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Para todos los públicos En Portada - Gambia sonríe de nuevo - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

Veintidós años de una terrible dictadura,

una de las más brutales de África,

ignorada y olvidada durante mucho, demasiado tiempo.

Los turistas disfrutaban de sus playas

sin saber la dura represión que sufrían los locales.

Torturas, desapariciones, asesinatos,

miles de exiliados, detenciones ilegales...

Las violaciones de los derechos humanos

como parte de la rutina diaria.

Veintidós años de desgobierno, veintidós años de dictadura,

veintidós años de mala gestión económica, veintidós años.

Nada funcionaba aquí.

Me pregunto si existe una familia en Gambia que diga:

"no estuvimos afectados por el régimen opresivo

de Yayah Jammeh".

Colonia británica hasta mil novecientos sesenta y cinco,

es el país de origen del esclavo más famoso, Kunta Kinte.

Gambia, en la costa de África Occidental,

es una estrecha franja a lo largo del río del mismo nombre,

rodeada por Senegal.

El país más pequeño del continente africano

y uno de los más pobres del mundo

estuvo fuera de la brújula internacional

durante los años del terror.

Después de tanto sufrimiento, trata de reconstruirse.

Vuelve a la Commonwealth y a la Corte Penal Internacional.

Hemos salido del aislamiento internacional

y estamos renovando la imagen de Gambia, dando una nueva imagen,

una imagen que sea aceptable.

Nuestros colegas de la comunidad internacional

pueden mirar ahora a Gambia como a una nación,

una de esas naciones que será un ejemplo para el mundo.

Menos de dos millones de habitantes y, al menos, diez tribus indígenas.

Bajo lema “Gambia ha decidido”, lograron desalojar del poder,

sin derramar una gota de sangre, a un dictador, Yahya Jammeh,

un iluminado que llegó al poder en mil novecientos noventa y cuatro

por un golpe de Estado.

Decía tener la cura para el SIDA o el cáncer

y convirtió la república secular en islámica.

Nunca he visto un dictador tan fuerte porque se hacía lo que él quería,

no respetaba los puntos de vista de la gente.

Era "esto es lo que quiero y tiene que hacerse".

Conocida como "la costa sonriente de África",

no son pocos los retos y riesgos para esta nueva Gambia.

Esta prisión es famosa

por las muchas violaciones de derechos humanos,

muertes extrajudiciales, durante el anterior régimen.

Las condiciones eran muy deshumanizadoras,

los presos cogían muchas enfermedades

porque no se permitía el acceso a nadie,

ni siquiera a la comunidad internacional,

la Cruz Roja, Naciones Unidas, ninguna tenía permitido el acceso.

No había espacio para la disensión.

Quienes plantaban cara acababan muertos

o en esta cárcel del infierno,

a la que el dictador llamaba su hotel de cinco estrellas.

No se nos autorizó a rodar en el interior.

Sigue albergando delincuentes comunes

y las condiciones todavía no son las deseables.

Las condiciones de vida

han mejorado con la intervención del nuevo Gobierno.

No hay presos políticos, ni nadie que no sea llevado ante el juez.

Sainey Marenah sabe que podría haber acabado aquí

e, incluso, no haberlo contado.

A sus treinta y cinco años, este conocido y respetado periodista

y activista por los derechos humanos,

ha tenido que empezar de nuevo a su regreso del exilio.

Detenido en enero de dos mil catorce,

fue liberado diez meses después.

Su delito: escribir un artículo que no gustó al dictador,

al que tampoco gustó que un juez, al que cesó y encarceló,

lo dejara en libertad.

Sainey sabía que, si volvía a caer en las garras de Jammeh,

quizás no lo contaría.

El catorce de noviembre de dos mil catorce,

cogió sus bártulos y se fue al exilio en Senegal.

Allí siguió siendo el azote del brutal dictador.

Las condiciones de mi detención fueron malísimas,

inhumanas y degradantes.

No fui torturado físicamente

pero fui torturado mental y psicológicamente.

Mi vida era terrible.

Vivía bajo el miedo constante, la intimidación y las amenazas.

No era posible expresarme libremente.

No era posible trabajar sin ser molestado o intimidado.

Ahora es corresponsal de la radio Voice of America,

tiene una página web de noticias y ha puesto en marcha una ONG

para la investigación y el desarrollo de los medios,

algo muy necesario en su país.

Ella también sufrió persecución, conoció las mazmorras del dictador.

Su delito: ser activista por los derechos de la mujer

y contra la ablación.

Isatou Touray es la ministra de Comercio,

Integración Regional y Empleo en esta nueva Gambia.

Fuimos detenidas y nos apalearon,

y hubo intentos de acabar con nuestra vida muchas veces.

Vi que la situación era insoportable y que ellos me querían callada,

porque yo hablaba sobre cuestiones fundamentales de derechos humanos,

libertad de expresión.

Hubo tortura psicológica, pero no nos violaron.

Pero vi como se llevaban a mujeres por la noche

para ser objeto de abusos sexuales.

El actual ministro de Asuntos Exteriores

también es un antiguo preso político.

Su delito: era el líder de la oposición.

Las condiciones infrahumanas

del "hotel de cinco estrellas" del dictador

no consiguieron quebrar ni el frágil cuerpo,

ni la firme voluntad de Ousainou Darboe.

El día que fui detenido,

me dieron con un palo en la cabeza y sufrí terribles heridas.

Nos tuvieron incomunicados varios días.

Los primeros tres o cuatro fueron realmente muy duros,

porque dormía sobre una madera sin colchón.

No podía darme un baño porque no tenía toalla.

Cuando tuve claro que no podía estar más de dos días sin bañarme,

fui al cuarto de baño,

me duché sin jabón, solo con agua.

No quería secarme con mi ropa porque tenía manchas de sangre

y no quería que esos restos de sangre desapareciesen.

Así que estuve en mi celda desnudo para poder secarme,

porque, si la hubiera usado, seguro que los restos de sangre

habrían desaparecido.

Así que allí estaba.

Ocho meses en prisión,

la desnudaron, la golpearon y la humillaron.

Estuvo tres días en coma por las torturas.

Llegó a pensar que estaba más muerta que viva.

Todavía no ha superado el trauma.

Su delito: protestar contra la dictadura.

Fatoumata Jawara es ahora diputada del nuevo Parlamento.

No quiero recordar cada detalle

porque no tendría un momento de respiro,

pero lo que pasó va más allá de cualquier explicación.

Fuimos duramente golpeados como para morir.

No sé si me violaron porque estuve en coma tres días,

solo Dios sabe lo que pasó, pero no creo que me violasen.

Pensé que iba a morir por los dolores que pasé,

pensé que no sobreviviría a aquel sufrimiento.

Pero no tenía miedo a morir.

Sabía que, incluso si moría, mis hijos estarían orgullosos

por lo que había hecho por el país.

Tuvo que irse de Gambia

para poder tratarse las secuelas físicas y psíquicas

de su encarcelamiento.

No regresó, podría haber acabado en una tumba.

Su delito: decirle al dictador que no era un buen musulmán.

El imán Baba Leigh está de nuevo en su mezquita.

No solo fui detenido, estuve incomunicado,

nadie sabía dónde estaba.

No quisiera entrar en detalles,

pero hubo muchas torturas, castigos,

no había comida ni revisiones médicas,

no había acceso a un abogado, podría decirse que contra mí

se utilizó todo tipo de trato inhumano.

Esta canción es por el cambio,

miramos con esperanza a una nueva Gambia:

paz, progreso y prosperidad.

Gambia, nuestra casa.

Mientras al dictador le gustaron sus canciones,

no tuvo problemas.

Pero ésta, “Una voz, un pueblo”, le hizo caer en desgracia.

Su delito: criticar al dictador por no irse.

La suerte del músico Pa Bobo estaba echada.

El presidente dijo que quería que me matasen

y que pagaría a quien lo hiciese diez mil dólares,

una recompensa por matar a Pa Bobo porque cantó una canción

en contra del dictador.

Huí a Dakar, Senegal, para salvar mi vida.

Cualquiera podía ser objeto de la ira del dictador

o víctima de su brutal represión,

pero tuvo especialmente a los periodistas

en el punto de mira.

Prácticamente todos los buenos y entusiastas

periodistas de investigación o periodistas independientes

tuvieron que huir del país

debido a las draconianas leyes de prensa.

Muchos desaparecieron, algunos fueron asesinados

durante el ejercicio de su profesión.

Ser periodista, básicamente, era como vivir en el infierno

bajo el presidente Jammeh.

Mi misión es seguir haciendo aquello que amo,

esto es, controlar a los poderosos,

asegurar que los derechos de los ciudadanos son respetados,

asegurar que las promesas electorales se cumplen.

En el exilio, Sainey conoció a la familia

del opositor Solo Sandeng,

cuyo asesinato fue uno de los factores

que desencadenaron el cambio.

Fue detenido el catorce de abril de dos mil dieciséis

en una manifestación contra el régimen.

Ese mismo día, murió por las torturas

a manos de los esbirros de Jammeh.

En la protesta por su asesinato,

fueron detenidos muchos otros dirigentes

del opositor Partido Democrático Unido.

En realidad, dejamos nuestra casa el dieciséis de abril.

Tras las protestas, cuando fuimos dispersados,

me fui a casa.

Encontré a mi madre, mis hermanos y hermanas,

todos estaban en casa, pero no podíamos quedarnos

porque los paramilitares iban a volver a casa,

bien armados y en gran cantidad.

Cuando escuchamos que estaban llegando,

nos fuimos y nos escondimos en el recinto de los vecinos.

El veinticinco de abril, a las seis de la mañana, dejamos Gambia.

Si pregunta quién es Solo Sandeng, le diré que es la persona

que siempre abogó por la justicia social,

por la igualdad y la justicia para todos,

desde casa hasta la comunidad y a nivel nacional.

La plaza de Westfield se ha convertido en todo un símbolo

contra la dictadura y por la libertad recuperada.

Por aquí pasó Solo Sandeng

minutos antes de su detención y desaparición.

Siempre que vengo aquí, me pongo triste

y recuerdo que este fue el camino que cogió mi padre

en su búsqueda de una nueva Gambia.

Creo en la igualdad, en la justicia y en la equidad,

en que todos tengan las mismas oportunidades de salida

como ciudadanos tratados con igualdad.

Es por lo que él luchó.

El dictador no pudo ni imaginar que la muerte de Solo Sandeng

acabaría llevando al triunfo de la coalición de la oposición

en las elecciones del uno de diciembre de 2016,

con el actual presidente Adama Barrow al frente.

El dictador aceptó el resultado en un principio.

Parecía que la pesadilla tocaba a su fin.

Sencillamente, no me lo podía creer, estaba en el séptimo cielo,

no dormí durante toda la noche electoral.

Soy parte de los que estuvieron propagando mensajes

de cambio y democracia en las redes sociales.

Estaba tan emocionado, no lo podía creer.

Quería ver la puesta de sol, pero estaba en mi celda,

no pude ver la puesta de sol, quería ver cómo se ponía el sol

tras la destitución del dictador, pero no pude verlo.

No iba a ser tan fácil.

Apenas unos días después, donde dije digo, digo Diego.

Se inició lo que los gambianos llaman el impasse,

que a punto estuvo de acabar mal, muy mal.

Pero esta vez no se iba a salir con la suya.

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental

intentó negociar con él.

Barrow juró su cargo el diecinueve de enero de dos mil diecisiete

en la Embajada de Gambia en Senegal.

Y, ante la tozudez del dictador, tropas africanas,

lideradas por Senegal, entraron en el país.

Nos unimos y sacrificamos nuestra vida,

protegimos a nuestro presidente, el candidato,

y haciéndolo fuimos capaces de conseguir lo que queríamos.

Yahya Jammeh se da finalmente por vencido,

negocia su salida al exilio y abandona el país

el veintiuno de enero de dos mil diecisiete,

amparado por la oscuridad de la noche.

Obtiene refugio en el cortijo de otro dictador,

Teodoro Obiang, de Guinea Ecuatorial.

Es destronado con una combinación de diplomacia y amenaza militar,

algo inédito en la historia reciente del continente africano.

Adama Barrow vuelve a plena luz del día

para ser recibido de forma triunfal por un pueblo enfervorecido

que ve la luz al final del túnel.

Los presos políticos quedaron en libertad

y los exiliados empezaron a retornar.

En abril se puso en marcha un plan

para facilitar la vuelta voluntaria desde el infierno libio

de los gambianos, muchos jóvenes, atrapados en el back way.

Así se conoce la ruta clandestina a Europa en el país africano,

uno de los que cuenta con mayor número de emigrantes ilegales

hacia el viejo continente.

Han sufrido todo tipo de vejaciones

y violaciones de sus derechos en Libia.

¿Cómo fue tu viaje a Libia?

Definitivamente, fue demasiado duro, muy duro, demasiado difícil.

Los árabes, en general, son demasiado complicados

porque no son buena gente.

Lo único que puedo decir es que, gracias a Dios,

estoy de nuevo en mi país, porque Libia no es segura,

no es segura.

Lo primero que se escucha en Libia son disparos,

allí no se es libre.

No se puede pasear tranquilamente

porque la gente árabe dice que somos negros.

-Y no somos nadie.

Y que no somos nadie.

Y los gánsteres te roban,

te cogen para un trabajo de jornada completa y no te pagan.

Y algunos te secuestran para pedirte dinero.

¿Por qué dejasteis Gambia para iros a Italia y a Europa?

Porque en Gambia soy un hombre pobre, no tenía trabajo.

Por eso quería ir a Italia, para tener una vida mejor.

Yo me siento triste al volver a Gambia,

por el dinero que se han gastado en mí, y no he cumplido mi misión.

Me siento mal, sí, me siento mal

porque gasté mucho dinero para el camino.

¿Así que estás empezando de...?

Sí, vine con cero, estoy empezando desde cero,

soy un hombre pobre, nací entre gente pobre,

mi padre es pobre, mi madre es pobre.

Así que no es fácil, es un gran problema,

ellos pidieron créditos para pagar mi viaje a Europa.

y este país no puede desarrollarse sin jóvenes como nosotros.

Sí, supongo que es el momento correcto

para que el Gobierno haga algo por la juventud.

Los retornados denuncian que en Libia

son tratados como esclavos, lo que recuerda el pasado de Gambia,

en su día, centro del tráfico de esclavos.

Navegamos por su caudaloso río en busca de ese pasado.

Cuenta la leyenda que un buque de guerra inglés

recorrió el río aguas arriba,

lanzando cañonazos a babor y estribor.

Las fronteras se trazaron allí donde cayeron los proyectiles.

Los ingleses pusieron así una cuña en medio de un Senegal

controlado por los franceses.

Estamos acercándonos a Jufre, la Isla James,

que ha sido llamada isla de Kunta Kinte.

Fue un puesto comercial

donde los barcos británicos atracaban.

Durante el comercio de esclavos, Kunta Kinte fue capturado.

Era de la tribu mandinga, la mayor tribu de Gambia.

Aquí solo hay ruinas.

Se conservan con la intención de proteger nuestra historia

para contarles a las futuras generaciones

quién era Kunta Kinte y cómo el tráfico de esclavos

afectó a nuestro país en su totalidad.

De esta forma, se preserva este lugar.

La gente vivía aquí

pero, debido al calentamiento global y la erosión,

solo vemos ruinas del lugar

con el propósito de restituir la historia.

En una de las orillas se levanta Jufre,

el pueblo natal de Kunta Kinte, símbolo de la esclavitud africana,

inmortalizado por la novela "Raíces",

del estadounidense Alex Haley.

El Gobierno de Gambia y la gente de Jufre

decidieron erigir esta gran escultura

y decir "fin de la esclavitud, nunca más",

que quiere decir que lo que ocurrió durante el tiempo de la esclavitud

nunca más volverá a ocurrir en este país.

Significa libertad y significa dignidad,

y que no habrá esclavitud en este país.

Bienvenidos a la familia de Kunta Kinte.

Esta señora es la octava generación de Kunta Kinte del pueblo de Jufre.

Su nombre es Mariamma, yo soy hijo suyo y mi nombre es Omar,

también soy de la familia de Kunta Kinte.

Muchos turistas vienen a Gambia por la historia de Kunta Kinte

y así la gente aprende lo que es Gambia.

Ahora, cuando veo esto,

la mente me dice que no solo significa el final de la esclavitud,

sino también el final de la dictadura.

Es la hora de la verdad para la nueva Gambia,

que podría convertirse en modelo para otros países.

Lo ocurrido no ha ocurrido en ningún sitio,

la gente votó y el dictador se fue.

Es una lección para los dictadores africanos que todavía quedan

y un modelo para aquellos que quieran aprender democracia

y cómo una masa popular puede combatir a un brutal dictador.

Tendrá que superar los riesgos para su seguridad

porque los seguidores del dictador siguen agazapados en su añoranza

y ya se han producido varias veces incidentes violentos con ellos.

Vamos a Kanilai, el lugar de nacimiento

del anterior presidente, Yayah Jammeh.

Puede ser que nos resulte muy difícil entrar,

incluso grabar, ya que incidentes recientes en Kanilai

muestran que la gente de Kanilai sigue apoyando al presidente Jammeh.

Las tropas africanas están acuarteladas cerca de Kanilai

por si su intervención fuese necesaria.

Al llegar, los militares nos aconsejan que no rodemos

por el pueblo.

Dos grandes carteles con la foto del dictador

muestran que aquí poco ha cambiado

y que sus fieles no van a dar fácilmente su brazo a torcer.

Al final, conseguimos hablar con el hermano del alcalde.

Cuando Yayah Jammeh estaba, teníamos electricidad gratis, agua,

pero se fue y ahora tenemos que pagar la electricidad

y vinieron y nos cortaron nuestra luz,

y ahora han venido a decirnos que paguemos por el agua.

No decimos que no sea un asesino,

porque no hemos visto si lo ha hecho.

¿La gente no se pregunta por qué mató a los que mató?

¿Por qué los mató?

Porque, si no me haces nada, ¿por qué te iba a matar?

Déjeme decirle que cuando las fuerzas de la ECOWAS entraron,

no recuerdo el día, estábamos aquí,

vimos carros blindados, soldados.

Cuando llegaron, mientras entraban en Kanilai,

escuchamos fuertes disparos.

Es una experiencia que nunca habíamos vivido.

Tampoco vamos a escuchar algo muy distinto en el partido del dictador,

ahora presidido por uno de sus fieles,

Fabakary Tombong Jatta.

La Alianza para la Reorientación y Construcción Patrióticas

cayó en picado en las elecciones legislativas

de abril de dos mil diecisiete.

No estoy diciendo que la gente mienta o no,

lo que digo es que, si hablamos sobre violación de derechos humanos,

ocurre en todas parte del mundo.

Las violaciones de derechos humanos suceden,

pero hay procesos para juzgarlas.

Lo que decimos es que si crees que ha sucedido un hecho ilegal,

denúncialo, y que se dicte sentencia sobre alguien que ha hecho A, B y C

y ha sido hallado culpable.

Gambia se desarrolló rápidamente en los últimos veintidós años,

recuerde que, cuando se produjo la revolución

de mil novecientos noventa y cuatro,

no había universidad en Gambia, ni televisión,

ningún Gobierno había construido hospitales desde el colonialismo.

Fue gracias al Gobierno de Jammeh que hubo un aumento de todo.

El saqueó todo el dinero antes de irse

y abusó del poder para esquilmar los recursos del país.

Tenemos que trabajar duramente para asegurarnos

de que tenemos las fuerzas adecuadas para poder comprometernos

con un desarrollo constructivo.

Isatou Touray seguro que no cejará en el empeño

de lograr una Gambia mejor.

No cedió ante la dictadura

en su lucha por los derechos de la mujer.

Esto no gustaba a Jammeh.

No me fui al exilio

porque sentí que tenía que desempeñar un papel,

tenía una obligación porque sabía que ellos querían eso.

El día que me dieron mi pasaporte dijeron: "ya puedes irte".

Y les dije: "no tengo adonde ir, quiero quedarme en mi país,

tengo que trabajar enseñando a la gente

a acabar con la mutilación genital femenina, que les afecta humanamente,

porque no es solo perder el propio placer o el propio cuerpo,

sino que también es la base para la violencia de género,

tiene implicaciones para su salud

y también en relación al control patriarcal sobre su cuerpo.

Sentía que era injusto, que no estaba bien

y que se basaba en la ignorancia de las mujeres.

Ellas lo perpetúan porque quieren complacer a los hombres.

En diciembre de 2015, la ablación fue prohibida en Gambia,

donde tres cuartas partes de las mujeres, según Unicef,

la han sufrido.

Mujeres como Isatou Jeng siguen la estela

de la ahora ministra y retan a tradiciones y costumbres.

Se quedó embarazada con 15 años.

La gente le decía que ya no tenía futuro y que se tenía que casar.

Dijo no, quería seguir estudiando.

Su madre la apoyó.

Tuvo a su hija y acabó en la universidad.

Trabaja en la Red contra la Violencia de Género.

No oculta su preocupación.

La respuesta que recibimos de la gente, para ser honesta,

es preocupante.

La gente asocia esa ley con el expresidente Jammeh,

porque el la firmó y entró en vigor en su tiempo.

Y la gente ahora dice: "la ley tiene que irse,

tiene que desaparecer junto a Jammeh".

Eso es muy preocupante para nosotras como activistas.

¿Qué tenemos que hacer como activistas?

Que la gente entienda que la ley está aquí y que está para quedarse.

Soy una superviviente de la mutilación genital femenina,

provengo de un grupo étnico que la practica.

Como resultado de eso, me mutilaron cuando tenía seis meses.

No era consciente de que me lo habían hecho

hasta que crecí.

Tiene consecuencias devastadoras,

afecta a la salud sexual y reproductora de la mujer.

Sí, soy de un grupo que la practica,

pero puedo levantar mi voz y decir no.

Para mí, la educación es la forma más sostenible

para un futuro sostenible para todos.

La educación no solo me salvó de ser una novia infantil,

de un matrimonio infantil,

sino que me empoderó para ser la mujer que soy,

y la mujer que soy está transformando la vida.

Lo primero que van a decir

es que es una obligación religiosa para los musulmanes,

van a decir que es una sunna.

Le dirán que si una mujer no está mutilada, no está limpia.

La ablación va muy asociada al islam en Gambia,

pero también se debe a algunos factores culturales.

Más de un noventa por ciento de la población en Gambia

es musulmana.

El dictador tampoco tuvo reparos en encarcelar a los imanes

que no comulgaban con él.

Llegué el quince de febrero de dos mil diecisiete,

después de todos los cambios.

Él huyó, yo estuve en el exilio, ahora es él el que está en el exilio.

Gambia ha sido un Estado secular

basado en nuestra Constitución y las leyes del país,

y seguiremos siendo un Estado secular.

Los cristianos llegaron en tiempos de la colonización.

Son alrededor de doscientos mil

y desempeñan un activo papel en la educación.

El padre Emile es también profesor en un colegio.

Desde los padres fundadores de este país,

cristianos y musulmanes han vivido juntos sin problemas,

sin conflictos, sin peleas.

El diez de diciembre de dos mil quince,

declaró que Gambia, siendo un país predominantemente musulmán,

era un Estado islámico.

Y esa declaración fue tan irresponsable

que a punto estuvo de ocasionar problemas en el país.

El continuó perpetuando el islam, tratando de promoverlo.

Promover el islam es una cosa,

pero hacerlo a expensas de los cristianos es otro tema.

Eso no lo queríamos.

De hecho, en el hemiciclo, un Corán y una Biblia son el reflejo

de la tolerancia y convivencia interreligiosas.

Cuando no hay sesión,

es día de visita para los escolares en el Parlamento,

ahora con mayoría de la anterior oposición al régimen,

bajo el lema “Progreso, paz y prosperidad”.

Ha llegado también la hora de la verdad y de la reconciliación,

de la justicia y la reparación a las víctimas,

aunque llevará tiempo y está todavía por ver si se logra que el dictador

acabe pagando por sus crímenes.

No quiero que lo que me ha ocurrido a mí

le ocurra a nadie más en el futuro.

Por eso, decidí presentarme al Parlamento.

No quiero más decisiones inadecuadas, quiero estar ahí

para ver que estamos gobernados correctamente

por la Constitución de Gambia.

Necesitamos aprender a reconciliarnos como nación.

No voy a perdonar a Yahya Jammeh,

puedo perdonar a quien actuó por encargo de él,

pero él tiene que enfrentarse a la justicia, esté donde esté.

Necesitamos perdonarnos, pero hay que buscar la justicia,

tiene que hacerse justicia.

Tiene que haber reconciliación, no podemos aceptar la venganza.

Será justicia, pero no justicia con venganza.

La nueva Gambia sigue anclada en la pobreza,

pero dispuesta a cambiar y echar a andar,

como las mujeres de este huerto cooperativa de Sanyang,

puesto en marcha con la ayuda de la ONG española

Mujeres por África.

Laboran en él unas trescientas cincuenta mujeres.

El dinero obtenido repercute en trescientas cincuenta familias

con más de mil niños.

Nos ha cambiado mucho la vida.

Antes, nuestro poder era muy limitado

y no teníamos ningún proyecto que nos ayudase.

Dependíamos de nuestros maridos

y teníamos muchos problemas económicos.

Pero ahora, con este proyecto,

hemos mejorado mucho nuestra situación

y nuestra vida se ha transformado enormemente.

Se les da también formación agrícola

y se les enseña a funcionar como cooperativa

en un huerto en el que se han construido albercas

y todo funciona con energía solar.

Durante el período de formación, reciben un salario.

A algunas las he visto llorar, se han puesto a llorar,

se han emocionado.

Les he preguntado por qué lloran, qué les pasa,

y me han respondido que es la primera vez que alguien les paga algo.

Gambia es un país que es perfecto para la agricultura,

es llano, tiene mucha agua a muy poca profundidad,

podría ser la huerta de esta zona de África,

podría ser la huerta de Senegal.

La agricultura es la columna vertebral del país

y el turismo una importante fuente de ingresos.

Muchos gambianos son agricultores o pescadores

con una economía de subsistencia.

No hay nada como vivir y oler el bullicio

de lugares como la playa de Tanji, cuando, con la caída de la tarde,

regresan los pescadores de la faena

y las mujeres acuden a comprar pescado fresco.

El futuro de la nueva Gambia es brillante,

mucha gente está esperando mucho,

pero ahora lo que es muy importante es que hay libertad.

Es algo que mucha gente ha estado esperando veintidós años.

Puedes verlo, las mujeres están sonriendo

y yo, personalmente, muy entusiasmado.

Se necesitarán paciencia, mucho esfuerzo y tiempo

y superar las amenazas a su seguridad

para hacer realidad el sueño de una Gambia libre,

en paz y desarrollada.

La travesía ya ha comenzado.

  • Gambia sonríe de nuevo

En Portada - Gambia sonríe de nuevo

16 oct 2017

Gambia se ha convertido en referencia democrática en África. Su transición es un modelo, pero no está exento de amenazas. El pasado enero, en un hecho sin precedentes en la historia reciente de África, caía el régimen del dictador de Gambia sin derramamiento de sangre. Se dio paso a la democracia.

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