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Para todos los públicos En Portada - Prisionero 151/716 - ver ahora
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No puedo dormir más de dos horas seguidas, imposible...

Y normalmente, esas dos horas me quedo en una especie de vigilia.

Tanto dormido como despierto,

a veces me viene a la mente el entorno de la celda.

Me siento como si hubiera vuelto a la cárcel.

Otras veces siento como si tuviera una parálisis.

Pierdo totalmente el control de mi cuerpo,

no puedo moverme.

Ese estado dura de 5 a 20 minutos.

Es parecido a lo que sentía cuando me torturaban.

Durante la tortura,

el ser humano entra en una muerte clínica total.

Y eso me sucede a menudo.

Vi cómo torturaban a todo el mundo.

Ali duerme en el salón.

No logra conciliar el sueño en lugares cerrados u oscuros.

Demasiados recuerdos.

Demasiado dolor.

Fue un año eterno en tinieblas.

Quince años después,

aquel infierno lo sigue atormentando.

Todavía hoy, no puedo vivir en un lugar o en una casa con bañera.

La gran amenaza eran unas armas de destrucción masiva

que nunca se encontraron.

Así se justificó la invasión de Irak en marzo de 2003.

En octubre,

las tropas estadounidenses detenían a Ali Alqaisi

cuando se dirigía al instituto a dar clase.

Llevaban un mes detrás de él.

Era el jefe tribal de Abu Ghraib

y había decidido sacar a la luz

lo que el ejército invasor estaba haciendo en su zona.

Como cualquier iraquí, estoy en contra de la ocupación.

Mi lucha contra ella fue de forma pacífica:

contacté con los medios de comunicación internacionales

con el objetivo de desenmascarar los crímenes de la ocupación en Irak.

Por ejemplo: matanzas,

bombardeos en zonas habitadas por civiles, en hospitales,

o el uso de armas prohibidas internacionalmente.

Lleva seis operaciones en la mano izquierda.

Tiene la clavícula rota.

Las lesiones en las rodillas

le impiden desprenderse de las muletas.

A ellas se aferra para mantenerse en pie.

Ali Alqaisi tiene 56 años, pero no puede trabajar.

Cada paso por este corredor ensombrece su alma.

Martillean su mente los recuerdos

de su entrada en la prisión de Abu Ghraib

aquel 13 de octubre de 2003.

Nada más entrar en la cárcel de Abu Ghraib,

ibas a un lugar que llamaban “Recepción”.

Había un cartel en el que lo ponía.

Era donde recibían a los detenidos.

Los registraban y les asignaban números.

En su memoria aún resuenan los gritos de dolor

de prisioneros heridos a los que nadie auxiliaba.

Aquel recibimiento no era más que la antesala del calvario.

El primer interrogatorio no tardaría en llegar.

El ejército estadounidense

lo consideraba un "pez gordo" de la insurgencia.

Un interrogador parecía enfadado,

otro sonreía y un tercero sólo escribía.

Y en todas las sesiones había una chica sentada.

Esa chica hacía gestos provocativos.

Hasta su ropa era provocativa.

A veces, se empeñaba en cachear al detenido en sus partes sensibles,

durante la sesión de interrogatorio,

con el pretexto de buscar un tatuaje, una marca...

Insistían, durante el interrogatorio en la tienda,

en que aquello no era nada, comparado con lo que me iba a pasar.

La respiración se entrecorta al entrar a este siniestro lugar...,

construido a finales de los 50

por los mismos prisioneros

que después serían torturados por la Stasi.

Ali Alqaisi vive en Berlín,

pero, visita esta cárcel por primera vez.

Sus temores se reavivan.

Sólo logra sentirse a salvo con las llaves en su poder.

Los templos de la tortura son universales.

Tienen un diseño gélidamente calculado

para infligir dolor o sufrimiento,

ya sea físico o mental.

Ellos siempre utilizaban un apodo, un mote raro.

A mí, nada más entrar, me llamaban Colin Powell.

La persona se convierte en un número

y desaparece para siempre su identidad.

Aquel número, el 151/716,

era sólo el comienzo

de un perverso proceso de deshumanización

que acabaría en la expresión más execrable

del comportamiento humano: la tortura.

A diferencia de otras formas de maltrato,

la tortura se comete intencionadamente

y con una finalidad:

arrancar una confesión, intimidar, coaccionar a la persona

o simplemente castigarla.

Hola amigo. -Hola amigo.

Nos encontramos en la antigua prisión de la Stasi,

una prisión de la Policía Política de la Alemania comunista

y te quiero mostrar algunos espacios

donde estaban los prisioneros políticos.

Jorge Luis García Vázquez fue uno de ellos.

Nacido en La Habana,

la Policía Política de Fidel Castro

intenta reclutarlo en Berlín como espía;

pero él decide escapar y ayuda en su huida a otra persona.

La Stasi lo detiene.

La tortura psicológica fue la nueva arma utilizada entonces

por la Policía Política en los años 60.

Métodos científicos para destruir a la persona,

llevarla al punto más bajo de la autoestima.

Nunca veías a nadie.

Cuando estaba la lámpara roja encendida,

nos daban la orden de ponernos cara a la pared

y tenías que estar con la cara frente a la pared,

con las manos sobre la espalda hasta que pasaran otros prisioneros.

O sea, que siempre estabas solo, completamente.

Y cámaras de vigilancia.

Había que dormir siempre sobre la espalda.

La cara siempre descubierta.

El prisionero no se podía girar completamente en la cama,

y eso lo controlaban por la noche.

La posición.

Eso es una forma también de quitarle el sueño al prisionero.

La persona no podía dormir.

Y lo cansaban entonces psicológicamente.

La Alemania del Este

exporta sus técnicas de tortura a otras dictaduras comunistas.

Estudian y perfeccionan mecanismos

para agotar psicológicamente al prisionero

sin dejarle huellas físicas.

Me traen para esta prisión.

Aquí estuve durante 8 días detenido en condiciones muy difíciles.

Yo siempre digo que si hubiese estado en esta prisión mucho tiempo,

yo no podría volver aquí.

Solamente vuelvo porque estuve poco tiempo.

A veces, tres días o dos días son suficientes

para destruir psicológicamente a una persona.

-Mi número 151/716.

-Tu número en prisión. El mío, 33/87.

Lo llaman el submarino.

Eran las celdas de aislamiento.

Bajo tierra.

Desde 1947, fue la principal prisión preventiva

de la Fuerza de Ocupación Soviética en Alemania.

Los prisioneros tuvieron que reconstruir la cantina

de un edificio industrial

para convertirla en su propia cárcel.

Ali siente que ha vuelto a Abu Ghraib,

otro templo de la tortura.

Primero, la que ejercía la dictadura de Saddam Hussein;

después, la que cometieron las Fuerzas Estadounidenses

durante la ocupación de Iraq.

La fiesta de bienvenida duró cinco días.

Durante ese tiempo, me tuvieron desnudo

y cuatro de esos cinco días, estuve atado a la puerta de la celda,

en una postura muy incómoda.

En esos cuatro días,

me sometieron a las peores y más viles formas de tortura.

Y el quinto día, la tortura fue con música.

Tumbaban a la persona boca abajo en el suelo,

ponían altavoces a todo volumen cerca de sus oídos.

La música estaba altísima.

Cuando la paraban,

todavía resonaba en mi cabeza un día entero.

Las sesiones duraban 15 horas o más.

Te prohibían beber agua y te encadenaban al suelo

en una postura incómoda, sentado en una silla.

También nos tiraban heces...

o se orinaban encima del detenido.

Conmigo lo hicieron mucho.

Te apuntaban con la punta de la metralleta a la cabeza.

La cargaban y gritaban en árabe: "aadam", ¡ejecución!

O nos metían objetos en las partes sensibles del cuerpo.

Nos penetraban con un palo de escoba partido y nos hacían sangrar.

O nos daban descargas eléctricas en nuestras partes sensibles.

O nos ataban de ahí...

Esta foto me la hicieron en el segundo piso,

cerca de mi celda.

Esto es lo que llamaban la zona de espera,

que estaba al lado de la sala de interrogatorio.

La espera allí podía durar desde dos minutos hasta diez horas.

Y el trayecto de regreso a mi celda también podía durar lo mismo.

De ir agachado, se lesionaron mis rodillas;

porque te llevan, subes la escalera, andas, bajas en cuclillas...

Esto te deja...

(SUSPIRO).

Y después empezó el viaje de la tortura, que duró 15 días.

Y el último tuve que ponerme en esa postura, como otros detenidos:

quedarme de pie, inmóvil.

Ali Alqaisi iba encapuchado cuando le conectaron los electrodos

y le hicieron subirse a una caja.

Esta fotografía se convirtió en el icono de la tortura

que las Fuerzas Invasoras infligieron

en su llamada "Guerra contra el Terror".

Ali se reconoce en la foto.

Yo estaba de pie así

y otros presos también,

pero estoy seguro de que el de la foto soy yo,

porque aquí tengo algunas quemaduras

que me hicieron... con unos palos eléctricos.

Quizás, podría ser otro de los presos torturados.

Que sea él o no es lo de menos.

Ali vuelve a sufrir aquel tormento

cada vez que se enfrenta a esa imagen.

Lo tuvieron cinco días sin comer ni beber.

Cinco días sin dormir y sin ir al baño.

Y desnudo, hasta que el interrogador le dio una manta.

Ali la frotó contra la pared

hasta hacer un agujero para poder vestirse con ella.

Me senté y me pidieron que hiciera el gesto de OK,

con los pulgares arriba.

Me cogieron la mano y me sujetaron los dedos así.

Lo hice y noté que me ataban algo a los dedos;

pero como estaba encapuchado, no lo vi.

Uno... No. Tres, dos...,

uno, cero...

Y se reían a carcajadas.

Sentí una sacudida.

Los ojos se me salían de las órbitas por la descarga eléctrica.

Saltaban chispas.

Esa sesión duró una hora o algo menos.

Entonces es cuando me derrumbé;

pero me obligaron a ponerme en pie otra vez.

Stop...

Pause...

El dolor le impide seguir.

Por supuesto,

la tortura que me infligieron en mis partes sensibles...

supone para mí una enorme humillación.

El objetivo era quebrar al ser humano,

anularlo a través del dolor:

que perdiera sus fuerzas y su dignidad.

Si aquellas fotos de la vergüenza no se hubieran publicado,

seguramente no habríamos conocido ninguno de los abusos

que se cometieron en Abu Ghraib.

(SUSPIRO).

Estoy seguro de que lo publicado hasta ahora en los medios

no es ni la millonésima parte de lo que realmente ocurrió

en la prisión de Abu Ghraib

y en las otras 76 cárceles que había entonces en Irak.

Abu Ghraib era sólo una de esas 76 prisiones.

15 de ellas eran centrales, similares a Abu Ghraib.

Ladridos

Utilizaban perros prácticamente a diario.

Al principio, lo consideraban como algo normal,

con el pretexto de registrar las celdas;

aunque allí no teníamos nada y ellos lo sabían.

También los utilizaban durante los interrogatorios.

Nos aterrorizaban soltando a los perros.

Era un método más de tortura.

Tengo una mordedura de perro aquí.

Me arrancó un buen trozo de carne.

Ali Alqaisi ya no teme a los perros;

pero se muestra cauto

e incluso reacio a visitar lugares que no conoce.

Necesita sentirse seguro.

A menudo viene a este parque a escribir,

a leer o simplemente a ver la vida pasar.

Empezó a escribir poesía desde su celda en Abu Ghraib.

Era el refugio de su alma para sobrevivir a la pesadilla.

Ponían en la bañera al prisionero

con dos o tres grandes bloques de hielo.

Cada bloque tenía un metro de largo por unos 20 o 30 cm de ancho.

Eran de esos bloques que venden en Irak.

Ponían dos o tres bloques en la bañera con el detenido

y al mismo tiempo, encendían un ventilador.

Ese método era de los peores.

Otro consistía en hacer un cono con una hoja de papel

y mientras el detenido estaba tumbado en el suelo, boca arriba,

le ponían el cono en la nariz y le echaban agua.

Eso también lo vivimos.

Hoy en día,

Ali es incapaz de enfrentarse a un problema doméstico

con el agua o la electricidad.

Le cuesta creer que el agua pueda resultar terapéutica o relajante.

Para él, es sinónimo de tortura.

La humillación mediante la simulación de ahogamiento

era muy cruel en la prisión de Abu Ghraib,

porque metían al detenido en una bañera grande llena de agua

con una tela sobre la cara,

que le impedía respirar,

para hacerle sentir que se estaba ahogando de verdad.

A mí me lo hicieron muchas veces en Abu Ghraib.

Era horrible,

especialmente cuando trasladaron al director de Guantánamo

a la prisión de Abu Ghraib.

En el agujero negro de Guantánamo, todavía siguen recluidos 41 hombres;

la mayoría, sin ser procesados y sin juicio,

después de más de 15 años.

Allí la simulación de ahogamiento con agua o "waterboarding",

se ha llegado a aplicar hasta 180 veces en un mes

a un mismo recluso.

La CIA la incluía

entre sus llamadas "técnicas de interrogatorio mejoradas",

que los expertos consideran métodos de tortura.

El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, las autorizó,

a finales de 2002,

poco después de que el general Geoffrey Miller tomara el mando

de la prisión de Guantánamo.

En 2003, Geoffrey Miller, entonces director de Guantánamo,

fue a Iraq;

visitó la prisión e introdujo sus técnicas de tortura

en el escenario de Iraq.

Así que, básicamente,

lo que Estados Unidos estaba usando desde hacía un año ya en Guantánamo,

eran un gran número de técnicas distintas de tortura,

que se introdujeron entonces con los interrogadores militares

y los contratistas privados en Abu Ghraib.

-Entre otras muchas cosas,

te amenazan con detener a tu familia, a tus hermanas.

En ese momento, sólo deseas morirte...,

para salvarte y poner a salvo a tu gente.

La Gestapo también utilizaba a los familiares del detenido

para aumentar la presión.

Los torturaba

o los obligaba a presenciar sus atroces interrogatorios.

La Policía Secreta del régimen nazi

tenía su cuartel general y su propia cárcel

donde hoy se alza este memorial:

la Topografía del Terror.

Ser judío, gitano, homosexual, testigo de Jehová u opositor

se convertía en objeto de persecución y exterminio.

El Tercer Reich convirtió la tortura en una ciencia.

¿Cómo se siente cuando está en un lugar como éste,

que fue creado para generar terror?

Siento lástima y dolor por lo que han hecho esos verdugos,

esos tiranos, que no han llegado a comprender la verdad.

Lamentablemente, todavía hay quien sigue usando sus métodos.

Frente a las imágenes del genocidio,

Ali recuerda las escenas de terror que veía en Abu Ghraib.

Las celdas daban a una sala de interrogatorio

y estaban cubiertas por cortinas.

Cuando empezaba una sesión de tortura,

las descorrían.

En la escena del fusilamiento, Ali reconoce la mirada de horror.

Él hubiera preferido morir, a ver lo que vio.

Algunos prisioneros se golpeaban la cabeza contra la pared

porque no podían soportarlo.

He visto cómo violaban a chicas delante de sus padres.

Cómo violaban a mujeres ante sus maridos.

Cómo violaban a niños delante de su madre y su padre.

He visto cómo a un niño le prohibían orinar durante un día entero

y lo amenazaban con que si se meaba encima, lo castigarían.

Después, lo trajeron para que orinara de pie,

y al levantar la capucha,

vio que estaba orinando encima de su padre.

Es el súmmum del sadismo.

He visto, y eso es lo peor que hemos presenciado,

a una mujer interrogadora,

atarse un consolador y violar con él a los prisioneros.

Los ataban a las puertas de sus celdas...

y los violaban.

Lo siento.

Tras el escándalo de las fotos,

el Ejército estadounidense abre una investigación oficial.

Reconoce sólo parte de los abusos.

Poner a los detenidos en posturas sexuales humillantes,

obligarlos a masturbarse o causarles heridas físicas

se considera acto criminal.

Pero no aprecia delito en privarlos del sueño.

Tampoco, en esposarlos en posturas incómodas...,

ni en mantenerlos durante horas sobre una caja

conectados a unos electrodos.

Según la investigación, no se trata de tortura,

sino de un "procedimiento estándar",

permitido en los interrogatorios.

Si esto era un "procedimiento estándar",

existe una prueba clara de un crimen de guerra,

porque es tortura poner a una persona en una postura así,

amenazarla y darle descargas eléctricas.

Y "procedimiento estándar"

significa que se convirtió en una forma habitual de proceder

y los que lo pusieron en práctica deben rendir cuentas.

-Espero que el pueblo estadounidense entienda que no pido venganza,

sino solamente que haya un juicio

contra los que han cometido este drama atroz.

Espero que esto no vuelva a suceder nunca más.

Ali Alqaisi busca justicia

en varias organizaciones de derechos humanos.

La tortura es la principal cruzada

del Centro Europeo para los Derechos Humanos y Constitucionales.

Las leyes son a la vez su espada y su escudo.

Ali reclama justicia, no sólo para él.

-Estamos hablando de alrededor de 60.000 o 70.000 detenidos.

Todos son de la misma confesión religiosa.

Hace cinco días que no tenemos noticias de ellos,

desde los enfrentamientos.

-Buscaremos información

sobre los responsables de las detenciones

y de la tortura de los prisioneros,

para ver si hay base legal en la ONU o en Ginebra

o desde aquí podemos iniciar algunas actividades.

En Abu Ghraib tenemos pruebas claras

de que se violó la Convención contra la Tortura.

No eran sólo lo que Estados Unidos llamó "algunas manzanas podridas",

sino que se planeó desde más arriba,

desde el Ministerio de Defensa y Donald Rumsfeld.

Ninguno de los soldados

que participaron en las infames fotos

ha cumplido más de siete años de condena.

Ningún cargo político ni alto mando militar

ha sido juzgado.

La lucha por la justicia para los supervivientes a la tortura

es una lucha interminable,

porque esos supervivientes arrastrarán consigo lo que les pasó

durante toda su vida.

-El momento en el que nos quitaron la capucha,

vimos que estábamos en la carretera principal.

Y como no estábamos esposados ni atados,

todo apuntaba a que volvíamos a casa.

"Go home", volver a casa de verdad, con todo su significado.

Estaba contento por mi liberación...,

pero me quedé preocupado

por tantos inocentes que quedaban bajo tortura.

Aun así..., fue un momento feliz.

Justo después de mi puesta en libertad,

creé la Asociación de Víctimas de la Ocupación

para documentar las violaciones que se cometían en las prisiones.

Como resultado de mi trabajo,

empecé a sufrir acoso y amenazas desde diferentes partes,

entre ellas, las Fuerzas estadounidenses y británicas.

Sufrí un intento de asesinato por parte de Al Qaeda,

las milicias y demás.

Eso me obligó a marcharme de Irak.

Ali Alqaisi vive en Alemania como refugiado.

Nunca ha formado una familia

para no poner a nadie más en peligro.

Asegura que todavía hay quien quiere comprar su silencio.

Esta es una carta, doctor, que me ha llegado en alemán

y no sé de qué se trata.

Lleva ocho años en este país,

pero todavía necesita ayuda con el alemán.

Es de la agencia de la vivienda. -Sí.

Este modesto Instituto de Cultura Árabe es su segundo hogar.

Aquí conecta con sus raíces y combate el desarraigo

a través de la cultura en la que se educó y creció.

Hoy su rostro se ilumina.

Visita a su amigo Ramzi,

lo más parecido a una familia que tiene en Alemania.

Su paisano es un excelente cocinero y también, un gran conversador.

Vino a Europa en busca de la democracia

que no encontraba en su país.

Es un documental que dice

que Hitler y el nazismo no eran más que una cara de Wall Street.

Wall Street está implicada en todo lo que ha acontecido en la historia,

por el dinero.

-Mira...,

el camino más fácil para enriquecerse

consiste en que te hagan una oferta y le saques provecho.

Mira ahora los ricos de Irak...,

por qué se han hecho ricos.

Estoy seguro y convencido

de que una de las peores causas de la violencia

que está sacudiendo actualmente a Iraq y a toda la región

son las detenciones arbitrarias que se han hecho en Irak o en Siria.

Esas prisiones han llevado a la gente a la más absoluta desesperación

y tristemente, muchos de ellos llevan una vida difícil

y han optado por la violencia.

La tortura ha demostrado resultar ineficaz

para obtener información.

Y en muchos casos, sólo ha servido para generar más odio y violencia.

Pero, hoy en día, demasiados Estados la siguen utilizando.

Autocracias y democracias.

La Convención contra la Tortura,

ratificada por más de 150 países,

deja claro que ninguna situación justifica la tortura.

EN OFF: "En ningún caso, las circunstancias excepcionales,

como el estado de guerra o la amenaza de guerra,

se pueden invocar como justificación de la tortura".

Hay algo que la tortura siempre consigue:

dejar secuelas en sus víctimas.

Su mente nunca se libera del todo.

El filósofo austríaco judío, Jean Améry,

torturado por la Gestapo y superviviente del Holocausto,

escribió:

EN OFF: "Quien ha sido torturado lo sigue estando.

Quien ha sufrido el tormento,

no podrá ya encontrar lugar en el mundo.

La maldición de la impotencia no se extingue jamás".

-Pero, mientras sigamos vivos, el sueño continúa.

El hombre al que intentaron derrumbar bajo aquella capucha,

el prisionero 151/716,

arrastra la losa de la tortura.

Pero, su rebeldía y su coraje no se rinden.

Y su lucha pacífica por la justicia

le devuelve la dignidad que sus verdugos,

en nombre de la democracia, le intentaron arrebatar...

a él y a tantos otros.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

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En Portada - Prisionero 151/716

05 nov 2018

En Portada ha estado con uno de los iraquíes que fueron torturados por las tropas estadounidenses en la prisión de Abu Ghraib. Ali Alqaisi se reconoce en esta foto icónica que dio la vuelta al mundo. Ali ha desgranado para En Portada las torturas y vejaciones que las tropas estadounidenses le infligieron en la prisión de Abu Ghraib. “La tortura no se olvida nunca”. Han pasado quince años y Ali sigue arrastrando la losa de aquel proceso de deshumanización que empezó cuando, a su entrada en prisión, le asignaron el número 151/716.

Alqaisi sigue reclamando justicia para él y para los miles de iraquíes torturados por las tropas invasoras. Asegura que lo que ha trascendido a los medios de comunicación es una parte ínfima de las torturas y abusos que se cometieron. Abu Ghraib era sólo una de las 76 cárceles que había entonces en Irak.

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