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Fortunata y Jacinta - Capítulo 6 - ver ahora
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Sollozos.

Sollozos.

-Qué tienes, mujer.

-Que he de tener... que hoy, sin saber por qué...

Que no, me veo tal como soy.

Mala. Más que mala.

Se me vienen al pensamiento todos los pecados que he cometido.

Desde el primero al último.

-Peor aunque sean tantos, Dios te perdonarás si te arrepientes.

-No, a mí no me puede perdonar porque he sido muy arrastrada.

Y tanto pecado hoy lo tengo metido aquí.

-Llora. Desahógate.

Mañana te confiesas, dilo todo.

Rebaña con él y te quedarás tranquila.

(RÍE)

(RÍE)

-¿Te pasa algo?

-He visto a Nuestra Señora.

-¿Qué dices, mujer? -¡He visto a la Virgen!

-¿Tú estás segura de lo que dices? -Que me muera si no es verdad.

Te lo juro por estas cruces. La he visto.

Bajó por allí, donde está el abanicón de la noria.

Bajaba en mitad de una luz.

De una luz que era como las puras mieles.

-¿Como las mieles?

-Después vino andando hacia acá. Pasó entre vosotras y no la veíais.

¡Yo sola la vi!

No traía Niño Dios en los brazos. Se paró.

Y me estuvo mirando.

-¿Y te dijo algo? -No.

¡Lloraba mirándome!

Me quedé como ciega.

No podía moverme.

Sentía aquí, entre mí... una cosa.

-¿Como una pena? -No. Como una pena no.

Como un gusto.

-¡Mirad, hay aire!

¡Se mueve, aire, aire!

¡Aire!

-¡Mauricia ha visto a la Virgen!

-Mauricia.

Mauricia.

Aunque hayas sido muy mala,...

...no creas que Dios te va a negar su perdón.

-¡Mi Señora, te lo traeré, sí! ¡Te lo traeré!

-¡Vamos, vamos, váyanse todas, vamos, váyanse!

-Marchaos, marchaos.

-Si no te voy hacer ningún daño, diosesito mío.

Voy a llevarte con tu mamá, que está fuera, esperando que te saque.

Verás que bien te saco yo, monín.

Si te quiero mucho.

Soy Mauricia la Dura. ¿Me conoces, verdad?

-¡Hipócritas!

¡Tías pasteleras! ¡Desgraciadas!

¡Cucarachas!

¡Fuera!

-Trasto infame. Si no te estás quieta, verás.

-¡Calla ya!

Anda y vete por ahí.

¡Ah!

-Una pareja de orden público es lo mejor.

-Déjeme. Yo me basto y me sobro. Lo que es conmigo no juega.

-¡Toma ya, pedorra! ¡Brujas!

¡Hala, a correr!

¡Indecentes, esperpentos!

-¿Pero qué pasa?

Mauricia, ¿cómo se entiende?

¿Qué hace, está loca? -Guillermina, no subas.

Cuidado. -Tía indecente.

-Es una fiera. Retírate, por Dios. Está como loca y no repara.

Llamaremos a una pareja de orden público.

-¡Qué pareja! Mauricia.

-¡So tía pastelera, toma!

-¿A mí, a mí me has tirado?

-¡Sí, a ti y a todo el género humano, judía pastelera!

Venga, márchate pronto de ahí.

Suéltame, León, capellán de peinetas.

-Y yo que venía por el cascote que os sobrara...

Me salí con la mía.

-¡Zángano, mala puñalá te mate!

-Don León, no la maltrate usted.

-¡Cobarde! Pegar así a una señora.

¡Gallina! -Nada, ponedla ya en la calle.

Que se vaya a los quintos infiernos.

-Que traigan su ropa, pronto.

Hija, cómo te has puesto.

-Quítate de ahí, pendoncillo.

¡Quítate o te...!

-A la calle, a la calle.

Hemos terminado. -¡Ah!

¡Ah!

-Vístase usted.

-No me da la gana. ¡Adiós!

Son todas unas judías pasteleras.

-Borracha.

Ladridos.

-Oye, ¿tú eres la Fortunata?

-No, no soy la Fortunata, gorrino. Soy la Mauricia, Mauricia la dura.

-Muérete.

-Mi querida calle de mi alma.

¡Aire!

-Hágase usted la cuenta de que es otra mujer,...

...de que se ha muerto y resucitado en otro mundo.

Si encuentra usted algún día a las personas...

...que, en aquella vida pasada,...

...la arrastraron a la perdición,...

...figúrese que son fantasmas, sombras.

Así, como suena. No las mire, no las mire siquiera.

Ahora rece, rece a la Virgen.

(REZA EN LATÍN)

-¿La señora Fortunata?

¿Quería algo de mí?

-No.

Nada, nada.

Gente hablando.

-Agradezco a Maximiliano que la trajera.

Si no, no la hubiera conocido.

Está enfadado con la tía. Lo he notado.

-Problemas de herencia y dinero.

Si no la haces confidente tuya en eso, no te mirará a la cara.

De todas formas, me tendréis en la boda,...

...aunque sólo sea por haber venido a verme.

Bueno...

Me ha encantado conocerla. Lo mismo.

-Esta es Patricia. Servirá para vosotros.

Me la recomendó Torquemada.

Es limpia, formal y sensata, y además, guisa muy bien.

Siéntate. A lo mejor me tienes que ayudar.

-Aquí se va a dejar los ojos. ¿Por qué no va a la sala?

No me importa. -Calle, pero si no hay nadie.

Y aunque hubiera... Venga.

¿No es mejor? Sí, gracias.

Campana.

¿Eres tú?

-No, soy tu madre. Pareces boba.

¿No está doña Lupe? -Ya le dije que no vino.

-No te he preguntado a ti, recitolera, metomentodo.

Venga, lárgate a tu cocina.

¿Cómo tú por aquí?

-Estoy otra vez corriendo prendas y venía a enseñar...

...unos mantones a esa tía pastelera.

¡Qué manera de hablar, corrígete!

¿Te has olvidado de la que armaste en el convento?

Lo pasé muy mal por ti, ese día me puse mala.

-No me hables, me trastorné de veras, ¿eh?

Nunca me había dado un ataque tan fuerte.

Pero ahora, acordándome, me dan ganas de volver...

...y comerme a bocados al capellán.

Lo que más me escuece es el pellazo que le metí...

...a doña Guillermina, eso si que no me lo paso...

Es que eres atroz.

Si no te quitas ese vicio, lo pasarás mal.

-No me digas eso, si desde que salí de convento no cato...

...la bebida, te lo juro.

Soy ahora, como quien dice, otra persona.

Te casas mañana, ¿no?

¿Cómo lo has sabido?

-Todo se sabe.

Es como si te hubiera caído la lotería.

Yo me alegro... porque te quiero.

Un botón blanco y de cuatro agujeros.

¡Es buena suerte!

¡Qué disparate! -Chica, es el evangelio.

Lo he probado muchas veces.

Ahora sí que vas a estar en grande.

¿Sabes una cosa? ¿Qué?

-Que te quemas.

¿Como que me quemo?

-Que le tienes muy cerca.

Te estuvo rondando en Las Micaelas.

Quita, quita, no me vengas con cuentos, ¿eh?

-¿Te lo digo?

¡¿Te lo digo?! ¿Pero qué?

-Pues que el tal te arma una trampa en la que vas a caer.

Como que ya has metido la pata dentro.

¿Yo?

-Sí, tú.

Ha alquilado el cuarto de la izquierda...

...de la casa donde vas a vivir, el tuyo es el de la derecha.

No digas desatinos.

-Allí le tienes, en cuanto entres en tu casa,...

...le sentirás la respiración.

¡Quita, quita!

-Si no caes en la trampa el pobre revienta.

Tan dislocado está por ti. Me vas a volver loca.

-El cuarto lo tomó por cuenta de una que corre joyas.

Se llama Cirila.

Está casada con un secreta...

...y ahora tu señor lo ha colocado en el tren.

Todo eso es cuento.

-Allí le tienes.

Tú lo has de ver.

¡Niña, si o te largas te sacudo! -No me da la gana irme.

-¿Cómo que no te da la gana?

Si es verdad le diré a mi marido que tome otra casa.

-Tendrás que contarle el motivo. Se lo contaré.

-¡Menuda escandalera!

Pues no me caso entonces.

-Que se te quite de la cabeza.

La mujer soltera es una esclava, no puede ni menearse.

La que tiene un peine de marido, tiene bula para todo.

¡Te digo que no me caso! -Cásate y caigas en la trampa.

Vaya, ponte a ser honrada que de menos nos hizo Dios.

Lo que te digo es el evangelio.

El puro evangelio.

Te casas, porque casarte es tu salvación.

No vas a andar de mano en mano hasta la consunción de los siglos.

Si quieres ser honrada, sedlo, hija.

Nadie te va a poner un puñal en el pecho p'a que peques.

¿Qué me importa la trampa si no quiero caer?

-¡Claro!

El otro ahí junto, esperando,...

...que le parta un rayo.

A los pocos días le dices a tu marido...

...que no te gusta la casa y tomáis otra.

Di que sí. Tomamos otra y se acabó la trampa.

-Te digo más.

La criada que tienes, esa Patricia, está vendida.

¿Vendida?

Mira tú por qué a mí nunca me gustó.

Mañana mismo la despido.

-Tú mira bien lo que te digo.

Siempre y cuando quieras ser honrada, sedlo.

Pero dejarte de casar...

Dejar de casarte, eso que no se te pase...

...por la cabeza, niña de mi alma.

¿A quién quiero yo?

A ti... nada más.

Lo que yo diga es por tu bien.

Déjate llevar.

Cásate y si hay trampa...

...que la haya.

Lo que debe pasar, pasa.

Deja correr...

...y haz caso de mí.

Que te he tomado cariño y soy mismamente como tu madre.

(HABLA EN LATÍN)

(TODOS) Amén.

Este anillo y estas arras os ofrezco en señal de matrimonio.

Esposo, este anillo os doy en señal de matrimonio.

-Y yo la recibo... Y yo la recibo.

(HABLA EN LATÍN)

(HABLA EN LATÍN)

-Tú tienes jaqueca.

Sí que la tengo. Quería olvidarla a ver si se me pasaba,...

...pero es inútil. Parece que se me abre la cabeza.

-Es un mal de familia y con nada se quita.

Las mías han sido tremendas.

Me comparaba yo... a San Pedro Mártir...

...con el hacha clavada en la cabeza.

Pero de un tiempo a esta parte se me alivian con jamón.

-¿Cómo es eso? ¿Aplicándose una tajada en la cabeza?

-No, hijo, comiéndolo.

-Ah, uso interno. -Eso es.

Es mejor que te eches un rato.

-¿Por qué no dormís aquí esta noche?

No. Me encuentro mejor.

Nos vamos a casa y me echo.

Allí pasaré lo que me resta.

Tía, no se olvide de darle a Fortunata el frasco de láudano.

-No se me olvida. Ven.

Tómale la cuenta a la muchacha al céntimo.

Calcula diario 16 ó 17 reales y no te pases.

Mañana le das a Maxi dos huevecitos y un caldo.

Los demás días chuletitas y patatas fritas.

No compres nunca merluza en Chamberí.

Y ojo con el carnicero que es más ladrón que Judas.

Si te dice algo, me nombras a mí y temblará.

Un perro ladra.

Llaman a la puerta.

¿Quién era? -Los de al lado, la señorita Cirila.

Una señora muy fina que vive ahí con su marido,...

...que es no sé qué del tren. Nada, que si por casualidad...

...teníamos azucarillos. Le he dicho que no.

Me ha preguntado: "¿Cómo sigue el señorito?".

¿Quién le dijo que estaba enfermo? -Yo misma.

Ayer me hicieron la visita y yo he cumplido esta noche.

Dice que tiene muchas ganas de conocerla.

¿Quién dice que yo tengo ganas de conocer a nadie?

(SUSURRA TRAS LA PUERTA) Niña...

Niña mía.

Soy yo, Juan.

Soy Juan.

Ábreme.

Soy Juan. Ábreme.

Alguien llama a una puerta.

-Perdonad que os haga venir y tú, hijo, perdóname...

...por sacarte de la cama, pero debemos movernos.

Anoche apresaron a Juan Pablo.

Entraron en casa de la mujer con la que vive y lo trincaron.

En el saladero está. Me ha dicho don Basilio...

...que a los presos de anoche los llevan a las islas Marianas.

Aunque se merezca el castigo, es mi sobrino...

...y haré lo posible porque lo liberen.

¿Qué hago yo? -Ve a ver a León Pintado,...

...para que te presente al doctor Sedeño.

Yo diré a doña Casta que hable con Moreno Isla...

...y este lo haga con Zalamero.

Si estuviera aquí el tonto de tu hermano, lo sacaría pronto,...

...porque ellos tienen el poder, los curas.

Así está el país, que es un dolor. Y las patatas a seis reales.

¿Quieres que te acompañe? -No. Haz lo que te venga en gana.

Y espérame en casa.

Música de organillo.

(CONDUCTOR) ¡Mula!

¿Ha venido alguien? ¿El señorito?

-No viene hasta la noche, mandó recado.

Adelante, niña.

¡Bendito Dios!

Me muero por ti.

Ven, ven conmigo.

¡Tres años!

¿Ves como tiemblo?

No sé lo que me pasa.

Más de tres años, más.

Porque cuando estuve aquí con Juárez, no te vi.

Cuando le dije que te quería, quiso matarme.

Y todo este tiempo, tú sin acordarte de mí.

¿Sin acordarme? Si supieras lo que he pasado...

Déjame verte.

Qué guapa estás, niña.

Sí, para ti.

No es día de llorar, sino de estar alegre.

¿Sabes de qué me acuerdo?

De mi pequeño.

De nuestro pequeño.

Si hubiera vivido, ¿le habrías querido?

Me parece que aún le veo cuando se lo llevaron.

Tengo tantas cosas que contarte.

Ya sé que te has casado. Has hecho bien.

¿Por qué hice bien?

Porque así eres más libre y tienes un hombre.

Esto de alquilar una casa frente a la tuya...

...es una calaverada que no puede disculparme...

...sino por las ganas de verte y hablarte.

Te busqué como si buscara lo que más queremos.

Lo supe tarde.

Si no, me habrías encontrado.

Cierra ahí.

Ven.

Quiero pedirte perdón por el mal que te he hecho.

Si me quieres, ¿qué importa eso?

Mi marido eres tú.

Toma.

¿Qué es? Rosquillas.

¿Y tu hermano?

No le llevarán a ninguna parte.

Estará en la cárcel 15 ó 20 días, y merecidos.

¿Para qué busca al Pelahuevo?

Vamos a cenar.

¿Quieres que vayamos a algún café? No, estoy muy cansada.

¿Tú cómo te encuentras? Mejor después de verte.

Pero lo que quiero es dormir.

Ladridos.

Si fuera albañil, carpintero o celador del resguardo...

Todo sería mejor. Por qué.

Serías pobre y los dos trabajaríamos para poder vivir.

Inocente, ¿no te gusta el lujo? Me da igual.

Háblame con franqueza.

¿No necesitas nada? Nada.

¿Ese ángel te da todo lo que te hace falta?

Todo.

Quiero regalarte un vestido.

No me lo pondré. Y un sombrero.

Lo convertiré en espuerta.

Háblame de tu mujer.

Mejor dejarla tranquila.

¿La quieres?

Por qué voy a engañarte. Sí, la quiero,...

...pero de manera diferente a ti. Es buena.

Y tiene una manía que la trastorna.

¿Qué es? Los hijos.

Tu tío le hizo creer que tenía nuestro hijo.

Conozco esa historia.

Se me ocurre proponerle un trato a tu mujer.

¿Qué trato?

Yo le cedo a ella un hijo tuyo y ella me cede a su marido.

Es muy sencillo

Total, cambiar un niño chico por uno grande.

Te reirás todo lo que quieras pero es una buena idea.

Por qué no me miras.

Porque...

Dímelo.

Ya no me quieres.

Sí, no te atormentes con eso, te quiero.

¿Y por qué te vas tan lejos?

Cuando entro en casa te pones seria.

Y cuando crees que no me fijo en ti,...

...sonríes como si estuvieras hablando con alguien.

Lo hago sin querer, sin darme cuenta.

¿Quieres pasar? No.

¿Adónde vas a ir? A casa.

Cuándo. Ahora.

Buenos días. -¡Qué mujer tienes!

Es mucha hembra para ti. Ya puedes andarte con ojo.

Buenos días, Ballester. -Hola, Maxi.

¿Qué pasa? Nada, no pasa nada.

-Adiós. Hasta la tarde.

He visto a ese señorito. A quién.

Al que te deshonró. Juan Santa Cruz se llama, ¿no?

Le he visto aquí abajo, hace un momento.

No, hoy no has podido verle.

Cuándo hubiera podido verle. Dime, cuándo.

Estos días atrás verle como tú... ¡Calla!

¡Ten piedad de mí, por tu vida! ¿Ya no me quieres?

¿Le estás viendo? Dime la verdad.

¡Yo te saqué de la calle! Tengo derecho...

¡No! No le he visto. No te engaño, digo la verdad.

Pues dilo con un poco de dulzura, como lo decías antes.

Me estás haciendo mal.

Siéntate. Sigue comiendo tranquilo.

No hay ninguna razón para que te encuentres mal.

Tienes que creerme.

Sí.

Recoja eso. -Sí, señora.

Nos iremos a Molina de Aragón. Allí tengo yo mis tierras.

Dejaré la carrera y nos dedicaremos a ellas.

Te irás tú.

No, los dos. ¿Te has vuelto loco?

No vamos dejar esta casa sólo porque creas ver lo que no existe.

-¿Algo más, señora? -Jarabe, por favor.

-Maxi, yo soy tu amigo.

Ya lo sé.

-Tengo que decírtelo.

¿El qué? -Tu mujer.

¿Qué pasa con mi mujer?

-Tiene citas con un señor.

En una casa del paseo de Santa Engracia.

Les he visto ayer y el otro día.

Creí que debía decírtelo.

Silbido fuerte.

¡Oiga usted! ¿Qué quiere?

¡Canalla, indecente!

¡Le voy a matar! ¡A usted, y a ella también!

¡Ladrón, ladrón!

Si no te callas, te aplasto.

Vámonos, deprisa.

-¡Caballo!

-Deje que le ayudemos.

¿Por qué le pegaba así?

-¿Le ha robado?

-¿Le conocía?

(CONMOCIONADO) Me ha quitado lo que es mío.

Me ha robado.

La ropa, la basura, y yo la recogía.

Volvió a ensuciarla el muy canalla.

Pero tengo que hacer dos muertes.

Iré al patíbulo, no me importa. Iré al palo.

No me importa.

-¡Un coche para este hombre, rápido!

Golpes en la puerta.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado? -Le han pagado, señora.

-¿Y Fortunata? -Salió a comprar.

-A las 8:30 de la noche no se compra.

¿Cómo te encuentras?

-¿Es usted su madre? -Como si lo fuera.

-Necesita reposar.

Tiene unos cuantos hematomas, pero nada roto.

Le atendí en la casa de socorro y vine a darle algo para descansar.

-Gracias, doctor.

Adiós.

Explícame esto.

¿Esto? -Esto, sí.

Maximiliano maltratado...

...y tú entrando en casa a estas horas...

...y con esos modos de traidora.

Pues sí que me estoy enterando.

¡Tía!

-Mujer, ¿está usted ahí?

Aquí estoy, sí, señor.

-Mi tía me ha contado los horrores de esta noche.

Nos tiene en la confusión.

¿Me querrá explicar a mí este lío? Sí, señor.

-Mi hermano sospechaba que usted era infiel.

¿Tenía fundamento?

Sí, señor.

-Nos ha engañado a todos.

La tuve por una extraviada, no por una corrompida.

Ahora veo que es usted un monstruo.

¿Quiere a mi hermano? No, señor.

-¿No lo ha querido nunca? No, señor.

-Pero usted me dijo que esperaba tomarle cariño.

Sí, lo dije.

-De modo que nada. Nada.

-¿Cuántas veces le ha faltado?

Muchas. -¿Con cuántos hombres?

Con uno solo.

-¿De veras? ¿Le conoció usted después de casarse?

Le conozco hace mucho tiempo. -Ah, ya, la vieja historia.

¿Ha sido ese el que pegó a Maxi? Sí, él fue, pero Maxi le provocó.

Yo estaba en la ventana y lo vi. -¿Y no sientes remordimientos?

Yo lo siento. Quisiera que eso no hubiese pasado.

-¿Volvería usted a las micaelas? No, señor.

-Entonces, que se la lleve el demonio.

Yo me arrepiento, pero... -¡Qué peros ni qué manzanas!

Reniegue usted del adulterio.

Reniegue del hombre malo...

Eso... -¿Eso qué?

Está dentro de mí y no sé cómo vencerlo.

-¿Está casado? Sí, señor.

-Ave María purísima.

Qué horror y qué sociedad. Tendrá usted su castigo y pronto.

No sólo es una bribona, sino una idiota.

Todas las enamoradas lo son porque se les seca la razón.

Las saca uno del purgatorio del deleite y allá que vuelven.

Tú que lo quieres, pues lo tendrás.

Esto se acabó. Ni yo tengo nada que hacer...

...con usted ni usted en esta casa.

¡Al arroyo, hija! A divertirse.

Usted sale de aquí y cuando se vaya,...

...ahumaremos la casa con espliego.

Eso es lo que vamos a hacer, ahumar la casa con espliego.

  • Capítulo 6

Fortunata y Jacinta - Capítulo 6

25 ago 2017

Llega el día de la salida de Fortunata. Maxi no puede aguantar tantas emociones y enferma. La noche de bodas mientras atiende a su marido, en la nueva casa en la que han ido a vivir, Fortunata se ve requerida por Santa Cruz, que ha alquilado el piso de enfrente.

Histórico de emisiones:
15/05/1980

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