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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 61 - Santiago cuenta a Bernardo la verdad sobre la muerte de Ricardo Reverte y del padre Genaro - ver ahora
Transcripción completa

El autocar de línea que viene de Madrid ha tenido un accidente...

Jesús se ha quedado en Los Madriles porque tenía trabajo,

así que no te preocupes.

-¿Te has asustado pensando que a Jesús le había pasado algo?

Bueno, es tu hermano, ¿no? Yo diría que es algo más que eso,

fue el primero que me advirtió de lo especial que eras.

Contigo he aprendido lo que es querer a alguien, Sofía.

No quiero perderte nunca.

-¿Qué haces aquí hablando con este?

-Es que le había encargado...

un dulce para ti y bueno, me lo estaba entregando.

-Que tengan un buen día.

-Te voy a advertir una cosa, Elvira:

como se te ocurra engañarme, vas a dejar de ser una buena esposa

para convertirte en otra cosa mucho más horrible.

-¿Y si Santiago Miranda pagó a Ormaechea

para que matara a nuestro hermano,

y luego, cuando lo hizo, se largó lejos de Lasiesta?

-Eso es absurdo.

Si quisiera matarle contrataría a un matón, no a un ingeniero.

-No sé, hay algo en todo esto que no encaja.

¿Y Vicente qué opina?

-No se lo has dicho. -Cargará contra Luis

sin importarle la verdad. Te prometo que en cuanto sepamos algo más

yo misma se lo contaré todo.

-He abierto la puerta de la sacristía y junto a la botella medio vacía

estaba...

el cuerpo sin vida de nuestro párroco don Genaro.

(SOLLOZA) -¿Está usted segura, señora?

-Don Genaro está muerto,

y bien muerto, lo he visto yo.

-Se descarta que haya sido un robo,

es una muerte repentina tal y como pasó con Ricardo Reverte.

En este caso hay dudas de que sea una cosa de corazón.

Un hombre tan sano, parecía como un roble, pero bueno,

la autopsia nos sacará de dudas.

-Son los resultados de la autopsia del Padre Genaro.

Tenía un alto índice de metanol en sangre,

como Ricardo Reverte,

aunque supongo que tú esto ya lo sabías.

-Bueno, pues ahora ya sabes lo que tienes que hacer.

-¿Me estás pidiendo que falsifique la autopsia?

-No será la primera vez.

-Mañana a primera hora iré a entregar estos resultados a la Policía,

salvo que tú me digas qué está ocurriendo.

No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz...

en medio del cielo.

He venido a traerte esto.

Son los resultados de la autopsia del Padre Genaro.

Tenía un alto índice de metanol en sangre,

como Ricardo Reverte,

aunque supongo que tú esto ya lo sabías.

(Se abre una puerta)

-Don Bernardo, buenas.

Ya sé que es usted un hombre muy ocupado,

pero le voy a robar muy poco tiempo. Necesito hablar con usted.

-Eh... Sí, sí, adelante. -Es que necesito saber

las últimas novedades que haya sobre la muerte del Padre Genaro

y como usted es el encargado del informe forense

y de la analítica post mórtem pues quería hablarlo.

-Siéntese, siéntese, Ortega.

-¿Pero qué le pasa, don Bernardo? ¿Se siente usted bien?

-Sí, siéntese. -Tiene usted como mala cara.

-No, no se preocupe, no se preocupe.

Es que casualmente estaba pensando en llamarlo y...

Y hablar con usted sobre este asunto.

-Pero...

-Verá, usted sabe que como médico

me veo en la obligación de seguir un código deontológico

y que como alcalde debo velar por la seguridad

y el bienestar de los vecinos -Por supuesto.

-Y bueno, esta doble condición mía

me obliga a colaborar, como siempre he hecho,

muy estrechamente con la Policía. -Pues naturalmente,

ya lo hizo en el caso de Ricardo Reverte y ahora,

lo cual le agradecemos mucho.

-No, por favor, no tiene que agradecerme nada, es mi obligación.

Lo que quiero contar...

es, en fin, es...

En realidad hubiese querido hablar de esto antes, pero...

-Dígame, soy todo oídos.

-Es un asunto difícil, Ortega.

Es difícil porque se trata...

de diversos aspectos de la muerte de Ricardo Reverte

y del Padre Genaro.

En ambos casos ha coincidido una misma circunstancia...

-Buenos días.

-Hola, buenas. -Siento molestar,

pero es que tengo algo muy urgente que contarle al alcalde.

-Eh... Bueno, pasa al salón y espérame un momentito,

enseguida estoy contigo. -No, es que no puedo esperar,

ya te estoy diciendo que es algo muy urgente.

Es algo de vital importancia,

si no, no insistiría tanto, te lo aseguro.

-Ortega, me veo en la obligación de pedirle disculpas,

pero... En fin, ¿podemos continuar con este tema en otro momento?

-Sí, sí, claro. Pero es que me iba a contar algo muy importante

en relación con las muertes de Ricardo Reverte y el Padre Genaro.

-Sí, sí, por supuesto.

En fin...

En resumen, lo que quería decirle es que...

se están produciendo unos retrasos en los resultados de los análisis

y bueno, quiero que quede claro que estoy haciendo todo lo posible

para que la analítica esté en mis manos cuanto antes

y poder así contribuir con la investigación.

-¿Eso era el asunto importante que me iba a contar?

-Sí, porque los...

Los análisis del Padre Genaro todavía no están en mis manos,

y yo no quisiera que pudiera pensarse...

que es dejadez de mis funciones. -No, por supuesto.

¿Cómo iba a pensar yo eso? -Bien, este era el asunto.

Me alegro que lo haya entendido, Ortega.

Si no le importa ahora dejarnos solos...

-Naturalmente. Pues que tengan ustedes un buen día.

-Le acompaño, sí.

En cuanto tenga la analítica, por supuesto que se la envío.

-Gracias. -Buenos días.

-Buenos días.

-Siéntate, Santiago.

-Eres un cochino traidor, Bernardo.

Ibas a contarle lo del metanol a este policía.

Me he salvado por los pelos.

He venido a contarte lo que me pediste anoche: la verdad,

la verdad sobre la muerte de Ricardo Reverte y del Padre Genaro.

Te estás jugando el pellejo por mí,

tienes derecho a saberlo todo.

-Clotilde, llevas mucho rato callada. Francamente, me siento incómoda.

Has sido tú quien ha querido que saliéramos a tomar algo

porque querías contarme no sé qué. -Ya, ya, Fernanda, perdona...

Es que lo que tengo que decirte me resulta muy difícil.

De todas formas, si no se lo digo a alguien, reviento.

Es que creo que...

Que mi marido no me guarda fidelidad.

-¿Cómo? -Pues que me engaña con otra.

-¡Ay, por Dios!

Pobre Clotilde. ¿Pero estás segura?

A ver, ¿por qué crees que Bernardo te es infiel?

-Pues por culpa de Panticosa.

¿Quién me mandaría a mí ir allí a los Pirineos,

cuando mi lugar era estar aquí, junto a mi marido?

Al irme le dejé a expensas de una mujer que lo corrompió

como Dalila corrompió a Sansón.

-¿Pero tienes alguna prueba o son solo sospechas?

A lo mejor se trata de un malentendido.

-Tengo una factura de 2.000 pesetas

que encontré en su bolsillo de la joyería Márquez de Haro.

-¡Oh!

¿Y eso qué tiene que ver?

-Pues verás, que hace unos días vi que Bernardo no llevaba la alianza

y me dijo que la había llevado a una joyería de Haro

para que se la ensancharan.

¡Pero es que ensanchar un anillo no vale ese dineral!

-Mujer... A lo mejor lo que pasa es que quiere sorprenderte

regalándote una alhaja. -Tú no conoces a mi marido,

si es más agarrado que un chotis.

Solo me regaló unos pendientes cuando le nombraron alcalde

y porque teníamos una recepción pública.

-¿Y tú crees que podría comprarle una joya a otra mujer?

-Sí.

(SOLLOZA) Y es que, además...

Es que además últimamente hace cosas fuera de lo normal, Fernanda.

Ayer no estuvo en todo el día en casa,

y después, por la noche,

volvió a salir pero sin darme explicaciones.

Tiene una aventura seguro, seguro.

-Clotilde... Clotilde, anímate.

Piensa que la carne es débil

y todo hombre echa una canita al aire de vez en cuando.

Como diría nuestro párroco, don Genaro:

"Es de esposa cristiana perdonar".

-Ya...

-¿Y sospechas de alguien?

-Sí, de Elvira Miranda.

Va a menudo a la consulta para que la ausculte mi marido, la muy guarra.

Que Dios me perdone.

-Pero tu marido es médico y atiende a todas las mujeres del pueblo.

¿Por qué precisamente ella?

-Pues porque la revista donde Elvira salía desnuda

era de...

mi marido.

-¡Madre del amor hermoso! -Estoy segura de que esa pelandrusca

con la excusa de que mi marido le mire la garganta

va para que le mire otras cosas

y solo me faltaba lo de la factura de la joyería.

-Buenos días. -Buenos días... ¡Perdone!

Perdone, ¿me permite admirar sus pendientes?

-Ah...

-Son preciosos.

De oro, ¿verdad?

-Sí... Sí, sí. Hace muy poquito que los tengo.

-Ah... -¿Por qué?

-No, por nada, es que me han gustado mucho.

Son preciosos, ¿verdad, Clotilde? (ASIENTE)

-¿Y cuánto le han costado, si no es indiscreción?

-Esa pregunta está fuera de lugar.

De todas maneras tampoco podría responderla porque...

Porque son un regalo.

Y ahora, si me disculpan, tengo muchas cosas que hacer.

-No, no se preocupe.

Ya somos nosotras las que nos vamos.

Ah, y sus pendientes que le aprovechen,

por mí como si se le atragantan.

-No puedo creerme lo que me estás contando, Santiago.

¿Por qué alteraste químicamente tus propios vinos?

-Acepté un pedido muy grande,

y me di cuenta de que...

mis bodegas no tenían capacidad de producción para asumirlo.

Entonces compré vino de fuera de La Rioja y...

Para que alcanzara la graduación necesaria

para entrar en la denominación de origen,

decidí alterarlo con metanol.

-Tan solo eso es un fraude, entre otras muchas cosas.

-Contraté a un químico para que lo hiciera, pero...

se le fue la mano con las proporciones del metanol,

lo único que creó fue un vino letal para el consumo humano.

Salió mal la jugada.

-Y tan mal,

como que dos vecinos de este pueblo se fueron al otro barrio.

Dos vecinos que podrían haber sido cualquiera de nosotros,

¡de tu familia, de mi familia!

-¡Yo no tenía interés en hacerle daño a nadie!

Hice que destruyeran toda la partida,

la 356, que era la del vino intoxicado.

Lo hicimos sin lanzar la partida al mercado,

sin levantar sospechas.

-¿Cómo llegaron esas dos botellas

a manos del Padre Genaro y de Ricardo Reverte?

-Es frecuente que desaparezcan unas botellas en cualquier bodega

y más cuando se cuenta

con trabajadores temporeros como es mi caso.

-¿Me estás diciendo que un trabajador tuyo robó esas botellas

y las repartió por Dios sabe dónde?

-Sí... (TITUBEA) Un tal Gervasio, pero solo robó tres botellas,

para sacarse un dinerillo antes de marcharse de Lasiesta.

He oído que... Que estaba por Portugal.

-Tres botellas, dices. ¿Tres botellas?

Bueno, han aparecido dos, falta una. Tenemos que avisar al pueblo.

-¿Estás loco?

Si esta historia llega a conocimiento de la gente,

es el final de las Bodegas Miranda

y te recuerdo que tú también eres socio.

-Hay cosas más importantes que eso.

-No pienso consentir...

que todo mi esfuerzo y el de generaciones...

¡se vaya al garete por una maldita botella!

Bastante dinero perdí al destruir las botellas contaminadas.

-Tú habrás perdido mucho dinero

pero hay dos vecinos que perdieron la vida en este pueblo

y sabe Dios cuántos van a perder más la vida con la botella que falta.

-Solo hay que encontrar esa última botella.

-Lo siento, Santiago, pero voy a llamar a la Policía.

-¡No puedes hacer eso!

-Debo hacer eso, como alcalde y como vecino de este pueblo.

-¿Y qué les vas a contar,

que falsificaste el informe de la autopsia de Ricardo Reverte,

a cambio de un 5% de las Bodegas Miranda?

¿Y qué va a ser de tu carrera médica y de tu carrera política?

Eres mi cómplice, Bernardo,

estás tan metido en esto como yo.

Lo que tienes que hacer

es falsificar el informe de la autopsia del Padre Genaro

y conseguir la botella...

que le causó la muerte y hacerla desaparecer.

(CARRASPEA)

Hola, ¿Laboratorios Mendizábal?

Sí, tengo una pregunta sobre un trabajador.

Ajá, muy bien, perfecto. Cinco barricas de doble americano.

Ya me dirá cuándo me las trae, gracias.

Perdona, eh, que no quería molestarte.

Eh... Que parece que estabas haciendo una llamada importante.

Sí, no, pero ya he terminado de hablar.

¿Querías algo? No. No, no, no.

Quería llamar a la tintorería para ver si tenían listo

un abrigo que les dejé, pero si tienes que hacer más llamadas

puedo volver más tarde. ¡Qué va! El teléfono es todo tuyo.

Me voy a las bodegas que tengo cosas que hacer.

(SONRÍE) Gracias.

Tú... ¿qué haces aquí?

¿Qué pasa, tengo que pedirte permiso para entrar en el despacho o cómo va?

No sé, pero se me hace raro.

Llevo aquí varias horas,

salgo un momento a por el periódico y entras tú.

¿Qué estabas haciendo?

¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones

de lo que hago en mi propia casa, Vicente?

No sé, ¿desde que actúas como si tuvieras algo que ocultar?

Deja, Pilar, que ya te lo cuelgo yo.

-Ay...

-Vale, aquí.

¿Cómo?

Oye, ¿vais a hacer un campeonato de mus en Lasiesta?

-Sí, en La Fonda de Pilar.

Se le ha ocurrido la idea a Carolina, dice que va a ser un éxito.

-Bueno, es muy buena idea. Así no tenemos que marchar hasta Briones.

-Ojalá todos lo vean así. ¿Por qué llenar los bares de los otros pueblos

pudiendo llenar el nuestro, no te parece?

-Hombre, pues claro que sí.

Hacía muchísimo que no se hacía un campeonato de mus en Lasiesta.

-Pues mira, desde que yo llegué aquí a Lasiesta

que yo recuerde no se ha celebrado ninguno.

-¿Se te ha apuntado alguien ya? -No, por eso espero

que cuando vean el cartel la gente se anime, que si no... (SUSPIRA)

-Pues apúntame a mí, con Eduardo. -¿Sí?

-Los primeros de la lista. Hombre, claro que sí.

-¡Qué bien! -Y ya verás tú

cuando empiece a correr la voz, se te va a llenar la fonda

que no te va a entrar un alfiler. -Pues eso espero, hijo,

porque he encargado un jamón de pata negra como premio para el campeón.

Como esto no se llene no sé cómo lo voy a pagar.

-¡Qué me estás contando! ¿Un jamón pata negra?

-Digo. -Pero qué nivel que os traéis, ¿no?

He visto campeonatos que la gente jugaba

por una lata de sardinas. (RÍE)

-Que sí, que te lo digo en serio.

En el mus lo que importa al final es echar un buen rato.

-¡Pero qué dices tú de echar un buen rato!

Lo que importa es ganar, cómo se nota que no has ganado nunca

y me refiero a campeonatos de verdad como los que se jugaban antaño.

-Se cuenta en el pueblo que usted era un portento en esto del mus.

-Ah... El sabor de la victoria es inolvidable, oye,

algo que no se puede explicar.

Ay, Dios mío, cuanto más me costaba,

más me gustaba.

Yo he pasado noches enteras en vela jugando hasta el amanecer.

-Pues tendrías a tu señora contentita.

-Cuando llegaba a casa la Puri estaba con la cara que pegaba a los pies.

Pero es que se me pasaba el tiempo volando mientras le daba.

-Usted tuvo una buena racha, ¿no, Ortega?

-¡Una buena racha, dice! A saber le llaman suerte.

Yo y el Porfirio éramos la mejor pareja de la comarca,

campeones... No había quien nos ganara.

¡Qué tiempos! Dios, qué tiempos... -¿Y cuánto duraron aquellos tiempos?

-Pues duraron lo que duran las cosas, pues muy poco, porque llegó un listo

y nos apagó un farol.

-Está usted hablando de Eduardo Matute, ¿verdad? ¿Sí?

Dicen que él y Fidel eran los mejores del pueblo.

-¡Qué dices! Si no sabían ni tenerlas en las manos.

¿De qué vas tú? Lo que pasa... Bueno, este campeonato va a volver a poner

las cosas en su sitio

y papá se va a volver a poner encima de mamá, ya lo verás.

(LOS TRES RÍEN) ¿Entonces qué me dice, se apunta?

-Hablaré yo con el Porfirio y le pediremos la revancha a Eduardo.

Igual no nos la da porque no se atreve. (RÍE)

-¿Por qué no se va a atrever? -Porque ahora ya no es como antes,

ya no es el que era jugando, ¿comprendes?

Porque él gana por suerte, no por juego.

-Ya, ya, ya... No sé yo qué pensaría Eduardo si le estuviera escuchando.

-¿Pues qué iba a pensar?

-Bueno, si lo tienes tan claro, Ortega, ¿te apunto o no te apunto?

-Sí, sí, sí. Apúntame, ya convenceré a Porfirio.

-A ver... -Venga, vamos ahí,

porque estáis viendo ahora...

¡al campeón de campeones de la comarca de Lasiesta! (RÍE)

-¡Pero bueno! ¡Mírale qué chulito él!

-Apunta: Ortega y Porfirio. -Y Porfirio.

-Campeones, ponlo ya.

(LOS TRES RÍEN)

-No empieces, Vicente. Relájate un poco.

Deja de ver conspiraciones a tu alrededor todo el día.

Bueno, si tú lo dices... (SONRÍE) Bueno.

Vicente, cuando he entrado estaba muy raro.

Tenía un papel sobre la mesa y le ha faltado tiempo

para guardárselo en la carpeta.

¿Tú crees que oculta algo?

Pues no lo sé, pero tú te vas a encargar de averiguarlo.

¿Yo?

No sé, quizá tenga que ver con el embarazo de Carolina.

O puede que no.

Mientras esté en esta casa quiero que te pegues a él como una lapa.

Si tiene algo que esconder,

lo averiguaremos.

Uy, menuda cara trae.

¿Qué pasa,

se han acabado sus mantecados preferidos en el horno?

-Menos guasa, eh.

Resulta que...

Pilar va a organizar un campeonato de mus en la fonda

y yo me había hecho ilusiones,

me apunto para recordar viejos tiempos.

-Está muy bien, ¿y por qué no se apunta?

-Qué más quisiera yo, para demostrarle a todo el mundo

que soy mejor jugador que Eduardo y Fidel, que era su compañero.

Nos ganaron la final de pura chiripa a Porfirio, mi compañero, y a mí.

-¿Así que era usted un fenómeno al mus?

-¿Un fenómeno? ¡Una leyenda!

La de campeonatos que he ganado yo.

Cada final en el pueblo era como la final de la Copa del Generalísimo.

-Venga, tampoco exagere. -¡Que es verdad!

Hablo en serio. La gente se dividía, unos por un finalista,

otros con otro finalista y así estábamos todo el día.

Bueno, solo recordarlo, oye...

Si es que se me pone la carne de gallina, ¡qué emoción!

Con las ganas que tenía yo de jugar la revancha a ese Eduardo...

Pero no va a poder ser.

-¿Por qué no? -Pues hombre, porque...

Fidel, el compañero de Eduardo, murió hace años ya.

-Es una pena, pero Eduardo puede buscarse un compañero nuevo.

-Eso no es lo peor. Lo peor es que he ido a hablar con Porfirio

para ver si se apuntaba también al campeonato y resulta que...

se rompió una cadera el hombre y está que no puede ni moverse.

-¿Y con una silla de ruedas? -Por él sí lo haría, pero su mujer...

Es una bruja, no le deja ni moverse del catre,

así que bueno, no voy a tener otro remedio que...

despedirme del campeonato.

-Si tan importante es ese campeonato para usted,

pues, si quiere, yo podría ser su compañero.

-¿Tú sabes jugar al mus?

-Claro y con tal de no verle así...

(RÍE) ¡Angelito, pero si me has dado la vida!

¡Ven aquí! ¡Échate en mis brazos, hombre!

Ya verás tú el Eduardo, cuando se entere que voy a jugar contigo,

¡bueno ni se apunta, ya lo verás!

-Pero vamos a ver, ¿cuántas veces tengo que deciros

que no se pueden mezclar las barricas esas de ahí y esas otras?

¡Esas son de roble francés, para los reservas,

no para los crianzas! (BALBUCEA) ¡Pero hombre!

¿Cuántas veces tengo que decir las cosas?

¿Quién ha dicho que había que tocarlas?

Os recuerdo que el capataz soy yo y aquí se hace lo que yo digo.

Y el que no esté a gusto, ya sabe, puerta.

Anda, venga, al tajo.

Estamos perdiendo dinero ya, hombre.

-Eduardo... -¿Qué? ¿Qué pasa?

-Con todos mis respetos... (SUSPIRA)

Creo que desde que usted ha vuelto al trabajo está demasiado alterado.

-¿Alterado? ¡Pero tú qué sabrás, hombre!

-¿Lo ve? Mire cómo se sulfura por nada.

Tranquilícese, si estamos todos en el mismo barco.

-No, si tienes razón. A veces no me soporto ni yo mismo.

Es que le debo tanto a don Alejandro que no sé cómo pagárselo.

Si es que la única manera que se me ocurre de demostrárselo

es velar por su bodega.

(SUSPIRA) -No sé, Eduardo.

Escuche, mire, yo...

Yo creo que usted esto lleva haciéndolo toda la vida.

-Ya. -No se me ocurre a mí

que tenga que hacer nada especial para demostrarlo.

-No sé... Si es que gracias a ellos he recobrado la vista.

Quiero que salga todo perfecto.

-Yo creo que eso don Alejandro lo sabe y lo aprecia,

por eso se ha portado tan bien con el tema de la operación.

Al final la vida va de eso, ¿no? De que uno hace cosas, da,

y recibe a cambio otras. Hoy por mí y mañana por ti.

Y usted ha estado deslomándose toda la vida por él y sus bodegas

y él ahora le corresponde, como hacen los caballeros.

-Sí, yo creo que tienes razón.

Sí, la verdad es que tú eres un buen chaval,

pero es que a veces me sacas de quicio con las cosas que haces

de encubrir a Andrés con lo de las barricas.

-Bueno, hombre, no le saqué tanto de quicio,

que ayer usted me dio permiso para salir con su hija

y además aceptó jugar conmigo al mus. -No juegas tan mal como pensaba.

Igual tienes posibilidades en el campeonato ese de Briones.

-Eso venía a decirle, que ya no hace falta que nos vayamos a Briones,

porque resulta que Pilar

ha organizado su propio campeonato de mus aquí.

-¿Aquí en Lasiesta? -Sí.

-¿Un campeonato de mus? -Un campeonato.

-¡Después de tantos años! (RÍE)

-Bueno... -¿Qué le parece? ¿Vamos juntos?

-Eh... No, no, no, no.

No, creo que no es buena idea eso de presentarse al concurso,

ni aquí, ni en Briones ni en ningún sitio.

Yo ya estoy muy oxidado para jugar a las cartas.

-Pero si ayer estaba usted en plena forma.

-No, no insistas,

porque desde que murió de neumonía así mal curada Fidel,

mi compañero, yo ya he perdido un montón.

Él sí que era grande,

y él hacía grande a todo el que jugaba con él.

Sí, pero yo ya no soy lo que era.

-Quien tuvo retuvo, Eduardo. No va a ser usted la excepción.

-No, ya estoy viejo. Los reflejos ya no me responden, ni la cabeza.

No, te voy a ser un estorbo. No.

-Está bien, no le insisto más. -Bueno.

-Supongo que será verdad lo que va diciendo Ortega por el pueblo.

-¿Qué dice Ortega? -¿Ortega?

-Sí.

-No le va a gustar.

¿Se lo digo? -Sí, hombre.

-Pues esperaba...

Va diciendo que es mucho mejor que usted,

pero mucho que usted de aquí a Logroño ida y vuelta.

Dice que si usted le ganó cuando eran jóvenes...

cuestión de casualidad, de pura suerte, que no de pericia,

y que si se enfrentara ahora con él... ¡Ah, amigo!

Que no tendría usted la más mínima posibilidad, dice.

-¿Pero va en serio? ¿Eso es lo que dice?

-Eso es lo que dice. Pero vamos,

como un pavo real, hinchado, pavoneándose,

así va hablando de usted. Ahora, que si usted le quiere dar la razón...

yo no me voy a meter. -No, no...

Yo no le voy a consentir que eche por tierra

lo que hicimos juntos Fidel y yo, ¿eh?

¡Que fuimos una leyenda en la comarca!

-Eso digo yo, pero claro, si Ortega es tan buen jugador como dice...

Machacará a cualquiera que se le enfrente.

Yo creo que a usted no le machacaría, pero si usted no se enfrenta con él,

eso no lo vamos a saber nunca. -Bueno...

Tendremos que apuntarnos al campeonato.

-Ah.

-Muy bien, aquí tienes un compañero de juego.

(RÍE) -¡Venga!

Ortega... ¡Ya le vale!

Vale, pues venga, a apuntarse.

-Aquí tienes, lo que me has pedido de Tarazona.

-Ya era hora, Pajarillo. -¿Qué es eso de Tarazona?

-El Padre Genaro nació en Tarazona. (ASIENTE)

-Fue su destino hasta venir a Lasiesta.

Le he pedido al médico de allí su historial.

Hay algo en el asunto de su muerte que no me huele bien.

-¿Por qué no se lo has pedido al Dr. Cela?

-Quería saber si el finado había tenido en el pasado

alguna dolencia grave que el doctor Cela no supiera.

-No, venga, no. El cura ha muerto como murió Ricardo Reverte,

porque el tiempo que nos llega a todos, a ti también te llegará.

¿Qué pasa? ¿Pone algo?

-Pues no, según esto estaba completamente sano.

-¡Pues claro, cómo iba a estar! ¿No le veías? ¡Como un roble!

Pero si ese hombre se iba a pasear al monte todos los días

al acabar la misa matutina.

-Pues entonces su muerte es todavía más extraña,

por eso es tan importante averiguar qué le mató.

Y le digo una cosa, no pienso parar hasta que todo encaje.

-Qué barbaridad, pobre gente...

-Disculpe, señora. Ha venido doña Clotilde.

(SUSPIRA) Dile que pase.

Espero que tenga un motivo más que suficiente

como para venir a incordiarme. -Qué alegría encontrarla, Elvira.

Tratándose de usted, podría ser perfectamente normal

encontrarle en lecho ajeno.

-No me va a ofender con esos comentarios tan infantiles.

Y menos después de leer las noticias sobre la guerra de Vietnam,

eso sí que te cura de espantos.

-Es que esto también es una guerra.

No consentiré que se meta en los pantalones de mi marido.

Voy a luchar con uñas y dientes por lo que es mío.

-¿Perdón? No sé de qué me está hablando.

-¿Qué me dice de las joyas?

Y también he observado que viene muy a menudo a la consulta.

(SONRÍE)

Está usted muy equivocada, querida.

Yo no tengo absolutamente ningún interés por su marido.

(SONRÍE) -No es más que un viejo verde

que ya se encarga él solito de repasarme con la mirada

cada vez que me cruzo por su camino. -Eso es mentira

y no le consiento que hable así de mi hombre.

-Ningún médico me ha auscultado nunca por debajo del sujetador,

en cambio su marido lo hace constantemente.

"Otro botoncito más, doña Elvira, otro botoncito más".

-¡Virgen de la capilla! Deje de proferir falsos testimonios,

¿no ve que ofende a Dios? -Allá usted si no me cree.

Estoy harta de tanto puritanismo y tanta falsa moral.

Además, no le consiento que venga a insultarme a mi casa.

-Ya, es que tiene que cuidar su reputación.

-Dimas, si estás esperando la tapita de bacalao,

lo siento mucho, pero hoy se ha terminado.

-Pues me has hecho polvo. ¡Hombre! -Muy buenas.

-Hola. -Ángel, ¿te has dado cuenta?

Por fin pasa algo interesante en este pueblo.

-Sí, ya lo sabía. ¿Te vas a apuntar? -No, yo no,

y se me da bien eso del mus pero es que...

me pongo muy nervioso con los campeonatos estos,

el estrés... ¿Y tú qué vas a hacer? -Pues yo sí, qué remedio.

Es que a mi tío le hace ilusión participar.

-¿Ah sí? ¿Y el Porfirio? -Está indispuesto

y me he ofrecido yo en su lugar. -Ah, pues nada, tú sabrás.

Que no te pase nada. Hala, hasta luego.

-Hasta luego, Dimas.

-Hola... -Dimas.

Hola, Pilar, un café. -Señor alcalde,

quería saber si ya tiene los resultados de la autopsia.

-Eh... El informe forense ya lo tiene tu tío, se lo acabo de dar.

-¿Y? ¿Dice algo relevante sobre su muerte?

-No.

El Padre Genaro, que en paz descanse, murió de muerte natural, un infarto.

-Qué curioso, como Ricardo Reverte.

¿No le parece raro que dos hombres del pueblo hayan estirado la pata

así de repente en tan poco tiempo?

-Pues no, hijo, no.

Ricardo Reverte era un hombre mayor y tenía problemas de corazón

y el Padre Genaro pues no lo sé, pero probablemente también,

lo que pasa es que no venía por la consulta

y no se lo he podido detectar. -No, don Bernardo,

el cura estaba más sano que usted y yo juntos.

-¿Y eso cómo lo sabes tú? -Porque me puse en contacto

con el médico de Tarazona, su pueblo natal.

Le convencí para que me enviara sus informes médicos

y dicen que estaba sanísimo.

-Pues yo lo dudo mucho.

-Se acabó, salga de mi casa inmediatamente, por favor.

No me conoce y no tiene derecho a juzgarme.

-Me basta con haber visto esas fotos indecentes.

No se preocupe, no tengo intención de volver a pisar esta casa

como espero que usted tampoco pise la mía.

Eso sí, le advierto que se aleje de mi marido o se arrepentirá.

-Hombre, Clotilde. ¿Cómo estás? -Ay, Santiago. Bien.

-Clotilde ya se marchaba, Santiago.

-Sí. -¿Por qué?

De ninguna manera, dile a Chelo que nos sirva un café.

-No, Santiago, muchísimas gracias, Bernardo me espera en casa.

¿Qué le vamos a hacer? No sabe vivir sin mí.

-¿Has visto los pendientes que le he regalado a Elvira?

¿A que son bonitos?

-Ah, ¿se los ha regalado usted? -Sí, hace ya unas semanas.

Pero merece la pena, porque le sientan tan bien...

(RÍE) -Gracias.

¿Qué pasa, Clotilde, que su esposo no le regala joyas?

A lo mejor es que no le atraen las joyas, sino otras cosas.

Cada hombre tiene sus debilidades.

-En fin, encantada de volver a verle, Santiago.

-Pero bueno, ¿qué está pasando? ¿Qué le has hecho?

-Debe estar celosa por los pendientes, no sé.

No a todas las esposas nos hacen regalos tan bonitos.

-¿Por qué no te has ido con ella al Círculo de Beneficencia?

-¿No decías que me pasaba el tiempo siempre fuera de casa?

A partir de ahora no voy a volver a esas reuniones de beatas.

Así dispondré de todo el día para ti.

¿Qué te apetece que hagamos?

-Yo, en este momento lo que quiero es estar solo.

Tengo que trabajar en unos asuntos.

Después ya veremos.

(SUSPIRA)

-¿Cómo te atreves a pedir informes médicos sin mi consentimiento?

-No se lo tome mal, no lo he hecho con esa intención.

Solo pretendía arrojar algo de luz sobre el caso.

-El Padre Genaro murió de un infarto,

puede morir cualquier persona aparentemente sana.

-Llámeme tonto si quiere, pero aquí hay algo que no encaja.

Puede que yo tenga la pieza que resuelva el puzle.

-¿A qué te refieres? -A esta botella, don Bernardo.

-¿Qué tiene que ver esa botella con la muerte del cura?

-Estaba en la sacristía medio vacía.

Pienso que el cura pudo beber de ella antes de diñarla.

-¿Qué relación puede tener beber una copa de vino con una muerte?

-¿Y si la botella estuviera contaminada?

-Sigo creyendo que ves problemas donde no los hay.

¿Tan mal le parece que quiera investigar si estaba contaminada?

-A mí no me parece mal, hijo,

pero eso ya está comprobado, léete el informe forense.

Allí dice que no había nada tóxico en la sangre del Padre Genaro.

-No está de más que analicen el contenido de la botella.

-Está bien, si quieres hacer el ridículo, allá tú.

-Ya veremos si hago el ridículo o no.

-¿Qué hace una estrella como tú volando tan bajito?

Como no vuelvas pronto al cielo, nos vas a deslumbrar a todos.

A mí, desde luego, ya me has deslumbrado.

-¿Me lo estás diciendo a mí? -¿Ves a otra estrella en la calle?

-Soy Gabriel Cortázar. -Encantada.

Quiero decir que ya sé quién eres, no hace falta que te presentes.

En realidad, todo el pueblo lo sabe.

-Sobre todo las chicas de mi edad. -¿Ah, sí?

¿Y qué dicen de mí las chicas de tu edad?

-No sé, muchas cosas. -No te las vayas a creer todas.

Solo las malas, esas siempre son verdad.

Te ríes porque juegas con ventaja.

Tú sabes más cosas de mí que yo de ti.

Yo solo sé que eres la hija de Pilar, la tabernera, nada más.

-Bueno, pues me llamo Carolina. Ya sabes algo más.

-Es un buen principio. Encantado de conocerte... Carolina.

-Bueno, me tengo que ir, que me está esperando mi madre.

-¿Hay alguna ley que prohíba que te invite a un helado?

Así podemos estar un rato juntos, charlar, y así reparo mi error.

(RÍE) -¿Qué error?

-No haberte conocido antes.

Venga, vamos. -Espera.

Antes respóndeme a una cosa, por favor.

¿Por qué, de todas las chicas del pueblo, te has fijado en mí?

-Porque eres dulce y delicada y porque...

Porque tienes unos ojos como dos lunas

y una sonrisa que me derrite.

Eres ingenua, inocente y... fácil de enamorar.

Podré hacer contigo todo lo que quiera.

Dentro de poco, te tendré rendida a mis pies.

Harás todo lo que yo te diga aunque eso te haga sufrir.

Te engañaré, te arruinaré la vida.

Nunca podrás olvidarme, llevarás a nuestro hijo dentro de ti.

Nunca jamás podrás librarte de mí.

(Música de tensión)

-(GRITA) ¡No, sácate de mí!

-Carolina, hija, ¿qué pasa?

-Una pesadilla, madre. Me tiré un rato y me he quedado traspuesta.

¿Qué hora es? Tengo que trabajar.

-¿Y ahora eso qué importa? ¿Dónde vas?

Si el cuerpo te pide descanso, descansa, cariño.

-Ay, Dios mío, ¿pero qué soñabas? -Soñaba con Gabriel.

Era tan real... Al principio me trataba con mucha delicadeza

y luego salía el demonio que tiene dentro y me daba mucho miedo.

-Tranquila, cálmate, ese muchacho ya no volverá a hacerte daño.

Estás sudando. -Ya, madre,

pero ese fantasma aparece en mis sueños todo el rato.

Este niño me recuerda todo el rato a Gabriel.

-Ese niño va a ser precioso.

Es lo único bueno que te ha dejado en la vida Gabriel Cortázar.

¿Por qué no piensas en eso en vez de empezar a sentir

rechazo por tu propio hijo? -¿Cómo voy a rechazarlo?

Pero cada vez que le mire veré la cara de Gabriel.

(LLORA) -Ay, cariño, cariño.

Desahógate.

Cuéntame, ¿qué pasa? Sácalo todo.

-Empezaba a enterrar los malos recuerdos que tenía de él.

Pero últimamente no paro de soñar con él y me atormenta.

-Solo son recuerdos y sueños, nada más.

Lo único real sois tú y tu niño.

Ve centrándote en eso ya, Carolina.

-Sí, ¿pero y si mi hijo se convierte en una mala persona?

-Vamos a ver... -Como su padre.

-¿Qué dices? Un niño nace y luego se hace.

Te entiendo, cariño, yo también tenía los mismos miedos que tú.

Las personas nos moldeamos con el cariño y con la entrega

y con la atención que recibimos durante la infancia.

-¿Pero usted cree que seré capaz... de darle una buena educación?

-Pues claro que sí. Tu hijo va ser un niño muy feliz.

Va a crecer rodeado de cariño.

Yo no pienso dejar que nadie le haga daño.

-Ya, pero seguro que Gabriel también tuvo una infancia feliz

y no le faltó de nada y luego se convirtió en un sinvergüenza.

Murió muy mal: asesinado por alguien que le odiaba.

No quiero que a mi niño le odien. -Carolina.

¿Tenemos que estar hablando siempre de Gabriel Cortázar?

Es que no me gusta. -Ya, perdone.

Es muy desagradable, lo siento.

-Cariño, escúchame, lo único que yo he aprendido con los años

es que hay que mirar hacia adelante, nunca hacia atrás.

El pasado ya no se puede cambiar, solo nos sirve para aprender.

Lo que tienes que hacer es estar en el presente, ¿me entiendes?

-Sí, madre.

Ya sé que solamente intenta ayudarme,

pero ese camino que me muestra es muy duro.

Yo no sé si podré sobrellevarlo. (PILAR SUSPIRA)

(Música tierna)

-¿Laboratorios Galcerán? Busco a un ingeniero químico.

Se llama Joaquín Ormaechea.

¿Ha trabajado ahí o está trabajando con ustedes ahora mismo?

No, soy un particular, debo encontrarlo por un asunto personal.

Sí, Joaquín Ormaechea.

¿Está seguro? De acuerdo, perdone las molestias.

(RESOPLA)

¿Laboratorios Gracián?

Busco a un ingeniero químico, se llama Joaquín Ormaechea.

A ver si trabaja para ustedes o ha trabajado... ¿No?

Muy bien, gracias.

-¡Pajarillo! ¿Qué hace esa botella ahí?

-La ha traído Ángel, estaba junto al padre Genaro.

Quiere que analicen su contenido.

-Este quiere buscarle los tres pies al rato

para demostrar que no fue una muerte natural.

No hay quien le haga cambiar de opinión.

Será mejor que la guarde, no sea que entre alguien de momento

y crea que estamos pimplando aquí estando de servicio.

De verdad que... (RESOPLA)

-Buenos días. -¡Hombre, Eduardo!

¿Qué es lo que te trae por aquí? Pasa, hombre.

¿Qué tal vas tras la operación? -Bien, muy bien.

Oye, no la escondas en el archivo, saca un vinito.

(RÍE) -Eso no es para beber, eso es para investigar.

Siéntate.

¿Que tal estás? -Bien, muy bien.

Solo he venido para...

Me he enterado de que te apuntas al campeonato de mus.

-Sí, ¿y qué? No me digas que te molesta.

-No, solo he venido para saber si estabas preparado

para volverte a encontrar conmigo como en los viejos tiempos

y perder, claro.

(RÍE) -Eso de perder habrá que verlo, ¿no?

Perder, dice. Tú sin el Fidel ya no es lo mismo.

-No te hagas ilusiones, tengo un sustituto muy bueno.

Ya puedes ir pensándotelo.

Tú y Porfirio aún estáis a tiempo de borraros y no hacer el ridículo.

-Pues que sepas que no voy a jugar con el Porfirio.

-¿Qué le pasa a Porfirio? -Se ha roto la cadera.

Lleva un mes en la cama. Imagínate su mujer,

La bruja esa no le deja ni moverse.

-¿Eloísa? Esa es de armas tomar.

¿Te acuerdas cuando se pasó un mes a pan y agua

porque le había criticado el estofado?

(RÍE) -Dijo: "no me gusta". (EDUARDO RÍE)

-Soplaba así y se comía el bigote. (AMBOS RÍEN)

-Bueno, menos risas, vamos a lo que vamos.

Tú sin Porfirio y yo sin Fidel, las partidas estarán más igualadas.

Va a haber más emoción, pero de todas maneras

pues vamos a ganar, que te enteres, que lo sepas.

-¿Sabes con quién voy a jugar yo?

-¿Con quién? -Con mi sobrino.

Ángel es un lince con las cartas. -¿Tu sobrino sabe jugar al mus?

-Pues claro, ha ganado muchos campeonatos en la capital.

Para él, esto es pan comido. Además, tengo un pálpito.

De repente, os voy a ver finalistas y vais a perder.

Ganaremos nosotros, te lo digo para que lo sepas.

-Hazte a la idea, yo también tengo un compañero muy bueno.

¿Sabes quién? Roberto Vega. -Coño, ¿tu futuro yerno?

(RÍE) Todo queda en familia. -Bueno, para el carro.

Habrá que ver todavía si se casa con la Manuela.

Pero bueno, no me importaría. Es un chaval...

honesto, buen mozo, responsable...

¿Pero qué te estoy contando a ti?

A lo que vamos.

Los jóvenes de ahora ya no juegan al mus como jugábamos nosotros.

Juegan para pasarlo bien, para divertirse...

Me tomaré muy en serio las partidas y ojalá tú también.

-Pues claro que sí, y más que tú.

¿Sabes lo que estoy deseando? Llegar a la final y machacarte.

Eso, si llegas a la final, que ya no eres lo que eras.

-¿Qué no? Yo soy el mismo de siempre jugando al mus.

De eso te vas a enterar, porque os vamos a destrozar.

A ti y a tu sobrino. Y a humillar.

No te digo más. ¡Anda, hombre!

-Ponte las gafas de sol, no sea que tropieces.

(EDUARDO SE VA RENEGANDO)

Me ha dicho Inés que querías verme. Sí, ya sé que está haciendo Rafael.

Llama a los laboratorios y pregunta por Joaquín Ormaechea.

Al parecer, es ingeniero químico.

Y no me han contado nada. (ASIENTE)

¿Estás segura? Completamente.

Le acabo de ver.

Gracias.

No veas qué ilusión le hace a mi tío lo del mus.

Parece un crío con una bici nueva. Quiere ganar a toda costa.

-Qué cosas. -O ganamos o le da un patatús.

Parece que se esté jugando la vida, yo nunca lo había visto así.

Estás muy callada, ¿no? -Sí, estoy un poco cansada.

Pero cuéntame tú cosas, si quieres, que te escucho.

-He hablado con mi madre. Le ha hecho una ilusión que no veas.

-Que bien, ¿qué le has contado? -Que somos novios formales.

La pobre lloraba de la emoción. Quiere venir a conocerte.

-¿En serio ha dicho eso? -Claro, ¿te extraña?

-Hombre, es muy de agradecer que se lo tome tan bien.

Vaya, que mis circunstancias... Eso dice mucho de tu madre.

-No te entiendo, "Chispis". -Estando yo embarazada...

No le has dicho que estoy embarazada, ¿verdad?

-He llamado a muchos laboratorios preguntando por Ormaechea.

Y nada, como si se lo hubiera tragado la tierra.

-Bueno, no te desesperes.

Puede que sepan algo de él en alguno de estos lugares.

-¿Qué es esto?

-Un listado de las mejores bodegas de España.

Si Santiago Miranda lo contrató, tendría experiencia en el sector.

Puede ser que haya trabajado en alguna de estas bodegas.

-No sé yo, es mucho suponer, ¿no? -Solo podemos tirar de ese hilo.

-No, hay otra opción. Es fácil y directa.

Esperar a Luis y hablar con él.

-Hemos quedado en mantener a Luis al margen de todo esto.

-Ya lo sé, pero los Miranda seguro que tienen información.

(RESOPLA) Estoy hasta las narices

de que actuéis a mis espaldas.

No sé de qué hablas, Vicente. No te hagas la tonta.

Da la cara y reconócelo. ¿Y tú, qué? Solamente haces lo que te dice Elena

sin pensar qué es lo mejor, ¿no? ¿Qué dices, a qué viene esto?

Tenéis información nueva sobre Ormaechea

y me la estáis ocultando.

O sea, que te avergüenzas de mí. -No, ¿pero qué dices, "Chispis"?

-Entonces, ¿por qué no se lo dijiste? -Porque dices que esto es secreto.

Te he dicho mil veces de decírselo a mi tío y no quieres.

-Ya, es verdad, perdona, tienes razón.

Pero veo que cada día esta barriga crece más

y esto va a ser un secreto a voces. -Aún falta mucho para eso.

-No, cielo, no.

No falta nada y dentro de poco va a ser muy difícil disimular.

Tenemos que pensar en un plan para cuando la gente se entere.

-No te agobies, se nos ocurrirá algo. -Estoy harta de ir disimulando,

de andar escondida disimulando que estoy embarazada.

-Ya sé que no es nada fácil pasar por lo que estás pasando,

pero lo estás haciendo muy bien. -No, yo...

No sé si merece la pena vivir así por un estúpido error.

-Mírame, no es un error. Es nuestro hijo.

-¿"Nuestro hijo"? -Pues sí. Yo así lo siento.

Puede que no lleve mi sangre, pero es como si fuera parte de mí.

Es tuyo, y quiero que todo lo tuyo sea mío y al revés.

-Esto que acabas de decir es precioso,

pero las palabras no nos salvarán de la que se nos viene encima.

Tenemos muy poco tiempo, cariño.

-Luis, ¿hay buenas expectativas de exportar vino a Portugal?

-La cosa está complicada, aquí también hay buenos vinos

y de gama muy alta, Portugal es el 6 productor mundial de vino,

pero creo que nuestro reserva se puede abrir un hueco.

-Me alegra oírte. ¿Has firmado algún nuevo contrato?

-Sí, mañana como con un par de distribuidores

y con el encargado de unos grandes almacenes.

-Como director, Luis, has colmado todas mis expectativas.

Te felicito. -Por eso le llamo.

Como director, debo ponerle al corriente, nada más.

(RESOPLA) -Luis, no hace falta ponerse tan desagradable conmigo.

¿Te gusta Lisboa? ¿Has paseado ya por el Barrio de Alfama?

-Mire, padre...

Sé que me ha mandado a Portugal para separarme de Elena.

Esto que estoy haciendo lo podía haber hecho nuestro comercial.

Voy a hablar con usted lo justo y necesario.

-¡Luis!

(Música triste)

Hijos...

No hay nadie más desagradecido.

-Santiago...

-Bernardo, ¿qué quieres?

-Hablar contigo.

¿Qué es esto? Una lista de bodegas.

¿Para qué?

¿Tiene que ver con que Ormaechea sea ingeniero químico?

Gabriel también era mi hermano, ¿estamos?

Dijimos que intentaríamos averiguar quién le mató juntos.

¿Por qué me ocultáis información nueva sobre Joaquín Ormaechea?

Porque trabajó para los Miranda.

(Música de suspense)

Luis lo mencionó, pero no sabemos nada más.

Sabía que los Miranda están detrás. Vicente, no te precipites.

Tú cállate. No entiendo cómo me dejáis al margen de esto.

¿Con qué derecho? Somos una familia, ¿sí o no?

Los tres lloramos por igual la muerte de Gabriel.

No hemos querido herir tus sentimientos.

-No me das ninguna pena, Vicente. Después de que pagaras a Fanny

para que fingiera acostarse con Luis ya no te respeto.

Hablamos de encontrar al asesino de tu hermano, no cambies de tema.

Ahora todo indica que los Miranda están detrás de su muerte.

Eso lo dices porque es lo que te gustaría.

Está claro que hice bien al intentar separarte de Luis.

¡No metas a Luis en todo esto! Más te vale que no esté involucrado.

Si es así, te juro que me lo llevo por delante.

¿Vienes a controlar la marcha del negocio porque te cedí el 5%?

-¿Podemos hablar sin que nadie nos escuche?

-Sí, es la hora de comer, mis trabajadores se han ido todos.

Estamos solos tu y yo.

-He venido a tratar dos temas contigo.

El primero ya está resuelto.

-¿A qué te refieres?

-Al informe médico del padre Genaro. He puesto que fue una muerte natural.

He retirado toda referencia al metanol.

-Muy bien, sabía que podía confiar en ti.

-No ha sido fácil, Santiago.

Hay mucho revuelo en el pueblo con esta muerte.

A más de uno le parece algo raro, tenía una salud de hierro.

La gente empieza a hacerse preguntas. -Que se hagan las que quieran.

Si el informe dice que ha sido muerte natural y tú lo corroboras,

eso va a misa.

Aparte de que un ataque al corazón es imprevisible.

-No sé cuánto tiempo podré mantener esto, Santiago.

Tengo muchos remordimientos. -Tú aguantarás lo que haga falta.

Por tu propio bien y por el de tu familia.

-Si la Policía llegara a preguntarme,

no sé cómo voy a poder justificar ese informe.

-¿Para qué te va a preguntar nada la Policía?

Ellos archivarán el caso, ya lo verás.

Si no hay botella no hay caso.

-Ese es el otro asunto que quería comentarte.

-Dime que te deshiciste de la botella de vino, Bernardo.

¡Dime qué lo hiciste!

(RESOPLA) Maldita sea.

¿Qué haces aquí? Ve a la sacristía y saca esa botella de allí como sea.

(SUSURRA) -Eso ya no es posible.

La botella...

La botella está en manos de la Policía.

(Música dramática)

-Necesito el dinero para mandárselo a mi tío

y así poder pagar su tratamiento. -¿Has vuelto a tener noticias de él?

-No. -Sigue así, Andrés, no te despistes.

-Por su culpa te quitarán la mitad del jornal por el vino derramado.

-Andrés es bueno y está cambiando. Hace falta que alguien confíe en él.

-Pues yo no creo que Andrés sea de los que aprendan.

La próxima vez, tú no des la cara por él.

-¡Madre! -¡Hija! Pero bueno...

¿Tú qué haces aquí? -Sorpresa.

Me he portado como una estúpida con lo de mi noviazgo con Luis

y mis celos por él, me comporté como una chiquilla malcriada.

Por eso Luis prefiere a Elena. Ella es toda una mujer.

-Analizar una botella de vino me parece una pérdida de tiempo.

-Pronto saldremos de dudas, mañana va para el laboratorio.

-¿Sí? Qué casualidad.

Mañana voy a Logroño, si quiere se la dejo en el laboratorio.

-Muchas gracias, señor alcalde, pero ya sabe cómo son estos.

Prefieren hacer la rutina habitual.

Si no, pueden pasar incidencias, y yo, lo que ellos digan.

-Está bien.

Si analizan esa botella estamos perdidos, yo desde luego.

-Y yo también.

Pero si tenemos sangre fría, podemos salir de esto.

Bernardo, yo sé cómo salir, pero necesito tu colaboración.

(MUSITA) -Lo que hay que hacer.

Lo que hay que hacer, Señor. Esto no está bien.

-¿Quieres casarte con el Gato? -Sí, no hay nada que más quiera.

-Si crees que te voy a perdonar, estás muy equivocado.

No, padre, no, sé que me va a perdonar.

He hecho mis averiguaciones y...

debe saber que la hija de Pilar sigue adelante con el embarazo.

¡Lo sabía! Gracias, hijo.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 61

07 ago 2013

A Santiago no le queda otro remedio que contar a Bernardo la verdad sobre la muerte de Ricardo Reverte y del padre Genaro. Bernardo quiere hacerlo público. Clotilde, convencida de que su marido le está siendo infiel con Elvira, se presenta en casa de los Miranda dispuesta a dejar las cosas claras.

 

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