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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 63 - Alejandro quiere quedarse con el hijo de Carolina, por las buenas o por las malas - ver ahora
Transcripción completa

-Por su culpa te quitarán la mitad del jornal

por el vino derramado. -No quería que le despidieran.

-Mi padre dice que le tendrían que haber despedido hace mucho.

Es un pendenciero y un holgazán.

-No le conoces tan bien como para opinar así de él y ser tan dura.

-No quiero que tú pagues el pato por él.

-No me gusta que estemos enfadados,

así que lo siento si he hecho algo que te haya molestado.

-Sí, yo también. Pero es solo porque me preocupo por ti.

-Me encanta que te preocupes así por mí.

-Carolina, si no sabes qué quiere decir este anillo, te lo digo yo.

¿Quieres casarte con el Gato? -¡No hay nada que más quiera!

He hecho mis averiguaciones y debe saber que la hija de Pilar

sigue adelante con el embarazo. El hijo de Gabriel vive...

He pensado que debería saberlo,

no he querido cometer el mismo error dos veces.

¡Lo sabía! Gracias, hijo.

-Luis Miranda nos puede echar un cable.

Al cuello. ¿Tú crees que si estuviera detrás

él me habría dado la pista de Ormaechea?

¿También pondrías la mano en el fuego por el padre?

No seas ingenua.

Un buen hijo nunca traiciona a su padre.

Piensa que si ese maldito cacique tuvo tratos con Ormaechea

lo más probable es que esté implicado en el crimen.

Bueno, está bien.

Puedes estar tranquilo, no le diré nada a Luis.

-Analizar una botella de vino es una pérdida de tiempo.

-¿Sí? Pronto saldremos de dudas porque mañana

va para Logroño, al laboratorio.

-Si analizan esa botella estamos perdidos.

-Bernardo, yo sé cómo seguir,

pero necesito tu colaboración.

-Lo que hay que hacer...

Esto no está bien, no está bien.

-¿Conseguiste la botella? -Sí.

-¿Pusiste la que te di en su lugar? -Pues claro.

Hoy van a mandar la botella al laboratorio.

-Que lo hagan, es un caldo normal, perfectamente saludable.

No les queda más remedio que aceptar que la muerte del cura...

fue una muerte natural.

No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

Querer como te quiero,

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz...

en medio del cielo.

(SUSPIRA) Cariño...

Estás muy inquieto.

¿Qué te pasa? Nada, sigue durmiendo.

Ay...

Algo te ronda por la cabeza, que te conozco.

No vas a descansar hasta que no lo sueltes.

Llevo toda la noche dando vueltas sin pegar ojo.

¿Por qué? ¿Las bodegas?

No.

Ay...

Anoche me encontré a mi padre en el salón,

destruido, parecía un alma en pena,

acordándose de Gabriel, como no.

Es normal que le ocurra de vez en cuando.

Hay que dejar que pase el tiempo.

Estuvo en silencio un buen rato,

y cuando me habló,

me dejó claro otra vez que me sigue haciendo responsable

de la muerte del hijo de mi hermano.

Tú... no le habrás dicho nada del... Sí.

Sí, Rosalía, sí.

Le he dicho que Carolina sigue adelante con lo del bastardo ese.

Pero Vicente, ¿no acordamos que no le diríamos nada?

¿No lo decidimos así los dos? Ya sé que fue lo que acordamos,

¿pero qué querías que hiciese? Oh...

Rosalía, ¿qué quieres, que mi padre piense que no somos dignos

de heredar esta bodega, que nos ningunee,

que me retire el saludo y me saque del testamento?

¿No te das cuenta de que cuando nosotros tengamos un hijo

tu padre ya se habrá encariñado con ese?

¿Eres consciente que para él no habrá más nieto que él,

que seguramente fue engendrado en un pajar?

¡Ya lo sé!

Lo sé pero eso no era lo importante ahora.

¿Ah no? ¡No!

Lo importante era solucionar el rechazo que siente por mí

porque sin eso no vamos a ninguna parte:

no hay ni nietos, ni bodegas, ni nada.

Además, ese niño iba a nacer sí o sí y mi padre se habría enterado.

¿Y nuestros hijos qué?

Eso vendrá después, Rosalía.

Ya veremos qué hay que solucionar cuando estés embarazada.

Cuanto antes lo entiendas mejor.

Está bien, lo siento.

(LLAMA A LA PUERTA) Rosalía, abre.

Llegas tarde.

Muy bien.

No hombre no, eso es un dúplex.

-Ah, vale. 31 es guiñito, como cuando quieres cambiarte una gachí.

-Eso es, pero tú no le hagas guiñitos ni cambies de gachís,

que te vas a casar con Carolina que es toda una mujer.

-¿Echamos una manita para probar? -Venga, reparte.

-Una, dos, tres y cuatro.

-Mus.

-Venga, pues mus.

Una, dos y tres.

-Sigo con mus.

-De eso nada, envido a grande.

-No. -Pues me llevo un tantito.

-Pues paso a pequeña. -Y yo.

-¿Pares no?

-¿Pares no? Pues yo sí y bien guapos.

Dimas, te estoy dando un repaso. El alumno supera al maestro.

Juego. -Hombre, juego llevo.

-Yo también.

-Va a ser que paso.

-Pues yo te voy a mirar. -Pues yo cinco más.

-¿Cinco más? ¿Vas a tirarte un farol? A mí no me achantas.

Órdago. -¿De verdad?

¿De verdad dices que le vas a dar un órdago a la mano?

Pues pierdes.

-¿Cómo puede ser eso? Si tengo mejores cartas que tú.

-El caso no es tener mejores cartas, es saber jugarlas.

(Se abre la puerta) Anda que...

-Buenas. -¿Qué hay?

-¿Qué haces aquí y no en comisaría? Ah, le estás dando a Dimas.

¡Si no sabe! -Sí, la verdad es que es flojito,

le estoy dando el repaso de su vida. -Ah...

Ponme un poco de bizcocho, así le llevo la merienda a la niña.

Vaya paliza les vamos a dar a Eduardo y al otro. (RÍE)

-Les vamos a dar un baño.

-¿Se te ha comido la lengua el gato?

¿Qué ha pasado, es por lo de tu tío? Se nota que ese hombre te importa.

-No me lo quito de la cabeza.

-¿Por qué no marchas a casa? Yo me encargo con Eduardo.

-Irme a casa no me sirve de nada.

-Pues a la fonda y te tomas un vino, yo te convido.

-No.

-Mal tienes que estar si ni siquiera quieres ir a la fonda.

-Lo único que me ayudaría sería ir a verle, aunque fuera por última vez.

-Ojalá que viviera más cerca, para que pudieras acercarte.

-Se me ha ocurrido una cosa para ir

y solo dejaría de trabajar un día.

-¿Cómo piensas hacer para librar?

-No se va a enterar nadie, si tú me echas una mano, claro.

-¿Cómo que si te echo una mano? ¿Me pides que te cubra?

-Es muy fácil.

Si te preguntan por mí dices que me has mandado a hacer un recado.

(SUSPIRA)

No, Andrés, no.

La última vez que te he cubierto nos han pillado

y nos han bajado el jornal a los dos y si nos vuelven a pillar nos echan.

-Pero si lo hacemos bien no tienen por qué enterarse.

Para cuando se den cuenta ya me habré despedido de mi tío y habré vuelto.

-Lo siento, Andrés, esta vez no.

Lo siento.

Hasta Manuela me ha dicho que qué pasaba,

que si iba a cubrirte siempre.

-Ahora Manuela es el problema,

haces o no las cosas según le parezca.

Menudo calzonazos.

-Por ahí no, eh. Por ahí conmigo no vas a sacar nada.

¿Por qué no vas de cara a Eduardo y le dices que tu tío se muere?

-Porque no me va a hacer ni caso. -Eso no lo sabes si no lo intentas.

Eduardo es un buen hombre.

No entiendo por qué siempre piensas lo peor,

que nadie querrá ayudarte de primeras.

¿A ver?

(SABOREA)

¡Cada vez te salen mejores!

¿Quién te lo iba a decir cuando llegaste de Madrid

que te ibas a hacer una estupenda pastelera?

(RÍE) ¡Con las veces que quemaste el pan los primeros días!

¿Quieres no comértelo ahora que está caliente? Te dará un dolor.

Ay, déjame, por favor, que cuando estoy enfadada

me dan unas ganas de dulce que no puedo.

¿Qué te pasa?

¿Qué me pasa?

Vicente, que he discutido con él.

Le he dado un portazo al pobre...

Pero es que hay veces que no le entiendo

porque parece que no piensa en su propia familia.

¡Pero si no habla de otra cosa! No...

Si no me refiero a su padre o a sus hermanos,

me refiero a sus propios hijos, Sofía.

No se le ocurre pensar que cuando ellos lleguen

tienen que tenerlo todo.

¿Pero qué ha pasado? Es que no sé, no entiendo.

¿Qué ha pasado?

Que ha hecho lo contrario a lo que habíamos decidido los dos hacer

y por la espalda. Si supieras lo que me enfada que me mientan...

¡La que fue a hablar! ¡"Me enfada que me mientan", dice!

Sofía, tú ahí erre que erre, recordándomelo siempre.

Te has inventado una vida entera, bonita.

Bien que te sale a ti recordármelo. Bueno...

Ah...

Por cierto, Sofía, que te tenía que contar.

¿Sí?

Que te voy a poder ir devolviendo el dinero que me prestaste.

¡Qué bien!

El negocio con los supermercados Olea va estupendamente

y como yo lo conseguí me van a dar una comisión.

Te pagaré el resto del dinero, en cuánto...

me lo dé Vicente te lo doy. ¿Contenta?

Muy contenta. ¿Quieres estarte quieta con las magdalenas?

No puedo. Te vas a poner mala.

Ya... Ya está.

Hola, Carolina. ¿Qué tal?

¡Enhorabuena!

Sí, enhorabuena, Carolina. ¿Enhorabuena por qué?

¡Por la boda, mujer! Si no se habla de otra cosa hoy.

Ah, sí, gracias. ¿Me enseñas el anillo?

Ah, claro, mira.

¡Qué bonito! ¿A ver?

Es bonito, ¿verdad? Qué bonito, sí...

Sí, estoy muy contenta.

Te pongo lo tuyo. Sí, por favor.

Estamos todos muy felices de que te cases.

¿Para cuándo?

Pues aún no tenemos fecha,

pero yo quiero que sea pronto, lo antes posible mejor.

Ah, claro, normal. Bueno, ten.

Te voy a pagar ya que tengo mucha prisa.

Muy bien. Muchas gracias.

A ti. (LAS TRES) Adiós.

Menuda suerte ha tenido de encontrar a un hombre que se case con ella.

¿Por qué dices eso?

Con lo guapa y lo buena que es Carolina,

¿por qué no querría un hombre casarse con ella?

No, si guapa sí es, sí, pero...

(SUSPIRA) No me cae nada bien la hija de la tabernera.

No me cae bien.

¿Te quieres estar quieta? Ay...

Déjame hoy.

Andrés, es que no puede ser.

Si cedo contigo, tengo que ceder con todos.

-Pero si es solo un día, a lo sumo dos.

-Ya, pero es que no es tu padre, es tu tío.

¿Cómo le explico eso a don Vicente? -Mi tío es más que mi padre.

Me cuidó durante muchos años mientras mi padre estaba desaparecido.

-No sé, espera a tu día de libranza o al domingo, cuando te toque.

-Está muy grave,

igual no llega ni al domingo. -Joder...

-Recuperaré las horas que falte cuando vuelva, trabajaré el doble.

-Mira, es que no es eso.

Sabes que en esta época se trabaja mucho y todos a la vez.

Con uno metiendo horas no me soluciona nada.

-Nunca me perdonaría dejar solo a mi tío en sus últimas horas.

No me lo perdonaría jamás. -Sí...

¿Qué hacéis aquí?

¿No se supone que vamos con retraso? ¿Qué haces aquí parado?

Bueno, es que me está pidiendo uno o dos días de libranza,

es que tiene un familiar muy enfermo. -Es mi tío.

-Sí...

-Ya le han dado la extrema unción.

Claro, está bien.

¿Te crees que me trago ese cuento? Venga, Andrés, ¿tu tío?

¿Y lo próximo? ¿Tu abuelito con reuma?

¡Por favor! Todos sabemos que la única familia que te importa

es la copa y la botella.

Ponte a trabajar y deja de hacer el vago.

Se lo pido por favor. Ni por favor ni nada.

¿No le habrás dado el permiso? No, todavía no...

Pues no hay más que hablar, ya está.

Anda, venga, al tajo, que se te paga por eso.

¡Venga! Y a trabajar con alegría, que tú por lo menos trabajas.

Quiero que me ates bien corto a este.

No me fío un pelo de él.

En cuanto nos haga una, a la calle. Claro, claro.

Bueno, te dejo.

-¿Está usted segura? -Absolutamente, hija.

Fue una regañina de matrimonios,

pero tranquila que no llegará la sangre al río.

-No sé, padre y usted parecían muy enfadados.

Si usted dice que todo está bien será así.

-Hola, buenas.

-¿Del Padre Genaro qué se sabe? -Pues nada, hija,

está todo el pueblo intrigado porque un hombre tan robusto y sano,

yendo al monte continuamente, de aquí para allá,

y le da un infarto. No sé...

-A ver a quién nos manda ahora el arzobispado.

-Pues sí porque hemos tenido mala suerte antes del Padre Genaro.

Siempre nos enviaban los deshechos.

-Ya sé yo lo poco que le gustaban los sermones del Padre Bartolo.

-Quita, quita.

-Igual nos mandan a un cura yeyé. -¡Ay, hija, por Dios, no!

¡No quiero que me dé la comunión un melenudo!

-Pues llegan a mucha gente a la iglesia,

incluso tocan la guitarra en misa. -¡Me vas comparar un canto gregoriano

con un pelanas tocando la guitarra! ¡Muy moderna has venido tú!

A saber qué te han dado. -Buenos días.

-¡Elena! -¿Qué hace que nos saluda?

-Disculpa a mi madre, por favor. Ella...

solo trata de protegerme.

-No, si no hay nada que disculpar, entiendo que estéis enfadadas.

Nos superaron las circunstancias. -Precisamente por eso,

yo me comporté como una niña malcriada.

Creo que ha llegado el momento de pedirte disculpas.

-Bueno, por mi parte está todo olvidado.

¿Por qué no vienes a merendar un día a mi casa, como antes?

-Bien, gracias.

-Ea, con Dios. Hija, a ti no hay quien te entienda.

-Ya le dije que en el balneario

he aprendido a ver las cosas de otra manera,

con distancia.

-Te voy a dar yo a ti distancia.

Vicente, ¿tienes un momento?

Hombre, por fin has salido del cuarto de baño.

Perdóname, Vicente.

He sido una estúpida,

no debía haberte hablado así.

Entiendo que te preocupes por tu padre

y que hayas querido contarle la verdad pero es que...

como habíamos quedado los dos que no le diríamos nada...

Ya lo sé, mi amor, ya lo sé.

Esto lo hago por los dos, hay que ir paso a paso.

Tarde o temprano mi padre se habría enterado

de que esa chica sigue adelante con el embarazo.

Es mejor que lo supiese por mi boca así me apunto un tanto, ¿entiendes?

Si tienes razón,

como siempre, mi amor.

Siempre tienes razón. (AMBOS RÍEN)

Pero no le des más vueltas.

Tu padre quiere lo mejor para todos los Cortázar

y nosotros tenemos que pensar en nuestra propia familia.

Ya lo sé...

Tenemos que...

apoyarnos el uno al otro.

Si estamos unidos, seremos más fuertes.

Nadie será más fuerte que tú y que yo, te lo aseguro.

Anda, tira.

(Música operística)

A ti te estaba buscando.

Quería hablar contigo por lo que me contaste del hijo de Gabriel.

Creo que debemos hacer lo mejor para él,

al fin y al cabo es un Cortázar.

Claro, padre.

¿Ha pensado algo?

Sí.

Quiero hablar con la madre.

Quiero hablar con ella, pero de una forma discreta.

¿Puedes encargarte de que venga?

¿A nuestra casa?

¿Una vulgar camarera aquí?

Será mejor que venga ella a casa que no yo a la fonda

para hablar de un asunto tan delicado.

Sí, que venga a casa.

Pero sé discreto, por favor.

Y ten cuidado, no la asustes.

Está bien.

¿Quiere algo más?

No, nada más. Bien.

Ah, sí.

Una cosa.

Muchas gracias, hijo.

¿Gracias por qué, por conseguir que esa chica venga a casa?

No, por contarme que continúa embarazada.

No sabes lo que significa para mí que quede algo de Gabriel,

es como si su vida tuviese sentido.

Va a nacer un Cortázar sangre de nuestra sangre.

Claro, padre. Lo imaginaba, por eso decidí contárselo.

Ya sé que he sido un padre severo contigo,

que hemos tenido nuestros más y nuestros menos

por tu carácter ambicioso,

pero sé que eres un buen hombre.

Gracias.

Gracias, no sabe la falta que me hacía oírle decir eso

y lo que significan para mí esas palabras.

En el fondo solamente he intentado siempre

buscar su reconocimiento y su aprobación.

Pues lo estás obrando.

Tú ocúpate de esa Carolina que yo le daré la noticia a tus hermanos.

No se lo van a creer. Ah...

¿Qué ocurre?

Rafael y Elena ya lo saben, padre. ¿Ya lo saben y no me han dicho nada?

No conozco cuáles son sus motivos, pero el caso es que...

les escuché hablando del tema,

me di cuenta de la gravedad del asunto y por eso...

se lo conté a usted. ¿Sabían que iba a tener un nieto

y me lo han ocultado?

¿Y se llaman hijos míos?

¡Pero en qué clase de familia nos estamos convirtiendo!

Ahora mismo voy a hablar con ellos, ¡se van a enterar!

(Música operística)

¿Otra veza magdalenas, mujer?

Sí, y bien ricas que me han quedado. No lo dudo,

muy ricas tienen que estar, sí.

Pero lo que nos urge ahora son las empanadillas.

¡Ah! ¿No te acuerdas que te lo he dicho?

Perdona, no... ¿Dónde tienes la cabeza?

¿Qué te pasa?

Ha venido Carolina con su anillo de compromiso y...

Yo qué sé, se la veía tan contenta. Y tú con tus dudas, ¿verdad?

(ASIENTE) Pues mira, te voy a decir una cosa,

a lo mejor lo que pasa es que tú no tienes que casarte con Adolfo.

¿Yo con quién me voy a tener que casar?

Pues con Adolfo, ¿a quién voy a querer si no?

Lo que me pasa es que me ha cogido desprevenida,

solo es eso. No, claro, claro. Sí, sí, sí.

(Se abre la puerta) -Hola.

-Buenas. -Señoras...

Sofía les atenderá, es que yo... Tenemos urgencia de empanadillas.

Buenas. Hola, hija.

-Hola, buenas.

¿Quieres fumar? Ah, no, que en tu estado no puedes.

¿En qué estado se supone que estoy?

Sé que no has abortado, Carolina,

así que no intentes fingir conmigo.

Quieta ahí, siéntate si no quieres que grite a los cuatro vientos

que estás preñada.

Y sonríe, como si mantuviéramos una conversación amena.

Muy bien, así.

¿Crees que vas a poder ocultarlo mucho tiempo?

No estoy embarazada, claro que aborté, hice lo que usted me pidió.

¿Cuándo me va a dejar en paz? (CHISTA)

Sonríe, que hay gente mirando.

Mi padre quiere hablar contigo.

Se ha enterado que su hijo le ha dejado un nieto y quiere verte.

No tengo ningún motivo para verle. No va a tener ningún nieto.

Deja de reírte de mí.

¿Estamos?

Si eres lista harás lo que yo te diga.

Además puedes ganar mucho, tanto tú como tu criatura.

Mi padre es un hombre rico y poderoso,

yo de ti no despreciaría su ayuda.

Anda, ven esta tarde a casa.

No digas nada de esto a nadie, él quiere mantener este asunto

con la máxima discreción posible, igual que tú, supongo.

Venga, no te arrepentirás.

¿Qué te ha dicho Vicente? -Nada.

Me ha dado un par de impertinencias esas de las suyas.

-Si Vicente se muerde la lengua se envenena.

Tú no le hagas caso.

¿Cómo estás, muy cansada? -No.

Me senté aquí un rato para descansar...

Y ya estoy bien, estoy mejor.

-¿Nada? ¿Ningún Ormaechea?

¿Y por la hache tampoco le figura nada? Tampoco.

Claro, muy bien, gracias.

-Esta era la última de las bodegas,

aunque no sé si habrá más registradas.

Es muy difícil, es como buscar una aguja en un pajar.

-Lo que pasa es que el pajar son los EE.UU.

¡Dios mío! ¿No se podría haber ido a Andorra?

No sé, lo único que se me ocurre...

Podemos llamar a la embajada española en EE.UU.

a ver si tienen un registro de residentes.

-Yo creo que tenías razón. Lo mejor es que hablemos con Luis.

Ha trabajado con los Miranda, él seguro que sabe algo.

-¡Vaya!

Pensaba que querías mantenerle al margen.

-Y lo quiero mantener al margen, pero visto lo visto...

-¿Aquí cuchicheando y tramando algo, como siempre?

-Padre, ¿por qué dice eso? -Porque lo sé, tengo pruebas.

Me estáis ocultando cosas y actuando a mis espaldas.

-¿Pero qué dice? Está siendo muy injusto.

-¿Me estás llamando injusto?

¡Me ocultáis que voy a tener un nieto y me llamáis injusto!

Bueno, ¿y qué tal, Inés? Pues muy bien, pero no tanto como tú.

Ay qué ver qué nuera más guapa que tienes.

-Y todavía más simpática. Se ve que mi hijo la hace muy feliz.

Ya, ya, que me pondréis colorada. ¿Qué os pongo?

Pues para mí una barra. ¿Y para usted hogaza?

Sí y también me pones una barra.

¿Tanto pan? ¿Tiene visita? No, visita no.

Es que ha vuelto Jesús y ya sabes que a él le gusta mucho el pan de barra.

Ah, ¿ya ha vuelto Jesús? ¿No ha pasado a saludarte?

No. Ay, madre, ese chico.

Habrá ido directamente a la bodega.

No tiene cabeza nada más que para el trabajo.

-Vámonos, que nos ponemos aquí a hablar y nos dan las tantas.

-Oye, qué pesada eres, Inés, por Dios.

Adiós, bonita. Adiós.

Oye, felicidades por el campeonato de mus.

¡Vais a tener un gentío en la fonda! -Bueno, a ver, eso espero.

¿Vendrá tu padre? ¿No me fallará? -Sí, no...

Mi padre está nerviosísimo. Hace pareja con Roberto.

Pobre Roberto, con lo ansioso que se pone mi padre jugando al mus,

se va a tener que armar de paciencia.

-Oye...

Estoy pensando que igual no puedo estar en el campeonato.

-¿Cómo que no? Pero si lo has organizado tú.

-Ya, pero es que me acabo de acordar que...

Que justo esta tarde tengo una cosa que hacer.

-Bueno, pero podrá esperar.

-No.

No, me temo que no.

-Lo sé por Vicente, que es un buen hijo.

De ti no me ha extrañado tanto,

pero de ti no me lo esperaba, Rafael.

-Lo siento, padre.

-Él se lo iba a decir pero yo le pedí que no lo hiciera.

-¿Qué te hace pensar que no debía saber que iba a tener un nieto?

-En primer lugar por la madre, me pidió que no se lo dijera a nadie.

Y en segundo lugar, porque lo conozco y sé que usted es capaz

de hacer cualquier cosa. -¡Ni que fuera un monstruo!

Todo lo que he hecho es defender a la familia y protegeros.

Ese pequeño es un Cortázar como vosotros,

¡sangre de mi sangre!

Lo voy a proteger por encima de todo,

aunque sea lo último que haga.

-¿Qué va a hacer, padre?

-¿De verdad creéis que podéis pedirme explicaciones?

No me lo puedo creer.

-Ponme un chato, por favor, Pilar.

Gracias.

-¿Por favor? ¿Gracias?

Hacía años que no me decías una cosa así.

Encima no pides ninguna tapa...

y todavía no me has dicho ninguna impertinencia.

A ti te pasa algo y muy grave.

-Mi tío,

se está muriendo ahora mismo.

He pedido permiso para ir a verle... -¿Te lo han negado?

¿Los Cortázar? -Vicente.

Así que no voy a poder despedirme de él.

-Invita la casa.

Solo por esta vez, eh...

-Ale, madre, aquí está todo.

-¿Y los garbanzos?

Hija, los amarracos, de los tanteos...

-Ya... -Anda, deja, que ya voy yo.

No sé lo que te pasa, pero tienes la cabeza en otro sitio.

-Ya.

Ya, es que hoy me he encontrado a Vicente Cortázar, madre, y...

Nada, que no me lo saco de la cabeza.

-¿Por qué? ¿Qué te ha dicho? -Nada. Nada, no...

Es que me pongo nerviosa solo de verlo.

-No me extraña. Pero bueno, ahora olvídate de él,

con la que tenemos con el campeonato

tendrás la cabeza ocupada. -Ya...

Madre, yo no sé si podré quedarme hoy.

-¿Cómo? Pero hija, que se nos va a poner esto de bote en bote.

-Ya lo sé, pero es que tengo

un recado muy importante que hacer en la farmacia.

Le prometo que en cuanto termine vengo aquí a ayudarla, de verdad.

Que vaya muy bien.

-¿Está por aquí Andrés? -Sí, ahí.

-Buenas.

-¡Pilar!

Ponme una botella de orujo.

¿Jesús?

¿Jesús?

¿Hay alguien?

¡Sofía! ¡Adolfo!

¿Estabas aquí? ¿Has venido a verme?

Sí, a traerte esto. Unos dulces, era una sorpresa.

Qué detalle.

Uy, vaya...

¿Son de coco? ¿No te gustan?

Bueno, es que en realidad soy alérgico al coco,

¿no te lo había dicho? Se me había olvidado, si es que...

No doy una. Nada, no te preocupes, no pasa nada.

Lo que me gusta es que hayas venido a verme,

no sabes la ilusión que me hace.

¡Jesús!

No sabía que estabas aquí.

¿Cómo me ibas a ver, si estabas estrujando a tu novia?

Tú también lo harías si vinieran a verte al trabajo.

Además, mira lo que ha traído.

Tus dulces favoritos.

¿Son para mí?

¿Coquitos? (SONRÍE)

En realidad los había traído para mí,

pero había olvidado lo de mi alergia al coco.

Se los regalamos, ¿verdad? Claro.

Muchas gracias. Te estaba buscando para ver si habías controlado

la temperatura de la cuba. Justo iba a hacerlo ahora.

Enseguida vuelvo. (ASIENTE)

Ya teníamos que haber salido.

-¿Por qué tanta prisa? La fonda está aquí al lado.

-Porque sí, me había hecho a la idea de que íbamos a llegar con tiempo.

-Lo que pasa es que estás nervioso por el campeonato.

-No se crea, a mi lo de ganar o no tampoco me importa tanto,

vamos, que si ganamos, bien, y si no ganamos también bien.

El que me sube la tensión es su marido.

El hombre está tan obcecado con esto de ganar, tan obsesionado

y tan acostumbrado a ganar que no sé si voy a estar a la altura.

-Pero tranquilo,

lo importante es participar y si se pierde no pasa nada.

-¿Cómo que no pasa nada? ¿Cómo que lo importante es participar?

Esto no es un campeonato de beneficencia,

aquí uno se juega el honor.

-El honor y un jamón de pata negra.

A ver si lo traéis que falta nos hace.

-Cuenta con ello.

Aquí Roberto y yo vamos a ganar, ¿verdad?

-Sí. -Aunque solo sea por no escuchar

al pesado de Ortega siempre presumiendo.

¡A ganar! -Sí.

-Mírale qué requeteguapo se me ha puesto con el traje de las bodas.

¡Qué elegancia!

-Por si nos piden un retrato los de "La Gaceta".

Quiero salir en la foto guapo y con el trofeo.

-Cuidado, padre, que está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.

-Roberto y yo vamos a cazar ese oso aunque sea a mordiscos.

¿Verdad, Roberto? -Sí, señor.

-Eso es. -Ale, mira, una pata de conejo,

dicen que trae suerte. -Ah, pues vale.

No nos hace falta, pero lo guardaré. -Pues nada... ¿Vienes, Manuela?

-Sí. -¡No!

-¿Cómo que no? -Qué no, hija,

hay mucha faena como para que te vayas de jarana.

-Qué no, cuando vuelva hago lo que usted quiera pero ahora mismo me voy

con mi novio y con mi padre a verles ganar.

¡Qué no! Me voy a por el bolso. ¡Esperadme!

-Déjala, que quiere ver a su padre. -¿Tendrá cara dura?

¡Ay!

Bueno...

-Eduardo, quería preguntarle... ¿Andrés ha ido a hablar con usted?

-Sí, ha venido, quería unos días

para visitar a un familiar que tiene enfermo,

pero no ha sido posible.

No, yo estaba a punto de dárselo, pero...

Ha venido don Vicente y ya sabes que con él no se puede hacer nada.

-Se habrá quedado destrozado. -Sí...

-¿Qué? ¿Preparados para ganar?

-Nos los vamos a comer con patatas, ¿eh, Roberto?

-¡Vamos! -¡Venga!

-¡Que me traigas el jamón de pata negra!

-Sí...

Has vuelto muy pronto de Madrid. ¿Ha ocurrido algo?

No. Ah...

Los he hecho para ti.

Tu madre pasó por el horno y me dijo que ya habías vuelto.

He venido a verte a ti, no a tu hermano.

Tengo que volver al trabajo. Sí, yo también,

tengo mucho ajetreo... Claro.

¿Le dices a Adolfo que he tenido que irme?

Sí.

Bueno, vamos a ver. Gustavo, vuestra mesa aquí.

Jorge, vosotros, con Nicolás y Bermúdez, ahí.

-Eduardo, ¿ya estás aquí? Pensaba que te había dado canguelo.

-¿Canguelo? No sé lo que significa eso, autoridad.

-Venga, menos lobos y todo el mundo a su sitio.

Ángel, Ortega, esa es vuestra mesa. -Vale, vamos para allá.

-Eduardo, Roberto, aquí. Venga, todo el mundo en su sitio.

-Vale, vale.

-Vamos a empezar el campeonato.

Ya sabéis todos las normas.

Vamos a hacer tres juegos,

valen las señas,

menos en la primera mano que es mus corrido y sin señas.

Vamos a utilizar ocho ases y ocho reyes.

¿Entendido?

-Sí, entendido, entendido. -¿Entendido, todos?

(JUGADORES) Sí... -Claro, nos lo sabemos ya.

-Bueno, pues venga, empezamos con el campeonato de mus de Lasiesta.

¡Suerte y a jugar!

-¿Te acuerdas de las señas? -Creo que sí.

-Pues tranquilo, que todo va a ir bien.

Suerte. -Más que suerte voy a necesitar.

-Dimas, no entretengas a mi sobrino,

que tiene que concentrarse en las cartas.

Date mus.

-No hay mus, envido a grande. -¡Ah! ¡Mi sobrino! (RÍE)

Pues ale, una de grande. Vamos para allá. Sigue.

-¿No importa, no?

Venga, hablando.

-Pares paso. -Envido.

-Diez más. -¿Juegas contra la mano?

-Sí. -Tú verás.

Órdago. -Bien, quiero.

¡Joder, vaya juego!

Me ganas, solo tengo medias.

-Dúplex. -¡Dúplex!

-Muy bien, 1-0. Gustavo, hay que estar atento.

-Toma.

-No te preocupes...

¡Sí, señores! Nos hemos ido, qué le vamos a hacer. (RÍE)

Bueno, para otra vez será.

(RÍE)

(Pasos y llaman a la puerta)

Adelante.

Padre, está aquí Carolina.

Tenía ganas de conocerte.

¿Quieres tomar algo?

¿Un té, una manzanilla o una limonada?

-No, muchas gracias. -Entonces siéntate, por favor.

¿Sabes por qué queremos hablar contigo?

-Sí, su hijo me lo ha dicho.

-Sabemos que sigues embarazada.

-Sí, eso es verdad, pero...

Pero no es de su hijo Gabriel. -¿Cómo?

-Yo aborté como me pidió Vicente

pero poco después volví a quedar embarazada,

de mi novio, Ángel.

Fue todo muy rápido. ¿Te crees que somos tontos?

¿Te estás riendo de nosotros? No, no, no, de verdad...

Carolina, hemos hablado con tu ginecólogo,

no ha habido ningún aborto,

así que el niño que llevas dentro es de mi hermano Gabriel.

Lo sabemos todo, no te hagas la tonta.

El hijo que esperas es de Gabriel, ¿verdad?

-Sí.

Sí, pero yo no me quiero aprovechar de ustedes.

No voy a pedirles nada.

Me voy a casar con mi novio y él le dará los apellidos a mi niño.

Nadie sabrá nada, se lo juro.

No tienen que preocuparse de nada, de verdad.

-Carolina, yo quería...

Vicente, por favor, ¿nos puedes dejar solos?

¿Quiere que les deje solos?

Está bien.

Gracias por no querer aprovecharte de nosotros,

eso te ennoblece.

Pero quiero que sepas que el hijo que vas a tener es un Cortázar,

y como tal tiene que ser criado.

-¿Qué quiere decir con eso? -Que es un Cortázar,

y que esta casa será su hogar.

-¿Me quiere quitar a mi hijo?

Pero...

¿Cómo se atreve? -Nadie te quiere quitar a tu hijo,

al menos esa no es mi intención.

Pero quiero que te des cuenta de que la criatura que vas a tener

se merece la mejor vida posible.

-Pues yo se la daré, le daré todo lo que necesite

y muchísimo amor de sus padres.

-Con cariño no es suficiente.

¿Lo podrás llevar al mejor médico cuando se ponga enfermo?

¿Le podrás pagar el mejor colegio en el extranjero?

¿Qué le vas a dar de comer cuando las cosas vayan mal?

-Mire, nosotros saldremos adelante, sea como sea.

-No seas egoísta.

No pienses solo en tu conveniencia, piensa en tu hijo.

-A un hijo le conviene estar con su madre.

-Si eres razonable,

tendrás una asignación mensual para toda tu vida.

Con ella podrás mantener a los hijos que tengas con tu marido.

-¡Yo quiero tener a este niño!

No se lo voy a dar a nadie.

A mí no me va a comprar.

-Estoy siendo demasiado generoso contigo.

No me hagas ir por las malas,

será peor para la criatura y para ti.

(SUSPIRA)

Por favor,

piénsatelo.

Volveremos a hablar.

-¿Cómo voy a querer ir al punto? Si no tenías ni 28.

-Eduardo, pensé que iba de farol.

-¿La pata de conejo ya no os da suerte?

-Tú reparte, Ramiro, que estás más guapo calladito.

-Yo querría.

-¿Tú me has pasado dos ases? -Ya ha visto la seña.

-Yo tengo uno, pero es que dáselo a un órdago...

Nos lo llevamos en el pico, mejor al "tran-tran".

-Pero es que si no queremos se nos echan encima. Venga, quiero.

-Pues si mi sobrino dice que quiere, los Ortega queremos.

Los Ortega hablan... ¡Y ganan!

¡Olé! (RÍE)

No hace falta que nos ovacionéis. (RÍE)

-Bien jugado, ¿eh? -Anda, vele diciendo a tu padre

que ya hay finalista. (RÍE)

-Finalistas... ¡Los Polis de Lasiesta!

(Aplausos)

-Bueno, pues yo paso.

¡Puf! Vaya cartas que estoy viendo...

-Yo envido. -¿Envidas?

Te echo una docenilla.

-No me mata nadie, van todas.

-Pues yo quiero ese órdago.

Y me parece... que gano yo, ¿no?

(RÍE)

(Aplausos)

-Bueno, señores, ya tenemos la final: Viñateros contra Policías.

(Aplausos)

Ortega, contra Eduardo, como en los viejos tiempos.

Ahora a ver quién de los dos se lleva la pata de jamón para casa.

¿Padre? Nos ha dicho Inés que quería vernos.

Cierra la puerta y sentaos.

(CARRASPEA)

Quería hablaros del hijo de esa camarera, del hijo de Gabriel.

Os encargaréis de criarlo vosotros.

¿Cómo? ¿Perdón?

Carolina se irá lejos del pueblo,

antes de que se den cuenta de los síntomas del embarazo.

Y cuando vuelva, del bebé no habrá ni rastro.

Y tú, Rosalía, irás una temporada fuera,

para no despertar sospechas en Lasiesta.

¿Quiere hacer pasar al hijo de Gabriel por mi hijo?

Pero... eso es una locura. No...

Nadie sabrá nada, nadie dirá nada. Será vuestro primogénito.

Es una tontería, queremos tener nuestros propios hijos.

¿Y qué os lo impide?

Cuantos más hermanos tenga el niño, mejor.

¿Cómo ha conseguido convencerla para que le entregue al hijo?

No lo he conseguido todavía,

pero si es lista tendrá que aceptar las condiciones,

porque si no tendrá que atenerse a las consecuencias.

Voy a hacer todo lo posible por recuperar a ese nieto.

Y ahora, si me permitís... Don Alejandro...

Tengo mucho que hacer. Está bien, padre, está bien.

Cuidaremos a tu hijo como tú hubieras querido.

Será un Cortázar.

-Asun, soy yo... (RÍE) -¿Alicia?

¡No te había reconocido!

Tú a Adolfo Reverte le echaste el ojo muchísimo antes de marcharte.

Me acuerdo cómo suspirabas todas las tardes por él.

-Ahora será él el que suspire por mí, ya verás, es una cuestión de estilo.

-¿Te acuerdas de Alicia? A esa la tenías loquita.

Tenías que haberla visto.

Parece otra mujer.

La veo moderna, decidida.

Hemos quedado en vernos para ponernos al día.

-Tenía que haber insistido más para que me dieran el permiso.

¡La culpa de todo la tiene Vicente Cortázar!

Te juro que ese mierda me las va a pagar, lo juro.

-No, Andrés. Andrés...

-Estás acabando con mi paciencia. No toleraré más faltas de respeto

ni a mí ni a mi hermano. -¡Le hablo como se merece!

¡No dejaré que su hermano me joda más la vida!

¡Antes le parto la cara! -Se acabó, vete de aquí.

¡Estás despedido!

-¡Eh! ¡Andrés, ya!

-Prometiste que no dirías a nadie que sigo embarazada.

Solo tú lo sabías. -¿Qué te han dicho, Carolina?

-Lo que quiere no tiene nombre,

nadie con un poco de corazón pediría a una madre hacer algo así.

-No creo que padre quiera hacerle daño a ese niño.

Ya viste cómo se puso con Vicente con el aborto.

-¿Por qué se había puesto conmigo así Carolina?

-No sé, este niño le liga de por vida a esta familia.

A no ser... ¿Estás pensando lo mismo que yo?

-No puede ser que padre le haya dicho que se quiere quedar con el niño.

Tú has trabajado de sol a sol mientras tus hermanos vivían la vida

para que todo esto pase a manos de alguien que...

No, no, dilo. Si yo pienso igual que tú.

Tenemos que hacer algo.

Tienes que hacer algo, Vicente.

Tienes razón.

Tú no te preocupes que no criarás al hijo de otra, te lo garantizo.

Ay... Anda, ven aquí.

No lo voy a hacer y es mi última palabra.

¡No me provoques, Vicente!

Si no te haces cargo de ese niño,

¡soy capaz de regalarles las bodegas a los curas!

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 63

09 ago 2013

Alejandro, al enterarse de que Carolina sigue embarazada, se cita con ella y le dice que tiene intención de quedarse con su hijo, por las buenas o por las malas. Por otra parte, comunica a Vicente y a Rosalía que ellos serán los padres de ese niño, haciéndole pasar por su propio hijo.

 

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