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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 64 - Andrés, furioso con los Cortázar por no haber podido ver a su tío antes de morir, se enfrenta a Rafael - ver ahora
Transcripción completa

¿Sabes qué imagen veo cuando pienso en mi padre? La correa del pantalón.

Mi tío ha sido mi padre.

Su enfermedad le está matando, ya lo has leído.

Ahora me necesita. He pedido permiso para ir a verle...

-Te lo han negado.

-Vicente. Así que no podré despedirme de él.

-Desde que le pedí matrimonio está muy distante. Dime la verdad,

¿hay otro?

(SUSPIRA) Me llegas a decir que sí y me caigo en redondo.

He venido a verte a ti, no a tu hermano.

He de volver al trabajo. Sí, yo también.

Debo ir a Madrid a entrevistar a unos ingenieros químicos

para las bodegas y eso que Ormaechea parecía un tipo serio.

-¿Ormaechea?

-¿Vicente qué opina? -Te prometo que cuando sepa más

yo misma se lo contaré todo. -Busco a un ingeniero químico,

se llama Joaquín Ormaechea,

¿sabe si trabaja para ustedes o si ha trabajado...?

¿No?

¿Por qué me ocultáis información nueva sobre Ormaechea?

Porque trabajó para los Miranda.

Pues más te vale que no esté involucrado,

porque si es así me lo llevo por delante.

(LLOROSA) Don Genaro está muerto, que lo he visto yo.

-Son los resultados de la autopsia del padre Genaro.

Tenía un alto índice de metanol en sangre, como Ricardo Reverte.

Mañana a primera hora entregaré estos resultados a la policía

salvo que tú me digas qué está ocurriendo.

¿O sea que un trabajador tuyo robó esas botellas

y las repartió por Dios sabe dónde?

-Sí, pero solo robó tres botellas.

Eres mi cómplice, Bernardo, estás tan metido en esto como yo.

-¿Y si la botella estuviera contaminada?

-Léete el informe forense,

dice que no hay ninguna sustancia tóxica en la sangre de don Genaro.

-De todas maneras no está de más que analicen su contenido.

-Si la analizan estamos perdidos. -Necesito tu colaboración.

-Lo que hay que hacer, lo que hay que hacer, señor.

Esto no está bien, esto no está bien,

-Carolina, ¿quieres casarte con el Gato?

-Sí, no hay nada que más quiera en el mundo.

He hecho mis averiguaciones

y la hija de Pilar sigue adelante con el embarazo.

-¡Lo sabía! Gracias, hijo.

¿No ves que cuando tengamos un hijo

tu padre ya se habrá encariñado con ese?

Tenía que solucionar el rechazo que mi padre siente por mí,

porque sin eso no vamos a ninguna parte,

no hay ni nietos, ni bodegas ni nada.

Mi padre quiere hablar contigo

porque se ha enterado de que su hijo le dejó un nieto,

si eres lista me harás caso.

Tendrás una asignación mensual para toda la vida,

con ella podrás mantener a los hijos que tengas con tu marido.

-No se lo voy a dar a nadie, a mí no me va a comprar.

-No me hagas ir por las malas, será peor para la criatura.

Y para ti. ¿Quiere hacer pasar

al hijo de Gabriel por mi hijo?

Don Alejandro... Tengo trabajo.

Está bien, padre, está bien.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

Rosalía, por favor, cálmate. ¿Que me calme?

Bastante me he contenido cuando me ha dicho que debo criar

al hijo de una tabernera como si fuera mío.

¿Tú sabías algo? ¿Cómo iba a saberlo?

Espera que se hiciera cargo él, que lo criase en esta casa,

pero no que nos propusiera algo así, ¿estamos locos?

Ha debido perder el juicio por completo, eso no tiene sentido.

Está claro que quiere deshacerse de su mala conciencia.

Quería mucho a mi hermano,

se siente culpable y ahora quiere compensarlo.

¿Y tú estás de acuerdo? ¿Cómo voy a estarlo?

Pero es la decisión que ha tomado él.

A mí me ha sorprendido tanto como a ti.

(SUSPIRA)

Qué pena lo del padre Genaro,

él celebraba todas las ceremonias de la familia,

las bodas, bautizos, entierros...

Le echaremos tanto de menos...

Me alegro de verla, dele un beso muy fuerte a su marido.

-Quiero hablar contigo. -Yo también...

-¡Cállate!

No puedo escuchar más mentiras tuyas.

¿Cómo has podido hacérmelo?

Me prometiste que no dirías que sigo embarazada.

Me has traicionado. -No, de verdad,

te prometo que no se lo he dicho a nadie.

-Solo tú lo sabías.

-¿Qué te han dicho mi padre y Vicente?

-Bien, al menos lo reconoces,

sabías que hoy iba a hablar con ellos.

-Sí, pero no sé como lo saben, yo no les he dicho nada.

Carolina, créeme, confía en mí. -Yo no puedo confiar en ti.

Mira que mi madre me advirtió: "No te fíes de esa gente".

Y yo no quería creerla.

Pero ahora ya sé que no puedo fiarme de ningún Cortázar,

sois todos iguales.

-¿Qué te han dicho? -Eso no tiene nombre.

nadie con un poco de corazón pediría a una madre algo así.

-¡Carolina, por favor! Tienes que confiar en mí.

Soy la única que te puede ayudar. -¿Quieres ayudarme?

Desaparece de mi vida, tú y toda tu familia.

Cariño...

Si yo sé que eres muy buen hijo,

y es una de las cosas que más admiro de ti, pero...

pero tienes que pensar en lo que queremos los dos.

Es que esta decisión debemos tomarla juntos,

sin que nadie más intervenga.

Sabes que eso es difícil en esta casa, Rosalía.

Mi padre es capaz de lo que sea por mantener el honor

y a la familia unida.

Pero tú le conoces mejor que nadie

y estoy convencida de que sabrás hacerle cambiar de opinión.

Vicente, hay que poner límites.

Pues sí, hay que poner límites.

Supongo que este es el tuyo.

¿De verdad quieres que ese niño se críe como nuestro primogénito?

¿Que sea heredero de las bodegas?

¿Qué les quedará entonces a nuestros hijos?

Sé que esa criatura no tiene culpa de nada, pero es lo que siento,

yo no quiero criar al hijo de otra, sería como...

(LLOROSA) como si nosotros no pudiéramos tener hijos.

No, eso ni se te ocurra pensarlo.

¿Estamos? Que no te hayas quedado aún embarazada no significa nada.

Pues entonces con más razón para negarnos.

Tú no has trabajado tanto

mientras tus hermanos vivían la vida

para que todo pase a manos de alguien que...

No, dilo, si yo pienso igual que tú.

Como ese niño salga a su padre vamos listos.

Tenemos que hacer algo.

Tienes que hacer algo, Vicente.

Tienes razón.

No te preocupes, que no criarás al hijo de otra, te lo garantizo.

Gracias. Anda, ven.

(Voces del bar)

Que ya queda menos. -Habla.

-Venga.

-Envido.

-Quiero.

-Paso. -Paso.

-Paso. -Y yo.

-Habla a pares.

-No. -No.

-No.

-Habla de juego.

-¿Me he perdido algo?

-¿Algo? Te has perdido lo mejor.

-Siempre igual, me entran ganas cuando me pongo nervioso. ¿Cómo van?

-Empatados a dos partidas.

Los vinateros acaban de entrar en la escuela

y están a tres puntos de ganar. -Válgame.

-Pero los policías están a dos.

-Huy, aquí el que tiemble pierde, me voy a ver la partida.

-No hay mus. -¿Cómo no?

-Muy bien. -Envido.

-Yo no puedo querer, sobrino, no tengo ni un rey, tú verás.

-Púes yo sí, órdago.

-¿Qué? -¿Pero qué dices? ¿Tú...?

-Tranquilo, tío, déjeme a mí.

-La virgen de Atocha, ¿qué vas a hacer?

-¿Tiene reyes?

-Uno, es primera dada.

-Pues no podemos perder, tengo dos reyes, caballo y soy mano.

-¡Capitán general! ¡Venga que somos mano!

-¡¿Queréis o no queréis el órdago?! -¡Queremos!

-¡Si es que no se puede hacer...!

A ver qué tienes, mira... -¡Has ganado Roberto!

(Gritos de emoción)

-¿Cómo se puede echar un órdago...? -¡Eh, no tan rápido!

¡Eh, tío, deje las cartas ahí, que no han visto mis cartas todavía!

¿Qué?

¿Y ahora qué, eh?

-¡No puede ser, hombre!

No puede ser. -Tres reyes es más que dos reyes.

Digo yo, a grande. -¿Yo qué, estoy aquí de adorno?

-¡Muy bien, muy bien! (RÍE)

Ay, Dios mío, ¿tenéis un pañuelo para Eduardo?

-¡Anda! (RÍE) (RÍE)

-¿Te vas ya?

-Me voy.

(RÍE) -No te preocupes, ya vendrá tu racha para navidad.

(RÍE)

(Teléfono)

-¿Sí?

¡Alicia!

¡Qué ilusión!

¿Cuándo?

¿Sí? No me lo puedo creer,

ya verás cuando se lo diga a mis padres.

Perfecto, pues aquí te espero.

Un besito, hasta luego.

-...lo dices. -Ay, que sí.

-¡¿A que no saben quién va a venir a pasar unos días a Lasiesta?!

-No vendrá otra vez tu abuela a mi casa.

-Habrase visto, que esta también es mi casa, ¿eh?

Que buenos dinerillos te dio mi madre para que la compraras.

-Por favor, dejen de discutir.

¡La que viene es Alicia!

-¡Alicia, la hija del banquero! -Mira tú. (RÍE)

-Le he dicho que se quede unos días con nosotros,

ya está de camino. -Ah, bueno, pues claro, hija.

Qué bien que venga tu amiga, así te distraerás un poco.

Además soy de la misma clase, hija.

Ay, qué lástima que se fuera de Lasiesta.

-¿Su padre sigue trabajando para el banco?

-Sí. Jo, tengo muchísimas ganas de verla.

Nos carteamos de vez en cuando, pero no es lo mismo.

Dos años sin vernos cuando siempre estábamos juntas...

-¿Dos años ya? Como pasa el tiempo.

-Y está de camino, ¿dices? -Sí, viene en coche.

-Ah. -¡En su coche!

Y además lo conduce ella misma.

-¡Virgen de la capilla! ¿Y sus padres le dejan?

No es decente que una mujer vaya sola en coche

y mucho menos conduciendo ella si un hombre que la ampare.

-Madre, los tiempos están cambiando

y en la ciudad a nadie le importan esas cosas.

-Pues deberían importar, hija. Vamos...

¿Dónde va a llegar este país

si las mujeres abandonan su hogar y ocupan los lugares de los hombres?

-Bueno, yo les dejo aquí con su charla,

que tengo que ir a prepararlo todo, estará al llegar.

-Mira, qué contenta está. (RÍE)

-A mí me preocupa que esa chica sea

una mala influencia para nuestra hija.

-Mujer, si Alicia era una niña muy recatada.

Además, sus padres le habrán dado una buena educación

y lo que se aprende es casa no se olvida fácilmente.

-Ahí tienes razón, no sé por qué me preocupo tanto.

-Eso digo yo.

-Claro, si tú nunca estás a lo que tienes que estar.

-Bueno, atención, un momentito de silencio, por favor,

que si no no nos entendemos, gracias.

Quería agradeceros a todos los parroquianos

que hayáis participado en el trofeo de mus.

Y sin más preámbulo voy a hacer entrega del trofeo de mus

A Ángel y a Ortega.

¡Enhorabuena!

(Aplausos)

(RÍE ORTEGA)

-¡Y el jamón! -Ah, bueno, bien. (RÍE)

-Gracias, Pilar. ¿Y la Carolina?

-Eso quisiera yo saber, porque organizo esto y me deja sola

con todo el jaleo que hay. Cuando la pille se va enterar, fíjate.

Perdona, hijo. -¡Ven a mis brazos, sobrino! (RÍE)

Oh, muy bien, gracias a ti he ganado al desgraciado de Eduardo.

-Suerte de principiante. -¿Principiante?

Si esa última jugada ha sido de campeón,

y yo que no daba un duro por ti

y ahora ya ves, campeones.

-Mi más sincera enhorabuena. -Muchas gracias, Dimas.

-Pero este triunfo también es tuyo, no habría ganado sin tus lecciones.

-No, aquí no he tenido nada que ver.

¿Sabes una cosa? Esto no es el casino de Madrid.

Aquí la gente viene a jugar tan solo, se juegan el orgullo,

y no vienen a que se lo pisen.

-¿No confiabas en mis posibilidades y crees que he hecho trampas?

Pues me llevo el jamón a otro lado, no sea que alguien quiera catarlo.

Eduardo...

-Mírale, no sé cómo hemos podido perder con ese negado,

ahí pavoneándose como un pavo real. -Bueno, padre, cambie la cara,

no quiero que vean que tiene tan mal perder.

-No se lo tome así, Eduardo, ya nos tomaremos la revancha.

-No será contigo, para un vez que jugamos juntos, mira,

me has gafado la partida. Bueno, perdona, ya se me pasará.

Estoy pasado ya.

Es que lo que me joroba es que me lo restregará hasta el juicio final.

(CARRASPEA) -Hombre, Ortega.

-¿Qué pasa? -Mi enhorabuena.

-Muchas gracias. -Muy bien jugado.

-Tú también has jugado bien,

bueno, al final te has dejado caer un poco,

falta de fuerzas, ¿no? Los años y tal, ¿no?

Pero ser subcampeón también tiene mérito.

(REFUNFUÑA)

Anda que no le queda nada que pasar. Pilar, ponme un vinito.

-Ahí voy.

-Vamos a beber como campeones. -Para el campeón

-No hay nada como sentarse en la fonda de Pilar,

con un mosto y ver a la gente pasar.

-¿Nos conocemos?

-¡Asun, soy yo! (RÍE)

-¿Alicia?

¡Alicia, por favor, no te había reconocido!

Estás... estás guapísima.

Y muy delgada. -Sí.

Antes eras más...

un poco... A ver, que eras... -No te esfuerces, gordita.

-Ay... -Ay, tú sí que estás guapa.

He conducido del tirón para llegar antes,

tenía tantas ganas de llegar y de verte.

-¿Y el coche? -En la plaza, frente a la iglesia,

así paseaba por estas calles.

-Alicia estás preciosa, pareces salida de una revista.

¿Qué has hecho? -Vivir. Vivir en otro sitio. (RÍE)

-Eh... será mejor que nos comportemos,

la gente nos está mirando.

-Ya me pasa, es por ser rubia, a los hombres les encanta

y a las mujeres les da miedo. -¡Alicia!

-¿Qué? No me seas mojigata, es una forma de hablar.

Por lo que veo las cosas no han cambiado.

-No, aquí seguimos igual, sin mucho sobresalto.

Bueno, menos algunos robos y el asesinato de Gabriel Cortázar.

-¿Qué? ¿Gabriel Cortázar muerto? ¿Asesinado?

-Claro, ¿no te lo dije por carta?

Todo el pueblo se quedó de piedra y aún no se sabe quién fue.

-Ay, pobre Gabriel Cortázar, con lo guapo que era.

Para uno de los pocos hombres interesantes que había...

Habrán sido las del círculo de beneficencia

por ir contra las buenas costumbres. -Que mi madre es la presidenta.

-¡No! ¡Buf! (RÍE)

-¡Andrés, eh!

¿Dónde te habías metido, hombre?

-Lárgate.

Quiero estar solo.

¿Que me largue? Pues tendrás que echarme o no me muevo.

-¿No me has oído?

¡Que te largues!

-Eres mi amigo, Andrés, no voy a ningún lado.

¿Qué pasa, qué te ha pasado?

Cuéntame, confía en mí, hombre.

(Música triste)

Tu tío ha muerto.

Lo siento mucho.

-La única persona que me ha querido en esta vida.

El me lo dio todo, ¿y yo cómo se lo he pagado, eh?

Dejándole solo.

-No digas eso, tú no has dejado solo a nadie.

No te machaques, no es tu culpa.

-Tenía que haber insistido más por el permiso.

(SORBE) Pero ahora ya está.

Estoy solo.

No me queda nadie. -No, no lo estás.

Te quedo yo, soy tu amigo, que estoy aquí,

que voy a estar siempre aquí.

Anda, dame eso, deja ya de beber.

-¡Pajarillo, mira lo que traemos!

Hablas con el mejor jugador de mus de Lasiesta, ¿qué te parece?

-Vaya, pues hacía mucho que no le ganaba al Matute.

Y vaya jamón. -¡Cuidado con el jamón

no le eches el ojo que es para mi Isabelita,

que se lo he prometido, anda que no come ni nada.

Voy a llamar a la Puri, ya verás qué contenta se pone.

¿Qué haces tú con esa baraja, eh?

-Me la he quedado como recuerdo de nuestra hazaña.

Mis compadres de Carabanchel estarían orgullosos de su Gato.

Ven, te voy a enseñar un truco para que se lo hagas a Lourditas.

-Puri, sí, vete poniendo el vestido de los domingos.

Sí, porque te voy a llevar a Logroño.

Para celebrarlo.

Sí. (RÍE)

Cla...

Pues no, hombre, que hemos ganado.

Que estás hablando con el mejor jugador de la comarca.

Vete diciéndoselo a Isabelita.

Sí, no veas la cara que ha puesto el vinatero cuando ha perdido.

Un momento.

Un momento que aquí hay tomate, pero tomate gordo.

Luego hablamos.

¿A ti quién te ha enseñado eso?

-¿El qué? -¿Tú crees que yo soy tonto?

¡Te doy un zurriagazo que te rompo la cabeza!

-Para haber ganado el campeonato está de un humor de perros.

Esto me lo enseño un tahúr,

conviene saber cosas para jugar a los casinos ilegales.

-No me digas que has hecho trampas.

¡¿Los dos reyes de la última mano salieron de esa baraja?!

No me lo digas porque...

¡Yo te mato, eh!

-¿Le miento o le digo la verdad?

-¡Yo te mato y le tiro tu cuerpo a los cerdos

para que se coman esa cabeza de chorlito!

-Sin insultar, ¿eh?

Lo hice para que le diera en las narices a Eduardo,

¿qué más da cómo fuera? -¿Cómo no me va a dar?

Yo soy un hombre de honor y no consentiré que nadie lo dude

por una partida de cartas. -Es que nadie tiene que saberlo.

-Lo sé yo, y con eso basta.

-¿Y qué va a hacer? ¿Exponerlo por todo el pueblo?

Porque cuando esto se sepa la chufla va a ser grande.

-¡Me voy a cagar en todos los Ortegas?

-¿Y tú? Cuéntame. Te veo tan cambiada...

Pero de todo, ¿eh? Te veo muy lanzada, muy abierta, no sé...

-Es lo que tiene vivir en una gran ciudad como Barcelona, Asun,

es que hay más gente, más cultura, más libertad, más hombres...

Hombres, hombres distintos, variados, interesantes, divertidos.

-Y como hablas...

Bueno, y eso de venir en tu propio coche, me has dejado...

-Me lo regaló mi padre cuando me saqué el carné.

-Les digo yo a mis padres que quiero el carné

y me mandan al arzobispado pensando que me ha poseído Satanás.

-Pues aprovechemos que estoy aquí y disfrutemos del mío.

¿Asun, nos vamos mañana a Haro, por favor?

-Ay, me encantaría, pero no sé si mi madre me va a dejar.

¿Quién dice que tenga que enterarse? -Es mi madre, Alicia.

-Pero de escondidas. -Mi madre se entera.

-¿Cómo se va a enterar? -Por un pajarito.

-Hola, Asunción. -Hola, Adolfo.

¿Alicia? (RÍE)

-Adolfo Reverte, ¡cuánto tiempo!

-No, no te había reconocido.

¿Pero si tú no eras...?

-¿Tanto he cambiado o qué? -Pues sí, estás muy diferente,

se nota que Barcelona te sienta bien, estás espectacular.

-Veo que sigues igual de galante. -¿Y qué haces por aquí?

-He venido a pasar unos días con Asunción.

-Me alegro mucho.

-Ahora tengo que dejar las maletas,

pero una vez me instale y descanse podemos vernos y ponernos al día.

-Sí, claro, sí... Bueno, me voy, que me esperan en la bodega.

Bueno...

Bueno, me alegro de verte. -Hasta luego.

-Asunción. -Adolfo.

(GRUÑIENDO) -Ay....

-Tu habrás cambiado mucho, pero a ti ese chico te sigue gustando mucho.

-Es que siempre me gusto, yo creo que siempre me gustará.

-La culpa es del malnacido ese de Vicente Cortázar.

(GRITANDO) ¡Me cago en tus muertos!

-Chis, a ver si te oye un Cortázar. -¡Me da igual, estoy harto!

¡Harto que de que me metan miedo, harto!

¡Ese mierda se merece que le diga las verdades a la cara!

-Y yo estoy contigo, Andrés,

pero lo que ha pasado ya no tiene remedio,

solo conseguirás que te echen.

-Si no lo hace ahora lo hará cuando le apetezca.

Te juro por mi madre que ese mierda me la va a pagar,

¡me la va pagar! -No, Andrés, para, escúchame.

Te vas a casa, duermes la mona,

y cuando se te pase, con las ideas claras,

vemos qué pasa.

¿Vale? Vamos a sentarnos.

(Música de emoción)

¡Andrés!

-¡Vicente, ¿dónde estás, eh?!

¡Sal y da la cara, rata!

¡¿Dónde estás?! -¿Eh, qué coño te pasa?

¡¿Estás loco?! -¡Déjame! ¡Vicente!

-¡Que te calles ya! O te vas de aquí por la buenas o te saco yo,

no dejaré que arruines tu vida. -¡Eh, eh!

¿Qué pasa aquí, qué es este escándalo?

-Nada, señor, ya marchábamos.

-Yo no me voy hasta que no vea a su hermano.

-¡¿Cómo?! Pues Vicente, no está, así que vete por donde has venido.

¡Fuera! -Señor, no...

No sabe lo que dice, está borracho.

-De eso ya me he dado cuenta. Pero no es excusa para actuar así,

vete a dormir la mona, mañana hablaremos.

(DESGAÑITÁNDOSE) -¡Vicente, sal!

-Andrés, no toleraré más faltas de respeto ni a mí ni a mi hermano.

-¡Le hablo como se merece! ¡Su hermano no me joderá más!

-Se acabó. -¡Antes le parto la cara!

-¡Vete de aquí! ¡Estás despedido!

-¡Eh, Andrés, ya, ya!

¿Qué haces, quieres acabar en el calabozo o qué?

-¡Esto no quedará así, ¿me oye?! ¡Le juro que no quedará así!

-Anda, toma.

¿Vamos a tener que aguantar esa cara mucho tiempo?

-Padre, anímese, que se me cae el alma de verle así.

Pues ya está, ya ganará en la próxima.

-No, no, se acabó.

No, ya no... Ya no voy a jugar nunca más al mus.

-¿Te vas a venir abajo por perder una partida de cartas? ¡Por Dios!

-Claro, como tú no tienes que enfrentarte al bocazas de Ortega

cuando pasa y te restriega sus trofeos por la cara...

Es que ni siquiera pisaré la fonda, ya no...

-Mira, me voy porque no puedo aguantar más tonterías.

-No, a ver, madre, no se ponga así.

-Vale, así me dejas tranquilo.

(Tocan a la puerta)

(Tocan a la puerta)

¡Que ya va, que ya va!

Esos...

(Tocan a la puerta)

-¡Eduardo! -¡Te va a cachondear de tu...!

¡Ni lo digo! -No, hombre, abre, no seas crío.

-¿Y qué hacéis con el trofeo, a restregármelo por la nariz?

-Que no, que vengo a dártelo.

Que es tuyo.

Pasad.

(CARRASPEA)

-A ti pedirte que llames a la puerta antes de entrar es inútil.

No te haré caso hasta terminar con esto.

(SUSPIRA)

¿Qué pasa ahora? -Dígamelo usted.

Que me he encontrado a Carolina y solo ha soltado barbaridades.

-¿Y me pides a mí explicaciones?

Tú sabrás lo que tienes con esa chica.

-No, no solo me ha insultado a mí, nos ha insultado a todos,

así que no se haga el despistado.

Usted y Vicente hablaron con ella, a saber qué barbaridades dirían.

-Mis conversaciones privadas no te incumben.

-Todo lo que sea de la familia me incumbe

y ese niño que espera es parte de la familia.

(RÍE) -Me hace gracia, ahora te preocupas por la familia

cuando haces lo que te da la gana.

-Siga enfadado conmigo si quiere,

pero sabe que tengo derecho a saber lo que pasa.

-No tienes derecho a nada.

-Así me ha tratado usted estos años, como a una cría.

Pero ya no me pienso callar, porque ya soy adulta.

-Por eso tienes responsabilidades,

pero desde que llegaste no has hecho más que mentirnos.

Primero con lo de Luis Miranda y ahora ocultándome que será abuelo.

-Es una promesa que le hice.

-Yo admiro la lealtad personal,

¿pero qué pasa con la lealtad a esta familia?

-Carolina me pidió ocultarlo porque les tiene miedo

y escuchando lo poco que ha dicho creo que no va desencaminada.

-¿Crees que yo podría ir contra los intereses de ese niño?

Solo quiero es que sepa quién es su familia y que aprenda a quererla.

-¿Y cómo se ganará su confianza?

-La confianza es algo muy difícil de conseguir

y se puede perder en un instante.

Y tú tienes muy difícil recuperar la mía, así que déjame solo.

-Ojalá que algún día entre en razón, por su bien y por el de todos.

-¿Está bien? -¡¿Se ha vuelto loco o qué?!

Acaba de saber que ha muerto su tío. -¿Ah, sí?

(RESOPLA)

Su tío es la persona que le crió, un padre para él.

-¡¿Y qué culpa tenemos nosotros?!

¡Di, Roberto!

¡Habla claro qué sabes de toda esta mierda!

-Andrés pidió un día libre a Don Vicente

para poder despedirse de su tío.

-Ya, y Vicente no se lo dio, ¿no?

-No, no...

Parece que no tiene mucho agrado, a nadie, en realidad,

y no pensó que mereciera ese día libre para poder despedirse.

-Mira, sé cómo se siente,

pero eso no justifica su comportamiento, ¿de acuerdo?

-Lo sé, señor.

Y también sé que no tengo derecho a pedirle esto,

y que usted tiene todo el del mundo a despedirle, pero si lo hace

en Lasiesta no querrá contratarle nadie y eso será su ruina.

Le pido por favor que no lo haga.

(SUSPIRA) -Dios mío.

Está bien, está bien...

Esta vez lo paso por alto, pero es la última.

Va a tener que alejarse de las bodegas estos días,

te encargas tú. -Sí.

Gracias.

-¡Venga, habla, que bastante violento es estar aquí

como para que nos den las uvas!

-Pues...

te vas a tronchar cuando te lo cuente, Eduardo.

Resulta que...

que en la última mano usé un par de truquillos que aprendí

y así conseguí los dos reyes que te hicieron perder.

-¡¿Habéis hecho trampas?! Yo te...

-No lo digas nada, que ya le he insultado yo,

pero quiero que sepas una cosa,

yo de esto no sabía nada. -Eso es verdad.

Y cuando se ha enterado, me ha convencido,

sobre todo con la porra, de que debíamos quedarnos

un premio conseguido de forma sucia, así que aquí estamos.

-Eso te honra, Ortega.

Y tú a ver si aprendes un poco de tu tío.

-Yo espero que tú sepas agradecérmelo.

(RÍE IRÓNICO) ¿Y el jamón qué, también te lo ibas a quedar?

-No también es tuyo, está ahí en el coche. Angelito, ve a por él.

Pero no me gustaría que en el pueblo pensaran que soy un tramposo.

-Me parece justo, pero tú verás lo que hacemos,

porque los que estuvieron viendo lo vieron ahí delante.

-Esos me dan igual, lo que quiero es que lo sepas tú,

que yo no soy ningún tramposo.

¿Vale? -Vale.

-¿Trato? -Trato.

¿Y el jamón? -Ahora te lo trae mi sobrino.

Pero ¿y la revancha? Porque espero que me darás una revancha, ¿no?

(RÍE) -Claro que sí, ¿pero qué piensas, que vas a ganar?

¡Te vamos a ganar nosotros!

-Eso habrá que verlo.

-Doña Clotilde, cuánto tiempo.

-¡Alicia, hija, ay, ay, qué guapa!

¡Madre mía, pero mírate qué cambiada estás!

(RÍE) ¿No vas a decir nada?

-¿Y qué voy a decir? No sé, que está hecha una mujer.

No hay más que verla, un abrazo, hija. (RÍE)

Hace poco te tenía en mis rodillas sentadas, mira cómo pasa el tiempo.

Si es que...

-Bernardo, déjala ya, que la vas a desgastar,

además, tendrá que llamar a casa a decir que está bien.

-No se preocupe, ya he puesto una conferencia nada más llegar.

-Ah. Oye, y eso de venir conduciendo tu propio coche,

hija, no sé qué ideas te habrán metido en Barcelona,

pero no creo que así estén tranquilos tus padres.

-No, y lo hago por necesidad porque las distancias son tan largas

que solo así una chica decente puede llevar la palabra de Dios

a todas partes sin peligro. -¡Fíjate!

-Pero voy con tanto temor de Dios al volante,

que me adelantan hasta los carros de mulas, ¿verdad?

(DISIMULANDO) -¿Qué? Eh... donde... Sí, sí, muy despacio.

-Si por algo estoy encantada de volver aquí

es por pasear por las calles sin prisas,

por eso le agradezco tanto que me acoja.

-No, mujer. Eso sí, no me gustaría que tu estancia diese que hablar.

Lo digo porque como estás tan...

cambiada y tan... (RÍE NERVIOSA)

-Mujer, no la agobies con tus cosas, deja a la chica.

-No se preocupe, es normal que se preocupe

por el buen nombre de la familia,

pero no tendrá queja de mi comportamiento.

-Es que tengo una responsabilidad con tus padres

y con el pueblo entero.

Pues voy a traeros un chocolate con unas tortas, estarás hambrienta.

Venga.

Bernardo, ayúdame con las bandejas. -Sí, claro, sí, sí.

-Por favor, disculpa a mi madre,

ya sabes cómo se pone con el "qué dirán",

las apariencias y todo eso.

-Te la cambio cuando quieras. -¡No!

(RÍE)

-Algo ha pasado, me dijo que volvía enseguida

y aún no ha vuelto sabiendo que era la final del campeonato de mus.

-Iré a buscarla con mi tío, a mí también me resulta raro.

¡Mira!

-¡Pero Carolina! -¿Dónde estabas?

Estábamos muy preocupados. -Estaba dando una vuelta por ahí.

-¿Llevo todo el día como pollo sin cabeza y solo nos dices eso?

¡Justo me has dejado hoy sola!

-Ya, lo siento, siento mucho haberla fallado, pero...

pero es que ahora no me apetece hablar.

-¿Ni para darle la enhorabuena a tu novio?

Porque si llegas a estar sabrías que es el nuevo campeón de mus.

-¿De verdad? Felicidades, cariño.

Me alegro mucho por ti.

-Pues quién lo diría. ¿Qué te pasa?

-Nada. Nada, que estoy un poco cansada. Voy a echarme un poco.

Luego vuelvo.

(SUSPIRA) -Ay, Dios...

Sabré yo que la he parido que algo no anda bien.

¿A ti no te ha contado nada?

-Yo no había notado nada raro hasta ahora,

igual son molestias por el embarazo. -Dios te oiga, pero yo,

yo tengo un mal presentimiento.

-¿Qué haces aquí escondida?

-No me apetecía estar en casa, está el ambiente muy cargado.

-¿Has discutido otra vez con padre?

-Ya, empieza a ser algo habitual, ¿verdad?

Además he visto a Carolina y estaba hecha una furia,

conmigo y todos los miembros de esta familia.

-No eres la única que ha tenido trifulca hoy.

-¿Tú también te la has encontrado? -No, a ella no, a Andrés, el peón.

Parece que últimamente los Cortázar nos estamos llenando de Gloria.

¿Qué le ha pasado, por qué está enfadada?

-No me lo ha querido decir. Bueno, ni ella ni padre.

Pero seguro que ha sido por la conversación de hoy.

¿A ti te lo ha dicho? -No, no he pasado por casa aún.

Y aunque lo hubiera hecho daría igual,

a mí nadie me cuenta nada.

Es verdad, no te rías.

Padre sabe que existo para abroncarme,

el resto del tiempo me ignora como Vicente.

-No digas eso, ya me gustaría a mí cambiarme por ti.

Sobre todo después de lo que he vivido hoy.

-Tranquila, no creo que padre quiera hacerle mal al niño,

Ya viste cómo se puso con Vicente con lo del aborto.

-Sí, si tienes razón, pero...

no sé, hay algo que me inquieta.

Si no, ¿por qué se ha puesto así conmigo Carolina?

-Bueno, no sé, ese niño le liga de por vida a esta familia.

A no... a no ser que...

¿Estás pensando lo mismo que yo?

-No puede ser.

No puede ser que le haya dicho a Carolina

que se quiere quedar el hijo, eso es muy cruel.

(Tocan a la puerta)

-¿Sí? Adelante.

-Luis, ¿qué haces aquí?

-Acabo de volver de viaje y quería verte.

Manuela me dijo que estabas aquí.

-Bueno, yo mejor me voy.

-Adiós.

-Ahora que estamos a solas cuéntamelo todo.

-No sé qué más puedo contarte, ya te lo he contado todo.

-Menos de una cosa, de hombres.

-¿Tienes algún pretendiente que te ronde?

Venga, no seas tímida, cuéntamelo todo.

-No soy tímida, Alicia, te lo prometo,

es que después de lo de Luis

no me han quedado muchas ganas de echarme novio.

-Eso no puede ser, necesitas divertirte.

Mientras esté yo aquí es lo que haremos.

-Me das un miedo. -No debería.

Buscaré dos chicos guapos y simpáticos que nos alegren

y te hagan olvidar al Miranda ese. -Perfecto.

Ya te puedes ir a Logroño,

porque lo que es en este pueblo hay poco que rascar.

-Porque no miras con buenos ojos, yo he visto un nada más llegar.

-Tú a Adolfo Reverte le echaste el ojo muchísimo antes de irte.

Me acuerdo cómo suspirabas todas las tardes por él.

Pues ahora él suspirará por mí

ya lo verás, es una cuestión de estilo.

-Llegas un poquito tarde, Alicia, Adolfo ahora tiene novia,

y al parecer está muy enamorado de ella.

(RIENDO) -Novia Reverte, eso sí que es gracioso.

No soy celosa, lo puedo compartir.

-¿Tú te oyes? -No me quiero casar con él,

solo quiero divertirme.

-Pilar, otros dos chatos, por favor.

-Ahora mismo.

Deberíamos irnos ya, quiero supervisar el remontado.

-Espera un poco, es imposible que lo tengan terminado.

-Aquí tenéis.

El mejor vino del pueblo.

-Y el más escaso, no se te ha ido mucho mano esta vez.

-Sí, es que ha venido mucha gente con lo del mus

y estoy escasa de mercancía,

pero si venís mañana, os invito. -Gracias, Pilar.

Pues les ha salido redondo el negocio,

dicen que han venido de otros pueblos.

-Y algunas que se fueron de aquí hace ya tiempo.

¿Te acuerdas de Alicia? Una chica rubia íntima amiga de Asunción.

¿Está en el pueblo? Pensé que estaba en Barcelona.

Pues me la he encontrado esta mañana, va a quedarse unos días.

A esa la tenías loquita tú.

Éramos unos críos, Jesús.

¿Tuvisteis algo?

Unos bailes, algunos besos... No me cuentes más.

Pues hemos quedado en vernos para ponernos al día.

Tenías que haberla visto, parece otra mujer.

Es, no sé, yo la veo moderna, decidida.

Barcelona le ha sentado muy bien.

¿A qué viene esa cara? Tienes novia, Adolfo.

Ya lo sé, y la quiero mucho.

He cambiado, Jesús, puedo controlarme.

Eso espero.

(Lanza el boli)

-Estos días han sido eternos,

no podía dejar de pensar en ti. -Ni yo en ti.

Espero que no viajes muy a menudo, porque me cuesta separarme de ti.

-Eso no depende solo de mí, ya lo sabes.

(RÍE) -No me estarás reprochando

que me quedé en Lasiesta sin decirte por qué.

-No, claro que no, lo siento si ha sonado así.

-Luis, yo siempre te quise explicar el motivo.

pero no lo hice porque hice una promesa y no podía romperla.

-Ya.

-Pero después de lo que ha pasado

y de ver que solo puedo confiar en ti,

creo que ha llegado el momento de contarte la razón.

-¿Qué pasa, Elena?

-Me quedé en Lasiesta para ayudar a encontrar al asesino de Gabriel.

Ortega parece no avanzar en el caso

y solo está en la fonda jugando al mus,

así que mi familia y yo hemos empezado una investigación paralela.

-¿Y habéis descubierto algo?

-Di con un tipo que parecía tener una pista,

el mismo que me intentó forzar,

Toni Ramos.

-Ya, por eso quitaste la denuncia.

-Porque necesitaba que me contara todo lo que sabía.

Presenció una conversación de Gabriel con un hombre

que podría tener la clave del asesinato.

-¿Y sabes quién es? -Sí, no te vas a creer quién es.

Joaquín Ormaechea.

-¿El que trabajó para nosotros?

-Sí, llevábamos días buscándolo sin éxito,

y cuando tú me dijiste su nombre no me lo podría creer

-¿Por qué no me contaste nada antes? -Te lo he dicho, era una promesa.

Te lo estoy contando ahora, ¿eso no es suficiente?

Luis, ahora no es momento de reproches.

-Estas cuentas de resultados son excelentes, hijo.

Enhorabuena. Gracias.

Con estas noticias, ¿por qué tienes esa cara seria?

¿Pasa algo, Vicente?

Padre...

no me parece que lo del hijo de Gabriel

sea la mejor solución.

Ese niño se merece unos padres como Dios manda

y tú y Rosalía sois los más indicados.

¡Pero es que nosotros también tendremos algo que decir, ¿no?!

He hablado con mi mujer, ella opina como yo,

queremos tener nuestros propios hijos.

¡Habláis mucho!

Pero para tener hijos hay que hacer más cosas.

No veo ningún Cortázar en su vientre.

¡Si no presionara quizá pronto lo vería por aquí jugando,

pero prefiere que cuidemos al bastardo de Gabriel!

¡No lo llames así! Es sangre de nuestra sangre,

y como tal lo criaremos.

Nadie lo niega, podemos cuidarle como lo que es,

el hijo de Gabriel y ya está.

La gente hablaría y lo llamaría como tú has llamado antes

y no lo consentiré.

¿Y desde cuándo se achanta por eso? ¡No es por mí!

Es por una pobre criatura que no se puede defender.

¡Tú te harás cargo de ese niño!

Mire, padre,

he dado mi vida por estas bodegas, por esta familia,

me he sacrificado más de lo que hace falta,

pero esto es demasiado.

No, no lo voy a hacer.

No lo voy a hacer y es mi última palabra.

Para ser cabeza de esta familia

hace falta estar a las duras y a las maduras,

Vicente, no se puede coger solamente lo mejor.

¿Qué quiere decir con eso, padre?

Antes de morirme...

quisiera nombrar un heredero para que perpetúe mi legado,

y siempre había pensado en ti.

Pero después de lo que estoy oyendo

ya no lo tengo claro.

¿Y qué va a hacer?

¿Dejará la dirección de las bodegas a Elena

para que acabe en manos de los Miranda?

¿O a Rafael que no sabe como llevar una empresa?

Eso sería un suicidio y lo... ¡No me provoques, Vicente!

¡Si no te haces cargo de ese niño

soy capaz de regalar la bodega a los curas!

-Luis, necesito que me cuentes todo lo que sepas sobre Ormaechea?

-No sé mucho, la verdad, trabajó para nosotros unas semanas.

Yo casi no le veía, trataba con mi padre,

pero no estaba muy contento con él y lo echó.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué lo echó?

-Me dijo que no nos convenía,

que era un vago y solo pensaba en el dinero.

Puedo preguntarle si sabe algo más.

-No, a tu padre no le digas nada,

es mejor que nadie más sepa que investigamos.

-Pero mi padre podría tener algún dato sobre ese tipo,

su domicilio, su cuenta bancaria... -¡Que no puedes decirle nada!

-¡¿Por qué insistes en que no sepa nada?!

¡Podría ayudarte!

¿O crees que mi padre podría tener relación con esa muerte?

-Tu padre y mi padre se odian,

y la persona que tiene la clave

para resolver el asesinato de mi hermano

trabajaba con tu padre, ¿no es mucha casualidad?

-¿Quién habla, tú o tu hermano Vicente?

Me pides que confíe en ti

y conspiras con tu hermano contra mi padre.

-A ver, Luis,... -No, mi padre no es un asesino

y no voy a ayudarte a hundirle.

Esta vez te has pasado.

Y mucho.

-Luis...

-No estás tan bien como Adolfo Reverte...

Madre mía, él sí que está igual de guapo,

igual de zalamero... Bueno, más guapo, si cabe.

-Ha cambiado, que ha sentado cabeza,

y se ha echado novia. -Pero seamos francos,

el Reverte nunca fue de una sola mujer.

No tienes nada que temer, Adolfo está enamorado de ti.

Y tú de él, ¿no?

Y eso no hay quien lo rompa.

Eres una mujer muy atractiva,

cualquiera daría lo que fuera por tenerte entre sus brazos.

(RÍEN AMBOS)

Pensé que después de la chica de los cosméticos

no volvería a traicionarme y ahora...

Si estuvieras conmigo...

Vete de...

¡Has vuelto a engañar a Sofía! ¿Cómo que...? ¡No me toques!

¡No me toques, Jesús, no me toques!

¡Que te quede claro que no he engañado a nadie!

Eres una rata. Tengo el dinero de Olea,

para que se lo trasfieras a tu padre.

¿Te importaría dármelo hoy?

Está en la caja fuerte, luego te lo doy.

Si de verdad te importa tu hijo ven a las bodegas, hoy,

esta noche, a las 11.

Quiere que todo piensen que es hijo nuestro.

Yo quiero tener mis hijos, mis propios hijos,

pero don Alejandro no cambiará de idea a no ser que desaparezcas.

Cógelo y marchaos lejos,

empezad una nueva vida lejos de los Cortázar.

¡Ormaechea, se fue de la lengua, lo sé!

¡Le contó a Gabriel Cortázar

que metimos la pata con el metanol en una partida!

-¿Por qué ese Ormaechea se ha presentado a pedir trabajo

si se fue porque no estaba con él, ¿no?

-Ya conoces este mundillo, hay una vacante y se corre la voz.

-¿Y se ha ido ya del pueblo? -Creo que duerme en la fonda.

-Ormaechea está aquí,

si queréis saber más sobre la muerte de Gabriel este es el momento.

-Tenía un negocio con mi hermano Gabriel,

que implicaba a una tercera persona, ¿quién era la tercera persona?

¿Qué se trataba de Santiago Miranda?

-Yo ya le di un cheque.

-Antes de que la señorita Cortázar entrara en escena.

Porque si usted no me paga, los Cortázar pagarán gustosos

por esa información.

-Si dos muertes por intoxicación han pasado desapercibidas,

y tú puedes silenciar al químico, no hay motivo de preocupación.

-Solo queda solucionar un pequeño detalle,

la botella de vino intoxicada que está en paradero desconocido.

Ese vino es letal, si alguien lo bebe le puede producir la muerte.

Sería la prueba definitiva para incriminarnos.

-Sentí un escalofrío cuando dijeron

que había una tercera botella de vino intoxicada

y que no saben donde se encuentra, no saben dónde está.

-Pero eso significa...

-Que la vida de alguien, o de muchos, está en peligro.

-Aquí no hay ningún cheque.

¿Qué quieres hacer con esa pistola?

-No pienso pagarle ni un céntimo más.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 64

12 ago 2013

Ángel y Ortega ganan el campeonato de mus de la fonda, gracias a las trampas de Ángel. Cuando su tío lo descubre, le hace rectificar. Andrés, furioso con los Cortázar por no haber podido ver a su tío antes de morir, se enfrenta a Rafael, que está a punto de despedirle.

 

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