Hacer de comer La 1

Hacer de comer

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Para todos los públicos Hacer de comer - Almejas marineras y profiteroles de nata y chocolate - ver ahora
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(Sintonía)

(Sintonía)

feliz

feliz.

¡Oh, qué rabia! Con lo bien que iba...

Buenos días a todos, ¿os pasa como a mí?

¿Os da mucha rabia cuando algo no sale como queréis?

Pues eso no os va a pasar con las recetas de hoy,

porque vamos a hacer un menú muy sencillo y resultón.

El menú de esta mañana arranca con almejas a la marinera,

que nos van a traer el sabor de Galicia a nuestra mesa,

y, después, pasará por aquí la cantante Edurne,

que quiere hacer unos profiteroles rellenos de nata y chocolate,

y resulta, que no le salen muy bien;

pero, lo primero, las almejas.

Me voy lavando las manos y os cuento los ingredientes.

Vamos a necesitar almejas, vino blanco, ajo, guindilla,

pimentón, harina, sal, tomate, cebolleta,

aceite de oliva y perejil.

Os voy a explicar qué almejas podemos encontrar en el mercado:

la almeja fina que veis aquí,

son, probablemente, las de mayor tamaño;

la japonesa o japónica; la rubia y, luego, la babosa.

Cualquiera de estas cuatro, para esta receta, nos sirve.

¿Cuál es la diferencia entre ellas? Primero, evidentemente, el precio.

La más cara es la fina, es más yodada

y nos va a aportar muchísimo, muchísimo sabor,

es un sabor mucho más limpio y elegante.

Es, probablemente, la única almeja, de las cuatro,

que uno se puede comer, tranquilamente, en crudo;

la japónica, probablemente, también,

pero tanto la japónica, como la rubia, como la babosa

son almejas que merece más la pena comerlas cocinadas que en crudo.

Como veis, se distinguen, rápidamente;

la fina tiene las estrías más marcadas, hay más estrías,

son, por lo tanto, de mayor edad;

según las estrías que tengan, así tienen años de vida.

La japónica es, un poco, más pequeña

y va cambiando de color, podemos encontrar tonos verdosos,

como veis aquí, y la cáscara es algo más rugosa.

La rubia, casi, por su propio nombre,

en vez de rubia, podría ser pelirroja.

Y, luego, la babosa, tiene un punto más baboso, lo que es la carne.

Cualquiera de las cuatro hay que cocinarlas lo justo,

porque tenemos esa tendencia de cocinar los moluscos demasiado,

y la almeja, en cuanto se abra, ya está hecha;

además, te la puedes comer cruda, imaginaos.

No me gusta ver estas preparaciones y recetas donde la almeja

acaba, básicamente, consumida por su cocción;

en vez de comernos un bicho así de grande,

acabamos comiéndonos un bicho así y seco.

Eso no lo hagáis, cuando la almeja se abra hay que consumirla.

Lo que quiero es que cuando vayáis al mercado sepáis distinguir

entre una fina y una japónica.

aunque nosotros, que somos finos, lo haremos con la fina.

Vamos a empezar a cocinar, vamos a sacar, primero,

una sartencita grande, por aquí.

Imprescindible, siempre que cocinemos moluscos,

una sartén con tapadera, es fundamental.

El molusco necesita, un poco, esa condensación de calor y vapor

para que se abra, como he dicho, lo antes posible, de eso se trata.

Por otro lado, sabemos que una marinera

es una preparación, sobre todo, en la que hay tomate

y en la que hay, también, un puntito picante.

Vamos a empezar calentando el aceite,

donde pondremos, primero, como siempre, el ajo.

Primero, el aceite y el ajito, que ya lo tengo cortado,

lo pongo al lado y echo el aceite; lo segundo, la cebolla.

Cómo me gustan los moluscos y ese sabor yodado

que nos aportan a cualquier receta, es fundamental.

Habéis visto que no he puesto fumet,

a veces, encontraréis fumet, pero yo soy de los que piensa

que cuando haces una almeja, su fumet es lo que lleva dentro,

el fumet es lo que vamos a encontrar aquí dentro.

No pongáis otro caldo de pescado que, la verdad,

nos va a quitar y a lavar el verdadero sabor de la almeja;

dejad que la almeja suelte todo su caldo.

También, tenemos la manía de echar agua y sal para quitarle la arena,

creo que eso lo hace, absolutamente, todo el mundo,

pero la mayoría de la gente echa mucha agua y un poco de sal.

El agua que echaremos para quitar la arena a los moluscos,

sobre todo, a nivel de almejas, coquinas, chirlas, etcétera,

no debe sumergirlas en exceso, tiene que tener un puntito

en el cuál puedan salir, respirar y soltar la arena.

Echamos mucha agua porque pensamos que se lavarán mejor

y eso no es así, no es real.

Cortamos la cebolla en "brunoise", un poco más basto,

no hace falta ser tan fino.

Vemos el aceite y voy a ir echando el ajito,

en cuanto baila, echamos dentro la cebollita.

Podríamos echarle laurel, si os gusto, pero hoy no lo haré,

porque tenemos el pimentón, el picante y tal,

no es necesario con el vino blanco,

pero podríamos echar otra especia o alguna hierba.

Nuestra cebollita fondeando. He hecho esta receta con almejas,

pero se puede hacer con chipirones, los marcas, los sacas,

haces la salsa y lo vuelves a meter,

en este caso, necesitaríamos un poco de fumet,

pero nunca utilicéis fumet en una marinera,

aunque sé que muchas recetas vienen así,

pero el fumet es lo que hay dentro de cada molusco que hagamos;

ya sea el que sea, ¿eh?

Sea, tranquilamente, un mejillón o sean almejas, ¿vale?

O unos berberechos, hablamos de otro nivel,

pero unos berberechos serían geniales.

Vamos a rallar...

El tomate lo vamos a rallar.

¿Podríamos picarlo? Sí, pero creo que... no sé...

El rallado me gusta, me gusta bastante.

Aquí podemos elegir rallado, y creo que será mejor el grueso.

Algo tipo así...

Me resulta más sencillo y la piel se me queda ahí.

En serio, aprovechad hasta el último milímetro

de tomate y de pulpa.

Las almejas pueden ser más nutritivas que el pollo,

aportan la misma cantidad de proteínas

pero, además, ofrece más minerales y vitaminas.

Soy muy de almejas marineras de almejas en salsa verde,

soy muy de almejas al vapor...

Me encanta, a penas lo he visto, cómo hacía las almejas mi padre.

Mi padre compraba, normalmente, la japónica,

porque en aquella época no era fácil encontrar la fina;

cogía la japónica la ponía en una plancha,

le ponía un trapo húmedo encima y dejaba que se abriera.

Era como algo... no sé, era un híbrido

entre una especie de salteado, sin grasa, con vapor,

tremendamente natural, que eso merece la pena,

porque la almeja tiene tanto sabor dentro,

que merece la pena aprovecharlo; No es como otras proteínas

a las que tienes que añadirle otros sabores.

Veis que acabo de echar el tomate, vamos a mezclar bien.

Si estáis pensando en la sal, como decíamos, aquí dentro

no solo hay un fumet propio de la almeja,

ese fumet contiene mucha sal; por lo tanto, siempre, al final.

Voy a ir quitándole el agua y acercando por aquí,

lo que son, digamos, los aromáticos.

Tenemos esto preparado y, ahora, lo que vamos a hacer es echarle...

Tenemos una guindilla, a mí me gusta partir la guindilla;

por otro lado, el pimentón, lo voy a echar aquí;

y aquí al ladito, un puñadito de harina.

Qué bien huele, me encanta el pimentón cuando toca aceite,

que es cuando saca todo su aroma.

Movemos, un poquito, e intentamos evitar el sabor de harina cruda;

el único objetivo es que espese, un poco, la salsa.

Vino blanco, ¿veis lo que hemos echado?

Quiero que reduzca la mitad.

Os voy a enseñar a picar perejil, parece algo muy sencillo

pero que, en el fondo, no es tan fácil;

sobre todo hacerlo de una pasada.

Lo que haré es meter en medio de mis dedos el perejil

y lo subo hasta arriba, ¿lo veis?

Esto mismo lo hago con unas cuantas ramitas.

Mirad... Muevo la salsa, un poquito.

Mirad lo que hago, fijaos...

Giro las ramas, un poquito, para saber dónde tengo que cortar.

Quito los tallos y los guardo, sobre todo, para hacer caldos.

Y, ahora, voy cortando finito, poquito a poco,

como mucho, quiero hacer dos pasadas,

y si puedo una, mejor, aunque quede algo más feo.

Prefiero hacer una pasada y que suelte su aroma,

a hacer dos, tres o cuatro pasadas y que me sepa a perejil oxidado.

Muy bien, mirad... Así es como se ve bien

que está bien picado, que no está machacadito, ¿vale?

En este caso, no lo pico más, lo dejo en estos hilos,

que sería, casi, una especie de juliana fina de perejil.

Mirad cómo está esto.

Habéis visto que ha reducido a la mitad, o más;

no tengáis miedo, hay que dejarlo con esta cantidad de líquido.

Subimos el fuego, echamos la almeja, ¿vale?

Que están escurridas y bien lavaditas.

Vais a ver cómo la almeja va a hacer su propio trabajo.

Imprescindible a la hora de hacer esto,

taparlas, porque si no, nos va a costar mucho que abran.

Necesitamos esta cocción pura y dura de, casi, vapor,

para que la almeja se abra mucho antes.

Ya veréis como en cuestión de minuto y medio o dos minutos

se han abierto todas las almejas.

Ahí, en dos minutitos ya se van abriendo...

A mí no me gusta que estén mucho, así que aunque no...

Una de las cosas que tenemos que hacer es...

Las almejas abiertas las echamos al plato.

Si quedan algunas cerradas las dejamos hasta que se abran

y si no, nosotros las forzamos a que se abran.

Cuando veamos, como es el caso, que están semiabiertas

sí que podemos abrirlas nosotros, como acabo de hacer ahora;

pero no intentéis abrir la que esté muy cerrada,

porque puede tener algún problema o que esté muerta.

Las que vienen rotas, también, intentad evitarlas.

Voy a probar la salsa, ahora es fundamental,

porque, además, no solo podemos rectificar,

podemos hacer lo que hago,

que es dejarla reducir un poquito más.

No le echaría sal, la dejaría reducir más

a añadirle sal, ¿vale?

Es que no necesita sal. Oh, pica, eh.

Con esa guindillita le da ese toquecito picante

perfecto, casi se me olvida,

se nota... Es que le echamos guindilla.

Bueno, ahora, momento perfecto

de añadirle el perejil. Igual el perejil el mínimo tiempo,

no me dejéis aquí el perejil cociendo mucho.

En cualquier preparación con perejil no hace falta

que el perejil cueza aquí,

lo que he hecho yo, este poquito nada más.

Y ahora, intentamos también hacerlo de manera bonita

y lógica, en cada conchita, en cada bicho nos caiga

nuestra salsita marinera. Cómo huele esto.

Vale, bueno, lo llenamos, sobre todo, para que cuando

coja la almejita nos llevemos toda la salsa a la boca.

Aquí tenemos ya

nuestras almejitas a la marinera.

(Música)

Bienvenida a mi casa. Guau, qué bonito, me encanta,

qué chulo, vaya cocina.

Quieres que hagamos unos profiteroles.

Sí, pero sabes por qué quiero hacerlos.

¿Qué te pasa? Yo no sé qué me pasa

en la cocina que no hay manera

y mira que le pongo todo mi cariño,

mi empeño y todo y los profiteroles

es algo que me parece complicadísimo.

Necesito, por favor, que me ayudes porque,

bueno, en general, soy bastante mala cocinando.

El mundo pastelería... Además son como muchas cosas,

la mezcla bien, las cantidades, el horno.

No, no, todo, la cocina y más la repostería

es cuestión de sensibilidad. Todo es lo que va pasando

y cualquier paso te chafa la receta.

Tengo muchas experiencias muy malas, tú no sabes

a quién has invitado a cocinar,

pero puede ser un antes y un después.

Claro que sí. Y, a lo mejor,

después de estar contigo, no sé, crece en mí una cocinera interna.

O una pastelera increíble. O una pastelera, esperemos que sí.

Quién sabe, bueno, lávate las manos que yo digo los ingredientes.

Vale. Para hacer estos profiteroles

necesitamos: agua, mantequilla,

harina, sal, azúcar, azúcar glas, chocolate,

huevo y dos natas, una para el chocolate

y otra para el relleno. Como quiero que practiques,

vamos a ir echando el agua y la mantequilla.

Vale, siento bastante presión,

la verdad, ¿toda esta mantequilla echo?

Toda la mantequilla, a tope.

Y la echo directamente. Ahí, exacto.

Mira, mira, una cucharita,

una cucharita para hacer las cosas bien, ahí.

Yo tengo pendiente, te lo prometo, uno de mis retos

es cocinar bien, o sea, yo no pierdo la fe

que eso es importante. Todo es práctica,

a ver, yo lo comprendo, yo no sé cantar.

Ni creo que practicando supiera. Que sí, todo es ponerse también.

No, pero ni interpretar. Un día vamos a un karaoke

que vea cómo cantas. La gente me dice:

"Hacer tele y tal", pero lo que cuento

es lo que hago toda mi vida tampoco interpreto algo,

pero a ti te veo interpretar y eso es, tremendamente, difícil.

Bueno, todo es ponerse. Bueno, yo hago de mí mismo.

Pero interpretas platos también y tienen su historia.

Eso sí, bueno, ¿tú eres de karaoke? Yo empecé cantando karaoke,

empecé en un grupo infantil con nueve años.

¿Con nueve años ya cantabas? Con nueve años ya,

con nueve años fue cuando subí a un escenario y me di cuenta

que quería dedicarme a la música. Ahí cuando subí la primera vez

a un concierto, dije: "Esta sensación, yo quiero cantar".

Bueno, vamos allá. Los profiteroles se hacen

con la, tradicionalmente, conocida pasta choux.

Es la misma masa que el petisú, la misma masa casi

que la lionesa, luego, se le puede añadir queso

hacer una parte salada, etc. O sea, esto que hacemos sirve...

Haremos el básico, pero luego, a partir de ahí yo te daré ideas

para que, no sé, en casa con tu familia te luzcas.

Vale, pobre mi familia, si me enseñas a hacer esto bien,

te lo agradecerán toda la vida, toda la vida te lo agradecerán.

Yo, todas las Navidades, tengo como un reto de preparar

el postre navideño, o sea, en la Nochebuena.

Y lo retransmites por redes sociales,

por supuesto que lo sé, que te sigo.

Y lo comparto porque es un reto de todos, a ver si me sale

y no lo consigo y me pongo a experimentar

y veo muchas cosas, productos de colores,

purpurina y tal y el aspecto... Piensas más en la estética, ¿no?

Sí, me gusta decorar, le pongo de todo con su nombre.

Bueno, pues hoy vamos a pensar, también en la estética, claro,

porque sabemos que aquí nos encanta presentar

las cosas bonitas, pero, sobre todo, en la técnica.

Primero se pone el agua y la mantequilla

y en el primer hervor vamos a ir echando la harina.

Es importante el mover hasta que la masa

se suelte un poco de las paredes y suelte,

sobre todo, todo el vapor, eso es vital.

O sea, cuando hierva hay que echarlo.

Sí, a partir de ahí vamos a echar lo que es la harina.

¿Vale? ¿Cómo tienes el brazo? Bien.

Bien, ¿no? Espero que bien.

Bueno, mantequilla derretida con el agua,

a ver, chef Edurne, que no sé cómo... Siguiente paso.

Chef Edurne, me encanta. A ver, me dices lo de la harina,

pero te quería proponer, porque yo, normalmente,

echo la harina con el azúcar y la sal.

Perfecto. ¿Se puede?

Por supuesto, el azúcar está pesada y sal echamos una pizquita.

Venga, cojo aquí, nada, una pizquita, vale.

Mira qué curioso cómo la sal en cuanto llega... Pom.

Venga, azúcar, ya tú misma. Ahí mismo.

Ahí. Y ahora aquí, vamos a echar

que hay que remover. Exacto, tú remueves siempre, ¿no?

Sí, pero según voy echando. No, tírale.

Ah, lo tiro directamente. Toda, exacto.

Bueno, qué tal estoy mezclando, fenomenal, eh.

Sí, pero ya hay que ir pegándole cañita porque esto...

Si no, yo te ayudaré. Vale.

A ver, es importante aquí que se cocine perfectamente.

Lo estoy dando todo que lo sepas. Muy bien.

Oye, vives a caballo entre Mánchester y Madrid,

yo creo que, gastronómicamente, poco tiene que ver

Mánchester con Madrid o España con Inglaterra

podemos dejarlo ahí. Londres es un poco más cosmopolita.

Sí, a ver, Mánchester tiene un poquito de todo,

pero empiezas a valorar la comida española cuando estás fuera.

Y es verdad que allí tienen sus costumbres y comida,

pero aquí en España... ¿No cocinas nada allí, no haces...?

No te trabajas ahí tu tortillita de patatas.

Lo intento, pero el sabor no es igual.

También es cierto ni los huevos son iguales.

El agua es diferente. Todo cambia.

Está rico, pero no es lo mismo que como aquí en España.

¿Cómo voy? Bien, ¿no? Vas bien, vas bien.

Lo primero de esta masa, imprescindible, ¿vale?

Lo que está pasando que se despeguen bien,

absolutamente, las paredes. Necesitamos temperatura,

verás hay humito, lo primero que me enseñaron

en la escuela de hostelería cuando hice mi primera pasta choux,

hay que soltar todo el vapor de la masa porque la masa

tiene ahí todo el vapor del calor.

Vale. Y lo que hay que hacer,

básicamente, soltarlo todo. ¿Y cómo se suelta?

Pues como estoy haciendo, ir aplastando, nos tiene que quedar

una masa uniforme. Cuándo sabes tú, exactamente,

porque eso es una cosa que yo también no entiendo.

En cuanto ves que hay uniformidad.

Aquí hay algún pequeño grumo y esto hay que quitarlo,

quitarlo, no, aplastarlo. Aplastarlo.

Una cosa que podéis hacer para que esto

ni siquiera pase, que pasó aquí, mínimamente,

es tamizar la harina. Ah, es verdad.

Podríamos haberlo hecho, no sé si tú lo haces.

Sí, lo suelo... Yo aplico todas las técnicas

y no sé por qué me sale mal, si voy paso por paso.

Algo habrá, ya encontraremos. A partir de aquí,

¿esto lo haces igual, no? sí, eso sí.

Perfecto, masa lisa, homogénea

y ahora hay que dejarla reposar fuera que pierda

un poquito de temperatura porque es vital, evidentemente,

que cuando añadamos el huevo que esté templada

porque, al final, necesitamos moverla bien

y que se integre bien el huevo, pero no tan caliente como ahora.

Porque si no, sería tortilla... Sería tortilla de pasta choux.

Pero es cuestión de cinco o diez minutitos y estamos listos.

No pasarse porque si no, se queda un poco piedra.

Exacto, oye, veo que tienes nivel,

hay nivel aquí, se queda un poco piedra,

pero lo entendí, perfectamente. A que sí, bueno, son expresiones

un poco más caseritas. Bueno, reales, oye, sí, claro.

Evidentemente, la masa se enfría,

endurece y nos costará mucho más poner el huevo.

Pues, listo, aquí dejamos que pierda calor.

Venga. Y en cinco minutitos

seguimos trabajándola. Vale.

Pues, mira, Edurne toca aquí. Ya está, ¿no?

Está templadita. Sí, exacto.

Pero ha perdido un poco ese calor que tenía antes.

Bueno, entonces tú, qué harías ahora.

Yo ahora cogería los huevos los echaría en la masa

y empezar a batir. Vale, con qué lo haces.

Con una varilla. ¿Con una varilla?

Sí, ¿no se hace así?

Bueno, si lo haces tú así, lo que haremos será lo siguiente,

vamos a dividir la masa en dos. No me digas que este es el paso

que hago mal y no me sale. Puede ser, pero a veces

me sorprende porque a veces te sorprendes para bien y para mal.

Puede que lo haga así, yo no lo hago así

y ha habido ciertas ocasiones en que sale mejor.

Porque tampoco tenemos la verdad absoluta.

La cocina es tremendamente abierta.

Si a ti te han salido y a mí no

y tú haces este paso diferente,

yo creo que por ahí va la cosa. Puede ser.

Vamos a ver cómo sucede.

Voy a quitarte un poco, que te he echado demasiado.

¿Cómo vas a mezclar, si no?

Bueno, yo con la espátula.

¿Con la espátula? Sí.

¿Y por qué? Varilla. Bueno, es más cómodo.

Ya le he sacado todo el vapor.

No necesito meterle más aire a la masa.

Ah, vale. Voy a echar aquí esa nata.

Lo anoto para la próxima vez que haga profiteroles.

Serán dos huevos. Dos huevos.

¿Y esto también hay una manera de abrir los huevos?

¿No? Bueno. Mira, te digo yo

cómo lo hago. A ver.

Hago así y lo echo. (RÍE)

Leí que había que hacerlo tal y cual.

¿Sí o qué? Bueno, no sé.

Así, tal cual, ¿no? Tal cual.

Bueno, tú lo vas a hacer con varilla,

a ver cómo te salen. Y yo lo voy a hacer

con espátula. Y luego vemos la diferencia.

Vale. Lo de los huevos los echamos

exactamente igual. Sí. Este paso está bien, ¿no?

Sí. Podíamos haberlos echado de uno en uno,

pero no pasa nada. Ahí está.

Y ahora, mira. Yo voy así, poquito a poco,

integrándolo.

Ahí. Vale. Y yo... A ver.

Esto es complicado, también te lo digo.

Lo importante es integrarlo bien en la masa

y que quede totalmente uniforme.

Así. Se puede meter de uno en uno. Es mucho más cómodo

integrar uno y luego meter otro.

Nos hemos venido arriba aquí viendo cómo

uno echaba el huevo y el otro y ya he echado los dos.

Pero uno a uno, mejor también. Ya te he liado.

Bueno, mientras batimos aquí, cuéntame. Proyectos.

Proyectos. Pues mira, ahora estoy feliz porque hace

más de cuatro años que no había sacado música nueva.

Ahora he vuelto, después de muchos meses de trabajo

con un equipo maravilloso, con un trabajo 100% íntegro mío,

en el cual me siento muy cómoda, estoy muy feliz.

Pues eso. De un trabajo de varios meses,

surgió "Demasiado tarde". Es el nuevo "single".

Estoy feliz. Además, cuento con un gran amigo

como es Carlos Baute.

Es un dúo con él. Qué bien.

Estoy feliz de la vida, porque, aparte, sigue la esencia

un poco de Edurne de estos años.

Mi estilo siempre ha sido "pop".

Pero quería modernizarme un poco.

Estos sonidos que escuchan ahora latino,

que nos mueven a todos el cuerpo.

Y he hecho una mezcla y creo que ha salido algo

muy bonito. Sobre todo, estoy muy feliz,

muy ilusionada. Mira qué bonita te queda

y a mí, mira. Bueno...

Es por esto, por las varillas, ¿no?

En la cocina, fíjate, que el utensilio que utilicemos

es primordial.

Fíjate la diferencia. Cuando hay varilla, hay más aire.

Cuando hay pala, menos. Mira dónde tengo

yo toda la masa. Le estás metiendo más aire.

Mira. Vamos a hacer una cosa. Yo voy a ir rellenando

las mangas pasteleras, la tuya por un lado,

la mía por otro, para ver luego las diferencias.

Y tú vas montando la nata. Venga.

Tenemos la nata aquí. Es importante que esté fría.

El hecho de que esté fría, es para que monte bien.

Mientras va montando la nata, añades poco a poco el azúcar.

Venga. Y yo mientras, aquí voy metiendo

la masa dentro. Ahí.

El siguiente paso será, ya que tenemos

la masa de profiterol por un lado,

la nata montada por otro, bañarlo un poco en chocolate.

Edurne, nata perfecta. Pero vamos...

Hagamos un repaso. Tenemos la nata que Edurne

ha montado perfectamente por aquí,

que va a ser el relleno de los profiteroles.

Tenemos las dos masas: la mía y la de Edurne.

Una hecha con pala y otra hecha con varilla.

Y yo he puesto por aquí a calentar un poquito de nata

con el chocolate, que lo vas a hacer tú,

mientras yo monto los profiteroles. Perfecto.

Voy a poner aquí el chocolate. Exactamente.

Siempre es importantísimo la nata caliente,

la que va sobre el chocolate y no al contrario.

Puede ser que yo la haya hecho al contrario.

Es posible. Y sale. No digo que no salga.

Pero no es lo mismo. Directamente, ¿no?

Tú vas incorporándolo.

Y yo voy a hacer los profiteroles.

La manga pastelera también tiene lo suyo, eh.

Sí. Tiene lo suyo.

Te cuento mis experiencias,

que, como puedes observar, han sido muchas.

Bueno, pero tus experiencias también fuera de la cocina...

O sea, no solo cantas. Sí. Me gustan los retos.

Me gusta arriesgar. Me gusta conocerme a mí misma,

porque creo que si no pruebas diferentes cosas,

nunca vas a saber si eres capaz o no de hacer cosas.

Me gusta la música. Para mí, es lo principal.

Te sientes, sobre todo, cantante. Sí.

Pero es verdad que me gusta compaginarlo con la televisión,

que me siento muy cómoda.

Actuando. Estoy en una serie ahora fantástica.

O sea, que no me puedo quejar.

Dila, que alguna gente lo sabe, pero...

"Servir y proteger". Ahí está.

Una serie diaria. Estudiando muchísimo.

Pero ya te digo que muy gratificante.

Bueno, esto está, ¿no? El chocolate está.

¡Madre mía! Huele. Vaya. Oye, que parece que no,

pero mira. Perfecto.

Esto es toque Edurne.

El chocolate lo reservamos para que pierda un poco de calor.

Vale. Y ahora ya, los profiteroles

al horno. 180 grados, 15 minutos.

Ni más, ni menos. Ahí clavado. Ni más, ni menos.

Es importante que el horno esté encendido, ¿vale?

El primer golpe de calor, fundamental para la pasta "choux".

15 minutitos en el horno.

Lo hemos dejado enfriar. ¿Qué te parece?

¿Por qué, si tú me has dicho que yo batiéndolos

los huevos con la varilla iba a coger más aire,

no salen así, teniendo más aire?

Esto pasa como con el suflé.

No porque muchas veces esté más montado, se va a quedar arriba.

Precisamente, por eso se desinfla.

O sea, que aquí el aire no viene bien.

Precisamente, porque la masa se estropea.

Necesitamos que la masa esté con fuerza

y que haya perdido todo el vapor.

Esta es una masa que se le va eliminando

todo el vapor y que luego, evidentemente, cuando coge calor...

Pero lo que sí que queda, es aéreo por dentro.

Vamos a verlo aquí. Mira. Voy a abrirlo.

La nata la hemos metido en una manga.

Ajá. ¿Vale? Vamos a ser generosos.

Venga, sí. Sí, por favor.

Mientras vas rellenando, yo voy a cantar

el nuevo "single", para que te inspires más.

Perfecto. (CARRASPEA)

# Demasiado tarde

# para pedirte otro de tus besos,

# para decirte que no te fallé.

# Te perdí. Es demasiado tarde

# para olvidar sin miedo los recuerdos,

# para crear contigo otros nuevos,

# que sean nuestro y de nadie más. #

# Es demasiado tarde. #

¡Muy bien! # Demasiado tarde. #

Vaya privilegio, eh. # Demasiado tarde. #

Un placer. De verdad que me fascina

cuando de pronto estás hablando normal

y, de pronto, sale ese torrente de voz.

Lo habréis notado en casa, pero yo aquí se me ponen

los vellos de punta. ¡Ay, gracias!

Muchas gracias. De verdad que es alucinante.

Soy un superprivilegiado.

Yo también. Yo sé que me estáis envidiando.

Oye, qué bien. Ya no hay opción, lo siento.

Los pobres. Pobrecitos.

Mira, ahí.

Vamos. Pruébalo, eh. Te pongo un poco de natita

y ya verás cómo estás buenos.

Oye, así cambia. Mira. Así queda, eh.

Espérate un momento, porque, a lo mejor, saco yo

unos profiteroles "by" Edurne. Una receta nueva, exclusiva

y maravillosa de profiteroles planos.

Pues mira. ¿Por qué no? Oye, ha quedado superbonito.

Perdona. Maravilloso.

Y con un poco de purpurina. Ahí, mira.

Te voy a dejar que le des el último toque.

Esto es un arte. Sí. El emplatado no es fácil.

Por ejemplo, así, poniéndolo todo juntito...

Y ahora, esto lo vas a hacer tú. Te voy a hacer uno.

Sí, por favor. Guíame. Te voy a poner uno solo.

Ahora me da apuro, porque lo has dejado tan bonito...

Seguimos siendo generosos.

Vale. Aquí. ¿Te gusta el chocolate?

¿Eres muy de...? Me encanta.

Antes no era muy de chocolate. Lo reconozco, pero ahora...

Cada vez más. Mira. Te voy a quitar...

Ahora yo tengo que guiarme e intentarlo.

Bueno, es fácil.

Bueno, sí. Las cosas que parecen fáciles,

para mí, en la cocina no lo son tanto.

Porque hay que tener como un toque.

¡Qué presión, por favor! Tira.

¿No me he pasado? No, no.

¿Está bonito? Está bonito. Muy bonito.

¡Ay, Dios mío! Voy a llorar

de que me esté saliendo. Bueno, medio, medio.

Pero te lo agradezco de verdad, que me hayas enseñado,

que me hayas dado estos pequeños "tips"

para que todo salga perfecto.

Qué maravilla. Bueno, aquí están los profiteroles

rellenos de nata con chocolate.

# Para pedirte otro de tus besos. #

# Para decirte que no te fallé.

# Te perdí. Es demasiado tarde

# para olvidar sin miedo los recuerdos,

# para crear contigo otros nuevos que sean nuestros

y de nadie más. #

# Ya es demasiado tarde. #

¿Qué te parece, Edurne? El menú que hemos preparado hoy

es como tu último "single", de número uno.

Maravilloso. Tiene una pintaza increíble.

Estoy deseando probarlo ya.

No te cortes. Estás en tu casa. No me corto, ¿no?

Es que... ¡Madre mía, qué lujo!

Almejas a la marinera

y profiteroles con nata y chocolate.

Sabores de siempre que te harán disfrutar como nunca.

Disfruta de los secretos que guarda tu despensa.

Y, por supuesto, haz la comida y mejora tu vida.

Están picantitos, eh. Lo voy a probar.

Sí, sí. Sin miedo. Tiene su puntito.

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Hacer de comer - Almejas marineras y profiteroles de nata y chocolate

28 jun 2019

Hoy traemos el sabor de Galicia con unas almejas a la marinera. Dani García explica qué tipos de almejas existen y cuáles son las más adecuadas para este plato. Después, la cantante Edurne visita a Dani García pidiendo consejo porque los profiteroles no le quedan bien.

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  1. Mariela

    Me gustaría que especificaras qué clase de harina y y qué opción de pongo al horno. Y si hay algún truquillo para usar bien la manga porque es un poquito difícil de trabajar muchas gracias

    pasado sábado
  2. Olivia

    Buenas tardes Dani, desde Ecuador, me gustarìa que indique la conversiòn aplicable de la temperatura del horno. Olivia

    28 jun 2019