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2002028
No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 77 - Tras el accidente, la vida de Adolfo sigue en peligro - ver ahora
Transcripción completa

No has pegado ojo en toda la noche, Jesús.

¿Por qué no te echas un rato? No, no podría dormir.

Además, tú tampoco has descansado. Ya, yo tengo que ir al horno,

a hablar con Dimas en cuanto pueda.

A esta hora es cuando más trabajo hay.

Sí, yo también iré a hablar con los peones, pero no tardaré.

No quiero dejar a mi madre sola mucho tiempo.

No, claro que no.

(Se abre una puerta) Me alegro de encontraros, Jesús.

¿Qué tal?

Sofía...

¿Cómo está tu hermano? Mal, Dimas.

Los médicos dicen que está grave y que harán todo lo posible.

Lo dejamos en el quirófano, dijeron que la operación iba para largo.

¿Tu madre se ha quedado allí? Sí, pero nosotros vamos enseguida.

Como le pase algo...

Mi pobre madre... (RESOPLA)

No, hombre, no. ¿Qué le va a pasar? Hay que tener fe.

Es joven y fuerte, verás cómo se repone.

No lo sé, Dimas.

Si vieras cómo ha quedado el coche te quedarías helado.

¿Cómo fue el accidente?

Por lo visto iba a la carretera que va a Briones a mucha velocidad,

derrapó...

¿Qué raro, no? Porque mira que Adolfo conduce bien

y si se salió de la carretera se le cruzaría un perro o algo.

Iría pensando en sus cosas y quitaría la atención del volante.

Dimas, en cuanto sepamos algo voy al horno...

No, no, no. Tú te quedas aquí.

¿Seguro? No, claro.

Tienes que estar con la familia. Dale recuerdos a Renata.

En la cocina os he dejado un par de barras calentitas.

Hala, hasta luego. Gracias, Dimas.

Voy a preparar lo de tu madre. Sofía...

No hemos hablado desde que salimos del hospital.

¿De qué vamos a hablar, Jesús?

Anda, vete a la bodega y yo preparo lo de tu madre.

Voy a casa, me ducho y quedamos en la plaza,

así no la dejamos sola tanto rato.

He sabido que está ingresado en el hospital de Logroño

y bastante malherido. ¿Te lo ha contado Jesús?

No, Eduardo.

Él se enteró en la fonda.

Me acercaré a las Bodegas Reverte a ver si me entero de algo más.

Y me lo contáis todo,

no hagáis como cuando averiguabais lo de la muerte de Gabriel.

No soy tonto ni débil.

Padre, lo siento mucho, ya se lo dije, pero también le dije

que decidimos esperar a tener algo más, no queríamos marearle.

No, me habéis ninguneado, me habéis humillado, no tenéis confianza en mí.

Yo le juro, padre, que no volverá a ocurrir.

Bueno, ¿y usted qué? ¿Consiguió algo de su visita a la comisaría,

ya que quiso ir solo? No tienen pruebas contra Miranda.

Yo no quiero pecar de optimista,

pero tengo la rotunda convicción de que, por una vez,

y a pesar de tratarse del poderoso Santiago Miranda,

se va a hacer justicia.

¿Qué pasa, me estás ocultando algo que debo saber?

Deje de sospechar de mí, le he dicho que no le ocultaré nada más.

No, solamente es una intuición, una sensación que tengo.

¿Recuerda usted a los Montalbán?

¿Los que tienen la cadena de restaurantes?

Me han llamado hace un rato para que les haga una oferta

y no sé por qué pero me da a mí que no serán los únicos.

¿Ha visto "La Gaceta de La Rioja"? No...

Han publicado un reportaje demoledor sobre el vino intoxicado

de las Bodegas Miranda.

¡Por fin! A todo cerdo le llega su sanmartín.

¡Qué horror! Inés acaba de contarme lo de Adolfo.

Voy a ver a Sofía ahora mismo que debe estar...

Antes debemos dejar cerrado tu viaje a Argentina, corre prisa.

Te irás la semana próxima.

Ah...

¿Hace falta que me vaya así, tan precipitadamente?

Sí, a esa chica se le empieza a notar el vientre.

No debemos dejar que nadie imagine nada.

¿Por qué tengo que irme yo si Carolina sigue en el pueblo?

Carolina se irá a Bilbao mañana.

Aún no hemos avisado a la familia de Rosalía en Argentina.

Hacedlo vosotros mientras yo me encargo de arreglar los pasajes.

Muy bien, pues ya que se encarga usted,

compre dos pasajes.

¿Dos, Vicente? Sí, claro, me voy contigo.

¿Vas a acompañarme ahora, tal y como están las cosas?

Pero si tú mismo me dijiste

que querías aprovechar la debilidad de los Miranda

para ganar cuota de mercado y abrir una puerta por la que crecer.

Ya lo sé, Rosalía, pero las bodegas pueden estar sin mí unos días.

Debo acompañarte, es lo más sensato. Soy tu marido.

Además, sé que te da miedo volar. (SONRÍE)

Si yo estaría encantada, cariño, imagínate.

Pero no van a ser unos días, serán semanas o incluso meses.

Si faltas tanto tiempo, mi amor, las bodegas se resentirán.

Ya está bien, cualquiera diría que no quieres que te acompañe.

No es eso, mi vida.

Pero no me importa pasar un tiempo sola,

sacrificándome por el bien de todos,

por ti, por tu padre, por la familia.

El bien de la familia es que nos mantengamos unidos.

No habrá nada perjudicial en que conozca por una vez a tu padre

y pueda agradecerle lo que ha hecho por nosotros.

Ya, yo estoy deseando que os conozcáis también,

seguro que os lleváis a las mil maravillas.

Pues lo dicho. Padre, compre dos pasajes para Buenos Aires.

Muy bien.

-Llevamos años aguantando su informalidad en los pagos

y sus exigencias. ¿Pretende que le suplique

ahora que nos deja tirados? Ni lo sueñe, Sr. Vila.

Con su pan se lo coma.

-Con calma, Luis, que te va a dar un síncope.

¿Qué ha pasado con ese cliente?

-Rompe sus relaciones comerciales con nosotros

por no sé qué que ha leído en el periódico.

-Sí, a eso he venido, a traerte el periódico.

Échale un vistazo.

(LEE) "Descubierta una botella de vino intoxicado con metanol

de las Bodegas Miranda". -Sigue leyendo.

(LEE) "Santiago Miranda, el dueño,

ha sido encarcelado preventivamente en la prisión de Logroño.

Mientras dure la investigación las bodegas han sido precintadas

y la actividad cesada".

Hijos de perra...

-No han perdido el tiempo,

pero hay que mantener la calma. -¿Cómo quiere que la mantenga?

¿Sabe lo que eso significa? Es una maniobra para hundirnos.

Cuando el barco se hunde las ratas huyen.

-Bueno, hombre, pero no todo son ratas.

Tú y tu padre podéis contar conmigo y con mi familia,

incluida Asunción.

-No me refería a usted, su hija se ha portado muy bien conmigo.

-Sí, mi niña es un ángel.

Ha vuelto cambiadísima del balneario, no sé si te has fijado.

Está muy guapa, está estupenda.

Pero bueno, no he venido a hablar de eso,

sino de las bodegas. ¿Qué pasa con las bodegas?

He oído que hay mucha fuga de clientes.

-Hay que acabar con esto. Las bodegas no pueden seguir cerradas

dejando ir a los clientes a la competencia.

-Tenemos que hacer algo pero estamos atados de pies y manos.

-Usted no, Bernardo,

es el alcalde.

Si no le importa, dígale cuatro palabras al agente Ortega,

y que pare de una vez este despropósito.

-Ya...

No será fácil pero lo intentaré. -No, no.

No lo intente, hágalo.

Y yo pararé esta sangría de clientes.

-¿Sabes qué?

Es la primera vez que veo en ti a Santiago Miranda.

-¿Y qué esperaba?

Yo también soy un Miranda.

No quiero que entiendas este viaje

como una imposición por parte de mi padre.

Tómalo por el lado bueno,

va a ser la luna de miel que no tuvimos al casarnos. ¿Sí?

Dame un beso.

Me voy.

¡Vicente! Llevo toda la noche dándole vueltas a una cosa.

¿No deberíamos decirles a los Reverte que Ricardo fue intoxicado?

Tienes el don de la oportunidad,

has elegido el peor día para contárselo.

Adolfo ha tenido un accidente muy grave, está en el hospital.

Dios mío, ¿está bien? No lo sé.

Ya hablaremos con ellos de esto cuando lo tengamos mejor amarrado.

¿Te parece bien? Sí, claro, no lo sabía.

(Se cierra una puerta)

¿Ana?

Ah. Sí, ¿te acuerdas de mí?

Sí, Rosalía, sí.

Perdona que te llame así, pero...

Es que me urge solucionar un problema.

Verás,

tengo una amiga muy apurada porque...

Porque su novio la ha abandonado después de dejarla embarazada.

Sí, sí, ya sé que es muy parecido a lo que te pasó a ti

con ese impresentable de Jimeno.

Ya...

Ya sé que no te gusta recordarlo,

pero necesito que me digas qué te tomaste para...

deshacerte del problema.

No sé si me entiendes, Anita.

Muy bien.

Gracias.

Te llamaré.

Mi madre y yo tenemos que quedarnos junto a mi hermano,

confío en vosotros para sacar la tarea adelante.

Tú, Guzmán, te quedas al cargo. No se preocupe, Jesús,

estaremos al pie del cañón, como siempre.

De parte de todos los trabajadores quisiera darle muchos ánimos.

¿Cómo está su hermano? Cuando me vine seguían operándolo,

no sé cómo ha salido. Cuando tenga noticias

os las haré llegar. Muchas gracias por vuestros ánimos.

Jesús...

(SUSPIRA)

Qué desgracia.

¿Cómo estás?

Mal. Bueno...

Seguro que Adolfo sale de esta y lo tenemos por aquí dando guerra

en menos que canta un gallo. Ojalá, porque si no...

No sabes lo culpable que me siento. ¿Culpable de qué?

Ni que fueras tú quien le ha mandado al hospital.

En cierto modo ha sido así.

¿A qué te refieres?

¿Pasó algo antes del accidente?

Anoche nos encontró...

aquí a Sofía y a mí,

besándonos.

Amigo, acabáramos.

No me cuentes más, un desastre.

Intenté retenerlo, intenté darle explicaciones,

pero no hubo manera.

Se fue hecho una furia.

Cogió el coche y se salió de la carretera.

Madre mía, lo siento.

No ayudarás a tu hermano sintiéndote responsable del accidente.

Tú no pisaste el acelerador. Pero le robé a su novia,

y soy su hermano. Tú no robaste nada.

Nadie es propiedad privada de nadie.

Tú también lo estabas pasando mal, recuérdalo.

Ella no era su mujer, no estaban casados,

en ese caso la cosa hubiera sido distinta pero no era así.

¿Qué hago, Vicente?

Si mi hermano no sobrevive...

No me atrevo a ir al hospital y asumir lo que pueda pasar.

Jesús, tienes que ser fuerte, no puedes venirte abajo.

Tu madre te necesita,

eres su único apoyo en este momento.

Mi madre...

No puedo ni mirarla a la cara. Si ella supiera...

Tienes que mirar hacia adelante,

tienes que mantener la cabeza bien fría, Jesús,

por tu familia, por tus bodegas...

Así que trágate la culpabilidad, ¿estamos? Y apechuga.

No sé si puedo, yo no soy como tú.

Vicente, no tengo tu coraje. No, sí que lo tienes.

Jesús, yo te conozco de sobra, tú eres un luchador,

eres un hombre hecho y derecho que no se arredra

ante las circunstancias difíciles y esta lo es, de acuerdo,

pero no flaquees ahora, hazme caso.

Ve al hospital y ya verás como todo sale bien.

Gracias.

Eres un buen amigo.

Puedes contar conmigo para lo que haga falta

con tu familia y las bodegas, lo sabes.

(EXHALA) Ya.

Hija...

-Sí, termino de hacer la cama y bajo enseguida.

-Es que hay alguien que quiere verte.

-¿Quién es?

-¿Qué hace usted aquí? -Quiero hablar urgentemente contigo.

El tiempo corre en nuestra contra. -Ahora no agobie a mi hija.

Estamos hasta la coronilla de los Cortázar,

solo nos traen complicaciones y disgustos.

-Déjelo, madre, que no quiero que se entere toda la fonda.

¿Nos puede dejar a solas, por favor?

Sea lo que sea lo que me tiene que decir tiene que ser muy importante

para que el todopoderoso Alejandro Cortázar

se presente aquí,

en la humilde habitación de una simple tabernera.

-Pasado mañana sales para Bilbao, te esperan en la residencia.

-¿Ya está todo dispuesto?

-Solo tienes que hacer tu equipaje y despedirte de tu madre y de tu novio.

-Yo no puedo marcharme así como así,

no puedo dejar a mi madre en la estacada.

No podría llevar la fonda sola. No, no puedo.

-No te preocupes, le daré dinero a tu madre para que contrate

a una persona en tu lugar.

-Lo tiene todo tan planificado que me siento como una marioneta.

-Sé que tu novio y tú pensáis que soy un viejo egoísta y sin corazón.

-Pues sí. -Pero no soy tan duro.

Agradezco de verdad el enorme sacrificio que estás haciendo

y no voy a olvidarlo nunca. -Como para olvidarlo.

Ay, Sofía...

No sabes cómo necesitaba un abrazo.

Qué nochecita en el hospital...

¿Y tu novio cómo está?

Mal, Rosalía, está mal.

Los médicos ni siquiera saben si...

No sé, es horroroso.

Dime qué puedo hacer yo que me ocuparé de todo.

Si quieres te puedes instalar unos días en casa

y así te sentirás menos sola.

No, quiero estar a su lado.

Claro, Sofía, como siempre, tú a su lado.

Ya verás como los médicos de este hospital

lo sacarán adelante,

y más teniéndote a ti,

que eres como un ángel.

Ay...

Hay que tener confianza, Sofía. Ay...

Hablemos de otra cosa, anda, que me ayuda a no tener miedo.

¿Qué tal los planes de tu suegro? (SUSPIRA)

A mi suegro no hay quien le haga bajar del burro.

La semana que viene me manda a Argentina.

No... Y lo peor no es eso,

Vicente quiere acompañarme.

Rosalía, se va a dar cuenta de todo.

O tal vez no.

Puede que...

Que pase algo que lo evite.

¿Que pase qué?

No sé, un golpe de suerte inesperado...

No sé, la esperanza es lo último que se pierde.

Bueno, de todas formas quizá...

no es mal momento para que le digas a Vicente quién eres de verdad

y así no tienes que seguir cargando con esta mentira.

Sea como sea, usted sale ganando.

Sin embargo yo pierdo a mi hijo. -No lo perderás del todo,

tengo una compensación.

Quiero que seas la cuidadora de esa criatura.

-¿Cómo?

¿Me está ofreciendo ser la nodriza de mi propio hijo?

-Sí, así podrás verlo y estar con él.

Pero, con una condición.

-Ah, claro, la condición, ya me parecía a mí...

-No debes confesarle jamás que eres su madre.

-Ya he tomado una decisión.

Si he decidido renunciar a mi hijo no quiero volver a verle,

no tendría valor para...

Para acunarle en mis brazos,

para cambiarle los pañales y...

Y para consolarle en su llanto y no poderle decir que soy su madre.

-Está bien si es eso lo que decides. Te agradezco tu sinceridad.

Pásate esta noche por mi casa,

Te daré el dinero que necesitáis tú y tu madre

y el billete para que te vayas a Bilbao.

(RECUERDA) "Usted es un hombre inteligente.

Seguro que encuentra la manera de culpar a Santiago Miranda

de esas dos muertes sin tener que mancharse las manos.

Podría alegar que Santiago Miranda se aprovechó

de su amistad con usted, de su cercanía,

y saboteó esos análisis.

No sé ni siquiera cómo puedes pensar que yo...

haga cosas así.

Ahórrese los cargos de conciencia, hágame caso.

Usted solamente tiene que pensar en el 10%".

Bernardo...

¡Bernardo!

-Perdona, dime.

-No, es que no salgo de mi asombro.

No cabe en mi cabeza cómo han podido detener a Santiago Miranda,

como si fuera un vulgar delincuente,

si él es un hombre ejemplar. ¿Y tú por qué no dices nada?

-Nada... Nada, por nada.

-Ay, Bernardo, esa mirada tuya extraviada...

No me gusta ni un pelo.

¿Se puede saber por qué estás tan raro?

-No seas tan pesada, déjame un poco tranquilo.

-Ya, ya... (RÍE)

Ya sé lo que tienes en tu mente: a una pelandrusca.

-¿No puedes pensar en otra cosa?

Hay más asuntos que me pasan por la cabeza.

-¿Ah sí? Pues dímelos. ¿Por qué tienes secretos con tu mujer?

-Me preocupan los Miranda.

Sus negocios son los nuestros desde que somos socios,

y esta mañana he estado hablando con Luis y lo noté...

Muy alterado.

-A ver, con la que tiene encima el pobre.

Su padre en la cárcel y su madrastra, en lugar de ir a verle,

perdiendo el tiempo con el panadero. Menuda fresca está hecha.

-Clotilde, Luis está intentando de impedir un desastre,

pero las bodegas están abocadas al desastre.

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a las noticias que están saliendo en los periódicos

sobre la intoxicación de los vinos Miranda.

Al parecer ya hay buenos clientes que están abandonando las bodegas.

-Ay... -Y como la cosa siga avanzando así,

será cuestión de días que esto acabe mal.

-¿Pero entonces esto también podría afectarnos a nosotros?

-Pues eso es lo que estoy tratando de decirte, Clotilde.

Estoy que no me llega la camisa al cuello.

Como esto vaya a más, nuestro 5%

valdrá menos que un saco de arena en el desierto.

-Bueno...

También es mala suerte, ahora que empezábamos a meter

la cabeza en el negocio de los vinos que pase todo esto.

Bueno, tampoco hay que alarmarse.

Seguro que a Santiago le soltarán bien pronto.

Tú mismo dijiste ayer que no había muchas pruebas contra él.

Total, una botella de nada...

-Ya. ¿Y si aparecieran nuevos cargos?

-¿Tú crees que eso puede ser? -Con permiso, don Bernardo.

Creo que me ha mandado llamar. -Ortega, sí, perdón.

Sí, efectivamente. Tome asiento. Clotilde, ¿no te importa?

Tenemos que hablar. -Claro, querido.

Buenas, eh, agente Ortega. -Pues muy bien, señora.

-Con Dios. -Adiós.

Bueno, pues aquí me tiene. Dígame, señor alcalde.

-¡Ay! -Hola.

-¡Dimas! (RÍE)

Pero...

¿Pero cómo se te ocurre venir aquí?

¡Eh!

Por Dios, por Dios... -¿Qué?

-¡Qué guapo!

Estás loco. -¡Qué no! Tranquila,

no me ha visto nadie. He aprovechado que salía Chelo para entrar.

Sí, estoy loco, estoy loco por ti.

Solo tenía ganas de verte.

-Dimas, por Dios... Ay, por Dios...

Si alguien nos viera y nos descubrieran

y llegase a oídos de Santiago todo esto...

No sé lo que pasaría.

Dimas,

no hace falta que te recuerde cosas pasadas bastante desagradables.

-No he podido contenerme. Después de lo de anoche solo quería

estrecharte entre mis brazos y comerte a besos.

-Quiero saber cuándo va a levantar el precinto de las Bodegas Miranda.

-En cuanto terminemos de registrarlas,

ya se lo dijo ayer mi sobrino.

-Sí, hablé con su sobrino ayer,

pero su sobrino no me inspira mucha confianza.

-Bien, pues ya se lo digo ahora yo.

Tardaremos bastante porque hay que hacerlo de manera minuciosa,

tenemos que asegurarnos que no queda metanol

en ningún rincón de la bodega. -Sí, pero sin demora,

cada día que pasa con las bodegas cerradas es un desastre, Ortega.

Un desastre para toda la comarca en general y para la familia Miranda,

sus empleados y sus familias en particular.

-Lo que tenemos que hacer ahora, mi primera prioridad

es que no salga ninguna botella tóxica de esas bodegas.

Bueno, eso y que tenemos que encontrar pruebas

para aclarar la implicación de su amigo Miranda.

-¿Por qué dice "su amigo" con ese tono?

-No, no, no, porque me había parecido que a usted le interesaba más

la suerte del bodeguero y sus negocios

que la investigación que hacemos. -Se ha equivocado usted, de plano.

-Bueno, pues me alegra y le pido disculpas.

Entiendo que como alcalde no quiera ver asociado el nombre de Lasiesta

con un vino adulterado por mucha marca que tenga.

Por más que...

Que usted sea socio de esas bodegas, no sé si me entiende.

-Déjese de insinuaciones, Ortega, y no me toque más las narices.

Haga lo que tenga que hacer, pero hágalo ya.

-Sí, en eso estoy.

Así que, con su permiso, me retiro que tengo que continuar

con el registro de la bodega.

Madre, venimos del quirófano.

Nos han dicho que le habían subido.

Lo han traído hace una hora. ¿Cómo ha ido, Renata?

La operación parecía que no iba a acabar nunca.

Ha habido un momento que han tenido por su vida.

El accidente ha sido terrible.

Ha perdido mucha sangre.

Va a salir bien.

Sí, tenemos que estar contentos de que esté aquí

y que esté con nosotros.

Madre, ¿le han dicho algo más los médicos?

(HILO DE VOZ) Sí.

Que tiene lesiones en la cabeza

y que el cerebro lo tiene más dañado de lo que pensaban.

Solo hay que esperar.

¿Esperar cuánto?

Pues... a que despierte.

Pero también puede ser...

¿Que no despierte?

No digáis eso, por favor, va a despertar.

Estoy segura de que va a despertar.

(SUSURRA) Dimas...

Me has enseñado tantas cosas...

Tú me has devuelto a la vida.

Estaba como muerta antes de que tú y yo...

-Dime que dejarás a tu marido.

Júrame que te casarás conmigo.

(Puerta)

Bueno, pues aquí tiene los pastelillos que tanto le gustan.

Ya me voy. -Muchas gracias, Dimas.

Muy amable. -Adiós.

-Buenos días. -Adiós, Dimas.

(LUIS RESOPLA)

-¿Qué te pasa, Luis? Pareces un alma en pena.

-Estoy agotado.

Llevo toda la mañana visitando clientes para evitar que nos dejen.

-¿Por qué crees que puede ocurrir eso?

-¿No has leído el periódico? Échale un ojo.

Ahora todos saben que bodegas Miranda venden vino intoxicado con metanol.

Y esos clientes descontentos se van directos a la competencia,

a las bodegas Cortázar.

Malditos... hijos de perra. -¡Luis!

Hablas igual que tu padre, me sorprendes.

Me preocupa, tú nunca has sido así. -Parece que las cosas cambian, ¿no?

Los Cortázar... no, un miembro de los Cortázar me hace hablar así.

Si Elena no hubiera removido esto, mi padre no estaría en la cárcel.

Elvira...

Ya sé cuáles son tus sentimientos hacia mi padre,

pero, por favor, te pido que vayas a verlo.

Por favor, la cárcel es muy dura.

Su estado de ánimo se va a resentir y se va a venir abajo.

Si te ve, se animará.

Elvira, por favor.

(ELVIRA SUSPIRA)

Está bien, Luis.

Iré a verle.

-Gracias, de verdad.

Mi padre se alegrará de verte.

-Esta misma tarde he pasado por la carretera de Briones.

He visto el estado del coche y se me ha helado la sangre.

Esperemos que sea menos de lo que parece.

Estamos muy unidos a los Reverte. -Como nosotros, de toda la vida.

Bueno, luego Inés irá a Logroño a estar con Renata.

Cuando vuelva, ya nos contará cómo están las cosas.

Yo le dejo, tengo trabajo que hacer. Si no, me va a pillar el toro.

-Sigues igual con Eduardo, ¿no? -Sí, por lo que pasó con Roberto.

Con Manuela tampoco me hablo, o sea que...

-Siento mucho que estéis en esta situación.

-Yo también.

Pero mira, metí la pata y acabé explotando.

-Dales un poco de tiempo.

Seguro que todo se arregla, ellos te aprecian mucho.

-Ya, pero hay cosas sin marcha atrás, Elena.

-Ya verás como sí.

-Don Luis, ¿puedo ayudarle en algo? -Si te quitas de en medio, sí.

(RAFAEL RESOPLA) -¿A qué debemos tu visita?

-No he venido a hablar contigo, Elena.

Entre tú y yo ya está todo dicho. -¿Entonces a qué has venido?

-¿Dónde está el que manda aquí? -Lo que sea me lo puedes decir a mí.

-He dicho "el que manda", Rafael, no el último mono.

¿Dónde demonios está Vicente?

-¿Pero tú quién te crees que eres, imbécil?

-Supongo que os habrá sentado muy bien el desayuno

con lo que ha publicado La Gaceta de La Rioja.

-Nuestra familia no tiene la culpa de lo que ha hecho tu padre.

Si La Gaceta ha publicado que habéis intoxicado el vino,

es porque lo habréis hecho. -Claro.

Y qué bien os viene que la prensa se haga eco, ¿no?

-¿A qué viene esto? -¿No os lo ha comentado Vicente?

¿No os ha dicho que aprovecha para robarnos los clientes?

-Nosotros no hacemos eso, no somos como otros.

-Bravo, Elena, muy bien. Así habla una auténtica Cortázar.

-Bueno, Luis, si has acabado de soltar tu mierda, te puedes ir.

-Sí, me voy a ir, pero quiero que le deis un mensaje a Vicente.

Decidle que no vais a poder con nosotros.

Cuando mi padre salga de la cárcel vamos a trabajar mano a mano

para que la Miranda siga siendo la mejor bodega de la comarca.

Que le quede muy claro.

-¡Luis!

¿Así se supone que va a ser a partir de ahora?

-¿Así, como? -Como si nos odiáramos.

-Eres tú la que se ha empeñado en meter a la cárcel a mi padre.

Lo has conseguido. Enhorabuena, Elena Cortázar.

Nos dijeron que nuestras familias siempre habían estado en guerra.

Parece que seguirá siendo así.

(SUSURRA) -Gracias.

-Cariño, es un detalle que hayas venido a verme.

-Tu abogado dijo que me echabas de menos y aquí estoy.

Dime, querido, ¿cómo te encuentras?

-¿Hablas de la bofetada que me diste cuando vino la policía?

De eso me encuentro mejor.

-Bofetada es que detengan a tu marido como a un delincuente.

-Yo soy un delincuente y tú una zorra.

Parece que siempre fuiste una gran dama romántica,

pero sigues siendo una fulana de tres al cuarto.

-Siempre con la misma monserga.

Ya no quiero discutir más contigo, Santiago,

ni que me restriegues un pasado del que ni yo misma me acuerdo.

-¿Quieres que hablemos del futuro que te espera

cuando yo salga de aquí? -No, voy a hablar yo.

Escúchame, por favor, aunque sea por una sola vez.

Ya es hora de que acabemos con esta vida de odio y desprecio.

El cariño que pudimos tenernos hace mucho tiempo que acabó.

-¿De qué estás hablando?

-Hablo de separarnos.

Concédeme la separación o la nulidad o lo que tú quieras,

pero a partir de ahora es mejor que cada uno siga su camino.

(Música de tensión)

-¿Te has vuelto loca?

¿O qué?

¿Olvidas que eres mi mujer? A mí no se me abandona sin más.

-Nadie está hablando de abandonar a nadie.

Te pido que seamos honestos con la realidad

y que reconozcas que hace mucho que nuestra relación está muerta.

-Tantos años conmigo y parece mentira que aún no me conozcas.

Cuando me abandonó mi primera mujer

tuve que soportar las habladurías de todo el pueblo.

Sus comentarios.

Nunca más volveré a pasar por algo así.

-Yo no quiero hacer lo que hizo ella, salir huyendo a escondidas.

Yo quiero hacer las cosas de frente, hacer las cosas bien.

-Tú lo has dicho.

Harás las cosas como Dios manda.

Volverás a casa y esperarás allí a que yo vuelva

como la buena esposa que nunca conseguiste ser.

Las cosas van a cambiar ahora.

A ojos de todo el mundo, seremos un matrimonio perfecto.

-No, por favor, Santiago, sé razonable.

-Soy tan razonable

que no voy a tener en cuenta esta conversación.

Y tú tampoco,

(ENRABIADO) o te juro por lo más sagrado

que te vas acordar de ella el resto de tu vida.

¡Guardia!

La señora se va.

Muy bien, muchas gracias.

Ahora salen del hospital él y Sofía. Renata pasará la noche con su hijo.

¿Qué tal ha salido la operación? Bien.

Tenía heridas graves en la cabeza y ha perdido mucha sangre.

Le han hecho una transfusión y está estable.

A ver si evoluciona.

Todo depende de si se despierta. Pobre Renata.

Lo estará pasando fatal.

Mañana mismo voy a verla para ver si necesita algo.

Le he dicho a Jesús que nos avise para lo que haga falta.

(SUSPIRA) Esperemos que todo salga bien.

En fin...

¿Qué tal ha ido el día por la bodega?

No paraba de recibir llamadas de antiguos clientes de los Miranda

que se quieren venir con nosotros. Él mismo se ha puesto la soga.

Su codicia ha acabado con él. No.

Todavía no está acabado, pero yo diría

que este es el principio del fin de las bodegas Miranda.

En un solo día ha perdido a cinco de sus mejores clientes, padre.

A río revuelto, ganancia de pescadores, ¿no, Vicente?

Estarás muy feliz con lo que está pasando.

Pues sí, todos los Cortázar deberíamos estar felices.

Yo estoy feliz. ¿Usted está feliz? Estamos felices.

Yo soy una Cortázar y no estoy feliz. Al contrario, siento lástima

al ver que estás tan feliz con todo esto.

¿Sientes lástima del asesino de tu hermano?

Quiero que Santiago pague por lo que ha hecho,

pero no puedo dejar de sentir asco y vergüenza al verte tan alegre.

-Por favor, dejad de discutir. -Es verdad, padre, tiene razón.

Estoy harta de estar siempre discutiendo con todo el mundo.

(SUSPIRA)

Se me hace raro saber que no va a entrar por aquí,

armando bulla. Adolfo se va a poner bien.

Me siento como si estuviera en mitad de una pesadilla.

Sí, pero vamos a despertar pronto. ¿Te preparo algo de comer?

No, me voy a casa. ¿Te acompaño?

Me apetece pasear y que me dé el aire.

Prefieres estar sola.

(SUSURRA) Sí.

¿Cuándo vamos a hablar, Sofía?

¿Hablar de qué?

Antes de que ocurriera esta desgracia

tú me dijiste que habías tomado una decisión.

Que habías dejado a Adolfo, que no le quieres.

Eso me hizo pensar que lo nuestro tiene futuro.

¿Futuro?

¿Qué futuro, con tu hermano entre la vida y la muerte, Jesús?

Sé que estás sufriendo, Sofía, y yo también sufro.

Más que tú, es mi hermano. Lleva pegado a mí desde que nació,

pero eso no cambia lo que siento por ti.

Entiendo que te sientes culpable, yo también me siento culpable,

pero no... Pero no te enteras de nada.

¿De qué no me entero, Sofía?

Habla, por favor.

Jesús, si Adolfo sobrevive,

tú y yo no podremos estar juntos porque le haría demasiado daño.

Mira lo que ha pasado porque nos vio besarnos.

Y si...

(VOZ TRÉMULA) Y si Adolfo muere...

Si Adolfo muere, no nos lo vamos a perdonar en la vida.

Puede que si nada de esto hubiera pasado,

le hubiéramos echado valor y le habríamos dicho

que no lo hemos hecho a propósito

y que lo que sentimos, lo sentimos desde hace tiempo,

que no queríamos admitirlo ni decirlo, pero era así.

Pero lo cierto es que nos vio

y ahora está en el hospital.

Tú y yo estamos condenados a no estar juntos en la vida.

Tomarás el tren de Logroño para Bilbao.

En la estación te estará esperando una monja de la congregación.

Esto es para que tu madre contrate a una persona mientras tú no estés.

Tú tendrás una asignación mensual durante toda tu vida.

-Yo no quiero ni una peseta de los Cortázar.

No quiero nada que me ate a su familia.

Le doy a mi hijo para que no le falte nada.

-Para eso y para que deje en paz a Ángel y a mi madre.

¿Será usted capaz de cumplir su palabra?

-Te lo prometo, te doy mi palabra.

-¿Te encuentras mal? -Sí.

No, es solo un mareo.

Es por el embarazo. -¿Aviso a un médico?

-No, solamente necesito refrescarme un poco.

¿Puedo ir al baño? -Sí, en el pasillo, segunda puerta.

A la derecha.

¿Hablaba con alguien, Don Alejandro? Con Carolina, pero ya está resuelto.

¿Se ha ido ya? ¿No puedo hablar con ella?

¿Para qué?

Porque soy yo quien va a criar al niño de esa muchacha.

No estaría de más que le pudiera decir...

que lo voy a querer como si fuera sangre de mi sangre.

A mí también me vendría muy bien tener una conversación...

de madre a madre.

Está bien, Rosalía, me parece muy bien.

-Ay, mi hijo.

Despiértate, mi amor. Despiértate, vida mía.

Vuelve con tu madre, mi vida.

(LLORA) Vuelve conmigo.

(Tocan a la puerta)

-Renata...

(SUSURRA) ¿Cómo estás?

-Bien.

-No sabía si venir, porque lo mismo molestaba.

¿Estás sola? -Jesús y Sofía se acaban de marchar.

Se habían empeñado en que me fuera a descansar a casa

y que ellos se quedaban, pero tienen sus obligaciones.

-Deberías haberles hecho caso, hay que dormir, Renata.

-Yo no me voy a separar de mi hijo.

(INÉS SUSPIRA)

Muchísimas gracias por venir.

-Qué cosas tienes. -Siéntate aquí.

Me derrumbo continuamente, hija.

Es una tragedia.

Primero mi Ricardo y ahora...

-No sabes cuánto lo siento, Renata.

¿Qué han dicho los médicos?

-Que nos armemos de paciencia y que solo podemos esperar.

-Claro que sí.

Mañana sin falta lo pongo velas a Nuestra Señora de Valvanera

y que interceda por tus hijos.

Mira lo que te he traído.

Ahora mismo te me tomas una tacita de café con leche

y uno de estos bollitos.

-Es que no puedo comer nada, tengo el estómago cerrado.

-No hay discusión, Renata. Hay que coger fuerzas.

Hazlo por tu hijo.

-¿Y don Alejandro?

Le he pedido que nos dejara solas.

Siéntate. Deberíamos hablar.

Ya sé lo que tiene que decirme.

Que por mi culpa va a tener que criar un hijo que no es suyo.

No, ya no pienso así, Carolina.

Don Alejandro me ha convencido igual que a ti

y entiendo tus razones.

Yo criaré a ese niño lo mejor que pueda.

Pues hágalo bien, por favor.

Necesito saber que se ocupará bien de él.

(SOLLOZA) Por favor. Voy a ser una buena madre.

Te prometo que lo voy a querer tanto como lo hubieras querido tú.

Está bien, mejor me voy a ir. ¡No! No te vayas, Carolina.

No en ese estado.

Don Alejandro me ha dicho que no te encontrabas muy bien,

que andabas algo mareada.

Mira, te he preparado una tisana.

Bébetela, yo tengo otra.

No, doña Rosalía, no me apetece.

Lo hago por ti, por tu bien y por el de tu hijo.

Le vamos a echar un poquito de miel, que es muy buena.

Ya verás, te va a sentar muy bien.

(SUSURRA) Gracias.

No hay nada que no te pueda sentar mejor que esto.

Se te quitará el malestar, ya lo verás.

Te vas a encontrar mejor.

(Música de suspense)

Tengo mucho miedo de lo que pueda pasar.

-No te pongas en lo peor, Renata.

Adolfo rebosa salud, está fuerte como un roble y todavía es joven.

Ya verás como sale adelante. -Tenía tantos proyectos...

Trabajar con su hermano en las bodegas,

el Consejo Regulador, casarse con Sofía...

-Y podrá hacerlo, podrá hacer todo eso y mucho más.

Te va a dar unos nietos preciosos con esa muchacha tan preciosa.

-Sofía está fatal, lo está pasando muy mal.

Jesús está hundido, yo creo que más que cuando lo de Ricardo.

-Jesús es muy buen hermano.

Siempre ha dado la cara por él y le ha protegido

a pesar de las trastadas de tu Adolfo.

-Siempre se han peleado y discutido, pero como hermanos.

Queriéndose mucho.

Ahora tú te tienes que ir, que se te va a hacer tarde

y los Cortázar te van a echar de menos.

-Más me vale o perderé el último autobús a Lasiesta.

Me haces el favor de echarte una cabezadita, ¿eh?

-Sí. -Ya haré por volver a verte.

Te traeré un potaje,

que seguro que la comida del hospital no vale nada.

-Lo que tú me digas.

(Música triste)

-Luis.

-Asun...

(BORRACHO) ¿Qué haces aquí?

-Llamé a tu casa, me dijeron que estabas en las bodegas.

¿Qué haces aquí, Luis? Es muy tarde.

-Sí, es muy tarde.

Es muy tarde para todo.

Mi padre sigue en la cárcel,

los clientes se van de la bodega

y la que creía la mujer de mi vida apoya a quienes me odian,

de mis enemigos. -¿Qué ha hecho Elena?

-Me ha dado la espalda

cuando más la necesitaba y creía que podía confiar en ella.

(RÍE)

Qué ironía, ¿no?

(CARRASPEA) Elena es una Cortázar de pura cepa.

Lo único que tiene en su corazón es odio hacia los Miranda.

-Luis, por favor.

No soporto verte así.

Antes prefiero verte con Elena.

(LUIS RESOPLA)

¿Sabes, Asunción? Tú...

Tú siempre has sido una chica especial.

Por suerte para ti, no te pareces a nadie.

Siempre has sido una chica amable que ha querido ayudarme.

Yo no he estado a la altura. Te he hecho daño.

-No.

Lo que ocurre, Luis...

es que cuando tú quieres a alguien por encima de todo

lo único que te preocupa es su felicidad.

Y yo...

Yo te quiero.

-No sé qué decir.

-No digas nada.

No hace falta.

-Asun, Asun...

Verás, creo que... no es una buena idea.

Estoy un poco confuso.

Lo último que querría es hacerte daño otra vez.

(SUSURRA) -No te preocupes.

No me vas a hacer daño.

No me vas a hacer daño porque yo no espero nada.

-Asun, por favor...

-Nunca en mi vida te he oído hablar de casarte.

Siempre querías ser independiente,

libre para poder viajar y conocer otros mundos.

Piénsatelo bien, por favor.

No lo hagas por rabia o por castigarme a mí.

O por castigarnos a todos.

-Luis y yo hemos vuelto. -¿Cómo?

-Ahora que ya no estáis juntos.

Pero bueno, es diferente, es una relación más madura.

Más pasional, aunque me imagino... -Me alegro por ti.

-Anoche me dejé llevar, Asunción. -Ya, pero, ¿te gustó?

-Sí, claro, pero fue todo muy confuso, muy precipitado.

No quiero más malentendidos entre nosotros.

¿Sabe que Matías, mi cuñado,

llegó a jugar en un club nacional con un nombre muy curioso?

Los Centauros, Vicente. Que no, mujer, los Centauros no.

Los Indios. Me dijiste los Indios.

Automáticamente pensé en una película de vaqueros.

Bueno, ¿qué más da?

Ahora vuelvo. Me dijo los Indios.

Solo sé que Santiago Miranda está en la cárcel por sus errores.

Yo no pienso dejarme arrastrar en su caída.

Antes me alío con los Cortázar, fíjate bien lo que te digo.

Yo no dejaría pasar la ocasión. Ahí está Ortega.

Dígale que Miranda es responsable de la muerte de Reverte y el cura.

Vamos, Bernardo, acabe con esta pesadilla.

(ENFADADO) Han liberado al Miranda. (INCRÉDULA) ¿Por qué, qué ha pasado?

No han hallado cargos contra él. (RESOPLA)

(SOLLOZA) Si Adolfo sale de esta no podré mirarlo a la cara.

Si no he sido capaz de ir a acompañar a Renata al hospital.

(LLORA) Lo veo en la cama y me muero de la pena.

Vámonos para allá arreando.

(Pitido intermitente)

Dimas, llama a una enfermera.

¡Adolfo! (DIMAS) ¡Enfermera!

Corre, Dimas. ¡Adolfo!

¿Qué le pasa?

¡Adolfo!

(Pitido continuo)

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 77

21 ago 2013

 Luis está pasando sus peores momentos. A la ruptura y enfrentamiento con Elena, se suma la mala situación de sus bodegas. Asunción aprovecha su oportunidad para consolarle. Adolfo, tras el accidente automovilístico, es operado de urgencia y aunque de momento sobrevive, su vida sigue en serio peligro.

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