Estoy vivo La 1

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No recomendado para menores de 12 años Estoy vivo - Temporada 2 - Capítulo 16 - ver ahora
Transcripción completa

¿Quién eres? Soy tu mujer.

Laura me ha invitado a cenar a su casa.

Ella y con Santos, claro. Ve a esa cena.

Estás vivo, tu mujer está con otro.

¿Qué pasa? ¿Te has rendido? No me he rendido.

Quiero que pienses en Laura

El edificio Victoria es un edificio histórico.

Una empresa lo compró y lo rehabilitó

conservando solo la fachada.

-Su nombre es Raúl Sánchez.

Fue vecino. Hasta que lo desahuciaron.

Habéis condenado a la Humanidad.

Esa niña quiere mostrarnos algo, señor Márquez.

Creo que pide ayuda.

¿Soy tu mujer y solo me dices eso?

No te esperaba, lo siento. Ah, vale, que no te acuerdas.

Pues no, no, no me acuerdo.

Iago, te quiero preguntar algo

porque sé que tú no eres un mentiroso como tu tío.

¿Dónde habéis estado durante este año y medio?

El mal llamará a tu puerta como llamó a la mía.

Si el mal llama a mi puerta,

lo mismo se lleva un par de hostias.

El que debería estar sentado aquí es Márquez, no tú.

-Ya vale, Sebas, no quiero que se hable de Márquez.

Estás raro, Manuel.

¿Raro cómo? ¿Como si fuera otra persona quizá?

Estoy empezando a pensar,

¿no te estás quedando conmigo y sí que te pasó algo?

Esto es muy injusto.

Está ahí fuera.

¿Quién? ¿El diablo echando gasolina?

(Radios y flashes)

Toma.

Por nuestra parte, ya está.

Por parte de la jueza, también.

María.

¿Cómo está Lola?

Bien, se la han llevado a la central junto a sus compañeros

para tomarle declaración.

¿Te pasa algo?

Sí, que te quiero lejos de mí y de Sebas.

¿Qué es lo que he hecho ahora?

Llenar de mierda a todo el que se te acerca.

Como haces siempre.

Entonces, estamos de acuerdo en que el tirador

disparó desde ahí, ¿no? ¿Qué acaba de pasar?

¿Qué? ¿Dónde? Con María.

¿Qué acaba de pasar? Y yo qué sé.

¿Por qué casi me escupe a la cara?

Mira...

Junta la bomba de Hiroshima, la guerra de Vietnam

y una película de Rambo

y no es nada comparado con la que se lió ayer en mi casa.

¿Qué es lo que se lió?

Nada, poca cosa.

Sebas le dijo a mi madre

que debería estar casada contigo y no con Santos.

¿Cómo?

Lo que oyes. Y también le llamó hijo de puta, con todas las letras.

Y Laura, ¿qué hizo?

Porque no le sentaría muy bien. No le sentó nada bien.

Vamos, no sacó ni el pescado.

Es que es muy fuerte lo tuyo,

eres capaz de liarla hasta sin estar.

No me jodas, Sebastián, no me jodas.

Debió disparar desde por aquí.

Está a tomar por culo, ¿no? Pues unos 300 metros.

Y acertó con un solo disparo en la cabeza.

Pues es un máquina.

Mira.

Estos son los agujeros donde apoyó el trípode del rifle.

¿Y el casquillo?

No, el casquillo no lo encontramos ni de coña.

Ese tío es un profesional, jamás lo dejaría.

Así que Sebas llamó 'hijo de puta' a Santos.

Deja el tema ya, no voy a seguir hablando de eso.

¡Eh!

¿Qué pasa? ¿Te vas?

¿Ya te has cansado?

¿Qué haces?

Nada, este lugar, que me parece muy interesante.

Con unas vistas cojonudas, Márquez, pero igual no es el momento.

¿Tú sabes si aquí siguen haciendo chanchullos?

Chorizos, camellitos, mercadeo, esas cosas.

Pues no, no lo sé, ¿por qué?

Porque cuando yo patrullaba, sí lo hacían.

Y este lugar es perfecto

para sentarse de noche a esperar a tu colega con la mandanga

mientras te fumas un porrito, te bebes una cerveza.

¿No?

Esto puede llevar aquí días.

¿Tú crees?

Permiso.

Vale.

O sea, que tenemos un posible testigo.

Vale, pues voy a avisar a la Científica.

Ahora que empiezo de cero,

que el tiempo es uno, que el tiempo es incierto.

Abrázame fuerte, amor, te lo ruego,

por si esta fuera la última vez.

A 300 metros.

De un solo disparo.

¿El resto de agentes está bien?

Me voy para ahí.

No, menos.

20 minutos, 30 como mucho.

Hasta ahora.

¿Y eso?

¿Has estado cocinando?

No, son los restos de la cena.

Con la discusión, no sacamos ni el pescado.

No entiendo qué le pasó a Sebas.

Sebastián me retiró la palabra hace años.

Lo que me pueda decir ahora, no me importa.

Le salió tan de dentro.

Escucha.

Escucha.

Sebastián es un buen tío, pero ese no es el problema.

El problema es Márquez, que es un puto virus.

¿Eh? Sí.

Menuda nochecita, Iago.

¡Iago!

¡Ah!

¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí? (HABLAN EN JAPONÉS)

¿Quién eres?

Baje el arma, señor Márquez, Por favor, es el señor Chan.

¿Quién cojones es el señor Chan? Nuestro nuevo vecino.

Baje el arma, por favor.

(HABLA EN JAPONÉS)

¿Tú qué piensas?

¿Meter aquí a los guiris excursionistas?

No les dejan el piso turístico hasta las 11.

Me da pena verlos por ahí deambulando.

Han matado al loco de la guardería.

¿Al militar? Exmilitar.

Voy a ducharme y tiro para comisaría.

¿Quién lo ha matado? Lo estamos averiguando.

Tome, coja esta, está recién planchada.

Gracias.

No se le habrá aparecido por casualidad la niña, ¿verdad?

¿El fantasma?

No. ¿Y a ti? Tampoco.

Bueno, pues tú hazte el tonto.

Esa niña está perdida en la tierra, señor Márquez, sola.

Como nosotros.

No, como nosotros no.

Usted me tiene a mí y yo le tengo a usted. Esa niña no tiene a nadie.

Aunque quisiéramos ayudarla, ¿qué podríamos hacer?

Lo que vi, la bomba.

La guerra.

Creo que Ángela me está mostrando el día que murió junto a su madre.

No sé cómo puedo ayudarla. Pero sé que tengo que hacerlo.

Pues ve al Victoria y yo, voy a comisaría.

Llamaré a Sebas de paso. ¿Qué le pasa?

La reencarnación, ¿la comprendes? Claro.

Pues Sebas no.

Creo que se le está yendo la castaña de lo lindo.

-En la puerta, señora. Servida.

-¿Tampoco has dormido?

-Ya pasó, María, estoy bien. -Sí, muy bien.

Ya son tres noches sin dormir.

Sebas, sabes todo lo que te quiero, ¿verdad?

-Sí, lo sé.

-¿Y sabes por qué me enamoré de ti? -Por las patatas bravas.

-Porque de los tíos que he conocido, eras el único transparente.

El único que no tenía vueltas y vueltas.

Pero ahora, no sé qué tienes en la cabeza.

-¡María!

-Dime.

-¿Y si yo te dijera que Andrés Vargas sigue vivo?

-Pensaría que tienes un problema muy serio y me preocuparía muchísimo.

-Es una forma de hablar, no te asustes.

En cuanto pueda, voy al médico y pasó la ITV.

-Tienes que solucionar esto con Laura y tienes que hacerlo ya, ¿me oyes?

-Venga, que llegas tarde. -Pues que se esperen.

María. De Balística. Gracias.

¿Hay algo? No.

¡Silencio! Escuchadme.

Según la bala de la escena del crimen,

el arma que se utilizó fue un fusil.

Un Dragunov.

Es el arma que usan los tiradores de élite del ejército.

-Conozco a gente en Defensa.

Podría llamarles y preguntarles a ver

si el muerto tuvo conflictos con algún compañero.

Bien.

¿Y la inmobiliaria?

Estuvo en juicio contra ella cuando lo desahuciaron.

Casi pega un pepinazo una guardería para vengarse.

Quizá por ahí encontréis algo. Llévate a Palacios. María.

Estamos sacando las huellas de la lata de cerveza encontrada.

Si hay algún testigo del disparo, lo identificaremos en unas horas.

Márquez, la brigada antiterrorista va a ayudarnos con el caso.

La inspectora Arribas será tu compañera. Trabajará contigo.

¿Conmigo? Sí. Contigo.

Ella está ahora con la grabación de las cámaras de la gasolinera.

Seguro que hacéis buena pareja.

Seguro.

Y ahora, vamos a coger al malo.

Todo el mundo te adora en esta comisaría, ¿no?

¿Todos? No. Casi todos.

Sé que es una putada que tengamos que currar juntos,

y soy la última persona con la que querías...

Escúchame, Manuel, han matado a un detenido que estaba a mi cargo.

Me podían haber matado a mí o a alguno de mis compañeros.

Como comprenderás,

me la trae al pairo con quién tenga que trabajar.

Lo único que quiero es coger a ese cabrón.

¿Sí? Sí, muy bien.

Bien.

¿Esa es tu mesa?

Sí, es mi mesa.

Pues, ¿nos vamos a investigar, cariño mío?

Adelante.

Esto no va a funcionar.

Solo tenemos las tres horas previas al asesinato.

En la primera media hora no hay nada.

Aún faltan dos horas. Y 30 minutos.

Pero así, ¿qué tal?

¿Qué haces?

Tranquila, que si pasa algo, lo veremos, ¿vale?

¿A ti te parece esto profesional, Manuel?

Profesional no, pero práctico, un huevo.

No me jodas, no me jodas.

¿Le conoces?

Don Fernando Montero, alias en Pollo.

¿El Pollo? ¿Qué Pollo?

Un perla.

¿Hola?

¿Ángela?

Soy yo, Iago.

¿Estás aquí?

Ángela, yo solo quiero ayudarte.

Vamos a hacer una cosa.

Si tienes miedo, mira, me tapo los ojos.

Ahora no te veo. Puedes salir si quieres.

Sé que has sufrido mucho, Ángela, pero yo nunca te haría daño.

Ahora voy a mirar, ¿vale?

A la de una, a la de dos y a la de tres.

(Toses)

-Tengo miedo, mamá. -Tranquila, ya pasó.

(Puerta)

-¿Quiénes son? (CHISTA)

(Puerta)

-El hombre malo.

-¡Abran!

-Vamos, venga.

(Puerta)

Métete aquí y no salgas pase lo que pase.

-¡Abran la puerta!

(Puerta)

¡Abran la puerta!

(Puerta)

¡Abran la puerta!

¡Quieta! -No tengo nada de valor.

-Adentro, pasa.

Señor.

-El hombre malo.

-Maldita guerra.

¿Dónde está tu marido?

-¿Quién lo pregunta?

-No quiero detenerle, quiero... solo hablar con él.

De hombre a hombre.

-Mi marido está en el frente.

-¿Y vuestra hija?

-Quieta.

-Porque tenéis una niña, ¿verdad?

-No.

-Está bien.

Tranquila.

Solo soy un amigo.

¿Puedes dar un mensaje a tu marido?

(Disparo)

Creo que tu marido entenderá el mensaje.

Vámonos.

-¿Mamá?

(LLORA) ¡Madre!

¡No!

(LLORA) ¡No me dejes, madre!

(LLORA)

Ángela, lo siento mucho.

No pude decirle a mi madre que la quería.

Seguro que ella lo sabía.

No es suficiente.

Cuando quieres a alguien de verdad, tienes que decírselo.

-¿Tú qué haces otra vez ahí?

¿Otra inspección sorpresa?

Pues...

Pues no, mire, no.

-Siento mucho lo que dije ayer.

-¿Crees que he venido a por unas disculpas?

-No, pero te las mereces.

-Ya lo sé.

Pero he hablado con María

y dice que llevas noches sin dormir.

He venido porque quiero saber si estás bien.

-Bueno, he tenido momentos mejores.

-Eso no justifica lo que hiciste.

-Lo sé, por eso te he pedido disculpas.

-No te reconozco, sepas.

Insultas a mi marido, en mi propia casa,

delante de mi hija.

Es que todavía no me lo creo.

-No me arrepiento de lo que dije,

lo pienso.

-¿Pero qué coño no entiendes?

Mi matrimonio no es asunto tuyo, coño.

Bueno, ni tuyo ni de nadie.

-Laura, somos amigos desde hace muchos años.

Conozco a Santos.

Sé que nunca podrá hacerte feliz. -Pero ¿tú te estás oyendo?

No tienes derecho a decirme eso. -¿Le quieres igual que a Andrés?

Mira, Sebastián,

yo nunca,

jamás, voy a mirar a nadie como miraba a Andrés. Y sabes...

-Eso no es verdad.

-¿Perdona? -Que no es verdad.

Sí que mirabas a alguien como mirabas a Andrés.

-No, no sigas por ahí.

-Sí, era Márquez, que es con quien deberías estar.

-¡Vete a la mierda, Sebas!

Subinspectora, ¿habéis averiguado algo de la inmobiliaria?

Llamé a la Audiencia para que me den el expediente del juicio.

Me hice policía por esto.

El peligro, la adrenalina, "living la vida loca", vaya.

Oye, que hoy me toca turno de noche.

¿Y eso es información relevante para el caso?

No, payasa,

hoy se supone que Teo se queda con nosotros.

Ah, que voy a ser la canguro de tu hijo otra vez.

Pues dímelo tal cual. Pues ya te lo digo.

Venga, si te lo pasas mejor con él que conmigo.

Ni lo dudes.

Por cierto, me ha llegado esto, que esto sí es relevante.

¡Pero qué cursi y qué guay eres a veces!

Ahora no puedo hablar, lo siento, padre.

Luego le llamo.

No se moleste, hable con su padre.

Es que mi padre algo peculiar.

Pero como del siglo XVII, ¿no? Sí, más o menos.

-Chicos, han dado aviso de un 785. ¿Os hacéis cargo vosotros?

¿Salir de aquí? Pero, por favor, pues claro que sí.

Cris, muchas gracias. Toma, la dirección.

Vale, gracias.

Venga, vámonos, Palacios. Que los 785 son mis favoritos.

Ahora te pongo la sirena a tope, meto quinta y flipas. Flipas.

Cógelo, Sebas.

Contesta.

Mierda.

¿Qué? Nada.

El mejor alimento del mundo. Muy ricas.

Así que aquí vive nuestro testigo.

¿Pollo?

Ese no pasa por casa ni para saludar.

¿Y por qué sabes que estará aquí?

Bueno, porque en el bajo izquierda trafican con golosinas.

Bueno, otro tipo de golosinas, claro.

Narco piso.

Pequeña-mediana empresa.

El barrio antes no era así.

¿Quieres?

¿Te criaste aquí?

Vallecano de toda la vida. De pura cepa.

Mira qué bien.

De eso sí que te acuerdas.

¿Perdona?

No sé, que vas a tener que explicarme un poquito lo de tu amnesia.

¿No te acuerdas de nada de tu vida en general

o solo de la parte en la que tú y yo teníamos una relación?

¿No me crie en Vallecas?

Sí, sí que te criaste, sí.

Pues eso.

Pero no te gustaban las nubes.

¿Esto es un examen o...?

Puede. Ya.

Mira, mira, mira.

Ahí está el prenda.

¡Hombre, Pollo! Hombre, Inspector, cuánto tiempo.

-Hola, qué tal.

¿A ver?

Te noto mala cara, ¿no?

Tienes que tomar más zumito de naranja.

No sé de qué será, yo estoy supertranquilo últimamente.

¿Sí? Bueno, tranquilito...

Ayer robaste un par de latas en una gasolinera, ¿no?

-¿Yo?

Yo no he robado nada, inspector.

Estuviste en ese descampado y viste al tío que disparó.

¿A que sí? ¿Qué descampado, inspector?

(GRITA)

¿Qué hace?

¿De dónde has sacado esta, inspector?

-Mira, ya tenemos tu ADN.

Si no vale con las huellas de la lata de cerveza.

-¿Qué ADN?

Inspector, yo no quiero movidas.

Además, si no le vi la cara. La llevaba tapada.

Entonces sí que estuviste allí.

Mira, pollo, eres testigo de un asesinato.

Tienes que declarar.

Inspector, que tengo a mi mujer preñada. No le puedo dar disgustos.

-Mira, pollo, esto no es una ONG, no es voluntario,

te vienes con nosotros y punto.

-¿Me podría dejar por lo menos llamarla?

Avisarla de que no voy a ir a comer, que no se preocupe.

Vale, pero no me la líes. Gracias.

Venga.

¿Qué pasa? ¿Es siempre así de borde?

¿Yo? No. Solo desde que te largaste.

-¡Perdón!

Ve por ahí.

¡Para, me cago en tu puta madre!

¡Alto!

-Apártese, Inspector.

No hagas tonterías.

Lo siento.

¡Pollo! ¡Párala! ¡Eh!

¡Quieto! ¡Quieto! Al suelo.

-Me iba a entregar. -¡Boca abajo! No te quiero oír.

¡Ah!

¿Y tú qué?

¿Ahí tranquilito?

Nada, ve esposando.

¡Ah!

¿Estás bien? Me ha dado flato por la carrera.

¿Flato?

¿Ese pedazo de grito por un flato?

Es que me ha dado bien fuerte.

Manuel, estás hecho una puta mierda. No lo sabes tú bien.

¿Lleva mucho tiempo trabajando en este edificio, Armando?

¿Se llama usted Armando, verdad? 40 años.

Y no me hables, chorizo, has venido a robar grifos.

¿Y para qué quiero yo un grifo? Pues para drogas, como todos.

Entonces,

¿conocía usted el edificio Victoria antes de la reforma?

Sí. Y no siempre se llamó así.

¿Y sabe quién vivió en este piso antes, hace años?

Por supuesto.

Me sé toda la historia de este bloque.

¿Tú por qué preguntas?

Buenos días. Subinspectora Susana Vargas.

Buenas, agentes.

Aquí lo tienen. Vamos, no me jodas.

Gracias, no se preocupe, nos encargamos.

Muy bien.

Hola, Susana.

¿Tú qué haces aquí? Mirando pisos.

¿Mirando pisos? Sí. Me independizo.

Y una mierda. Eso no se lo cree ni Dios, Iago. ¿Qué haces aquí?

Hola, me llamo Iago, soy sobrino del inspector Márquez.

Subinspector Palacios. Encantado.

No te hagas el tonto, contéstame.

¿Por qué siempre eres tan agresiva?

Porque me sacas de mis casillas, ¿vale?

¿Quieres contarme qué haces aquí, en este bloque,

encima de la guardería donde el otro día

por sorpresa también apareciste? Estoy mirando pisos.

¿Alquiler o compra? Depende.

Palacios, sal fuera, por favor.

No sé si es buena idea. Sí es buena idea, fuera.

Iago, ¿qué pasa?

Nada.

¿Qué miras? ¿Qué estás mirando?

Nada.

¿Tu tío y tú tomáis tripis?

Cuando quieres a alguien de verdad, tienes que decírselo.

¿Estás drogado o qué te pasa?

Levántate.

A tomar por culo.

Mira, Iago, eh...

A mí me la sudan las cosas raras que hagáis tu tío y tú.

Como si jugáis a Mortadelo y Filemón. Me da igual.

Pero, resulta que si te metes en casas ajenas es delito

y como yo soy policía, te tengo que detener. Ya está.

Es el sobrino de Márquez, no sé si deberíamos...

Palacios, ¿te callas ya?

¡Eh, que estoy hablando contigo!

¿Estás ahí o qué?

Susana, tengo algo que decirte.

Menos mal, se ha despertado. Hola, qué pasa, estás detenido.

Escúchame,

cuando me separé de ti, no sabía lo que hacía.

No sabía que podía perderte. ¿Y este ahora qué coño dice?

Creo que se está declarando. No se está declarando.

No tendrá los cojones de declararse.

No me importa que me detengas ni que estés con otro.

Que no te vas a declarar, que no me da la puta gana.

¡Te quiero hagas lo que hagas! ¡Iago, que no sigas!

Te quiero, hagas lo que hagas, Susana.

Me encanta cuando me miras, me gusta cuando te ríes, me encantas tú.

Y me encanta todo de ti y me gusta cuando te enfadas,

cuando me miras, me gusta todo de ti.

¿Qué has dicho? Que te quiero.

Pues habértelo pensado antes de largarte todavía no sé dónde.

Eso fue un error y no dependió de mí.

Sal.

Sal.

¿No íbamos a comisaría?

Yo sí, tú no.

Tú y yo no vamos a ir a ningún sitio juntos.

Nunca.

Susana.

Susana, no fue culpa mía.

¡Susana, por favor!

¡Susana!

-Eres tú.

Pasa.

-¿Y este terremoto?

Sí llevo una hora dale que te pego.

Además, hoy no vienen a comer ni Óscar ni Bea,

así que pensaba salir un rato.

-Laura.

-¿Has venido a ayudar, María?

-Sí. -Vale.

-Pero con un café de por medio,

suelta eso porque vas a hacer un agujero.

- Es que hoy no tengo ganas de hablar.

De verdad, pero ningunas, ningunas.

-Pues nada, dame un estropajo, una cinta de pelo

y vamos a solucionar esto esto como las mujeres del siglo XXI.

Limpiando la casa.

Laura, suelta esto.

Mírame, por favor.

Sebas me ha contado.

-Ya, Sebas se ha contado. Muy bien.

¿Qué te ha dicho? ¿Eh?

¿Pero por qué la gente se tiene que meter en mi vida, María?

¿Por qué la gente tiene que opinar

sobre lo que hago o lo que dejo de hacer?

-Porque son gilipollas. Mi novio incluido.

-¿Tú sabes cómo me quieren ver?

Como la viuda ejemplar.

La casa, la familia, las niñas, no me saques de ahí.

No me saques de ahí porque...

Joder, ¿es que no he sufrido bastante, joder?

¿Por qué no me dejan rehacer mi vida?

¿Por qué no me dejan en paz?

¿Por qué no paran de recordarme...?

Le echo de menos. -Lo sé.

-Le echo muchísimo de menos, María, muchísimo.

Pero yo lo único que pido es ser un poco feliz, solo eso.

Un poco.

Yo ya he pasado página.

Inspector, yo espero que esta movida no salga de aquí.

No quiero yo que la peña piense que el Pollo está cantando.

Tú tranquilo.

A ver, cuéntanos qué viste esa noche.

¿Qué viste, qué hacías ahí?

¿Qué voy a hacer, inspector?

El negocio.

Que voy a tener un muchachino, tendré que buscarme la vida, ¿no?

-Entonces, robaste la lata de cerveza,

te sentaste en el coche abandonado, fumaste un par de canutos...

-Uno. Un porro nada más, inspector, se lo prometo.

Ya sabe usted que yo...

-Uno. ¿Y después?

-Yo estaba allí,

tranquilo, a mi rollo, a mis cosas, ya sabe usted.

De pronto, escuché un disparo.

Un disparo sordo, de estos, sabe usted, de los de...

Sin "pum".

Y luego vi a ese tío.

Iba de negro, llevaba la cara tapada.

Ese tío era un profesional.

Un puto fiera.

Así que no le viste la cara. ¿Otra vez?

Que no.

-Si no le viste la cara, ¿por qué coño hemos tenido que perseguirte?

-Porque le escuché hablar por teléfono con alguien.

¿Y qué dijo?

-"El trabajo ya está hecho".

Eso dijo y se largó.

¿Me puedo ir yo ya, por favor?

Por ahora sí.

Por ahora.

Y gracias. De nada, inspector. Para eso estamos.

"El trabajo ya está hecho." Eso es nada, no tenemos nada.

Sí, sí tenemos.

Sabemos que el que disparó lo hizo por dinero.

Alguien le pagó, ¿no?

¿Quién pagaría por matar a un loco?

Pues, a lo mejor es el loco sabía algo, comisario.

Susana.

¿Habéis ido al edificio Victoria? Sí.

¿Y? ¿Qué ha pasado? ¿Intento de robo? Nada, no ha pasado nada.

No.

-¿Como que nada? Pero alguien había entrado dentro.

Había un tío que ha entrado, que se ha colado,

pero que no era nadie era un mendigo que se coló a dormir.

Y le habéis pedido los datos. David, no le hemos pedido los datos.

Perdona un momento. ¡Márquez! -Palacios, ¿qué cojones ha pasado?

(TARTAMUDEA) -Lo que ha contado, señor.

¿Puedo pedirte algo? Sí, claro.

¿Le puedes decir a tu sobrino que se vaya a tomar por culo?

Gracias.

Vaya mierda de día.

Y que lo digas.

¿Una copa?

Nos lo merecemos, ¿no?

Pues sí, qué coño.

Marchando dos de calamares.

Muchas gracias.

Por cierto, no sé si os he presentado.

Ella es Lola, compañera del Grupo Antiterrorista.

Y también su exmujer.

Creo que nos conocimos el día de autos, ¿no?

Pero no estoy muy segura, había mucha gente.

-Mira, tiene buena memoria. -¿Yo? Sí.

No como este.

Vamos a hacer una cosa.

Me voy a ir al baño

y así le podéis dar bien al piqui piqui.

-Anda, tiene un par de huevos. Ya te digo.

¿Y qué hace aquí contigo?

¿Cómo que qué hace aquí conmigo?

Somos compañeros, tomando una copa.

Pensé que no os hablabais.

¿Se puede saber qué cojones te pasa como Sebastián?

No, ¿qué te pasa a ti? ¿A mí?

Sí, aquí, alternando con una mujer a la que ni siquiera conoces, Andrés.

No me llames Andrés.

¿Me oyes? No me llames Andrés.

¿Vale?

Ya me dijeron la que liaste ayer en casa de Laura.

No me pude contener. Ya

No soporto ver a Santos con tu familia.

Sebastián, escúchame, por favor.

Sé que intentas ayudarme, pero te estás equivocando.

No, te estás equivocando tú. Ah, ¿sí?

Sí, si yo le digo a Laura que estás vivo, se arregla todo.

Recuperas a la mujer de tu vida, a tu familia.

Ya te lo dije,

no puedes hacer eso, es muy peligroso, Sebas.

Gilipolleces.

¿Si lo sé yo, por qué no lo va a saber Laura?

Que no hagas eso, que es cosa mía.

¿Qué pasa?

¿Interrumpo algo? Nada.

Batallitas de viejos colegas.

(Teléfono)

Joder, Sebas, qué bueno está esto. -Gracias.

Me vais a perdonar, pero tengo que contestar.

Ahora vuelvo.

¿Te pongo otro? Dime, Iago.

Solo era para saber dónde estaba.

Pues estoy liado.

Creo que no voy a poder ir a cenar. ¿Y eso?

Bueno, no voy a poder ir, ya está. ¿Por qué? ¿Con quién está?

Pues estoy con el trabajo. ¿Vale?

Por cierto, ¿tú has hablado con mi hija?

¿Yo? No. Ya.

¿Has averiguado algo acerca de la niña?

Hoy he visto cómo mataban a su madre.

Le dispararon a bocajarro, sin motivo.

Murió en brazos de su hija. Joder.

Me he propuesto averiguar qué pasó con esta niña, señor Márquez.

Voy a ayudarla como sea.

Rastrea la documentación de la época.

Si consigues el nombre de la madre, seguro que das con la hija.

Cuando usted va, yo vuelvo, señor Márquez.

Iago, tengo que dejarte, luego me cuentas, ¿vale?

Vale.

-Entramos, no me gusta veros mal. -Compramos unos bocatas.

Yo te espero aquí.

Hola, Márquez, qué tal.

Hola, ¿cómo estás? Muy bien.

¿Y tú? Bien.

Bea, date prisa, cariño. Venga, te espero aquí.

Hola. Hola.

Estás muy... Muy guapa.

Veo que has vuelto con tu ex.

No, solo estamos trabajando juntos.

No hace falta que me des explicaciones,

puedes hacer con tu vida lo que quieras.

Laura,

solo quiero decirte que siento mucho lo que ocurrió.

¿Sabes?

El día después de lo que pasó,

yo esperaba tu llamada.

No pensaba cogerlo. Pero la esperaba.

Y luego pasó una semana y...

Fui a tu casa a buscarte para hablar contigo, pero no había nadie.

Y un año y medio después te plantas aquí y me dices que lo sientes.

Lo que sentí contigo no lo había vivido antes.

Con nadie.

Nunca.

Al menos, créeme en eso.

Ahora soy una mujer casada y feliz.

Y, ¿sabes?

También me alegro de no compartir mi vida con un mentiroso.

Venga vamos.

-Adiós, Márquez.

¿Qué tal? -Bien.

-¿Bien?

He cogido unos bocadillos de calamares.

-¿Sí?

Susana, ¿me lees un cuento? Que no puedo dormir.

Claro que sí.

Claro que sí, a ver.

¿Este cuento? "La leyenda del hilo rojo".

¿Seguro que quieres este? Sí.

Vale.

(Teléfono)

Tu padre.

Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo va el fenómeno?

Pues muy bien, aquí lo tengo, a punto de dormir.

Hola, papi.

-Oye, dile que ni se le ocurra acostarse en nuestra cama.

¿Dormir en nuestra cama?

Que no, pero qué dices, qué tontería dices.

Ni locos. Y mucho menos antes de lavarse los dientes.

Oye, muchas gracias por cuidar de él.

Está loco contigo.

De nada, si es que soy la hostia de maja, ya lo sabes.

¿Tú qué tal?

Bien, bien, aquí, parece que la noche va a ser larga.

Pero bueno, tengo a Palacios haciéndome compañía.

¿Está Palacios ahí?

Sí, hija, sí, ha resultado ser un trepa.

Y como sabe que está el comisario aquí, está haciendo méritos.

-Yo solo quiero ayudar.

Ya. Que sí, hombre, ya lo sé.

Nada, que esto va a ser largo. Que te veo luego, ¿vale?

Un besito, amor. Un beso.

Chao. Cuídate. Chao.

¿Ya? A ver, no me lo creo.

¿A ver?

Muy bien. Ven aquí conmigo.

(LEE) "La leyenda del hilo rojo."

Yo es que este no me lo sé, ¿estás preparado?

Sí. Venga.

(LEE) "Hace muchos, muchos años, en un país muy, muy lejano,

vivía una emperador que se enteró

de que en una de las sociedades de su reino,

vivía una bruja muy poderosa.

Que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino.

Así que ordenó traerla a su presencia.

Quería saber qué era ese famoso hilo rojo

del que tanto había oído hablar."

¿Qué es?

¿El hilo rojo?

No lo sé, a ver si nos lo cuentan.

"La bruja le contó al emperador que las personas destinadas

a quererse están conectadas por un hilo rojo.

Ese hilo nunca desaparece

y permanece constantemente unido a ellos,

a pesar del tiempo y la distancia.

'No importa lo que tardes en conocer a esa persona', dijo la bruja.

'Ni importa el tiempo que pases sin verla.

Ni siquiera importa si vives en la otra punta del mundo,

el hilo se estirará hasta el infinito, pero nunca se romperá.

Su dueño es el destino'."

¿Seguro que te gusta? Es un poco rollo, ¿no?

Sigue, porfa. Vale.

"La bruja agitó la mano y el emperador

vio cómo un hilo rojo salía de su corazón.

Y se perdía a lo lejos.

'Necesito saber cuál es la persona que me está destinada',

dijo el emperador. 'Búscala'."

No veas la ideíta del emperador.

"La bruja anduvo y anduvo.

Recorrió desiertos,

bosques y montañas siguiendo el hilo rojo del emperador.

Hasta que llegó a un mercado

donde había una pobre campesina con un bebé en brazos.

La bruja mandó llamar al emperador,

que acudió presuroso a conocer cuál era su destino.

Cuando llegó, la bruja le dijo: 'Aquí termina tu hilo'.

Al escuchar esto,

el emperador enfureció creyendo que era una burla de la bruja.

Así que empujó a la campesina, que aún llevaba a su bebé en brazos

y la hizo caer provocando una herida en la frente de la criatura.

Después mandó que le cortaran la cabeza a la bruja."

Qué malo. Malísimo, ¿no?

¿Y qué pasa con el emperador?

Pues que nada, muchos años después,

el emperador decide casarse y en la boda,

su esposa iba con un velo y cuando se quita el velo de la cara,

le ve una cicatriz gigante en la frente.

¿Qué le pasó? ¡Que era el bebé!

El bebé que había empujado en el mercado era ella.

O sea que la bruja no le había engañado.

El hilo rojo había unido sus destinos para siempre.

No, es que cómo te quedas, manda narices el cuento.

Pues a mí me gusta. Ya, Teo, pero...

Es que a veces tú crees que estás con la persona

que tienes que estar, pero igual no. Igual no es esa persona.

Y cómo lo sabes, es que no es fácil de saber.

Porque en la vida no hay hilos rojos.

Vamos, ¿tú has visto un hilo rojo? No.

Yo tampoco. Porque no los hay.

Hala, a dormir. No...

Sí, a dormir. Tira.

Apaga la luz, amor.

(Puerta)

Tiene ensalada de quinoa en la nevera.

No me apetece nada, gracias.

¿Qué le ha pasado?

Nada.

¿Seguro?

He visto a Laura y he hablado con ella.

Le dejo solo. Por favor.

Cómo he podido hacerlo todo tan mal, mi amor.

(GRITA)

¿Qué pasa?

No sé, algo me ha tocado, no sé.

¿Algo?

La niña fantasma, que debe estar ahí, debajo de mi cama, cojones.

Aquí no hay nadie, señor Márquez.

¡Ah!

Hola, tranquila, puedes salir.

Necesito saber más de ti para poder ayudarte.

Confía en nosotros, Ángela.

Ánge...

(Pasos)

Bueno, bueno.

Dile a tu niña fantasma que avise antes de aparecerse,

que ponga las largas o lo que sea.

Ha sufrido mucho, señor Márquez. No puede usted ponerse así con ella.

¿A dónde va?

¿A dónde voy?

Al sofá, a dormir sin fantasmas. Ahí voy.

-Esto es lo último, al final,

vamos a tener que darnos los buenos días por WhatsApp.

-Buenos días.

-Cariño, que no te has vestido y estás enganchada con el móvil.

Así es imposible hablar en esta casa.

-Ah, ¿qué quieres hablar? (ASIENTE)

Vale, pues vamos a hablar.

¿Qué te dijo ayer Márquez? -Hala, la primera a la yugular.

-No, vamos, pero como ayer no dijiste ni pío.

-No le voy a contar mi vida privada una adolescente.

-¿Por qué no?

-Pues mira, porque no quiero volverte más loca de lo que ya estás.

Un poco.

-¡Bueno, no, si con los antecedentes que tengo!

Las dos. Tú y mi hermana. -Dame una manzana, anda.

-Vaya familia de piradas.

(Móvil)

¿No lo vas a coger? -No, no tengo ganas.

-Tienes un amante. -Ay, Bea, por favor.

(Teléfono)

No lo cojas, ¿eh? -No, no.

Pero, es tu amante otra vez. -De verdad.

Eres más tonta.

-Pobre amante, no existe, ¿no?

-Tonta eres.

No lo cojas. -No lo voy a coger.

-Te lo digo en serio. -No lo voy a coger.

-¡Bea, no!

¿Hola?

Ah, hola, Sebas.

Pues sí, aquí la tengo.

Vale. Te la paso. Adiós.

Hola, Sebas. -Laura, ¿cómo te pillo?

-Pues, mira, la verdad que un poco liada.

O sea que, mejor, me llamas en otro momento, ¿vale?

-No, no me cuelgues, por favor, que es muy importante.

-Dime.

-Que tenías tú razón.

Ayer no fui sincero del todo.

Me gustaría verte para contarte la verdad.

-¿Y no lo puedes contar por teléfono?

-Sí, es que es muy delicado.

¿Por qué no haces una cosa?

¿Por qué no avisas a las niñas y os venís a desayunar al bar?

A ellas también les afecta.

-Sebas, me estás asustando.

-No, no, pero una sorpresa va a ser seguro.

Por eso, vente en persona y te lo cuento.

-Vale.

Le digo a Bea que se vista y vamos para allá.

-Gracias, Laura. -Venga, hasta ahora.

-¿Qué? -Nos vamos a desayunar con Sebas.

-Ah, vale.

Pues entonces no desayuno, ¿no?

-Sí, desayunas, te estoy pelando la manzana y te la acabas.

-Mamá, ya desayuno allí. -Cariño, está pelada.

-¿Cómo estás? -Bien.

Acabo de hablar con Laura. He quedado con ella para desayunar.

-Muy bien.

Aprovecha para disculparte, no te lo mereces.

-Vale.

-Ni se te ocurra seguir con tus gilipolleces.

O sea disculpa y ya. -Que sí, que disculpa y ya.

-Mejor me quedo ayudarte, ¿vale? -Vale.

-Una tostadita. -Claro que sí.

Sara, una tostadita.

-¡Con tomate! -Una catalana.

(Timbre)

¡¿Abres tú, Iago?!

(Ducha y timbre)

¡Iago! ¡Voy!

Hola.

Hola.

Iago, he venido...

He venido a pedirte que me dejes en paz para siempre.

No puedo.

¿Cómo que no puedes?

Que no puedo.

Mira, estoy hasta los cojones de ti,

hasta los cojones de que aparezcas, de que desaparezcas, de que estés,

de que luego no estés. Eso ya te lo expliqué.

¡Que no me interrumpas!

Y encima, ayer te me declaras a bocajarro, sin venir a cuento,

en un coche patrulla.

Pero estás aquí. Sí.

Estoy aquí,

estoy aquí para decirte que no te quiero volver a ver.

Eso no es verdad.

¿Pero tú de qué vas?

No puede ser.

(SUSURRANDO) No puede ser.

¿El qué?

No puede ser.

El hilo, el hilo rojo. ¿Qué le pasa?

El puto hilo rojo. Que no, hombre, que no.

(Teléfono)

Mamá.

¿El bar de Sebas?

(Teléfono)

Joder.

Sebas.

Dime, Sebas.

Voy a hacerlo.

¿Hacer el qué?

Voy a contarles la verdad a Laura y a tus hijas ahora mismo.

¿Cómo?

Soy tu mejor amigo y voy a solucionarte la vida.

No, no, espera, Sebas. Se acabaron las mentiras.

Sebastián, no hagas...

Me cago en mi puta vida.

-Hola, Sebas. -Hola.

-Tú dirás, nos tienes en ascuas.

¡Iago!

¿Qué pasa?

-Hola. -Acompañadme.

-Todo dulce no, tienes que tomar algo de proteínas.

Vámonos cagando leches. ¡Venga!

¿Qué pasa, señor Márquez? ¡Oiga, señor Márquez!

Está mucho en juego, señor Márquez, Sebas no puede decírselo.

¿No puede decírselo? Mis cojones.

Lo que os voy a decir es difícil,

Muy difícil de creer.

Se lo advertí, le dije que... Cállate, por favor, cállate.

De hecho, no sé si vais a estar preparadas.

Pero es la verdad y tenéis que saberla.

Tienes que saberla, Laura.

¡Vamos!

Por eso, os voy a pedir que abráis vuestra mente y vuestro corazón.

A veces,

nos despedimos de las personas a quienes hemos amado

y, sin embargo, las tenemos más cerca de lo que creemos.

Justo al lado de nosotros.

¡Perdón, perdón!

Pero, a ver, ¿qué pasa? ¿Por qué tanta intensidad?

Al grano, Sebas.

-Márquez...

¿Está bien, señor Márquez?

En realidad es...

¿Nota algo raro?

Es...

¡Sebas, no!

¡La madre que me parió!

¿Se puede saber qué cojones estás haciendo?

¡Nada!

Esto es cosa de la Pasarela.

No van a permitir que el señor Sebas cuente su secreto.

Luego me lo explicas.

Te dije que no podías decirle nada a nadie.

Casi me matas.

¡Lo siento!

Y llévatelo.

Llévatelo y dale un whisky. A ver si se recupera.

Igual está congelado.

¡Bueno, pues lo sacas a la calle, cojones!

Laura, soy yo,

soy Andrés, tu marido.

Estoy vivo.

Solo quiero decirte que jamás amaré a nadie como te he amado a ti.

Y que te quiero tanto que tengo que dejarte marchar, mi amor.

Nunca podremos estar juntos ya, Laura.

Ni podré decirte que estoy aquí dentro.

Ni estar a tu lado.

Supongo que será lo mejor para todos.

Para ti, para nuestras hijas.

Tenéis que olvidarme para poder ser felices, Laura.

Te quiero mucho, mi amor.

Mucho.

Adiós, Laura.

¿Estás mejor?

Tenemos que irnos, señor Márquez.

Señor Sebas, vuelva a ponerse donde estaba, por favor.

La vida sigue.

Vámonos.

-Sebas.

-Sebas. -Sebas.

-Estás hablando de Márquez, ¿qué le pasa?

-Nada.

¿Cómo nada?

Márquez es...

aunque sea un mentiroso y un cabrón, es mi amigo.

Te pido perdón, Laura, dije cosas que no tenía que haber dicho.

Me equivoqué y lo lamento.

Me disculparé con Santos.

-No hace falta. -Sí, sí hace falta.

Para que veas que siempre voy a estar ahí,

apoyándote en todo lo que hagas.

Los buenos amigos se cuentan con los dedos de una mano

y tú, más que amiga, eres hermana.

Siento haberte fallado.

-Ven aquí, anda, ven.

-Por eso me enamoré de él.

Parecía un poco sacerdote Sebastián.

Cuando ha empezado a hablar de abrir la mente y los corazones.

Digo: "Bueno, una homilía".

Bueno, vamos a consagrar la mesa con un vino.

¿Sí?

-Te juro que cada día me cuestan más los turnos de noche.

-A mí me gustan.

-Eso es porque estás empezando, pelota.

Bueno, yo me quedo aquí.

-Chao. -Chao.

(Tono de llamada)

¿Qué tal? Buenos días, amor.

Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?

Pues muy bien. ¿Qué tal? Bien nada, saliendo.

El trabajo ya está hecho.

Han encontrado una llave, padre.

Se la tragó el exmilitar.

-¿Es la que buscamos?

-Sí, pero la policía no sabe nada aún.

Ni siquiera se imagina lo que abre.

¿Algo que yo deba saber?

Algo demasiado grave como para fingir que no lo recuerda.

¿Podrías ser un poquito más concreta?

Hola, Márquez.

Da igual que les eches crema,

que te las operen o que te las cortes,

siempre están ahí, jodiéndote la vida.

Y aunque creas que han desaparecido, siempre vuelven.

¿Tiene almorranas? No, yo no.

Es una metáfora.

Mamá, ¿tú nunca tuviste dudas con papá?

Nunca. Y con Santos tampoco.

Yo no he preguntado por Santos.

Prefiero que no molestes a Laura.

Creo que esto lo podemos arreglar entre nosotros, ¿te parece?

No recuerdo a mi padre.

¿Tú recuerdas a tus padres? No.

Pero te ayudaré a recordar al tuyo.

Para una vez que necesitaba encontrarte.

Una vez. Y esa vez no estabas para mí.

Si hubieras encontrado...

No pueden llegar hasta el edificio Victoria.

El caso del exmilitar y tu niña fantasma están relacionados.

Va a ser muy duro.

¿Qué pasa?

Estoy vivo - Temporada 2 - Capítulo 16

09 oct 2018

Márquez y Lola deben colaborar en la resolución del caso del exmilitar que secuestro la guardería y que ha sido encontrado muerto de un disparo. Trabajar juntos ayudará a que la tensión entre Márquez y su mujer se suavice. Convencido de que Ángela murió durante la Guerra Civil, el Enlace se siente en la obligación de ayudar a esta niña fantasma a descubrir el camino hacia el otro lado. Para ello volverá al edificio Victoria. Sebas pide disculpas a Laura tras la terrible discusión que provocó en su casa. Pero también le reprocha que se haya casado con Santos. Laura se lamenta de que todo el mundo se meta en su vida.

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