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Fortunata y Jacinta - Capítulo 2 - ver ahora
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-¡Arre!

Ven. No.

Voy yo entonces. No, no te muevas de ahí.

No teníamos que extrañarnos tanto.

De niños, dormíamos juntos.

Me hacías rabiar a todas horas.

Tú me hacías rabiar a mí. Escondías mis muñecas.

¿Y las veces que tiraste al fuego mis soldados?

Tenía que defenderme.

Ven. Apaga la luz.

¿Por qué? Apaga.

Acércate, te caerás de la cama.

Tienes las manos frías.

¿Me quieres?

Claro que sí.

Juan...

¿Ahora qué pasa?

Tenemos que hablar tú y yo, antes de nada.

¿De qué?

¿Qué hiciste durante aquel tiempo?

¿Cuándo, cuándo?

Sabes muy bien cuándo.

No pisaste tu casa durante meses.

Qué pregunta. ¿Qué puede interesarte?

Me interesa.

Por favor, no me hagas hablar de eso ahora.

¿Cuándo?

Te prometo hacerlo, pero este no es el momento.

Gritos.

-¡Que te calles! ¡Que te calles! ¡Cállate o te pongo la navaja!

-¡Eso, eso es lo que harás tú!

Gritos.

Lo que tienes que hacer es trabajar, desgraciado.

-Yo, que tengo que alimentaros a ti y a tu sobrina.

-No te metas con sobrina. -¿Qué, que no me meta?

Gritos.

¿Por qué lloras?

¿Quién llora?

Tú.

Gritos.

Cristales rotos y gritos.

-A mí no se te ocurra ni tocarme. -Si yo te he sacado del arroyo.

-¿A mí? -¡A ti!

-¡Y te he alimentado! ¡Y te he alimentado!

Gritos.

Ya no queda vino. Voy a por más.

-Fortunata.

Diga, tía.

-Trae más vino.

¿De dónde lo saco?

-De mi cuarto, niña, ya lo sabes.

Sólo me tiene a mí la pobre.

Y a ese que dice ser picador.

Pero que se deja mantener.

Yo era tan buena hembra como tu Fortunata.

¿Y quién me mira ahora?

Segunda Izquierdo,...

...quién te ha visto y quién te ve.

Cuídate de los hombres, lucero, cuídate.

Si lo sabes hacer... traerás la fortuna a esta casa.

Cuidado.

Me prometiste que me ibas a contar.

Sí, lo sé. He pensado hacerlo pero temo que te enfades.

Si quiero que me lo cuentes es para reírme.

¿Crees que me iba a enfadar?

Me hacen gracia tus calaveradas. Jacinta, qué esperas oírme.

No sé. Lo que hiciste durante ese tiempo.

Tu madre estaba muy disgustada,...

...porque te nos habías hecho muy chulapito.

Conocí a una mujer.

¿Cómo?

La encontré en una escalera. Comía un huevo crudo.

Sí. ¡Qué asco!

Qué se puede esperar del hombre que se enamora de una que toma eso.

Volví al día siguiente y al otro. Empezamos a hablar.

Quién era. Una huérfana.

Vivía con su tía que era pollera y huevera.

Al tiempo me la encontré.

¿A la tía? No, a ella.

De lejos noté que sonreía al verme.

Hablamos cuatro palabras, me colé en su casa...

...y me hice amigo de su tía.

La chica era muy inocente, de las que dicen lo que sienten.

Villalonga conoció a otra del mismo barrio, él me empujaba.

No voy a seguir.

Lo que quiero, precisamente, es borrar todo aquello...

...que considero infamante porque recordándolo...

Ni siquiera te merezco.

Si no me enfado, Juan. me divierte imaginar el final.

Le hiciste el amor por lo fino y lo admitió por lo basto.

La sacaste de su casa y la llevaste a otro nido.

Déjalo. Por qué.

Le diste la consabida palabra de casamiento.

Cállate.

Me callo.

Además, todo lo que me puedas contar me lo figuro.

Que te aburriste pronto, es natural.

(CANTA UNA JOTA)

Salía de casa de su tía y fuimos a parar con su tío.

El animal más grande que he visto en mi vida.

(CANTA FLAMENCO)

Los dos te querrían matar, ¿verdad? No, no.

Esta gente del pueblo no tiene moral.

No conoce la dignidad.

Sólo les mueve el interés, las pasiones.

Parece mentira que aquello me divirtiera.

Estaba ciego.

Ella era como un pequeño animal salvaje, no sabía leer ni escribir.

Pero tenía buen corazón.

Tenía buen corazón.

Pruébame que me quieres. ¿Cómo?

Ven conmigo.

Música de órgano.

(RECUERDA)

El tío de Fortunata canta. -¡Alegría!

-Aquí estamos esperando a mi sobrina.

Que nos va a traer de comer... -¡Ole!

-Unas muy buenas sardinas.

-¡Ole! (TODOS GRITAN)

-Muy buenas. Cogedlas de arriba que no queman.

-Una, una, dame una. -Están buenas, buenas.

De Levante.

¡Muy buenas! Aunque yo te quiera mucho...

(TODOS) ¡Ole!

Cristales rotos.

-¡Revolucionario de barricadas, torero de invierno!

¡Piojoso! ¡Quítame las manos de encima o te mato!

Aunque seas mi hermano, te mato.

A Fortunata la he criado yo.

¿Crees que ahora voy a dejar que seas tú quien se aproveche?

Ahí va el dinero. -¿Qué?

¡Ay! ¡Ah! ¡Ay, quita, quita!

(LOS TÍOS DE FORTUNATA GRITAN)

(LLORA)

De qué te ríes.

De pensar en la cara que hubiera puesto mamá.

Si le entra por la puerta una nuera de mantón.

Sortijillas y pañuelo a la cabeza. (RÍE)

¿Y si te dijera que la quería?

¿Que al poco tiempo de sacarla de su casa se me ocurrió...

...cumplir la palabra de casamiento que le di?

A que te doy un par de bofetones y un pellizco que ves las estrellas.

¿Casarte con esa? Y me lo dices a mí, ¡a mí!

Olvídalo. Creo que me volví otra persona distinta a la que soy.

Como si me hubiera vuelto loco unos meses. Pero aquello pasó.

Tienes razón. tú no eras entonces tú.

Trato de imaginarte y no puedo.

Ahora me molesta todo eso y no me gusta hablar de ello.

Lo pasado, pasado.

Tienes los ojos como dos estrellas.

Juan.

Juan.

Dime. Te estaba preguntando.

¿El qué?

Nada, una tontería.

¿Qué era?

¿Cómo se llamaba o cómo se llama?

Si quieres, te lo digo, pero si me prometes...

...que en tu vida vas a hacer alusión a ello.

Sí, dímelo.

Se llamaba Fortunata.

Fortunata. Fortunata, ¿ya estás satisfecha?

He puesto un parte a casa.

Les expliqué todo, entenderán que no dejemos de ir a Andalucía.

Ya les echo de menos.

Qué tontería.

Gracias.

Ten cuidado, está ardiendo.

Un bebé llora.

Guitarra flamenca.

-¿Una flor, mi alma?

-¡Quieto!

Te robo, ay, to el trabajo.

Ay, mocita descoloría.

Te robo, ay, to el trabajo.

-¿Señor Santa Cruz? Dígame.

-El señor que ha organizado esta fiesta...

...es un inglés que reside aquí, en la fonda.

Se ha casado y les invita a una copa.

¿Cómo no? Pero, Juan, no puedes beber más.

Mujer... Brindar solamente. No.

No hay quien la tenga, niña, ay, no hay quien la tenga.

Yo pegué un tiro al aire, ay, cayó en la arena.

¡Vamos! ¡Ele!

¡Dale!

Siguen cantando flamenco.

¿Por qué me has hecho subir? Debes acostarte.

Tienes razón. Mi mayor gusto ha de ser estar al lado tuyo.

Ven.

(LLORA)

Perdóname.

Perdóname.

Bendita sea mi madre. Bendita sea por casarme contigo.

Estaba ciego, encanallado.

Pero mis faltas las veo claras esta noche.

Juan, ¿por qué no te acuestas?

¿Acostarme cuando tengo que contarte tantas cosas?

No he sido franco contigo.

Pero vas a comprender...

...cuando me oigas.

¡Me da vergüenza contarte ciertas cosas!

¡Pero ahora quiero hacerlo!

Cálmate. Anda, cálmate.

¡Y quiero tu perdón, porque no he sido bueno!

No he sido bueno. Juan, ¡me estás atormentando!

No, me estoy arrepintiendo.

¿Por qué te vas?

Escucha, por favor.

Ella me quería, estoy seguro, me quería.

Estaba convencida de que yo no era como los demás,...

...que era la nobleza, la decencia,...

...la generosidad, el acabose de los hombres.

Nobleza, qué sarcasmo.

Decencia por una ropa que se llama levita.

La verdad ante todo.

El pobre siempre está debajo, esa es la verdad.

El rico hace lo que le da la gana.

A mí cada día me pesaba más aquella carga.

Si le mando echarse al fuego, se habría echado de cabeza.

Me quería.

Villalonga y yo nos divertíamos...

...haciendo pelear a aquellos hombres.

Yo estaba deseando darle un puntapié...

...y quitármela de encima, pero ella me quería.

Estaba segura de tener el mejor de los hombres.

Después de aquello,...

...traté de verla por aquí y por allá. Por todas partes.

La busqué.

Dijeron que se había ido y yo seguí buscándola.

No sé qué fue de ella.

-¡Venga, ahora que es tuyo, venga!

-¡Separadlos!

¡Acaba con él!

(HABLAN A LA VEZ)

-Cobarde.

(ALGUIEN GRITA)

-No... -¡Vámonos!

-¡Tú! -Vamos, venga, corre, vamos.

-¡Tú!

Fortunata está de cinco meses.

¿Lo sabías?

Sí. -Y por eso te quieres ir.

¿Es por eso? -Venga, dale ahora.

¡Dale más!

¡Eh! -¡Ay!

-Vamos, ayúdame que le aguanto.

Fortunata tenía los ojos como dos estrellas.

Las manos rotas... de tanto trabajar.

Y el corazón lleno de inocencia.

Yo la engañé, la perdí.

Le dije mil mentiras.

El pueblo es tonto de remate, se lo cree todo...

...si le dicen palabras finas.

Merezco que me desprecies.

La dejé tirada...

Después de divertirme con ella.

La abandoné por las calles,...

...hice... que su destino fuera el destino de las perras.

No me cuentes más ya.

Es preciso que te acuestes...

...y que procures dormir.

Di que me vas a perdonar.

Di que sí. Cálmate.

Olvídalo todo.

Cálmate.

-¿Cómo va? -Necesito más agua caliente.

Un bebé llora. ¿Qué tal mi hermana?

-Muy bien, ya es cosa de poco.

-¿Ha comido algo? Nada, no ha probado nada.

-Tendrá sueño, déjamelo.

Todo va bien. ¿Cenaste ya? -No.

Ven, te doy de cenar.

Un recién nacido llora.

-Ya está.

Un recién nacido llora. -Ten entonces.

Un recién nacido llora con fuerza. -Aprisa, aprisa,...

...poned más agua.

¿Qué ha sido? -El primero niño y viene otro.

Ha sido un niño y viene otro.

Niños, tenéis un hermano nuevo y viene otro.

Un recién nacido llora.

-¡Enhorabuena! -Gracias.

¿Ya? -¡Son dos niños!

Dos niños... -Dos niños preciosos.

-Qué alegría. Enhorabuena.

-Sí. -¿Cómo está Candelaria?

-Muy bien.

-Qué niños tan ricos.

(CANDELARIA LLORA)

¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?

¿Qué te pasa entonces?

-Dios mío...

Somos tantos...

Tú no sabes lo que cuesta criarlos a todos.

De eso no tienes que preocuparte.

Me tienes a mí, ¿me oyes? Me tienes a mí.

Los bebés balbucean.

Haber tenido estas criaturas...

No hay nada comparable.

-Amaneció aquel día.

Y los 23 pequeños de Dios que yo había recogido...

...estaban en la casa fría y húmeda de la calle del Zarzal.

Aposentados como conejos.

Me miraban.

A mí se me había acabado el dinero y no tenía para darles de comer.

Aquel día...

Era viernes de dolores.

Y yo tenía las siete espadas clavadas aquí.

Entonces... es cuando me vino la idea.

¿Por qué no?

Pedir... Sí, pedir.

Hacía falta valor; pero me vino de pronto.

Trinqué la mantilla y me eché a la calle.

Desde entonces he perdido la vergüenza.

He pedido a duquesas, a mujeres de mala vida...

He llegado desde el último obrero hasta el propio rey.

Sí, señoras, sí.

Pedí audiencia y vi a don Amadeo.

Le conté lo del asilo.

"¿Un asilo de ancianos?". Me preguntó.

-No, señor, de niños.

Timbre. No me dijo más...

...y unos días más tarde hizo que me mandaran ropa...

...y piezas de tela.

-Buenas noches, señor. -Buenas noches.

Perdón.

-Esto es no terminar nunca.

Necesito 200 pantalones antes de que se presente el invierno.

-He venido a despedirme.

Me vuelvo a Londres.

Los hombres están ahí. -Sí, les oigo.

No sé si preferiría hoy estar con las mujeres.

No hay inconveniente.

Su tía Guillermina está con nosotras.

Cuenta cosas interesantes, como siempre.

-Entonces prefiero buscar la compañía de los hombres.

Corro el peligro de quedarme sin un real.

-Buenas noches.

(TODOS) Hola, buenas noches.

-Pero debiste decírmelo. Yo pude mandarlo a buscar.

Déjelo ahí todo, en ese cuarto. Está vacío.

Y tú ven conmigo. Los vas a ver. Sí.

-Bendice, señor, los alimentos que recibimos...

...para que así podamos glorificarte eternamente.

(TODOS) En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Vamos, vamos, sentaos y comed.

(RÍEN)

(HABLAN A LA VEZ)

-¡Venga, caballo! ¡Ay, caballo!

¡Ay!

Truenos.

¡Caballo!

Maullidos.

¡Deogracias!

¡Corra, venga!

Eso que se oye ahí, escuche.

¿Qué es?

-Son unos gatos que han tirado a la alcantarilla.

¿Por qué?

-Señora, deben ser de la gata de la librería.

Parió anoche y, al no poder mantenerlos, los tiran.

Sáquelos.

¡Vamos, dese prisa!

-No se puede, están muy hondos.

Quitando esta reja...

-Ya no se oye nada.

Se han ahogado.

¡No, están ahí!

-No, señora.

Ya no están.

Déjelo.

(LLORA)

El coche nos espera. Sí, ya termino.

Campanilla.

-Es para el señorito.

¿A estas horas? -Acaban de traerla.

-El señor está dispuesto, señora. Gracias, ya lo sabía.

Toma, la acaban de traer.

Busco los guantes y nos vamos.

Cuando quieras.

Ve sola. No podré acompañarte.

¿Ocurre algo? No, la madre de Valledor...

...me pide una recomendación.

No ocurre nada, tengo algo que hacer y llegaré tarde.

Usa el coche que está abajo. ¿De acuerdo?

(CANTA ÓPERA)

-Está ahí Juan.

Música de ópera.

¿Qué estás haciendo?

Terminarás volviéndote loca.

Ven.

Anda, quítame los zapatos.

¿Dónde has estado? ¿Por qué no viniste a comer?

Juan. ¿Qué?

Me engañas.

Cada día que pasa, te veo menos.

Escucha, mujer.

La luna de miel perpetua es un contrasentido.

El entusiasmo eterno que quieres no es propio de personas formales.

¿Te estás burlando? No.

Además, un marido debe pensar en sus negocios...

...y la mujer en las cosas de su casa.

Así, los amantes irán haciendo amigos.

Así me gusta verte, contenta.

Si me río de oírte decir lo de los negocios.

No has hecho en tu vida otra cosa mas que divertirte.

¿A quién pretendes engañar?

Bien que trabajó tu padre para que no hicieras nunca nada.

Qué guasona estás. Te enseñaré a no faltarme al respeto.

Holgazán. ¿Qué respeto te voy a tener?

Ya te tengo, descarada.

¿Qué pasa, Blas?

(LEE) José Ido del Sagrario, corredor de publicaciones...

...nacionales y extranjeras.

¿Está ahí? -Sí, señora.

Dígale que el señorito... Hágale pasar al despacho.

Trae algo de comer. -Sí, señor.

Verás, es el loco más divertido que puedas imaginar.

Anda, ve.

-Señora, ¿qué prefiere usted?

"Mujeres célebres", "Mujeres de la historia",...

..."Grandes inventos", "Dioses del paganismo"...

Deje los libros y olvídese del trabajo.

Estará cansado de tanto andar.

Siéntese.

Le hemos preparado un poco de comer y una copa.

-Oh, no, gracias, yo nunca bebo.

El otro día, en casa de Joaquín, estaba usted alegre.

-Yo no me he embriagado jamás.

Perdone, Sr. de Santa Cruz, pero es la verdad.

Traiga la mesa. -No me he embriagado jamás.

Mire, alguna vez, así, sin saber por qué,...

...me entra cierta excitación.

Me pongo así, nervioso, como echando chispas.

Me pongo eléctrico.

Mire, ya lo estoy.

Observen el párpado y el músculo de la quijada.

Mire. Así no se puede vivir, no se puede vivir.

Me pongo como un muelle de reloj. Cálmese y beba un poco de agua.

Coma algo, coma.

-¿Y si me pongo peor?

Ya verá como no, coma.

Observe una cosa, querido D. José.

-¿Qué? Que no masca usted lo que come.

-¿Les interesa a ustedes que masque?

No, a nosotros no. -Es que no tengo muelas.

Como como los pavos.

Así me sienta mejor. Siga, siga. Le hemos distraído.

Jacinta, donde le ves, el señor tiene...

...una de las mujeres más guapas de Madrid.

¿De veras? Sí. No se la merece.

Ya ves que él es feo.

-Mi mujer, la Nicanora, la Venus de Médicis,...

...la de carnes de raso.

Tengo ganas de conocerla. Debe ser una hermosura.

-Una hermosura exterior.

Sepulcro blanqueado.

Corazón lleno de víboras.

¿Qué tiene usted que decir de esa santa?

-¿Una santa? ¿Y usted en qué se funda...

...para asegurarlo sin pruebas?

La voz pública lo dice. -¡La voz pública se engaña!

Cálmese.

A nosotros no nos importa lo que sea su mujer.

-Que no les importa.

Ya sé que estas cosas sólo me importan a mí,...

...al marido ultrajado.

Al hombre que sabe poner su honor por encima de todo.

Y para que usted, señora, aprecie la indignación...

...justa de un hombre de honor, sepa que mi mujer es adúltera.

¡Adúltera!

Siéntese y no se excite tanto.

Esos tragos amargan, pero poco a poco,...

...uno se va haciendo a la idea.

-¿Haciendo a la idea? ¿Y el honor, señor de Santa Cruz?

El honor es un sentimiento convencional.

-Si usted descubre que su mujer, la Venus de Médicis,...

...la de carnes de raso, la de cuello de cisne,...

...si descubre que esa dignidad a la que ama con frenesí,...

...acude a misteriosas citas con un duque, un grande de España...

(SUSURRA EL NOMBRE DEL DUQUE) Eso es grave, pero muy grave.

¿Está usted seguro de lo que dice? -¡Lo he visto!

D. José, ¿por qué no lo arregla pidiendo una satisfacción?

-Duelos, eso es para los tontos.

Yo haré justicia. Se lo juro a ustedes.

Espero cogerles in fraganti, Sr. D. Juan.

Aparecerán los dos cadáveres atravesados por una sola espada.

Esta es la venganza, esta es la ley.

Por una sola espada.

Y podré salir enseñando las manos manchadas...

...con la sangre de los adúlteros.

Y decir a gritos: "Aprended de mí, maridos, a defender vuestro honor.

Ved estas manos justicieras. Vedlas y besadlas".

Y vendrán todos. Será un besamanos.

Porque hay tantos, tantísimos...

Y se arrodillarán. Y vendrán a mí...

Blas, cuando sea conveniente dele un par de duros y sáquele.

Pero ahora que descanse un poco.

-Bien, señor.

A mí esto no me divierte nada.

Está loco. Su demencia consiste en creer que su mujer le engaña.

-Y se arrodillarán. Y vendrán a mí...

-Jacinta.

Te estamos esperando, hija. Voy.

-No tienes que hacerlo, si no quieres.

No, no es eso.

-Ya sé lo que te pasa. No es nada.

-Claro que sí. Pero no tengas prisa, eres muy joven.

No te apures por los chiquillos, ya los tendrás.

Y te aburrirá, como se aburrió tu madre.

Y terminarás pidiéndole a Dios que no te de más.

¿Sabes una cosa? A mí también me gustaría,...

...pero sé que van a llegar.

Y no me importa esperar. Ahora estamos mejor así.

Llegará. Y con ellos las enfermedades, los disgustos...

No tienes que preocuparte.

No estoy preocupada. -Anda, anda, que te conozco.

-Un edificio ad hoc. -Sí, señor, ad hoc.

Tengo el terreno, los planos y me están haciendo el vaciado.

El arquitecto y los delineantes me trabajan gratis.

Y ahora no es sólo dinero lo que debo pedir,...

...sino ladrillo y materiales.

Conque, a ver. -¿Tiene la memoria de cantería?

Sí, señor. ¿Me quiere dar usted algo?

-Le doy 60 m3 de piedra sillar que tengo en Guindaleja.

-A cómo. -A nada, la piedra es de usted.

-Dios se lo pague. Y el marqués, ¿qué me da?

-Pues yo... ¿Quieres dos vigas de hierro de doble T...

...que me sobraron de la casa de la carrera?

-Cómo no, yo lo tomo todo.

Hasta cuatro ladrillos que me den de cualquier tejar.

¿Ven cómo hacen los pájaros sus nidos?

Así construiré mi palacio de huérfanos.

Cogiendo aquí una pajita, allá otra...

-¿Les has ablandado el corazón?

-Sí, son generosos, pero pueden serlo más aún.

El marqués, que tiene yeserías en Vallecas, me regala vigas.

Dando a entender que el yeso lo tengo por añadidura.

-Cuente con 200 del blanco que es a 9 reales.

-Qué dije yo. Y este señor de Ruiz, qué hará por mí.

-Ah, hija. Yo no tengo ni un clavo ni unas astilla.

Pero si usted quiere mis folletos y comedias para hacer una tómbola.

-¿Lo ven ustedes? Cae el Maná, cae.

Y mi amigo Baldomero qué dice. -Las campanas.

Y si me apuran, el pararrayos y las veletas.

Quiero concluir el edificio ya que Aparisi lo quiere empezar.

-La primera piedra no hay quien me la quite.

-Bien, vamos a echar nuestra partida.

-Algo más daremos, ¿verdad? -¿Qué más?

-La capilla con su órgano, el altar, imágenes...

Y eso que las Micaelas nos han llevado un pico.

Les reparamos casi la mitad del edificio.

Ahora le toca a Guillermina, sabe que puede contar con nosotros.

-¡Ay, qué desigualdades, Dios mío! Unos tantos y otros tan poco.

Falta equilibrio. Y el mundo parece que se cae.

Todo se arreglaría si los que tienen mucho...

...vieran lo que les sobra a los que nada poseen.

Pero qué es lo que sobra. ¡Vaya usted a saber!

-Buenas noches, señor. -Buenas noches.

Buenas noches.

-¿Tiene usted cascote? (RÍEN)

-¿Que si tengo cascote? ¿Es para usted?

-No haga como los gallegos, que contestan con otra pregunta.

Puesto que está de derribo, ¿tiene cascote sí o no?

-Sí que lo tengo. Y pedernal magnífico.

A 60 reales el carro, todo lo que usted quiera.

El cascote a ocho. Porque ya sé de qué se trata:

las santurronas las embauca con el edificio que quiere hacer.

-Cállate y guárdate tus carros,...

...que los pongan en tu balanza el día del Juicio.

Te hundirá, por avariento.

-No si en el otro plato de la balanza ponen lo que me ha sacado.

Seguro que me salvo. -Eres un miserable y un usurero.

Derribas casas viejas para hacer casas domingueras.

-Pero no hagan caso a esta rata, me está arruinando.

Campanilla. Voy a tener que irme a un pueblo.

-Noticias, traigo noticias.

-¿Qué ocurre? -Escuchadme todos.

El rey, don Amadeo, se marcha.

Es una decisión irrevocable. -¿Seguro?

-Completamente seguro. -¿Don Amadeo? Qué dices, Jacinto.

Los hombres discuten.

-A tu marido, con 20 duros es bastante.

(LOS HOMBRES SIGUEN HABLANDO)

-Hijas, el rey se marcha. ¿Qué dices, mujer?

-Que don Amadeo, cansado de bregar con esta gente, tira la corona.

-Todo sea por Dios.

-En bolsa no se supo nada. Yo lo supe en el bolsín.

Y fui corriendo al casino a dar la noticia.

Cuando volví, el consolidado a 20.

-Lo hemos de ver a diez. -El banco a 175.

-Perdone, ya está a 172.

Y si me compra las mías a 170, ahora mismo se las vendo.

No quiero más papel de la querida patria. Mañana me vuelvo a Londres.

-Sí, porque la que se va a armar será de órdago.

-No deberíamos ser tan impresionables.

Él se ha cansado.

Ha dicho: "ahí queda eso.

Tendremos algún trastorno un poco de república...

Pero ya saben que las naciones no mueren jamás".

-El golpe viene de fuera. Esto ya lo sabía yo.

Francia... -No involucremos las cosas.

Si hablo ingenuamente, les diré me asusta el republicanismo.

-Señor marqués, el pueblo español es un pueblo digno que en...

-Y qué tiene que ver una cosa con otra, no involucre cuestiones.

Disparos.

¿Qué pasa, hay barricadas? No hay nada, tranquilízate.

No volverás a salir esta noche.

Mira que me enfadaré mucho si sales.

Pues no saldré. Qué, qué buscas.

¿Te enfadas si te quito 20 duros? ¿Te hace falta?

No, toma lo que quieras. Es para Guillermina.

Mamá le dio dos, pero aún le falta para el alquiler del asilo.

Está bien. -No hay que complicarse pensando.

Lo que hay que hacer es irse, desaparecer.

Buscar un país civilizado y esperar a que en este se aprenda a vivir.

Será una espera inútil.

-Les aseguro que no pasará nada.

Aquí no se tiene idea de lo que es el pueblo español.

-Si don Juan Prim viviera todavía...

-Estoy viendo a don Carlos entrar en Madrid.

-Vendrá don Alfonso.

-El alfonsismo está en la nebulosa de lo desconocido.

-Será la república. Y no hay que asustarse, no pasará nada.

-Sea lo que sea, pase lo que pase,...

...llamaré a Estupiñá, que compre provisiones. Muchas.

¡Para resistir! Muchas. Para resistir.

¡Primero, Cartagena! ¡Después, España entera!

-¡Viva la República! (TODOS) ¡Viva!

(TODOS) ¡Federalismo, federalismo, federalismo!

¡Federalismo, federalismo! ¡Federalismo!

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Fortunata y Jacinta - Capítulo 2

21 ago 2017

Durante el viaje de novios, Juan evoca sus vivencias con Fortunata, se emborracha y reconoce ante Jacinta que la verdadera causa de sus tormentos es su conducta hipócrita con Fortunata. Al volver del viaje, Jacinta empieza a colaborar en obras benéficas, se inquieta por la falta de síntomas de embarazo y sufre al enterarse de que Juan tuvo un hijo con Fortunata.

Histórico de emisiones:
11/03/2009

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