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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Ahora que tenemos las huellas de Gustavo,

la coartada de Paula no vale.

-Estoy deseando ver su cara cuando sepa

que ha aparecido la pistola. Hay que esperar.

Una condena por falso testimonio no va a librarnos de ella.

Alguien tiene que sacar la basura y tú eres el más indicado.

-Son muchos años rodeado de ella.

Nos desharemos de Paula y no verás a Gustavo más.

-Me he enterado de que se llevan el mosto

para fermentarlo a las bodegas Reverte. Estoy en las viñas.

-Mierda. -Tienes que bajar

el termostato de los depósitos 2 y 3.

Va a hacerlo. Siempre ha admirado

tu capacidad para sobrevivir. -¿Se deshará de la pistola?

-Si estuvieras trabajando para Vicente,

no te perdonaría que le hicieras ensuciarse las manos.

¿Tienes la grabación? -Iba a cogerla

y Paula entró en el despacho. La secretaria tiene

una relación con las claves. Tráeme la grabación.

-¿Qué quieres? -Que me folles.

Si cree que voy a firmar la cesión de mis acciones,

es que está llevando la vejez peor de lo que pensaba.

Si el resto de los accionistas descubrieran

que has boicoteado la fermentación del vino,

no solo podrían expulsarte,

sino también emprender acciones legales contra ti.

Gustavo, pon eso. -Gira la pantalla.

Puede quedarse con la grabación. Y tú con el dinero.

Ahora que ya no tienes aliados, te va a hacer falta.

Rosalía sabía dónde estaba Raúl y consintió que fueras a la cárcel.

-Parece que su abogado se gana el sueldo.

Puedo citar a Rosalía Cortázar para que dé explicaciones.

Haga lo que tenga que hacer, pero no le diga nada de esto a Rosalía.

-Tengo prueba de que Raúl y su madre han estado en contacto.

Ortega cree que ese dinero se pagó.

Sin orden judicial no puede demostrarlo.

-Podemos tender una trampa a Raúl.

-Sé que vais a traicionar a mi hijo.

¿Cuánto te han pagado los Reverte

para declarar contra él? Ese reloj no ha estado

bajo tierra. Hay una etiqueta en la caja.

Pertenece a un guardamuebles.

¿Buscas esto?

¿Has hablado con ella del accidente?

-No quiere verme. -Ya es demasiado tarde.

Tienes que estar preparado. Va a denunciarte.

-¿Qué quiere contarme del accidente de su hermana?

-Daniel Reverte conducía y la dejó tirada.

Me dijo que Daniel conducía el coche

en el que murió Lorena.

¿Cómo iba a decir eso? -Eres despreciable.

-¿Tiene algo que ver con Mar? -Con Sara.

Te has aprovechado de su situación para manipularla.

Eres un miserable. -Sara miente.

-Métete en el depósito a limpiarlo.

Es lo único a lo que aspiras en esta empresa.

-No dejaré que me humilles. No eres mi jefe.

Pero yo sí. -Usted quiere a Miguel

fuera de las bodegas tanto como yo.

-Será mejor que te vayas.

No me gusta en lo que te estás convirtiendo.

-¡Ah! -No sé qué crees que ha pasado

entre tú y yo, pero yo soy un hombre casado.

Lo único que me preocupa es que Sara se recupere.

-Voy a presentar mi dimisión. Vuelvo con mis padres.

Si la quieres, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

Su tren sale en media hora.

-No te vayas, por favor. No la quiero.

-Devuélveme esa llave, por favor.

No. Hasta que no me digas

qué hay detrás de todo esto.

-Es que si cae en manos equivocadas,

puede ser el fin de esta familia.

¿El fin de esta familia o el tuyo, mamá?

Si no me dice qué está pasando, iré a la policía.

-Esa llave tiene que ver con algo

que pasó hace mucho años.

Algo de lo que ni tú ni tus hermanos sois culpables,

pero que os afecta directamente.

Por eso la escondí. Para protegeros.

Justo lo contrario de lo que está haciendo tu padre.

Es él el que está detrás de toda esta historia.

¿No te das cuenta?

Si papá está detrás de todo esto,

¿por qué la llave estaba entre tus muebles?

Llaman a la puerta.

-Señora. -Ahora no, Amelia.

-Es la agente Ortega. Quiere hablar con usted.

-Miguel.

He visto el coche de la policía por la ventana.

¿Está Ortega aquí? Sí. Está hablando con mamá.

-¿Con mamá?

Mamá sabe dónde está Raúl. -¿Qué?

Ha estado ayudándole todo este tiempo.

-¿Y lo saben los Reverte? Bueno, han sido ellos

los que han avisado a Ortega.

-¿Cuál será el siguiente paso?

Ortega va a interrogar ahora a Rosalía.

Esperamos que lo pueda hacer también con Nuria Asensi.

¿Crees que conseguirá que testifiquen en contra de Raúl?

Mira, está haciendo lo que puede.

Y por difícil que sea, tenemos que confiar.

Es nuestra última esperanza.

Todo va a ir bien, hija. Ya verás.

Móvil.

Adolfo, ¿no es ese tu móvil?

Móvil. -Ah.

Malditos cacharros.

Nunca me acostumbraré a ellos.

Bueno, disculpadme un momento.

¿Sí? Sí, sí.

Un momento. Un momento. Sí.

Sí. No, no es buena hora para llamar.

Dime.

Sí, ya sé que te pedí que me dieras mis cosas,

pero necesito más dinero.

Se lo di a ellos,

pero el otro día mi sobrino estuvo a punto de cazarme.

No van a tardar en darse cuenta.

Necesito dinero para marcharme cuanto antes.

Gracias.

-Es cierto que estoy en contacto con mi hijo Raúl

desde que se fue.

Pero aunque no me crea, no sé dónde está.

Porque es eso lo que quiere saber, ¿verdad?

-Pues sí. Sería bueno poder contrastar

la versión de su hijo con la de Lucía Reverte.

Más que nada, por aquello de que una inocente

no vaya a la cárcel.

-Pues lo siento mucho, agente, pero no puedo ayudarla.

-¿Estás seguro? A lo mejor su hijo

no le ha dicho dónde está, pero sí que ha visto usted

el teléfono desde el que le llama.

Ya sabe, esos numeritos que aparecen en la pantalla.

-Llama siempre desde un número oculto.

-¿Y me va usted a negar que su hijo Raúl

ha estado enviando dinero a Nuria Asensi a través de usted

durante todo este tiempo?

-Por supuesto que voy a negárselo.

-¿Y me va a negar también que se ha reunido usted

con Nuria Asensi?

Rosalía, ¿sabe usted que si me miente,

la puedo acusar de un delito por obstrucción a la justicia?

-Para eso, mi hijo tendría que haber cometido algún delito.

Y que yo sepa, la única responsable de la contabilidad

de las bodegas Reverte, es la propia Lucía Reverte.

¿No es así?

-Por ahora. -Pues, entonces, no puede

usted acusarnos ni a mi hijo ni a mí de nada.

-No.

Pero quería que supiera a lo que se arriesga.

Espero que esté segura de lo que hace,

porque Nuria Asensi no va a proteger

a su hijo como usted la está protegiendo a ella.

Buenos días.

Lo ha sabido siempre.

Nos ha engañado siempre.

Imagino que ahora volverá a avisarle.

-No, Miguel.

Ya he caído en una trampa de los Reverte.

No voy a poner en peligro otra vez a Raúl.

No me mires así, Pablo.

Solo protejo a mi hijo.

Lo haría por cualquiera de vosotros.

-Raúl ha estafado a esa familia.

Y tú has sido incapaz de decirnos dónde estaba nuestro hermano.

-Eso tendrá que decirlo un juez.

-¿Pero tú te has parado a pensar en Sofía?

Su hija puede ir a la cárcel.

-Cuando salí por esa puerta hace 30 años, os perdí.

Y creí que era para siempre.

Hace dos meses he vuelto a quedarme sin Raúl.

Y ahora he echado a Carlos de casa.

Si alguien sabe lo que es perder a un hijo, esa soy yo.

Y tú también, Miguel.

No me digas que no harías lo mismo.

Mamá, yo... ya no sé qué pensar.

Lo siento.

Parece que poco a poco vais descubriendo

a la auténtica Rosalía.

Comprendo lo difícil que debe ser tu posición.

Cada uno hablándote continuamente mal del otro.

A lo mejor esta llave ayuda a equilibrar la balanza. ¿No crees?

¿De dónde la has sacado? ¿Sabes lo que abre?

Pregúntale a tu madre.

Ninguno de los dos vais a dar vuestro brazo a torcer, ¿no?

Si lo supiera, te aseguro que te lo diría.

Pero creo que alguien puede ayudarte.

Un viejo amigo de tu madre. Eusebio.

Ya. No quiso contestar

a las preguntas de Ortega,

¿por qué iba a contestar a las mías?

Las preguntas de Ortega no fueron las adecuadas.

Pregúntale por lo que pasó seis años después del robo.

Pregúntale por nuestro encuentro.

Y dile que será mejor que hable,

o si no, yo se lo diré a la policía.

La balanza empieza a inclinarse a mi favor, hijo.

-¿Para eso me ha hecho venir hasta aquí?

Hablé con esa policía. Le dije que no tuve nada que ver

con el robo de su casa.

Sé lo que le contó a Ortega.

Y también sé que es mentira.

-Mire, puede creer lo que quiera, pero la policía me dejó libre.

Y dijo bien claro que la persona

que entró en su casa, fue Adolfo Reverte.

Adolfo pagó por la soberbia de mi familia.

Usted lo sabe igual que yo.

Eusebio, le estoy dando la oportunidad

de arreglar esto por las buenas.

-Me está amenazando. ¿Qué pasó seis años

después del robo, con mi padre?

Cuéntemelo.

Y le aseguro que no volverá a verme nunca más.

-Yo robé en esa casa.

Es cierto.

No era más que un crío ignorante.

Estaba tan convencido de que nadie podría descubrirme,

que años después me encontré de casualidad con su padre

y él vino a saludarme.

Supongo que quería saber si las bodegas

que acababa de montar podrían suponer

algún peligro para los Cortázar.

Me estrechó la mano

y vio el reloj en mi muñeca.

Así es cómo descubrió

que había entrado a robar en su casa.

Entonces, ¿no fue él quien le pidió que entrase en la casa?

-No fue Vicente.

Fue su madre.

Ella me pagó para que entrara,

mientras la familia estaba en el entierro de su abuelo.

Su madre quería que yo abriese aquella caja fuerte

y que me llevara unos papeles.

El robo fue solo una excusa

para que nadie sospechara de ella.

Y ahora, si no le importa, ya le he contado demasiado.

Eusebio, no le diga a mi madre que hemos tenido esta conversación.

Preferiría que no lo supiese.

-Sí.

Usted me dijo que sabría cómo frenarle.

Pero es que su hijo lo sabe todo.

-Huy, perdón. Ya vuelvo luego.

-Amelia. -¿Sí?

-Mi hijo ha perdido una llave con un número.

¿No la habrá visto?

-No, señora.

-Es muy importante.

Si la encuentra, démela, ¿de acuerdo?

-Sí, señora.

Creo que Miguel ha encontrado una llave.

Te dije que se sabría todo lo que has estado ocultando

estos años y que no podrías hacer nada por evitarlo.

-No sé qué pretendes. Que mis hijos conozcan

a la Rosalía que solo yo conozco.

-¿Aunque suponga tu ruina y la de tus hijos?

Merece la pena con tal de verte sola y en la calle.

-No voy a permitírtelo. ¿Ah, no?

¿Y qué vas a hacer para evitarlo? ¿Matarme?

Para eso hay que tener valor y agallas.

Y tú no tienes ni una cosa ni la otra.

La próxima vez que la agente Ortega venga a esta casa,

será para detenerte.

-Bueno, bueno, bueno.

Nuria Asensi.

Hacía mucho tiempo que no la veía.

-He pasado una temporada fuera de la Siesta.

Pero ya estoy de vuelta. -Me alegro.

-Yo también.

Pero supongo que no me habrá hecho llamar por eso.

Digo, porque tuviese ganas de verme.

-No, no. Desde luego que no.

Pero supongo que a pesar de haber estado usted alejada

de la Siesta, se habrá enterado de lo sucedido

en las bodegas Reverte. Y de la desaparición

de Raúl Cortázar.

-Algo he oído. Aunque no conozco los detalles.

-No se preocupe. Yo le hago un resumen.

-Ortega ha hablado con Nuria. ¿Y?

-No quiere declarar. ¿Cómo?

-Apoyarte supondría aceptar su culpabilidad y se niega.

Pero sabemos que ayudó a Raúl en el consejo regulador.

Podremos demostrarlo de alguna manera.

-Lo dudo. Todo el dinero que aceptó fue en mano.

-¿Y las transferencias que hizo Raúl desde Argentina?

Iban a la cuenta de Rosalía y no ponía ningún tipo de concepto.

No hay pruebas de esos pagos.

Si Nuria no testifica en el juicio,

no podremos demostrar que el dinero era para ella.

Llaman a la puerta. -Ya voy yo.

¿A qué has venido, Miguel?

Quería hablar con tu tío.

-¿Conmigo?

¿Sabes lo que más he echado de menos durante todos estos años?

El olor del vino y la madera.

El olor de la tierra en la que has nacido.

Debe ser duro dejar una vida atrás.

Sobre todo cuando a uno le acusan

de algo que no ha hecho.

Adolfo, he estado hablando con Eusebio Brus.

Fue él quien robó en nuestra casa.

Sí, lo ha admitido todo.

Sé que ahora ya es tarde y que no puede recuperar

el tiempo que pasó lejos de su casa, de su familia.

Pero creí que le gustaría saberlo.

-Jamás pensé que después de tantos años,

un Cortázar me iba a hacer tan feliz.

Gracias.

-Lucía. Hola.

¿Podemos hablar? Tenemos prisa, Dani.

-Será solo un momento.

-No te preocupes.

Te espero en el coche. Gracias.

-No sé qué se traen entre manos, pero he visto

al tío con Miguel en las bodegas. Ah, ya.

Miguel quería hablar con él.

-¿Y no te sorprende?

No sé. Si tuviera algo que ocultar,

no hubiera venido a buscarle a casa, ¿no?

-Escucha. Oí al tío hablar por teléfono.

No sé con quién, pero le pedía dinero.

Y yo. Y tú. Todos necesitamos dinero, Dani.

-Por favor. ¿Pero serás capaz de confiar en mí

por una vez en tu vida?

Le dije al tipo que estuve a punto de cazarle.

¿De cazarle en qué?

-No lo sé. Vale. Pero entre eso y...

y lo de que iba a llevar el pedido de mamá

y ni siquiera se pasó por la tienda luego,

no me fío. No me fío.

Cuando eras pequeña y tenías un problema,

siempre me esperabas ahí, donde estás ahora.

-Y tú me dabas los mejores consejos del mundo.

Hay cosas que nunca cambian.

-Estoy tan cansada, papá.

No puedo más.

Cuando he visto el coche de Ortega,

pensé que venían a por mí otra vez.

Necesito volver a dormir tranquila.

Y eso solo va a pasar cuando vea a Gustavo en la cárcel.

-Joder. Quita. No te comas eso.

-Entendería que quisieras acabar conmigo,

pero no sé qué te han hecho esos peces.

-Te he llamado. -Comprenderás que después

de la encerrona que me has hecho, no me apetezca hablar contigo.

-Ya sé que han pasado muchas cosas últimamente.

-Demasiadas. -Y todas francamente olvidables.

-¿Qué es esto? -Una carta donde solicito

tu cese del consejo de administración.

Con el apoyo de todos los socios, conseguiré que te echen.

-No te va a hacer falta. Me voy de la Siesta.

No puedo seguir aquí.

-Los Cortázar te tienen entre la espada y la pared.

-Estoy jodido, Paula. Estoy incluso dispuesto

a cederte mis acciones.

-¿Qué quieres a cambio? -Más dinero.

-Debes estar muy desesperado para hacerme esta oferta.

-No me hagas perder el tiempo. No tengo.

-Vaya. No puedo decir que lo sienta.

Tras lo que me has hecho, me importa poco lo que te pase.

-Vicente me obligó a traicionarte. ¿No te das cuenta?

-¿A cambio de qué?

¿De qué, Gustavo? -No puedo decírtelo.

-Y yo no puedo ayudarte.

-Sí, sí que puedes.

Sí que puedes, porque si no, mis acciones van a pasar

a manos de Vicente. Y es algo que ninguno queremos.

En una hora en el puente del Ciego.

-¿Gustavo?

-Pensé que no vendrías ya.

-Llevas más años de los que deberías en la Siesta.

Unos minutos más no van a hacerte daño.

Firma.

-¿Has traído el dinero?

-¿Dónde vas a ir?

-Lo más lejos que pueda.

-La policía acabará encontrándote.

-La policía es lo que menos me importa ahora mismo.

-Con tus acciones y un poco de suerte,

los Cortázar dejarán de ser un problema para todos.

Espero que tengas suficiente.

-Llevo toda la vida luchando por eso.

Te aseguro que vale mucho más.

-Tus días estaban contados aquí.

Tómalo como una segunda oportunidad.

Ojalá yo pudiera olvidarme de todo y empezar de cero.

-Es fácil. Ven conmigo.

-Todavía tengo mucho que hacer.

Y cuando acabe, no sé qué quedará de mí.

-Quede lo que quede, llámame.

-Gustavo, lo que pasó entre nosotros,

no va a repetirse más.

-Hazme un favor, Paula.

Cuida de mis peces.

-Elvira, ¿has visto a Gustavo? -Ha salido.

-¿Dijo cuándo volvería? -No.

¿Quiere dejar algún mensaje? -No, no hace falta. Gracias.

-Gustavo es como un niño grande, ¿verdad?

Toda la vida deseando que se vaya de casa y cuando lo hace,

le echas de menos. -No estoy de humor.

-Pues vas a tener que aguantarme durante mucho tiempo.

A no ser que tu padre encuentre

una manera más sofisticada de echarme.

-Algún día se te va a acabar la suerte.

-He perdido a una hija. Miguel me encerró en una clínica.

Hace poco enterré a mi marido.

Si a eso lo llamas suerte,

deberías tener cuidado con lo que deseas.

-¿Qué está pasando con Gustavo, Paula?

-Acaba de venderme tus acciones.

-¿Por qué iba a hacer eso?

-Supongo que necesitaba el dinero para marcharse.

Y lo ha hecho.

No sé qué tenéis tú y tu padre para usar en su contra.

Pero si no lo habéis hecho ya, llegáis tarde.

-El finiquito. Espero que lo invierta bien.

-Sí. No sé si comprarme un yate o una casa.

Mar.

¿Qué haces aquí?

-Pensaba que te habías ido. -Pensaba que te habías ido tú.

¿Qué pasó con tu carta de renuncia?

-Me lo pensé mejor. -Ya.

Y supongo que Pablo no ha tenido nada que ver con esto, ¿no?

-No me gusta lo que estás insinuando.

-No sé si te das cuenta de que Pablo está casado

con una paralítica.

Te creía más lista.

Si piensas que Pablo va a dejar a su mujer,

es que no lo conoces lo más mínimo.

-Hola. -Hola, Mar.

-Hola.

-Hola. Tu papá me ha hablado mucho de ti.

-Y ella no para de hablar de él. Ha salido del cole

y solo quería ver a su papá. ¿A que sí?

No os molestamos, ¿verdad? -No, claro que no. Por supuesto.

María, no toques esto, que es veneno.

Te podrías poner muy malita si lo tomas.

-Mar.

¿Por qué no la llevas a dar una vuelta a los depósitos?

-Sara, Mar está trabajando.

-No, Pablo, no pasa nada. -Y yo también.

¿Por qué no os vais a casa y hablamos después?

-Claro. No queríamos molestar.

Cariño, dale un beso a papá.

-Ven, María.

Un besito.

Ve con mamá, corre.

-No vas a hacerlo, ¿verdad?

No vas a dejarla.

-Sí, Mar. Voy a dejarla.

Pero necesito un poco de tiempo.

La situación de Sara no es fácil.

¿En qué piensas?

-He tardado mucho tiempo en encontrarte.

Y si tengo que esperar para estar contigo,

esperaré.

-Deja, Emilia. Ya puedo yo. -¿No quiere que la ayude?

-No. -Si lo desea, puedo traerle...

-He dicho que no. Sal de aquí. -Sí, señora.

-¿Pasa algo? -Ahora no, Carlos.

Espera.

Tenías razón.

Pablo y Mar están juntos.

-Ya ves. Al final es más listo de lo que pensábamos.

-No tanto.

Les he visto besándose en la bodega.

-¿Y?

Sara, si...

si Mar no hubiera aparecido en la vida de Pablo,

jamás se habría atrevido a dejarte.

-No me va a dejar.

-Despídete de Pablo.

Con Mar en su vida, no tienes nada que hacer.

Adiós, Sara.

-Ten. Con esto podrás ir tirando unos meses.

-Yo no soy como tú. No necesito el dinero

de los Cortázar. -Carlos.

No quiero que pienses mal de mí.

Si te he pedido que te vayas, es por tu bien.

-¿Por mi bien o por el tuyo?

Has decidido sacrificar al hijo pobre para quedarte

en este mundo de ricos. -Hijo.

Si te quedaras, Vicente acabaría convirtiéndote

en alguien que ni eres ni quieres ser.

-Mamá, yo sé muy bien quién soy y de dónde vengo.

La que no lo tiene tan claro eres tú, mamá.

Hace poco fuiste tú quien me abrió esta puerta.

Y ahora...

voy a ser yo quien te la cierre.

-No se preocupe. Puede registrarme. Me voy con lo mismo

que con lo que vine. ¿Seguro?

Yo creo que has perdido algo. Una madre.

La próxima vez que quieras desafiar a un Cortázar,

piénsatelo dos veces.

-Miguel vino para hablar conmigo

y decirme que Eusebio,

el primer sospechoso del robo,

por fin ha confesado que fue él

quien entró en casa de los Cortázar.

Entonces...

-Soy inocente, Sofía.

Era inocente.

¿Por eso abandonaste todo?

-Lo único que me importó dejar atrás, fuiste tú.

-Mamá. Hijo.

-Acaban de llamar de la tienda

de delicatessen. Sí.

-Han vendido todo el pedido.

Todo el pedido de arrope. ¿Qué dices?

¿Pero ya? -Por lo visto, ha sido un éxito.

Han pedido el doble de botes.

¿Y para cuándo? -Para ya, mamá. Para ya.

Voy a llamar a tu hermana ahora mismo,

porque si no me ayuda,

no llego a tiempo. -Corre.

-Oye, por cierto.

Hay que pagar a la tienda que nos suministran los botes

y yo voy a estar todo el día en las bodegas.

¿Te importaría hacerte cargo? -¿Yo?

No sé... Ya viste cómo acabé

el otro día cuando fui a llevar el arrope.

No me gustaría tener otro problema con el coche.

-Ya, ya, ya. Tienes razón.

Da igual. Déjalo. Es mucho dinero.

No creo que les preocupe recibir el pedido un día más tarde.

-Dani. Deja. Ya voy yo.

-No te preocupes. No hace falta.

-Sé lo importante que es para tu madre

que este negocio salga bien.

No se perdonaría que el pedido no llegara a tiempo.

-Bueno.

Pues muchas gracias, la verdad.

Ten cuidado.

¿Sabes lo que me estás pidiendo?

Sí.

Créeme que no hubiera venido, si tuviera otra alternativa.

Es la única forma que tengo de demostrar mi inocencia.

Nuria Asensi se niega a declarar.

Tiene que haber algo que pruebe los chanchullos

que tenían tu hermano y ella.

Miguel, tú eres el presidente del Consejo Regulador.

Necesito que me ayudes.

Si me dejaras ver los libros... Lucía, eso no puede ser.

Tiene que haber otra forma de hacer que declare.

Miguel, yo no quiero implicarte a ti

y que tu familia te lo reproche. No se trata de mí.

Se trata del consejo. Se vería muy afectado.

Todos nos veríamos afectados.

¿Y qué otra alternativa tengo? Siempre hay otra alternativa.

Conozco a la gente como Nuria Asensi.

Ya traté con ella una vez.

Emma, necesito que me hagas un favor.

Verás, a lo mejor es un poco doloroso para ti, pero...

¿Tienes la grabación de Nuria Asensi?

La que habla con Gustavo sobre los chanchullos

del Consejo Regulador.

No te lo pediría, si no fuese importante. De verdad.

-No sé. Creo que sigue en la caja fuerte de casa. ¿Por?

Necesito que me la des para ayudar a Lucía.

-¿Eso va a implicar a Raúl?

Emma, Raúl ya está implicado. Él solito se lo buscó.

No puedo abandonar a Lucía a su suerte.

Nuestra familia, en parte,

es responsable de su situación. Se lo debemos.

Gracias.

(GRABADORA) Cuando quiero algo, hago lo que sea para conseguirlo.

-No siempre se puede conseguir.

¿Qué haces con esa grabadora?

-Papá, Lucía es inocente.

Alguien tiene que ayudarla a salir de todo esto.

Miguel cree que si le enseñamos esta grabación

a Nuria Asensi, puede que testifique.

Y vais a chantajear a esa chica, ¿no?

-Pues, mira, no es algo de lo que me sienta orgullosa.

Pero esto debería avergonzarnos a todos.

¿Qué hace aquí esto?

-Gustavo se ha ido. ¿Qué?

-Se ha ido para siempre. Me lo ha dicho Paula.

Y eso no es todo, papá. Le ha vendido las acciones.

Ese cretino no se va a salir con la suya.

-No, claro que no. Por eso quiero llevarle

la pistola a Ortega.

Tranquilízate, Emma.

Con Paula teniendo todas esas acciones,

necesitamos esta pistola más que nunca.

-No, papá. Y lo intentaste y no te salió bien.

Ahora quiero que hagamos las cosas a mi manera.

Querías librarte de Gustavo, ¿no? Lo has conseguido.

Nos hemos librado de él.

Mientras tengamos esta pistola, nunca volverá a la Siesta,

porque nos tendrá miedo.

-Mientras no esté en la cárcel,

la que le va a temer soy yo a él.

Por favor. Déjame que se la lleve.

Confía en mí. Sé lo que necesita esta familia.

-No se la vas a entregar nunca, ¿verdad?

Puede que algún día. Pero ahora es

más valiosa en nuestras manos que en las de Ortega.

Vamos, hija. Vamos. Vamos.

-¿Y esa cara?

¿Qué pasa ahora? -Cosas mías.

-Es por Gustavo.

Soy tu madre. A mí no puedes engañarme.

-Yo a ti puede que no. Pero tú a mí sí.

A mí y a todos los de esta casa.

Nunca pensé que pudieras hacer una cosa así.

-Dime lo que quieras. No me importa.

Lo que me duele es ver que estás sufriendo

y no poder hacer nada.

-Nadie puede ayudarme.

-Si confiaras en mí...

Pero tu padre te ha puesto en mi contra.

Te ha alejado de mí.

Eso me desgarra por dentro.

-Esto no tiene nada que ver con papá.

Él lo único que ha hecho, es intentar ayudarme.

Por lo menos, hasta ahora. -Yo estoy aquí.

Llevo años soñando con estar a vuestro lado

y por un momento creí que lo había conseguido.

Soy tu madre. No importa lo que hayas hecho.

Lo que está pasando con Raúl debería enseñarte algo.

Confía en mí.

-Es que... es muy difícil de explicar, mamá.

Yo disparé a Manu. Fue un accidente. Te lo juro.

Pero el culpable que está buscando

Ortega soy yo. -Hija.

-Y Gustavo lleva chantajeándome todo este tiempo.

-Eso explica muchas cosas.

-Pero escucha.

Ahora puedo arreglar todos mis problemas de una vez.

Tengo la pistola con las huellas de Gustavo.

Si se la doy a Ortega,

me libraré de las sospechas y de él.

-¿Y qué te impide hacerlo? -Papá no quiere que lo haga.

-Si yo hubiera hecho caso a tu padre,

sería la mujer más infeliz del mundo.

-¿Y qué puedo hacer, mamá? -Entrega esa pistola.

Y asegúrate de que Gustavo esté todavía cerca,

para que la policía pueda meterlo en la cárcel de una vez por todas.

-Paula, espera.

-No hay nada como ganar poder en esta empresa

para que los Cortázar empiecen a correr detrás de ti.

-Aunque no te lo creas, vengo a darte las gracias.

Si no llega a ser por tu dinero, Gustavo nunca

se habría ido de la Siesta.

-No sé qué habéis hecho, pero ha funcionado.

Un despacho en esta bodega era lo que más deseaba.

Y ha renunciado a ello por cuatro duros.

-Me imagino que ahora que se ha ido,

puedo ser sincera contigo.

Gustavo creía que íbamos a llevar a la policía

algo que le hubiera hecho mucho daño.

Pero mi padre ha decidido no hacerlo.

-Entonces, se ha ido por nada.

-Eso me da exactamente igual.

Tengo tantas ganas de celebrarlo, como de olvidarlo.

Móvil.

-Dime. -Espero que algún día

sepas agradecerme lo que estoy haciendo por ti.

-Se me ocurren muchas formas de devolverte favores.

-Lo que llamas favores, yo lo llamo pequeños suplicios.

Pero céntrate.

Acabo de hablar con Emma. -¿Y?

-Si te digo que ella y su padre tienen algo

que pueden utilizar en tu contra pero que no lo llevarán

a la policía, ¿te dice algo?

-Me dice que de ser así, podría volver ahora mismo.

-Pues lo siento, pero he estado casada más de diez años

con un Cortázar y sé cuándo mienten.

-No te entiendo. ¿Qué quieres que haga?

-Yo que tú daría media vuelta e intentaría recuperar eso

antes de que lo entreguen a la policía.

-Cualquiera diría que estás deseando volver a verme.

-Piensa lo que quieras, pero eres tú

el que se pasará el resto de tus días huyendo.

Sería una pena que esa grabación acabase en manos de la fiscalía.

-¿Cuándo vais a dejarme en paz?

¿No tuvisteis bastante con echar a mi padre del consejo?

Mi familia no tiene nada que ver con esto.

Es un asunto personal.

-Me importan una mierda tus asuntos personales.

¿Qué quieres a cambio de esa grabación?

Quiero que llames al abogado de Lucía Reverte

y le digas que has cambiado de opinión.

Aceptarás el trato que te propusieron.

A cambio, cuentas en el juicio todos los chanchullos de Raúl

al frente de las bodegas Reverte. -Estás loco.

¿Y arriesgarme a ir a la cárcel?

Cualquier juez me condenaría. Puedo conseguirte un buen abogado.

Creo que tu padre no te habla desde entonces, ¿no?

Puede que después de esto te perdone.

Tú declara.

Y la grabación será tuya

y podrás hacer con ella lo que quieras.

-¿Por qué tendría que fiarme de la palabra de un Cortázar?

¿Quién me asegura que no cambiarás de opinión

y te quedarás con la grabación? Nadie.

¿Pero cómo que Nuria Asensi va a testificar a mi favor?

¿Estás seguro?

-Lo conseguimos.

Por fin vas a poder demostrar tu inocencia.

¿Pero cómo ha sido? ¿Cómo lo has conseguido?

-No lo sé. Lo único que me dijo

cuando me llamó, fue que no quería

que el Consejo Regulador se viese involucrado en nada.

¿Qué pasa?

Ha sido Miguel.

Yo le pedí ayuda. -Lucía.

Miguel es el presidente del Consejo Regulador.

Él tiene acceso a los libros de cuentas.

Si Nuria dejó rastro de alguno de los chanchullos

que tenía con Raúl, tienen que estar ahí registrados.

-Y contándoselo le has dado la oportunidad

para que destruya las pruebas.

Era nuestra única baza para el juicio.

No las va a destruir.

-Por lo que sé, ha hecho cosas peores.

Pero ahora se te ha olvidado.

Gracias, Miguel. No tienes que darme las gracias.

Ya te dije que te ayudaría.

Mar va a necesitar todo lo que tengas en su contra.

La única prueba que tenía en su contra,

era su propio pasado.

¿Qué has hecho, Miguel? Ayudarte.

¿Le has chantajeado? Lucía, Nuria Asensi ayudó a Raúl

a arruinar a tu familia.

Lo único que he hecho, es darle la oportunidad

de que lo confiese ella misma.

Lo más importante es que tu hijo no nazca en la cárcel.

¿Puedo?

Se merece un futuro mejor.

Móvil.

Dime, Dani.

-No ha pagado ni un solo bote.

Claro. Claro que estoy seguro.

Me lo acaban de decir en la tienda.

Oye, mira, aún no sé por qué,

pero está claro que Adolfo se ha quedado con el dinero.

Sí. Sí. Oye, tengo que colgar.

-Gracias.

-Ana. Ana, espera. Espera.

Ana, por favor. -No me toques.

-Vale.

Oye, lo siento. Lo siento.

Ya te dije que lo siento. -¿Lo sientes?

¿Por eso convenciste a Vicente Cortázar

para que no dijera la verdad a la policía?

-Ana... -¿Cómo lo hiciste? ¿Eh?

Dime.

Pagarás por lo que has hecho.

Me da igual el tiempo que tarde

o lo que tenga que hacer para conseguirlo.

-No tienes que hacer nada. Ya lo pago.

Mira, sé que lo nuestro no tiene arreglo,

pero necesito que me perdones.

-No es a mí a quien tienes que pedir perdón.

No es a mí, Dani.

-Nunca te gustaría mucho las flores.

Y ahora, fíjate.

No paran de ponértelas.

Y todo por mi culpa.

Lo siento.

Si pudiera dar marcha atrás.

Pero... no puedo.

Tenía que haber sido yo, Lorena, y no tú.

-No teníamos que haber sido ninguno, Dani.

Yo te quería.

Si me subí al coche, fue por ti.

Todo lo que hice, lo bueno y lo malo, fue por ayudarte.

Tienes que dejar de martirizarte, Dani.

Aquello fue un error.

A mí me costó la vida.

No dejes que te cueste a ti también la tuya.

-Daniel, hijo.

¿Todo bien?

-Sí.

De hecho, creo que no me sentía mejor

desde hace mucho tiempo. -Bueno.

¿Qué ha pasado?

-Nada especial. Solo lo que pasa

cuando dejas de esconderte y haces frente a los problemas.

-Así somos los Reverte.

-Ya.

Oye, por cierto.

Pagaste al proveedor, ¿verdad?

-Claro, claro. Sí. Esta mañana.

-¿A qué hora fuiste?

-No me acuerdo, hijo.

Uno tiene la cabeza... -Claro.

Es que resulta que en la tienda dicen que nadie ha ido a pagarles.

-Pero... -¿Qué has hecho con el dinero?

-¿Qué...? ¿Qué quieres decir?

-No lo sé. Dímelo tú.

¿Dónde estabas el otro día, cuando tenías que entregar

el pedido y no lo hiciste?

-Daniel, hay cosas que...

-¿Para qué has vuelto, Adolfo?

¿Vienes a robarnos? ¿Tú también?

Contesta.

-No es lo que crees. -Ya, claro.

¿Sabes? Te oí hablar por teléfono esta mañana.

Decir que necesitabas dinero. ¿Es mentira?

¿Eso también es mentira?

Si no es lo que creo que es, Adolfo, dímelo.

¿Para qué has vuelto después de tantos años?

Y ahora, la verdad.

Devuelve el dinero de mi madre.

Luego cosas tus cosas y lárgate,

antes de que ella vuelva.

-Lo siento.

-¿Qué ha pasado? ¿No has convencido

a Nuria Asensi para que declare en el juicio?

No, no.

En cuanto le mencioné la grabación,

le ha faltado tiempo para aceptar el trato.

-¿Y entonces, esa cara?

Nada. Tonterías. Perdona.

-¿Y esas tonterías tienen que ver con Lucía?

Elvira me ha dicho que ha estado por aquí.

Elvira habla demasiado.

¿Me has traído la cinta? -Sí.

No está, Miguel.

¿Estás segura? ¿No te la habrás dejado en casa?

-No está, Miguel. No.

La metí aquí, en el bolsillo del abrigo

y lo dejé en el hall antes de venir aquí.

Dejaste el abrigo en el hall.

-Sí.

Pues alguien ha tenido que cogerla.

Como Nuria Asensi se entere de esto, Lucía está perdida.

-Pero no lo entiendo.

¿A quién le puede importar esa cinta?

A alguien que quiera proteger a Raúl.

-Huy. Hija, por Dios. Qué susto me has dado.

Tengo una idea para ayudarte.

-¿Por qué lo has hecho, mamá?

¿Por qué has cogido la grabadora?

-¿Qué grabadora? ¿De qué hablas?

-De que me has traicionado.

Por eso querías que confiara en ti, ¿verdad?

-No sé por qué es tan importante esa grabadora

ni por qué me estás acusando, pero yo no he cogido nada.

-Que no me mientas más. Es que no entiendo

qué tienes en contra de Lucía Reverte.

Qué más da que la declaren inocente.

¿Qué daño puede hacerle eso a Raúl? A ver.

Si está fuera del país.

No puede ir a la cárcel.

-Te juro por vosotros, que es lo que más quiero,

que yo no he cogido ninguna grabadora.

Tienes que creerme.

-Ya has intentado que no testifique Nuria Asensi.

No sé por qué tiene que ser distinto ahora.

-Tienes que creerme, hija.

-No puedo.

No puedo, mamá.

Hola.

-Todavía no sé qué hago aquí.

Por su culpa, mi padre tuvo que irse

del Consejo Regulador.

Creo que ese mérito es solo tuyo.

Quizás esto te haga sentirte mejor.

Aquí está la grabación con la que mi hijo Miguel

te ha estado chantajeando.

Ya no tendrás que testificar contra Raúl.

-¿Por qué lo hace?

Creía que no se llevaba bien con él.

Por decirlo de alguna manera.

Los asuntos de familia hay que resolverlos en familia.

Mientras yo viva, ningún Cortázar pisará la cárcel.

-Vaya. Vicente Cortázar tiene corazón.

Hay mucha gente que se sorprendería.

Supongo que sabes que esto no te va a salir gratis.

-Ya me imaginaba.

Dígame. ¿Qué quiere a cambio de mi libertad?

-Lo siento. Le dije que estaba ocupado, pero...

Está bien, Elvira. No te preocupes. Gracias.

¿Y bien? ¿Algún problema?

-¿Yo? Ninguno.

Aunque no creo que tu amiga Lucía Reverte piense lo mismo.

Va a tener que buscarse otro testigo,

porque yo no pienso testificar. ¿Estás segura?

No me gustaría tener que usar la grabación.

A tu padre tampoco.

-¿Te refieres a esta?

(GRABADORA) Cuando quiero algo,

hago lo que sea para conseguirlo.

¿Quién te la ha dado? -No te lo imaginas.

Hay madres que serían capaz de hacer cualquier cosa

con tal de librar a un hijo de la cárcel.

Dale de nuevo las gracias a Rosalía cuando la veas.

-No traigo buenas noticias.

Nuria Asensi se niega a declarar.

¿Y por qué?

-No lo sé. Y no lo entiendo.

Ha cambiado de opinión.

¿Y no podemos hacer nada? -Esperar que aparezca Raúl

y que cuente toda la verdad. Eso no va a pasar nunca.

Estoy perdida.

-Tranquila. Vamos a salir de esta.

-Eres un miserable. Voy a acabar contigo

como con una cucaracha, Vicente Cortázar.

Y esta vez no tendré piedad, te lo juro por mi vida.

Ten cuidado por lo que juras, no vaya a ser que lo pierdas.

-Por mis hijos soy capaz de todo.

¿Hijos? Cuando Miguel te descubra,

perderás la empresa y no tendrás una casa

en la que vivir.

No tendrás nada.

Ninguno de tus hijos va a apoyarte.

-No tienes ni idea de lo que es capaz una madre.

Amelia. -¿Sí, señor?

¿Esas toallas son para mí? -No.

Pero si quiere, le dejo algunas

en su habitación. -Por favor.

¿Es esta la llave que estaba buscando su hijo Miguel?

-¿Dónde la ha encontrado?

-En el cajón de su armario.

-Amelia, ¿me puede hacer un favor?

¿Amelia? -Señor.

¿Qué haces aquí? -Su madre me ha pedido

que recoja las cartas de este apartado,

pero no entra la llave.

¿Y estás segura de que es el apartado correcto?

-El 417. Sí. Pero es como si no fuese la llave.

Deja. Ya me ocupo yo.

-Sí, señor. Te puedes ir a casa.

-Gracias.

Teléfono.

-Dime, hijo. Ahora entiendo por qué no querías

que esos papeles saliesen a la luz.

-No sé de qué me hablas. Sí que lo sabes.

Estoy saliendo de la oficina de Correos.

Vas a tener que dar muchas explicaciones.

-Miguel, todo lo que hice, lo hice por vuestro bien.

Eso mismo dijo papá cuando supimos que seguías viva.

-Lo siento. No lo sientas.

Sois iguales.

-Escucha, Miguel... Ven a casa.

Te lo puedo explicar todo. Eso espero.

Después, no quiero volver a verte en la vida.

Hola, hijo. -Hola, mamá.

Ay, ya han llegado las botas.

Me quitas un peso de encima, la verdad.

¿Has visto al tío Adolfo?

-No. ¿Por qué? No lo sé.

Porque he quedado aquí con él y no aparece.

-Ya sabes que últimamente el tío está un poco perdido.

Móvil.

¿No es ese el móvil de tu tío?

-¿Sí? No, no está. ¿De parte de quién?

Sí, claro.

Sí. No se preocupe. Yo se lo digo. Gracias.

¿Qué pasa? -Nada.

Nada, mamá. Quédate aquí.

¿Pero adónde vas? -Tengo que encontrar al tío.

¿Qué pasa, Dani?

-Adolfo.

Adolfo, espera.

-Dile a tu madre que lo siento.

-No, no le voy a decir porque no te vas a ir.

-Daniel... -¿Por qué no me lo contaste?

-¿Qué? No sé de qué me hablas.

-Te han llamado del hospital.

Sé que estás enfermo.

No puedes irte ahora. No así.

-Daniel, antes no he podido contestarte como quería.

-Lo sé. Lo siento.

-¿Sabes por qué volví?

Ahora solo tengo pequeñas lagunas.

Despistes. Me desoriento.

El otro día, cuando fui a llevar el arrope,

estuve dando vueltas durante horas por las viñas.

Y cuando volví a casa, ni siquiera recordaba

por qué había salido.

Y esto va a más.

Por eso me planté aquí después de tantos años.

Quería hablar con tus padres por última vez.

Antes de que sus caras se me borren de la memoria.

-Y yo no he hecho más que desconfiar de ti.

-No. Bueno, yo te mentí. No te dije las cosas claras.

Pero te pido un favor.

No le digas nada a tu madre.

No volví aquí para que me tuvierais lástima.

Daniel, tengo que irme.

-No voy a dejar que te vayas.

No vas a pasar por esto tú solo. Somos tu familia.

No le diré nada a mi madre si no quieres.

Pero no puedes irte así.

No se lo merece.

-¿Puedo hablar contigo un momento?

Tú dirás.

-He cometido el error de contarle a mamá lo de Manu.

¿Cómo dices? -Ya, ya sé que no se lo tenía

que haber dicho.

Y más ahora, que sé que robó la grabadora

para proteger a Raúl.

No sé cómo he podido hacerle caso.

¿En qué, hija?

-He hablado con Paula.

Y le he dicho que no iba a entregar la pistola,

para que se lo contara a Gustavo.

¿Qué quieres, que vuelva otra vez a la Siesta

y nos haga la vida imposible? -No.

Lo que quiero es que venga para que le detengan.

Así que necesito la pistola, papá.

Emma.

Toma. Y entrégala cuanto antes.

-Lo siento.

Hija.

No vuelvas a confiar nunca en tu madre.

-¿Vas a salir, hija?

-No tengo nada que hablar contigo, mamá.

-Sé que has creído a tu padre y no te culpo.

Pero yo nunca haría nada que pudiera perjudicarte.

-Amelia, ¿has visto mi chaqueta? -Sí.

Se la he dejado en su habitación. -Gracias.

-Hija. -Ahora no, mamá.

-Gracias, Amelia. Quiero darle una sorpresa

a mi marido. -Sí, señora.

-Hola.

¿Buscas a Pablo? -No.

En realidad, quería hablar contigo.

Sé lo que te traes con mi marido.

Os vi. Os vi besaros.

No te preocupes. No voy a montarte ningún numerito.

Solo quiero que sepas que entiendo lo que ha pasado.

No puedo culparte por estar enamorada de Pablo.

Yo también lo estoy.

Pero es... obvio que no podemos seguir juntos.

-Jamás pensé que te lo tomarías así.

-Ni yo.

Pero no me queda otra.

Tenemos una hija, Mar.

Y quiero hacer las cosas bien.

-Lo entiendo.

-¿Por qué no vienes a casa luego y hablamos?

-¿A tu casa?

-Pero no le digas nada a Pablo. Me gustaría hablar antes con él.

-Sara, no creo que deba. -Mar.

No puedes decirme que no.

-Pero esto es una cosa entre vosotros dos.

-Vas a formar parte de la vida de mi hija.

Es importante para mí.

-Está bien.

-Gracias.

Y tráete un buen vino. Empieza una nueva vida para todos.

Deberíamos brindar por eso.

Timbre.

-Hola. -Hola.

Venía a ver a Sara. -¿Me acompaña, por favor?

-Hola, Mar. Gracias por venir. -Hola.

-¿Me permite el vino? -Amelia, ya me encargo yo.

Acompáñela al salón. -Sí, señora.

Por aquí, por favor.

-¿Qué haces, mamá? -¿Qué hago yo? ¿Qué haces tú?

¿No estás lista para ir a casa de Elena?

-¿Vais a cenar?

-No, cariño. El vino no es para cenar.

Es para brindar.

-¿Es un cumple? -No.

Mucho mejor.

Celebramos que papá y mamá

van a estar juntos para siempre.

-¿Es María? -No, esta soy yo

cuando era pequeña. Nos parecemos mucho, ¿verdad?

-Pues sí.

Qué mona.

Sí, qué linda. Mira.

Huy.

-Aquí es un poquito más mayor ya. -Sí.

-A mí no me sirvas, Amelia. -Ah. ¿No bebes?

-Estoy tonta. Me acabo de tomar la medicación.

-Mar. -Pablo.

-¿Qué haces aquí? -La he invitado yo.

Está bien tener visitas de vez en cuando, ¿no?

Mar es un encanto. Solo quiero que seamos amigas.

Desde que vine a vivir aquí, no he tenido muchas.

-Sara, ¿por qué haces esto?

-Pablo. No, no pasa nada.

Sara solo quiere ser amable.

-Y ahora, ¿por qué no nos dejas solas?

¿No tenías que llevar a María a casa de Elena?

-Está bien. Vuelvo enseguida.

-¡Ay! Perdona. Soy una torpe.

-No te preocupes.

No te preocupes. Yo voy a avisar a Amelia.

Y a traer un poco más de vino. -Gracias.

Llaman a la puerta. -Sí.

¿Podemos hablar, Pablo? -Tengo que ir a buscar a María.

Es importante. -Dime.

Míralo tú mismo.

-¿De dónde has sacado esto?

Mamá lo ha escondido durante 40 años.

-Miguel, si esto sale a la luz,

estamos perdidos.

-Amelia, ¿quién ha bebido de este vino?

-No sé, señora.

-¿Te has vuelto loco? -Eres tú la que se ha vuelto loca.

-¿Por entregarte a la policía? Es lo que te mereces

desde hace mucho tiempo. -Tú mataste a Manu.

Nos metiste en este lío.

Eres tú la que debería estar pudriéndose en la cárcel.

-Diez años a tu lado ya ha sido suficiente castigo.

Ahora le voy a entregar la pistola a Ortega.

-Dame la pistola, Emma. -No te acerques.

-¿Qué vas a hacer? ¿Matarme? -¡No te acerques!

¡No te acerques! ¡Dámela! ¡Dame la pistola!

-¿Dónde está? ¿Qué has hecho con la pistola?

-¡Está ahí! ¡Dámela!

(LLORA) ¡Dámela! ¡Dámela!

-¿Dónde está la pistola?

-Estaba aquí.

-Emma mato a Manu. En defensa propia.

Pero me engañó para poner mis huellas en esa pistola.

-Sé dónde está la pistola.

-Ese viejo nos la ha jugado.

-¿Y la pistola? -Me la llevé.

-Nada haría más daño a Miguel que verte conmigo.

-¿Por qué no le has dicho a Pablo que sabes lo nuestro?

-Te pido tiempo. -No puedo tener secretos.

-Necesito buscar el momento adecuado.

-Había una botella de vino en la cocina

que trajo la señorita Mar. -¿No notaste nada extraño?

-¿Nada extraño? -Dile a Amelia que te traiga otro.

-No lo parece. -Ha sufrido una intoxicación

por ácido sulfúrico. -Nadie se ríe de un Cortázar.

¿Merece la pena perder el cariño y el respeto de tus hijos?

Puedes llevarte tu secreto contigo

y que tus hijos te odien. -Te quiero.

No permitiré que arruinéis la vida de Mar.

No sé de qué me hablas. Raúl viene.

Raúl acaba de comprar un billete a Venezuela.

¿Qué es esto? -Mi dimisión.

No puedes dejarme a pocos días del juicio.

-Es un movimiento de la cuenta de Raúl.

-Estos documentos demuestran que Raúl abandonará Argentina.

-Averiguaré dónde va a aterrizar ese avión.

Raúl, soy Miguel. Los médicos dicen

que le queda poco tiempo de vida.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 33

18 feb 2013

En casa de los Cortázar, dos personas se disponen a abandonar la familia: Carlos, expulsado por Rosalía, y Gustavo, quien decide huir antes de que Emma entregue el arma con el que mataron a Manu a la Policía.

Mientras, Sara, viendo que con Mar en la bodega cada vez está más cerca de perder a Pablo, decide invitarla a casa, sin resentimientos, quiere que sean amigas, pero¿ ¿es esa su verdadera intención?

Por su parte Miguel sigue las pistas que ha dejado don Vicente, está a punto de desentramar el misterio que esconde el reloj hallado en las viñas, pero deberá tener cuidado con Rosalía, quien no parece interesada en revolver el pasado.

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