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Para todos los públicos En Portada - El temporal francés - ver ahora
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Robert Ménard está al frente del Ayuntamiento de Béziers.

Es la mayor ciudad de Francia en manos de la extrema derecha.

Ménard apoya a Marine Le Pen

y, aunque no pertenece al Frente Nacional,

llegó al poder con su apoyo.

El viraje hacia la ultraderecha llega hasta el sur del país,

tradicional feudo de la izquierda.

Recorremos desde los Pirineos hasta el Languedoc-Rosellón,

una de las zonas con más desigualdad, pobreza y paro.

El país de la revolución que iluminó a Europa

ve tambalearse los pilares de la República:

unos valores que se diluyen

en medio del temporal que sacude a Occidente.

Calles poco transitadas, casi vacías

comercios cerrados,

pisos que se venden y se alquilan.

La decadencia salta a la vista.

Estamos en pleno centro, a pocos metros del Ayuntamiento.

Béziers es la ciudad más pobre de la región de Occitania,

en el Sur del país,

y una de las diez más pobres de Francia.

De sus 77.000 habitantes,

33.000 viven en la pobreza.

La tasa de paro duplica la media nacional.

La ciudad lleva años perdiendo población;

pero en 2016 se ha invertido la tendencia.

Ataviado con su banda de alcalde,

Robert Ménard visitó a refugiados sirios

que habían forzado la cerradura

y okupado viviendas sociales en Béziers.

Ménard es periodista:

conoce bien el poder de la imagen y la palabra.

Desalojar a esos refugiados no está entre sus competencias;

pero muchos medios difundieron su vídeo.

Un golpe de efecto a muy bajo coste.

Otra polémica de Ménard;

esta vez, en un debate televisivo.

En Francia está prohibido hacer censos por religión o etnia.

El alcalde salió al paso diciendo que sabía el dato

por los apellidos de las listas de clase.

A nosotros nos dice que ése es el número de alumnos

que no comen cerdo en el comedor escolar.

Clase de francés para extranjeros.

Éste es uno de los dos centros de acogida

para solicitantes de asilo que hay en la ciudad de Béziers.

Los trámites para que el Estado les reconozca el estatus de refugiado

tardan de uno a dos años.

La ONG La Cimade los acompaña en el proceso

y los ayuda a integrarse en la sociedad francesa.

Ante la apertura de un nuevo centro de acogida en Béziers,

el alcalde lanzó esta campaña:

un tétrico fotomontaje de migrantes con la catedral de fondo,

en el que se leía

“El Estado nos los impone. Ya llegan”.

La familia Ghannam llegó a Francia a través de España,

rogando que la policía no los detuviera en la frontera.

Cuando Hassan se marchó de Homs, la cuna de la revuelta en Siria,

no imaginaba que vería su casa por última vez.

Hassan y su familia han conseguido el estatus de refugiado para 10 años

La Administración francesa los envió a Béziers.

Reciben una ayuda del Estado para vivir y pagar el alquiler.

Hassan estudia francés

mientras la Oficina de Empleo le busca un trabajo.

Hassan confía en que pronto conseguirá un empleo

y ayudará con sus impuestos al país que los ha acogido.

Añora su tierra, pero aquí se siente en libertad.

Esta familia siria vive en La Dévèze,

en la periferia de Béziers.

Es uno de los tres barrios más desfavorecidos de la ciudad.

Azotados por la pobreza y el paro,

acogen de media un 21% de extranjeros,

según la última estadística oficial.

Aquí nació el actual alcalde.

La inmigración que Robert Ménard considera “masiva”

alcanza en Béziers el 12,9%,

tres puntos por encima de la media en Francia.

Jean Philippe ha venido a una concentración pacífica

en Montpellier.

Ciudadanos y activistas se manifiestan por todo el país.

La justicia francesa juzga a vecinos

por ayudar a migrantes y refugiados que entraron de forma irregular.

Viven cerca de la frontera con Italia.

La ley lo tipifica como “ayuda a la inmigración ilegal”.

La solidaridad convertida en delito.

En las calles de Montpellier se respira el mestizaje.

La inmigración representa el 15,9% de la población,

tres puntos más que en Béziers;

pero aquí no se la señala como la causa de todos los males.

Las grandes urbes ganan población a costa de las más pequeñas.

La metropolización se ha agudizado desde la crisis económica:

franceses e inmigrantes esperan encontrar

más oportunidades de empleo en las grandes ciudades.

En el Sur de Francia,

el mayor polo de atracción es Toulouse.

La cuarta ciudad más poblada del país

es la cuna del sector aeronáutico.

La llaman la Seattle de Francia.

Visitamos el pulmón económico

de una de las regiones más castigadas por la crisis.

Francia es el segundo exportador mundial en este sector.

La industria aeronáutica y espacial da trabajo

a más de 180.000 personas en el país.

Sólo en Toulouse,

el gigante europeo Airbus cuenta con 21.000 empleados.

En esta planta se ensamblan los A-350.

Es la hora de la comida y se ven pocos operarios;

pero el negocio va viento en popa.

Latécoère acaba de cumplir 100 años:

la decana de la aeronáutica francesa

fabrica componentes para Airbus y Boeing.

Surgió como una empresa familiar;

pero la expansión de los últimos años ha generado

un fuerte endeudamiento.

En 2015

dos fondos de inversión extranjeros compraron la empresa y la deuda.

Por primera vez en su historia se ha anunciado

un plan de reestructuración de empleo.

Según la Dirección hay que ser más competitivos.

Los sindicatos temen que haya despidos.

Florent Lacoste trabaja aquí desde hace once años

y nos recibe en el local sindical de la empresa.

Samira contagia su espíritu de lucha.

Trabaja desde hace 15 años en Teleperformance,

una teleoperadora de origen francés

implantada hoy en más de 70 países.

La empresa, que ha declinado nuestra entrevista,

lidera el sector y sigue creciendo;

sin embargo, en Francia ha ido reduciendo su plantilla

y acaba de aprobar un ERE temporal,

un plan de reducción de jornada a sus empleados,

que el Estado compensará con subsidios.

El presidente del Grupo cobró en 2014 cuatro millones de euros,

el segundo mejor sueldo del país.

Los trabajadores no entienden

que empresas con grandes beneficios

apliquen planes de reducción del empleo.

La capacidad productiva de Francia

ha ido menguando en las dos últimas décadas.

La industria ya sólo supone el 10% de la riqueza del país.

Durante la presidencia de François Hollande

han echado el cierre 900 fábricas.

Reunión de cierre en el periódico La Dépêche,

un diario con más de 140 años de historia.

François Fillon no tira la toalla.

El escándalo Fillon ya ha ocupado varias portadas.

Está siendo una campaña insólita,

con varios cargos de distintos partidos afectados

por posibles casos de corrupción.

El diario pulsa, a través de encuestas,

las preocupaciones de la sociedad francesa.

En marzo de 2012,

Mohamed Merah asesinó a tiros a tres niños y a un profesor

en una escuela judía de Toulouse.

En los últimos años,

Francia se ha convertido en objetivo del terrorismo yihadista.

El mundo se conmocionó

con el ataque a la revista satírica Charlie Hebdo.

Noviembre de 2015:

seis ataques coordinados sembraron el terror en París.

La mayor matanza, en la sala Bataclan.

Julio de 2016:

atentado con camión en Niza,

en plena celebración de la fiesta nacional de Francia.

La ciudad de Pau es uno de los mejores balcones a los Pirineos;

aunque el temporal apenas permite divisarlos.

En medio del vendaval político,

este municipio, que llevaba 42 años en manos de la izquierda,

está ahora gobernado por un hombre de centro.

Su primera medida:

borrar todos los grafitis y lavarle la cara a esta ciudad

que ha dejado de perder población.

Cada viernes por la tarde

el alcalde de Pau invita a sus vecinos

a este “Fórum ciudadano”,

un espacio de diálogo directo:

Bayrou quiere acercarse a una ciudadanía

que ve a la élite política lejos de la realidad.

Desde hace años, en Francia se habla del ascensor social.

Quienes procedían de un entorno desfavorecido

podían, a través de la educación,

acceder a puestos de responsabilidad

y mejorar su posición social.

Ese ascensor parece haberse estropeado.

François Bayrou cree

que Francia está paralizada por un Estado burocrático.

Al país que hizo posible la Revolución Francesa

le propone ahora la “Resolución Francesa”:

aprovechar su potencial con una actitud resolutiva.

El excandidato presidencial no se presenta a esta cita con las urnas:

apoya públicamente a Emmanuel Macron,

la gran revelación de estas presidenciales.

El alcalde de Billère, en el área metropolitana de Pau,

es una de las voces más críticas dentro del Partido Socialista:

acusa a François Hollande

de no haber hecho una política de izquierdas.

Jean-Yves Lalanne salió reelegido en las municipales

con el 59% de los votos,

mientras su partido perdía en Francia

150 ciudades de más de 10.000 habitantes.

En esta escuela pública de Billère,

cuando los niños acaban las clases,

sus padres no tienen que preocuparse.

Junto a esta escuela está la Maison de l’Enfance,

la Casa de la Infancia.

Entre ellas no hay muros.

Los pequeños pueden hacer aquí

actividades extraescolares hasta las siete de la tarde,

por sólo diez euros al año.

Es un proyecto público que cuenta con subvención municipal.

Cerca de Billère y de Pau, en el municipio de Lescar,

está le Village Emmaüs, el pueblo Emmaüs.

Acoge a todo el que lo necesita,

sin mirar su condición, su nacionalidad

o su color de piel.

Recuerda a la aldea gala de Astérix,

que se resiste a la conquista del Imperio Romano.

Su pócima mágica ha sido

convertirse en el punto limpio de toda la zona.

Los vecinos traen todo lo que ya no quieren.

Aquí lo intentan reparar en talleres

para dar una segunda vida al objeto.

Lo que no se puede reutilizar se recicla.

Joel lleva 33 años viviendo en esta comunidad.

Los objetos recuperados se exponen a la venta.

Es sábado por la tarde y, a pesar de la lluvia,

muchos vienen aquí a curiosear y a comprar.

¿Paradoja o justicia poética?

Los desechos de esta sociedad de consumo,

que vive de usar y tirar,

sirven para mantener a las personas que la propia sociedad excluye.

Fabien es un “compagnon”,

una de las 130 personas que viven aquí.

Empezó ayudando como voluntario y decidió quedarse.

Todo el dinero que sacamos de la venta es

lo que nos permite mantenernos,

no tenemos ni una subvención.

Y eso también permite enseñarle al mundo

que la alternativa que estamos haciendo es estable,

porque la vivimos y la pagamos nosotros;

que no viene con recursos de fuera.

Es viable económicamente.

Consiguen los 8.000 euros

que la comunidad necesita cada día para mantenerse.

Esta “aldea gala” no es sólo un lugar de acogida:

pretende ser una alternativa de gestión económica y social,

que pone al ser humano en primer lugar.

El lugar donde la población se siente más abandonada

por París y sus políticos

es la Francia rural.

Lagrasse, cerca de Carcasona,

está considerado uno de los pueblos más bellos del país;

pero en invierno sus calles están desiertas.

Por aquí pasa la “Ruta del Vino”

A ocho kilómetros está la aldea de Villemagne

Roger Carbonneau pertenece a una estirpe de viticultores.

Recuerda que cuando era pequeño, a su escuela iban once niños.

Ahora sólo son 13 habitantes durante todo el año.

A sus 70 años, Roger sigue trabajando.

Dice que el campesino es como una empresa sin techo,

a merced de la sequía, las heladas o el granizo.

Para subsistir ha diversificado su negocio:

además del vino, vende sarmientos y esquejes,

ofrece alojamiento rural.

Roger organiza catas de vino en su bodega-museo.

Cree que su futuro depende más de él

que de la política francesa.

Nos dirigimos a Sète,

entre Béziers y Montpellier.

Es la cuna de Paul Valéry y de Georges Brassens.

Aquí viven sobre todo de la pesca,

otro sector tradicional que intenta mantenerse a flote.

Son las cinco de la tarde

y todavía llegan barcos a este puerto.

Los marineros llevan en pie desde las dos de la mañana.

Jornadas eternas

para sobrevivir a una crisis económica

que atribuyen a la subida del precio del gasóleo.

Muchos pescadores franceses están enfadados con Europa.

Creen que la Unión Europea sólo les impone restricciones,

aunque cada vez hay menos barcos faenando.

Y sienten que el Gobierno francés no los apoya.

Robert Rumeau también es de Sète,

pero no faena en alta mar:

pesca en la Laguna de Thau,

un ecosistema en el que hay desde doradas

hasta ostras o anguilas.

Hace 30 años vivían de la laguna cerca de mil pescadores;

hoy son menos de 200.

Robert acusa a los políticos

de no actuar ante la crisis económica.

El malestar de estos pescadores es el de millones de franceses

decepcionados con la clase política.

La sociedad se siente traicionada

y rechaza a una élite que no alivia sus temores

ni da respuesta a sus problemas cotidianos.

La crisis ha afectado mucho a la gente.

La izquierda no ha cumplido.

La ultraderecha ha aprovechado ese descontento, esa “colère”,

la ira de la gente

para desviarla con el esquema de “todos podridos, todos corruptos”

y no hay otra política posible.

Jean Ortiz daba clases en la Universidad de Pau

y se acaba de prejubilar.

Cree que, por primera vez,

los jóvenes van a vivir peor que sus padres.

Hijo de exiliados españoles,

le horroriza el creciente rechazo a la inmigración.

Hay una crisis de valores tremenda, espantosa.

Francia, nuestra sociedad,

yo lo veo en la Universidad, se ha vuelto insolidaria.

Todos los valores, que eran valores de solidaridad, igualdad, libertad,

de vida en común, están en crisis. Todos.

La extrema derecha se erige en el voto de protesta

de una sociedad golpeada por la crisis y la globalización,

que no encuentra respuestas.

Un tercio de los franceses dice estar de acuerdo

con las ideas del Frente Nacional,

según el último barómetro de Le Monde.

Pero un 58% lo ve peligroso para la democracia.

Sus mensajes van calando.

La fractura social se ahonda.

Habrá que ver

si esa brecha resquebraja los pilares

sobre los que se construyó el corazón de Europa

―los valores de libertad, igualdad y fraternidad-

o si son lo bastante sólidos para resistir el temporal.

  • El temporal francés

En Portada - El temporal francés

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Un día después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, En Portada retrata la nueva Francia. Un equipo del programa recorre el país para mostrar los cambios sociales, económicos y culturales que han configurado un nuevo mapa político.

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