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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-¿Qué hacen aquí? -Nos envían de la Consejería.

Aquí tienen los permisos.

-¿Para qué? -La Autovía del Norte.

-Solo tenemos una alternativa. Las tierras de los Reverte.

-Qué pena que perjudique tanto a nuestras bodegas

cuando todos podríamos ganar algo. -A mí ya me pagan por mi trabajo.

-Con lo que le ofrecería no tendría que trabajar en mucho tiempo.

-Estoy buscando a Julia Cortázar. -Julia, este chico quiere verte.

-He conducido todo el día ¿no me invitas a nada?

-Necesito verla. -María casi muere por tu culpa.

-Si Pablo se entera será la última vez que la ves.

-¿Dónde estabas? -Poniéndome buena, mi amor.

Qué alta y que guapa estás, cómo pasa el tiempo.

-¡Me han concedido el bebé!

¿Harás que herede el hijo de una cualquiera?

-Sin hablar con su marido no hay adopción.

-Vuelve a casa, te pagaré, Gustavo.

¿Cuánto dinero te ofreció mi hija por participar en esta farsa?

-Creía que se le ocurriría algo mejor para hacerme desaparecer.

Soluciones vulgares para gente vulgar.

-¿Juntos contra Vicente Cortázar?

El hijo de Miguel pronto estará con nosotros,

necesita una madre, podrías ser tú. -¿Cómo dices algo así?

-Mi padre cree que obtendrá a tu hijo.

Eso es imposible.

Nunca he sacado bien los parecidos,

pero ese niño es un Cortázar.

No esperaba verte tan pronto. -A mí tampoco me gusta.

He hablado con Lucía. El niño es un Cortázar,

debe estar aquí.

Nadie me quitará a mi hijo. ¿Quién va a impedirlo, Miguel?

En coma dicen que no corre peligro, puede estar así un día o años.

-¿Se sabe quién le disparó?

-Miguel es fuerte... ¡Miguel!

-...me dejó en un mensaje que vio a quien intentó matarte.

Es Gonzalo Miranda.

Si él está detrás de esto nada lo detendrá,

déjalo con la única persona que lo protegerá.

Venía a ver a Gonzalo Miranda.

-Murió hace unos años ya. -Quería mostrarles el retrato robot.

A mí no me suena, ¿y a ti? -No.

-Javier, ¿necesitas algo más? -Él es Navarro,

trabajaba aquí antes.

No sé si me ha reconocido, voy a comisaría, espera en mi casa.

¡Se lo han llevado, hijo!

Tocan al timbre.

-¿Por qué no me sorprende verte aquí?

¿Y el niño?

¿Dónde está, qué habéis hecho con él?

Eh, no des esas voces.

-Se lo dije, Ortega.

Deme al niño.

-Nunca pensé que vería esto, pero se ha equivocado, Sr. Cortázar.

Llevarse a un menor sin el consentimiento de sus padres

es un delito. No necesito su consentimiento.

Raúl.

-Tenemos una orden judicial.

Le han dado la custodia temporal a mi padre.

-Lo siento, Sr. Reverte.

-¿Qué dice?

¿Tú les has dicho esto?

¿Has hablado con el asistente para conseguir esto?

-¡Sr. Reverte! -¡Eres un hijo de puta!

¡¿Cómo has podido hacerlo?!

¡Mi hermana jamás abandonaría a su hijo!

¡¿Qué coño te pasa, eh?!

¿No has superado que te abandonara, no?

-Ya es suficiente. -No lo es, haga algo.

-¡No puedo!

(RESIGNADA) La ley les ampara.

Sal de esta casa ahora mismo o te denunciaré por agresión.

-Sí, claro, ya le gustaría.

Esto no se quedará así, Vicente.

Este niño volverá a su cuna antes de que Lucía vuelva.

No lo creo.

-Vamos, por favor, Sr. Reverte.

¡Vamos, por favor! -Nos veremos.

Eres un miserable.

Portazo.

Gracias a ti, este niño está en su casa.

-No te equivoques, he hecho lo que tenía que hacer.

-No hay nada que hacer, tiene una orden judicial.

Raúl es el mismo cabronazo de siempre.

No, no lo es.

Le pedí que declarase a favor de mi padre,

de momento es lo mejor para el niño.

-¿Mejor?

Daniel, creemos que Lucía está en manos de quien me disparó.

Y las pistas apuntan a las bodegas de Gonzalo Miranda.

-No es posible, llevan años cerradas.

Al parecer una pareja quiere sacarlas adelante.

Lucía estuvo allí...

y le dejó un mensaje a Raúl

diciendo que vio al hombre que intentó matarme.

-Mamá...

¿Y el niño que tiene que ver?

Si los Miranda están detrás...

Son gente peligrosa...

¿Quién te dice que no intentarán hacerle algo?

-¿Tu padre le protegerá mejor que nosotros?

Miguel tiene razón.

Que Vicente está por encima de todo y de todos,

y no va a permitir que hagan daño a mi hijo,

también tiene su sangre.

-¿Qué estás diciendo, mamá?

¿Y cuando encontremos a Lucía

le dirás tú que Vicente tiene la custodia del niño?

Cuando Lucía esté a salvo traeré al niño aquí,

aunque sea lo último que haga. -Más te vale.

Pero ahora lo importante es Lucía.

Raúl y yo intentaremos averiguar algo.

-Voy con vosotros. ¿Y si intenta ponerse en contacto?

-Mi madre está aquí. Pues quédate con ella,

no la dejes sola. Organiza una búsqueda por las viñas.

Tenemos que repartirnos.

-Vale, pero cualquier cosa avisadme.

Mamá, no te preocupes, seguro que está bien.

La viña del Pedregal.

-Ajá, ¿qué pasa con ella?

Vamos a venderla.

-En la relación de propiedades vi que era de las más valiosas.

Y aún lo es, aunque hace años no lo pareciera.

Mi hermano Rafael se empeñó en comprarla,

nunca he conocido a nadie que conociera mejor las tierras.

Mi padre...

le pidió que no lo hiciera, pero...

él pensó siempre podría plantarse allí un viñedo.

Levantó la piedra, regeneró la tierra, la alimentó

y la cuidó hasta su muerte.

Acabó dando la mejor uva de toda Lasiesta.

-Y si tan valiosas es para ti, papá, ¿por qué esas tierras?

Porque con ese dinero podremos evitar

que la carretera pase por nuestras tierras.

Al dueño la finca lindante siempre le ha interesado,

debería ser fácil llegar a un acuerdo.

-No sé, ¿estás seguro?

A veces en el ajedrez hay que sacrificar una torre

para ganar la partida.

-Pero no sé si Emma y Pablo estarán de acuerdo con la venta.

Ahora tenemos las acciones del hijo de Miguel,

eso significa que tenemos mayoría en el consejo de la bodega.

-Tal y como están las cosas no creo que nos den lo que vale.

Si quieres seguir dirigiendo estas bodegas debes convencerle

de que venderemos al precio real.

-Hoy mismo le llamo.

-¿Dónde estabas? -¿Sabes qué?

Soy yo quien hará las preguntas.

¿Quién coño eres, eh?

-¿Qué? -No sigas mintiendo,

he estado con la verdadera Julia Cortázar.

¿Quién eres?

¿No dices nada? Muy bien. -¿Qué haces?

-La suplantación de identidad es un delito

y los delitos hay que denunciarlos.

-Perdón.

-¿Quién eres?

-Me llamo Laura Márquez.

Estaba de pasante en un bufete de abogados.

-¿Ni siquiera eres abogada? -Soy licenciada.

Hasta ahora el papeleo me lo llevaba un amigo, trabajábamos juntos en...

en el bufete que llevaba la herencia de tu padre.

-Vale, ahora lo entiendo, cuando viste el testamento

de Alejandro Cortázar pensaste que te tocaba la lotería. (RÍE)

-No lo entiendes. -Lo entiendo perfectamente.

-¡Mi vida era un mierda!

Pasé mi infancia en casas de acogida.

Luego una pareja me adoptó.

Pero mi padre adoptivo era un borracho y la pagaba conmigo.

Me fui de casa en cuanto pude.

Pero él me buscaba, siempre.

Por eso necesitaba desaparecer.

(RESOPLA) -Y lo planeaste todo.

-Todo no.

No esperaba enamorarme de ti.

Lo siento. -Mira, Julia, o...

o Laura, o como te llames, yo solo quiero acabar con Vicente,

¿me oyes? Y tú me vas a ayudar.

Pero esta vez sin secretos,

se acabó el tratar con ese abogado,

llámale y recupera los papeles, contrataré a alguien de confianza.

-¿Qué pasa con nosotros?

-Con nosotros...

No sé, tú...

tú sabrás.

Sería una pena disfrutar de esto sin ti.

Tranquila.

Consígueme el teléfono de Arturo Belchite,

Vicente quiere venderle unas tierras

y nosotros nos quedaremos ese dinero, ¿sí?

-Sí.

Hacía mucho que no venía por aquí.

-¿Qué le hiciste a Gonzalo Miranda para que se vengue así?

Hubo un tiempo en el que estas bodegas iban a crecer más aún.

La mujer de Miranda resultó ser su punto débil.

Durante una época me acostaba con ella

y me resultó fácil sonsacarle

cuál sería el siguiente paso de las bodegas,

el contrato con los Agüero.

-Así que iban a firmar antes con ellos que con nosotros.

Ahora no estoy orgulloso de lo que hice,

pero gracias a eso papá me nombró director de las bodegas.

-Pero no tiene sentido,

han intentado matarte y han secuestrado a Lucía,

¿todo por unos clientes?

No, después de firmar, aquello se nos fue de las manos,

papá se ocupó de que Miranda supiera lo de su mujer y yo.

Miranda la mató aquella noche.

Después se fue a la cárcel y no supimos más de él hasta ahora.

-Hola.

-Hola. Hola.

-¿Puedo ayudarles? -Sí, buscamos a Gonzalo Miranda.

No sabía que Gonzalo Miranda había muerto.

-Eres el segundo en poco tiempo que me dice eso.

-Lucía Reverte ha estado aquí, ¿habló contigo?

-Sí, bueno, estuvo un momentito, ¿verdad?

-Sí. -Quedó en volver a llamar,

pero aún no lo ha hecho.

-¿Hay algún problema?

Sí, ha desaparecido.

-¿Cómo?

¿Conocéis a este hombre?

-Sí, es... Es Navarro, ¿no?

Era el hombre de confianza de Miranda.

-Nos está ayudando a levantar el negocio.

Él conoce como nadie esta bodega así que decidimos contratarlo.

¿Qué pasa?

-Podría haberle hecho algo a Lucía.

-¿Navarro?

Este hombre intentó matarme y Lucía le ha reconocido.

-¿Sabéis dónde podemos encontrarle?

-Hoy no ha venido a trabajar.

-¿Sabéis dónde vive?

-Sí, claro, lo miro en el contrato.

Toca a la puerta.

Aquí no hay nadie.

-Espera.

Motor de una moto.

(BAJITO) Espera aquí.

¿Lucía?

Aquí no hay nadie.

-¡Policía!

Salga con las manos en alto.

-Cuando quieran cometer un delito

háganlo por la noche para que no les vean.

Los vecinos tienen la manía de llamar a la poli

cuando ven a extraños forzando una puerta.

-Lo siento. Pensamos que Lucía estaba allí.

-Como decía mi madre,

"El pensé qué y el creí que, son hermanos del tonteque".

Debería meterles en el calabozo.

-O esperar a que el dueño de la casa nos denuncie.

Y no lo hará.

El dueño de la casa es el mismo tipo que me disparó.

Trabaja en las bodegas de Gonzalo Miranda.

-¿Y cómo han llegado hasta él?

Porque Lucía fue vista por última vez en esas bodegas.

-Podría haberle hecho algo al verse descubierto.

-Para empezar Lucía no debía haber investigado por su cuenta.

-¿Qué hará con Navarro?

-Ordenaré que le busquen por debajo de las piedras.

Gracias, Ortega.

-Otra puerta rota y usted duerme en el calabozo

y usted vuelve a prisión, ¿entendido?

-¿Has visto...?

Emma, ¿qué haces con eso?

¿Estás bien?

-Lo he encontrado detrás de la cómoda...

y tiene restos de sangre.

-Restos de sangre...

-El día que murió mi madre vi una mancha de sangre en las sábanas,

pero no le di importancia.

-¿Qué pasa?

-¿Y si alguien intentó matarla?

-Emma, le quedaban días de vida, solo era cuestión de tiempo.

-A lo mejor sabía algo...

y el asesino temía que lo contara antes de morir.

Seguro que se defendió con este cuchillo.

-Entonces debes contarlo a la poli y que analicen el cuchillo.

-No, todavía no. -¿Por qué?

-Porque si el asistente social se entera, se acabó.

Nadie dejará un niño en una casa donde se cometió un asesinato.

Cuando me den a mi hijo llevaré el cuchillo a Ortega.

Y por favor, no le digas nada a Pablo.

-Tranquila.

-Mar, ¿podemos hablar un momento, por favor?

-Sí.

-¿Y esa cara?

¿Pasa algo?

-He encontrado esto en el abrigo de María, ¿sabes de dónde ha salido?

-No, ni idea, igual se la ha enviado Sara por correo

o ha ido a verla al colegio... -Mar, por favor...

-Has dejado que la vea, ¿no?

-Pablo, escúchame, lo hice por ella y por ti.

-Te dije que no me mintieras.

-No es eso, pero Sara es su madre...

-Y yo su padre, puedo decidir qué es mejor para ella.

Ay, perdonad.

Creo que María no debería ir al cole, está ardiendo,

deberíais llamar a un médico.

-A ver, abre un poquito más.

Nada, no parece que tenga nada de amígdalas,

o sea que son síntomas típicos de una infección vírica

y en 48 horas se le habrá pasado.

Que tome esto cada ocho horas.

-Perfecto. -Bueno, pues ya está.

Voy bajando. -Gracias, doctora.

-Nada, llamadme si hay problemas. -Por supuesto.

Adiós, María.

-Quiero que venga mi mamá.

-Tu mamá no está aquí, pero si quieres la llamamos.

-No, quiero que venga mi mamá.

-María, ¿sabes qué vamos a hacer Mar y yo?

Nos quedaremos contigo hasta que te pongas bien, ¿vale?

-¿Y mamá?

-Mamá no está en Lasiesta.

-Sí está, llámala. -No, no está.

-Y yo te digo que sí está.

-Va, María...

Suena el móvil.

-Pablo... -Sara.

Me gustaría hablar contigo.

Llaman al timbre.

(SORPRENDIDA) -Sara...

Pasa.

-Venía a ver a María, Pablo me ha dicho que está mala.

-Sí, claro.

(RÍE) Te veo muy bien.

-Ya ves...

he vuelto, y recuperada.

-Me alegro. -Gracias.

-Estar lejos de María ha sido lo más duro,

pero me ha dado fuerzas para seguir luchando.

-Trae, dame el abrigo.

Y esa cicatriz, ¿qué te ha pasado?

-Nada, un corte tonto durante la rehabilitación.

Ahora te veo, voy a subir.

-Sara...

-Pablo, ¿cómo está la niña?

(SECO) -Bien.

Quiero hablar contigo.

-Sí, claro. -Pasa, por favor.

-Antes de que digas nada no sé cómo darte las gracias,

esto es muy importante para mí. -Déjate de tonterías.

No quiero que se repita lo que pasó con Mar.

Y no quiero que se haga nada sobre María sin mi consentimiento.

-Mar es buena persona y muy comprensiva,

entiendo que te enamoras de ella. -Que te dejes de tonterías.

La engañaste, a mí no.

María quiere verte,

y no dejaré que algún día me reproche que lo impedí.

Pero será bajo mis reglas, en cuanto se recupere

te quiero fuera de nuestras vidas para siempre.

-Es mi hija.

-Te recuerdo que renunciaste a su custodia por dinero,

da gracias que nunca se entere de eso.

-Pablo...

-Tu hija te espera.

-Sara, ¿qué haces aquí? -La he llamado yo.

Su hija estará contenta de verla.

-Sí, seguro que se alegra.

-Bueno, traigo noticias.

Y no les voy a engañar, no son buenas.

-¿Qué pasa?

-Mira, pedí como mero trámite el historial penal de ambos...

Y cuál fue mi sorpresa al descubrir que el señor no sale bien parado.

(RÍE) -Verá...

durante todo este tiempo yo solo he sido una víctima.

Hay una policía en el pueblo, la agente Ortega,

que me involucra en todo lo que pasa en Lasiesta.

-Eso suena a "el profe me tiene manía", Sr. Arístides.

-Oiga, nunca, jamás, ningún juez me ha declarado culpable de nada,

eso es lo que importa, ¿no?

-Mire, otra pareja opta al mismo bebé ahora mismo.

Misma edad, misma situación económica,

como comprenderán, con este historial...

la balanza se inclina en contra de ustedes.

-Pero no es justo.

-Ya, pero la otra pareja opinaría lo mismo

si se quedaran ustedes con el bebé.

-Entonces, ¿nos ha descartado?

-Les voy a ser sincera,

yo solo paso los informes, el Tribunal es el que decide,

pero con este historial la cosa está clara.

-Mira, mamá, así es una princesa.

-Sí, cariño, está preciosa.

¿La peinamos para que el príncipe la vea guapa?

-¿Cómo está de fiebre?

-Bueno, tiene unas décimas todavía.

Pablo, quería pedirte una cosa.

-Sí, dime.

Me gustaría pasar aquí la noche con María,

sé que está mejor, pero...

-¡Sí, por favor!

-Me voy a Francia en unos días, solo sería esta noche.

Está bien, de acuerdo, sí.

(BAJITO) -¡Sí!

-Pablo, ¿podemos hablar? He visto algo en la habitación de mamá.

-Sí, claro, dime. -Pero aquí no, a solas.

-¿Qué pasa, Emma?

Te va a sonar raro, pero...

Estaba en su habitación y he encontrado un cuchillo

detrás de la cómoda y tiene manchas de sangre, Pablo.

-¿De sangre? Pero esa habitación lleva cerrada varios meses.

-Ya lo sé. Lo he dejado en una bolsa en mi habitación, para analizar.

Por si acaso. -¿Analizar?

¿Para qué?

-Nunca te lo he dicho, pero sospecho que mamá no murió de muerte natural.

Creo que ese cuchillo me puede dar la clave.

Sé muy bien lo que estoy diciendo.

¿Qué haces?

-Fregando este cuchillo, estaba tirado en el suelo.

Esta ya no es tu casa, ni volverá a serlo, no te ensucies las manos.

-Mi hija vive aquí, no quiero que se corte o coja una infección.

No te preocupes por eso, ya se encargan su padre... y Mar.

-No me importa fregar un cuchillo,

cuando vivía aquí hacía cosas peores.

¿Lo ve? Problema resuelto.

Móvil.

¿Sí?

-Sofía, soy la agente Ortega.

Dígame, Ortega, ¿se sabe algo?

-De momento hemos detenido al hombre que su hija identificó

como quien disparó a Cortázar.

¿Entonces estamos fuera de peligro?

-Mientras esté en el calabozo creo que no deben temer nada,

estén tranquilos.

Gracias.

Que Dios la bendiga, Ortega. Adiós. -Igualmente.

Tocan al timbre.

-Sofía, pasa. Hola, Emma.

¿Qué tal, hija?

-¿Qué tal?

Bien. -¿Qué sabes de tu hija?

Nada.

No sabemos nada.

-¿Y qué te trae por aquí? Emma, hija,

¿tú qué crees que me trae aquí?

No puedo más sin verle.

-Venga, ven.

Vente, mi amor, ven con tu abuela.

Toma, Sofía. ¿Quién ha venido a verte, amor?

-Sofía, mi padre debe estar a punto de llegar.

Sí, sí. -Te dejo a solas con él.

Sí, gracias.

Hola... (RÍE CARIÑOSA)

Bonito.

Hace mucho frío para sacarle a pasear.

Apártate, Vicente.

Mi nieto no va a salir de aquí.

Se acabó la amenaza, han detenido al hombre que quiso matar a Miguel.

Es un Cortázar, nunca dejará de tener enemigos.

Gracias a ti que eres su padre, ¿no?

Los fuertes tenemos enemigos, los débiles no tienen nada.

Nos tenemos los unos a los otros, más de lo que tú puedes presumir.

Sabes que siempre te he respetado,

pero si te lo llevas de la casa llamaré a la policía.

Dentro de una hora estará en su cuna y tú en el calabozo.

-Sofía, tiene razón.

Si te lo llevas el juez nunca os devolverá la custodia.

Hazlo por tu hija.

Hazlo por Lucía, por favor.

Pero no te lo lleves, no puedes llevártelo.

Yo cuidaré de él.

Sofía...

Gracias.

-No me las des porque no lo he hecho por ti, lo he hecho por ellos.

¿Sabes qué vas a conseguir?

Que el día que te mueras ninguno te llevemos flores a la tumba.

Bueno, dame al niño.

(DICE MONERÍAS Al BEBÉ)

-Yo nunca he creído en esto,

pero con usted han hecho un trabajo magnífico.

-Yo no he hecho nada.

-Claro, y yo nunca me salto la dieta.

¿Me cree?

Pues yo a usted tampoco.

¿Dónde estaba el día que dispararon a Miguel Cortázar?

-No sé de qué me habla.

Miguel Cortázar le reconoció, por eso tenemos este retrato robot.

Y Lucía desaparece justo donde usted trabaja,

¿no es demasiada casualidad?

-Eso o alguien quiere involucrarme.

-¿Alguien, quién?

-Los Cortázar.

Se empeñaron hace años en hundir las bodegas Miranda,

y arruinaron a Gonzalo, primero murió su mujer, luego él,

ahora quieren involucrarme a mí. -Bueno, bueno...

Pues tendremos que empezar desde el principio.

Así que usted no disparó a Cortázar. -No.

-No, claro.

Y tampoco habrá visto nunca a Lucía en las Bodegas Miranda.

-La vi, la saludé y se marchó en su coche.

Y es todo lo que diré hasta que haya un abogado aquí,

conozco perfectamente... -Sí, sus derechos.

Dios mío, qué daño han hecho las películas americanas.

(RESOPLA)

Tenga.

Y no se enrolle, que paga la administración.

Móvil.

Sí, ¿quién es?

-Miguel, ¿Miguel Cortázar?

Sí, ¿quién es?

-Soy Navarro y llamo desde la comisaría.

Escuche bien, tengo poco tiempo. Sé dónde está Lucía,

¿quiere volver a verla?

¡Hijo de puta!

-Solo yo sé dónde está, si no quiere que muera de sed o de hambre

sáqueme de aquí inmediatamente.

Sabes que no puedo hacer eso.

(RÍE) -Hace años que los Cortázar demostraron que pueden lograr

lo que se propusieran, así que sáqueme de aquí

o no volverá a verla viva.

Navarro... ¡Navarro!

Tono de línea cortada.

Mierda.

-Ya estamos más cerca de dar con Lucía.

¿Qué se sabe, ha dicho algo?

-Aún no, estamos esperando a que venga su abogado.

¿Él es Navarro?

-Sí.

¿Qué pasa?

Debe haber un error porque no es quien me disparó.

-Es igual que el retrato robot. Sí, se parece,

se parece mucho pero no es él.

-¿Está usted seguro?

Sí.

Había poca luz,

pero la suficiente para ver que no es quien me disparó.

-Señor Cortázar, ¿se da usted cuenta de lo que significa esto?

Sí, lo sé.

Y créame, lo lamento yo más que usted.

¿Qué has hecho con Lucía, hijo de puta?

¡¿Que qué has hecho con ella?! -No has entendido mi llamada.

Si me pasa algo no la vuelves a ver, así que suéltame.

¿Quieres que me olvide de dónde está?

¿Qué quieres, dinero? -Sabes muy bien lo que quiero.

Que los Cortázar paguéis por lo que hicisteis.

Dentro de poco recibiréis una llamada,

tranquilo, valdrá la pena.

Así que ahora suéltame.

-¡Joder!

-Soy yo. Han intentado seguirme.

No, no, no.

Solo espero que tengas claro cómo salir de esto.

Ahora te veo.

-No me lo puedo creer, qué barbaridad.

-Suena extraño, pero no digáis nada a la policía,

no queremos que le pase algo a Lucía.

Ese quiere vengarse de nuestra familia.

Cualquier cosa que pueda ayudar, por favor llamad.

-Contad con ello.

Y tened cuidado.

(INCRÉDULO) -¡Navarro, es increíble!

-Miraré en los viejos archivos, igual encuentro algo.

-Ajá.

-Lasiesta es pequeño,

pero estamos rodeados de kilómetros de campo.

Lucía podría estar en cualquier parte.

(RESOPLA) -Miguel...

Estaba pensando que hacer desaparecer a una persona

es relativamente fácil,

pero quien secuestró a Lucía tuvo que llevarse su coche.

La única forma de entrar y salir de aquí...

-Es por la única carretera que hay.

Avisa a Ortega, que miren las cámaras de tráfico.

-Ortega...

Pájaros piando.

-Hora de comer.

Por favor, déjame irme, no se lo diré a nadie, te lo juro.

-La palabra de los Cortázar no vale una mierda.

Yo no soy una Cortázar. -Has parido uno.

Vas a pagar igual que el resto.

¿Pero qué nos vas a hacer?

¿Eh?

-Come.

Come, come, deberías comer algo.

¿Por qué acabar con uno si puedo acabar con todos?

Y tú me vas a ayudar.

¿Por qué nos odias tanto?

-Hicieron mucho daño a gente que aprecio.

Miguel Cortázar hizo que mataran a una buena amiga,

y antes de que su familia pudiera levantar cabeza

Vicente Cortázar usó toda su artillería

para hundirles y destrozarles para siempre.

Así que cueste lo que cueste acabaré con ellos.

Aunque tengas que pagar tú o tu hijo.

Si tocas a mi hijo te juro que te mato.

-Chica mala,

te has quedado sin postre.

(RESPIRA NERVIOSA)

Móvil.

-¿Sí? -¿Señora Cortázar? Soy la asistente.

¿La pillo en mal momento?

-No, estoy resolviendo unos asuntos, dígame.

-Siento haber sido tan dura antes, es que...

el proceso es muy exigente y... -No se preocupe.

Cuanto antes me haga a la idea de no ser madre, mejor.

-Precisamente la llamaba por eso.

El matrimonio del que le hablé ha retirado la solicitud

y de momento no van a adoptar, así que...

-¿Por?

-No sé qué ha pasado, pero si siguen interesados el proceso está abierto.

-¿En serio?

Sí, claro. ¿Entonces mantenemos la cita?

-Eso es. -Pues muchas gracias.

De verdad, muchas gracias.

-Nada, a usted.

-¿Sra. Cortázar, quería hablar con la agente Ortega?

-Sí, pero será mejor que lo deje para otro día.

Muchas gracias.

-Vicente, está riquísimo.

Gracias, hija.

-Enhorabuena, no sabía que eras tan buen cocinero.

-Perdón, solo quería daros las buenas noches.

-¿La niña está durmiendo?

-Sí, le he leído un cuento y se ha quedado frita.

Me voy arriba a cenar esto. -Buenas noches.

Sara...

que aproveche.

(EBRIO) -¿Qué pasa, los Cortázar no te hacen sitio en su mesa?

-Buenas noches, Gustavo. (RÍE BURLÓN)

-Tú eres afortunada.

Es fantástico todo por ahora.

No tardarás mucho en ver la verdadera cara de esta familia.

-¡Gustavo, cállate ya!

-¿Qué vas a hacer, pegarme otra vez?

-Pablo, déjalo.

-¡Eso, ahí! "Sit, sit", ahí. (RÍE)

(RÍE) Hazme caso, Mar.

Hazme caso.

Te usan y cuando ya no les sirves,

acabas cenando ensalada en el piso de arriba.

-O haciendo el ridículo como tú.

-Solo celebro mi última noche en esta casa.

¿No es una buena noticia?

-No corras tanto, papá.

La otra pareja se ha retirado así que seguimos optando al bebé.

(BURLÓN) -Ah, no hay dinero en el mundo para que me agradezcas

todo lo que estoy haciendo por ti. -¡Gustavo!

(RÍE)

¿Es que esta mala bestia no se irá nunca de casa?

Teléfono. -¿Quién llama? Despertarán al bebé.

Deja, hijo, yo me ocupo.

-Mar, siento lo de Gustavo, es un imbécil.

Sí, dígame.

-Perdone la hora, ¿podría hablar con Emma Cortázar, por favor?

Eh... ¿de parte de quién?

-Soy la asistente que lleva la adopción.

Teníamos una cita para la semana que viene,

pero se me ha quedado un hueco libre para mañana a la misma hora,

¿podría avisarles, por favor?

Claro, yo me encargo de que estén preparados, sí.

-Muchas gracias, muy amable, gracias.

-¿Quién ha llamado? Una equivocación.

¿Pasamos al segundo?

-¿Habéis encontrado algo? -Nada.

Hemos llegado hasta la viña vieja de los Cortázar,

pero ni rastro.

-Hablaré con ellos, no creo que haya problema en buscarla en sus tierras.

-No me gusta ser yo quien te lo diga,

pero no creo que no tendrás que hacerlo.

-¿Y eso?

-Arturo Belchite va a comprar esas tierras.

-Eso no tiene ningún sentido.

-Mi hermano trabaja para él.

Dice que a falta de firmar es casi oficial.

-Don Arturo, gracias por venir tan pronto.

-Tu padre y yo hicimos muchos negocios juntos.

-Lo sé. -Era un tipo estupendo.

No he visto a nadie luchar por sus tierras como él.

En cambio, vosotros parecéis cansados de ellas.

-¿Nosotros?

-Vamos al grano, Dani.

Te has enterado que voy a comprar parte de la tierra de los Cortázar

y quieres ofrecerme las tuyas, ¿no?

-¿Pero qué dice?

Don Arturo, mis tierras no están en venta.

Le ha llamado porque nadie daría un duro

por las tierras que le quieren vender.

-¿De qué estás hablando?

-Aún no es oficial,

pero se ha aprobado una autovía que pasará por viñas Cortázar.

Van a expropiar esas tierras,

dentro de poco no quedará nada, solo asfalto.

-Tiene que haber un error.

-Créame, el único error es confiar en ellos.

¿Si no por qué cree que quieren vender de repente?

Y posiblemente por menos dinero del que valen las tierras, ¿no?

Pues porque dentro de unos meses no valdrán nada.

Mire, si no me cree compruébelo usted mismo.

Este es el informe técnico, ahí están las parcelas a expropiar.

-¿Cuánto hace que nos conocemos?

¿40 años?

Nos hacemos viejos, Arturo.

Los negocios están en manos de las nuevas generaciones,

como mi hijo Carlos.

De no ser por él no te vendería el terreno.

-¿Y lo de intentar estafarme ha sido cosa tuya o de él?

¿Has venido a mi casa para insultarme?

-¿Venderme una tierra por donde pasará una autovía?

Sabía que eras capaz de cualquier cosa,

pero pensaba que aún te quedaba algo de vergüenza.

-¿Quién le ha dado este informe?

-¿Eso es lo que importa, quién me lo dio?

-Pues sí que importa porque es antiguo.

¿Crees que iba a permitir que pasara por mis tierras?

Desviarán todo el trazado a la tierra de los Reverte.

-¿Y cómo puedo estar seguro? Me juego mucho dinero.

-Aún no es oficial, pero le damos nuestra palabra.

-La palabra en los negocios vale poco, y la de un Cortázar menos.

Cuidado, Arturo, mi paciencia tiene un límite,

y tú lo has pasado con creces.

-Quiero una confirmación por escrito de la administración

de que la carretera no pasará por esas tierras o no hay trato,

no quiero comprar un trozo de autovía.

¿No lo tenías todo controlado?

¡Arregla esto y no me dejes más en ridículo,

o no volveré a confiar en ti!

¡El porvenir de los Cortázar está en tus manos!

¡Vamos!

-Estaba empezando a preocuparme.

-Los Cortázar somos gente de palabra,

le dije que llamaría y aquí estoy.

Bueno, ¿y bien?

-Pues he revisado los planos detalladamente...

y...

la carretera puede rodear las viñas sin atravesarlas.

-Bueno, me alegro que no haya problemas.

-Hombre, con dinero se arregla casi todo.

-Precisamente de eso quería hablarle.

Resulta que todavía no tengo todo el dinero que le prometí.

(SUSPIRA) Eh...

-Me ha dicho que es un hombre de palabra.

-Sí, pero no he conseguido vender las tierras con las que iba a pagar.

-Entonces creo que pierdo el tiempo.

-Escúcheme, siéntese.

Siéntese, por favor.

Es muy sencillo.

Necesito que certifique ante quien va a comprar las tierras

que la autopista no pasará por ahí.

Después yo tendré mi dinero y se lo pagaré a usted.

¿Vale?

-¿Y qué pasa si yo certifico el nuevo trazado y usted no me paga?

-Siempre podrá echarse atrás,

no creo que sea muy difícil alegar que fue un error.

¿Qué me dice?

Vamos.

(MOLESTA) -¿Qué haces aquí?

-Buscaba una cosa.

-No puedes entrar en mi cuarto cuando te dé la gana.

-Solo quería encontrar...

Aquí está.

Esto.

Son las fotos de la boda, a María le encanta verlas.

-Pensaba salir con ella al parque.

-No, todavía es muy pronto.

-¿Por qué? Ya no tiene fiebre.

Está deseando salir y le vendrá bien el aire fresco.

-Me da igual, está enferma y no va a salir aún.

Buenos días, Pablo.

-Buenos días.

-¿Soy la única que piensa que todo esto es rarísimo?

-Ahora mismo le digo que se vaya.

-María te va a montar un número que...

-Algún día me lo agradecerá...

espero.

-Mi vida... -¿Podemos ir hoy al parque?

-No, mi amor, Mar no nos deja,

pero he traído una cosa, mira.

El álbum de la boda, ¿quieres verlo? ¿Sí?

Mira qué bonito.

Vete mirándolo mientras te preparo la medicina.

Toma, mi amor.

Tienes que ponerte buena,

así podremos ir al parque siempre que quieras.

A ver...

Un poquito más.

Todo lo que hago es para que estemos juntas.

Siempre.

Un poquito más, vi vida.

-Dicen que beber solo es de borrachos.

Eso es porque no han probado este vino. Además...

¿quién dice que voy a beber solo?

(RÍE) -Se lo agradezco, pero prefiero estar sobrio.

Uno nunca sabe en esta casa cuándo le lanzarán un cuchillo.

¿Quién lo hubiera dicho anoche?

Solo quería que probases mi mejor vino.

-¿Y a qué debo ese honor?

A que voy a dejarte de verte por aquí, ¿te parece poco?

(RÍE)

-La verdad es que la asistenta está encantada conmigo,

cree que soy el mejor padre que uno pueda tener, ya ve.

Puede que Emma se enamore otra vez de mi y nos casemos en Las Vegas.

Para ser padre hay ser muy hombre...

y tú eres la mitad.

-Quiera o no, Vicente, pronto habrá un niño cualquiera

llevando su apellido y llenando de baba su imperio.

Por el bastardo.

No está mal, ¿otra copita? Sírvete tú mismo.

Golpe fuerte.

Golpe.

(PREOCUPADA) -¿Qué ha pasado?

(EBRIO) -Nada.

Me he tomado una copa y me ha sentado fatal.

-Ya lo veo.

Venga, anda, ve a darte una ducha.

¡Ay! -Perdona.

Perdona. -¡Deja, Gustavo!

Timbre. ¡Dúchate, llaman a la puerta!

-Voy.

-Hola. -Hola.

-Pase.

-¿Qué tal, cómo está?

(DESCONCERTADA) -Bien.

¿Qué le trae por aquí?

-Le pasaron mi recado, ¿verdad?

-¿Recado? -Sí.

-No, no le esperaba hasta... -Llamé para adelantar la cita.

No sé, hablé con alguien...

-No, a mí no me mire... (RÍE)

-Bueno, da igual, pase al salón, por favor.

-¿Usted no viene? -Sí, ahora.

Es que viene de hacer deporte y va a darse una ducha.

Venga. -Hay que mantenerse en forma.

-¿Se encuentra bien, Sr. Arístides?

-De puta madre. -Ya.

-Un poco de agujetas, pero...

-¿Te das la ducha mientras hablamos?

-Claro.

Golpe.

-La mierda del escalón. (RÍE) -¿Ha bebido, señor Arístides?

-Una bebida isotónica de esas.

-Ya.

-Juro que esto no es normal. -No, desde luego que no.

Que estén intentando adoptar un niño y su marido me reciba borracho.

Mire, yo creía que este era un buen hogar para criar a un hijo,

pero ahora veo que me equivocaba. -Escu...

-Gustavo, recoge tus cosas y vete.

(MUY EBRIO) -No puedo, necesito el dinero.

-No hay niño, no hay dinero.

-Voy a arreglar esto, te lo juro.

-Haz lo que te dé la gana, ¡pero no te quiero ver más!

Cierra la puerta.

Frenazo.

-¡Maldita sea! ¡¿Usted está loco o qué?!

¡No puede conducir en ese estado! -Lo sé, lo siento,

ha sido una temeridad. Escúcheme...

-Si cree que así cambiaré de idea, lo lleva claro.

-No sabe cuán importante es el niño para Emma.

-Lo sé, pero dudo que para usted sea igual.

-¿Y qué? Es ella quien lo cuidará,

Emma y yo llevamos meses separados.

-¿Qué? -Míreme.

Míreme, bebo, no tengo trabajo, no podría educar a un perro.

Pero Emma no tiene la culpa,

fíjese si es buena persona que me ha aguantado todo este tiempo

solo para conseguir ser madre.

Teníamos un pacto, en cuento el niño llegara yo salía por la puerta,

así que si teme mi mala influencia no tiene de qué preocuparse.

-Estamos en mitad de la carretera y no puedo hacer nada.

-¿Cree que me iré sin el puto crío? -¡Me está asustando!

-¡Ah! -¡Ah!

-Oiga...

Que me cago en la puta...

Oiga...

¡Oiga!

¡¿Qué hago yo?!

-Agente Ortega. -Emma.

Usted me dirá qué le trae por mis aposentos.

-Vengo... -No me lo diga...

Viene a hablarme de su hermano Miguel.

O de Raúl.

¿De su padre?

-No, he venido a hablarle de mi madre.

-Vaya, eso sí que no me lo esperaba.

Siéntese, por favor.

Bueno...

¿Y qué sucede con doña Rosalía que en paz descanse?

-Verá...

hace unos días encontré este cuchillo.

Estaba debajo de la cómoda de su habitación.

-¿Y?

-Tiene sangre.

-Bueno, podría ser de cualquier cosa.

-No...

En ese momento yo no le di importancia, pero...

el día que murió mi madre vi una gota de sangre en sus sábanas.

-Y usted cree que la de las sábanas y la del cuchillo es la misma.

-Sí.

-Ya.

Pero si su madre hubiera muerto a cuchilladas ya lo sabríamos.

-Yo creo que ella usó ese cuchillo para defenderse.

-Espere un momento.

A ver, ¿me está queriendo decir

que la sangre de las sábanas y la del cuchillo

pertenecen a la persona que envenenó a su madre?

-Sí. Es más, yo estoy segura de que esa sangre es de Sara.

-¡¿Sara?!

¿Su excuñada?

-Sí.

-¿Y por qué no ha venido a decírmelo antes?

-Porque estoy intentando adoptar un niño, agente Ortega,

y no podía permitirme otro escándalo en la familia.

-Vaya, pues no sé si darle la enhorabuena

o detenerla por obstrucción a la justicia.

-Me da igual, Gustavo lo ha echado todo a perder.

-Qué raro.

¿Tienes el dinero?

-No ha sido fácil,

pero Belchite se ha quedado con las tierras.

Ajá. Organiza una fiesta en la bodega,

presentaremos la nueva cosecha.

-¿Ahora?

Lasiesta es un pueblo muy pequeño,

y seguro que ya hay rumores sobre la carretera,

dejaremos claro que no estamos vencidos,

sino más fuertes que nunca.

-¿Pues sabes qué, papá? Me parece perfecto.

¿Qué te parece si invito al técnico? Los sobornos con vino entran mejor.

Sé que no me equivocaba contigo.

Si logramos salvar esos viñedos

estas bodegas estarán en buenas manos.

Cuando yo falte la familia necesitará de alguien como tú,

decidido y sin escrúpulos,

ya sabes que sin estas bodegas los Cortázar no somos nada.

-Buenos días, Pablo, ¿quieres café? -No, gracias, no quiero nada.

Creo que ya...

es hora de que te vayas. Ya ha pasado la noche que pediste.

-Ya, lo entiendo, yo te habría dicho lo mismo.

Bueno, sé que...

que te defraudé, a los dos...

Solo espero que algún día me puedas perdonar del todo.

-Muy bien.

(CASI HISTÉRICA) -¡Pablo!

¡Llama a la ambulancia, rápido!

-¿Qué pasa?

-María no se mueve.

-¡Mi niña!

Sirenas de la ambulancia.

Ha llamado Ortega. Revisaron los vídeos de tráfico

y aparece el coche de Lucía,

pero solo en el viaje de ida a las Bodegas Miranda,

después, ni rastro.

-El coche no ha salido de ahí.

-Esta zona está poco edificada,

si está en un edificio no será difícil encontrarla.

(RESOPLA) -Vamos a ver, esta es la carretera por la que fue Lucía.

Esto es Viña Miranda y aquí están las bodegas.

Solo hay tres edificios en la zona.

Esta nave, el viejo cobertizo de la carretera

y el almacén de arrieros. -Yo voy al cobertizo.

Ten cuidado, hijo.

-Sí, mamá.

Tened cuidado, por favor.

Raúl, avisa a Ortega.

-¿Qué pasa?

El coche de Lucía está aquí.

-Miguel, ten cuidado.

Avisa a Ortega, deprisa.

(INTENTA GRITAR)

(GRITA SIN VOZ)

(GRITA DESESPERADA SIN VOZ)

(CON ALGO DE VOZ) ¡Socorro!

-Espero que te sientas cómoda en tu nueva casa.

De todas formas no te preocupes, no estarás mucho tiempo por aquí.

No te asustes, mujer.

(RÍE)

De momento no la voy a utilizar contigo.

Era para Navarro, creo que muerto nos será mucho más útil que vivo.

Puede que la siguiente seas tú.

Todo dependerá de Miguel Cortázar.

¡Navarro, Navarro! (GIME)

¿Quién te ha hecho esto?

(SIN ALIENTO) -Miranda... Miranda está muerto.

(TOSE) ¿Dónde está Lucía?

-Acabaste con esa familia... (TOSE)

y lo tienes que pagar.

Lucía no tiene nada que ver, ¿dónde está, qué has hecho con ella?

¿Qué has hecho?

¡Aguanta!

-¡No se mueva, Miguel!

Hay que llevarle a un hospital, le han disparado.

-¡Estese quieto, levante las manos!

¡Llamad a una ambulancia! Sabe dónde está Lucía.

-Queda detenido. Lleváosle.

¿Pero qué dice? ¡Si yo no he hecho nada!

¡Ortega, se está equivocando, no he hecho nada!

¡Ortega, sabe dónde está Lucía!

-¿Vamos, cariño? -Sí.

(GRITA SIN VOZ)

No te llevarás ese dinero,

lo necesitamos para desviar la autovía.

-Gustavo, ¿qué has hecho?

-Fui a decirle que yo soy un cafre, pero que tú te mereces ser madre,

se tropezó y se golpeó la cabeza.

-Es precioso. -El ADN de la sangre del cuchillo

no coincide con el de su madre ni ninguno que tengamos registrado.

-Así que podría ser de Sara.

-Debería denunciarte ahora mismo. -¿Qué?

-¡¿Se puede saber qué es esto?! ¡Nos ha estado engañando, Pablo!

-¿Qué estás diciendo? Ha cometido muchos errores, pero es su hija.

-Sara, no quiero que te vayas, tenías razón,

he intentado rehacer mi vida, pero no funciona.

-¡Cariño!

-Siempre te querré. -Yo también te quiero.

-Gonzalo Miranda era su padre. ¡Ainhoa!

(ASUSTADA) -¡Teníais razón, es Javier, Javier tiene a Lucía!

-¿Sabes dónde está? -Me golpeó y perdí el conocimiento.

Cuando me desperté solo encontré esto.

-¡Llévenselos! -Esto tiene una explicación.

-Ya se la dará al juez.

Yo resucité...

la guerra contra los Miranda.

Acaba con esto de una vez por todas, dispara.

Disparo.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 41

22 abr 2013

La desaparición de Lucía une por primera vez a Raúl y Miguel. Los hermanos que hasta ahora parecían enemigos irreconciliables dejan a un lado sus diferencias para encontrar con vida a Lucía. Sólo tienen una pista que seguirm un viejo nombre procedente del pasado más turbio de Miguel: Gonzalo Miranda. Con la preocupación por Lucía, los Reverte luchan por recuperar la custodia del pequeño Jesús en poder de Vicente. Mientras, el patriarca de los Cortázar se esfuerza junto a su hijo Carlos por no ver sus tierras desaparecer bajo el asfalto de una nueva autovía. Aunque ella asegura volver en son de paz, la aparición de Sara vuelve a desestabilizar la vida de Pablo. Además, Emma siente cada vez más cerca la posibilidad de ser madre, pero la ayuda de Gustavo podría convertirse en su mayor impedimento para tener ese hijo tan anhelado.

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