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Para todos los públicos En Portada - El puente de Bolívar - ver ahora
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Estamos sobre el puente Simón Bolívar,

donde comienza y termina la frontera entre Colombia y Venezuela.

Antes el venezolano podía pasar tranquilo,

ahorita le están exigiendo el sello de entrada.

Usar esta tarjeta migratoria para ingresar a Cúcuta

y evitar el exponerse a una deportación.

De todas las frontera, esa es la más movida de Latinoamérica.

El cierre de la frontera fue bastante difícil,

porque es como si el corazón se quedara partido en la mitad,

un corazón partido.

Hay muchas familias que están divididas

y nosotros somos dos países hermanos,

nosotros no deberíamos estar divididos por una frontera.

Pero cuando ya hay un cierre abrupto, es más, la gente se llena de miedo.

Y verse uno cercado porque cerraron la frontera

y como de repente discriminan, porque persiguen, eso es muy triste.

Y cuando abrieron, se les veía felicidad.

Y la tranquilidad de poder llegar a un sitio a comprar

lo que quisieran comprar.

Y ver caminar tanta gente.

Alegría, yo sentí alegría.

Yo digo: "¿qué está pasando?".

Entonces, me dice un señor, que están entrando los venezolanos.

El punto más transitado y dinámico de Suramérica

no podría haber tenido mejor nombre que el que tiene: Simón Bolívar,

libertador de las dos orillas e inspirador de una gran patria.

Pasos fronterizos hay muchos,

pero quizás pocos como éste muestren la existencia de espacios,

entrelazados por viejos vínculos,

que desbordan las divisorias oficiales

y cuyo cierre provoca algo más que una crisis política.

Qué maravilla que estamos disfrutando nuevamente de la frontera abierta.

Además, Gleisy, esto, la crisis se origina en Venezuela,

pero nosotros, acá en frontera, Cúcuta, Norte Santander,

la hemos vivido en pleno.

Pero, ya el abrir y que podamos ir y venir,

porque prácticamente es una misma familia.

Claro, estábamos acostumbrados a esto, al intercambio, ir venir,

pasar unos días en San Cristóbal.

Simplemente ha servido también

para saber que somos un pueblo hermano y que Cúcuta,

así como recibe a Gabriel, así como me recibió a mi antes, hace 13 años,

hoy es un día que podemos compartir esto nuevamente

porque cuando estuvo esos días cerrado, siempre fue difícil.

No sé, en el primer momento no me iba a arriesgar a pasar

porque había mucha violencia.

Y yo no tenía como demostrar que vivía en Colombia.

Cuando llegue a San Antonio, los militares lo habían tomado,

estaba tomado todo.

La sensación cuando cruce el puente fue tremenda.

Setenta y dos horas de cierre estricto del paso fronterizo

y así iremos reformulando y podríamos decir formulando

una política superior para la frontera.

El presidente Nicolás Maduro

decidió cerrar la frontera de manera unilateral

porque supuestamente del lado venezolano

habían sido atacados unos militares, un teniente y unos soldados,

supuestamente a banda de grupos paramilitares colombianos

que, según él, controlan el tema del contrabando

en el lado venezolano.

Nosotras, como mujeres, madres de familia,

viendo que nuestros hijos por falta de alimentación,

de algunos niños por falta de sus leches, pañales,

medicamentos para los familiares que están enfermos,

nos vimos en la necesidad de aglomerarnos.

Y fue cuando en grupo y en manada pudimos pasar

portando una franela blanca como símbolo de paz.

Desde ese día, y durante un mes,

miles de venezolanos logran cruzar la frontera,

aunque oficialmente sigue cerrada,

los dos Gobiernos permiten la apertura

de un "corredor humanitario".

Hasta que los presidentes Maduro y Santos, acuerdan la reapertura.

Vamos a abrir la frontera de forma ordenada,

de forma controlada y de forma gradual.

Todos apostemos a que tenga éxito

este esfuerzo controlado por una nueva frontera.

(TODOS): Libertad es, este Gobierno va a caer.

Casi un año después del cierre,

se reabre la frontera solo para peatones

y por cinco puntos, uno de ellos, el puente Simón Bolívar.

Inicialmente, fue para nosotros un gran oxígeno.

Atravesaron más de 50.000 venezolanos

buscando alimentos, buscando medicamentos,

porque estábamos adquiriendo lo básico,

que en nuestro país no se nos garantiza.

Al pie del puente Simón Bolívar, en la zona colombiana,

comienza La Parada.

Un barrio dedicado al comercio de todo tipo

y cuya principal clientela son los venezolanos.

Guau, harina pan. ¿Qué precio tiene la harina pan?

3000 pesos

Lo que no hay en Venezuela, amiga. ¿Y el papel higiénico?

Tengo de varias marcas... -El más económico, doña.

El más económico son 2000 pesos.

¿Y de los productos que no consigo en Venezuela qué tienen, arroz...?

Tengo arroz de varios precios.

¿Y el grano? -Tengo lentejas, harina de trigo...

Oh, harina de trigo pregúntame cuánto tiempo

no consumimos harina de trigo en nuestro hogar.

Y aceite y café.

¿Cuanto cree que es en bolívares?

Ya le digo en bolívares, en pesos le voy a dar la cuenta.

Al cambio de Venezuela, dividido al 13, le salen 16.900 bolívares.

No me imaginé que me alcanzara solamente para esto.

Cúcuta, directo, directo.

Directo, directo.

Cúcuta, centro termal, centro terminal directo,

para Cúcuta.

Yo soy docente de profesión, incluso tengo mi posgrado y maestría,

pero es una realidad también,

que el sueldo como docente en Venezuela,

no alcanza para sostener una familia.

El venezolano, incluso los que somos profesionales,

cruzamos la frontera para trabajar a destajo,

bien sea en áreas de limpieza, atendiendo cualquier restaurante.

Toda diferencia entre Bogotá y Caracas repercute,

de una forma u otra, en Cúcuta,

marcada por la frontera y el comercio de todo tipo,

lo que no siempre ha beneficiado a su población,

ya que sufre uno de los índices de paro más altos de Colombia

y, en buen parte, vive o sobrevive gracias a la economía informal.

El cierre fronterizo implicó precios más altos y menores ventas.

Y sus consecuencias aún se dejan notar.

Acá estamos en el corregimiento La Parada,

que es un corregimiento del municipio Villa del Rosario,

que hace parte del área metropolitana de Cúcuta

y es el municipio que está justo al lado de la frontera con Venezuela.

Es donde se condensa todo el contrabando

que se trae de Venezuela.

Toda esta zona ahorita,

a pesar de que uno ve movimiento y ve gente y carros y la cosa,

y productos por ahí, no es ni siquiera el 20 por ciento

de lo que era antes de que cerraran la frontera.

El flujo se cayó, al menos en lo oficial, por los puentes;

por las trochas, siguió y siguió de una manera que no ha parado.

Solo en este espacio, digamos en la línea fronteriza

que abarca el área metropolitana de Cúcuta,

la policía cuenta más de 150 pasos ilegales,

150 trochas, por donde a diario pasan

todo tipo de alimentos provenientes de Venezuela de contrabando,

pero sobre todo de gasolina de contrabando, gasolina venezolana,

allá la compran a un precio irrisorio, muy, muy barato

y, pues, acá la revenden a un precio y cuyas ganancias son exorbitantes.

Pues esos pasos ilegales, todos,

son controlados por bandas criminales, por grupos armados.

John, periodista del diario La Opinión de Cúcuta,

investiga, desde hace años,

el tema más peligroso y conflictivo de la frontera:

las bandas armadas, criminales y guerrilleras.

Por sus informaciones sobre los paramilitares, en 2012,

sufrió un atentado que pudo costarle la vida.

Desde entonces, le acompañan dos escoltas armados.

Pese a ello, no ceja en su trabajo.

Íbamos hacia Puerto Santander,

la Policía Fiscal y Aduanera hizo una intervención dura en este municipio,

y de regreso, emboscaron a la policía.

Yo estoy grabando. -Sí, grabe.

Un reportero gráfico, Juan Pablo Vallona,

se agachó acá atrás y grabó con su celular

este minuto y medio que es muy duro,

porque se escucha como la balacera se armó de un momento a otro

y nosotros quedamos ahí en medio de eso.

(TODOS): Buenos días, mi coronel. Yo soy Policía. Dios y Patria.

Todos a inspección.

Buenos días para todos.

(TODOS): Buenos días, coronel.

En el día de hoy,

vamos a empezar a buscar a través de los pasos ilegales,

contrabandistas, especialmente en el sentido de ubicar personas

que están contrabandeando hidrocarburos.

La Policía Fiscal y Aduanera, la POLFA,

es la encargada de luchar contra el contrabando,

que, esta zona fronteriza, es para muchos,

una forma de vida, de subsistencia.

Para las bandas criminales, como los Urabeños o los Rastrojos,

es un sustancioso negocio.

Pese al aumento de vigilancia, de controles, de uno y otro lado,

el contrabando, sobre todo de gasolina y carne, no cesa

y hace de esta zona, entre Cúcuta y Táchira,

la frontera con mayor contrabando de Colombia,

según la Dirección de Impuestos y Aduanas.

Lo más importante es llegar, tratar de hacer nuestro trabajo

y salir con todas las medidas de seguridad.

Rápido, metan esto en el camión.

Lo que siempre quieren ellos es recuperar su mercancía,

ellos siempre están buscando recuperar su mercancía.

Hay una caleta.

Vamos a hacer una cadena acá.

¿Hay vacías?

Regularmente lo que nosotros encontramos

es gente bajando con las motos y con las pimpinas,

pero la caleta, eso fue lo más importante.

¿Qué es la caleta?

Es un espacio donde están ubicando y están guardando las pimpinas,

de tal manera que las motocicletas pueden llegar acá sin pimpinas

para evitar el cerco de la autoridad.

Gasolina destinada no solo a vehículos,

sino también a la minería ilegal

y a los laboratorios donde se procesa pasta de coca y cocaína.

Según Petróleos de Venezuela, PDVSA,

este contrabando, a lo largo de toda la frontera,

equivale a unos 100.000 barriles diarios.

Tras el combustible, el contrabando más sustancioso es el de carne,

ya que las reses son un tercio más baratas en Venezuela.

Se estima que más del 80 por ciento

de la carne que se consume en la zona de Cúcuta

procede de animales que se introducen vivos,

a través de trochas, en suelo colombiano.

O bien, se pasa en sacos o plásticos.

En cualquier caso, el control sanitario es nulo.

Caballero, mire, siendo nosotros colombianos,

aquí pueden poner un funcionario de los que están allá, mira,

para que abran espacio para que pasen los colombianos.

Ahí estamos.

Va a haber una guerra civil en Venezuela por hambre,

no por política, por política no.

La gente sale por hambre a matarse,

para conseguir para sus hijos, para sus familias.

Aquí se consigue todo, por ejemplo, en Venezuela,

la caraota negra que es parte de la cultura del comer diario

no se consigue.

El azúcar es otro de los rubros que allá, no sé qué ha pasado,

pero habiendo un central azucarero por lo menos aquí en Ureña

y la gente tiene que comprar azúcar aquí.

Esta igual, harina pan,

así es muy parecido al empaque al venezolano,

pero este ya es industria colombiana, es la misma,

los mismos dueños de Venezuela que invirtieron aquí en Colombia

y trajeron entonces la empresa para acá.

Todos estos son productos colombianos,

con capital venezolano que se vino para acá.

Gleisy, venezolana, vive desde hace 15 años en Cúcuta

y a menudo comenta con sus familiares y amigos

lo que sucede a uno y otro lado de la frontera,

como la llegada a Cúcuta de centenares de colombianos

deportados por las autoridades venezolanas

tras el cierre fronterizo.

A las 72 horas comienzan las demoliciones de las casitas.

No nos dejan sacar nada.

Entonces lo que con mucho esfuerzo hemos comprado,

lo estamos sacando como si fuese robado.

Puede enfocar acá la puerta, como me la marcaron como las casas.

Mire.

Las autoridades venezolanas intervienen el barrio la Invasión,

en San Antonio del Táchira,

alegando que es un asentamiento ilegal y que sirve de refugio

a las mafias, contrabandistas y grupos paramilitares,

a los que acusa del incidente armado

en el que resultan heridos tres militares.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,

más de 1500 colombianos son deportados

y casi 18.400 retornan por miedo a ser expulsados.

Constata además que se violan sus derechos fundamentales.

Aquí no han llegado casi los ordenadores.

No, aquí no han llegado.

A la parte alta, sí, y a la parte de atrás también.

Llegado qué.

Familias deportadas.

La intención era a ver si podíamos ubicar algunas

pues para que pudieran...

Montar el rancho.

Para el próximo año vamos a ver qué hacemos con los niños,

porque hay mucho niño que no puede estudiar

porque no tiene papeles.

David Umaña,

conoce bien estos barrios de invasión de Cúcuta.

Desde hace años, trabaja, a través del centro salesiano,

en mejorar las condiciones de sus vecinos,

entre los que se cuentan la mayoría de los colombianos deportados.

Hay tres comunas en Cúcuta que están recibiendo

a todas las personas que no tienen más dónde llegar.

Son asentamientos en los que no hay agua,

en donde no hay luz con regularidad.

Por ser lugares ilegales no cuentan con la existencia

ni de jardines infantiles ni de colegios.

En la parte de salud,

el puesto de salud más cercano queda a 3 km de acá

y es un puesto de salud que cuenta con un solo médico.

Hace más de 20 años empezaron a llegar familias,

producto del conflicto colombiano, especialmente del Catatumbo.

A menos de dos cuadras de acá, en aquellos edificios,

nació el Ejercito Liberación Nacional, el ELN.

Los venezolanos que llegan a esta zona

es porque tienen familias colombianas que los acogen.

Las personas de acá están maquilas, minas de carbón,

informalidad completa y a través del contrabando.

Hay el caso de Omaira,

que, por ejemplo, a ella le demolieron su casa

y cuando ella fue a buscar sus cositas, ya no había nada.

Ella vivió la situación de la deportación.

Si quiere tengo un audio, se lo puedo compartir.

Soy Omaira Patiño.

Yo soy una de las muchachas deportadas.

Yo fui maltratada por la guardia venezolana,

fui emigrada por una trocha por el miedo a ellos, yo me escondí.

Me vine por la trocha con mis niños y mi marido.

Para mí fue muy difícil,

porque perder mi casa es algo que fue mi sueño, perder mi sueño,

la estabilidad de tener un hogar a mis hijos,

porque acá en Colombia no tengo eso.

Teníamos nuestro trabajo normal,

que era trabajar como gente honrada, normal,

nosotros no teníamos nada que ver con el contrabando,

ni con eso del bachaqueo ni de paramilitares

y todas esas cosas, nosotros no teníamos nada que ver en eso.

Cuando fue que empezó a llegar muchos soldados, mucha guardia,

muchos tanques, de esos de guerra.

Casi a todos nos marcaron la casa, a unos les decían,

les colocaban la R, reducción o algo así

y a los que les iban a tumbar les colocaban la D,

que era destrucción o desalojo.

Había muchas personas que las maltrataban muchísimo,

las colocaban al sol, al agua, en la cancha,

las echaban al camión como animales.

Yo con el miedo, la zozobra,

que me fueran a sacar y maltratar con mis hijos.

Entonces decidimos meternos por la trocha.

Lamentablemente el Gobierno colombiano nos dejó solos.

En Venezuela vivía mejor, claro.

Esta es mi historia y les agradezco cualquier ayuda que puedan ofrecer.

El caso de Omaira es similar al de nosotros.

El esposo de ella es venezolano,

ella es colombiana y los hijos son colombianos.

Y a pesar de eso, no hubo ninguna consideración hacia ellos,

respecto a que tenían ya 15 años viviendo en Venezuela.

Maricel y su familia también se vieron obligados a dejar su hogar.

Son unos de los tantos desplazados por el conflicto colombiano.

En 2010, dejaron Arauca,

escapando de la violencia generada por los enfrentamientos

entre las guerrillas, los paramilitares y el Ejército,

todo con el trasfondo de la riqueza petrolera

y una porosa frontera con Venezuela.

Elegimos Cúcuta porque él tiene la familia en Venezuela

y yo tengo la familia en Colombia,

entonces es como un punto neutral en el que algún momento

pudiéramos compartir con el resto de las familias.

Su marido, Franklin, es venezolano y Juanes, su hijo mayor, colombiano.

Natalí, la pequeña, nació en Venezuela,

pero ahora ya tiene doble nacionalidad, es colombo-venezolana.

El tiempo del cierre de la frontera, fue un tiempo muy difícil.

A mí me tocó pasar por la trocha.

La guardia, la guardia venezolana, me detuvo como por cinco horas.

Y siendo venezolano.

Siendo venezolano, estuve detenido allá.

Y de venida, también pasé por la trocha,

no me dejaron pasar para acá.

Y entonces más bien los hacen pasar por la trocha, les cobran,

hasta que ya...

La guardia les paga a otros

y ellos les pagan a otras personas acá.

Ya cuando uno cruza el río te vuelven a cobrar.

Son varios puntos ahí que hay que pagar.

Hay que pagar para poder pasar acá y lo mismo de aquí para allá.

Yo en este tiempo no he pasado para allá,

ya me da miedo ir para allá, me da miedo.

Yo no quiero ni pasar ni comprar nada allá, siendo mi país,

pero no, no me da ya por ir para allá, me da miedo.

Que me hagan alguna cosa allá.

Ya no confío en esa gente.

Refréscate la vida, solo por 150 olívares,

el refresco de manzana.

Agua, chocolate, llévese un regalo.

Cuatro chocolates, mil pesitos, 600 olívares.

Llévate un regalo.

Mira chica, se compra cabello, entresacaó,

queda igual de largo, oíste.

Se compra cabello.

Se compra volumen del cabello.

Se compra el volumen de tu cabello, queda igual de largo.

Es comprarles el volumen del cabello a las mujeres.

Y le pueden dar 100.000 pesos, 150.000 pesos,

hasta 200.000 pesos se le pueden pagar.

Y con eso, ellas se hacen un mercado.

En cambio, en Venezuela, no.

Me vine aquí a trabajar, ya que en Caracas, de donde vengo,

está difícil la cuestión.

Ya ahorita es difícil comprar una harina pan,

ya no se consigue nada, ya cada vez la gente,

lo he visto, lo he visto, se está matando por comida.

Esto es como un escape, una salida, sí.

Un día me vine a comprar, a hacer compras aquí

y lo que hice fue ver que la gente está trabajando,

hay muchas personas de Venezuela.

Yo tenía en Caracas más de dos años que no me compraba un par de zapatos

y aquí tengo tres.

Las casas de cambio abundan en Cúcuta, en La Parada.

Un negocio que, maneja,

según la Dirección colombiana de Impuestos y Aduanas,

unos 1500 millones de bolívares diarios,

una media de unos 30.000

por cada venezolano que cruza el puente Simón Bolívar.

¿Cuánto va a ser? -1,35.

Como trabaja en Venezuela, Martín compra bolívares.

Por un billete de 50.000 pesos

recibe 370 billetes de 100 bolívares.

Gracias. -Eso es todo.

Semanas después, este billete,

que, en ese momento, según el cambio oficial,

equivale a apenas 10 céntimos de euro,

da lugar a una nueva crisis, que afecta de lleno a la frontera.

Las autoridades venezolanas

deciden retirar los billetes de 100 bolívares,

que suponen casi la mitad del papel moneda en circulación,

y sustituirlos por otros nuevos de mayor valor.

Tenemos que romperlos, no sirven.

Estos billetes no sirven.

Además, cierran, de nuevo, de forma unilateral, la frontera,

aunque, en esta ocasión, la medida dura solo una semana.

Esta decisión apunta también

a las casas de cambio de la zona de Cúcuta,

en las que el 95 por ciento de las operaciones

se hacen en pesos y bolívares.

Y en base a su cotización diaria, la web Dólar Today,

con base en Miami, establece un cambio no oficial bolívar-dólar.

Para Caracas,

unos y otros son los principales responsables de la especulación

y progresiva devaluación del bolívar.

Imaginarse que una ciudad como Cúcuta,

que nuestra actividad pueda manipular toda una economía en Venezuela.

Ese superpoder que ellos nos acreditan,

nosotros no lo tenemos.

Lo que establecemos nosotros es una relación bolívar-peso

a como el mercado en Cúcuta esté.

Si durante una mañana, llegan muchas personas con muchos bolívares,

llegan bolívares, llegan bolívares, y la venta es poca,

la reacción natural, como cualquier producto es bajar el precio.

En Portada solicitó a las autoridades venezolanas

las acreditaciones para poder rodar, pero nunca recibió contestación.

Ni tampoco a las entrevistas solicitadas.

Así que, a su pesar,

solo se pudo realizar un pequeño rodaje en San Antonio del Táchira

y ello gracias a la autorización de la Guardia Nacional Bolivariana.

Nada más cruzar el puesto fronterizo,

las tiendas y puestos que jalonan la avenida principal

aparecen surtidos.

Más los comentarios que nos hacen en la calle

son similares a los oídos al otro lado del puente Simón Bolívar.

Hay demasiada escasez,

es que la mayoría de la gente está viajando para Colombia

a traer alimentos, que si la harina, el azúcar,

productos de la cesta básica y de primera necesidad.

Porque ni siquiera medicinas se consigue aquí.

Uno se enferma y hay que correr todas las farmacias

y no se consigue nada.

Nosotros, los que estamos aquí en San Antonio, estamos reyes.

Lo sentimos por los que están en Caracas, en Valencia, en Maracay,

que vienen desde por ahí a llevar un kilito de arroz

y lo que ganan no les alcanza.

Carestía, desabastecimiento, inflación rampante,

un bolívar cada día más débil.

Las causas de todo esto, se dice oficialmente,

hay que buscarlas al otro lado del río Táchira.

Aquí fluye mucho dinero en esta frontera,

aquí se encuentran la renta petrolera venezolana

en una centrífuga hacia el mercado internacional

y la renta que produce la cocaína en Colombia.

La CEPAL el mayor nudo crítico que identifico en su estudio

es que... el diferencial cambiario surge de operaciones

que no tienen nada que ver con el intercambio económico

ni con la dinámica financiera de la frontera.

Es decir, la tasa de cambio que se impone en Cúcuta,

que ni siquiera la impone el Banco de la República de Colombia,

sino que la impone un aparato de capital ficticio

con sede en Miami,

pues determina la capacidad e incluso el poder adquisitivo

de la gente de la frontera.

Es uno de los temas que permite estimular el contrabando,

es uno de los temas que permite la legitimación de capitales,

creo que en Europa lo llaman "lavado de dinero".

Es una operación de especulación financiera importantísima.

Los hijos de Martín

cruzan todos los días el puente para ir a su colegio,

en San Antonio del Táchira.

Cualquier crisis fronteriza,

les afecta e incluso impide ir a clase.

Pese al intenso paso peatonal,

la frontera no ha recuperado su ritmo anterior:

aún no pueden pasar los vehículos particulares y cierrapor la noche.

Llevamos las maletas.

¿Le llevamos la bolsita, el carro, los bulticos?

Hasta Venezuela se lo llevamos.

En el centro del puente, esperan los maleteros.

Unos, parecen organizados.

Otros, apenas unos chavales,

trabajan por su cuenta y parecen llevarse bien.

Vienen a diario para intentar ganarse un dinero

para ayudar en casa.

Yo hice bachiller y mira, tengo que estar,

porque no alcanza para uno estudiar, no puede sustentar la casa

porque no le alcanza con el sueldo que hay allá en Venezuela.

Y ahorita como está el cambio, pues peor todavía.

Generalmente, los bultos, paquetes y maletas

viajan hacia el lado venezolano, de donde viene gente

incluso de lugares lejanos como Caracas, Maracay, Barquisimeto.

No pueden pasar ni cauchos, ni repuestos de carros.

Entonces, hay mucha gente perjudicada.

Tanto allá como aquí porque están molestando allá,

igualito aquí los guardias nacionales y allá la DIAN colombiana.

¿Cuánto cobráis por porte? -Dos mil, 1500 bolívares.

¿Y eso os alcanza?

No. -Para una harina.

Por lo menos con esto dos sacas de harina.

Con esto desayunamos.

Con esto desayunamos, más nada.

¿Nada más? -Más nada.

Y por ahí, si le queda, le quedará como 500 bolívares,

para medio almorzar.

Y el policía lo reventó,

que es lo que está mostrando este muchacho acá,

mira cómo está todo reventado.

¿Y usted llevaba esto para allá? -Sí.

¿Qué es, mercado?

Señora, hágame el favor,

prohibido el ingreso de productos cárnicos.

Esto está prohibido.

Hágame el favor y me colabora.

Todo el día igual, todo el día,

porque la frontera está abierta solamente para paso peatonal,

acá no hay flujo vehicular de ningún tipo.

Le llenamos la planilla con la compra del lapicero,

pase por aquí.

Se le llena la planilla, los lapiceros,

le llenamos la planilla.

Lo más importante es que acá queda migración Colombia,

que es donde todos los venezolanos que vemos de este lado

están cruzando la frontera, el lado venezolano queda hacia allá.

Están entrando en territorio colombiano

y tienen que legalizar su situación al entrar en Colombia,

es decir, notificarle al Gobierno colombiano que van a entrar

y se supone que decir cuántos días se van a quedar

en territorio colombiano.

Entonces es un dato de migración Colombia,

el flujo diario de venezolanos hacia Colombia

oscila entre 25.000 y hasta 50.000 personas cada día.

Gleisy se vino de Venezuela no por razones económicas,

sino familiares.

Quería un entorno más seguro para sus hijos.

No se arrepiente de su decisión.

Cree que, en la zona de Cúcuta, sus hijos viven mejor

y ha logrado repartir su tiempo en diversas actividades y trabajos

que ayudan a la economía familiar.

Y ellos llegaron muy pequeñitos aquí,

pero cuando me doy cuenta, hace tres años,

que ellos son venezolanos de nacimiento

y que no saben ni siquiera cual, yo me descuidé en eso,

ni siquiera sabían cuál era la capital de Venezuela,

ni el himno se lo sabían.

Entonces, eso también me hace reflexionar

y decido ponerlos a estudiar allá.

Al año de yo haberlos pasado, fue el cierre de frontera,

que fue un año bastante duro para ellos,

fue un año durísimo, durísimo, muy duro.

Esta gente ha agilizado mucho,

los de la DIAN han agilizado mucho el paso.

Ahora yo no sé las personas que vienen.

No, las que van para el interior

que tienen que pagar los impuesto y eso.

Es diferente.

El profesor de inglés nos preguntó cuál era el mejor cacao del mundo

y nosotros no sabíamos.

Decíamos, Suiza, Estados Unidos.

¿Estados Unidos? -Sí.

Está bien, la lección es esa.

Cómo es posible, todos venezolanos,

y no sabían que el mejor chocolate del mundo es venezolano.

(Suena móvil)

Mira, tu mamá.

Aló. -¿Bendición?

Dios la bendiga, ¿cómo están? -Chévere, chévere, gracias a Dios.

¿La cosa cómo se encuentra por allá, se encuentran todo los productos?

No, negativo.

¿Pero ni siquiera sobreprecio?

Y sabes que me estaban contando que mucha gente delgada, ¿no?,

que mucha gente delgada.

Está desapareciendo.

La dieta Maduro.

La dieta Maduro, pero quién sabe la dieta que tiene Maduro.

Pues Maduro está bien gordo. -Está inmenso.

Al atardecer, los pasos se apresuran,

para llegar a tiempo a una u otra orilla.

A las 8 o las 9 de la noche,

según el reloj marque hora colombiana o venezolana,

el puente más transitado

de la frontera más dinámica de Sudamérica, queda cerrado.

Al amanecer, recuperará su propio latido,

la unión de dos orillas.

Subtitulación realizada por Carmen Sevilla Machuca.

  • El puente de Bolívar

En Portada - El puente de Bolívar

27 mar 2017

En Portada viaja esta semana al punto fronterizo más dinámico de América Latina, el puente Simón Bolívar, que une Cúcuta (Colombia) y San Antonio del Táchira (Venezuela). A ambas orillas del río Táchira, colombianos y venezolanos comparten lengua, gastronomía, familias, historia, economía, problemas y conflictos. Unas relaciones fluidas, no exentas de problemas, que se vieron interrumpidas por el cierre del puente durante un año.
Su reapertura en agosto fue una fiesta multitudinaria. Desde entonces, aunque el paso aún está limitado y no ha recuperado la fluidez de antaño. Colombianos y venezolanos cruzan a diario este puente en un incesante ir y venir, buscando en el otro lado lo que más les conviene. Los colombianos, la gasolina barata de Venezuela. Y los venezolanos, los comercios donde encuentran los innumerables productos de primera necesidad que han desaparecido de sus tiendas. Un trasiego de mercancías, abonado por la diferencia de precios, da pie también a un contrabando al por menor y otro, mucho mayor, controlado por grupos criminales.

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