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Fortunata y Jacinta - Capítulo 7
Transcripción completa

-Fuera. Venga, borracha.

Eh, toma.

-Buena está la moza.

(RÍEN) -¡Suelta eso, desgraciado!

La madre que los parió. ¡Canallas!

¡Eso es mío! ¡Dámelo!

-Venga, míralo. -¡Ah!

Vamos, dadme eso. Venga, todos, ¿eh?

Y largaos de aquí. Rápido, llama a los guardias.

Mauricia, levanta. -Déjame en paz.

Mauricia, te vas a quedar helada aquí.

Levanta, Mauricia.

Soy yo, Fortunata. -No conozco a ninguna Fortunata.

-¿Me permite ayudarla? Sí.

Gracias.

-Me llamo Evaristo Feijoo. Gracias otra vez.

-Puedo buscar un coche. No, yo misma me la llevo.

Con este frío, reaccionará enseguida.

-Como usted quiera.

¿Te vas a ir?

¿Por qué no te has puesto la bata de seda?

Iba a cocinar.

Esta noche tengo un compromiso. Déjalo.

Si quieres, cocina la chica y yo me quedo contigo.

No puede ser.

¿Qué te pasa?

¿Qué te pasa conmigo? ¿Te aburro?

¿Estás cansado de mí?

No, mujer, qué tontería.

A veces, parece que deseas irte corriendo,...

...que ya no quieres verme.

Eso no es verdad, niña.

Si fuera así, yo no podría resistirlo, Juan.

Cállate, no digas tonterías.

¿No tenías un compromiso? Sí.

¿Y qué vas a hacer? Olvidarme de que lo tenía.

(HABLAN A LA VEZ)

Parece que Mendiry se ha corrido hacia Viana.

-Descuide. No saldrán de las Vascongadas y Navarra.

Todos los jefes no van más que a hacer su pella.

Cuando haya un gobierno que quiera comprarlos, acabará la guerra.

-Pero... -No hay más que hablar.

El país está lleno de pillos.

-Aquí no hay más que mucha hambre.

La guerra no se acaba nunca porque los militares...

...se encuentran muy a gusto en ella.

Yo la he visto muy de cerca. Nadie está por la paz.

Mientras unos y otros sigan satisfechos con ella,...

...acabarán jorobándonos.

-Qué fuerte está el señor capellán.

-Hay novedades.

Se lo digo a ustedes en gran reserva.

-¿Pero qué es? -Sagasta está disgustado.

Me lo ha dicho su secretario.

-Como que tiene dolor de muelas.

-El motivo no lo sé.

Lo único que me permito decir es que esto está muy malo,...

...pero muy malo, y que hay mar de fondo.

-Amigo, confiese usted que la noticia que nos ha traído...

...no pasa de ser una sandez. -Bueno, señor don Evaristo,...

...usted crea lo que quiera, yo me lavo las manos.

Pero lo que yo sostengo es que antes de un mes...

...está el príncipe Alfonso en el trono.

-No, eso nunca. Prefiero que vuelvan los cantonales.

Pero ¿ustedes se imaginan que venga el príncipe Alfonso?

Y detrás doña Isabel. ¡Bonito porvenir!

Pero, yo pregunto, ¿qué gente tiene el príncipe de su parte?

A ver, contésteme. Respóndame. -Nada, cuatro gatos.

-Los que no supieron defender a su madre cuando la echamos.

Y, ahora, si quiere, don Basilio, pasamos lista...

...a esos personajes del alfonsismo.

Vamos, vengan ratas. -El alfonsismo es un crimen.

-Pero un crimen de lesa nación, ahora,...

...cuando no se sabe lo que saldrá de la guerra.

Si don Carlos no fuera un necio, estaría ya en Madrid.

-¿Y eso qué tiene que ver? ¿Qué prueba?

Lógica, señores, lógica.

-Nada, que no viene acá el niño ese. Yo pongo mi cabeza.

-Pero si don Alfonso... -Que no viene.

Ya se convencerá, al tiempo. -Deme razones.

-Que no viene, al tiempo. -Pues al tiempo.

-Que no, hombre, que no. -Lo que ustedes oyen...

...ustedes lo han de ver. Y pronto, muy pronto.

¿Jacinta?

¿Qué haces ahí?

Te estaba esperando.

Creí que te habías acostado.

No.

Ya lo veo.

Siéntate.

Estoy muy cansado, ha sido un día terrible.

Para mí también.

El acusado ocupa su sitio. Puede empezar.

No hay que acusarte a ti, sino a mí,...

...por aguantar más de lo que nadie aguantaría,...

...por ser tan tonta y no levantar la voz.

¿Qué te pasa?

Me han dicho que entretienes a una mujer.

No lo niegues, porque sé que es cierto.

Hace tiempo que te lo he notado. ¿En qué?

En muchas cosas. Dímelas.

¿Para qué si siempre has de negarlo?

Esta vez es verdad. Reconozco que es verdad.

¿Con aquella mujer? Sí.

No creas que te voy a perdonar. No lo creo.

Pero tengo derecho a que me escuches.

Puedo hacer otra cosa.

Tendrás razón y habré hecho mal pidiéndote explicaciones.

Me debería haber callado y dejar que me engañaras.

Haces lo que debes y yo sólo puedo intentar que me comprendas.

¿Por qué no empiezas? Me estás poniendo nerviosa.

Hace meses me la encontré otra vez. No me la nombres.

Me la encontré casada.

Primero, había andado de mano en mano.

Luego, terminan casándola con un simple,...

...un hombre que no es hombre, que no puede ser marido.

Y ese majadero la martiriza.

Desde el primer día del matrimonio, se escapa y se echa a la calle,...

...como en sus peores tiempos.

En esto me encuentra y me pide amparo.

Ella no tiene educación, no sabe trabajar en nada.

No tiene más recurso que vivir de su belleza.

Yo le dije: "Pues te pongo una casa...

...y arréglatelas como puedas". ¿Cómo me puedes hacer creer eso?

Estás equivocada. Te la imaginas como un monstruo de seducciones,...

...lleno de artimañas para enloquecer a los hombres.

Esta casta de perdidas, abundante en Francia, casi ni existe aquí.

Tendrían que venir como vino el tren u otra cosa.

No, ella no es así.

Nació para la vida oscura, para hacer calceta...

...y cuidar de un montón de niños.

Tenía que protegerla por escrúpulo de conciencia,...

...pese a no inspirarme afecto.

¿Ella te quiere todavía?

Tiene esa debilidad.

Tiene la tontería de quererme siempre igual,...

...como antes, como la primera vez.

Ha pasado por tantas manos y siempre fiel,...

...firme como un clavo, que está donde lo clavan.

Quería darte explicaciones, te las he dado...

...y verás que no se deben juzgar...

...los actos superficialmente, sino que hay que profundizar.

Le has puesto una casa,...

...la has visitado y te has divertido con ella.

Pero te juro que lo hice sin ilusión, como un deber,...

...pensando en mi mujer y deseando acabar con ella.

Yo me entrego a ti.

Júzgame. Dime, ¿qué quieres que haga?

Romper. Romper para siempre tus relaciones con esa calamidad.

Que ni siquiera la saludes si te la encuentras.

Dalo por hecho. Lo deseo tanto como tú.

Dime que no la quieres, que no vas a volver a verla.

Demasiado lo sabes.

No volveré más que a despedirme.

Escríbele una carta.

Lo que tú quieras. Haré lo que tú me mandes.

-Estaba arreglándose, pero quiere ver a la niña.

-Ya viene para acá.

-Anda...

Hola. Mujer, dame un beso.

-Dice que lo que pide a la Virgen es no separarse...

...nunca de la señorita...

Para estarla mirando siempre.

Ya sé que me quiere mucho, yo también a ella...

...si es buena y estudia. Estás muy elegante.

No te había visto el traje nuevo.

-Por eso he querido venir porque usted la viera.

No tengo tiempo de hacer preguntas; el jueves veremos...

...cómo va el catecismo. -Se lo sabe de corrido.

Nos tiene mareados con los que se comían el maná...

...y con tantos animales como metió Noé en el arca.

Lee mejor que mi marido.

Eso me gusta, el mes que viene te mandaremos a un internado...

...para que aprendas modales.

Un poco de Francés y piano,...

...quiero educarla para maestra o institutriz.

Anda, come algo.

¿Y esa mujer?

-No me la nombre, ha vuelto a beber.

Cada día la recogen en cualquier rincón de Madrid.

¡Qué vergüenza!

Pobrecita. -Por eso yo quería hablarle.

Para ver si doña Guillermina tenía proporción de meterla...

...en cualquier parte, donde la sujetaran.

Ya sé que en Las Micaelas no puede ser;...

...pero cualquier casa de orates.

Al menos para que no diera malos ejemplos.

Bien, ya veremos.

Adoración, ahora me tengo que despedir.

Adiós.

Adiós.

Timbre.

-Oh, la puerta del paraíso.

Qué manos te abren.

-Dichosos los ojos, don Manuel.

-Estás hecho un pollo.

-Vamos tirando. ¿Y usted? -Así, así.

-Siempre por esas tierras de extranjis teniendo aquí...

...tanta gente que le quiere.

Perdone, ya me iba.

Adiós, don Plácido. -Adiós, bonita.

No me dijo Guillermina que estaba usted en Madrid.

-Cada vez que vengo a España la encuentro más tocada.

Ayer me desplumó nada más llegar a casa.

Ahora pretende que le compre un piso.

Pobre, es una santa.

-¿Dónde está ese antipatriota?

-Hola, padrino.

Está usted hecho un muchacho.

-¿Y tú? Me dijeron que estabas delicado.

-Me canso un poco, algo tengo aquí.

Pero dicen que es nervioso.

-Oh, siempre tan extranjerote.

-Y no quiere nada con nosotros.

-Ya saben ustedes que no transijo con la patria.

Mientras más la visito menos me gusta.

Aquí sólo hay tres cosas buenas:

las uvas de Albillo, el Museo del Prado...

...y la Guardia Civil.

-¿Qué me dices del rey que hemos traído?

-Es guapo chico, viaje con él en el tren,...

...le regalé un magnífico reloj y le dije que iba a gobernar...

...el país de la ingratitud y la envidia.

No creo que pueda barajar a esta gente.

Ah, Manolo,...

...hablando mal del país para no perder la costumbre.

-Hola, muchacho.

Ahora en serio.

Yendo de aquí para Francia, en cuanto pasa uno la frontera,...

...no te pica ni una pulga.

-Pero ¿qué tendrán que ver las pulgas?

Como si en Francia no las hubiera.

Es un resultado del aseo general.

Vaya a San Sebastián, se lo comen a usted vivo.

-Por Dios, qué argumentos.

-¿Y las casas? ¿Por qué en este país...

...la gente está en las calles y en las tabernas?

Porque las casas son inhóspitas.

Puede que sean todo lo malas que tú dices,...

...pero la costumbre de no tener contraventanas...

...y dejar que el sol entre sin que puedas dormir es odiosa.

-Pero ¿crees que por ahí hay quien duerma hasta mediodía?

Yo no digo más que cuando paso la frontera recibo...

...las más tristes impresiones. No veo qué admirar,...

...no veo más que groserías, salvajismo, pobreza.

Hombres liados en mantas, mujeres flacas.

No lo duden, nuestra raza está mal alimentada y no es ahora.

-Habla con mi sobrino, que se entere de nuestra necesidad.

Ayudará. -Está enfadado conmigo.

-Puedes sacarle lo que quieras, inténtalo.

Lo haré. -¿Aquí habla de religión?

No, está hablando de pulgas y esas cosas;...

...pero de religión nada. -Ayer habló barbaridades.

Lo que importa que le saques el dinero. Yo me voy.

Tengo... que hablar con claridad.

Te quiero demasiado para hablar con misterios contigo.

Sé que eres razonable y te haces cargo de las cosas.

¿Quieres un poco de café? No, ven acá y no te asustes.

No quiero más que tu bien.

Mi mujer se ha enterado de lo nuestro.

Anoche hemos tenido una bronca y se desmayó,...

...tuvimos que llamar a un médico.

Mis padres se enteraron también.

Yo lo paso todo, te lo he dicho,...

...menos darle un disgusto a mis padres.

Así que...

Anoche... me planté y dije...

Aunque me muera de pena,...

...esto se tiene que acabar.

No llores.

Mira que si te pones así soy hombre perdido.

Te veía venir.

Hace días que lo vienes pensando.

Yo te querré siempre, niña, sólo que no puedo visitarte más.

Madrid es una aldea. Yo soy casado, tú también.

Estamos pateando las leyes divinas y humanas.

Si hubiéramos muchos así la sociedad sería un infierno.

¿No lo has pensado?

Me lo decía el corazón.

Pero me lo tengo merecido.

Porque los dos hemos sido malos.

Pero yo he sido más mala que tú.

Portarme como me porté con aquella familia.

Tú te reías de mí cuando me ponía triste pensando...

...lo que había hecho.

Te reías de mí. Sí; pero...

¡Me llamabas simple y te reías!

Bien...

Ya hemos hablado bastante.

¿Te vas? Pues muy santo y muy bueno.

Lo sentiré pero... ya me iré consolando.

"No hay mal que cien años dure". ¡Aire, aire!

Nos separaremos como amigos. ¿Sabes qué te digo?

Que ya estás de más aquí.

Pero no te enfades. ¡Fuera, fuera!

No hay motivo para armar tanta bulla.

Ten calma, niña.

Anda, ábreme.

(PIENSA) "No se me quedará nada en el cuerpo. ¡Nada!

Ella es la que me hace desgraciada quitándome a mi marido.

Yo he tenido un hijo suyo y ella no.

Ya verán, ya verán".

-¡Eh!

-Anda que si no anda lista, se la lleva por delante.

Campanadas.

-¡Qué tapada va usted!

¿Le conozco? -Me conoce. Y la conozco a usted.

Se llama Fortunata. Yo soy Evaristo Feijoo.

¿Adónde va usted? A mi casa.

-¿Por aquí? Es que me he equivocao.

No sé lo que me pasa. -La acompañaré.

Capellanes, Rompelanzas, Olivo, Ballesta, San Onofre,...

...Hortaleza, Arco.

Ese es el camino.

-Venga.

Pero yo soy honrada. Y siempre lo he sido.

-Usted no está buena. Le ha pasado algo gordo. Confíe en mí.

¿Pero usted duda que yo haya sido alguna vez...?

-¿Honrada? Como voy a dudar.

No faltaba más.

Ladridos.

-¡Arre!

-Puede usted pasar, venga.

-¿Cómo se encuentra? Hoy mejor.

Estos días atrás estuve muy mal, se me partía la cabeza.

Sé que ha venido a verme.

¿Cómo sabe que me gustan las flores y las plantas?

Pues me gustan.

Cada día esperaba su envío.

Y la verdad es que me daba miedo pensar que dejara de mandarme.

-No, no me cansaré de mandarle flores.

Y menos ahora que puedo verla.

Pero yo, debo declarar que soy... -Honrada.

Hoy más que ayer y mañana más que hoy. Por sabido.

No iba a decir eso. -¿Cómo que no?

Lo que soy es muy mala. Todo lo que me pasa me lo tengo merecido.

-No habrá sido tanto. Si pudiera confiarme a usted.

-Pruebe a hacerlo.

Ayer me llegó esto.

-¿De quién? ¿De Santa Cruz?

¿Cómo lo sabe? -Lo sé todo sobre usted.

Desde hace tiempo.

No hace falta que lea la carta. Me despide dándome consejos...

...y me manda 4000 reales.

-No se ha corrido que digamos. Quiero devolvérselos.

Meterlos en un sobre y mandarlos sin más explicaciones.

¿Qué quiere que le diga yo? Lo que piensa de todo esto.

-Pues allá va. Eso de devolver el dinero...

...es un romanticismo impropio de estos tiempos.

Sólo se devuelve lo que se ha robado.

Y usted tenía derecho a eso y a muchísimo más.

Ahora escúcheme bien. Dígame, don Evaristo.

-Me he propuesto sacarla del terreno de la tontería...

...y fijarla en el terreno práctico.

Lo que es el dinero, no lo tomo.

-Conseguirá que él se ría un poco más.

¿Tiene usted ahorros? Tendré unos... 30 duros.

-Pues eso y nada. ¿De qué va a usted a vivir?

Quiero ser honrada.

-¡Magnífico! Lo que no veo claro es que para ser honrada...

...sea preciso no comer.

¿Acaso piensa trabajar? ¿En qué?

Al menos con esos 4000 reales tiene tiempo de pensarlo.

Conque a guardar ese dinero y no hablemos más del asunto.

Puede que tenga razón.

-La tengo.

He estado en Roma, en Filipina, en la India,...

...en las pequeñas islas de la Polinesia...

Pero cuando echo la mirada atrás, hacia lo que he vivido,...

...los paisajes de los cinco continentes se desvanecen.

Y sólo queda el recuerdo de las noches de luna en Cuba.

En aquellos manglares, que son como jardines en el mar.

Cuba, eso es lo único que se me prendió a la cabeza.

Lleva toda la tarde intentando decirme algo.

No. Le escucho con gusto.

Siempre me cuenta cosas bonitas. Me habla de países que no conozco.

-Pero algo quiere decirme.

Sí. Llevo varios días repitiéndome la misma cosa.

-¿Qué es?

Me pregunto qué haría si él me llamara...

...o apareciera por esa puerta.

-¿Quiere decirme lo que haría?

Soy muy tonta.

Si ese hombre me volviera a decir media palabra,...

...le perdonaría y le querría otra vez.

-Es usted más tierna que el requesón.

Soy así, no lo puedo remediar.

-No, si no me dice nada que yo no sepa.

Las personas como usted suelen llevar una vida de perros.

No hay mayor desgracia que tener el corazón demasiado grande.

El estómago, el cerebro, el hígado grande...

...son males también, pero menores.

Yo le recortaré el corazón para que haya equilibrio.

¿Qué? -Equilibrio.

¿Y cómo va usted a hacerlo? -Se necesitan muchas lecciones,...

...pero es la única manera de que no sea una desgraciada.

Este mundo es una gaita con muchos agujeros...

...y hay que templar para que suene bien.

Usted no sabe de la misa la media.

Parece que acaba de nacer y que le han soltado en el mundo.

Resulta que no sabe por dónde anda.

Quiere devolver el dinero que le dan...

...y se chifla varias veces por la misma persona.

Bonito porvenir.

Pero yo le enseñaré a usted una cosa que no sabe:

vivir.

¿Me permite que hablemos de usted? Claro.

-¿Qué camino va a seguir? ¿Cuándo?

-Ahora, cuando empiece a hacer vida normal.

¿Piensa pedir perdón a su marido? Qué cosas se le ocurren.

-¿He dicho algún disparate?

Antes que volver con Maximiliano, todo.

-¿Incluso la miseria?

¿Conoce algún trabajo honrado que produzca dinero?

No. -Entonces, a la casa...

...con su marido o a la calle con Juan, Pedro o Diego.

A ver si sale algún primo. Yo quiero ser honrada.

-¿Comiendo o sin comer?

Dice cosas que me confunden.

-¿Por qué? Porque no quiere usted pensar en ellas.

Eso de la honradez, no hay nada que se diga...

...tan fácilmente y que resulte tan difícil.

Pero yo quiero serlo.

-¿Sin volver con su marido?

Sin volver con él.

-Yo quiero que me escuche sin temer a su verdadera situación.

No tiene más remedio que aceptar el amparo de un hombre.

Tiene que echarse por ahí a ver si pesca un desconocido,...

...por las calles, los teatros, los paseos.

Bien. Imagine que ha salido,...

...ha echado el anzuelo, nota que ha picado y tira.

¿Qué ha pescado? A mí. Sí.

Ya estoy fuera del agua, dando coletazos.

No, no, hablo seriamente.

Soy algo viejo, pero sin vanidad, creo que sirvo para todo.

Y por dentro y por fuera, valgo más que muchos muchachos.

No tengo nada que hacer.

Vivo de mis rentas. Soy sólo en el mundo.

Me doy buena vida y puedo dársela a quien me acomode.

Usted es quien tiene que decidir.

Dentro de mi propuesta, será todo lo honrada que quiera.

Buscaremos una casa discreta donde podremos encontrarnos...

...y reservar nuestras relaciones.

Cuanto más honrada sea, mejor.

Viviremos alejados del escándalo.

Te dejaré absoluta libertad. Podrás entrar y salir...

...y hacer lo que te dé la gana, sin faltarme.

Quiero que seas leal conmigo como yo lo seré contigo.

En cuanto te canses, me avisas.

(TOCA EL ORGANILLO)

-Tenía tanta prisa por venir...

...que olvidé traerte flores. No importa.

-Es la primera vez que ocurre, pero será la última.

¿Cómo te encuentras aquí? Bien. Acabo de instalarme.

-Lo mejor es que uno sea un santo,...

...pero como no estamos por ello, tendremos formalidad...

...y no daremos malos ejemplos.

La tranquilidad dentro y el decoro fuera.

Intentaremos hacer un pequeño paraíso.

Música de organillo.

Dame una moneda.

¡Eh!

Moneda cayendo. Siga tocando.

Música de organillo.

Me recuerda a las Micaelas.

Los domingos había música al otro lado del muro.

Las monjas nos dejaban bailar.

Pero siempre nos parecía poco.

Campanas.

Un carpintero golpea la madera.

¿Ya estás aquí? -Sí, chulita, sí, ya estoy aquí.

Me gusta encontrarte. -Cada día que pasa...

...vengo más horas a estar contigo.

No es que te vigile, sino que estoy a gusto.

Y que al viejo solitario ya no le gusta la soledad.

Quédate ahí.

Cada día estás más guapa.

No transijo con el robo ni con la mentira...

...ni con nada que sea vil y cobarde.

Tampoco transijo con menospreciar la disciplina militar.

En eso soy muy severo.

Pero en todo aquello que se relaciona con el amor...

...no me entra en la cabeza que pueda haber delito alguno.

Para mí los mandamientos son ocho. Los otros dos no me entran.

Dicen que alguien hizo un robo o que mató o que calumnió...

...o que armó cualquier escándalo y me indigno y protesto.

Pero vienen y me dicen que tal mujer faltó a su marido...

...o que tal niña se fugó de la casa con el novio...

...y me quedo tan fresco.

Por decoro, debido a la sociedad,...

...hago que me espanto y digo: "Qué barbaridad, señores".

Pero en mi interior me río. Digo: "Ande el mundo...

...y crezca la especie, que para eso estamos".

Sé muy bien que no existen fidelidades absolutas.

Y sé también que, en esta parcela de la vida,...

...decir humanidad es lo mismo que decir debilidad.

Entonces, no te importaría que me fuera con otro.

¿Quieres decir eso?

-Quiero decir que lo comprendería.

No vendría con un revólver para pegarle un tiro.

Recogería el sombrero y me iría de tu casa.

Algo te iba a doler, ¿verdad?

-¿Quieres saberlo? Claro.

-Pues... Sería la primera vez en una vida muy larga...

...que una cosa así...

...me escocería, me haría daño.

¿Satisfecha?

No pienso irme con nadie ni hacerte ningún daño.

Un reloj da la hora.

¿Te ibas ya?

-Sí. No quería despertarte.

Pero me quedé a verte dormir.

¿Cómo duermo?

-Como una niña.

Ven.

¿Qué pensabas? -¿Cuándo?

Ahora, cuando me mirabas.

-Estabas dormida. No dormía, te veía.

¿Qué estabas pensando?

-Pensaba en mi desgracia de no tener 20 años menos,...

...de no haberte conocido antes.

Te habría evitado esas perradas que te han hecho.

Te hubiera protegido...

...y quizá te hubiera podido hacer feliz.

Claro que sí.

Dime una cosa, si yo fuese soltera, ¿te casarías conmigo?

-No, porque mis ideas no han variado en eso.

Sigo pensando que el casarse es estúpido.

Y me iré al otro barrio sin apearme de ello.

Sé que es condición precisa del amor la no duración.

Y comprometerse a ser fiel toda una vida...

...es ponerse grilletes y hacerse prisionero...

...el uno del otro.

Lo que llaman infidelidad es un fuero de la naturaleza...

...que quiere imponerse al despotismo social.

No, no me hubiera casado contigo.

Te hubiera querido y hubiera intentado hacerte feliz,...

...pero sin pensar en toda una vida...

...ni en años o en meses. Ni siquiera en semanas.

Día a día, sin comprometernos a nada,...

...para que nunca dejáramos de ser libres.

Trato de entenderlo todo, pero no me resulta fácil.

-No tienes que entender nada.

Soy un viejo chocho que piensa en voz alta...

...y que le gusta que le escuchen.

-Voy a marcharme.

No quieres que me vaya.

Maullido.

Maullido.

Maullido.

Maullido.

-Qué ha notado estos días. Por qué me ha hecho llamar.

-Es muy sencillo, doctor.

Yo siempre he andado derecho.

Ahora, para hacerlo, tengo que pensarlo y proponérmelo.

Antes, oía divinamente.

Mi vista me permitía en la Habana...

...distinguir las señales y colores de las banderas...

...del vigía del Morro desde el castillo de Atarés.

-Eso sería muy difícil, ¿no?

-Sí, muy difícil, pero yo las veía.

-Y ahora no ve ni oye bien. Le duelen los huesos, se cansa...

...y empieza a alquilar coches para trayectos que hacía andando.

-Así es. -Bueno, querido don Evaristo.

No creo que tenga que explicarle nada.

A lo que le preocupa yo lo llamaría un bajón.

Tiene usted los huesos duros y muchas navidades encima.

No ha entrado jamás en una botica ni ha probado medicina alguna.

Bien, ahora no le queda más remedio.

-Ha sido una locura. -¿El qué?

-Nada, nada. Estaba hablando conmigo.

Tienes que haber notado, de un tiempo a esta parte,...

...que mi salud no es buena.

¿Cuántos años crees tú que tengo?

¿60? -Dentro de nada cumpliré 70.

Yo me conservaba en mis apariencias.

Pero, de improviso, la naturaleza me ha abandonado.

Ya no puedo rebelarme contra ella. Es preciso que me olvide de mí.

Y que me preocupe por ti, yo poco puedo durar.

No digas eso.

-Soy como un reloj que tocó su última campanada.

Y aunque anda un poco todavía, ya no da la hora.

Tengo que pensar. Hay que prevenir. Mirar por ti.

Asegurarte contra la tontería.

No me moriré sin dejarte arreglada una vida práctica.

Música de organillo.

Dame una moneda.

(TOSE)

Podía haberle dicho que no tocara. -No, has hecho bien.

Llegamos a hacer un paraíso.

Pero cualquiera tiene que saber que los paraísos del hombre...

...duran poco si son auténticos.

Tendrías que echarles muchas monedas...

...para que no dejara de tocar.

-¡Toma, toma! -¡Dale!

-¡Doña Fortunata!

¡Doña Fortunata!

-Don Evaristo, que no puede venir, que me acompañe usted.

Bajo enseguida.

-Siéntate.

Por qué vienes tan fatigada.

El criado corría y yo pensé que debía darme prisa.

-No es nada de particular.

El médico se empeña en que no salga.

Pero estoy mejor que estos días de atrás.

Me cuido porque me quedan cosas por hacer.

Y de eso quería hablarte.

Es posible que no te guste mucho lo que te diga.

Pero no hay otro remedio.

Resultado de lo mucho que cavilo por ti.

Es preciso que vuelvas con tu marido.

Pero eso no es posible.

Lo haremos posible. De eso se trata.

No podías decirme nada que me fuera más antipático.

Campanadas de un reloj.

Si tú no has de morir, si te vas a poner bueno.

Además, dudo mucho que me perdone. -Ah, todo se perdona.

Es cuestión de estrategia.

Por qué no. Te tengo miedo, Fortunata.

Si te dejo sola, te arrastrarán otra vez las pasiones.

Y volverás a caer en la vida mala.

Necesitas un freno legal. Y ese es el que quiero que tengas.

Te asusta vivir con tu marido porque no le quieres.

Ni es posible que le quiera nunca. -Corriente.

Pero todo eso se arregla.

No quiero calentarte más la cabeza por hoy.

Ni calentármela yo.

La cosa está aprobada, en principio.

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Fortunata y Jacinta - Capítulo 7

28 ago 2017

Después de una temporada, las relaciones de Fortunata y Juan Santa Cruz vuelven a enfriarse. Jacinta se ha enterado de ellas y consigue la promesa de su marido de despedirse definitivamente de la otra mujer. Fortunata, de nuevo sola, conoce casualmente a un hombre mayor, coronel retirado, llamado Evaristo Feijoo.

Histórico de emisiones:
19/05/1980
18/07/2011

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