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2001988
No recomendado para menores de 7 años  Gran Reserva. El origen - Capítulo 76 - Tras descubrir a Jesús y Sofía besándose, Adolfo les acusa de traidores - ver ahora
Transcripción completa

Roberto me ha pedido que me case con él

y le he dicho que sí.

-¿Cómo ha sido eso? -Porque nos queremos.

Y tarde o temprano nos casaremos. ¿Para qué esperar?

Así puedo ir a Holanda con él y les ahorro un disgusto.

-Que sea en hora buena, hija.

Mírala. ¡Ay! -¿Y usted, padre? ¿Qué dice?

(BALBUCEA) -Claro, hija. Enhorabuena.

-Nos vamos a casar.

Hubo un momento en que no tenía claro qué sentía por ti.

Incluso pensé que podíamos llegar a ser más que amigos,

pero ahora sé quién eres.

Y solo siento desprecio por ti.

-Removeré cielo y tierra para liberarlo.

-No quiero fingir que me duele que esté en la cárcel,

porque, para mí, es mucho mejor que esté allí.

-¿Crees que está detrás de la muerte de Gabriel? Elvira, por favor.

Los Cortázar habéis provocado esto para meter a mi padre en la cárcel.

-Luis, tu padre se merece lo que le está pasando.

Es culpa suya. -Sal de mi casa.

Necesito saber la verdad.

-Fue Ormaechea.

Se le fue la mano con el metanol.

Gabriel Cortázar se enteró no sé cómo,

y me pidió un millón de pesetas por guardar silencio.

Quedé con él en la bodega de los Cortázar.

Estaba en el suelo envuelto en un charco de sangre

y muerto.

Tenía poco tiempo, si me descubrían allí

o averiguaban que estuve allí me acusarían de su muerte.

-Cuando me acusaron del asesinato de Gabriel

usted pudo contar esto y no lo hizo.

¿Y usted se hace llamar padre?

Si no frenamos cuanto antes, luego será peor.

¿Frenar qué? ¿La boda o nuestra relación?

¿Nuestra relación?

Me ha dejado. ¿Por qué?

Eso me gustaría saber.

¿No te ha dicho la razón?

La he pifiado pidiéndole que se casara conmigo.

No me parecía justo seguir con él cuando estoy enamorada de ti.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

No lo entiendo, padre.

Le juro que no lo entiendo.

Permitió que me detuviera Ortega,

a mí, a su hijo,

y me acusara de matar a Gabriel.

Sabiendo que contando la verdad podía ahorrarme el sufrimiento

de ser señalado como un asesino, y no lo hizo.

-Sabía que eras inocente y que con un buen abogado

saldrías a la calle.

Y eso es lo que pasó.

¿Quién te sacó de la cárcel? -Qué más da, padre.

¿Cómo ha podido mentirme durante tanto tiempo?

El vino adulterado, el cadáver de Gabriel... ¡todo!

-Solo quería protegerte.

-Adiós, padre.

¿Protegerme a mí o a usted?

Fue su codicia y su ambición la que le llevó a adulterar el vino.

Y esa codicia provocó el resto.

-Tienes razón, no lo negaré.

la bodegas perdían mercado frente a los Cortázar

y tenía que hacer algo.

Estaba desesperado.

Apenas teníamos vino para atender los pedidos.

-¿No pensó otra cosa que adulterar el vino?

-No fue idea mía.

Ese químico, Ormaechea,

me sugirió que comprando vino barato

se le podía aumentar la graduación añadiéndole metanol.

Y así saldríamos del atolladero.

-Qué gran consejero.

¿Por qué no acudió a mí?

-No creas que no me he arrepentido.

Cuando me enteré de que la mezcla era letal,

hice desaparecer toda la partida intoxicada, la 356.

¿No te acuerdas?

(SUSPIRA)

No me puedo creer que te esté abrazando

y besando.

Había imaginado tantas veces este momento, Sofía.

(Música de tensión)

Adolfo.

Escucha. No tengo nada que escuchar.

Ya he visto suficiente.

Me has dejado por esto, ¿no?

Por mi hermano.

Las cosas no son como piensas, no es fácil...

¿Ah, no? ¿No has estado jugando a dos bandas?

¿No te has reído de mí a la cara?

Eres una hipócrita.

Ahora sé por qué no querías casarte.

Por qué rechazaste mi propuesta de matrimonio. Escóndete.

Es lo único que puedes hacer.

¿Y tú?

El bueno de Jesús.

El honrado y responsable Jesús

es un falso, tan mentiroso como ella.

¿Cómo has podido traicionarme así?

Sofía y yo nunca... ¿Nunca?

Esto ha surgido ahora mismo, por arte de magia.

¿Desde cuándo?

Desde mi viaje a Barcelona. ¿A que sí?

No, Adolfo. Sí, claro.

Fue cuando me dijiste que no querías casarte, de momento.

Estáis liados desde entonces. No lo estábamos.

Siempre nos hemos tratado como... Como dos cuñados, ¿no?

Me vas a decir eso.

No quería hacerte daño. No querías hacerme daño.

Esta sí que es buena.

Te has cubierto de gloria.

Piensa lo que quieras, esto.... ¡Esto es una mierda!

¡Eres un cabrón!

Y tú, la desilusión de mi vida.

Sois tal para cual.

Me dais asco.

Me acusabas de ponerte los cuernos hace poco

y tú me los ponías con mi propio hermano.

Eres una... ¡Cállate!

¿Que me calle? Ahora te haces el valiente.

El hermano mayor. El ejemplo a seguir.

Te partiré la cara. ¡Basta! ¡Basta!

(ALTERADA) ¡Basta! ¡Basta!

¡Basta!

Espero que seáis felices los dos juntos.

Porque sois tal para cual.

Solo quiero saber una cosa.

¿Cómo podréis confiar el uno en el otro?

(SOLLOZA)

(LLORA)

(SOLLOZA)

Localicé las botellas que había robado ese tal Gervasio

antes de que ocurriera una desgracia.

Todas menos la que ha encontrado la policía.

(LUIS SUSPIRA)

-¿Qué pasa?

¿No me crees?

Nadie ha muerto por culpa de ese vino.

-¿Ah, no?

Qué me dice de Gabriel Cortázar.

Quizá no bebió de las botellas, pero murió.

Murió porque conocía su estafa. -Yo no le maté.

Estaba muerto cuando llegué a la bodega para pagar el chantaje.

Mi único pecado fue tener miedo y esconderle en una de las tinas.

Esa es la pura verdad, hijo. Créeme.

-Le creo, padre.

Pero si es inocente como dice,

debe contarle esta historia a Ortega.

Es la única manera de que se aclare todo.

-Por Dios, hijo. No seas iluso.

Los Cortázar se echarán sobre mí como perros,

tú lo sabes. -Puede que no.

Solo quieren ver encerrado al que mató a Gabriel.

-Pues sigue ahí, en la calle. Libre.

-Por eso debe contarle la verdad a Ortega.

-No puedo.

He mentido.

Ya has visto

que mi coartada sobre aquella noche es falsa.

Pagué al camarero para que dijese que estuve allí.

Si todo esto sale a la luz,

seré el perfecto culpable.

Me encarcelarán para el resto de mi vida.

Será el fin de las Bodegas Miranda.

Tenemos que cambiar de estrategia.

Y necesito contar contigo.

-No te esfuerces tanto, Pajarillo.

No vaya a ser que te hernies por rascarte la barriga.

-Me rascaba la cabeza.

A la barriga no me llego por la zamarra del uniforme.

El juego potencia la mente y ayuda a su desarrollo.

Me han dicho.

-Dime dónde está Ortega y déjate de mandangas.

(DUDA) -Eh... Aquí no.

-Eso ya lo veo.

¿Cuándo vendrá? -Quién sabe.

-Don Bernardo, qué sorpresa.

¿Qué podemos hacer por Ud.? -Nada.

Quería hablar con tu tío cara a cara.

-No, eso no podrá ser.

Está revisando las Bodegas Miranda

para asegurarse de que no haya botellas adulteradas.

-De eso quería hablarle.

Esto es una barbaridad. Las bodegas no pueden seguir cerradas.

-Cuando una empresa comete un delito contra la salud pública,

es lo mínimo para evitar males mayores.

-Don nadie, tú no sabes como funcionan las cosas aquí.

Y menos, como funciona el negocio del vino.

Las Bodegas Miranda son el motor económico de la zona.

No pueden seguir indefinidamente clausuradas.

Mucha gente depende de que esa maquinaria siga adelante.

Familias enteras.

Hay que abrirlas inmediatamente.

-¿Lo dice usted o S. Miranda?

-Lo digo yo que soy el alcalde. -Y socio y amigo del acusado.

No me mire así, don Bernardo.

Tiene el 5% de esas bodegas. Consta en los papeles requisados.

-¿Y qué? ¿Qué?

-¿Qué?

Lástima que se ponga a la defensiva, porque me gustaría preguntarle

si sabía algo más acerca de esos vinos.

-Ya que sabes tanto,

deberías saber que mi porcentaje en las bodegas

no me permite ir más allá de los temas administrativos.

-Ya, pero para creer eso,

habría que hacer un acto de fe.

Como cuando de niño te dicen que la Inmaculada Concepción

es inmaculada. Cuesta entenderlo.

-Cada uno entiende lo que su cabeza le permite.

Más os vale abrir las bodegas cuanto antes o será un desastre

para Lasiesta y toda la comarca.

Y tú y tu tío seréis los responsables.

-¿Le preocupa el bolsillo de los trabajadores?

¿O el suyo?

-No solo vas más allá de tus capacidades,

sino que además eres un mentecato, un impertinente

y, sobre todo, un maleducado.

Buenas tardes.

-¿Has visto lo que me ha llamado?

(Puerta, se abre)

-Hola.

Me ha sorprendido tu llamada.

Tras lo que nos dijimos la última vez.

Pensaba que no querrías verme.

-No he venido a hablar de nosotros. Vengo a hablar de mi padre.

Terminad con el acoso al que le estáis sometiendo.

No tiene nada que ver con la muerte de Gabriel.

He hablado con él en la cárcel

y me ha contado la verdad. -¿Ah, sí?

¿Cuál es la verdad? -Mi padre adulteró el vino

siguiendo los consejos de Ormaechea. -¿Eso es todo?

¿No te ha contado que Gabriel estaba al corriente,

y que le estaba chantajeando? -Entonces, el culpable es Gabriel.

El único delito de mi padre fue adulterar el vino.

Un vino que no salió al mercado. -¿Eso te ha dicho?

¿Que nadie bebió de esa partida?

-En cuanto se enteró, la destruyó.

Toda. -Mentira.

Te está mintiendo. Se vendieron varias botellas.

Causaron la muerte del padre Genaro y R. Reverte.

-¿De dónde sacas eso?

-Lo sabemos. (RÍE) -Lo sabéis.

Claro.

¿Quiénes? ¿Tú y tu hermano?

-Pues sí.

Si hubieran muerto intoxicados, ¿no te parece que se sabría?

Nadie, ni la Policía ni la Justicia habla de eso.

-¿Y no te preguntas por qué?

Porque Bernardo Cela, alcalde, médico y fiel servidor de tu padre

manipuló los informes médicos para protegerle.

Es su socio. -Cómo puedes decir algo así.

-No sería la primera vez que usan sus influencias

para beneficiarse.

¿O te recuerdo cuando expropiaron a mi familia Viña Lobera

para beneficiar a tu padre? -No es lo mismo.

Hablamos de encubrir muertes. De falsificar informes.

-Hablamos de la realidad.

De la verdad, de algo que según tu aparta a tu padre de esos delitos.

Hablamos de algo que, según un juez,

atenta contra la salud pública.

-Prevaricación, abuso de poder. -Hablas de lo que os conviene

a ti y a tu familia.

Estás elucubrando, imaginando una trama en la que mi padre

es el culpable de todo. Es paranoico, Elena.

¿Hasta dónde vais a llegar?

Haríais cualquier cosa para hundir a mi familia.

De Vicente lo esperaba, pero no pensé que estarías con él.

-Es más fácil insultarme y tenerme como enemiga

que abrir los ojos y darte cuenta de la realidad.

Si no tienes nada más que decir, por favor, márchate.

Márchate.

(Puerta, se cierra)

-Me hace mucha ilusión que te cases, cariño.

Pero me da mucha pena que te vayas.

Ahí, donde Cristo perdió la zapatilla.

-Que no.

Holanda está más cerca que América y las cartas llegan antes.

Porque vienen por tierra.

Solo serán seis meses, la temporada del tulipán.

-Se me harán una eternidad.

Sin verte ni charlar contigo todos los días.

Menudo aburrimiento. -Vendré para cuando des a luz.

Tengo unas ganas de verle la carita.

¿Cómo le llama Ángel?

-"Judión". (MANUELA REPITE)

-Es el pequeño "judión", dice.

Sí, espero que puedas conocerle cuando vuelvas.

-Y le traeré algo bonito de Holanda.

No te pongas triste.

Te escribiré, te lo prometo. Cada semana.

-Buenas...

Enhorabuena, la muchacha casadera de este pueblo.

Me he enterado de lo tuyo con Roberto.

-¿Te lo ha dicho él? -No.

Han sido las beatonas del Círculo de Beneficencia.

Entre contarme lo de S. Miranda, criticar a la maestra,

y lo del nuevo cura, han hecho un hueco para lo vuestro.

Cómo me alegro de que se formen parejas.

-Quizá el próximo eres tú. -¿Yo?

Yo para vestir santos y haceros pasteles.

-Nunca se sabe, Dimas. Si no mira esta,

que decía que nunca se casaría.

Que el matrimonio no iba con ella. (RÍE) -Sí.

-Hola.

Buenas.

Hola. (TODOS LE SALUDAN)

-Manuela,

¿has comprado las bombillas de la entrada?

¿Y los alicates?

-Estaba en ello, pero he venido a charlar con Carolina.

-Ah, a charlar de los planes de boda.

-Sí. (EDUARDO RÍE)

Es lo que hacen las amigas. -Claro.

-Ahora voy donde Paulino.

-Haces los recados y vuelves, ¿sí? -Sí.

-Oye, Manuela, ¿estás bien?

-Sí. (BALBUCEA) -Te he notado algo rara.

No lo sé. -No.

Nerviosa por la boda. -Claro, claro.

-Sí.

-Hasta ahora. -Adiós.

-Hala.

¿El padre de la novia no se marca unos vinitos?

-Carolina, ponle lo que quiera.

Luego dice que soy un agarrado. -¿Que yo digo eso?

-Hombre. (LOS DOS RÍEN)

Muy bien.

-Pasa, iba a tomarme un café.

-No, no, gracias. No quiero molestar.

Quería hablar con tu padre.

-Ha ido a ver a una paciente.

A doña Paquita, que tiene lumbalgia.

¿Por qué no te quedas?

Siéntate y le esperas conmigo.

(SUSPIRA) -De acuerdo, me vendrá bien.

-Siéntate.

-¿Te sirvo? -Sí, por favor.

¿Qué tal tu padre? ¿Has podido verle?

-Sí, he estado con él hace unas horas.

Está bien.

Es un hombre fuerte

y no se acobarda ante nada. Saldrá de esta.

-A ver si se soluciona pronto y dejan de decir mentiras sobre él.

-Sí, claro.

-Luis, nunca te había visto así.

Deberías confiar en los jueces.

Además, tenéis un buen abogado.

-Sí, sí.

No es mi padre lo único que me preocupa.

Es todo. Todo se enmaraña y se complica.

En momentos como este ves quién es un amigo de verdad y quién no.

Es frustrante comprobar

que la gente en la que confías

y a la que quieres,

no está ahí cuando la necesitas.

Elena y yo ya no estamos juntos.

Está tan empeñada en hacer daño a mi familia que no la reconozco.

-Lo siento mucho.

Es lo último que pensaba escuchar.

-Hombre, Luis.

-Don Bernardo. -Qué alegría verte por aquí.

¿Cómo estás? -Muy bien.

Su hija amablemente me ha invitado a un café.

-Seguid, seguid, no os quiero interrumpir.

-No interrumpe, yo venía a hablar con usted.

Se lo he comentado a Asun. -Será mejor que me retire yo.

Así podéis hablar de vuestras cosas.

Nos tomaremos el café otro día. -Asun.

Muchas gracias por todo.

-Siéntate, Luis.

Vengo de comisaría, de intentar abrir las bodegas.

Es poco menos que imposible. -Ya.

Nos acusan de delito contra la salud pública.

¿No puede hacer nada? -No sé qué más hacer.

No puedo intervenir en las decisiones judiciales.

Por muy injustas que parezcan.

¿Tu padre cómo está? -Bien, dadas las circunstancias.

Es un hombre fuerte, ya lo conoce. -A veces es un poco duro

y ambicioso, pero es un gran hombre.

Hay que tener paciencia y esperar. Dejar que el juez haga su trabajo.

No creo que puedan demostrar nada.

-Me gusta que Manuela esté con Roberto.

Es un buen chaval, se nota en cuanto lo ves.

-Es un chaval honesto, responsable y buena persona.

No podía haber elegido un yerno mejor.

Lo que no me gusta es

que se vayan tan lejos, a Holanda.

-Los tendrás aquí enseguida y con dinero.

Se comprarán una casa y te la llenarán de nietos.

Y taparán muchas bocas, ya verás.

-¿Por qué me dices eso? -Nada, cosas mías.

-Somos amigos de toda la vida. Van a tapar bocas:

¿quién y por qué?

-Soy bocazas yo también.

Ya sabes, de muchas beatonas chafarderas

que siempre decían que tu hija no encontraría novio

por lo bruta y revoltosa que era.

-Sí, es revoltosa, rebelde.

Sí, pero mientras otras se buscaban marido,

Manuela tenía la cabeza en otro sitio.

Que ya quisieran ellas. -Eso es cierto.

Las veces que ha ido sola al cine. Y lo que sabe de cine y música.

-Y de libros.

Es que Manuela siempre ha sido especial.

Diferente.

Y a mí no me ha importado, al revés. Me ha llenado de orgullo.

-Ya te digo, claro que sí.

-Antes creo que aspiraba a más cosas que casarse,

y estar rodeada de niños. Eso antes, pero...

¡Bah! -Ya está bien.

Enhorabuena. -Gracias, Dimas.

Bueno...

Por los novios. -Venga.

S. Miranda ha contratado los servicios de un tal Escamilla.

Pertenece a uno de los bufetes más importantes del país.

Es un gran penalista.

Sí, es el mismo que contrataron cuando detuvieron a Luis.

Y solo lo van a acusar de adulterar el vino.

¿Cómo que solo lo acusarán de adulterar el vino?

De momento no hay nada que pruebe

que S. Miranda participó en la muerte de Gabriel.

Un contacto en la Audiencia Provincial

me ha dicho que los cargos no serán graves.

Solo pueden acusarlo por lo que ha sido denunciado.

¿Y si realmente no es responsable del asesinato de Gabriel?

Que adulterara el vino no significa necesariamente eso.

-Rafael, Ormaechea confesó que Gabriel sabía lo del vino

y que intentó chantajear a S. Miranda.

¿Qué más pruebas necesitas? Ese hombre es capaz de matar

para proteger sus bodegas.

¿Ormaechea te dijo qué?

¿Qué dices? ¿Por qué yo no sé nada?

-Fue muy precipitado.

Supimos que estaba aquí y fuimos corriendo a la fonda.

Tu hermana no se rindió y fue a verle otra vez, sola.

Sí, y por eso me confesó que Gabriel quiso chantajear a Miranda.

-¿Dónde está Ormaechea? Debe decírselo a la Policía.

Otro pequeño problema.

Tu hermana confió que él daría la cara e iría a la Policía,

pero no fue así y se largó de Lasiesta.

O sea, que no sabemos dónde está. Se lo ha tragado la tierra.

Habrá puesto la mayor distancia entre Lasiesta y él.

Estará al otro lado del mundo, yo hubiera hecho igual.

¿No crees, hermanita?

¿Empezaremos otra vez? Es verdad.

Por tu culpa se ha escapado.

Debiste contarme que hablarías con él y no ir sola.

Y si se lo hubiéramos contado todo a Ortega, como te dije,

no estaríamos así. -Ya está bien.

Padre. Me habéis engañado.

Habéis mentido sobre lo que sabíais de la muerte de Gabriel.

No queríamos preocuparle.

Decidimos no contárselo hasta confirmar las sospechas.

No se enfade. La investigación de Ortega no avanzaba.

Pensábamos que podíamos... -Jugar a los detectives.

¿No veis que lo único que conseguiréis con eso

es que quede libre el asesino?

De nada sirve lamentarse por lo que hemos hecho.

Hay que ir a la comisaría y presionar a Ortega,

para vincular a Miranda con el asesinato.

Iré a comisaría y hablaré con Ortega.

Pero iré solo.

A partir de este momento,

será muy difícil que confíe en vosotros.

Doña Remedios, se lo he dicho dos veces.

No quedan fardalejos y no habrá hasta mañana.

Váyase a Haro.

Claro que me iré. Aquí no vuelvo.

Muy bien, tire.

(MURMURA)

Buenos días.

¿Le has visto? No.

He estado en casa, en las viñas, en las bodegas, y nada.

El coche no está.

A saber dónde está. Por aquí no ha pasado.

No me querrá ver ni en pintura.

A mí tampoco, ni hablar conmigo.

Supongo que nos lo merecemos.

¿Por qué, Sofía?

Por querernos. No hemos hecho nada malo.

Le dejaste, viniste a verme, me lo contaste y pasó.

¿O te arrepientes? No.

Solo que no me gusta hacer daño.

Me gustaría que todo hubiera sido diferente.

A mí también.

Pero han sido así, no lo podemos cambiar.

Adolfo me ha dicho cosas...

cosas terribles.

Es normal.

Estaba muy dolido. Pero tiene buen corazón y lo entenderá.

¿Y si no lo entiende?

¿Y si no nos perdona nunca?

(SUSPIRA)

¿No piensas que las cosas debían llegar donde han llegado?

En su momento. Que es bueno.

Las cosas no pasan porque sí.

Nuestro error fue no sincerarnos antes,

no hablar de lo que sentíamos y callar como dos niños.

Tu fuiste sincero. Era yo la que no.

La que no quería hacerle daño.

A veces los sentimientos se ven claros

y otras parecen turbios, pero no lo son.

A ver cómo le explicas eso.

De la manera que sea lo intentaré.

No pienso seguir escondido por lo que me pueda decir.

Hablaré con él y con mi madre y les contaré lo que siento.

¿Le dirás que nos besamos?

Que nos hemos besado y nos hemos sentido culpables,

que te quiero desde que te conozco.

Y que me aparté y dejé vía libre a Adolfo

porque mi timidez o mi cobardía

me impidieron luchar por ti y tenía derecho.

Tú no eres cobarde.

Simplemente no querías problemas.

No los quería y mira cómo hemos acabado.

De esta noche no pasa.

Hablaré con Adolfo y con mi madre a la hora de la cena.

Ay, Dios.

Tu madre.

¿Qué pensará de mí?

Mal no pensará y menos cuando sepa que hemos estado en nuestro sitio

para no herir a nadie. Pecando de ser dos tontos.

No hemos querido mentir ni herir a nadie, ¿verdad?

Claro que no y no debes pensar otra cosa.

Seguiré buscándole.

Tienes razón.

Quizá ha llegado el momento de ser sinceros y consecuentes,

Si vas a hablar con ellos quiero estar delante.

Te veo en casa esta noche.

Allí estaré.

No se preocupe, D. Santiago,

si mantiene la declaración como hemos acordado,

seguro que saldrá antes de lo que piensa.

-Espero que sea inmediatamente, tengo un negocio que dirigir.

-Y lo seguirá dirigiendo. Informaré a su familia.

-Me gustaría, si no es molestia, que me hiciera un favor,

que le transmitiese un mensaje a mi esposa.

Dígale que estoy deseando volver a casa

para reunirme con ella y estar a su lado.

-Déjelo de mi cuenta. Y confíe en mí, D. Santiago.

(GOLPEA LA PUERTA)

-No se levante, tiene otra visita.

Tiene usted cinco minutos.

-Gracias.

-¿A qué viene esa cara de funeral, Bernardo?

Que solo estoy en la cárcel, todavía no me he muerto.

-Sí ya lo sé.

Tu hijo me ha dicho que estabas bien y solo quería comprobarlo.

-¿Por qué?

¿De qué tienes miedo?

-Tú estás muy tranquilo, pero yo quiero saber qué haremos

si ven que falsifiqué los informes del padre Genaro y Reverte.

-¿Quién y cómo va a descubrir eso?

-No lo sé, no lo sé...

No sé cómo caí en esta trampa. Esta va a ser nuestra ruina.

-Don Bernardo, deja de gimotear. Si no, vas a estropearlo todo.

Tú no has hablado de esto con nadie, ni siquiera con tu mujer.

-¡Por supuesto que no! Ella vive en otro mundo.

Ni siquiera sospecha lo que me has obligado a hacer.

-Yo no te he obligado.

Tú lo has hecho por mutua conveniencia.

Escúchame, Bernardo:

nadie puede tener ni la más mínima sospecha

que relacione esas muertes con el vino intoxicado.

¿Qué te preocupa? -¡Me preocupan los Cortázar!

-El único que puede delatarnos y demostrarlo es Ormaechea.

-¡Ese! ¿Dónde está?

-Está lejos de aquí y te garantizo que no volverá.

(RÍE) Le pagué muy bien

para que pusiera tierra de por medio.

-¿Y si los Cortázar lo descubren? ¿Y si...?

Si han averiguado tanto pueden averiguar su paradero.

-No. No lo encontrarán ni aunque lo busquen en el infierno.

Con Ormaechea lejos de Lasiesta,

ahora solo somos tú y yo los que sabemos la verdad

sobre el vino intoxicado.

Tienes que aguantar, Bernardo.

Mi abogado me sacará pronto de aquí

y todo volverá a ser tan normal como antes.

-Tan normal.

-Adiós, Bernardo.

-No hago más que darle vueltas

y creo que debí evitar que Carolina cediese su hijo a los Cortázar.

-Hiciste todo lo posible, Ángel, ahora ya no hay marcha atrás.

-No crea, aún me dan ganas de hacer algo contra ese cacique.

-Los Cortázar no son molinos, son gigantes,

como los que veía Don Quijote,

así que cuidado o saldrás perdiendo.

-¡Pero, es que...! -Nada, ni es que ni nada.

¡Si me a mí me duele tanto como a ti o más!

Tú ahora a casarte con Carolina y ya tendréis hijos.

-Si eso intento, tío, pero me preocupa la Carolina,

tarde o temprano se arrepentirá, cuando les de al niño,

cuando se cruce con él y le vea crecer como una extraña.

-Don Alejandro.

Últimamente parece que los Cortázar no tengan casa,

aunque usted siempre será aquí bien recibido.

-Muy agradecido, Ortega, me gustaría hablar con usted.

A solas.

-Mi sobrino es ayudante de policía,

y tiene derecho a escuchar lo que se hable en la comisaría.

-Yo prefiero que se vaya. -Y yo prefiero que se quede.

-Déjelo, tío, ya me voy.

Supongo que a este hombre le molesta que le haya acusado

de ser un ladrón de niños. -Debería atarle la lengua.

-Y usted debería dejar de usar su poder para coaccionar.

-Si su sobrino quiere ser policía que tenga más cuidado.

No me gustaría tener que hacer unas llamadas a la capital

para que allí se enteren de su historial.

-Usted ya tiene lo que quería, su nieto.

¿Por qué no deja en paz a mi sobrino y a Carolina?

¿Por qué les amarga la vida? Déjeles que sean felices.

-Cualquiera diría que soy un desalmado, un monstruo.

¡Yo solo defiendo a mi familia!

-¿Y qué cree que hace mi sobrino? ¡Defender la que él está formando!

¡Usted debería entenderlo!

Así que... si tiene algo que decirme,

que no sea de esa familia, dígame.

-Sí.

Quiero hablar de Santiago Miranda,

quiero que pague por lo que hizo.

Se le acusa de estar vinculado al asesinato de mi hijo Gabriel.

-¡Ya le he dicho a toda su familia que no hay ninguna prueba contra él!

-¡Pues encuentre ya a ese maldito Ormaechea,

el químico que envenenó el vino!

-¡Lo habría hecho si su hija me hubiese dicho qué sabía de él!

-Ya les he reñido por jugar a detectives a mis espaldas.

Si yo hubiese tenido información hubiese venido a informarle.

-Pero no ha sido el caso, así que, señor Cortázar,

seguimos en punto muerto.

-Escuche.

Quiero que Santiago Miranda pague por lo que hizo.

Quiero verlo en la cárcel.

Sé que tiene que ver con el asesinato de mi hijo.

-Mientras no haya pruebas contra don Santiago Miranda,

no vuelva a acusarle de asesinato.

-Si su padre sigue mis instrucciones sobre la declaración,

le pondrán en libertad de inmediato. -Gracias a Dios.

Cuánto se lo agradezco. -Para eso estamos,

en el caso de que surjan novedades, se lo comunicaré.

-Gracias, es Ud. muy amable. -Es mi trabajo, Doña Elvira.

Por cierto, su marido me dio un mensaje para usted.

Está deseando tenerla a su lado, se ve que no puede vivir sin Ud.

-Sí, claro. Ese sentimiento es mutuo.

-Doña Elvira, Don Luis... -Le acompaño.

-Buenas noches.

-Mi padre te echa de menos, Elvira. Te quiere más de lo que crees.

-No creo que tu padre me haya enviado ese mensaje

con el sentimiento que tú le estás poniendo.

Él hace mucho que dejó de quererme. -No, no digas eso.

Mi padre es arisco y ha sido muy injusto contigo,

pero quizás este sea el momento de reconducir vuestra relación.

Pero tú tienes que poner algo de tu parte.

-He puesto tantas veces tanto de mi parte...

Todo tiene un límite.

-Mi padre no es un hombre fácil, lo sé.

Pero pensando mal de él nunca llegaréis a nada bueno.

-Nunca hemos llegado a nada. -¡Pero está en la cárcel!

Y está arrepentido de todo.

No es perfecto, pero no es un mal hombre.

Podéis aprovechar para acercaros. (ELVIRA ESPIRA)

-Yo no voy a darle la espalda. Y tú tampoco deberías hacerlo.

-Luis, te quiero mucho, ya lo sabes,

y no quiero discutir contigo.

Eres su hijo y entiendo que te alegres por su liberación,

pero no pidas que comparta ese sentimiento, no puedo.

Lo siento.

-¿Dónde vas?

-Voy a tomar el aire y a dar un paseo.

¿Quién sabe?

Quizás sea la última noche que pueda hacerlo.

-Hola.

Huele de maravilla.

-Pollo al limón con pasas, una receta de madre.

-Hombre, enhorabuena,

un plato decente por fin en la mesa.

Porque últimamente...

con los platos estos gabachos que pedía la señora,

al final ya no sabía ni lo que comía.

-Bueno, es la señora, es la que manda.

-Sí.

Lo que me extraña es que estés cocinando tú.

Sí, porque la señora siempre pedía que cocinara tu madre.

-Pero madre ha dicho que no tiene por qué enterarse,

y además yo practico para cuando me vaya a Holanda.

-Ah, o sea, que lo que quiere tu madre

es convertirte en una ama de casa antes de casarte.

-Bueno, ya sabe que no tengo mucha mano en las tareas de casa.

-Bueno, siempre has cumplido bien, mejor o peor,

pero lo has hecho y sin quejarte.

¿Qué pasa? ¿Por qué me mira así?

-Eso digo yo, ¿por qué me miras así?

Hoy en la fonda te he visto un poco rara.

Bueno, luego he hablado con Dimas recordando cosas.

-¿Qué cosas?

-Como las que te estaba diciendo.

Tú nunca has aspirado a casarte,

a tener niños ni a ser ama de casa.

Tú siempre pensabas en viajar, en ver mundo...

Bueno, hasta ahora.

Mira:

Tú siempre has sido diferente a las demás chicas,

no soñabas con cazar un mozo en la verbena, vestirte de blanco...

Lo que querías era hacer cosas por ti misma.

Bueno, hasta ahora.

-Padre, ¿qué me quiere decir, que no me case con Roberto?

-No.

Ni mucho menos, Roberto es un hombre muy agradable,

cariñoso, te quiere... nadie te cuidaría mejor que él.

Lo que me preocupa eres tú.

Sí, hija, porque me parece que te estás precipitando.

-Bueno, es verdad,

hace dos semanas no entraba en mis planes casarme,

pero la vida ha venido así. -Pues a eso voy.

Imagínate que a Roberto no le han despedido,

que está aquí con nosotros en la bodega, trabajando.

¿Vosotros qué haríais?

¿Te casarías o seguiríais de novios?

-¿Qué sentido tiene pensar en si no le hubieran despedido?

Las cosas son así. -No tiene por qué ser así.

Yo creo que te conozco, porque soy tu padre.

Y no sé, yo sé que tú le quieres

y que esa es la manera de demostrarle que le quieres.

Pero si no quieres la boda,

no tienes por qué seguir adelante.

Piénsatelo.

Mira, si decides

no casarte, él lo va a entender.

Y nosotros vamos a aceptar lo que tú digas.

(TELEVISIÓN) "¿Es usted el asesino?"

La historia que presentamos esta noche,

pudo haber ocurrido o puede ocurrir

en cualquier gran ciudad de Europa.

En París o en Londres,

o en Berlín.

O en cualquier gran ciudad.

Esperamos, deseamos que no ocurra nunca.

Pero las ciudades, a medida que su población crece,

van separando a los hombres hasta hacerlos desconocidos.

Su ritmo vertiginoso obliga a la gente a ir más deprisa..."

-Buenas noches, Vicente. Puedes sentarte si quieres.

O tomar de mi copa.

Vaya, ¿qué le pasará al bueno del alcalde?

¿Dónde está ese espíritu suyo conciliador y dicharachero?

Si vienes a tocarme las narices ya te puedes ir, no estoy de humor.

A lo mejor yo puedo cambiar eso, si me escucha.

¿Has venido para que te escuche?

No tengo necesidad de hacerlo.

Yo creo que va siendo hora de que abra los ojos, ¿no cree?

Ud. hasta ahora siempre ha apostado a caballo ganador, bien;

las carreras no le han ido mal, bien. Pero...

¿Vienes a invitarme a apostar por otro caballo?

Puede que el momento haya llegado, ¿no cree?

Santiago Miranda está de mierda hasta aquí.

Esa es tu opinión, pero los Miranda saldrán de este bache.

¿Usted cree?

Las bodegas Miranda están heridas de muerte,

con el asunto del vino intoxicado, Santiago está en la cárcel...

¿Qué tiempo cree que voy a tardar en hacerme con sus clientes?

Las Bodegas Miranda irán a la ruina y con ellas ese 5% suyo.

No creas, Santiago no lo va a permitir.

No sea ingenuo, alcalde,

Santiago Miranda está acabado.

Pero Ud. podía cambiar es 5% de unas bodegas en ruinas

por el 10% de unas bodegas en auge.

¿Has venido a ofrecerme el 10% de tus bodegas?

¿A cambio de qué?

No pienso conformarme con hundir Bodegas Miranda.

Yo sé que Santiago mató a mi hermano,

pero no puedo demostrarlo, de momento.

Cuidado, esas acusaciones son muy graves.

Mucho más grave es manipular vino

y permitir que dos personas mueran por beberlo.

Sé que Ricardo Reverte y el cura

murieron por beber el vino intoxicado de Miranda.

Y sé que Ud. podría demostrarlo.

Yo no puedo demostrar nada diferente de lo que fue demostrado.

Esas muertes fueron por causas naturales.

Ya sabía que diría que Ud. mismo certificó esas muertes,

pero creo que Ud. falsificó esos análisis

para proteger a su amigo Santiago.

¿Tú crees eso? Ajá.

Tienes una mente muy calenturienta y me estás difamando.

No se haga el digno, alcalde.

No pretendo llevarle a un tribunal a contar esto,

los dos sabemos lo que pasó, con eso es suficiente,

no quiero que vaya a la cárcel,

yo quiero que siga siendo nuestro alcalde.

Y estoy convencido de que podremos tener una amistad

como la que ha tenido con Santiago Miranda.

¿Qué demonios quieres, Cortázar?

Bernardo, usted es un hombre inteligente.

Seguro que encuentra la manera de culpar a Miranda de esas muertes

sin mancharse las manos.

Podría alegar que Santiago se aprovechó

de su amistad y cercanía con usted y saboteó esos análisis.

No sé cómo puedes pensar que yo

haga cosas así.

Ahórrese los cargos de conciencia.

Ud. sabe que Santiago Miranda debería pudrirse en la cárcel

por todos los desmanes que ha cometido estos años,

usted solamente tiene que pensar en el 10%.

(Toques en la puerta)

¡Anda, que no me dejan irme! ¡Ya va, ya va!

¡Elvira!

-Ya sé que tenías echado el cierre, pero quería verte.

-Si vienes a por los fardalejos, lo siento pero no queda ni uno.

Ahora, que soy capaz de ponerme a amasar enseguida.

-No, no hace falta,

solo quería verte un poco...

Y charlar contigo. -Pues si es eso, aquí está,

este horno, esta cabeza y está casa, 24 horas abiertos.

(RÍE) -¡Ay, Dimas!

Siempre que estoy contigo...

me haces recuperar esa alegría y esa ilusión

que tenía cuando era muy jovencita

y que luego perdí para siempre.

-Elvira, ¿qué pasa? Mírame.

Cuando tienes esa mirada triste me asustas.

(SOLLOZA) -Es Santiago.

El abogado dice que muy pronto lo soltarán.

-Dios me perdone, pero se lo podían quedar dentro toda la vida.

-También es lo que pienso yo.

Porque lo conozco muy bien...

y sé que cuando quede en libertad todo puede volverse un infierno.

Es que hay algo más, Dimas.

(SUSPIRA)

(CON VOZ ENTRECORTADA) Cuando Ortega vino a detener a Santiago,

él se dio cuenta de que a mí no me importó en absoluto.

Incluso antes una salida de tono...

le solté una bofetada.

Me salió del alma, Dimas. -Dios mío, Elvira.

-Santiago es de los que no perdonan.

Y en ese momento se dio cuenta de algo muy profundo

y sé que me lo hará pagar, con creces.

-Elvira, como se atreva a ponerte la mano encima yo soy capaz de...

-¡No!

(LLORA) Tú no.

Dimas, por favor,

ya te han hecho mucho daño.

Cariño.

(ELVIRA LLORA)

Mi amor.

Será mejor que me vaya.

-Un momento, has venido a hablar conmigo y vas a estar conmigo.

Santiago no está

y tenemos unas horas para ser felices.

(SUSPIRA) -Es verdad.

Siempre tienes razón, Dimas.

Esta noche...

aún soy una mujer libre.

Y merecemos ser felices,

los dos.

Ven.

-Eres lo más bonito que me ha pasado en la vida.

A veces imagino que no hubieras vuelto de Francia

y te juro que habría ido a buscarte. -A secuestrarme.

Y nos hubiéramos escondido en una isla desierta.

-Los dos solos, sin nadie más.

-Pues imagínate que no he vuelto.

Hola, pasa, por favor.

-Dime.

-No me has llamado.

-¿Llamarte después de que me echaras?

-Bueno... Recuerdas que estuvimos hablando de tu padre.

-Sí, lo recuerdo palabra por palabra. ¿Te lo repito?

-No, quiero saber si has hablado con el alcalde sobre los informes.

(RÍE SARCÁSTICO)

¿Creías que entraría en tu juego? No cuentes conmigo.

No voy a seguir vuestro plan para acabar con los Miranda.

¿Para esto me has hecho venir?

Te confieso que pensaba que me ibas a pedir perdón.

Que te disculparías por todo el daño que me estabas haciendo.

-Yo no tengo nada en tu contra.

-He estado en la cárcel acusado de la muerte de Gabriel,

ahora el que está en la cárcel es mi padre,

y seguís presionando a Ortega inventando pruebas.

-No inventamos... -Elena, déjalo.

Estoy cansado de oír barbaridades de tu boca.

-Ya lo entiendo, no te vale mi palabra.

No sé por qué te he hecho venir.

-Porque me quieres, Elena.

Y yo a ti.

Y porque estamos deseando que todo termine

para volver a estar juntos y recuperar nuestra vida.

Elena, por favor, si me quieres, olvida todo esto.

Apóyame en la defensa de mi padre.

-Luis, yo te quiero.

Pero no me puedes pedir eso.

Hay algo que tu padre esconde

y nada ni nadie me hará cambiar de opinión.

-No puedo seguir con alguien que solo quiere hundir a mi familia.

No puedo más, de verdad.

Lo siento.

(Chirrido de ruedas)

(RESOPLA)

Hijo, te veo muy nervioso.

No, pensaba que es tarde y Adolfo no ha vuelto.

Se habrá ido con Sofía a cenar.

Habrán ido a Haro, en el asador hacen unos chuletones que da gusto.

(RÍE)

Te veo muy callado y apenas comes.

Yo sé que estás triste por esa chica que te gusta

y que no te corresponde.

Pero tú dale tiempo, ya verás como al final lo consigues.

Siempre es cuestión de tiempo. A lo mejor ya lo he conseguido.

Pero de la forma más dolorosa posible.

¿Qué quieres decir?

Buenas.

Hola, Sofía, hija. ¿Ha llegado Adolfo?

No, yo pensaba que estaba contigo.

No, lo he visto un momento, pero luego se ha ido.

Ah, ¿dónde se habrá ido este chico?

A lo mejor se ha ido con la cuadrilla a tomar algo.

¿Has cenado? Tengo un potaje riquísimo.

No, ando desganada, Renata.

Permíteme que te prepare una taza de leche con pastitas.

Algo hay que comer, ¿eh?

¿No ha aparecido?

Estará emborrachándose, no sé.

Tenemos que decírselo a mi madre.

Tengo miedo de lo que piense. No, lo entenderá y nos puede ayudar

a interceder con Adolfo.

Siéntate ahí, hija y toma esto.

Siento decírtelo, pero no tienes buena cara, ¿eh?

Ya, he tenido un día difícil en el horno, solo eso.

Vaya par, una desganada y el otro tres cuartos de lo mismo.

Lo que pasa es que Sofía es por el trabajo, pero Jesús...

¿Sabes lo que pasa?

Que a nuestro Jesús hay una muchacha que le está haciendo sufrir.

¿Tú no sabrás quién es?

Madre, preferiría... Me gustaría...

Perdona, entiendo que no quieras hablar delante de tu futura cuñada.

No, no me molesta que esté delante, es más, lo prefiero.

Quiero decir que este asunto es mucho más complicado...

Perdonen, es que estaba la puerta abierta...

-No, tú siempre eres bienvenido. ¿Qué pasa?

¿No estará tu tía Puri mala, o la niña?

-No, Renata, ellas están bien...

¿Qué pasa, Ángel?

-Es Adolfo.

Se ha salido en una curva y ha dado varias vueltas

está en el hospital, muy grave.

-Ahora todo el mundo sabe que vendemos vino intoxicado.

Y lo peor es que nuestros clientes se van directos a la competencia,

a las bodegas Cortázar.

Malditos hijos de perra.

-¡Luis!

Hablas igual que tu padre. ¡Me sorprendes!

-Las cosas cambian. Creo que le di su mensaje, Vicente,

decidle que no vais a poder con nosotros.

Cuando mi padre salga de la cárcel vamos a trabajar mano a mano

para que los Miranda sigamos siendo los mejores bodegueros.

-¿Cómo está tu hermano? Mal, Dimas.

Los médicos dicen que está muy grave y que harán lo posible.

Como le pase algo... ¿Le han dicho algo más los médicos?

Que tiene lesiones en la cabeza...

y que el cerebro está más dañado de lo que pensaban.

Solo hay que esperar.

Jesús, si Adolfo sobrevive,

tú y yo no podemos estar juntos porque le haría daño.

Mira lo que le ha pasado porque nos vio besarnos.

Si Adolfo muere tú y yo no nos lo perdonaremos nunca.

Aún no hemos avisado a la familia de Rosalía. Compre dos pasajes.

¿Dos, Vicente? Claro, me voy contigo.

¿Ana? Tengo una amiga muy apurada

porque su novio la ha abandonado

después de dejarla embarazada.

Muy parecido a lo que te pasó a ti con ese Jimeno.

¿Qué te tomaste...

para deshacerte del problema?

No sé si me entiendes, Anita. Te he preparado una tisana.

Gracias.

Te vas a encontrar mejor.

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  • Capítulo 76

Gran Reserva. El origen - Capítulo 76

21 ago 2013

 Santiago convence a Luis de que no cuente a nadie que él tiró el cadáver de Gabriel al depósito, pues todo el mundo le consideraría culpable. Tras descubrir a Jesús y Sofía besándose, Adolfo carga contra la pareja acusándoles de ser unos traidores antes de marcharse furioso.

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