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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-Mercedes está aliada con Vicente.

-Sabemos que Vicente y tú sois socios.

Yo compré todo el arrope que fabricabas.

Devuélvenos las bodegas y no nos ayudes más, por favor.

-Olvide esa deuda o no volverá a ver su vino.

Acaba con las Bodegas Reverte, no quiere que les quede

nada de vino que vender. He recordado todo,

yo estaba cuando murió Jesús, tú le mataste.

-Descubrí quién falsificó el informe forense

sobre Mónica, como me temía era alguien de comisaría.

Tu firma aparece en el acuse de recibo, eliminaste

la mención a que estaba drogada antes de que llegara a mis manos.

Dame tu placa y tu arma.

¿No vio a Paula, no se cruzó con el coche? Aquí está.

-¿Cómo pudiste hacer algo así?

-Lárgate de Lasiesta o te arrepentirás.

-Carlos es tu hijo. Es otra mentira de tu madre.

-No moriré por esto. -Ya. Mi abuelo era

el principal heredero de los Cortázar.

Ellos nos quitaron lo nuestro.

Ya disfrutaron demasiado.

-Usted es un hijo de la gran puta. Haré lo imposible para que Julia

le quite todo. Si ese testamento se hace público

tú también perderás. -Pensaba que para vivir

como un Cortázar había que serlo. Y tú lo eres.

Carlos, eres hijo mío.

-Inicié los trámites para hacer valer el testamento.

-Julia, por favor, no lo hagas. Destruye ese testamento

o te arrepentirás. -No, será mejor para todos.

(FURIOSO) ¡Aah!

-¿No te preguntas cómo sería tu vida

en una familia con tanto dinero?

-Me has quitado 30 años de mi vida.

Ahora eres un Cortázar de pleno derecho

y si quieres heredar algo...

seré mejor que destruyamos ese testamento cuanto antes.

¿Qué se celebra? Las bodegas vuelven a ser nuestras.

Ahora que no estaré harás lo posible

por tener el despacho que tanto deseabas.

-Me corresponde uno. Creía que para eso

había que ser un Cortázar. Y él lo es.

Carlos es también hijo mío.

Son mis acciones de las Bodegas Cortázar,

guárdelas hasta que nazca.

Usted sabe que si Lucía se entera, las rechazará.

-Tarde o temprano se dará cuenta de quien eres.

-Para entonces tú estarás muy lejos de nuestras vidas.

Yo no me caí, Pablo me empujó al vacío,

¿no ves que cometes el error de tu vida?

Vete mientras puedas.

-No, Sara, te vas tú. -Me llevaré a María conmigo.

-Yo tengo la custodia, es una Cortázar y así seguirá.

-¿Sabes que Miguel es el padre de la hija de Sara?

-¿Qué? No permitas que se críe en ese nido de víboras.

Tu hija es hermana de Claudia, no dejes que acabe ella.

-¿Puedes buscar a María y me la llevo?

-Llamó Pablo para advertirnos que podías venir.

-Paula, no podemos dejar que a María le pase nada.

-Esperaba a María y no sale. -Ya vinieron a buscarla.

-No querría marcharme sin despedirme de ti,

me voy para siempre y tú también.

Hija de puta.

Paula, llevo media hora esperando, no quiero perder el avión.

Teléfono.

-¿Sí? -Sara, ¿dónde está María?

-María, ¿qué pasa? -Su profesora me ha dicho

que Paula vino a recogerla.

-¿Y por qué ha ido ella? -No lo sé.

¿Se lo pediste tú? -¿Yo?

Pablo, estoy a punto de irme de Lasiesta.

-Voy a ir a comisaría.

-¿No estás exagerando? -No.

Paula odia a mi familia y se ha llevado a nuestra hija...

¡Sara! -Ya, tienes razón.

Voy a volver a casa hasta que aparezca si no te importa.

-Haz lo que quieras.

(CONTESTADOR) -Soy Paula Muro, ahora no puedo atenderte,

deja tu mensaje. -Paula, este es

el tercer mensaje que te dejo, Pablo irá a la policía,

tráeme a la niña antes de que las cosas se pongan peor,

por favor.

-Cielo, voy un momento a la farmacia, quédate aquí, ¿vale?

Hola. -Hola.

-Quería estas pastillas. -¿Tiene la receta?

-Mi nombre viene en etiqueta, mire.

-Ya, pero sin receta no puedo vendérsela.

-Es salgo de viaje, me quedan pocas y no me da tiempo a ir a la consulta.

-Me hago cargo pero no va a poder ser.

-Puedo pagar el doble de lo que cuestan.

-Lo siento.

-Jesús, esta es la foto de Paula Muro,

asegúrese de que todos los agentes tienen una.

Debemos encontrarla cuanto antes.

-Agente Ortega. -¿Sí?

-Don Pablo Cortázar la espera en el despacho.

-Agente Ortega... -Discúlpeme, pero me pilla

en un momento muy delicado, tengo un asunto muy importante

en este momento. -Mi hija ha desaparecido.

-¿Está seguro?

-Sí.

-Dígame.

-Mire, fui a recogerla al colegio y me dijeron que se la llevó Paula.

-¿Paula?

¿Qué años tiene su hija? ¿Cuatro, cinco...?

-Cinco.

-Jesús, avisa a todas las unidades,

Paula Muro no va sola en el coche, lleva a una niña de cinco años.

-Agente, ¿qué está ocurriendo?

-Desde hace unas horas hay una orden

de búsqueda y captura contra Paula.

-Contra Paula.

¿Por qué?

-Por el asesinato de Mónica Robledano.

-Tanto Paula como Mónica podrían estar involucradas

en tu accidente. ¡Mónica!

Hasta después de muerta esa mujer nos traerá problemas.

-¿Y qué tiene que ver María en todo esto?

-No estoy seguro, Emma, pero me temo lo peor.

Paula meses intentando destruir esta familia sin conseguirlo

y ahora ataca por el flanco más débil.

Tenemos que hacer algo.

-Ortega ya está en ello.

Ortega es una inútil, si por ella fuera tu hermana

seguiría en manos de ese malnacido de secretario.

-No, no pienso poner la vida de mi hija en peligro.

¿Tengo que recordarte lo que pasó con Claudia?

Ya perdí una nieta, no quiero perder otra.

-Te he dicho que no, es mi hija...

y por una vez las cosas se harán a mi manera.

-Pablo tiene razón, papá, no pueden llegar muy lejos.

Seguro que las encuentran.

Sólo espero que no sea demasiado tarde.

-Yo también.

Emma, tu hermano está completamente equivocado.

Esa mujer no hará absolutamente nada...

Es una policía inútil.

No conseguirá encontrarla. -Papá, es su hija.

Déjale.

Él sabe perfectamente lo que tiene que hacer.

(GRITA) -¡Emma!

¡Emma!

Es mamá, no respira. -¿Qué pasa?

-Intenté reanimarla pero no reacciona.

Carlos, tranquilízate.

(JADEA)

Llanto de Emma.

(LLORA) -No... -Ya está, Emma, ya está.

Tranquila.

-No... Lo siento mucho, hijos.

Hoy va a ser un día difícil para esta familia.

Hay que avisar a Miguel.

-Yo lo hago.

(EMMA SOLLOZA)

¿Cuándo te vas?

Pues me gustaría irme lo antes posible, pero...

¿Pero?

No sé, ahí dentro me ha pasado algo...

Teléfono.

Pablo.

Está bien, voy para allá.

¿Qué pasa?

Es... Es mi madre, que ha muerto.

Miguel... Lo siento.

-Ya sé que no querías que me quedara en esta casa.

Pero el que te hizo esto va a pagar por ello.

Te lo prometo.

Carlos...

Los de la funeraria han llegado.

-Sí, voy.

No me alegro, Rosalía...

No me alegro.

No fuiste una buena esposa...

No fuiste una buena madre...

Pero fuiste una perfecta Cortázar.

Luchaste hasta el último día.

Sólo espero...

que descanses en paz.

Te lo mereces.

Dile a Claudia...

"Lo siento".

-Papá, tienen que llevársela.

Esperen, por favor.

Gracias.

(EMMA LLORA)

-Sara...

¿Cómo es posible que pase todo esto el mismo día?

-¿Se sabe algo de Paula?

-No. -¿Qué te ha dicho la policía?

-No solo la buscan por María...

Paula es sospechosa del asesinato de Mónica Robledano.

-¿Qué?

-Aún no es seguro, pero todo indica que fue ella.

-No puede ser.

-Mi niña...

Tenemos que hablar.

Miguel, este no es el momento.

Tienes que decirme la verdad.

¿Qué verdad?

Mataste a Jesús Reverte.

No.

Lo recordé todo.

Tú estabas en las bodegas, te vi salir.

No lo maté yo, ni yo ni nadie.

Jesús era un cabezota, solo quería comprarle las bodegas

para ayudarle a salir de la ruina en la que se había metido él solo.

Hacía mucho tiempo que no nos hablábamos, empezamos a discutir.

-¡Fuera de mi bodega! Se puso violento.

Me empujó, yo le empujé y se golpeó la cabeza.

Pensaba que no habías tenido nada que ver con su muerte.

¡Por el amor de Dios, Miguel, fue un accidente!

Jesús...

¡Jesús! ¡Vamos, Jesús!

Jesús... Jesús.

Yo me asusté,

no quería que nadie pusiese en duda mi inocencia.

(TOSE)

¿Has permitido que viviera con la duda de que le había matado?

¿Qué podía hacer?

¡¿Tienes idea de lo que he sufrido,

a lo que he tenido que renunciar?!

Sí, perfectamente, yo también sé lo que es

renunciar a una Reverte.

Pero hay cosas más importantes.

Nuestra familia.

¿Cómo te atreves a hablarme de familia?

Debería denunciarte.

Sí, pero no vas a hacerlo.

Y, ¿sabes por qué?

Porque si realmente has recobrado la memoria...

recordarás cómo eras, sabrás perfectamente

el daño que hiciste. ¿Te dice algo el nombre de...

Gonzalo Miranda?

¿Te acuerdas de su mujer?

¿De lo que pasó en Briones?

Yo también podría contar muchas cosas.

Muchas cosas pero...

no es el momento.

Ha pasado algo... grave.

Paula se ha llevado a María.

¿Qué?

No sabemos dónde la tiene, la policía la está buscando.

Timbre.

Ah, Julia, pasa.

Tú dirás.

-Usted es un sinvergüenza.

No te doy con la puerta en las narices

porque eres una Cortázar.

-No les ha bastado con ocultar ese testamento durante 40 años...

que ahora me lo robas de la manera más burda.

Creo que deberías tener más cuidado con quien dejas

entrar en tu habitación, hija.

-Lo habría tenido si supiera que los Cortázar

se relacionan con ladrones.

-Yo no soy ningún ladrón.

Soy Carlos Cortázar.

Me parece que esto tenéis que hablarlo entre los dos.

Tengo cosas que hacer.

-Tú eres un hijo de puta. -Escucha, Julia...

-Voy a denunciarte. -¿Por qué?

¿Por robar un testamento que nunca ha existido?

-Algún día te arrepentirás de todo esto.

-No tuve otro remedio. Mi madre ha muerto,

ahora esta es la única familia que me queda.

-¿Y a mí? ¿A mí qué me queda, imbécil?

-Julia... -Vete a la mierda.

Soy incapaz de elegir una corona.

¿Quieres hacerlo tú?

-Creo que no nos hemos portado muy bien con Julia.

No me da ninguna pena.

-Pensaba que para usted lo más importante era la familia,

esa chica es una Cortázar.

Ser Cortázar mucho más que presumir de un apellido.

-Ella ha luchado con todas sus fuerzas

por estas bodegas.

Pensaba que eso era ser un Cortázar.

Pero ya veo que aquí todo da igual mientras muestren pleitesía.

¿Qué quieres, Carlos?

-Ese testamento puede haberse convertido en cenizas.

Pero todos sabemos cuál fue la última voluntad

de Alejandro Cortázar.

No sé, creo que podríamos darle un pequeño porcentaje

de las bodegas.

Tú vas a formar parte de ellas, tienes que aprender

a alejar a tus enemigos.

-Pero ella... Ahora que Miguel va a dejarnos

el puesto de director queda vacante...

Yo ya estoy cansado de estas luchas.

Demuéstrame que tienes lo que hay que tener.

Demuéstramelo y ese puesto será tuyo.

-¡Toc, toc! ¿Se puede?

-¿Y este qué hace aquí?

-Me enteré de lo de tu madre, venía a daros el pésame.

-Sí. Creo que esta le gustaría.

Cierra la puerta.

-¿Qué pasa ahora con Paula? Creía que se había marchado.

Y lo ha hecho. Se ha llevado a mi nieta.

-¿Qué? Que ha ido a buscarla al colegio.

Quiero que las encuentres, que me traigas a María

y que te encargues de Paula.

-¿Cómo voy a hacer eso?

Ese es tu problema. -Es el suyo.

No tengo la más mínima idea de dónde están.

Paula confía en ti,

invéntate lo que sea, pero quiero ver a esa niña

jugando en el jardín antes de que acabe el día.

-Está bien... pero estoy harto de trabajar gratis.

Gustavo, no estás en condiciones de exigir nada.

-¿Quiere a su nieta? Devuélvame la pistola.

¿Cree que estaré toda la vida siendo su esclavo a cambio de nada?

Le traeré a la cría, pero cuando lo haga

quiero me dé esa pistola. Entonces estaremos en paz.

Está bien, tráeme a mi nieta y estarás libre.

(EMMA) Gustavo...

-Siento mucho lo de tu madre.

-¿Qué haces aquí?

Y no me digas que viniste a dar el pésame.

-Pregúntaselo a tu padre, él me ha llamado.

-¿Qué hacia Gustavo aquí? Y no me mientas.

No... Le he llamado... -¿Para qué?

Para que nos ayudara.

-¿Para que nos ayude a qué?

A encontrar a María.

-Por Dios, papá, ¿cómo has podido?

Pablo te dijo que no hicieras nada.

Gustavo te encontró cuando Manu te retuvo en el hotel.

-Sí... ¿Y cómo acabó aquello?

¿Qué quieres, que haya una desgracia otra vez?

No, pero tampoco que una loca se marche con mi nieta.

-Espero que todo esto salga bien...

Porque te juro que como le pase algo a María

no voy a callarme como hice con lo de Carlos.

No puedo más.

Teléfono.

-Gustavo. -Paula, ¿dónde estás?

-Lejos. Y dentro de poco más lejos aún.

-¿Estás con María?

-¿Quién te ha pedido que me llames?

-No me lo ha pedido nadie, me preocupo por vosotras.

-La niña está bien.

-No lo dudo, en cualquier sitio está mejor que en esa casa.

-Entonces alégrate por nosotras.

Estamos juntas y es lo que importa.

-¿Necesitas ayuda?

La policía está buscando a una mujer con una niña.

Si nos ven juntos les despistaremos.

-No, Claudia y yo no necesitamos a nadie.

-Paula, Claudia no está contigo, es María.

-Ya lo sé. ¿Te crees que no lo sé?

¿Crees que estoy loca?

-Escucha... -Adiós, Gustavo.

Se corta la comunicación. -Paula, no... ¡Paula!

-Mierda.

-¿Cuándo volvemos a casa?

-Dentro de poco.

Qué bonito, ¿qué estás pintando?

-Una casa con un árbol.

-Siempre has pintado muy bien.

-No quiero tomarme nada.

-Esto te calmará, lo necesitas. -¡Estoy bien!

Quiero saber dónde está mi niña. -No estoy dispuesto

a soportar un ataque de histeria ahora, ¿vale?

¿Y esto?

¿Dónde pensabas ir?

-Ya da igual. Trae.

-Pablo, han venido a verte.

-¿Es la policía? -No, no, es Mar.

-Perdona.

-Tienes que estar destrozado.

¿Se sabe algo de la niña?

-No.

-¿Ha vuelto?

-Sólo hasta que encontremos a María.

-Ya.

-Será mejor que bajemos.

-Pablo... Creo que debería hablar con Sara.

-Es mejor que la dejemos descansar.

-Es su hija y tiene que estar destrozada,

sólo quiero decirle que lo siento.

Baja tú, ahora voy.

-Está bien.

-Sara, ¿qué haces?

-Nada, solo quiero coger una cosa.

-¿Esto? -Sí, dámelo.

Dámelo, por favor.

-¿Qué significa esto?

¿Por qué tienes un billete de avión a nombre de María?

-Dame eso, Mar.

Mar, por favor.

-Te ibas a marchar con ella.

-Deja de meterte donde no te llaman.

-La ibas a secuestrar.

-Es mi hija y tiene que estar conmigo.

-Lo tenías organizado con Paula, ¿verdad?

A ti nunca te habrían dejado llevarte a la niña del colegio.

-No sé de qué me hablas.

-Entonces no te importará que le enseñe esto a Pablo.

-Mar, no lo hagas. Mar...

-O me dices dónde están Paula y la niña...

o te juro que le cuento todo a la policía.

-No sé dónde están.

Paula me dijo que iba a ayudarme

a sacar de aquí a María pero no ha aparecido.

-No te creo, Sara.

(SOLLOZA) Mar, si fueras madre me entenderías.

Lo único que quiero es estar con ella.

No le digas nada a Pablo, por favor.

-Si María no aparece voy a enseñar estos billetes.

Pero si vuelve te haré un favor, Pablo no los verá nunca.

Porque vas a desaparecer de esta casa y de sus vidas

para siempre, ¿lo entiendes?

Tono de llamada. (LLORA)

-Paula, contesta, por favor.

Teléfono.

-Paula. -Me he quedado sin pastillas,

tienes que traerme más.

Necesito que vayas a ver a mi médico y te dé la receta.

-Está bien, pero tienes que decirme dónde estás.

Paula, confía en mí.

Teléfono.

Dime.

Bien. Entonces ya sabes lo que tienes que hacer.

-¿Quién era?

Gustavo, ha localizado a Paula.

-¿Y qué va a hacer ahora?

Lo que sea con tal de traer a mi nieta sana y salva.

-¿Quién va a traer a tu nieta?

¿Qué está pasando?

¿Me vais a decir qué pasa?

-Papá le pidió a Gustavo que buscara a Paula.

-Te dije que lo dejáramos en manos de la policía.

No vamos a quedarnos sentados esperando a que los demás

nos resuelvan los problemas porque somos Cortázar.

-Escucha, Pablo...

Lo importante es que sabe dónde está Paula.

-¿Y dónde está?

¿Dónde está?

En Los Arcos de San Vicente.

-Voy contigo.

¡Pablo!

-¿Las has traído? -¿Y la niña?

-¿Dónde están las pastillas? -Vine a por María, ¿está bien?

-Te enviaron los Cortázar, ¿verdad? -No. -Vine a ayudarte.

No puedes retenerla, debe estar con su madre.

¿Entiendes? No puedes separarlas,

tú deberías saber lo que se siente al perder una hija.

-María está bien. -¿Dónde está?

-¡Hijo de puta! (GRITA) -¡Ah!

-¡Paula, Paula!

-¿Estás bien? -¿Tú qué crees?

-¿Y María? ¡¿Y María?!

¡Idiota! -¡Tú qué coño haces aquí!

¡Ya la tenía, imbécil!

-Gilipollas.

-Vale, vale.

-¿Se sabe algo de Paula?

-Yo se lo digo a los demás. Gracias.

Era Carlos.

Vamos a enterrar a mamá en el Cementerio Grande.

Bien, es el más cercano.

-¿Y la niña?

-Lo siento mucho, no la hemos encontrado.

¿Qué ha pasado?

-El imbécil de Gustavo, que dejó escapar a Paula.

-Pero hemos hablado con Ortega, al perecer

una farmacéutica la reconoció. La policía la busca por la zona.

-¡A la mierda la policía! -Sara, por favor.

-La debiste traer tú que para eso eres su padre.

Eres un inútil. -¿Quieres tranquilizarte?

-¡No me da la gana! -Sara...

Pablo está haciendo todo lo que puede,

no es justo que le trates así.

¿No crees?

-Tienes razón.

Discúlpame, estoy muy nerviosa.

Cuando terminemos esto vamos a darles el pésame

a los Cortázar.

Pero si Rosalía siempre se portó fatal con nosotros.

Ya lo sé, hija, pero hay que ir.

-¡Lucía! Aquí.

No cojas peso que como te vea tu hermano ya verás.

-No tenemos vino. ¿Qué?

¿Que no tenemos vino? -Que el poco que teníamos

se ha echado a perder con el escape de gas.

No me lo puedo creer. -Vete haciendo a la idea, Lucía.

Está hasta arriba de sulfuroso, no es vino, es veneno.

¿Por qué dejaste a tu tío al cargo?

-Yo cerré esa llave. ¡Ya lo veo!

Podías haberte muerto. -Estoy seguro de que la cerré.

-Tío, no pasa nada, un descuido lo tiene cualquiera.

-Si es eso lo que de verdad piensas...

creo que será mejor que me marche.

Ah...

-Tío, espera.

Tío...

Adolfo...

Adolfo, tienes que contárselo,

tienes que decirle que estás enfermo.

-Esto no tiene que ver con mi enfermedad, Dani.

-Si mi madre lo supiera, jamás te hablaría así.

-Yo no quiero que me tengas compasión,

quiero que me crean. Si te digo que cerré la bombona

es que la cerré.

¿Me crees, verdad? -Tío, esa bombona no se abrió

por arte de magia, entiendes, ¿no?

-Yo... estoy seguro de que no fue culpa mía.

-Fue mía, no debí cargarte con esa obligación,

podrías haber muerto ahí dentro.

-Quizás hubiera sido lo mejor para todos.

-¡Pero qué dices!

¡Adolfo!

-Sofía, ¿podemos hablar un momento?

No tengo mucho tiempo,

quiero cambiarme quiero ir a darle el pésame

a los Cortázar, y tú deberías hacer lo mismo.

-Lo siento pero no estoy de humor.

Quería pedirte perdón por lo que ha pasado en la bodega.

Tenías razón,

es evidente que no estoy para responsabilizarme de nada.

No te martirices.

Si ya no podemos hacer nada, ya está.

-Quiero que sepas que si he hecho algo mal...

lo siento.

Y que solo soy un viejo intentando ayudar.

Que no pasa nada, de verdad.

Ya no.

Timbre.

-Sofía. Emma, cariño, hija.

Lo siento, amor.

-Gracias. Pasad. Lo siento.

Sofía, gracias por venir

después de todo lo que ha pasado con ella.

En momentos así... hay que olvidar todo lo malo.

Por desgracia no es nuestro único problema.

¿Por qué? ¿Qué pasa?

Miguel os lo contará.

Pasad.

Daniel, ¿puedes venir un momento, por favor?

Cosecha del 97.

La verdad es que no fue un año especial.

Ni muy seco ni muy húmedo. No nos dio el mejor vino

de nuestra historia pero tampoco el peor.

Un vino correcto,

algo mediocre, sin personalidad...

Pero al fin y al cabo un vino Cortázar.

Podría distinguirlo entre un millón

-¿Y...?

Si de verdad creías que ibas a engañarme con el vino

que me diste en tu bodega

es que me conoces menos de lo que yo pensaba.

-No sé de qué me habla.

Lo sabes perfectamente, hijo.

Tú cambiaste el vino, merecías un castigo.

-¿Castigo? (ASIENTE)

-Ha habido un accidente en las bodegas...

Se ha estropeado todo el vino.

Ya lo sé.

Si crees que lo hiciste no iba a tener consecuencias

te equivocas.

-No ha sido culpa de mi tío.

Nadie se la juega a los Cortázar.

-Voy a denunciarle. ¿Con qué pruebas?

-¡Eres un hijo de puta! ¡Dani!

¿Qué pasa?

-¡Fue él quien manipuló el sulfuroso, Lucía!

¿Qué?

Yo no he dicho eso.

-Vámonos de aquí.

¡Vámonos!

Vámonos. ¿Qué está pasando, Vicente?

Tu hijo te lo explicará.

¿Qué pasa, hijo?

-Vámonos.

No tenías suficiente con haber matado a su padre

que hoy has estado a punto de hacer lo mismo con Adolfo.

Es la palabra de Daniel Reverte contra la mía.

No tienes límites, papá.

Te vas a quedar solo.

Sabes que eso no pasará.

Si no quieres que te denuncie por lo que hiciste

vas a ayudar a los Reverte.

Parece que te preocupa más esa gente que tu propia familia.

Tú les buscaste la ruina,

les vas a sacara de ella.

¿Cómo voy a hacerlo?

Voy a llamar a Ortega.

Espera.

Con esto tendrán suficiente

para la vendimia.

Miguel, si te vas marchar a esta familia vete,

pero no vuelvas a enfrentarme a mí nunca más.

Nunca más, tranquilo.

Me voy.

Soy Vicente Cortázar.

Sí, ya sé que hace mucho tiempo que no hablamos.

Desde que pasó lo de Briones.

Pero esto es importante.

Mi hijo ha recuperado la memoria.

Lo aviso.

Si habla...

puedes tener muchos más problemas de los que crees.

-Vamos a ver, papá cerró el sulfuroso

pero el escape era demasiado grande,

perdió el conocimiento y se golpeó la cabeza.

Que no, Dani, que fue Miguel el que lo cerró.

Salió por la puerta de atrás porque tenía miedo

que lo culparan a él.

-Esa historia no es extrañar.

Si hubiera querido mentirnos

lo haría hecho desde el primer día, ¿no crees?

-Hablando del rey de Roma.

Miguel. Hola.

-Mi hermana me ha dicho que has recuperado la memoria.

Sí. -Creo que te debo una disculpa.

No, no tienes por qué.

Mónica os convenció de que era culpable.

-Sea cómo sea...

Gracias.

Os dejo solos.

No tardes.

Tu padre estaría orgulloso.

Es sólo un cartel.

Ahora queda todo lo demás.

Puede que esto os ayude.

Miguel, es mucho dinero.

No, es muy poco para compensaros

por todo el daño que os ha hecho mi familia.

Tiene la firma de tu padre, ¿cómo lo has conseguido?

Bueno, recuperar la memoria me ha dado argumentos.

No puedo aceptarlo.

Lucía, mi padre es el culpable de vuestra ruina.

Ese dinero es vuestro.

Gracias.

¿Aún sigues pensando en irte de Lasiesta?

Ahora ya no tienes motivos que te impidan quedarte.

Yo ya no soy un Cortázar...

Mi sitio no está aquí.

¿Y dónde está?

Lejos de esa bodega, de esa casa...

Donde pueda empezar de cero.

Miguel, a lo mejor ese sitio está más cerca de lo que crees.

Móvil. Perdona.

Mamá.

¿Qué pasa?

-Tranquila... Mamá.

¿Qué ha pasado con el tío? Se ha ido.

(SOLLOZA) Ha dejado esta carta diciendo que se volvía a Argentina.

-Pero no es posible... Se ha dejado el pasaporte.

Nunca debí hablarle así.

-Voy a llamar, a ver si algún taxi lo llevó a algún sitio.

A lo mejor no ha llegado al aeropuerto aún.

O igual está perdido por ahí.

-Sí, hola, quería saber si han mandado algún taxi

a la zona del Paseo de lo Olmos, en Lasiesta.

¿De qué estáis hablando?

-Sí, le escucho.

Hay algo que tienes que saber, mamá.

¿Qué pasa, hija?

El tío está enfermo.

Tiene... Alzheimer.

¿Alzheimer?

¿Cómo habéis podido ocultarme algo así?

Porque él no quería que te lo dijésemos.

No quería preocuparte.

¿Y cómo creéis que me siento ahora?

-Sí, bien, gracias.

Mamá, le he encontrado.

¿Dónde está?

-Sofía, ¿qué haces aquí?

¿Y tú?

Esto no es Argentina.

-Pedí que no dejaran pasar las visitas.

Nos enfrentamos cada día a los Cortázar,

¿crees que una enfermera nos iba a parar a los pies?

Espero que no hayas deshecho las maletas.

Nos volvemos a casa.

-No, Sofía, no voy a volver.

No lo entiendes pero cuanto más lejos esté

con vosotros... mejor.

Por mi culpa ya habéis perdido el vino.

No, Adolfo...

Fue Vicente Cortázar quien estropeó el vino.

-No...

Siempre Vicente.

Pero eso no cambia nada.

No hace falta que sigas fingiendo.

Sé por qué estás aquí.

También sé que estás enfermo.

Me lo contado todo Lucía.

-No quiero ser una carga.

No hemos llegado hasta aquí para irnos sin ti.

Tú te vienes con nosotros. -No, Sofía,

siempre has estado a la sombra de los demás.

Primero de tu marido, después de tus hijos...

Ahora mereces ser libre y disfrutar de la vida

que quieres tener.

Yo...

Un día te miraré a los ojos...

y no sabré ni quién eres.

No quiero que me veas así.

Aquí voy a estar bien, me van a cuidar.

Te mereces algo mejor.

Y yo también.

-Para mí lo mejor es el tiempo que he estado junto a vosotros.

Hemos peleado por la bodega...

Hemos trabajado duro, he disfrutado a tu lado...

Y he pegado a un Cortázar. (RÍE)

-A partir de aquí...

Todo es cuesta abajo.

Ni para vosotros ni para mí. No, Adolfo, no.

-Por favor.

No lo hagas más difícil...

Voy a venir a verte...

todas las semanas.

Aunque tú no quieras.

Eres un hombre...

tan bueno, Adolfo.

-Y tú eres la mujer más maravillosa

que he conocido nunca.

(SOLLOZA)

¿Y el tío, mamá? El tío se queda.

-Pero cómo...

No le podemos dejar que se quede aquí.

Vendremos a verle todas las semanas,

es su decisión, hijos, hay que respetarla.

Pero vosotros os queréis os queréis.

Ese sacrificio es un gesto de amor.

No desaprovechéis las oportunidades que os da la vida.

No esperéis a que sea demasiado tarde.

Vámonos.

-Muchas gracias por todo.

Adiós.

-¿Qué quieres? -Siento mucho lo de tu madre.

-Lo dudo. -Emma, no quería irme sin que sepas

cómo es tu padre de verdad.

-Mira, Julia, no sé qué te ha hecho

pero mi padre solo intenta proteger a su familia.

Y yo he aprendido a respetarle por eso.

Ahora, si me disculpas, tengo que preparar

el entierro de mi madre y no estoy para nada más.

-Prefieres negar la realidad, ¿verdad?

Mucho más fácil. -Intentamos llegar a un acuerdo

contigo y la avaricia te cegó, ahora no vengas con reclamaciones.

-Pobre niña rica.

Tú no entiendes nada, ¿verdad?

Tu padre os ha engañado a todos, él me trajo aquí.

-¿De qué estás hablando ahora?

-Estas son las cartas que me envió y el precontrato que firmamos.

Mira las fechas.

Fue todo mucho antes de que yo llegar a Lasiesta.

Lo tenía todo planeado...

Reclamar el testamento, echar a Miguel de las bodegas...

-Estás mintiendo.

-Él me utilizó para que le pidierais ayuda.

Y así recuperar su poder en las bodegas y en la familia.

-Miguel tenía razón.

-¿Vas a dejar que tu padre siga manejando vuestras vidas?

Gustavo, ¿qué haces aquí?

Esta familia ya tiene bastantes quebraderos de cabeza.

-Quiero la pistola. Y yo quiero a mi nieta.

-¡La tendría aquí de no haber sido por el blando de su hijo!

Creía que esta vez lo conseguirías, Gustavo,

pero la pistola está guardada en la caja fuerte,

un trato es un trato.

Y ahora vete de aquí antes de que pierda la paciencia.

-Te vas a arrepentir, viejo de mierda, te lo juro.

(RÍE)

-¿Qué haces aquí?

¿Vicente lo sabe?

-¿Sabe que estás tú? -No deberías hablarme en ese tono.

Esta es mi casa.

-¡Tu casa!

Ya veo que sigues con los humos muy subiditos.

-Si no vives en esta casa, no sabes lo que traman contra ti.

-Qué rápido aprendes,

lástima que no te servirá para nada.

En cuanto entierres a tu madre te van a echar a patadas de aquí.

-No lo creo. Soy un Cortázar y ya sabes

que a Vicente le gusta tener a sus hijos cerca.

Vicente es mi padre.

-Con padres así, quién quiere enemigos.

Enhorabuena.

(RECUERDA) (GRITA) -¡Ah!

¿Qué pasa?

-¿Qué pasa de qué?

-¿A qué has venido? ¿A darme el pésame otra vez?

-Ojalá pudiera, pero el de tu padre.

-¿Qué ha pasado ahora?

-Nada nuevo. Don Vicente Cortázar es un cabrón

y yo estoy harto de que juegue conmigo,

dile que conseguiré esa pistola sí o sí.

-¿Cómo que la pistola? Si la tenías tú.

-Eres una ingenua, Emma... -Tú me dijiste...

-Tú me dijiste, tú me dijiste... Te mentí, ¿qué esperabas?

Fue él el que encontró la pistola

y me ha estado chantajeando desde entonces.

Tu padre no ha cambiado, Emma,

sigue siendo el mismo hijo de puta de siempre.

-No puedo más.

Espérame aquí.

Una puerta se cierra.

-¿Qué haces?

-Acabar con todo esto.

-¿Estás loca? Baja la pistola, Emma, por favor.

-Yo estaba loca por ti, Gustavo.

Hubiera hecho cualquier cosa que me hubieras pedido.

Y tú me pagaste con desprecios y humillaciones.

¿Por qué?

-Baja la pistola, Emma.

-¿Por qué ya no puedo confiar en nadie?

-Intenté estar a la altura de esta familia...

Intenté estar a la altura de lo que se esperaba

del marido perfecto de una Cortázar.

Pero ni tú ni nadie me disteis mi lugar en esta casa...

Me consumió la rabia...

-Vete antes de que me arrepienta.

Ya es hora de que esto desaparezca de nuestras vidas.

(RESOPLA)

Hija, ¿qué ha pasado?

-No te molestes si buscas la pistola, se la llevó Gustavo.

¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo? -No...

No me ha hecho nada, se la he dado yo.

Pero ¿cómo... has podido?

¿No recuerdas lo que has pasado con él?

-Yo me acuerdo muy bien, ¿y tú?

Me hiciste creer que tenía la pistola y la tenías tú.

Y todo para chantajearle y que te hiciera el trabajo sucio.

Le encargaste a él la paliza a Carlos, ¿verdad?

Baja la voz. -¡Contestas!

Gustavo es un tonto pero es un tonto útil,

dentro de la cárcel no nos sirve de nada.

-¿De nada?

¿No es razón suficiente que yo viva feliz?

Te habrías acostumbrado.

-No, papá, yo nunca tendré tu sangre fría.

Tú eres una Cortázar. -Por Dios, papá,

te pasaste media vida defendiendo a esta familia

y lo único que has hecho ha sido destrozarla.

Estuviste a punto de arruinar

el negocio solo para vengarte de mamá y de Miguel.

¿Qué te crees, que no sé que has estado detrás

de Julia todo este tiempo?

¿Quién te ha dicho eso, ella? Esa niña solo quiere hacernos daño.

-Lo he visto todo, los documentos, las cartas, ¡todo!

¿Cómo he sido tan tonta de pensar que habías cambiado?

Tú no cambiarás nunca.

Hija.

Televisión de fondo. -Apaga la tele.

¡Que te he dicho que apagues la tele!

Venga, cielo, ponte el abrigo y cuando salga del baño

nos reunimos con tu prima Claudia, ¿vale?

Teléfono.

-Mamá... -¡María!

María, hija, ¿dónde estás?

-No lo sé, en un hotel.

-Mi amor, voy a ir a por ti, acércate a una ventana

y dime qué ves para que mamá sepa dónde estás.

María, cariño, dime lo que ves.

-El mar.

-Mi amor, eso imposible, estás muy lejos del mar.

Ya sé que estás nerviosa, hija, pero mira mejor para que mamá

pueda ir a buscarte.

¡María! ¡María!

-Sara... -¡Hija de puta!

Devuélveme a mi hija, dijiste que me ayudarías

a sacarla de aquí.

-Eso es lo que estoy haciendo, Sara,

alejaré a María de esa casa para siempre.

-Paula, por favor, dime qué es lo que quieres.

-Me gustaría que no me hubieras acusado injustamente

del aborto de Emma, pero es tarde para eso, ¿no?

-¿Todo esto es por venganza?

-No, Sara, contra ti no.

Se corta la comunicación. -Paula...

Paula.

-Cielo, nos vamos, ponte el abrigo.

-¡Pablo! ¿Hay alguien?

Sara, ¿qué pasa?

-He hablado con María y con Paula...

(LLORA) Miguel, tengo miedo de que le haga daño.

La pobre no sabía ni donde estaba,

me ha dicho que veía el mar desde la ventana.

¿El mar? -Es imposible...

Desde que se fueron no han tenido tiempo de llegar a la costa.

No puede ser, en todo caso un embalse.

El de Santa Justa.

-¿Qué pasa?

Cerca de allí murió Claudia.

-No creerás que...

Avisa a Ortega cuanto antes, voy para allá.

-Fue justo allí.

Y Claudia estaba sentada a mi lado.

¿Qué haces aquí, Miguel?

Evitar que hagas una locura.

-No es una locura.

Le traigo flores todas las semanas...

y hablamos...

Quiero volver a verla.

Yo también, pero no es posible, Paula.

-¿Por qué?

Quiere que volvamos a ser una familia.

Tú, yo... Claudia y María.

Sé que es tu hija.

Pero tú no eres su madre. -No importa,

puedo quererla igual.

Deja que vuelva a casa con Pablo y con Sara.

-No, Claudia quiere estar con su hermana.

Paula, Claudia está muerta y no va a volver.

Tienes que seguir adelante. (LLORA) No...

Miguel, tengo miedo.

Mejor sentir miedo que no sentir nada.

(LLORA)

(LLORA)

Llanto de Paula.

-Paula Muro, queda detenida por el homicidio

de Mónica Robledano y el secuestro de María Cortázar.

-Papá. -¡María, mi amor!

¿Cómo estás? -Me he aburrido mucho.

-¿Sí? Sube a darle un beso a mamá y dile que la quieres mucho, ¿vale?

Venga, venga.

Gracias, Miguel.

Solo hice lo que tenía que hacer.

(SUSPIRA) -Ya está.

Ha sido un día duro pero ya pasó.

Te quiero.

-Mi amor...

Me tengo que ir de viaje pero papá va a cuidar de ti

para que nadie pueda hacerte daño, ¿vale?

-María...

La tía Emma quiere hablar contigo.

Anda, baja.

Sara, siento mucho...

haberte hablado como lo hice.

No tengo derecho a separarte de ella.

Puedes verla cuando quieras. -Gracias.

Pero últimamente hice cosas

de las que no me siento muy orgullosa...

Necesito irme de aquí por un tiempo.

-¿Seguro?

-Lo hago por ella...

Para que un día se sienta orgullosa de su madre.

Sólo te pido una cosa:

No le hables mal de mí.

No soportaría que me odiara, es lo único que tengo.

-Le diré la verdad.

Que eres la mejor madre que podría tener.

Teléfono.

¿Sí, dígame? -Le llamo de la clínica Alsacia,

quería hablar con Sara Martín, tenemos fecha para su operación.

Lo siento, ya no nos interesa.

Gracias.

-Sara...

Ya tienes lo que querías.

Dame los billetes.

¿Y el de María?

-Con el tuyo tienes más que suficiente para salir de aquí.

Pero si vuelves a esta casa o haces cualquier cosa

para hacer daño a Pablo o la niña...

te juro que le entrego el billete de María a Ortega.

-¿Cómo sé que cumplirás tu palabra?

-Porque yo no soy como tú.

Vamos, hija. -Déjame, papá.

-Emma...

¿Pasa algo? -No, no pasa nada, luego hablamos.

-¿Estás bien? -Sí, de verdad, iros.

Ahora voy yo.

Emisora de la policía.

(EMOCIONADA) ¡Qué haces aquí!

-Me han concedido el permiso.

-No puedo más, Raúl, no puedo más.

-Sabíamos que esto iba a pasar.

No es la primera vez que perdemos a mamá.

-Me quiero ir de casa, como Miguel.

-¿Miguel se va? -Sí.

-Por mucho que intentes huir de Vicente Cortázar,

no lo conseguirás.

Hermanita, haz un favor: lucha contra papá,

lucha contra todas tus fuerzas

hazlo por toda la gente a la que ha hecho daño, ¿vale?

Me alegro der que hayas podido venir.

-Ha sido gracias a ti.

Miguel...

Cuida de Lucía.

Por favor.

Cuando quiera, padre.

-Hermanos, nos reunimos hoy para acompañar en el dolor

a la familia de Rosalía Ortiz.

La pérdida de una madre siempre es muy difícil de asumir

pero no debemos entristecernos

porque sabemos que este no es final.

A veces el Señor pone en nuestro camino obstáculos

muy difíciles de superar.

Perder a un ser querido siempre es doloroso,

sobre todo si la muerte aparece de una manera tan inesperada.

-Nos vemos en casa. No.

-Mar, ¿te importa esperarme en el coche?

-No, claro que no. Adiós, Miguel. Adiós, Mar.

Me voy, Pablo.

-Supongo que no hay nada que pueda hacer

para que cambies de opinión. No.

-¿Y ahora qué?

De momento me voy a buscar a Lucía.

¿Tú también te vas a ir?

-No, yo me quedo en casa,

pero para convencer a Pablo de que se venga conmigo.

Te juro que no voy a parar

hasta que todos se den cuenta de quién eres, papá.

Carlos...

¿Qué te parece si te haces cargo de la dirección de las bodegas?

-¿Yo? (ASIENTE)

-¿Y dónde quedan Pablo o Emma?

Bueno, son Cortázar pero... les falta lo que a ti te sobra:

ambición.

-Gracias, papá.

Golpes en la puerta.

-Espera...

Julia... Julia...

-Habéis ganado, ¿qué más quieres?

-Te quiero a ti, Julia.

-No me vas a engañar dos veces.

-No lo entiendes, tú y yo somos los que hemos engañado a Vicente.

Me acaba de nombrar director de las bodegas.

-Enhorabuena.

-Escúchame... Estoy convencido de que Vicente

es el responsable de la muerte de mi madre y no pararé

hasta que pague por ello, necesito que me ayudes

a dirigir las bodegas y quitarle lo que más quiere.

¿Lo entiendes? -¿Y cómo crees que puedo ayudarte?

-Eres abogada, calculadora, inteligente...

Julia...

Tienes todo lo que necesito. Ayúdame.

¿Qué?

-Quiero un contrato en mi mesa.

En la mesa de mi despacho.

-Lo tendrás.

Y ahora me voy...

que tengo mi primera reunión director.

-Quiero esos documentos. No, no hay testamento,

pero van a contratarme. Escúchame, haz lo que sea,

lo que quieras, paga a quien sea para que los falsifique...

Pero hazlo rápido.

Necesito convencerles de que soy ella.

De que soy Julia Cortázar.

(SUSPIRA) -Bueno...

Lo hemos conseguido.

Hemos sufrido lo nuestro

pero Bodegas Reverte vuelven a estar vivas.

Gracias, Dani.

Por estar a mi lado todo este tiempo.

-¡Oye! Que también son mis bodegas.

Ya, pero siento que yo os metí en todo este lío.

-Bueno, eso ya da igual.

Ahora es momento de mirar al futuro

y estaba pensando que a lo mejor Miguel

querría trabajar en las bodegas. ¿Miguel?

-Bueno, con el niño no vas a poder hacerte cargo de todo tu sola.

¿Cómo que yo que sola? ¿Y tú qué?

-Bueno, yo... Yo quiero irme, Lu.

¿Irte adónde?

-Verás, he estado pensando mucho en... todo lo que ha dicho mamá...

En eso de aprovechar el momento.

De vivir las oportunidades que nos da la vida y...

Lu, me he dado cuenta de que yo no he salido

de estas tierras.

Ya... Y no he visto a nadie defenderlas como tú lo haces, Dani.

-Porque no conozco otra cosa, Lu.

Mira, tú te has sacado una carrera,

has vivido en Nueva York, has visto mundo...

Y yo, en cambio, solo he vivido la vida que debía vivir,

la vida de papá.

Quiero... Quiero viajar, Lu, como tú,

y saber que puedo hacer otras cosas.

Dani... -Venga ya, no me mires así.

Sé que puede sonar egoísta, pero tú debes entenderme

mejor que nadie. Creo que he roto aguas.

-¿Qué dices? Pero si es muy pronto, Lu.

Pues se habrá adelantado.

-¡Ay, la madre! Ven, te llevo al hospital.

Uf, no puedo.

-Tranquila, llamo a una ambulancia. No, llama a Miguel,

una ambulancia se perdería, él sabrá encontrarnos.

-Vale, todo irá bien, tranquila.

Lucía.

Teléfono.

Dime, Daniel.

-Miguel, escúchame... Lucía está de parto.

¿En qué hospital estáis? -Ese es el problema,

estamos en La Fresneda, en la viña vieja.

Ven lo más rápido posible con una ambulancia.

Dile a Lucía que voy para allá.

Pasos.

¿Qué haces aquí?

Te ha enviado mi padre, ¿verdad?

Disparo.

(SE QUEJA) Ah... -Lu, tienes aguantar,

Miguel está en camino. No puedo, tienes que ayudarme.

-¿Qué dices? No puedo. Si yo puedo tú también.

-Respira... Respira hondo.

(SE QUEJA) Ah...

-¡Que os den, bodegas Cortázar!

(GRITA) ¡Aah!

(GRITA) ¡Aah!

-Vamos, Lu, empuja, empuja, así. Respira, Lu.

Respira. Va, va, va. (EMPUJANDO) ¡Ah!

(JADEA)

-No vuelvas a aparecer por aquí.

-Empuja un poco más, un poco más. Lo estás haciendo muy bien.

Vamos, Lu, va, va, va.

(SE QUEJA) ¡Ah! -Respira, así, así, muy bien.

(TOSE)

Casi está ya. Empuja un poco más. Un poco más.

Lo estás haciendo muy bien.

Muy bien, vamos, vamos, Lu, vamos. Vamos, vamos.

¡Empuja, vamos, empuja, empuja!

¡Lucia, así, así, muy bien, muy bien, ya casi esta, Lu!

Empuja, empuja, un poquito más fuerte, Lu

(EMPUJANDO) ¡Aaaah!

Llanto de un bebé.

(LLORA) (EMOCIONADO) -Es un niño.

(EL BEBÉ LLORA)

(LLORA) Hola.

Ya, chis...

Llanto del bebé. (LLORA EMOCIONADA)

Teléfono.

-¿Dígame?

¿Está... muerto?

Nunca se me ha dado bien sacar parecidos,

pero no se puede negar que ese niño es un Cortazar.

Jesús Cortazar Reverte.

Ni tú, ni nadie me va a quitar a mi hijo.¿Quién va a impedirlo, Miguel?

¿Se puede saber que hacen aquí?

Nos envían de la Consejería, aquí tienen todos los permisos.

¿Permisos para qué? -La autovía del Norte.

Solo nos queda una alternativa.

Y esa alternativa pasa por las tierras de los Reverte.

Han llamado del Ayuntamiento,

dicen que el recurso para paralizar la autovía, no es válido.

En el bufete de Logroño solo llevaba penal.

No te dije toda la verdad, porque quería este trabajo.

Quiero que investigue en que facultad se graduó Julia

y dónde ha trabajado después.

Papá, me han concedido el bebé.

Vas a dar nuestro patrimonio al hijo de una cualquiera.

Quiero que vuelvas a casa, estoy dispuesta a pagarte.

¿Juntos contra Vicente Cortazar?

Vicente Cortazar interpuso una denuncia por la custodia de su nieto.

Si mi nieto sale de mi casa,

yo no voy a parar hasta verte sufrir todo lo que yo he sufrido,

por tu culpa.

Necesito verla.

Te he traído los caramelos que te gustan tanto.

¿Sabemos ya quién disparó a Miguel?

Yo es que venía a ver a Gonzalo Miranda.

Gonzalo murió hace unos años ya.

No sé si me ha reconocido, me voy a la comisaría, espérame en mi casa.

¡Se lo han llevado!

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 39

08 abr 2013

Los Cortázar viven el día más complicado de su historia. La desaparición de la pequeña María por parte de, una cada vez más peligrosa, Paula, ha puesto en jaque a todos los miembros de la familia. Hasta el propio Gustavo se verá implicado en una búsqueda que atraerá consecuencias imprevistas para todos los implicados. Al mismo tiempo, el funeral de Rosalía servirá como detonante para visitas inesperadas y un peligroso acercamiento, el de Vicente y Carlos, que desequilibrará el juego de poder en las Bodegas Cortázar.

Unos llegan a la familia y otros se marchan. Miguel ha tomado una decisión, la verdad sobre la muerte de Jesús Reverte ha sido la gota que ha colmado el paso. Ya no se siente un Cortázar. Ese no es su sitio y decidirá salvar de la ruina a los grandes afectados por las intrigas de su familia: los Reverte. Una decisión que marcará la vida de todos ellos para siempre.

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