final, es como en cocinas.

Es un protocolo. Imagino que tocáis

con muchísimos... Gente que es la primera vez

que ves en tu vida. Claro.

Además, son relaciones que duran una semana. Te vuelves.

Fíjate cómo cambia el color. Sí. Va cambiando. La salsa está.

La hemos hecho más finita. Se ha vuelto como más naranjita.

Al emulsionar, pasa eso.

Esto ya está y huele tremendamente bien.

¿Sabes a qué me huele a mí? A adolescencia.

Sí, ¿no? Cuando llegabas...

A casa, eh. Salsita de tomate. A casita de la abuela.

De toda la vida. Tírale. Qué rico.

Está muy buena, eh.

¡Qué rico! ¿Sabes qué pasa?

Tiene ese punto... Se va atrás.

Exactamente. Yo soy un poco músico en el fondo.

Esto lo dejamos por aquí. Y vamos a lo que vamos.

¿Me puedo ir en este momento?

Venga, enséñame tú cómo lo haces.

Pues... Le echamos... A tu manera.

Yo no te voy a decir nada.

Un poquito de aceite, ¿no? Venga.

Echamos. Te voy a traer yo el huevo.

¿Le echo generosamente? ¿Echas el huevo directamente

o necesitas un cacharrito? No, no.

Cascar, voy a dejar que lo hagas tú.

Vale. Pero lo echo aquí ahora, ¿no?

Bueno... Me estás poniendo nervioso, chef.

Tú, a tu manera. Yo te lo estoy poniendo aquí.

Tú lo haces así, ¿no? Ah, venga. Tírale.

Ah, bueno, no pasa nada. Mira cómo me ha salido el huevo.

No has calentado mucho el aceite, ¿no?

¡Ah, claro! Bueno, vamos a ver

cómo queda el tuyo.

(RÍE) Desastre de huevo.

Yo voy a ir preparando la mía.

Yo creo que esto... A mí esos huevos me gustan también.

Tengo que decir que es muy daliniano.

Sí. Es un rollo... Es un huevo Dalí.

Los artistas sois así. Kandinsky.

Le puedes sacar hasta... Fíjate cómo se marida la clara.

Oye, eso no es tampoco fácil de hacer.

¿Sabes qué pasa? Que para sacarle ese punto dorado,

ese punto de puntillita, tiene que ser desde el minuto uno.

A corona, ¿no? Claro. Desde el segundo uno.

¿Qué necesitas para ello? Potencia, calor.

Yo siempre he llamado a esta textura que te queda

cuando no lo calientas antes, una textura muy plasticosa.

Lo que voy a hacer, además, es sacarlo.

¡Madre de Dios! Yo creo que nos lo comeremos.

Ojo. Una cosa es que se puede hacer mucho mejor

y otra cosa que esté bueno.

Lo voy a sacar ya para no tener tampoco muy...

Bueno, me ha gustado mucho cómo te has ido apartando

poco a poco. Sí. Porque he visto...

Que aquello saltaba, ¿no?

En modo casa. Importantísimo para hacer

un huevo frito. Punto número uno: no tener miedo.

Como el que yo he tenido, el pánico que he tenido.

Eso es, de verdad, absolutamente vital. Mira.

Voy a quitar esto por aquí.

Punto número dos para el huevo frito perfecto...

Voy a aprovechar el mismo aceite.

Bueno, voy a dejar aquí.

Punto número dos para hacer un huevo frito perfecto.

Fuegos artificiales. No apartarse cuando salga.

Hay que aguantar como un campeón. No me fastidies.

Es importante que esté como está ahora.

Y yo hoy lo voy a hacer con poco aceite.

Es fundamental hacerlo con aceite de oliva.

Vamos a hacer la versión más económica

y que puede salir igual de buena.

Primero, le pongo sal. Al mío no le has puesto sal.

No le has puesto tú. Era el tuyo.

Me has engañado. Eso no vale.

No hay excusa, eh. Entonces, el mío te lo comes tú.

Me lo como yo.

Oye, yo me lo como, que también me gusta, eh.

Pero me gusta más este puntito. Le voy a dar más caña.

Vamos allá.

Ahora ya voy moviéndolo un poco.

Que se nos va pasando mucho por el lado, ¿qué hago?

Subirlo un poquito.

Para que coja por el otro lado la puntillita.

Ah, amigo. Ahí está.

En el caso que, como en este, esta parte nos queda

un poco menos, lo termino de cocinar aquí.

¡Anda! Fíjate. Y se pone más doradito.

Y ahora ya vamos a emplatar.

Me hace ilusión emplatarlo como lo hacía mi madre y mi abuela.

Ve rellenándome el bol de arroz.

¿Te lo pongo hasta arriba? Sí. A ras.

A ras. Vale, perfecto.

Hay que presionarlo bien, que quepa. Ahí, sin miedo.

No te preocupes. Te quedas a comer, ¿no?

¿Cómo no voy a quedarme a comer con un chef como tú?

Vamos a hacer unas tortitas.

Ah. ¿Cuál es tu ingrediente favorito

para acompañar unas tortitas?

Mi ingrediente favorito... A ver. El mango.

El mango. Bueno, hoy no tengo mango.

¿No tienes mango en la cocina? Mira que tengo acompañamiento

preparado y no tengo mango.

Puedes ir a por él, ¿no? Sí. Por supuesto.

Yo hago lo que tú me digas. Perfecto.

Aquí hay que presionar. Hay que presionar un poco más.

A ras puro y duro. Ahí.

Listo. Hace muchos años que no hago arroz a la cubana.

Veremos a ver si nos sale.

Vamos a ponerlo así. De esta manera,

nos vamos a arriesgar bastante menos.

Me lo voy a traer aquí al bordecito. Así.

Le vamos a dar la vuelta.

Eso con los bizcochos se hace. También. Unos toquecitos.

Y... ¡Oh, perfecto! Perfecto.

Esto es un arroz a la cubana de los de toda la vida.

Mira. Así.

Oye, qué buena pinta tiene esto. Maravilloso.

Ahora le voy a poner el huevo con muchísimo cuidadito.

¡Madre mía! Tu huevo nos lo comeremos.

Pero... Así. Mira.

Maestro. Te diría que mi huevo

no saliera en esta obra de arte.

Muchísimas gracias. Un placer.

Te vas a por los mangos y te espero aquí de vuelta.

Por supuesto. Voy corriendo. Hasta ahora. Adiós.

Y aquí os dejo con este maravilloso arroz a la cubana.

(Canción "Wild Young Hearts")

Ahora es el turno de las tortitas.

¿Quién no ha merendado alguna vez tortitas?

Hoy las vamos a hacer con diferentes "toppings",

todos bastante originales.

Vamos a hacer las tortitas, por un lado, con infusión de fresa.

Por otro lado, haremos un plátano flambeado.

Y luego, haremos unas cuantas rellenas de frutas. Vamos a ello.

Para la infusión de fresa, necesitaremos fresas y azúcar.

Para el plátano flambeado: azúcar, plátano y brandi.

Para la masa de tortitas o "pancakes":

harina, azúcar, un poquito de sal,

levadura química, huevo, leche y mantequilla.

Y para añadir dentro de la masa: arándanos, por un lado,

kiwi, por otro, fresas y pepitas de chocolate.

Además de nata montada. Lo primero que vamos a hacer,

es infusionar las fresas.

Esto es algo que aprendí cuando cocinaba Martín Berasategui.

Había un postre genial,

os hablo de un tres Estrellas Michelín,

que era una infusión de frutos rojos.

De esta receta que hoy vamos a utilizar

para esa especie, un poco, de sirope, entre comillas,

para los "pancakes",

es una receta que podéis utilizar para muchísimas otras cosas.

Ollita con agua. Lo vamos a cocinar al baño maría,

que imagino que todos sabéis cómo se cocina al baño maría.

No deja de ser una cocción que se acaba haciendo

con el vapor del agua.

Pongo la olla, prácticamente, a mitad de agua.

Y la pongo a hervir.

Por otro lado, me saco este bol.

Y aquí voy a echar todas las fresas, menos una.

Porque una me la voy a guardar para añadírsela dentro

a la masa de tortita. Así.

Las tortitas son una maravilla para desayunar, para merendar.

Y te las comes y te sientan divinamente.

Fresas. Ahora añado el azúcar.

Y lo que vamos a hacer, es que sude.

¿Qué hacía en Martín Berasategui

o qué me enseñó Martín a hacer? Lo que hacíamos era congelar

los frutos rojos. Y no solo lo hacíamos de fresa.

Esta infusión se podía hacer con arándanos, frambuesas, moras...

Con, básicamente, lo que queráis.

Aquí lo que voy a hacer ahora, es filmarla perfectamente.

Queremos que todo ese vapor que queda dentro,

nos sirva para que la fresa sude y suelte todo su jugo natural.

Que se va a juntar con el azúcar y nos va a hacer este sirope.

Así que esto lo pongo aquí, que se vaya haciendo

poco a poco durante dos horas.

Y, ahora, vamos a ir con el plátano flambeado;

vamos a necesitar una sartén, que pondremos a fuego medio.

Como siempre, ya lo sabéis, cuando hacemos un caramelo

echamos el azúcar y, por precaución,

lo que yo hago es coger un pelín de agua y añadírsela.

Este poquito de agua será más que suficiente,

porque este agua, después se evaporará,

para tener más seguridad a la hora de hacer el caramelo.

Voy a pelar el plátano...

Cuando empecé en la cocina cogí la manía de pelarlo así;

fijaos, le doy un cortecito aquí, le doy otro corte por abajo

y ya sale, perfectamente.

Tenemos que esperar a que el caramelo se dore,

vemos que el agua se está evaporando

y se está convirtiendo en lo que sería un jarabe.

Corto el platanito en rodajitas.

Este es el punto ideal para añadir el plátano,

voy a dejar que marque un pelín, y, ahora, lo voy a mover un poco.

Mirad, una vez que está así, le doy la vuelta uno a uno

y lo que haré, ahora, es añadir un poco de brandy,

y, ahora, lo que voy a hacer es quemarlo, un poquito;

con el brandy flambeado solo nos queda reducirlo.

Fijaos qué pinta de caramelización tiene este plátano.

Mientras, voy a recordaos que ya está a la venta

el libro "Hacer de comer", las mejores recetas.

Pídelo ya en tu punto de venta habitual.

Voy a ver cómo va el plátano, que está perfecto,

tampoco quiero dejarlo reducir a seco,

porque al final, también, quiero añadirle bastante caramelo

por encima de las tortitas.

Aquí tenemos el plátano flambeado

y esperamos a que se haga la infusión de fresas.

Mirad cómo se ha inflado, hay que tener cuidado,

porque el vapor, siempre, quema, así que dejadlo, tranquilamente,

lo apagáis y dejáis que se vaya bajando;

mientras tanto, me voy a poner con la masa de las tortitas.

Voy a sacar un bol y voy a sacar un tamizador,

que es un colador.

Voy a echar la harina aquí para tamizarla

y, además, la levadura química, junto a la harina, para tamizarla.

Es un proceso que merece mucho la pena,

porque, al final, evitamos estas pelotitas que hay.

Seguimos con la masa de las tortitas,

lo que voy a hacer es coger la leche;

la mantequilla, que la fundiré; y un huevo;

además, de la tradicional pizca de sal

que se le añade a las preparaciones dulces.

Voy a coger la mantequilla y la meteré en el microondas,

necesito fundirla para integrarla en la salsa.

Ya tengo aquí la harina, la sal y la levadura,

voy a ir añadiendo la leche, poco a poco.

La verdad es que me encanta hacer tortitas,

porque la primera que se hace, siempre, sale mal

y si no sale mal, me la como yo, igualmente, siempre me gusta.

Ya hemos integrado la leche, fijaos la textura que tiene.

Voy a añadir, ahora mismo, el huevo;

rompo el huevo y lo integro, perfectamente.

La textura es importante; en esta textura, tengo una tortita,

si añadiera más leche, sería más líquida y tendría crepes.

Si queréis, en casa, hacéis una masa y la partís en dos,

mitad para una y mitad para otra. Voy a por la mantequilla.

A mí, lo que más me gusta hacer, os lo voy a confesar, son crepes,

pero lo que menos me cuesta hacer son tortitas. ¿Cuál es la razón?

Porque hacer tortitas es más sencillo que haces crepes,

a la hora, sobre todo, de terminarlas en la sartén.

Echamos la mantequilla, es importante integrarla bien.

Tened en cuenta que la masa irá enfriando

y la mantequilla irá cuajando. Todo para adentro.

Qué pinta que tiene y qué brillo.

Se me ha olvidado algo fundamental de las tortitas,

que es el azúcar.

Si echamos más sal y no echamos el azúcar,

puede ser una base para cualquier receta salada.

Vamos a sacar la sartén...

Voy a sacar unos boles, también, porque lo que quiero

es hacerme tortitas con relleno y tortitas sin relleno.

Lo bueno de esta masa es que acepta todos los acompañamientos.

Primero, voy a empezar por las tradicionales,

por las que soléis hacer en casa; para ello necesito más mantequilla

y que la sartén esté caliente, pero no en exceso,

si no, se nos va a quemar. Voy a coger un trozo de mantequilla

y se la voy a echar a la sartén.

Aquí notaréis que está caliente, pero tampoco en exceso.

Lo que suelo hacer, siempre, es coger un poco de papel

y limpiar la sartén; no quito toda,

pero sí quito un poco, de esta manera.

No quiero excesos de grasas.

Con la mantequilla caliente es el momento de echar la masa.

A la hora de echarla a la sartén; mojamos, un poquito, el cazo,

lo subimos, un poco, dejamos que termine de chorrear

y te vienes a la sartén para volcarlo.

Echas todo el cazo, esa medida es importante,

que la medida sea, siempre, igual.

¿Cómo vais a ver que está hecho? Muy sencillo.

Vais a ir viendo que pierde aire y empieza a burbujear,

es el momento de darle la vuelta. Voy a aprovechar

para ir echando cacitos de masa, para hacer tortitas de sabores.

Podéis rellenarlas con lo que queráis.

En esta voy a poner chocolate y, ahora, lo mezclaremos,

por aquí, por un ladito; esta será otra diferente,

echamos un poquito de masa aquí y le vamos a añadir el kiwi.

Más cositas...

Echo masa para otra tortita, mientras vigilo la de la sartén,

en este caso, le vamos a echar los arándanos;

nos quedaría hacer la de fresa, echamos un cacito de masa

en este bol, pero la fresa no la voy a poner entera,

tengo aquí el cuchillo para trocearla.

Fijaos cómo van saliendo, poquito a poco, más burbujas;

ahora es el momento de poder darle la vuelta.

Cojo y le doy la vuelta,

es la primera de la ronda de tortitas que vamos a hacer.

No es necesario echar mantequilla entre una tortita y otra.

Voy a seguir haciendo las tortitas que me quedan

y, de paso, aprovecho para que se vaya el vapor

de nuestra infusión de fresas.

La última tortita... fijaos.

La pondré por el otro lado, que es más estético,

pero quiero que veáis cómo queda la fruta dentro.

Por ejemplo, tenemos el kiwi,

y aquí tenemos la fresa y el chocolate.

Qué buena forma de meter fruta en un postre tan rico como este.

Por un lado, tenemos una montaña de tortitas, muy a la americana,

lo que haré es ponerle, muy a la americana,

el platanito, así, con su caramelito.

No os imagináis cómo huele. Voy a poner aquí la nata montada,

que es un acompañamiento tradicional y fácil,

hoy no montaremos con las manos, ya tenemos mucho con las tortitas,

hemos escogido estos botes que encontráis en cualquier lado.

Aquí tenemos este maravilloso sirope, o infusión, de fresas.

Voy a coger, un poquito, para que veáis qué color, ¿eh?

Es la fresa en estado puro, el agua de vegetación, el néctar.

Fijaos cómo empapa la tortita el néctar y la esencia de la fresa.

Estos trocitos de fresa los podéis triturar,

guardar en la nevera y es como una mermelada,

un poquito menos dulce que una mermelada.

¿Qué nos faltaría?

Creo que lo sabéis utilizar todos, pero es importante moverlo bien

y, luego, al ponerlo boca abajo, presionar sin miedo.

Aquí otro poquito

y aquí otro poquito.

A ver si viene Andrés con el mango, porque tengo muchas ganas

de hincarle el diente al arroz a la cubana y a estas tortitas;

mientras viene, voy a preparar fruta fresca cortada

para que acompañen, también, a estas maravillosas tortitas.

("To The Unknown", Jason Tarver)

("To The Unknown", Jason Tarver)

Dani, aquí tienes los mangos. Ay, qué buenos los mangos.

Me ha costado encontrarlos.

¿Sí? Pues yo, la verdad, te he preparado muchas cosas.

Hay todo tipo de frutas.

Hay fresas... Pero decías que tu favorito es el mango.

Mis mangos van a quedar muy pobres al lado de tanto color.

Qué va, van fenomenal. Los voy a poner aquí,

los pongo al lado de las flores, que quedan bien.

¿Qué te apetece? Qué espectáculo, no lo sé, ¿eh?

Las tortitas se pueden tomar de postre; de desayuno;

de merienda; de cena; de madrugada, cuando llegas de fiesta...

Que es cuando mejor sientan. Desde luego.

¿Por dónde empiezas? No sé, por el arroz...

Sírvete, empieza por donde quieras, que yo me voy despidiendo.

En el programa de hoy hemos visto cómo elaborar

de manera perfecta dos recetas muy sencillas y que gustan a todos:

arroz a la cubana y unas maravillosas tortitas,

dos platos que te sacarán de un apuro en más de una ocasión.

Por favor, hazme caso, haz la comida y mejora tu vida.

Andrés, ¿te cuento mi secreto? Sé que seré criticado, pero...

A ver...

Mi madre hacía la salsa de tomate y yo le echaba kétchup.

No me lo creo. Desde chiquitito.

¿En serio? Qué valiente, ¿eh?

Me gusta el arroz blanco con el kétchup.

Son gustos personales, da igual que tenga tres Estrellas.

Es como hemos dicho antes, a veces, te apetece una hamburguesa

y otras, algo sofisticado. Claro que sí.

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Hacer de comer - Arroz a la cubana y tortitas de plátano con sirope de fresa

26 jul 2019

Hoy en el programa Dani García recibe la visita del maestro Andrés Salado, músico, director de orquesta y juez de Prodigios. Andrés pregunta cómo puede hacer el huevo frito con puntilla, es decir, en el punto perfecto. Dani García resuelve su problema mientras cocinan juntos un arroz a la cubana.

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