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Para todos los públicos En Portada - Los tiempos de Erdogan - ver ahora
Transcripción completa

Recep camina ligero, aunque nunca piensa en el tiempo.

Al fin y al cabo, siempre ha sido su compañero de viaje en la vida.

Llega puntual a uno de sus puestos de trabajo,

uno de los lugares de Estambul, el Palacio de Dolmabaçe,

donde el tiempo parece haberse detenido,

a pesar de que el gran reloj de la torre preside su entrada principal.

En su interior Recep, paciente y meticuloso,

revisa el corazón de la máquina.

Maestro relojero ha trabajado con más de 30.000 relojes

y lleva más de 40 años como encargado de mantenimiento

de los relojes de los palacios de Estambul.

Su trabajo requiere no tener prisa.

Recuerdo que me decían: “Maestro tengo un reloj que funciona muy bien,

solo ha fallado un cuarto. Es decir, un cuarto de hora.

Eso significa que, en aquel entonces,

se tenía una percepción muy relajada del tiempo.

Hoy en día, un cuarto de hora es muchísimo, es algo muy importante.

En nuestro país, las personas viven ahora

con la sensación de que siempre llegan tarde.

Viven aceleradamente.

Presente y pasado se mezclan para crear una ciudad única;

Estambul es bulliciosa y vital

y se mantiene en permanente estado de cambio.

A pesar de su ritmo frenético, permite el paseo con calma.

Por sus calles apenas se ven relojes.

Heredera de distintas culturas

y testigo de la agitada historia de este país,

que pasa ahora por momentos de zozobra e incertidumbre.

Su actual líder Recep Tayyip Erdogan ha logrado,

que triunfe un referéndum que, no solo le otorga amplios poderes,

sino que supone el cambio más radical del sistema político

desde la creación de la República turca en 1923.

El tiempo no ha borrado el culto a la personalidad de Ataturk,

fundador de la República y llamado el padre de los turcos.

Su imagen sigue presidiendo calles y plazas,

pero el retrato del presidente Erdogan va ganando espacio.

Él nunca se ha comparado con Ataturk,

ni le ha criticado, algo que sigue siendo un delito en el país,

pero sus detractores le acusan de querer enterrar su legado.

Para sus seguidores, Erdogan es el nuevo papá Tayyip

y le atribuyen el mismo papel de líder carismático y hombre fuerte.

Algo, que parece no molestarle.

No creo que a él le guste Ataturk.

Vienen de distintas ideologías, pero como figura

a él también le gusta ser la única persona del Estado y así es,

es decir, quiere ser el único, el que dirige,

el que tiene la palabra, quiere ser solo él. Así de simple.

Hay mucha diferencia entre los dos,

uno es partidario de la democracia y las libertades y mira a Occidente.

Mientras el otro, tiene su mirada puesta en Oriente Medio.

Es un líder totalitario, presiona a todos

y quiere todos los poderes para una sola persona.

El Partido republicano del pueblo se mantuvo muchos años en el poder

y hoy es el principal partido de la oposición.

Fundado por Ataturk se rige por sus principios;

europeización y laicismo.

Después de su muerte, los kemalistas controlaron el poder

a través de sus partidos

y el ejército se convirtió en el guardián del laicismo,

beneficiándose también de privilegios sociales y económicos,

que no conocían tiempos de crisis.

Erdogan no ha acabado con el kemalismo, ni lo ha cambiado,

solo se ha sentado en su silla.

El kemalismo es el liderazgo autoritario de Ataturk.

Un liderazgo como establecían otros líderes mundiales de aquel tiempo.

Era una moda de aquellos años y una realidad de entonces.

En 2017 Erdogan quiere sentarse en su silla.

Las banderas ondean por todos los rincones,

como símbolo de orgullo nacionalista.

Una marea roja que se incrementa

cada vez que se celebra una fiesta nacional.

Erdogan no duda en ensalzar el orgullo de ser turco que,

ya utilizaron los kemalistas, cuando intenta atraer votos.

El referéndum sobre la reforma constitucional

ha originado una tormenta política en el país.

Algunos temen que acabe definitivamente

con el legado de Ataturk,

pero resucite el del Sultán otomano.

El nuevo sistema presidencialista otorgará a Erdogan,

si gana las elecciones en 2019,

el control del poder ejecutivo, legislativo y judicial.

Erdogan vuelve a ser presidente de su partido, jefe del gobierno

y del Estado.

La ajustada victoria en este referéndum

es un ejemplo más de la brecha, cada vez más profunda,

de la sociedad turca.

En Turquía no existe esa división. Turquía es un país democrático.

Nosotros estamos en el gobierno.

El gobierno del AKP es el gobierno de 80 millones de ciudadanos

de la República de Turquía, sean o no nuestros votantes.

El estadio de Kasimpasa, llamado ahora de Erdogan,

domina el paisaje de este humilde barrio de Estambul,

donde el presidente turco pasó su niñez.

Estudió en una escuela islámica

y soñaba con convertirse en profesional del futbol,

casi lo logra,

pero su padre conservador y autoritario se lo impidió.

Su familia había emigrado desde la región del Mar Negro,

como muchos de sus vecinos,

pertenecía a esa mayoría ignorada durante mucho tiempo

por la élite kemalista.

Halil le conoció cuando jugaba al futbol, hace más de cuarenta años.

Nos dice que es una buena persona,

que ha trabajado mucho por el barrio y por el país.

Desde pequeño era un dictador, es decir,

cuando digo dictador quiero decir que siempre hace lo que dice

y en ese sentido, no ha cambiado nada.

Damos un paseo por el barrio y enseguida nos encontramos

con muchos vecinos dispuestos a hablarnos de Erdogan,

antiguos compañeros de estudios, de juegos,

gente que asegura conocerle de toda la vida.

Hay personas a las que les gusta Erdogan y a otras no les gusta,

unos le quieren, otros no.

Como he dicho antes, que Dios castigue a los que no les gusta.

Así de fácil.

No es una persona a la que no se la deba querer.

Hay que quererle porque este hombre ha trabajado por Turquía.

¿Qué primer ministro ha hecho eso antes?

Dígame ¿Quién lo ha hecho?

Ninguno, lo único que han hecho es llenarse los bolsillos.

Mientras conversamos, los de la mesa de al lado no pierden detalle.

Sí, él es uno de nosotros.

Si hubiera un referéndum,

le enseñaríamos a Merkel lo que pensamos.

Para él como para otros muchos de sus vecinos,

Erdogan es uno más del barrio,

el que planta cara a la Unión Europea,

el líder que se hizo a sí mismo

y que el país necesita en estos momentos.

Por eso una mala palabra hacia él puede terminar aquí,

en una sonora pelea.

Si alguien se atreve a tocarle, haremos de su mundo un infierno.

En más de una ocasión Erdogan ha vuelto al barrio,

ha paseado por sus calles,

ha rezado en esta mezquita con sus antiguos vecinos.

Su proximidad y oratoria le ha hecho ganar votos,

pero si hay algo que todos recuerdan

fue su paso por la alcaldía de Estambul, aunque,

precisamente en esta ciudad no ganara el sí en el referéndum.

Con unos 15 millones de habitantes

es la ciudad más poblada de toda Turquía y no para de crecer.

La mayoría ha llegado de otras zonas,

éxodos continuos de los pueblos, de la profunda Anatolia,

de las costas del Mar Negro, o incluso de otros países.

Una mezcla de población,

que le confiere un carácter dinámico y singular.

Recep vino desde Kosovo a los 11 años

para vivir con su tío en Estambul y aprender el oficio de relojero,

después, tuvo la suerte de ser aprendiz

con uno de los grandes maestros del oficio

y finalmente logró abrir su propio taller.

Nos esforzábamos por ser de Estambul,

porque Estambul tenía una cultura propia.

Estambul no tiene solo una cultura turca o islámica,

tiene una cultura universal.

En su mesa de trabajo, como un cirujano extiende a su paciente,

con las marcas en sus dedos de tantos años de oficio,

observa los pequeñísimos detalles del interior del reloj.

Nos enseña relojes de todas nacionalidades y épocas.

Trofeos de un oficio casi en peligro de extinción.

A Recep no hay reloj que se le resista.

Con ellos pasa su vida mirando desde su taller la incomparable salida

y puesta de Sol de esta ciudad.

Desde este punto, el atardecer de Estambul es hacia allí

y es muy bonito.

Ambos momentos, amanecer y atardecer

tienen cosas que te hacen sentir distinto.

El amanecer es una cosa y el atardecer otra.

Los dos momentos cuando los comparamos con la vida,

causan una cierta melancolía.

El amanecer se vive con impaciencia y al atardecer llega la tristeza.

En el puente de Gálata, las aguas del llamado Cuerno de Oro

dejaron de ser sucias y malolientes,

gracias al empeño de su entonces alcalde Erdogan.

Uno de los tranvías atraviesa este puente

y une el barrio más moderno de Estambul, Karakoy con Eminonu,

en la ciudad vieja.

La mejora de los transportes públicos en esta transitada ciudad,

es otro de los logros que, hasta los más críticos, le reconocen.

La alcaldía de Estambul fue su trampolín en la política,

aunque en aquel tiempo recitar unos versos en público

considerados una incitación al odio,

le costó a Erdogan cuatro meses de cárcel.

Cuando Erdogan entró a la cárcel,

Eren Keskin también cumplía pena de prisión

por su defensa de los derechos humanos.

Ahora, ella tiene más de cien causas penales

abiertas por el gobierno de Erdogan.

Estábamos en la misma foto Ismail Besikci, Tayip Erdogan, y yo

y en el pie de foto estaba escrito: libertad de expresión.

Esta abogada y activista kurda, lleva la mitad de su vida

en primera fila defendiendo la libertad y la democracia

y ahora se puede enfrentar a una cadena perpetua

por los procesos pendientes,

alguno por dirigir el único periódico del país que,

se editaba íntegramente en kurdo.

Desde hace muchos años hemos vivido tiempos difíciles,

pero no recuerdo una época en la que nos hayamos sentido tan impotentes.

Durante estos 30 años de lucha por los derechos humanos,

ésta es, sin duda, la época más difícil para mí y mis compañeros.

Kandilar Pazari o mercado de las mujeres,

es uno de los barrios de Estambul, de mayoría kurda.

En esta ciudad viven unos dos millones de kurdos,

un pueblo cuyo sueño de independencia es ahora,

una de las peores pesadillas del gobierno.

Muerto aquel intento de acercamiento

de los primeros años del gobierno de Erdogan,

se ha vuelto ahora a la mano de hierro de los peores momentos.

El AKP en 2002 prometió un cambio a toda Turquía.

En aquel momento no había igualdad en el país,

no había una Constitución democrática.

Erdogan prometió que iba a cambiar todo esto y claro,

eso no solo se lo dijo a los kurdos, sino a todos los turcos:

armenios, alevíes, sunies a todos los colores de la sociedad.

La actual represión contra los kurdos

incluye el intento de ilegalizar este partido.

Miles de sus afiliados, incluyendo alcaldes

o su vicesecretario general están detenidos.

De izquierdas y pro kurdo consiguió en 2015 colocarse

como tercera fuerza política en Estambul, gracias, sobre todo,

a los votos de ese abanico ideológico que,

en demanda de libertades, coincidió hace cuatro años en el parque Gezi.

Fue la mayor protesta vivida por Erdogan desde su llegada al poder.

Del barrio kurdo nos trasladamos al armenio donde,

las cúpulas de las mezquitas casi se juntan

con los campanarios de las iglesias.

Devrim ha montado aquí una librería con los libros que ha ido leyendo

y almacenando en su casa a lo largo de su vida.

Su ceguera no le impide saber a la perfección

donde están los de historia, arte o poesía.

Los que están escritos en turco, en inglés o en español.

Fue uno de los jóvenes que participó en las protestas del parque Gezi,

que comenzaron con una acampada para evitar que el parque

se transformara en un centro comercial

y derivó en uno de los mayores desafíos al gobierno de Erdogan.

No lo hubiera creído,

ni aunque lo hubiera visto en el mejor de mis sueños.

Nunca imaginé un ambiente así; Resistencia, fiesta, compartir todo.

Fue un paraíso de tres semanas.

Todos los que participamos en Gezi,

éramos gente con una mirada distinta del mundo,

gente de diferentes ideologías.

Aunque todos éramos anti totalitarios y anti autoritarios.

Es decir, teníamos eso en común, éramos anti Tayip.

Devrim recuerda la durísima represión policial

que después de unas semanas logró desmantelar el campamento.

Y dice que la violencia generalizada

que surgió después en otras ciudades,

fue descomponiendo el espíritu pacífico de la revuelta.

Cuatro años después

solo han conseguido que el parque Gezi siga en su sitio.

Ahora, nos preguntamos a nosotros mismos:

si eso era la chispa, la última gota que colmaba el vaso,

por que después de esto,

se han llenado tantos vasos, incluso jarras.

Acampar en aquel parque le costó su trabajo como funcionario

en los Archivos del Imperio Otomano.

Ahora tengo problemas económicos, antes no.

Disponía de un salario y mi vida era más segura.

Pero, entre seguridad y libertad, opto por la libertad.

Taksim es el corazón de la moderna Estambul y un reflejo de la sociedad

que, se mueve entre los nuevos valores religiosos y conservadores

impulsados por Erdogan

y los viejos vestigios kemalistas, laicos y europeístas

que siguen atrayendo a muchos jóvenes,

que constituyen la mayor parte de la población turca.

La detención de artistas bajo acusaciones de ofender a la religión

o las restricciones de venta de alcohol,

han incomodado y dividido también a muchos jóvenes.

La Universidad de Mármara, donde Erdogan se graduó en Economía,

es una de las instituciones académicas más antiguas

y prestigiosas de Estambul.

La purga emprendida por el presidente

desde el intento de golpe de estado,

ha llegado a las universidades donde miles de profesores, decanos,

académicos y personal administrativo de instituciones públicas y privadas

han perdido su trabajo.

La polarización se refleja en todas partes, también en las Universidades,

los estudiantes universitarios e inclusive entre los profesores.

Los programas Erasmus facilitan el conocimiento

entre jóvenes turcos y europeos.

En esta facultad comparten clases y debaten sobre la situación política

y la vieja demanda turca de ingresar en la Unión Europea.

¿Qué pensáis sobre el referéndum en general?

Empezamos contigo Marc, tú, como alemán, ¿cómo lo ves?

¿Crees que ahora somos muy optimistas

si pensamos que el proceso va a continuar, o no?

En los últimos años, el gobierno de Erdogan

ha tomado decisiones que van contra los Derechos Humanos por ejemplo,

prohibir periódicos, detener a periodistas, a jueces.

Esto le aleja de la Unión Europea,

en lugar de pretender un acercamiento a ella.

La gente se siente más pesimista ahora

y tampoco hay la misma necesidad

de pertenecer a la Unión Europea que hace unos años.

Ha ocurrido el Brexit, países que han querido salir.

Y ha surgido un nuevo planteamiento;

Para qué unirse a una organización que, quizás,

en el futuro ya no exista.

Algunos líderes de algunos países de la Unión Europea dicen cosas como:

No queremos turcos, musulmanes,

o incluso algunos de ellos quieren cerrar mezquitas, cosas así.

Creo que de esta manera, ellos mismos no tienen derecho a criticarnos

y decir que Turquía no respeta los derechos humanos.

¿Hablas de islamofobia, en la Unión Europea?

Sí. Sí.

La silueta del palacio de Dolmabaçe

contrasta con los modernos rascacielos con los que el AkP,

el partido de Erdogan,

quiso dar muestras de la mejora económica

lograda en sus primeros años de gobierno.

Medidas, que junto a beneficios sociales

y la merma de poder del ejército, le hicieron ganar varias elecciones.

En el interior del Palacio, Recep y su colaboradora Sule

mantienen a punto, en el museo del reloj,

una colección de relojes antiguos franceses, ingleses y otomanos

que siguen marcando implacablemente las horas.

Recep y Sule nos muestran los detalles

que se han ido añadiendo a los relojes,

objetos decorativos que se mueven con el compás del minutero.

El tiempo cambia a las personas que intentan adaptarse a él,

y lo utilizan para justificar los cambios que han sufrido en la vida,

pero en realidad, el tiempo es un concepto estable que no varia.

El pasado verano, el tiempo pareció retroceder

a uno de esos momentos convulsos de la historia de este país,

Facciones de las Fuerzas Armadas

intentaron llevar a cabo un nuevo golpe de estado,

esta vez contra Erdogan.

En Estambul los tanques de los golpistas

cerraron los puentes que unen el estrecho del Bósforo,

tomaron algunas plazas, ocuparon la televisión y el aeropuerto.

Tras los primeros momentos de confusión,

Erdogan hizo un llamamiento para que la gente se uniera contra el golpe

y saliera a la calle y la gente respondió.

Los enfrentamientos causaron más de 300 muertos

entre ellos un centenar de golpistas y un millar de heridos.

Erdogan señaló como autor a su antiguo aliado y ahora peor enemigo:

Fetullah Güllen.

Yo no creo que el golpe de estado sea una fabricación de Erdogan,

pienso que fue organizado conjuntamente

por militares gulenistas y militares

que pertenecen al llamado estado profundo,

formado por nacionalistas y kemalistas.

El gobierno se dio cuenta pronto

gracias a los que trabajaban para ambos bandos.

En la parte asiática de Estambul, cruzando el Bósforo,

los nuevos barrios que, parecen sacados de otras ciudades,

albergaban hace un tiempo las oficinas y despachos

de muchos de los seguidores de Fetullah Gúlen

creador del movimiento Hizmet o Servicio,

lo que algunos en Turquía consideran casi una versión

en el culto islámico del Opus Dei católico.

Más de 4000 jueces y fiscales han sido destituidos.

El poder judicial junto al ejército y la policía

fueron los primeros objetivos

de la purga que inició Erdogan tras el golpe de estado.

Jueces y fiscales de esa secta han entrado en la judicatura

durante el mandato del actual Consejo Superior de Justicia.

Hemos avisado al gobierno en varias ocasiones

que había una secta dentro del poder judicial y que eso no era correcto

y ya ve, éste es el resultado.

Los militares, la policía, el Estado, todos apoyaban a este movimiento,

pero Erdogan intentó obtener más poder utilizándolo

contra lo que llamamos el estado profundo turco,

con el que ahora ya tiene un acuerdo.

Cuando esta organización empezó a pedir más,

porque ellos tenían personas más cultas, mejor preparadas,

cuando empezaron a pedir más cargos en el Estado, la sociedad se rompió.

Este barrio financiero es un ejemplo del poder económico

que acumuló este grupo,

cuyo líder se autoexilió a Estados Unidos

después del golpe de estado de 1997

que expulsó al gobierno islamista de Erbakan.

Erdogan cerró el proceso abierto contra él.

Entonces, eran amigos y colaboradores.

Fetullah Gülen es el líder de una organización terrorista

que durante 50 años ha utilizado a los jóvenes

lavándoles el cerebro y metiéndoles en las entidades públicas.

Ha intentado capturar el estado desde dentro.

Engañando y educando a los hijos de los líderes de varios países,

está trabajando para crear una utopía, un imperio mundial.

Fetullah Gulen ha dado su primer paso en Turquía.

Egemen Baguis, ahora directivo

de una de las principales compañías de telefonía del país,

exhibe su relación de confianza con Erdogan.

Fue ministro de relaciones con la Unión Europea,

viceministro de Exteriores, y parlamentario

hasta que se vio envuelto en 2013

en uno de los mayores escándalos de corrupción del país.

Nos atacaron porque nos vieron los puntos más débiles de la cadena,

porque no pertenecemos a la ideología troncal del partido

y por ser muy leales al señor Erdogan y trabajar con él desde hace tiempo,

pero ha pasado algo que no esperaban

Erdogan ha dicho que confiaba en nosotros y nos ha arropado.

El caso se saldó con la dimisión de tres ministros

y el relevo de otros diez, pero sin juicio, alegando falta de pruebas.

Marcó el inició de la persecución por parte de Erdogan

a los miembros del movimiento Gulenista

a quienes acusó de intentar querer derribar al gobierno

utilizando este caso.

Las medidas de seguridad están presentes

en un país que ha sido blanco los últimos años del terrorismo.

Los principales lugares turísticos de Estambul están casi vacíos

desde que esta ciudad se convirtió en escenario

de algunos de los atentados más sangrientos.

El intento de golpe ha incrementado la inestabilidad.

El estado de emergencia se mantiene en el país.

Erdogan acumula cada día más poder pero a la vez,

se siente más amenazado.

Tenían que tomar alguna medida pero lo han hecho son medidas exageradas

que incluyen a otros sectores de la sociedad.

Por ejemplo, la expulsión de muchos académicos

que pertenecían al sindicato Kamusen no tenían nada que ver con ello

y otros trabajadores públicos

que no tenían en absoluto relación alguna con el golpe.

¿Cómo definiría los tiempos de Erdogan?

¿Cómo quiere que conteste como juez o como ciudadano?

He pasado la mayor parte de mi carrera profesional

con el gobierno actual, digamos que siendo jurista,

existir y hablar es muy difícil en esta época.

Como ciudadano no puedo decir nada, tengo miedo.

Mejor, no diría que tengo miedo,

pero de verdad como ciudadano hacer comentarios no es fácil.

Aydin se dirige a la sede del Cumjuriyet,

su fachada retrata el acoso policial

al que se ve sometido este periódico.

De izquierdas y defensor de la laicidad del estado,

es el más antiguo y uno de los más prestigiosos de Turquía.

A pesar de que gran parte de su redacción está detenida

sigue informando de temas demasiado molestos para Erdogan.

Antes de que diéramos la noticia que camiones de los servicios secretos

mandaban armas a integristas en Siria,

sacamos a la luz algo que aquí se conoce como 17.25 de diciembre

y Cumhuriyet fue el periódico que dio esa noticia de la corrupción

de forma más detallada y más extensa.

Quizás la decisión de Erdogan de callar a Cumhuriyet

venga precisamente de esa noticia.

Ayden ha pasado varias veces por la cárcel por sus opiniones,

pero dice que éste, es el momento más duro para la prensa.

Le sigue emocionando la reacción de miles de personas

que se congregaron a las puertas del periódico para protestar

cuando detuvieron a sus compañeros.

La portada del periódico recuerda cada día con un contador

los días que llevan de arresto los trece compañeros detenidos.

Nos pusieron delante de un juez,

un juez que no nos escuchaba porque ya tenía tomada la decisión.

Tengo 76 años y por mi avanzada edad me dejaron en libertad,

mientras mandaron a mis compañeros a la cárcel de Silivri,

pero algunas veces,

pienso si no hubiera sido mejor que me dejaran también en la cárcel,

porque con todos esos compañeros presos,

ahora, tenemos mucho más trabajo.

Desde el primer momento la redacción decidió seguir con su trabajo,

informando del mismo modo como homenaje a sus compañeros

y a los lectores a los que,

los continuos cierres de medios

y la compra por parte del gobierno de muchas empresas de comunicación,

les ha privado de una información independiente.

Han hecho de los medios de comunicación unos medios estériles.

Les llamamos los medios del pingüino,

porque publicaban documentales sobre pingüinos

cuando ocurrían los sucesos del parque Gezi.

No hacen nada, ninguna oposición.

Son vacíos y por eso Cumhuriyet se ha quedado solo

y eso es muy peligroso para nosotros.

Más de cien periodistas en la cárcel,

retiradas de carné profesional,

y un gran número de páginas de internet bloqueadas.

Reporteros sin fronteras señala a Turquía

como la mayor cárcel de periodistas del mundo.

Los periodistas encarcelados están en prisión por delitos comunes.

Algunos han cometido ese tipo de delitos y por eso están en la cárcel.

Me refiero a los que ya tienen un fallo judicial.

No están encarcelados por sus actividades periodísticas.

Te pueden detener, encarcelar

y quizás lo más importante, pueden jugar con tu reputación,

tu prestigio, tu carrera.

Un día pueden declararte y culparte de ser un agente secreto o traidor,

terrorista o pedófilo.

Delante de tu familia te pueden fulminar

y en estos últimos diez años los periodistas estamos viviendo eso.

Recep cruza cada mañana el puente de Gálata para ir a su trabajo.

Le siguen asombrando esos pescadores que sujetos a sus cañas,

dejan pasar el tiempo,

un tiempo que aquí, siempre parece estar en suspenso.

El puente Gálata significa para mí lo eterno, lo que no cambia.

Y el lugar donde di mis primeros pasos por Estambul.

Desde el Gálata se ve la vida pasar, los tiempos que corren,

unos momentos difíciles en los que la sociedad turca

parece estar cada vez más dividida

entre los que están a favor o en contra de Erdogan.

Lejos queda aquel tiempo en que la única división aquí,

la marcaban las dos orillas del Gálata, los de la parte antigua,

considerados los verdaderos estambulíes y los de la nueva,

formada por los que llegaban de todas las partes del país.

Trabajaba con nosotros una persona, que era el que hacía las compras,

le llamábamos nuestro hermano mayor Murad y si por cualquier causa,

tenía que pasar al barrio de Sikerchy o Eminomu,

cruzando el puente de Gálata, antes de pasar nos decía:

“Me voy a Estambul ¿Hay alguien que quiere algo de allí?”

  • Los tiempos de Erdogan

En Portada - Los tiempos de Erdogan

26 jun 2017

En Portada aborda la división en Turquía entre partidarios y detractores del presidente Erdogan, un Estambul de relojeros en que el inexorable paso del tiempo afianza las dos Turquías, la tradicional que mira a Oriente y la más juvenil y moderna que se asoma a Occidente.

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