Programa divulgativo que aprovecha la hora de la sobremesa para viajar a los confines del mundo y observar con detenimiento la diversa vida natural que nos brinda nuestro planeta. Para ello, se emiten series documentales de televisiones y productoras de todo el mundo.

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Para todos los públicos Grandes documentales - Mamás del reino animal: Primeros pasos - Ver ahora
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Con ustedes, las criaturas más extraordinarias del planeta.

Las mamás.

Todos hemos tenido una,

y las mamás del reino animal son como las nuestras.

Increíbles.

Desde el nacimiento al abandono del nido,

vamos a explorar el vínculo más fuerte de la naturaleza,

y a conocer a las madres más asombrosas del mundo animal.

Mamás del reino animal

Ya hemos visto cómo las mamás

establecen un vínculo esencial con sus recién nacidos.

Cómo alimentan a sus pequeños y les ayudan a ponerse en pie.

En este episodio veremos

cómo se las arreglan cuando sus bebés empiezan a caminar,

sus tácticas para cortar de raíz una rabieta,

cómo se enfrentan a los abusones,

y sus ingeniosos métodos para cuidar de los pequeños.

Primeros pasos

Cuando los bebés dan sus primeros pasos,

empiezan a encontrar su voz.

Estos corderitos no solo son unos lloricas adorables.

Están empezando a dominar el arte de la conversación con mamá.

Hay muchos tipos de balido.

Uno más corto, que emiten para tranquilizarse

cuando están cerca unos de otros.

Y hay uno más largo que usan cuando se están buscando.

Mike Caunter ayuda a estos pequeños a perfeccionar

sus habilidades vocales

en un grupo de madres e hijos muy especial.

En este recinto, con las paredes forradas de paja,

y con un rincón tranquilo para relajarse.

Los corderos pasan sus tres primeros días de vida.

En las granjas es habitual tener estos establos guardería,

donde los recién nacidos

reciben una valiosa lección de comunicación.

Este pequeñín lleva un día en la guardería,

y su madre está al otro lado.

Pero lo podéis oír, está hablando.

Emite un balido de llamada... así.

Y es porque está llamando a su madre.

Y ahí está mamá.

Es vital que la madre y el hijo se reconozcan

antes de soltarlos en el campo.

De lo contrario,

la madre podría rechazar a su cría en el rebaño.

Cuando madre e hijo ya han establecido ese vínculo vocal,

Mike y Tony Fischer los cargan en un transporte de lujo

a los verdes pastos.

Ahora vamos a descargar a las ovejas y a sus corderos.

Al estar separados hacen mucho ruido intentando comunicarse.

En cuanto los saquemos y se encuentren,

se hará el silencio y se irán a pastar al campo.

Ya se han emparejado todas y se van al campo, donde son felices.

Sí...

Esto está mucho más silencioso, ¿no?

Sí, cuando encuentran a sus madres no vuelven a abrir la boca.

Es una maravilla.

Ahora que las madres y sus hijos están juntos,

los corderitos pueden dedicarse a corretear y brincar a voluntad,

sabiendo que mamá siempre podrá encontrarlos,

ahora que ellos han encontrado su voz.

Mientras crecen, los bebés animales

aprenden a hablar el lenguaje de su madre.

Los gorilas emplean la comunicación no verbal.

Estos golpes de pecho, significan: "Quiero jugar".

Y los bebés de caimán hablan a sus madres

incluso antes de salir del cascarón.

Cuando los huevos eclosionan, ya son unos pequeños charlatanes.

Sea cual sea el idioma que hablen,

hay una frase que todas las mamás oyen una y otra vez:

"¡Tengo hambre!"

Cuando están creciendo los bebés comen como limas,

y en ese aspecto no hay ninguno como el alcatraz.

Un polluelo de alcatraz hambriento

puede comer medio kilo de pescado al día,

más de un cuarto de su peso corporal.

Y en esta colonia de 17.000 alcatraces de El Cabo, en Sudáfrica,

las sacrificadas madres llegan a extremos increíbles

para alimentar a sus hijos.

Estas mamás pueden llegar a volar 48 horas seguidas

y cubrir distancias de casi 300 kilómetros

para conseguir pescado.

Y cuando divisan a su presa,

la ponen en su punto de mira y se lanzan en picado como bombas.

Llegan a sumergirse

a velocidades de hasta 95 kilómetros por hora

y hasta una profundidad de cinco metros.

A continuación les espera el largo vuelo de regreso a casa

cargadas de comida para llevar.

Pero hacer la entrega no es nada fácil.

Encontrar el hogar dulce hogar entre esta muchedumbre

es realmente complicado.

Y es ahora cuando interviene papá, que se quedó guardando el hogar

y le toca ejercer de controlador aéreo.

Los padres observan desde tierra

cómo las madres se aproximan en el cielo

en una formación digna de un equipo de acrobacia aérea.

Una vez que se ha aproximado a unos cien metros del nido,

empieza a describir círculos

siguiendo un patrón fijo hasta quince veces.

Cada alcatraz tiene una llamada única

y cada madre puede identificar la voz de su pareja,

en medio de esta cacofonía de chillidos y graznidos.

Para nosotros es un caos ensordecedor.

Para los alcatraces son 7.000 canciones de amor

compuestas a medida,

que indican el camino de vuelta a casa.

Ya solo hay que desplegar el tren de aterrizaje... y tomar tierra.

Mamá puede haber pasado fuera dos días enteros,

así que es comprensible que lo que quiera sea

ponerse cómoda y darse un rato el pico con papá.

Los alcatraces suelen emparejarse de por vida,

y estos juegos con el pico son simplemente

la forma que tienen papá y mamá de reafirmar su vínculo.

Pero no es fácil ponerse romántico

cuando tienes a una pequeña carabina en el nido.

El polluelo rompe la magia del momento

dando pequeños golpes en el pico de mamá...

Y a continuación introduce la cabeza en su garganta.

Mamá responde regurgitando una ración de sushi caliente.

Delicioso.

Pero eso no es suficiente para los polluelos más voraces.

Así que mientras mamá descansa de su viaje,

papá levanta el vuelo hacia el anochecer

en busca del próximo cargamento de pescado.

Muchas madres del mundo animal crían solas a sus hijos.

Las hembras de cerdo hormiguero, por ejemplo,

no reciben ninguna ayuda de papá.

Él vive en su propia madriguera,

y la madre cría a su pequeño en la suya.

Las osas también crían a sus oseznos solas.

Y son quienes los protegen de sus predadores,

incluidos los mismos osos macho.

Criar a un hijo sola es duro,

y una de las madres que más trabaja es la hembra del lobo marino.

En esta colonia de lobos marinos en Sudáfrica,

los valientes machos

se quedan sentados sobre su mullido trasero

mientras las madres emprenden agotadoras salidas de pesca

que pueden durar hasta cinco días.

Si quiere producir suficiente leche para su cría,

esta madre necesita comer cinco kilos de pescado al día.

Pero aquí en el Atlántico Sur hay tiburones blancos.

Las expediciones de pesca son demasiado peligrosas para los bebés,

y las madres no tienen más remedio que dejarlos atrás.

Es un momento desgarrador

que cualquier madre trabajadora ha vivido,

y las crías, llorosas,

ven a sus madres desaparecer en el océano.

A los padres ni les importa.

Durante la temporada de cría

los machos dominantes mantienen harenes de unas siete hembras,

pero no muestran el menor interés por los pequeños.

Al quedarse solo, este pequeño se dirige instintivamente

junto a las demás crías al centro de la colonia,

un lugar protegido de los predadores que recibe, obviamente,

el nombre de guardería.

Esta colonia está formada por 3.000 lobos marinos,

y los bebés están siempre rodeados

por un anillo defensivo de grasa adulta.

Con el estómago bien lleno,

los pequeños no tardan en hacer amigos.

E incluso tienen una piscina.

Mientras, los adolescentes salen a aguas poco profundas

a perfeccionar sus habilidades natatorias.

No hay nada como el momento en que mamá

va a recogerte a la guardería.

Pero las hembras pueden estar ausentes hasta cinco días,

tiempo de sobra para disfrutar de la guardería al máximo.

Las crías están acostumbradas a pasar varios días sin mamar,

pero eso no impide a ésta probar suerte con ubres ajenas.

Es puro y simple robo de leche,

y a veces produce nutritivas recompensas.

Pero hoy no hay suerte.

Todas las crías están pendientes de un sonido familiar.

El que produce mamá cuando vuelve con el estómago lleno de pescado

y leche para dos días.

Este pequeño responde a la llamada de su madre

y deja la guardería.

Como almas en pena,

por toda la colonia madres y bebés se buscan reptando y aleteando.

Hasta que...

La emotiva reunión se celebra con un beso esquimal.

Y mientras las crías se atiborran de leche,

sus madres pueden disfrutar de un merecido descanso.

Protegida por las rocas por un lado y por el mar por el otro,

la guardería es la estrategia perfecta

de esta colonia de lobos marinos para proteger a sus crías.

Pero las vastas llanuras africanas son un entorno muy diferente.

Las extensa sabana ofrece escasa protección natural,

y aquí, en la reserva de Phinda,

los árboles y matorrales ofrecen tan poca protección a presas

como a predadores.

La mayoría de las madres mantienen a las crías a su lado.

Y a las ocupadas leonas

siempreles toca llevarse a los hijos al trabajo.

A los esconden cuando se disponen a cazar.

Estas dos madres acaban de matar un kudú,

que debería proporcionar carne suficiente para ellas

y para las ocho bocas hambrientas que se han traído al trabajo.

Después de un día agotador en la oficina

y de poner la cena en la mesa,

una solo piensa en meter a los niños en la cama

y disfrutar de una copa de vino,

pero esta leona lo único que quiere es descansar.

Por desgracia, su infatigable prole tiene otras ideas.

Quieren practicar las técnicas de caza de mamá,

y eso significa corretear, pelearse, tirarse de los pelos,

mordisquearse el cuello y, por supuesto, morderse la cara.

Cuando los niños no quieren dormir, se prueba con cualquier cosa,

y esta agotada madre se dirige a una charca cercana.

Quizá un poco de agua los tranquilice.

O quizá no.

El guarda John Vogel sabe muy bien

lo dura que es la vida de estas madres trabajadoras.

Estas leonas están muy ocupadas.

Tener ocho cachorros de cinco meses puede ser agotador,

sobre todo ahora que son tan inquietos.

Creo que estas leonas no están durmiendo lo que deberían.

No paran de jugar.

Y aunque pueda parecer que solo es diversión,

es muy importante para el futuro.

Parecen acecharse y atacarse unos a otros.

Cuando crezcan utilizarán mucho esas técnicas a lo largo de su vida.

Como ocurre con tantas otras familias animales,

papá no aparece por ninguna parte.

¿Pero, cómo se las arreglan las leonas

con camadas tan alborotadoras?

La solución es compartir la carga con otra madre,

normalmente emparentada con ella,

y cuidar entre las dos de una gran familia.

Cada leona, tiene cuatro cachorros y otros cuatro de la otra.

Las dos leonas parieron casi al mismo tiempo.

Cuando dos leonas paren más o menos a la vez,

aumentan las probabilidades de supervivencia de una camada,

aunque es posible que no sea la suya.

La alianza entre leonas ayuda a llevar la carga

y hace más fácil poner comida en la mesa.

Además de que cuatro ojos ven más que dos

cuando hay que estar en guardia.

Hay hienas en la zona, y también leopardos.

La mayor amenaza para esta familia es que llegue un león macho

con intenciones de quedarse con las hembras

y mate a las crías para poder aparearse.

Pero si un león solitario entra en su territorio

y amenaza a los cachorros,

se arriesga a morder más de lo que puede comer,

porque no hay furia como la de una banda de mamás enfadadas.

Compartir la atención de las crías con otros adultos

recibe el nombre de alocrianza,

y está muy extendida en el reino animal.

Los cachalotes lo hacen.

Las madres dejan a sus crías al cuidado de otras ballenas jóvenes

mientas descienden en busca de calamares

a profundidades de hasta mil metros.

Las mamás chacal también comparten el trabajo,

dejando a sus cachorros con la manada cuando salen a cazar.

Estas formas de crianza compartida parecen ser practicadas por animales

de una elevada inteligencia social,

entre ellos, muchos primates.

Este pequeñín es un cercopiteco verde,

y siempre está a su cuidado un adulto responsable,

pero no necesariamente su madre.

Forma parte de una manada de unos 80 miembros aquí en Sudáfrica.

Y toda la manada participa en el cuidado de los niños.

Omar Hamid ha estado estudiando

este modelo de alocrianza durante nueve años.

Practican la alomaternidad.

La alomaternidad significa que todas las hembras del grupo

ayudan a criar a los pequeños de las demás hembras del grupo.

Se ayudan entre sí.

Si hay aquí una cría ahí, aunque su madre no esté cerca,

si está jugando y ocurre cualquier cosa,

otra hembra acude a protegerla.

Así que no tiene que esperar a que venga su madre a ayudarla, no.

Todas se ayudan entre sí.

Hamid ha notado que las que más ayudan en el cuidado de los pequeños

son las hembras jóvenes que aún no han tenido hijos.

Se puede ver que las hembras jóvenes

son las que siempre están con ellos, cuidando de los bebés,

y no las hembras más maduras.

Éstas se quedan ahí, observando,

y si te acercas,

ves cómo una de las más mayores entre las jóvenes, agarra a la cría.

Asumen responsabilidades

y aprender antes de que les toque el turno a ellas.

El poderoso instinto maternal de las hembras

también es muy notable entre los macacos de Gibraltar.

Aunque tanto los machos como las hembras

ayudan a las madres a cuidar de los pequeños,

las hembras jóvenes muestran un poderoso instinto maternal.

Y para ver hasta qué punto está arraigado ese instinto,

vamos a recrear un divertido, aunque controvertido experimento.

Pueden probarlo ustedes en casa.

Necesitan una manada de macacos,

dos cuidadores holandeses

y una selección de juguetes típicamente femeninos...

y masculinos.

Solo hay que ponerles delante los juguetes

y esperar a ver lo que ocurre.

Las chicas sienten por naturaleza curiosidad por todo,

desde coches a muñecos de peluche,

mientras que los chicos solo demuestran un agudo interés

por cualquier cosa con ruedas o con forma de pelota.

Una muñeca no les atrae de la misma forma.

Son las hembras jóvenes

las que muestran interés por las muñecas.

-¿Esa es una hembra? -Sí, es una hembra.

Esta joven hembra se siente atraída por el peluche,

y curiosamente intenta transportarla como su madre la llevaba a ella.

A los chicos no les interesa jugar con bebés.

Con el tiempo arrimarán el hombro para cuidar a los pequeños,

pero quizá lo hacen para dar una buena imagen ante las hembras.

¿Les suena de algo?

El pequeño que está allí con el coche.

Creo que... sí, es un macho.

Cuando se ha repetido este experimento con otros monos,

el patrón general es el mismo.

Las chicas muestran más interés por los muñecos que los chicos.

Este hecho muestra

lo pronto que se activa el instinto maternal

y explica por qué las hembras jóvenes

se encargan más a menudo de cuidar a los pequeños.

Pero si intentan el experimento en casa, cuidado.

No todo el mundo está dispuesto a compartir los juguetes.

Muchos primates practican laalocrianza hasta cierto punto.

Estas pequeñas mochilas durmientes son bebés de mono ardilla,

y cuando se despierten

serán atendidos por los cuidadores voluntarios de la manada.

Cuando no están tomando el sol,

los lémures hembra también echan una mano.

Las amigas ayudan a mamá con los recados

o quedándose un rato con el pequeño,

mientras que los capuchinos

son todo un ejemplo de colaboración.

Las amigas y familiares de mamá incluso amamantan a su bebé

para dejar descansar sus pezones de vez en cuando.

Pero hay un animal que ha llevado la alomaternidad a un nuevo nivel.

En una manada de elefantes,

todas las hembras adultas toman parte en la cría de un bebé.

Para el pequeño es como tener cinco, o hasta diez madres.

Y las hembras permanecerán en esta gran familia

durante toda su vida.

Este es Sam, un elefante asiático de seis meses.

Y esta es Aziza, la madre de Sam.

Pesa tres toneladas y tiene 31 años.

Madre e hijo viven aquí, en el zoo de Whipsnade,

y empiezan el día con una placentera ducha de agua a presión.

Esta técnica de exfoliación para elefantes

permite llegar a los lugares más difíciles de alcanzar,

y brinda a Sam la oportunidad de mostrar a mamá cuánto la quiere.

Aziza criará a Sam durante siete años, pero no lo hará sola.

El grupo está formado por diez elefantas,

y en la práctica todas ellas son madres de Sam.

Aziza, levanta.

Y el jefe de los cuidadores, Lee Sambrook,

es la madre número once.

La llegada de un bebé cambia la dinámica,

porque todas las hembras participan en la crianza.

Como otros animales,

los elefantes se dedican a comer y a pasear por ahí,

pero de repente solo les preocupa qué está haciendo el bebé,

¿Se está acercando a algo potencialmente peligroso?

¿Hay que ir corriendo a alejarla de algo?

De repente lo único que importa es cuidar del bebé.

Y la madre confía en que las demás hembras

cuiden de su pequeño.

Ahora Sam se está alejando de su madre,

Pero ella sabe perfectamente

que las otras hembras no lo pierden de vista.

Nuestros bebés tardan en aprender a controlar su cuerpo,

y a un joven elefante le pasa lo mismo.

En sus primeras semanas de vida aprende a acostumbrarse

a la peculiar anatomía que le ha dado la naturaleza.

El mayor desafío es dominar ese enorme apéndice

que le cuelga de la cara.

La trompa de un elefante tiene unos 100.000 músculos,

y un simple balanceo puede convertir al pequeño fácilmente

en un helicóptero sin control.

A veces puede ser demasiado.

A los seis meses, Sam ya tiene un control aceptable de su trompa,

y cada día que pasa la domina mejor.

Y no es el único joven elefante

que está aprendiendo valiosas lecciones de la familia.

Esta es Donna, hermanastra y superniñera de Sam.

Que haya un bebé cerca de Donna es muy importante.

Porque es una hembra joven,

y necesita aprender todo lo que tiene que ver

con el cuidado de un bebé.

Y observa a Aziza, cómo cuida de su pequeño,

y al resto de las hembras del grupo.

Así que en realidad es muy similar

a lo que ocurre con los niños humanos.

Jugar con una muñeca les permite experimentar

lo que es cuidar y alimentar a un bebé.

La vida de todo el grupo gira alrededor de los pequeños.

Las crías están literalmente en el centro de todo lo que hacen.

Este es un comportamiento típico de los elefantes,

poner a los pequeños en el centro del grupo de adultas

para protegerlos.

Porque cualquier predador que los vea se lo va a pensar dos veces

antes de enfrentarse a esos gigantes para llegar hasta la cría.

Así que rodean a los pequeños

para estar seguras de que no corren peligro.

Ahora se comportan así porque tenemos esta jirafa,

este micrófono peludo encima de nosotros,

y es algo a lo que no están acostumbradas.

Siguen su instinto natural para prevenir cualquier problema.

Es posible que los elefantes asiáticos de Whipsnade

vean una amenaza potencial en un micrófono.

pero en África,

cuando depredadores como leones o hienas amenazan con atacar,

las manadas de elefantes cierran filas.

Rodeando al pequeño

con una barrera infranqueable de patas gigantes.

Pero incluso protegidos por toneladas de músculos y colmillos,

a veces los bebés elefantes se ven en apuros,

y la respuesta de la manada puede ser asombrosa.

Hemos visto cómo los elefantes protegen a sus crías

en el entorno seguro de un zoo.

Pero aquí, en la sabana africana,

son muchos más los peligros que amenazan la vida de los pequeños.

Cilla Pickering está buscando a una manada de elefantes.

Podrían estar en cualquier parte de esta reserva

de 230 kilómetros cuadrados.

Por eso utiliza un sistema de radiolocalización

para buscar el collar transmisor que lleva un miembro de la manada.

¿Oís ese bip bip?

Son ellos, allí está el collar.

Parece que están justo ahí, en ese valle que tenemos abajo.

Ahí están, tenemos a los elefantes delante.

Es la manada que estábamos buscando.

La mayoría de los adultos de la manada son hembras.

Los machos adultos solo se unen al grupo para aparearse.

Las señoras llevan a los niños a beber agua por la tarde,

pero los bebés elefantes no son muy buenos nadadores.

Mamá puede utilizar la trompa como un tubo de buceo,

pero los pequeños aún no saben usar el equipo de submarinismo

que les ha dado la naturaleza,

y la manada redobla las precauciones cuando está cerca del agua.

Las mamás elefantas son especialmente protectoras.

Todas las hembras de la manada protegen a las crías.

Cargan contra cualquier cosa que se acerque,

y dan bastante miedo porque son muy grandes.

No muchos animales van a intentar atacarte,

y eso hace más fácil cuidar de los pequeños.

Un elefante adulto bebe alrededor de 200 litros de agua al día.

Eso supone pasar mucho tiempo en bebederos,

donde las crías corren el peligro de ahogarse,

de quedar atrapadas en el barro,

o de ser atacadas por cocodrilos oportunistas.

La manada, nerviosa, está siempre cerca.

El guarda Robin Cheesman ha visto con sus propios ojos

lo que pueden hacer para rescatar a una cría,

y tiene fotos que lo demuestran.

Vimos llegar a este bebedero a unos 70 elefantes,

a este espacio abierto que tengo detrás de mí,

y vimos como esos 70 elefantes venían atravesando esa zona abierta;

era un día muy caluroso.

Habíamos aparcado aquí

y veíamos bien a los elefantes sin molestarlos.

Y vimos cómo los primeros diez o quince

llegaban y se ponían a beber.

Y de repente vimos llegar a una cría a la carrera.

Y pensamos:

"Ese pequeñajo va directo al agua".

Y se fue de cabeza a la charca para jugar en el agua.

Pero la madre empezó a ponerse nerviosa,

y al asustarse ella, la cría también se asustó,

y lanzó un barrito como... "Brrrr"

Y empezó a resbalarse,

y el resto de la manada acudió,

y una elefanta lo rodeó con la trompa,

y otra se metió en el agua e intentó empujarlo hacia fuera.

Había 15 o 20 elefantes en la orilla.

Las demás llegaron corriendo para intentar sacar a la cría.

Y por fin el pequeño consiguió salir

y todas lo rodearon y se alejaron como si no hubiera pasado nada.

Lo más gracioso es que al fondo había un gran macho que ni se inmutó.

Siguió comiendo mientras casi 70 elefantas

pasaban una angustia terrible

hasta que comprobaron que la cría estaba bien,

y entonces volvieron a su rutina.

Estas asombrosas demostraciones de protección

se ven en la naturaleza y en zoos de todo el mundo.

Una pequeña especialmente propensa a los accidentes

vive en el zoo de Zurich, y se llama Oysha.

Aquí la vemos con seis semanas.

Su madre y su tía, preocupadas, no tardan en acudir al rescate.

A los elefantes les encanta un buen revolcón en el barro,

pero estas imágenes muestran lo que ocurre

cuando un baño de barro se complica.

La madre y la niñera son las primeras en llegar.

Pero cuando el bebé lanza un grito desesperado

la manada entera acude en un instante.

Se siguen incorporando elefantes al equipo de rescate.

Es un esfuerzo de grupo por sacar a la cría del barro.

Según las crías van creciendo,

saber que la familia les guarda las espaldas

les da la confianza necesaria para explorar su mundo.

Los pequeños están aprendiendo a dar saltos,

brincar, correr y saltar.

Con el paso del tiempo cada vez se alejarán más de su madre,

y como nuestros hijos, los pequeños, cada vez más atrevidos,

tienen que aprender por su propio bien, dónde están los límites.

Las tigresas utilizan con firmeza sus mandíbulas

para mantener a sus cachorros a raya.

Aunque este pequeño oso negro

piensa que la carretera es un parque infantil,

su madre lo pone en su sitio.

En todo el mundo animal,

llega un momento en que los pequeños tienen que aprender

que no, quiere decir, no.

Este parque de primates en Holanda

es el patio de juegos de un orangután de cinco años.

A sus cuidadores les gusta jugar con ella a esconderle la comida.

Pero el pequeño Kaywan es más listo que ellos,

y espía todos sus movimientos.

Por otra parte su madre, Watana, conoce muy bien a su hijo.

Deja que Kaywan encuentre el premio escondido en el parque,

pero se pone firme cuando el pequeño

intenta quitarle la comida de la boca.

Su hijo prueba a ponerse pesado,

pero cuando se da cuenta de que no va a funcionar,

recurre a la rabieta.

Mamá está enseñando a su caprichoso hijo

lecciones muy valiosas

para sus futuras relaciones con otros orangutanes.

Lo protege, pero es firme con él.

De modo que Kaywan decide probar

la técnica clásica número dos: enfurruñarse.

Charles Darwin ya observó este comportamiento en primates,

y diferentes estudios han mostrado

que emplean el mismo surtido de trucos emocionales

que nuestros pequeños.

Pero como todas las madres saben,

lo mejor que se puede hacer con un niño enfurruñado

es no hacerle caso.

Y en efecto, cinco minutos después,

a Kaywan se le ha pasado la rabieta y regresa dócil junto a su madre.

Y poco después todo ha vuelto a la normalidad entre madre e hijo.

Es difícil juzgar hasta qué punto

se le debe dar libertad a un hijo que está creciendo.

¿Hay que intervenir y librar sus batallas por ellos?

Ya hemos visto cómo las leonas

no intervienen en las peleas de sus hijos.

Y las mamás rinoceronte a veces también tienen que contenerse

y dejar que su pequeño embista a un ñu que lo dobla en tamaño.

Sin embargo hay una mamá animal que no puede evitar

meter la cabeza a la menor oportunidad.

Estas cabras enanas proceden de Camerún,

pero viven en California.

Con dos semanas, sus crías son las más vivarachas del vecindario.

Vamos... Vamos, chicas.

La historia de amor de Denise Fraser con estas pequeñas cabras

comenzó hace diez años.

Son unas mascotas maravillosas, son perfectas.

Incluso ha convertido el patio de su casa

en un parque infantil de ensueño para cabras.

Y ha hecho bien, porque como nuestros pequeños,

esta pandilla tiene energías de sobra.

Uno de sus juegos favoritos es jugar al rey de la montaña,

Todos quieren quedarse arriba y tirar a los demás abajo.

Estos juegos son esenciales para aprender a trepar y saltar,

lo que les permitiría escapar de sus predadores naturales,

como leopardos y guepardos.

Y les permiten practicar con su principal arma: el topetazo.

La cría está empezando a ser más independiente,

quiere explorar su mundo, y eso preocupa a la madre.

Cualquiera que haya llevado a un niño a jugar al parque,

sabe que es un campo de minas en la batalla por establecer límites.

En el parque infantil los niños aprenden a interactuar,

a respetar a los demás y a compartir.

O esa es la teoría.

Este pequeño cabezota piensa que el tobogán es suyo.

No sabe lo que significa turnarse.

Y está molestando a los más pequeños.

Una mamá observa pacientemente cómo los empuja.

Y si su propia madre no hace nada al respecto,

tendrá que hacerlo ella.

Primero da firmes empujones al abusón para que se aparte.

Pero el pequeño dictador no capta el mensaje.

Ahora sí.

Y gracias a que mamá ha utilizado la cabeza,

hay un nuevo rey de la montaña.

Quizá estas madres solo recurren a la mano dura en el parque infantil,

pero otras madres estrictas,

emplean diferentes técnicas para educar a sus hijos.

Todos conocemos a madres autoritarias dispuestas a todo

para que sus hijos triunfen,

pero las tigresas también educan a sus hijos con severidad.

Gradualmente van poniendo cada vez menos comida en la mesa

para obligar a sus hijos a cazar por sí mismos.

Las elefantas marinas aún van más lejos.

Después de engordar a su cría durante un mes,

la abandonan en la playa.

Si los pequeños no aprenden a pescar morirán de hambre.

La hiena moteada se sirve de los privilegios sociales

para reservar los mejores bocados para sus hijos.

Las crías de la reina son las primeras en servirse.

Después les toca a los hijos de la hembra

que la sigue en la jerarquía.

Tu turno para comer depende simplemente de quién es tu madre.

Los científicos lo llaman el "efecto cuchara de plata".

Quizá por eso se ríen las hienas de clase alta.

Lo mismo ocurre entre estos bonobos.

Su sociedad está regida por hembras dominantes,

y los hijos de la realeza bonobo, como Monyama, están muy malcriados.

Como ella es la jefa,

todos sus hijos son como pequeños príncipes,

unos mocosos malcriados,

y creen que pueden hacer todo lo que quieran.

Su cuidadora, Grietje Grootenhuis,

ve a estos caprichosos bonobos en acción a diario.

Cuando tienen quieren comer empiezan a lloriquear:

"Mamá..." Hacen...

Los demás animales no pueden tocar su comida,

¿pero sus hijos? Claro, no hay problema.

Los bonobos son nuestros parientes vivos más cercanos,

solo que en su mundo quienes mandan son las señoras.

Y el resultado es una sociedad de niños mimados.

En la sociedad de los bonobos, normalmente las hembras son amigas,

y los bebés bonobo son unos niños de mamá.

Las hembras se reúnen,

y los pequeños se ponen a jugar y a perseguirse.

Y de repente aparece tu madre, y listo, estás salvado.

Con ustedes el niño de mamá más crecido de la manada: Macasey.

Este descarado niño mimado es el bebé que se negó a crecer.

Con cinco años y medio, ya tiene edad suficiente para pavonearse.

¿Pero, por qué caminar cuando mamá está a mano

y puede llevar al pequeño lord hasta su siguiente plátano?

Es como si una madre humana

tuviera que cargar con un adolescente.

Es mono, y lo sabe,

y siempre está haciéndole la pelota a su madre.

Siempre está: "Mamá, cuánto te quiero...",

si pudiéramos traducirlo al lenguaje humano.

Sigue mamando, y ya es demasiado mayor para eso.

Las madres bonobo suelen destetar a sus crías

a los cuatro años y medio.

Con cinco años largos el mimado Macasey,

debería haber dejado de mamar hace mucho.

Tener hijos consentidos es una lata.

Pero al menos esta mamá bonobo de alto rango

recibe de su hijo una pedicura antes de irse a la cama.

Se merece el descanso.

Ser madre es un trabajo agotador.

Y en todo el reino animal,

las madres cansadas y sus pequeños, se preparan para irse a dormir.

Para algunos, eso significa un baño con toda la familia

en un denso barro que los protege de los insectos.

Otros se someten al obligatorio lavado de cara;

también detrás de las orejas.

Y algunos pequeñines exhaustos

prefieren un vaso de leche caliente antes de apagar la luz.

Pero antes o después,

todos acaban en el mundo de los sueños.

Hemos visto cómo se las arreglan las mamás del reino animal

cuando sus bebés van creciendo.

Como nuestras madres, tienen que darles de comer,

llevarlos a jugar, ponerlos a dormir,

pararles los pies a los gallitos

y aguantar a los niños mimados.

En el próximo episodio,

veremos cómo preparan a sus hijos para la vida sin mamá.

Cómo las madres guepardo

llevan a sus atléticos hijos a la escuela de caza;

cómo las yeguas entrenan a sus potros

para ser estrellas de las carreras;

y cómo unas madres adoptivas preparan a nutrias huérfanas

para enfrentase al mundo.

Grandes documentales - Mamás del reino animal: Primeros pasos

45:28 14 feb 2018

En este episodio veremos a las mamás del mundo animal con sus ingeniosos métodos para cuidar de sus pequeños. Desde ayudarles cuando empiezan a caminar, sus tácticas para cortar de raíz una rabieta, enfrentarse a los abusones, alimentarlos, jugar y acompañarles a dormir.

Contenido disponible hasta el 21 de febrero de 2018.

Histórico de emisiones:
10/02/2016
12/07/2016

En este episodio veremos a las mamás del mundo animal con sus ingeniosos métodos para cuidar de sus pequeños. Desde ayudarles cuando empiezan a caminar, sus tácticas para cortar de raíz una rabieta, enfrentarse a los abusones, alimentarlos, jugar y acompañarles a dormir.

Contenido disponible hasta el 21 de febrero de 2018.

Histórico de emisiones:
10/02/2016
12/07/2016

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