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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-El contrato está en el registro, y el dinero en vuestro banco.

-Ahora Raúl Cortázar nos ha devuelto el dinero.

-Vamos a tener más problemas de los que pensábamos.

Han firmado, no pueden echarse atrás.

-Usted sabe que el negocio de la ropa, su éxito,

depende de Sofía. Entonces no sé qué haces aquí.

Es a ella a la que tienes que convencer.

No puedo firmarlo. -No puedes hacerme esto.

Son mis hijos y su bodega. -Te la quitará un banco.

Mejor un banco que su madre. -Vicente, Sofía no quiere firmar.

-No os vendo mi parte. Y desde mañana

ocuparé un despacho en las bodegas.

Como una socia más. Todavía podéis hacer algo

si queréis que renuncie: garantizarme que Miguel

jamás volverá a ocupar ningún puesto.

Nuestra empresa se tambalea y lo único que parece importarle

es ella. Tendrás tu dinero y yo recuperaré mis bodegas.

No quiero más dinero, quiere la cabeza de Miguel.

Primero se deshace de mí, pero luego irá a por vosotros.

Me echáis. -He tomado la decisión oportuna

para no perder las bodegas. Así es como las vais a perder.

Lo dejo todo. ¿Qué?

Necesito empezar de cero lejos de aquí.

-Paula me ha hecho una contraoferta.

¿Cuánto? -Más de lo que podría pagar.

¿Pagarás toda tu vida unas letras por una bodega?

Nunca será tuya. -Si hace esto conmigo,

¿qué no hará con una zorra como tú? Las bodegas no están arruinadas.

Y te la compra a precio de saldo. -¿Por qué no me cuenta

lo del vino de los Reverte? ¿Qué esperabas?

Un Cortázar siempre guarda un as en la manga.

-No voy a vender mi parte. No la necesito.

No harás eso porque no te enfrentarás a mí.

-Mañana sacaré el testamento a la luz.

Gracias por sacar de la ruina a mis bodegas.

-Alguien de dentro de la comisaría falsificó el informe del forense

sobre el informe de Mónica Robledano.

Alguien la drogó, la metió en la bañera y le cortó las venas

para fingir un suicidio. -Ortega sabe que el informe

del forense se falsificó. Si caigo caerás conmigo.

-Vicente, acabará con usted. Si vieras la cantidad de veces

que he oído eso a lo largo de los años...

Carlos acaba de salir, asegúrate de que no vuelva.

-¿Qué quieres hacer con Carlos? Es peligroso.

-Llama y pide que no le hagan nada. No.

-Es mi hermano. -Alguien te vio en la cocina

con María poniendo el veneno en la botella.

Está dispuesto a ir a la policía. -¿Qué quieres que haga?

-Que él pague por mi muerte. -Quería hacer un pedido

de ácido sulfúrico. A nombre de Vicente Cortázar.

-Aquí está el lote y la factura. He puesto la fecha que me pidió.

-Sal al jardín y llama a Ortega sin que te vea nadie

y le dices dónde puede encontrar la prueba de que intentó asesinar

a Rosalía. -Vicente Cortázar compró ácido

sulfúrico dos días antes de que su mujer fuera envenenada.

-¿Puede abrir esos cajones? Claro.

-Ah, ah...

Se cierra una puerta.

(SUSPIRA)

Teléfono.

Nada, no contesta.

-¿Cómo has podido hacer algo así, papá?

Tengo que avisar a Carlos.

(SUSPIRA)

Teléfono.

-¡Ah, ah! Ah...

-¡Ah!

-Ah... -Lárgate de Lasiesta

o te arrepentirás. (TOSE)

(SUSPIRA)

(TOSE)

(TOSE)

Teléfono. Ah, ah...

Ah...

Ah, ah...

Teléfono. (TOSE)

Teléfono. (TOSE)

(TOSE)

(TOSE)

Ah...

-Perdóname. Perdóname, ¿estás bien? ¿Te he hecho daño?

(TOSE)

-He tenido mejores días.

-¿Qué te ha pasado?

¿Qué te ha pasado? ¿Te han pegado, te han robado?

-No, no lo sé. -Voy a llamar a la policía.

-No, no llames a la policía. -Bueno, pues sube al coche,

te llevo al hospital. -No, no quiero no hospitales

ni policía. Olvídate. -Estás sangrando.

-¿Qué pasa? ¿Eres médico o qué? -No soy médico.

Tengo el hotel aquí al lado. A lo mejor ahí te ayudan,

te curan, algo.

Por favor.

-Está bien, está bien.

Gracias.

Mira, déjalo. -Ya está, ya está, ya está.

-Tampoco me voy a morir por esto. -Ya está.

-Ah... -Ay.

Tienes cara de buena persona.

No deberías meterte en líos. -Ni tú subir desconocidos

a la habitación. -¿Me vas a decir qué te ha pasado?

¿Por qué te han hecho esto? -Si te digo la verdad,

no tengo ni idea.

-Pues esta vez has tenido suerte.

-Ya lo creo.

Pero no sé que me da que van a volver a intentarlo.

-¿Por qué? -Hay mucha gente que no me quiere

ver por aquí.

-Digamos que Lasiesta no es el mejor sitio

para hacer amigos. -Y mucho menos encerrada

en un hotel. -Esto es provisional.

-¿Tienes familia por aquí?

-Decir familia es decir demasiado.

Mis padres murieron hace unos años.

He venido a por algo que les pertenece.

-Ya.

Y veo que lo has encontrado.

-Dame eso, por favor.

Esto es muy importante. -Perdona.

Pitidos.

Yo me tengo que ir.

Ah, pues nada. Gracias.

-Ten cuidado. -Tú también.

Vamos a tranquilizarnos, ¿eh? -¿Tranquilizarnos? ¿Cómo?

Carlos es tu hijo. Eso es otra mentira de tu madre.

-No, papá, las fechas cuadran. Mamá salió embarazada de esta casa.

Puede que saliera embarazada de aquí, pero ella tenía un amante.

-Al que no veía desde hacía un año porque le echaste de la bodega

y se tuvo que ir a Francia. ¿Eso te dijo ella?

-¿Dónde vas? Quiero oírlo de sus propios labios.

-Papá, como le pase algo a Carlos te juro que no te lo voy

a perdonar en la vida.

Rosalía...

Rosalía.

Pitido.

-Uh, uh...

Emma, Pablo... -¿Qué pasa, Vicente?

Es Rosalía, hay que llamar a un médico.

-Papá... Emma, hija, llama a un médico,

rápido. -¿Está bien?

No.

-¿Ha... ha muerto? No, se ha salvado de milagro.

La máquina de oxígeno estaba desconectada.

No entiendo por qué. -Las máquinas fallan.

¿Qué quieres decir?

-He conseguido estabilizarla, pero sus constantes vitales

aún son débiles. -¿Pero se encuentra mejor?

-Emma, hay que tener en cuenta que ha estado demasiado tiempo

sin oxígeno.

Sinceramente, es muy difícil que recupere la consciencia.

El daño causado por esa falta de oxígeno es irreversible,

y si lo hiciera, en el mejor de los casos

habría perdido sus facultados. Lo siento.

De todas formas, hay que ver cómo evoluciona. Nunca se sabe.

-Por favor...

¿Ha pasado algo? He visto una ambulancia ahí fuera.

-Es mamá. Ha pasado mucho tiempo sin oxígeno.

La máquina estaba apagada. ¿Cómo apagada?

-Quizá la apagó ella.

¿No os parece raro? Tu madre ya estaba muy mal.

¿Se la van a llevar?

No, pidió morir en esta casa

y vamos a respetar su voluntad.

-Han conseguido estabilizarla. -¿Has podido hablar con ella?

Teléfono. -No, qué va.

Sigue inconsciente. ¿Sí?

Ah, sí, sí, un momento.

Ah...

Un momento.

-Nos tenemos que preparar para lo peor.

El médico he dicho que no cree que vuelva a despertarse.

Y si lo hace, será un milagro que recupere sus facultades.

¿Se puede saber por qué no me cogías el teléfono?

-Porque estaba haciendo lo que usted me pidió.

¿Qué has hecho exactamente? -Le he dado bien dado.

No le van a quedar ganas de volver por aquí.

Búscale, encuéntrale y asegúrate de que no es nada grave.

-¿Qué? Que vayas y...

Déjalo. -Vicente, con todos los respetos,

usted chochea.

-Carlos, ¿qué te ha pasado?

¿Estás bien? -No, nada, no me ha pasado nada.

Una caída tonta. ¿Has visto a Miguel?

He visto que me has llamado, pero no pude cogértelo.

Carlos...

-¿Qué pasa? ¿Qué ha pasado?

Es... es tu madre. Ha tenido una recaída.

-¿Y está bien?

-No, no está bien.

Está inconsciente, pero puedes subir a verla.

Lo siento, hija.

-No es a mí a quien tienes que pedir perdón.

No, lo sé, pero no voy a hacerlo.

-Yo no voy a decirle nada, papá, pero de ti depende.

Ya puedes hacer las cosas bien si no quieres perderle.

Dos hijos dándote la espalda ya son demasiados.

Supongo que no me oyes,

pero quería decirte que te perdono.

No es justo que los errores del pasado

nos persigan toda la vida.

-No, no lo es.

¿Qué tal está?

Dormida.

Está tranquila.

¿Qué te ha pasado?

-Tú no tendrás nada que ver con esto, ¿no?

¿Perdón?

-No sé quién me ha mandado un matón para que me vaya del pueblo,

y si hay alguien que no me quiere ver por aquí, ese eres tú.

Carlos, yo jamás haría algo así.

-Ya, ya sé que no es justo que los errores del pasado

nos persigan toda la vida. Pero ya me entenderás,

con tu fama.

Te dejo con ella.

-Mamá...

-¿Cómo que te vas?

-¿Todo esto es por lo de Julia?

No, Pablo.

Sólo ha sido la gota que colma el vaso. Estoy harto.

-Miguel, los tres sabemos que es muy difícil

vivir en esta casa; pero no puedes renunciar a todo.

Ninguno queréis perder las bodegas. Yo os lo pongo fácil:

vosotros ganáis. -No, Miguel, no.

Con esta situación perdemos todos. Te equivocas.

¿Cómo creéis que llegó el testamento a manos de Julia.

-Es evidente, lo envió Paula.

¿Ah, sí?

¿Y fue Paula también la que entró en casa

y nos dio el cambiazo? No seas ingenua, Emma.

Ya os he dicho que papá está detrás de todo esto.

Desde siempre, desde el principio. Fue él quien enterró la caja

con el reloj para destapar todo este asunto.

Él es el primer interesado en que ese testamento

vea la luz para recuperar lo que le quitamos.

Él es el que gana. ¿No os dais cuenta?

Toda la tranquilidad que teníamos hasta hace unos meses

se fue al traste desde el día en que apareció él.

¿Creíais que es casualidad?

-¡Miguel!

Miguel,

¿dónde vas a ir? Creo que me vendrá bien

una temporada lo más lejos posible.

-¿Lejos de nosotros o lejos de Lucía?

(SUSPIRA) De todo.

-Creí que las cosas iban bien con ella.

Mientras siga sin saber lo que pasó el día que murió Jesús Reverte no

las cosa no pueden ir bien entre nosotros.

(SUSPIRA)

-Qué hija de puta.

No os lo vais a creer. ¿Qué pasa, hijo?

-Mercedes está compinchada con Vicente.

¿Qué? -La oí hablar por teléfono con él.

¿Con Vicente Cortázar? -Sí, mamá.

Sabía que ese cabrón no iba a parar hasta meter sus manos

en nuestro negocio. Pero nosotros firmamos el contrato

con ella. -Un contrato que nos anula

como bodega, Lucía. ¿No os dais cuenta, Joder?

¿Y ahora qué hacemos? Si teníamos alguna oportunidad

de recuperar la bodega, con Vicente por medio

lo veo muy difícil. -No sé qué podemos hacer.

Lo mismo que hemos hecho siempre, hijos.

Ir con la verdad por delante.

Hay que llamar a Mercedes, hablar con ella.

Pero ¿por qué no nos has dicho la verdad, Mercedes?

-¿A qué te refieres? Sabemos que Vicente Cortázar y tú

sois socios. -No, socios no somos.

-Mercedes, por favor. Te he escuchado hablando con él

por teléfono. ¿Cuál era el plan, eh?

¿Revenderle las bodegas dentro de unos meses?

-Yo creía en el negocio del arrope.

Quería invertir en él.

Pero el banco no me prestaba el dinero, y alguien me dijo

que Vicente Cortázar me ayudaría. Si se supone que no tiene

ni un duro, por eso tuvieron que admitirlo otra vez en su casa.

-Yo no sé si tiene o no tiene dinero,

pero te aseguro que ese es el menor de sus problemas.

-Ya. Y no te ha pedido nada más a cambio.

-¿Nada más? Si yo cancelo ahora ese préstamo,

no le voy a poder pagar la deuda en mi vida.

Aliarse con los Cortázar no sale bien nunca, Mercedes.

Te lo digo por experiencia. Siempre trae consecuencias.

-Vamos a ver,

si te ayudamos a deshacerte de Vicente y de su deuda,

¿nos devolverías las bodegas?

Bueno, ¿qué vamos a hacer? ¿Cómo ayudaremos a Mercedes

a liberar la deuda que tiene con Vicente?

-Bueno, puede que haya algo que Vicente necesite mucho más

que el dinero de esos intereses.

¿El qué?

-Sígueme.

Dime. (SUSPIRA)

-Verás, Lu, hay algo que no te he contado.

Hace un tiempo los Cortázar tenían problemas

con la fermentación de su vino. Vicente me pidió

que guardara en nuestros depósitos parte de su cosecha y yo acepté.

Pero este vino es nuestro.

-Ajá.

¿Y dónde está el suyo?

-Lo vendí. ¿Qué?

-Lucía, ese vino era el único que estaba preparado en ese momento

y necesitábamos la pasta. Nos iban a embargar

si no habíamos frente a las deudas.

¿Y por qué no me dijiste nada, Dani?

-Pues por el juicio, tu embarazo, Raúl haciéndote la vida imposible.

Ya tenías tú bastantes preocupaciones.

También tenía derecho a saber qué estaba pasando en mi bodega.

-Vale, tienes razón, lo siento.

Pero, créeme, era la única salida que teníamos.

¿Y ahora qué hacemos?

Si Vicente se da cuenta de que hemos vendido su vino

no recuperaremos la bodega en la vida.

-Si quiere vino tendrá que hacerlo. ¿Vas a chantajearle con un vino

que ni siquiera es el suyo? -¿Prefieres perder las bodegas?

Dani, nosotros no hacemos esas cosas.

-Ya lo sé, y así nos ha ido.

Lu, mira a tu alrededor, por favor.

Vicente quiere vino. Muy bien, pues lo va a tener.

Sólo que le va a costar más dinero de lo que él se cree.

Dani... -Lu, no tenemos nada que perder.

¿No te das cuenta?

Confía en mí.

Llaman a la puerta.

-¿Quería verme?

-Siéntate, por favor.

-¿Va todo bien? -Mejor que nunca.

He descubierto quién falsificó el informe forense

sobre Mónica Robledano.

Como me temía, era alguien de comisaría.

-Ajá.

¿Y quién?

-Ahí está.

En unas fotos que le hice junto a Paula Muro.

¿Qué pasa? ¿No vas a abrirlo?

-Estas fotos no significan nada.

-Tú fuiste quién recogió ese informe.

Tu firma aparece en el acuse de recibo.

Y tú eliminaste la mención de que estaba drogada

antes de que llegara a mis manos. -Paula me pagó

para que modificara el informe.

-¿Paula mató a Mónica? -No.

-¿Que no lo sabes o no lo hizo? -No lo sé. Tiene que creerme.

-¿Por qué lo hiciste?

-No soy mala persona, no soy como ellos.

-No me digas que fue por dinero.

-Lo necesitaba.

-Entonces sí eres como ellos.

Llaman a la puerta.

-Adelante.

-Señorita Muro...

¿Haciendo la mudanza?

-Es mi último día en las bodegas, sí.

-Pues es una lástima, porque tengo entendido

que su marido pagó un dineral por ellas.

-Pues ya ve, todo se acaba.

Y el dinero, más rápido que cualquier otra cosa.

¿Qué quiere, agente Ortega?

-Hacerle unas preguntas.

Sobre Mónica Robledano.

Y que me diga si es posible dónde estaba usted

el día que la asesinaron. -Creía que Mónica se suicidó.

-Sabe muy bien que no.

-Y lo sabe porque usted pagó a mi ayudante para que falsificara

el informe forense.

-Ni siquiera sé de quién me habla.

-Para no conocer a mi ayudante, estuvo usted un buen rato

hablando con él.

-¿De verdad cree que maté a Mónica?

¿Por qué iba a hacer algo así?

-Dígamelo usted.

¿O hay otra razón por la que usted no quisiera que llegara a mis manos

el auténtico informe forense?

-Sabe que eso no demuestra nada. Si lo hiciera,

me detendría ahora mismo.

-Demostraré que estuvo usted en ese hotel,

en la habitación de Mónica, que la drogó,

le cortó las venas y la metió en esa bañera

para dejarla morir desangrada.

-Suerte. La va a necesitar.

-Lo mismo digo.

Cualquier documento que llegue se lo pasas a mi hermano Pablo.

-Claro, don Miguel.

-¿Qué es esto? ¿Una despedida?

Sí, no eres la única que se marcha.

-No te creo.

Prefiero irme antes de que me echen.

Se llama dignidad, algo que tú no tienes

a juzgar por cómo has acabado. -Ya.

Dignidad.

Sólo que yo me voy con los bolsillos vacíos

y tú te vas forrado a costa de vender tu parte

antes de que no valga nada, ¿verdad?

He renunciado a todo para empezar de cero.

Quiero olvidarme de todo esto lejos de aquí.

-Claro, tú tienes una ventaja.

¿No recuerdas los años que viviste con nuestra hija?

Para ti Claudia era una desconocida,

pero para mí era mi niña.

Y la mataron.

Y eso no lo podré olvidar jamás, por muy lejos que me vaya.

Yo también la quería.

-He arruinado mi vida por vengarme de los Cortázar.

Pero me da igual.

Porque mi vida sin ella ya no valía nada.

Adiós, Miguel. Adiós.

-Espero que no hayas venido a pegarme otra vez.

Está mi hija delante. -Lo único que quería decirte

es que no te has salido con la tuya.

Se ha demostrado que soy inocente.

-Lo sé, y no sabes hasta qué punto deberías estarme agradecida.

-Lo único que puedo agradecerte es haber pasado los peores días

de mi vida.

Pero no has conseguido acabar conmigo.

-No, he conseguido algo mucho mejor.

Pablo vuelve a estar a mi lado.

Estamos como al principio, y tú sólo has sido un mal sueño.

-Tarde o temprano se acabará dando cuenta de quién eres.

-Y para entonces tú estarás muy, muy lejos de nuestras vidas.

-O no.

Mira, pensaba alejarme lo más posible de esta familia.

Pero no voy a darte este gusto.

-¿Vas a quedarte?

¿Después de que Pablo te mandara al calabozo?

Tienes menos dignidad de lo que pensaba.

-Sara, ¿te acuerdas cuando Pablo y yo nos estábamos conociendo

y tú te volvías loca porque no sabías lo que pasaba

entre Pablo y yo? Tú lo has dicho.

Volvemos a estar como al principio.

Tú sigues encerrada en esta casa y no vas a tener ni idea

de lo que pasa entre Pablo y yo. -Ni se te ocurra acercarte a él.

¡¿Me oyes?!

-¿Qué haces aquí?

-Pablo, no voy a dejar las bodegas.

-Pensaba que no querías volver a verme.

-Siento si fui injusta contigo, pero yo...

-No, nunca debí desconfiar de ti y lo siento.

-Todos hemos sufrido con esta situación.

Y es absurdo que sigamos haciéndolo.

Al fin y al cabo, tu madre se ha llevado

la peor parte.

-Mar, Mar... -Pablo, no, no.

Quiero que todo vuelva a ser como antes.

Todo menos lo nuestro.

Mientras Sara siga en tu vida no va a pasar nada entre nosotros.

-Sabes que la situación con ella es muy difícil.

-Lo sé.

Y ahora más que nunca. Pero si crees que no podemos llevar

con esto con normalidad, yo me voy.

-No.

Quiero que te quedes, por favor.

(SUSPIRA)

Es en momentos como este cuando se ve la pasta

de la que está hecho un hombre.

-Usted debe estar disfrutando un montón con todo esto,

¿no, don Vicente?

Tranquilo, pronto dejaremos de vernos.

Puedes quedarte a vivir con nosotros cuando ella

ya no esté.

-¿No me diga que ahora tiene remordimientos de conciencia?

Porque no me lo creo.

Los problemas que tuve con Rosalía los pagaste tú.

Pero tal vez podemos arreglarlo. -¿Qué hace?

Como vuelva a ponerme la mano encima le juro que no respondo.

Sí, con la habitación 127, por favor.

Teléfono.

-¿Sí? -Me pregunto si me tienen que dar

otra paliza para que nos volvamos a ver.

-Hola. -¿Nos vemos?

-Eh... Pues...

Iba a salir en un rato. -Me gustaría verte.

-Eh...

¿Conoces las viñas de los Cortázar? -Sí.

Sí, creo que sí.

-Pues... ¿nos vamos allí en una hora?

-Muy bien.

-Creí que no venías. -Sí, perdona.

Es mi madre, que está enferma.

-¿Es grave?

-Sí, sí, parece que sí.

Y la verdad es que si ella desaparece no sé qué voy a hacer,

porque no tengo a nadie más.

-Lo siento.

-¿Vas a quedarte mucho tiempo por aquí?

-Eso espero.

Al menos hasta que recupere lo que es mío.

¿Ves estos viñedos?

Si todo va bien, dentro de poco serán míos.

-¿Tú crees que están a la venta?

(RÍE) -No, no, a la venta no están.

Verás, mi abuelo era el principal heredero de la fortuna

de los Cortázar.

Pero Vicente Cortázar y su mujer se encargaron de ocultar

el testamento.

El caso es que esa gentuza nos quitó lo que nos pertenecía.

Y no voy a parar hasta que lo recupere.

Por cierto,

te estoy contando todo esto y no sé cómo te llamas.

-Carlos.

-Julia.

-Julia Cortázar.

Ah, Dani, pasa, pasa.

(SUSPIRA) -La última vez que estuve en esta casa

tenía una criada. Corren tiempos difíciles, ¿eh?

Ah, Amelia...

Sí, tuvo que marcharse. Una pena, porque al final

le estaba tomando cariño. Pero para nosotros

no son tiempos difíciles. Todo lo contrario.

-Ya. Vamos, será por eso por lo que va prestando dinero

por ahí.

¿Qué te traer por aquí, Dani? Siéntate.

-Igual no se acuerda, pero tengo algo que le pertenece.

Querrás que saque el vino de tu bodega,

ahora que vais a desmontarla, claro.

-Pues no, no exactamente. De hecho, nos vamos a quedar

con las bodegas. Creí que ya habíais firmado.

-Imagino. Pero no, resulta que Mercedes Domínguez

está dispuesta a devolvérnoslas con un par de condiciones.

La primera, por supuesto, que le devolvamos el dinero.

Y gracias a su hijo Raúl vamos a poder hacerlo.

Y la segunda... Bueno, la segunda

es que usted se olvide de los intereses de su préstamo.

Dani, un trato es un trato.

Tú ya debes saberlo, porque lo pasaste bastante mal.

-Sí. En fin, tuve que guardar su vino a cambio

de que no me denunciara por lo de Lorena. ¿Se acuerda?

Sí, creo que hiciste una buena elección.

-Ya.

Bueno, pues ahora ya sabe usted a quién le toca elegir.

No sé a qué te refieres.

-Fue usted quien me dijo que ningún hombre

llega a construir su imperio si no hace favores.

Y...

sin cobrárselos.

Así que si le resulta más fácil ver todo esto como un favor...

Vete de esta casa ahora mismo.

-Pero olvide esa deuda.

O no volverá a ver su vino.

-Dani...

-Hola, Emma.

-¿Pasa algo? Absolutamente nada, hija.

Absolutamente nada.

Si es que lo sabía. Sabía que Vicente no iba a aceptar.

Es demasiado orgulloso como para arrodillarse ante nadie.

-Acabará aceptando, Lu. -Claro, los Cortázar

necesitan ese vino. Pues eso es lo que más miedo me da,

que cuando Vicente quiere algo no para hasta conseguirlo.

-¿Tienes miedo de Vicente?

He estado en la cárcel por culpa de los Cortázar.

Sé de lo que hablo. -Hablaré con Alejandro.

Él le parará los pies a Vicente.

¿Qué Alejandro? -Alejandro Cortázar.

Es la única persona que conozco capaz de parar los pies a su hijo.

-Adolfo, Alejandro está muerto.

Murió hace mucho tiempo. -No digas tonterías, Daniel.

He estado con él esta mañana. Tío, yo hablaré con él, ¿vale?

Yo me encargo. -No, hija, yo me encargo.

Se abre la puerta. No, no...

-No te preocupes, yo lo hago. Hola.

Hola.

¿Qué pasa? -No, que no me dejan salir a...

-Nada, que Vicente no va a ayudarnos

a que Mercedes nos devuelva las bodegas.

¿Por qué?

Pues porque no le interesa, mamá.

Sofía, ¿qué haces aquí? Pasa.

¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar

para que no levantemos cabeza?

Es... todo lo contrario.

Todo lo hago por ayudaros.

Vicente, por favor, sé que estás detrás de Mercedes

y que no quieres ayudarnos a recuperar las bodegas.

Sofía, hay cosas que no sabes. Estoy segura.

¿Por qué tanto odio, Vicente?

Yo no os odio, todo lo contrario.

Si quisieras ayudarnos habrías venido de cara.

Nunca habrías aceptado mi dinero, por eso lo hice

a través de Mercedes.

Esas bodegas son un lastre para vosotros.

También convencí a mi hijo Raúl de que os devolviera

lo que os había quitado para que partierais desde cero,

pero tus hijos son unos cabezotas, como su padre.

Habríamos salido adelante sin tu ayuda.

¿Ah, sí? ¿Cómo? El negocio del arrope.

Estaba yendo bien, Vicente. Sofía, yo compré todo el arrope

que fabricabas.

Cada vez que os habían un pedido mayor yo estaba detrás, ayudándote.

Lo hice...

Lo hice sólo para ayudarte.

Devuélvenos las bodegas

y no nos ayudes más, por favor, Vicente.

Sofía...

¿No crees que va siendo hora de que nos veamos?

-Sabiendo lo que pasa en su casa no sé si atreverme a beber

de su vino. Julia, por mucho que lo intentes,

nunca podrás ser una enemiga para mí,

porque eres una Cortázar. -Me alegra oír eso.

Al fin y al cabo usted ya tiene su tercio de la empresa.

Mucho más de lo que tenía hace unos días, ¿verdad?

Dentro de poco no quedará nada. Ni tu parte ni la mía.

-Si esa es otra de sus artimañas, ya no cuela, Vicente.

Por desgracia, esto no forma parte de ningún plan.

Es cierto que destruimos mucho vino sabiendo que teníamos mucho más

en las bodegas Reverte, pero ahora se niegan a devolverlo.

Una bodega vacía es una bodega en la ruina.

-Si usted quiere las bodegas, yo también.

Acabo de iniciar los trámites para hacer valer el testamento.

Pronto lo tendrá un juez y no habrá marcha atrás.

-Julia, por favor, no lo hagas.

Emma, hija, no te metas en esto.

-Sólo te pido que lo pienses bien. Ese negocio es todo

por lo que ha luchado mi padre. -¿Cuántos años tiene, Vicente?

Quizá va siendo hora ya de descansar un poco, ¿no?

Disfrute de su parte, hombre. Destruye ese testamento

o te vas a arrepentir.

(SUSPIRA)

-No.

Vaya haciéndose a la idea.

Será mejor para todos. -Julia...

¡Ah!

-Todo se va a arreglar. ¿Cómo?

Os dije que iba a arreglar esto y ahora estamos peor que antes.

Los Reverte no quieren devolvernos el vino.

-¿Por qué? Ellos no son así.

¿Qué ha pasado, papá? Les deben dinero a esa mujer

que les compró la bodega, ahora se ha echado atrás

y quieren que les perdone la deuda para recuperarlas.

-Bueno, pues hazlo. ¿Y ceder a un chantaje?

A los Cortázar no los chantajea nadie.

Y menos Daniel Reverte.

-Papá, ellos sólo quieren sus bodegas, igual que nosotros.

(SUSPIRA) -Llámales y acepta el trato.

No, hay otra forma de recuperar ese vino.

-¿Ah, sí? ¿Cómo, dándoles una paliza, como a Carlos?

Papá, esos días ya han pasado. Y si te aceptamos en esta casa

es porque pensábamos que habías cambiado.

Fue porque un juez os obligó, coño.

-Pero no nos obligó a perdonarte. Y lo hemos hecho.

Así que no hagas que nos arrepintamos.

Carlos... -Déjanos solos, por favor.

-¿Qué has oído? -Emma, déjanos solos.

-Mire, Vicente, le voy a decir una cosa que quizás usted ya sepa,

pero me apetece recordárselo.

Usted es un hijo de la gran puta.

¿Y sabe qué? Voy a hacer lo imposible

para que Julia Cortázar le quite absolutamente todo.

Eres un miembro de esta familia, no se fiará de ti.

(RÍE) -Claro que se fía. Pero me hace gracia.

¿Ahora soy miembro de esta familia? ¿Ahora?

¿Te tienen que dar una paliza para ser un Cortázar

o cómo va esto?

Mire, Vicente, esta mañana he tenido el placer

de conocer a Julia. No sabe muy bien quién soy,

pero si necesita ayuda en esta guerra

voy a estar de su lado. Así que vaya despidiéndose de todo.

Carlos, no te interesa.

-El único que tiene algo que perder es usted.

Si ese testamento se hace público, tú también tendrás mucho

que perder. -¿Ah, sí?

Pensaba que para vivir como un Cortázar

había que ser n Cortázar. Y tú lo eres.

Carlos, eres hijo mío.

-¿Qué está diciendo?

Es increíble, Vicente, usted es capaz de cualquier cosa.

Tu madre se lo dijo a Emma. -¡Cállese!

¡Cállese, Vicente, cállese, mi madre está arriba muriéndose!

¡¿Es que no respeta nada o qué?!

Comprendo que te resulte difícil aceptarlo, porque a mí también

me resulta muy complicado, pero Rosalía lo calló todo

este tiempo.

Eres un Cortázar.

Si no me crees pregúntaselo a tu hermana.

-¡Emma, Emma!

Dime que no es verdad.

¿Mi madre te dijo que... que Vicente era mi padre?

-Me pidió que nunca se lo dijera a nadie.

Pero no me quedó más remedio que decírselo a papá

cuando supe lo que iba a hacer. -¿Cuando supiste que me quería dar

una paliza, quieres decir? -Si lo hubiera sabido antes

jamás lo hubiera hecho. -Menudo consuelo.

Que mi padre sea un arrepentido. -Carlos, ya sé que todo esto

es muy difícil, pero es verdad.

Mamá se fue de esta casa embarazada y nunca dijo nada

por miedo a que papá te separara de ella, como hizo con nosotros.

-¿Y mi padre, mi verdadero padre?

¿Lo sabía? ¿Sabía que yo no era su hijo?

-No lo sé, no me dio tiempo a preguntárselo.

Pero tal y como está mamá no creo que lo sepamos nunca.

-Eso ya lo veremos.

(SUSPIRA)

-¿Cómo está mamá?

-Eh... sigue igual. Dormida.

Sara está con ella.

-Ya está.

Pablo.

¿Podemos hablar un momento?

-Sí, claro.

¿Puedes creerte que ha venido Mar?

Mar ha venido a echarme en cara que ha estado en la cárcel.

Después de lo que ha pasado es normal.

-¿Normal? -Después de lo que ha pasado, sí.

-Normal es intentar averiguar quién envenenó el vino.

Pero le da igual, ella viene a por mí.

-Va a necesitar tiempo para olvidarlo.

-Sí, tiempo y espacio. Porque se va de Lasiesta, ¿no?

-No, Mar se queda en las bodegas.

-¿Qué? -Ha estado a punto de pagar

por un crimen que no cometió. Mantenerla en su trabajo

es lo mínimo que puedo hacer por ella.

-Pablo... -No, Sara. He tomado una decisión.

No voy a cambiar de idea.

-No me lo puedo creer.

¿Va a seguir trabajando a tu lado después de lo que nos ha hecho?

-¿Y qué nos ha hecho? En todo caso hemos sido nosotros,

que le hemos acusado de intentar matarte, ¿no?

-¿Estás seguro de que no lo hizo? -Tenías que haberla visto.

Daba miedo.

Seguís juntos, ¿verdad? A pesar de todo.

-¡Ya está bien, Sara, basta, por favor, ya está bien!

Esto no funciona.

Y no vamos a seguir así, ¿de acuerdo?

-Pablo... -No.

No, no quiero oír nada, no quiero ver

ni una sola lágrima más. No sé qué va a ser de Mar y yo,

no lo sé. Lo que sé es que he hecho todo

lo posible por intentar ayudarte. Y es evidente que no funciona.

Es hora de que todo esto se acabe. -No puedes echarme.

-Hablaré con mi padre. Conocerá a alguien

que puede alquilarte una casa cercana.

Tómate el tiempo que quieras y no te preocupes por el dinero.

Pero no voy a esperar hasta tu operación.

Ya no quiero que sigas viviendo aquí.

-Hola, quería pedir un taxi adaptado para minusválidos,

por favor.

A las Bodegas Cortázar, es urgente.

-Te dije que no me iba a quedar de brazos cruzados.

-¿Y lo estás disfrutando? -Sólo estoy protegiendo a Pablo.

-¿De mí?

Desde el principio te has equivocado conmigo.

Yo no soy la mala de la película. -No me vas a dar pena, Sara.

-Ni lo pretendo, pero quizá deberías saber

cómo he acabado así. Porque seguro que Pablo

no te lo ha contado.

-¿Contarme qué? -Por qué estoy en esta silla.

-No.

-Mar, yo no me caí.

Pablo me empujó al vacío.

Qué sorpresa, ¿eh? Pablo no es el hombre bueno

que crees que es. Es un Cortázar, y el día

que no te necesite, te arruinará la vida,

como está haciendo conmigo.

¿Qué te hace tanta gracia?

¿No te das cuenta de que estás cometiendo

el error de tu vida?

Vete mientras puedas.

-No, Sara, te vas a ir tú. Y hoy mismo.

Cuando vuelva a casa no quiero volver a verte.

-Hija de puta.

-Pablo, espera. -No, Sara, no.

No hay nada de qué hablar. Está claro lo que piensas de mí.

-¿Y no es verdad? -Sabes que no es cierto.

Asúmelo de una vez y vete de esta casa.

-¿Y dónde voy a ir? ¿Qué voy a hacer yo sola

en esta puta silla? -Te arreglarás,

como has hecho siempre. Te arreglarás.

-Voy a llevarme a María conmigo. -No puedes, Sara.

Renunciaste a la custodia. -Soy su madre.

Y tú no eres más... -¿Que qué? ¿Que qué? Dilo.

Estás deseándolo, dilo. Es el momento de sacar

los trapos sucios, dilo. Di que no soy su padre.

-No, no lo eres. Y no hay día que no me pregunte

qué habría pasado si las cosas con Miguel

hubieran sido diferentes. -Demasiado tarde, Sara.

Miguel se desentendió de la niña y de ti.

Te guste o no te guste, es mi hija, yo tengo la custodia,

es una Cortázar y así va a seguir.

(LLORA)

(SOLLOZA)

-Estaba a punto de salir.

-Puedo acompañarte, si quieres. -Me voy al juzgado.

Creo que no es el plan más divertido.

-Puede que sí lo sea.

-Para mí lo va a ser, desde luego.

Porque lo que no se imaginan es que una Cortázar

va a acabar con ellos.

Pitidos.

-Te entiendo, la familia es lo que tiene.

Yo también tengo mi árbol genealógico algo alterado

últimamente.

-¿Nunca te has preguntado cómo habría sido tu vida

en una familia con tanto dinero?

-Alguna vez. Sí, alguna vez.

(SUSPIRA)

-Todo ese misterio que te rodea

es todo una pose, ¿verdad?

Ese rollo enigmático y solitario...

Pues me gusta.

¿Por qué has venido?

-Bueno, ya te lo dije. No tengo muchos amigos por aquí.

La verdad, me apetecía verte.

Pero si quieres me voy.

Si hubiera sabido cuando me dieron la paliza que esto iba a acabar así

quizás me habría dejado dar más fuerte.

-No hay mal que por bien no venga.

-¿Así que Alejandro Cortázar desheredó a su hijo?

-Hum, hum, sí.

Al parecer, no tenía muy buena relación con la mujer de Vicente,

una tal Rosalía, creo, y apartó a sus hijos

del testamento. De modo que mi abuelo quedó

como el principal heredero. -Ya.

Entonces a Vicente no le toca nada.

-Bueno, un tercio de la empresa.

Todo lo demás es mío.

-No me quiero imaginar cómo se van a quedar los hijos

del tal Vicente cuando se enteren que van a perder

una auténtica fortuna.

-Ellos ya han disfrutado demasiado.

Ahora me toca a mí.

Oye, ¿tú sabes de viñedos?

-Pues la verdad es que no tengo ni idea. Ni quiero.

Pero vas a llegar tarde al juzgado.

-Cierto. Voy a ducharme.

¿Es el original?

-Tiene un precio.

No tenemos mucho dinero, Carlos, ya lo sabes.

-Quiero algo más que dinero. Algo más importante para usted.

Quiero su apellido.

Pensaba que despreciabas todo lo que sonara a Cortázar.

-Y lo sigo haciendo. Pero no hay desprecio

que pueda resistirse a la idea de ser

un rico heredero.

Tu madre no se sentiría muy orgullosa

si te oyera decir eso.

-Mi madre me ha estado mintiendo todos estos años.

Me ha negado una vida mejor por su propio interés.

Usted le robó a sus hijos y ella se quedó conmigo

para vengarse. Jamás le importó lo que yo me perdía

criándome en una casa de mierda.

Así que, sinceramente, no sé si estará orgullosa o no,

pero tampoco estoy haciendo nada que ella no haya hecho antes.

¿Quiere el testamento? Prepare los papeles y será suyo.

Dani... -Don Vicente.

¿Cuándo puedo ir a buscar las barricas? Necesito ese vino.

-Ya lo sabe.

Cuando libere a Mercedes de su préstamo.

Está bien. Llámala y díselo.

Las bodegas vuelven a ser vuestras.

Tonos.

-Ha aceptado. Ha aceptado, Lu.

Te lo dije, te dije que funcionaría, joder.

Esa gente sólo entiendo un lenguaje.

Hay que preparar el vino, se lo lleva hoy mismo. ¡José!

Dani. -¡José!

¿Y si se da cuenta de que no es el suyo?

-Que no se va a dar cuenta. Y, si lo hace, es vino Reverte.

Debería estar contento, sale ganando con el cambio.

Jugar con Vicente es peligroso. -Ya no hay marcha atrás.

¡José! (SUSPIRA)

No entiendo a qué viene ahora todo esto.

Pensaba que el caso de Mónica Robledano

estaba ya cerrado. -Ja, eso es lo que quería conseguir

su exmujer. Paula.

-Si no se ha casado y divorciado otra vez, Paula, sí.

Paula drogó a Mónica, la mató y quiso hacernos creer

que se había cortado las venas.

¿Está bien, señor Cortázar?

Sorprendido, sólo eso.

-Ya, pero ahora lo importante es que podamos demostrar

que Paula estuvo en ese hotel, por eso le he llamado.

Llevo horas revisando las cámaras de seguridad y no la encuentro.

No sé en qué puedo ayudarle. -Bueno, usted estuvo allí.

No sé... Esfuércese, haga memoria. ¿No vio a Paula, no se cruzó

con el coche? Ortega, si hubiese visto a Paula

en el hotel se lo habría dicho una de las tantas veces

que me interrogó. -Bueno, no se me enfade, ¿eh?

Que después del vino y las mujeres, engañar a la policía

es una afición de los Cortázar.

Además, usted ya me mintió cuando me dijo que no había estado.

Y sí había estado hablando con Mónica.

¿Qué le pasa?

Lo que no le dije es que después de hablar con ella

volví a su habitación.

-¿Y? Me la encontré muerta.

-Pero eso lo cambia todo.

Claro.

He estado buscando en el momento equivocado.

Eso quiere decir que Paula llegó antes y tengo que buscar

en el intervalo entre que habló con Daniel Reverte

y usted volvió.

Ah...

Aquí está.

La tenemos. Tengo que mandar un coche patrulla

inmediatamente.

Pitidos.

-Gustavo, necesito verte.

-Puedes quedarte el tiempo que necesites.

Ortega no te va a buscar aquí.

-Después de todo lo que ha pasado entre nosotros

podrías haberme mandado a la mierda.

-Precisamente por eso no te he mandado a la mierda.

¿De qué huyes, Paula?

Te estoy ayudando sin pedirte nada a cambio.

-Es mejor que no sepas nada, pensarías que soy un monstruo.

-Todos tenemos cadáveres en el armario, Paula.

-Confía en mí, es mejor así.

-Qué remedio.

Si necesitas cualquier cosa... -Gus...

Quiero pedirte un último favor. -¿Qué es eso?

-Pastillas. Me ayudan a estar más tranquila.

Con las prisas no me he dado cuenta de que se me han acabado.

-¿Quieres que vaya a la farmacia a por más?

-No, sólo se consiguen con receta. -¿De un psiquiatra?

-Gustavo, si quieres ayudarme, no preguntes más.

En la mesa de mi despacho tengo otro bote.

Tráemelo, por favor.

Gracias.

¿Las has encontrado?

-¿Desde cuándo te medicas?

-¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones?

-Paula, esto es un antipsicótico. No deberías tomártelo

si no estás... -¿Loca? Te he dicho que no estoy,

imbécil.

Las tomo desde que pasó lo de Claudia.

Me ayudan a no pensar constantemente en ella.

(LLORA) Pero no me puedo quitar ni un segundo de la cabeza

que la perdí por culpa de Vicente, y que Miguel no hizo nada.

-Miguel...

(SUSPIRA) Miguel.

¿Sabías que Miguel es el padre de la hija de Sara?

María. -¿Qué?

-Por lo visto Sara se acostaba con Miguel

antes de estar con Pablo.

-Eso lo sabía, pero no que María fuera hija de Miguel.

Siempre veía algo de Claudia en esa niña.

Creía que estaba loca, pero tenía razón.

¿Miguel sabe que es su hija? -No lo sé.

Pero en todo casa Pablo tiene la custodia.

Hoy ha amenazado a Sara con echarla de casa

y quitarle a la niña.

Teléfono.

-¿Qué quieres, Paula? -Tenemos que vernos.

-Lo siento, no tengo tiempo para estupideces.

-Es importante, es sobre María. Sé por lo que estás pasando.

Quiero ayudar. -¿Tú ayudarme a mí?

-Sé que María es hija de Miguel.

-¿Cómo lo sabes? -Eso no importa.

Tu hija es hermana de Claudia, no puedes permitir

que se críe en ese nido de víboras.

No puedes dejar que acabe como ella.

-Paula, agradezco tu interés, pero, de verdad,

no tengo tiempo para esto. -Sara...

Tonos. Sara...

Bullicio de niños.

-Marisa...

-Hola, Sara, ¿qué tal? -Bien, bien.

Oye, ¿puedes ir a buscar a María y me la llevo?

-Pues, verás, hay un problema. -Ya, que todavía no es la hora.

Pero la tengo que llevar al dentista. Si no te importa...

-Acaba de llamar Pablo para advertirnos

que podías venir por aquí. Lo siento, pero no podemos dejar

que te la lleves. -¿Cómo que no? Si es mi hija.

-Ya, pero no tienes la custodia y estáis en pleno proceso

de separación. Nos han mandado un fax

con todos los papeles. No puedo ayudarte.

-Sí que puedes. Trae a María. -Lo siento muchísimo, Sara,

pero yo tengo que cumplir con ese acuerdo.

-Es mi hija, ¿no te das cuenta?

No puedes prohibirme que me la lleve.

-Mira, será mejor que te marches. Hasta que no arregles

todo esto con Pablo yo no puedo hacer nada.

-Paula, oye, siento lo de antes.

Tienes que ayudarme, no podemos dejar que a María

le pase nada.

-Claro. Oye, luego hablamos. Un beso.

(SUSPIRA) ¿Algún problema?

-No, no, una tontería. Te estaba esperando

para hacer los honores. -Por favor, es su vino.

(OLISQUEAN)

Excelente.

-Aquí tiene.

¿Qué es? ¿Por qué le corría tanta prisa?

Reconozco que no soy un hombre con una personalidad fácil.

Pero si hay algo que odio es que me tomen por tonto.

-¿Ahora qué he hecho? Gustavo, el mundo no gira

a tu alrededor. -No, es evidente que no.

Gira al suyo. Quiero que hagas una cosa.

-¿El qué? ¿Otra vez Carlos? No, esta vez

nadie saldrá malparado.

Acaba con las Bodegas Reverte. -¿Y eso ahora por qué?

Me han decepcionado. No quiero que les quede

ni una gota de vino que puedan vender. ¿Entendido?

Teléfono.

Qué aproveche.

Aquí tienes lo que querías. Tu apellido.

Ahora eres un Cortázar de pleno derecho.

Y si quieres heredar algo, será mejor que destruyamos

ese testamento cuanto antes.

No sé cómo has conseguido

ese testamento, pero que esté aquí

prueba que eres un Cortázar.

¿Qué se celebra?

Las bodegas vuelven a ser nuestras. ¿Julia ha vendido?

Mucho mejor, hemos recuperado el testamento y lo hemos quemado,

como debió hacer tu madre.

¿Y puedo preguntar cómo lo habéis conseguido?

-Digamos que lo cogí prestado.

Pero, bueno, Miguel, alegra esa cara.

Que tú no quieras seguir en la empresa no quiere decir

que no sea una buena noticia para tus hermanos.

Imagino que ahora que no voy estar

harás todo lo posible para conseguir ese despacho

que tanto deseaste, ¿no? -No, no lo necesito.

Porque ya lo tengo. Me corresponde uno igual que a ti.

Pensaba que para eso había que ser un Cortázar.

Y él lo es.

Miguel, Carlos es también hijo mío.

Pero ¿qué estás diciendo?

-Así es la vida, Miguel. Unos vienen, otros se van...

Bueno, de hecho, ahora que te vas podrías darme tu parte, ¿no?

Mira, pensaba renunciar a ella,

pero te lo voy a poner difícil.

Se la voy a dejar a alguien con un mínimo de integridad.

Ah, tus hermanos estarán muy agradecidos.

No, papá, te equivocas, confío en ellos, por no en ti.

Acabarás manipulándoles.

Miguel, piensa bien lo que haces.

Miguel.

Si vienes a ver a Lucía, no está. Está en las bodegas

o en el campo, no sé. Pasa. Sí, ya sé que Lucía no está,

por eso he venido. Para traerle esto a usted.

¿Para mí? Bueno, en realidad

son para su nieto.

Son...

mis acciones de las Bodegas Cortázar.

Son para él.

Guárdelas hasta que nazca, por favor.

Usted sabe que si Lucía se entera las va a rechazar.

¿Qué vas a hacer, Miguel?

Irme lo más lejos posible.

Miguel, mi hija te quiere.

No te vayas sin decirle adiós, por favor.

-¿Y dices que Vicente no se dio cuenta del cambiazo?

-Ajá. -El viejo Cortázar

está perdiendo facultades. -El tiempo pasa para todos, Adolfo.

Teléfono. Y los Cortázar no iban a ser menos.

Sonido gaseoso. Dime, Lu.

No, ahora no puedo ir a las viñas.

Pues porque estoy con el tío controlando el sulfuroso.

-No, ve, ve, ve. Yo me encargo.

Eh... Bueno, espérame, espérame, voy para allá, sí.

Ahora voy. Hasta ahora.

-Ah... Asegúrate de cerrar el sulfuroso a tiempo, ¿vale?

-Sí, hombre. Mira, apenas queda ya nada.

No se me va a olvidar. Vete tranquilo.

Hala, ve. -Gracias.

Cesa el sonido gaseoso.

Sonido gaseoso.

-Ah, ah...

Ah, ah...

Ah...

Sonido gaseoso.

¡Lucía!

¡Adolfo!

(TOSE)

Ah, ah...

(TOSE)

Ah...

Cesa el sonido gaseoso. (TOSE)

Sonido gaseoso.

(TOSE)

(TOSE)

Cesa el sonido gaseoso. (TOSE)

Eh, eh...

(TOSE)

Cesa el sonido gaseoso.

Vamos, arriba, Adolfo. Arriba.

Ah...

(TOSE)

(TOSEN)

(TOSEN)

¡Ayuda!

¡Ayuda! (TOSE)

Adolfo, quédate ahí, ahí.

Tranquilo, tranquilo, siéntate, siéntate.

Respira, respira. (TOSE)

Respira, respira, respira.

(TOSE)

-¡Llama a una ambulancia! Respira, respira.

(JADEA)

Quédate con él. (TOSE)

Estoy en las Bodegas Reverte.

Acabo de recordarlo todo.

Yo estaba ahí cuando murió Jesús.

Sé que tú le mataste.

-¿Cómo me has podido hacer esto, mamá?

¿Te acuerdas cuando fui a Haro

a la cata de vinos con Mar?

Fui con unas invitaciones a nombre de Pablo.

Ese día me di cuenta que si un mediocre como Pablo

podría recibir todos esos honores por llevar un apellido,

es que algo había hecho mal en la vida.

Y ahora resulta que siempre he sido uno de ellos,

que podía haber vivido como Dios todos estos años.

Me has quitado treinta años de mi vida.

Te equivocaste, mamá, te equivocaste.

Pero ahora me los voy a cobrar uno a uno

y nadie va a poder hacer nada para evitarlo.

-Ah... -Mamá...

Mamá, tranquila, no te muevas. Voy a avisar a un médico.

Sara, ¿sabes dónde está el teléfono del médico?

-¿Qué ha pasado? -Mi madre, acaba de despertarse.

-¿Y te ha dicho algo? -Ah...

-No, no, no ha dicho nada, apenas puede hablar.

-Mira en la agenda del teléfono del salón o en el despacho.

-¿Te importa echarle un vistazo muestras llamo?

-Claro. -Ah...

-Rosalía...

No quería marcharme sin despedirme de ti.

Me voy para siempre.

Y tú también.

-Ah, ah...

-Hija de puta.

Ah..

-El médico está de camino. ¿Cómo está?

-Se ha quedado dormida.

Carlos, ¿te importaría ayudarme a bajar las escaleras?

Será sólo un momento. -¿Ahora?

-Es que tengo un taxi esperándome en la puerta

y no quiero perder el avión. -Muy bien.

-Y la maleta. -Sí, claro.

-Pablo...

-Perdona, Marisa, pero llevo un buen rato esperando

y María no sale. -Pero si ya han venido a buscarla.

-¿No dejé claro que a partir de ahora era yo el único

que venía a buscarla? -No, dijiste que no podía dejársela

a su madre. -¿Y quién se la ha llevado?

-Su tía. La niña la conocía, se fue con ella encantada.

-¿Emma? Qué raro, no... -No, Emma no.

Eh...

La madre de la pobre Claudia. ¿Cómo se llama?

-¿Paula? -Sí.

(CHASCA LA LENGUA)

(SUSPIRA) -¿Qué pasa?

Pitidos.

-Soy Paula Muro. Ahora mismo no puedo atenderte.

Deja tu mensaje. -Paula, llevo más de media hora

esperándote, no quiero perder el avión.

Tráeme a la niña rápido, por favor.

Tráeme a la niña antes de que las cosas empeoren.

-En el colegio me dijeron que se la llevó Paula.

-Avisa a todas las unidades. Paula lleva meses

intentando destruirnosy ahora ataca por el flanco más débil.

-¡Es mamá, no respira! Hoy va a ser un día difícil.

Lo he recordado todo. Empezamos a discutir.

-¡Fuera de mi bodega! -No tenemos vino.

¿Qué? -Es veneno.

-Soy Carlos Cortázar. -Eres un hijo de puta.

-Traeré a la cría, pero me da esa pistola.

Tráeme a mi nieta y estarás libre.

-¿Qué significa esto? ¿La ibas a secuestrar?

-Necesito que vayas a ver a mi médico y que te dé la receta.

-¡Hijo de puta! -¡Ah!

-¡Paula! -Yo estaba loca por ti, Gustavo.

Tú me pagaste con desprecio su humillación.

-¡Ah! Merecías un castigo.

-¿Castigo? ¡Eres un hijo de puta! Dani, ¿qué pasa?

-Cariño, dime lo que ves. -El mar.

¿El mar? -No ha tenido tiempo

de llegar a la costa. En todo caso, un embalse.

El de Santa Justa. Cerca de allí murió Claudia.

-Fue justo allí y Claudia estaba sentada a mi lado.

-Lucía está de parto. ¡¡¡Ah!!!

Te ha enviado mi padre, ¿verdad?

Disparo.

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  • T3 - Capítulo 38

Gran Reserva - T3 - Capítulo 38

01 abr 2013

Carlos ha vuelto a Lasiesta para vivir con Rosalía sus últimos días de vida, pero su estancia en la casa Cortázar no va a ser fácil. 

Con Mar en libertad, Pablo vuelve a estar atrapado entre dos mujeres. Sabe que ha fallado a la joven de la que está enamorado. Mar siente lo mismo por él, pero para volver a estar juntos impondrá sus propias condiciones.

Ahora que Ortega cree haber resuelto el caso de Rosalía, sólo queda un asunto pendiente: el asesinato de Mónica Robledano comienza a estar más cerca que nunca de resolverse y para eso contará con la colaboración de Pascual, su ayudante. 

Mientras, Miguel ha tomado una decisión. Está cansado de pelear por los intereses de un apellido con el que, cada vez, se siente menos identificado. Ha llegado el momento de poner tierra de por medio antes de que el cargo de conciencia de lo ocurrido con Jesús Reverte acabe con él. Sólo existe una persona que puede retenerle allí, Lucía. Ella y Dani siguen empeñados en recuperar sus bodegas.

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