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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-Para los católicos siempre es un momento

de alegría recibir a un nuevo miembro

en nuestra comunidad.

Un nuevo ser llamado a formar parte de esta familia

que conformamos los hijos de Dios nuestro Señor.

Nunca se me ha dado bien sacar parecidos...

pero no se puede negar que ese niño es un Cortázar.

-¿Qué haces aquí, papá?

Si Lucía hubiera querido que vinieras te habría invitado.

Es el bautizo de mi nieto, no necesito que nadie me invite.

-Hoy damos la bienvenida al seno de nuestra iglesia

al hijo de Lucía y de Miguel,

que desgraciadamente hoy no puede estar aquí con nosotros.

Jesús, yo te bautizo

en el nombre del Padre y del Hijo

y del Espíritu Santo.

Parece que ha heredado los ojos de mi padre.

-Este niño no tiene nada que ver con usted.

Claro que sí, este niño tiene mi mismo apellido.

Jesús Cortázar Reverte...

¿Quién iba a pensar que alguna vez

una persona iba a llevar los dos apellidos?

Por suerte el apellido no hace a la persona.

Yo no estaría tan seguro.

Vicente, adiós.

Lucía, ese niño tiene mi misma sangre,

por más que te empeñes no conseguirás que crezca

donde tiene que crecer:

en mi casa, con su familia.

Su familia somos nosotros.

Eso lo decidirá un juez.

Vicente, ni tú ni nadie me va a quitar a mi hijo.

¿Y quién va a impedirlo, Miguel?

Vamos. Vamos.

Vamos, hijo.

-Perdón por el retraso.

-Tranquilo, todavía no hemos empezado.

Carlos acaba de presentar una nueva propuesta para...

¿Cómo le llamas a esto? Optimización de recursos, ¿no?

-Una manera elegante de decir que echará

a la mitad de la plantilla.

Hija, a nadie le resulta agradable dejar en la calle

a tantas familias, pero no tenemos otra opción

si queremos seguir siendo lo que somos.

-Bueno, igual ese es el problema,

que la gente cambia.

-Si los vinos Cortázar lideran el mercado desde hace tanto tiempo

es porque estas bodegas han sido dirigidas

sin contemplaciones. Y así seguiremos.

-¡Guau! Qué bien que te aprendiste el guión.

-Se me ocurre otra manera de ahorrar, por ejemplo:

rebajarse el sueldo o reduciendo el margen de beneficios.

-¿Y si ponemos el cartel de cerrado y dejamos

que Bodegas Reverte se lleve el negocio?

-¿Es un chiste o es en serio?

-Carlos, yo solo pretendo mirar por los intereses de mi sobrino.

El tema de las conspiraciones te lo dejo para ti.

-Claro, por eso desde que formas parte de esta junta

te has dedicado a tumbar todas mis propuestas.

-¿Cómo cuando quisiste gastar más de 10 mil euros

en decorar el despacho de Miguel? Así empezó Gustavo.

-Emma, todos cometemos errores

y quizás devolverte las acciones fuera uno de ellos.

-Y el tuyo que estés aquí.

-Bueno, ¿seguimos?

Carlos, está visto que no llegaremos a un acuerdo,

así que tendremos que votar.

Votos a favor de la propuesta de vuestro hermano.

-Perdón, ha llamado de las viñas, alguno de ustedes

debería acercarse. -Bien.

¿Se puede saber qué hacen aquí?

-Trabajar.

-¿Con qué permiso?

-Nos envían de la consejería. Aquí tienen todos los permisos.

-¿Para qué?

-La Autovía de Norte, este es el único recorrido

para evitar el cauce del río.

-No, eso no puede ser.

-Si tienen algo que protestar o alegaciones

vayan a la consejería, nosotros cumplimos órdenes.

-Por supuesto. -No dude que lo haremos.

Estas tierras han pertenecido a nuestra familia desde siglos,

por ellas han pasado muchas cosas pero lo que no pasará

en una carretera, eso lo sabe hasta Dios.

-Tranquilo, intentaremos cambiar el recorrido.

-No sé, Pablo, eso es complicado, tienen la ley de su lado.

Tienen que llegar a un acuerdo económico con nosotros

pero si no, siempre pueden expropiarnos las tierras

y se acabó. -¿Así, sin más?

-Pareces nueva, Emma.

Ir contra la administración es como luchar contra un gigante.

-Pero son vuestras tierras.

No os la pueden quitar porque sí.

Nadie va a hacerlo.

-Hola.

Perdonad el retraso.

Vengo de la empresa que ha diseñado el trazado.

-¿Y? -Las viñas Cortázar

son la idóneas para la autovía.

Ah... -No puede ser.

Pero habrá otro sitio para que pase.

-Pero eso supondría atravesar el río y encarecería el proyecto.

Solo nos queda una alternativa...

Y esa alternativa pasa por las tierras de los Reverte.

-Y no se les ve muy convencidos. Tendremos que convencerles.

-Papá, por favor, no podemos hacer eso.

-Eso dejaría prácticamente a los Reverte sin nada.

¿Preferís ver el trabajo de estos años

enterrado bajo el asfalto?

-No. -¡Preferimos hacer las cosas bien

por una vez, sin dejar cadáveres por el camino!

¡El único cadáver que habrá

es el nuestro si no reaccionamos a tiempo!

-Lo que intenta decirte Emma es que intentemos hacer

una guerra lo más limpia posible. -A ver,

todavía estamos a tiempo de presentar alegaciones.

Lo más importante es salvar nuestras tierras.

Los Reverte que se espabilen.

Está bien, Carlos, tú eres el director.

-Sigamos los trámites legales.

No sé, papá, mientras haya esperanzas

para qué molestar a los Reverte.

-Claro.

-Me he enterado que ha bautizado a su hijo.

Enhorabuena. Gracias.

-En este pueblo necesitamos niños.

Porque entre los lasiestanos que metemos en la cárcel

y los que se nos mueren, en nada nos quedamos solas.

Gracias, Ortega, pero no me habrá llamado por esto.

¿Sabemos ya quién disparó a Miguel?

-No, el agresor no dejó pistas: ni huellas ni restos de ADN

y los testimonios que hemos logrado no han sido de gran ayuda.

Así que estamos igual.

Pero no la llamé para hablar de eso,

para hablar de la llamé otro Cortázar.

Raúl.

Le han concedido el tercer grado y esta tarde lo ponen en libertad.

Ya...

(RÍE)

(MURMURA EMOCIONADA)

-¿Ta han tratado bien?

-Nos daban vino Tetra Brick, pero no me quejo.

(RÍE) Cada día estás más guapa, Emma.

-Me alegro tanto de que hayas vuelto, Raúl.

No sabes lo que han sido estos meses.

-¿Te ha vuelto a molestar Gustavo?

-No, que va. Hace mucho que no sabemos nada de él.

Le pegaron una paliza y se marchó.

-¿Una paliza a Gustavo?

No sé por qué, pero no me sorprende.

-Nunca hemos sabido quién fue,

pero me hubiera encantado hacerlo a mí.

Creo que está en Navarra trabajando en una bodega pequeña.

-¿Cómo está Miguel?

-Está igual.

-Me gustaría ir a verle.

-No sé si es buena idea, Raúl.

-Tuvimos nuestros problemas

pero ya va siendo hora de pasar página.

Quiero estar con él. -Pero Lucía no sé si querrá

volver a verte después de lo que pasó.

Bueno, déjame que la llame antes, ¿vale?

¿Eh? -Vale.

-Dame un beso.

Teléfono.

-Emma, dime.

No, Lucía ahora no está.

Sí, claro, yo le doy el recado, dime.

¿Raúl?

Sí, claro, no te preocupes, yo se lo digo.

Hasta ahora. Ya he terminado.

¿Es mi móvil, con quién hablas?

-Hum... Fermín, sí, está en la viñas.

Ah, ¿necesita que vaya?

-No, ya voy yo si quieres.

¿Le echas un vistazo a la temperatura del vino?

Claro. -Vale, por él.

Hasta ahora. Chao.

-¿Dónde cojones te crees que vas?

-No vine a por bronca, Dani, solo vine a ver a mi hermano.

Creía que Lucía lo sabía. -No le dije nada

porque no quiero que hables con ella.

Suficiente daño le has hecho ya, ¿no crees?

-Si algo me han sobrado estos meses es tiempo para pensar.

Y sé que me porté como un cabrón pero todo el mundo

necesita una segunda oportunidad. He cambiado.

-La gente no cambia así como así, y mucho menos un Cortázar.

-¿Tú crees?

A ti hace años había que sacarte a rastras de los bares

y mírate ahora,

al frente de las dos bodegas más importantes de Lasiesta.

Dani...

¿Qué, has terminado de hablar con Fermín?

-No le culpes, solo ha hecho creía mejor para ti.

-Escúchame... ¡Ya soy mayor para cuidar

de mí misma y decidir con quien debo o no hablar!

-Espero que no te moleste que esté aquí.

Pitidos del monitor.

A pesar de estar en coma dicen que no corre peligro.

Podría estar así un día más o años.

-¿Y se sabe algo de quién le disparó?

Nada.

-Nunca le faltaron los enemigos.

Miguel ha cambiado mucho, Raúl.

-Yo también.

Lo único que quiero es que...

despierte y que seamos felices con nuestro hijo.

-Ya, pero ese niño podría...

No, Raúl.

-Te entiendo.

Ojalá Miguel se recupere pronto.

Tu padre no piensa lo mismo, quiere la custodia del niño.

-No creo que ningún juez se la dé.

Ese niño tiene que estar contigo.

Ya, pero él es Vicente Cortázar

y yo no puedo estar tranquila si él está detrás.

-Mira, Lucía, de verdad, si necesitas cualquier cosa,

cualquiera, cuenta conmigo, ¿vale?

Gracias.

Oh, ¿quién te ha dejado entrar?

-Todavía guardo algún recuerdo.

No esperaba verte tan pronto. -Ni yo a ti,

así que créeme que no es plato de buen gusto.

He hablado con Lucía. Ese niño es un Cortázar

y tiene que estar en esta casa, donde le corresponde.

Es algo que nos inculcó mi padre a mis hermanos y a mí.

-Ya, y moldearnos a todos a una imagen,

como intentaste con Miguel y conmigo.

Esta vez no fallaré.

-Déjala en paz. -Papá, ¿todo bien?

(ASIENTE) -¿Papá?

(RÍE) Así que ya tienes nueva marioneta.

-No voy a permitir que me hables así, Raúl,

ahora yo vivo aquí y puedo echarte cuando quiera.

-¿Ah, sí? ¿Y qué habitación has elegido:

la de Miguel o la mía? -La de Miguel, es más luminosa,

-Ya. He conocido muchos que han conocido el camino

de Miguel y no acabaron nada bien.

-Vamos, tú, por ejemplo.

-Tú caso me recuerda más al de Gustavo,

un pobre diablo venido a más.

Ah, déjalo, Carlos, no merece la pena,

Raúl, al igual que Miguel, ha olvidado cuál se familia.

-No tienes ni idea de lo que es una familia.

Te lo advierto, olvídate del hijo de Lucía.

-Ahora no puedes dar marcha atrás, papá.

Necesitamos la custodia de ese niño

para recuperar las acciones.

Quiero a Daniel fuera de las bodegas.

Confía en mí, mi nieto estará pronto donde le corresponde.

-Ajo, ajo, ajo.

Timbre. Ajo, ajo.

Gorgoritos del bebé. Agente Ortega, adelante.

-Sofía, Daniel, vengo a acompañando a este señor que viene del juzgado.

-¿Del juzgado? -Quería hablar con Lucía Reverte.

No, ahora no está en casa Lucía.

-Como ya sabrán don Vicente Cortázar

interpuso una denuncia por la custodia de su nieto.

Puede que nuestra casa no sea tan grande

como la del señor Vicente Cortázar pero aquí hay más cariño.

-De eso doy fe. -Además, puede preguntar

a quien quiera del pueblo, nadie le hablará mal de nosotros.

-Sin embargo tengo entendido que las bodegas atravesaron

graves problemas financieros.

-Problemas que por suerte ya no tenemos.

Mire, es verdad, hemos pasado por malos momentos,

pero gracias a Dios los hemos superado,

hemos salido a flote.

A mi nieto no le va a faltar de nada,

si es eso lo que le preocupa. -Además, en esta casa sabemos

lo que es el trabajo, ¿verdad?

-Usted es Daniel Reverte, el tío del niño, ¿no?

-Sí, señor. Mi hijo.

-Si no equivoco ha tenido algunos problemas con las drogas.

-Mire, si lo que está buscando es basura,

igual debería ir a la casa de los Cortázar.

La mitad de esa gente debería estar en la cárcel.

-De eso también puedo dar fe.

-La madre del niño, Lucía, también estuvo en la cárcel.

-No, no... Escúcheme, no, mi hermana era inocente

y se demostró. -Dani, tranquilo.

-Señor Reverte, yo solo me atengo a los hechos.

Bien, pero escúcheme usted a mí,

el sitio de un niño está junto a su madre.

-¿Y ahora mismo está en...?

Está en el hospital, junto al padre del niño.

-Don Miguel Cortázar, el cual está en coma

después de que intentaran matarlo.

Sí, a pesar de lo que parezca, créame que nadie

va a cuidar mejor a mi nieto que nosotros, su familia.

-Como cuidaron de su cuñado, que murió hace dos meses

en una residencia. -¿Qué insinúa?

-Tranquilo, Dani... -Dígale a la madre que volveré

en tres horas y que espero poder verla junto a su hijo.

-Por supuesto. -¿Vamos?

-Sí. Dani, lo siento. Sofía...

¡Por Dios!

Esto es horroroso.

Mi nieto no sale de esta casa.

-Mamá, no es la primera vez

que Vicente consigue cosas imposibles.

Bueno, yo he sobrevivido a todas ellas.

Timbre.

¡Sofía! ¿A qué debo el honor de tu visita?

No seas cínico, Vicente.

Sabes a lo que he venido.

Y por tu cara sospecho que ya queda poco

para que el pequeño Jesús corretee por esta casa.

No soportas ver que nos vaya bien.

Sofía, esto no lo hago por ti ni por tu hija,

sino por vuestro nieto.

¿Vas a negarle una vida mejor? ¿Aquí?

Mi hijo Carlos nunca le perdonó a Rosalía

no haberle dejado crecer en esta casa.

No poder disfrutar de todo lo que implica ser un Cortázar.

Si esta familia ha llegado donde ha llegado

es porque siempre hemos permanecido juntos

y así seguirá mientras yo viva.

Siempre he sido condescendiente contigo, tú lo sabes.

Pero es que ahora has pinchado un hueso, Vicente.

¡Si mi nieto sale de mi casa yo no pararé hasta verte sufrir

todo lo que yo he sufrido por tu culpa!

Sofía, comprenderás que a estas alturas

no puedo tenerte miedo. ¡Pues deberías!

Deberías. Sabes lo que soy capaz

de hacer por mis hijos, imagínate por mi nieto.

La puerta se cierra.

Nunca he visto a los Reverte tan nerviosos.

Eso solo puede significar que ese niño está más cerca

de esta casa de lo que creíamos.

-Por desgracia no son todo buenas noticias.

Han llamado del ayuntamiento, dicen que el recurso

que hemos presentado para paralizar la autopista

no es válido. ¿Qué ha pasado?

-No sé, al parecer hay errores en la fechas,

en los datos del registro.

Se supone que Julia era una experta en esto.

-Sí, hablaré con ella, a ver qué ha pasado,

pero no te preocupes, todavía tenemos tiempo.

Eso espero. Al fin y al cabo es tu protegida, ¿no?

-¿Qué haces? -Hola.

He perdido el contrato de los grandes almacenes,

buscaba la copia.

-¿Por qué no se la pediste a Elvira?

-Así era mucho más rápido.

¿Qué pasa? ¿No te días de mí?

-¿Por qué no me voy a fiar de ti?

-¿Sabes que podría denunciarte por acoso laboral?

-¿Ah, sí? (ASIENTE)

-Entonces tendré que contratar un abogado para que me defienda.

Y así aprovecho para que me prepare unas alegaciones en condiciones

para impedir el trazado de la autopista.

-¿Qué pasa?

-¿Que qué pasa?

Que esto es un desastre, eso es lo que pasa.

Nos lo han echado atrás.

Pensaba que eras especialista en estos temas.

-Vale...

En el bufete de Logroño solo llevaba penal.

No te dije toda la verdad porque quería este trabajo.

Y porque quería demostrarte lo que valgo.

Y porque quería estar contigo.

Y al final todo me vino grande.

-Ya...

¿Y por qué no me dijiste nada, eh?

-Porque no quería decepcionarte.

Y porque soy una Cortázar...

Nos cuesta demasiado pedir ayuda.

-Bueno, tranquila, todavía tenemos tiempo.

Habla con quien tengas que hablar,

pero no podemos permitirnos otro error.

-No volverá a ocurrir.

Gracias.

¿Todo bien?

-Sí, todo bien.

Ponte con ello.

Elvira, necesito que me haga un favor,

quiero que investigue en qué facultad se graduó Julia

y dónde trabajó.

Quiero hacer una fiesta sorpresa para sus amigos.

-Ya... La típica fiesta sorpresa de los Cortázar.

-Pues sí, la típica fiesta sorpresa de los Cortázar

a la que nunca la invitaríamos,

así que sea discreta y haga su trabajo.

-Hola.

Llevo todo el día conduciendo, ¿no vas a invitarme a tomar nada?

Y al final conseguí que me operaran.

He estado varios meses de rehabilitación...

Pero ya soy la de siempre.

Casi no me acordaba de lo bueno que está este vino.

¿No dices nada?

-Hace mucho tiempo que no sabía nada de ti...

Y ahora... apareces de repente.

-Echo mucho de menos a María.

He estado a punto de llamaros miles de veces.

-Que lo nuestro acabara no significa

que dejaras de lado a tu hija.

-Ya. Pablo, tenía que ponerme bien...

Y empezar de cero.

Pero para eso necesito que me perdones.

-Ja...

No, no hay nada que perdonar.

-Sí, sí que lo hay.

Cuando me fui no te conté toda la verdad.

-¿Qué es eso?

-El billete que compré para irme de aquí,

lo que no sabes es que compré otro...

para María.

-¿Ibas a llevarte a María?

-Pablo, me echaste de casa,

Pablo, me echaste de casa y me prohibiste que la viera.

¿Qué querías que hiciera? Es mi niña.

-Y por eso se la llevó Paula, tú se lo pediste.

-Sí, le pedí que fuera a recogerla al colegio y que me la trajera.

-¿Pusiste a nuestra hija en manos de alguien que nos odia?

-Era la única persona que estaba dispuesta a ayudarme.

Lo siento mucho.

-María estuvo a punto de morir, por tu culpa.

-Pero es lo que más quiero en el mundo,

necesito verla.

-Da gracias que no llame a la policía y te denuncie por eso.

-Dale las gracias a Mar por cuidarla y no contarte nada.

Fue ella la que encontró el billete de María,

no te dijo nada porque pensó que era lo mejor para vosotros,

podía haberlo usado en mi contra pero...

es buena persona. Cuídala.

Hum...

No creí que fueses tú, he percibido un ligero olor a azufre.

-Pues ya ve que sí. ¿Cómo está, Vicente?

Bien, bien.

Y por lo que veo tú también lo estás, ¿no?

-Aunque no gracias a usted.

Al final consiguieron localizarme del hospital,

les pareció muy raro que otra persona renunciase

por mí a la operación.

Creí que era lo mejor para ti,

las víboras han nacido para arrastrarse.

-Pues le salió mal y esta víbora ha vuelto por su propio pie.

Y yo me alegro, así podrás marcharte tan rápido como viniste.

-Nunca estaré a su altura.

Por cierto, dígale al cartero que no deje el correo en el suelo,

cualquiera podría leer cosas que no debe.

Se cierra la puerta.

¿Qué significa esto?

-¿De la agencia de adopción? Qué raro,

hace dos años que no sé nada.

Papá...

Papá, me han concedido al bebé.

¡Papá, me han concedido el bebé!

¿Vas a dar nuestro patrimonio al hijo de una cualquiera?

-¿Una cualquiera?

Va a ser tu nieto. Emma, ese niño

nunca será un Cortázar.

-Si él no es un Cortázar, yo tampoco,

nos iremos.

¿Cuánto cree que va a tardar la gente de Lasiesta

en saber que tus hijos huyen de ti?

-Pablo...

-Tú sabías que Sara iba a llevarse a María, ¿verdad?

-Nada habría cambiado por contártelo.

-Merecía saberlo.

-¿Para qué?

¿Para denunciar a Sara y meterla en la cárcel?

-Que es donde debería estar. -¿Y María?

¿Crees que su hija se merecía ver a su madre encerrada?

¿Tener que aguantar todos los días las burlas en el colegio

y que cada día de su vida alguien le recordara

qué clase de mujer era Sara?

Si guardé el billete fue por ella y por ti,

y para mantener a Sara lejos de esta casa.

-Pues ha vuelto. -¿Cómo... cómo que ha vuel...?

Le advertí que no viniera.

-Está curada y quiere ver a la niña.

-¿Cómo... cómo que está curada?

¿Ha visto a la niña? -No,

y no la va a volver a ver.

-Lo siento. -Mar...

no quiero que me vuelvas a engañar,

no quiero que se vuelva a repetir la misma historia que con Sara,

no quiero.

-Eres una hija de...

(RESOPLA) ¿A qué has venido?

¿Qué le has contado a Pablo?

-Tenía que contarle lo del billete.

-No, no... -Lo siento, no podía vivir

con eso dentro. -Lo que querías

era ponerle en mi contra, pero te ha salido mal.

Pablo me quiere y no nos separarás, ¿lo entiendes?

-Mar, yo no quiero volver con Pablo.

Estoy prometida,

mi chico se llama Martín y es veterinario,

y vamos a casarnos en Francia, el mes que viene.

-¿Entonces a qué has venido?

-No quiero que mi hija crezca pensando que la he abandonado.

-Sabes perfectamente que después de esto

Pablo jamás va a permitir que la veas.

-Lo sé,

por eso te necesito a ti.

-Estás loca si piensas que voy a ayudarte.

-María no tiene la culpa de lo que yo hiciera en el pasado.

-No sé, no puedo, no puedo.

-Déjame que la vea una vez más y después

me iré para siempre, te lo juro.

-Y no es por desanimarla pero esto nos puede llevar algún tiempo.

-Bueno, pues cuánto antes empecemos, antes acabaremos.

-Perfecto, pues usted me dirá entonces

cuándo me puedo pasar por su casa a conocer a su marido.

-¿A mi marido? -Sí, eh...

este es el señor Gustavo Arístides, ¿no?

Solicitaron de manera conjunta la adopción.

-Sí, sí, claro.

-Verá, es que tengo que confirmar que la situación familiar

no ha cambiado desde entonces.

-Bueno, no mucho, lo único que él está atravesando

un momento complicado,

de jaleo y eso, pero vamos, que cuando el niño venga

todo volverá a ser igual.

-Lo siento, señora Cortázar pero es que

sin hablar con su marido no podemos seguir

adelante con la adopción. -Ya, claro.

Bueno, un hijo es lo más importante para los dos, así que...

no se preocupe que estaremos en casa.

-No sabe la suerte que tiene estando casada,

las parejas tienen muchas más opciones de conseguir una adopción.

-Sí que tengo suerte, sí, mucha.

-Gustavito, no es la hora del aperitivo, ¿eh?

-Ya, sí, señor.

Venga, que no tenemos todo el día, a ver si le dais

a las tijeritas con gusto.

Bueno, bueno, bueno, ¿has dejado de ir al gimnasio?

Te veo más rellenita. -Que va.

Lo que pasa que desde que te fuiste la comida ya no me sienta mal.

-A mí sin embargo me cuesta masticar,

me dejaron la mandíbula bien jodida en tu bodega,

¿no tendrías algo que ver, no?

-Mira, no he venido a perder el tiempo.

-Yo tampoco puedo perder el tiempo,

si no estoy encima de estos no dan palo al agua.

-No han concedido la adopción.

-Pues vas apañada si crees que te voy a pagar una pensión,

y no porque no pueda, que con mi sueldo ahora

vivo como un señor,

es que prefiero gastármelo en vino y putas

antes que darte un euro.

-Tú tan fino como siempre.

Pues no, no quiero tu dinero,

quiero que vuelvas a casa.

-Esa sí que es buena.

¿Para qué, para que le dé la teta al enano

o para que sea tu chacha?

-Pedimos la adopción casados, si descubren

que no estamos juntos no me van a dar al niño.

-Ya, pues vas a tener que buscarte a otro marido de pega,

porque yo con una vez ya tuve bastante.

-Estoy dispuesta a pagarte, Gustavo.

-Mucho me tendrías que pagar, que no necesito tu dinero,

soy el capataz de todo esto.

-Gustavito, a tu sitio, no se te paga por darle a la lengua.

-¿De cuánto dinero estamos hablando?

-20 mil cuando me den al niño.

-No, puedes pagar mucho más que eso.

-Claro que sí, y tú también puedes seguir escuchando

las órdenes de ese, Gustavito.

Teléfono móvil.

Cállate, ¿eh?

¿Sí? Emma, se ha despertado.

-¿Miguel? Sí, ven al hospital.

-Sí, claro, voy para allá.

Piénsalo rápido, me tengo que ir al hospital.

-Gustavito, ¿quién era esa pija?

-Mi mujer, y yo me llamo Gustavo, gilipollas.

Emma, espera.

-Cabrón... Me cago en tu puta madre.

-30 mil, ¿vale?

Motor de arranque.

Me avisa, por favor. -Claro.

Emma.

-¿Está bien? Sí, está bien.

-Ay, qué alegría.

-Como le he dicho a Lucía, ha sido una sorpresa para todos

pero estas cosas a veces ocurren.

-Gracias, doctor. -No tiene por qué darlas,

Miguel es un hombre fuerte. -¿Y puede hablar bien?

-Sí, se comunica y reconoce a todo el mundo sin problema.

-¿Puedo entrar a verle, por favor?

-Ahora está descansando y preferiría que de momento

sólo entrara Lucía, y tendrán tiempo para verle todos.

Pitidos del monitor.

Hum, hum...

Ahora nos vemos.

-Lucía...

dale un beso muy fuerte de mi parte.

Claro, Emma, se lo daré pero pronto se lo podrás dar tú.

Miguel.

Miguel...

¡Un médico, por favor!

Un médico, rápido, venga.

-Bueno, parece que esta vez ha habido suerte.

No me quiero imaginar lo que hubiera pasado

si no llego a entrar en la habitación.

-Agente Ortega, es evidente que alguien

quiere matar a mi hermano. Algo va a tener que hacer, ¿no?

-He ordenado recuperar la escolta de los últimos meses,

nadie, salvo el personal médico o ustedes

podrán entrar en esa habitación.

¿Y cuándo nos vayamos a casa,

van a poner también escolta o tenemos que esperar

a que le pase algo?

-Ortega, tiene que hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

-Aquí hay cámaras de seguridad, alguien tiene

que haber visto entrar a ese hombre.

-Sí, revisamos todos los vídeos, pero...

el sospechoso aparece en todas las imágenes

con gorra y es imposible reconocerle

No sabe cuánto me tranquiliza eso.

-Lucía, por favor, confía en mí.

La buena noticia es que Miguel vio a la persona

que le disparó y probablemente sea la misma que vino al hospital.

-¿Entonces? -No, Miguel no le conoce,

pero podría identificarle, así que en el momento

en el que se encuentre un poquito mejor le pediré

una descripción detallada y haremos un retrato robot.

Gracias.

-Pase, está deseando verla.

La verdad es que no sé

cómo se las arreglan ustedes en su familia

para tener estas vidas tan...

-¿Emocionantes? -Sí...

emocionantes se podría decir.

(SILBA)

-Señor Arístides, ha vuelto.

Y yo que me había apuntado a un curso de yoga,

adiós a mi tiempo libre.

-¿Qué, en qué lío se ha metido ahora?

-Menos Yoga y más trabajar, que hasta donde yo sé

no resolvió ni lo de Miguel ni lo mío.

-¿Pero qué es lo suyo? Ah sí, que estaba borracho, se peleó...

-No, no, no, no me pelee, me dieron una paliza.

-Vaya, cuánto lo siento. Pues mire, donde yo hago yoga,

ahí dan cursos de defensa personal, ¿por qué no se apunta?

-¿Usted qué clase de policía es? -De la mejor.

No se preocupe que yo le llamo si me entero de algo, ¿eh?

Ya sabe, tengo el teléfono en al ficha policial.

-¿Quieres que te lleve?

-No querrás que coja un taxi, tenemos que pasar por mi ropa.

-¿Y tu coche? -Digamos que con la mierda

de sueldo me daba para vivir y con lo que saqué del coche

para disfrutar. -No esperaba menos de ti, Gustavo.

-¿Cómo está tu hermano?

-Por favor, no te importa nada mi hermano.

-En realidad me la sopla, pero si voy a volver

a ser tu marido, tendrá que parecer que me intereso por él,

y por ti, y por los Cortázar.

Mi amor.

¿Cómo estás? Bien.

Ja, ja... bien, de verdad.

Lucía, por favor, prométeme que vas a tener mucho cuidado.

No me perdonaré que por mi culpa te pasase algo.

No me va a pasar nada, Miguel.

Ni a mí, ni a ti...

ni a Jesús. ¿Jesús?

Le he llamado Jesús como mi padre.

¿Cómo fue todo?

Muy bien, bueno... a Beni todavía le tiemblan las piernas

cuando piensa en el parto, pero..

pero bien.

Tengo muchas ganas de conocerle.

Y yo de que le conozcas, mi amor,

pero primero tienes que ponerte bien.

-Hola, papá. Emma, ¿es cierto lo de Miguel?

Tu hermano Pablo acaba de avisarme. -Sí.

Vaya, el buitre que faltaba, ahora ya podemos decir

que está la familia al completo, ¿a qué has venido?

-Es mi marido y este es su sitio.

-¿Qué pasa, suegro, me has echado de menos tanto como yo a ti?

¿Vas a dejarle que se quede en la casa?

¿Es que ya no te acuerdas de todo lo que te hizo pasar

con la muerte del secretario?

-Quiero a ese niño y voy a hacer todo lo que haga falta

para que me lo den.

Voy a prepararte la habitación, procurad no mataros.

-Siempre ha tenido mucho sentido del humor, ¿eh?

¿Una copita para celebrar que voy a ser padre?

Vamos a dejar las cosas claras,

tú nunca has pertenecido a esta familia

y ese niño tampoco lo hará.

-Emma no opina lo mismo.

Emma ha sido siempre una sentimental,

así que no vas a ver un céntimo de la herencia

que podría corresponderle a ese niño.

Márchate ahora que estás a tiempo y deja de jugar

a esta farsa de matrimonio.

-Herencia.

-Disculpen que les haya hecho esperar

pero es que quería que ustedes también vieran el retrato robot.

A mí no me suena de nada, ¿y a ti? -No.

-Miguel tampoco lo ha identificado.

Bueno, pues voy a comisaría y miraré las fotografías

de las fichas policiales a ver si coincide con alguna, ¿eh?

-Gracias. Gracias.

¿Quién puede odiarle tanto para querer hacerle esto?

-Pues no sé, pero es mucha casualidad que intentase

matarlo otra vez justo antes de salir del coma.

En el hospital tenían órdenes claras de no dar

ningún tipo de información a nadie.

Perdona, ¿tú no estabas con Miguel Cortázar cuando despertó?

-Sí.

¿Y alguien se interesó por él, alguien te preguntó?

-No, nadie.

Yo me limité a llamar a los tres números que me dieron

como dijo la policía.

¿Tres, qué tres?

Si sólo estábamos autorizadas Emma y yo.

-Un hermano del paciente dijo que le avisáramos

si había algún cambio.

Creo que tengo... sí.

Creo que lo...

Este es el teléfono que me dio.

-¿Pablo?

¿Era un hombre alto? -¿El padre de la cría?

-Sí. -No, no, otro.

Gracias. -Muchas gracias.

¿Me lo puedo quedar? Gracias.

-Bueno...

Veo que sus ingresos han sido bastante escasos

últimamente, señor Arístides.

Algunos trabajos esporádicos como jornalero y...

poco más.

-Bueno, no he tenido un buen año precisamente,

pero ahora mismo tengo un par de proyectos

en perspectiva interesantes y estoy seguro de que saldrán.

-Sí, de todas formas Gustavo siempre...

-Gus, cariño, Gus.

Ya sé que suena cursi, pero usted quiere conocernos

tal y como somos, ¿no?

-Para Gus y para mí el dinero no es un problema.

Bueno, yo tengo un puesto de ejecutivo en nuestras bodegas

y además soy accionista de la empresa.

-Y supongo que eso le exigirá mucha dedicación, ¿no?

¿Cómo va a afectarle si les concedemos la adopción?

-Bueno, habíamos pensado contratar a una niñera filipina.

-Ajá. -Ajá.

-Sí, bueno, para que el niño se fuera familiarizando

con los idiomas.

-El filipino será importante en el futuro.

-Ya. -Pero no dejaríamos

que le criase un extraño,

por eso hemos decidido que...

que Gus se quede con el bebé por lo menos

hasta que el niño vaya al colegio.

-¿Y eso no le supone ningún problema?

Verá, se lo comento porque hemos tenido algunos casos

en los que la pareja se ha visto resentida.

-No, no, por favor, yo no soy un marido de esos trogloditas.

Ja, ja, ¿verdad, cariño? -Claro que no.

Es lo más razonable, piénselo.

Gus no tiene un trabajo estable

y con mi sueldo nos podemos mantener perfectamente.

Yo soy el pilar de esta familia,

y además a él le encantan las cosas de la casa.

De hecho, cariño, podrías prepararnos algún picoteo

que la tenemos a palo seco.

-Claro, ¿quiere algo de picar? -No hace falta...

No se moleste. -Sí, ¿un poquito de caviar beluga?

Yo te ayudo a abrir la lata en la cocina, Gustavo.

Supongo que usted debe de ser de la oficina de adopción, ¿no?

-Sí. Soy Vicente Cortázar,

el padre de Emma, me gustaría que constara algo en su informe.

-Por favor, papá.

Estoy seguro de que mi hija sería la mejor madre para ese niño,

es buena, cariñosa y sobre todo comprensiva.

-Lo tendré en cuenta, señor Cortázar.

-¿A usted le gusta el caviar?

¿Arrepentido por haber llegado a un acuerdo con Emma?

¿Y a usted qué coño le importa, Vicente?

Cuidado, no estás en uno de esos bares de carretera que te gustan.

¿Cuánto dinero te ofreció mi hija

por participar en esta farsa?

-¿Me va a pagar más?

Creía que al gran Vicente Cortázar se le ocurriría

algo mejor que un soborno para hacerme desaparecer.

Soluciones vulgares para gente vulgar.

¿Es suficiente?

-No creerá que me voy a conformar con las migajas.

No estás en condiciones de negociar nada, así que elige.

O lo hacemos por las buenas o por las malas, como quieras.

-Por eso nunca sería buen padre,

porque sería capaz de hacer estos sacrificios por mi hijo.

Te quiero ver fuera de esta casa ahora mismo.

Apáñatelas como quieras,

pero Emma nunca debe saberlo.

-Hum... muy rico, excelente.

Es una pena que vayan a perder parte de sus tierras.

-¿Y está seguro de que no se puede hacer nada para cambiar el trazado?

-No, que va, imposible.

Hombre, la única alternativa sería hacer pasar

todo el trazado por las tierras de los Reverte.

-Por algún lado debe pasar la autopista, ¿no?

-Ya, y de paso pues se quitan a la competencia de encima.

-Es una pena que tenga que perjudicar tanto

a nuestras bodegas cuando aquí podríamos salir ganando todos.

¿Más vino? -Sí, sí, por favor.

Hombre, no sé cómo puedo ganar yo.

-Dígalo usted.

-Está intentando comprarme. -No, no, no.

Jamás se me ocurriría algo así.

No sé. ¿Usted no ve las noticias?

Hoy en día todo el mundo lleva una actitud más...

llámela emprendedora.

Solo quiero que vea las cosas desde otra perspectiva.

-Señor Cortázar, ya me pagan por mi trabajo.

-No diga tonterías.

Con lo que estoy dispuesto a ofrecerle,

no tendría que trabajar en una larga temporada.

Es más... No sé, ponga usted un precio.

Y sea generoso consigo mismo. Seguro que tiene algún capricho.

-Hombre...

Sería una pena que no ganásemos todos con esto, ¿no?

-Bien dicho.

Cerramos trato.

-Buen vino, ¿eh?

-¿Hay alguna novedad con el trazado de la autovía?

-La verdad que sí. Le he notado muy receptivo

a nuestras alegaciones.

No creo que tardemos mucho en tener buenas noticias.

-Bueno.

Me alegro, de verdad.

Irá todo bien, ya verás. -Seguro que sí.

-Yo creo que la hemos...

¿Y esa maleta? -Me largo.

-¿Qué?

Gustavo, tenemos un trato.

-Ya no lo tenemos. Me dan igual tus historias.

Paso de que esa vacaburra vuelva a dejarme en ridículo.

-¿Pero en ridículo por qué?

¿Solo por fingir que cocinas?

Gustavo, por favor, no me puedes hacer esto.

Solo van a ser unos días hasta que me conce...

Hasta que nos concedan la adopción.

Y no me parece mucho pedir para lo que te voy a pagar.

-Volver a esta casa me ha hecho recordar cosas y ninguna buena.

-No puedes hacerme esto, Gustavo.

¿Qué le voy a decir a esa mujer cuando vuelva?

-Ya se te ocurrirá algo. ¿No eres el pilar de esta familia?

-Lo tenías todo planeado, ¿verdad? Desde el principio.

Solo querías vengarte de mí.

-Siento decepcionarte, pero para esto

tendrías que importarme algo.

Ya tenemos algo en común tu padre y yo.

Me van a pedir un taxi.

¿Dónde vamos a conseguir tanto dinero en efectivo?

No podemos pedir un crédito al banco.

-El que algo quiere, algo le cuesta, papá.

Mira, eso lo decía mi madre.

No sé, creo que deberíamos ir pensando en vender una nave,

un terreno, maquinaria.

No sé. Necesitamos dinero y rápido.

Llama a Julia y que saque una relación de propiedades.

-No te preocupes. Yo me encargo.

Pero en cuanto tengamos ese dinero,

habrá que guardarlo aquí, en casa,

hasta que paguemos al técnico. No me gusta tener tanto aquí.

-Bueno, a mí tampoco. Pero si ese dinero pasa

por el banco, será muy fácil rastrearlo.

Podríamos acabar en la cárcel.

-Lo siento.

Cuando el asistente social me ha dicho

que no podría mantener una familia,

se me cruzaron los cables.

-No sé por qué crees que voy a dejar que vuelvas.

No sé cómo he podido confiar en ti,

porque eres una bomba de relojería.

Pero no pienso dejar que me estropees la adopción.

-¿Qué vas a decirle a esa mujer?

-Pues no lo sé. Ya se me ocurrirá algo.

-Lo de antes era una pantomima.

Estaba fingiendo.

Tu padre me ha pagado más para que me fuera.

-¿Por qué me lo cuentas?

¿El cheque no tiene fondos o qué?

-Te quiero ayudar.

Una vez tuve un sueño y no quiero que tu padre

lo destruya de nuevo.

-No te confundas, Gustavo.

Mi niño será solo mío.

-Ya lo sé.

Pero quizás podamos acabar bien lo nuestro.

Por los tiempo en los que tu padre

no controlaba nuestras vidas. ¿Qué dices?

¿Juntos contra Vicente Cortázar?

¿Y Gustavo, sigue por aquí? -¿Pero cómo puedes ser tan cínico?

Mira, no espero que lo entiendas.

El adoptar a un niño es un acto de amor.

Un sentimiento que tú no conoces.

Intento protegerte. ¿Es que no lo ves?

¿Qué harás el día que llegue alguien y diga

que su padre intenta llevárselo

y quieran sacar tajada de lo que me ha costado

levantar con tanto esfuerzo?

-Eso es lo único que te importa, tu gran imperio.

En el fondo te da igual que yo sea feliz o no.

¿Crees que no me preocupas?

¿Que no quiero verte feliz?

Querer ser madre es algo digno de admiración, pero tú puedes serlo

de otra manera. -Por favor.

Tú sabes mejor que nadie que lo he intentado todo.

El hijo de Miguel está a punto de estar entre nosotros.

Necesita el cariño de una madre.

Tú puedes ocuparte de eso. -¿Cómo puedes decir una cosa así?

Ese niño ya tiene una madre que le quiere.

¿O piensas que así vas a conseguir que Miguel vuelva a casa?

La sangre es la fuerza más poderosa que existe

y la sangre de Miguel es Cortázar.

-Estás enfermo.

Cuidado. Aún soy tu padre.

-Sí.

Y eso es algo que intento olvidar a veces.

Máquina de constantes vitales.

Sabía que resistirías.

Eres un Cortázar, aunque reniegues de ello.

¿A qué has venido?

¿No puedo preocuparme por ti?

Papá, no estoy tan mal como para creérmelo.

Me desafiaste y has perdido.

He recuperado las bodegas y la casa que me quitasteis.

Pero quiero terminar con esta guerra.

Me siento viejo y quiero recuperar

lo que más me interesa, mi familia.

Pues yo ya tengo la mía

y no voy a permitir que la utilices.

Lucía me ha contado lo que quieres hacer con nuestro hijo.

Alguien tiene que velar por ese niño

y está claro que tú no puedes.

Así al menos su madre pasará más tiempo con él,

en vez de con Raúl.

¿Raúl?

Sí. Ha salido de la cárcel.

¿No te lo ha dicho Lucía?

-He hablado con un colega que me debía un favor

y puede conseguirnos el titular de ese número.

Gracias, Raúl, de verdad.

-Solo intento compensar el daño que os hice.

Móvil.

Es del hospital. ¿Sí?

¿Qué?

¿Cómo que no está?

Miguel ha desaparecido.

Raúl, si le pasa algo...

Lucía.

Miguel.

He oído que Raúl ha salido de la cárcel.

No me fío de él.

-Creo que será mejor que os deje solos.

Luego te cuento.

Me alegro de verte, hermanito.

¿No te fías de él o no te fías de mí?

Miguel, llevo meses luchando con uñas y dientes.

Esperando un milagro.

Luchando con tu padre,

que nos quiere quitar a nuestro hijo.

¿Y ahora me vienes con esas?

Creo que es hora de que conozcas a alguien. Vamos.

Cariño, ten cuidado.

Hola. Miguel.

¡Dios mío, qué sorpresa, hijo!

¡Ay, qué alegría verte, Miguel!

Hola, cariño. Ven.

Mira, este es papá.

Hijo.

Toma. ¿Quieres cogerlo? Sí, por favor.

¿Qué pasa? Siéntate, Miguel.

Móvil. Ay, qué precioso.

Con su padre. Tengo que contestar,

es de la bodega. Vale.

Hola. Jesús, ¿con quién estás?

Dime, Raúl. -El móvil está a nombre

de las bodegas de Gonzalo Miranda.

Nunca había oído hablar de ellas. ¿Y tú?

-Hace años fueron unas bodegas muy poderosas,

más que las de mi familia.

Pero entraron en desgracia y desaparecieron.

¿Por qué? -Cuando esas bodegas

empezaron a hundirse, yo no estaba en La Siesta.

Por lo que comentaban en casa,

Miguel tenía que ver con aquello.

Y si lo denunciamos, puede que salga a la luz

algo que le perjudique. Y Ortega no se va a quedar

de brazos cruzados.

Tienes razón. Voy a averiguarlo yo misma.

-No, no, no. No. ¿Estás loca? Puede ser peligroso.

No sabemos quién está implicado. ¿Y qué quieres que haga, Raúl?

¿Que me quede esperando a que lo intenten otra vez?

-Miguel me mataría si te pasase algo.

No quiero oír una palabra más.

No muevas ni un dedo sin mí. ¿Me oyes?

Bueno, luego hablamos.

-María. A ver.

Qué bonito.

Pero falta tu mamá.

¿No la dibujas también? -No.

-¿Por qué? Tu mamá te quiere mucho.

-¿Y por qué no viene a verme?

-Si Pablo se entera de esto,

te juro que es la última vez que la ves.

María.

-Mi amor. Ay.

A ver. Pero qué guapa y qué alta estás.

Qué rápido pasa el tiempo. -¿Dónde estabas?

-Poniéndome buena, mi amor.

Y pensaba todo el rato, todo el rato en ti.

Aunque tenía que curarme antes de volver.

-¿Vas a volver a casa?

-No, mi vida. Ahora tienes dos mamás.

Papá está con Mar y es ella la que vive allí.

Aunque tú y yo podemos vernos de vez en cuando.

Pero esto no lo puede saber nadie, ni siquiera papá.

Será nuestro secreto, ¿vale? -Vamos, María.

Va, que se hace tarde.

-No. -Mi amor.

Tienes que hacer caso a Mar.

Ella te quiere tanto, tanto como yo.

Mira. He traído los caramelos

que te gustan tanto.

Nos vamos a ver muy pronto, ¿vale? Te quiero mucho.

Te quiero. Te quiero.

-Señor Cortázar, tengo los datos que me pidió

sobre la señorita Julia. Su facultad, año de promoción

y el nombre de bufete de Haro donde trabajó

antes de incorporarse a las bodegas.

-Haro. Me dijo Logroño.

Qué raro, ¿no?

-Hola. -Hola.

-Quería preguntarle sobre Julia Cortázar.

-Julia Cortázar. Sí. Dígame qué quería.

-Bueno, sé que suena raro, pero solo quería preguntarle

si ella trabajaba aquí. -Trabajaba y trabaja.

De hecho... Julia.

Julia, mira, este chico quiere hablar contigo.

-¿Sí?

-Bueno, creo que ha habido un error.

Creo que estaba buscando a otra Julia Cortázar.

-¿Otra?

-Sí. Otra. Porque tú no tendrás

nada que ver con las bodegas Cortázar?

-Sí, son primos. Pero no tengo

ningún trato con ellos. ¿Por?

-No, por nada.

-Verás, me encantaría seguir charlando,

pero tengo un cliente esperándome.

Llámame en otro momento, si puedo ayudarte.

(MARCA NÚMEROS EN EL TELÉFONO)

-Lucía, soy Emma. Escucha. Escucha bien.

Mi padre está seguro de que va a conseguir

la custodia de tu hijo. Está tramando algo seguro.

Pero, Emma, eso es imposible.

Estando Miguel recuperado, no se la van a dar nunca.

-Nada es imposible para Vicente Cortázar.

Cuídate mucho y ten cuidado, ¿vale? Vale.

¿Hola?

¿Hola?

-Oiga.

Hola. Perdón. Soy Lucía Reverte.

-¿Reverte? ¿De Bodegas Reverte?

De las mismas. -Anda.

Enhorabuena por el éxito. -Sí.

Desde que hemos llegado a La Siesta

todo el mundo nos habla de vosotros.

Gracias. Hemos tenido una buena cosecha.

Precisamente, por eso venía a veros.

Estamos buscando proveedores.

-Esto me huele a reunión de negocios.

Yo, si no os importa, os dejo solos

y habláis tranquilamente.

-Como quieras.

-Soy Ainhoa. Encantada. Igualmente.

-Hasta luego. Hasta luego.

Y tú eres Gonzalo. -Ay, perdona.

No me he presentado. Javier. Encantado.

Bueno, yo es que venía a ver a Gonzalo Miranda.

-Pues me temo que eso no va a ser posible.

Gonzalo murió hace unos años ya.

Ahora somos mi mujer y yo los dueños de las bodegas.

Pero es imposible. Yo recibí una llamada

desde el teléfono de Gonzalo Miranda pidiéndome una cita.

-Creo que te han tomado el pelo, Lucía.

Ya. -Javier, ¿necesitas algo más?

-Mira, te presento a Navarro.

Él trabajaba aquí en las bodegas antes.

-Encantado. Igualmente.

-Nos está echando una mano para sacarla adelante. ¿Verdad?

Vale. Bueno, pues yo me voy. Ya no os entretengo más.

Si no te importa, te volveré a llamar.

-Cuando quieras. Gracias.

Raúl, soy Lucía. Acabo de ver al hombre

que intentó asesinar a Miguel.

No sé si me ha reconocido. Yo me voy a la comisaría.

Tú espérame en mi casa.

-Esto es suyo, ¿no, señorita? Se le ha caído en la bodega.

Sí.

Ha debido caerse. Gracias.

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

(GRITO AHOGADO) ¡Socorro!

-Creo que es una habitación perfecta para...

para mi hijo.

Y que a mamá le hubiera gustado mucho.

-Claro que sí.

Me alegro mucho por ti, Emma. -Gracias.

Aunque tengas que soportar a Gustavo.

-Si solo es una temporada...

¿Te ayudo a mover los muebles o algo?

-No, no hace falta.

-¿Seguro? -Seguro.

-María, te he dicho muchas veces

que no quiero que juegues en el salón.

-Mamá me dejaba. -Ya.

Muy bien. Bueno, venga, va.

Recoge todo esto y a la habitación. -No quiero.

(SUSPIRA)

-Me dejó un mensaje diciendo

que había visto al tío que intentó matarte.

¿Y no decía dónde estaba?

-No. Se fue tras esa pista.

¿Y la dejaste ir? ¿Te has vuelto loco?

-Le dije que no fuera sola. Sabes cómo es.

¿Por qué no avisasteis a la policía?

-No queríamos que tuvieras más problemas.

Se trata de Gonzalo Miranda.

Quieto. ¿Adónde vas? ¿Adónde vas?

Tengo que encontrarla. Está en peligro.

-No vas a ningún sitio. No te puedes mover.

Le prometí que la cuidaría. -Tendrás que confiar en mí.

¿Qué pasa con ese tío?

¿Por qué le temes tanto? ¿Qué más da?

Si Gonzalo Miranda está detrás de todo esto,

nada lo detendrá.

Hay que encontrarla antes de que sea tarde y al niño.

-Contrataré a alguien que vigile su casa.

No servirá de nada. Tienes que dejarlo

con la única persona que lo protegerá.

-No.

-Mamá.

Sí. -Mamá.

¿Sabemos algo de Lucía?

No, hijo.

-Oye, ¿y Jesús? No está en la cuna.

Durmiendo.

¿Qué?

¡Ay, dios mío! ¡Se lo han llevado, hijo!

¡Mi niño!

¡Socorro! -Mamá.

¿Y el niño? ¿Dónde está? Se lo dije, Ortega. Lo tenía.

-Tenemos una orden judicial.

Le han dado la custodia temporal a mi padre.

-¿Hablaste con el asistente para que le quitaran la custodia?

Hubo en tiempo en que estas bodegas

casi fueron más grandes de lo que ya eran.

Papá se ocupó de que Miranda se enterase

de lo que pasó entre su mujer y yo.

Miranda la mató. -¿Puedo ayudarles?

-Buscamos a Gonzalo. ¿Lucía estuvo aquí?

El dueño de la casa es el mismo tipo que me disparó.

Un trabajador de las bodegas.

¿Qué has hecho con Lucía? La viña del Pedregal.

-¿Qué pasa con ella? Vamos a venderla.

Con el dinero que consigamos, podemos evitar

que la carretera pase por nuestras tierras.

-Lo que no sé si Emma y Pablo estarán de acuerdo.

Tenemos las acciones del hijo de Miguel.

Tenemos mayoría en el consejo de la bodega.

-¿Quién eres? -Laura Márquez.

-¿Qué haces con eso? -Lo encontré tras la cómoda.

Tiene restos de sangre. Cuando murió mi madre,

encontré una mancha de sangre en las sábanas.

-¡Llama a una ambulancia! -¿Qué pasa?

-María, no se mueve. Si te llevas al niño de la casa,

llamaré a la policía. Dentro de una hora

él estará en su cuna y tú en un calabozo.

¡Ah!

-Cortázar hizo que mataran a una amiga

y cueste lo que cueste, voy a acabar con ellos.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 40

15 abr 2013

Han pasado varios meses desde que un desconocido disparara a Miguel Cortázar y la normalidad intenta instaurarse de nuevo en Lasiesta sin demasiado éxito. Los Reverte celebran el bautizo del hijo de Lucía bajo la amenaza de Don Vicente de arrebatarles la custodia del pequeño. Mientras, en las Bodegas Cortázar nunca se han enfrentado a un problema tan grave: sus viñas podrían ser arrasadas por una nueva autovía. Además, Pablo vive feliz junto a Mar y su hija, aunque una visita inesperada podría hacer peligrar su tranquilidad familiar. Emma afronta una nueva vida sin Gustavo. Una carta imprevista resucita una ilusión olvidada. Algo por la que estará dispuesta a luchar a toda costa, aunque para ello tenga que despertar fantasmas del pasado.

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