www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
4303799
Para todos los públicos En portada - Ecocidio - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

El crimen de ecocidio supone el daño grave,

la destrucción o la desaparición de ecosistemas

en un territorio concreto hasta tal punto

que los habitantes de ese territorio no puedan gozar

y no puedan disfrutar de ese ecosistema de manera pacífica.

(Se oyen chasquidos)

Estamos pisando suelo de turba.

Esto es lo que está pasando en Indonesia,

provocan incendios en turberas para despejar el terreno.

Así pueden hacerlo apto

para cultivar después palma aceitera,

porque hoy en día en Indonesia éste es un negocio

muy, muy prometedor.

Los chasquidos del suelo a cada paso indican que algo va mal.

La tierra debería estar empapada,

pero aquí la han desecado a través de canales con un fin,

cultivar palma aceitera.

Estamos en la exuberante isla de Borneo.

En sus manglares y humedales,

los residuos vegetales se descomponen bajo el agua

y van formando la turba, una masa esponjosa,

que, con el paso de los siglos, acaba convertida en carbón.

Indonesia alberga la mitad de las turberas tropicales

del mundo.

Al absorber el carbono y almacenarlo bajo tierra,

ayudan a limpiar la atmósfera.

Pero cuando las turberas se drenan y pierden su nivel de humedad

arden como la pólvora.

Cuando hay un incendio en la turba, no se puede apagar directamente,

porque el fuego penetra hasta el fondo de la turba

y en este tipo de terreno resulta dificilísimo extinguirlo.

Aunque desde arriba pueda parecer que está apagado,

el fuego sigue activo bajo tierra

y la turba, al quemarse, genera una gran cantidad de humo.

Presenciamos un incendio en una turbera cerca de Palangkaraya

la capital de Borneo Central.

Parece que se ha originado en una casa de labranza.

Los bomberos intervienen rápidamente.

Pero cuando parece extinguido

se vuelve a oír el crepitar debajo del suelo,

unos metros más allá, aparece otro foco.

Las turberas, cuando arden,

emiten diez veces más dióxido de carbono

que los incendios forestales.

Hablamos de sus efectos con un científico

del Centro para la Investigación Forestal Internacional, CIFOR.

La turbera contiene mucha agua dentro

y también, materia orgánica.

Cuando se quema, produce una niebla tóxica,

que es muy peligrosa para la salud de los humanos.

Verano de 2015.

Empieza la temporada seca en Indonesia

y con ella, la mayor ola de incendios que se recuerda.

Es un año especialmente seco por el fenómeno de El Niño.

Arden 1.700.000 hectáreas,

una superficie equivalente a la provincia de Zaragoza.

Más de la mitad de los incendios se originan en turberas.

El aire se vuelve irrespirable.

En estos momentos podemos ver que el aire está más limpio y claro;

pero en 2015 el aire era de color amarillo.

En Indonesia, la contaminación del aire se considera peligrosa

cuando supera los 300 miligramos por metro cúbico.

Se alcanzaron los 3000 miligramos por metro cúbico.

No sólo es peligroso, sino incluso venenoso

para cualquiera que viva en esa zona.

Veinticuatro personas murieron durante 2015

y más de 100.000 personas experimentaron

lo que llamamos muerte prematura.

¿Por inhalar ese aire? Sí.

La niebla tóxica causa estragos en Indonesia,

pero también afecta a otros países, como Singapur, Malasia o Vietnam.

En cuatro meses, Indonesia genera el 15 %

de las emisiones anuales de CO2 de todo el planeta.

Se convierte en uno de los países que más contribuyen

al calentamiento global.

La nube tóxica, al cubrir todo el Sudeste Asiático,

demuestra que el ecocidio no es sólo un problema nacional,

sino que tiene una perspectiva internacional,

afecta a la atmósfera no sólo de un Estado,

sino a la de otros Estados, y también a sus propios ciudadanos.

Manuel Vergara es abogado

de la Fundación Internacional Baltasar Garzón.

Visitó Indonesia para analizar

si los incendios que se repiten cada año

podrían constituir un ecocidio,

una nueva tipología de delito que se está abriendo camino

en el Derecho Penal Internacional.

El ecocidio no afecta sólo a una comunidad concreta,

no afecta sólo a un lago, no afecta sólo a una montaña

o a un bosque.

El ecocidio afecta a toda la humanidad en su conjunto.

¿Quién causó los incendios?

En primer lugar, están las corporaciones;

en segundo, los inversores de tamaño medio,

que en realidad tienen bastante dinero para invertir;

y por último, están los agricultores pobres.

Varias organizaciones ecologistas y de derechos humanos de Indonesia

investigaron el origen de lo que se considera

el peor desastre natural de 2015.

Según la investigación que hicimos,

la contaminación no venía de los terrenos de la población local

sino que los mayores focos de los incendios se localizaron

dentro de las concesiones de cinco grandes compañías

de aceite de palma en Borneo.

Estos incendios fueron provocados por la mano humana,

no por causas naturales.

Sí, en Indonesia la principal causa de los incendios forestales

es el ser humano.

Por ley, los pequeños agricultores tienen derecho a quemar

hasta dos hectáreas para desbrozar el terreno

o eliminar los rastrojos.

Las empresas del sector agrario lo tienen prohibido.

Quemar bosques y turberas es ilegal;

pero resulta la forma más económica de despejar el terreno

para su uso agrario.

Sólo tienen que contratar a una o dos personas

y pagarles entre 500.000 rupias y un millón de rupias

para despejar todo el terreno, toda la extensión que necesiten.

Y cuando luego acusan a las empresas de haber provocado el incendio,

ellas culpan a la población local.

¿Cuáles son las principales causas de deforestación en Indonesia

y, especialmente, en Borneo?

En la actualidad es la agricultura y, en su mayor parte,

la palma aceitera.

Todavía se están convirtiendo bosques en plantaciones de palma aceitera,

porque el aceite de palma da enormes beneficios económicos.

Por eso, se convierten bosques tanto legal como ilegalmente.

Este atlas de CIFOR muestra cómo en 40 años,

la isla de Borneo ha perdido un tercio de sus bosques primarios.

Casi la mitad de la superficie deforestada

está ahora cubierta de palma aceitera.

Borneo es el lugar que más aceite produce

y que más deprisa se deforesta.

Lo principal,

lo más importante para controlar estos incendios forestales

es hacer que se cumpla la ley.

Esta es la primera vez que el Gobierno de Indonesia

está haciendo que se cumpla la ley a través de la revocación

o congelación de las licencias.

El resultado es bueno,

de 2015 a 2016 los focos de incendios han disminuido en torno a un 80 %,

así como la superficie quemada.

Indonesia es el tercer país con mayor biodiversidad del planeta.

Alberga el 12 % de los mamíferos del mundo.

Entre ellos, especies únicas como el orangután,

que sólo habita en las selvas de Borneo y Sumatra.

Su nombre viene del malayo, "orang" significa hombre

y "utang", bosque.

El mayor problema que sufre el orangután ahora mismo

es que está perdiendo su hábitat.

Los orangutanes necesitan tener mucho espacio

para encontrar suficiente comida.

Si su hábitat se reduce cada vez más,

automáticamente ya no pueden sobrevivir.

Los orangutanes que viven en esta pequeña isla de Kaja

han tenido que ser rescatados.

Cerca de aquí, el parque nacional de Sebangau

alberga la mayor población del mundo de orangutanes salvajes.

Dentro del área protegida, en 2015 hubo más de 300 incendios.

Lo que tiene el impacto más grave sobre el orangután

es la expansión de la palma aceitera.

El orangután necesita "hutan", bosque, para vivir;

y cada vez hay menos bosque, porque han cambiado su función

para convertirlo en grandes plantaciones,

sobre todo, de palma.

Kesi llegó cuando era una bebé; le faltaba una mano.

Sin la ayuda de la Fundación Borneo Orangutan Survival,

seguramente no estaría viva.

Un conservacionista que pide no ser identificado nos cuenta

que más de la mitad de los orangutanes

vienen de zonas donde hay concesiones de palma.

Y asegura que algunos han llegado con perdigonazos

y con fracturas por golpes.

Actualmente, esta especie está en peligro crítico de extinción.

Dicen que si este ritmo de deforestación se mantiene,

el orangután se puede extinguir.

Yolanda, le aseguro que no se puede continuar

con este ritmo de deforestación.

Lo que más nos preocupa ahora,

es que sólo podemos encontrar orangutanes

en los parques nacionales.

Y aunque se trata de una reserva protegida por el Gobierno,

eso no significa que estén a salvo de los cazadores,

de los cazadores furtivos de animales salvajes.

Cuanto más se deforesta, más fácil es cazarlos.

Algunos animales de la selva acaban en mercados como éste de Yakarta.

Las cámaras no son bienvenidas.

Los comerciantes saben que la venta de especies salvajes es ilegal.

Aun así, aquí se pueden comprar peces tropicales,

lechuzas, murciélagos.

Este pequeño marsupial, de vida nocturna,

se ha puesto de moda.

No hay orangutanes, pero sí vemos a macacos hacinados en jaulas;

algunos, sólo bebés.

Los venden por unos 30 euros.

El aceite de palma se ha metido de lleno

en la vida de los indonesios.

Es el aceite vegetal más consumido en todo el mundo,

al ser el más productivo y barato.

En Borneo, no sólo se cuela en sus mercados, en sus cocinas,

en su dieta.

Para algunos ha supuesto un cambio drástico de su forma de vida.

Desde que hay plantaciones de palma,

los derechos de la población local y de los indígenas ya no importan;

nadie nos escucha.

Nos han arrebatado parte de nuestros derechos.

Suhing es Dayak, un pueblo indígena

que representa más de un 10 % de la población de Borneo.

En esta casa, el tiempo parece haberse detenido.

Suhing y toda su familia vivían de lo que la tierra les daba,

recolectaban frutos, pescaban, vendían caucho.

Pero hace diez años ese terreno lo engulló

una gran compañía de aceite de palma.

Sólo queremos que nos devuelvan nuestros derechos.

Las empresas tienen que responsabilizarse

de lo que han hecho.

También las autoridades, el Gobierno provincial

y el del país.

Lo único que pedimos es que el Gobierno central vele

por nuestros derechos como minoría.

Somos la parte más débil.

En diciembre del año pasado,

el presidente Jokowi anunció un reconocimiento oficial

hacia los indígenas del bosque,

significa, digamos,

que el bosque pertenece a estos pueblos indígenas.

Es la primera vez que ocurre en Indonesia desde su independencia.

Suhing nos guía con algunos de sus familiares

hasta el terreno que cultivaban.

Su caso no es aislado,

el cultivo masivo de aceite de palma

ha generado numerosos conflictos por la tierra

entre las grandes compañías y la población autóctona.

Acompañados de los Dayak, logramos acceder a la plantación.

A pesar de que tenemos el título de propiedad de todo nuestro terreno

y de que la plantación invade nuestra tierra cultural,

las empresas siguen operando en ella, plantando palmas de aceite.

Iniciamos un proceso a través de la ley cultural que existe,

pero no nos hacen ni caso, especialmente el Gobierno local,

aun teniendo como tenemos todas las pruebas.

Después de casi una hora recorriendo el gigantesco monocultivo,

llegamos a la tierra que llevan años reclamando al Grupo Makin.

Suhing nos cuenta que consiguieron el derecho de usufructo en 1971.

Los Dayak llevan siglos desbrozando pequeños terrenos

que cultivan y pasan de padres a hijos.

En esta tierra había muchos árboles frutales, canales.

Si no recuerdo mal, había varias casas.

Los Dayak teníamos un lugar sagrado,

porque trabajamos con la naturaleza y le hacemos ofrendas.

Si en un terreno hay, por ejemplo, un cementerio indígena,

la compañía tiene que respetar esa parcela.

Pero hay muchas empresas

que utilizan la tierra de los indígenas sin permiso.

Ahora los Dayak ya no tenemos trabajo.

Desde que estas compañías de palma están aquí,

para nosotros es muy difícil encontrar algo que hacer, un empleo.

Las plantaciones de palma van comiendo terreno

a este pueblo de Kabuau.

Las palmeras llegan hasta la linde y no cesa el trasiego de camiones.

Aquí viven más de 500 familias indígenas.

Desde que llegaron las corporaciones de aceite de palma,

la paz de su vida tradicional se ha visto alterada por un negocio

que ha impuesto sus propias reglas del juego.

Esta empresa se instaló aquí en 1999.

El primer terreno que desbrozaron para convertirlo en una plantación

era de sólo 4300 hectáreas y esa es la única tierra

para la que tienen licencia de explotación.

Para el resto, no tienen licencia.

Según el jefe Dayak del pueblo,

esa parcela ni siquiera pertenece ya a la misma empresa.

Ni el Grupo Makin ni Sinar Mas, dos gigantes del aceite de palma,

han accedido a hablar con En Portada.

Entiendo la situación sobre el terreno,

que la gente se sienta mal con el aceite de palma y otras cosas.

El Gobierno local puede dar la licencia, el provincial también,

el Gobierno del distrito también puede darla y así.

Pero en realidad, si se trata del uso de la tierra,

necesitan un permiso de este Ministerio.

Para obtener la licencia de explotación,

cualquier empresa de aceite de palma

necesita pasar por distintas instancias.

Activistas y afectados nos cuentan

que algunas compañías operan sólo con los permisos

de las autoridades locales o provinciales,

sin esperar a la licencia del Ministerio de Medio Ambiente.

Yo no creo que esa licencia principal exista.

Cuando pedimos ayuda a una institución,

la empresa la soborna.

Así que, ¿a quién podemos pedir ayuda?

Podemos ver con nuestros propios ojos

que hay muchas empresas que hacen donaciones a los candidatos

para sus campañas electorales;

por ese motivo, se conceden cada vez más licencias.

Tenemos la Comisión de Erradicación de la Corrupción,

la llamamos KPK,

que ya ha empezado a trabajar con estas corporaciones

que explotan los recursos naturales.

Trabajamos conjuntamente con esta comisión.

El monocultivo se ha apoderado

de gran parte del paisaje de la isla, cada vez menos frondosa.

En Borneo está casi la mitad de la superficie de palma aceitera

que se cultiva en todo el mundo.

Si tenemos tierra,

lo mejor es producir la palma nosotros mismos

en lugar de trabajar con las empresas grandes;

si no, tenemos que dividir los beneficios.

Es la gran paradoja,

algunos Dayak han optado por cultivar la planta

que se ha convertido en la causa de sus desvelos.

Cambia el modo de vida de la población local

y, sobre todo, el de los indígenas Dayak.

Han pasado de ser los dueños de la tierra a trabajar para otros

en su propia tierra.

El problema es que establece un nuevo sistema económico

completamente depredador en ciertas regiones,

donde hay un asentamiento de una población indígena

o simplemente una población civil con costumbres propias.

Cuando se introduce el aceite de palma de manera descontrolada,

quiebra ese sistema económico, quiebra ese sistema social.

Empezamos la jornada a las seis y media de la mañana,

hasta la una de la tarde;

pero en realidad los recolectores no tenemos horario,

trabajamos hasta muy tarde.

Porque el sistema que hay aquí es, cuantos más kilos recolectas,

más ganas.

Es domingo, día de descanso en Indonesia;

pero estos recolectores trabajan a destajo.

Ahmad migró con su familia desde la isla de Lombok

y lleva más de seis años recogiendo dátiles para la empresa SPMN.

Este trabajo requiere mucha fuerza,

no sólo para cortar los racimos de dátiles;

también hay que desbrozar el camino hasta llegar al fruto anaranjado.

Nos pagan al peso, por tonelada.

Por mucho que trabajemos,

al mes puedes ganar como máximo tres millones de rupias;

aunque también depende del precio, que va variando cada mes.

El pago también varía en función del año en que se plantó la palmera.

Para cosechar una tonelada, hay que cortar unos 40 racimos;

por ello cobrarán como mucho unos cuatro euros.

También tienen que recoger los dátiles que se sueltan al caer;

aunque los empleados se quejan de que la empresa

ni los incluye en el peso ni los paga.

Recolectamos toneladas cada día,

pero si el precio está bajo, no ganamos nada.

Es muy frustrante.

Los recolectores viven con sus familias

en este tipo de poblados, dentro de la plantación.

Las viviendas son muy pequeñas.

No hay muchos servicios,

a pesar de estar lejos del núcleo urbano.

En la plantación sólo les suministran electricidad

de cinco de la tarde a cinco de la mañana.

Las empresas dicen,

que el resto del día los empleados están trabajando

y que por eso, no les hace falta electricidad,

a pesar de que la familia se queda en el poblado.

Sus habitantes tuvieron que reclamar a la empresa

nuevos depósitos de agua y ni siquiera es potable.

La compañía SPMN también ha rechazado

nuestra petición de entrevista.

Heryono se acaba de jubilar,

después ocho años trabajando en esa empresa;

pero aún preside uno de sus sindicatos.

Cree que las condiciones laborales son aún peores

en el resto del sector,

donde pocas compañías permiten que haya sindicatos.

Nos confiesa que en SPMN tuvieron que crearlo en secreto.

De momento, hay muchas empresas que no quieren tener sindicatos,

para evitarse problemas.

Porque así esas empresas pueden presionar a los trabajadores,

obligarlos a trabajar más, por un salario muy bajo.

El aceite de palma se ha convertido

en el motor de la economía de Indonesia,

el primer productor mundial.

Da trabajo directa o indirectamente a 25 millones de indonesios.

¿Podría sobrevivir la economía indonesia sin el aceite de palma

en estos momentos?

Es difícil decirlo,

pero se quedaría muy, muy mal, sin el aceite de palma.

Es la grasa favorita de la industria agroalimentaria.

El aceite de palma está presente en la mitad de productos

de cualquier supermercado,

desde las galletas hasta el gel de baño.

Estudios científicos alertan

de que su consumo en grandes cantidades

puede resultar perjudicial para la salud.

Pero en el etiquetado a veces aparece camuflado

como grasa o aceite vegetal.

Las campañas de organizaciones ecologistas y de derechos humanos

contra su uso abusivo van calando en nuestra sociedad.

Los consumidores juegan, pueden jugar un buen papel

si exigen productos certificados.

Lo que no es bueno para nosotros, los indonesios,

es que boicoteen los productos de Indonesia.

La Unión Europea es el segundo mayor consumidor de aceite de palma.

Casi la mitad es para biocombustibles

que, en principio, contaminan menos que los carburantes fósiles;

pero si tenemos en cuenta la deforestación

y la quema de turberas,

generan hasta un 80 % más de gases de efecto invernadero.

La presión internacional llevó al sector

a crear la Mesa Redonda para el Aceite de Palma Sostenible,

la RSPO,

una certificación para una producción ética y sostenible.

Pero el 70 % del aceite de palma indonesio no está certificado.

¿La certificación RSPO es garantía suficiente

de que se trata de aceite de palma sostenible?

Ésa es una muy buena pregunta, a decir verdad,

porque nos hemos encontrado que incluso aunque esté certificado,

falta que se conserve el bosque,

que se dé tierra a los pueblos indígenas.

Pero para mí la RSPO es un buen paso.

Averiguar el origen real del aceite resulta muy complicado

entre la maraña de empresas, intermediarios y productores.

Vemos cómo existen una serie de multinacionales,

que tienen sus sedes en Europa o en Norteamérica,

que compran y se benefician

de una larguísima y compleja cadena de producción de proveedores,

que dificulta muchísimo dirimir y depurar responsabilidades,

en este caso, penales.

El Parlamento Europeo ha adoptado una resolución

que responsabiliza de gran parte de la deforestación

a la producción masiva de aceite de palma.

Y pide que en 2020 se prohíba su uso para biocombustibles.

El Gobierno indonesio, bajo la presidencia de Joko Widodo,

ha tomado algunas medidas,

ha creado la Agencia de Restauración de las Turberas,

para que estos ecosistemas recuperen su nivel de humedad

y no se puedan incendiar.

Y no concede nuevas licencias en bosque primario ni en turberas.

No damos nuevas licencias en turberas para aceite de palma.

Y para recuperar las turberas,

pedimos y hemos impuesto una obligación,

la concesión, la corporación,

tiene que llevar a cabo la recuperación de la turbera.

Es un buen comienzo.

Han multado a algunas corporaciones con grandes cantidades,

pero hasta donde yo sé a día de hoy, aún no han pagado.

Más de la mitad de las plantaciones de palma aceitera

que hay en Indonesia está en manos de grandes empresas.

Pero un 40 % pertenece a pequeños agricultores,

que venden su cosecha a intermediarios o corporaciones.

Las tres hectáreas de palma que tengo plantadas

me dan 7.000.000 de rupias al mes.

Si lo comparo con otro cultivo, pongamos la papaya,

en una hectárea, si planto mil árboles,

puedo conseguir 40.000.000 de rupias al mes con las papayas.

Muhammad dedica la tercera parte de su tierra al cultivo de la palma.

La considera una inversión a largo plazo,

que no le garantiza el sustento.

Por experiencia, prefiere apostar por diversificar sus cultivos,

sabe que las ganancias fluctúan con los precios del mercado.

E intenta proteger el entorno que le da de comer.

Entendemos que si quemamos el terreno,

también puede arder el bosque y habrá mucha contaminación;

por eso no lo hacemos.

Tenemos miedo.

Yo, si tengo que desbrozar la tierra, utilizo la segadora.

Hay que encontrar el equilibrio,

una agricultura variada, que respete el entorno natural

y los derechos humanos,

controlada de cerca por las autoridades del país,

por una certificación que garantice su sostenibilidad

y por la presión internacional de un consumo responsable.

Creemos que hay que parar el monopolio de la tierra

y devolvérsela a la gente.

¿Cree que la deforestación y esos incendios

podrían constituir un ecocidio?

No estoy de acuerdo en estos momentos,

porque primero tenemos que comprobarlo,

cuáles son las víctimas, qué pruebas hay,

cuál es la situación real.

El caso de Indonesia es un caso paradigmático,

porque es un caso que afecta a la población local,

es un caso que afecta a la fauna, a la flora, a la tierra,

a la atmósfera;

incluso tiene un nivel, un efecto transfronterizo,

al afectar a la vida y salud de ciudadanos de otros Estados

de la región del Sudeste Asiático.

Los habitantes, ya sean animales o personas,

de ese ecosistema, de ese territorio concreto,

no pueden disfrutarlo más.

Están obligados a exiliarse o están obligados a desaparecer.

La vía legal del ecocidio tiene aún un largo camino por recorrer,

  • Ecocidio

En portada - Ecocidio

13 nov 2017

En Indonesia, sobre todo en las islas de Borneo y Sumatra, en las últimas décadas han proliferado los incendios, en su mayoría provocados, para el posterior cultivo de palmas aceiteras, de las que se extrae el aceite vegetal más consumido en el mundo. En 2015 las llamas devoraron 1,7 millones de hectáreas de bosque, una superficie equivalente a la provincia de Zaragoza. La mitad de los incendios se produjo en turberas, que, al arder, desprenden diez veces más CO2 que los incendios forestales. La niebla tóxica afectó a varios países del Sudeste Asiático y causó decenas de muertes directas y unas 100.000 muertes prematuras.

La isla de Borneo alberga casi la mitad de las plantaciones de palma aceitera que hay en todo el mundo y tiene el mayor índice de deforestación del planeta. La rápida desaparición de bosques y turberas está poniendo en peligro crítico de extinción a especies protegidas, como el orangután. También está afectando a la forma de vida de la población local, incluidos algunos grupos indígenas, con desplazamientos forzados y expropiaciones. Algunas organizaciones de derechos humanos también han denunciado las condiciones abusivas en las que están trabajando los empleados de plantaciones de palma aceitera.

A su vez, la industria del aceite de palma se ha convertido en uno de los pilares de la economía de Indonesia, el primer productor mundial, que, bajo la presidencia de Joko Widodo, está intentando regular las concesiones a las grandes corporaciones, para evitar quemas indiscriminadas y proteger el medio ambiente.

ver más sobre "En portada - Ecocidio" ver menos sobre "En portada - Ecocidio"
Programas completos (281)
Clips

Los últimos 707 programas de En portada

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios