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Para todos los públicos En Portada - Mostar - ver ahora
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Subtitulado por TVE

Siento algo muy especial,

cuando paso la barandilla del Puente Viejo.

De repente, todas mis emociones se esfuman.

Y siento que solo existimos el río y yo.

Lo mejor de cuando salto es al emerger del agua,

es como si volviera a nacer.

Mires donde mires en Mostar, siempre está presente el Stari Most.

Esta es la historia de una ciudad a la que le da nombre su puente.

Los puentesconfiguran el paísaje de los Balcanes

y presiden la vida de sus habitantes.

Y éste, parece latir al compás

de los pasos del agitado destino de sus ciudadanos.

Cámil ve en él, el reflejo de su propia vida,

por eso incluso estuvo dispuesto a perderla por defenderlo.

El puente y el Neretva, para él mucho más que los símbolos de Mostar

Este es el lugar más concurrido de toda la ciudad,

aunque casi todos sean turistas que buscan la ansiada foto de postal,

del símbolo de la paz y de la guerra.

Saltar desde el puente al Neretva.

Esta tradición representa la unión de los habitantes de Mostar

con su puente y su río.

Algo que llevan practicando desde hace varios siglos

y que asocian a la masculinidad y la valentía.

Jóvenes que se transforman en héroes cuando cumplen ese sueño.

A Igor el puente solo le trae buenos recuerdos,

su época de la infancia,

el lugar de reunión con sus amigos

y ahora donde practica su gran afición

y también se gana la vida.

Cada mañana se dirige al club de saltadores

situado en una de las torres

que guardan y custodian el Puente Viejo.

Veintisiete metros de altura

y la temperatura del agua del río no sube de los ocho grados

en plena época estival.

Los jóvenes intentan rentabilizar su esfuerzo.

Nos presentamos al mundo con nuestros saltos

y así nos ganamos la vida,

porque éste es el único trabajo que podemos hacer

durante la temporada de verano.

Las esmeraldas aguas del Neretva

dividen en dos a la ciudad de Mostar:

la parte este y oeste.

Un río, un puente, dos orillas y dos comunidades.

Dos vecinos que siguen dándose la espalda

veinte años después de que acabara la guerra más cruenta de Europa

después la Segunda Guerra Mundial.

Tenemos esta parte de la ciudad que le llaman Mostar oeste

o Mostar croata o como queráis

y esta parte está en expansión.

Se construye, se amplia.

Por otro lado, tenemos lo que llaman Mostar este,

donde la mayoría de la gente es bosniaca,

está asentada, paralizada.

No se construye, es la parte vieja, el núcleo histórico.

Esta es la realidad de Mostar.

Cámil nos llevaa la parte croata de Mostar, la más moderna.

La guerra hizo que muchos dejaran de llamar a la ciudad por su nombre.

Ahora solo son del este o del oeste,

del barrio musulmán bosniaco o del católico croata.

Aunque tradicionalmente los croatas se situaron en esta parte del río,

antes la población estaba mezclada,

pero la convivencia entre croatas, musulmanes y serbios

que antes de la guerra eran las tres comunidades

que siempre habían habitado en esta ciudad,

se derrumbó como muchos de sus edificios.

Goran no tiene ningún vecino musulmán,

pocos deciden irse a vivir al lado que no les corresponde.

Pertenece a esa primera generación de la posguerra,

los que la conocen solo de oídas.

Aunque es bosnio croata

no quiere identificarse con ninguna comunidad,

pero eso, no le impide ver claramente

que en Mostar hay dos mundos.

Si tomas una foto desde el cielo, una foto de Mostar,

puedes ver un bello río y dos partes

y el lado este está pintado en blanco y negro

y el oeste está pintado en color.

Ese es el problema.

Un lado crecey el otro no: ¿Por qué?

Algunos quieren que sea así.

Algunos, lo quieren así.

Si miras por aquí, alrededor, todo está creciendo

no tenemos ninguna ruina, al otro lado hay muchas ruinas.

Apasionado del hip hop, un estilo desafiante como su actitud

hacia la forma de pensar de algunos de los que le rodean.

Para Goran no hay límites en su ciudad,

por eso es de los pocos croatas que estudia en la Universidad

situada en la parte este, en la zona musulmana,

donde nos confiesa que, además,

la matrícula le sale mucho más barata.

Por qué tenemos dos idiomas cuando cada uno puede entender

al otro perfectamente,

tenemos dos idiomas que son el mismo, pero tenemos dos idiomas,

pero si son lo mismo, es de risa,

es divertido desde un punto de vista;

es decir, es triste y solo puedes reírte de ello,

es divertido porque es estúpido, verdaderamente estúpido.

Cámil conoce a todos en esta parte de la ciudad,

siempre ha vivido junto al puente,

donde como otros jóvenes, practicaba sus saltos.

Fueron sus años más felices, hasta que a los 21,

la misma edad que ahora tiene Goran,

su vida dio un terrible giro.

Cámil forma parte de otra generación

a la que le cuesta dejar atrás aquella pesadilla.

Recuerdos, que cada vez que cruza el puente

le vienen a la cabeza.

Nunca pude imaginar que iba a suceder algo tan gordo,

tan horrible,

que iba a cambiar mi vida por completo

y la guerra de verdad que cambió toda mi vida.

En aquel momento, todo lo que era antes,

ya nunca volvió a ser igual.

Empezó la guerra en Bosnia Herzegovina,

el país empezó a arder.

Fue invadido.

Empezaron los asesinatos de civiles,

la destrucción de las ciudades,

mi ciudad fue atacada.

Yo quise defender a mi ciudad, a mi familia, a mi país.

Es la única razón por la que me puse el uniforme.

Formaba parte de una unidad,

que estaba situada en el casco viejo directamente al lado del Puente Viejo

y su nombre lo dice "Mostari", guardianes del puente,

era la unidad compuesta

por aquellos que solíamos saltar desde el puente

y por gente que vivía aquí en el casco viejo.

Era la unidad directamente encargada de defender el Puente Viejo

y la Ciudadela.

Esto ha sido...

Esto fue igual que ver la muerte de un ser cercano.

Como si perdieras al miembro más querido de tu familia,

alguien que es para ti el más especial.

Fue un shock para nosotros

que sentimos a este puente en nuestro corazón,

simplemente no podíamos creer lo que veían nuestros ojos;

que ya no había puente,

mirábamos el vacio y no dejábamos de ver el puente.

Un hueco que hizo sentir huérfanos a muchos de los ciudadanos de Mostar

Unas pasarelas provisionales intentaron después unir

lo que la guerra había dejado patente,

la división de una ciudad

hasta entonces, ejemplo de convivencia.

Pero los ojos de muchos de sus habitantes

seguían conservando a su puente en la retina

y tras once años de duro trabajo, supervisado por la Unesco,

el puente resurgió de sus cenizas.

Una réplica exacta llenó el vacio,

pero el milagro no pudo resucitar la ansiada convivencia

reducida a escombros como el antiguo puente.

El nuevo ya estaba allí,

peropara algunos,

es como si para entonces hubiera perdido el alma.

Goran, ¿Qué significa este puente para ti?

Para mí, el puente viejo es la representación de la ciudad,

yo diría un símbolo de la ciudad,

los puentes en general suelen representar la conexión,

ellos conectan dos lados y el Puente Viejo es único.

Tengo algunos amigos croatas

que, durante todo el tiempo que han vivido aquí,

nunca han cruzado este puente, nunca, nunca, ni siquiera el Puente Viejo,

el símbolo de esta ciudad

es algo que... ¿puedes creerlo?

¿cómo puedes vivir en tu ciudad durante 25 años

y no cruzar el puente?

-Ahora estamos en la antigua línea de separación,

la primera línea de frente, entre el armiya de Bosnia Herzegovina

y el ejército croata

que estaba en la otra parte de esta carretera.

Esto es el bulevar.

Una línea invisible,

una barrera invisible, que aún está aquí.

Y como si hubiéramos viajado a otro país,

en el campus de la Universidad croata,

el puente de Mostar parece estar muy lejos.

¿El puente? No sé... no significa nada para mí,

es parte de Mostar,

es un símbolo de Mostar, pero no me dice nada.

-Es solo un puente, la gente de aquí, no piensa demasiado en eso.

Para mí es solo un puente para poder cruzar de un lado a otro.

Está en la parte musulmana así que para mí, no significa mucho.

Eso es, lo que es para mí.

Algunos estudiantes confiesan

que rara vez pasan al otro lado de la ciudad.

La falta de comunicación entre las dos comunidades

les convierte en auténticos desconocidos.

Solamente he construido mi vida aquí,

porque no tengo necesidad de ir a la otra parte,

no hay mucho allí, solo un par de cosas.

El puente tiene una verdadera historia, pero nada más.

Cada uno se mueve solo por su terreno,

por eso tienen dos compañías de correos, luz,agua, o teléfonos.

Solo tienen en común la Policía y el Ejército,

aunque, en el improbable caso de que se repitiera otra guerra,

nadie duda de que cada militar defendería a su comunidad.

Este es el instituto de Mostar,

es el instituto de Mostar Alexa Shantich, era mi colegio.

Ahora es el instituto de Mostar

con dos escuelas debajo de un mismo techo,

dos programas de estudio, dos idiomas,

todo está dividido en esta ciudad.

El croata Ljubo Beslic es ahora el único alcalde

después de que se impusiera que no hubiera dos,

uno musulmán y otro croata.

Lleva más de siete años

al frente de un ayuntamiento casi paralizado

en una ciudad con un estatuto propio,

pero declarado inconstitucional.

La Comunidad Internacional es la culpable,

porque impuso el estatuto de Mostar.

El Consejo municipal nunca lo aceptó.

El alcalde está orgulloso del puente reconstruido,

gracias a la ayuda internacional,

pero la tutela exterior va más allá de las ayudas para infraestructuras.

El país todavía se rige por los denominados Acuerdos de Dayton.

El futuro del país se diseñaba en una base extranjera.

La Constitución, que se presentaba solo como un anexo de esos acuerdos,

solo recoge los derechos de los ciudadanos

de las tres comunidades mayoritarias

el que no pertenezca a alguna de ellas quedaba excluido.

Por entonces, nadie podía imaginarse

que aquellos acuerdos y esa Constitución

iban a seguir vigentes dos décadas después.

Los acuerdos de Dayton han llegado como sal encima de una herida

para Bosnia Herzegovina en 1995,

porque pararon los combates y permitieron el retorno de la gente,

o por lo menos de algunos a sus casas.

Esta es su dimensión positiva,

pero si uno tiene que buscar alguna otra cosa positiva, no puede.

No la hay.

Mostar es el reflejo de lo que ocurre en todo Bosnia y Herzegovina.

La máxima autoridad del país desde que acabó la guerra,

es el Alto Representante nombrado por Naciones Unidas.

El país se ha convertido así

en una especie de protectorado Internacional.

Nos encontramos en la plaza España,

llamada así en homenaje a la huella militar

de los españoles en Bosnia.

Un monumento recuerda a los 22 soldados y un traductor

caídos en combate.

Integrantes en la Fuerza internacional de Naciones Unidas,

la población de Bosnia

sintió un especial vínculo con ellos,

aunque esta misión de la ONU fuera ampliamente criticada,

acusada de pasividad e inoperancia durante la guerra.

Junto al monumento,

ondea una de las pocas banderas del país que se ven por Mostar.

Elegida por el Alto Representante.

Casi nadie se identifica con ella.

En la parte croata se ven banderas de Croacia

y si damos un paseo por el casco viejo,

en medio de sus tiendas y sus estrechas callejuelas,

nos topamos con otra bandera,

la que siguen añorando los bosniacos.

También consideran ficticia su moneda, el marco convertible,

que sustituyó al antiguo dinar

y que como otras muchas cosas nació en Dayton.

Su nombre proviene del antiguo marco alemán

que fue la moneda de referencia

hasta que en 2002 el referente pasó a ser el euro.

La pila de libros apenas nos deja ver a Slavo Kukik,

profesor croata de economía y sociología,

escucha a diario las quejas de sus estudiantes

sobre la actual situación política del país.

Aquellos que estaban enfrentados con tanques y con fusiles

durante comienzos de los 90,

siguen siendo ahora socios

en la construcción de la sociedad de Herzegovina.

Por lo tanto, es ingenuo esperar

que vayan a renunciar a sus proyectos políticos

de grandes países étnicos.

El nuevo mapa que surgió de los acuerdos de Dayton

contempla un gobierno central

con una presidencia rotatoria de las tres comunidades

y establece en el país dos entidades:

la República Srpska, de mayoría serbia,

y la Federación de Bosnia Herzegovina,

compuesta por bosniacos, bosnio-croatas

y un pequeño número de serbios.

Además está el distrito de Brko,

única región con la que no hubo consenso en Dayton,

con población de las tres comunidades

que cuenta con su propio gobierno.

Las paredes de muchos de los edificios de este campus

están repletas de símbolos y demandas políticas

como en ésta, en la que leemos: "Queremos la tercera entidad".

Algunos bosnio-croatas

siguen exigiendo una entidad croata en solitario.

A mí, me gustaría que hubiera tres entidades diferentes

y cada uno tuviera sus derechos,

porque esto podría ayudar más a estar unidos.

Si das a cada uno lo que desea, es más fácil que se unan

y que vivan todos juntos felices.

La paciencia estalló.

Cansados de la corrupción, de los nacionalismos,

de la mala situación económica y las altas cifras de paro.

Los jóvenes tomaron las calles de las principales ciudades.

Días de la llamada primavera bosnia,

que quebraron la contenida rabia

por la estancada situación política y económica en todo el país.

Salimos con Cámil hasta las afueras de Mostar,

donde hemos quedado con un grupo de jóvenes,

algunos de los cuales participaron en aquellos acontecimientos.

En el camino Cámil nos muestra

cómo una simple señalización en la carretera

vuelve a recordarnos que las heridas siguen abiertas.

El cirílico tachado es para decir a los serbios,

a los ortodoxos,

que no tienen sitio aquí en Mostar.

Esto no es bueno, así no es Bosnia y Herzegovina.

Esto no tiene nada que ver con lo que este país ha sido,

ni lo con lo que tendría que ser ni con lo que yo deseo que sea:

un país para todos los que le aman, respetan y quieren vivir en él.

En plena naturaleza, estos jóvenes

aprovechan la tranquilidad del lugar

para charlar de los problemas que les preocupan,

sobre todo el paro.

Dellan es de los pocos serbios

que ha permanecido en Mostar después de la guerra.

La mayoría de los de su comunidad ha preferido trasladarse

a la República Sprska.

Quizás, para los jóvenes cuando se menciona un éxito

enseguida se piensa en un éxito en los negocios

y enseguida también,

se piensa en el éxito en un país fuera de Bosnia y Herzegovina.

Esta nueva generación contempla

cómo cada vez se van quedando más solos en el país.

El puente, atrae como un imán a los turistas

y brinda a los ciudadanos de la parte este,

el salvavidas frente a su maltrecha economía.

Los bosniocroatas tienen doble nacionalidad croata y bosnia.

El hecho de que Croacia pertenezca desde 2013 a la Unión europea,

se lo pone mucho más fácil

a la hora de buscar trabajo en otro país europeo.

A mí me gustaría tener mejores oportunidades

pero aquí en mi país, esto es el problema.

Puedo ir a Alemania u otros países más fácilmente que uno...

no sé de Sarajevo u otra parte,

pero me gustaría trabajar aquí por mi país

para que fuera mejor y progresara.

Mostar parece un lugar tranquilo,

pero la realidad es que esconde muy bien la tensión.

Grupos de extremistas se ocultan clubes deportivos.

En este club croata no somos bienvenidos.

Por el contrario, el centro cultural Abrásevic

es el lugar de reunión

para los que no se sienten ni de aquí ni de allí,

e intentan frenar ese extremismo

que ha ido aumentando en los últimos años.

En ambos lados hay mucho radicalismo;

radicalismo islámico y radicalismo católico.

Y unos pocos vienen aquí que no son radicales

que no son de ninguno.

Ellos solo quieren pasar el rato

y ser parte de un movimiento juvenil.

El puente que siempre ha unido,

llega en algunos momentos a transformarse en un muro.

No es peligroso, pero no es seguro.

Cuando alguien ve que cruzas del oeste al este,

o del este al oeste,

te miran o te preguntan quién eres qué haces aquí.

Si no vives por ahí no es muy seguro,

especialmente si saben quién eres y lo que simbolizas.

Hay estos extremismos.

Y aquí hay gente a la que le hubiera gustado

que no se reconstruyera el Puente Viejo

y que jamás volviera a servir como símbolo de vivir en comunidad,

pero yo personalmente, pienso que este tipo de extremismo es marginal.

El puente parece gritar: "No olvidéis",

para que lo que pasó, nunca se repita.

Las balas, cascos y uniformes, son ahora recuerdos para turistas.

Un turismo bélico con el que rentabilizar

uno de los episodios más trágicos de la historia reciente.

Cuando se habla de Bosnia y Herzegovina,

no se habla del país,

se habla de la guerra en Bosnia y Herzegovina.

Somos un país de guerra, pero no hay guerra,

puedes ver que no hay pistolas no hay armas,

nadie nos está disparando.

No estamos en guerra, no estamos peleándonos.

Hay... hay... no sé, cómo lo diría, una guerra invisible que continua,

pero solo por lo que sucedió y eso fue hace veinte años,

debe olvidarse.

Pero sus huellas están grabadas en muchos edificios

que no se restauran por falta de presupuesto

y en los que todavía hay gente viviendo.

Aquellos dramáticos acontecimientos son todavía más difíciles de olvidar

para aquellos a quienes les robó lo más querido.

Su imagen aparece por el barrio musulmán.

Un joven general que como otros muchos caídos en la batalla,

dejó una generación repleta de huérfanos.

Crecer sin padre ha sido muy duro,

pasar 23 años y no acordarse de su cara, deja un enorme vacío,

pero yo era muy pequeña cuando mi padre falleció,

apenas tenía 18 meses, así que no recuerdo nada.

Para mí ha sido un gran héroe.

El padre de Edita reposa en este cementerio.

A este lado de la ciudad,

los cementerios forman parte del paisaje urbano,

ubicados en antiguos jardines

porque los francotiradores impedían trasladarles a otros sitios.

Aquí todos tienen una fecha inolvidable grabada en sus lápidas,

aquella en la que, como el padre de Edita,

perdieron su vida en combate.

Cámil estaba con él cuando murió.

Era su amigo, su camarada y el comandante de su unidad.

He visto muchas muertes, he visto morir a mis amigos,

he visto morir a familiares

y la muerte estaba en todas partes alrededor de nosotros.

La religión en Bosnia es utilizada ahora

como una excusa más para marcar diferencias.

El término "musulmán" se emplea más

para referirse a una entidad que a una religión en Bosnia,

entre los llamados bosniacos o bosnio musulmanes

hay también muchos agnósticos o ateos.

Hay más mezquitas,

desde la estación de autobuses al Puente Viejo,

que las que se pueden ver

desde las torres de la fortaleza del casco viejo de Izmir,

una ciudad con tres millones de habitantes.

El segundo detalle está relacionado

con lo que consideran los católicos gente hermana.

Por ejemplo,

el campanario de la iglesia católica de los Franciscanos

está construida de tal manera

que ningún arquitecto del mundo puede explicar cómo esto se acopla

en la arquitectura de la ciudad.

Sin embargo, solo está construida de manera que reafirme que esta es

una ciudad católica.

Una enorme cruz se alza en la montaña.

Cámil nos lleva hasta la cima

desde donde se contempla toda la ciudad.

A nadie le molesta esta cruz encima de Mostar

si es que la han puesto aquí como un símbolo de la religión.

Lo que molesta, y es normal que moleste

es el porqué está ahí puesta y la manera cómo está puesta.

Desde la colina de Hum se observan las mejores vistas,

pero a Cámil este lugar solo le trae trágicos recuerdos.

Desde aquí, las fuerzas croatas disparaban contra los musulmanes.

En medio del silencio,

Cámil sigue escuchando el eco del tronar de los cañones.

Cada uno mira a Mostar de diferente manera,

pero todos van añadiendo una característica peculiar

esa que le hace diferente.

Una mezcla de culturas, que logra que, a pesar de todo,

siga conservando su magia.

Yo tengo esperanza en las nuevas generaciones.

Yo tengo esperanza,

porque tengo dos hijos y confío en que esa nueva juventud

va a traspasar aquella maldad que cayó encima de nosotros,

que va a encontrar el camino para estar más cerca

los unos de otros,

para que juntos construyan el futuro de esta ciudad y este país.

Al anochecer, el puente se queda a solas,

silencioso, majestuoso,

arropando con su calidez las frías aguas del río Neretva.

  • Mostar

En Portada - Mostar

15 oct 2015

En Portada muestra la realidad de la ciudad dividida de Mostar. El viejo puente es el verdadero protagonista de un reportaje que recuerda una guerra de la que ya han pasado 20 años. El Puente Viejo, símbolo de la ciudad que fue destruido por la artillería croata, se reconstruyó en 2004, pero no ha conseguido volver a unir las dos partes de Mostar, los bosniacos musulmanes y los croatas católicos siguen vidas separadas en la misma localidad.

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