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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-Todo esto pertenecía a mi abuelo y no a Vicente Cortázar.

Me sentaré en esos despachos y viviré en tu casa.

-No te creo. -Tendrán colmillos

pero tengo algo que les puede dejar en la calle.

Esta es nuestra oferta. Mejor esto que nada

-Tu padre jamás dejará que la bodega se hunda.

Me corresponde un tercio de todo. Estúdialo,

seré una jefa comprensiva.

-Echar algo en los depósitos.

Plan; arruinar la empresa para que renuncie a la herencia.

No lo contaste porque quieres algo. -¿Qué pasa con el vino?

-No te daré ninguna explicación. -Nos ocultáis algo.

-Hablé con un empleado,

encontraron bacterias acéticas en los depósitos.

-¿Me tomas el pelo? Con la cosecha en el desagüe

y la posible retirada de la Denominación de Origen,

esto es lo que vale ahora la empresa.

Miguel nos hizo el trabajo más difícil:

Recuperar lo que Rosalía creía a salvo.

-Mar y yo teníamos una relación, ayer la oí amenazar a mi mujer.

-¿Llevó una botella de vino a los Cortázar?

-Me pidió que trajera el vino, quería envenenarme a mí.

-¿Sara sabía que su marido y usted eran amantes?

-No supe nada de esa relación hasta que la detuvieron.

-Una mujer enamorada es capaz de cualquier cosa.

-No me puedo creer lo que pasa, es una pesadilla.

-Lo siento. No puedo hacer nada. -Sí que puedes.

Alguien pudo ver a Sara coger el frasco de ácido

de laboratorio. -¡María!

-¿Por qué no le preguntas? -María es pequeña, no puede...

No toques esto, es veneno.

-Era el vino de los Cortázar. -No hemos sacado mucho

pero pagaremos alguna deuda.

-No quiero que las Bodegas Reverte me hagan arrope cuando puedan.

-¿Entonces? -Quiero comprar vuestras bodegas.

-La juez aceptó las pruebas que aportó Miguel.

A ver qué hace ahora el fiscal.

Te dije que te ayudaría. Por un momento tuve mis dudas.

Hice lo que tenía que hacer.

Miguel fue a declarar al juicio de Lucía Reverte.

Después de lo que hiciste por tu hijo Raúl,

tu hijo mayor lo echó todo por la borda.

-Presentó documentos que desmienten que fuera

administrador entonces. Deben ser falsos.

-El juez aceptó los documentos.

-Se ha ido. ¿Dónde va a ir?

-Entré en su habitación y no está. ¿Qué hacías con mamá?

-No tengo que dar explicaciones a nadie.

¿Y a mí? -¿Qué haces aquí?

Solo le faltó reírse en mi cara.

-¿Ese cabrón ha vuelto?

Dile a tu hermano que dé la cara. -No está.

-Sí estoy. -¿Dejarás que mi hermana

vaya a la cárcel? -Lo siento.

Podemos empezar de cero. Que no quiera verte en la cárcel

no significa que olvide lo que hiciste.

-¿Qué es esto? El hospital de un amigo mío,

puedes quedarte allí una tiempo.

-¿No me vas a perdonar nunca? Vete.

-¡Me has vuelto a engañar, eres el de siempre!

Vengo a hablar con usted: Lucía es inocente, yo me llevé el dinero.

Hemos sufrido demasiadas pérdidas en esta familia.

Por eso es tan buena noticia recibir a un nuevo miembro en ella.

Bienvenida, Julia.

-No se ofenda, pero el brindis no es muy acertado.

Esto no es una bienvenida, es una despedida.

-Siempre tendrás un sitio aquí.

Gracias a ti vamos a poder conservar nuestras bodegas.

-¿Nuestras? Creía que eran mías.

Sólo hasta que terminemos de cenar y cojas el cheque.

Disculpa a mi hijo. Parece haber olvidado

que en la mesa no se habla de dinero.

-No os voy a vender mi parte.

Y desde mañana voy a ocupar un despacho en las bodegas.

Eso no es lo que acordamos. -Me la has jugado.

Adulteraste el vino para devaluar la bodega.

Yo no he hecho eso. -¿Entonces quién?

Aquello fue un desafortunado accidente.

-No es lo que me han dicho.

-Mi hermano sería incapaz de algo así.

-Entonces peor me lo pones.

Si ha dejado que lo hagan a sus espaldas, es un inepto.

Todavía hay algo que podéis hacer si queréis que renuncie.

Garantizarme que Miguel jamás volverá a pisar las bodegas.

-No vamos a hacer eso, Julia.

-Entonces no tenemos nada más que hablar.

Julia... espera.

-¡Lo siento pero se me ha acabado la paciencia!

Teléfono móvil.

¿Sí? ¿Dígame?

¿Cómo?

Ya os dije que lo del vino no era buena idea.

-Sí, ¿pero cómo ha podido enterarse?

-No hay que pensar mucho. Gustavo.

-¿Has conseguido convencerla? No os preocupéis,

mañana hablaré con ella e intentaré arreglarlo.

-Pues ya puedes ir preparando el talonario,

porque seguro que quiere sacarnos más dinero.

Me ha llamado la agente Ortega

para comunicarme que Raúl ha ingresado en prisión.

Por lo visto se ha entregado

después de tener una conversación contigo, Miguel.

Raúl es culpable y Lucía no va a pagar por él.

-¿Dónde vas? ¡Miguel!

Nuestra empresa se tambalea

y lo único que parece importarle es ella.

Lucía.

Sabía que te encontraría aquí.

Y yo que no tardarías en venir.

Gracias, Miguel. ¿Por qué?

No sé qué le has dicho a Raúl, pero has conseguido que se entregue.

Te has enfrentado a tu familia por mí.

Porque eres inocente.

Y porque te quiero.

-¡Lucía! ¿Qué haces aquí? Pensaba que estarías...

Ya, bueno... se ha hecho justicia.

-No te imaginas cuánto me alegra oír eso.

Sabes que tienes tu puesto en la empresa, ¿verdad?

Perdonad, no os he presentado. Miguel Cortázar.

Ella es Mercedes Domínguez,

la nueva dueña de la bodega. -Encantada.

Hola.

-Bueno, os dejo a solas.

Yo tengo que seguir trabajando que mañana empezamos las obras.

Encantada.

¡La nueva dueña!

¿Qué habéis hecho, Lucía?

No teníamos otra salida, Miguel. Pero estas bodegas

son vuestra vida. Y lo seguirán siendo.

Pero ahora será ella quien pase las noches en vela.

Es mejor así.

Pitidos del monitor.

(HABLA CON DIFICULTAD) -Hola, Sara.

-Rosalía, perdóname por no pasar más tiempo contigo.

Pero ya sabes...

-Tenías remordimientos, ya lo sé.

-No seas injusta.

Yo podía haber sido la víctima.

¿O has olvidado que Mar trajo ese vino para mí?

-Alguien te vio, Sara.

Alguien te vio en la cocina...

con María poniendo el veneno en la botella.

-Mientes.

-Le decías a la niña... que era una pócima para que Pablo

no os dejara nunca. ¿También eso es mentira?

Ese alguien está dispuesto a ir a la policía

en cuanto yo se lo pida.

-¿Y a qué estás esperando?

-Voy a darte otra oportunidad,

Vicente ha hecho mucho daño en esta casa.

Quiero que él pague por mi muerte.

-¿Qué quieres que haga?

-Tú sabrás.

Lo has hecho muy bien con Mar.

No pienses...

He dejado escrita una carta...

Si me pasa algo... se sabrá la verdad.

Si tanto quieres a Pablo,

si tanto aprecio tienes a esta casa...

aleja a Vicente de mis hijos.

Pitidos del monitor.

-Buenas, soy la secretaria de Vicente Cortázar,

llamaba para hacer un pedido de ácido sulfúrico.

Con un frasco será suficiente.

A nombre de Vicente Cortázar.

-Hasta luego. -Hasta luego.

-Hola, buenas.

He llamado hace un rato para hacer un pedido

a nombre de don Vicente Cortázar. -Claro.

Aquí está el bote y la factura.

Como ve he puesto la fecha que usted pidió.

-Muchísimas gracias.

-Espere un momento que me tiene que firmar

en el registro. -Sí, claro.

-Hola, vengo a por el pedido de fertilizante

para las Bodegas Cortázar, ¿está preparado?

-Sí, está en el almacén.

-Toma.

Pitido de la TPV.

-Lo siento pero no me coge la tarjeta.

-Es la tarjeta de la empresa, habías algo mal,

pásala otra vez. -Ya la pasé dos veces.

-¿Has visto a la señora que estaba aquí?

-Se ha marchado.

-¿Qué haces aquí?

-Es mi despacho. -Era. Ahora es mío.

-¿A quién vas a vender la bodega? -¿A ti qué te importa?

-Julia, no sabes a quien te enfrentas,

los Cortázar son peligrosos, necesitas aliados.

-Como tú, ¿no?

Que te compinchaste con ellos para hacerme creer que el vino

se echó a perder por accidente. -Me equivoqué de bando.

Le puede pasar a cualquiera, tampoco...

-Lo siento, pero con Paula a mi lado me basta.

-Los dos sabemos que en cuanto se haga oficial el testamento

Paula no pintará nada. Tú me ayudas y yo te ayudo.

-Gustavo, por favor, no me lloriquees.

Sal de aquí.

Por favor, sal de aquí, tengo prisa.

Tengo el contrato.

Ahí se exige que Miguel deje la dirección de la empresa.

-Hola, don Vicente, qué bueno verle por aquí.

Muchas gracias.

¿Y cómo se garantiza que no volverá a la empresa

cuando firmemos el acuerdo?

-Hay una clausula estipula que los accionistas

pierden su puesto en el consejo si lo readmitieran.

Si no fuera por usted me la habría jugado.

Si fuera tan listo como crees no se habría convertido

en mi enemigo. -Me sorprende que hable así

de su hijo. Y a mí me sorprende

que se porte así con su padre. (RÍE)

-Toda mi vida envidiando a mis primos, los ricos...

Y cuanto más os conozco más me alegro de pertenecer

a la otra rama de la familia

Mi padre lo hubiera dado todo por mí.

Es muy fácil ser generoso cuando no se tiene nada.

No te lo tomes a mal, Julia.

Yo, en cambio, tenía todo hasta que Miguel me lo quitó.

Muy bien.

Pues se puede firmar.

Tú tendrás tu dinero y yo recuperaré mis bodegas.

-Adiós, don Vicente. Adiós, Simón.

Hasta luego.

Ladridos.

-¡Vicente!

¡Ah! Todavía por aquí, te hacía buscando trabajo.

-Me confunde con su hijo Miguel,

parece dispuesto a ponerlo de patitas en la calle.

¿No has aprendido de que los Cortázar

nunca luchamos entre nosotros? -¿Ah, sí?

Ya sé lo que se trae entre manos con Julia.

Usted le envió a Paula el testamento, ¿no?

Julia Cortázar era la única manera que tenía de recuperar sus bodegas.

No sé de qué me hablas. -No se haga el tonto,

acabo de oírles. Nadie va a creerte.

-Puede... Pero si cuento los detalles

de cómo piensan dejar fuera a Miguel, a lo mejor sospechan

de usted y se viene todo abajo.

Tú no dirás una palabra, Gustavo.

Eres ambicioso, y eso está bien, pero tienes dos defectos:

eres un mentiroso y un imbécil, y eso es una mala combinación.

-Ya sabe de lo que soy capaz. Sí, claro que lo sé.

Como también sé que no tiraste al río la pistola

con la que matasteis a Manu

porque la tengo yo. Sí, Gustavo, con tus huellas.

Así que no dirás ni una palabra a nadie

de lo que oíste. Has acabado con mi paciencia.

-Vicente, por favor, puedo ayudarle.

Sí, sí, claro que puedes.

Eres el inútil más útil que conozco,

así que harás justo lo que yo diga a partir de ahora.

¿Estamos?

Tendrás noticias mías.

He estado hablando con Julia. -¿Y?

No entra en razón,

no quiere más dinero, quiere la cabeza de Miguel.

Creo que lo más conveniente es aceptar sus exigencias.

¿Quieres que renuncie a mi cargo?

Solo hasta que firmemos el contrato,

mientras tanto yo me encargaría de la dirección,

pero no te preocupes, en cuanto Julia desaparezca

te devolveré el cargo. ¿Y por qué tú?

¿Po qué no ponemos a Pablo o a Emma?

-Bueno, Julia sabe que tendríamos en cuenta tu opinión,

en cambio papá... Nunca se doblegaría ante mí.

Veo que lo has entendido. Sí, perfectamente, papá.

Aprovechas para echarme de la junta y recuperar la dirección

que es lo que siempre quisiste. Por favor, Miguel,

antes que mi ambición está la dignidad de esta familia

y no voy tolerar que ninguna niñata

doblegue a un Cortázar, aunque seas tú.

¿No os dais cuenta?

Primero se deshace de mí pero luego irá por vosotros.

Miguel, tú eres el único que antepone sus intereses

a los de la familia, ¿o tengo que recordarte al peligro

que expusiste a las bodegas por defender a Lucía Reverte?

No tengo que darte explicaciones

sobre lo que hago o dejo de hacer por Lucía.

-Papá, es tu hijo.

Sé que es duro... pero tenéis que decidir.

O Miguel o todo lo demás. -No.

No nos obligues a elegir, por favor.

Él lo hizo y eligió a Lucía Reverte.

-Es para usted, señorita Emma.

-No, ahora no, Amelia, por favor.

-Creo que es importante, es la agente Ortega.

-¿Sí?

Sí. ¿Dónde?

Muchas gracias.

Gracias, Ortega.

Ortega ha localizado a Carlos.

Al parecer ha estado trabajando en una fábrica de Santurde.

Voy a por él, debe saber lo que está pasando con mamá.

-¿Vas a contrale tus sospechas? -¿Que creo que es hijo de papá?

No, todavía no.

Al menos hasta que mamá nos lo aclare. Me voy.

-Carlos...

Agua correr. ¿Estás ahí? Soy Emma.

Agua correr.

Carlos, estuve en la fábrica, sé que te han echado.

Me han dado esta dirección, sé que estás ahí, ábreme,

es importante.

Carlos.

Es mamá...

Carlos, está muy enferma, ábreme.

¿Qué haces aquí? -Escucha, Miguel, solo quiere...

-Tranquila, Emma, tranquila.

Tienen razones para estar enfadados.

No me porté muy bien con vosotros.

Pero tranquilos que ya lo estoy pagando.

Si lo que quieres es darnos pena... -No, no he venido a pediros nada,

pero es que mi madre se muere y alguien le ha envenenado.

Respirador y pitidos del monitor.

-¡Hijo! -Mamá.

-Hijo, has venido. -Mamá.

¿Qué te han hecho?

-Estás muy guapo.

Tienes que cortarte el pelo. -Sí, no me ha dado tiempo.

Me paso el día trabajando, soy el encargado de una fábrica.

Al final lo mejor que me pasó fue irme de aquí,

hasta me eché novia.

Pero no te preocupes, a ella no le importa que me quede aquí.

-No, tú tienes tu trabajo, hijo, tu vida.

-No, mamá, mi vida puede esperar.

Si te pasara algo más y yo no estoy aquí,

no me lo podría perdonar.

-Yo no quiero que te quedes aquí.

-¿Por qué? -Porque Vicente te odia,

yo ya no tengo fuerzas para protegerte, hijo.

-¿Y quién te protege a ti?

Esta casa es un nido de víboras. Mira cómo estás.

No puedo creer que Mar fuera capaz de hacer algo así.

-Mar es inocente, hijo.

-No, mamá, la han detenido.

No tiene nada que ver con esto, ella no tiene la culpa.

Pitidos del monitor. -¿Entonces quién?

-Ya no importa. -¿Quién?

-No importa, vete antes de que él te vea. Vete.

Vete, por favor, cariño, vete.

Te quiero mucho pero no aquí.

Vete.

-Chis. -Por favor, vete. Vete

(LLORA)

-¿Qué tal ha ido?

-Me ha vuelto a echar de casa, Emma.

Quiere que me vaya ahora mismo.

-Yo creo que solo quiere protegerte,

no te lo tomes así.

-¿Que no me lo tome así?

No tengo trabajo, esa es la verdad.

No tengo dinero, estoy a punto de perder

la única familia que me queda. Estoy...

Estoy solo. Completamente solo.

-No. Me tienes a mí.

Y por eso quiero que te quedes en esta casa.

-No, aquí todo el mundo me odia.

Cuando se enteren te buscarás un problema.

-¿Crees que me importa?

Eres mi hermano. -Emma...

Mamá me ha dicho que...

no fue Mar la que envenenó el vino.

-Todas las pruebas apuntan a ella. -Parecía muy segura.

-Mamá está muy mal, Carlos.

Yo no le daría mucha importancia a lo que diga.

-Carlos...

Yo sé quién envenenó a tu madre.

-No me lo puedo creer.

¡Hijo de puta!

-Era tan evidente que ninguno quisimos creer que fuera él.

Solo espero que no sea demasiado tarde para la pobre Mar.

-Perdón.

Señora...

-¿Es la factura?

-Con fecha anterior al envenenamiento.

Cuando Ortega encuentre esto en el cuarto de Vicente,

le seré muy difícil por qué escondía algo así.

-Muchas gracias por todo, Amelia. -Lo hago por su madre.

-Date prisa y esconde esto en su cuarto.

-¿Yo? -¿No querrás que lo haga yo?

-Yo lo haré. -Si alguien te descubre,

lo echaremos a perder, Amelia puede entrar y salir

de las habitaciones sin que nadie sospeche.

-Sara tiene razón, Amelia, es mejor que lo haga usted.

Teléfono.

Teléfono.

¡Vicente!

¿Has vuelto para que te eche de nuevo?

¿No tuviste bastante con una vez? -No, vine a ver a mi madre.

Date prisa, está muy mal la pobre.

-Vicente, voy a acabar con usted. Si vieras la de veces

que me he oído eso a lo largo de los años.

Y nadie lo ha conseguido. -Siempre hay una primera vez.

Y usted me da razones para intentarlo con todas mis fuerzas.

-Don Vicente, se dejó el móvil.

¿Qué hacía en mi habitación?

-Estaba poniendo sábanas limpias, señor.

No quiero verte más por esta casa. -Hable con su hija Emma.

Ella me ha invitado.

Cuidado con la barrica, la madera es frágil.

-No se preocupe, van a la basura.

¿Y esto para qué es?

-Mercedes quiere aprovechar

esta zona para exponer el producto al público.

Al parecer la piedra no da sensación de higiene.

(SE MOFA) ¿Sabes?

Si papá viera en qué se va a convertir su bodega.

-Lo habría entendido, el dinero nos hacía falta para vivir.

Pero ya no.

-La verdad es que Raúl ya podría hacer aparecido antes.

Pero, bueno, ya no tiene remedio.

Todavía sí, Dani, podemos luchar.

-El contrato ya está firmado, Lu. Déjalo.

¿Lo ha firmado mamá?

-No.

Entonces todavía tenemos una oportunidad.

-Es demasiado tarde para cambiar de opinión.

El contrato está en el registro. Y el dinero en vuestro banco.

te lo devolveríamos todo, Mercedes.

Incluso te compensaríamos por los gastos que tuvieras.

-Hace dos días no teníais ni para pagar a vuestros empleados

y ahora... -Ahora Raúl Cortázar

nos ha devuelto el dinero que nos robó.

-Con el que habéis pagado la deuda con Hacienda.

¿Cómo pensáis mantener las bodegas?

Haciendo vino.

Es lo único que sabemos hacer y lo hacemos bien.

-Pero curiosamente es el arrope lo que os ha sacado de la ruina.

Pero ese arrope no vale de nada sin mi madre.

Sofía Reverte es la que da prestigio al producto.

Que yo sepa no tiene su firma.

-Pero la tendré.

-No sin nuestra aprobación.

-Sois un par de egoístas.

Solo luchamos por lo que es nuestro.

-¿Y por tu madre quién lucha? Sofía Reverte ha sacrificado

su vida para sacar adelante a esta familia.

Y vosotros se lo pagáis anteponiendo los intereses

a la ilusión de su vida.

¿Y bien, está todo resuelto?

-Con Lucía en libertad creo que tendremos más problemas

de los que pensamos. Ha firmado.

No pueden echarse atrás.

-Pero usted sabe que en el negocio del arrope:

su éxito depende de Sofía.

Entonces no sé qué haces aquí.

Es a ella a la que tienes que convencer.

-¿Y si no firma?

Sofía no es como su marido o como yo.

Nunca ha trabajado en las bodegas, no les tiene cariño.

Solo las ha sufrido.

Firmará, solo tienes que recordárselo.

-Vicente,

cuando me prestó el dinero para comparar las Bodegas Reverte

le prometí que no haría preguntas pero... ¿por qué hace todo esto?

Solo intento poner las cosas en orden

y que cada uno reciba lo que se merece.

Mamá,

Dani y yo queríamos pedirte una cosa.

Ya lo sé.

Queréis que no firme con Mercedes mi contrato.

-No me puedo creer que haya venido a presionarte.

¿Esa mujer no tiene vergüenza? Esa mujer lucha por lo que quiere

igual que hacéis vosotros, le dije que firmaría.

Lo siento. He visto las cuentas y este negocio

permitiría que viviéramos cómodamente

el resto de nuestra vida. ¿Desde cuánto te importa

la comodidad? Desde que te vi ingresar

en la cárcel. -Eso es agua pasada,

Lucía está libre y juntos podemos sacar adelante la bodega.

Yo no... quiero seguir con las bodegas, hijos.

-Muy bien, luchó toda su vida por este negocio

y ahora que lo quieres tirar por la borda.

-Tú lo has dicho, Dani, tu padre consiguió hacer

el mejor vino de la región a base de trabajar 40 años,

14 horas diarias, siete días a la semana,

y aún así las bodegas se mantenían a flote a duras penas.

Estamos acostumbrados a vivir así, al día.

-Quizá ha llegado el momento de pensar en el futuro.

Tu hijo se merece algo mejor

y el arrope puede dárselo.

Tío, no te ofendas, pero creo que eso debo decidirlo yo.

-Si no lo haces por él, hazlo por tu madre,

ella ha trabajado mucho en este proyecto.

Y por vosotros.

-Ya está hecho. -Vale.

Sal al jardín y llama a Ortega sin que te vean,

y le dices dónde encontrar las pruebas de que Vicente

intentó asesinar a Rosalía. -Sí, señora.

-¿Está segura que esa es la fecha que vio en la factura?

Llaman a la puerta.

Muy bien, muchas gracias, Amelia.

Su ayuda nos será muy valiosa.

Al parecer Vicente Cortázar compró ácido sulfúrico

dos días antes de que su mujer fuera envenenada.

-Entonces, ¿lo hizo él?

-Veremos a ver a dónde nos lleva esa factura.

-¿Para qué iba a guardar don Vicente una prueba

tan evidente? -Quizá para inculpar a quien más

le interesara. -¿Y a qué estaba esperando?

-No lo sé. Lo mejor será que llames al juez

y pidas una orden de registro,

quizás sea el propio don Vicente quien nos lo explique.

-Sí, jefa.

-El informe toxicológico definitivo de Rosalía Ortiz.

-Qué alegría verte. -Tenía que venir a resolver

unos asuntos. Aunque he de reconocer

que los que más me interesan son los de la familia Cortázar.

Parece que se han aficionado a las sustancias.

-No sé a qué te refieres.

-Pues por lo de el caso de la abogada, ¿cómo se llamaba?

-Mónica. Mónica Robledano.

Pero esa mujer no murió a causa de ninguna sustancia...

Se cortó las venas. -Pero ¿no leíste mi informe?

A esa mujer la drogaron antes de que se desangrara en la bañera.

-¿Te estás despidiendo de las viñas?

-Veo que ya te has enterado.

-Tienes lo que te mereces.

-Pues que te sirva de aviso, Paula.

Por aquí hay mucha gente deseando que te lleves tu merecido.

(RÍE) -No me digas.

Pero finalmente estoy a punto de conseguir lo que quería.

Julia ha descubierto la jugarreta de Miguel

y parece dispuesta a hacer valer el testamento.

Se acabó el reinado de los Cortázar.

-No creo. Vicente pagará lo que sea para hacerse

con todas las acciones de la bodega.

-Vicente no es tonto.

No va a arruinarse por unas bodegas que están en bancarrota.

-Tú lo has dicho, no es tonto.

Es lo que nos han hecho creer a todos.

Los Cortázar tienen vino oculto en las Bodegas Reverte.

¿Te acuerdas de los depósitos que estropeaste?

Pues estaban vacíos, fue una trampa de Vicente.

Lo que hiciste habrá sido para nada

si Vicente se hace con el control de la bodega.

-Debería hacerle una oferta a Julia.

-¿De dónde sacarás tanto dinero? Belmonte no era Onassis.

-Si tengo que malvender sus bienes y endeudarme para hacerme

con las bodegas lo haré. -¿Dónde vas?

-Al banco.

-Paula está dispuesta a arruinarse.

-Paula me ha hecho una contraoferta por las bodegas.

¿Cuánto?

-Más de lo que podría pagar.

Me dijo que ha pidió un crédito.

Enhorabuena, Julia. -¿Qué quiere decir?

Creo que no deberías renunciar a una oferta tan generosa.

-Pero usted y yo teníamos un trato.

Y seguimos teniéndolo. Déjala que pida ese crédito.

Será una pena que se llene de deudas

para descubrir que, en realidad, ya están vendidas.

-Este no es el informe que yo escribí,

ni siquiera el papel es el que yo utilizo.

-Tenía yo razón cuando pensaba que Mónica Robledano

había muerto asesinada.

-Tienes un problema en casa, yo misma le di el informe

al agente que vino a buscarlo,

así que quien lo haya falsificado lo ha hecho en esta comisaria.

-¿Y quién recogió el informe?

Llaman a la puerta.

-¿Permiso?

Ay, Ortega, ya tenemos la orden de registro.

-Sí, lo mejor será que vayamos para allá.

¿Estás segura de que fue él quien recogió el informe?

Conozco esa cara. ¿Qué te preocupa, hijo?

-Miguel.

No podemos dejarle en la estacada. Tiene que haber otra forma

de solucionar todo esto. No hay otra manera.

Esa chica es implacable.

Se nota que es una Cortázar.

La única solución a nuestros problemas

es comportarnos como Cortázar.

-Si elegimos la empresa antes que a él

jamás me lo perdonará. Seguro que sí.

Yo también os perdoné.

Es la única salida. -Lo sé...

Pero no sé cómo decírselo.

-En esta casa sois expertos en echar a la gente

Teléfono. cuando os interesa, ¿no?

¿Sí? Un momento.

(SUSURRA) No te metas donde no te llaman.

-Por esa puerta hemos salido muchos, Pablo;

mi madre, Sara, yo, incluso a Vicente le distéis la patada

en el culo. Y ya ves, todos acabamos volviendo.

No te preocupes, Miguel sobrevivirá.

Pablo, no podéis tirarlo todo a la basura.

¿Quién dice que ha llamado?

¿Mi secretaria?

Yo no tengo secretaria.

¡Ácido sulfúrico!

Sí... ¿Y cómo era esa mujer?

Ya, ya, ya...

Sí, le diré que vaya a firmar el registro, gracias.

¿Qué tal, agente Ortega?

-Muy bien. Quisiera ver su habitación.

Para eso no hacía falta una orden juridicial.

-Ya. Podría haber intentado seducirle,

pero no está en el reglamento.

No va a encontrar nada.

-Eso no vamos a tardar en saberlo.

Yo le acompaño.

-Muchas gracias.

¿Puede abrir esos cajones, por favor?

Claro.

¿Por qué no se viene a vivir aquí? Sería más cómodo para todos.

-Si nosotros también le tenemos preparada

una buena habitación en comisaría, esperaré a que la ocupe

para estar bajo el mismo techo que usted.

Eso suena a amenaza.

-Disculpe las molestias. No hay de qué.

-¿Han encontrado algo?

Carlos, yo no he tenido nada que ver

con lo de tu madre, créeme. -¿Que le crea?

Puede que consiga engañar a sus hijos,

pero a mí no.

Va a pagar por lo que le hizo a mi madre.

-Agente Ortega...

Le juro que estaba en ese cajón.

-En ese cajón no había nada. -Yo la vi.

La tuve en mis manos.

-No se preocupe,

quizás en la tienda se acuerden de don Vicente.

Amelia, ya puede arreglar mi habitación.

Y esta vez ponga sábanas en la cama.

-Sí, señor.

Con Paula lo estás haciendo muy bien.

Ahora quiero que te encargues de alguien más.

-No soy un sicario.

¿Prefieres ir a la cárcel?

-¿De quién se trata?

-No puedo irme así como así.

-Sin trabajo...

Con mi hijo.

-Si Ortega va a esa tienda y el que te vendió el ácido

te reconoce, vas a tener más problemas que esos.

-Pero podríamos explicarlo todo.

-¿Y qué vamos a explicar?

¿Que intentamos colocar

pruebas falsas en contra de Vicente?

Acéptalo, por favor.

Es lo mejor para todos.

-Pero él es culpable.

-Amelia, con eso tendrás para empezar de cero.

Sé que nunca me he portado bien contigo,

pero no quiero que te pasa nada.

Si yo pudiera también me iría lejos de este infierno.

Ve con tu hijo. Yo te mandaré más dinero

y te iré contando cómo va todo.

-Despídame de su madre, por favor.

-Sí, no se preocupe, yo le contaré lo que ha hecho.

-Ah...

Su madre me pidió que guardara esta carta.

Que la sacara solo a la luz si ella moría.

Tiene que prometerme que cumplirá con su deseo.

-Sí, quédese tranquila. Respetaré su voluntad.

Pobre Amelia.

Si no la encuentra Ortega, la encontrará Vicente.

-Esperemos que no. En cualquier caso...

mejor ella que nosotros.

Pitidos del monitor.

-¿Ha pasado algo?

He oído a Ortega. -No ha pasado nada, tranquila.

Mamá, quiero hacerte una pregunta.

Es sobre Carlos. -¿Sigue aquí?

-Sí, pero escucha. -Dile que se vaya, por favor.

-Lo haré.

Pero antes quiero que me contestes a una pregunta.

Carlos es hijo de papá, ¿verdad?

-No.

-No me salen las cuentas, mamá.

Tú ya estabas embarazada de él cuando saliste de esta casa.

Tú mima me lo dijiste.

Llevabas un año sin ver a Eligio cuando dejaste a papá.

-Prométeme que no se lo vas a decir a tu padre.

Ni tampoco a Carlos.

-Pero Carlos tiene derecho a saber que es un Cortázar.

-¿Y de qué os ha servido a vosotros ser un Cortázar?

Para ser profundamente infelices.

Mantén a Carlos alejado de tu padre porque si tu padre sabe que es

hijo suyo querrá controlar su vida como ha hecho con la vuestra.

-Está bien, mamá, tranquila. No lo haré si es lo que quieres.

-¿Estás bien?

Emma, quería darte las gracias por haber hecho el esfuerzo

de encontrarme y dejar que me quede aquí unos días.

-No hay de qué.

-¿Te pasa algo?

-No, de verdad.

-Emma, tú no eres como el resto de esta familia.

Cuando te pasa algo se te nota.

¿Puedes confiar en mí?

-Bueno, ya sabes que están siendo días fáciles.

-Miguel, ¿verdad?

No me gustaría estar en vuestro pellejo,

no podéis perderlo todo por la cabezonería de esa niñata.

-No, no podemos, pero no es fácil sacrificar a Miguel.

Él ha trabajado mucho por esta bodega.

-Lo sé. Pero él no puede ser tan egoísta como para permitir

que renunciéis a todo por él.

Emma, sois mucho más que una familia.

Lleváis décadas trabajando estas tierras...

El vino es lo único que os hace permanecer unidos

y si os quitan eso cada uno acabaréis por un lado

y ese sí que será el final de los Cortázar.

¿No crees?

-Tienes razón, Carlos...

Pero da igual lo que yo piense.

Pablo nunca estará de acuerdo con todo eso.

-Te equivocas, se lo acaba de decir a Vicente.

Está a favor de conservar las bodegas.

¿Ya habéis tomado una decisión?

-Sí.

¿Cuándo me lo ibais a contar?

-Esto no es fácil para nadie, Miguel.

Ya. Para nadie menos para papá.

¿Me estáis echando?

-He tomado la decisión que he creído más oportuna

para no perder las bodegas.

Pues así es como las vais a perder.

-Lamento que no lo entiendas.

Ruido de motor.

Parece que hasta aquí ha llegado Bodegas Reverte.

Mercedes es una mujer razonable.

Ahora que habéis recuperado el dinero

podríais recuperar la bodega. Mi madre está muy ilusionada

con el arrope. No hay quien le haga entrar

en razón. Si hay una familia

que siempre ha sabido salir adelante es la vuestra.

(RÍE) Tiene gracia viniendo de ti.

Nunca es tarde para volver a empezar.

¿No crees?

Miguel...

Esta vez será diferente. ¿Por qué?

El mayor error que cometí en mi vida

fue dejar que te alejases de mí.

Murmullo.

-¿Se puede saber qué tienes con Miguel?

¿Y a ti qué te importa?

-Porque cada vez que te acercas a un Cortázar algo malo nos pasa.

Lucía, por favor, no cometas el mismo error otra vez.

Miguel ha cambiado, Dani.

¿O no has visto lo que nos ha ayudado?

-Igual que nos ayudó Raúl cuando entró en las bodegas.

Con lo que le pasó a papá...

Es que no entiendo... Dani, ni siquiera sabes

si Miguel tuvo algo que ver. -¡Ni tú tampoco!

No sé cómo vives con eso.

-Deja a Lucía en paz.

Un poco tarde para eso, ¿no?

-Vuestras familias no os lo permitirán.

Podremos con todo.

-¿Y podrás contigo mismo?

Algún día recuperarás la memoria

y sabrás que tú mataste a Jesús Reverte.

Te aseguro que antes eras capaz de eso y de mucho más.

Esa duda la tienes tú y también la tiene ella.

Y cuando te mire a los ojos...

no sabrá si está mirando al asesino de su padre.

Si de verdad la quisieses

la dejarías ir.

Lucía me voy...

Voy a dejarlo todo. ¿Qué?

Necesito empezar de cero, lejos de aquí.

Me voy contigo.

Miguel...

Sin las bodegas ya no hay nada que me ate aquí.

Alejarnos de esto puede ser lo mejor para...

Para los dos y también para el niño.

Marc tiene razón.

¿Marc? Cada vez que me mires

tendrás la duda de si yo maté a tu padre.

No, no...

Yo sé que tú no lo harías.

El Miguel que yo siento ahora no lo haría.

Pero yo necesito saber lo que pasó.

No me dejes, por favor.

Te quiero.

Te quiero.

Adiós, Lucía.

Llaman a la puerta. -¿Dime?

-Pasa.

Tengo el dinero. -¿Cómo lo conseguiste tan rápido?

-Aceptando la oferta que me han hecho sin discutirla.

Me he deshecho de todo.

-¿Y ha sido suficiente?

-He conseguido un crédito.

-Mal vendes todo y te endeudas.

¿De verdad te merece la pena todo esto?

-El lo único que me importa.

Y si necesito dinero puedo revender las bodegas a quien más

vaya a molestar a... ¡Vicente!

Seguro que estás hablando de mí.

-Y no te gustaría saber lo que decía.

-Eso creo que puedo adivinarlo.

¿Qué significa esto?

Significa que estarás pagando una letras toda tu vida

por una bodega que nunca será tuya.

¿Cuándo aprenderás que nunca podrás conmigo?

Vamos.

-Si hace esto contigo... ¿qué no hará con una zorra como tú?

¿Sabes lo del vino que guarda en la Bodega Reverte?

-¿Qué vino?

Te ha engañado, niña.

Las bodegas no están arruinadas

y te la está comprando a precio de saldo.

(RÍE) Vale la pena pagar por ver la cara que ha puesto.

¿Qué te pasa?

Todo ha ido bien.

-¿Por qué no me cuenta lo del vino de los Reverte?

¡Oh! ¿Qué esperabas?

Un Cortázar siempre guarda un as en la manga.

-Se le olvide una cosa, Vicente.

Yo también soy una Cortázar.

No voy a venderle mi parte... No la merece.

Tú no vas a hacer eso porque no te enfrentarás a mí.

-Lo estoy haciendo, Vicente.

Mañana sacaré el testamento a la luz.

Gracias por haber sacado de la ruina mis bodegas.

-Yo la creo. Esa factura existe.

No me parece capaz de inventarse algo así.

-Si vives una semana en casa de los Cortázar

puedes ser capaz de todo.

Debe ser como hacer un máster en cómo saltarse la ley.

-Parece preocupada.

-Lo estoy.

Y mucho.

-Si puedo ayudarla.

-Alguien de dentro de la comisaría falsificó el informe del forense

sobre la muerte Mónica Robledano.

La asesinaron, Pascual, alguien la drogó,

la metió en la bañera y le cortó las venas para fingir un suicidio.

Pero ahora tenemos una buena pista para esclarecer el caso.

En cuanto encontremos al topo, él nos dirá quién fue el asesino,

Miguel Cortázar o Daniel Reverte.

-Tenemos que hablar.

-¿Dos veces en un día?

-Sí, pero no vengo a hablar con nadie de su familia,

buscaba a Amelia.

-¿Amelia? Pues... no lo sé.

-¿No saben dónde puedo encontrarla?

-No, pero después de su última visita salió de casa

y no ha vuelto. -¿Después de mi última visita?

-Ajá. La he llamado al móvil pero no me lo coge.

-¿No le habrá pasado algo?

-No lo sé, espero que no.

¿Podría hacerles una pregunta?

¿Cómo se lleva Amelia con don Vicente?

-¿Con mi suegro? La odia.

Piensa despedirla en cuanto pueda.

-Ya. Entonces, ¿ella no le tendrá mucho aprecio? Verán...

Vengo de ver al distribuidor del ácido sulfúrico

y me ha dicho que ha estado allí Amelia esta mañana

y ha conseguido una factura falsa,

creo que intenta implicar a don Vicente en el intento

de envenenamiento de doña Rosalía.

-Desde luego estaba rarísima últimamente.

Sobre todo desde lo de Rosalía.

Y ha faltado dinero de mi habitación.

-¿Ha faltado dinero?

-Sí. ¿Tan grave es falsificar una factura como para huir?

-Bueno, a lo mejor tenía otras cosas que ocultar.

-¿Y qué podía ocultar Amelia?

-Pues no sé, pero tenemos un caso abierto.

Don Vicente tenía motivos para matar a su mujer,

Marc para intentarlo con usted y tal vez Amelia

para hacer lo mismo con don Vicente.

-¿Y usted cree que Amelia sería capaz de hacer algo así?

Yo... -Como decía mi madre:

"Quien algo teme, algo debe".

No creo que tenga la conciencia tranquila para haberse ido así.

No me queda más remedio que pedir una orden de arresto contra ella.

-¿Ocurre algo?

-Señor Cortázar, creo

que podríamos habernos precipitado con Mar Azpeitia,

es posible que... sea inocente, como yo pensaba.

-Pero encontraron el bote en su bolso.

-Sí, pero ese bote lo podría haber puesto allí cualquiera.

Usted... lo ha dicho antes. Claro. Don Vicente quería despedir

a Amelia, ella necesitaba el trabajo y pensó que quitando

de en medio a don Vicente se solucionaba la situación,

pero algo le salió mal y se lo bebió la persona

que le defendía en esta casa: Rosalía,

se asustó y acusó al eslabón más débil,

por eso metió el bote en el bolso de Mar.

-¿La pondrán en libertad?

-Visto lo visto, es posible que sí. -Pablo...

-Si Mar es inocente no me lo perdonaré jamás.

Le acompaño, agente Ortega.

-Me alegro de que todo se haya aclarado.

-Hazte a la idea de que nunca he salido de esa celda.

-Sofía.

Ya tengo preparado tu contrato.

Espero que tus hijos no te dieran demasiados problemas.

Son cabezotas como su padre...

pero acabarán agradeciéndolo.

-Tienes que firmar en todas las páginas.

(RECUERDA) ¡Uy, cómo os pille papá!

Venga, a jugar fuera.

-Sofía.

No puedo firmar este contrato, Mercedes.

-No puedes hacerme esto. Son mis hijos, es su bodega.

-Pero esta bodega se la acabará quitando un banco.

Mejor que se la quite un banco que su madre, ¿no?

Ellos quieren luchar por ella y yo voy a estar de su lado.

-He invertido mucho...

El dinero que les has pagado se te devolverá inmediatamente.

Y estoy segura que por el resto de los gastos

vamos a llegar a un acuerdo, pagaremos poco a poco,

tú eres una buena persona, Mercedes.

Lo siento, Mercedes.

-Vicente...

Sofía no quiere firmar.

-Adelante.

-Agente Ortega. -¿Ah?

-Me marcho. -Con Dios.

-¿Te vas?

-Tengo que salir al pueblo a hacer algunos recados.

-¿Ya te has instalado en tu habitación?

-Sí, de vuelta en casa.

Carlos acaba de salir,

asegúrate de que no vuelva a esta casa.

-Muy bien.

-Ortega lo sabe. Sabe que el informe forense

se falsificó, que murió asesinada.

No tendría que haber cogido ese dinero.

-Cálmate. Tienes que estar tranquilo.

No podrán probar que tú lo hiciste.

-Más te vale.

Te juro que si yo caigo, tú caerás conmigo.

-¿Con quién hablabas, papá?

Ah, no, nada importante.

-Te he oído.

¿Qué quieres hacer con Carlos?

Ese chico es peligroso.

Hoy me ha acusado del envenenamiento de tu madre.

No voy a dejar que siga en esta casa.

-¿Y cómo lo conseguirás?

¿Amenazándole o pegándole una paliza directamente?

Llama y pide que no le hagan nada.

No.

-No puedes hacerlo, papá. Hay gentuza que solo entiende

un lenguaje... -Escúchame, por favor.

Con Gustavo no te importó que hiciéramos las cosas

a mi manera. -Ya, pero...

Carlos es mi hermano.

Y Gustavo tu marido.

-Carlos es hijo tuyo.

¿Qué estás diciendo?

-Mamá estaba embarazada cuando salió de esta casa.

Para esto ya.

(RESPIRA ASFIXIADA)

Pitidos del monitor.

(RESPIRA ASFIXIADA) -Amelia...

¿Puedes llamar a Amelia?

No puedo respirar.

-No he podido inculpar a Vicente.

-¿Prefieres ser tú ir a la cárcel?

-No... No estés tan segura.

(ASFIXIADA) -¿Creías que lo de la carta era mentira?

-¿Y por qué iba creer eso?

Este momento tenía que llegar tarde o temprano.

(ASFIXIADA) -No...

No, Sara...

No, Sara... -Tranquila...

No luches.

Pitidos del monitor acelerados.

(SE ASFIXIA) ¡Aah!

Pitidos del monitor.

Pitidos del monitor.

-La máquina estaba apagada. -Sus constantes vitales

son débiles, estuvo mucho tiempo sin oxígeno.

-¿Que te vas? No queréis perder las bodegas,

os lo pongo fácil

-Mercedes está de parte de Vicente.

Vicente y tú sois socios.

Lucía, compré todo el arrope que fabricabas.

Devuélvenos las bodegas y no nos ayudes más, por favor.

-Olvide la deuda o no verá su vino.

Acaba con los Reverte, no quiero que les quede

ni una gota de vino que vender.

Acabo de recordar todo.

Yo estaba ahí cuando murió Jesús, tú le mataste.

-Descubrí quien falsificó el informe forense

sobre Mónica Robledano. Es alguien de comisaría.

-Mi abuelo era el principal heredero

de los Cortázar, nos quitaron lo que nos pertenecía.

-Es un hijo de la gran puta, haré lo imposible

para que Julia Cortázar le quite todo.

-¿Cómo pudiste hacer eso, papá?

-¡Vete de Lasiesta o te arrepentirás!

-Carlos es tu hijo. Eso es otra mentira de tu madre.

-Inicié los trámites

para hacer valer el testamento. -Julia, no lo hagas.

Destruye el testamento o te arrepentirás.

-No, será mejor para todos. (FURIOSO) ¡Aah!

-¿No te preguntas cómo sería tu vida

en una familia con tanto dinero?

-Me has quitado 30 años de mi vida.

Ahora eres un Cortázar de pleno derecho.

Harás lo posible para tener el despacho

que tanto deseas. -Me corresponde uno.

Creía que para eso hay que ser un Cortázar.

Y él lo es. Carlos es también hijo mío.

-Tarde o temprano se dará cuenta de quien eres.

-Para entonces tú estarás muy lejos de nuestras vidas.

-Yo no me caí, Pablo me empujó al vacío,

¿no ves que cometes el error de tu vida?

Vete mientras puedas.

-No, Sara, te irás tú. -Me llevaré a María conmigo.

-Yo tengo la custodia, es una Cortázar y así seguirá.

-¿Sabes que Miguel es el padre

de la hija de Sara? -¿Qué?

No permitas que se críe en ese nido de víboras.

-Estoy esperando a María, no sale. -Vinieron a buscarla.

-Tráeme a la niña rápido, por favor.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 37

18 mar 2013

Lucía ha resuelto al fin sus problemas con la justicia, pero aún tiene un difícil reto al que enfrentarse: recuperar junto a Daniel las bodegas Reverte. Harán todo lo posible para enmendar su error, aunque para ello tengan que enfrentarse a su madre.

Tampoco corren buenos tiempos para los Cortázar. A ojos de la familia, ni el mismísimo Vicente parece capaz de detener a Julia en su afán por recuperar lo que considera suyo. El patriarca de los Cortázar está dispuesto a sacrificar a Miguel, el cual cuenta cada vez con menos apoyo entre sus hermanos, si con eso es capaz de conservar el negocio familiar. Pero todo el asunto del testamento está haciendo bajar la guardia a Vicente ante una nueva amenaza. Rosalía ha descubierto quién envenenó realmente el vino y gracias a ello utilizará a Sara para intentar hacer caer definitivamente a Vicente Cortázar. Lo que Rosalía no sabe es que pronto recibirá una agradable visita. Emma ha encontrado a Carlos. Bajo una nueva apariencia de arrepentido, el hijo pequeño de Rosalía parece dispuesto a volver para ajustar cuentas con todos aquellos que le echaron de casa tiempo atrás.

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